El abrazo de la serpiente. Ciro Guerra

El abrazo de la serpiente es un viaje en la selva de la mente. ¿De qué modo conocer? ¿Cuántos modos hay para adentrarnos en la realidad? ¿A qué llamamos “realidad”? ¿Es real el sueño? ¿Cuántas orillas tiene el río? Múltiples mundos. Tiempos simultáneos. Señales de un mundo a otro(s). Rastrear las pistas en los sueños. Escuchar.

2015, Colombia. Director: Ciro Guerra. Guión: Jacques Toulemonde, Ciro Guerra. Música: Nascuy Linares. Fotografía: David Gallego (Blanco&Negro). Producción: Cristina Gallego. Reparto: Brionne DavisNilbio TorresAntonio BolívarJan BijvoetNicolás CancinoYauenkü MigueLuigi Sciamanna. Coproducción Colombia-Venezuela-Argentina

La película narra dos historias que tienen lugar en 1909 y 1940, juntas protagonizadas por Karamakate, un chamán amazónico y último superviviente de su tribu, y su viaje con dos científicos, el alemán Theodor Koch-Grünberg y el estadounidense Richard Evans Schultes, en busca del yakruna, una planta sagrada difícil de conseguir. La película está inspirada en las fotografías y los diarios escritos por los dos científicos durante su estancia en la Amazonia colombiana.

Sinopsis: Karamakate fue en su día un poderoso chamán del Amazonas, es el último superviviente de su pueblo, y ahora vive en aislamiento voluntario en lo más profundo de la selva. Lleva años de total soledad que lo han convertido en chullachaqui, una cáscara vacía de hombre, privado de emociones y recuerdos. Pero su vida vacía da un vuelco el día en que a su remota guarida llega Evan, un etnobotánico americano en busca de la yakruna, una poderosa planta oculta, capaz de enseñar a soñar. Karamakate accede a acompañar a Evan en su búsqueda y juntos emprenden un viaje al corazón de la selva en el que el pasado, presente y futuro se confunden, y en el que el chamán irá recuperando sus recuerdos perdidos. Esos recuerdos traen consigo vestigios de una amistad traicionada y de un profundo dolor que no liberará a Karamakate hasta que no transmita por última vez su conocimiento ancestral, el cual parecía destinado a perderse para siempre. (FILMAFFINITY)

http://www.elpais.com.co/elpais/entretenimiento/noticias/hay-saber-sobre-abrazo-serpiente

 

La cueva de los sueños olvidados. Werner Herzog

Grotte Chauvet

En la cueva de Chauvet son casi unos 400 el total de los animales ilustrados. También se han descubierto huellas de pies humanos, y restos de hogueras.

En 1994 se descubrió, en el sur de Francia, la cueva que posteriormente sería nombrada como “la grotte Chauvet”, la cual conserva en sus paredes cientos de dibujos y pinturas que representan por lo menos trece especies diferentes de animales incluyendo caballos, venados, leones, panteras, osos, rinocerontes e incluso hienas.  Los métodos más precisos de datación sitúan su antigüedad entre 32 y 30 mil años antes de nuestro presente. Estas obras se remontan a una era donde los Neandertales aún vagaban por la tierra y los osos, mamuts y leones de la Edad de Hielo eran las poblaciones dominantes de Europa. Un derrumbe de la entrada de la cueva permitió que éstos se conservasen inalterados y con la apariencia de ser hechos recientemente, su estilo pictórico es uno de los más refinado jamás encontrado.

El equipo del cineasta alemán, Werner Herzog, consiguió un permiso especial sin precedentes para entrar a filmar las pinturas y llevar al público estas sublimes obras pictóricas rupestres en tres dimensiones, que hasta ahora sólo había visto el pequeño grupo de científicos selectos que las han catalogado. Estas visiones más antiguas de la humanidad se muestran junto con comentarios y entrevistas a varios arqueólogos y al personal relacionado con la cueva, llevándonos a través de un viaje onírico al interior de la montaña y de la esencia misma del ser humano.

Película completa V.O.E.

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2012/07/18/la-cueva-de-los-suenos-olvidados-o-cuando-el-espiritu-guia-la-mano-que-pinta-sobre-la-roca/

 

 

La práctica de lo salvaje: “Naturaleza, salvaje y selva”. Gary Snyder

Gary-Snyder


Se publica por primera vez en castellano «La práctica de lo salvaje», una recopilación de los ensayos completos de Gary Snyder. En estas 260 páginas el autor propone la recuperación de una condición esencial que nos vincule verdaderamente con el territorio, la comunidad natural y con nuestro propio ser salvaje.


Las palabras naturaleza, salvaje [wild] y selva [wilderness] (1)

Comencemos por naturaleza. La palabra naturaleza proviene del latín natura, “nacimiento, constitución, carácter, curso de las cosas”, originalmente de nasci, nacer. De ella derivan nación, natal, nativo, preñada. La probable raíz indoeuropea (a través del griego gna, de ahí cognado y agnado) es gen, que proviene del sánscrito jan, que a su vez nos da generar y género, y las palabras kin y kind en inglés.

La palabra tiene dos significados ligeramente diferentes. Uno es “el exterior”, el mundo físico, que incluye a todos los seres vivos. Por definición, la naturaleza es un ordenamiento del mundo que se aparta de las características o creaciones de la civilización y la voluntad humana. Se dice que son “antinaturales” la máquina, el artefacto, lo inventado o lo extraordinario (como una ternera bicéfala). El otro significado, más amplio, es “el mundo material o el conjunto de sus objetos y fenómenos”, incluyendo los productos de la acción e intención humana. En tanto agente, la naturaleza se define como “la acción física creadora y reguladora que opera en el mundo material y es causa inmediata de todos sus fenómenos”. El pensamiento científico y algunos tipos de misticismo proponen correctamente que todo es natural. En este marco la ciudad de Nueva York no tiene nada de antinatural, ni tampoco los desechos tóxicos o la energía atómica, y por definición nada de lo que hacemos o experimentamos en la vida es “antinatural”.

