Había una vez un bosque. Francis Hallé

 

Entre el parque del Manu en Perú y la cuenca del río Congo en Gabón, viaje al corazón de un mundo salvaje que ha quedado en su estado original: el nacimiento de una selva tropical donde cada organismo desempeña un papel esencial. Del primer brote hasta el esplendor de los árboles gigantescos del dosel de la corona de la selva, pasando por el desarrollo de lazos ocultos entre plantas y animales, transcurren siete siglos ante nuestros ojos.

Dirigido por Luc Jacquet, el mismo director de la cinta La marcha de los pingüinos que recibió el Oscar al mejor documental,  el largometraje Había una vez un bosque está basado en una idea original de Francis Hallé, botánico de profesión, que se convierte en el protagonista del film, apoyándose en sus conocimientos específicos del mundo de los bosques.

Nominada al Premio César como Mejor Documental, esta película (2013), cuyo principal tema es el bosque, fue rodada en diferentes lugares del mundo para reunir los elementos que hacen que cada bosque sea único, tales como la selva amazónica del Perú y la selva africana de Gabón. Asimismo, para darle vida a este documental –que cuenta con seres inmóviles– el director Luc Jacquet y el operador Benjamin Vial crearon un sistema de travellings inédito que llamaron Arbracam, con una cámara sujetada por cuerdas que la hacen moverse hasta la copa de los gigantescos árboles a casi 70 metros de altura.

«Había una vez un bosque»

 

Con motivo del 20 aniversario del Jardín Botánico de Barcelona, Francis Hallé impartió una interesantísima conferencia en la Sala Salvador del Institut Botànic de Barcelona el 17 de octubre de 2019.
Francis Hallé (Seine-Port, 1938), botánico y biólogo francés especialista en bosques tropicales y arquitectura de los árboles, ha dedicado su vida al estudio de los árboles y la ecología forestal en todas las regiones tropicales del planeta. Ha participado en numerosas expediciones científicas, desde inicios de los años sesenta. Profesor durante muchos años en la Universidad de Montpellier, en 1970 propuso con R.A.A. Oldeman la idea de modelos arquitectónicos para describir los formas conocidas de crecimiento de los árboles, idea que, trabajada junto con P.B. Tomlinson, Hoy en día es un concepto fundamental de la morfología vegetal.

https://es.wikipedia.org/wiki/Francis_Hall%C3%A9

https://fr.wikipedia.org/wiki/Francis_Hall%C3%A9


 

El ciclo. Aullidos sanadores para saludar el solsticio de verano

Lobo_Andoni Canela

Los lobos adoran la noche. En esas horas encuentran la oscuridad donde pueden moverse como fantasmas. Esta noche es la más corta del año. (Y el día más largo con unas 15 horas de luz.) Hoy sábado empieza el verano a las 23.43, hora oficial peninsular, y termina esta primavera tan extraña.

El solsticio de verano marca la entrada del sol en el signo de Cáncer. Se traduce en un movimiento aparente del Sol hacia su punto más al norte en la bóveda celeste. Tras ese momento “reinicia su recorrido” hacia el sur. De ahí el origen etimológico de la palabra, que viene del latín solstitium (sol sistere), que significa “Sol quieto”: parece que el astro se queda quieto para luego volver a bajar en el cielo.

El aullido de un lobo es la esencia misma de la Naturaleza. El espíritu de Lo Salvaje. ¡Que tengáis un buen verano!

 

La fotografía de Andoni Candela de un lobo avistado en la Cordillera Cantábrica en una noche de verano aparece como portada de su libro Durmiendo con lobos que podéis encontrar aquí: https://www.andonicanela.com/producto/durmiendo-con-lobos)

 

Sonando casi a nada | Carlos de Hita

Durante el confinamiento provocado por la pandemia de coronavirus ha habido un silencio en las ciudades y el medio rural que no se conocía desde hace décadas. El naturalista y experto en grabación Carlos de Hita describe la increíble limpieza de la atmósfera sonora en estos días. Y nos ofrece un ejemplo sonoro a través de un amanecer en la alta sierra. “Parece que estamos ya cerca del final, la bestia empieza a rugir de nuevo y queda poco para que el estruendo de aviones, tráfico, maquinaria y motosierras vuelva a invadirlo todo”, afirma.



Se cuenta del director Leopold Stokovski que, descentrado por las toses y murmullos del público durante un concierto, paró a la orquesta y, encarándose con el patio de butacas, recordó que, así como un pintor traza su obra sobre un lienzo, los músicos trazan la suya sobre el silencio. “Nosotros ponemos la música, ustedes el silencio”, ironizó. Y mandó callar.

Nos acercamos a los dos meses de confinamiento y España, uno de los países más ruidosos del mundo, ha conocido el silencio. Los ciudadanos han abierto las ventanas, se han quitado los auriculares y descubierto, muchos con asombro, que hay vida más allá del ruido. La sociedad entera, que tiende al bullicio por naturaleza, se ha puesto a escuchar. Y lo que oye le ha gustado. Gorriones, estorninos, palomas y tórtolas, vencejos, algunos mirlos. Pero también campanas, carrillones, vientos, el sonido de la lluvia en los charcos y muchas voces en diferentes idiomas. Una atmósfera acústicamente transparente por la que los mensajes se propagan desde la distancia y sorprenden por su calidez inmediata. En consecuencia, muchos han creído que la naturaleza recupera sus dominios, avanza y nos invade. Pero la realidad es que todos esos sonidos estaban ya ahí, como las hierbas que crecen en las aceras y a las que nadie hace caso. El ruido, su ausencia, caracteriza estos momentos históricos.

Esta es la situación en las ciudades. En el campo, por decirlo en pocas palabras, es como si hubiéramos retrocedido 100 años.

 

“Parece que estamos ya cerca del final, la bestia empieza a rugir de nuevo y queda poco para que el estruendo de aviones, tráfico, maquinaria y motosierras vuelva a invadirlo todo”

 

Se puede definir el silencio de muchas maneras. Para mí, básicamente, es el sosiego, lo que no excluye el sonido, pero sí la perturbación. El tapiz de silencio, pues, no está totalmente vacío. Ahora que, al fin, parece que estamos ya cerca del final, la bestia empieza a rugir de nuevo y queda poco para que el estruendo de aviones, tráfico, maquinaria y motosierras vuelva a invadirlo todo, bien está recordar a qué suena la naturaleza cuando se expresa a través de una atmósfera limpia.

 

Un tapiz de silencio

Al registrar un sonido, como al hacer una fotografía, grabar un vídeo o pintar un paisaje, la realidad se convierte automáticamente en ficción. Como es natural, cuando un animal habla dirige sus mensajes a sí mismo, a sus competidores por el territorio, a sus compañeros de viaje. Él cuenta su historia, pero yo utilizo su voz para contar la mía. Lo que sigue es el relato personal de un amanecer contra un silencio perfecto, las primeras horas de un día en una primavera silenciosa.

