Chantal Maillard: “El olvido es mucho más poderoso que el daño padecido”

LA VANGUARDIA

Carmen Sigüenza |

La filosofa y poeta Chantal Maillard, que acaba de publicar su nuevo poemario, “Medea”, habla con Efe de la situación actual, la pandemia del coronavirus, la naturaleza, la muerte, la violencia, la compasión o el miedo. “El olvido es mucho más poderoso que el daño padecido”, dice.

Chantal Maillard©Fotografía de Bernabé Fernández

 

Nacida en Bruselas en 1951, Maillard renunció a la nacionalidad belga para adoptar la española. Reside en Málaga desde 1963. Es especialista en filosofía y religiones de la India, y autora de numerosos libros de poesía como “Matar a Platón” y de ensayos. También es especialista en María Zambrano, y Premio Nacional de Poesía y de la Crítica, entre otros muchos galardones.

P.-¿Cómo valora lo que está pasando en esta crisis debido a la pandemia del coronavirus?

R.- De vez en cuando algo nos recuerda que nada es permanente. Una pandemia no es ninguna cosa “de otro mundo”. La humanidad nunca estuvo libre de desastres, y es bueno que de vez en cuando algo nos recuerde que este es un mundo incierto.

P.- Lo único claro en esto es la muestra de vulnerabilidad del ser humano y que en algún momento todos vamos a morir. ¿Cree que el ser humano aprenderá algo, será más humilde, o seguiremos siendo iguales? ¿Nos resistiremos a evolucionar y crear una nueva forma de vida?

R.-Sería deseable que muchas de las reflexiones que han generado esta pandemia nos condujesen a un cambio radical, que esta sacudida fuese suficiente como para llevarlo a cabo. Pero es más que dudoso que así ocurra. Esto que nos parece tan importante ahora, mañana se habrá olvidado y cada uno recuperará su extraña “normalidad”. Los niños volverán a confinarse en las guarderías, los ancianos en los geriátricos, y los demás, cada cual a su galera. La regeneración de las relaciones empáticas retornarán a su estado larvario. El olvido es mucho más poderoso que el daño padecido, y así parece que ha de ser. Si el animal –que también somos– no fuese capaz de olvidar se suicidaría en masa.

P.- Ahora parece que la naturaleza y el silencio vuelven, mientras el ser humano se queda en casa. En estas semanas se escucha a los pájaros, los animales pasean por la ciudad, las aguas están más limpias, los cielos están más claros…¿Qué ignora el ser humano de la naturaleza, de los animales, qué no comprende, o, mejor, qué no sabe sentir el ser humano de la vida?

R.- Nos resistimos a pensar que somos parte integrante de un sistema natural en el que nada es independiente. Aún funcionamos de acuerdo con el viejo antropocentrismo bíblico y el precepto de una antigua población en riesgo: crecer y multiplicarse. Cuando en tiempos de bonanza una especie sigue multiplicándose se convierte en plaga. Lo que nos distingue de otros animales no es lo que hemos ganado, sino lo que hemos perdido: pasar sin perturbar el orden que mantiene en equilibro el planeta.

P.- Se ha demostrado que necesitamos una sociedad con un buen sistema sanitario y con profesionales dedicados a los cuidados, con un trato y un pago digno. ¿Cree qué eso cambiará?

R.- Lo que necesitamos, ante todo, es eliminar los factores que hacen de la nuestra un sociedad enferma (alimentos desvitalizados, medio ambiente corrupto, aturdimiento acústico, estimulación compulsiva, enajenación laboral, estrés escolar, aislamiento geriátrico, aturdimiento sonoro, hipermedicalización, etc.) y, luego, algo que hemos olvidado: saber morir. La muerte no es el envés de la vida, sino su posibilidad. La dignidad consiste en aceptar el fin –el propio y el ajeno– cuando este llega, y en querer que así sea. Si no comprendemos que la desaparición forma parte de la vida es que hemos desaprendido lo fundamental.

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P.- ¿El capitalismo y la globalización están heridos de muerte?

R.- En absoluto. De los desastres generados por catástrofes naturales el capitalismo siempre sale fortalecido. Un ejemplo reciente es cómo, apenas iniciado el estado de alarma, la Junta de Andalucía se apresuró a modificar seis leyes y veintiún decretos que eliminan los trámites para la construcción en áreas protegidas. En cuanto a la globalización, ésta es la lógica consecuencia de un sistema que, al tener como fin su propio crecimiento, necesita extenderse y colonizar indefinidamente.

P.- En su ensayo “¿Es posible un mundo sin violencia?” (Vaso Roto), dice que “tanto el ansia como la insatisfacción descansan sobre el miedo” ¿En qué se traducirá el miedo que siente ahora toda la población? ¿Y la distancia con el otro?

R.-La muerte tiene muchos disfraces. Cuando aparece con uno de ellos confundimos el vacío de su ser con su apariencia, y el miedo –al dolor, a la pérdida, a la desaparición– adopta los colores de su vestimenta. Si toma forma de virus, tememos al virus. En cuanto el virus desaparezca dejaremos de temerlo. Pero el miedo seguirá allí, latiendo, aunque dejemos de tenerlo presente. Nuestra ansias, nuestras compras compulsivas, nuestra constante insatisfacción, nuestro descontento, nuestras fobias, nuestra incapacidad para el sosiego y el silencio serán los síntomas que nos permitan detectarlo.

P.- En su último poemario, “Medea” (Tusquets), donde hace un estudio de la culpa y la compasión, dice: “Todo aquello que vive se sostiene sobre el hambre. Y el hambre es el otro…” ¿Podría profundizar en ello?

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R.- Este es un mundo en el que la violencia es ley. El hambre es violencia. No obstante, todo animal es inocente. No mata por codicia ni por placer, sino para alimentarse. De ahí que compadecerle sea fácil. La compasión es todo lo contrario del sentimentalismo. La compasión es padecer con otro la violencia que sobre él se ejerce y también la que él está obligado a ejercer. Pero a la natural, el ser humano añade otra violencia, ejercida por crueldad, por ambición o por placer. De ahí que compadecerle resulte más difícil. De la inocencia participamos en la medida y tan sólo en la medida en que aún habite en nosotros el animal que fuimos.

P.- “Todo aquel que subvierte la norma es peligroso”, dice en el poemario. ¿Tras esta crisis usted cree que habrá un mayor sometimiento y un recorte de libertades por parte de los líderes totalitarios o populistas?

