Aprender a manejar el fuego: la acción adecuada (con J. Shinoda Bolen y Chantal Maillard)

Vivimos tiempos convulsos, tiempos de estupor (si es que existió alguno que no lo fuera). Traigo a colación en esa bitácora lobuna algunas lecturas que puedan sernos útiles para adquirir más perspectiva(s) a la hora de lidiar con una poderosa emoción que estos últimos días se expresa con varias intensidades y de diversos modos (muchos de ellos pacíficos y cívicos, digámoslo bien alto) en las calles de las ciudades catalanas: me refiero a la ira. La ira es una de las emociones básicas que hace parte de esa caja de herramientas emocionales con la que venimos al mundo, una emoción que experimentamos ante situaciones de injusticia, de amenaza o de agresión. La expresamos cuando necesitamos defendernos, poner límites a una ofensa, o ante una situación que consideramos inaceptable, como está siendo la del grave deterioro de la salud democrática de nuestras sociedades. La ira es una poderosa fuerza que nos mueve a la acción. Pero cuando no sabemos manejarla, cuando enciende tan sólo actitudes reactivas, llega a ser peligrosa porque nos desequilibra y nos hace perder el control, impulsándonos a actuar de un modo desproporcionado que termina teniendo repercusiones destructivas. Saber manejar el fuego (sea él de la cólera, él del deseo o del ansia, él del conocimiento y de la conciencia, o él del poder) ha sido un aprendizaje que, desde tiempos remotos, acompaña a la existencia humana. Esa enseñanza gira en torno a la acción adecuada. ¿Cuál es la acción adecuada que pueda impulsar, tanto personal como colectivamente, un verdadero proceso de transformación, y que logre habilitar una experiencia de autonomía y de libertad? Lamentablemente, en vista de lo que sucede en el mundo global a día de hoy no es una cuestión que los seres humanos hayamos siquiera empezado a resolver. Y, probablemente, la actual escasez de sabias directrices que nos acompañen a emprender un proceso de autoconocimiento y de autoliberación no sea ajena al reiterado fracaso en promover un cambio social que consiga ser beneficioso para el conjunto. Hace más ruido el árbol que cae que el bosque que crece. Involucrarse en el propio conocimiento interior es, a modo del bosque que crece, cosa de larga paciencia y de silenciosa repercusión. Escuchemos pues con atención…

Los primeros fragmentos que traslado son sacados del libro de la psicóloga y psiquiatra norteamericana Jean Shinoda Bolen, Las diosas de la mujer madura. Arquetipos femeninos a partir de los cincuenta (Kairós, 2008). En uno de sus capítulos, “Las diosas de la ira transformadora”, la psicoanalista invita a una reflexión convocando a tres diosas coléricas orientales –la egipcia Sekhmet de cabeza leonina, la fiera india Kali que simboliza la destrucción del ego, y la colérica diosa sumeria del inframundo, Ereshkigal–. A pesar de que en su libro se dirige específicamente a las mujeres, Shinoda Bolen proporciona a quien la lea, independientemente de su género, una valiosa clave que sin duda muchos.as reconoceremos pero que tan sólo algunos.as de nosotros.as sepamos llevar a la práctica en nuestro día a día: es preciso aquilatar la ira con la sabiduría para que el fuego de la cólera en lugar de aniquilarnos nos impulse a vivir y a promover un proceso de transformación, sea éste personal, social, cultural, educativo, político, institucional, ético o planetario.

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<< Las diosas de la cólera transformadora […] pasan a un primer plano cuando nos llega el momento de ponernos manos a la obra y cambiar una situación que es inaceptable, cuando decimos « ¡Ya está bien!». Antiguamente se recurría a esta clase de diosas cuando los dioses masculinos o los hombres no eran capaces de derrotar al mal y sólo una diosa poderosa tenía la talla suficiente para enzarzarse en la gesta. La representación de la imagen de las diosas más importantes de la ira transformadora no es antropomórfica. La diosa egipcia Sekhmet tiene la cabeza de un león y el cuerpo de una mujer. Kali-Ma, la diosa hindú, posee un rostro inhumano terrorífico y un cuerpo de mujer con innumerables brazos. […]

Estos arquetipos de la ira transformadora resultan más eficaces cuando los equilibra la sabiduría. Sin esa sabiduría, pueden ser destructivos para la mujer y para los demás. La rabia que no va acompañada de la sabiduría, se nutre de sí misma y hace que una mujer tema volverse loca o perder el control, y a algunas llega a sucederles. La mujer que es víctima de malos tratos y rocía el lecho marital con gasolina para prenderle fuego y asesinar al marido mientras dormita, o bien la madre del niño que ha sufrido abusos sexuales y se lleva un arma al juzgado para disparar al criminal, son ejemplos extremos. Es muy molesto tener que licuar con profundos sentimientos de cólera y hostilidad, sobre todo después de que una se haya pasado la vida conformándose e intentando sacar el mejor partido de la situación. Sin embargo, cuando esto les ocurre a las mujeres en edad avanzada, se dan otros arquetipos muy sólidos que pueden equilibrar y contener esos sentimientos primitivos.

Gracias a la sabiduría, las diosas de la cólera transformadora no dan rienda suelta a sus estallidos de rabia, ni actúan guiándose por sus impulsos. La sabiduría permite canalizar la rabia hasta convertirla en el compromiso de provocar el cambio y la actitud resuelta que se precisa para hallar el camino más idóneo. Gracias a la sabiduría, por último, la culpa y la vergüenza no atenazan a la mujer, ni la instan a que eluda la verdad o los sentimientos de rabia. Por consiguiente, siempre que la rabia se alíe con una estrategia inteligente, las mujeres mayores se transformarán en ancianas formidables. […]

