En la traza de Marguerite Yourcenar

 

Extractos de Sur les traces de Marguerite Yourcenar
Docu-ficción, 2011, dirigido por Marilù Mallet.
Premio del público FIFA 2011.

Sur les traces de Marguerite Yourcenar” nos invita a un viaje fabuloso a través del espacio y el tiempo, para descubrir una personalidad rica, compleja y fascinante.

“El enfoque delicado, sensible y conmovedor, sin desbordes de lágrimas, de Marilù Mallet (“Journal inachevé” [Diario inacabado], “Double portrait” [Retrato doble]) vuelve a hacer maravillas en esta exploración de la vida y obra de una de las más grandes figuras literarias del siglo XX. A lo largo de este viaje de gran belleza visual, gente de varios lugares muestra su admiración y cariño, deshojando a su Margarita para que conozcamos o queramos más a aquella cuyo rigor histórico nunca sofocó su genio literario. Marilù Mallet adjunta a su filmografía otro magnífico retrato de una dama “.

—André Lavoie, Le Devoir, 8 de octubre de 2011—

El DVD ALL ZONES ya está disponible en el Centre International de Documentation Marguerite Yourcenar en Bruselas (cidmy.be) al precio de 20 euros con gastos de envío incluidos. Pedirlo a: info@cidmy.be o cidmy@skynet.be

https://www.facebook.com/pg/Sur-les-traces-de-Marguerite-Yourcenar-193078174063204/about/?ref=page_internal

 

Margarite Yourcenar. Memorias de Adriano

Villa Adriana_creada en Tibur (actual Tívoli) como lugar de retiro de Roma por el emperador Adriano_en el siglo II

 

«Como todo el mundo, sólo tengo a mi servicio tres medios para evaluar la existencia humana: el estudio de mi mismo, que es el más difícil y peligroso, pero también el más fecundo de los métodos; la observación de los hombres; y los libros…. En cuanto a la observación de mi mismo, me obligo a ella, aunque sólo sea para llegar a un acuerdo con ese individuo con quien me veré forzado a vivir hasta el fin.»

***

«Hacia 1941 descubrí por casualidad, en la tienda de un comerciante neoyorquino, cuatro grabados de Piranesi, que G… y yo compramos. En uno de ellos, una vista de la Villa Adriana que me era desconocida hasta entonces, aparece la capilla Canope, de donde fueron tomados en el siglo XVII el Antínoo de estilo egipcio y las estatuas de sacerdotisas de basalto que hoy se ven en el Vaticano. Estructura redonda, pulida como un cráneo, de donde penden algunas malezas como mechones. El genio casi mediúmnico de Piranesi ha intuido la alucinación, las extensas rutinas del recuerdo, la arquitectura trágica de un mundo interior. Durante muchos años me detuve a contemplar esta imagen casi todos los días, sin por ello volver sobre mi antiguo proyecto, al que creía haber renunciado. Tales son los curiosos subterfugios de lo que se llama olvido.

***

«Esforzarse en lo mejor. Volver a escribir. Retocar, siquiera imperceptiblemente, alguna corrección. «Es a mí mismo a quien corrijo —decía Yeats— al retocar mis obras.»
Ayer, en la Villa, pensé en los millares de vidas silenciosas, furtivas como las de los animales, irreflexivas como las de las plantas: que han vivido entre Adriano y nosotros: Bohemios del tiempo de Piranesi, saqueadores de ruinas, mendigos, cabreros, aldeanos refugiados entre escombros. Al borde de un olivar, en una senda antigua y con escombros, G… y yo nos encontramos ante el lecho de cañas de un campesino, ante el bulto de las ropas colocado entre dos bloques de cemento romano, ante las cenizas de su fuego recién apagado. Sensación de humilde intimidad bastante similar a la que se siente en el Louvre, después del cierre, a la hora en que los catres de tijera de los guardas aparecen entre las estatuas.

***

«Lugares en los que se ha elegido vivir, residencias invisibles que uno se construye al margen del tiempo. Yo viví en Tíbur, tal vez allí muera, como Adriano en la Isla de Aquiles.

***

«No. He vuelto a visitar la Villa una vez más, con sus pabellones para la intimidad y el reposo, sus vestigios de un lujo sin fasto, lo menos imperial posible, de rico aficionado que se esfuerza por unir las delicias del arte a los placeres campestres; he buscado en el Panteón el lugar exacto al que llega un rayo de sol de la mañana del 21 de abril; he vuelto a transitar, a lo largo de los corredores del Mausoleo, la ruta fúnebre tan frecuentada por Chabrias, Celer y Diótimo, amigos de sus últimos días. Pero he dejado de sentir a esos seres, su inmediata presencia, esos hechos, esa actualidad; permanecen cerca de mí, pero desordenados, ni más ni menos como los recuerdos de mi propia vida. Nuestro intercambio con los demás no se produce más que por un cierto tiempo; se desvanece una vez lograda la satisfacción, la lección sabida, el servicio obtenido, la obra acabada. Lo que yo era capaz de decir ya está dicho; lo que hubiera podido aprender ya está aprendido. Ocupémonos ahora de otras cosas.»

***

«Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver… Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos…».