R.- El problema no son tanto los líderes, como la fuerza del capital al que sirven, su cadena de corrupción. La monitorización de los individuos está prevista desde hace tiempo, a la espera tan sólo de la ocasión para ponerla en marcha. Es la cara oculta de la globalización informática y el precio que pagaremos por los beneficios de los que no queremos prescindir. Es evidente que, debilitada por el miedo, la población acepta de buena gana lo que en otros momentos no aceptaría. Y, lamentablemente, la rebeldía es un bien escaso.

https://www.lavanguardia.com/cultura/20200511/481089172422/chantal-maillard-el-olvido-es-mucho-mas-poderoso-que-el-dano-padecido.html

 

Calma urgente. Accionando el freno de emergencia | Roger López Cuenca y Elo Vega

Calma urgente 1

 

Estado de excepción. En aislamiento. Sin más contacto con el exterior que la red de pantallas de la que nos hemos ido rodeando. Tus emociones, el miedo, la perplejidad, la expresión de los afectos reducidos a carne de big data. La inquietante sensación de los ratones albinos en un laboratorio —tamaño del planeta— donde se ponen a prueba los límites del consentimiento, las condiciones de la rendición.

Las ventanas, los balcones, las terrazas se han revelado de pronto como espacios de una desconocida intensidad simbólica. En los nuestros, como en muchos otros, las semillas, los brotes, los plantones se han convertido en la más resiliente metáfora de la fuerza de la vida; de la que precedió a estos días de vigilancia; de la que permanece más allá del ruido amenazante de los media, y continúa, al ritmo del silencio de la calle; también en nuestra voluntad de no dejarnos arrastrar por la inercia suicida del prometido regreso a una “normalidad” de desigualdad y precariedad, de extractivismo inmediato y frenético.

A estas plantas les espera el futuro, lo mismo que a nosotras, fuera. Serán distribuidas, regaladas, para ser luego árboles y aspirar a ser bosque, en estas bolsas que hemos fabricado con las páginas de los periódicos de estos días sombríos —los consabidos profesionales gestos y las envanecidas proclamas de las élites, pero también iluminados por esos rostros y voces normalmente ignorados y que se han demostrado indispensables en la defensa de nuestra extrema vulnerabilidad. Las imágenes, los textos irán amarilleando hasta que lentamente se hagan ilegibles, antes de finalmente desaparecer. Mientras eso sucede, estas plantas encontrarán su sitio. En los balcones, en las ventanas hemos visto la manera de mirar hacia atrás para atisbar el porvenir; el modo colectivo en que podemos accionar —como Walter Benjamin supo presagiar— el freno de emergencia.

 

Calma urgente 2

 

Nerja (Málaga), España. 14 de marzo de 2020. A causa de la expansión del coronavirus COVID-19, el Gobierno central ha decretado el estado de alarma, cuyos límites a la libre circulación en el espacio público constituyen en la práctica un confinamiento efectivo de la población en sus lugares de residencia.

En este contexto se ha hecho pública la reactivación de un convenio firmado en 2015 entre el Ayuntamiento de Nerja y la Sociedad Azucarera Larios S. A. (Salsa Inmobiliaria). El acuerdo persigue la recalificación de alrededor de dos millones de metros cuadrados de suelo. El objetivo es la construcción de un campo de golf, varios hoteles y 680 viviendas de lujo. Sin embargo, estos terrenos no son urbanizables por gozar actualmente de un estatuto de especial protección agrícola.

La propuesta —sorprendente, dada su imposibilidad legal— se hace comprensible a la luz de la promulgación por parte del Gobierno regional (Junta de Andalucía), también durante el estado de excepcionalidad del confinamiento, de un macro-decreto por el cual se modifican de un golpe seis leyes y 21 decretos existentes. Se argumenta que con la finalidad de “limpiar de trabas burocráticas”, simplificando o directamente eliminando hasta un centenar de trámites administrativos. El decreto es oficialmente justificado en nombre de la agilidad y flexibilidad exigida por la libre empresa “para cuando llegue el momento de la vuelta a la normalidad”.

A pesar del aislamiento físico, estamos en contacto con familiares, con amigas, vecinas y compañeras. Compartimos las noticias, la indignación, la rabia ante el oportunismo y la ruindad de estas actuaciones. Y debatimos medidas a tomar como respuesta. El estado de alarma impide otras acciones más allá de la virtualidad de las redes. A través de estas divulgamos lo que para la mayoría —en el estado de shock provocado por la pandemia y la reclusión— ha podido pasar desapercibido. Comentamos, discutimos, datos, informaciones, fechas, nombres. En las conversaciones, inevitablemente, aparece la necesidad de releer hacia atrás la historia; de que solo mirando hacia el pasado podemos acercarnos a entender la lógica de estos planes que aspiran a diseñar nuestro futuro; y dilucidar de qué manera enfrentarnos a ellos.

La economía andaluza —la de Málaga, la de Nerja— se apoya en la actualidad, de modo preponderante, en el sector terciario; en la prestación de servicios ligados a la industria turística; también en la construcción, igualmente vinculada al turismo. La actividad económica se encuentra en estos momentos bajo mínimos, inerte, a causa de la conmoción ocasionada por un microscópico virus, tan inesperado como mortífero.

No es la primera vez. A mediados del siglo XIX un insecto parásito de la vid se expandió, en menos de una década, por el mundo entero, dando lugar a una crisis sin precedentes. La filoxera (Phylloxera vaxtratrix) hizo su aparición en Málaga en 1877, provocando el desmoronamiento irreversible de una entonces boyante economía, que tenía su pilar básico en la viticultura e industrias derivadas, principalmente el vino.

La plaga fue especialmente dañina en la zona oriental de la provincia, donde el viñedo llegó a desaparecer por completo. En esa comarca, la Axarquía (la Oriental, en árabe), a lo largo de toda su franja costera, otro cultivo, el de la caña de azúcar, tuvo durante siglos —desde la época de al Ándalus— un predominio tal que en torno suyo se delimitaron las relaciones sociales y de poder. La industrialización de este producto, iniciada a mediados del siglo XIX, convirtió el litoral en un monocultivo, y a una destacada familia de la plutocracia malagueña, los Larios, en su terrateniente máximo.

Mediante una agresiva política de préstamos a muy alto interés a pequeños empresarios y agricultores, que acababan deviniendo arrendatarios suyos, la Sociedad Azucarera Larios —fundada en 1890— va a llegar a poseer hasta 14 fábricas de azúcar y alcoholes, acumulando más de 10.000 hectáreas de terreno dedicadas a la producción de caña.

