Parusía. Chantal Maillard

Notre Dame en feu La catedral de Notre-Dame de Paris, en llamas. ©La voz de Almería

 

Todos éramos fragmentos de una historia común. Esquirlas de un espejo que, como el del universo, no habría de recomponerse nunca.

Parusía llamaron los cristianos a la reunificación postrera de todas las esquirlas. Una idea hermosa. La razón geometriza en los confines del logos. El gran conjunto de todos los conjuntos nunca se dará más que como abstracción y como paradoja. Las religiones son, qué duda cabe, las mayores abstracciones comunitarias.
Es curioso que el final de los tiempos se entienda, en el cristianismo, como la celebración de un juicio, el último juicio. Algo, si se mira más de cerca, un tanto contradictorio con la idea de una parusía: el final de los tiempos, la reaparición del Cristo y la reunificación de su templo en él. Para-ousía: más allá de la ousía, la forma primera (y primera categoría de Aristóteles), un concepto equivalente, en cierto modo, al Para-Śiva o Paramaśiva del hinduismo: el principio del que todas las formas participan. No obstante, para los cristianos se trata de la reunificación de ciertos fragmentos tan sólo, aquellos que resulten de la criba, una selección ad hoc, en definitiva, puesto que el final estaba escrito: requerido por sus causas. El juicio final (la conclusión) estaba en el inicio.

*

No poder evadirse de sí, el sí que se construye en pasado, no poder alejarse, llevar a cuestas la casa –las casas–, caracol cuya baba son las lágrimas, cuya traza resplandece con el sol y se agrieta con la helada pero nunca, nunca se borra. No acertar a desprenderse. Anhelar el fuego, la resolución por las llamas.

 

Chantal Maillard. La mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015.

 

 

La compasión difícil de Chantal Maillard por Gonzalo Torné

Chantal maillard_foto- Bernabé

Foto: Bernabé Fernández

 

EL CULTURAL, 22 marzo 2019 | GONZALO TORNÉ

A medida que se incrementa el número de sus lectores y su prestigio se va volviendo incontestable se impone la conveniencia de ofrecer respuestas críticas a la enigmática obra de Chantal Maillard (Bruselas, 1951), que se aviene, por una vez sin estridencias ni forcejeos, a la categoría de original. No merece la pena entretener el tiempo tratando de encajar La compasión difícil en un género ya establecido, con los perímetros bien trazados y custodiado por las academias. La propia Maillard se muestra muy suspicaz ante la obediencia taxonómica, no tanto por coquetería, como por una conciencia muy viva de las trabas y limitaciones que todo género impone a la obra, ya sea por el peso de la tradición heredada o por las expectativas instituidas entre los lectores.

 

MAILLARD PARECE REBELARSE CONTRA ESA FICCIÓN IMPUESTA POR EL ENSAYO HUMANÍSTICO CON PRETENSIONES DE OBJETIVIDAD CIENTÍFICA

 

Quizás lo mejor sería decir que La compasión difícil es un libro de pensamiento; se podrían extractar sus ideas y afirmar que plantea cómo en un mundo abandonado por los dioses (entendidos aquí como cualquier forma de cuidado o atención sobrenatural) y dominado por la depredación que impone el hambre, solo la construcción de espacios compasivos, capaces de desactivar nuestras pasiones más agresivas, puede convertir la tierra en un espacio soportable, por difícil que sea la compasión si recordamos la cantidad de “crímenes” que cometemos los seres vivos. De otro modo, como se nos insiste en varias ocasiones, de no ser por el tiránico instinto de supervivencia, ¿quién podría considerar esta vida como algo deseable?

Pero este resumen, prometo que bienintencionado, violenta un tanto el espíritu de un libro donde el pensamiento no se ofrece en forma de discurso, acumulando un argumento tras otro, con gran despliegue de ejemplos, mientras se recorre el carril complaciente de la lógica hasta alcanzar una nítida conclusión final. En La compasión difícil la autora piensa mucho, y con rigor, pero buena parte del interés se encuentra en la manera en la que se despliega ese pensamiento, que tampoco puede reducirse a lo poético ni emparentarse sin más con lo lírico, pues Maillard no permite que las frases se desatiendan del material semántico que arrastran, sus párrafos jamás se resuelven en hallazgos bonitos o biensonantes. En este libro, insisto, se piensa a fondo.

Si enfocamos mejor la lente podemos describir tres rasgos originales en este libro: en primer lugar, se trata de un pensamiento incardinado, sensible al mundo que le rodea: el movimiento natural o la temperatura del aire pueden comparecer mezclados con las ideas abstractas.

En segundo lugar, no tratamos con un pensamiento desapasionado que se esfuerce por simular retóricamente una enunciación impasible, entregada al desarrollo incontestable (casi independiente) de las ideas. Maillard parece rebelarse contra esta ficción impuesta por el ensayo humanístico con pretensiones de objetividad científica y expresa sus puntos de vista sin renunciar al entorno emocional del que proceden; así, las ideas comparecen en este libro empapadas del entusiasmo, el desprecio o la preocupación que le suscitaron a la autora al formularse. Dos ejemplos: su crítica a los dioses o a lo que algunos hombres les hacen a otros (o al planeta) en nombre de las creencias es personalísima, sin por eso dejar de ser razonada.

En tercer lugar, el pensamiento de Maillard es metafórico. Allí donde los cachorros de la academia se apoyan en papers y notas que aluden a los pensamientos momificados de antiguas luminarias, Maillard recurre a metáforas poderosas (los ángeles, el hambre, incluso la propia compasión…) que ayudan a aglutinar las distintas ideas que van surgiendo. O si se prefiere, por emplear una metáfora muy querida por la autora, contribuyen a “hilvanarlas”. La reflexión sobre esta manera de pensar en hilos de imágenes que van formando un tejido de argumentos e historias ocupa un considerable número de páginas dentro del propio libro.

