Dos exilios: Bélgica y Medea. Entrevista y lectura de Chantal Maillard.

Dos exilios: Bélgica y Medea. Entrevista y lectura de Chantal Maillard.

Encuentro Internacional on-line Las líneas de su mano, organizado por el Gimnasio Moderno de Bogotá, Colombia.

Chantal Maillard conversa con Stéphane Chaumet, traductor al francés de Escribir.

Emitido en directo el 9 de septiembre 2020.

En la traza de Marguerite Yourcenar

 

Extractos de Sur les traces de Marguerite Yourcenar
Docu-ficción, 2011, dirigido por Marilù Mallet.
Premio del público FIFA 2011.

Sur les traces de Marguerite Yourcenar” nos invita a un viaje fabuloso a través del espacio y el tiempo, para descubrir una personalidad rica, compleja y fascinante.

“El enfoque delicado, sensible y conmovedor, sin desbordes de lágrimas, de Marilù Mallet (“Journal inachevé” [Diario inacabado], “Double portrait” [Retrato doble]) vuelve a hacer maravillas en esta exploración de la vida y obra de una de las más grandes figuras literarias del siglo XX. A lo largo de este viaje de gran belleza visual, gente de varios lugares muestra su admiración y cariño, deshojando a su Margarita para que conozcamos o queramos más a aquella cuyo rigor histórico nunca sofocó su genio literario. Marilù Mallet adjunta a su filmografía otro magnífico retrato de una dama “.

—André Lavoie, Le Devoir, 8 de octubre de 2011—

El DVD ALL ZONES ya está disponible en el Centre International de Documentation Marguerite Yourcenar en Bruselas (cidmy.be) al precio de 20 euros con gastos de envío incluidos. Pedirlo a: info@cidmy.be o cidmy@skynet.be

https://www.facebook.com/pg/Sur-les-traces-de-Marguerite-Yourcenar-193078174063204/about/?ref=page_internal

 

Travesía al saber anterior con Chantal Maillard

Chantal Maillard acaba de publicar su nuevo libro de poemas, ‘Medea’, que presentó este miércoles 19 de febrero en el Centro Andaluz de las Letras junto a Aurora Luque

La poeta y filósofa Chantal Maillard (Bruselas, 1951).

La poeta y filósofa Chantal Maillard (Bruselas, 1951). / BERNABÉ FERNÁNDEZ

PABLO BUJALANCE |

Hija de Eetes, rey de la Cólquide, y sobrina de la maga Circe, Medea es en la mitología clásica el arquetipo perfecto de la bruja y hechicera, conocedora de sabidurías antiguas y herméticas y por ello objeto de recelo y sospecha por parte de los hombres. Eurípides y Séneca la convirtieron en protagonista de sus tragedias dada también su voluntad criminal: unida a Jasón desde que éste acudió a la Cólquide para hacerse con el vellocino de oro, y convertida en extranjera con tal de acompañar a su amado, decidió matar a los dos hijos que había tenido con él a modo de venganza cuando supo que Jasón había aceptado casarse con Glauca, hija de Creonte, rey de Corinto, donde Medea vivía con su esposo y sus hijos en el exilio. A tenor de las tragedias, Medea ganó una posteridad sombría y quedó fijada para siempre en la historia de la cultura como modelo de madre capaz de matar a sus hijos. El mito, sin embargo, le reserva un final bastante más feliz, con un nuevo exilio en Atenas, donde contrae matrimonio con el rey Egeo y vive en paz hasta su viaje último a los Campos Elíseos. En Medea, el nuevo libro de poemas de Chantal Maillard (Bruselas, 1951), el personaje vuelve a la travesía. En las primeras líneas comparece “Sentada en la barca. De espaldas al horizonte”. Es ya una anciana que percibe cómo las olas empiezan a rodear la embarcación. Su destino es impredecible: lo mismo encalla en Libia que en Córcega o termina en el Mar de Alborán. A partir de aquí, Maillard sube al lector a la misma barca y le invita a un viaje en el que tampoco el regreso está garantizado. Pero así son los libros fundamentales. La autora, poeta y filósofa residente desde 1963 en Málaga, en cuya Universidad fue profesora, presentó Medea, que acaba de publicar Tusquets, este miércoles 19 de febrero a las 19:30 en el Centro Andaluz de las Letras (C/ Álamos, 24, Málaga) de la mano de la también poeta y profesora Aurora Luque.

 

En gran medida, Medea constituye una ampliación o prolongación (la obra de Maillard crece así, a base de libros que proceden de otros libros y a su vez engendran otros, como un hilo sensible que corresponde al lector desenrollar) de su anterior libro, La compasión difícil (Galaxia Gutenberg, 2019), un ensayo que partía de un solo gesto: en Medea, la adaptación cinematográfica de la tragedia que dirigió Lars von Trier para la televisión danesa en 1988, a partir del guión de Carl Theodor Dreyer que se quedó sin rodar, Mérmero, el hijo de Medea, pone su mano sobre el hombro de su madre cuando ésta se presenta al amanecer dispuesta a matar tanto al propio Mérmero como a su hermano. Este gesto representa con fidelidad para Maillard la más perfecta expresión de la compasión: la silenciosa respuesta de Mérmero no tiene que ver con la piedad, ni con el amor, ni siquiera con el perdón, fórmula por la que el que perdona adquiere un rango de superioridad moral sobre el perdonado. Mérmero opta por la com-pasión, el acompañar y estar, el hacer acto de presencia, sin necesidad de mayores sacrificios. Y es una compasión difícil en la medida en que la reacción de Medea se sustenta en la violencia. Pero esta compasión hunde sus raíces en un saber anterior al del amor y la piedad, un abajo que devuelve al ser humano al animal que hay en él. Medea conoce bien esa dimensión. Y Chantal Maillard conduce al lector hasta ella a través de sus versos.

