El grial de Joseph Campbell

Editorial Atalanta reúne los textos sobre el tema del gran mitólogo estadounidense


El grial de Joseph Campbell
Galahad, Parzival y Bohort cargan con el Santo Grial. Iluminación de Evrard d’Espinques para la ‘Queste del saint graal’ (hacia 1479) APIC/Getty Images


 | BARCELONA | La Vanguardia | 06/06/2019 

 

Pocas historias hay más fascinantes que la del Grial, ese objeto mágico –¿piedra, caldero, cáliz, plato?– que aparece en tantos relatos medievales, especialmente los recogidos en la llamada Materia de Bretaña o ciclo artúrico.

Su magnetismo se ha mantenido hasta hoy, como bien saben los seguidores de la serie Indiana Jones y otros emblemas de la cultura popular, donde su búsqueda es un leitmotiv recurrente.

El gran estudioso de los mitos Joseph Campbell (1904-1987) estipuló en su día que la del Grial constituye posiblemente la más destacada mitología europea, y a ella se refiere en algunos capítulos del cuarto volumen de su magna obra Las máscaras de Dios, que para los interesados en el tema sabían a poco.

La editorial Atalanta de Jacobo Siruela e Inka Martí, que está recuperando la obra completa de Campbell, acaba de publicar un libro que su autor no vio en vida. La historia del Grial recopila un conjunto de textos dispersos que el escritor dedicó a esta cuestión, y que su discípulo Evans Lansig Smith, buceando en los fondos de la Fundación Joseph Campbell en San Anselmo, California (130 cajas, según estipula) localizó y ha puesto en solfa, estructurados y bien editados.

Campbell considera que el brillante periodo en el que surgieron los relatos artúricos (y también las grandes catedrales), años 1150 a 1250, es el correlato del periodo homérico, y donde se configura la mentalidad “propiamente europea”: al confluir la cultura grecorromana con la de los celtas y los germanos se define una sociedad de individuos, que no son súbditos sino ciudadanos del Estado que han creado.

El gran mitólogo estadounidense Joseph Campbell, autor de 'Las máscaras de Dios' y la póstuma, y recién aparecida, 'Historia del grial' (Ed. Atalanta).
El gran mitólogo estadounidense Joseph Campbell, autor de ‘Las máscaras de Dios’ y la póstuma, y recién aparecida, ‘Historia del grial’ (Ed. Atalanta). (Bettmann / Getty)


Para el estudioso, el Parzival de Wolfram von Eschenbach constituiría la obra literaria más destacada de la edad media, superior a la de Dante. Campbell glosa los reflejos orientales de muy distinta índole que aparecen en ella, como el requerimiento (a los caballeros) de virtudes que la emparentan con el budismo: abandono de la furia de las pasiones, impavidez ante el rostro de la muerte, indiferencia ante la opinión del mundo, y compasión.

 

Un mito universal

El Grial, símbolo de la vida auténtica

 

Su búsqueda tendría que ver con una indagación interior, “con el desarrollo del carácter, con llevar una conducta íntegra, con alumbrar las propias posibilidades y volverlas gloriosas en el mundo”

 

El ciclo artúrico propone una reflexión sobre cuestiones como la religión y el poder. Su tema esencial, resume Campbell, es el del Rey Pescador, último protector del Santo Grial. Ha sido herido en los genitales y, como consecuencia, la tierra que gobierna permanece baldía. Solo un inocente que le haga la pregunta correcta -¿qué significa el cortejo de doncellas que desfilan con extraños objetos frente al dolorido monarca?- podrá curarle.

En el ciclo entran en conflicto las nociones de amor de la época: el adúltero de los trovadores y el conyugal de los caballeros cristianos. Y también sus caminos sin retorno: Merlín, en su vejez, enamorado de Viviana, accedió a enseñarle sus artes mágicas, que ella aprovechó para encerrarle en una torre donde permanece desde entonces, eternamente invisible. Sólo el sonido de su voz entre los árboles llega hasta los caballeros que vagan por el bosque.

Pero, sobre todo, la búsqueda del Grial tendría que ver con una indagación interior, “con el desarrollo del carácter, con llevar una conducta íntegra, con alumbrar las propias posibilidades y volverlas gloriosas en el mundo”. La voluntad, en suma, de vivir una vida auténtica. Y allí es donde su carácter universal, por encima del acontecimiento histórico, de la época, se haría explícito.

https://www.lavanguardia.com/cultura/culturas/20190606/462706099500/joseph-cambell-grial-atalanta.html

 

Muriel Chazalon | Un lexique fractal de l’œuvre de Kenneth White

Lexique fractal_1

¡ G r a t i t u d !

Mi estudio “L’œuvre de Kenneth White. Un lexique fractal”, recién salido de la imprenta de las Éditions Isolato (Francia) donde estaba desde hace 5 años, ha llegado por fin! Una bella y cuidada edición, sobria, elegante. Imposible pedir más! Estará en librería (al menos en Francia) a partir del 7 de junio.

Lexique fractal_2

 

De momento, para hacer boca, os traduzco la contraportada y os dejo con el índice de los términos :

A partir de un enfoque intelectual abierto y totalizador, Kenneth White ha elaborado durante más de 50 años de escritura, de investigación, y de sucesivas publicaciones, una obra profundamente coherente. De esta obra “e-norme” (fuera de normas) emerge un “extravagante” corpus de términos significativos y característicos, de ideas singulares, de conceptos y nociones clave que quisimos reunir en este léxico. Las sesenta y nueve entradas que lo componen dibujan, cruzándose entre sí, una cartografía de geometría fractal, con el fin de acompañar, complementar o introducir al lector en el pensamiento y en la obra original de este nómada intelectual, logrando así una mejor comprensión de su unidad y de su especificidad. Este léxico fractal –verdadero log-book, “libro-del-logos” como le gusta a este poeta-pensador traducirlo– va dirigido a los investigadores, a los estudiosos y a todos aquellos que desean descubrir la geopoética o que, practicándola desde hace tiempo, quieren ampliar su conocimiento de la obra-en-curso de este excepcional europeo franco-escocés — sus coordenadas, sus derivas, sus desafíos y el amplio alcance de su proyecto poético global. 