El progresivo declive de esta industria en la segunda mitad del siglo XX lleva a los Larios a abandonarla en 1976, reorientando su actividad al negocio inmobiliario. Para la explotación de los más de diez millones de metros cuadrados de suelo de su propiedad se constituyó en 1994 Salsa Inmobiliaria. Al agrobusiness se consagra otra de sus filiales, Salsa Agrícola, que dedica cerca de 80.000 hectáreas al cultivo intensivo de frutos tropicales (aguacate), así como a arrendamientos rústicos.

La agroindustria y su uso de fertilizantes y plaguicidas es el principal agente contaminante del suelo y del agua, y el mayor consumidor de esta. Por su parte, el turismo multiplica por cuatro el consumo medio de la población residente. Es lo que explica que Andalucía sea la mayor consumidora de agua de España; y la costa de Málaga, la mayor de Andalucía. El crecimiento exponencial del modelo low cost —desde las aerolíneas y el alojamiento hasta el alquiler de coches— ha conducido a un grado de masificación nunca visto. España recibió en 2019 más de 83 millones de turistas, rompiendo por séptimo año consecutivo su propio récord.

Sin embargo, este tipo de turismo masivo —ahora en estado de parón global— no deja de manifestar síntomas de agotamiento. De un lado, debido a las consecuencias de la reaparición en el mercado de otros destinos más competitivos al sur y al este del Mediterráneo; y de otro, por la sobreexplotación de recursos que conlleva, forzando al límite la capacidad de carga del territorio.

En ese momento empiezan a aparecer como una coletilla permanente asociada al término “turismo”, expresiones como “de calidad”, o el inexcusable adjetivo de moda, “sostenible”, que en el vocabulario neoliberal ostenta un monstruoso vaciamiento y perversión de su significado: seguir por donde íbamos, continuar “creciendo” a fuerza de ladrillo, acelerando hacia el colapso final.

La crisis actual no trae incorporada la puerta de salida. No vamos a regresar, sin más, a aquella deriva sin sentido que llamábamos “normalidad”. Junto con los visos autoritarios que el experimento está dejando al descubierto en las instituciones, el riesgo principal es el de nuestra propia supervivencia. Todo va a depender de que hayamos aprendido qué es lo verdaderamente indispensable frente a la idiocia desarrollista, la absurda movilidad sin fin, el consumismo siempre insatisfecho y el lucro como único designio a costa de una cada vez mayor desigualdad.

Nuestra supervivencia estribará en que hayamos entendido —del mismo claro modo en que se nos ha hecho visible lo valioso, lo imprescindible de aquello normalmente despreciado— que no existen las catástrofes “naturales”, sino que estas tienen su origen en la abusiva explotación de los recursos, en el saqueo de la biodiversidad: que la única salida es defender el precario y frágil equilibrio de la naturaleza, de la que formamos parte de modo indisoluble, y que es la única que nos puede proteger.

Autoría:

Rogelio López Cuenca y Elo Vega

Título:

Calma urgente. Accionando el freno de emergencia

Formato:

Acción germinal

Fecha:

2020

Más información:

www.lopezcuenca.com
www.elovega.net

Biografía

Rogelio López Cuenca (Nerja, España, 1959) y Elo Vega (Huelva, España, 1967), artistas visuales e investigadoras, centran su práctica artística en el análisis de los medios de comunicación masiva y la construcción de identidades. Colaboran en proyectos artísticos que son al mismo tiempo dispositivos de crítica de la cultura como instrumento político. Mediante producciones audiovisuales, exposiciones, publicaciones, intervenciones en espacios públicos y en las redes, su trabajo presta una atención principal a su carácter procesual, no constituyendo su objetivo fundamental la producción específica de objetos sino su aspiración a disolverse en procesos de más largo recorrido, desbordando con frecuencia el campo de las prácticas artísticas para diseminarse en otras direcciones, otros territorios y otras utilidades.

https://www.museoreinasofia.es/linternationale/artistas-cuarentena/rogelio-lopez-cuenca-elo-vega

 

Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe

El principal peligro que enfrentamos es considerar al nuevo coronavirus como un fenómeno aislado, sin historia, sin contexto social, económico, cultural.

"No volveremos a la normalidad. La normalidad era el problema"
“No volveremos a la normalidad. La normalidad era el problema”

1.

En octubre de 2016 los lechones de las granjas de la provincia de Guangdong, en el sur de China, comenzaron a enfermar con el virus de la diarrea epidémica porcina (PEDV), un coronavirus que afecta a las células que recubren el intestino delgado de los cerdos. Cuatro meses después, sin embargo, los lechones dejaron de dar positivo por PEDV, pese a que seguían enfermando y muriendo. Tal y como confirmó la investigación, se trataba de un tipo de enfermedad nunca visto antes y al que se bautizó como Síndrome de Diarrea Aguda Porcina (SADS-CoV), provocada por un nuevo coronavirus que mató a 24.000 lechones hasta mayo de 2017, precisamente en la misma región en la que trece años antes se había desatado el brote de neumonía atípica conocida como “SARS”.

En enero de 2017, en pleno desarrollo de la epidemia porcina que asolaba a la región de Guangdong, varios investigadores en virología de Estados Unidos publicaban un estudio en la revista científica “Virus Evolution” que señalaba a los murciélagos como la mayor reserva animal de coronavirus en el mundo. Las conclusiones de la investigación desarrollada en China acerca de la epidemia de Guangdong coincidieron con el estudio estadounidense: el origen del contagio se localizó, precisamente, en la población de murciélagos de la región. ¿Cómo una epidemia porcina había podido ser desatada por los murciélagos? ¿Qué tienen que ver los cerdos con estos pequeños animales alados? La respuesta llegó un año más tarde, cuando un grupo de investigadores e investigadoras chinas publicó un informe en la revista Nature en el que, además de señalar a su país como un foco destacado de la aparición de nuevos virus y enfatizar la alta posibilidad de su transmisión a los seres humanos, apuntaban que el incremento de las macrogranjas de ganado había alterado los nichos de vida de los murciélagos. Además, el estudio puso de manifiesto que la ganadería industrial intensiva ha incrementado las posibilidades de contacto entre la fauna salvaje y el ganado, disparando el riesgo de transmisión de enfermedades originadas por animales salvajes cuyos hábitats se están viendo dramáticamente afectados por la deforestación. Entre los autores de este estudio figura Zhengli Shi, investigadora principal del Instituto de Virología de Wuhan, la ciudad en la que se ha originado el actual COVID-19, cuya cepa es idéntica en un 96% al tipo de coronavirus encontrado en murciélagos a través del análisis genético.