 

“ES NECESARIA UNA EDUCACIÓN DEL INDIVIDUO QUE INCLUYA LA ESCUCHA DEL ANIMAL QUE ES”, SOSTIENE LA AUTORA

 

La 'Medea' (1988) de Lars von Trier.

La ‘Medea’ (1988) de Lars von Trier. / M. H.

“Todo aquel que subvierte / la norma es peligroso. Pero qué sabréis de esto / vosotros los sumisos / los vencidos vosotros / que adoráis / al dios de los ejércitos / –el creador, decís– artífice y Señor / de los Espantos / huido y derrotado como todos / los que vinieron a habitar / entre los hombres”, escribe Maillard en Medea. La autora planta una crítica monumental a las construcciones humanas intelectuales, morales y religiosas (“Me aburren vuestros artificios (…) / Nunca necesitó de leyes / el corazón humano. / Nunca necesitó de dioses / para saber de heridas”), empezando por el lenguaje, primer motivo de desconfianza, para proponer un regreso a la naturaleza. Si el mundo sobrevive sometido al hambre, en cuanto aleja al hombre de su abajo animal ese hambre se convierte en ansia “por siempre insatisfecha”. Y es ahí, en el reencuentro con el abajo animal, donde la compasión deja de ser difícil. Donde es posible comprender sin pensar: “Penetra más abajo / desprovista de historia. / No esperes / ni el perdón ni la gracia / pues en esos lugares / no hay culpa ni culpable (…). De ahora en adelante / tu víctima / será tu guía”.

En este sentido, el viaje de Medea entronca con otro ensayo anterior de Maillard, ¿Es posible un mundo sin violencia? (Vaso Roto, 2018); en una entrevista concedida a este periódico con motivo de su publicación, la autora proponía, como posible solución a la violencia, “una educación integral de los individuos que incluya la escucha del animal que son, y con ello me refiero no a la parte más abyecta de nuestra naturaleza (que no pertenece a lo animal sino específicamente a lo humano), sino a ese saber anterior que todo animal posee y que les ha permitido convivir sin alterar el equilibro del entorno del que dependen”. Con estos mimbres, Chantal Maillard (Premio Nacional de Poesía en 2005 por Matar a Platón) ha escrito uno de sus libros más directos, libres y radicales: “No hay nada que esperar / nada que descubrir / ninguna fuente o manantial / ningún destino nada / que deba merecerse. / El mundo es la cloaca de los dioses / el albañar de las galaxias. / ¿Por qué perdéis el tiempo? / Desengáñate: / sólo existe el hambre”. Por su rabiosa superación del humanismo, Medea constituye una cima de la poesía contemporánea. Con un dictamen feroz: “Sois incapaces / de integrar los contrarios. / La lógica os confunde”.

https://www.malagahoy.es/ocio/Chantal-Maillard-travesia-saber-anterior_0_1438356734.html

 

Chantal Maillard: “El ansia es la gran perversión contemporánea”

Otra entrevista con Chantal Maillard en torno a Medea y La compasión difícil: “Dejemos a un lado tanta hipocresía; no somos los buenos de la película”

https://www.diariosur.es/culturas/libros/dejemos-lado-tanta-20200219114442-nt.html?fbclid=IwAR3gBQdm-MpdHtcKDYK6isvAuwrP0fNtAdbdICjLLP_A506dkdqu-VcsJcc

 

 

Homero y la geopoética: entrevista a Sylvain Tesson

Sylvain Tesson, geógrafo, viajero y escritor.
Tengo 47 años. No tengo profesión: viajo y escribo. ¿ Pareja, hijos? ¡No! Sobre todo, ¡hijos, no! ¿Política? Libertad y orden. ¿Creencias? Soy un ateo… hijo de la cristiandad. Toda revolución es tan romántica en lo ideal como desastrosa en lo real. Recordamos a Ulises… porque eligió ser mortal.

“Como Ulises, sé que toda paz es una excepción: la ley es la guerra”
Mané Espinosa 

“Como Ulises, sé que toda paz es una excepción: la ley es la guerra”


“Un verano con Homero”

“Tengo más dedos que amigos”, me dice Tesson, que se pasa la vida viajando y escribiendo. Ha escrito Un verano con Homero (Taurus), libro inspirado en la obra de Homero y escrito en un bello y blanco palomar de la isla de Tinos, en las Cícladas. “Batía el viento y me atacaban escolopendras: sobreviví a tempestades y monstruos, como Ulises”, clama Tesson, un maestro de sutileza en las descripciones geográficas: “Geopoética”, llama a este arte, en la que sobresale. Me comenta las adjetivaciones de Homero, y viéndome tomar notas mientras hablamos, lo ejemplifica aventurando que el vate ciego me calificaría como “el barroco grafómano”. También habla del amor: “Nunca es bastante mientras dura, siempre sobra si se acaba”.

 

Por qué exclama: “¡Hijos, no!”?

Porque no quiero darle a nadie un padre invisible.

¿Invisible?

Les criaría un fantasma: ¡mi vida es viajar! Movimiento y libros.

¿Tampoco cabe una pareja?

Hubo una. Se enamoró del aventurero que yo era…, hasta que me pidió que dejase de serlo.

Y no pudo dejar de serlo.

No. La mitad de la humanidad hace infeliz a la otra mitad, ¡esto es inevitable! Y yo ya no decepcionaré a ninguna otra mujer.

Sigue usted viajando…

Y no necesito pensar en la vuelta. Ulises sí vuelve… Ulises es mi obsesión.

¿Desde cuándo?

Mis padres me sobreprotegieron, y me aburría mucho… Leyendo a Julio Verne… amé la geografía: me hice geógrafo, y viajé para conocer el mundo.