M. Ch.

Lexique fractal_5

 

<< Nunca trabajé en un clima de esperanza o de expectativa – lo que significa, en toda lógica, que no puedo perder la esperanza ni sentirme desesperanzado. Trabajo como el árbol crece, como el océano circula alrededor de la tierra.

Y nunca olvidé aquella descripción, que hizo Daniel Rops, de algunos monjes que, en una época desastrosa, calamitosa, el final de la Edad-Media, en la que los libros se descomponían en las bibliotecas, creaban “inmensas obras –para nadie, para nada”. >>

Kenneth White

 

20190530_120014

 

 

 

 

Aquesta presentació amb diapositives necessita JavaScript.

 

Xavier Melloni: “El silencio no es la ausencia de ruido, sino de ego”

Xavier Melloni, teólogo, místico, antropólogo: vive en la cueva de San Ignacio de Loyola.
¿Edad? Estamos gestando continuamente otra vida dentro de nosotros: cada instante alumbra el siguiente y nuestra existencia, otra, que empezará al acabar esta. Nací en Barcelona. Casado con la vida. ¿Hijos? Hay muchos modos de engendrar. La mística experimenta lo que la ciencia demostrará

“Si aprende a tomar conciencia, cambiará de sitio sin moverse”
Otras Fuentes

“Si aprende a tomar conciencia, cambiará de sitio sin moverse”


 

Usted dice que el silencio no es la ausencia de ruido, sino de ego…

… ¿Me callo?

El mutismo no es silencio, sino la impotencia de la palabra. El silencio está habitado; el mutismo está vacío.

¿Cómo escuchar el silencio?

La naturaleza está llena de sonidos: el viento sopla en los oídos, los pájaros trinan, las ramas del bosque crujen al pisarlas… Escuchamos en ellos el silencio, porque no son ruido: son sonidos sin ego. No te reclaman.

¿Cómo librarnos del ruido del ego?

Viviendo aquí y ahora: siendo conscientes del momento. Sin necesidad de repasar continuamente cuanto haces y dices o cuanto dicen y hacen. Sin evaluar, controlar y juzgar lo vivido. Porque el ruido está en ese juicio compulsivo; en la comparación; en lo sobreimpuesto a la vida. Y es lo que la degrada.

¿Cómo lo consigue usted?

Como puedo. Soy como cualquier lector, pero he ido descubriendo el silencio como una cualidad de atención. Para mí es muy importante cada mañana y cada tarde empezar y acabar el día silenciado. Y terminar cada cosa que hago con la conciencia de que finaliza. Y agradecerla. Y dar gracias también por todo lo que he aprendido al hacerla.

¿Por ejemplo?

Esta conversación, con pausas de calidad de presencia. Y empezaré lo siguiente que haga agradeciendo que lo empiezo y venerándolo: ser consciente y agradecerlo todo.

¿Se trata de no hacer nada nunca en piloto automático ni por puro trámite?

Sí, porque si toma usted conciencia de lo que hace, su vida tendrá más fuerza. Vivirá más.

¿Por qué la vida suele doler en el ego?

El ego es la apropiación del yo, que no es más que un recipiente de conciencia de existencia donde se condensa la totalidad. Todo está en cada uno de nosotros. Si no, no podríamos existir.

¿Por qué hoy el ego se apropia del yo?

Cada uno de nosotros no sólo tiene sus años, sino los 15.000 millones de evolución que nos han hecho como somos. El exceso de ego es la fijación de pensar que sólo tenemos los que nos quedan y los podemos perder.

¿Pensar la muerte no te hace humilde?

Nos colapsamos y nos condensamos en los pequeños años que creemos tener. Y nos angustiamos intentado retenerlos. Pero nuestra conciencia no es propietaria de nuestra existencia: sólo es un recipiente temporal..

…Que durará unos añitos nada más.

La vida se nos da continuamente y si somos cocreadores en la vida, en vez de intentar controlarla y sobrepasarla, la recibimos y la desplegamos y surge así una nueva confianza en nuestra fuerza que reemplaza al ego.

Ni lo soy ni veo voluntarios para morir.

Y es fantástico, porque quiere decir que amáis el don esencial de la vida. Pero hay otro don engendrado en él, que es el siguiente nacimiento. Estamos gestando continuamente otra vida dentro de nosotros: cada instante está alumbrando el siguiente…

¿No se trata de eso: de atraparlo?

Al contrario: cada momento estamos viviendo algo que tenemos que saber soltar. El mismo aire que nos da vida, si lo retuviéramos, nos daría muerte. La vida está hecha de un continuo recibir y dar. Dejarla ir.

¿Habría que alegrarse de morir?

Nuestra existencia es como la gestación de una dimensión más interna que requiere la experiencia humana biológica de esta vida, donde se engendra otra dimensión a la que no podemos acceder si no nos desprendemos de esta.

En cambio, esta época niega la muerte.

Porque insistimos en verla como nuestro final en vez de verla como el comienzo de algo que desconocemos.

¿Y si la biomedicina nos da un día el poder de decidir cuándo morimos?

Sería perdurabilidad; no eternidad. La eternidad es de otro orden; no es un chicle que vamos estirando hasta que se rompe. La eternidad es un cambio de nivel.

¿Más que vivir 200 años como ahora es volver a existir de otro modo?

Y lo bello es que ya lo podemos vivir ahora. Pero nuestro vehículo biológico en la Tierra está programado para sobrevivir hasta los 60, 70, 80, 90 años. Nuestra muerte es lo que más necesitamos para alcanzar posibilidades que en esta vida tienen su límite.

¿Cuáles?

Hay dimensiones, que se están gestando en esta vida, que nos permiten pasar a otra. Pero para ello tenemos que saber soltarnos y nuestra sociedad no nos deja. Hay que aprender a desprendernos de esta vida con confianza. Espero que algún día seamos lo suficientemente maduros como para escucharnos a nosotros mismos y saber cuál es el momento de partir.

¿Cómo saberlo?

Si maduráramos, no alargaríamos los procesos tan complejos y problemáticos que vamos a tener con una población cada vez más envejecida a la que no se ha enseñado a morir. El saber partir es un acto de generosidad y de confianza, para el que aún no todos estamos preparados.

