Cecilia Vicuña: “El Premio Velázquez a mis ‘basuritas’ señala un cambio de conciencia”

Es una artista auténtica, invisible hasta que la última Documenta de Atenas la ‘situó’ en el mapa. Su obra es poesía espacial y la palabra su mejor arma. El CA2M de Móstoles celebra desde mañana la primera retrospectiva de Cecilia Vicuña en España con sus pinturas “pop indígena”, quipus y ‘basuritas’

LUISA ESPINO19 febrero, 2021

Cecilia Vicuña en la Documenta de Atenas. Foto: Daniela Aravena
Cecilia Vicuña en la Documenta de Atenas. Foto: Daniela Aravena

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Cecilia Vicuña (Santiago de Chile, 1948) habla sin prisa, acariciando cada palabra de la misma manera que arma con ellas toda su obra, ya sea poesía, performance, pintura o escultura. Huye de “las categorías de la cultura occidental” y se mueve libremente entre un medio y otro. Lleva décadas trabajando, desde 1980 en Nueva York, aunque la mayoría no supimos de su existencia hasta hace tres años, cuando presentó su monumental quipu inca teñido de rojo carmesí en la Documenta 14 en Atenas. Esa enorme pieza textil conectaba a las diosas andinas con la mitología griega y fue la más fotografiada de la cita. Lo recuerda Vicuña con cierta gracia: “50 años haciéndolos y la gente empieza a interesarse por esa cosa roja entonces”. Dos años después, en 2019, recibió el Premio Velázquez de las Artes Plásticas en España y, de nuevo, muchos se preguntaron quién era aquella mujer de aspecto indígena que ya peinaba –y en una larga trenza– canas. 

Parece como si esta poeta, artista y activista hubiera llegado a todo antes que los demás. Se adelantó a tendencias que hoy son imperantes como la defensa del medioambiente, el uso de materiales de desecho (basuritas) con los que construyó pequeñas esculturas en la orilla del mar y el arte textil. Todas las obras tienen un profundo sentido de compromiso y de conciencia del ser y el estar en el planeta, y la mirada puesta en el arte precolombino antes, incluso, de que circularan libros sobre el tema y de que los museos comenzaran a revisarlo.

Pregunta. No cree en categorías y sin embargo creó el arte precario, sus pequeñas esculturas efímeras, ¿cómo surgió? 

Respuesta. Fue en enero de 1966 en Concón, en Chile, aunque nunca haya sido reconocida como una creación de ese momento y de ese lugar. Estaba en la playa y sentí que el viento no solamente pasaba sino que jugaba conmigo, daba la vuelta por mi cintura. Entonces comprendí que todo a mi alrededor –la luz, el mar, la arena– todo era consciente, todo veía como yo veo. Agarré un palito y lo paré en la arena y aquello me comunicó todo lo que ella era, es decir, el bosque destruido, las ramas que viajan por el mar y son botadas en la playa, todas esas basuras de plástico que están ahí repartidas. La inmensa mayoría han desaparecido y solo de algunas existen fotos. Como dice un sabio balinés: las obras de arte son para la divinidad y nosotros, los humanos, aprovechamos sus restos materiales. El CA2M va a ser el primer museo donde no voy a hacer obras nuevas por el hecho de que por la pandemia no puedo ir para allá. Generalmente en los museos encuentro basuritas maravillosas.

“El quipu es más antiguo que la escritura alfabética. el derecho a la propiedad comunal y familiar estaba escrito en esos nudos” 

P. Su obra La ruca abstracta (1974), ¿tiene también que ver con esas basuritas

R. Claro que sí. Esa ruca está relacionada con algo que en Chile se llama las animitas. Cuando hay accidentes de tráfico, las familias de los muertos hacen unas capillitas en miniatura a modo de pequeños altares para que haya memoria de que allí murió una persona amada. La muerte de Allende fue para mí fue un dolor tan infinito… Significaba asesinar un mundo completo, un potencial de revolución democrática por la justicia. Hice entonces esta ruca como una animita para él. Estaba en Londres en un exilio miserable, apenas comía, y escogí lo que tenía a mano y pinté su retrato en un pedazo grande de madera para una muestra que había organizado con mis compañeros en el Royal College of Art. 

'La ruca abstracta', 1974, en la exposición del CA2M
‘La ruca abstracta’, 1974, en la exposición del CA2M

P. ¿Cómo explica el juego de palabras de Veroír el fracaso iluminado, el título de su exposición en el CA2M?

R. Compuse ese título pensando en qué es lo que realmente mi trabajo comunica: un modo de percepción, en el que sentipensar o veroír se fusionan como el arte y la poesía. Lo que es y lo que no es, un estado potencial. Estas conjunciones las llevo escribiendo desde hace muchas décadas, aparecen con mucha claridad en los ochenta en los primeros libros de la palabra. Pero la idea del fracaso está en mi obra desde los sesenta, cuando escribí un poema en el que cuento que yo nací bajo el signo del fracaso. Asumirlo fue para mí absolutamente liberador. 

El fracaso de la humanidad

P. ¿A qué tipo de fracaso se refiere? 

R. Al fracaso de la humanidad y al fracaso personal. El fracaso de la humanidad es también su triunfo porque es la invasión del planeta. Los virólogos dicen que nuestra especie ha tenido tanto éxito que ha ocupado todos los espacios del planeta pero si nuestra especie se extingue va a ser precisamente por eso. Entonces, ¿es triunfo o es fracaso? Es el fracaso de no haber sabido cuidar la Tierra. Esa frase del título no se puede entender ni para delante ni para atrás, pero funciona de otra manera, de una manera no lineal.

El otro corpus de trabajo fundamental en la obra de Vicuña son los quipus, un sistema de escritura de nudos que utilizaban los antiguos incas. Para realizarlos a gran escala –el de la Documenta tenía 8 metros de altura– la propia artista enrolla su cuerpo en las grandes telas. “El quipu –explica Vicuña– es más antiguo que la escritura alfabética o la escritura de Mesopotamia. Cuando los españoles llegaron encontraron que estas hebras anudadas eran como una estopa para limpiar el piso y no le dieron ninguna importancia y al cabo de casi un siglo se dieron cuenta de que el registro del derecho a la tierra, a las aguas, es decir, del derecho a propiedad comunal y familiar, estaba escrito en esos nudos. Lo prohibieron pero lo más extraordinario es que no murió, siguió en las comunidades de pastores altoandinas que lo mantuvieron en secreto”.

P. ¿Cómo fue su acercamiento al arte precolombino?

R. Mi tía, la escultora Rosa Vicuña, tenía pasión por el arte precolombino. En una época, los años 50 y 60, en que era un absoluto desconocido ella sí tenía libros y de ahí partió mi pasión. De adolescente tenía fotos de los quipus y de las cerámicas NazcaYoko Ono y los textiles, una al lado de la otra. Mi estética es una estética silvestre de los setenta, pop si quieres, pero de un pop indígena, de otro orden.

P. ¿Qué le interesaba reflejar en las representaciones de la mujer que hacía entonces? 

R. Desde un comienzo empecé a pintar la menstruación y la violencia contra la mujer. No recuerdo que el tema del feminicidio estuviera tan presente como ahora. Entonces, ¿cómo era posible que una niña tuviera conciencia de toda esa violencia? Yo creo que toda mujer es consciente del peligro. 

Vista de sus 'Basuritas'
Vista de sus ‘Basuritas’ en Kunstinstituut Melly, Róterdam

P. Se fue apartando de la pintura, ¿ha vuelto a ella?

R. No fue así. Fue la pintura la que se apartó de mí a fines de los setenta porque mi vida era tan difícil… y como nadie valoraba mi pintura, ella empezó a retirarse. Para mí fue un dolor infinito, no quería aceptarlo e hice intentos por recuperarla pero ella no quería. Entonces la dejé, efectivamente, pero sabía que yo cuando vieja iba a volver a pintar y me di cuenta de que me había convertido en viejita porque de repente estaba pintando. Estoy tratando de reencontrar esa pincelada, esa mano, esa imaginación. Pintar es como entrar en un holograma. Al pintar todo ese universo que existe entre la tela y mi mano vuelve a la vida. 

“Mi estética es una estética silvestre de los setenta, pop si quieres, pero de un pop indígena, de otro orden”

P. Su obra ha empezado a ser reconocida hace tres años, ¿de qué vivía antes?

R. Nunca tuve un trabajo conocido por eso pasaba las que pasaba. Mi trabajo era el arte y la poesía, como se dice en inglés no matter what, no importa lo que estuviera pasando, si comía, no comía, si tenía frío o calor. 

P. Últimamente son muchas las exposiciones que rescatan a mujeres artistas ya casi octogenarias… 

R. Exacto, por ejemplo la Documenta 14 era exactamente eso, una celebración de las mujeres todas viejitas, con decirte que yo a los 70 años estaba entre las jóvenes. Fue la primera experiencia en la que las mujeres ancianas tenían significado y tenían algo que decir como colectivo. Creo que esa Documenta, que fue muy vapuleada por la crítica de poca visión, eventualmente va a ser reconsiderada como un momento muy excepcional. 

Tardío reconocimiento

P. ¿Y cómo recibió en 2019 el Premio Velázquez, el más importante en España?

R. Como una gran sorpresa, primero porque no puedo ir a Madrid sin visitar a Velázquez y llorar frente a sus telas. Y que me den a mí el Premio Velázquez por mis basuritas era un paradigma de que había cambiado de planeta, un milagro, que señalaba este giro de orientación de la conciencia del arte hacia una conciencia colectiva. 

P. ¿Es su proceso creativo solitario o colectivo?

R. Tiene esa dualidad. Sucede en el silencio, en la soledad. Viene y va hacia la poesía entendida de una manera indígena, no de una manera occidental, para mí no es escritura en una página. Todo acto creativo es siempre una colaboración porque todo lo que hacemos viene de alguna parte y va a otra parte y en eso participa todo.