¿Qué paraje del mundo es su predilecto?

Les Calanques: calas y farallones calcáreos en la costa marsellesa, sobre el Mediterráneo. ¡Un paisaje homérico!

¿Por qué homérico?

Homero describe parajes así en los 27.000 versos que componen la Ilíada y la Odisea , escritos hace 2.800 años…

Homero quizá no existió.

Me da igual.

¿Qué quiere decir?

Más que el DNI de Homero, me interesa la belleza, la poesía, la emoción de esa obra.

Conocer al autor no está de más…

Durante 400 años hubo muchos vates que versificaron la guerra de Ílion ( Ilíada ) y el retorno de Odiseo ( Odisea ), hasta que en el siglo VIII a.C. fijó los versos… el tal Homero.

¿Y por qué su relato aún perdura?

¡Inventa la literatura! La literatura consiste en contar vívidamente lo no vivido. Y… ¡qué maravillosas descripciones geográficas!

Usted tiende a lo suyo, veo…

Mucho se ha hablado del abanico de pulsiones humanas descritas por Homero, pero ¿y la geografía? He ido localizando y visitando esos topónimos mediterráneos…

El cíclope Polifemo… ¿era un volcán?

El cráter sería su ojo: los napolitanos dicen que es el Vesubio; los sicilianos, el Etna. Pero mi volcán es el Strómboli, en las islas Eólidas: ved, nacida del fuego, una montaña de tierra alzada en el aire sostenida sobre el agua.

¿Qué descripción homérica adora?

El “vinoso mar”: ¡es así! “La aurora de sonrosados dedos”: sugiere manos de danzarina soltando pétalos de rosa, monedas de oro, piedras preciosas… Homero hace geopoesía.

Geopoesía… Hermoso neologismo.

Lo creó el poeta escocés Kenneth White: vivió en los Pirineos, y hoy, en la costa bretona.

¿Qué rincón homérico es su favorito?

Eea e Ítaca: Eea es la isla de Circe, al norte de Nápoles, donde Ulises enamoró a Circe, y vivió allí un año sin sucumbir a su hechizo.

Para regresar luego a su isla, Ítaca.

Ítaca es dulzura, campo, olivos, retorno al hogar, orden después de la aventura, paz después de la guerra.

Y se acabó el viaje: lo siento por usted.

De Ulises adoro que por el camino se detiene a verlo y saberlo todo. No como sus marineros, dispuestos sólo a vaguear y comer.

¿Cómo es Ulises?

Infortunado, listo y egoísta: tiene claro lo que quiere. Y sabio, pues vuelve de una guerra. Y esto es importante.

¿La guerra?

La guerra le robó una vida y quiere recuperarla. Quiere reconquistar la paz del hogar. Ahora ya sabe que la guerra es la ley, y que la excepción es la paz.

¿Usted cree lo mismo?

Ulises le diría a Fukuyama: “¡No tienes ni idea!”. Sí, con Ulises, yo creo que toda paz es excepcional, que está pendiendo de un hilo.

¿Debemos temer una guerra?

Deberíamos temer la hibris, pecado humano por excelencia para los dioses griegos: desmesura, arrogancia, soberbia, desproporción… Todo brote de desfogue es hibris , toda revolución es hibris .

¿No hay revolución constructiva?

No, por definición. Qué bonita, romántica y literaria es la idea de la revolución, y qué desastrosa es en la vida real de personas concretas. El desorden no trae nada bueno.

Tampoco el orden por la fuerza.

Si es por la fuerza, no es orden. Homero ve en la naturaleza el modelo de lo armónico.

¿Qué fenómeno de la naturaleza le subyuga a usted?

La luz de sol espejeando sobre el mar.

¿Qué emoción cree que subyace en la obra de Homero?

La nostalgia de una “edad de oro” en que vivíamos en el paraíso.

¿Recupera Ulises su paraíso?

Ulises recupera el espacio (en su isla de Ítaca) y el tiempo (en su ascendencia, su padre, Laertes). Ve que la gloria póstuma nada vale, comparada con el modesto calorcito del hogar.

¿Es la gran enseñanza del poeta?

Sí. Ulises, que pudo ser inmortal con Calipso… elige ser un mortal. Y por eso, por mortal, pervive en la memoria de la humanidad.

 

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20191111/471506407913/como-ulises-se-que-toda-paz-es-una-excepcion-la-ley-es-la-guerra.html

 

 

El grial de Joseph Campbell

Editorial Atalanta reúne los textos sobre el tema del gran mitólogo estadounidense


El grial de Joseph Campbell
Galahad, Parzival y Bohort cargan con el Santo Grial. Iluminación de Evrard d’Espinques para la ‘Queste del saint graal’ (hacia 1479) APIC/Getty Images


 | BARCELONA | La Vanguardia | 06/06/2019 

 

Pocas historias hay más fascinantes que la del Grial, ese objeto mágico –¿piedra, caldero, cáliz, plato?– que aparece en tantos relatos medievales, especialmente los recogidos en la llamada Materia de Bretaña o ciclo artúrico.

Su magnetismo se ha mantenido hasta hoy, como bien saben los seguidores de la serie Indiana Jones y otros emblemas de la cultura popular, donde su búsqueda es un leitmotiv recurrente.

El gran estudioso de los mitos Joseph Campbell (1904-1987) estipuló en su día que la del Grial constituye posiblemente la más destacada mitología europea, y a ella se refiere en algunos capítulos del cuarto volumen de su magna obra Las máscaras de Dios, que para los interesados en el tema sabían a poco.