 

Un silencio urgente


“Nuestra sociedad necesita un silencio urgente. Si aprendemos el silencio, cambiaremos de lugar sin movernos: estaremos aquí, pero de forma diferente, no en el mismo aquí en que estábamos.” Xavier Melloni enseña el silencio ante un repleto CaixaForum de Barcelona. Después, en conversación con Fèlix Riera y conmigo, nos enseña a escuchar ese silencio, que no es la ausencia de ruido, sino de ego. En él descubrimos: “Otra dimensión que se está gestando en nosotros y que requiere de la experiencia de esta vida para que la podamos alcanzar después. Nuestra época niega la muerte, porque insistimos en verla como nuestro final, cuando sólo es el comienzo de algo que desconocemos”.

 

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20190416/461682839746/si-aprende-a-tomar-conciencia-cambiara-de-sitio-sin-moverse.html

 

La compasión difícil: un nuevo desafío de Chantal Maillard

 

img-20190125-wa0002

 

Medea anuda la cuerda en la rama del árbol seco.

– ¿Qué vas a colgar de esa cuerda? –pregunta el más joven de los hijos.

– Lo que amo –contesta Medea.

 

Chantal MaillardLa compasión difícil. Galaxia Gutenberg, 2019

Ilustración de cubierta: Kiki Smith

 

En contraportada:

“Este es sin duda el libro más perturbador que ha escrito Chantal Maillard hasta la fecha. En él se enfrenta a los grandes temas sobre los que humanidad lleva interrogándose desde el principio de los tiempos. El nacimiento, el dolor y la muerte, los dioses y su ausencia, la relación de nuestra especie con los demás seres vivos, la maternidad y el suicidio, la culpa y la inocencia, el juicio y la creencia. Todo ello girando en torno al eje de una primordial violencia que todos padecemos a la vez que infligimos. ¿Cómo compadecer, considerando el crimen?, se pregunta la autora. ¿Y cómo no compadecer, considerando el hambre?

Las tradiciones orientales y del mundo clásico griego están una vez más presentes en esta escritura que parece sin embargo surgir siempre del cuerpo, de la experiencia vivida en busca de una libertad imposible y de una clarividencia que despierta temor por lo que pueda llegar a comprender.

“En todas las tiranías la inteligencia es la fruta prohibida”, afirma Chantal. Y también “Con qué facilidad se traduce el miedo en conveniencia”. Valor e inteligencia son necesarios para adentrarse en este libro, del que ninguna página le dejará indiferente.”

 

Presentación en Barcelona:

librería La Central de la calle Mallorca, 

el miércoles 13 de febrero a las 19h.

 

Artemisa & Georgia O’Keeffe, según Jean Shinoda Bolen

Huntress of Skipton_Anna &amp; the Willow_Castle-Woods-in-North-Yorkshire-UK. Photo_Fiona French‎_Ancient and Sacred Trees of Britain

 

Artemisa, a quien los romanos denominaban Diana, era la diosa de la caza y la luna. Esa alta y encantadora hija de Zeus y Leto vagaba por los bosques, las montañas, las llanuras y los claros indómitos con su séquito de ninfas y su jauría de perros cazadores. Vestida con una túnica corta y armada con un arco de plata y un carcaj de flechas a su espalda, era la arquera que no erraba jamás el objetivo.

Como diosa de la luna, se la representa en las estatuas como la portadora de la luz, con una antorcha en la mano o con la luna y las estrellas coronándola. Artemisa, simbolizada por una luna en cuarto creciente, representaba el primero de los aspectos de aquella diosa tripartita que antaño se reverenciaba: el de la doncella. Selene era la luna llena o ya crecida y Hécate la luna en cuarto menguante. Como trinidad, el reino de Artemisa era la tierra, Selene poseía los cielos y Hécate, el mundo subterráneo. Sin embargo, de las tres sólo Artemisa fue una las principales divinidades griegas.

Como diosa de la vida salvaje, se la asociaba a animales monteses que compartían con ella sus características. El ciervo y la paloma eran símbolos de su espíritu esquivo, el oso representaba su papel de fiera protectora de los jóvenes, y el jabalí (al cual en una ocasión desató iracunda para que destruyera una campiña) encarnaba su aspecto destructivo. […]

 

e7675738a25a9d40e7ba819818421459 Georgia O’Keeffe, Deer Horns, 1938

 

A los tres años Artemisa ya sabía con exactitud lo que quería: un arco y unas flechas, una jauría de perros para ir a cazar, un séquito de ninfas, una túnica corta que no le impidiera correr, montañas y naturaleza salvaje, por ser sus lugares favoritos, y la castidad eterna. Zeus le concedió todos sus deseos, más el privilegio de poder elegir ella misma. Se le dio autonomía y se le prometió que jamás la violarían ni sería subyugada por el poder masculino.

Como arquetipo, Artemisa personifica el espíritu femenino independiente que le permite a la mujer buscar sus propios objetivos en el ámbito elegido por ella. […]

Georgia O’Keeffe presentó rasgos de Artemisa durante toda su vida, y su madurez duró cuatro décadas. Conservó su nombre al casarse, y fue una artista que al romper con la tradición para crear su propio arte, se vio obligada a capear las dudas personales y a los críticos de arte. No fue madre, elección que parece ser que la angustió mucho, porque sentía que sólo podía ser madre o artista, no ambas cosas a la vez. Se enamoró de la belleza agreste de los desiertos y las montañas de Nuevo México, y allí iba de vez en cuando para pintar. Eso comportaba estar meses separada de su marido Alfred Stieglitz, incluso cuando la salud de él empezaba a deteriorarse. Al morir su marido, ya nada la retuvo en el este, y se trasladó a vivir a Nuevo México, donde pasaría el resto de su vida. Pintó hasta que perdió la vista, y luego trabajó con arcilla. Vivió donde quería vivir, y llevando la vida que deseaba, en el empeño de crear un corpus artístico que la sitúa entre los artistas más famosos del mundo. En una ocasión dijo que lo que la diferenciaba de los demás era que ella sabía lo que quería. Georgia O’Keefe poseyó una intensa capacidad de centrar su voluntad y su talento en los objetivos que había elegido, tanto si era para crear como para conseguir cualquier otra cosa.