@LuisaEspino4

En busca del sueño perdido

¿Por qué soñamos? ¿Para qué? El neurobiólogo brasileño Sidarta Ribeiro se enfrenta a estas preguntas en ‘El oráculo de la noche’, un ensayo que resume los avances de una nueva disciplina: la ciencia onírica. Su libro forma parte de una creciente atención editorial al mundo del descanso nocturno en estos tiempos en que la pandemia ha acentuado el insomnio y la distracción tecnológica

JUAN ARNAU | 30 ENE 2021

'Autorretrato en el agua' (1991), de Robert Stivers.
‘Autorretrato en el agua’ (1991), de Robert Stivers.

Los sueños son como las estrellas, cuando los observamos, vemos un mundo antiguo. Además, son tan delicados que parecen no soportar nuestra mirada y el observador enseguida se transforma en observado. Pero ¿qué es un sueño?, ¿por qué soñamos?, ¿para qué soñamos? Las preguntas se multiplican. ¿Cómo extraer el sentido simbólico de los sueños? Y, más difícil todavía, ¿dónde hemos de buscar ese sentido?, ¿en la vigilia o en el propio sueño?

Para la filosofía de las upanisad, la vida es un viaje a través de diversos estados de conciencia. El sueño, la vigilia y el sueño profundo. El primero nos inspira, en el segundo situamos el significado, el tercero nos borra y borra las cosas. Cada uno tiene sus reglas, y sus cuitas. Hay un cuarto estado, es el modo en el que la mente india concibe la realidad. Se llama moksa: liberación. Para la mentalidad actual la situación es bien distinta. Esa diferencia se expresa en las lenguas modernas, que oponen el sueño a la realidad. “¡Esto no es un sueño, es real!”, decimos cuando algo nos sorprende (una pandemia, una escena surrealista, una goleada). Pero los sueños pueden ser más reales que la realidad misma. Lo vemos en las enfermedades mentales, que comparten con los sueños las alucinaciones, los delirios y cierta “flexibilización de la lógica” (o de la identidad). Desde un punto de vista cualitativo, las alucinaciones que provocan la ayahuasca, la esquizofrenia o los sueños difieren poco. Las dos primeras tienen un mayor grado de intensidad y viveza, son mejores narraciones (y más dolorosas) que la última, si se trata del sueño anodino del burgués.

Los científicos nacidos en culturas con un pasado indígena todavía vivo tienen una actitud más abierta hacia innovaciones retroprogresivas que los del mundo anglosajón (educados en el voluntarismo, el puritanismo, y devotos de un determinismo que deja poco espacio a la inspiración). El neurocientífico brasileño Sidarta Ribeiro es un buen ejemplo de esa mentalidad científica abierta y desprejuiciada. En su libro El oráculo de la noche conviven las narrativas oníricas y esa otra narración que llamamos neurociencia. Un tema fascinante y evanescente que rastrea los avances de una nueva disciplina: la ciencia onírica.

Para la Inquisición, la revelación onírica era blasfema. El racionalismo la deslegitimó como fuente de conocimiento

En el siglo XVI, la cristiandad consideraba la revelación onírica como fuente de blasfemia y la Inquisición se ocupó de aplacarla. La decadencia del sueño como fuente legítima de conocimiento fue ratificada por el racionalismo. Karl Popper sostenía que era imposible una ciencia del sueño porque el sueño era irrefutable, y para que algo sea científico tiene que ser refutable. Un buen ejemplo de esa actitud retrógrada lo tenemos en científicos influyentes como Daniel Den­nett, que se niega a aceptar la existencia de los sueños. Dennett considera que el sueño es un fenómeno de la vigilia, una rápida reelaboración realizada por el cerebro despierto. Pero las evidencias científicas en la última década han puesto en jaque esa opinión.

El arte de la noche puede penetrar en el arte del día. Los sueños son capaces de combinar con éxito ideas científicas. “El yo subliminal sabe discernir y adivinar, tiene tacto y delicadeza y triunfa donde el yo consciente ha fracasado”. Matemáticos como Poincaré (al que pertenece la cita) o Ramanujan (que recibía en sueños fórmulas matemáticas de la diosa Laksmi), químicos como Mendeleev, naturalistas como Wallace o filósofos como Descartes lo experimentaron. Pero al margen de estas excepciones, el sueño pasó a considerarse un pálido reflejo de lo que ocurre en la vigilia. Freud trató de rehabilitar los sueños como “vía regia” para explorar las profundidades de la mente, pero fue vilipendiado por la autoridad científica. La idea de que los síntomas corporales podían proceder de meros pensamientos (y no de lesiones cerebrales) no era aceptable para los neurólogos, y mucho menos la idea de que los pensamientos pueden cambiar el cerebro.

Miedo a la mente

Según la mayoría de los indicios, la esquizofrenia tiene un origen genético. Es decir, se encuentra asociada a experiencias pasadas que dejaron su rastro en la mente. Recuerdos que debían ser bloqueados vuelven cuando no tendrían que hacerlo, lo que aterroriza al paciente, que revive espectros del pasado. La psiquiatría moderna se ha centrado en bloquear esos recuerdos con inhibidores de dopamina y serotonina. Para el mundo antiguo estos delirios eran signos sagrados, presagios o guías, experiencias de contacto con el mundo sutil que hay tras los bastidores de la existencia. La civilización científica fue reduciendo esos diálogos a narraciones más elementales, con el propósito de intervenir en ellas desde fuera, con el objeto de cortar la conversación. Nadie lo ha expresado mejor que Foucault: “El conocimiento no está hecho para comprender, está hecho para zanjar”. Los locos o las personas psicóticas, que antes ardían en las hogueras, hoy se encierran o se atiborran de inhibidores de dopamina. Un signo inequívoco del miedo a la propia mente. El trabajo que antes hacía la Inquisición ahora lo hace el Estado, que asume la tarea de vigilar y castigar a esas personas en instituciones pagadas por los ciudadanos de orden.

A diferencia de la neurología, la psiquiatría trata con trastornos mucho más sutiles que no se revelan al examen neurológico. La investigación moderna ha detectado dos grandes tendencias en los delirios, la psicótica y la neurótica. En ambos casos está en juego la consideración de la identidad personal. El neurótico tiende a sublimar el yo; el psicótico, a diluirlo. Salvación del yo o liberación del yo, un viejo dilema que ya planteó el budismo. Nuestro mundo es esencialmente neurótico, y el antiguo e indígena, psicótico, aunque no faltan interferencias cruzadas entre ambos. En la medicina india tradicional, al esquizofrénico no se le saca de su estado por debajo (con depresores) sino por arriba, alentando su euforia. Los psicóticos han levantado el velo, mientras que los neuróticos viven enterrados en un montón de mantas. Ambos extremos claman por un equilibrio. Los primeros viven en un sueño intenso; los segundos, en uno anodino.

El sueño, que consolida los recuerdos, podría ser un episodio de psicosis indispensable para la salud mental

La tesis de Ribeiro es que el sueño podría ser un episodio de psicosis indispensable para la salud mental. Los estudios de neuroimagen muestran una notable similitud entre el sueño REM y la psicosis. Las fantasías oníricas podrían tener relación con los delirios esquizofrénicos y eso suponía un gran potencial terapéutico: la “vía regia” de Freud para acceder a las profundidades de la mente. Pero cuando se descubren los antipsicóticos, fármacos capaces de bloquear la dopamina del cerebro (muy útil para los familiares de los enfermos), pierde interés esa línea de investigación. Como en el caso de la ficción y la realidad, los dominios de la vigilia y el sueño no parecen completamente separados. Hay estudios que sugieren que la psicosis puede ser resultado de la intrusión del sueño en la vigilia. Lo interesante es que esas incursiones ocurren generalmente en el campo del lenguaje: “La mayoría de los síntomas psicóticos son auditivos, voces sarcásticas, acusadoras o imperativas, a veces incesantes, que suenan dentro de la cabeza”. Parece como si un antiguo yo esgrimiera reproches y reclamara deudas pendientes. La voz del padre de Lacan, aunque esas voces pueden ser más antiguas. Julian Jaynes sostiene que los psicóticos de hoy representan la persistencia, socialmente inaceptable, de una mentalidad antigua. Serían fósiles vivientes de otra forma de conciencia. De un tiempo en que no era infrecuente escuchar voces. De ahí el deseo del esquizofrénico de escapar al bosque o a la montaña. Prefiere el riesgo de la naturaleza al malestar en la cultura.

Memoria renovada

El sueño REM participa en la consolidación de la memoria, cuya eficacia depende del olvido. Los sueños hacen olvidar lo que no importa y dan relevancia a lo importante. La supresión de recuerdos no deseados es un hecho cerebral cuantificable (desactivación del hipocampo y la amígdala). Investigaciones recientes sugieren que los recuerdos no son de fiar. Pierden las patas y ganan alas, reciben con gusto nuevos detalles y asociaciones, pasan por el filtro de la seducción, la censura o el deseo. Sabemos que los recuerdos no se fijan una vez vividos, sino que ofrecen diversas versiones cada vez que son reactivados. Una renovación que depende del mismo proceso (regulación de genes y producción de proteínas) que se activa durante el aprendizaje. Cada vez que rememoramos algo, lo reconstruimos. De ahí que los recuerdos carezcan de lugar. El recuerdo es más una actividad que un objeto. Y dado que se activan cuando dormimos, los sueños los consolidan.

“El alma humana, cuando sueña, desembarazada del cuerpo, es a la vez el teatro, los actores y el auditorio”. A la frase de Addison, Borges añade que es también el autor de la pieza que se representa. Pero se trata de un autor desconocido, que ni uno mismo reconoce. Por eso hay tantos sueños como los géneros literarios (satíricos, alegóricos y proféticos, banales y mudos). Hay sueños inventados por el sueño y sueños inventados por la vigilia. Pensar que los sueños vienen de dentro (del interior del cerebro) es la opción moderna. La antigua fue pensar que carecen de lugar, que nos visitan y nos guían entre bastidores (una idea antigua planteada por el budista Vasubandhu). En las capas más profundas del inconsciente se almacenan incontables imágenes y experiencias compartidas que pueden aflorar en cualquier momento. Un legado viviente al que Jung accedía mediante pacientes que sufrían intensas alteraciones emocionales. En ellas se ponen de manifiesto arquetipos e imágenes primigenias de la psique, que gozan de energía propia y considerable autonomía. Imágenes capaces de dirigir el comportamiento e incluso adueñarse de la voluntad.