La editorial Atalanta de Jacobo Siruela e Inka Martí, que está recuperando la obra completa de Campbell, acaba de publicar un libro que su autor no vio en vida. La historia del Grial recopila un conjunto de textos dispersos que el escritor dedicó a esta cuestión, y que su discípulo Evans Lansig Smith, buceando en los fondos de la Fundación Joseph Campbell en San Anselmo, California (130 cajas, según estipula) localizó y ha puesto en solfa, estructurados y bien editados.

Campbell considera que el brillante periodo en el que surgieron los relatos artúricos (y también las grandes catedrales), años 1150 a 1250, es el correlato del periodo homérico, y donde se configura la mentalidad “propiamente europea”: al confluir la cultura grecorromana con la de los celtas y los germanos se define una sociedad de individuos, que no son súbditos sino ciudadanos del Estado que han creado.

El gran mitólogo estadounidense Joseph Campbell, autor de 'Las máscaras de Dios' y la póstuma, y recién aparecida, 'Historia del grial' (Ed. Atalanta).
El gran mitólogo estadounidense Joseph Campbell, autor de ‘Las máscaras de Dios’ y la póstuma, y recién aparecida, ‘Historia del grial’ (Ed. Atalanta). (Bettmann / Getty)


Para el estudioso, el Parzival de Wolfram von Eschenbach constituiría la obra literaria más destacada de la edad media, superior a la de Dante. Campbell glosa los reflejos orientales de muy distinta índole que aparecen en ella, como el requerimiento (a los caballeros) de virtudes que la emparentan con el budismo: abandono de la furia de las pasiones, impavidez ante el rostro de la muerte, indiferencia ante la opinión del mundo, y compasión.

 

Un mito universal

El Grial, símbolo de la vida auténtica

 

Su búsqueda tendría que ver con una indagación interior, “con el desarrollo del carácter, con llevar una conducta íntegra, con alumbrar las propias posibilidades y volverlas gloriosas en el mundo”

 

El ciclo artúrico propone una reflexión sobre cuestiones como la religión y el poder. Su tema esencial, resume Campbell, es el del Rey Pescador, último protector del Santo Grial. Ha sido herido en los genitales y, como consecuencia, la tierra que gobierna permanece baldía. Solo un inocente que le haga la pregunta correcta -¿qué significa el cortejo de doncellas que desfilan con extraños objetos frente al dolorido monarca?- podrá curarle.

En el ciclo entran en conflicto las nociones de amor de la época: el adúltero de los trovadores y el conyugal de los caballeros cristianos. Y también sus caminos sin retorno: Merlín, en su vejez, enamorado de Viviana, accedió a enseñarle sus artes mágicas, que ella aprovechó para encerrarle en una torre donde permanece desde entonces, eternamente invisible. Sólo el sonido de su voz entre los árboles llega hasta los caballeros que vagan por el bosque.

Pero, sobre todo, la búsqueda del Grial tendría que ver con una indagación interior, “con el desarrollo del carácter, con llevar una conducta íntegra, con alumbrar las propias posibilidades y volverlas gloriosas en el mundo”. La voluntad, en suma, de vivir una vida auténtica. Y allí es donde su carácter universal, por encima del acontecimiento histórico, de la época, se haría explícito.

https://www.lavanguardia.com/cultura/culturas/20190606/462706099500/joseph-cambell-grial-atalanta.html

 

Muriel Chazalon | Un lexique fractal de l’œuvre de Kenneth White

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¡ G r a t i t u d !

Mi estudio “L’œuvre de Kenneth White. Un lexique fractal”, recién salido de la imprenta de las Éditions Isolato (Francia) donde estaba desde hace 5 años, ha llegado por fin! Una bella y cuidada edición, sobria, elegante. Estará en librería a partir del 7 de junio.

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De momento, para hacer boca, os traduzco la contraportada y os dejo con el índice de los términos :

A partir de un enfoque intelectual abierto y totalizador, Kenneth White ha elaborado durante más de 50 años de escritura, de investigación, y de sucesivas publicaciones, una obra profundamente coherente. De esta obra “e-norme” (fuera de normas) emerge un “extravagante” corpus de términos significativos y característicos, de ideas singulares, de conceptos y nociones clave que quisimos reunir en este léxico. Las sesenta y nueve entradas que lo componen dibujan, cruzándose entre sí, una cartografía de geometría fractal, con el fin de acompañar, complementar o introducir al lector en el pensamiento y en la obra original de este nómada intelectual, logrando así una mejor comprensión de su unidad y de su especificidad. Este léxico fractal –verdadero log-book, “libro-del-logos” como le gusta a este poeta-pensador traducirlo– va dirigido a los investigadores, a los estudiosos y a todos aquellos que desean descubrir la geopoética o que, practicándola desde hace tiempo, quieren ampliar su conocimiento de la obra-en-curso de este excepcional europeo franco-escocés — sus coordenadas, sus derivas, sus desafíos y el amplio alcance de su proyecto poético global. 

M. Ch.

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<< Nunca trabajé en un clima de esperanza o de expectativa – lo que significa, en toda lógica, que no puedo perder la esperanza ni sentirme desesperanzado. Trabajo como el árbol crece, como el océano circula alrededor de la tierra.

Y nunca olvidé aquella descripción, que hizo Daniel Rops, de estos monjes que, inmersos en una época desastrosa, calamitosa, el final de la Edad-Media, en la que los libros se descomponían en las bibliotecas, creaban “inmensas obras –para nadie, para nada”. >>

Kenneth White

 

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Muriel CHAZALON, L’œuvre de Kenneth White : lexique fractal, Isolato éditeur, 256 pages / 24 euros / ISBN : 2354480466

https://www.institut-geopoetique.org/fr/nouvelles-geopoetiques

 

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“La rebeldía es difícil, es complicada, dura y solitaria”: Esther Peñas entrevista a Chantal Maillard

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CTXT REVISTA CONTEXTO | 30 DE MARZO 2019 | Esther Peñas

La compasión difícil (Galaxia Gutemberg). Con este perturbador título, Chantal Maillard (Bruselas, 1951), poeta, filósofa, traductora, aborda la violencia del sistema en que vivimos desde el nacimiento a la muerte, pasando por el dolor, la relación de nuestra especie con el resto de seres vivos, la maternidad, el suicidio, la ausencia de dioses o la culpa. Que la vida sea un tránsito soportable depende, según Maillard, de nuestra capacidad de construir espacios compasivos que incluyan no sólo a los inocentes, sino también a los verdugos.