Madrugada del cinco al seis de mayo. El escenario es el valle de Valsaín, en la ladera de Peñalara, a unos 1.400 metros de altitud, en una vaguada donde se entremezclan pinos silvestres y robles melojos. Luna casi llena, atmósfera quieta y templada. De una grabación continua de 24 horas nos interesa solo el final, desde la alta noche hasta que el sol asoma por encima de las cumbres de la sierra. El tapiz, sinónimo del fondo sonoro sobre el que se construye el concierto natural, es el sonograma del vídeo, generado, a su vez, por los sonidos grabados. Vemos y oímos las horas que preceden al coro del alba, la expresión con que se denomina a estas primeras cantatas de la mañana.

 

“Al registrar un sonido, como al hacer una fotografía, grabar un vídeo o pintar un paisaje, la realidad se convierte automáticamente en ficción”

 

El tapiz, su urdimbre, es un murmullo sin matices. Parece plano, pero, en realidad, está formado por la suma de miles de ruidillos, de la brisa, de las aguas, los ecos y las reverberaciones, filtradas por la vegetación y la distancia. Toda la actividad latente del bosque se convierte en este suave relleno. Una línea continua, como una cenefa, enmarca el borde inferior. Es el retumbo de fondo, las ondas sonoras más graves y, por así decir, el margen residual de la acústica del valle. Algunos sonidos sutiles, que nadie se atrevería a calificar como ruido, enriquecen el lienzo. Un murmullo fluye y traza una línea azul: un regato que mana de una tolla, agua discreta que escurre y suena casi a nada.

Como una perturbación del espacio, el viento forma ondas en el tapiz. Crepitan las ramas, una ráfaga sisea en las acículas de los pinos, tabletea en las hojas planas, aún a medio salir, de los robles. Muy lejos, ronronea un chotacabras gris. El bosque apenas levanta su voz, sin amenazar al silencio.

Unas notas moduladas, lejanas, pespuntean la noche. Ululan los cárabos. Para ellos su voz es una llamada de desafío que compartimenta el lienzo, el bosque, en territorios. Para sus presas, roedores y pajarillos, es motivo de tranquilidad, porque cuando el cárabo anda de caza no emite sonido alguno. Para nuestros oídos intrusos, el cárabo es el paso de las horas.

A la vez, unos sutiles pulsos agudos, alfilerazos en la parte alta del cuadro, sobrevuelan el bosque. Son la parte audible de los ultrasonidos de los murciélagos, que navegan, literalmente, de oídas. Ultrasonidos que pueblan otro lienzo, invisible para nosotros, pero que, por definición, no manchan el silencio.

Hay también sonidos broncos que crean el contraste necesario para que el silencio se haga más espeso. Los ladridos de los corzos, como voces asustadas donde nada les amenaza, arrugan el tapiz por unos segundos. Al alejarse ladera abajo sus toses se estiran, reverberan, rellenan el espacio y hacen un dibujo sin líneas del valle.

Hasta que, aún de noche y antes de que el cielo empiece a clarear por el este, aparecen en el bosque algunos trazos sutiles. Un trino, como una fina hebra, se enreda en el lienzo. Es un petirrojo que, somnoliento, lanza varias frases y calla. Pasa un rato antes de que se escuche una serie de notas dobles, espaciadas regularmente: un cuco dice su nombre. La luz se abre paso en los claros del arbolado mientras que las sombras permanecen bajo las copas. Y, como bajo la batuta de un director de orquesta, a medida que sube la luz, suben los colores del lienzo, las voces del bosque. Estalla un chochín, parlotea un petirrojo, silba, rotundo, un zorzal. Y con la aparición de un mirlo llega la música, en sentido estricto, al tapiz forestal.

 

“Como bajo la batuta de un director de orquesta, a medida que sube la luz, suben los colores del lienzo, las voces del bosque”

 

A partir de entonces todo es un griterío. Una voz aislada es un pájaro, pero dos son un conflicto territorial, una pelea a voces. Y muchas voces juntas forman una comunidad. Si se mezclan con otras y se le añade el viento, el agua y la distancia tenemos un bosque. El tapiz es ahora una maraña, una secuencia sonora entrelazada. Ahí está todo. Abajo, el arrullo grave, ronco de las palomas torcaces. Un poco más arriba los graznidos de las cornejas. Ocupando todo el ancho de la banda, los trallazos de los picos picapinos contra la madera. En el centro se amontonan las líneas. Pinzones, mirlos zorzales, carboneros comunes y garrapinos. Y arriba, como coronando la composición, unas crestas de trazos muy finos y apretados, como puntadas de hilo que salen de las gargantas de los más pequeños, reyezuelos sencillos, agateadores comunes y herrerillos. Cierran la secuencia los gritos rápidos de un azor.

Un bullicio. Pero mientras el tráfico se mantenga detenido, por muchos trinos, susurros, gritos, tamborileos, crujidos y rechinos, para la mayoría de los oyentes todo esto seguirá siendo un clamoroso silencio.


Sonando casi a nada

 

#ESCUCHA

 

Deteneos. Sencillamente, alto, stop, no os mováis.

Ya no es una petición. Es una obligación.

Estoy aquí para ayudaros.

Esta montaña rusa supersónica ha agotado ya todos sus raíles.

Basta

aviones

trenes

escuelas

centros comerciales

reuniones.

Hemos roto el frenético torbellino de ilusiones y “obligaciones” que os han impedido levantar los ojos al cielo, mirar las estrellas, escuchar el mar, dejarse mecer con los gorgoritos de los pájaros, rodar por las praderas, recoger una manzana del árbol, sonreír a un animal en el bosque, respirar la montaña, escuchar el sentido común. Hemos tenido que romperlo.

No podéis jugar a ser Dios.

Nuestra obligación es recíproca.

Como lo ha sido siempre, aunque vosotros lo hayáis olvidado.

Interrumpiremos esta transmisión, la infinita transmisión discordante de divisiones y distracciones, para traerte esta noticia: no estamos bien.

Ninguno de nosotros; todos estamos sufriendo.

El año pasado, las tormentas de fuego que quemaron los pulmones de la tierra, no te detuvieron.

Ni los glaciales que se están derritiendo.

Ni las ciudades que se desploman.

Ni la consideración de ser los únicos responsables de la sexta extinción masiva.

No me habéis escuchado.

Es difícil escuchar cuando se está tan ocupado luchando por escalar siempre más alto sobre los andamios de las comodidades que os habéis construido.

Los cimientos están cediendo, se están arqueando bajo el peso de vuestros deseos ficticios.

Yo os ayudaré. Traeré tormentas de fuego a vuestros cuerpos,

inundaré vuestros pulmones.

Os aislaré como a un oso polar en su iceberg a la deriva.

¿Me escucháis ahora?

No estamos bien.

No soy un enemigo

Soy un simple mensajero, soy un aleado, soy la fuerza que traerá de nuevo el equilibrio. Ahora tenéis que escucharme, os estoy gritando ¡que os detengáis!

Deteneos, callad, escuchad;

Ahora alzad los ojos al cielo, ¿cómo está? Ya no hay aviones. ¿Cuánto necesitáis que esté bien para poder disfrutar del oxígeno que respirais?

Observad el océano, ¿cómo está? Observad los ríos, ¿cómo están? Observad la tierra, ¿cómo está? Miraos a vosotros mismos, ¿cómo estáis?