La ciencia moderna, hasta hace muy poco, negaba la autoridad de los sueños. La tendencia ahora es recuperar esa voz. Pero hay un riesgo. Cuando las técnicas chamánicas se introducen en el laboratorio, se corre el riesgo de perder sus marcos simbólicos y rituales

Para las culturas antiguas el sueño no significa irrealidad, sino un estado de conciencia particular del que se puede extraer conocimiento. La vigilia convive con el sueño, pero no tiene más realidad que este. Para los amerindios, los sufíes o los budistas, los sueños son el umbral de otro plano de realidad. Un ámbito que existía antes de que naciera el soñante y que lo sobrevivirá. Todas estas tradiciones tienen un largo historial de conocimientos de plantas y hongos. Cada vez resulta más evidente que la criminalización puritana de estas sustancias debe terminar y que las sustancias psicodélicas pueden ayudar al tratamiento de enfermedades mentales. Soñar mejora la salud del cuerpo y la plasticidad neuronal. La molécula de DMT o el té de ayahuasca produce poderosas experiencias visuales y es muy utilizada con fines terapéuticos en Brasil. Produce una purga psíquica que incluye una fuerte autocrítica y revivir actos del pasado. Los psicodélicos serotoninérgicos como el LSD o la psilocibina son los que mejor emulan el estado onírico. Esta última reduce la depresión y la ansiedad cuando se administra en dos dosis durante las sesiones de psicoterapia. Está probado que el MDMA, el principio activo del éxtasis, es una solución efectiva para el estrés postraumático. Cuando no está contaminado con otras sustancias, produce una intensa liberación de serotonina en el propio cerebro desatando “estados de gracia”, un amor intenso por los demás y una felicidad inmensa de existir. Estas dos moléculas están muy cerca de ser aceptadas por la psiquiatría tradicional.

La ciencia moderna, hasta hace muy poco, negaba la autoridad de los sueños. La tendencia ahora es recuperar esa voz. Pero hay un riesgo. Cuando las técnicas chamánicas se introducen en el laboratorio, se corre el riesgo de perder sus marcos simbólicos y rituales. Monjes y chamanes no entienden la necesidad de probar lo que les resulta evidente. Las últimas investigaciones han confirmado el sueño lúcido que, según Ribeiro, ocurre de forma espontánea a todo el mundo al menos una vez en la vida y cuya frecuencia decrece tras la adolescencia. El tráfico entre ambos mundos es cada vez más intenso. El tema es fascinante. Mirar hacia dentro puede ser tan revelador como mirar hacia fuera. Los sueños tienen todavía mucho que decirnos.

https://elpais.com/babelia/2021-01-29/en-busca-del-sueno-perdido.html

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Cómo Louise Bourgeois utilizó el dibujo para aliviar la ansiedad

Louise Bourgeois Dibujos Hauser y Wirth
Louise Bourgeois en su casa de West 20th Street, Nueva York, 2000 | Fotografía: © Jean-François Jaussaud; © The Easton Foundation / Con licencia de VAGA en Artists Rights Society (ARS), Nueva York

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La fundamental artista Louise Bourgeois recurría al dibujo como a un medio de terapia; en tiempos como estos, quizás sus obras complejas y coloridas también puedan ofrecernos algún alivio.

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25 DE MARZO DE 2020 | Belle Hutton

Vivir una pandemia con todos los cambios y desafíos desconocidos con los que nos enfrentamos, se convierte en una época de ansiedad. Cuando la difunta artista Louise Bourgeois sentía llegar una oleada de preocupación, dibujaba. “Sé que cuando termino un dibujo, mi nivel de ansiedad disminuye”, dijo una vez. “Cuando dibujo significa que algo me molesta, pero no sé qué es. Así que el dibujo se convierte en un tratamiento para la ansiedad”. En estos tiempos inciertos, las instituciones de arte de todo el mundo han tenido que cerrar para frenar la propagación del Coronavirus y, por consiguiente, encontrar formas alternativas de presentar el arte en una realidad que, de repente, se hizo mucho más virtual. Para su exposición inaugural en línea, la galería internacional  Hauser & Wirth presenta Louise Bourgeois: Drawings 1947 – 2007, una apuesta que percibimos como una elección pertinente, dado el alivio que la propia artista buscaba al crear sus obras.

Louise Bourgeois: 12 dibujos. 1947-2007

Famosa por sus esculturas de arañas, sus estampados en tela y sus grabados, Bourgeois comenzó a dibujar a una edad temprana ayudando a sus padres en su estudio de restauración de tapices en las afueras de París. Arañas y espirales se repiten a lo largo de los dibujos de Louise Bourgeois –comparó a su amada madre, que murió cuando el artista tenía poco más de veinte años, con una araña– y sus piezas, dibujadas con tinta, acuarela y lápiz, abarcan desde lo abstracto a lo realista. La propia artista dijo acerca de estas variaciones: “Los dibujos más realistas son para mí una forma de concretar una idea. No quiero perderla. Con los dibujos abstractos, cuando me suelto, puedo deslizarme hacia el inconsciente”.

Los dibujos de la exposición de Hauser & Wirth abarcan varias décadas y fueron elegidos por Jerry Gorovoy, un ex-asistente de estudio y amigo de Bourgeois, que es ahora el presidente de la Fundación Easton, creada en nombre de la difunta artista. A lo largo de su vida, Bourgeois recurrió constantemente al arte como a un medio de terapia; utilizaba su creatividad para trabajar con emociones intensas, tanto positivas como negativas. “Como víctima del síndrome de Tourette, siempre sintió que tenía que confesarlo todo, lo que podía resultar incómodo para los demás, una vez se llamó a sí misma la mujer sin secretos”, escribió Gorovoy tras su muerte en 2010 . “En su arte no tenía ningún miedo, mientras que en su vida real decía que era como un ratón detrás del radiador”. Bourgeois describió el arte como una “garantía de cordura”.

Louise Bourgeois Dibujos Hauser y Wirth
Louise Bourgeois trabajando en un dibujo en espiral en su casa en West 20th Street, Nueva York, 1970© The Easton Foundation / Con licencia de VAGA en Artists Rights Society (ARS), Nueva York

La naturaleza terapéutica del arte de Louise Bourgeois es también, de alguna manera, universal, se extiende más allá de su propia relación con la obra, y resuena con los espectadores de una manera única. “La primera vez que vi su trabajo lo sentí tan personal”, dijo la diseñadora Simone Rocha a AnOther el año pasado. La colección Otoño/Invierno 2019 de Rocha se inspiró en Bourgeois y ofreció estampados y bordados de telarañas. “Simplemente sentí que mis sentimientos estaban representados como en una página… Era la misma sensación que con mis diarios de adolescencia pero, obviamente, bajo una forma más hermosa”. Los dibujos también eran como unos diarios para Bourgeois; un lugar en el que atemperaba sus ansiedades, trabajaba con sus recuerdos de infancia y expresaba sus emociones. “He llevado un diario desde que tengo uso de memoria y mis dibujos son realmente otro tipo de diario”, dijo.

Los complejos y coloridos dibujos de Louise Bourgeois –una constante a lo largo de su vida, aunque no tan conocidos como sus famosas series Cells o su gigantesca escultura Maman– fueron una parte importante de su práctica artística, pero también cumplieron un propósito. Creó arte sin descanso hasta su muerte, acaecida a la edad de 98 años, según parece como una forma de permanecer cuerda. En momentos como estos, tomarnos una pausa para mirar los atractivos dibujos de Louise Bourgeois podría ayudarnos también a hacer lo mismo.

La exposición en línea  Louise Bourgeois: Drawings 1947-2007 estará abierta a partir del 25 de marzo de 2020.

https://www.anothermag.com/art-photography/12375/louise-bourgeois-drawings-anxiety-hauser-wirth-online-exhibition

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Conjuros y ebriedades. Cantos de mujeres mayas

Especialmente dedicado a las mujeres del taller “Ascesis Creadora II“, a sus trazos y exorcismos

Este libro de artistas mayas es una antología de hechizos, himnos y encantamientos, fue grabada originalmente en lengua tzotzil (un dialecto maya), y sus textos, posteriormente, se transcribieron y tradujeron por la poeta Ámbar Past quien dice: “De la tierra nos inspiramos: fotocopiamos el fósil de una hoja tropical, la superficie de un caracol marino”. Efectivamente, el rostro de cartón respira, mira a través de la ranura de sus ojos, habla con su boca abierta dentro del papel y si lo tomamos entre las manos, los ojos nos ven, tal como dice Elena Poniatowska, y añade, “Conjuros y ebriedades es uno de los cien libros más bellos del mundo”.

Encuadernado en tablas cubiertas de papel marrón hecho a mano, con una gran cara en relieve que representa a la diosa maya del desierto llenando la portada. Las páginas finales también están hechas a mano. Alojado en una caja de cartón impresa con título blanco en el panel del lomo. Contiene 45 encantamientos poéticos, 40 ilustraciones xerografiadas, entre otras ilustraciones varias.

Estos Conjuros y ebriedades fueron soñados por mujeres mayas de los Altos de Chiapas. Las autoras tzotziles de este libro no saben leer. Ellas alegan que estos cantos les fueron entregados por sus antepasadados, los Primeros Padresmadres, quienes conservan el Gran Libro donde guardan los conjuros. Loxa Jiménes Lópes, de Epal Ch’en, Chamula, cuenta que una Anjel, hija del Dueño de las Cuevas, comenzó a hablarle en su oreja y luego en sueños le mostró el Libro con todas las palabras de los cantos.

–Ámbar Past


El Taller Leñateros que lo edita, es una comunidad de artistas mayas, fundada en 1975 por el poeta Ambar Past. Su especialidad es el papel hecho a mano, libros de artista, serigrafía y grabado (en bloques de madera y superficies afines), gráficos de pansey, tintes naturales, etcétera.  El taller capacita y da empleo a personas de su comunidad. Uno de los mejores ejemplos es Conjuros y ebriedades. Cantos de mujeres mayas en el que participaron 150 mujeres mayas.