 

De nuevo el hambre, el hambre siempre en tu palabra. ¿Indefectiblemente es la fuente?

—El hambre es el núcleo de esta gran maquinaria de la que formamos parte. El círculo del hambre, esto es el universo. Todo lo que vive se alimenta de otros, la vida de unos se sostiene sobre la muerte de otros, sí, indefectiblemente, sin posibilidad de que sea de otra manera. Cuando teníamos predadores formábamos parte de esta rueda; ahora que no los tenemos nos depredamos mutuamente. En los humanos el hambre se ha convertido en ansia y en violencia innecesaria. Y esto hace que ya no seamos el animal inocente que se alimenta de otro animal inocente. No somos sólo víctimas, también somos verdugos.

Una de las premisas del ensayo es que la violencia mueve el mundo. Pero ¿no hay espacio para la caricia?

—Sí, claro, es una de las cosas que lo hace soportable y una de las causas por las que no nos rebelamos del todo contra el sistema. Cuando hablo de rebeldía, me refiero a decidir quedarte o no en la rueda. El sistema –o la máquina– utiliza muchas estrategias para que no decidamos salirnos de él. Como todo buen sistema. Por supuesto, esas estrategias las llevamos integradas y no nos damos cuenta de que lo son. Estrategias. La necesidad de procrear, por ejemplo, y los estímulos que nos llevan hacia otro ser para ese fin. Creemos que estamos decidiendo, pero decide el sistema. La belleza es otra de esas estrategias.

Pero hay bellezas que nos suspenden, bellezas que nos sostienen…

—Tengamos en cuenta que los modos de percibir están dados. Y la percepción, entre otras cosas, es lo que nos permite la adaptación al medio. Si las partes no se adaptan no se multiplican, y si no se multiplican el organismo perece. La rebeldía empieza allí donde despunta la sospecha de lo que juzgamos bello, dice el libro… La capacidad de admirarse y quedarse, como bien dices, suspendidos, a pesar del horror… es sin duda una de las estrategias mejor conseguidas.

Aseguras que el sistema, la rueda, nos ofrece la ilusión de pensar que actuamos libremente, pero es falso. Si “toda tiranía implica rebeldía”, como aseguras, ¿por qué no nos rebelamos contra el sistema, porque no somos consciente de la tiranía o porque es imposible rebelarse?

—Generalmente porque la tiranía es una solución de facilidad, delegamos gustosamente las cosas que nos inquietan, es más fácil delegar en otro. Y la rebeldía es difícil, es complicada, dura y solitaria. El ángel rebelde está solo. Y su luz es solitaria, también. Y su compasión: Lucifer, recordémoslo, es el portador (ferre) de luz (lux), el que se apiada de los humanos y les trae la conciencia… y el juicio, la capacidad de separar. Se equivocó, claro, a pesar de sus buenas intenciones.

 

LA RAZÓN ES UN INSTRUMENTO QUE EN EL HUMANO SUPLE UNA CARENCIA. NO TENEMOS GARRAS, NI DIENTES AFILADOS, CARECEMOS DE LAS DEFENSAS QUE TIENEN OTROS ANIMALES, DE AHÍ QUE HAYAMOS DESARROLLADO MÁS DE LA CUENTA EL RACIOCINIO

 

—“Todo animal reconoce las sendas que abrieron sus antepasados salvo el humano”. ¿Ahí radica nuestro fracaso como especie?

—En gran medida, sí. La herida original es el olvido. Un olvido que entiendo producido por la importancia que le hemos dado a la razón. La razón es un instrumento que en el animal humano suple una carencia. No tenemos garras, ni dientes afilados, carecemos de las defensas que tienen otros animales, de ahí que hayamos desarrollado más de la cuenta la capacidad del raciocinio. Pero la hemos alimentado hasta tal punto que se ha vuelto arrogante y, creyendo que podía conocerlo todo, le hemos dejado invadir los canales por los cuales recibíamos lo que a todo animal le pertenece: ese saber antiguo que, de especie en especie, remonta los tiempos hasta los inicios. Si escuchásemos al animal que fuimos tal vez ese saber anterior volvería, pero tendría que atravesar unas capas tan gruesas, los residuos del juicio son tantos… Y porque no lo tenemos es por lo que establecemos códigos, normas con las que, por consenso o por imposición, tratamos de regular una convivencia que debería formar parte del orden natural. Luego reemplazamos la conciencia de nuestra ignorancia por un cúmulo de opiniones.

Sin margen para el silencio.

—Un inmenso ruido que nos impide escuchar.

—“De todos los paraísos caemos algún día”. ¿Por necesidad, impericia, maldición?

—No, nos caemos por lucidez. Los paraísos son inventos, creaciones nuestras que corresponden generalmente al deseo de permanencia más allá de la muerte y al deseo de bienestar absoluto. Tomar conciencia de esto puede ser doloroso, pero es lo debido, todo paraíso conlleva su infierno, no hay cuerda que no tenga dos extremos. Y al tratarse de credos, el problema no es situarse en uno u otro extremo, el problema es la cuerda.