 

EN LA COMPASIÓN DIFÍCIL LA AUTORA PIENSA MUCHO, Y CON RIGOR. SU INTERÉS RADICA EN QUE SU PENSAMIENTO LE LLEVA A UN SITIO INSÓLITO

 

El resultado es un pensamiento literario que se presenta de manera más tentativa que estructurada, y que sin llegar a contradecirse no duda en matizarse, exponerse en tonos distintos, en sugerir y en incitar, en recorrer una imagen sin prisa… Estos principios operativos son también clave en la libertad con la que Maillard expone sus ideas. El pensamiento, impulsado y mecido por sus propias metáforas, se detiene en un aforismo: (“Que la vida quiera ser vivida no significa que sea un bien”; “Ingerimos gustosamente lo que más nos daña”; “Preferiría lamer como un animal no humano las heridas de otro animal, como hacen ellos entre sí”; “La compasión emerge de un ánimo ecuánime. No hay, no debe haber ni un ápice de tristeza en quien compadece”). También en definiciones inesperadas (“Las diferencias: reverberación infinita de un primer sonido”; “Culpa: parte que heredamos de los dioses caídos”). En arranques de tratados éticos sobre la compasión; en revisiones dramáticas (esto es, dialogadas) del mito de Medea; en relatos cosmogónicos acerca de la caída de los ángeles; en informes que abordan el sufrimiento del planeta o en pasajes abiertamente poéticos.

Vuelvo al principio de la reseña: La compasión difícil no es un libro que se dedique a mezclar desde fuera géneros ya establecidos, sino que su propio desarrollo le lleva a un sitio (original, personal, divagante y riguroso, variado y libre a la manera que soñaban los románticos) que a los géneros académicos a nuestra disposición les cuesta reconocer.

Podríamos decir que los libros de Chantal Maillard empiezan a constituir su propio género; y lo que llevo escrito hasta aquí, obviamente, no es tanto una crítica como una tentativa de entenderlo.

 

CHANTAL MAILLARD | LA COMPASIÓN DIFÍCIL

Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2019

220 páginas. 19,90 €. Ebook: 12,99 €

 

Pensar las potencias de la huelga feminista

La imagen puede contener: una o varias personas, multitud, nubes, cielo y exterior

 

Recopilatorio de textos imprescindibles de cara al 8M elaborado por lxs amigxs de la Universidad Libre y Experimental de Málaga:

La huelga feminista no es solo un acontecimiento, es un proceso abierto a revolucionar desde los aspectos más moleculares de la vida cotidiana hasta las formas de juntarse, autoorganizarse, interseccionar y componerse internacionalmente.

«Frente al nosotros primero, el nosotrxs juntxs», por Marisa Pérez Colina
http://www.elsaltodiario.com/…/sera-el-feminismo-la-tumba-d…?

«El feminismo está reconceptualizando el internacionalismo desde la práctica», entrevista por Juliana Hernández y Julià Martí a Verónica Gago
https://www.elsaltodiario.com/…/veronica-gago-ni-una-menos-…?

«Sacar del clóset a la deuda. ¿Por qué el feminismo hoy confronta a las finanzas?», por Luci Cavallero y Verónica Gago http://lobosuelto.com/?p=21912

«¿Cómo hacernos un cuerpo?», entrevista por Marie Bardet a Suely Rolnik
http://lobosuelto.com/?p=19635

«Internacionalismo feminista a fuego lento: crónica de un encuentro», por Izaskun Aroca Sánchez
https://www.elsaltodiario.com/…/internacionalismo-feminista…?

«8M – La gran huelga feminista», por Isabell Lorey
https://transversal.at/blog/8m-la-gran-huelga-feminista

«La huelga molecular-feminista», por Gerald Raunig
https://transversal.at/blog/la-huelga-molecular-feminista

«Hacia la huelga feminista. Encuentro en La Invisible con Verónica Gago y Marta Malo» , por Verónica Gago, Marta Malo, Eu Mongil y Sara Buraya.
https://soundcloud.com/…/hacia-la-huelga-feminista-encuentr…?

 

Desde el Facebook de Amador Fernádez-Savater: https://www.facebook.com/amador.fernandezsavater/posts/809969869337867

 

Mona Chollet: “Siempre hay mujeres linchadas acusadas de ser brujas”

Esta periodista y ensayista feminista franco suiza reflexiona sobre la herencia patriarcal en el pensamiento europeo, desde las caza de brujas hasta la actualidad.

mona08La escritora feminista y editora de Le Monde Diplomatique Mona Chollet.

TRADUCCIÓN: EDUARDO PÉREZ
PUBLICADO 2018-10-22

 

La encontramos en los locales de Le Monde Diplomatique, a diez minutos a pie de la place d’Italie (París). No para hablar del periódico, para el que Mona Chollet trabaja como jefa de edición, sino de su último libro, un ensayo: Sorcières. La Puissance invaincue des femmes (Brujas. La fuerza invicta de las mujeres), a la venta en Francia desde el 13 de septiembre 2018. Sus primeras obras se centraban en el universo mediático y político. Un análisis social seguido, cruzándolo con la lucha feminista, con Beauté fatale (Belleza fatal, 2012) y Chez soi (En casa), tres años después. ¿Por qué las mujeres independientes, de edad o sin hijos siguen siendo cuestionadas?

Pese a su título, su nuevo libro sólo habla un poco de brujas. La bruja parece ser ante todo, una imagen, un apoyo para pensar tipos de mujeres estigmatizadas… 

Yo no soy historiadora y no podía pretender hacer la historia de la casa de brujas. He leído trabajos de historiadores e historiadoras pero, en efecto, lo que me interesaba era despejar los grandes tipos –que podemos despejar a posteriori– de mujeres perseguidas en la época: las solteras, las viudas, las mujeres que controlaban su procreación, las mujeres de edad.


La caza de brujas tuvo un poderoso efecto disciplinario en las representaciones de lo que debía ser aceptable o inaceptable para una mujer


Estigmatizando estos tipos, se reformuló lo que debían ser las mujeres en su totalidad. La caza de brujas se impuso una prohibición muy fuerte sobre ciertos tipos de comportamientos, reprimidos con la violencia más extremo. Los efectos de estas cazas pesaron sobre todas las mujeres de la sociedad: más allá de las investigaciones, de las torturas, las mujeres sufrieron una amenaza permanente, como un mandamiento de controlarse.