Cuando te las ves con el arquetipo de Sekhmet o Kali, hay que realizar un trabajo espiritual y psicológico para conciliar dos elementos tan opuestos como la cólera y la sabiduría. Si nos rechazan o nos humillan, o bien nos maltratan y nos atacan físicamente o verbalmente, el primer impulso es el de devolver la afrenta. La sabiduría suaviza la ira y pone bridas a la leona salvaje o a Kali sedienta de sangre. La sabiduría se percata de que el ojo por ojo y el diente por diente es una invitación a la escalada de violencia; pero es que en el terreno anímico todavía es peor, sobre todo cuando “pagas con la misma moneda” a los que te han infligido algún mal y corres el riesgo de volverte como ellos. Entonces puedes convertirte en una persona gruñona, hostil y obsesiva que sucumbe a la rabia hasta devenir una “posesa” como Sekhmet y Kali. El reto más inmediato, por consiguiente, es controlar esa ira y destilarla en actos premeditados. El resultado es muy diferente al que se crea cuando reprimimos la rabia o la dirigimos contra nosotras mismas, porque eso genera depresión. Ahora bien, no estoy diciendo tampoco que debamos tragarnos la rabia e incluso olvidar los motivos que la provocaron, porque eso sería una negación que nos conduciría a la codependencia. Es obvio, por lo tanto, que la depresión, la codependencia y la victimización no son atributos de Sekhmet o Kali, sino la otra cara de la moneda del arquetipo. La ferocidad de Sekhmet o Kali precisa ser gobernada, pero no debe suprimirse ni desatarse en una cólera ciega. En ese momento es cuando Kali insiste en resolver un problema determinado, o bien en enfrentarse a él, Sekhmet sigue presente sin que podamos eludirla y nosotras adquirimos una fuerza que inspira respeto. […]

Las diosas que entonan el grito de “¡Ya está bien!” tienen nombres extraños y rostros inhumanos, pero su energía y su rabia ya no nos resultan ajenas. Gracias a la sabiduría y la madurez, cualidades que se afianzan en la compañía de otras personas que posean estas virtudes, la cólera de Sekhmet y Kali se canaliza en acciones eficaces. Cuando una mujer es capaz de hacer eso, se convierte en una mujer sabia con un corazón de león, cuya rabia es la antesala de la transformación de las instituciones y la cultura.>>

***

El segundo texto al que acudo de nuevo es el pequeño “panfleto” de Chantal Maillard ¿Es posible un mundo sin violencia? (Vaso Roto, 2018). En él, la filósofa reflexiona sobre las razones globales de la violencia, sobre la estrechez de nuestro marco de indignación, y se pregunta si puede tener lugar un cambio sin violencia, y de qué modo llevarlo a cabo. Transcribo algunos extractos-migajas a todas luces insuficientes por estar aquí descontextualizados, descoyuntados incluso, por lo que os remito al texto íntegro invitándoos encarecidamente a una lectura meditada.

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<< ¿Es posible actuar sin ira?

[…] Decía al inicio de este artículo, que la indignación es la manifestación de un malestar ante una injusticia o, más exactamente, ante algo que consideramos tal. Cioran experimenta ese malestar, pero se contiene al recordar la enseñanza del emperador [Marco Aurelio]. ¿Por qué? ¿Por qué no indignarse?

Recordemos que Marco Aurelio era seguidor de los estoicos y la disciplina estoica enseñaba a desprenderse de uno mismo. Si quien se indigna defiende algo que de alguna manera siente que le pertenece, ¿cómo habrá de indignarse quien considera que nada le pertenece? Por otra parte, y más importante, a la ética del estoicismo primitivo le acompaña una serie de directrices para el conocimiento de los movimientos de ánimo y la comprensión de sus adherencias. “conócete a ti mismo” es el conocido lema de las antiguas escuelas filosóficas griegas. Este “sí mismo” no se refiere al conjunto de hábitos que conforman la personalidad, sino a algo más radical y más común que tiene que ver con el funcionamiento de la psique, sus procesos senti-mentales, de los que el personaje (eso que “tiene” personalidad) dará muestras de una u otra manera, según sus circunstancias. Así pues, quien se conoce a sí mismo también será capaz de conocer al otro. Y quien conozca al otro no esperará de él otra cosa que lo que pueda dar. El que conoce la naturaleza del otro sabe qué puede esperar de él y qué no y, siendo así, ¿cómo podría sentirse ofendido por lo que haga? Y allí donde no hay ofensa difícilmente podría haber indignación.

Ahora bien, ¿quiere eso decir que ante una evidente situación de injusticia nos quedemos de brazos cruzados? ¿No indignarse significa aceptar? No se trata de eso. Ni la ataraxia ni la apatheia son sinónimos de pasividad. Ambos conceptos han evolucionado hasta adquirir connotaciones que no son en absoluto acordes con lo que fueron en las escuelas griegas. Ni la ataraxia era falta de acción, ni la apatheia, apatía. Hay que tener presente que ninguno de esos términos se refería directamente a la acción práctica sino, antes bien, al conocimiento de los movimientos del ánimo y su dominio. La ataraxia es ausencia de perturbación anímica y la apatheia, neutralidad del ánimo, ecuanimidad. ¿Por qué? Porque con el ánimo templado, y tan sólo así, es como pueden emprenderse acciones realmente justas o correctas. La ira provocada por lo que percibimos como una ofensa personal dará como resultado respuestas igualmente personales, carentes de alcance universal y, por tanto, injustas. Y es injusto, entre otras cosas, indignarse por lo que nos atañe en lo más próximo sin ampliar el marco.

En una tradición aparentemente más alejada de la nuestra aunque, no obstante, bien conocida por los estoicos, la del hinduismo, también se atendía a esta neutralización de los movimientos del ánimo. Es la enseñanza que el dios Krisna le proporciona a Arjuna cuando éste, dispuesto a la batalla, vacila ante la perspectiva de luchar contra sus parientes. Actuar sin interés personal, actuar, pero con el ánimo ecuánime, es la acción correcta. Para Marco Aurelio esto sería actuar acorde con el principio racional.

Lamentablemente, la humanidad no ha evolucionado a partir de sus antiguas sabidurías. La observación de la mente y sus procesos se dejó de lado para propiciar otro tipo de observación, más inmediata, y no parece que haya tiempo ni disposición suficiente como para recuperar estos conocimientos que no sólo son la gran asignatura pendiente del Occidente capitalista, sino que también están siendo olvidados por otros pueblos que, habiéndolos poseído, están siendo engullidos por el mismo sistema.