Y mientras tanto, ese ruido que impide el silencio, esos estímulos que nos empujan a una velocidad insoportable…

—Asumir la impotencia es difícil, saber que vas a morir, que todos vamos a desaparecer, que aquellos a quienes más quieres van a desaparecer, aceptar la fragilidad de todo organismo, el de los allegados, los queridos, los lejanos, tener consciencia de eso es complicado, mantenerse en esa consciencia es aún más difícil. Las más de las veces procuramos distraer la mente con otra cosa que la mantenga ocupada. Mientras tanto… El mientras tanto es importante. El mientras tanto, a veces, es toda nuestra vida.

Compartes una anécdota que te sucedió en el metro, y que te hace concluir con que quedas del lado del espectador más que del actor. ¿Por qué el mundo necesita espectadores y actores?

—¿Crees que los necesita?

No. Creo que no los necesita. Simplemente acontecen. Se dan.

—Se dan, sí. Actuar, en el sentido de realizar una acción, es indispensable para existir. Solo muertos dejamos de actuar. Incluso si decides no actuar estás actuando, no hay existencia sin acción. Todos somos actores, por tanto: producimos acciones. Pero también tenemos la capacidad de mirar, observar, de convertirnos en espectadores. Observar es igualmente una acción, una acción cuyo objeto es la acción de otro actores. Hay distintos tipos de espectadores. Está el espectador crítico, que es el que observa, sopesa y juzga. Pero también está el espectador contemplativo, que se deja penetrar por lo que está viendo. Son dos actitudes, una va dirigida por la voluntad; la otra no es voluntaria, adviene, la voluntad se pone entre paréntesis y dejas que lo que ocurre te alcance. La primera formula juicios críticos que pueden llevar a conclusiones racionales o a simples opiniones; la segunda conduce a un tipo de comprensión distinta, más abarcante, previa o ajena al lenguaje.

Como cuando cuentas la anécdota de cuando eras pequeña e ibas en el autobús y te quedas mirando fijamente a otra persona, y tu madre te dice que eso no se hace…

—Era mi abuela, sí, me decía que no mirase así a la persona que tenía enfrente, como si el hecho de ser mirado incomodase. Yo me perdía a mí misma, me perdía en los otros, en aquellos a los que miraba. Desaparecía en ellos. Que esto es a lo que llaman contemplación, lo entendí mucho después. Vivir en otro, más allá de ti. Saber del otro, comprenderle mejor de lo que él mismo se comprende, con una comprensión distinta, sin juicio, sin pensamiento. Es una experiencia extraña. Desapareces y eres el otro, sin darte cuenta estás allí. Y luego, al dejar de mirar vuelves en/a ti. Como cuando sales del cine. Aquellos tranvías fueron mi primer manual de psicología no leído. Tendría seis años por entonces.

Creo que esta actitud nunca me ha abandonado del todo. Ocurre sin yo pretenderlo. Y respecto a los estados de ánimo es interesante, pues sientes al otro de manera parecida a como el espectador siente lo que les ocurre a los personajes de ficción. Penetras bajo el mí, tu historia personal ya no interviene, entras en un espacio donde la comprensión no necesita de ningún argumento para darse.

 

TODOS SOMOS VÍCTIMAS Y CULPABLES. Y ESTO ES LO QUE PODEMOS DESCUBRIR SI DESCENDEMOS BAJO EL LUGAR DE LAS HISTORIAS PERSONALES 

 

—¿Por qué la compasión es difícil?

—Porque no todos somos capaces de prescindir del juicio, deshacernos tanto de las opiniones (personales y colectivas) como de la sensiblería. La compasión a la que aludo nada tiene que ver ni con esto. Tampoco con la moral y los prejuicios que de ella pudiese derivar. La compasión de la que hablo trasciende todos los códigos. No es fácil trascender los códigos (los llevamos introyectados), como tampoco es fácil comprender al que comete un crimen, sobre todo si consideramos la víctima inocente. Hasta que nos damos cuenta de que el crimen, la culpa, la inocencia son términos morales igualmente. La compasión de la que hablo no tiene que ver con la sentimentalidad, sino con el padecimiento. Es saber padecer-con otro. Y es fácil padecer con aquellos a quienes consideramos inocentes. Nos ponemos del lado del “bueno”, siempre…, y la “buena conciencia” es excluyente. Es bastante más difícil padecer-con el malo. Y malo, si hablamos de nuestra especie, somos todos… ¿Cómo compadecer al verdugo? Medea, por ejemplo. ¿Cómo compadecer a Medea? Esta es la pregunta que atraviesa el libro. Y de las tres partes de las que consta, las dos últimas se escribieron con este convencimiento: la compasión, la auténtica compasión sólo será posible si somos capaces de comprender a Medea.

Mérmeros comprende lo que Medea va a hacer. ¿Cómo es capaz de compadecer a su madre hasta el punto de ayudarla a matarlo, de hacérselo más fácil?

—Mérmeros, el mayor de los hijos de Medea, es un niño de unos ocho años al que ningún autor había dado protagonismo hasta que Lars von Trier reparó en él. Yo no habría logrado dar respuesta a la pregunta que me planteaba en La compasión difícil de no ser por el gesto de Mérmeros, un simple gesto que el niño realiza en una de las últimas escenas. Medea está devastada, acaba de ahorcar al más pequeño, le queda la segunda parte, quizás la más difícil. Mérmeros se acerca, ella está de espaldas, acuclillada en la hierba, el niño apoya su cabeza contra su espalda, luego se incorpora y le tiende la cuerda por encima del hombro: “Ayúdame, madre”, le dice. No hay ningún juicio en su compasión. Mérmeros no juzga, no piensa. Acompaña.

Da la sensación de que Medea, al actuar, obedece a una decisión que la traspasa, que es más grande que ella. ¿Eso es lo que ve Mérmeros?