Pienso que todo eso tuvo un poderoso efecto disciplinario en las representaciones de lo que debía ser aceptable o inaceptable para una mujer. Esta prohibición fue en primer lugar impuesta por la violencia y la represión y después, a partir del siglo XIX, por una especie de adulación. La domesticación de las mujeres dio otro giro, con justificaciones morales, médicas. Era una manera más dulce de proseguir un trabajo de domesticación comenzado de manera muy violenta por la caza de brujas.

¿Hay entonces una historia, la de la caza de brujas, que es importante conocer mejor? 

Sí. Es una historia que se reprime mucho. Yo misma me di cuenta de que no la conocía. Cuando pensamos en el sabbat [aquelarre], en el pacto con el diablo, estos elementos nos parecían fantasiosos; nos hacen pensar que las cazas de brujas mismas eran fantasiosas, irreales, cuando eran crímenes en masa. Hay un rechazo a mirar esta historia a la cara y una batalla de interpretación alrededor de ella. Muchos historiadores no aceptan el hecho de que fue un crimen misógino en masa. Así, es una historia a la vez reprimida y muy presente en nuestro inconsciente y nuestros imaginarios ya que la imagen de la bruja fue perpetuada por las películas, la pintura, etc.

Dice que este proceso de estigmatización tomó una nueva dimensión en el siglo XIX. Pero los campamentos de brujas todavía existen. En su película I Am Not a Witch (“No soy una bruja”), la directora Rungano Nyoni habla de los campamentos de brujas de Zambia…

Sí, hay campos en África –en Ghana o en Zamia–, pero también en India… Siempre hay mujeres que son linchadas porque se les acusa de ser brujas. Federici se interesa por estos casos y por la brujería contemporánea, pero mi libro habla poco de ello.


A propósito de Federici, precisamente: usted resume su tesis, expuesta en Calibán y la bruja, así: “La esclavización de las mujeres necesaria para la implementación del sistema capitalista fue a la par con la de los pueblos declarados ‘inferiores’, esclavos y colonizados, proveedores de recursos y mano de obra gratuitos”. Esta tesis que busca sobreponer la implementación del capitalismo y la dominación masculina y colonial ha suscitado numerosas controversias históricas. ¿Comparte este enfoque?
 

La tesis de Federici no es más que un aspecto secundario del tema esencial de mi libro, salvo quizás por la parte sobre la asignación de la maternidad y el miedo alrededor del aborto de los que ella habla mucho. Respecto a la tesis de Federici, pienso que es un poco rápida sobre ciertos puntos pero que se mantiene totalmente en conjunto. ¡También es una tesis que es compartida por muchas otras personas que han trabajado sobre la caza de brujas! Lo que me parece claro es la resistencia de muchos historiadores ha esta tesis: se diría que les es imposible interpretar ese momento de la historia de forma feminista.


Se estima que hubo de 50.000 a 100.000 víctimas [de la caza de brujas] en Europa. Pero la cifra es muy discutida, y no cuenta a todas las mujeres que no fueron ejecutadas sino linchadas, desterradas, las que se suicidaron


¿Qué respondería a las personas que le dirían que no hay suficientes víctimas para que se considere este acontecimiento como un hecho histórico principal? 

Se estima que hubo de 50.000 a 100.000 víctimas en Europa. Pero la cifra es muy discutida, y no cuenta a todas las mujeres que no fueron ejecutadas sino linchadas, desterradas, las que se suicidaron. No creo que sea el número de muertes el que determina la importancia del acontecimiento. La ejemplaridad de las torturas se extendió mucho más allá de las víctimas directas. Esta ejemplaridad modeló un imaginario que impregnó a toda una sociedad, en una zona geográfica extensa, durante un largo período.

51j5iHJZ84L._SX336_BO1,204,203,200_La bruja es para usted a la vez la encarnación del “rostro desesperanzado de la humanidad” y “la mujer exenta de todas las dominaciones, de todas las limitaciones”. ¿Se puede decir que la reivindicación de la imagen de la bruja por los movimientos feministas en los años 70-80 ilustra una inversión del estigma? 

Totalmente. Es la inversión de la imagen de la mujer víctima en mujer fuerte. Las mujeres acusadas de brujería durante las cazas de brujas eran víctimas absolutas: ellas pertenecían, en su abrumadora mayoría, a las clases populares, por ello estaban particularmente indefensas frente a la máquina judicial. Ellas encarnan la injusticia absoluta, la arbitrariedad total, sin protección posible alguna. Pero en los fantasmas de los verdugos y jueces, estas mujeres eran todopoderosas; se les atribuían poderes increíbles. Dar la vuelta al estigma es tomar la palabra al miedo de esos jueces: vamos a ser tan aterradoras como nos acusáis de ser.

¿Cómo calificar el género de su obra, impregnada de experiencias personales e incluso de humor? 

Me interesa seguir una línea entre el desarrollo personal y la propuesta política. Las mujeres se apropiaron de esta denominación de bruja de forma política; yo intento ver cómo nos podemos apropiar en una óptica de desarrollo personal, como algo que pueda permitir construir una fuerza en femenino. Lo que normalmente me molesta de los libros de desarrollo personal es que no haya deconstrucción y crítica de los sistemas de dominación. Pero pienso que se puede partir de una misma para deconstruir los mecanismos de los que se ha podido ser víctima.

Cambiamos, pero también miramos de forma diferente lo que nos rodea, nos socializamos de forma diferente. Una vez que se ha hecho ese trabajo para una misma, se puede hacer para las demás: es un planteamiento de liberación a la vez personal y colectiva.


Se habla a menudo de los hombres que han robado creaciones o trabajos a sus amantes, a sus colegas a sus compañeras, pero tengo la impresión de que el fenómeno de autocensura es muy importante


Habla del hecho de escribir como un acto de valor pero también de estímulo, para usted, para las lectoras… 

Hay algo de lo que tengo la impresión de haber observado mucho tanto en mi caso como en las otras, y de lo que hablo en este libro, es lo que llamaría el reflejo de prestar servicio. Hemos integrado que en tanto que mujer, lo que podemos hacer mejor es ponernos al servicio de un proyecto llevado a cabo por una figura masculina. Hemos integrado tan bien esta idea que se hace difícil tomar la iniciativa sin ponernos a remolque de un proyecto masculino.