¿Qué constituye entonces lo “sobrenatural”? Una manera de abordarlo es decir que designa fenómenos ocurridos a tan pocas personas que se duda de su existencia. Sin embargo, estos hechos –fantasmas, dioses, transformaciones mágicas y demás– se describen con suficiente frecuencia como para que sigan intrigándonos y, para algunos, sean creíbles.

Preferiría usar la palabra naturaleza referida al universo físico y todas sus propiedades. Pero, a veces, incluso aquí, aparecerá con el significado de “aire libre” o “lo no humano”.

La palabra wild es como un zorro gris alejándose al trote por el bosque, ocultándose tras los arbustos, apareciendo y desapareciendo. De cerca, a primera vista, es “wild” [salvaje]; observado nuevamente más lejos entre los árboles será wyld, y por vía del antiguo noruego villr y el antiguo teutónico wilthijaz, retrocede a un vago y preteutónico ghweltijos, que aún significa “salvaje” y quizás “boscoso” (wald). Ahí se esconde, con conexiones posibles con will, con el latín silva (selva, salvaje) y con su raíz indoeuropea ghwer, origen del latín ferus, del cual provienen feral y feroz (que nos lleva nuevamente a lo que Thoreau llama “la terrible ferocidad”, que comparten los amantes y las personas virtuosas).

El Oxford English Dictionary describe el término de la siguiente manera:

Animales: sin domar, sin domesticar, rebeldes.
Plantas: sin cultivar.
Tierra: deshabitada, inculta.
Cosechas: producidas o surgidas sin labranza.
Sociedades: incivilizadas, rudimentarias, que se resisten al Gobierno constituido.
Individuos: sin restricciones, insubordinados, licenciosos, viciosos, rústicos. (“Viudas salvajes y maliciosas”, 1614).
Conductas: violentas, destructivas, crueles, rebeldes.
Conductas: simples, libres, espontáneas. (“[…] trina las salvajes notas de sus bosques nativos”. John Milton)

Salvaje se define principalmente en nuestros diccionarios por lo que, desde el punto de vista humano, no es. Con esa perspectiva no puede revelarse lo que sí es. Veámoslo de otra manera:

Animales: agentes libres, cada uno con sus propias cualidades, viviendo dentro de los sistemas naturales.
Plantas: que proliferan y se mantienen por sí mismas, creciendo de acuerdo a sus cualidades innatas.
Tierra: un lugar en el que la vegetación y la fauna originales y potenciales están intactas, en interacción plena, y en el que los accidentes del terreno son enteramente el resultado de fuerzas no humanas. Prístino.
Cosechas: suministro de alimentos provisto y sostenible por la abundancia y la fertilidad naturales de las plantas silvestres en su crecimiento y producción de frutas y semillas.
Sociedades: aquellas cuyo orden surge intrínsecamente y se mantiene por la fuerza del consenso y la costumbre, en contraposición a una legislación explícita. Las culturas primigenias, que se consideran a sí mismas moradoras originales y eternas de su territorio. Sociedades que confrontan la dominación económica y política de la civilización. Sociedades cuyo orden económico está en relación cercana y sostenible con el ecosistema local.
Individuos: que siguen los hábitos, estilos y protocolo locales sin preocuparse por los estándares de la urbe o de los lugares de intercambio más cercanos. Valeroso, autosuficiente, independiente. “Orgulloso y libre”.
Carácter: que resiste ferozmente cualquier opresión, confinamiento o explotación; atrevido, escandaloso, “malo”, admirable.
Conducta: natural, libre, espontánea, no condicionada. Expresiva, física, abiertamente sexual, extática.

La mayoría de los sentidos de esta segunda lista se acerca a la manera en que los chinos definen el término tao, “el camino” de la gran naturaleza; supone eludir el análisis, ir más allá de las categorías, ser auto-organizado, auto-informado, lúdico, sorprendente, transitorio, insustancial, autónomo, completo, ordenado, sin mediaciones, con legitimidad y disposición propias, complejo, bastante simple. Simultáneamente vacío y lleno. En algunos casos lo llamaríamos sagrado y no está lejos del término budista dharma en sus sentidos originales de formarse y afirmarse.

La palabra selva [wilderness], antes wyldernesse, del inglés antiguo wildeornes, quizás derivado de wild-deer-nessdeor: ciervos y otros animales del bosque–, aunque más probablemente de wildern-ness, tiene estas acepciones:

– Una extensión amplia de tierra salvaje, con flora y fauna originales, que puede ser desde una jungla cerrada o bosque húmedo hasta terrenos árticos y alpinos de “selva blanca”.
– Tierra baldía, un área sin uso o inservible como pasto o tierra de labor.
– Un espacio de mar o aire, como en la cita de Shakespeare, “Ahora soy como aquel que está sobre una roca, rodeado por un desierto de mar” (Tito Andrónico). Los océanos.
– Un lugar peligroso y difícil donde se asumen riesgos, se depende de la propia pericia y no se cuenta con ser rescatado.
– El mundo, en contraposición al cielo. “Caminé a través de la selva de este mundo” (El progreso del peregrino).
– Un lugar de abundancia, como en la frase de John Milton “una selva de bienes”.

El uso que Milton hace de la palabra selva captura las verdaderas cualidades de energía y riqueza presentes tan a menudo en los sistemas salvajes. “Una selva de bienes” se asemeja a los billones de pequeños arenques o caballas en el océano, a los kilómetros cúbicos de kril, a las semillas de la hierba de las praderas salvajes, que llevan al pan de nuestros días, hecho de los gérmenes de las hierbas, y a la increíble fecundidad de todos los pequeños animales y plantas que alimentan la red. Pero, por otra parte, lo selvático sugiere el caos, el eros, lo desconocido, el ámbito del tabú, el hábitat tanto de lo extático como de lo demoníaco. En ambos sentidos es un lugar arquetípico de poder, enseñanza y desafío.