2.

En 2004, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO por sus siglas en inglés, señalaron el incremento de la demanda de proteína animal y la intensificación de su producción industrial como principales causas de la aparición y propagación de nuevas enfermedades zoonóticas desconocidas, es decir, de nuevas patologías transmitidas por animales a los seres humanos. Dos años antes, la organización por el bienestar de los animales Compassion in World Farming había publicado un interesante informe al respecto. Para su elaboración, la entidad británica utilizó datos del Banco Mundial y de la ONU sobre industria ganadera que fueron cruzados con informes acerca de las enfermedades transmitidas a través del ciclo mundial de producción de alimentos. El estudio concluyó que la llamada “revolución ganadera”, es decir, la imposición del modelo industrial de la ganadería intensiva ligado a las macrogranjas, estaba generando un incremento global de las infecciones resistentes a los antibióticos, así como arruinando a los pequeños granjeros locales y promoviendo el crecimiento de las enfermedades transmitidas a través de los alimentos de origen animal.

En 2005, expertos de la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial de Sanidad Animal, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y el Consejo Nacional del Cerdo de dicho país elaboraron un estudio en el que trazaron la historia de la producción ganadera desde el tradicional modelo de pequeñas granjas familiares hasta la imposición de las macro-granjas de confinamiento industrial. Entre sus conclusiones, el informe señaló como uno de los mayores impactos del nuevo modelo de producción agrícola su incidencia en la amplificación y mutación de patógenos, así como el riesgo creciente de diseminación de enfermedades. Además, el estudio apuntaba que la desaparición de los modos tradicionales de ganadería en favor de los sistemas intensivos se estaba produciendo a razón de un 4% anual, sobre todo en Asia, África y Sudamérica.

A pesar de los datos y las llamadas de atención, nada se ha hecho para frenar el desarrollo de la ganadería industrial intensiva. En la actualidad China y Australia concentran el mayor número de macrogranjas del mundo. En el gigante asiático la población de ganado prácticamente se triplicó entre 1980 y 2010. China es el productor ganadero más importante del mundo, concentrando en su territorio el mayor número de “landless systems” (sistemas sin tierra), macroexplotaciones ganaderas en las que se hacinan miles de animales en espacios cerrados. En 1980 solamente un 2,5% del ganado existente en China se criaba en este tipo de granjas, mientras que en 2010 ya abarcaba al 56%.

Como nos recuerda Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (ETC), una organización internacional enfocada en la defensa de la diversidad cultural y ecológica y de los derechos humanos, China es la maquila del mundo. La crisis desatada por la actual pandemia provocada por el COVID-19 no hace más que desnudar su papel en la economía global, particularmente en la producción industrial de alimentos y en el desarrollo de la ganadería intensiva. Sólo la Mudanjiang City Mega Farm, una macrogranja situada en el noreste de China que alberga a cien mil vacas cuya carne y leche se destinan al mercado ruso, es cincuenta veces más grande que la mayor granja de vacuno de la Unión Europea.

3.

Las epidemias son producto de la urbanización. Cuando hace alrededor de cinco mil años los seres humanos comenzaron a agruparse en ciudades con densidad poblacional, las infecciones lograron afectar simultáneamente a grandes cantidades de personas y sus efectos mortales se multiplicaron. El peligro de pandemias como la que nos afecta en la actualidad surgió cuando el proceso de urbanización de la población se hizo global. Si aplicamos este razonamiento a la evolución de la producción ganadera en el mundo las conclusiones son realmente inquietantes. En el espacio de cincuenta años la ganadería industrial ha “urbanizado” una población animal que previamente se distribuía entre pequeñas y medianas granjas familiares. Las condiciones de hacinamiento de dicha población en macro-granjas convierten a cada animal en una suerte de potencial laboratorio de mutaciones víricas susceptible de provocar nuevas enfermedades y epidemias. Esta situación es todavía más inquietante si consideramos que la población global de ganado es casi tres veces más grande que la de seres humanos. En las últimas décadas, algunos de los brotes víricos con mayor impacto se han producido por infecciones que, cruzando la barrera de las especies, han tenido su origen en las explotaciones intensivas de ganadería.

Michael Greger, investigador estadounidense en salud pública y autor del libro Bird Flu: A virus of our own hachting (Gripe aviar: un virus de nuestra propia incubación), explica que antes de la domesticación de pájaros hace unos 2.500 años, la gripe humana seguramente no existía. Del mismo modo, antes de la domesticación del ganado no se tiene constancia de la existencia del sarampión, la viruela y otras infecciones que han afectado a la humanidad desde que aparecieron en corrales y establos en torno al año 8.000 antes de nuestra era. Una vez que las enfermedades saltan la barrera entre especies pueden difundirse entre la población humana provocando trágicas consecuencias, como la pandemia desatada por un virus de gripe aviar en 1918 y que tan sólo en un año acabó con la vida de entre 20 y 40 millones de personas.

Como explica el doctor Greger, las condiciones de insalubridad en las atestadas trincheras durante la Primera Guerra Mundial no sólo figuran entre las variables que causaron una rápida propagación de la enfermedad en 1918, sino que están siendo replicadas hoy en día en muchas de las explotaciones ganaderas que se han multiplicado en los últimos veinte años con el desarrollo de la ganadería industrial intensiva. Billones de pollos, por ejemplo, son criados en estas macrogranjas que funcionan como espacios de hacinamiento susceptibles de generar una tormenta perfecta de carácter vírico. Desde que la ganadería industrial se ha impuesto en el mundo, los anuales de medicina están recogiendo enfermedades antes desconocidas a un ritmo insólito: en los últimos treinta años se han identificado más de treinta nuevos patógenos humanos, la mayoría de ellos virus zoonóticos inéditos como el actual COVID-19.

4.

El biólogo Robert G. Wallace publicó en 2016 un libro importante para trazar la conexión entre las pautas de la producción agropecuaria capitalista y la etiología de las epidemias que se han desatado en las últimas décadas: Big Farms Make Big Flu (Las macrogranjas producen macrogripe). Hace unos días, Wallace concedió una entrevista a la revista alemana Marx21 en la que enfatiza una idea clave: focalizar la acción contra el COVID-19 en el despliegue de medidas de emergencia que no combatan las causas estructurales de la pandemia constituye un error de consecuencias dramáticas. El principal peligro que enfrentamos es considerar al nuevo coronavirus como un fenómeno aislado.

