Pensar en tiempos difíciles con Chantal Maillard y Marina Garcés

Vídeo de la conversación (en español) entre las filósofas Marina Garcés y Chantal Maillard titulada ‘Pensar en tiempos difíciles’, con motivo de la reedición del libro ‘La razón estética’ (Galaxia Gutenberg) de Chantal Maillard.

El acto tuvo lugar en la Fundació Antoni Tàpies de Barcelona, el 16 de octubre de 2017.

 

 

 

Vandana Shiva: «El mayor poder, hoy, es la valentía de decir ‘no’»

«La lucha de la Humanidad contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido». Es la frase del escritor Milan Kundera que más repite la ecofeminista india, filósofa y doctora en Física Vandana Shiva, un referente mundial en activismo medioambiental y autora de numerosos libros. En el último, se pregunta ¿Quién alimenta realmente al mundo? y afila el lápiz por un ecologismo conectado con los saberes ancestrales que guarda la naturaleza. Durante esta conversación, también aboga por un capitalismo y una democracia de mejor calidad.

Artículo: Sara Calvo Tarancón

Fotografías: Cristina Crespo Garay

25 JUL 2018

Dehradun es, con probabilidad, la ciudad más inclinada del mundo. Parte de una llanura en las faldas del Himalaya, apenas a 300 metros sobre el nivel del mar, y se encarama a la colina del monte Tiuni, casi cuatro kilómetros más arriba, donde se desperdigan las últimas viviendas. En medicina, se llama simpaticotónicos a quienes, como algunos de sus habitantes, se exponen a cambios bruscos de presión atmosférica. Se les reconoce, entre otros síntomas, por su estado de alerta constante y su hiperactividad. Vandana Shiva nació en Dehradun hace 66 años, y no sería descabellado afirmar que pertenece a este «perfil bioclimático», como lo denomina la ciencia. Hija de una granjera y un guardabosques, su empatía con la naturaleza le vino de serie, pero no se quedó ahí. En 1976, saltó a Canadá y obtuvo el doctorado en Filosofía de la Ciencia por la Universidad de Guelph, y, tres años más tarde, creó la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica, vergel incontenible de proyectos e iniciativas: la difusión de la agricultura ecológica por medio del programa Navdanya, el estudio y mantenimiento de la biodiversidad con la creación de la Universidad de las Semillas, la regeneración del sentimiento democrático (Movimiento Democracia Viva) o el compromiso de las mujeres con el movimiento ecologista (Mujeres Diversas por la Diversidad). A esas alturas, Shiva ya se autodefinía, tajante, como ecofeminista.

 

«Tenemos una democracia falsa que permite ganar elecciones a Trump»

 

Su trayectoria la avala: ha escrito más de una docena de libros influyentes con títulos meridianos como Abrazar la vida: mujer, ecología y desarrolloLa praxis del ecofeminismo: biotecnología, consumo y reproducción, o el último −recién publicado−, ¿Quién alimenta realmente al mundo?, y, entre sus muchos asesoramientos para organismos internacionales, destaca el reporte La mayoría de los agricultores en India son mujeres, para Naciones Unidas. También ha dado sapiencia a Gobiernos de India y el extranjero (entre ellos, el español, durante la legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, y a organizaciones alejadas de los poderes públicos como International Forum on GlobalizationWomen’s Environment & Development Organization y Third World Network. La revista Time la definió en 2003 como «heroína ambiental de nuestro tiempo» y hoy preside la Comisión del Futuro de la Comida, asentada en Italia. Shiva se llama como el dios hindú de la destrucción, que tenía cuatro brazos. En el primer atributo, esta filósofa no coincide en absoluto; en el segundo, con creces. Da la impresión de que tuviera un sinfín de extremidades para hacer tantas cosas en una sola vida. El ecofeminismo es un concepto de finales de los setenta, nombrado por primera vez por la socióloga francesa D’Eaubonne, para referirse a la conexión ideológica que existe entre la explotación de la naturaleza y la de las mujeres, en un sistema dominado por hombres. Hoy, es una definición asimilada y extendida por todos los ámbitos del pensamiento. La conversación con Ethic comienza en este punto. «Las mujeres son las parteras de la agricultura. El capitalismo patriarcal y el colonialismo son hambre, malnutrición, depravación. Para que la gente tenga alimentos reales y para que los agricultores puedan cultivarlos de forma libre, el sistema tiene que cambiar. Y, si no cuidamos el planeta, perderemos el lugar donde cultivar los alimentos».

 

«Estamos llenando el planeta de tóxicos y plásticos, lo cual genera violencia»

 

Los puntos de vista de Shiva son siempre universales. Los problemas de nuestro tiempo no son solo los de los más desfavorecidos: «El ecofeminismo es ubicuo, porque significa lo mismo en Occidente que en el Tercer Mundo. Es fácil darse cuenta de que la naturaleza no está muerta ni es inerte, algo que, después de dos siglos de auge del carbón y el petróleo, este tipo de capitalismo que se practica nos ha hecho creer. Es tristemente comprensible: al final, si la naturaleza está muerta, hay más material fósil que extraer. Pero no, la naturaleza está viva y, por fortuna, fuera de los mercados. Los científicos se dan cuenta de eso: el sistema está vivo, las semillas, la tierra, las abejas y los insectos. La naturaleza es fascinante y tiene una inteligencia increíble. ¿Cómo encuentran las rutas de migración los pájaros, por ejemplo? Todo lo que tenemos viene de la capacidad productiva de la tierra». En este punto de la conversación, la filósofa llega a una conclusión concluyente: «Las mujeres han sido catalogadas como el segundo sexo pasivo. Se ha declarado que no trabajamos porque tenemos que estar en casa y cuidar de los hijos y hacer la comida, cosas que no están consideradas como un trabajo que produce beneficios para este sistema. En realidad, se considera que los dos elementos más importantes de nuestra vida, como son la tierra y las mujeres, no producen nada. Esa creencia es la que nos ha llevado a la crisis. Ante todo, la ecológica, donde vemos que se están extinguiendo las especies, que desaparece el agua y aparece la desertificación. Estamos llenando el planeta de tóxicos y plásticos, lo cual genera violencia. Reconocer las capacidades de la naturaleza y de las mujeres introduce la posibilidad de que exista un sistema no violento de prosperidad y bienestar para todos. Esto es algo necesario para el futuro».