La condición salvaje

De manera que podemos afirmar que las ciudades de Nueva York y Tokio son “naturales” sin ser “salvajes”. No se desvían de las leyes de la naturaleza, pero se trata de hábitats tan exclusivos en cuanto a quién y a qué dan cobijo –además de tan intolerantes para con otros seres– que constituyen una verdadera rareza. Un entorno salvaje es un lugar en el cual el potencial salvaje se expresa de lleno, como en la diversidad de seres vivos y no vivos que florecen de acuerdo a su propio sentido del orden. En ecología hablamos de “sistemas salvajes”. Cuando un ecosistema funciona plenamente, todos sus miembros están presentes en la asamblea. Hablar de naturaleza salvaje es hablar de totalidad. Los seres humanos surgieron de ella, y considerar la posibilidad de reactivar nuestra pertenencia a la asamblea de todos los seres no es en absoluto retrógrado. […]”

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(1): Wilderness: en el texto original, el autor rastrea en detalle la etimología de esta palabra. Su traducción al castellano por “selva” no tiene la misma correspondencia etimológica, pero hemos preferido no alterar una argumentación que consideramos importante. (N. d T.)

Extractos del libro de Gary Snyder, La práctica de lo salvaje. Trad. Nacho Fernández R. y José Luis Regojo. Varasek ediciones, 2015.

Aquí podéis leer las 40 primeras páginas del libro que ya está en las librerías:

Feu clic per accedir a la-practica-de-lo-salvaje.pdf

 

Snyder

Gary Snyder (San Francisco, 1930) es un poeta, traductor, ensayista, conferencista y activista del medio ambiente estadounidense, perteneciente a la Generación Beat y al renacimiento de San Francisco; inspiró «Los vagabundos del Dharma» de Jack Kerouac. Autor de más de veinte colecciones de poesía y prosa, Snyder ganó el Pulitzer en 1975 y fue finalista del National Book Critics Award en 1992 y 2005. Ha obtenido los premios Bollingen Poetry Prize, el Robert Kirsch Lifetime Achievement Award y el Premio Ruth Lilly de Poesía 2008. Ferlinghetti habló de él como el Thoreau de la generación beatnik. Se le ha descrito como un eco-poeta y un eco-luchador. Apunta a William Blake, Walt Whitman, Jeffers, Ezra Pound, el drama Noh, los aforismos Zen, Federico García Lorca y Robert Duncan como influencias significativas, pero añade «la influencia del haiku y de la poesía china es más profunda». Ha realizado todo tipo de trabajos: ha sido granjero, leñador, marinero y forestal además de profesor universitario, novicio budista en Japón y Vagabundo del Dharma. Ha viajado durante años sobre todo por Japón e India. Y es íntimo conocedor del entorno natural de la Sierra Nevada californiana donde vive desde hace años, en Tamalpais, o de fronteras remotas como Alaska.

«La práctica de lo salvaje propone que nos ocupemos de algo más que de la ética medioambiental, la acción política o un activismo útil e ineludible. Debemos enraizarnos en la oscuridad de nuestro ser más profundo».


 «Lo salvaje, tantas veces despachado como caótico y brutal por los pensadores civilizados, responde en realidad a un orden imparcial, implacable y hermoso, a la vez que libre».


La atracción por lo salvaje. Doug Peacock

Portada-Grizzly   doug-peacock

Esta reseña de Emma Rodríguez del libro de Doug Peacok, Mis años grizzly. En busca de la naturaleza salvaje, me ha llevado de nuevo a recordar uno de los cuentos con el que hemos ido trabajando: el cuento japonés “El oso de la luna creciente” del libro Mujeres que corren con los lobos. Recordé aquel hombre furibundo, herido, exhausto a su vuelta de la guerra, recordé cómo su parte femenina e intuitiva ha de adentrarse en la montaña para iniciar la sanación, recordé su miedo, su contacto con el oso, recordé la concentración y la sabiduría recobradas en la montaña, recordé su apaciguamiento, su serenidad, viviendo de nuevo en armonía con los ciclos naturales, recordé su despertar espiritual al despojarse de lo superfluo y de sus espejismos, recordé su agradecimiento y su alegría vital en esa vuelta a lo salvaje… (Esta tarea con el cuento del oso fue recogida en nuestro primer Quadern de la lloba. La cólera, podéis leerlo en issuu https://blogdelesllobes.wordpress.com/pagina-inicial/quaderns-de-la-lloba/).
Os dejo con extractos de la larga y jugosa reseña que Emma Rodríguez escribió sobre el libro de Doug Peacock.

Doug Peacock nos habla de la necesidad que tenemos de creer que aún existen esos lugares libres de contaminación, refugios en medio del progreso, de la civilización, del espectáculo en que se ha convertido prácticamente todo. Necesitamos saber que esos lugares sagrados, en cierto modo, evocadores, capaces de conectarnos con las edades primigenias de la humanidad, aún permanecen a salvo, lejos del afán de dominio, de poder, de usurpación, de los estados y de las grandes corporaciones.

Mezcla de memorias, de diario, de manual de supervivencia, de relato de aventuras, Mis años grizzly me cautivó desde las primeras páginas. La fuerza de la narración, los recuerdos y confesiones del autor sobre su experiencia en la guerra de Vietnam, su lucha por labrarse una nueva vida al regreso del horror, una vida fuera de los órdenes y las reglas del sistema, convierten el libro en una de esas obras que me gusta definir como obras de crecimiento, porque en ellas se da cuenta de un proceso vital de aprendizaje y porque cuando las leemos sentimos que estamos accediendo a zonas de luz, de conciencia, imposibles de descubrir por nosotros mismos.

Si os gustan los documentales sobre la naturaleza; si la lucha ecológica os mueve a la acción, a la protesta; si sois de los que consideráis que pocas cosas justifican el maltrato del planeta, de su equilibrio, este es vuestro libro, pero, aún sin cumplir todas estas condiciones, os aseguro que la entrega no os dejará en absoluto indiferentes.