Tal y como explica el biólogo estadounidense, el incremento de los incidentes víricos en nuestro siglo, así como el aumento de su peligrosidad, se ligan directamente con las estrategias de negocio de las corporaciones agropecuarias, responsables de la producción industrial intensiva de proteína animal. Estas corporaciones están tan preocupas por el beneficio económico que asumen como un riesgo rentable la generación y propagación de nuevos virus, externalizando los costes epidemiológicos de sus operaciones a los animales, las personas, los ecosistemas locales, los gobiernos y, tal y como está poniendo de manifiesto la actual pandemia, al propio sistema económico mundial.

Pese a que el origen exacto del COVID-19 no está del todo claro, señalándose como posible causa del brote vírico tanto a los cerdos de las macrogranjas como al consumo de animales salvajes, esta segunda hipótesis no nos aleja de los efectos directos de la producción agropecuaria intensiva. La razón es sencilla: la industria ganadera es responsable de la epidemia de Gripe Porcina Africana (ASF) que asoló las granjas chinas de cerdos el pasado año. Según Christine McCracken, una analista en proteína animal de la multinacional financiera holandesa Rabobank, la producción china de carne de cerdo podría haber caído un 50% al final del año pasado. Considerando que, al menos antes de la epidemia de ASF en 2019, la mitad de los cerdos que existían en el mundo se criaban en China, las consecuencias para la oferta de carne porcina están resultando dramáticas, particularmente en el mercado asiático. Es precisamente esta drástica disminución de la oferta de carne de cerdo la que habría motivado un aumento de la demanda de proteína animal proveniente de la fauna salvaje, una de las especialidades del mercado de la ciudad de Wuhan que algunos investigadores han señalado como el epicentro del brote de COVID-19.

5.

Frédéric Neyrat publicó en 2008 el libro Biopolitique des catastrophes (Biopolítica de las catástrofes), un término con el que define un modo de gestión del riesgo que no pone nunca en cuestión sus causas económicas y antropológicas, precisamente la modalidad de comportamiento de los gobiernos, las élites y una parte significativa de las poblaciones mundiales en relación con la actual pandemia. En la propuesta analítica del filósofo francés, las catástrofes implican una interrupción desastrosa que desborda el supuesto curso normal de la existencia. Pese a su aparente carácter de evento, constituyen procesos en marcha que manifiestan, aquí y ahora, los efectos de algo ya en curso. Como señala el propio Neyrat, una catástrofe siempre sale de alguna parte, ha sido preparada, tiene una historia.

La pandemia que nos asola dibuja con eficacia su condición de catástrofe, entre otras cosas, en el cruce entre epidemiología y economía política. Su punto de partida se ancla directamente en los trágicos efectos de la industrialización capitalista del ciclo alimenticio, particularmente de la producción agropecuaria. Amén de las cualidades biológicas intrínsecas al propio coronavirus, las condiciones de su propagación incluyen el efecto de cuatro décadas de políticas neoliberales que han erosionado dramáticamente las infraestructuras sociales que ayudan a sostener la vida. En esa deriva, los sistemas públicos de salud se han visto particularmente golpeados.

Desde hace días circulan por las redes sociales y los teléfonos móviles testimonios del personal sanitario que está lidiando con la pandemia en los hospitales. Muchos de ellos coinciden en el relato de una condición general catastrófica caracterizada por una dramática falta de recursos y de profesionales sanitarios. Como apunta Neyrat, la catástrofe siempre posee una historicidad y se sujeta a un principio de causalidad. Desde comienzos del presente siglo, diferentes colectivos y redes ciudadanas han estado denunciando un profundo deterioro del sistema público de salud que, a través de una política continuada de descapitalización, ha llevado prácticamente al colapso de la sanidad en España. En la Comunidad de Madrid, territorio particularmente golpeado por el COVID-19, el presupuesto per cápita destinado al sistema sanitario se ha ido reduciendo críticamente en los últimos años, al tiempo que se ha desatado un proceso creciente de privatización. Tanto la atención primaria como los servicios de urgencia de la región se encontraban ya saturados y con graves carencias de recursos antes de la llegada del coronavirus. El neoliberalismo y sus hacedores políticos nos han sembrado tormentas que un microorganismo ha convertido en tempestad.

6.

En medio de la pandemia habrá seguramente quien se afane en la búsqueda de un culpable, ya sea en la piel del chivo expiatorio o en el papel de villano. Se trata, seguramente, de un gesto inconsciente para ponerse a salvo: encontrar a quien atribuir la culpa tranquiliza porque desplaza la responsabilidad. Sin embargo, más que empeñarnos en desenmascarar a un sujeto, resulta más oportuno identificar una forma de subjetivación, es decir, interrogarnos acerca del modo de vida capaz de desatar estragos tan dramáticos como los que hoy nos atraviesan la existencia. Se trata, sin duda, de una pregunta que ni nos salva ni nos reconforta y, mucho menos, nos ofrece un afuera. Básicamente porque ese modo de vida es el nuestro.

Un periodista se aventuraba hace unos días a ofrecer una respuesta acerca del origen del COVID-19: “el coronavirus es una venganza de la naturaleza”. En el fondo no le falta razón. En 1981 Margaret Thatcher dejaba una frase para la posteridad que desvelaba el sentido del proyecto del que participaba: “la economía es el método, el objetivo es cambiar el alma”. La mandataria no engañaba a nadie. Hace tiempo que la razón neoliberal nos ha convertido el capitalismo en estado de naturaleza. La acción de un ser microscópico, sin embargo, no sólo está consiguiendo llegarnos también al alma, además ha abierto una ventana por la que respiramos la evidencia de aquello que no queríamos ver. Con cada cuerpo que toca y enferma, el virus clama porque tracemos la línea de continuidad entre su origen y la cualidad de un modo de vida cada vez más incompatible con la vida misma. En este sentido, por paradójico que resulte, enfrentamos un patógeno dolorosamente virtuoso. Su movilidad etérea va poniendo al descubierto todas las violencias estructurales y las catástrofes cotidianas allí donde se producen, es decir, por todas partes. En el imaginario colectivo comienza a calar una racionalidad de orden bélico: estamos en guerra contra un coronavirus. Tal vez sea más acertado pensar que es una formación social catastrófica la que está en guerra contra nosotros desde hace ya demasiado tiempo.