Defensora de la exclusividad seminaria de las mujeres y la tierra, Shiva reclama que a esta última se le está despojando, cada vez más, de ese derecho. O, al menos, de ejercerlo a su ritmo. A un ritmo natural. «La comida de los supermercados no es comida, son productos que se parecen a los alimentos. Están absorbiendo el comercio local desde hace diez años, desde que existe la globalización. No es una batalla perdida todavía, por suerte. Incluso en España hay tiendas locales. En mi país, India, hay alimentos en todos los lugares, asequibles, frescos, diversos, nutritivos. Pero he visto cómo, ley tras ley, esto ha ido cambiando. Para mí, los alimentos son una cuestión democrática. A eso lo llamo ‘democracia de la tierra’. Porque ahora tenemos que trascender ese antropocentrismo que va codo con codo con la dominación de la naturaleza. Cuando asumimos que somos parte de ella, aprendemos de qué va todo esto», explica. Su activismo empezó desde una pequeña localidad del Himalaya y lo extendió a todo el mundo sin la facilidad de las redes sociales. Hoy, Shiva no subestima su poder, pero lo observa con tiento: «Sirven, como se ha demostrado, para denunciar tanto los casos de acoso [algo que ha hecho el movimiento #MeToo] como el caos climático del que hablo en mi libro. Pero he visto muchas mentiras fabricadas en las redes sociales. Lo vi en las elecciones de Trump con Facebook. Tenemos una democracia falsa que permite ganar elecciones a alguien como él. En lo que verdaderamente creo es en el poder real que tenemos para actuar con base en la solidaridad. La humanidad tiene potencial. Y sí, Internet y las redes sociales pueden tener un rol importante, pero no pueden ser un sustituto de las personas físicas, reales, actuando colectivamente en las calles».

 

«Internet y las redes sociales pueden tener un rol importante, pero Facebook no debe sustituir al activismo en la calle»

 

La doctora se remite a una frase que repite con frecuencia: «La tecnología se está convirtiendo en una nueva religión». Y la explica: «Hoy en día, las religiones son impotentes. El peligro es el uso político, no ya de la religión, sino de la fe. La fe puede ser privatizada. Antes era distinto. Cristóbal Colón tuvo poder para colonizar otras tierras con la voluntad del Papa y ahí la religión se usó para conquistar. Pero la religión nunca ha tenido el poder de destruir los sistemas de la tierra ni de ir a las entrañas de los sistemas climáticos, de las especies en peligro de extinción o de la propagación de los tóxicos. Hablemos, ahora, de la tecnología. Cuando reconoces que es una herramienta, tú decides si quieres usarla para proteger la tierra y en beneficio de la sociedad. Con frecuencia, la tecnología está restringida en mi país, porque destruye trabajo. En India, ciertas industrias nunca van a ser mecanizadas, porque dan empleo a millones de personas. Hay que considerar todos estos asuntos. Cuando la tecnología empieza a ser aupada hacia un altar, lo primero que hace el establishment es controlarla, porque esto significa controlar también la democracia». El alegato contra el exceso de poder de ciertas empresas es inevitable: «Algunas se comportan como si no existieran leyes ni democracia. ¿Cómo se puede controlar a los que controlan el mundo? En primer lugar, entendiendo nuestros propios poderes, nuestras propias fortalezas y los límites que podemos poner. En mi país, en mi tierra, el instrumento más potente que existe es el poder de la gente que dice no. Cuando Gran Bretaña nos obligó a cultivar algo que no queríamos, no lo hicimos. Cuando nos forzaron a base de impuestos y tasas, las mujeres se levantaron y les dijeron: ‘Preferimos morir antes que daros nuestro arroz’. Además, ese momento coincidió con la grave hambruna en Bengala, en la que murieron dos millones de personas. Esto fue en 1942». Shiva concluye con una aseveración contundente: «Ese es el poder que me interesa, el poder de decir no. Es el poder de la desobediencia civil. Cada vez que digo no al poder corporativo, estoy limitando el poder. Es lo que hemos hecho con las semillas en los últimos 30 años. Cuando Monsanto nos dijo que sería dueña de cada semilla a través de los organismos genéticamente modificados y las patentes, supimos que teníamos que protegerlas. Teníamos que asegurar que todas y cada una de las semillas estuvieran en manos de los campesinos. Hoy puedo decir, sinceramente, que, 30 años después, la de Monsanto es una voz marginal entre la población».

https://ethic.es/entrevistas/vandana-shiva/

¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 5 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos). COLABORA

 

Byung-Chul Han: “El ocio se ha convertido en un insufrible no hacer nada”

 

El filósofo coreano Byung-Chul Han.
FOTOGRAFÍAS: JULIEN MIGNOT | GETTY | ISABELLA GRESSER

 

LUIS MARTÍNEZ| Berlín | 12 FEB. 2019 

Nacido en Corea del Sur y formado en Alemania, es el pensador de referencia del nuevo milenio y el que critica con mayor dureza los vicios de la sociedad digital: de la dependencia de las redes al atracón de series. Ahora publica ‘Buen entretenimiento’

Cuenta Byung-Chul Han (Seúl, 1959) que empezó a interesarse por la Filosofía por un problema de exceso de atención. Leía demasiado despacio. Su incapacidad para adecuar su ritmo de lectura al que, según él, exige la literatura, le llevó a interesarse por la primera de las ciencias. Y fue ahí, en la lenta descripción de cada palabra alemana donde empezó a familiarizarse con la revolución del sentido de Husserl y los laberintos etimológicos y polisémicos de Heidegger. Y ahí sigue.