Se habla a menudo de los hombres que han robado creaciones o trabajos a sus amantes, a sus colegas a sus compañeras, pero tengo la impresión de que el fenómeno de autocensura es muy importante. Pero nos podemos liberar de ello fácilmente: cuento en Sorcières un momento detonante, un momento en el que me di cuenta de que un hombre cuya obra admiraba buscaba desviar mi energía para ponerla al servicio de su carrera. Era una trampa en la que había caído antes pero, a partir de ese momento, supe que no volvería a caer.

Esboza tres tipos de “brujas” perseguidas: las mujeres independientes, las mujeres que no tienen hijos, las mujeres viejas. ¿Se podría incluir, en la mujer independiente, la mujer que no permanece en la esfera doméstica? La bruja es también aquella que desvía los objetos asociados tradicionalmente a la esfera doméstica, como la escoba… 

Sí. Es por así decirlo la continuación de mi obra Chez soi. Une odyssée de l’espace domestique (“En casa. Una odisea del espacio doméstico”). La caza de brujas corresponde a un momento en el que las mujeres son expulsadas de muchos oficios, en el que se les asigna el rol maternal y la esfera doméstica. La independencia de las mujeres y la participación en la vida social son mal vistas.

Un capítulo entero está dedicado a la opción de no tener hijos. Mientras que un célebre lema del movimiento feminista es “Un hijo si yo quiero, cuando yo quiera”, usted se pregunta únicamente por la primera parte de este lema. ¿Ha tenido la impresión de atacar un tabú? 

Hay un déficit de reflexión impresionante sobre el tema. A menudo se tiene esta imagen de las arpías feministas que detestan la maternidad y quieren generar aversión hacia ella en las mujeres. En realidad, los textos feministas hablan poco de ella. La reivindicación de no hacer niños no ha sido tan defendida.

Ha podido haber actitudes individuales que han sido problemáticas: Erica Jong, una feminista estadounidense, cuenta que hizo una lectura, ante una asamblea feminista, de uno de sus poemas sobre la importancia de la maternidad en su vida y que le silbaron. Aunque estas mujeres debieron molestarse porque se les reservara un discurso manido, era una actitud bastante horrible por su parte. Hay que respetar las experiencias de cada una, un deseo que puede o no estar ahí. Hay que respetar los dos casos. Pero yo veía importante desarrollar un discurso que a menudo está poco desarrollado: el deseo de no tener hijos.


Se nos dice que querer un hijo es algo que viene de las tripas, que no se puede cuestionar. Sin embargo, nosotras tenemos tripas y no queremos. Ese discurso ignora una presión social que se enmascara bajo el nombre de instinto


Se nos dice que querer un hijo es algo que viene de las tripas, que no se puede cuestionar. Sin embargo, nosotras tenemos tripas y no queremos. Ese discurso ignora una presión social que se enmascara bajo el nombre de instinto. En nuestra sociedad, podemos elegir tener hijos o no… a condición de tenerlos. Nos podemos preguntar por qué hay una censura social así, por qué se considera que tener hijos es la opción natural por defecto cuando la tierra está superpoblada, cuando el futuro del planeta da miedo bajo cualquier punto de vista. Las reacciones frente a las mujeres que no quieren tener hijos muestran hasta qué punto se considera a las mujeres como las representantes de una esencia única. La mujer que no quiere tener hijos escuchará: “Ah, pero deberías pensar en aquellas que quieren pero no tienen”. ¿Cuál es la relación? Decir eso es considerar a las mujeres como criaturas más o menos intercambiables.

Habla de la forma en que la sociedad puede construir los deseos, pero también de los fantasmas alrededor del “reloj biológico”. 

Eso atraviesa la estigmatización de la mujer vieja y de la mujer sin hijos. Con esta idea de reloj biológico, probablemente se somete a las mujeres a una presión exagerada: no dejamos de decirles que hay que ser madres, que hay que apresurarse, si no no será posible, habrán perdido su destino.

¿Las presiones sociales se ejercerían sobre todas las mujeres, independientemente de su clase social? 

Sí, globalmente. Desde luego, las mujeres de las clases superiores tienen más medios para alimentarse bien, para estar en buena salud, para cuidarse. Mostrar un cuerpo joven y sano es a menudo un rasgo social muy fuerte. Pero eso también traduce una presión social muy fuerte. Generalmente, pienso que las mujeres de toda la escala social sienten esos requerimientos.


Todas vamos a envejecer pero, sin embargo, en nuestra sociedad, para una mujer no hay buena forma de envejecer


Usted habla de las mujeres en general, a diferencia de algunas o algunos, como el escritor británico Redfern Barrett, que proponen un enfoque de la bruja queer… 

Tengo la impresión de que eso puede concernir a todas las mujeres. Es muy fácil ser una bruja. El camino es tan estrecho cuando se quiere ser una mujer socialmente aceptable (¿es incluso posible?): es imposible no encontrarse en el papel de la bruja en un momento u otro. Si no, se es una criatura forzada y atada, sin nada auténtico. Quizás las mujeres viejas son las más enfrentadas a esta categorización. Todas vamos a envejecer pero, sin embargo, en nuestra sociedad, para una mujer no hay buena forma de envejecer.

Hablemos de otro aspecto de su libro. Usted asocia a lo que llama una “forma de brujería” una crítica de la racionalidad. ¿Es una crítica de la racionalidad o del mito de la racionalidad? 

Las dos. Es una crítica de una tendencia a aferrarse a la razón como la única forma de aprehensión posible del mundo. Me fascinaron los libros sobre física cuántica que mostraban que, en ese campo, cuanto más se progresa, más se desemboca en otras cosas que no se conocían. Reconocer los límites de la ciencia, de la razón, es también una manera de legitimar la creación artística como un medio de hacer progresar el conocimiento humano.

Pero el enfoque de su libro, “ir a detectar, en los estratos de imágenes y palabras acumuladas, lo que tomamos como verdades inmutables, poner en evidencia el carácter arbitrario y contingente de las representaciones que nos encarcelan sin saberlo y sustituirlas por otras, que nos permiten existir plenamente”– lo que presenta como una “forma de brujería–, podría por el contrario ser leído como un proyecto emancipador completamente racional. 