Peacock remite a Thoreau, a quien él mismo cita en un momento dado. Es evidente que el ex-combatiente ha bebido mucho del autor de Waldenaunque sus experiencias y sus riesgos hayan sido mucho más extremospero a mí la entrega me ha llevado a otro libro absolutamente revelador, Alce negro habla, el diario vital, transcrito por John G. Neihardt, de las andanzas, pensamientos y visiones de un legendario sioux. El respeto, la admiración, por los antiguos pobladores de Norteamérica, que también animó a Thoreau, está presente en todo un recorrido marcado por los vestigios, por las huellas, por las creencias, de las distintas tribus de indios, cuyos descendientes ahora se hacinan en reservas y a duras penas conservan la memoria de sus tradiciones, el recuerdo de ese tiempo en el que convivieron en armonía con la naturaleza, con los animales.

Una y otra vez los lugares de poder, el cultivo de los sentidos, de la intuición de los pueblos primitivos, la sabiduría y las leyendas indias, muchas de ellas sobre el carácter sagrado y sanador de los osos, asoman en el relato. Estamos, pues, ante las confesiones y reflexiones de un explorador, de un hombre que encuentra su rumbo allí donde aún es posible sentir que no todo es trabajo, dinero, tecnología. Mis años Grizzly es un libro apasionante, insisto, capaz de sacarnos de nuestras comodidades el tiempo que dura su lectura.

Las pesadillas, los terribles recuerdos de Vietnam lo invaden noche tras noche, y decide echarse al camino, dejar atrás el alcohol y las anfetaminas, habituales vías de escape de los combatientes, y emprender rumbo a las Montañas Rocosas. En sus recorridos por parques como el de Yellowstone o el Nacional de los Glaciares, siguiendo a especímenes de grizzlies que, poco a poco, se le van haciendo familiares, encontró su propio cauce de supervivencia.


En Vietnam el depredador principal era el hombre. Si había obtenido un granito de sabiduría tras vivir la agonía de la batalla, éste no tenía nada que ver con técnicas para matar o hacer la guerra. No había iluminación alguna en el asesinato. Lo que se me había quedado grabado a fuego en lo más profundo de la conciencia eran las pequeñas acciones de gracia, lecciones que yacían latentes en el recuerdo y que ahora poco a poco rescataba de los rincones más anestesiados de mi cerebro. Nunca importaba el porquéLa propia concesión de clemencia era trascendental


[…] En sus recorridos por parques como el de Yellowstone o el Nacional de los Glaciares, siguiendo y observando a especímenes de grizzlies que, poco a poco, se le van haciendo familiares, midiéndose  con la naturaleza, fue como encontró su propio cauce de supervivencia. “Los osos me ofrecieron un calendario a mi regreso de la guerra de Vietnam, cuando un año se difuminaba en el siguiente y yo olvidaba enormes períodos de tiempo al no tener acontecimientos o personas cuyo paso recordar. Tenía problemas con un mundo cuya idea de vitalidad se restringía a la cruda realidad de estar vivo o muerto. El mundo empalideció, como también lo hizo todo lo que había sido mi vida hasta la fecha, y me descubrí ajeno a mi propio tiempo. La naturaleza salvaje y los osos grizzly solucionaron ese problema”, nos cuenta Doug Peacock muy al comienzo del recorrido.

Estar sentado en el corazón de una señora tormenta de montaña, en busca del que algunos consideran el animal más fiero de este continente, infunde una cierta dosis de humildad, una actitud que me obliga a abrirme y tener una receptividad sorprendente (…)  Yo necesito enfrentarme a unos animales enormes y fieros que a veces se alimentan de personas para recordar la concentración total del cazador. Entonces los antiguos sentidos oxidados, entumecidos por los excesos urbanos, vuelven a la vida, y escudriñan las sombras en busca de formas, sonidos y olores. A veces tengo la suerte de mirarme con unos nuevos ojos, de tener una nueva combinación de pensamientos, una metáfora que llama a las puertas del misterio”, nos cuenta Peacock.

“Sentí que algo se transmitía entre nosotros. El grizzly me dio la espalda lentamente, con elegancia y dignidad, y balanceándose se dirigió hacia el bosque, al fondo de la pradera. Entonces volví a escuchar mi respiración pesada, a sentir el flujo de sangre caliente en la cara. Tuve la sensación de que mi vida había sido tocada por un poder y un misterio inmensos”.


En una de sus incursiones tras los osos en el Parque Nacional de los Glaciares, situado en Montana, haciendo frontera con algunas provincias de Canadá, Peacock escribió en las páginas de su diario que el día que le ocupaba, era un fantástico día para estar vivo y lo explica así: “Unos diez años atrás, cuando entré en este mundo de los osos, estaba demasiado descentrado y cabreado para ser capaz de sentirme pleno. En cambio, ese día sólo sentía el calor tibio del sol y la calidad única de esa luz –eso es todo lo zen que puedo ponerme–, aunque la naturaleza sea siempre un refuerzo de esa filosofía”.

Me gusta especialmente este apunte porque da idea de la transformación del protagonista, del sentido de su trayecto. Este es un viaje sobre todo apto para buscadores de sorpresas, de aventuras, de tesoros. El autor cierra su diario en pleno invierno, atravesando el desierto de Piedras Negras, en tierras de México. Entremedias se ha casado; ha tenido una hija; ha intentado ordenar su vida y ha fracasado (Lisa, su mujer, es su compañera en algunas de las excursiones que realiza). Es Navidad y en esa geografía áspera, dura donde se encuentra, es consciente de su fragilidad y celebra haber recuperado su amor por la vida, sus ganas por volver, una vez pasado el tiempo de la hibernación, a encontrarse nuevamente con los grizzlies.