Han sigue leyéndolo todo, realidad incluida, según su particular sentido de la cadencia; consciente de que lo que importa antes que nada es el propio tiempo. Cada uno de sus libros, todos publicados en español por Herder, ha servido para dibujar con precisión los contornos de la sociedad digital que nos habita. La explotación ha devenido autoexplotación (La sociedad del cansancio), el infierno de lo igual ha aniquilado el verdadero sentido del otro (La agonía del Eros), la represión ha sido sustituida por el exceso de información y de placer (La expulsión de lo distinto), y el entretenimiento ha sido absorbido por la imperiosa necesidad de producir (aquí, su último y fulgurante ensayo Buen entretenimiento). Y así.

Byung Chul-Han se toma su tiempo hasta para responder un cuestionario que solicita por escrito y en alemán. De las 17 preguntas que le enviamos responde 10. O mejor, funde las respuestas de unas en otras y descarta las, quizá, demasiado genéricas (sobre el sentido de la cultura) o demasiado concretas (sobre su serie favorita). El resultado es una entrevista tallada en la precisión misma del tiempo. Y, en efecto, de eso se trata. Como él mismo dice lo que cuenta es devolver no tanto el sentido, que también, como “la fragancia” al tiempo.



https://www.elmundo.es/papel/lideres/2019/02/12/5c61612721efa007428b45b0.html?fbclid=IwAR3lBJzhG-7pHFudKculeTiuUR9_U8U_Xon39rL5SVCI1jlhT06XPIZ5s-k

 

Muriel Chazalon | Un lexique fractal de l’œuvre de Kenneth White

Lexique fractal_1

¡ G r a t i t u d !

Mi estudio “L’œuvre de Kenneth White. Un lexique fractal”, recién salido de la imprenta de las Éditions Isolato (Francia) donde estaba desde hace 5 años, ha llegado por fin! Una bella y cuidada edición, sobria, elegante. Imposible pedir más! Estará en librería (al menos en Francia) a partir del 7 de junio.

Lexique fractal_2

 

De momento, para hacer boca, os traduzco la contraportada y os dejo con el índice de los términos :

A partir de un enfoque intelectual abierto y totalizador, Kenneth White ha elaborado durante más de 50 años de escritura, de investigación, y de sucesivas publicaciones, una obra profundamente coherente. De esta obra “e-norme” (fuera de normas) emerge un “extravagante” corpus de términos significativos y característicos, de ideas singulares, de conceptos y nociones clave que quisimos reunir en este léxico. Las sesenta y nueve entradas que lo componen dibujan, cruzándose entre sí, una cartografía de geometría fractal, con el fin de acompañar, complementar o introducir al lector en el pensamiento y en la obra original de este nómada intelectual, logrando así una mejor comprensión de su unidad y de su especificidad. Este léxico fractal –verdadero log-book, “libro-del-logos” como le gusta a este poeta-pensador traducirlo– va dirigido a los investigadores, a los estudiosos y a todos aquellos que desean descubrir la geopoética o que, practicándola desde hace tiempo, quieren ampliar su conocimiento de la obra-en-curso de este excepcional europeo franco-escocés — sus coordenadas, sus derivas, sus desafíos y el amplio alcance de su proyecto poético global. 

M. Ch.

Lexique fractal_5

 

<< Nunca trabajé en un clima de esperanza o de expectativa – lo que significa, en toda lógica, que no puedo perder la esperanza ni sentirme desesperanzado. Trabajo como el árbol crece, como el océano circula alrededor de la tierra.

Y nunca olvidé aquella descripción, que hizo Daniel Rops, de algunos monjes que, en una época desastrosa, calamitosa, el final de la Edad-Media, en la que los libros se descomponían en las bibliotecas, creaban “inmensas obras –para nadie, para nada”. >>

Kenneth White

 

20190530_120014

 

 

 

 

Aquesta presentació amb diapositives necessita JavaScript.

 

Siri Hustvedt, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019

El jurado considera que la obra de la escritora estadounidense “incide en algunos de los aspectos que dibujan un presente convulso y desconcertante, desde una perspectiva de raíz feminista”

Barcelona 
Siri Hustvedt, en abril de 2017, en Barcelona. En vídeo, la escritora es elegida Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019. NURPHOTO GETTY | VÍDEO: EPV


La escritora estadounidense Siri Hustvedt (Northfield, Minnesota, 1955) ha ganado el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019. El acta, que ha sido leída este mediodía en Oviedo por el presidente del jurado y director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, ha destacado que la obra de Hustvedt es “una de las más ambiciosas del panorama actual de las letras” e “incide en algunos de los aspectos que dibujan un presente convulso y desconcertante, desde una perspectiva de raíz feminista”. Tanto desde la ficción como desde el ensayo, Hustvedt aborda los temas “como una intelectual preocupada por las cuestiones fundamentales de la ética contemporánea”, ha valorado el jurado. Autores como Fred Vargas, Adam Zagajewski, Richard Ford, Leonardo Padura o John Banville han recibido el galardón en las últimas ediciones.

Hustvedt ha tenido que luchar casi los 64 años que cuenta contra dos tópicos que le molestan especialmente: ser definida como “la esposa de…” por estar casada con el reputado escritor Paul Auster (que también recibió este premio en 2006), y la de que las mujeres no están especialmente dotadas para el pensamiento en general y la ciencia en particular. Ante ambos tópicos ha salido victoriosa la flamante premio Princesa de Asturias de las Letras.

Quizá sin saberlo, ha luchado desde sus inicios contra ello. Hija de emigrantes de origen noruego, licenciada en Historia con poco más de 20 años, cambió los pasajes rurales de su Minnesota natal por la culturalmente bulliciosa Nueva York de los años setenta. En el bagaje, lecturas existencialistas de Kierkegaard y psicoanalíticas de Freud con apenas 16 años y una cada vez más voraz pasión por la neurociencia y el psicoanálisis, al que se somete dos veces por semana. “Funciona como el arte, tiene que ver con crear: lo que se crea, básicamente a partir del diálogo, es la persona que se psicoanaliza”, lo ha definido en más de una ocasión.

El resto lo ha forjado gracias a dedicar disciplinadamente, aún hoy, cuatro horas diarias a la lectura de ensayos, lo que en buena parte explique que sea autora hasta la fecha de una obra casi tan extensa en no ficción (con seis títulos), como en ficción (siete novelas). “Para mí son verdaderos vasos comunicantes”, dice a quien la crítica ha definido más de una vez como una “novelista de ideas”, etiqueta que ella misma admite con agrado.