Ámbar Past es una poeta, narradora, ensayista y artista nacida en Carolina del Norte, Estados Unidos, el 22 de noviembre de 1949. Es ciudadana mejicana desde 1972 y trabaja en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, donde, en 1975, fundó el Taller Leñateros.

Prólogo de Juan Bañuelos.
Lugar de edición: San Cristóbal de las Casas, Chiapas
Editorial: Taller Leñateros
Año de edición: 1998
ISBN: 9789709011067

Precio: 300 €

Encanto para no tener que ir al otro lado
(Xunka’ Utz’utz’ Ni’)

Toma en cuenta, Kajval,
que te estoy hablando.
Te traigo humo.
Aquí te doy tus flores.

Toma en cuenta, Kajval,
qué tanto me vas a dar.
Los otros tienen caballos.
Tienen borregos.
Tienen gallinas.
Tienen camiones.

Toma en cuenta, Kajval,
qué me vas a dar.

No quiero trabajar en ninguna finca.
No quiero ir a otra casa.
No quiero ningún trabajo lejos.
No quiero ir a Los Ángeles.
No quiero ir a La Florida.


K’u cha’al mu sa’ abtel ta nom ti smalale
(Xunka’ Utz’utz’ Ni’)

K’u yepal tana, Kajval,
chajta ta k’oponel, chajta ta ti’inel.
Tzakbo ti jbej yo xch’ail.
Tzakbo ti jbej yo xnichime.

Vo’ot xanopbe atuk tana un.
Vo’ot xat’ujbe atuk tana un, Kajval.
Ti k’usi xavak’be une, ti k’usi xak’elanbe un.
A li yan avalabe, a li yan anich’nabe, Kajval.
Oy k’usi oy yu’un.Oy ska’ik, oy xchijik.
Oy yalak’ik, oy skamyonik.

K’u yepal tana, Kajval,
k’usi xavak’bun, k’usi xak’elanbun.

Ja’ ti mu xu’ ti nom abtele.
Ja’ ti mu xu’ ti pinkae.
Ja’ ti mu xu’ ti asyentae, Kajval.
Ja’ mu jk’an xbat ta Los Anjeles.
Ja’ mu jk’an xbat ta Florida.

https://lenateros.wordpress.com/2008/07/03/conjuros-y-ebriedades/

https://farogamoneda.wordpress.com/2019/06/02/un-texto-de-antonio-gamoneda-sobre-la-poeta-ambar-past-en-la-revista-mexicana-la-otra-2014/

Donna Haraway: Pensar, imaginar, tejer modos de vida en un planeta herido

Emma Rodríguez © 2020 / 

Aquí y ahora, en los denominados tiempos de nueva normalidad, pero que seguramente sería mejor definir como de urgencia, me ha resultado estimulante leer a Donna Haraway, quien recurre una y otra vez a esta palabra, “urgencia”. En proceso de recuperación de una pandemia devastadora a nivel global, situados en el territorio de la inquietud y la incerteza, hemos recordado la fragilidad de nuestra condición y estamos siendo conscientes de que algo lleva mucho tiempo yendo mal, como indicaba el historiador Tony Judt; de que el sistema socioeconómico voraz en el que estamos inmersos va en contra del futuro del planeta y de nuestra vida, de la continuidad de la vida.

La ruptura de los equilibrios, la quiebra de la biodiversidad, tiene que ver con lo que estamos viviendo. Los científicos alertan de la llegada de nuevas olas de infección en años venideros debido a la constante degradación natural; a la desaparición de especies que actúan como escudos ante los virus y a la expansión de los mercados de animales salvajes, hecho en el que sin duda influye la extrema pobreza y la desigualdad. Todo está relacionado. El sistema depredador capitalista tiene graves consecuencias. En su ensayo Seguir con el problema.Generar parentesco en el Chthulucenopublicado en castellano por la editorial vasca Consonni, Haraway parte de la agresión que los seres humanos hemos causado a “otros organismos” que deberíamos haber cuidado como compañeros de camino, habla de generar alianzas entre especies y se sitúa frente al que es el mayor desafío de la humanidad, el cambio climático. Gran parte del desastre ya no tiene solución. Es imposible partir de cero, pero aún podemos pensar e imaginar futuros de supervivencia, tejer redes de recuperación en una tierra dañada.

Entrar en el territorio Haraway, acceder a sus claves, no es sencillo. La ruta debe realizarse desde la disposición de quien disfruta explorando, de quien no teme abandonar los senderos trillados y los prejuicios para dejarse deslumbrar. Pero una vez dentro, en lo esencial, hay momentos en los que todo resulta cristalino, pues la red en la que nos envuelve la autora es la red de lo colectivo, del sentido de colaboración, de responsabilidad con todo lo que nos rodea. Haraway nos dice que somos el ahora, el antes y el después; que los que se fueron y los que han de llegar forman parte de la continuidad que debemos preservar, siendo responsables de mantener en marcha la Historia, la línea temporal. Y nos lleva a imaginar un abrazo inmenso con todos los seres, humanos, animales, vegetales, que conforman el planeta, sin dejar de mostrar confianza en lo mejor de la tecnología, en las máquinas con las que la humanidad habrá de convivir. 

Dependemos los unos de los otros. Es simple y a la vez resulta radical cuando nos hemos creído excepcionales, poderosos, el centro del universo. Para las desmemoriadas, uniformadas poblaciones del siglo XXI, esta idea básica puede parecer incluso revolucionaria, pero es muy antigua. Su hilo nos lleva hasta los pueblos indígenas, es el tronco del budismo… ¡Parece mentira que hayamos perdido esa sabiduría!

DONNA HARAWAY NOS ENVUELVE EN LA RED DE LO COLECTIVO, DEL SENTIDO DE RESPONSABILIDAD CON TODO LO QUE NOS RODEA. NOS DICE QUE SOMOS EL AHORA, EL ANTES Y EL DESPUÉS; QUE LOS QUE SE FUERON Y LOS QUE HAN DE LLEGAR FORMAN PARTE DE LA CONTINUIDAD QUE DEBEMOS PRESERVAR.

Como dice el sociólogo y antropólogo francés Bruno Latour, tan afín a Haraway, cuando nos integramos en lo Terrestre ya no podemos acercarnos a la naturaleza desde las premisas de la producción y la explotación, sino de la dependencia, porque todos los seres vivos, todos los elementos que conforman el planeta, se influyen los unos a los otros. El sistema tierra reacciona a las acciones humanas y ya es hora de que “los terrestres descubran de qué otros seres necesitan para subsistir” y aprendan a depender de ellos.

Trazadas estas coordenadas, debo deciros que si os decidís a sumergiros en la lectura de Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno os aguardan no pocas sorpresas e iluminaciones. Son poderosos los efectos que provoca la obra de Donna Haraway. Este libro es capaz de expandir la mente, de agitarnos, de sacarnos del ruido de la actualidad y hacernos ver más allá. No se trata solo de sus contenidos y análisis, de las muchas revelaciones que contiene, sino también del lenguaje. La autora utiliza estructuras, palabras, expresiones, de gran originalidad para hablarnos de aquello que no hemos atisbado aún. La terminología de siempre, los estereotipos, no se adaptan al fondo de sus análisis, al arriesgado vuelo de su imaginación. Por ello inventa nuevos vocablos, juega con ellos, hila sentidos renovados. Podría hablarse de un tipo de ensayo visionario, poético, que nos despierta, que alumbra los paisajes y nos lleva a descubrirlos desde una mirada extrañada, curiosa, perpleja. Si pertenecéis al grupo de quienes anhelan cambios; de quienes no se resignan a creer que no hay opciones de mejora; de quienes en este 2020 hemos percibido que el suelo ha empezado a moverse bajo nuestros pies, aún más, y ya no somos los mismos, este ensayo pasará a ser un punto de partida para comenzar a pensar de otra manera. De nuevo acude a mí el concepto de lecturas transformadoras del que tanto se nutre Lecturas Sumergidas.  

LA AUTORA UTILIZA ESTRUCTURAS, PALABRAS, EXPRESIONES, DE GRAN ORIGINALIDAD PARA HABLARNOS DE AQUELLO QUE NO HEMOS ATISBADO AÚN. LA TERMINOLOGÍA DE SIEMPRE, LOS ESTEREOTIPOS, NO SE ADAPTAN AL FONDO DE SUS ANÁLISIS, AL ARRIESGADO VUELO DE SU IMAGINACIÓN

Tras la manera de contar, de reflexionar e imaginar de Donna Haraway (Denver, Colorado, 1944), fluye un cauce muy intenso de investigaciones, lecturas, influencias, juegos y complicidades. Feminista, filósofa y bióloga, profesora emérita del Departamento de Historia de la Conciencia y de Estudios Feministas de la Universidad de Santa Cruz, en California, nuestra protagonista se alimenta de los datos y estudios científicos y toma impulso en la manera de fabular y especular de la ciencia ficción. De ahí su capacidad para generar maneras tan creativas de exposición y análisis. De ahí su gusto por generar diálogos, por entablar cauces de entendimiento entre distintas disciplinas: la ciencia, el arte, la tecnología, el activismo…

Antes de adentrarnos en Seguir con el problema, conviene recordar el famoso Manifiesto Cyborguna entrega también visionaria y compleja donde, a grandes rasgos, la autora profundiza en los cauces de la cibernética e indaga en el significado de los géneros y en sus estereotipos, en las posibles combinaciones y transformaciones que pueden darse en un mundo altamente tecnologizado.

En el ensayo del que os hablo la autora se centra en los lazos entre humanos y no humanos en un nuevo horizonte que ya se visualiza, en tiempos de precariedad y peligro. El apartado final del libro es pura ficción –ciencia ficción– y se centra en las Historias de Camille, protagonista de las comunidades del compost, un bebé nada convencional, fruto de la interacción entre especies, que tiene distintos progenitores y cuyo desarrollo se sigue a través de cinco generaciones. Un ser capaz de sobrevivir en un planeta devastado, donde la población se ha reducido drásticamente porque los recursos son limitados y se ha de alcanzar un equilibrio entre lo humano y lo no humano.Publicidad

Como os decía, Haraway nos lleva a pensar en otras realidades, a imaginar otros mundos, siguiendo la estela de su admirada Ursula K. Le Guin. Mientras la leo no puedo dejar de reflexionar en la cortedad de miras de la mayor parte de las informaciones que consumimos, atentas a la absoluta inmediatez, incapaces de abrir ventanas por las que entren aires frescos, renovadores. En este libro nos acercamos a experiencias y experimentos que no solemos encontrar en los medios, que ya se mueven en territorios de adaptación a un tiempo por venir.

