En la traza de Marguerite Yourcenar

 

Extractos de Sur les traces de Marguerite Yourcenar
Docu-ficción, 2011, dirigido por Marilù Mallet.
Premio del público FIFA 2011.

Sur les traces de Marguerite Yourcenar” nos invita a un viaje fabuloso a través del espacio y el tiempo, para descubrir una personalidad rica, compleja y fascinante.

“El enfoque delicado, sensible y conmovedor, sin desbordes de lágrimas, de Marilù Mallet (“Journal inachevé” [Diario inacabado], “Double portrait” [Retrato doble]) vuelve a hacer maravillas en esta exploración de la vida y obra de una de las más grandes figuras literarias del siglo XX. A lo largo de este viaje de gran belleza visual, gente de varios lugares muestra su admiración y cariño, deshojando a su Margarita para que conozcamos o queramos más a aquella cuyo rigor histórico nunca sofocó su genio literario. Marilù Mallet adjunta a su filmografía otro magnífico retrato de una dama “.

—André Lavoie, Le Devoir, 8 de octubre de 2011—

El DVD ALL ZONES ya está disponible en el Centre International de Documentation Marguerite Yourcenar en Bruselas (cidmy.be) al precio de 20 euros con gastos de envío incluidos. Pedirlo a: info@cidmy.be o cidmy@skynet.be

https://www.facebook.com/pg/Sur-les-traces-de-Marguerite-Yourcenar-193078174063204/about/?ref=page_internal

 

Margarite Yourcenar. Memorias de Adriano

Villa Adriana_creada en Tibur (actual Tívoli) como lugar de retiro de Roma por el emperador Adriano_en el siglo II

 

«Como todo el mundo, sólo tengo a mi servicio tres medios para evaluar la existencia humana: el estudio de mi mismo, que es el más difícil y peligroso, pero también el más fecundo de los métodos; la observación de los hombres; y los libros…. En cuanto a la observación de mi mismo, me obligo a ella, aunque sólo sea para llegar a un acuerdo con ese individuo con quien me veré forzado a vivir hasta el fin.»

***

«Hacia 1941 descubrí por casualidad, en la tienda de un comerciante neoyorquino, cuatro grabados de Piranesi, que G… y yo compramos. En uno de ellos, una vista de la Villa Adriana que me era desconocida hasta entonces, aparece la capilla Canope, de donde fueron tomados en el siglo XVII el Antínoo de estilo egipcio y las estatuas de sacerdotisas de basalto que hoy se ven en el Vaticano. Estructura redonda, pulida como un cráneo, de donde penden algunas malezas como mechones. El genio casi mediúmnico de Piranesi ha intuido la alucinación, las extensas rutinas del recuerdo, la arquitectura trágica de un mundo interior. Durante muchos años me detuve a contemplar esta imagen casi todos los días, sin por ello volver sobre mi antiguo proyecto, al que creía haber renunciado. Tales son los curiosos subterfugios de lo que se llama olvido.

***

«Esforzarse en lo mejor. Volver a escribir. Retocar, siquiera imperceptiblemente, alguna corrección. «Es a mí mismo a quien corrijo —decía Yeats— al retocar mis obras.»
Ayer, en la Villa, pensé en los millares de vidas silenciosas, furtivas como las de los animales, irreflexivas como las de las plantas: que han vivido entre Adriano y nosotros: Bohemios del tiempo de Piranesi, saqueadores de ruinas, mendigos, cabreros, aldeanos refugiados entre escombros. Al borde de un olivar, en una senda antigua y con escombros, G… y yo nos encontramos ante el lecho de cañas de un campesino, ante el bulto de las ropas colocado entre dos bloques de cemento romano, ante las cenizas de su fuego recién apagado. Sensación de humilde intimidad bastante similar a la que se siente en el Louvre, después del cierre, a la hora en que los catres de tijera de los guardas aparecen entre las estatuas.

***

«Lugares en los que se ha elegido vivir, residencias invisibles que uno se construye al margen del tiempo. Yo viví en Tíbur, tal vez allí muera, como Adriano en la Isla de Aquiles.