Feminismo, arte y ciencia son las tres probetas con las que ha ido conformando su obra, que arrancó en 1992 con la elogiada novela Los ojos vendados y que ha marcado el tono literario de esta admiradora de Dickens (a cuyo análisis dedicó su tesis doctoral), en novelas que suelen ir y venir en sus hilos argumentales, que pueden armarse y desarmarse, mecidas por los vaivenes de la memoria de sus personajes, como puede comprobarse también en Recuerdos del futuro, el último título publicado hasta la fecha y editado hace apenas tres meses en España (Seix Barral / Edicions 62, en catalán).

Muchos de los personajes que protagonizan sus novelas, como Todo cuanto amé (2003), El verano sin hombres (2011) o Un mundo deslumbrante (2014), dejan entrever claramente las tesis de esta mujer enjuta, alta, que usa la ironía para encajar, siempre con una sonrisa muy suya, “ser la esposa de escritor famoso que ven siempre como el responsable de la educación de su mujer”, como ella misma lo define.

Fina analista de la trastienda comunicativa del arte (como demuestra en Los misterios del rectángulo, 2005), no es menos elegante al abordar su clara militancia feminista. Quizá la mejor fusión de sus intereses esté, hoy por hoy, en el último de sus ensayos, La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres (2016), que acoge algunas de sus mejores reflexiones publicadas entre 2011 y 2015. Una de las conclusiones que se extraen de su lectura puede ser, como defiende ella misma, que “todos somos un poco hombres y un poco mujeres”, algo que queda reflejado, dice, en la falsamente muy masculina elogiada obra de Karl Ove Knausgard.

Defiende su feminismo con una gran fuerza, la que proviene de la pura convicción: “Como mujeres debemos ejercer el poder y la autoridad sin esperar el permiso de los hombres para hacerlo”, sostiene quien recauda dinero para organizar la “resistencia” contra el presidente Trump, alguien que “en la guerra civil contra las ideas que tiene lugar en Estados Unidos dispara racismo y misoginia; en realidad, su elección fue fruto del miedo de los hombres a las mujeres; temen perder autonomía”. Una princesa, pues, muy de los tiempos.


Xavier Melloni: “El silencio no es la ausencia de ruido, sino de ego”

Xavier Melloni, teólogo, místico, antropólogo: vive en la cueva de San Ignacio de Loyola.
¿Edad? Estamos gestando continuamente otra vida dentro de nosotros: cada instante alumbra el siguiente y nuestra existencia, otra, que empezará al acabar esta. Nací en Barcelona. Casado con la vida. ¿Hijos? Hay muchos modos de engendrar. La mística experimenta lo que la ciencia demostrará

“Si aprende a tomar conciencia, cambiará de sitio sin moverse”
Otras Fuentes

“Si aprende a tomar conciencia, cambiará de sitio sin moverse”


 

Usted dice que el silencio no es la ausencia de ruido, sino de ego…

… ¿Me callo?

El mutismo no es silencio, sino la impotencia de la palabra. El silencio está habitado; el mutismo está vacío.

¿Cómo escuchar el silencio?

La naturaleza está llena de sonidos: el viento sopla en los oídos, los pájaros trinan, las ramas del bosque crujen al pisarlas… Escuchamos en ellos el silencio, porque no son ruido: son sonidos sin ego. No te reclaman.

¿Cómo librarnos del ruido del ego?

Viviendo aquí y ahora: siendo conscientes del momento. Sin necesidad de repasar continuamente cuanto haces y dices o cuanto dicen y hacen. Sin evaluar, controlar y juzgar lo vivido. Porque el ruido está en ese juicio compulsivo; en la comparación; en lo sobreimpuesto a la vida. Y es lo que la degrada.

¿Cómo lo consigue usted?

Como puedo. Soy como cualquier lector, pero he ido descubriendo el silencio como una cualidad de atención. Para mí es muy importante cada mañana y cada tarde empezar y acabar el día silenciado. Y terminar cada cosa que hago con la conciencia de que finaliza. Y agradecerla. Y dar gracias también por todo lo que he aprendido al hacerla.

¿Por ejemplo?

Esta conversación, con pausas de calidad de presencia. Y empezaré lo siguiente que haga agradeciendo que lo empiezo y venerándolo: ser consciente y agradecerlo todo.

¿Se trata de no hacer nada nunca en piloto automático ni por puro trámite?

Sí, porque si toma usted conciencia de lo que hace, su vida tendrá más fuerza. Vivirá más.

¿Por qué la vida suele doler en el ego?

El ego es la apropiación del yo, que no es más que un recipiente de conciencia de existencia donde se condensa la totalidad. Todo está en cada uno de nosotros. Si no, no podríamos existir.

¿Por qué hoy el ego se apropia del yo?

Cada uno de nosotros no sólo tiene sus años, sino los 15.000 millones de evolución que nos han hecho como somos. El exceso de ego es la fijación de pensar que sólo tenemos los que nos quedan y los podemos perder.

¿Pensar la muerte no te hace humilde?

Nos colapsamos y nos condensamos en los pequeños años que creemos tener. Y nos angustiamos intentado retenerlos. Pero nuestra conciencia no es propietaria de nuestra existencia: sólo es un recipiente temporal..

…Que durará unos añitos nada más.

La vida se nos da continuamente y si somos cocreadores en la vida, en vez de intentar controlarla y sobrepasarla, la recibimos y la desplegamos y surge así una nueva confianza en nuestra fuerza que reemplaza al ego.

Ni lo soy ni veo voluntarios para morir.

Y es fantástico, porque quiere decir que amáis el don esencial de la vida. Pero hay otro don engendrado en él, que es el siguiente nacimiento. Estamos gestando continuamente otra vida dentro de nosotros: cada instante está alumbrando el siguiente…

¿No se trata de eso: de atraparlo?

Al contrario: cada momento estamos viviendo algo que tenemos que saber soltar. El mismo aire que nos da vida, si lo retuviéramos, nos daría muerte. La vida está hecha de un continuo recibir y dar. Dejarla ir.