No puedes estar sano en un ecosistema enfermizo. Detente. Muchos ahora tienen miedo. No demonicéis vuestros miedos, no os dejéis dominar. Dejad que os hable, escuchad su sabiduría.

Aprended a sonreír con los ojos.

Os ayudaré, si me escucháis.

Firma: Coronavirus

#ESCUCHA

Edición: Darinka Montico

Voz: Giulia Chianese

Subtítulos en castellano: Teresa Santamaría

 

 

Si aquietas tu mente, fortalecerás tu inmunidad. Emma Barthe

Emma Barthe, psicóloga especialista en bioinformación.

Tengo 48 años. Soy de Barcelona. Soy psicóloga. Estoy divorciada y tengo una hija, Mannya (19). ¿Política? Debería ser el arte de la convivencia. Creo en el absoluto. Aplico técnicas de bioinformación (biofeedback) para adiestrar a pacientes en equilibrar sus variables vitales.


Monitores y gráficas

Barthe me muestra en una pantalla gráficas de variables fisiológicas (tensión arterial, ritmo cardiaco, frecuencia hertziana…) de pacientes que mejoran tras aprender a sosegar emociones. Resumen: tu personalidad (cómo piensas y sientes) condiciona tu bioquímica, o sea, tu inmunidad. Monitorizar estas variables (bioinformación, se llama) ayuda a modular pensamientos, emociones y conductas en tu favor. Barthe (EmmaBarthe.com) dirigió el departamento de psicología de la Asociación Española contra el Cáncer de Madrid y la atención psicológica al paciente oncológico de la Fundació Oncolliga de Terrassa, y publica Cáncer, más allá de la enfermedad (Obelisco).

 

Cómo es la palabreja?
Psiconeuroendocrinoinmunología.

Buf… ¿Qué describe?
La rama de la medicina que estudia las interrelaciones entre la psique y los sistemas nervioso, endocrino e inmunológico.

El sistema inmunológico está de moda.
Con razón: cuanto más tonificado lo tengas, más resistente serás a los tumores.

Llega un fármaco que fortalecerá el sistema inmunitario contra cánceres, dicen.
¡Bienvenido! Pero, entre tanto, puedes fortalecerlo tú mismo con algunas prácticas.

¡Adelante! ¿Qué prácticas?
La respiración diafragmática es una. Y potentísima: ¡rebaja súbitamente la frecuencia eléctrica de tu cerebro en varios hertzios!

¿Y eso es bueno?
¡Sanísimo! Te sosiega, y así dejas de producir endorfinas que estresan y lesionan tu sistema inmunitario. Practícala… y equilibrarás todas tus variables fisiológicas. ¡Pura salud!

¡Enséñeme a hacerlo!
La 6-3-9, la llamo: siéntate, cierra los ojos…

Ajá, ya.
Coloca una mano sobre el vientre, para notar cómo el aire entra y sale. Y ahora inspira aire por la nariz durante seis segundos, dirigiéndolo al vientre…

… … … … … …
Tu mano sube: bien. Retén el aire durante tres segundos.

… … …
Y ahora espíralo por la boca durante nueve segundos.

… … … … … … … … …
La mano desciende: bien, bien… Deja pasar tres segundos sin aire.

… … …
Y vuelve a inspirar aire, profunda y leeeeentamente.., durante seis segundos.

… … … … … …
Repite el ejercicio cada día durante diez minutos y ¡reforzarás tu sistema inmunitario!

¿Sí? ¿Así de fácil?
Te apaciguas: puedo medírtelo con electrodos. Aquietas tu frecuencia hertziana cerebral, estás sosegando emociones. Y esto es garantía de salud. Cada estado emocional provoca estados bioquímicos y fisiológicos.

¿Y puede medirlo en hertzios, dice?
La actividad cerebral se mide eléctricamente, sí: ¡un cerebro a 40 hertzios es lo peor!

¿Qué significan esos 40 hertzios?
Fase de histeria o pánico, con pérdida de control o agresividad: ¡ahí puedes matar!

Conviene bajar la frecuencia, pues…
Haz el ejercicio 6-3-9 cada día (diez minutos): adiestras tu cerebro y costará más que suba a 40 hertzios. Si estás a 18 hertzios, bajarás rápido a 15 o 12, y eso es maravilloso.

¿Por qué?
Entre 30 y 18 hertzios estás tenso, confuso, irritable. Entre 18 y 15, vigilante, con atención consciente y razonamiento lógico.

¿Y si bajo a los 12 hertzios?
Entre 12 y 8 hertzios, estás relajado mental y muscularmente: perceptivo para el estudio y apto para rendir bien en el deporte.

Y si continúo bajando hertzios, ¿qué?
A menos hertzios, más sosiego y conexión con tu salud. Entre 8 y 3 hertzios se experimenta una relajación profunda: es el estado meditativo, muy creativo… ¡Ahí creas salud!

Y más abajo aún, ¿qué?
De 3 a 0,1 hertzios, estado hipnótico o sueño profundo: se reparan células, se reestructura la mente y ¡se refuerza la inmunidad!

¿Y podría descender aún más hertzios?
Sí: hasta un estado de éxtasis místico, sin espacio-tiempo ni ego…, ¡plenitud absoluta!

Total: que puedo crear mi salud, ¿no?
Tu salud es la función entre la agresión del entorno y la vulnerabilidad de tu organismo, ¡y está claro que tú puedes fortalecerlo!

¿Cerrando los ojos y respirando…?
Una emoción positiva aumenta la inmunoglobulina y la actividad de los linfocitos, que atacan células cancerosas. Así que cierra los ojos… y visualiza escenas e imagina situaciones relajantes y benéficas para ti, pues para tu cerebro… ¡es igual imaginado que real!

¿Hay escenas que me aconseje visualizar o imaginar, para ser más efectivo?
Si tienes un tumor en un órgano, visualiza ese órgano, imagina que lo bañas en luz… e intenta ver cómo va limpiándose y sanando. O, metafóricamente, puedes imaginar el tumor como una hamburguesa…, ¡y tus linfocitos como pirañas que van devorándola!

¿Y eso afectará al tumor?
Te certifico que reforzarás tu bioquímica inmunitaria: sosiégate, hazlo desde un estado meditativo, creativo, entre 8 y 3 hertzios…

¿La salud es espejo del alma?
Las llamadas remisiones espontáneas de tumores existen, pero no son milagros: un día comprenderemos bien sus mecanismos. Aunque se nos escape su sentido profundo: ¿cómo explicar la enfermedad en un bebé?

Sólo científicamente, supongo.
O también desde un plano existencial, porque ¡todo es para algo! Si se trata de vivir…, apegarse no es vivir. Vivir es… experimentar y saborear todo lo que sucede: ¡todo!

¿Incluida la enfermedad?
Sí. Y la pérdida. ¡La enfermedad viene a enseñarte o a llevarte! Una de dos. Vívelo así… ¡y habrás vencido! Pase lo que pase.

 

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20130821/54378682161/si-aquietas-tu-mente-fortaleceras-tu-inmunidad.html

 

El fin es mi principio

 

Película completa

Título original: Das Ende ist mein, 2010, Alemania.