Pero lo que podemos hacer, al menos, es explorar los términos de nuestra indignación: sus motivos. Considerar la ira: sus causas. Averiguar la naturaleza de nuestra respuesta y sus fines. […] ¿Somos capaces de indignarnos desinteresadamente, de considerar nuestros intereses personales dentro de una ética global? ¿Somos capaces de tener en cuenta que nuestra vida vale tanto a nuestros ojos como cualquier otra vida para quien la vive, y actuar en consecuencia? ¿Tenemos voluntad de unir los esfuerzos y los conocimientos para inventar un sistema mejor, más equitativo y respetuoso, más justo?

De no hacerlo así, debemos saber que nuestras acciones, en el mejor de los casos, no harán más que darle otra vuelta al proceso dialéctico, un cambio más dentro de una Historia que llega a su fin. Salvo que seamos capaces de actuar sin ansia, sin interés personal, con generosidad, con ecuanimidad, hagamos lo que hagamos, este sistema seguirá en pie, corrompiendo y funcionando, perpetuando la situación de indefensión moral y práctica en la que ahora nos encontramos.

No les ocultaré la pregunta que me inquieta: ¿Qué pasaría si, pactando, se nos devolviesen a cada uno los derechos (o beneficios) de los que estamos siendo privados? Mucho me temo que volveríamos a dormir, tan insatisfechos como antes aunque más tranquilos, y nos abstendríamos de indignarnos por aquellas otras injusticias que sostienen nuestra ilusoria y precaria tranquilidad. Esto es a lo que Marco Aurelio llamaría, simplemente, no tener conciencia política.

[…]

Ahimsa. La no-violencia como acción política

Se suele creer que la idea de la no-violencia fue un invento de Gandhi. Nada más erróneo: el ahimsa puede rastrearse en los orígenes de la tradición upanishádica y en los preceptos de convivencia de algunas de las más antiguas comunidades religiosas de la India. Lo que es atribuible a Gandhi es el uso político de la no-violencia como forma de resistencia ante la dominación política. Un uso, por tanto, activo que, unido al concepto de desobediencia civil, convierte la fórmula negativa: a-himsa (no daño, no agresión) en una acción política. Ésta fue, en realidad, una táctica muy hábil pensada para provocar la indignación moral no sólo de la población india sino también de las demás naciones, lo cual se consiguió al término de la Marcha de la Sal (1930) cuando, siguiendo la indicación del propio Gandhi, los manifestantes se ofrecieron a los golpes hasta morir. la intención no era evitar derramamientos de sangre sino convertir en mártires a unos y en dominadores inmorales a otros a los ojos de todos. “Tal vez nadie comprendió con tanta precisión el papel esencial que podía desempeñar la indignación moral en un conflicto político”, escribe el sociólogo Losurdo refiriéndose a Gandhi.

[…]

Cierto es que aceptamos con demasiada facilidad el hecho de que la violencia de Estado es una violencia legítima. La del pueblo, en cambio, nunca es legítima, es “desestabilizadora”. El orden (la estabilidad), por supuesto, es lo que dicta el Estado. Alberto Cruz: “Los actos de violencia del Estado se vuelven más aceptables si se usan eufemismos como “democratización” (Irak), “evitar una masacre de civiles” (Libia), “el derecho de injerencia” (Yugoslavia) o “la responsabilidad de proteger” (Somalia, Haití)…”

[…]

La no-violencia tal como se la entiende desde los tiempos de Gandhi está muy lejos de ser el concepto jainista que implica no hacer daño a ningún ser. Es, en el terreno político, la utilización de una fuerza para contrarrestar otra. Que los actos públicos de no-violencia son un arma política es algo que los actuales gobiernos tienen muy claro. Sin ir más lejos, en España, ante las manifestaciones pacíficas del 15M, el Ministerio de Interior resolvió modificar el Código Penal para equiparar la resistencia pasiva, hasta entonces considerada un “delito de desobediencia”, con el “atentado contra la autoridad”. La resistencia pasiva era, en palabras del entonces secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Ulloa, “una conducta equivalente a la agresión contra el principio del orden y de autoridad que se ejercita por las fuerzas y cuerpos de seguridad”.

Recapitulemos pues. Si la democracia se ha degradado y la lucha no-violenta (una contradicción in terminis) o la resistencia pasiva son consideradas agresiones, susceptibles, por tanto, de contrarrestarse con la fuerza, ¿qué hacer? Si bien está claro que no hay posibilidad de mundo sin violencia, ¿podrá al menos tener lugar un cambio sin violencia?

En singular

Siempre he entendido que una reforma política y social no obtendría resultados duraderos salvo que empezase por el esclarecimiento de las conciencias. Porque los conceptos no existen. Lo que existe, existe en singular. en singular se sufre, en singular se teme y en singular se padece la insatisfacción y el ansia. El cambio habremos de lograrlo entre todos, pero su posibilidad tendrá que gestarse en cada uno, de uno en uno, pues el conocimiento interior no es algo que pueda obtenerse en plural, le incumbe a cada cual. Y es este conocimiento la condición de posibilidad para que el cambio, de darse, no sea simplemente otra oscilación dialéctica, sino un cambio radical.

Propongo reiniciar la reflexión, en esta encrucijada, en singular. El dolor siempre ocurre en singular. Y así también habrán de procurarse las soluciones: no desde una instancia superior, sino con un trabajo personal de cada uno de nosotros. […] >>

 

Maillard convoca en su ensayo, entre otros, a Emil Cioran, Jacques Derrida, Jean Ziegler, al eslovenio Slavoj Žižek, a las indias Arundhati Roy y Vandana Shiva, al Buddha, a Marco Aurelio y a los estoicos… Otros textos de lectura obligada para estos tiempos convulsos podrían ser “La Ilíada” de Homero, la novela de John Steinbeck “Las uvas de la ira”, el opúsculo de H. D. Thoreau “La desobediencia civil”, o los “Ejercicios espirituales y filosofía antigua” de Pierre Hadot… La lista es larga, lo dejo aquí de momento y os convido a recopilar los vuestros.