Marguerite YourcenarMemorias de Adriano (1951), trad. Julio Cortázar (1982), Edhasa.

Imagen: Villa Adriana, en Tibur (actual Tívoli), creada como lugar de retiro de Roma por el emperador Adriano en el siglo II.

 

Byung-Chul Han: “El dataísmo es una forma pornográfica de conocimiento que anula el pensamiento”

El filósofo coreano, que en su último ensayo afirma que la conversión de la producción y el rendimiento en valores absolutos está desritualizando cada vez más a la sociedad, cree que la violencia que el ser humano ejerce contra la naturaleza se está volviendo contra él con más fuerza.


Byung Chul Han
El filósofo coreano Byung-Chul Han, en Barcelona en 2018. MASSIMILIANO MINOCRI

El filósofo alemán vivo más leído en todo el mundo es coreano. Byung-Chul Han (Seúl, 1959), profesor en la Universidad de las Artes de Berlín, se dio a conocer en todo el mundo hace 10 años con La sociedad del cansancio. Desde entonces ha publicado más de una decena de ensayos formalmente similares —muy breves y con una escritura clara y directa— en los que desarrolla una peculiar crítica comunitarista de distintos aspectos del capitalismo contemporáneo. Su último trabajo es La desaparición de los rituales (Herder, 2020). Esta entrevista se hizo por correo electrónico.

PREGUNTA. En su libro define los rituales como acciones simbólicas que generan una comunidad sin necesidad de comunicación. En cambio, según plantea, en las sociedades actuales abundaría más bien la comunicación sin comunidad. ¿Cómo imagina esa “comunidad-sin-comunicación” perdida? Los ejemplos que usted pone pertenecen al pasado o a pequeños pueblos campesinos e insiste en que el causante de esa destrucción comunitaria es el neoliberalismo. ¿Ha habido otras épocas del capitalismo más abiertas a los rituales? ¿Es incompatible la modernidad y la comunidad o la incompatibilidad se da exclusivamente entre capitalismo y comunidad?

RESPUESTA. La desaparición de los rituales señala sobre todo que, en la actualidad, la comunidad está desapareciendo. La hipercomunicación consecuencia de la digitalización nos permite estar cada vez más interconectados, pero la interconexión no trae consigo más vincu­lación ni más cercanía. Las redes sociales también acaban con la dimensión social al poner el ego en el centro. A pesar de la hipercomunicación digital, en nuestra sociedad la soledad y el aislamiento aumentan. Hoy en día se nos invita continuamente a comunicar nuestras opiniones, necesidades, deseos o preferencias, incluso a que contemos nuestra vida. Cada uno se produce y se representa a sí mismo. Todo el mundo practica el culto, la adoración del yo. Por eso digo que los rituales producen una comunidad sin comunicación. En cambio, hoy en día prevalece la comunicación sin comunidad. Cada vez celebramos menos fiestas comunitarias. Cada uno se celebra solo a sí mismo. Deberíamos liberarnos de la idea de que el origen de todo placer es un deseo satisfecho. Solo la sociedad de consumo se orienta a la satisfacción de deseos. Las fiestas no tienen que ver con el deseo individual. En el juego colectivo uno no procura satisfacer su propio deseo. Antes bien, se entrega a la pasión por las reglas. No estoy diciendo que tengamos que volver al pasado. Al contrario. Sostengo que tenemos que inventar nuevas formas de acción y juego colectivo que se realicen más allá del ego, el deseo y el consumo, y creen comunidad. Mi libro va encaminado a la sociedad que viene. Hemos olvidado que la comunidad es fuente de felicidad. La libertad también la definimos desde un punto de vista individual. Freiheit, la palabra alemana para “libertad”, significa en origen “estar con amigos”. “Libertad” y “amigo” tienen una etimología común. La libertad es la manifestación de una relación plena. Por tanto, también deberíamos redefinir la libertad a partir de la comunidad.

P. Su descripción de nuestro mundo como crecientemente alejado de los rituales se opone a quienes ven el capitalismo como una sociedad hiperritualizada. Desde ese punto de vista, que usted critica, el consumo tendría una fuerte dimensión ritual e incluso religiosa: los supermercados o los estadios serían nuestros templos. ¿Por qué le parece incorrecto interpretar las prácticas capitalistas o burocráticas como formas secularizadas de rituales religiosos?

R. Rechazo la tesis de que el capitalismo es una religión. Los centros comerciales son todo lo contrario de un templo. En los centros comerciales, y en el capitalismo en general, domina una atención particular. Todo gira en torno al ego. Según Malebranche, la atención es la oración natural del alma. En los templos encontramos una forma totalmente diferente de atención. Se presta atención a cosas que no se pueden alcanzar con el ego. Los rituales me alejan de mi ego. El consumo refuerza la obsesión con él. No soy creyente, pero me gusta asistir a las celebraciones religiosas, católicas por supuesto. Cuando me dejo embriagar por los cánticos, la música del órgano y el aroma del incienso me olvido de mí mismo, de mi ego, y experimento una hermosa sensación de comunidad. En mi libro cito un apunte de Peter Handke: “Con ayuda de la misa, los curas aprenden a tratar bien las cosas: la manera delicada de sostener el cáliz y las hostias, la limpieza sosegada de los vasos, la manera como pasan las páginas del libro; y el resultado de ese hermoso modo de tratar las cosas: una alegría que da alas al corazón”. Hoy en día damos un uso muy diferente a las cosas. Las agotamos, las consumimos y las destruimos. En los rituales las tratamos de una manera totalmente distinta, con cuidado, como si fuesen amigas. Las cosas ritualizadas también pueden crear comunidad.