Haraway forma parte de la estirpe de los adelantados a su tiempo, de los que despliegan las alas. Hablamos de filósofos, economistas, poetas, científicos, creadores diversos, activistas. Y en este apartado no quiero dejar de incluir a la gente de a pie inconformista, capaz de pensar a contracorriente, de no someterse a las reglas de lo establecido, de denunciar, criticar, y dando un paso más adelante, actuar, intervenir, en la manera en que le sea posible. Leer a Haraway es un estímulo para iniciarse en acciones colaborativas, en cadenas de solidaridad, de cuidados. Las mujeres campesinas de distintos lugares del mundo, los colectivos indígenas son un gran ejemplo para ella.

Pero volvamos al comienzo de este texto. Volvamos al aquí y al ahora. En un encuentro online, organizado recientemente por la Fira Literal de Barcelona, dentro del programa Radical May, Donna Haraway mantuvo una intensa conversación –abierta al público– con su traductora, la socióloga y especialista en su obra Helen Torres alrededor de Seguir con el problema. Y, por supuesto, se le preguntó por la Covid-19, por la dureza del momento que vivimos. “La pandemia ha intensificado la conciencia de que la tierra ha sido dañada”, puso de manifiesto, haciendo hincapié, pese a la experiencia de la catástrofe, en el hecho de que se ha visibilizado la necesidad de proteger cada vez más los sistemas de salud y los lugares de cuidados como las residencias de ancianos. Y también en la atención a los suministros de alimentos, mirando hacia mercados locales más fuertes, con mayor protección para los trabajadores de la agricultura y de otros servicios esenciales. Sumándote a la Newsletter de Lecturas Sumergidas estarás al tanto de todas nuestras novedades. 

LA PANDEMIA HA INTENSIFICADO LA CONCIENCIA DE QUE LA TIERRA HA SIDO DAÑADA”, HA SEÑALADO HARAWAY, HACIENDO HINCAPIÉ EN EL HECHO DE QUE SE HA VISIBILIZADO LA NECESIDAD DE PROTEGER CADA VEZ MÁS LOS SISTEMAS DE SALUD Y LOS LUGARES DE CUIDADOS.

Podemos sobrevivir con el virus, con la infección, ya que es parte de la complejidad del mundo biológico, pero no con el fascismo”, declaró en otro momento, explicando que las pandemias no son para nada ajenas a las prácticas destructivas del capitalismo global; haciendo responsables a líderes como Trump o Bolsonaro de medidas tan peligrosas para el futuro como el negacionismo climático, que lleva a seguir con la utilización continuada de combustibles fósiles, sin tener en cuenta las consecuencias para el Medio Ambiente, o la destrucción final de zonas como la Amazonía brasileña.

Fotograma del documental «Donna Haraway: Story telling for Earthly Survival» («Cuentos para la supervivencia terrenal»), del cineasta Fabrizio Terranova. La imagen de cabecera y otras que ilustran este texto pertenecen al mismo trabajo.

Todos los seres vivimos sobre la Tierra “en tiempos perturbadores, tiempos confusos, tiempos turbios y problemáticos”, señala la autora muy al comienzo de su ensayo. “Los tiempos confusos están anegados de dolor y alegría (…), de un innecesario asesinato de la continuidad, pero también de un resurgimiento necesario”, prosigue, animando a seguir con la tarea de “generar problemas, suscitar respuestas potentes a acontecimientos devastadores, aquietar aguas turbulentas y reconstruir lugares tranquilos (…) crear futuros para las generaciones venideras”.

En este párrafo está condensado el espíritu inquieto de Donna Haraway. Nuestra bióloga se inventa un término original, Chthuluceno, que tiene  que ver con las arañas y la figura mítica de Medusa, con las redes tentaculares que definen un nuevo tiempo de relaciones entre todo tipo de criaturas, “un tiempo de comienzos, un tiempo para la continuidad, para la frescura”. En ese vocablo de nuevo cuño, caben las “herencias” y las “memorias”, pero también las “llegadas”, el cultivo de lo que “aún puede llegar a ser”. Lo antiguo y lo de última hora se encuentran en este espacio temporal que respeta la continuidad, que augura florecimientos multiespecies sobre la Tierra, que se opone a las fuerzas exterminadoras del Antropoceno y el Capitaloceno, conceptos que hacen referencia al dominio de los humanos sobre el planeta, un dominio basado en la explotación de los recursos en nombre del beneficio, del poder. 

LA BIÓLOGA SE INVENTA UN TÉRMINO ORIGINAL, «CHTHULUCENO», UN ESPACIO TEMPORAL QUE RESPETA LA CONTINUIDAD, QUE AUGURA “FLORECIMIENTOS MULTIESPECIES SOBRE LA TIERRA”, QUE SE OPONE A LAS FUERZAS EXTERMINADORAS DEL ANTROPOCENO.

“¿Hay un punto de inflexión importante que cambia el nombre del “juego” de la vida sobre la tierra para todas las cosas y todo el mundo?”, se pregunta Donna Haraway. Y argumenta: “Es más que el “cambio climático”; se trata también de cargas extraordinarias de química tóxica, minería, contaminación nuclear, agotamiento de lagos y ríos encima y debajo del suelo, simplificación de ecosistemas, vastos genocidios de personas y otros bichos, etcétera, etcétera, en patrones sistémicamente conectados que amenazan con un colapso significativo del sistema…”Publicidad

La autora se apoya en Jason Moore, coordinador de la World-Ecology Research Network, quien sostiene que la naturaleza barata está llegando a su fin, que “abaratar la naturaleza ya no puede funcionar para sostener la extracción y producción en y del mundo contemporáneo, porque la mayoría de las reservas de la tierra han sido drenadas, quemadas, agotadas, envenenadas, exterminadas o extenuadas”. Y recurre a la antropóloga, feminista y teórica cultural Anna Tsing. Esta señala que en el largo período del Holoceno “los refugios, los lugares de refugio, aún existían, incluso abundaban, para sostener la reconfiguración de mundos en una rica diversidad cultural y biológica”. Pero en el Antropoceno asistimos a la “destrucción de lugares y tiempos de refugio para personas y otros bichos”.

Al respecto Haraway señala: “El Antropoceno marca graves discontinuidades; lo que viene después no será como lo que vino antes. Creo que nuestro trabajo es hacer que el Antropoceno sea lo más corto/estrecho posible y cultivar de manera recíproca, de todas las formas imaginables, épocas venideras que puedan restaurar refugios. Ahora mismo, la tierra está llena de refugiados, humanos y no humanos, sin refugio”.

Compromiso, trabajo, responsabilidad compartida, “juegos colaborativos profundos con otros terranos”… para hacer posible “el florecimiento de ricos ensamblajes multiespecies que incluyan a las personas”. He aquí la era del Chthuluceno a la que se refiere la bióloga. Pasado, presente y lo que está por venir en una línea de continuidad que hay que mantener y cuidar. Ella habla de “nutrir, inventar, descubrir o improvisar de alguna manera formas de vivir y morir bien de manera recíproca en los tejidos de una tierra cuya misma habitabilidad está amenazada”. 

Para avanzar hacia ese nuevo tiempo hay que dejar atrás, nos dice Haraway, dos argumentaciones habituales. Por un lado, la «fe cómica» en  soluciones tecnológicas que vengan a rescatarnos del desastre total. La tecnología no es el enemigo y sin duda puede contribuir a seguir adelante, pero no debemos dormirnos en los laureles soñando en su milagro, como tampoco esperar a la mano salvadora de Dios. Y por otra parte, hay que vencer la destructiva creencia de que no hay nada que hacer, de que es demasiado tarde para introducir cambios, ya que el juego está terminado. Este cinismo amargo, que encontramos en sectores de la comunidad científica, la política y la cultura, es demoledor, paralizante, como constata la investigadora.

En un diálogo que mantuvo en 2018 Haraway con Marta Segarra, catedrática de Literatura Francesa y de Estudios de Género de la Universidad de Barcelona, en el Centro de Cultura Contemporánea de la Ciudad Condal (recogido por el sello Icaria en un breve volumen bajo el título El mundo que necesitamos), Segarra le recuerda su resistencia a los discursos apocalípticos, “puesto que sugieren que no hay nada que hacer para cambiar este futuro próximo”. Y le pregunta: “¿Se puede aplicar esto a los discursos de denuncia o crees que los discursos de denuncia son todavía necesarios?”

Ha aquí la respuesta: “Creo que en la actualidad la crítica y la denuncia son herramientas retóricas importantísimas (…) Sin embargo, la dificultad reside en que muchos teóricos no van más allá de la crítica, le confieren demasiado peso (…) Pero todavía queda mucho por hacer para inventar lo que aún no es pero debería ser. Esta labor de habitar e imaginar no es una tarea de la crítica, es algo que va más allá (…) Si denunciar el capitalismo implicara su destrucción, ya no tendríamos capitalismo. Pero el problema de la denuncia es que puede ser emocionalmente muy satisfactoria, pero resulta del todo inefectiva...”

«SI DENUNCIAR EL CAPITALISMO IMPLICARA SU DESTRUCCIÓN, YA NO TENDRÍAMOS CAPITALISMO. PERO EL PROBLEMA DE LA DENUNCIA ES QUE PUEDE SER EMOCIONALMENTE MUY SATISFACTORIA, PERO RESULTA DEL TODO INEFECTIVA», ESCRIBE HARAWAY.