Dirección: Jo Baier

Guión: Folco Terzani, Ulrich Limmer

Música: Ludovico Einaudi

Fotografía: Judith Kaufmann

Reparto: Bruno Ganz, Elio Germano, Erika Pluhar, Andrea Osvárt, Nicolò Fitz-William Lay

Productora: Collina Film / B.A. Produktion / Bayerischer Rundfunk (BR)

Sinopsis: Cuando un hombre extraordinario que lo ha vivido todo ve acercarse su fin, decide llamar a su hijo para reunirse con él por última vez en su casa de la Toscana. Su intención es compartir unas valiosas conversaciones sobre la vida que ha llevado como corresponsal de prensa en el sureste asiático, los cambios políticos y sociales de los que ha sido testigo, y la transformación espiritual que ha experimentado en sus últimos años. Pero para él lo más importante es mostrarle a su hijo cómo se está preparando para la última gran aventura de su vida. (FILMAFFINITY)

 

 

El documental artístico Eternal Forest de Evgenia Emets

Descubrí este documental artístico Eternal Forest y su creadora, la artista plural Evgenia Emets (nacida en la URSS, viajó mucho, vivió en Londres, y hoy en Portugal, crea obra en la intersección de la poesía visual y sonora, con una larga práctica caligráfica), a raíz de un coloquio-homenaje que le dedicaron a Kenneth White en la universidad de Lisboa este pasado mes de mayo: Líneas de la tierra. Caminos geofísicos y geopoéticos en el Antropoceno.

“El lenguaje que, dibujando líneas, atraviesa el mundo, es un lenguaje abierto a la polifonía y que resuena con él. El mundo está atravesado por la polifonía de elementos que están en constante movimiento. La polifonía de las expresiones de miles de culturas humanas. Y la polifonía de los numerosos seres que conviven con nosotros. Hoy en día un gran tumulto se hace oír. Esto es lo que llamamos el Antropoceno, la edad geológica en la que la supremacía humana se teoriza y se impone poniendo así fin a la diversidad de las expresiones del mundo.” (Extracto del programa)

No puedo evitar aquí, haciendo resonar tres prácticas artísticas que me tocan tan de cerca, trazar mis propias líneas entrelazando el trabajo interactivo de Evgenia Emets, la geopoética de Kenneth White, y las líneas pictóricas-sonoras de la artista Fabienne Verdier. Pero eso daría o dará pie a otra entrada, tal vez incluso a otro proyecto!

De momento volvamos a nuestro tema… Eternal Forest es una invitación a reconsiderar nuestra relación fundamental con el bosque. Eternal Forest invita a la audiencia a pensar cómo podríamos transformar la relación ‘extractiva’ actualmente dominante con el bosque y por qué este es un paso urgente y necesario. ¿Cómo podemos contribuir a crear un entorno de biodiversidad que requiere décadas o siglos, un tiempo más allá de nuestras vidas, para madurar y prosperar? ¿Cómo valoramos algo que sólo nuestros bisnietos y sus antepasados ​​podrán ver plenamente desarrollados? Filosóficas, artísticas, espirituales, religiosas, económicas: ¿cuáles son las distintas perspectivas, y cómo podemos integrarlas para que todos podamos trabajar juntos para preservar y reconstruir los ecosistemas forestales de biodiversidad?

El proyecto Eternal Forest se lanzó en mayo de 2018 en Portugal en la residencia de arte Raizvanguarda con el motivo de escuchar y grabar la voz de las personas que viven en las aldeas, rodeadas de monocultivos de eucaliptos. La primera etapa del proyecto se completó en 2018 y tiene tres elementos: una película, un libro de artista y obras visuales basadas en la poesía escrita durante la residencia.

La película fue creada en las áreas de Gois, Lousã y Arganil en Portugal, y se basa en 12 entrevistas con personas portuguesas e internacionales que viven en la tierra en la zona, los incendios devastadores han afectado directamente a algunas de ellas en octubre de 2017. La gente comparte sus recuerdos, historias y sueños para el futuro sobre los bosques, en el contexto de la deforestación en curso de Portugal, el crecimiento de monocultivos y el aumento de la “desertificación” humana.

La película está subtitulada en inglés y portugués.

 

Libro de artista de Eternal Forrest

http://www.evgeniaemets.vision/2017/12/eternal-forest.html

 

El documental artístico ‘Eternal Forest’ replantea y transforma la relación de una comunidad con sus bosques, a través de las voces de las personas que viven en Goís, Arganil y Lousã, las áreas que, en Portugal, sufrieron incendios sin precedentes en 2017.

Un desastre causado por décadas de prácticas forestales insostenibles. El monocultivo de eucalipto, la ruptura de las comunidades y la desertificación humana.

Estas 12 entrevistas se realizaron en mayo de 2018, y se creó el montaje de 40 minutos del documental ‘El Bosque Eterno’. Se está proyectando alrededor de Portugal durante todo este verano.

El proyecto ha sido apoyado por EarthSkyLab, creado en residencia de arte con Raizvanguarda y también con fondos personales.

Es urgente captar la voz de quienes rara vez tienen la oportunidad de expresar sus opiniones directamente sin filtros.

Tenemos una visión de la aparición de personas y comunidades empoderadas en todo Portugal, reuniéndonos para encontrar soluciones a estos problemas complejos.

La película y el proyecto esperan concienciar sobre la situación ambiental y las consecuencias económicas y sociales asociadas con ella.

Al conectar a las comunidades y crear un sentido de propiedad compartida de la tierra y la responsabilidad que se extiende hacia el futuro, encontraremos soluciones a los desafíos que enfrentan los bosques en Portugal.

Eternal Forest abre una conversación sobre nuestra relación actual con el bosque, pensando en cómo afecta nuestra percepción del tiempo y de los ciclos profundos, de cómo nos afecta en el futuro y de cómo podemos cambiarlo.

Para más información y colaboración económica con el proyecto:

https://www.gofundme.com/eternal-forest-documentary

 

De un tronco caído a una enciclopedia de fauna

 

Esta filmación, es un resumen de la trampa fotográfica que el naturalista Jean Chevallier instaló durante el 2018 en la región francesa de la Champagne, cerca de un tronco de árbol caído sobre el río que resultó ser una pasarela muy concurrida por la fauna del lugar. ¡Buen rastreo!