Los rituales poseen un factor de repetición, pero es una repetición animada y vivificadora. No tiene nada que ver con la repetición burocrática-automática. Hoy en día vamos constantemente a la caza de nuevos estímulos, emociones y experiencias, y olvidamos el arte de la repetición. Lo nuevo se trivializa rápidamente y se convierte en rutina. Es una mercancía que se consume y vuelve a inflamar el deseo de algo nuevo. Para escapar de la rutina, del vacío, consumimos aún más estímulos nuevos, nuevas emociones y experiencias. La sensación de vacío es precisamente la que activa la comunicación y el consumo. La “vida intensa” que actúa como reclamo del neoliberalismo no es sino consumo intenso. Existen formas de repetición que crean auténtica intensidad. Me encanta Bach. He tocado más de 10.000 veces las arias de las Variaciones Goldberg, y cada vez experimento una felicidad. Personalmente, no necesito nada nuevo. Me encantan las repeticiones, los rituales de la repetición.

P. Una tesis muy sugerente de su libro es que los rituales permiten que los valores de una comunidad se asimilen corporalmente. Me parece una idea cercana a aquello que decía Pascal: “Si no crees, arrodíllate, actúa como si creyeras y la creencia llegará por sí sola”. Usted plantea que, en cambio, vivimos en una sociedad de las pasiones marcada por el culto narcisista a la autenticidad, donde lo único que cuenta es la sinceridad de nuestras emociones.

R. Los rituales anclan la comunidad en el cuerpo. Sentimos físicamente la comunidad. Precisamente en la crisis del coronavirus, en la que todo se desarrolla por medios digitales, echamos mucho de menos la cercanía física. Todos estamos más o menos conectados digitalmente, pero falta la cercanía física, la comunidad palpable físicamente. El cuerpo que entrenamos solos en el gimnasio no tiene esa dimensión de comunidad. También en la sexualidad, en la que lo único que importa es el rendimiento, el cuerpo es, en cierto modo, algo solitario. En los rituales, el cuerpo es un escenario en el que se inscriben los secretos, las divinidades y los sueños. El neoliberalismo produce una cultura de la autenticidad que pone el ego en el centro. La cultura de la autenticidad va de la mano con la desconfianza hacia las formas de interacción ritualizadas. Solo las emociones espontáneas, es decir, los estados subjetivos, son auténticas. El comportamiento formalizado se rechaza como falto de autenticidad o como externo. Un ejemplo es la cortesía. En mi libro hago un alegato en contra de la cultura de la autenticidad, que conduce al embrutecimiento de la sociedad, y a favor de las formas bellas.

P. ¿Cree que los partidarios de la nueva derecha radical podrían sentirse identificados con su reivindicación de los rituales y la comunidad? ¿Qué diferencia su propio comunitarismo del de la ultraderecha emergente?

R. La comunidad no se define necesariamente por la exclusión del otro. También puede ser muy hospitalaria. La comunidad a la que se acoplan las derechas está vacía de contenido. Por eso encuentra su sentido en la negación del otro, del extranjero. Está dominada por el miedo y el resentimiento.

P. En el prefacio dice muy explícitamente que este no es un libro nostálgico, pero a menudo hace comparaciones con el pasado muy desfavorables para nuestro presente. En el capítulo dedicado a la guerra, por ejemplo, defiende los antiguos valores guerreros frente a la guerra automatizada moderna, que sería una matanza sin reglas. ¿No está idealizando la guerra antigua? Al fin y al cabo, a lo largo de la historia encontramos una amplia serie de genocidios. La matanza indiscriminada no es exactamente un invento capitalista.

R. Solo quería señalar que la cultura humana se está desritualizando cada vez más, que la conversión de la producción y el rendimiento en valores absolutos está acabando con los rituales. Por ejemplo, la pornografía aniquila los rituales de seducción. En las órdenes de caballería europeas el objetivo principal no era matar al adversario. El honor y el valor también eran importantes. En la guerra con drones, en cambio, lo fundamental es matar al enemigo, que es tratado como un criminal. Después de la misión, a los pilotos de los drones se les hace entrega solemne de una “tarjeta de puntuación” que certifica cuántas personas han matado. También cuando se trata de matar, lo que más cuenta es el rendimiento. En mi opinión, esto es perverso y obsceno. No pretendía decir que las guerras del pasado fuesen mejores que las actuales. Por el contrario, lo que quería señalar es que hoy en día todo se ha convertido en una cuestión de rendimiento y producción. No solo en la guerra, sino también en el amor y la sexualidad.

P. En su ensayo relaciona el auge del big data con un giro en nuestra concepción del conocimiento, que cada vez más entendemos como algo producido maquinalmente. Llega a hablar de un “giro dataísta” análogo al “giro antropológico” de la Ilustración. ¿Es el dataísmo la conclusión de un camino irreversible que ya estaba anticipado en los orígenes de la modernidad?