Sí, es verdad. Y yo también soy muy intelectual. Pero pienso que la emoción es muy importante, que escuchar sus emociones es un reflejo totalmente sano. Hay algo que revisar en la distribución que habitualmente hacemos entre la razón y la emoción. La emoción siempre está ahí, no podemos tener un motivo libre de emoción. Es un poco aterrador, pero no hay nada que hacer contra ello, por lo que hay que saberlo y tenerlo en cuenta.

¿Su crítica de la razón no es un poco caricaturesca? Dice que nos lleva a concebir el mundo “como un conjunto de objetos separados, inertes y sin misterios”, cuando el principio de la ciencia —positivista es poner a los objetos en relación los unos con los otros con el concepto de leyes. 

Lo que me interesa de la física cuántica no es el concepto de relaciones o de leyes, sino de entramado. Un objeto aislado no es tal. Los individuos son perturbaciones provisorias en un campo de energía: eso nos inscribe en el universo de manera fascinante… Extraemos mucho de nuestras representaciones del mundo del estado de la ciencia; estas representaciones a menudo llegan tarde respecto al estado real de la ciencia.

Usted opone la ciencia instrumental y una emoción que podríamos llamar “brujería”, pero ¿es la oposición tan clara? ¿No proponen las ciencias humanas un modo de carácter científico y de conocimiento no instrumental?

Sí. También creo que las ciencias humanas han avanzado porque han emitido la idea de que el observador perturba lo que observa y que hay que tenerlo en cuenta. Pero esta noción todavía no se ha integrado plenamente respecto a las ciencias puras.

Presenta a Descartes como un punto de inflexión, racionalista, en la separación entre el cuerpo y el alma; un punto de inflexión que provocó una visión instrumental de la naturaleza. Esta oposición entre el cuerpo y el alma estaba ya muy presente en el corpus cristiano. 

Eso me parece evidente. No he hablado mucho de ello en este libro porque lo hice en Beauté fatale (Belleza fatal). La tradición cristiana ha tenido una fuerte influencia sobre nuestra visión actual del cuerpo como separado del alma, como algo que hay que ocupar… como esta actriz que comparaba el cuerpo con un coche, cuando de un coche podemos salir, podemos cambiarlo, mientras que cuando se trata de nuestro cuerpo, ¡no podemos! Estas imágenes nos vienen de una tradición que quiere que el cuerpo sea domado, ya que puede dificultar la salvación, que debe ser tratado como un enemigo. Pero hay algo que se juega con Descartes, en ese momento: él representa un punto de inflexión, lo que no quiere decir que no estuviera preparado anteriormente.


Las curanderas, que anteriormente estaban toleradas, fueron eliminadas porque sus actos aparecieron como diabólicos, como un obstáculo a la creación de una ciencia masculina oficial


¿Podemos, como usted parece hacer, presentar la medicina como un ejemplo de la ciencia racional y fríamente objetiva? La medicina no es verdaderamente el paradigma de la razón teórica, es una ciencia tardía, muy empírica… 

Se trata de una cuestión de coincidencia histórica. Las curanderas, que anteriormente estaban toleradas, fueron eliminadas porque sus actos aparecieron como diabólicos, como un obstáculo a la creación de una ciencia masculina oficial. Pienso que esta definición de la ciencia determinó la forma en la que se cura hoy: es la misma actitud invasora, la misma relación con la naturaleza, con el mundo y con las mujeres, dominadora y agresiva. Los médicos, al desembarazarse de las brujas curanderas, adquirieron un monopolio que no merecían. A menudo ellas eran mucho más competentes que ellos, con una buena formación empírica, ligada a la experiencia y al conocimiento de los cuerpos.

Usted refleja experiencias personales médicas difíciles y escribe: “Hay algo eufórico, galvanizador en hacer caer así los muros entre experiencias aisladas […]. Me doy cuenta de que la esperanza de cambiar las cosas me lleva a interesarme activamente en el tema, mientras que anteriormente sólo pedía olvidarme de las experiencias difíciles”. ¿No es ésa la definición de la emancipación: transformar, colectivamente, sus experiencias difíciles en fuerza? 

Es extraño, yo no había conectado forzosamente estas frases con este planteamiento de emancipación, pero es totalmente justo. Lo que siempre me ha molestado a propósito de la llamada victimización es el discurso que nos quiere hacer creer que decirse víctima de algo nos va a volver débiles y va a hacer de nosotras criaturas gimientes.

Siempre he tenido la impresión de que era al revés. Es tomando conciencia de que somos víctimas como nos podemos liberar. Decir que no hay que victimizarse es en realidad decir que no hay que luchar. Si no se pasa por esta etapa, ¿cómo liberarse?

 

 

https://www.elsaltodiario.com/feminismos/mona-chollet-siempre-hay-mujeres-que-son-linchadas-porque-se-les-acusa-de-ser-brujas


 

 

El poema de la unidad | Jesús Aguado

Joseph Campbell estudió en los cuatro tomos de ‘Las máscaras de Dios’ los arquetipos comunes a toda humanidad.

JESUS AGUADO

El mitólogo Joseph Campbell.El mitólogo Joseph Campbell. BETTMANN / GETTY IMAGES

Estamos vivos, pero se nos ha olvidado. Peor todavía: se nos ha olvidado que lo hemos olvidado. Estamos vivos, pero pensamos, actuamos y nos organizamos como si estuviéramos muertos. Una tragedia, invisible para la mayoría, que el mito debería ayudarnos a visibilizar primero y a afrontar después. Porque el mito hace esto según Joseph Campbell: ayudarnos a entrar en contacto con la experiencia de estar vivo. Algo para lo cual se necesita despertar a ese héroe que todos llevamos dentro (quizá su libro más conocido sea El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito) y al que se han confiado las diferentes culturas para sostener sus valores, sus aspiraciones privadas y colectivas, y su energía espiritual. Otra afirmación de Campbell sobre el mito es que nos hace avanzar por la vida como por un poema (conectados a un ritmo esencial, atentos a las metáforas y a los símbolos, confiando en los pasadizos que abren los silencios en las palabras, organizando el pensar no con silogismos, sino con resonancias y armonías), un descubrimiento en sí revolucionario porque la religión institucionalizada y sus códigos derivados, desde la teología hasta el derecho, nos obligan a traducirlo a mala prosa cotidiana.