En el orden de aparición: Gato, coipo (falsa nutria), petirrojo, tordo mus, campañol rojizo, mofeta/ranas, ánade, culebra, ánade joven, gato, zorro, rascón de agua (adulto y joven), comadreja, marta, gato/juv, focha común, rascón (inmaduro), zorro, porrón (hembra joven), gato en caza, pico moteado (inmaduro), focha (inmaduro)/coipo, cuervo, garza/carpa, marta, gata y gatitos, rana, tórtola de bosque, ardilla, martin pescador, arrendajo, zorro, jabalí, ratón de campo/coipo, ratones de campo (grandes y pequeños), campañol y musaraña, ratón espiguero, lirón enano, rata común silvestre, mapache y tejones…

https://www.jeanchevallier.fr/

[chat, ragondin, rouge gorge, grive mus, campagnol roussâtre, putois/grenouilles, colvert, couleuvre, colvert/juv, chat, renard, râle d’eau ad et juv, belette, martre, chat/juv, foulque, râle imm., renard, milouin f/juv, chat en chasse, pic épeiche imm., foulque imm./ragondin, corneille, héron/carpe, martre, chatte chaton, grenouille, tourterelle des bois, écureuil, martin pêcheur, geai, renard, sanglier, mulot/ragondin, mulots, grand et petit, campagnol et musaraigne, rat des moissons pbt, muscardin possible, surmulot, raton laveur et blaireaux…]

 

 

El gran magma de Gary Snyder

Con el corazón encogido estos días por los incendios de California, a tan sólo 50 kilómetros de la casa de Snyder en los bosques de Sierra Nevada, enviando pensamientos de lluvia hasta allí…

 

portada-Magma

 

El camino

La dinastía Shang desapareció alrededor del comienzo del primer milenio a. C. y fue seguida por la Zhou. Esta se afianzó durante quinientos años como una federación de estados cada vez más divididos, hasta que se fragmentó por entero. El periodo siguiente se denomina el de los «Reinos combatientes».

La China civilizada se había dividido en dos culturas considerablemente distanciadas: por un lado, una red patriarcal, militarista y pragmática de linajes y dirigentes con vínculos familiares que se entrecruzaban sobre las fronteras de los diversos reinos en liza y, por otro, una «gente común» con una cultura tradicional arraigada en un largo y saludable pasado y una vigorosa cuota de gobernanza local que sobrevivía asentada en la costumbre. Los dirigentes de la Edad de Bronce tenían incluso una religión propia –mantenían que «los ritos no se transmiten a la gente común»– que giraba alrededor de los augurios y el sacrificio. Augurios porque un linaje reinante apuesta sobre el futuro a largo plazo, al igual que una persona con dinero en acciones comienza súbitamente a calcular intereses y se preocupa por el «clima» económico. El sacrificio, una curiosa perversión de la sacralidad de la cadena trófica, se ofrecía mayormente al legendario recuerdo de los triunfantes antepasados del clan que se hicieron con el poder, padres del Estado, a los que se consideraba «ancestros en el cielo».

Los mandatarios y los estudiosos chinos del siglo IV a. C. eran personas obsesionadas por la sociedad y sus conflictos. De la clase alfabetizada de contables, astrólogos, profesores y escribientes que llevaban registros surgían individuos con ideas para reformar el escenario político y social… o suprimirlo por completo.

Algunos de estos individuos han llegado hasta nosotros a través de la historia como «sabios». Los miembros de las clases oprimidas que albergaban pensamientos similares pueden ser llamados «carismáticos profetas campesinos» o «virulentas curanderas creyentes»; en ocasiones sencillamente se retiraban a las montañas para convertirse en eremitas leñadores. A menudo los sabios chinos posteriores aspiraban a ser considerados como estos.

Una escuela filosófica, el legalismo, estaba completamente a favor del Estado y argumentaba únicamente que los dirigentes debían ser más severos y purgarse de cualquier consideración hacia los sentimientos del pueblo llano. Confucio y su escuela intentaban mediar entre la arrogancia de los aristócratas y la gente sobre la que imperaban, impartiendo una filosofía de gobierno humanitario regido por profesionales virtuosos. Una buena parte del confucionismo es sugerente y emotivo, pero el sesgo hacia el Estado se hace patente desde el principio.

Los seguidores de Mo Zi, una escuela poco conocida hoy pero pujante en su tiempo, parecían aliados en las formas, si no en espíritu, con la gente corriente. Vestían ropa tosca, comían alimentos ordinarios y trabajaban incansablemente, profesando una doctrina de amor universal. Su sentir en cuanto al Estado era ambiguo; creían abiertamente en la guerra como medio de defensa y en el gobierno de los virtuosos.

Esto nos acerca a la visión del mundo más impactante de todo el Extremo Oriente y una de las dos o tres principales de todo el planeta: el taoísmo filosófico. ¿Bajo qué estándares puede uno aventurarse a juzgar una sociedad en su conjunto?

Se puede criticar una sociedad contrastándola con un conjunto de creencias religiosas recibidas, como hacen, por ejemplo, los amish o los testigos de Jehová. También, como a menudo sucede en el mundo contemporáneo, es posible suscribir un análisis de la sociedad y de la historia que sostenga que existen alternativas mejores de orden racional, humanitario y material. Una crítica verdaderamente científica de una sociedad debería nutrirse de toda la información que hoy recopilamos globalmente de la antropología, la ecología, la psicología y demás, y ese método está todavía en pañales.

Los antiguos místicos —los artesanos y pensadores que hoy llamamos «taoístas»—buscaron un sustrato de valores en el orden visible de la naturaleza y sus analogías intuitivas con la condición humana. La expansión mental que esto les permitía, y sus irreve- rentes, ingeniosos, afables y precisos juicios, todavía restallan hoy en nuestro mundo. Sus textos claves son el Tao te king y los titulados Zhuang zi y Lie zi.

Tao se traduce como sendero, o camino, la forma que tienen las cosas, la senda «más allá de una senda». Eran visionarios sociales, naturalistas y místicos que vivían en una China todavía colmada de vida salvaje y bosques de montaña.

La actitud social de los taoístas invoca un mundo precivilizado, de orientación maternal, que existió una vez y que podría existir de nuevo:

He escuchado decir que en la antigüedad las fieras y los pájaros eran muchos y la gente poca. Las personas anidaban todas en los árboles para defenderse del peligro, durante el día recolectando bellotas y castañas, con la puesta de sol subiendo de nuevo a los árboles para dormir. Por eso se les llamaba la gente que hacen nidos. En la antigüedad la gente no conocía la ropa. Durante el verano amontonaban grandes haces de leña y en invierno los quemaban para calentarse. Por eso se les llamaba «la gente que sabe cómo permanecer viva». En la época de Sheng Nung la gente dormía en paz y tranquilidad, y se despertaba con los ojos abiertos y en blanco. Conocían a sus madres pero no a sus padres, y vivían junto a los alces y los ciervos. Comían de su labranza, tejían para vestirse y no albergaban en su corazón intención alguna de hacer daño a los demás. Esta era la más alta y encumbrada virtud. [Chuang Tzu]

De acuerdo a Marcel Granet y otros estudiosos, parece que la sociedad neolítica china era de hecho matrilineal y matrilocal, con una buena dosis de vida religiosa liderada por los wu, o chamanes, mujeres en su mayor parte.