Filmación de un oso Grizzly realizada por Doug Peacock, en el Parque nacional de los Glaciares (estado de Montana, frontera con Canadá), a finales de los años 1970: El Grizzlie feliz



Doug Peacock. Mis años grizzly. En busca de la naturaleza salvaje. Trad. Miguel Ros Gonzáles. Errata Naturae, 2016



Artículo en Altair Magazine: Doug Peacock, el auténtico “grizzly Man”: http://www.altairmagazine.com/blog/libros-mis-anos-grizzly/

Grizzly Man. Werner Herzog

 grizzly man bears


Grizzly Man (2005) es un lúcido y perturbador documental del cineasta alemán Werner Herzog. El documental explora la vida y la muerte de Timothy Treadwell, un personaje obsesivo, excesivo, sensible e inestable, que vivió durante trece años largas temporadas conviviendo con los osos Grizzly, sin ningún tipo de armas y grabando él mismo todas sus estancias (alrededor de cien horas de metraje) durante las cinco últimas temporadas que estuvo con ellos en Alaska. Herzog usó parte de este material para crear Grizzly Man, la historia de un hombre que mediante su cámara, fundido con ella, pretende explorar las regiones limítrofes –a menudo traspasándolas, pagándolo finalmente con su vida– que separan al ser humano de la naturaleza en estado salvaje, así como las barreras interiores entre lo racional y lo irracional, entre la cordura y la locura. En octubre de 2003, los restos de Treadwell, junto con los de su novia Amie Huguenard, fueron encontrados cerca de la zona donde acampaban en el Parque y Reserva Nacional de Katmai en Alaska. Un oso les había atacado y devorado. Fueron las primeras víctimas de un ataque de un oso en el Parque. El oso sospechoso de las muertes murió posteriormente disparado por oficiales del parque. En Grizzly Man no sólo se muestran los misterios de la naturaleza salvaje sino también los de la naturaleza del ser humano.


Película completa (versión original en inglés):

https://es.wikipedia.org/wiki/Grizzly_Man

http://www.blogdecine.com/criticas/grizzly-man-un-documental-demoledor-de-werner-herzog

Bajo la Luna Comanche. Conferencia de Miguel Ángel Blanco

El 16 de enero 2016, Miguel Ángel Blanco, artista y comisario de la exposición “La ilusión del Lejano Oeste“, impartió conferencia en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid. En esa charla no sólo presenta, como comisario, la amplitud de su proyecto artístico que se adentra en la complejidad de la historia del Lejano Oeste americano, sino que (a partir del minuto 26 del vídeo) el artista nos habla de su propia obra ligada a la naturaleza y de su proyecto artístico vital, la Biblioteca del bosque. En esta ocasión, Blanco presenta algunos de los 13 libros-cajas, así los llama él, que están expuestos en una de las salas pintadas de color rojo sangre para acercarnos, explica el artista, al espíritu del búfalo que fue el animal tótem de los pueblos indios americanos. Una espléndida exposición que nos acerca el mundo profundamente espiritual y lleno de matices de este pueblo sabio que fue masacrado, sus tierras secuestradas, los animales con los que convivía y gracias a los cuales sobrevivía casi exterminados…

¿Cuáles eran los mejores mocasines? Los que no dejaban ninguna huellas, los mocasines de los Crows, los más difíciles de localizar.


Vídeo explicativo de la exposición La ilusión del Lejano Oeste con Miguel Ángel Blanco, comisario de la muestra:


https://blogdelesllobes.wordpress.com/2010/11/04/una-loba-en-la-biblioteca-del-bosque-un-paseo-por-la-obra-de-miguel-angel-blanco/

https://www.facebook.com/biblioteca.del.bosque?pnref=lhc.unseen

Miguel Ángel Blanco


 

De mujeres y de focas: “El secreto de la isla de las focas”

The Secret of Roan Inish [El secreto de la isla de las focas] de John Sayles, 1994, Irlanda (103 min.) De la novela de Rosalie K. Fry. Música: Mason Daring. Fotografía: Haskell Wexler. Reparto: Mick LallyEileen ColganJohn LynchJeni CourtneyRichard SheridanCillian ByrneSusan Lynch.

Sinopsis: Fiona, una niña de diez años que se ha quedado huérfana, se va a vivir con sus abuelos a la costa oeste de Irlanda. Desde su casa se divisa la lejana “isla de las focas humanas”. El abuelo le cuenta a Fiona cómo perdió a su hermano Jamie: su cuna fue arrebatada por una ola y transportada mar adentro. El primo de Fiona se hace eco de los rumores según los cuales Jamie sigue navegando en la cuna en torno a la isla. Una hermosa leyenda sobre las focas podría ayudarles a encontrar al pequeño Jamie. (FILMAFFINITY)

Pensando en el cuento de Piel de foca, piel del alma, en el que seguimos buceando con uno de los grupos, extraigo este pasaje del libro de Mujeres que corren con los lobos donde Clarissa P. Estés hace referencia a la “mujer medial”, un aspecto del yo salvaje que vive en el intersticio de los mundos, entre la superficie terrestre y la profundidad oceánica, entre la realidad ordinaria y la dimensión simbólica, entre el mundo humano y el mundo animal:

“Existe en el núcleo esencial de las mujeres lo que Toni Wolff, una analista junguiana que vivió en la primera mitad del siglo XX, llamó “la mujer medial”. La mujer medial está situada entre los mundos de la realidad consensual y del inconsciente místico y actúa de mediadora entre ambos. La mujer medial es la transmisora y receptora de dos o más series de valores e ideas. Es la que da vida a nuevas ideas, cambia las ideas antiguas por las innovadoras, se traslada desde el mundo de lo racional al mundo de la imaginación. “Oye” cosas, “sabe” cosas e “intuye” lo que va a ocurrir a continuación.

El punto intermedio entre los mundos de la razón y de la imagen, entre la sensación y el pensamiento, entre la materia y el espíritu, entre todos los contrarios y todos los matices de significado que se puedan imaginar, es el hogar de la mujer medial. La mujer foca del cuento es una emanación del alma. Puede vivir en todos los mundos, en el mundo de arriba de la materia y en el mundo lejano o mundo subterráneo que es su hogar espiritual, pero no puede permanecer demasiado tiempo en la tierra. Ella y el pescador, el ego de la psique, crean un hijo que también puede vivir en ambos mundos, pero no puede permanecer demasiado tiempo en el hogar del alma.