—Los motivos, aquí, no son lo que interesa. Las causas sirven para deliberar y formular el juicio. No son las causas lo que importa para entender este asunto. Al menos no las inmediatas, pues las causas son efectos de otras causas que entre todas forman una larguísima cadena; remontarlas nos llevaría al inicio de los tiempos. Los motivos no son la clave para responder a la pregunta por la compasión, los motivos siempre son particulares, el gesto de Mérmeros, en cambio, tiene valor universal.

Quien es compasivo, ¿se convierte en “ese inocente que, sin juicio, absuelve a nuestra especie”?

—No se trata de absolver. Que el perdón (o la absolución) forma parte de las dicotomías morales es algo que también comprendí en el proceso. El justo y el que no, el pío y el impío, el ofendido y el ofensor, el culpable y la víctima… Todos somos víctimas y culpables. Y esto es lo que podemos descubrir si descendemos bajo el lugar de las historias personales y los códigos de valores establecidos, hasta hallar el germen de todas las emociones y todas las acciones.

—“La compasión es un movimiento del ánimo que nos guía hacia aquello que en el otro reconocemos como propio y de lo que, en pura y cordial con-miseración, podríamos, por decirlo de alguna manera, responsabilizar a los mismos dioses si los hubiese”. ¿Qué cualidades se necesitan para ser compasivo?

—Las que nos permitan tomar conciencia de la orfandad y soportarla.

 

https://ctxt.es/es/20190327/Culturas/25286/Esther-Pe%C3%B1as-ensayista-poeta-entrevista-Chantal-Maillard.htm

 

Parusía. Chantal Maillard

Notre Dame en feu La catedral de Notre-Dame de Paris, en llamas. ©La voz de Almería

 

Todos éramos fragmentos de una historia común. Esquirlas de un espejo que, como el del universo, no habría de recomponerse nunca.

Parusía llamaron los cristianos a la reunificación postrera de todas las esquirlas. Una idea hermosa. La razón geometriza en los confines del logos. El gran conjunto de todos los conjuntos nunca se dará más que como abstracción y como paradoja. Las religiones son, qué duda cabe, las mayores abstracciones comunitarias.
Es curioso que el final de los tiempos se entienda, en el cristianismo, como la celebración de un juicio, el último juicio. Algo, si se mira más de cerca, un tanto contradictorio con la idea de una parusía: el final de los tiempos, la reaparición del Cristo y la reunificación de su templo en él. Para-ousía: más allá de la ousía, la forma primera (y primera categoría de Aristóteles), un concepto equivalente, en cierto modo, al Para-Śiva o Paramaśiva del hinduismo: el principio del que todas las formas participan. No obstante, para los cristianos se trata de la reunificación de ciertos fragmentos tan sólo, aquellos que resulten de la criba, una selección ad hoc, en definitiva, puesto que el final estaba escrito: requerido por sus causas. El juicio final (la conclusión) estaba en el inicio.

*

No poder evadirse de sí, el sí que se construye en pasado, no poder alejarse, llevar a cuestas la casa –las casas–, caracol cuya baba son las lágrimas, cuya traza resplandece con el sol y se agrieta con la helada pero nunca, nunca se borra. No acertar a desprenderse. Anhelar el fuego, la resolución por las llamas.

 

Chantal Maillard. La mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015.

 

 

Nox | La noche de la muda ceniza de Anne Carson

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Si buscáis una obra de Anne Carson en una librería, os remitirán a la sección “Poesía”. Pero en ninguno de los libros de la poeta canadiense encontraréis lo que entendemos tradicionalmente por poesía. Sus textos suelen hacer trizas los renglones versados, las categorías y los géneros literarios al uso. Los suyos son libros del flujo, inauguran una escritura puramente “carsoniana”, reiteradamente híbrida. Cada una de sus obras es un espacio textual de experimentación y de análisis del lenguaje que desmantela y, asimismo, reconstruye el uso del ensayo, del poema, de la narración, de la traducción, de la escenificación, de la didascalia…

Nox es un ¿libro? de duelo que Anne Carson escribió y compuso en 2010 tras la muerte de su hermano mayor que llevaba los últimos veintidós años huido de la familia (en todo este lapso apenas intercambiaron cinco llamadas telefónicas y algunas postales), raptado por las drogas, fugado de la justicia, sombra errante que vagó por Europa e India con nombre y pasaporte falsos, y que muere inesperadamente en Copenhague en el año 2000.

Sin ser un poemario al uso, Nox es sin embargo una de sus obras más impregnada de poesía, quiero decir de ritmo, de pulso, de intensidades microscópicas, de secuencias rítmicas y vibratorias que entran en resonancia unas con otras: la hermana con su hermano, el aquí con su allá, la vida con la muerte, las lenguas muertas con la viveza de la lengua, la forma con el contenido, las sombras con la luz, la ocultación con la verdad, la ficción con la no ficción, la mudez con el poema, el tiempo bruscamente interrumpido con las interrupciones del tiempo de la memoria… Nox es una vertiginosa línea de fuga.

Luego, si Nox es un libro lo será por antonomasia : un conjunto de pliegos plegados en uno solo. Pliegues de la historia que “puede ser a la vez concreta e indescifrable”. Carson vs. Herodoto nos señala que quien la cuenta “puede ser el perro de la historia que merodea en torno a Asia menor recolectando fragmentos de silencio como zumbidos de su propia piel”. 

Nox es el sonido inaudible de este zumbido mudo. Mutmut.