¿Habría que alegrarse de morir?

Nuestra existencia es como la gestación de una dimensión más interna que requiere la experiencia humana biológica de esta vida, donde se engendra otra dimensión a la que no podemos acceder si no nos desprendemos de esta.

En cambio, esta época niega la muerte.

Porque insistimos en verla como nuestro final en vez de verla como el comienzo de algo que desconocemos.

¿Y si la biomedicina nos da un día el poder de decidir cuándo morimos?

Sería perdurabilidad; no eternidad. La eternidad es de otro orden; no es un chicle que vamos estirando hasta que se rompe. La eternidad es un cambio de nivel.

¿Más que vivir 200 años como ahora es volver a existir de otro modo?

Y lo bello es que ya lo podemos vivir ahora. Pero nuestro vehículo biológico en la Tierra está programado para sobrevivir hasta los 60, 70, 80, 90 años. Nuestra muerte es lo que más necesitamos para alcanzar posibilidades que en esta vida tienen su límite.

¿Cuáles?

Hay dimensiones, que se están gestando en esta vida, que nos permiten pasar a otra. Pero para ello tenemos que saber soltarnos y nuestra sociedad no nos deja. Hay que aprender a desprendernos de esta vida con confianza. Espero que algún día seamos lo suficientemente maduros como para escucharnos a nosotros mismos y saber cuál es el momento de partir.

¿Cómo saberlo?

Si maduráramos, no alargaríamos los procesos tan complejos y problemáticos que vamos a tener con una población cada vez más envejecida a la que no se ha enseñado a morir. El saber partir es un acto de generosidad y de confianza, para el que aún no todos estamos preparados.

 

Un silencio urgente


“Nuestra sociedad necesita un silencio urgente. Si aprendemos el silencio, cambiaremos de lugar sin movernos: estaremos aquí, pero de forma diferente, no en el mismo aquí en que estábamos.” Xavier Melloni enseña el silencio ante un repleto CaixaForum de Barcelona. Después, en conversación con Fèlix Riera y conmigo, nos enseña a escuchar ese silencio, que no es la ausencia de ruido, sino de ego. En él descubrimos: “Otra dimensión que se está gestando en nosotros y que requiere de la experiencia de esta vida para que la podamos alcanzar después. Nuestra época niega la muerte, porque insistimos en verla como nuestro final, cuando sólo es el comienzo de algo que desconocemos”.

 

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20190416/461682839746/si-aprende-a-tomar-conciencia-cambiara-de-sitio-sin-moverse.html

 

Chantal Maillard. Creer que / creer en

robert-parkeharrison-flying-lesson-photographs-photogravure-zoom_550_604© Fotografía de Shana and Rober ParkeHarrison, Flying Lesson

 

Creer

Creer: crēdēre. El verbo creer comparte la raíz kerd-, que el indoeuropeo le atribuye, con la palabra latina cor, cordis, de la que deriva tanto «corazón» como «cordura». La confianza es un vínculo cordial. Se confía con el corazón. La confianza es la cuerda o cordura que enlaza dos partes, la alianza que asegura la estabilidad o el equilibrio.

La palabra fides, que se tradujo por «fe», significaba confianza. La confianza en la palabra dada era, en los pueblos antiguos, el fundamento de todas las transacciones. De las alianzas también. Traicionar la confianza era romper el pacto, deshonrar la palabra. Respetar la palabra era asumir el pacto.

Con el tiempo, sin embargo, la mente suplantó el corazón y la creencia sustituyó la confianza.

De la confianza a la creencia no sólo hay un largo camino, hay también un cambio de situación: la confianza es cordial; la creencia, mental.

 

Creer que / creer en
Del supuesto al credo

De entre los dos tipos de creencias a las que la mente se entrega, una sola es indispensable. Dos expresiones les corresponden: «creer que» y «creer en».

Creer que (algo sucederá en idénticas o similares circunstancias) es indispensable. Si no creyésemos que la calle fuese a estar «como siempre» allí, tras la puerta, si por un instante dudásemos de ello, no nos atreveríamos a salir. ¿Y si en vez de la calle hay abismo?, pensaríamos. Creer que se establece a partir de una suposición: lo que hasta ahora siempre se ha dado volverá a darse en idénticas circunstancias.

[…]

No cabe duda de que creer que algunos fenómenos poseen cierta estabilidad y de que sean propensos a la reiteración resulta indispensable para la vida en este mundo. El problema se presenta cuando de creer que algunos fenómenos son hasta cierto punto estables pasamos a creer en la estabilidad de los fenómenos. Un corto paso, sin duda, una ligera variante gramatical, pero sumamente importante, pues es el que nos invita a pasar subrepticiamente del supuesto al credo.

*

¿Qué significa «creer en»? «En» es una preposición espacial. «En» nos indica un lugar, el lugar en el que algo está contenido. Nos indica ese «algo», más bien. Algo, o alguien, que está situado dentro de otra cosa. Algo o alguien que está situado dentro, o en el interior, de algo. ¿En qué está contenido aquel que cree? ¿Desde dentro de qué tinaja elabora sus creencias? ¿Con qué datos: con qué alubias o con qué licor?

*

La expresión «creer en» delata siempre un proceso de sustitución: creer en Papá Noel sustituye creer que Papá Noel nos traerá juguetes; creer en Dios sustituye creer que tal dios existe y nos ampara. Quien dice creer en ha sustituido el supuesto por la confianza y la confianza por el credo. Esta sustitución –y el giro gramatical que comporta– pudo tener lugar en un momento concreto de nuestra historia, un momento que se situaría en Roma, en su período de decadencia, con el nacimiento de una nueva conciencia que dejaba sitio a la duda en un ámbito hasta entonces inmune a ella: ¿Y si los dioses no existiesen?… Una simple duda, una simple pregunta, puede desestabilizar un Imperio. Lo evidente de repente deja de serlo, lo nunca cuestionado es cuestionado, lo que sostenía los cimientos se desploma. Ante tal perspectiva, los poderes políticos instituyeron lo que, a partir de entonces, se denominarían «credos».