 

Gary Snyder. Assaigs sobre vida i natura

Una nova col·lecció d’assaigs d’en Gary Snyder traduït al català per José Luis Regojo, i editat per Quid Pro Quo edicions, ja en llibreria!

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Aquests assaigs reflecteixen les teories de Gary Snyder sobre la natura i la seva filosofia de vida en un entorn natural, salvatge. Són textos que ens proposen tornar al que és essencial de nosaltres mateixos, al que és proper, a casa nostra, al territori on vivim com a alternativa al caos ecològic i espiritual cap on ens porten la globalització i l’economia de mercat.

Imatge treta del facebook d’en José Luis Regojo.

 

LA IRA: próxima conferencia de Chantal Maillard en el CCCB

© CCCB, 2015. Autor Miquel Taverna

Conferencia de Chantal Maillard en el ciclo: ¡FEMINISMOS!, Las palabras que no tenemos todavía

 

La ira

En esta sesión, la poeta y filósofa Chantal Maillard reflexionará sobre el complejo papel de la ira en la historia colectiva de las mujeres y su reflejo en la literatura y la mitología.

Tradicionalmente, las mujeres han sido exhortadas a esconder la ira, transformarla, temerla o ignorarla. ¿Qué tiene la ira de monstruoso en las mujeres? ¿Cómo se castiga ese exceso? El feminismo radical de los años setenta fue un movimiento airado, furioso, y en buena medida criticado y caricaturizado por eso. Pero una nueva generación de jóvenes parece haber recogido el testigo y vuelve a violentar la norma, agitarse, gritar y mostrar públicamente la indignación que nace de la injusticia y de la violencia. Tal vez cuando la indignación se dirige con precisión puede ser una fuente poderosa de energía al servicio del progreso y del cambio. ¿Sirve la ira como emoción política o es un veneno para la democracia? ¿Cómo se ha representado tradicionalmente la ira femenina? ¿Qué amenaza encarnan Medea, Khali, Lisístrata, las Erinias o la Gorgona?

Este acto formará parte del Festival Clàssics.

Participantes: Chantal Maillard

Esta actividad forma parte de ¡FEMINISMOS!Las palabras que no tenemos todavía

 

 

Nada es solitario, todo es solidario. Victor Hugo

Juan Downey_Meditation Drawing 23_1977

 

Nada es solitario, todo es solidario.

El hombre es solidario con el planeta, el planeta es solidario con el sol. El sol es solidario con la estrella, la estrella es solidaria con la nebulosa, la nebulosa, grupo estelar, es solidaria con el infinito.

Al suprimir algún término de esta fórmula, el polinomio se desorganiza, la ecuación peligra, la creación deja de tener sentido en el cosmos y la democracia pierde su razón de ser en la tierra. Por ende, solidaridad de todo con todo, de cada uno con cada cosa. La solidaridad en el hombre es el corolario invencible de la solidaridad en el universo. La alianza democrática es de la misma naturaleza que los rayos del sol.

Victor Hugo, Prosas filosóficas (1860-1865)

 

<< Rien n’est solitaire, tout est solidaire.

L’homme est solidaire avec la planète, la planète est solidaire avec le soleil, le soleil est solidaire avec l’étoile, l’étoile est solidaire avec la nébuleuse, la nébuleuse, groupe stellaire, est solidaire avec l’infini.

Ôtez un terme de cette formule, le polynôme se désorganise, l’équation chancelle, la création n’a plus de sens dans le cosmos et la démocratie n’a plus de sens sur la terre. Donc, solidarité de tout avec tout, et de chacun avec chaque chose. La solidarité des hommes est le corollaire invincible de la solidarité des univers. Le lien démocratique est de même nature que le rayon solaire.>>

 

Traducción: María Virginia Jaua.

Imagen: Juan Downey, Meditation Drawing 23, 1977.

 

http://campoderelampagos.org/critica-y-reviews/24/8/2019?fbclid=IwAR38nbSg4kw9DzSE2oJhxkIvjBO1tC2-eYNBL3w3CjmWF8T9JJ0JognOmfA

 

 

Pensar en tiempos difíciles con Chantal Maillard y Marina Garcés

Vídeo de la conversación (en español) entre las filósofas Marina Garcés y Chantal Maillard titulada ‘Pensar en tiempos difíciles’, con motivo de la reedición del libro ‘La razón estética’ (Galaxia Gutenberg) de Chantal Maillard.

El acto tuvo lugar en la Fundació Antoni Tàpies de Barcelona, el 16 de octubre de 2017.

 

 

 

Vandana Shiva: «El mayor poder, hoy, es la valentía de decir ‘no’»

«La lucha de la Humanidad contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido». Es la frase del escritor Milan Kundera que más repite la ecofeminista india, filósofa y doctora en Física Vandana Shiva, un referente mundial en activismo medioambiental y autora de numerosos libros. En el último, se pregunta ¿Quién alimenta realmente al mundo? y afila el lápiz por un ecologismo conectado con los saberes ancestrales que guarda la naturaleza. Durante esta conversación, también aboga por un capitalismo y una democracia de mejor calidad.

Artículo: Sara Calvo Tarancón

Fotografías: Cristina Crespo Garay

25 JUL 2018

Dehradun es, con probabilidad, la ciudad más inclinada del mundo. Parte de una llanura en las faldas del Himalaya, apenas a 300 metros sobre el nivel del mar, y se encarama a la colina del monte Tiuni, casi cuatro kilómetros más arriba, donde se desperdigan las últimas viviendas. En medicina, se llama simpaticotónicos a quienes, como algunos de sus habitantes, se exponen a cambios bruscos de presión atmosférica. Se les reconoce, entre otros síntomas, por su estado de alerta constante y su hiperactividad. Vandana Shiva nació en Dehradun hace 66 años, y no sería descabellado afirmar que pertenece a este «perfil bioclimático», como lo denomina la ciencia. Hija de una granjera y un guardabosques, su empatía con la naturaleza le vino de serie, pero no se quedó ahí. En 1976, saltó a Canadá y obtuvo el doctorado en Filosofía de la Ciencia por la Universidad de Guelph, y, tres años más tarde, creó la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica, vergel incontenible de proyectos e iniciativas: la difusión de la agricultura ecológica por medio del programa Navdanya, el estudio y mantenimiento de la biodiversidad con la creación de la Universidad de las Semillas, la regeneración del sentimiento democrático (Movimiento Democracia Viva) o el compromiso de las mujeres con el movimiento ecologista (Mujeres Diversas por la Diversidad). A esas alturas, Shiva ya se autodefinía, tajante, como ecofeminista.