El confucionismo se inhibió de observar en detalle la naturaleza. Los taoístas no solo eran buenos observadores, sino que se elevaron sobre el utilitarismo antropocéntrico, como en esta historia de Lie Zi:

Tian de Qi daba en el jardín de su casa un banquete al que asistían mil comensales. Cuando se sirvió el pescado y los patos, Tian lanzó un suspiro y dijo: «¡Cuán generoso es el cielo con el hombre! Para su provecho hace crecer los cinco cereales y nacer los peces y las aves». La aprobación de todos los invitados resonó en el jardín. El hijo del señor Pao, de doce años, que estaba sentado en segunda fila, avanzó y dijo: «Las cosas no son como vos decís. Todos los seres del mundo son de diferentes especies, pero su vida en nada difiere de la nuestra. No se puede decir que unas especies sean nobles y otras despreciables. La jerarquía entre ellas se basa en el tamaño, la inteligencia o la fuerza. Unas se comen a las otras, pero eso no es algo determinado por su propia naturaleza. El hombre se apodera de aquello que le sirve de alimento y se lo come, más, ¿cómo podría afirmarse que el cielo lo ha engendrado para el hombre? Los mosquitos y cínifes nos pican la piel y los tigres y los lobos devoran la carne humana, ¿acaso se puede decir que el cielo ha engendrado al hombre para los mosquitos y la carne humana para los tigres y los lobos?». [Lie Zi]

Al perseguir el conocimiento de la naturaleza —«naturaleza» en chino es ziran, «así, por sí mismo», aquello que es autosuficiente y espontáneo—, adentrándose en la condición humana y el oscuro interior de los fenómenos, los escritores taoístas ensalzan la suavidad, la ignorancia, el flujo, una sabia receptividad, el silencio. Presentan una paradoja crítica; en concreto, que la energía térmica fluye hacia la indisponibilidad y aparentemente se pierde para siempre: la entropía. La vida parece ser una compleja estrategia para demorar y utilizar ese flujo. Pero lo que podría llamarse energía «espiritual» a menudo se refuerza solo cuando «dejas ir» –abandonas–, «desechas cuerpo y mente», y te fundes con el proceso. El texto de Lao Zi dice:

«El espíritu del valle no muere»
se dice de la hembra oscura.

«La puerta de la hembra oscura»
se dice de la raíz del cielo y de la tierra.

Infinitamente sutil, parece perpetua.
Se usa sin que se consuma.» [Lao Zi]

Este principio es la llave para entender el taoísmo. No hagas nada contra la corriente y todo se completará. Los taoístas enseñaban que tanto los asuntos humanos, como también sistemas y subsistemas, se mueven apaciblemente por cuenta propia; todo orden llega de dentro, el de todas sus partes, y la idea de la necesidad de un gobernante centralizado, divino o político, es una trampa.

¿Cómo fue entonces que la humanidad perdió el camino? Los taoístas solo pueden contestar que a causa de la intromisión, las dudas y algunos errores. Y realmente el camino puede perderse. Siglos más tarde, los budistas chan (zen) abordaron esto con la intensidad paradójica que les caracteriza: «El Camino Perfecto no tiene dificultad: ¡Esfuérzate!». China se ha estado esforzando durante todos estos siglos.

 

Gary Snyder. El gran magma. Memorias y apuntes sobre naturaleza e historia en Asia Oriental. Trad. Nacho Fernández R.  Varasek Ediciones, 2018.

http://www.varasekediciones.es/el-gran-magma-gary-snyder/

 

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Gary Snyder (San Francisco-EEUU, 1930). Poeta esencial de la generación beatnik,  ensayista y activista del medio ambiente. Perteneciente a la Generación Beat y autor de más de veinte libros de poesía y prosa, obtuvo el Premio Pulitzer en 1975. Es considerado el moderno Henry David Thoreau, un eco-poeta y un eco-luchador. Ha realizado todo tipo de trabajos, granjero, leñador, marinero y forestal, además de profesor universitario. Ha viajado durante años, sobre todo por Japón, China e India. Snyder es el protagonista del libro de culto “Los vagabundos del Dharma” de Jack Kerouac. Es el autor del imprescindible libro de ensayos “La Práctica de lo Salvaje” y del diario del viaje con Ginsberg, Orlovsky y Kyger “Viaje por la India”, publicados en esta misma colección.  En la actualidad vive en Tamalpais, en las colinas de la Sierra Nevada.

 

Diálogo con Kenneth White, inventor de la geopoética | Álvaro García

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Entrevista y traducción: Álvaro García

“Esta entrevista inédita con Kenneth White es –ay– de 1997. El gran poeta en inglés y prosista en francés me envió por correo postal sus respuestas, escritas a mano. No sé por qué se quedó inédita, a diferencia de mi traducción de su libro Atlántica, que White estaba a punto de viajar a Málaga a presentar. Lamento no haber tenido –supongo– dónde publicar la entrevista, y después olvidarla. En ella se habla, entre otras muchas cosas, del neologismo whiteano que inspiró el nombre del festival español Cosmopoética. Kenneth White había hecho su tesis doctoral sobre nomadismo intelectual y había fundado el Instituto Internacional de Geopoética, con sede en varios países. La edición en español de Atlántica, que sólo circuló entre amigos, no tuvo, creo recordar, más que una reseña de Enrique Carratalá. Tantos años después, valga resarcir en parte aquel silencio con la recuperación de esta entrevista.” [Alvaro García]

[Nota mía: he añadido fotos (menos el retrato de K.W. inicial) y vídeos a la entrevista de Alvaro García.]

 

— Parece usted, como creador-investigador, muy consciente de los pasos que propone a la poesía. Ha acuñado, por ejemplo, los términos «biocosmopoesía» y «caoticismo».

— Me gusta mucho esa expresión tuya: creador-investigador. Lo que en nuestra cultura, o más bien pseudocultura, se entiende por «creación», puede venir de distintos niveles del ser humano, a veces muy superficiales y de distintos campos de la experiencia, a menudo muy restringidos. Antes de hablar de creación, me gusta practicar la investigación, seguir pistas, despertar el conocimiento, ir al fondo de la condición humana. Y después llevar todo eso al límite; eso es lo que yo entiendo por poetizar, por poética. La palabra «poesía» no tiene verdadera fuerza o eficacia en nuestra civilización. Es casi tan imprecisa como la palabra «literatura». Para la mayoría de la gente, poesía significa «yo y mis emociones», «yo y mis fantasías», «yo y mi sufrimiento», «yo y mi pasión». Para los más sofisticados, lenguaje sobre el lenguaje, idealismo vacuo, ironía cínica, etc. Nada de eso me interesa. Para nombrar lo que me interesa y lo que entiendo por poesía cuando uso esa palabra, he inventado palabras y conceptos. Biocosmopoesía es una de ellas. Es una palabra grande, como una roca en el mar. Pero vista de cerca es suficientemente clara. Lo que expresa es que todo comienza con la energía animal (bio), luego viene la expansión de esa energía (cosmo) y después el intento de hallar un lenguaje para esa expansión (poesía). El otro término, caoticismo, viene de la intuición de un orden complejo: que hay orden en el desorden, que el orden puede hablar de una manera desordenada con bellas formas nuevas, que no hay frontera entre el caos y el cosmos. Yo lo llamaría intuición poética. Pero es algo que también la física moderna ha concluido. En una verdadera cultura –la que me gustaría que hubiera– no están separadas la poesía, la filosofía y la ciencia.

 

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— ¿Por qué el título de Atlántica?