La autora sigue el hilo de los investigadores Philippe Pignarre e Isabelle Stengers, quienes reflexionan en su obra sobre la ineficacia de la denuncia y apoyan “colectivos sobre el terreno, capaces de inventar nuevas prácticas de imaginación, resistencia, revuelta, reparación y duelo, así como de vivir y morir bien”. Ellos nos recuerdan que “otro mundo no solo es urgentemente necesario, sino también posible, pero solo si no sucumbimos al hechizo de la desesperación, al cinismo o al optimismo y al discurso de la creencia y la incredulidad del Progreso”, declara Haraway, apuntando hacia la “creatividad sostenida de personas que se preocupan y actúan”.

En el capítulo dos de Seguir con el problema, titulado Pensamiento tentacular. Antropoceno, Capitaloceno, Chthulucenola bióloga plantea una cuestión esencial: “¿Qué pasa cuando el excepcionalismo humano y el individualismo limitado, esos antiguos clichés de la filosofía y la economía política occidentales, se vuelven impensables en las mejores ciencias, sean naturales o sociales?”. Y a continuación exclama: “¡No cabe duda e que un tiempo tan transformador sobre la tierra no debe llamarse Antropoceno!

Donna Haraway tira de muchos hilos en este ensayo, entabla diálogos altamente enriquecedores. La importancia de pensar, pensar sin prejuicios, sin ataduras, evitando las ideas inoculadas por el sistema establecido y asimiladas por el rebaño, es uno de los pilares que sostienen su filosofía. “Importa qué ideas usamos para pensar otras ideas”, toma en sus manos la inspiradora frase de Marilyn Strathern, una etnógrafa de prácticas del pensamiento. Y a partir de ahí nos dice: “Importa qué pensamientos piensan pensamientos. Importa qué conocimientos conocen conocimientos. Importa qué relaciones relacionan relaciones. Importa qué mundos mundializan mundos. Importa qué historias cuentan historias”.

¿Qué significa renunciar a la capacidad de pensar?”, lanza la ensayista esta pregunta crucial en tiempos en los que debemos afanarnos por defender la verdad frente a quienes le restan importancia, la vapulean, parapetados tras la mezquina práctica de la mentira y, en ocasiones, en la peligrosa equidistancia que rehuye tomar partido, esclarecer, contrastar, combatir. ¿Qué significa renunciar a la capacidad de pensar?, nos pregunta Haraway en estos –sigo sus palabras– “tiempos de urgencia para todas las especies, incluidos los humanos: tiempos de muertes y extinciones masivas; de avalanchas de desastres cuyas impredecibles especificidades son tomadas estúpidamente como si fueran la ininteligibilidad en sí misma; del rechazo a conocer y cultivar la capacidad de respons-habilidad; del rechazo a estar presentes para el embiste de la catástrofe; de un mirar para otro lado sin precedentes...”

Y en este punto alude a Hannah Arendt y a su análisis sobre la  incapacidad para pensar del criminal de guerra nazi Adolf Eichmann. “En esa renuncia a pensar yace la particular “banalidad del mal” que podría llegar a hacer que el desastre del Antropoceno, con sus genocidios y especidios rampantes, se haga realidad. Este resultado aún está en riesgo; ¡pensar debemos, debemos pensar!”, se muestra contundente Haraway. En la interpretación que hace encontramos muchas de las claves de su manera de ver, de enfocar el presente y atisbar el porvenir. Su discurso es apasionado, estimulante, lleno de convicciones, de resistencia. 

Lo que Arendt vio en Eichmann no fue un monstruo incomprensible, sino algo mucho más terrorífico: negligencia común y corriente (…) Aquí hay alguien que no puede ser un caminante, que no se puede enredar, que no puede rastrear las líneas de vivir y morir, que no puede cultivar la respons-habilidad, que no puede hacer presente para sí aquello que está haciendo, que no puede vivir en consecuencia ni con las consecuencias, que no puede hacer compost. Para Eichmann, el propósito importaba, el deber importaba, pero no así el mundo. El mundo no importa en la negligencia común y corriente… No había manera posible de que el mundo deviniera una “materia del cuidado” para Eichmann y sus herederos (¿nosotros, nosotras?). El resultado fue una participación activa en el genocidio”.

Cuando recupera la figura de Eichmann Donna Haraway nos está poniendo frente al espejo. Nos dice que no vale desviar la mirada mientras el desastre sigue su curso. Los gestos, por mínimos que nos parezcan, las acciones, los votos, las manifestaciones de adhesión a la defensa de los derechos humanos, del Medio Ambiente, de la justicia social, de “las relaciones multiespecies” tan determinantes en su trabajo, sí cuentan, así como la creación de redes de apoyo, de solidaridad, de cuidados, pueden decidir la dirección de los mundos futuros. La bióloga nos habla de supervivencia colaborativa, de prácticas de pensamiento imposibles para herederos de Eichmann”. Si algo consigue este ensayo del que os estoy hablando es anular la idea de que los cambios no son posibles. Haraway responde a la creencia instalada de la derrota con creatividad e imaginación.

El feminismo es otro de los robustos troncos en los que se apoya esta mujer inquieta, de innata capacidad visionaria. Cuando Marta Segarra le pregunta si cree que el feminismo “o, mejor dicho, los feminismos en plural y, sobre todo, las feministas han contribuido de manera significativa a pensar de forma diferente, no solo sobre las mujeres y el género, sino también sobre el planeta”, su respuesta corta es “sí” y su argumentación larga, cargada de referencias mitológicas, concluye con su identificación con la figura de Medusa. “Medusa vive dentro de mí, sus antenas serpentiformes son una invitación para aventurarnos a una especie de saludo afectuoso con la Tierra”, señala, y a continuación se refiere a la manera en que el feminismo ha reformulado el pensamiento a través de “conexiones múltiples”, en el sentido de que “todo pensamiento es también una práctica del cuidado”.

Todo tipo de reflexión es una práctica del cuidado, por lo que es muy importante qué pensamientos piensan pensamientos, qué historias narran historias. No es cierto que todo valga. Reflexionar y crear (…) es una acción de acción-pensamiento-cuidado…”, transcribo las palabras de la ensayista, quien más adelante, respondiendo a otra pregunta de su interlocutora, explica su idea de crear parentescos [Crear parentescos en el Chthuluceno es el subtítulo de su libro], otra de las bases de su recorrido. 

LA AUTORA DE «SEGUIR CON EL PROBLEMA» SE REFIERE A LA MANERA EN QUE EL FEMINISMO HA REFORMULADO EL PENSAMIENTO A TRAVÉS DE “CONEXIONES MÚLTIPLES”, EN EL SENTIDO DE QUE “TODO PENSAMIENTO ES TAMBIÉN UNA PRÁCTICA DEL CUIDADO”.

En esta ocasión se hermana con importantes figuras del feminismo como la filósofa Judith Butler, quien se refiere a los “modos de alianza íntima” o la investigadora Frances Bartkowski, que establece como parientes a todas aquellas criaturas por las que nos preocupamos. “El parentesco es difuso, es una solidaridad perdurable a lo largo del tiempo en capas de seres que vienen al mundo en relación los unos con los otros, y que pueden y deben demandarse cosas los unos con los otros”, argumenta Haraway. 

Para entenderla hay que despojarse de clichés, de verdades asumidas, de creencias interiorizadas a lo largo de los siglos, en el devenir de las generaciones. Los parentescos a los que se refiere, denominados “parentescos raros”, no tienen nada que ver con “los aparatos capitalistas de la producción y la reproducción”. Se trata de pensar que no son algo exclusivamente humano, de ampliar las estructuras y relaciones tradicionales con los hijos, con la familia. Uno de sus lemas más controvertidos es el de Generen parientes, no bebés”. Detrás del mismo hay toda una argumentación sobre la necesidad de hacer frente a la superpoblación del planeta, pero también se trata de una invitación a ir más allá de los modelos convencionales de convivencia, a elegir otras formas de relación en las que no entren solo los humanos. El tema es complejo y nos llevaría a otra obra fundamental en el trayecto de Haraway, su Manifiesto cyborg, donde las máquinas cibernéticas también se pueden considerar parientes. 

En las Historias de Camille, resultado de unos talleres creativos desarrollados en Normandía, en los que, a través de la fabulación especulativa, distintos grupos de trabajo se dedicaron a imaginar futuros posibles. Haraway compartió equipo con el cineasta Fabrizio Terranova, autor del documental Donna Haraway: Story Telling for Earthly Survival, y con la psicóloga y filósofa Vinciane Despret]. Juntos llevaron la idea de los parentescos hasta las últimas consecuencias. Camille y las Niñas y Niños del Compost surgieron de ese creativo cruce colectivo. En la narración, que ocupa un espacio temporal de cinco generaciones, se parte de la idea del florecimiento multiespecies. Los bebés que nacen son raros pero muy preciados, comparten progenitores y entablan asociaciones simbióticas con otras especies.

Está claro que Las historias de Camille se inscriben en el terreno de la ciencia ficción, pero son también una hermosa metáfora de la aceptación de la diversidad, de la acogida y de la búsqueda de refugios, de los lazos de solidaridad y cooperación entre todas las criaturas del planeta, del “resurgimiento y florecimiento multiespecies” al que se refiere la visionaria Haraway, “de la práctica de reparación de lugares dañados”, a la que alude una y otra vez, tan necesaria ya en el ahora. 

La creación, el juego creativo como impulsor de relaciones, de búsquedas, de armonías, está muy presente en la entrega. Las figuras de cuerdas y los arrecifes de coral de croché son proyectos de colaboración que visibilizan ideas, filosofías, caminos de vida, de equilibrio, solidaridad y belleza. Se trata de colectivos que tejen y siguen tirando del hilo para encontrar respuestas, posibles soluciones en compañía, en pos del florecimiento entre especies. Tiene que ver, como dice la autora, con “transmitir conexiones que importan, sobre contar historias con manos sobre manos”.

La obra de Donna Haraway no se queda en el terreno meramente lúdico, especulativo, teórico, utópico. En Seguir con el problema hay fabulación y diálogos enriquecedores en los que se enredan soñadores, investigadores, creadores y activistas, pero estos no solo nos regalan sus ideas sino que son capaces de poner en marcha proyectos, experimentos, alternativas que van abriendo camino. Entre los muchos méritos de este ensayo está el de acercarnos a experiencias y aventuras que desconocemos en la uniformada realidad que las noticias de actualidad nos muestran.