R. El dataísmo es una forma pornográfica de conocimiento que anula el pensamiento. No existe un pensamiento basado en los datos. Lo único que se basa en los datos es el cálculo. El pensamiento es erótico. Heidegger lo compara con el eros. El batir de alas del dios Eros lo acariciaba cada vez que daba un paso significativo en el pensamiento y se atrevía a aventurarse en un terreno inexplorado. La transparencia también es pornográfica. Peter Handke dice en una de sus anotaciones: “¿Quién dice que el mundo ya está descubierto?”. El mundo es más profundo de lo que pensamos.

P. La pandemia de la covid-19 está teniendo un impacto enorme no sólo en términos sanitarios o económicos, sino también en nuestra subjetividad compartida. En apenas unos días, la noción de “biopolítica” se ha vuelto muy intuitiva. ¿En qué medida cree que la comunicación-sin-comunidad que usted diagnostica en nuestras sociedades está afectando a la manera en que estamos viviendo la epidemia?

R. La crisis del coronavirus ha acabado totalmente con los rituales. Ni siquiera está permitido darse la mano. La distancia social destruye cualquier proximidad física. La pandemia ha dado lugar a una sociedad de la cuarentena en la que se pierde toda experiencia comunitaria. Como estamos interconectados digitalmente, seguimos comunicándonos, pero sin ninguna experiencia comunitaria que nos haga felices. El virus aísla a las personas. Agrava la soledad y el aislamiento que, de todos modos, dominan nuestra sociedad. Los coreanos llaman corona blues a la depresión consecuencia de la pandemia. El virus consuma la desaparición de los rituales. No me cuesta imaginar que, después de la pandemia, los redescubramos.

P. ¿Cree que la pandemia constituye un hito histórico similar a la crisis de 2008, que se traducirá en transformaciones políticas de calado? ¿Qué tipo de cambios sociales cree que vamos a experimentar a raíz del coronavirus?

R. A consecuencia de la pandemia nos dirigimos a un régimen de vigilancia biopolítica. El virus ha dejado al descubierto un punto muy vulnerable del capitalismo. A lo mejor se impone la idea de que la biopolítica digital, que convierte al individuo y a su cuerpo en objeto de vigilancia, basta para hacer al capitalismo invulnerable al virus. Sin embargo, el régimen de vigilancia biopolítico significa el fin del liberalismo. En ese caso, el liberalismo no habrá sido más que un breve episodio. Pero yo no creo que la vigilancia biopolítica vaya a derrotar al virus. El patógeno será más fuerte. Según el paleontólogo Andrew Knoll, el ser humano es solamente la guinda de la evolución. El verdadero pastel se compone de bacterias y virus que amenazan con atravesar cualquier superficie frágil, e incluso reconquistarla, en cualquier momento. La pandemia es la consecuencia de la intervención brutal del ser humano en un delicado ecosistema. Los efectos del cambio climático serán más devastadores que la pandemia. La violencia que el ser humano ejerce contra la naturaleza se está volviendo contra él con más fuerza. En eso consiste la dialéctica del Antropoceno: en la llamada Era del Ser Humano, el ser humano está más amenazado que nunca.

https://elpais.com/cultura/2020/05/15/babelia/1589532672_574169.html

 

La vida poética de R. M. Rilke

-RILKE_1.jpg de Archivo ABC-

 

Hay libros a los que hemos de volver una y otra vez, y que releídos a la luz o a la sombra de ciertos acontecimientos contrastan lo más sombrío con un brillo específico, y subrayan lo más luminoso con una línea de sombra. En toda crisis, sea ésta personal o colectiva, es decir, en todas aquellas épocas –como la presente– que se vuelven punto de inflexión en la vida individual o en la de una colectividad, las palabras de Rilke son siempre ese abrevadero donde acude para desalterarse nuestra alma-anima-animal…

 

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Me disculpo doblemente, pues ni encontré el nombre del traductor de esas cartas que Rilke escribió en alemán (el archivo deslizante que os adjunto proviene de la Facultad de Humanidades, Argentina), ni recuerdo de dónde saqué la fotografía de Rilke leyendo, que tenía en mi archivo personal.

 

Ceija Stojka: Esto ha pasado

Ceija Stojka, Sin título, 1995. Acrílico sobre cartón, 69,5 x 99 cm. Colección Antoine de Galbert, París. © Ceija Stojka, VEGAP, Madrid, 2019. Fotografía: © Célia Pernot

La obra de la artista austriaco-romaní Ceija Stojka (Kraubath, Austria, 1933-Viena, Austria, 2013) supone un testimonio excepcional, tanto por su rareza como por su calidad artística, sobre el porrajmos, la persecución y genocidio de la comunidad gitana a manos de la Alemania nazi. Deportada a los diez años junto con su familia, Stojka sobrevivió durante la Segunda Guerra Mundial a tres campos de concentración y dio cuenta de su experiencia cuarenta años más tarde, entre 1988 y 2012, cuando emprendió un intenso ejercicio de memoria mediante la escritura, el dibujo y la pintura. La presente exposición ofrece un recorrido por el conjunto del corpus artístico de esta prolífica y autodidacta creadora organizado a través de una serie de secciones temáticas que permiten reconstruir las distintas situaciones que afrontó.