En el curso de la pandemia, las autoridades políticas y científicas nos señalan a las personas como el agente más decisivo para detener el contagio. Nuestro confinamiento es entendido en estos días como el más vital ejercicio de ciudadanía. Sin embargo, necesitamos ser capaces de llevarlo más lejos. Si el encierro ha congelado la normalidad de nuestras inercias y nuestros automatismos, aprovechemos el tiempo detenido para preguntarnos acerca de ellos. No hay normalidad a la que regresar cuando aquello que habíamos normalizado ayer nos ha llevado a esto que hoy tenemos. El problema que enfrentamos no es sólo el capitalismo en sí, es también el capitalismo en mí. Ojalá el deseo de vivir nos haga capaces de la creatividad y la determinación para construir colectivamente el exorcismo que necesitamos. Eso, inevitablemente, nos toca a la gente común. Por la historia sabemos que los gobernantes y poderosos se afanarán en intentar lo contrario. No dejemos que nos enfrenten, nos enemisten o nos dividan. No permitamos que, amparados una vez más en el lenguaje de la crisis, nos impongan la restauración intacta de la estructura de la propia catástrofe. Pese a que aparentemente el confinamiento nos ha aislado a los unos de los otros, lo estamos viviendo juntos. También en eso el virus se muestra paradójico: nos sitúa en un plano de relativa igualdad. De algún modo, rescata de nuestra desmemoria el concepto de género humano y la noción de bien común. Tal vez los hilos éticos más valiosos con los que comenzar a tejer un modo de vida otro y otra sensibilidad.

 

https://www.eldiario.es/interferencias/Causalidad-pandemia-cualidad-catastrofe_6_1010758925.html

 

#ESCUCHA

 

Deteneos. Sencillamente, alto, stop, no os mováis.

Ya no es una petición. Es una obligación.

Estoy aquí para ayudaros.

Esta montaña rusa supersónica ha agotado ya todos sus raíles.

Basta

aviones

trenes

escuelas

centros comerciales

reuniones.

Hemos roto el frenético torbellino de ilusiones y “obligaciones” que os han impedido levantar los ojos al cielo, mirar las estrellas, escuchar el mar, dejarse mecer con los gorgoritos de los pájaros, rodar por las praderas, recoger una manzana del árbol, sonreír a un animal en el bosque, respirar la montaña, escuchar el sentido común. Hemos tenido que romperlo.

No podéis jugar a ser Dios.

Nuestra obligación es recíproca.

Como lo ha sido siempre, aunque vosotros lo hayáis olvidado.

Interrumpiremos esta transmisión, la infinita transmisión discordante de divisiones y distracciones, para traerte esta noticia: no estamos bien.

Ninguno de nosotros; todos estamos sufriendo.

El año pasado, las tormentas de fuego que quemaron los pulmones de la tierra, no te detuvieron.

Ni los glaciales que se están derritiendo.

Ni las ciudades que se desploman.

Ni la consideración de ser los únicos responsables de la sexta extinción masiva.

No me habéis escuchado.

Es difícil escuchar cuando se está tan ocupado luchando por escalar siempre más alto sobre los andamios de las comodidades que os habéis construido.

Los cimientos están cediendo, se están arqueando bajo el peso de vuestros deseos ficticios.

Yo os ayudaré. Traeré tormentas de fuego a vuestros cuerpos,

inundaré vuestros pulmones.

Os aislaré como a un oso polar en su iceberg a la deriva.

¿Me escucháis ahora?

No estamos bien.

No soy un enemigo

Soy un simple mensajero, soy un aleado, soy la fuerza que traerá de nuevo el equilibrio. Ahora tenéis que escucharme, os estoy gritando ¡que os detengáis!

Deteneos, callad, escuchad;

Ahora alzad los ojos al cielo, ¿cómo está? Ya no hay aviones. ¿Cuánto necesitáis que esté bien para poder disfrutar del oxígeno que respirais?

Observad el océano, ¿cómo está? Observad los ríos, ¿cómo están? Observad la tierra, ¿cómo está? Miraos a vosotros mismos, ¿cómo estáis?

No puedes estar sano en un ecosistema enfermizo. Detente. Muchos ahora tienen miedo. No demonicéis vuestros miedos, no os dejéis dominar. Dejad que os hable, escuchad su sabiduría.

Aprended a sonreír con los ojos.

Os ayudaré, si me escucháis.

Firma: Coronavirus

#ESCUCHA

Edición: Darinka Montico

Voz: Giulia Chianese

Subtítulos en castellano: Teresa Santamaría

 

 

Ceija Stojka: Esto ha pasado

Ceija Stojka, Sin título, 1995. Acrílico sobre cartón, 69,5 x 99 cm. Colección Antoine de Galbert, París. © Ceija Stojka, VEGAP, Madrid, 2019. Fotografía: © Célia Pernot

La obra de la artista austriaco-romaní Ceija Stojka (Kraubath, Austria, 1933-Viena, Austria, 2013) supone un testimonio excepcional, tanto por su rareza como por su calidad artística, sobre el porrajmos, la persecución y genocidio de la comunidad gitana a manos de la Alemania nazi. Deportada a los diez años junto con su familia, Stojka sobrevivió durante la Segunda Guerra Mundial a tres campos de concentración y dio cuenta de su experiencia cuarenta años más tarde, entre 1988 y 2012, cuando emprendió un intenso ejercicio de memoria mediante la escritura, el dibujo y la pintura. La presente exposición ofrece un recorrido por el conjunto del corpus artístico de esta prolífica y autodidacta creadora organizado a través de una serie de secciones temáticas que permiten reconstruir las distintas situaciones que afrontó.

Mientras viajábamos
La artista nace en el seno de una familia gitana lovara, extenso linaje de mercaderes de caballos oriundos de Hungría y afincados en Austria desde hace varios siglos. En las obras que retratan su vida anterior a la guerra, Ein einfaches Rom Leben (Una vida sencilla de gitanos, 1995) o Idylle mit Bauernhof (Idilio con granja, 9.9.2002), entre otras, vemos escenas coloristas, con elementos recurrentes presentes durante la infancia de Stojka como el carromato, las gallinas y caballos, o la omnipresencia de la naturaleza y sus ciclos. El toque rápido y enérgico de las pinceladas está al servicio de un estilo tan expresivo como narrativo. En ocasiones, la autora espesa el pigmento con arena, reforzando la materialidad de la pintura y de su propio gesto. Algunos cielos rosas, anaranjados o violáceos que aparecen en estas idílicas secuencias parecen anunciar un tiempo crepuscular que, en su sentido metafórico, se alargaría durante largos años.