 

“Consigues todo aquello que eres capaz de declarar.” Georgia O’Keeffe

 

okeeffe_faraway-nearby Georgia O’Keeffe, From the faraway Nearby, 1937

 

Jean Shinoda BolenLas diosas de la mujer madura. Trad. Silvia Alemany, Kairós, 2013

Imagen primeraHuntress of Skipton. Anna & the Willow. Castle Woods in North Yorkshire, UK. Obra fotografiada por Fiona French‎, Ancient and Sacred Trees of Britain.

 

La luna de la mitóloga Jules Cashford

44126023_10156915409472941_1430992947368689664_o

 

“El mito fundamental asociado con la Luna es el de la muerte y el renacimiento. Las gentes del pasado remoto percibían el crecimiento y la mengua del satélite como el desarrollo y la agonía de un ser celestial, cuya muerte iba seguida por su renacimiento en forma de luna nueva. El perpetuo drama de las fases de la luna se convirtió en un modelo para observar la existencia de un patrón en la vida humana, animal y vegetal, incluida la idea de la vida más allá de la muerte.” Jules Cashford

 

Hasta que la filosofía y, posteriormente, la ciencia se convirtieron en las disciplinas que hoy conocemos, los mitos eran el medio principal con el que las sociedades humanas explicaban su experiencia anímica y los grandes misterios de la vida. Sus poéticas imágenes y relatos protagonizados por dioses, diosas, animales o cuerpos celestes, como la Luna o el Sol, simbolizaban ideas complejas que formaban los pilares sobre los que se asentaba el conocimiento del mundo.

Desde la Ilustración, se ha dado por sentado que son formas de pensamiento caducas, pertenecientes a un pasado remoto, a las que la ciencia y la filosofía modernas deben asignar un carácter meramente poético y narrativo. Pero nada más lejos de la verdad, pues la obra de Jung, Campbell, Eliade o Barfield, entre otros muchos autores, ha evidenciado que las imágenes míticas, si son entendidas en su verdadero significado psicológico y especulativo, nunca están ausentes de cualquier pretensión de comprender el universo del alma humana.

Este libro es un desarrollo de la larga y fascinante historia de los mitos y los símbolos que, desde el Paleolítico hasta nuestros días, tienen como protagonista a la Luna. Apoyándose en 220 ilustraciones, nos habla eruditamente, desde el punto de vista de la imaginación, sobre las imágenes poéticas que nuestro satélite ha generado en la consciencia humana. [Atalanta]

Jules Cashford. La luna. Símbolo de transformación. Trad. Francisco López Martín. Ed. Atalanta, 2018

Jules Cashford es coautora, con Anne Baring, de El mito de la diosa: evolución de una imagen (Siruela, 2005), considerado un clásico contemporáneo. Ha traducido al inglés los Himnos homéricos y en la actualidad escribe y da conferencias sobre mitología y literatura.

 

 

«La Luna ha alumbrado mitos y ha sido símbolo o metáfora en todas las civilizaciones, además de tema literario y religioso desde la más remota antigüedad, todo un acervo cultural que la experta en mitología Jules Cashford ha tratado de reunir y explicar. […] Jacobo Siruela ha dicho que Cashford, “en la línea de Joseph Campbell y Heinrich Zimmer, es actualmente una de las mejores mitólogas vivas, porque, como ellos, sabe traducirlos con claridad y hondura psicológica a nuestro propio lenguaje y mentalidad para que podamos asimilar sus misterio.»

[Alfredo Valenzuela, Agencia Efe]

https://www.eldiario.es/c…/Todas-caras-Luna_0_826967438.html

 

Nox | La noche de la muda ceniza de Anne Carson

Nox_Portada

 

Si buscáis una obra de Anne Carson en una librería, os remitirán a la sección “Poesía”. Pero en ninguno de los libros de la poeta canadiense encontraréis lo que entendemos tradicionalmente por poesía. Sus textos suelen hacer trizas los renglones versados, las categorías y los géneros literarios al uso. Los suyos son libros del flujo, inauguran una escritura puramente “carsoniana”, reiteradamente híbrida. Cada una de sus obras es un espacio textual de experimentación y de análisis del lenguaje que desmantela y, asimismo, reconstruye el uso del ensayo, del poema, de la narración, de la traducción, de la escenificación, de la didascalia…

Nox es un ¿libro? de duelo que Anne Carson escribió y compuso en 2010 tras la muerte de su hermano mayor que llevaba los últimos veintidós años huido de la familia (en todo este lapso apenas intercambiaron cinco llamadas telefónicas y algunas postales), raptado por las drogas, fugado de la justicia, sombra errante que vagó por Europa e India con nombre y pasaporte falsos, y que muere inesperadamente en Copenhague en el año 2000.

Sin ser un poemario al uso, Nox es sin embargo una de sus obras más impregnada de poesía, quiero decir de ritmo, de pulso, de intensidades microscópicas, de secuencias rítmicas y vibratorias que entran en resonancia unas con otras: la hermana con su hermano, el aquí con su allá, la vida con la muerte, las lenguas muertas con la viveza de la lengua, la forma con el contenido, las sombras con la luz, la ocultación con la verdad, la ficción con la no ficción, la mudez con el poema, el tiempo bruscamente interrumpido con las interrupciones del tiempo de la memoria… Nox es una vertiginosa línea de fuga.

Luego, si Nox es un libro lo será por antonomasia : un conjunto de pliegos plegados en uno solo. Pliegues de la historia que “puede ser a la vez concreta e indescifrable”. Carson vs. Herodoto nos señala que quien la cuenta “puede ser el perro de la historia que merodea en torno a Asia menor recolectando fragmentos de silencio como zumbidos de su propia piel”. 

Nox es el sonido inaudible de este zumbido mudo. Mutmut.