Mientras viajábamos
La artista nace en el seno de una familia gitana lovara, extenso linaje de mercaderes de caballos oriundos de Hungría y afincados en Austria desde hace varios siglos. En las obras que retratan su vida anterior a la guerra, Ein einfaches Rom Leben (Una vida sencilla de gitanos, 1995) o Idylle mit Bauernhof (Idilio con granja, 9.9.2002), entre otras, vemos escenas coloristas, con elementos recurrentes presentes durante la infancia de Stojka como el carromato, las gallinas y caballos, o la omnipresencia de la naturaleza y sus ciclos. El toque rápido y enérgico de las pinceladas está al servicio de un estilo tan expresivo como narrativo. En ocasiones, la autora espesa el pigmento con arena, reforzando la materialidad de la pintura y de su propio gesto. Algunos cielos rosas, anaranjados o violáceos que aparecen en estas idílicas secuencias parecen anunciar un tiempo crepuscular que, en su sentido metafórico, se alargaría durante largos años.

La caza
En 1941, debido a un recrudecimiento de las políticas nazis —que por entonces ya incluían la discriminación laboral, formativa y de circulación de la población gitana—, el padre de Stojka fue arrestado y deportado al campo de concentración de Dachau. El resto de la familia vivía de forma clandestina en el área forestal de Kongresspark, como nos recuerda por ejemplo en Ohne Title [RS: „Unsere Wiege war der Wohnwagen”] (Sin título [Reverso: “Nuestra cuna era el carromato”], 15.2.2003) y Sin título (15.3.2003), donde apenas se distinguen las miradas aterrorizadas de unas sombras encogidas tras una maraña de hojas y ramas. El reverso de estas obras está cubierto por dibujos a tiza y frases de ortografía insegura, en muchas ocasiones de transcripciones fonéticas de quien tuvo prohibida la escolarización. Por otro lado, sus dibujos caricaturescos —Nun. ist. es. aus. mit. euch. Heil – Wir kommen (Ahora. estáis. perdidos. Heil – Allá vamos) 1993—, atestiguan el humor feroz de la artista en sintonía con el estilo de artistas como Emil Nolde y otros miembros de la corriente expresionista alemana.

La experiencia en los campos
La familia Stojka fue detenida en marzo de 1943 y deportada a Auschwitz donde se le destinó a la sección B-II-e, conocida como el “Campo de las familias gitanas”; a este campo le seguirían otros dos: Ravensbrück (de junio a diciembre de 1944) y Bergen-Belsen (de enero a abril de 1945) donde Ceija Stojka y su madre fueron liberadas por el ejército británico. Algunas de las obras que conforman las secciones dedicadas a los tres campos de concentración y exterminio adoptan la perspectiva infantil que tenía la artista en aquel momento: encontramos detalladas escenas que nos muestran primeros planos de botas militares cuya escala sobredimensionada se torna monstruosa, como en SS (1995). También hallamos vistas áreas que bien podrían ser las ofrecidas por los cuervos que sobrevuelan los recintos, Auschwitz, 2.10.1944 (ca. 2003); o la mirada de un posible fugitivo o testigo impotente que observa desde el otro lado de las alambradas de espino. Como contrapunto, la obra Z 6399 (1994) sorprende por su composición austera y rotunda: en ella puede verse el brazo tatuado de la artista con el número de identificación que le fue asignado a su llegada a Auschwitz.

En la sala dedicada al campo de concentración para mujeres de Ravensbrück, el frío domina las escenas evocadas por Stojka. Aparece la figura del guardián o guardiana del campo, siempre atento en lo alto de la torreta de vigilancia, y que la artista representa con un gran ojo suspendido en el cielo como en Ravensbrück 1944 (1994). Entre otros siniestros personajes destaca la Oberaufseherin (vigilante) Dorothea Binz, que bien podría ser la figura rubia y uniformada que aparece en el centro de un pasillo en Sin título (28.1.2001). Frente a estos amenazantes personajes están sus víctimas, retratadas con pinceladas rápidas, como apariciones fantasmales sin contornos definidos.

En el campo Bergen-Belsen, Stojka sobrevivió entre cadáveres comiendo la savia de las ramas y plantas que encontraba. La rama se convirtió desde entonces en símbolo de esperanza para la artista, que elige este motivo para firmar todas sus obras. Asimismo, se aprecian como elementos constantes en sus cuadros, por un lado, el cuervo, cuyo sentido resulta ambivalente, ya que Stojka admira su capacidad de volar sobre las alambradas de los campos, pero no deja de remitirnos al mal augurio con el que se le asocia en muchas culturas. Por otro, el perro, de significado más unívoco, es el brazo despiadado de los torturadores.