***

«No. He vuelto a visitar la Villa una vez más, con sus pabellones para la intimidad y el reposo, sus vestigios de un lujo sin fasto, lo menos imperial posible, de rico aficionado que se esfuerza por unir las delicias del arte a los placeres campestres; he buscado en el Panteón el lugar exacto al que llega un rayo de sol de la mañana del 21 de abril; he vuelto a transitar, a lo largo de los corredores del Mausoleo, la ruta fúnebre tan frecuentada por Chabrias, Celer y Diótimo, amigos de sus últimos días. Pero he dejado de sentir a esos seres, su inmediata presencia, esos hechos, esa actualidad; permanecen cerca de mí, pero desordenados, ni más ni menos como los recuerdos de mi propia vida. Nuestro intercambio con los demás no se produce más que por un cierto tiempo; se desvanece una vez lograda la satisfacción, la lección sabida, el servicio obtenido, la obra acabada. Lo que yo era capaz de decir ya está dicho; lo que hubiera podido aprender ya está aprendido. Ocupémonos ahora de otras cosas.»

***

«Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver… Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos…».

Marguerite YourcenarMemorias de Adriano (1951), trad. Julio Cortázar (1982), Edhasa.

Imagen: Villa Adriana, en Tibur (actual Tívoli), creada como lugar de retiro de Roma por el emperador Adriano en el siglo II.

 

Baba Yagá puso un huevo. Dubravka Ugrešic

 

Justo en medio de la pandemia (se publicó en marzo), y acompañando nuestra lectura del cuento de Vasalisa, la sabia (“El rastreo de los hechos: la recuperación de la intuición como iniciación” de mano de Clarissa Pinkola Estés), llega este magistral cuento de cuentos que, lleno de ingenio y perspicacia, pone en el punto de mira la archiconocida figura de la anciana bruja. Un viaje fascinante en el que Baba Yagá, adoptando numerosos disfraces, nos invita a explorar el mundo de los mitos y a reflexionar sobre la identidad, los estereotipos femeninos y el poder de las fábulas.

Baba Yagá es una criatura oscura y solitaria, un ser híbrido, mitad humano-mitad animal, que rapta niños y vive en el bosque, en una casa que se sustenta sobre patas de gallina. Pero también viaja a través de las historias, y en cada una de ellas adopta una nueva forma: una escritora que regresa a la Bulgaria natal de su madre, que, atormentada por la vejez, le pide que visite los lugares a los que ella ya no podrá volver; un trío de ancianas misteriosas que se hospedan durante unos días en un spa especializado en tratamientos de longevidad; y una folclorista que investiga incansable la figura tradicional de la bruja. Ancianas, esposas, madres, hijas, amantes. Todas ellas confluyen en Baba Yagá.

A caballo entre la autobiografía, el ensayo y el relato sobrenatural, su historia se convierte en la de Medusa, Medea y tantas otras figuras malditas, dibujando un tríptico apasionante sobre cómo aparecen y desaparecen las mujeres de la memoria colectiva. La tercera y última parte de este tríptico, “Baba Yagá para principiantes”, es absolutamente deliciosa y de lectura obligada para nosotras durante el verano.

No es un ensayo sobre feminismo ni sobre la tercera edad sino una novela, escribe Alejandro Luque, pero una que integra una mirada muy fresca sobre el ocaso de la mujer, esa fase en la que una se convierte en poco más que hojarasca al margen de la sociedad. Abuelitas inofensivas, pensará más de uno al cruzárselas por la calle. Pero esas abuelitas tienen detrás una larga vida y, a menudo, un largo combate. Son todo menos inofensivas, cuando se lo proponen. Y cuando se topan con la afilada pluma de Dubravka Ugresic (Kutina, Croacia, 1949). En estas páginas regresa la alumna aventajada de Danilo Kiš, de Miroslav Krleža, por citar dos de sus compatriotas yugoslavos más frecuentados, del propio Kundera o del maestro húngaro Gyrörgy Konrád. Pero Ugresic es ya una autora de absoluta madurez: una indiscutible maestra.

Aquí va un extracto para hacer boca.

<< Al principio no te das cuenta de que están ahí…

Al principio no te das cuenta de que están ahí. Y, de repente, un detalle casual capta tu atención, como cuando ves un ratón por la calle: el bolso de una señora mayor, una media caída que se pliega sobre un tobillo hinchado, guantes de ganchillo en las manos, escaso pelo gris con reflejos azules y, posado en la cabeza, un sombrero algo anticuado. La dueña del pelo azulado mueve la cabeza como un perro mecánico y sonríe con cansancio.