61s1hSoZFfL

Nox es un exquisito artefacto con forma de caja que contiene los pliegues. Una tersa lápida de piedra gris que se abre y se desenrolla como un pergamino doblado en acordeón. Una única página-ola sin numeración reproduce el cuaderno original en el que la poeta fue ensamblando sus notas-huesos sobre el hermano —fragmentos de la Historiae de Herodoto, anotaciones manuscritas, recortes, postales, fotografías, collages, dibujos-garabatos, recuerdos de la vida de Michael—. Nox, conjunto de retazos para una vida fragmentaria. Carson tantea los pliegues de la pérdida rastreando una historia que contarse ante la ausencia del hermano. Con ese ¿QUIÉN ERAS TÚ? garabateado en blanco sobre la página ennegrecida (sección 2.1), Carson se muda en Isis y sale en busca de los pedazos de su hermano-Osiris. La caja-libro deviene sarcófago para el hermano muerto, huellas impresas en la ceniza muda. Caja de luto. Caja donde {des}hacer el duelo. Nox. Memorial. Epitafio. Elegía disgregada. Nox, un luminoso tributo a la ignorancia, a la oscuridad, a la inconsistencia de nuestro saber. Nox, la temida diosa primigenia de la noche, nacida de esa hendidura cósmica llamada Caos, madre del sueño, del destino y de la muerte — Noctis, nocte, noctum.

 

Nox_Vaso Roto

 

Diez borrosos versos latinos, el poema 101 que Catulo dedica a su propio hermano muerto en circunstancias similares, abren la puerta del descenso acompañando a modo de salvoconducto a Carson-la-hermana que se adentra en las sombras: “Multas per gentes et multa per aequora vectus / advento has miseras, frater, ad inferias…”  “Muchas naciones y muchos mares atravesé, / hermano, para advenir a estas míseras exequias tuyas…”. Palabras de una lengua muerta para decir el hermano muerto, para interrogar en vano la ceniza muda —et mutam nequiquam alloquerer cinerem. Si no llegamos {siempre a tientas} a una traducción ¿definitiva?, si no logramos dar coherencia a un lenguaje desconocido, si no amamos las palabras muertas, ¿cómo hacemos las paces con los muertos? 

 

<< 1. 0.    Quería llenar mi elegía con diferentes tipos de luz. Pero la muerte nos hace mezquinos. No gastemos más tiempo en ello, pensamos, él está muerto. El amor nada puede cambiar. Las palabras nada pueden añadir. Por más que trate de evocar al brillante chico que era, sigue siendo una simple, inaudita historia. Entonces comencé a meditar sobre la historia. >>

 

Una por una, las sesenta y tres palabras que conforman los versos del poeta romano se vuelven puertas levógiras — entradas textuales (¿o son voces? ¿plegarias?) de ese lexicón del inframundo. La filología es el método al que acude Carson en busca de una luz lexicográfica para transitar por esa “habitación de la que no puedo salir”, de este lugar “compuesto enteramente de entradas” : traslada las palabras latinas al inglés, su idioma materno, como quien ronda y recoge los huesos perdidos para contar la historia desgajada que le permita convivir con la muerte de Michael sin ser succionada por ella. A medida que descompone, palabra a palabra, hueso a hueso, el poema latino sobre la ¿página izquierda?, reconstruye el relato de la vida del hermano muerto sobre la ¿página derecha? Nox es la columna vertebral medular, giróvaga, de Michael-Osiris-Lázaro, resucitado bajo nuestras manos de lectores ciegos cuando, siempre a tientas, desenrollamos la noche y tendemos un vertiginoso oído a la muda melopea de la ceniza liberándose de sus pliegues.

 

<< Perseguir los significados de una palabra, perseguir la historia de una persona, inútil esperar que llegue un torrente de luz. Las palabras humanas carecen de interruptor principal. Tan sólo son chispazos en la oscuridad. Después, la luminosa, vasta, trémula, precipitada, contumaz y vociferante red que las une se aferra a tu mente al regresar a la página que estabas intentando traducir. >>

 

Escribir. Traducir. Buscar el interruptor en la oscuridad. Conjurar el escalofrío del dolor. Exorcizar la muerte. Subsistir.

Carson escribe su noche como quien araña la lengua hasta desenterrar algo oculto arrastrándolo hacia la luz.

Nosotros abrimos la caja.

Ut nox.

Muriel Chazalon

7-9 octubre 2018

 

 

Anne Carson. Nox. Trad. Jeannette L. Clariond. Editorial Vaso Roto, 2018. 45€

 

 


Photograph © Beowulf Sheehan/PEN American Center
Anne Carson nació en Toronto (Canadá) en 1950.
Ensayista, traductora, en la actualidad enseña clásicas en la Universidad de Michigan, en Ann Arbor. Latinista y helenista, conoce el mundo clásico grecolatino tan bien como todos los movimientos de vanguardia del siglo XX. De esta fusión surge una de las poesías más originales.

Foto de A.C. : Ben Okri © 2010 Beowulf Sheehan/PEN American Center

 

 

Con Michaux en Bilbao ~ Derivas hacia el otro lado

     Visita relámpago a Bilbao. El anzuelo: la exposición “Henri Michaux. El otro lado” al museo Guggenheim de la que hace pocos días acabamos de regresar —¿regresar? ¿puede uno realmente volver de tales lejanías interiores, o tan sólo continuar explorando, surcando aquel océano del más adentro? “El alma es un océano bajo una piel”, escribió el poeta. “Algún día arrancaré el ancla que retiene mi navío lejos de los mares”. Y el pintor arrancó el ancla: “Pinto para descondicionarme.”

20180420_105220

    Subimos a bordo del hermoso navío “Guggenheim” –“barco ebrio” para la ocasión–, atracado en la ría-vía, velas izadas, listo para la inquietante travesía hacia “el otro lado”.

     Al timón, el fantasma de Michaux, atravesando la materialidad de sí mismo y de las cosas, humanas y no humanas, oteando espacios extra-ordinarios.

   En el puesto de vigía, Chantal Maillard, escrutando el horizonte michauxiano y registrando minuciosamente, en un magnífico prólogo y una atinada traducción, la aventura pictórica del escritor franco-belga en su libro de mapas, Henri Michaux. Escritos sobre pintura, espléndidamente (re)editado por Vaso Roto—; en él topamos con los abruptos relieves de sus paisajes, sus altas cumbres, sus hondonadas, sus quebradas, nos deslizamos por sus estrechos, pasajes y desvíos, por sus corrientes e intensidades, a ciegas palpamos sus sendas no visibles y las no trazadas, (nos) desaprendemos en sus extravíos, en sus naufragios, en sus trazos disruptivos, líneas de sondeo de tierras inmergidas —sub-yacentes.

   Nosotras simples tripulantes de ese barco ebrio con reminiscencias de Rimbaud: “yo es otro”… otro… otro… Multitudes. “Viento soy en el viento” escribió Michaux. ¡Qué mejor timonel podríamos soñar!