Regreso a la vida
Una vez liberadas, Ceija Stojka y su madre regresaron a Viena donde se reunieron con los hermanos de la artista, supervivientes también de la barbarie nazi. Los cielos coloreados de esta última sala recuerdan a los del inicio de la muestra, subrayando el carácter cíclico de su narración. Una estructura con la que tal vez la artista trata de ordenar y dar sentido a lo absurdo y terrible de su experiencia. Tras los años de hambruna y penalidades, la artista pinta frutas, verduras y, sobre todo, girasoles, la “flor del gitano”, como escribe ella, símbolo de esperanza, de vuelta a la vida. En estas obras, está presente la virtud cristiana, esencial para la artista, y a la que alude a través de las numerosas representaciones de la Virgen María.

La decisión de Stojka de romper su silencio y dar cuenta de la experiencia traumática que ella a nivel personal y el pueblo gitano como colectivo habían sufrido tiene un gran valor simbólico que ha servido además como revulsivo para impulsar el asociacionismo de la comunidad romaní de su país. Esta exposición pone en valor el testimonio y la figura del testigo, con su fragilidad y afectación, como recursos esenciales para comprender cualquier hecho histórico en su complejidad, incluso aquellos que por su atrocidad se antojan inimaginables.

Exposición al museo Reina Sofía del 22 noviembre 2019 al 23 marzo 2020  

 

En este enlace podéis descargar el catálogo de la exposición “Esto ha pasado” que el museo Reina Sofía, habiendo tenido que cerrar sus puertas por causa del Coronavirus, ofrece en abierto a disposición del publicohttp://ow.ly/HOn650yKTNa

 

Imagen: Ceija StojkaSin título, 1995. Acrílico sobre cartón, 69,5 x 99 cm. Colección Antoine de Galbert, París. © Ceija Stojka, VEGAP, Madrid, 2019. Fotografía: © Célia Pernot

 

 

Cómo detener el ecocidio

 

Al hilo de las reflexiones de la profesora Rosi Braidoti (lo Post-Humano) y el ecoactivista Paul Kingsnorth (autor de “Confesiones de un ecologista en rehabilitación”), este vídeo vuelve sobre la emergencia climática, centrándose en la importancia de explicar historias nuevas, de mostrar nuevos senderos conceptuales que nos lleven a distintas relaciones con la naturaleza. Ambos pensadores nos animan a ser cautos ante ciertas formas de ecologismo que se han entregado al capitalismo, a desconfiar del pseudoecologismo de grandes corporaciones que, precisamente, están en el centro del problema del ecocidio imparable. No se trata de producir la misma cantidad de energía y consumo por otros medios “limpios”, sino de cambiar de dirección y de costumbres.

El antropocentrismo de nuestra cultura occidental (“El hombre es la medida de todas las cosas”), narcisista, extractivista y desequilibrado, con su humanización simbólica (de Esopo a Disney) y su esclavización de los animales, su separación radical de humanidad y naturaleza, todo ello ha contribuido a la catástrofe que denuncian ecologistas y científicos desde hace décadas. Está claro que hacen falta otras narrativas, esta vez zoocéntricas, cuentos de respeto a la naturaleza, historias que nos permitan pensar y actuar de manera radicalmente distinta. No es tarea fácil ni a corto plazo, pero no nos cabe otra esperanza.

Guió, realització i edició: Félix Pérez-Hita

Idioma: Inglés – subtitulado Castellano (tenéis que activar los subtítulos en el vídeo).

Duració: 20 mins.

Participantes: Rosi Braidotti

Esta pieza está relacionada con otra titulada: “El éxito de los estúpidos”: http://www.cccb.org/es/multimedia/videos/el-exito-de-los-estupidos/228107

https://www.cccb.org/es/multimedia/videos/como-detener-el-ecocidio/233223#

https://www.cccb.org/es/multimedia/videos/rosi-braidotti/230241#

 

El sueño de una lengua común de Adrienne Rich

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La poesía ha sido en todo tiempo un gesto de rebeldía y de emancipación. Todos los poetas soñaron alguna vez que las palabras tenían un poder tan grande que con ellas serían capaces de acometer la transformación de los sistemas políticos, acabar con la sinrazón y crear una justicia verdadera. Adrienne Rich, una de las poetas estadounidenses más populares y celebradas del siglo xx, también soñó con el fin de la desgracia humana y con la instauración de una nueva armonía. Todo su combate contra la opresión de las mujeres lo concentró en las palabras: en redefinirlas, en darles un nuevo uso, un nuevo sentido, donde toda la historia de violencia contra ellas fuese juzgada y reescrita.

El sueño de una lengua común es uno de sus libros más emblemáticos, el poemario en el que su combate y sus ideas encontraron su punto más alto y más claro. En él habla del poder de las mujeres, de los amores entre ellas, hermosos y prohibidos, y retoma una de las metáforas más antiguas de la tradición literaria: la naturaleza y su semejanza con el cuerpo femenino. Pero sobre todo es un libro que cuestiona la opresión y el silencio de las mujeres, y que imagina lo que sólo los grandes poetas han soñado: la creación de una lengua común que permita comprendernos de forma verdadera, sin herirnos, sin violentarnos, donde la existencia no sea una batalla entre todos nosotros sino la afirmación de una nueva armonía, entre hombres y mujeres, entre el ser humano y la naturaleza, una lengua para soñar por fin juntos nuestra humanidad común.

http://sextopiso.es/esp/item/450/el-sueno-de-una-lengua-comun

https://elpais.com/cultura/2019/10/15/babelia/1571150116_098095.html

 

 

Chantal Maillard: “La ira no cambia nada”, conferencia al CCCB

20191127_185516Chantal Maillard durante su conferencia, el 27 de noviembre 2019 / Foto: Muriel Chazalon


“¿Son el exceso de violencia, la codicia y el ansia algo congénito de la especie humana o más bien algo que heredamos de las sociedades guerreras que dominaron nuestros territorios hace pocos milenios?