La mujer foca y el niño forman en la psique femenina un sistema que es más bien un equipo de emergencia. La mujer foca, el yo del alma, transmite pensamientos, ideas, sentimientos e impulsos desde el agua al yo medial, que a su vez sube todas estas cosas a la tierra y a la conciencia del mundo exterior. El sistema funciona también en sentido contrario. Los acontecimientos de nuestra vida cotidiana, nuestros pasados traumas y alegrías, nuestros temores y esperanzas para el futuro se transmiten al alma, la cual hace comentarios acerca de ellos durante nuestros sueños nocturnos, transmite sus sentimientos a través de nuestro cuerpo o nos traspasa con un instante de inspiración que da nacimiento a una idea.

La Mujer Salvaje es una combinación de sentido común y de sentido del alma. La mujer medial es su doble y es también capaz de experimentar ambas cosas. Como el niño del cuento, la mujer medial pertenece a este mundo pero puede viajar sin dificultad hasta las honduras de la psique. Algunas mujeres tienen este don innato. Otras lo adquieren y lo cultivan. No importa la forma en que una mujer lo consiga, pero uno de los efectos del regreso habitual a casa es el fortalecimiento de la mujer medial de la psique cada vez que una mujer va y viene de un estrato al otro.”


La canción de Heather Dale, The Maiden and the Selkie:

 

Escribir: el largo aullido de Chantal Maillard

 

Escribir es una larga letanía, un conjuro, un grito de rebeldía… Uno de los poemas más intenso y conmovedor de Maillard, escrito en una época de postración debido a la grave enfermedad que padecía. Es la segunda parte de Matar a Platón (Tusquets, 2004), el poemario por el que le concedieron el Premio Nacional de Poesía 2004.


escribir

para curar
en la carne abierta
en el dolor de todos
en esa muerte que mana
en mí y es la de todos

escribir
como quien des-espera
para cauterizar
para tomarle las medidas al miedo
para conjurar
para morder de nuevo el anzuelo de la vida
para no claudicar

escribir
para apuntar al blanco

Aqui tenéis el poema:

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2010/12/15/chantal-maillard-escribir/

 

 

De patos y de cisnes (1): la noción de “resiliencia”. Boris Cyrulnik, Barbara, Chantal Maillard


En el taller de lectura empezamos a trabajar, con algunos de los grupos, el cuento “El patito feo“. La compasión a la que nos abre el desamparo de miles de refugiados, hoy en día tan tristemente de actualidad (¿hubo un tiempo en que no lo fue?), se dobla de una reflexión necesaria mediante este cuento que trata del exilio, del rechazo social, de la identidad y del “otro”, y de las condiciones más apropiadas para desarrollar la aptitud de resiliencia, es decir, aquella capacidad de reestructuración que tiene la psique después de vivir experiencias traumáticas.  El psicólogo Boris Cyrulnik nos recuerda que la capacidad de metamorfosear el sufrimiento en obra de arte (poemas, literatura, canciones, obra plástica u obra de teatro, o de cine etc.), es una de las estrategias curativas decisiva para poder salir adelante. Hacer algo con nuestro sufrimiento, remarca Cyrulnik en el vídeo insertado más abajo, como, por ejemplo, hacer del sufrimiento un lazo hacia otros que padecen (reconocerse en otros, reconocer el otro en mí), o convertir una vivencia traumática en narración, en expresión artística, es determinante para dejar de estar sujeto al sufrimiento. Traducida en términos lobunos, esta aptitud de resiliencia anida en el meollo mismo de la Loba: la capacidad de resistencia y de adaptabilidad ante las adversidades es una de sus mayores virtudes, y su instintiva función de revitalización, de recreación y de regeneración psíquica, uno de sus mejores legados conferido al animal humano.


Reseña de Bernabé Sarabia en El Cultural del libro Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida, de Boris Cyrulnik.  Traducción de T. Fernández y B. Eguibar. Gedisa, 2002.

“Nacido en Burdeos en 1937, Boris Cyrulnik procede de una familia de rusos judíos masacrados por los nazis. Con seis años escapó de un campo de concentración. A partir de entonces queda convertido en un niño huérfano que pasa por distintas familias y centros de acogida.

Cuando todo parecía destinarle a una existencia mediocre, Cyrulnik se convierte en un médico que llega a ser una celebridad. Profesor en la Universidad de Var, lidera un grupo de investigación en etología clínica en el Hospital de Toulon.

A través de sus clases, conferencias y publicaciones, Cyrulnik ha roto varios de los supuestos más aceptados en distintas orientaciones psicológicas. Es el caso del concepto de culpa. Si a lo largo del siglo pasado se pensaba desde el psicoanálisis que la culpa estaba en la base de la neurosis y de la frustración individual y social, el psicólogo Boris Cyrulnik sostiene que ciertas formas de culpabilidad son buenas porque evitan el daño al prójimo y ayudan a tener respeto y compasión por los demás.

El subtítulo de Los patitos feos resume muy bien el contenido de este libro: La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. El término resiliencia, inexistente en el Diccionario de la RAE, procede del latín “resalire”, volver a saltar. En los 60, la psicóloga norteamericana Emmy Werner lo acuñó para la psicología al publicar los resultados de sus trabajos durante más de 30 años en Hawai con niños que no tenían familia, no iban a la escuela y vivían en una gran pobreza. Werner encontró que un tercio de los niños se las apañaba para aprender a leer y escribir. Tras ello, eran capaces de salir de la desviación, como dicen los sociólogos, e insertarse en la sociedad.

Cyrulnik retoma el trabajo de Werner pero en un contexto mucho más amplio. Si la mitad de la población del planeta ha sufrido algún tipo de trauma psíquico, como indica la OMS, es evidente que existe un buen número de personas capaces de superar cualquier experiencia traumática y construir, no ya una vida normal sino una existencia exitosa.

La noción de resiliencia ha de entenderse en este texto de Cyrulnik como la capacidad de una persona de hacer frente a terribles problemas individuales o sociales y salir airoso. No obstante, el término ha tenido un éxito enorme y se ha incorporado al lenguaje cotidiano de países como Holanda o Alemania. Ahora mismo, en EE.UU, tras el 11-S a las torres del World Trade Center se las denomina “torres gemelas resilientes”.