La obra entera de Joseph Camp­­bell, y en especial los cuatro tomos de Las máscaras de Dios, intenta reconstruir el poema de la vida con los materiales que el mito le proporciona. Un poema muy deteriorado, el de la unidad de la raza humana más allá de épocas, mentalidades o geografías, que hemos de restaurar antes de que sea demasiado tarde con los instrumentos de la arqueología, la filología, la filosofía, la psicología, la mitología y la religión comparadas, o el folclore. Una tarea de cuya urgencia dan cuenta los dos principios centrales que inspiran los tomos primero y último de esta tetralogía. En ‘Mitología primitiva’, el autor sugiere que el “profundo pozo del pasado” esconde partes del conocimiento que han quedado inacabadas o abandonadas, restos de sabiduría sobre los que hemos de interrogar tanto a los cazadores o plantadores de los orígenes como a los chamanes, los niños, los soñadores o los moribundos. O a ciertos escritores cercanos (él cita, entre otros, a Novalis, SchopenhauerKierkegaard, Goethe, Nietzsche, Melville o Thomas Mann) que hacen de puente, varios cientos de páginas después, con las tesis de ‘Mitología creativa’. Aquí defiende la necesidad de que, invirtiendo el orden clásico consagrado por la historia, en adelante los mitos se originen en experiencias individuales que no surjan de los dictados de la autoridad, sino de las intuiciones, los sentimientos y los pensamientos de personas dotadas con la gracia suplementaria de saber cómo hacerlas comunicables. Estos “maestros creadores” serán modelos evocadores, no coercitivos; despertarán con su ejemplo a la humanidad dormida, y nos revelarán que el verdadero paraíso es darse cuenta de que dentro de uno están todos los dioses.

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Campbell, que enuncia el objetivo de este trabajo como “el primer esbozo de una historia natural de los dioses y los héroes”, se detiene en episodios ejemplares (que narra de manera tan hipnótica como Heinrich Zimmer, del que fuera amigo y de cuyas obras póstumas fue editor, y tan inspirada y transversal como Jung, otro de sus principales referentes), ciclos mitológicos de Oriente y Occidente (consagra los tomos intermedios a ellos: ‘Mitología oriental’ y ‘Mitología occidental’), temas (el ego, el amor, la muerte, la madre virgen y el nacimiento milagroso, el diluvio, el estado, la cruz y la media luna, el dios perdido, las supersticiones, el éxtasis, el animal totémico, el sufrimiento, el juego, el misterio, la luz, el demonio, la servidumbre, el asombro y decenas más que en bastantes ocasiones están acompañados de ilustraciones) o figuras arquetípicas (el caballero de la triste figura, el vidente, el profeta, Isolda, Eloísa, Galileo, Cristo, Buda, Krishna). Materiales heterogéneos que hace sonar como una sinfonía (la palabra es suya) y que teje sin perder el hilo en ningún momento porque lo que le mueve, algo que deja claro desde el prólogo, no es alardear de erudito, aunque pocos lo sean como él, sino quitarle pesos y opacidades al mundo mientras restituye o reescribe el poema de la vida verdadera.

¿Qué haremos, entonces, con este poema con mil caras y voces del que hablan, desde dentro de Las máscaras de Dios, las diversas mitologías? Campbell también se anticipa a esta pregunta: las personas razonables lo usarán para fines razonables; los poetas, para fines poéticos, y los insensatos, para la necedad y el desastre. Intuimos quiénes protagonizan este tercer camino, y por eso mejor apartarlos del nuestro, así que confiemos en que los otros dos lo utilicen para hacernos más amplios y profundos, más fluidos y sofisticados, más intemporales y lúcidos, más libres y trascendentes, más sobrenaturales y limpios. Y para recordarnos que recordemos que estamos vivos de una vez por todas.

 

https://elpais.com/cultura/2019/03/01/babelia/1551438778_223675.html?fbclid=IwAR0XcI5bbUwACE-en_6BMzL7lfT5zroMhlcEzdeHUQIQtozRf9bbqN_Wmlk

 

El gesto de Mérmeros | Lars von Trier-Chantal Maillard

 

[…]

Sí, es cierto, Medea es la historia de una venganza. Medea mata a sus hijos por venganza. Pero el motivo del crimen no es lo que aquí nos interesa. Los motivos son lo que interesa a la moral, pero la moral no es lo que aquí nos interesa. La moral es el código que regula las normas de convivencia, pero las estrategias de convivencia tampoco son lo que aquí nos interesa.

Lo que nos interesa es la mano de Mérmeros posándose dulcemente en el hombro de Medea. Ese gesto, ese ofrecimiento, esos veinte segundos en una cinta de celuloide, esa eternidad.

De lo que tratan estas páginas es de la compasión, la tan difícil compasión.
Lo que nos interesa es ese gesto. Un gesto que con Mérmeros adquiere valor universal.

[…]

Mérmeros no se entrega para la renovación de ninguna alianza. Medea nada renueva, Medea se opone, invierte el curso, anula, se rebela. Mérmeros intuye. Le tiende la cuerda. Su gesto es antinatural. Otra alianza se introduce entre las hebras, torciéndose con ellas. Y Medea acepta. Acepta el acuerdo, el terrible acuerdo. Asume su cordura y su condena.

[…]

Medea en la colina. Arrodillada. Rodeada por la hierba, ahora luminosa, casi transparente, al final del día. Devastada. Inmóvil. Entre un acto y otro acto. Entre lo que ha cumplido y lo que ha de cumplir. Entre un horror y otro horror. Se oye cantar a los pájaros.

Medea ha percibido el contacto, la cabeza del hijo apoyándose en su espalda. Medea ha parpadeado. Brevemente. Por lo demás, no se ha movido. Sabe que cualquier gesto que hiciese, por mínimo que fuese, daría comienzo inevitablemente al siguiente episodio. Pero Mérmeros se adelanta. Se incorpora. Le entrega la cuerda.

–Ayúdame, madre –le dice.

*

Y aquélla es la colina del sacrificio.