¿Qué representan las figuras iracundas y terribles como Equidna, las Gorgonas, Medea, Durga o Kali en en las culturas indoeuropeas de Europa y de India? ¿Tuvieron las criaturas híbridas una función política? ¿Es la ira un factor de cambio o un elemento del universo patriarcal? 

Reconvertir los mitos, remplazar la moral del semejante por una ética que trascienda las diferencias, hallar un nuevo paradigma para una edad postantropocéntrica, ¿es esto posible?” Ch. M.


La Vanguardia | Magí Camps | 28 Nov 2019

El Festival Clàssics cerró ayer su primera edición al mismo tiempo que inauguraba la segunda. Así como en noviembre del 2019 fue el escritor Alessandro Baricco, con su conferencia sobre la belleza, quien plantó la simiente de las propuestas culturales que se han mostrado este último mes, ayer fue la escritora y filósofa belgaespañola Chantal Maillard quien disertó sobre la ira, el tema sobre el que pivotará la segunda edición del festival, en otoño del 2020.

En un hall del CCCB lleno de público, Maillard se preguntó si la ira servía para cambiar el sistema en el que vivimos y, después de recorrer la mitología griega y la india, contraponiendo dos modos de pensar distintos, concluyó: “La ira no produce cambios, es mercenaria y sólo sirve a los que más la excitan”. Maillard consideró necesario un cambio de paradigma para avanzar y calificó de insuficiente cambiar el patriarcado por un matriarcado: “Es necesario un trabajo de la conciencia para superar los cercos de raza, género o especie”.

Para Maillard, solo viendo la diferencia del otro como una dualidad y no como el enemigo –como hicieron los griegos con las criaturas híbridas de sus mitos, que consideraron monstruos, a diferencia de la tradición india– “no conseguiremos ampliar los cercos en que nos sentimos seguros y cómodos” y no mejoraremos nuestra sociedad.

https://www.pressreader.com/spain/la-vanguardia/20191128/282522955322140

Vídeo de la conferencia de Chantal Maillard, “La ira. Híbridos y figuras terribles en la cultura patriarcal indoeuropea”, al CCCB, el 27 de noviembre de 2019.

 

Siri Husdvedt salta a la palestra

Discurso de Siri Husdvedt en la recepción del premio Princesa de Asturias de las Letras  2019

 

Majestades Altezas Reales
Queridos premiados
Señoras y señores

De pequeña solía maravillarme ante cosas corrientes. Un tenedor encima de la mesa o una flor en un jarrón de repente adquirían la extraña cualidad de un misterio metafísico. Ver a mi hermana lamer un cucurucho de helado me llevaba a pensar en lo raras que eran las lenguas humanas, con sus bultos y el surco en el centro. ¿Y las sensaciones que iban y venían a lo largo del día: los escalofríos y los sudores, los sabores dulces y los agrios, los retortijones cuando los niños del colegio se reían de mí o el deleite de los besos y los abrazos de mi madre? Y luego estaban las reglas de la vida, que no eran pocas. ¿Por qué los niños podían dar brincos cuando ganaban un concurso de caligrafía y a las niñas no se nos dejaba ni sonreír, y menos aún levantar los brazos en el aire? ¿Y si las reglas eran diferentes?

Cuando mi hija, Sophie, tenía tres años, me preguntó: «Mamá, ¿cuando sea mayor seguiré siendo Sophie?». Le respondí que sí, aunque sabía que acababa de plantear una antigua cuestión filosófica para la que no había una respuesta satisfactoria, la cuestión del Yo y su continuidad en el tiempo. ¿Qué cambia y qué permanece igual? ¿Creemos a Heráclito o a Platón? ¿Cómo conectamos el embrión, el recién nacido y el adolescente con la anciana que está en su lecho de muerte? ¿Cómo concebimos la vida interna y la externa? ¿Cómo marcamos los límites entre ellas? ¿Cómo sabemos lo que estamos tan convencidos de saber?

Todos los niños tienen curiosidad. Piensen en la recién nacida fascinada por el aspecto y el sonido de las llaves brillantes que su padre agita sobre su cabeza. Intenta cogerlas. Si lo consigue, se las lleva a la boca. Pero la niña no es una criatura aislada que va acumulando información sobre sí misma. Vive en una interacción continua con los demás. Su curiosidad tiene dos caras: necesita tocar y que la toquen, probar y que la besen y la prueben, oler y que la huelan, ver y que la vean, la vean de verdad. Y en un determinado momento la niña empieza a preguntarse sobre el cambio, empieza a imaginarse mayor, fuerte y adulta o vieja o incluso muerta. Yo solía mirar el pelo azul de las ancianas con bastón, chal y voz temblorosa de mi ciudad natal, y pensaba: «Así seré cuando sea vieja, antes de morir».