Me pregunto llegada a este punto, como tantas otras veces, qué pasaría si los modelos que tanto se promociona no fueran banqueros, empresarios y futbolistas de éxito, si los espacios mediáticos fuesen ocupados por buscadores de nuevos horizontes, por tantas personas que trabajan, muchas veces de manera anónima, desde la precariedad y la sobriedad, por imaginar y hacer posibles otros mundos. Sí, muchos hombres y mujeres hoy, aquí y ahora, están pensando, tejiendo, propuestas para seguir adelante con el problema. Imposible dar cuenta en este artículo de todos los nombres y trabajos a los que alude Donna Haraway en un libro que también es un tapiz de complicidades, de afinidades.

De la ya mencionada Anna Tsing, a la que presenta como conocedora de los tejidos del capitalismo heterogéneo, el globalismo, los mundos viajeros y los sitios locales, Haraway toma el bellísimo lema, propósito, de “las artes de vivir en un planeta dañado, título de un libro que lleva como subtítulo “La posibilidad de vida en las ruinas capitalistas”.

Vivimos en tiempos de urgencia que necesitan historias y las historias, las sendas, propuestas y ejemplos de los que parte Tsing inspiran a Haraway. Frente a la precariedad y el fracaso de las mentirosas promesas del Progreso Moderno, esta investigadora busca “erupciones de vitalidad inesperada y prácticas contaminadas y no deterministas, continuas e inacabadas, del vivir entre ruinas”. Y fija la atención en la especie de setas matsutake, que con su tipo de supervivencia colaborativa y su “predisposición a surgir en paisajes erosionados nos permite explorar las ruinas que se han transformado en nuestro hogar colectivo” y “nos guía hacia coexistencias posibles dentro de la turbulencia medioambiental”.

En la misma línea, resulta apasionante lo que se cuenta sobre los arrecifes de coral, “con todo lo que necesitan para la continuidad de la vida y la muerte de su miríada de bichos”. La alta biodiversidad de este ecosistema marino es una inspiración permanente. “Los corales, junto con los líquenes, son también una de las primeras instancias de simbiosis reconocidas por los biólogos; son los bichos que les enseñan a entender la estrechez mental de sus propias ideas sobre individuos y colectivos. Estos bichos enseñaron a gente como yo que todos somos líquenes, corales. Además, los arrecifes de aguas profundas en algunos lugares parecen ser capaces de funcionar como refugios para el reabastecimiento de corales dañados en aguas menos profundas. Los arrecifes de coral son los bosques del mar...”, vamos leyendo.

LA ESPECIE DE SETAS MATSUTAKE, CON SU TIPO DE SUPERVIVENCIA COLABORATIVA Y SU “PREDISPOSICIÓN A SURGIR EN PAISAJES EROSIONADOS NOS GUÍA HACIA COEXISTENCIAS POSIBLES DENTRO DE LA TURBULENCIA MEDIOAMBIENTAL”.

Los bosques, tan diezmados en nuestra época, la necesidad de su bienestar, “una de las las prioridades más urgentes para el florecimiento –y, de hecho, para la supervivencia– a lo largo y ancho de la tierra”, ocupan, por supuesto la atención de la autora. Y el Ártico, que “se está calentando al doble de velocidad de la tasa media global”. Nos dice al respecto Haraway que “una tormenta geofísica y geopolítica de proporciones inauditas está cambiando prácticas de vivir y morir en el norte. Las coaliciones de pueblos y bichos haciendo frente a esta tormenta son críticas para las posibilidades de resurgimiento de los poderes de la tierra”.

Otro compañero de ruta en Seguir con el problema es el filósofo ecológico y etnógrafo multiespecies Thom van Dooren, quien también aborda en su trabajo “las complejidades del vivir en tiempos de extinción, exterminio y recuperación parcial”, a través de sus observaciones y análisis de campo con especies de pájaros que viven en el límite de la extinción. En sus publicaciones el científico se refiere, por ejemplo, a la conservación de los cuervos de Hawái, “cuyos hogares y alimentos en los bosques, así como sus amistades, sus polluelos y parejas han desaparecido en su gran mayoría”. Como nos dice Haraway “Van Dooren argumenta que no son solo las personas quienes lloran la pérdida de sus seres queridos, de sus lugares o formas de vida, sino que otros seres también se ponen de luto. Los córvidos también lloran sus pérdidas. La cuestión está en las ciencias bioconductuales y la historia natural íntima; ni la capacidad ni la práctica del duelo son especialidades humanas. Fuera de los dudosos privilegios del excepcionalismo humano, las personas pensantes tienen que aprender a llorar-la-muerte-con”.

Llegada a este punto no me puedo resistir a transcribir el hermoso párrafo en el que la ensayista se refiere al duelo compartido. “El duelo trata sobre convivir con una pérdida y llegar a apreciar lo que significa, sobre cómo ha cambiado al mundo y cómo nosotros debemos cambiar y renovar nuestras relaciones si queremos seguir adelante a partir de aquí. En este contexto, el duelo genuino debería abrirnos a una conciencia de nuestra dependencia de y nuestras relaciones con esas innumerables alteridades llevadas al límite de la extinción (…) La aflicción por la muerte es un sendero hacia la comprensión del enredo de vivir y morir; los seres humanos deben afligirse con, ya que estamos dentro y somos parte de esta tela del deshacer...”

En este ensayo hay interesantes historias de relación entre animales y seres humanos a lo largo del tiempo. Las palomas, por ejemplo, que tanto reclaman nuestra atención por el daño ecológico y el trastorno biosocial que provocan en las urbes, son protagonistas de aventuras muy antiguas y también de novedosas experiencias. Haraway se detiene en la pasión colombófila, nos acerca a relatos de palomas viajeras y mensajeras, nos invita a conocer palomares como el de Batman Park en Melbourne, “construido en los años noventa para atraer a las palomas y alejarlas de las calles y edificios de la ciudad”, y nos habla de un equipo de ingeniería, arte e investigación de California que tiene a estas aves como compañeras “en proyectos de justicia medioambiental que buscan reparar barrios y relaciones sociales deterioradas”.

Las palomas de carrera bien equipadas son capaces de recoger datos constantes de contaminación atmosférica en tiempo real, al moverse por el aire a alturas inaccesibles a los instrumentos gubernamentales, y también por el suelo, desde donde son lanzadas para que vuelen de regreso a sus hogares”, vamos leyendo. Os aseguro que os sorprenderá saber más de esta unión de pájaros, tecnología y personas que demuestra la eficacia de la colaboración multiespecies.

Los detalles importan. Los detalles enlazan seres reales a respons-habilidades reales”, señala Haraway, quien da cuenta de muchos más proyectos en marcha, llevados a cabo por colectivos, por activistas que desarrollan fuertes movimientos de justicia social y medioambiental, muchos de ellos liderados por comunidades y organizaciones indígenas. Merece mucho la pena conocerlos, constatar que las cosas se mueven, que los hilos siguen enredándose, construyendo posibilidades de futuro.

Consciente de que me dejo muchas cosas fuera, pese a la extensión de este texto, quiero terminarlo con la reflexión que hace la autora sobre el sentido de Seguir con el problema, un ensayo que parte de un planteamiento básico, lo que puede “llegar a significar el pensamiento en la civilización en la que nos encontramos”.

¿Cómo reemprendemos una aventura colectiva que es múltiple e incesantemente reinventada, no sobre una base individual, sino de manera tal que pase el testigo, es decir, que afirme nuevas obviedades y nuevas incógnitas?”, se preguntaY prosigue: “Tenemos que pasar el relevo de alguna manera, heredar el problema y reinventar las condiciones para un florecimiento multiespecies, no solo en un tiempo de incesantes guerras y genocidios humanos, sino en un tiempo de extinciones masivas y genocidios multiespecies impulsados que arrastran a personas y bichos a un torbellino. Tenemos que “atrevernos a ‘generar’ el relevo; es decir, crear, fabular, para no desesperar; para quizás llegar a inducir una transformación...” Os lo decía, si a algo impulsa Donna Haraway es a no rendirse. No dejemos de pensar, de imaginar, de actuar. Pese a todo, no nos rindamos.

Donna Haraway con Cayenne

Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno» de Donna Haraway, ha sido publicado por la editorial Consonni. Con traducción de Helen Torres.

El mundo que necesitamos, diálogo entre Donna Haraway y Marta Segarra, ha sido publicado por Icaria. Edición y notas de Fernanda Bustamante Escalona.

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L’énergie en peinture: Fabienne Verdier sur France Culture

Fabienne Verdier en su taller de Hédouville con la serie Vortex .

“L’énergie en peinture”, série de 5 émissions avec Fabienne Verdier sur France Culture. À écouter. À savourer.

Comment devient-on peintre ? Dans cette série d’entretiens, Fabienne Verdier raconte son initiation à la peinture dès son enfance, avec son père, puis à l’école des Beaux-Arts à Toulouse. Nous la suivons en Chine où elle apprend l’art des lettrés, avant de revenir en France. Ses voyages en Suisse, en Italie, à Bruges, aux États-Unis, à Aix en Provence, au Canada sont autant de rencontres  avec les paysages, la musique, les mots, les sciences. Un parcours intellectuel autant qu’artistique qui nous fait réfléchir sur l’acte de peindre et ses rapports avec les fracas du monde et les joies de la vie.

“La energía en pintura”, ciclo de 5 programas (postcasts) con Fabienne Verdier en France Culture. A escuchar. A saborear.

¿Cómo convertirse en pintor? En esta serie de entrevistas, Fabienne Verdier relata su iniciación a la pintura desde su infancia, con su padre, luego en la Escuela de Bellas Artes de Toulouse. La seguimos a China, donde aprende el arte de los eruditos, antes de regresar a Francia. Sus viajes a Suiza, Italia, Brujas, Estados Unidos, Aix en Provence, Canadá son otros tantos encuentros con los paisajes, la música, las palabras, las ciencias. Un recorrido tanto intelectual como artístico que nos lleva a reflexionar sobre el acto de pintar y su relación con el bullicio del mundo y las alegrías de la vida.