   El capitán Tao da la orden y zarpamos.

   Destino: el interior de la mente.

*

   En un estado mezcla de excitación y de silencio, recorremos las tres salas donde está expuesta, en tres secuencias, una parte del extenso registro pictórico (en torno a los rostros espectrales), signográfico (en torno a los alfabetos e ideografías) y sismográfico (en torno a la observación de la conciencia bajo sustancias psicoactivas) que Michaux rescató de sus periplos “al interior de sí”. Seis décadas de producción están aquí representadas, más de doscientas piezas expuestas (acuarelas, tintas chinas, gouaches, dibujos al lápiz, sanguinas, pasteles, frottages, acrílicos, óleos… Michaux fue un incorregible experimentador y mezclador de técnicas y soportes de los más diversos). Un estremecedor testimonio del “espacio del adentro”.

  Progresivamente, vamos dejando atrás la orilla. Desancladas, iniciamos la deriva. “Me preguntaron por qué adopto la pintura como instrumento… Primero la adopté para estar en apuros. Pero además estaba la voluntad de penetrar en un ámbito desde el cual podía darle un portazo a la literatura. Era un deseo de ruptura.” El timonel pone rumbo a alta mar.

 

 

*

  Primeras turbulencias, rostros. Rostros-manchas. Rostros deformes. Monstruos-payasos. Rostros rastreados en los pliegues de la mente. Rasgos del doble, el fantasma, el alma, la interioridad. A Michaux no le interesa el realismo ni la familiaridad del rostro exterior. Lo que busca con la pintura –con la interrelación entre manchas y figuras–, o con los frottages, es hacer aparecer el fantasma, los rasgos y colores del doble que le habita, lo que quiere es “retratar temperamentos”, disposiciones, tendencias, “los efluvios que circulan entre las personas”, identidades temblorosas. Y acuden a tropel esos rostros. Decenas, centenares. Vienen al encuentro. Michaux pregunta, se pregunta: “¿Soy yo acaso todos estos rostros? ¿Son de otros? ¿De qué profundidades proceden? ¿No serán acaso simplemente la conciencia de mi propia cabeza pensante?” En todos se reconoce. Porque “uno no está solo en su piel”, se es toda una tribu, muchedumbre de la que ora huye, con la que ora conversa: “Estoy habitado; le hablo a quienes-fui y quienes-fui me hablan. A veces me siento molesto como si fuese un extraño. Son ahora toda una sociedad y acaba de ocurrirme que no me oigo a mí mismo” escribía Michaux en su juventud.

 

20180425_130353

 

   Pero, ¿cómo lograr relacionarse armoniosamente con todos ellos? ¿De qué modo no repudiar, negar, o menospreciar algunos de esos rostros? “He dejado crecer en mí a mi enemigo” reconoce Michaux. Y Maillard anota en su libro de a bordo: “El enemigo es aquella especie de golem que se forma a partir de lo que hemos rechazado o a lo que nos hemos negado. El enemigo se yergue frente a nosotros como una montaña de negación mostrándonos nuestros miedos o nuestros deseos reprimidos.” El psiquiatra C. G. Jung llamaba a esa parte rechazada “la sombra”. La psicoanalista Clarissa Pinkola Estés hace referencia al “depredador de la psique”. Para Michaux es el fantasma, el doble, el enemigo interior. “El enemigo de Michaux, sigue apuntando Maillard, nace y se alimenta de todo lo inservible, lo que ha sido relegado al fondo de la mente, pasando a formar parte del lodo, o algodón, subconsciente.” El enemigo de Michaux. El nuestro también. El de cada uno. Ése que engrosa también la sombra de nuestras sociedades y estalla en todo tipo de violencias colectivas, en hostilidades, en alambradas, en guetos, en exterminios, en guerras. Entonces ¿qué?, ¿de qué modo?, ¿cómo “mantener en jaque las potencias del mundo hostil”? Mediante el exorcismo. El mago Michaux practica un doble exorcismo: exorcismo por la palabra, exorcismo por la pintura. En ambos casos, actúa sobre los ritmos, por medio del “martilleo” de la palabra en uno, mediante la repetición de las formas y de los trazos en otro. Para apaciguar el ritmo mental. Para disminuir el torrente de impulsos deseantes. Para “eliminar la confusión debida a las múltiples distracciones”. Para “concentrar las energías y utilizarlas en la senda espiritual.” Para el éxtasis. Ek-stasis: aquel salto fuera de los límites de la mente, fuera, por tanto, del yo.

*

   Las turbulencias van in crescendo, trazos. Trazos en busca de una pre-lengua. “Una lengua lo suficientemente despojada (de hábitos, de pertenencias, de giros, fórmulas y repeticiones varias, de estructura formal incluso) como para apresar el gesto, el trazo o trayecto de los seres y las cosas en su estar-siendo”, precisa nuestra vigía. Una lengua-gesto. Un gesto-signo. Un signo-moción, un signo-emoción. Partituras de signos. Una lengua nutrida por movimientos rítmicos. Gestos produciendo trazos. Michaux quiso concebir una suerte de lengua universal, constituida no de palabras a pronunciar sino de signos gráficos, “no realmente una lengua, pero enteramente viva, más bien emociones en signos que tan sólo serían descifrables por el desamparo y el humor.” Porque, explicita Michaux, “pinto con el fin de volver a mí; con el fin de reunirme con algo que me llama, que la escritura deja aparte, inafectado, con el fin también de unirme de otra manera a este mundo que se adormece si uno no colabora con él con algunos primeros movimientos”.