La caza
En 1941, debido a un recrudecimiento de las políticas nazis —que por entonces ya incluían la discriminación laboral, formativa y de circulación de la población gitana—, el padre de Stojka fue arrestado y deportado al campo de concentración de Dachau. El resto de la familia vivía de forma clandestina en el área forestal de Kongresspark, como nos recuerda por ejemplo en Ohne Title [RS: „Unsere Wiege war der Wohnwagen”] (Sin título [Reverso: “Nuestra cuna era el carromato”], 15.2.2003) y Sin título (15.3.2003), donde apenas se distinguen las miradas aterrorizadas de unas sombras encogidas tras una maraña de hojas y ramas. El reverso de estas obras está cubierto por dibujos a tiza y frases de ortografía insegura, en muchas ocasiones de transcripciones fonéticas de quien tuvo prohibida la escolarización. Por otro lado, sus dibujos caricaturescos —Nun. ist. es. aus. mit. euch. Heil – Wir kommen (Ahora. estáis. perdidos. Heil – Allá vamos) 1993—, atestiguan el humor feroz de la artista en sintonía con el estilo de artistas como Emil Nolde y otros miembros de la corriente expresionista alemana.

La experiencia en los campos
La familia Stojka fue detenida en marzo de 1943 y deportada a Auschwitz donde se le destinó a la sección B-II-e, conocida como el “Campo de las familias gitanas”; a este campo le seguirían otros dos: Ravensbrück (de junio a diciembre de 1944) y Bergen-Belsen (de enero a abril de 1945) donde Ceija Stojka y su madre fueron liberadas por el ejército británico. Algunas de las obras que conforman las secciones dedicadas a los tres campos de concentración y exterminio adoptan la perspectiva infantil que tenía la artista en aquel momento: encontramos detalladas escenas que nos muestran primeros planos de botas militares cuya escala sobredimensionada se torna monstruosa, como en SS (1995). También hallamos vistas áreas que bien podrían ser las ofrecidas por los cuervos que sobrevuelan los recintos, Auschwitz, 2.10.1944 (ca. 2003); o la mirada de un posible fugitivo o testigo impotente que observa desde el otro lado de las alambradas de espino. Como contrapunto, la obra Z 6399 (1994) sorprende por su composición austera y rotunda: en ella puede verse el brazo tatuado de la artista con el número de identificación que le fue asignado a su llegada a Auschwitz.

En la sala dedicada al campo de concentración para mujeres de Ravensbrück, el frío domina las escenas evocadas por Stojka. Aparece la figura del guardián o guardiana del campo, siempre atento en lo alto de la torreta de vigilancia, y que la artista representa con un gran ojo suspendido en el cielo como en Ravensbrück 1944 (1994). Entre otros siniestros personajes destaca la Oberaufseherin (vigilante) Dorothea Binz, que bien podría ser la figura rubia y uniformada que aparece en el centro de un pasillo en Sin título (28.1.2001). Frente a estos amenazantes personajes están sus víctimas, retratadas con pinceladas rápidas, como apariciones fantasmales sin contornos definidos.

En el campo Bergen-Belsen, Stojka sobrevivió entre cadáveres comiendo la savia de las ramas y plantas que encontraba. La rama se convirtió desde entonces en símbolo de esperanza para la artista, que elige este motivo para firmar todas sus obras. Asimismo, se aprecian como elementos constantes en sus cuadros, por un lado, el cuervo, cuyo sentido resulta ambivalente, ya que Stojka admira su capacidad de volar sobre las alambradas de los campos, pero no deja de remitirnos al mal augurio con el que se le asocia en muchas culturas. Por otro, el perro, de significado más unívoco, es el brazo despiadado de los torturadores.

Regreso a la vida
Una vez liberadas, Ceija Stojka y su madre regresaron a Viena donde se reunieron con los hermanos de la artista, supervivientes también de la barbarie nazi. Los cielos coloreados de esta última sala recuerdan a los del inicio de la muestra, subrayando el carácter cíclico de su narración. Una estructura con la que tal vez la artista trata de ordenar y dar sentido a lo absurdo y terrible de su experiencia. Tras los años de hambruna y penalidades, la artista pinta frutas, verduras y, sobre todo, girasoles, la “flor del gitano”, como escribe ella, símbolo de esperanza, de vuelta a la vida. En estas obras, está presente la virtud cristiana, esencial para la artista, y a la que alude a través de las numerosas representaciones de la Virgen María.

La decisión de Stojka de romper su silencio y dar cuenta de la experiencia traumática que ella a nivel personal y el pueblo gitano como colectivo habían sufrido tiene un gran valor simbólico que ha servido además como revulsivo para impulsar el asociacionismo de la comunidad romaní de su país. Esta exposición pone en valor el testimonio y la figura del testigo, con su fragilidad y afectación, como recursos esenciales para comprender cualquier hecho histórico en su complejidad, incluso aquellos que por su atrocidad se antojan inimaginables.

Exposición al museo Reina Sofía del 22 noviembre 2019 al 23 marzo 2020  

 

En este enlace podéis descargar el catálogo de la exposición “Esto ha pasado” que el museo Reina Sofía, habiendo tenido que cerrar sus puertas por causa del Coronavirus, ofrece en abierto a disposición del publicohttp://ow.ly/HOn650yKTNa

 

Imagen: Ceija StojkaSin título, 1995. Acrílico sobre cartón, 69,5 x 99 cm. Colección Antoine de Galbert, París. © Ceija Stojka, VEGAP, Madrid, 2019. Fotografía: © Célia Pernot

 

 

Chantal Maillard, nueva web

nueva web chantal

 

En estos días de confinamiento, una opción puede ser visitar la nueva página web de Chantal Maillard con toda la información actualizada. Aquí os dejo el enlace: chantalmaillard.com

También encontraréis el enlace anclado en la columna fija de la derecha, en “Enllaços sobre dones” / Chantal Maillard_web”

¡Buena exploración maillardiana!

 

Lobos costeros, una especie distinta

Lobo costero_Columbia británicaCoastal Wolf. Los lobos costeros (Canis lupus columbianus) son genéticamente distintos de sus primos del interior (Canis lupus) y han evolucionado para vivir en las zonas costeras del norte y oeste de la Columbia Británica central.

 

En América del Norte, los lobos grises (canis lupus) llegaron a propagarse, pero durante el asentamiento humano sus poblaciones fueron diezmadas, y en muchas áreas ahora se han extinguido por completo. Pero en la costa oeste central de la Columbia Británica y las islas remotas, todavía vive una población de lobos costeros genéticamente distintos (Canis lupus columbianus), que permanecen casi completamente intactos de la interacción humana.