 

«Tenemos una democracia falsa que permite ganar elecciones a Trump»

 

Su trayectoria la avala: ha escrito más de una docena de libros influyentes con títulos meridianos como Abrazar la vida: mujer, ecología y desarrolloLa praxis del ecofeminismo: biotecnología, consumo y reproducción, o el último −recién publicado−, ¿Quién alimenta realmente al mundo?, y, entre sus muchos asesoramientos para organismos internacionales, destaca el reporte La mayoría de los agricultores en India son mujeres, para Naciones Unidas. También ha dado sapiencia a Gobiernos de India y el extranjero (entre ellos, el español, durante la legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, y a organizaciones alejadas de los poderes públicos como International Forum on GlobalizationWomen’s Environment & Development Organization y Third World Network. La revista Time la definió en 2003 como «heroína ambiental de nuestro tiempo» y hoy preside la Comisión del Futuro de la Comida, asentada en Italia. Shiva se llama como el dios hindú de la destrucción, que tenía cuatro brazos. En el primer atributo, esta filósofa no coincide en absoluto; en el segundo, con creces. Da la impresión de que tuviera un sinfín de extremidades para hacer tantas cosas en una sola vida. El ecofeminismo es un concepto de finales de los setenta, nombrado por primera vez por la socióloga francesa D’Eaubonne, para referirse a la conexión ideológica que existe entre la explotación de la naturaleza y la de las mujeres, en un sistema dominado por hombres. Hoy, es una definición asimilada y extendida por todos los ámbitos del pensamiento. La conversación con Ethic comienza en este punto. «Las mujeres son las parteras de la agricultura. El capitalismo patriarcal y el colonialismo son hambre, malnutrición, depravación. Para que la gente tenga alimentos reales y para que los agricultores puedan cultivarlos de forma libre, el sistema tiene que cambiar. Y, si no cuidamos el planeta, perderemos el lugar donde cultivar los alimentos».

 

«Estamos llenando el planeta de tóxicos y plásticos, lo cual genera violencia»

 

Los puntos de vista de Shiva son siempre universales. Los problemas de nuestro tiempo no son solo los de los más desfavorecidos: «El ecofeminismo es ubicuo, porque significa lo mismo en Occidente que en el Tercer Mundo. Es fácil darse cuenta de que la naturaleza no está muerta ni es inerte, algo que, después de dos siglos de auge del carbón y el petróleo, este tipo de capitalismo que se practica nos ha hecho creer. Es tristemente comprensible: al final, si la naturaleza está muerta, hay más material fósil que extraer. Pero no, la naturaleza está viva y, por fortuna, fuera de los mercados. Los científicos se dan cuenta de eso: el sistema está vivo, las semillas, la tierra, las abejas y los insectos. La naturaleza es fascinante y tiene una inteligencia increíble. ¿Cómo encuentran las rutas de migración los pájaros, por ejemplo? Todo lo que tenemos viene de la capacidad productiva de la tierra». En este punto de la conversación, la filósofa llega a una conclusión concluyente: «Las mujeres han sido catalogadas como el segundo sexo pasivo. Se ha declarado que no trabajamos porque tenemos que estar en casa y cuidar de los hijos y hacer la comida, cosas que no están consideradas como un trabajo que produce beneficios para este sistema. En realidad, se considera que los dos elementos más importantes de nuestra vida, como son la tierra y las mujeres, no producen nada. Esa creencia es la que nos ha llevado a la crisis. Ante todo, la ecológica, donde vemos que se están extinguiendo las especies, que desaparece el agua y aparece la desertificación. Estamos llenando el planeta de tóxicos y plásticos, lo cual genera violencia. Reconocer las capacidades de la naturaleza y de las mujeres introduce la posibilidad de que exista un sistema no violento de prosperidad y bienestar para todos. Esto es algo necesario para el futuro».

Defensora de la exclusividad seminaria de las mujeres y la tierra, Shiva reclama que a esta última se le está despojando, cada vez más, de ese derecho. O, al menos, de ejercerlo a su ritmo. A un ritmo natural. «La comida de los supermercados no es comida, son productos que se parecen a los alimentos. Están absorbiendo el comercio local desde hace diez años, desde que existe la globalización. No es una batalla perdida todavía, por suerte. Incluso en España hay tiendas locales. En mi país, India, hay alimentos en todos los lugares, asequibles, frescos, diversos, nutritivos. Pero he visto cómo, ley tras ley, esto ha ido cambiando. Para mí, los alimentos son una cuestión democrática. A eso lo llamo ‘democracia de la tierra’. Porque ahora tenemos que trascender ese antropocentrismo que va codo con codo con la dominación de la naturaleza. Cuando asumimos que somos parte de ella, aprendemos de qué va todo esto», explica. Su activismo empezó desde una pequeña localidad del Himalaya y lo extendió a todo el mundo sin la facilidad de las redes sociales. Hoy, Shiva no subestima su poder, pero lo observa con tiento: «Sirven, como se ha demostrado, para denunciar tanto los casos de acoso [algo que ha hecho el movimiento #MeToo] como el caos climático del que hablo en mi libro. Pero he visto muchas mentiras fabricadas en las redes sociales. Lo vi en las elecciones de Trump con Facebook. Tenemos una democracia falsa que permite ganar elecciones a alguien como él. En lo que verdaderamente creo es en el poder real que tenemos para actuar con base en la solidaridad. La humanidad tiene potencial. Y sí, Internet y las redes sociales pueden tener un rol importante, pero no pueden ser un sustituto de las personas físicas, reales, actuando colectivamente en las calles».