— Es una palabra perfecta para el título del libro. No es ni inglesa, ni francesa, ni española. Es una formación elemental latina que significa «las cosas atlánticas». Se refiere, en principio, al Atlántico. He investigado sobre él por ser mi propio territorio originario; le he dedicado años de trabajo, mientras exploraba otros territorios. Durante mucho tiempo, el océano Atlántico fue lo desconocido. Para los griegos, fue el misterioso Mar Hiperbóreo; para los romanos, el Mare Tenebrosum. Píndaro dice que ningún griego debe ir más allá de las columnas de Hércules. Ulises se atreve al Atlántico y naufraga. Así que el Atlántico simboliza bien el «área difícil» –así titulé mi primer libro– en que la poesía se adentra desde, digamos, Rimbaud y Nietzsche. Me interesa la gente que va al exterior. O quienes hablan de antiguos periplos, como Avieno, que tuvo acceso a los archivos fenicios. Y me interesan las singladuras por ese mar desconocido, como las de los monjes-poetas celtas que se movieron, sobre todo, por el archipiélago escocés, pero también llegaron a Islandia y tal vez hasta las Canarias. Hay, por lo tanto, una presencia del Atlántico en sí. Pero no puedo pronunciar su nombre sin pensar también en los cuadernos de Leonardo da Vinci, conocidos como el Codex Atlanticus. Dicho de otro modo, Atlántica es también una dimensión mental cuya carencia ha hecho que nuestra cultura se hunda en el fárrago de una nulidad sin sentido o, si no, como reacción, se haya vuelto a lo religioso, la metafísica o la ideología. Debo añadir que para mí no hay oposición entre el Mediterráneo y el Atlántico. Los monjes celtas que he mencionado trabajaban en griego, latín, hebreo y celta. Yo he hecho lo mismo. El Mediterráneo no puede hacer lo contrario, vivir vuelto sobre sí mismo. Hay que pensar que si las aguas del Atlántico no entraran en el Mediterráneo, éste sería un mar de sal, un mar muerto. La oceanografía actual tiende a hablar no de espacios marítimos separados, sino del océano del mundo. Atlántica, donde tiene un gran protagonismo el Mediterráneo y lo seguirá teniendo, es mi incursión en ese Océano del Mundo.

— Este libro abre un camino para la poesía contemporánea, por su búsqueda de un espacio nuevo, lo que usted llama un «espacio elemental». Parece resultado de un largo despojamiento, un ejercicio de depuración, casi de desintoxicación, de higiene. ¿Le han ayudado sus trabajos en prosa?

— El ser humano está tan saturado de sí mismo, de meras emociones personales, de cine mental, que no puede ir a ninguna parte. Salir es liberarse de uno mismo. Pero a la mayoría esto le da pánico, lo temen tanto como al silencio: se sienten más seguros, aunque se aburran o se diviertan superficialmente, en la jovialidad y el ruido. Cuesta trabajo y tiempo. Cualquier cultura verdadera lo sabe. En la Amerindia se recomendaba a todo el mundo, no sólo a los chamanes, salir de la comunidad de vez en cuando, irse al bosque o al desierto, salir de uno mismo y probar un yo expandido. Con un nombre nuevo, y con un poema en la cabeza, podían volver a la comunidad en beneficio de ésta, porque una comunidad de individualidades expandidas vive mejor, trabaja mejor que una de tipos cerrados. Nuestra mente tiene tantos estratos y estratos de cultura intermedia y muerta, que nos impiden ver el mundo. Si se trabaja en ello, esos estratos desaparecen. Lo he intentado de muchas maneras. Para resumirlo, con la meditación y el movimiento, como indica el subtítulo de Atlántica. El movimiento está específicamente en el tipo de frase que escribo, ni novela ni documental, sino «libro-itinerario», libros que parten de una congestión, generalmente la de una gran ciudad, y poco a poco se abren a un espacio mayor. Es un proceso de liberación. Hago de hecho tres tipos de libro: el libro-poema, el libro de prosa narrativa y el libro-ensayo. Los tres son necesarios para mí y se influyen entre sí. He comparado esta triple actividad a una flecha: los ensayos son las plumas de la flecha, para mantener la dirección; los poemas en prosa narrativa son el cuerpo de la flecha, y el poema es la punta. La prosa explora caminos, los poemas se concentran en ellos y los ensayos son la cartografía de esos movimientos y momentos.

 

2005081910530674_low K. White en la biblioteca de su estudio atlántico en la costa norte de la Bretaña francesa

 

— ¿Qué importancia le da usted a la escritura? Me refiero a lo físico de la poesía, no a su espíritu. A la técnica, incluso al estilo. Entiendo que para usted sería una especie de truco, de engaño, o por lo menos una limitación. Por contra, tanto el poeta como sus personajes –Brandan, etc.– buscan la palabra, la expresión. ¿Entendería el estilo como eficacia en lugar de como adorno, o ni siquiera como eficacia y es la poesía la que surge al margen del lenguaje?

— Mi actitud no es la de un esteticismo formal o un formalismo estético. Ese fue el último refugio de los metafísicos idealistas, equivalente literario del dandi existencial. Yo no soy un dandi; soy, para citarte a ti de nuevo, un creador-investigador. Dicho esto, he experimentado mucho con maneras de escribir y pensado mucho en lo físico de la poesía, que alguna vez he comparado con un jardín zen, aparentemente asilvestrado, pero con una armonía y una lógica interior. Me costó diez años llegar, desde una masa de material heterogéneo, a un campo de energía, la forma abierta pero poderosa que buscaba. Hablaría de lo físico de la poesía casi en un sentido científico, menos en términos de arquitectura que de energía cuántica. He intentado despegarme del noble, trágico o melancólico tono tan frecuente en poesía y conectar con lo físico del universo, lo que significa, entre otras cosas, meter la prosa en la poesía: ritmos de conversación, formas orales. Hay mucha oralidad en mi escritura. Tanto, que prefiero hablar más de litoralidad que de literatura. Además de comunicación, el lenguaje es expresión de una presencia en el universo. Contacto entre el hombre y el cosmos. Cuando ese contacto es fuerte, el lenguaje está al límite del lenguaje y se produce la mayor poesía.

— ¿Influye en su obra el paisaje donde escribe?

— Muchísimo. Desde el movimiento de las mareas y la escritura de las olas en la arena en la costa oeste de Escocia, las distintas piedras, el vuelo de los pájaros, las crípticas marcas de los troncos de los abedules, la morfología de las rocas, es el paisaje lo que ha configurado mi sentido de las cosas y mi sentido del arte. También, pasear por la playa vacía, los páramos vacíos, escuchando sólo el viento interrumpido por el graznido de las aves. Para mí, por ejemplo, un pájaro nunca será el «símbolo de la libertad» ni ninguna de esas nociones seudopoéticas, que aborrezco. Será un cuerpo físico entre corrientes variables, con alevosía de alas.

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— Como catedrático que ha sido de poesía del siglo XX, ¿qué resumen podría hacer de lo contemporáneo?