Estos lobos costeros o marinos de Columbia Británica son una subespecie genéticamente distinta del lobo gris que habita en la costa azotada por el viento y las islas costeras del noroeste de Columbia Británica. Para llegar a estas islas, los lobos nadaron hasta 13 kilómetros, desafiando las fuertes corrientes oceánicas y los ventosos vientos costeros. Sin embargo, no son recién llegados, han vivido aquí durante milenios y están inextricablemente vinculados a este ecosistema único donde la tierra se encuentra con el mar.

Estos lobos son verdaderamente únicos y distintos, hasta el 75% de su dieta deriva directamente del mar. Aquí, además de los ciervos de cola negra de Sitka, la dieta de los lobos consiste en almejas, cangrejos y carroña marina como calamares, focas y tal vez la extraña ballena. En otoño también atrapan y comen salmones migratorios que nadan en los ríos y arroyos costeros para desovar. Aunque estos salmones son comidos por osos, águilas y cuervos, algunos científicos creen que pueden portar un parásito que podría ser dañino para los lobos. Entonces, en lugar de comer todo el pescado, los lobos comen solo las cabezas, que no contienen parásitos, pero son muy ricas en ácidos grasos omega 3.

https://vimeo.com/rickandrewsfilms

Film de Rick Andrews

 

… érase una vez las mujeres del mundo…

Para todas las mujeres del mundo, para todas las lobas del mundo, de aquí a todas partes!

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«Lo que nos distingue de otros animales no es la inteligencia, sino la capacidad de tomar decisiones que contravengan el orden del sistema. Así lo entendieron los dioses, y temblaron».

Chantal MaillardLa compasión difícil

 

La Mujer Salvaje es la salud de todas las mujeres. Sin ella, la psicología femenina carece de sentido. La mujer salvaje es la mujer prototípica; cualquiera que sea la cultura, cualquiera que sea la época, cualquiera que sea la política, ella no cambia. Cambian sus ciclos, cambian sus representaciones simbólicas, pero en esencia ella no cambia. Es lo que es y ella es un todo.

Se canaliza a través de las mujeres. Si éstas están aplastadas, ella las empuja hacia arriba. Si las mujeres son libres, ella también lo es. Afortunadamente, cuantas veces la hacen retroceder, ella vuelve a saltar hacia delante. Por mucho que se la prohíba, reprima, constriña, diluya, torture, hostigue y se la tache de insegura, peligrosa, loca y otros epítetos, ella vuelve a aflorar en las mujeres, de tal manera que hasta la mujer más reposada y la más comedida guarda un lugar secreto para ella. Hasta la mujer más reprimida tiene una vida secreta con pensamientos y sentimientos secretos lujuriosos y salvajes, es decir, naturales. Hasta la mujer más cautiva conserva el lugar de su yo salvaje, pues sabe instintivamente que algún día habrá un resquicio, una abertura, una ocasión y ella la aprovechará para huir.

Clarissa Pinkola EstésMujeres que corren con los lobos, Ed. B

 

https://www.unwomen.org/es/news/in-focus/international-womens-day

Imagen de Matt Clysdale

 

Cómo detener el ecocidio

 

Al hilo de las reflexiones de la profesora Rosi Braidoti (lo Post-Humano) y el ecoactivista Paul Kingsnorth (autor de “Confesiones de un ecologista en rehabilitación”), este vídeo vuelve sobre la emergencia climática, centrándose en la importancia de explicar historias nuevas, de mostrar nuevos senderos conceptuales que nos lleven a distintas relaciones con la naturaleza. Ambos pensadores nos animan a ser cautos ante ciertas formas de ecologismo que se han entregado al capitalismo, a desconfiar del pseudoecologismo de grandes corporaciones que, precisamente, están en el centro del problema del ecocidio imparable. No se trata de producir la misma cantidad de energía y consumo por otros medios “limpios”, sino de cambiar de dirección y de costumbres.

El antropocentrismo de nuestra cultura occidental (“El hombre es la medida de todas las cosas”), narcisista, extractivista y desequilibrado, con su humanización simbólica (de Esopo a Disney) y su esclavización de los animales, su separación radical de humanidad y naturaleza, todo ello ha contribuido a la catástrofe que denuncian ecologistas y científicos desde hace décadas. Está claro que hacen falta otras narrativas, esta vez zoocéntricas, cuentos de respeto a la naturaleza, historias que nos permitan pensar y actuar de manera radicalmente distinta. No es tarea fácil ni a corto plazo, pero no nos cabe otra esperanza.

Guió, realització i edició: Félix Pérez-Hita

Idioma: Inglés – subtitulado Castellano (tenéis que activar los subtítulos en el vídeo).

Duració: 20 mins.

Participantes: Rosi Braidotti

Esta pieza está relacionada con otra titulada: “El éxito de los estúpidos”: http://www.cccb.org/es/multimedia/videos/el-exito-de-los-estupidos/228107

https://www.cccb.org/es/multimedia/videos/como-detener-el-ecocidio/233223#

https://www.cccb.org/es/multimedia/videos/rosi-braidotti/230241#

 

El sueño de una lengua común de Adrienne Rich

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La poesía ha sido en todo tiempo un gesto de rebeldía y de emancipación. Todos los poetas soñaron alguna vez que las palabras tenían un poder tan grande que con ellas serían capaces de acometer la transformación de los sistemas políticos, acabar con la sinrazón y crear una justicia verdadera. Adrienne Rich, una de las poetas estadounidenses más populares y celebradas del siglo xx, también soñó con el fin de la desgracia humana y con la instauración de una nueva armonía. Todo su combate contra la opresión de las mujeres lo concentró en las palabras: en redefinirlas, en darles un nuevo uso, un nuevo sentido, donde toda la historia de violencia contra ellas fuese juzgada y reescrita.

El sueño de una lengua común es uno de sus libros más emblemáticos, el poemario en el que su combate y sus ideas encontraron su punto más alto y más claro. En él habla del poder de las mujeres, de los amores entre ellas, hermosos y prohibidos, y retoma una de las metáforas más antiguas de la tradición literaria: la naturaleza y su semejanza con el cuerpo femenino. Pero sobre todo es un libro que cuestiona la opresión y el silencio de las mujeres, y que imagina lo que sólo los grandes poetas han soñado: la creación de una lengua común que permita comprendernos de forma verdadera, sin herirnos, sin violentarnos, donde la existencia no sea una batalla entre todos nosotros sino la afirmación de una nueva armonía, entre hombres y mujeres, entre el ser humano y la naturaleza, una lengua para soñar por fin juntos nuestra humanidad común.

http://sextopiso.es/esp/item/450/el-sueno-de-una-lengua-comun

https://elpais.com/cultura/2019/10/15/babelia/1571150116_098095.html