  1. De Toulouse à Chongqing: https://www.franceculture.fr/emissions/a-voix-nue/fabienne-verdier-lenergie-en-peinture-15-de-toulouse-a-chongqing
  2. Le vieux maître Houang, la peinture et l’art du trait: https://www.franceculture.fr/emissions/a-voix-nue/fabienne-verdier-lenergie-en-peinture-25-le-vieux-maitre-huang-la-peinture-et-lart-du-trait
  3. Qu’est-ce que peindre?: https://www.franceculture.fr/emissions/a-voix-nue/fabienne-verdier-lenergie-en-peinture-35-quest-ce-que-peindre
  4. Des voyages à la musique: https://www.franceculture.fr/emissions/a-voix-nue/fabienne-verdier-lenergie-en-peinture-45-des-voyages-a-la-musique
  5. L’art, écriture de la vie: https://www.franceculture.fr/emissions/a-voix-nue/fabienne-verdier-lenergie-en-peinture-55-lart-ecriture-de-la-vie

https://www.franceculture.fr/emissions/series/fabienne-verdier-lenergie-en-peinture

“No em sents”: l’artista india Nalini Malani a la Fundació Joan Miró de Barcelona 

Fundació Joan Miró. Barcelona

Exposició de Nalini MalaniNo em sents

Dates: del al

Comissariat: Martina Millà

L’artista índia Nalini Malani, guardonada amb el Premi Joan Miró 2019, presenta una selecció d’obres de tota la seva trajectòria artística, marcada pel pensament feminista i la denúncia i condemna de la violència.

Les obres de Malani evoquen la vulnerabilitat i la precarietat de l’existència humana amb una iconografia personal que beu de mitologies antigues i universals. La justícia social, feminista i ecològica són el cor del seu treball artístic i prenen forma a l’exposició amb un conjunt d’instal·lacions immersives de gran format -projeccions de films i animacions, ombres xineses o panells pintats-. L’artista també ha creat una sèrie de dibuixos a la paret específics per a la Fundació Joan Miró.

El títol, No em sents, interpel·la directament el patriarcat, un interlocutor que, per a Nalini Malani, es mostra indiferent i insensible a les demandes justes de les persones vulnerables, i especialment de les dones.

Segons el jurat del Premi Joan Miró, Nalini Malani comparteix amb Joan Miró la imaginació radical i la consciència sociopolítica. El jurat també considera que els uneixen una extraordinària curiositat intel·lectual i un continu diàleg amb algunes de les figures més destacades del seu temps, que han influït en les seves produccions.

https://www.fmirobcn.org/ca/exposicions/5762/nalini-malani-no-em-sents

Guia de sala descarregable

https://www.fmirobcn.org/ca/exposicions/5762/nalini-malani-no-em-sents

El compromiso de Nalini Malani con los silenciados, premio Joan Miró 2019:

https://elpais.com/ccaa/2019/05/23/catalunya/1558615150_676983.html

Boris Cyrulnik, neurólogo y psiquiatra: “Después de una catástrofe, siempre hay una revolución”

Cuando todo el planeta está amenazado por el coronavirus, hablamos con el mayor experto en resiliencia, el neurólogo y psiquiatra Boris Cyrulnik, sobre cómo superar el trauma. Por Carlos Manuel Sánchez

 Ocho consejos para hacerse resistente frente a la amenaza del coronavirus

Si alguien ha contribuido a difundir a nivel mundial el concepto de resiliencia –es decir, la capacidad de superar la adversidad–, es el neurólogo y psiquiatra francés Boris Cyrulnik, de 82 años. Acaba de publicar Escribí soles de noche (Gedisa), donde profundiza en la creatividad humana para superar el trauma. Es decano de la Universidad de Toulon y asesor de Emmanuel Macron en política educativa.

XLSemanal. La incertidumbre se ha apoderado de la humanidad. Dígame, ¿cómo salimos de esta?

Boris Cyrulnik. Tenemos una ventaja. No estamos entrando en un territorio desconocido. Desde que el ser humano apareció sobre la Tierra, hemos padecido epidemias: peste negra y bubónica, cólera, encefalitis virales… Y hemos salido adelante. Como especie, sabemos de qué va esto.

XL. ¿Y cómo individuos?

B. C. El confinamiento machaca psicológicamente. Resisten mejor los que ya tenían una buena disposición. Su fortaleza se basa en tres factores: confianza en sí mismos, un dominio del lenguaje que les permite contar lo que les pasa. Y tener a alguien a quién contárselo; es decir, una red afectiva de familiares y amigos.

XL. No todos se adaptan…

B. C. Bueno, también ayudan elementos externos, como tener una vivienda espaciosa, un jardín… Evidentemente, no todo el mundo disfruta de esas ventajas. Por eso es tan importante tener un mundo interior rico. Estar acostumbrado a meditar, a leer, a escribir, disfrutar con la música… La espiritualidad también ayuda. Incluso cocinar.

 

“Resiste mejor quien tiene una red afectiva de familiares y amigos”

 

XL. ¿Qué le diría a los que se ven sobrepasados?

B. C. Que todo el mundo tiene miedo. En un contexto como este, es difícil mantener la serenidad. Pero el miedo es un mecanismo de defensa. Si no se apodera de ti, te mantiene alerta.

XL. Ansiamos recuperar nuestras vidas, pero no sabemos si todo volverá a ser como antes…

B. C. Si no evaluamos las causas que nos han conducido al desastre, estamos condenados a que se repitan. Los napolitanos, después de la erupción del Vesubio, volvieron a construir sus casas en el camino de los ríos de lava. Durante una crisis, hay que protegerse. Pero no basta. Hay que comprender las causas. Y esta comprensión nos llevará a organizar nuestra vida en común de una manera diferente.

Boris Cyrulnik, neurólogo y psiquiatra: "Después de una catástrofe, siempre hay una revolución" 2

Boris Cyrulnik nos envió un borrador con sus respuestas manuscritas 

XL. ¿Muy diferente?

B. C. Mire, después de cada catástrofe hay una revolución cultural, incluso biológica. Toda evolución, sea de animales, plantas o personas, se produce mediante saltos hacia lo desconocido. Una estrella que se apaga es el final. Ahí no hay resiliencia posible. Pero siempre que quedan trozos dispersos se pueden volver a unir. La vida se reanuda después de un desastre. Pero serán otra flora, otra fauna, otra manera de ver el mundo las que van a dominar a partir de ese momento.

XL. ¿Estamos ante una crisis existencial, en el sentido en que amenaza la existencia misma de la sociedad tal y como la teníamos organizada?

B. C. Sí. Pero recuerde que en este planeta se han producido cinco extinciones masivas que han destruido hasta el 95 por ciento de las especies vivas. Hemos pasado por glaciaciones y calentamientos. La subida del nivel de los mares ya acabó con plantas, animales y alguna civilización. Cuando las aguas se retiran, encontramos fósiles de organismos marinos en la montaña, o restos de culturas desaparecidas. Pero el ser humano se adapta. Durante los periodos de frío, se hizo cazador; en las épocas templadas, agricultor. Después del coronavirus, habrá cambios profundos, nuevas leyes y valores. Es la regla.

 

“Si no analizamos las causas que nos han conducido al desastre, lo repetiremos”

 

XL. ¿Podemos sacar alguna lección de todo esto?

B. C. Durante la vida del ser humano no escasean los traumas. Algunas personas no consiguen superarlos. Las que acaban con estrés postraumático se quedan ancladas en los sucesos de su pasado. Ya no logran disfrutar de la vida, amar, trabajar. Por el contrario, otros transforman su desgracia en una experiencia. Se convierten en escritores, psicólogos, educadores o filósofos; y le dan sentido a lo que han vivido. Lo comparten y ayudan a otros.

XL. Sinceramente, ¿cree que el coronavirus traerá algo positivo?

B. C. Sin duda, cuando la pandemia se supere, reflexionaremos. Y discutiremos la manera de construir una nueva forma de vivir juntos. Tenemos la referencia de la peste negra. En pocos años, murieron la mitad de los europeos. Ya no se podía cultivar, no había suficiente mano de obra. Desaparecieron viñedos y campos de cereal. Pues incluso algo tan terrible como aquello tuvo efectos insospechados. La mano de obra de los supervivientes se convirtió en algo tan caro que desaparecieron los siervos. Antes de la peste de 1348, la mayoría de los seres humanos se vendían como parte de la tierra. Las ciudades perdieron población, pero las casas se abarataron y esto facilitó el éxodo rural. Cuando yo nací, poco antes de la Segunda Guerra Mundial, no había Seguridad Social, ni un sistema de pensiones. Pero después de cada crisis hay cambios culturales. Luego, vistos en perspectiva, los consideramos inevitables, aunque ahora lo que nos llega es confusión y desconcierto. Después del coronavirus, creo que la familia y la pareja se verán reforzadas.

XL. Emmanuel Macron dice que estamos en guerra.

B. C. Yo prefiero hablar de resistencia. La humanidad se reorganiza. Quizá vivamos un cambio con una profunda raíz ecológica. Una vida más pausada. La economía mundial, en estado de hibernación, ya ha provocado una disminución de la contaminación. En China, en estos meses, se calcula que ha habido unos diez mil casos menos de cáncer.

 

Superviviente desde niño

Boris Cyrulnik, neurólogo y psiquiatra: "Después de una catástrofe, siempre hay una revolución" 1

La propia vida de Boris Cyrulnik es una epopeya. De familia judía, su padre desapareció en Auschwitz. Su madre, también víctima del Holocausto, envió a Boris a una pensión para que no fuera detenido. «Cuando tenía seis años, caí en una redada con otras 1700 personas, pero escapé gracias a que una mujer me escondió. Fuimos los dos únicos supervivientes… Mi tía me encontró tras la guerra. Apenas había ido al colegio, pero recuperé el retraso. Los primeros años de vida son decisivos, igual que los primeros movimientos de una partida de ajedrez. Pero eso no quiere decir que uno no se pueda sobreponer a un mal comienzo», resume.

Boris Cyrulnik, neurólogo y psiquiatra: “Después de una catástrofe, siempre hay una revolución”