— Pocas veces lo contemporáneo es interesante. Y nuestra situación contemporánea, en general, con excepciones individuales, no es interesante en absoluto. Es un batiburrillo de confusión, agitación y mediocridad ruidosa. Se han abolido los antiguos criterios, pero los nuevos no se han generalizado más que en su vertiente trivial y sentimental. Los medios de comunicación, con pocas excepciones, se complacen en ella, avivándola día a día, semana tras semana, hasta crear su propia subcultura, un muro entre la verdadera obra creativa y la gente. No es sólo mediocridad, es mediocracia. La mediocridad convertida en un poder, lo cual es, junto a la demagogia, el peor enemigo de una democracia exigente. He vivido mucho tiempo alejado y en silencio para poder hacer lo que considero el trabajo fundamental. Necesitamos una nueva base, un nuevo campo. La enseñanza ha sido para mí, como los recitales, una extensión de mi escribir en silencio. En la Sorbona yo mismo definí mi área de trabajo y el programa. No «poesía», sino «poéticas». No me sentía vinculado a todo lo que se ha escrito en el siglo XX en nombre de la poesía, sino al trabajo poético que ha ayudado a dar cierta forma al siglo, a servidores de algo más que el vuelo personal: Pound, Olson, Williams, Eliot, Lawrence, Yeats; atento al mismo tiempo a lo que les faltaba. Llevándolos a sus límites, perfilaba los contornos de algo más. En un seminario sobre poética del mundo, acerca de lo que significa una «cultura viva», un mundo vivo, podía referirme a textos sánscritos, sagas nórdicas, taoísmo chino, navegación polinesia, chamanismo siberiano, lo mismo que a estudios biológicos, geológicos, lingüísticos y físicos. Todo esto, rumbo a una poética nueva.

— Esa poética nueva, ¿tendría algo que ver con lo que algún crítico ha llamado «postvanguardismo que reúne las piezas del mundo», sus culturas, sus lugares y sus épocas?

— Creo en la necesidad de conceptos nuevos. Hay posibilidades y uno nunca está solo, hay afinidades. Una cultura viva las ofrece. En nuestro tiempo, cualquier persona puede acceder a todas las culturas del mundo, las referencias pueden ser múltiples y es la primera vez que esto ocurre en la historia de la humanidad. Es una oportunidad magnífica. Puede darse algo parecido a una literatura mundial. Hace falta, desde luego, mucha energía, un gran horizonte investigador, capacidad de síntesis y una poética capaz de abarcar sin perder intensidad. Así es como concibo mi trabajo.

— Por eso su obra ha podido ser calificada como «primera expresión coherente de la posmodernidad».

— Es verdad que un crítico lo ha dicho. Pero, para que incidiese en la época, esa coherencia tendría que ser capaz de proyectarse hacia la sociedad, más allá de lo moderno o lo posmoderno. Y es a lo que aspiro.

— En este sentido de universalidad, podemos hablar de su tarea como fundador y director del Instituto Internacional de Geopoética. ¿Cuál es su objetivo? ¿En qué países funciona y con qué sistema?

— El concepto de geopoética me vino a la cabeza, hace años, como unión del espacio al que tendía mi obra y otro que veía surgir de la ciencia, la filosofía y la poesía. Trabajé en esa convergencia hasta que, en 1989, decidí fundar el Instituto. Al principio, la organización era centralista, para situar bien la teoría y la práctica. Después, con una base de referencia ya constituida, decidí pasar a lo que llamo la archipielización del Instituto, la creación de varios grupos, centros de estudios que llegaran a ser autónomos. Hoy funcionan en Francia, Bélgica, Alemania, Italia, Escocia, Serbia, Macedonia, Canadá, India. Otros se están formando en Suiza, Bulgaria, etc. A partir de la condición local, esos centros investigan en el terreno de la geopoética, unos concretándola en la geografía y la psicología, otros en las artes.

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— ¿Hay frutos ya?

— Sí, muchos. La mayoría de los grupos tienen su propia revista, uno ha fundado una editorial y todos organizan simposios, coloquios, etc. Se han hecho tesis sobre literatura, lingüística y arquitectura. Me encantaría que hubiera un centro de geopoética en España que adivinara una línea geopoética en la literatura española, que seguro que existe.

— Como poeta, ofrece usted una opción frente al fárrago y el silencio absoluto, una salida. Como ciudadano, ¿cree que la hay para el mundo? ¿Es posible una política todavía o todo eso acabó en la basura?

— Sé algo de política. Vengo de una familia obrera, socialista y sindicalista. Mi padre, que trabajaba de guardabarreras, me decía frases en español de sus lecturas sobre la Guerra Civil y las Brigadas Internacionales. En Glasgow y en París me adentré en la teoría y la práctica del comunismo. Participé en el Mayo del 68 y, después del 68, abandoné la política activa.

— ¿Por qué?

— No porque me volviese apolítico, sino por pensar que el problema político tenía que ser abordado desde un nivel más profundo que la política. El mayor problema es cultural. Cuando a principios de los 60, en Glasgow, formé un grupo, hablaba en términos de revolución cultural. Hoy pienso más en términos de evolución. Tal vez si abrimos un nuevo campo cultural podríamos llegar a alguna parte, incluso políticamente.

— ¿Cómo es su vida en los distintos lugares donde vive y trabaja? ¿Viaja constantemente, pasa largas temporadas en Bretaña, en Escocia?

— Paso la mayor parte del tiempo en mi estudio atlántico de la costa norte de Bretaña. Si soy, hasta cierto punto, un hombre nómada, también lo soy sedentario. De hecho, si viajo tanto, física o intelectualmente, es para poder residir mejor.

— También por obligación, supongo.

— El año pasado he dado conferencias y recitales en doce países, pero son viajes adecuados a mi necesidad de renovar sensaciones, entrar en contacto con distintas localidades y después volver a un centro.

— ¿Había estado antes en España?

— No me atrevería a decir que conozco España. Hay regiones enteras del país en las que nunca he estado. Pero viví en los Pirineos diecisiete años y cruzaba la frontera de vez en cuando para ir a Vizcaya o a San Sebastián, y a Aragón, a Huesca, a San Juan de la Peña. También he estado en Cataluña, concretamente en Barcelona, sobre la que escribí un texto. Y he visitado las islas Baleares. Tengo una idea. Pero necesito desarrollarla.

— ¿Le produce extrañeza verse traducido?

— No soy de los que piensan que la traducción es siempre una traición. Más aún, diría algo que para muchos puede parecer paradójico: cuanto más lejos llega una poesía, más traducible es. Más allá de todo color o tonalidad locales, logra el tono fundamental, toca una cuerda universal.

— De Málaga, antes de llegar, tendría noticia por su querido Avieno.

— Este viaje a Andalucía lo ansiaba. Siempre me he imaginado Málaga como una ciudad blanca junto al mar. Y en cuanto a su descripción por Avieno en su Ora maritima, que traduje al inglés y al francés hace años, estoy encantado, lo tomo como un signo. Si inauguramos un centro de Geopoética en Málaga, podría llamarse Grupo Avieno.

[Cuadernos hispanoamericanos nº 791, mayo 2016]

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Kenneth White. Atlántica (Movimientos y meditaciones). Trad. Álvaro García. Área de Cultura de la Diputación provincial de Málaga – Centro Cultural de la Generación del 27, 1997.

 

[Los 2 primeros vídeos están subtitulados en castellano]

 

 

 

http://www.kennethwhite.org

http://www.institut-geopoetique.org/fr/

https://en.wikipedia.org/wiki/Kenneth_White

Muriel CHAZALON, L’œuvre de Kenneth White : lexique fractal, Nancy, Isolato éditeur, ISBN : 2354480466

https://www.institut-geopoetique.org/fr/nouvelles-geopoetiques