 

«Internet y las redes sociales pueden tener un rol importante, pero Facebook no debe sustituir al activismo en la calle»

 

La doctora se remite a una frase que repite con frecuencia: «La tecnología se está convirtiendo en una nueva religión». Y la explica: «Hoy en día, las religiones son impotentes. El peligro es el uso político, no ya de la religión, sino de la fe. La fe puede ser privatizada. Antes era distinto. Cristóbal Colón tuvo poder para colonizar otras tierras con la voluntad del Papa y ahí la religión se usó para conquistar. Pero la religión nunca ha tenido el poder de destruir los sistemas de la tierra ni de ir a las entrañas de los sistemas climáticos, de las especies en peligro de extinción o de la propagación de los tóxicos. Hablemos, ahora, de la tecnología. Cuando reconoces que es una herramienta, tú decides si quieres usarla para proteger la tierra y en beneficio de la sociedad. Con frecuencia, la tecnología está restringida en mi país, porque destruye trabajo. En India, ciertas industrias nunca van a ser mecanizadas, porque dan empleo a millones de personas. Hay que considerar todos estos asuntos. Cuando la tecnología empieza a ser aupada hacia un altar, lo primero que hace el establishment es controlarla, porque esto significa controlar también la democracia». El alegato contra el exceso de poder de ciertas empresas es inevitable: «Algunas se comportan como si no existieran leyes ni democracia. ¿Cómo se puede controlar a los que controlan el mundo? En primer lugar, entendiendo nuestros propios poderes, nuestras propias fortalezas y los límites que podemos poner. En mi país, en mi tierra, el instrumento más potente que existe es el poder de la gente que dice no. Cuando Gran Bretaña nos obligó a cultivar algo que no queríamos, no lo hicimos. Cuando nos forzaron a base de impuestos y tasas, las mujeres se levantaron y les dijeron: ‘Preferimos morir antes que daros nuestro arroz’. Además, ese momento coincidió con la grave hambruna en Bengala, en la que murieron dos millones de personas. Esto fue en 1942». Shiva concluye con una aseveración contundente: «Ese es el poder que me interesa, el poder de decir no. Es el poder de la desobediencia civil. Cada vez que digo no al poder corporativo, estoy limitando el poder. Es lo que hemos hecho con las semillas en los últimos 30 años. Cuando Monsanto nos dijo que sería dueña de cada semilla a través de los organismos genéticamente modificados y las patentes, supimos que teníamos que protegerlas. Teníamos que asegurar que todas y cada una de las semillas estuvieran en manos de los campesinos. Hoy puedo decir, sinceramente, que, 30 años después, la de Monsanto es una voz marginal entre la población».

https://ethic.es/entrevistas/vandana-shiva/

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Byung-Chul Han: “El ocio se ha convertido en un insufrible no hacer nada”

 

El filósofo coreano Byung-Chul Han.
FOTOGRAFÍAS: JULIEN MIGNOT | GETTY | ISABELLA GRESSER

 

LUIS MARTÍNEZ| Berlín | 12 FEB. 2019 

Nacido en Corea del Sur y formado en Alemania, es el pensador de referencia del nuevo milenio y el que critica con mayor dureza los vicios de la sociedad digital: de la dependencia de las redes al atracón de series. Ahora publica ‘Buen entretenimiento’

Cuenta Byung-Chul Han (Seúl, 1959) que empezó a interesarse por la Filosofía por un problema de exceso de atención. Leía demasiado despacio. Su incapacidad para adecuar su ritmo de lectura al que, según él, exige la literatura, le llevó a interesarse por la primera de las ciencias. Y fue ahí, en la lenta descripción de cada palabra alemana donde empezó a familiarizarse con la revolución del sentido de Husserl y los laberintos etimológicos y polisémicos de Heidegger. Y ahí sigue.

Han sigue leyéndolo todo, realidad incluida, según su particular sentido de la cadencia; consciente de que lo que importa antes que nada es el propio tiempo. Cada uno de sus libros, todos publicados en español por Herder, ha servido para dibujar con precisión los contornos de la sociedad digital que nos habita. La explotación ha devenido autoexplotación (La sociedad del cansancio), el infierno de lo igual ha aniquilado el verdadero sentido del otro (La agonía del Eros), la represión ha sido sustituida por el exceso de información y de placer (La expulsión de lo distinto), y el entretenimiento ha sido absorbido por la imperiosa necesidad de producir (aquí, su último y fulgurante ensayo Buen entretenimiento). Y así.

Byung Chul-Han se toma su tiempo hasta para responder un cuestionario que solicita por escrito y en alemán. De las 17 preguntas que le enviamos responde 10. O mejor, funde las respuestas de unas en otras y descarta las, quizá, demasiado genéricas (sobre el sentido de la cultura) o demasiado concretas (sobre su serie favorita). El resultado es una entrevista tallada en la precisión misma del tiempo. Y, en efecto, de eso se trata. Como él mismo dice lo que cuenta es devolver no tanto el sentido, que también, como “la fragancia” al tiempo.



https://www.elmundo.es/papel/lideres/2019/02/12/5c61612721efa007428b45b0.html?fbclid=IwAR3lBJzhG-7pHFudKculeTiuUR9_U8U_Xon39rL5SVCI1jlhT06XPIZ5s-k

 

Muriel Chazalon | Un lexique fractal de l’œuvre de Kenneth White

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¡ G r a t i t u d !

Mi estudio “L’œuvre de Kenneth White. Un lexique fractal”, recién salido de la imprenta de las Éditions Isolato (Francia) donde estaba desde hace 5 años, ha llegado por fin! Una bella y cuidada edición, sobria, elegante. Imposible pedir más! Estará en librería (al menos en Francia) a partir del 7 de junio.

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De momento, para hacer boca, os traduzco la contraportada y os dejo con el índice de los términos :

A partir de un enfoque intelectual abierto y totalizador, Kenneth White ha elaborado durante más de 50 años de escritura, de investigación, y de sucesivas publicaciones, una obra profundamente coherente. De esta obra “e-norme” (fuera de normas) emerge un “extravagante” corpus de términos significativos y característicos, de ideas singulares, de conceptos y nociones clave que quisimos reunir en este léxico. Las sesenta y nueve entradas que lo componen dibujan, cruzándose entre sí, una cartografía de geometría fractal, con el fin de acompañar, complementar o introducir al lector en el pensamiento y en la obra original de este nómada intelectual, logrando así una mejor comprensión de su unidad y de su especificidad. Este léxico fractal –verdadero log-book, “libro-del-logos” como le gusta a este poeta-pensador traducirlo– va dirigido a los investigadores, a los estudiosos y a todos aquellos que desean descubrir la geopoética o que, practicándola desde hace tiempo, quieren ampliar su conocimiento de la obra-en-curso de este excepcional europeo franco-escocés — sus coordenadas, sus derivas, sus desafíos y el amplio alcance de su proyecto poético global. 