Mérmeros no es el reformador de ninguna religión. No tiene meta que alcanzar, ni destino que cumplir, ni mundo al que salvar. No obedece a ningún dios. Mérmeros es el cordero que ofrece su cuello porque es preciso.

Mérmeros no juzga al verdugo.
Mérmeros no pretende nada, no quiere nada.
Mérmeros no se rebela, no se protege, no se defiende. Su gesto es extra-ordinario. Misterioso.

*

Del misterio es el silencio.
Del misterio la voz callada.

 

Chantal Maillard. La compasión difícil. Galaxia Gutenberg, 2019

 

Lars von Trier. Medea. 1988. Una adaptación televisiva de la Medea de Eurípides (431 a. n. e.) a partir del guión de Carl T. Dreyer.

Duración: 76 min. País: Dinamarca. MúsicaJoachim Holbek. FotografíaSejr Brockmann

RepartoUdo Kier, Kirsten Olesen, Henning Jensen, Solbjørg Højfeldt, Preben Lerdorff RyeBaard Owe, Ludmilla Glinska, Vera Gebuhr, Jonny Kilde, Richard Kilde, Dick KaysøMette Munk Plum.

 

Matar a Platón en concierto o la mano sonófora de Chantal Maillard

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

Ayer noche, escuchar a Chantal Maillard arrebatando el vacío con la tremenda ternura de su mano –¿o era la voz?–, uniendo lo roto con su mano sonófora de poeta que pulsa las hebras…

Magnética Maillard-zahorí.

Magníficos los músicos, acompasando la zozobra del desquicio hasta su grieta sonora. Hasta su calma.

Matar a Platón, vertiginosa página-agujero reversible en la mano, táctil en los ojos, manantial sobre la lengua sedienta…

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

MATAR A PLATÓN EN CONCIERTO, escenificación poético-musical interpretado por su autora, Chantal Maillard, con la música de Chefa Alonso (vientos, kechapi y percusión) y Jorge Frías (contrabajo). En La Caldera-Les Corts, Barcelona, el 22 de febrero 2019.

Fotografías de Tristán Pérez-Martín.

http://lacaldera.info/pages/view/matar-a-platon?lang=spa

Aquí va un extracto de la actuación en el festival Cosmopoética 2016 (teatro Góngora de Córdoba) en octubre 2016. Filmación y edición de Adrian Abril. A degustar.

 

 

 

Chantal Maillard | La que silba, la que sabe.

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A la mujer sabia, se la desterraba de otra manera: recluida o aislada en algún paraje de difícil acceso, ella era la sacerdotisa, oraculum (hablante) o sibylla (la que silba), consejera, pues, mediadora, profetisa, pero nunca rival. Diferente, superior, pero lejana y ajena.

Serpiente de tierra o de agua, la que sisea (σίζω), la que silba, la que sabe.

La sierpe: animal sagrado en los matriarcados, reverenciado en antiguos territorios meridionales, maldito en cambio en los patriarcados que codiciaron su poder.

¿Tanto necesitaban defenderse, los patriarcas, de las diosas fértiles, de su conocimiento de los ciclos, su dominio de la escucha, el augurio y el arte de curar? ¿Tanto poder tenían ellas, tanto saber, para que a los varones de la era histórica les resultasen tan incómodas?

*

Saludo a aquélla, capaz de contemplar de frente el abismo que circunda la existencia. Aquella que no se deja distraer por fuegos de artificio y necias celebraciones, ni se engaña ocultando su rostro tras la máscara ajustable de las conveniencias. Saludo a aquella que sabe arrastrarse con la sierpe, volar a ciegas con el murciélago y dormir cabeza abajo arropada en el sayo de sus propias alas, husmear con las fieras la presa en los vientos y desgarrarla sin ira, aletargarse con los saurios, hibernar con el oso. Saludo a aquella que aceptará su muerte como aceptó su vida, sin pedir clemencia, sin prolongar la espera.

 

Chantal Maillard. La compasión difícil. Galaxia Gutenberg, 2019.

 

Animales. Eva Lootz

Resultado de imagen de el cordero de zurbaránAgnus Dei. Francisco de Zurbarán. Óleo sobre lienzo, 38 x 62cm., 1635-1640. Museo del Prado.

 

En los zoológicos, los animales constituyen el monumento vivo a su propia desaparición, son el epitafio a una relación que era tan antigua como el hombre.

John Berger

 

<< Repaso a vuela pluma los animales con los que alguna vez he mantenido conversación (in effigie se entiende) entre los muros del Prado. Después de todo, lo primero que pintaron manos humanas fueron animales. Nunca dejo de hacerle una visita al oso de la planta baja y al ciervo perseguido por una jauría de perros. Ese oso que me recuerda leyendas ancestrales como la de la mujer que se casó con un oso. Y ¿no hubo un tiempo que reconocía el abolengo y la estirpe de alguien en el arte de trocear las entrañas de la caza?

Aquel toro enigmático recostado sobre un acantilado rojo (que últimamente no encuentro, debe de estar guardado en un almacén) que invierte el curso de la flecha que le persigue y se clava en el ojo del hombre que la disparó. El jilguero del Jardín de las Delicias y su séquito de pájaros. Los perros con cara humana del Triunfo de la Muerte, San Jerónimo sacando la espina de la pata del león y el cuervo llevándole un pan a San Antonio. Los perros de Ticiano, el cordero de Zurbarán.

Y la caza, siempre la caza y su anuncio de los placeres de la mesa. Faisanes, patos y liebres; sotras, erizos y lenguados. Y los gatos que acechan el descuido de la cocinera. Y los caballos. El caballo del Conde Duque de olivares. El caballo del Duque de Lerma. El caballo de Felipe Próspero. El caballo de crin rizada, tan inflado como inflada de mala uva debió de ser la reina que lo montaba.

Un mundo de continuidad entre el animal y el hombre.

[…]

 

unnamed-20.jpgNiccolò Antonio, llamado Colantonio. San Jerónimo en su estudio (1445-1450 circa). Temple sobre madera. Museo di Capodimonte. Nápoles. 