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Nox es un exquisito artefacto con forma de caja que contiene los pliegues. Una tersa lápida de piedra gris que se abre y se desenrolla como un pergamino doblado en acordeón. Una única página-ola sin numeración reproduce el cuaderno original en el que la poeta fue ensamblando sus notas-huesos sobre el hermano —fragmentos de la Historiae de Herodoto, anotaciones manuscritas, recortes, postales, fotografías, collages, dibujos-garabatos, recuerdos de la vida de Michael—. Nox, conjunto de retazos para una vida fragmentaria. Carson tantea los pliegues de la pérdida rastreando una historia que contarse ante la ausencia del hermano. Con ese ¿QUIÉN ERAS TÚ? garabateado en blanco sobre la página ennegrecida (sección 2.1), Carson se muda en Isis y sale en busca de los pedazos de su hermano-Osiris. La caja-libro deviene sarcófago para el hermano muerto, huellas impresas en la ceniza muda. Caja de luto. Caja donde {des}hacer el duelo. Nox. Memorial. Epitafio. Elegía disgregada. Nox, un luminoso tributo a la ignorancia, a la oscuridad, a la inconsistencia de nuestro saber. Nox, la temida diosa primigenia de la noche, nacida de esa hendidura cósmica llamada Caos, madre del sueño, del destino y de la muerte — Noctis, nocte, noctum.

 

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Diez borrosos versos latinos, el poema 101 que Catulo dedica a su propio hermano muerto en circunstancias similares, abren la puerta del descenso acompañando a modo de salvoconducto a Carson-la-hermana que se adentra en las sombras: “Multas per gentes et multa per aequora vectus / advento has miseras, frater, ad inferias…”  “Muchas naciones y muchos mares atravesé, / hermano, para advenir a estas míseras exequias tuyas…”. Palabras de una lengua muerta para decir el hermano muerto, para interrogar en vano la ceniza muda —et mutam nequiquam alloquerer cinerem. Si no llegamos {siempre a tientas} a una traducción ¿definitiva?, si no logramos dar coherencia a un lenguaje desconocido, si no amamos las palabras muertas, ¿cómo hacemos las paces con los muertos? 

 

<< 1. 0.    Quería llenar mi elegía con diferentes tipos de luz. Pero la muerte nos hace mezquinos. No gastemos más tiempo en ello, pensamos, él está muerto. El amor nada puede cambiar. Las palabras nada pueden añadir. Por más que trate de evocar al brillante chico que era, sigue siendo una simple, inaudita historia. Entonces comencé a meditar sobre la historia. >>

 

Una por una, las sesenta y tres palabras que conforman los versos del poeta romano se vuelven puertas levógiras — entradas textuales (¿o son voces? ¿plegarias?) de ese lexicón del inframundo. La filología es el método al que acude Carson en busca de una luz lexicográfica para transitar por esa “habitación de la que no puedo salir”, de este lugar “compuesto enteramente de entradas” : traslada las palabras latinas al inglés, su idioma materno, como quien ronda y recoge los huesos perdidos para contar la historia desgajada que le permita convivir con la muerte de Michael sin ser succionada por ella. A medida que descompone, palabra a palabra, hueso a hueso, el poema latino sobre la ¿página izquierda?, reconstruye el relato de la vida del hermano muerto sobre la ¿página derecha? Nox es la columna vertebral medular, giróvaga, de Michael-Osiris-Lázaro, resucitado bajo nuestras manos de lectores ciegos cuando, siempre a tientas, desenrollamos la noche y tendemos un vertiginoso oído a la muda melopea de la ceniza liberándose de sus pliegues.

 

<< Perseguir los significados de una palabra, perseguir la historia de una persona, inútil esperar que llegue un torrente de luz. Las palabras humanas carecen de interruptor principal. Tan sólo son chispazos en la oscuridad. Después, la luminosa, vasta, trémula, precipitada, contumaz y vociferante red que las une se aferra a tu mente al regresar a la página que estabas intentando traducir. >>

 

Escribir. Traducir. Buscar el interruptor en la oscuridad. Conjurar el escalofrío del dolor. Exorcizar la muerte. Subsistir.

Carson escribe su noche como quien araña la lengua hasta desenterrar algo oculto arrastrándolo hacia la luz.

Nosotros abrimos la caja.

Ut nox.

Muriel Chazalon

7-9 octubre 2018

 

 

Anne Carson. Nox. Trad. Jeannette L. Clariond. Editorial Vaso Roto, 2018. 45€

 

 


Photograph © Beowulf Sheehan/PEN American Center
Anne Carson nació en Toronto (Canadá) en 1950.
Ensayista, traductora, en la actualidad enseña clásicas en la Universidad de Michigan, en Ann Arbor. Latinista y helenista, conoce el mundo clásico grecolatino tan bien como todos los movimientos de vanguardia del siglo XX. De esta fusión surge una de las poesías más originales.

Foto de A.C. : Ben Okri © 2010 Beowulf Sheehan/PEN American Center

 

 

Chantal Maillard mengua con (cada) Cual

Este nuevo libro de Chantal Maillard, a caballo entre los géneros, funde poesía, prosa y teatro, insertándose en la mejor tradición de Samuel Beckett y sus piezas antológicas, su teatro o sus películas.

Despojado como los personajes de Beckett, adelgazado como los seres filiformes de Francis Ponge o los de Henri Michaux, Cual es, en esa estela, un personaje que la acompaña, que la contradice y se convierte en el reverso de quienes fuesen protagonistas de los poemas trágicos o las indagaciones metafísicas. Este libro inaugura un nuevo tono, una nueva conquista de Chantal Maillard.

 

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CUAL se tapa los oídos

con las manos y escapa.

Piernas de payaso,

engranaje de piel.

Dentro, otro personaje

se tapa los oídos. Huye.

 

Falta espacio para tanta

dislocación.

 


Chantal Maillard, Cual menguando, Tusquets Editores, 2018


¡En librería el 6 de septiembre 2018!