M. Ch.

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<< Nunca trabajé en un clima de esperanza o de expectativa – lo que significa, en toda lógica, que no puedo perder la esperanza ni sentirme desesperanzado. Trabajo como el árbol crece, como el océano circula alrededor de la tierra.

Y nunca olvidé aquella descripción, que hizo Daniel Rops, de algunos monjes que, en una época desastrosa, calamitosa, el final de la Edad-Media, en la que los libros se descomponían en las bibliotecas, creaban “inmensas obras –para nadie, para nada”. >>

Kenneth White

 

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Siri Hustvedt, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019

El jurado considera que la obra de la escritora estadounidense “incide en algunos de los aspectos que dibujan un presente convulso y desconcertante, desde una perspectiva de raíz feminista”

Barcelona 
Siri Hustvedt, en abril de 2017, en Barcelona. En vídeo, la escritora es elegida Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019. NURPHOTO GETTY | VÍDEO: EPV


La escritora estadounidense Siri Hustvedt (Northfield, Minnesota, 1955) ha ganado el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019. El acta, que ha sido leída este mediodía en Oviedo por el presidente del jurado y director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, ha destacado que la obra de Hustvedt es “una de las más ambiciosas del panorama actual de las letras” e “incide en algunos de los aspectos que dibujan un presente convulso y desconcertante, desde una perspectiva de raíz feminista”. Tanto desde la ficción como desde el ensayo, Hustvedt aborda los temas “como una intelectual preocupada por las cuestiones fundamentales de la ética contemporánea”, ha valorado el jurado. Autores como Fred Vargas, Adam Zagajewski, Richard Ford, Leonardo Padura o John Banville han recibido el galardón en las últimas ediciones.

Hustvedt ha tenido que luchar casi los 64 años que cuenta contra dos tópicos que le molestan especialmente: ser definida como “la esposa de…” por estar casada con el reputado escritor Paul Auster (que también recibió este premio en 2006), y la de que las mujeres no están especialmente dotadas para el pensamiento en general y la ciencia en particular. Ante ambos tópicos ha salido victoriosa la flamante premio Princesa de Asturias de las Letras.

Quizá sin saberlo, ha luchado desde sus inicios contra ello. Hija de emigrantes de origen noruego, licenciada en Historia con poco más de 20 años, cambió los pasajes rurales de su Minnesota natal por la culturalmente bulliciosa Nueva York de los años setenta. En el bagaje, lecturas existencialistas de Kierkegaard y psicoanalíticas de Freud con apenas 16 años y una cada vez más voraz pasión por la neurociencia y el psicoanálisis, al que se somete dos veces por semana. “Funciona como el arte, tiene que ver con crear: lo que se crea, básicamente a partir del diálogo, es la persona que se psicoanaliza”, lo ha definido en más de una ocasión.

El resto lo ha forjado gracias a dedicar disciplinadamente, aún hoy, cuatro horas diarias a la lectura de ensayos, lo que en buena parte explique que sea autora hasta la fecha de una obra casi tan extensa en no ficción (con seis títulos), como en ficción (siete novelas). “Para mí son verdaderos vasos comunicantes”, dice a quien la crítica ha definido más de una vez como una “novelista de ideas”, etiqueta que ella misma admite con agrado.

Feminismo, arte y ciencia son las tres probetas con las que ha ido conformando su obra, que arrancó en 1992 con la elogiada novela Los ojos vendados y que ha marcado el tono literario de esta admiradora de Dickens (a cuyo análisis dedicó su tesis doctoral), en novelas que suelen ir y venir en sus hilos argumentales, que pueden armarse y desarmarse, mecidas por los vaivenes de la memoria de sus personajes, como puede comprobarse también en Recuerdos del futuro, el último título publicado hasta la fecha y editado hace apenas tres meses en España (Seix Barral / Edicions 62, en catalán).

Muchos de los personajes que protagonizan sus novelas, como Todo cuanto amé (2003), El verano sin hombres (2011) o Un mundo deslumbrante (2014), dejan entrever claramente las tesis de esta mujer enjuta, alta, que usa la ironía para encajar, siempre con una sonrisa muy suya, “ser la esposa de escritor famoso que ven siempre como el responsable de la educación de su mujer”, como ella misma lo define.

Fina analista de la trastienda comunicativa del arte (como demuestra en Los misterios del rectángulo, 2005), no es menos elegante al abordar su clara militancia feminista. Quizá la mejor fusión de sus intereses esté, hoy por hoy, en el último de sus ensayos, La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres (2016), que acoge algunas de sus mejores reflexiones publicadas entre 2011 y 2015. Una de las conclusiones que se extraen de su lectura puede ser, como defiende ella misma, que “todos somos un poco hombres y un poco mujeres”, algo que queda reflejado, dice, en la falsamente muy masculina elogiada obra de Karl Ove Knausgard.

Defiende su feminismo con una gran fuerza, la que proviene de la pura convicción: “Como mujeres debemos ejercer el poder y la autoridad sin esperar el permiso de los hombres para hacerlo”, sostiene quien recauda dinero para organizar la “resistencia” contra el presidente Trump, alguien que “en la guerra civil contra las ideas que tiene lugar en Estados Unidos dispara racismo y misoginia; en realidad, su elección fue fruto del miedo de los hombres a las mujeres; temen perder autonomía”. Una princesa, pues, muy de los tiempos.