Sí, al principio son invisibles. Se cruzan contigo, como sombras, picotean el aire que les llega, andan zapateando, caminan arrastrando los pies por el asfalto, dan pasitos de ratón, tiran de un carrito, se agarran a algún transeúnte, permanecen quietas, rodeadas por una serie de sacos y bolsas inútiles, como un desertor ataviado aún con la parafernalia militar. Algunas de ellas siguen ‘‘en forma’’; llevan vestidos de verano escotados, con un fular de piel sobre los hombros y un abrigo de astracán medio apolillado, y van con el maquillaje todo corrido (¿¡Quién, después de todo, puede maquillarse en condiciones, cuando necesita unos anteojos para hacerlo!?).

Pasan a tu lado rodando como una pila de manzanas secas. Murmuran algo para sí mismas; conversan con interlocutores invisibles, como los indios americanos lo hacen con los espíritus. Van en los autobuses, en los tranvías y en el metro como si fueran equipaje abandonado; duermen con la cabeza inclinada hacia el pecho; o andan de un lado a otro embobadas, preguntándose en qué parada tienen que bajarse, o si realmente deberían bajarse. A veces te detienes un instante (sólo un instante) en frente de una casa de gente mayor y las ves a través de las cristaleras: se sientan en mesas, palpan migajas como si estuvieran pasando los dedos por una página de braille para mandarle mensajes ininteligibles a alguien.

Dulces, adorables, señoras mayores. Al principio no te das cuenta de que están ahí. Y de repente ahí están, en el tranvía, en la oficina de correos, en la tienda, en la consulta del médico, en la calle, ahí hay una, ahí hay otra, allí hay una cuarta, una quinta, una sexta, ¿cómo puede ser que hayan tantas de repente? Tus ojos van poco a poco de un detalle al siguiente: los pies hinchados como donuts por los zapatos apretados; la piel que cae desde el pliegue del codo; las uñas protuberantes; los capilares que surcan la piel. Miras de cerca su cutis: o está bien cuidado o está descuidado. Te percatas de su falda gris y de su blusa blanca con el cuello bordado (¡que está sucio!). La blusa está desgastada y desteñida de tanto lavarla. Se la ha abrochado coja; intenta desabrochársela pero no puede, sus dedos están agarrotados, los huesos están viejos, cada vez son más ligeros y huecos, como los de los pájaros. Otras dos señoras le echan una mano, y con sus esfuerzos colectivos consiguen ponérsela bien. Parece una niña pequeña, con la blusa abrochada hasta la barbilla. Las otras dos le alisan el bordado del cuello, murmurando con admiración: a ver hasta dónde llega el bordado; era de mi madre, oh, antes todo se hacía tan bien y quedaba tan bonito. Una de ellas es bajita y corpulenta, y tiene un bulto pronunciado en la parte de atrás de la cabeza: parece un bulldog viejo. La otra es más elegante, pero la piel del cuello le cuelga como el moco de un pavo. Se mueven en formación, como tres polluelas…

Al principio son invisibles. Y entonces, de golpe, empiezas a localizarlas. Van por el mundo arrastrando los pies, como ejércitos de ángeles ancianos. Una de ellas te mira a la cara de cerca. Lo hace fijamente, con los ojos bien abiertos y la mirada de un azul apagado, y expresa su petición con un tono orgulloso y condescendiente. Te está pidiendo ayuda; necesita cruzar la calle pero no puede hacerlo sola, o necesita subir a un tranvía pero tiene las rodillas flojas, o necesita encontrar una calle y el número de una casa pero ha olvidado sus anteojos. Sientes una punzada de simpatía por la señora, te conmueve, realizas una buena acción, arrastrado por la emoción que produce la galantería. Es precisamente en este momento cuando deberías echar el freno, resistirte al canto de la sirena, esforzarte por hacer bajar la temperatura de tu corazón. Recuerda, sus lágrimas no significan lo mismo que las tuyas. Porque si cedes, si sucumbes, si intercambias unas pocas palabras más, te convertirás en su siervo. Te adentrarás en un mundo en el que no tenías intención de entrar, porque todavía no es el momento; tu hora, por el amor de Dios, no ha llegado aún.

Ve allí, no sé adónde,
y tráeme algo que me falta >>

 

Dubravka UgrešicBaba Yagá puso un huevo, traducción de Luisa Fernanda Garrido y de Tihomir Pistelek, Impedimenta, 2020.