 

20180421_110140

 

   En su huida de toda lógica gramatical, la lengua de Michaux fue acercándose a la lógica ideográfica. El sinólogo francés, Marcel Granet, señala acertadamente que “la lengua china aspira principalmente a la acción. Trata menos de informar claramente que de dirigir la conducta.” Michaux sin duda asentaría, asiente de hecho: “La escritura debe tener una virtud tonificante. Es una conducta”, observa en su Ideogramas en China. Lengua eficaz para exorcismos de poeta. Una lengua libre del lastre de géneros, modos, tiempos, que favorece concentrarse en lo esencial: captar y expresar el movimiento continuo y entrelazado de los fenómenos. La mente también un fenómeno a observar con la mente misma. “En el campo de mi conciencia, no hay fijeza. No puede haber fijeza. La fijeza sólo se da cuando existen esfuerzos renovados… Unas espigas alzan las semillas que yo no he sembrado. En el campo de mi conciencia, hay extrañas, imprevisibles resonancias”, escribe Michaux en Vents et poussières cuyos dibujos se pueden ver en una de las vitrinas de la exposición. Y es con movimientos gráficos, con gestos-signos, flexibles, sinuosos, tan obvios como misteriosos, que Michaux responde a esa realidad dinámica, cambiante, diseminada. Adentro como afuera. Afuera como adentro. Maillard, desde su puesto de vigía, anota: “Una lengua que mostrase lo que a veces se percibe bajo la forma, bajo las formas, esa multiplicidad que bulle y se transforma.” “Ascesis de lo inmediato, del relámpago” escribe Michaux acerca de la lengua ideográfica. La suya también, esa lengua signográfica que inventa, relampaguea, cruzando veloz las oscuridades de la mente.

   “¡Qué emocionante será, escribía el poeta-pintor en 1954, cuando, habiendo llegado el momento a su punto deseable, habiendo adquirido la costumbre de pensar en signos, se intercambien secretos como si fueran trazos ‘naturales’, semejantes a un puñado de ramitas”. Como aquel haz de cuarenta y nueve ramitas de aquilea que el consultante del más antiguo libro sapiencial-oracular –el I Ching, Libro de las Mutaciones– manipulaba para obtener una de las ocho figuras de los trigramas que, junta a otra, formará hexagrama – Kua: líneas quebradas, líneas enteras. Líneas móviles. Signos no idiomáticos, más bien ritmos de la naturaleza: “Yi Tin, Yi Yang, che wei Tao / Un tiempo Yin, un tiempo Yang, / He aquí la vía, he aquí el tao.”

 

20180421_110044

 

*

   Sin preaviso, entramos en la zona de máximas turbulencias: la experiencia con psicótropos. Terra incognita.

   Michaux, ese “bebedor de agua” tal como se define a sí mismo, ingirió en varias ocasiones (a menudo bajo supervisión médica) diversas sustancias alucinógenas, no como medio de evasión sino de exploración: “Esto es una exploración. Por medio de palabras, signos, dibujos. La Mezcalina es la explorada”. Acompañó sus indagaciones con grafismos –sismo-grafismos– que atestiguaron de sus estados mentales durante la demoledora experiencia donde “la mente de Michaux observa la mente de Michaux” puntúa Maillard. Para acceder a “un poco de saber” — de saber interior, precisa nuestra vigía. Michaux se expone a las drogas “con el fin de captar los mecanismos del espíritu, esos mecanismos que en el estado ordinario no se nos muestran… Porque de ordinario la mente está ocupada en mil objetos diversos –tal es su función– el pensar ha de ser observado ‘bajo el microscopio de una atención desmesurada’… Este microscopio, para Michaux, es la mezcalina”, anota Maillard en su cuaderno de ruta.

   Locura o éxtasis. La tenue frontera a veces se desdibuja. “Toda droga os modifica los apoyos, escribe Michaux en uno de sus grandes libros sobre sus experiencias psicotrópicas. “Vuestro apoyo en los sentidos, el apoyo de vuestros sentidos en el mundo, vuestro apoyo en la sensación general de ser. Todos ceden. Tiene lugar una redistribución de la sensibilidad, que todo lo vuelve extraño, una compleja, continua redistribución de la sensibilidad”. Nuestra vigía atina: “El cerebro, mientras tanto, observa su propia tramoya. Y VE”. Su ver es un desplazarse: desde “el universo sólido del realismo ingenuo” al microfísico universo ondulatorio. Todo son ondas. Michaux deviene pulso sismógrafo, “sismógrafo de la pulsión del cosmos” (expresión certera de Alain Jouffroy recogido en el libro de a bordo). ¿Mundo percibido como ondas o ondas mentales que perciben? pregunta Maillard.

   Traza,,, tiembla,,, tiembla trazo,,, trazo-temblor oscila,,, ritma,,, ritmo alterna,,, ritmo repite,,, ráfaga,,, va-vuelve,,, alterna,,, no permanece,,, pasa,,, sacude,,, atraviesa,,, sin-fin-lo-finito,,, in.finito vibra,,, tiembla agujero,,, frente abismo-vértigo,,, quiebra,,,, resquebraja,,, desgarra,,, descuartiza,,,, bulle “infinito turbulento”,,, surge-desaparece,,, dis.loca.do,,, volverse onda,,, volver.se,,, un “fluir sin fluir”,,, frecuencia rítmica,,, vibrátil,,, veloz,,, intrusa,,, paz,,,

 

20180425_130759

   Porque la pintura de Michaux no es ninguna técnica de concentración, escribe nuestra vigía desde su privilegiado lugar de observación, “no es de ida sino de retorno, no es búsqueda sino expresión. La pintura es el testigo o, mejor, el instrumento del testigo”. En todo caso, Michaux no es del tipo de testigo que se ancla al mástil sino del que, como Butés en el relato de los Argonautas, se lanza al mar para atestiguar, desde dentro del oleaje, de la negra salpicadura de la sal de la conciencia…

   … Hora ya de recoger las velas. Nuestro timonel traza, a ráfagas, una última instrucción sobre la piel del mar: “Al centenar de olas que golpean su casco la nave responde con un amplio movimiento de oscilación. Bajo los golpes, uno tiende a recobrar una unidad. Apoyo en ellos. Sustentación. Las ondas, que crean dislocación, pueden también ser resplandor.”

   Paz. Paz en las rupturas.

  Llegado aquí, querido.a lector.a navegante, este informe, salpicado de espuma y sal negra, se vuelve ilegible… Aún te queda saltar por la borda, soltar la cuerda del lenguaje, danzar como tinta ligera al encuentro de este océano bajo tu piel… ¿Quién sabe (bajo) qué (rostro anterior te) hallarás…?

 

Muriel Chazalon

22-26 abril 2018

 

*Las imágenes de esta entrada son fotos sacadas por los miembros de la tripulación durante la travesía.