El paso de creer que a creer en no es el simple resultado de una perversión del lenguaje, es un contrato de sumisión que el creyente firma a cambio de su libertad.

La voluntad entregada, diferida, transferida a una instancia cuya autoridad dependerá del número, la masa, de sus crédulos, sus adeptos, los débiles que se hacen fuertes al amparo de la muchedumbre.

Creer en es la proyección del sentimiento de orfandad. Oficio de sanación, si se quiere. Ilusión compartida, deseada. El creyente busca afianzar en la autoridad lo que la confianza deja a la integridad del propio arbitrio. La autoridad: la autoría del cuento que se impone, ahora sí, como verdad.

Ciertamente, la confianza puede ser traicionada; la creencia, no. Pero mientras la confianza consolida la igualdad y el respeto entre las partes, la creencia asegura la subordinación del crédulo al imperio del que la instaura y la fomenta.

La necesidad de confiar nos pertenece a todos, es consustancial al abandono.
Pero los credos se establecen como estrategia de dominio, y la mayoría de edad consiste en hacer del abandono fortaleza.


Chantal MaillardLa compasión difícil, Galaxia Gutenberg, 2019.

El idiota. María Zambrano

aquetaciÛn 1

 

<< Dejado, abandonado de todos y de sí mismo, va el idiota. No se encamina hacia nada; la línea recta le es desconocida, y, pues que no va propiamente a ninguna parte, no tiene camino. Anda siempre dando vueltas; su moverse es un girar. Cuando quieto mueve casi imperceptiblemente la cabeza, lo hace en redondo también, y no en ese movimiento pendular de abajo arriba, en que cae la cabeza del hombre que no está haciendo nada, que alza la cabeza y la baja como atraído por una doble, contraria gravitación. El idiota debe obedecer sólo a una atracción que no se ejerce ni desde arriba ni desde abajo. Va rondando, bailando alrededor de algo, de un centro que, a veces, parece a punto de tocar, quedándose entonces inmovilizado, pasmado, con la cabeza más redonda que nunca, vuelta hacia el cielo, como si recibiera una lluvia que solamente a él le cae. (…)
Serían de dibujar estos pasos del idiota entre la multitud enlaberintada. Y esa su danza, que parece merodeo a un lado y a otro de los que caminan serios sabiendo muy bien adónde van y conociendo lo que les mueve. (…) Puesto que en el idiota, tan privado de dirección, sólo la sonrisa la tiene y se abre dirigida hacia algo, despertada, atraída como le sucede al viviente en ese instante privilegiado en que coinciden amor y libertad. Suele llamársele, claro, bobería, y, a veces, idiotez, pura idiotez. Ha de ser verdad. >>

María ZambranoEl idiota, Editorial Pre-Textos, 2019.

El idiota, texto de Zambrano seguido de ensayos de varios autores.as:
Clément Rosset, Walter Benjamin, José Luis Pardo, Chantal Maillard, Ignacio Castro Rey, Juan Arnau, Jorge Gimeno, Ana-Luisa Ramírez y Esperanza López Parada.

 

“La rebeldía es difícil, es complicada, dura y solitaria”: Esther Peñas entrevista a Chantal Maillard

ChantalMaillard_BernabeFernandez_web

 

CTXT REVISTA CONTEXTO | 30 DE MARZO 2019 | Esther Peñas

La compasión difícil (Galaxia Gutemberg). Con este perturbador título, Chantal Maillard (Bruselas, 1951), poeta, filósofa, traductora, aborda la violencia del sistema en que vivimos desde el nacimiento a la muerte, pasando por el dolor, la relación de nuestra especie con el resto de seres vivos, la maternidad, el suicidio, la ausencia de dioses o la culpa. Que la vida sea un tránsito soportable depende, según Maillard, de nuestra capacidad de construir espacios compasivos que incluyan no sólo a los inocentes, sino también a los verdugos.

 

De nuevo el hambre, el hambre siempre en tu palabra. ¿Indefectiblemente es la fuente?

—El hambre es el núcleo de esta gran maquinaria de la que formamos parte. El círculo del hambre, esto es el universo. Todo lo que vive se alimenta de otros, la vida de unos se sostiene sobre la muerte de otros, sí, indefectiblemente, sin posibilidad de que sea de otra manera. Cuando teníamos predadores formábamos parte de esta rueda; ahora que no los tenemos nos depredamos mutuamente. En los humanos el hambre se ha convertido en ansia y en violencia innecesaria. Y esto hace que ya no seamos el animal inocente que se alimenta de otro animal inocente. No somos sólo víctimas, también somos verdugos.

Una de las premisas del ensayo es que la violencia mueve el mundo. Pero ¿no hay espacio para la caricia?

—Sí, claro, es una de las cosas que lo hace soportable y una de las causas por las que no nos rebelamos del todo contra el sistema. Cuando hablo de rebeldía, me refiero a decidir quedarte o no en la rueda. El sistema –o la máquina– utiliza muchas estrategias para que no decidamos salirnos de él. Como todo buen sistema. Por supuesto, esas estrategias las llevamos integradas y no nos damos cuenta de que lo son. Estrategias. La necesidad de procrear, por ejemplo, y los estímulos que nos llevan hacia otro ser para ese fin. Creemos que estamos decidiendo, pero decide el sistema. La belleza es otra de esas estrategias.

Pero hay bellezas que nos suspenden, bellezas que nos sostienen…

—Tengamos en cuenta que los modos de percibir están dados. Y la percepción, entre otras cosas, es lo que nos permite la adaptación al medio. Si las partes no se adaptan no se multiplican, y si no se multiplican el organismo perece. La rebeldía empieza allí donde despunta la sospecha de lo que juzgamos bello, dice el libro… La capacidad de admirarse y quedarse, como bien dices, suspendidos, a pesar del horror… es sin duda una de las estrategias mejor conseguidas.

Aseguras que el sistema, la rueda, nos ofrece la ilusión de pensar que actuamos libremente, pero es falso. Si “toda tiranía implica rebeldía”, como aseguras, ¿por qué no nos rebelamos contra el sistema, porque no somos consciente de la tiranía o porque es imposible rebelarse?