Aunque al final de Los patitos feos se amplía el análisis de la resiliencia a los adultos y a sus hábitos y actitudes culturales, el grueso del libro está dedicado a la resiliencia en los niños. Cyrulnik ha montado su línea argumental apoyándose en casos de su experiencia clínica más que en textos de carácter académico. En buena medida esto se debe a que un buen número de orientaciones psicológicas tienen un carácter muy determinista. Los niños maltratados tienen esperanza para Cyrulnik. Su vida puede no sólo ser normal sino magnífica. De lo que se trata es de conseguir que exista para el niño un otro significativo bajo la forma de amigo o pariente. Si se considera que el niño es una pequeña persona y se le proporciona la ocasión de convertir su accidente traumático en una narración se está en la buena vía. En ningún caso se debe reducir al niño o a la persona a su trauma.

La enorme resonancia que están teniendo las tesis de Cyrulnik viene de que acaban con la idea extendida tras el traumatismo del nazismo en Europa de que la autoridad o la prohibición debían ser abolidas en aras de la salud mental de los niños. La novedad que introduce Cyrulnik radica en dos aspectos. El primero está en que la resiliencia es un proceso interno que puede ser estudiado y enseñado de tal modo que el daño de los traumas a los que puede ser sometido un niño sea aliviado hasta el punto de dejar de ser un obstáculo en su desarrollo personal y social. El segundo aspecto se refiere a que, si bien la familia o las instituciones han de dar ocasión a la victoria del niño, ésta la debe conseguir él aportando su propio esfuerzo.” 

http://www.elcultural.com/revista/letras/Los-patitos-feos/4678

Aquí un enlace para leer en pdf Los patitos feos, de Boris Cyrulnik:

Feu clic per accedir a doc.pdf

https://es.wikipedia.org/wiki/Boris_Cyrulnik

Teoría del apego, del psiquiatra y psicoanalista americano John Bowlby:  https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_apego

Barbara, Le mal de vivre: 

“Y es más extraña aún, la extrañeza, cuando se cuela en esos pocos, escasísimos momentos en los que, sin razón alguna, una se siente “bien”. La joie de vivre que, como cantaba Barbara, nous prend par les reins, sobreviene sin razón, de la misma manera que sobreviene el mal de vivre, sin razón. 

“Esto también pasará”, la frase de aquel sabio indio que he colocado, a modo de saludo personal, en mi teléfono móvil, ha de poder aplicarse a todo lo que agrada como a lo que desagrada; ha de tenerse en cuenta tanto en la felicidad como en el dolor. Quien sabe aplicarla no se extraña, pues está a medio camino de ser quien es y de no serlo, a un tiempo sujeto y objeto de sí mismo y, en el intervalo, justo en medio, ahí donde se localiza el punto muerto, en aquel punto halla la sabiduría, la equidad de Confucio, la indiferencia del Buddha.” 

Chantal Maillard. Filosofía en los días críticos. Pre-Textos (párrafo 159).


–Filosofía en los días críti­cos y Diar­ios indios son dos esplén­di­dos cuader­nos poéti­cos en prosa en los que es suma­mente importante la pal­abra vuelta carne. En ellos un sin­fín de ref­er­en­cias lit­er­arias y filosóficas conviven con una enunciación con diversas e inagotables dimen­siones, ¿qué tanta relación ten­dría el dolor con una posi­ble “sal­vación” o “exor­cismo” poético, casi del mismo modo en el que Bachelard medita la poesía como un espa­cio de curación con la obra de Lautréamont?¿qué tanta relación ten­dría el dolor con una posi­ble “sal­vación” o “exor­cismo” poético, casi del mismo modo en el que Bachelard medita la poesía como un espa­cio de curación con la obra de Lautréamont? 

–Creo que el poema-letanía “Escribir”, com­puesto en un largo peri­odo de pos­tración, responde a esa pre­gunta mucho mejor de lo que pud­iese hac­erlo ahora. “Escribo porque es la forma más veloz que tengo de moverme”, decía, y era lit­eral. Y tam­bién “para que el agua enve­ne­nada pueda beberse”. Cuando uno (se) escribe se proyecta, tiene lugar un desdoblamiento, y una dis­tan­cia se abre, un espa­cio en el que la pal­abra con­jura. Uno deja de ser ese yo inte­ri­or­izado sin pal­abras con las que recono­cerse, y eso ya es cura­tivo. Aunque no deja de ser un primer nivel. El sigu­iente es que este reconocimiento con­lleve un grado de universalización. Luego está el dolor de la pér­dida, los due­los. En Hilos y en Husos trazo una geografía que le facilita la tarea al observador del que había tratado en los Diar­ios indios. La difer­en­cia entre el sufrim­iento y el dolor, lo que la mente añade a la sim­ple percep­ción del daño es algo que cualquiera puede des­cubrir si está atento al pro­ceso mental. Pero, para ello, hace falta haber creado al obser­vador. Y le diré que es sin duda aquí, en estos libros, y no en aque­l­los tan­teos de los ini­cios, donde puede encon­trarme real­mente quien me busca.

Extraído de una entrevista a Chantal Maillard, “La escritura es mi casa“: http://revistacritica.com/contenidos-impresos/entrevistas/chantal-maillard-la-escritura-es-mi-casa-por-leonarda-rivera-e-ingrid-solana

La práctica de lo salvaje. Prólogo de Gary Snyder

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Todos nosotros, especialmente cuando somos jóvenes, nos enfrentamos a preguntas: ¿Quién soy yo? ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué está pasando? Crecí en una pequeña granja en el Noroeste del Pacífico norteamericano, en la Isla de la Tortuga. Las aguas colmadas de salmones del estrecho de Puget estaban cerca, y “lo que estaba pasando” era la implacable deforestación de uno de los más imponentes bosques de todos los tiempos.