 

*

“Estás obsesionado por los animales, ¿por qué? ¿Es porque ya no son inagotables? ¿Porque los hemos agotados?”, se pregunta Elias Canetti en ese libro de apuntes y soliloquios que es El corazón secreto del reloj. Entre estos apuntes tardíos abundan las referencias a los animales. Este, por ejemplo: “¡Los animales! ¡Los animales! ¿De dónde los conoces? De todo lo que no eres y sin embargo quisieras ser. Para probar”.

O: “No tienes entre los animales ni un solo amigo. ¿Y a esto lo llamas vida?” O: “Nunca he abrazado a un animal. Toda una vida he pensado con compasión torturada en los animales, pero nunca he abrazado a ningún animal”. O: “Lloras por ellos, por las lenguas que mueren, los animales que mueren, la tierra que muere”.

*

La desaparición de los animales de nuestro mundo de vida es un hecho, por más que en algunas masías gerundenses últimamente uno pueda optar por apadrinar a una vaca. Obedeciendo a la imparable tiranía de la rentabilidad y del beneficio, nuestras sociedades de la abundancia han liquidado el respecto a los animales. Viendo pastar a una vaca en lo alto de un cerro en los montes de Ávila siempre habrá alguien que te dice: estas vacas ya no son rentables.

Y piensas: lo que pasa dentro de este sistema es que ya no es rentable la vida con un mínimo de dignidad, tanto para el hombre como para la vaca. Hemos convertido a los animales en juguetes, en marionetas, en mascotas, cuando no en materia prima. Les hemos robado la dignidad de sus habilidades características, los rasgos distintivos de su naturaleza que les hacían hábiles para sobrevivir en el nicho de su especie sin la tutela del hombre. Pero también la dignidad de una vecindad largamente pactada y cuasi fraterna, de la que aún “disfrutaban” en el seno de las sociedades agrarias, establecida en un proceso milenario de doma, domesticación y simbiosis.

En nuestro mundo ya no hace falta ni la velocidad del galgo, ni la fuerza del buey o del elefante, y sin embargo hacemos costosos viajes para filmar cómo en el interior de una yurta un grupo de músicos mongoles le cantan alabanzas a la más hábil de sus águilas amaestradas tras la hazaña de haber cazado a un lobo (¡no le cantan al cetrero, le cantan al águila!).

 

53873410_xoptimizadax-keJC--620x349@abc.jpgJheronimus van Aken, el Bosco (1490 – 1500). El jardín de las delicias. Óleo sobre tabla de madera de roble. Museo del Prado.

 

*

El penúltimo capítulo de esta sombría historia son los holocaustos animales del pasado reciente. Toneladas de animales sacrificados por unas enfermedades de las que el hombre, en última instancia, es el responsable. Primero la de Kreuzfeld-Jacob, o de las vacas locas, causada en gran medida por piensos fraudulentos, y después la epidemia causada por el virus H5N1, la llamada gripe aviar, que no por ser enfermedad real está menos relacionada con las condiciones de vida dentro de las granjas avícolas; y con cuya posible y eventual mutación, causante de una posible epidemia humana, se hicieron negocios mayúsculos. Valiéndose del miedo, de la omnipresente difusión de la prensa y de bien orquestadas campañas se lanzó un medicamento –el Tamiflu– que, a parte de ser ineficaz, desencadenó un chorreo de millones de dólares con destino a las arcas de la empresa farmacéutica que lo produce, la Gilead Sciences Inc. (véanse los informes al respecto)…

¡Y encima pudimos leer en un periódico que son las aves migratorias las que tienen la culpa!…

*

Estas y parecidas consideraciones están detrás de los dos gallos que presento a los Amigos del Museo del Prado, sobre los que planean las fatídicas letras H5N1, visibles a poco que el espectador cambie de posición frente a la imagen. Gallos vistos (y fotografiados) por mí en un mercado de Damasco, procedentes de una sociedad preinformática y en gran medida incluso preindustrial, y que aun estando presos por un cordel que les sujeta la pata, conservan algo de la belleza y dignidad de ser criaturas, aunque sean prisioneras. >>

Eva Lootz, Tener el azúcar bajo llave. Prólogo de Chantal Maillard. Ediciones Asimétricas, 2018.

 

Resultado de imagen de eva lootz librosLa artista austriaca (Viena, 1940), afincada en España desde 1967 (y nacionalizada española), reúne en este libro Tener el azúcar bajo llave” una serie de textos de crítica de arte, en gran medida inéditos, seleccionados por ella misma. Al expresar su desconfianza en una mirada frontal, Eva Lootz invita a advertir hasta qué punto la visión está trabajada por las convenciones de cada época y que el eje de la visión no puede ser confiado sino a una atención alerta e implacable.

 

La compasión difícil: un nuevo desafío de Chantal Maillard

 

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Medea anuda la cuerda en la rama del árbol seco.

– ¿Qué vas a colgar de esa cuerda? –pregunta el más joven de los hijos.

– Lo que amo –contesta Medea.

 

Chantal MaillardLa compasión difícil. Galaxia Gutenberg, 2019

Ilustración de cubierta: Kiki Smith

 

En contraportada:

“Este es sin duda el libro más perturbador que ha escrito Chantal Maillard hasta la fecha. En él se enfrenta a los grandes temas sobre los que humanidad lleva interrogándose desde el principio de los tiempos. El nacimiento, el dolor y la muerte, los dioses y su ausencia, la relación de nuestra especie con los demás seres vivos, la maternidad y el suicidio, la culpa y la inocencia, el juicio y la creencia. Todo ello girando en torno al eje de una primordial violencia que todos padecemos a la vez que infligimos. ¿Cómo compadecer, considerando el crimen?, se pregunta la autora. ¿Y cómo no compadecer, considerando el hambre?

Las tradiciones orientales y del mundo clásico griego están una vez más presentes en esta escritura que parece sin embargo surgir siempre del cuerpo, de la experiencia vivida en busca de una libertad imposible y de una clarividencia que despierta temor por lo que pueda llegar a comprender.

“En todas las tiranías la inteligencia es la fruta prohibida”, afirma Chantal. Y también “Con qué facilidad se traduce el miedo en conveniencia”. Valor e inteligencia son necesarios para adentrarse en este libro, del que ninguna página le dejará indiferente.”

 

Presentación en Barcelona:

librería La Central de la calle Mallorca, 

el miércoles 13 de febrero a las 19h.