 

Dubravka Ugrešic nació en 1949 en Kutina, un pueblecito cercano a Zagreb. Tras estallar la Guerra de los Balcanes, se exilió de su país. Desde entonces ha enseñado en numerosas universidades de Europa y América, como Harvard, Columbia y la Free University de Berlín. Entre sus obras, que han sido traducidas a numerosos idiomas, destacan El museo de la rendición incondicional (1996) y Baba Yaga puso un huevo (2008), así como los ensayos Gracias por no leer (2003) y Karaoke Culture (2010), que quedó finalista del National Book Critics Circle Award en 2011. También ha recibido el Premio del Estado Austriaco a la Literatura Europea (1998), galardón que han distinguido a otros autores como Stanislaw Lem, Marguerite Duras o Mircea Cartarescu, y en 2009 quedó finalista del Premio Booker. Actualmente reside en Ámsterdam.

 

http://impedimenta.es/libros.php/baba-yaga-puso-un-huevo

https://es.wikipedia.org/wiki/Dubravka_Ugre%C5%A1i%C4%87

 

Chantal Maillard: “El olvido es mucho más poderoso que el daño padecido”

LA VANGUARDIA

Carmen Sigüenza |

La filosofa y poeta Chantal Maillard, que acaba de publicar su nuevo poemario, “Medea”, habla con Efe de la situación actual, la pandemia del coronavirus, la naturaleza, la muerte, la violencia, la compasión o el miedo. “El olvido es mucho más poderoso que el daño padecido”, dice.

Chantal Maillard©Fotografía de Bernabé Fernández

 

Nacida en Bruselas en 1951, Maillard renunció a la nacionalidad belga para adoptar la española. Reside en Málaga desde 1963. Es especialista en filosofía y religiones de la India, y autora de numerosos libros de poesía como “Matar a Platón” y de ensayos. También es especialista en María Zambrano, y Premio Nacional de Poesía y de la Crítica, entre otros muchos galardones.

P.-¿Cómo valora lo que está pasando en esta crisis debido a la pandemia del coronavirus?

R.- De vez en cuando algo nos recuerda que nada es permanente. Una pandemia no es ninguna cosa “de otro mundo”. La humanidad nunca estuvo libre de desastres, y es bueno que de vez en cuando algo nos recuerde que este es un mundo incierto.

P.- Lo único claro en esto es la muestra de vulnerabilidad del ser humano y que en algún momento todos vamos a morir. ¿Cree que el ser humano aprenderá algo, será más humilde, o seguiremos siendo iguales? ¿Nos resistiremos a evolucionar y crear una nueva forma de vida?

R.-Sería deseable que muchas de las reflexiones que han generado esta pandemia nos condujesen a un cambio radical, que esta sacudida fuese suficiente como para llevarlo a cabo. Pero es más que dudoso que así ocurra. Esto que nos parece tan importante ahora, mañana se habrá olvidado y cada uno recuperará su extraña “normalidad”. Los niños volverán a confinarse en las guarderías, los ancianos en los geriátricos, y los demás, cada cual a su galera. La regeneración de las relaciones empáticas retornarán a su estado larvario. El olvido es mucho más poderoso que el daño padecido, y así parece que ha de ser. Si el animal –que también somos– no fuese capaz de olvidar se suicidaría en masa.

P.- Ahora parece que la naturaleza y el silencio vuelven, mientras el ser humano se queda en casa. En estas semanas se escucha a los pájaros, los animales pasean por la ciudad, las aguas están más limpias, los cielos están más claros…¿Qué ignora el ser humano de la naturaleza, de los animales, qué no comprende, o, mejor, qué no sabe sentir el ser humano de la vida?

R.- Nos resistimos a pensar que somos parte integrante de un sistema natural en el que nada es independiente. Aún funcionamos de acuerdo con el viejo antropocentrismo bíblico y el precepto de una antigua población en riesgo: crecer y multiplicarse. Cuando en tiempos de bonanza una especie sigue multiplicándose se convierte en plaga. Lo que nos distingue de otros animales no es lo que hemos ganado, sino lo que hemos perdido: pasar sin perturbar el orden que mantiene en equilibro el planeta.

P.- Se ha demostrado que necesitamos una sociedad con un buen sistema sanitario y con profesionales dedicados a los cuidados, con un trato y un pago digno. ¿Cree qué eso cambiará?

R.- Lo que necesitamos, ante todo, es eliminar los factores que hacen de la nuestra un sociedad enferma (alimentos desvitalizados, medio ambiente corrupto, aturdimiento acústico, estimulación compulsiva, enajenación laboral, estrés escolar, aislamiento geriátrico, aturdimiento sonoro, hipermedicalización, etc.) y, luego, algo que hemos olvidado: saber morir. La muerte no es el envés de la vida, sino su posibilidad. La dignidad consiste en aceptar el fin –el propio y el ajeno– cuando este llega, y en querer que así sea. Si no comprendemos que la desaparición forma parte de la vida es que hemos desaprendido lo fundamental.