** Henri Michaux. Escritos sobre pintura. Edición, traducción y prólogo de Chantal Maillard, Vaso Roto, 2018.

http://www.vasoroto.com/?lg=es&id=4&lid=239

*** Catálogo publicado con ocasión de la exposición Henri Michaux. El otro lado. Guggenheim Bilbao, 2018.

**** Entrada del blog de Rosa, una compañera de deriva, acerca de su vivencia de la exposición Henri Michaux:

https://rosadibur.wordpress.com/2018/04/28/lespai-de-dins/

 

IMG-20180420-WA0007  Guggenheim_expo-Michaux_abril2018

 

El espesor de la ceguera. Chantal Maillard

René Magritte_Faux miroir_1928

 

Comment ceux qui n’ont pas vu peuvent-ils parler du voir? ¿Cómo se atreve a hablar del ver aquel que no ha visto?

No sé cómo colmar la fisura entre el mí y el más allá de mí que a veces habla por mi boca. La voz: crisol y válvula de escape de la gran negrura. Minúsculo elemento de rebeldía.

Pido perdón: he hablado demasiado. Sólo de los husos puedo dar cuenta cierta, los husos y sus hilos, y del viaje entre ellos, de uno a otro. Una topografía que puede ser de utilidad, tan sólo eso.

Por lo demás, nada sé salvo que más allá del pensar todo es silencio. No hay conocimiento al otro lado, no puede haberlo: todo lo que hay es percibido y el conocimiento se funda en el decir. Quien quiera inventar dioses, que no los sitúe más allá del mundo pensado. Ningún dios creado en el concepto lo trasciende. Ninguna teología da cuenta de otra trascendencia que la que se menciona en el concepto. La naturaleza del lenguaje es dual: si dice «aquí», ha de decir «allá». Los dioses, los de aquí y los de allá, son de este mundo, como el anhelo y el miedo, las formas de la insatisfacción y del deseo.

Pido perdón: he hablado de más. Nadie haga caso de mis vuelos. Nada hay en mis escritos digno de ser mencionado salvo el intento de desbrozar y distinguir del silencio lo que al pensar pertenece.

Habremos de empezar de nuevo. Empezar callando. No es necesaria la escritura. Lo que de verdad se hace para el espíritu no deja otras señales que las que se dan en él, y éstas son lábiles, constantemente han de ser renovadas. Nunca concluidas, las obras del espíritu. Nada que sea permanente. No existe el tiempo en ello, de ahí que todo esté siempre por hacer. De ahora hacia atrás, de atrás hacia delante, nada está hecho, en realidad.

De nuevo estoy hablando de lo que no sé. ¿Podría ser que algo de mí supiese algo que la razón no alcanza? Pero ¿qué saber sería aquel que no tuviese ideas con que pensarse, palabras con qué decirse ni imágenes con qué representarse? Todo aquello que se sabe es presa del lenguaje.

Importa tener claro en qué lado se está en cada instante. E importa saber que siempre que uno hable, cualquiera que sea el tema del que trate, que no se engañe: estará aquí, siempre estará

aquí.

*

Al centro guía la escritura. Allí donde el mí no se da. El centro es de todos, de quienes lo conocen como de quienes no, quienes lo encontraron, quienes lo han perdido o ni lo presintieron. Según el espesor de la ceguera.

*

Y ¿acaso muchos ciegos lograrán explicar el color verde mejor que uno solo?

Antes bien, ocupémonos de la mente. Ocupémonos de conocerla. No al modo en que lo hacen sus especialistas, ciegos entre los ciegos que se otorgan el derecho de guiar a los demás, sino desde el aquietamiento. Porque puede que la velocidad propicie la formación de ideas en las que, de tan repetidas, llegamos a creer. Aquella, por ejemplo, que por su insistencia nos lleva a pensar que «yo» sea otra cosa que el uso gramatical que nos distingue.

Aquietémonos pues, y dado que nos es tan imposible salir de la propia mente como saltar sobre la propia sombra, con ojos de sombra que contemplasen la sombra asistamos a los vaivenes de las formas sin pretender apresarlas.

 

Chantal Maillard, La mujer de pie (libro III: 147)Galaxia Gutenberg, 2015.

Imagen: René Magritte, Faux miroir, Huile sur toile, 24 x 32 cm, c. 1930

 

Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología occidental

 

Pocas obras se han escrito en el ámbito de la mitología con mayor ambición y calado que Las máscaras de dios. A lo largo de cuatro volúmenes, Joseph Campbell efectúa un exhaustivo estudio comparativo de las diversas mitologías del mundo, revelando su carácter unitario y universal, y cómo todas ellas todavía vibran en el mundo moderno. La presencia de motivos recurrentes en diferentes tradiciones aporta una prueba más del papel de los mitos como custodios de la historia espiritual del ser humano y los vuelve a situar en un lugar preeminente.

Esta nueva edición en castellano de Mitología occidental, revisada por la Fundación Joseph Campbell en 2016, examina pormenorizadamente las mitologías que florecieron al oeste de Irán, desde las antiguas culturas de la zona ribereña de Mesopotamia y Egipto hasta aquellas más cercanas como la helena o la romana. El estudio comparado nos permite observar cómo, en occidente, el fundamento del ser se personifica por norma en un creador, cuya criatura es el hombre, y cómo la función superior del mito y el ritual, frente a la concepción oriental, menos personalista, es establecer formas de relación de Dios con el hombre y del hombre con Dios, siempre en pugna y en busca de acomodo

Publicada entre 1959 y 1968, Las máscaras de Dios se compone de cuatro volúmenes. El primero, dedicado a la Mitología primitiva, indaga los motivos mitológicos de las culturas prehistóricas a la luz de los descubrimientos arqueológicos, antropológicos y psicológicos más recientes. El segundo volumen, Mitología oriental, se ocupa de las religiones de Egipto, la India, China y Japón. Además de este tercer volumen, la obra se completará con Mitología creativa, que trata sobre la importancia que ha tenido la herencia mitológica en el mundo moderno y sobre el ser humano como creador de sus propias mitologías. [Nota de Atalanta]

Joseph Campbell. Las máscaras de Dios. Mitología occidental (volumen III). Editorial Atalanta, 2018. Trad. Isabel Cardona. Edición revisada por Santiago Celaya.