—Generalmente porque la tiranía es una solución de facilidad, delegamos gustosamente las cosas que nos inquietan, es más fácil delegar en otro. Y la rebeldía es difícil, es complicada, dura y solitaria. El ángel rebelde está solo. Y su luz es solitaria, también. Y su compasión: Lucifer, recordémoslo, es el portador (ferre) de luz (lux), el que se apiada de los humanos y les trae la conciencia… y el juicio, la capacidad de separar. Se equivocó, claro, a pesar de sus buenas intenciones.

 

LA RAZÓN ES UN INSTRUMENTO QUE EN EL HUMANO SUPLE UNA CARENCIA. NO TENEMOS GARRAS, NI DIENTES AFILADOS, CARECEMOS DE LAS DEFENSAS QUE TIENEN OTROS ANIMALES, DE AHÍ QUE HAYAMOS DESARROLLADO MÁS DE LA CUENTA EL RACIOCINIO

 

—“Todo animal reconoce las sendas que abrieron sus antepasados salvo el humano”. ¿Ahí radica nuestro fracaso como especie?

—En gran medida, sí. La herida original es el olvido. Un olvido que entiendo producido por la importancia que le hemos dado a la razón. La razón es un instrumento que en el animal humano suple una carencia. No tenemos garras, ni dientes afilados, carecemos de las defensas que tienen otros animales, de ahí que hayamos desarrollado más de la cuenta la capacidad del raciocinio. Pero la hemos alimentado hasta tal punto que se ha vuelto arrogante y, creyendo que podía conocerlo todo, le hemos dejado invadir los canales por los cuales recibíamos lo que a todo animal le pertenece: ese saber antiguo que, de especie en especie, remonta los tiempos hasta los inicios. Si escuchásemos al animal que fuimos tal vez ese saber anterior volvería, pero tendría que atravesar unas capas tan gruesas, los residuos del juicio son tantos… Y porque no lo tenemos es por lo que establecemos códigos, normas con las que, por consenso o por imposición, tratamos de regular una convivencia que debería formar parte del orden natural. Luego reemplazamos la conciencia de nuestra ignorancia por un cúmulo de opiniones.

Sin margen para el silencio.

—Un inmenso ruido que nos impide escuchar.

—“De todos los paraísos caemos algún día”. ¿Por necesidad, impericia, maldición?

—No, nos caemos por lucidez. Los paraísos son inventos, creaciones nuestras que corresponden generalmente al deseo de permanencia más allá de la muerte y al deseo de bienestar absoluto. Tomar conciencia de esto puede ser doloroso, pero es lo debido, todo paraíso conlleva su infierno, no hay cuerda que no tenga dos extremos. Y al tratarse de credos, el problema no es situarse en uno u otro extremo, el problema es la cuerda.

Y mientras tanto, ese ruido que impide el silencio, esos estímulos que nos empujan a una velocidad insoportable…

—Asumir la impotencia es difícil, saber que vas a morir, que todos vamos a desaparecer, que aquellos a quienes más quieres van a desaparecer, aceptar la fragilidad de todo organismo, el de los allegados, los queridos, los lejanos, tener consciencia de eso es complicado, mantenerse en esa consciencia es aún más difícil. Las más de las veces procuramos distraer la mente con otra cosa que la mantenga ocupada. Mientras tanto… El mientras tanto es importante. El mientras tanto, a veces, es toda nuestra vida.

Compartes una anécdota que te sucedió en el metro, y que te hace concluir con que quedas del lado del espectador más que del actor. ¿Por qué el mundo necesita espectadores y actores?

—¿Crees que los necesita?

No. Creo que no los necesita. Simplemente acontecen. Se dan.

—Se dan, sí. Actuar, en el sentido de realizar una acción, es indispensable para existir. Solo muertos dejamos de actuar. Incluso si decides no actuar estás actuando, no hay existencia sin acción. Todos somos actores, por tanto: producimos acciones. Pero también tenemos la capacidad de mirar, observar, de convertirnos en espectadores. Observar es igualmente una acción, una acción cuyo objeto es la acción de otro actores. Hay distintos tipos de espectadores. Está el espectador crítico, que es el que observa, sopesa y juzga. Pero también está el espectador contemplativo, que se deja penetrar por lo que está viendo. Son dos actitudes, una va dirigida por la voluntad; la otra no es voluntaria, adviene, la voluntad se pone entre paréntesis y dejas que lo que ocurre te alcance. La primera formula juicios críticos que pueden llevar a conclusiones racionales o a simples opiniones; la segunda conduce a un tipo de comprensión distinta, más abarcante, previa o ajena al lenguaje.

Como cuando cuentas la anécdota de cuando eras pequeña e ibas en el autobús y te quedas mirando fijamente a otra persona, y tu madre te dice que eso no se hace…

—Era mi abuela, sí, me decía que no mirase así a la persona que tenía enfrente, como si el hecho de ser mirado incomodase. Yo me perdía a mí misma, me perdía en los otros, en aquellos a los que miraba. Desaparecía en ellos. Que esto es a lo que llaman contemplación, lo entendí mucho después. Vivir en otro, más allá de ti. Saber del otro, comprenderle mejor de lo que él mismo se comprende, con una comprensión distinta, sin juicio, sin pensamiento. Es una experiencia extraña. Desapareces y eres el otro, sin darte cuenta estás allí. Y luego, al dejar de mirar vuelves en/a ti. Como cuando sales del cine. Aquellos tranvías fueron mi primer manual de psicología no leído. Tendría seis años por entonces.

Creo que esta actitud nunca me ha abandonado del todo. Ocurre sin yo pretenderlo. Y respecto a los estados de ánimo es interesante, pues sientes al otro de manera parecida a como el espectador siente lo que les ocurre a los personajes de ficción. Penetras bajo el mí, tu historia personal ya no interviene, entras en un espacio donde la comprensión no necesita de ningún argumento para darse.

 

TODOS SOMOS VÍCTIMAS Y CULPABLES. Y ESTO ES LO QUE PODEMOS DESCUBRIR SI DESCENDEMOS BAJO EL LUGAR DE LAS HISTORIAS PERSONALES 

 

—¿Por qué la compasión es difícil?