En mi pequeña ciudad había bibliotecas llenas de libros, y en esos libros había historias sobre personas a las que nunca había conocido que vivían en países en los que nunca había estado. Tenían aventuras y eran víctimas de injusticias. Yo leía sobre reyes, reinas y magia, pero también sobre cautiverio, racismo, miedo a los desconocidos y niñas a las que se les castigaba por no querer ser modosas y estar calladas. Y pensaba: «¿Por qué es así? ¿Por qué no podría ser diferente?». Los libros se encarnan. Las palabras se entretejen con nuestro cerebro y nuestras vísceras, nuestros gestos y nuestros sentimientos. Nos cambian. Los libros y las ideas pueden ser peligrosos, pueden enfermarnos o enloquecernos, y pueden proporcionar formas de salvación, una vía de escape del dolor. Pero debemos recelar de las emociones ramplonas, las respuestas fáciles y las fórmulas hechas que vienen en paquetes brillantes con la etiqueta de «verdad».

Aún no soy tan mayor como las señoras de pelo azul, pero me voy acercando, y llevo medio siglo leyendo a buen ritmo. Estoy llena de voces, y éstas no se ponen de acuerdo entre sí. He leído literatura, filosofía, historia y mucha ciencia —neurología, psiquiatría, neurociencia, genética, embriología—, pero también antropología y sociología, y cuanto más sé, más me pregunto: ¿por qué? ¿Cómo sabemos lo que sabemos? Piénsenlo de nuevo: ¿y si fuera diferente?

Vivimos en un mundo en el que cada vez la gente sabe más sobre menos cosas. Esto tiene sus ventajas. El conocimiento especializado ha dado lugar a grandes avances técnicos, medicamentos potentes, teorías complejas sobre el lenguaje y la cultura, y obras de arte impresionantes. También ha llevado a callejones sin salida en varias disciplinas y a fantasías de que una idea es novedosa cuando no lo es. Tras dar una charla ante neurólogos en un hospital de Boston, un científico me preguntó por qué alguien como él, que se había pasado la vida estudiando escáneres cerebrales de pacientes con Alzheimer, debería leer literatura, filosofía e historia. Le respondí que le ayudaría en su trabajo. Vería lo que ahora no veía e identificaría en sus modelos puntos débiles que nunca se le habían ocurrido.

Lo sé porque he sido testigo una y otra vez de los problemas que suscita un enfoque demasiado restringido. Y esto es válido tanto para el estudioso de humanidades que nunca se ha molestado en pensar en músculos, huesos, tejidos y células como para el científico que sólo piensa en neuronas. Ninguno de los dos se pregunta cómo sabe lo que cree saber. Las preguntas que deberían hacerse no se hacen porque quedan fuera del marco de referencia. Cuando escribo intento formular la siguiente mejor pregunta, basada en muchas disciplinas y no en una sola. Y me hago esas preguntas en las novelas, los ensayos y los trabajos académicos, porque todos son vías para aumentar el conocimiento humano. He aprendido que un género o disciplina no es superior a otro. Debemos recelar de nuestros prejuicios. Ni la ciencia es elevada, intelectual y masculina, ni las artes y las humanidades son inferiores, emocionales y femeninas. Debemos aprender que la autoridad y la sabiduría vienen en muchos formatos, sexos, colores, formas y tamaños. Debemos aprender unos de otros y recapacitar.

¿Es la misma persona la niña que se quedaba mirando un tenedor y la mujer que daba la charla? El tiempo es inefable, pero las ideas y las reglas que las acompañan pueden perdurar, a menudo cientos de años. A mi yo adulto no le cuesta imaginar un mundo en el que las ideas circulan libremente entre disciplinas sin una jerarquía discriminatoria, un mundo donde las niñas pueden alardear tanto como los niños y éstos no les tienen miedo, un mundo en el que se han disuelto las viejas fronteras. Este premio llega de la mano de una niña, una princesa. Me gustaría que fuera para todas las niñas que leen muchos libros sobre un sinfín de temas, que piensan, preguntan, dudan, imaginan y se niegan a estar calladas.

 

http://bit.ly/DiscursoSiriHustvedt

 

Dos magníficas entrevistas radio en vídeo:

https://www.ccma.cat/tv3/alacarta/telenoticies/siri-hustvedt-presenta-el-seu-llibre-records-del-futur-a-barcelona/video/5942532/

https://www.ccma.cat/catradio/alacarta/el-mati-de-catalunya-radio/siri-hustvedtla-violencia-sexual-no-tracta-nomes-duna-agressio-es-poder-i-es-humiliacio/video/5942806/

De momento, el vídeo de esta conversación no se ha subido a la web del CCCB:

https://www.cccb.org/es/actividades/ficha/conversacion-con-siri-hustvedt/232030

https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2019/10/24/siri_hustvedt_recuerdos_del_futuro_cronica_100182_1026.html

https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-06-01/siri-hustvedt-premio-princesa-de-asturias-entrevista-456_2041950/

https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-05-22/siri-hustvedt-premio-princesa-asturias-letras-839_2016314/

Siri Hustvedt: “Si una mujer le retorciera las pelotas a un hombre eso sería igualdad”