Xavier Melloni: “El silencio no es la ausencia de ruido, sino de ego”

Xavier Melloni, teólogo, místico, antropólogo: vive en la cueva de San Ignacio de Loyola.
¿Edad? Estamos gestando continuamente otra vida dentro de nosotros: cada instante alumbra el siguiente y nuestra existencia, otra, que empezará al acabar esta. Nací en Barcelona. Casado con la vida. ¿Hijos? Hay muchos modos de engendrar. La mística experimenta lo que la ciencia demostrará

“Si aprende a tomar conciencia, cambiará de sitio sin moverse”
Otras Fuentes

“Si aprende a tomar conciencia, cambiará de sitio sin moverse”


 

Usted dice que el silencio no es la ausencia de ruido, sino de ego…

… ¿Me callo?

El mutismo no es silencio, sino la impotencia de la palabra. El silencio está habitado; el mutismo está vacío.

¿Cómo escuchar el silencio?

La naturaleza está llena de sonidos: el viento sopla en los oídos, los pájaros trinan, las ramas del bosque crujen al pisarlas… Escuchamos en ellos el silencio, porque no son ruido: son sonidos sin ego. No te reclaman.

¿Cómo librarnos del ruido del ego?

Viviendo aquí y ahora: siendo conscientes del momento. Sin necesidad de repasar continuamente cuanto haces y dices o cuanto dicen y hacen. Sin evaluar, controlar y juzgar lo vivido. Porque el ruido está en ese juicio compulsivo; en la comparación; en lo sobreimpuesto a la vida. Y es lo que la degrada.

¿Cómo lo consigue usted?

Como puedo. Soy como cualquier lector, pero he ido descubriendo el silencio como una cualidad de atención. Para mí es muy importante cada mañana y cada tarde empezar y acabar el día silenciado. Y terminar cada cosa que hago con la conciencia de que finaliza. Y agradecerla. Y dar gracias también por todo lo que he aprendido al hacerla.

¿Por ejemplo?

Esta conversación, con pausas de calidad de presencia. Y empezaré lo siguiente que haga agradeciendo que lo empiezo y venerándolo: ser consciente y agradecerlo todo.

¿Se trata de no hacer nada nunca en piloto automático ni por puro trámite?

Sí, porque si toma usted conciencia de lo que hace, su vida tendrá más fuerza. Vivirá más.

¿Por qué la vida suele doler en el ego?

El ego es la apropiación del yo, que no es más que un recipiente de conciencia de existencia donde se condensa la totalidad. Todo está en cada uno de nosotros. Si no, no podríamos existir.

¿Por qué hoy el ego se apropia del yo?

Cada uno de nosotros no sólo tiene sus años, sino los 15.000 millones de evolución que nos han hecho como somos. El exceso de ego es la fijación de pensar que sólo tenemos los que nos quedan y los podemos perder.

¿Pensar la muerte no te hace humilde?

Nos colapsamos y nos condensamos en los pequeños años que creemos tener. Y nos angustiamos intentado retenerlos. Pero nuestra conciencia no es propietaria de nuestra existencia: sólo es un recipiente temporal..

…Que durará unos añitos nada más.

La vida se nos da continuamente y si somos cocreadores en la vida, en vez de intentar controlarla y sobrepasarla, la recibimos y la desplegamos y surge así una nueva confianza en nuestra fuerza que reemplaza al ego.

Ni lo soy ni veo voluntarios para morir.

Y es fantástico, porque quiere decir que amáis el don esencial de la vida. Pero hay otro don engendrado en él, que es el siguiente nacimiento. Estamos gestando continuamente otra vida dentro de nosotros: cada instante está alumbrando el siguiente…

¿No se trata de eso: de atraparlo?

Al contrario: cada momento estamos viviendo algo que tenemos que saber soltar. El mismo aire que nos da vida, si lo retuviéramos, nos daría muerte. La vida está hecha de un continuo recibir y dar. Dejarla ir.

¿Habría que alegrarse de morir?

Nuestra existencia es como la gestación de una dimensión más interna que requiere la experiencia humana biológica de esta vida, donde se engendra otra dimensión a la que no podemos acceder si no nos desprendemos de esta.

En cambio, esta época niega la muerte.

Porque insistimos en verla como nuestro final en vez de verla como el comienzo de algo que desconocemos.

¿Y si la biomedicina nos da un día el poder de decidir cuándo morimos?

Sería perdurabilidad; no eternidad. La eternidad es de otro orden; no es un chicle que vamos estirando hasta que se rompe. La eternidad es un cambio de nivel.

¿Más que vivir 200 años como ahora es volver a existir de otro modo?

Y lo bello es que ya lo podemos vivir ahora. Pero nuestro vehículo biológico en la Tierra está programado para sobrevivir hasta los 60, 70, 80, 90 años. Nuestra muerte es lo que más necesitamos para alcanzar posibilidades que en esta vida tienen su límite.

¿Cuáles?

Hay dimensiones, que se están gestando en esta vida, que nos permiten pasar a otra. Pero para ello tenemos que saber soltarnos y nuestra sociedad no nos deja. Hay que aprender a desprendernos de esta vida con confianza. Espero que algún día seamos lo suficientemente maduros como para escucharnos a nosotros mismos y saber cuál es el momento de partir.

¿Cómo saberlo?

Si maduráramos, no alargaríamos los procesos tan complejos y problemáticos que vamos a tener con una población cada vez más envejecida a la que no se ha enseñado a morir. El saber partir es un acto de generosidad y de confianza, para el que aún no todos estamos preparados.

 

Un silencio urgente


“Nuestra sociedad necesita un silencio urgente. Si aprendemos el silencio, cambiaremos de lugar sin movernos: estaremos aquí, pero de forma diferente, no en el mismo aquí en que estábamos.” Xavier Melloni enseña el silencio ante un repleto CaixaForum de Barcelona. Después, en conversación con Fèlix Riera y conmigo, nos enseña a escuchar ese silencio, que no es la ausencia de ruido, sino de ego. En él descubrimos: “Otra dimensión que se está gestando en nosotros y que requiere de la experiencia de esta vida para que la podamos alcanzar después. Nuestra época niega la muerte, porque insistimos en verla como nuestro final, cuando sólo es el comienzo de algo que desconocemos”.

 

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20190416/461682839746/si-aprende-a-tomar-conciencia-cambiara-de-sitio-sin-moverse.html