—Porque no todos somos capaces de prescindir del juicio, deshacernos tanto de las opiniones (personales y colectivas) como de la sensiblería. La compasión a la que aludo nada tiene que ver ni con esto. Tampoco con la moral y los prejuicios que de ella pudiese derivar. La compasión de la que hablo trasciende todos los códigos. No es fácil trascender los códigos (los llevamos introyectados), como tampoco es fácil comprender al que comete un crimen, sobre todo si consideramos la víctima inocente. Hasta que nos damos cuenta de que el crimen, la culpa, la inocencia son términos morales igualmente. La compasión de la que hablo no tiene que ver con la sentimentalidad, sino con el padecimiento. Es saber padecer-con otro. Y es fácil padecer con aquellos a quienes consideramos inocentes. Nos ponemos del lado del “bueno”, siempre…, y la “buena conciencia” es excluyente. Es bastante más difícil padecer-con el malo. Y malo, si hablamos de nuestra especie, somos todos… ¿Cómo compadecer al verdugo? Medea, por ejemplo. ¿Cómo compadecer a Medea? Esta es la pregunta que atraviesa el libro. Y de las tres partes de las que consta, las dos últimas se escribieron con este convencimiento: la compasión, la auténtica compasión sólo será posible si somos capaces de comprender a Medea.

Mérmeros comprende lo que Medea va a hacer. ¿Cómo es capaz de compadecer a su madre hasta el punto de ayudarla a matarlo, de hacérselo más fácil?

—Mérmeros, el mayor de los hijos de Medea, es un niño de unos ocho años al que ningún autor había dado protagonismo hasta que Lars von Trier reparó en él. Yo no habría logrado dar respuesta a la pregunta que me planteaba en La compasión difícil de no ser por el gesto de Mérmeros, un simple gesto que el niño realiza en una de las últimas escenas. Medea está devastada, acaba de ahorcar al más pequeño, le queda la segunda parte, quizás la más difícil. Mérmeros se acerca, ella está de espaldas, acuclillada en la hierba, el niño apoya su cabeza contra su espalda, luego se incorpora y le tiende la cuerda por encima del hombro: “Ayúdame, madre”, le dice. No hay ningún juicio en su compasión. Mérmeros no juzga, no piensa. Acompaña.

Da la sensación de que Medea, al actuar, obedece a una decisión que la traspasa, que es más grande que ella. ¿Eso es lo que ve Mérmeros?

—Los motivos, aquí, no son lo que interesa. Las causas sirven para deliberar y formular el juicio. No son las causas lo que importa para entender este asunto. Al menos no las inmediatas, pues las causas son efectos de otras causas que entre todas forman una larguísima cadena; remontarlas nos llevaría al inicio de los tiempos. Los motivos no son la clave para responder a la pregunta por la compasión, los motivos siempre son particulares, el gesto de Mérmeros, en cambio, tiene valor universal.

Quien es compasivo, ¿se convierte en “ese inocente que, sin juicio, absuelve a nuestra especie”?

—No se trata de absolver. Que el perdón (o la absolución) forma parte de las dicotomías morales es algo que también comprendí en el proceso. El justo y el que no, el pío y el impío, el ofendido y el ofensor, el culpable y la víctima… Todos somos víctimas y culpables. Y esto es lo que podemos descubrir si descendemos bajo el lugar de las historias personales y los códigos de valores establecidos, hasta hallar el germen de todas las emociones y todas las acciones.

—“La compasión es un movimiento del ánimo que nos guía hacia aquello que en el otro reconocemos como propio y de lo que, en pura y cordial con-miseración, podríamos, por decirlo de alguna manera, responsabilizar a los mismos dioses si los hubiese”. ¿Qué cualidades se necesitan para ser compasivo?

—Las que nos permitan tomar conciencia de la orfandad y soportarla.

 

https://ctxt.es/es/20190327/Culturas/25286/Esther-Pe%C3%B1as-ensayista-poeta-entrevista-Chantal-Maillard.htm

 

Bon dia del llibre i del drac!

Libros

 

<< Aprender era un placer intenso. Aprender equivalía a nacer. Se tenga la edad que se tenga, el cuerpo experimenta entonces una especie de expansión.

De repente la sangre fluye mejor en el cerebro, detrás de los ojos, en las yemas de los dedos, en la parte superior del torso, en la parte baja del vientre, en todas partes.

El universo se dilata: de pronto se abre una puerta donde no había puerta alguna y el cuerpo se abre con esa misma puerta.

El cuerpo antiguo se convierte en otro cuerpo. Un país desconocido se extiende o avanza a toda velocidad y crecemos con lo que crece. Todo lo conocido cobra un nuevo sentido, atrae una nueva luz, y todo lo que hemos abandonado regresa de repente a la nueva tierra con un nuevo relieve todavía inexpresable, porque no era posible preverlo.

Esta metamorfosis se describe en todos los héroes de todos los cuentos antiguos, y quizá sea eso lo que suscita cada tres o cuatro noches la irresistible atracción que la lectura de esos pequeños mitos tiene para mí: tanto en la lectura del cuento como en el propio cuento se liberan ciertas fuerzas. Unas pocas palabras susurradas por hadas o animales se convierten en poderosos gestos o miradas semánticos. Esas palabras casi se convierten en manos que inventan realmente a su presa, inventando a su vez una aprehensión completamente nueva: un bastón, un arco, un ladrillo, una fronda, una barca, un caballo.

Las nuevas armas, inventando sus nuevas presas, engendran nuevas astucias, dan lugar a nuevos cazadores.

Desafíos que no conciernen a nadie se descubren de pronto en el azar de una consecuencia que no habíamos buscado. Eso es aprender. Caen las barreras y, al caer, desaparecen las distancias. Eso es aprender. La oscuridad del bosque se desvanece. Aumenta el recorrido del viaje.

No hay que enseñar a quien no siente alegría al aprender.

Apasionarse por lo que es otro, amar, aprender, es lo mismo. >>

 

Pascal QuignardVida secreta, Trad. Encarna Castejón. Espasa, 2004.