La vasta extensión de enormes árboles en el litoral del Pacífico Noroeste era un fenómeno botánico y ecológico de formidables proporciones. Originó, junto con los bosques de secuoya roja algo más al sur, las coníferas más grandes del mundo. A esta expresión maravillosa de los procesos naturales llegaron los euroamericanos, que, de inmediato, devastaron el crecimiento de siglos para transformarlo en las casas de las ciudades cada vez más grandes de la Costa Oeste. Para mí, la pregunta “¿quién soy yo?” estaba ligada a mi pertenencia juvenil a una sociedad en expansión sin conciencia alguna del pasado o del futuro medioambiental. Nuestra granja se encontraba lo bastante cerca de ese mundo original de la naturaleza salvaje como para absorber algunas enseñanzas de primera mano de las lagunas, los bosques y la alta montaña. El valor de esas experiencias se consolidó con mi posterior formación intelectual, y me dediqué al estudio juvenil de la historia humana y natural, con un ojo puesto en reconocer las huellas de la injusticia y la explotación.

A los diecisiete años me hice socio de la Wilderness Society, una organización que todavía lleva a cabo una buena labor, y más tarde me afilié a un club de montañismo llamado Mazamas, con sede en Oregón. Me convertí no solo en montañero y trabajador forestal temporal –incluyendo faenas de leñador–, sino también en un defensor de la naturaleza salvaje. A lo largo de los años he desempeñado mi trabajo en montañas y bosques de todo el Oeste americano, y después en Japón, y un poco en Taiwán y Nepal. Comencé a impartir talleres para pequeños grupos, y clases por toda Norteamérica, enseñando la disciplina, el conocimiento y las destrezas que creía necesarias para apreciar la feroz ordenación de lo salvaje.

Trabajar con personas de lugares remotos de Alaska, o del centro de Manhattan o de Tokio en cuestiones relacionadas con la ecología y las estrategias medioambientales, las especies amenazadas, las culturas primarias y las religiones de Asia oriental es lo que ha dado pie a estos ensayos.

También plantean un enfoque espiritual. Mi propio camino es una suerte de budismo arcaico, que no ha perdido su vínculo con las raíces animistas y chamánicas. El respeto por todos los seres vivos es una parte primordial de esta tradición. He intentado enseñar a otros a meditar y adentrarse en las zonas salvajes de la mente. Como sugiere uno de estos ensayos, incluso el lenguaje puede ser visto como un sistema salvaje.

Un término clave es la práctica, entendida como un esfuerzo sostenido, deliberado y consciente por acompasarnos con mayor sutileza con nosotros mismos y la verdadera condición del mundo existente. El mundo, exceptuando una mínima intervención humana, es en última instancia un lugar salvaje. Es esa la parte de nuestro ser que dirige la respiración y la digestión, y cuando se observa y aprecia es una fuente de lúcida inteligencia. Las enseñanzas del budismo son realmente sobre la práctica y muy poco teóricas, aunque la teoría es tan atrayente que a lo largo de su historia ha provocado una ligera y sugerente desorientación en muchos.

La práctica de lo salvaje propone que nos ocupemos de algo más que de la ética medioambiental, la acción política o un activismo útil e ineludible. Debemos enraizarnos en la oscuridad de nuestro ser más profundo. Una recopilación de ensayos posterior, A place in Space, sugiere que la mayor parte de ese arraigo tiene lugar en comunidades, que existen, lo sepamos o no, en “naciones naturales” conformadas por cadenas de montañas, cursos de ríos, planicies y humedales.

Nada de lo que aquí se dice pretende poner en duda la elegancia, el refinamiento, la belleza o la llamativa complejidad de eso que llamamos civilización, particularmente aquella que prima la cualidad sobre la cantidad y que no es solo una excusa para la piratería global internacional. Me atrae la idea de que la cultura misma tenga un sesgo salvaje. Como manifestó hace años Claude Lévi-Strauss, las artes son el territorio salvaje que sobrevive en la imaginación, como parques nacionales en el interior de las mentes civilizadas. El abandono y el deleite al hacer el amor, tantas veces cantado, es parte de nuestro gozoso carácter salvaje. ¡Sexo y arte por igual! Lo que quizás no vimos con tanta claridad era que la realización personal, e incluso la iluminación, es otro aspecto de nuestra condición salvaje, un vínculo de esa cualidad que hay en nosotros con los procesos (salvajes) del universo.

Mi motivación debe mucho a ser un euroamericano viviendo en el Nuevo Mundo, en un lugar semisalvaje. Considerando el planeta en su conjunto, se observa que los problemas no son muy diferentes en cualquier lugar de la Tierra. El mundo entero tenía buenos bosques y mucha fauna salvaje hasta hace unos cuantos siglos. Las comunidades humanas disfrutaban de un gran espacio, excelente agua y buena tierra. Y sumando o restando unos pocos miles de años, todos hemos estado viviendo en pequeñas comunidades de subsistencia durante la mayor parte de la historia humana. Ese tipo de vida tenía sus inconvenientes, pero hay lecciones y destrezas relativas a esa larga historia que todavía no hemos asumido ni incorporado a nuestras actuales ocupaciones.

Lo salvaje, tantas veces despachado como caótico y brutal por los pensadores civilizados, responde en realidad a un orden imparcial, implacable y hermoso, a la vez que libre. Su expresión, la plenitud de la vida animal y vegetal en el planeta, que incluye las tormentas, los vendavales, las serenas mañanas de primavera y a nosotros mismos, es el mundo real, al que todos pertenecemos. Estoy profundamente agradecido por haber podido recorrer este sendero, estudiando con maestros en Oriente y Occidente, y haber disfrutado de la oportunidad de escribir y expresar mis ideas para todo aquel que ha querido escuchar.

Gary Snyder 25.10.98-12.05.10


Gary SnyderLa práctica de lo salvaje. Trad. Nacho Fernández y José Luis Regojo. Varasek ediciones, 2016

Fotografía de Jim Brandenburg. Timber Wolf (Canis lupus) three running across frozen lake in Minnesota.

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2011/05/17/gary-snyder-a-barcelona-primeres-impressions/