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P.- ¿El capitalismo y la globalización están heridos de muerte?

R.- En absoluto. De los desastres generados por catástrofes naturales el capitalismo siempre sale fortalecido. Un ejemplo reciente es cómo, apenas iniciado el estado de alarma, la Junta de Andalucía se apresuró a modificar seis leyes y veintiún decretos que eliminan los trámites para la construcción en áreas protegidas. En cuanto a la globalización, ésta es la lógica consecuencia de un sistema que, al tener como fin su propio crecimiento, necesita extenderse y colonizar indefinidamente.

P.- En su ensayo “¿Es posible un mundo sin violencia?” (Vaso Roto), dice que “tanto el ansia como la insatisfacción descansan sobre el miedo” ¿En qué se traducirá el miedo que siente ahora toda la población? ¿Y la distancia con el otro?

R.-La muerte tiene muchos disfraces. Cuando aparece con uno de ellos confundimos el vacío de su ser con su apariencia, y el miedo –al dolor, a la pérdida, a la desaparición– adopta los colores de su vestimenta. Si toma forma de virus, tememos al virus. En cuanto el virus desaparezca dejaremos de temerlo. Pero el miedo seguirá allí, latiendo, aunque dejemos de tenerlo presente. Nuestra ansias, nuestras compras compulsivas, nuestra constante insatisfacción, nuestro descontento, nuestras fobias, nuestra incapacidad para el sosiego y el silencio serán los síntomas que nos permitan detectarlo.

P.- En su último poemario, “Medea” (Tusquets), donde hace un estudio de la culpa y la compasión, dice: “Todo aquello que vive se sostiene sobre el hambre. Y el hambre es el otro…” ¿Podría profundizar en ello?

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R.- Este es un mundo en el que la violencia es ley. El hambre es violencia. No obstante, todo animal es inocente. No mata por codicia ni por placer, sino para alimentarse. De ahí que compadecerle sea fácil. La compasión es todo lo contrario del sentimentalismo. La compasión es padecer con otro la violencia que sobre él se ejerce y también la que él está obligado a ejercer. Pero a la natural, el ser humano añade otra violencia, ejercida por crueldad, por ambición o por placer. De ahí que compadecerle resulte más difícil. De la inocencia participamos en la medida y tan sólo en la medida en que aún habite en nosotros el animal que fuimos.

P.- “Todo aquel que subvierte la norma es peligroso”, dice en el poemario. ¿Tras esta crisis usted cree que habrá un mayor sometimiento y un recorte de libertades por parte de los líderes totalitarios o populistas?

R.- El problema no son tanto los líderes, como la fuerza del capital al que sirven, su cadena de corrupción. La monitorización de los individuos está prevista desde hace tiempo, a la espera tan sólo de la ocasión para ponerla en marcha. Es la cara oculta de la globalización informática y el precio que pagaremos por los beneficios de los que no queremos prescindir. Es evidente que, debilitada por el miedo, la población acepta de buena gana lo que en otros momentos no aceptaría. Y, lamentablemente, la rebeldía es un bien escaso.

https://www.lavanguardia.com/cultura/20200511/481089172422/chantal-maillard-el-olvido-es-mucho-mas-poderoso-que-el-dano-padecido.html

 

Bona diada 2020, malgrat el confinament!

Xulio-Formoso.-Pascal-Quignard

 

El libro es un pedazo de silencio en las manos del lector. Quien escribe calla. Quien lee no rompe el silencio.

 

Pascal Quignard. Pequeños tratados I. trad. Miguel Morey. Sexto Piso, 2016.

Imagen © Pascal Quignard, per Xulio Formoso.

https://periodistas-es.com/pascal-quignard-el-personaje-y-su-obra-102064

 

 

Chantal Maillard, nueva web

nueva web chantal

 

En estos días de confinamiento, una opción puede ser visitar la nueva página web de Chantal Maillard con toda la información actualizada. Aquí os dejo el enlace: chantalmaillard.com

También encontraréis el enlace anclado en la columna fija de la derecha, en “Enllaços sobre dones” / Chantal Maillard_web”

¡Buena exploración maillardiana!

 

Conversaciones con Medea. Chantal Maillard en Sevilla

 

La poetisa y pensadora Chantal Maillard, Premio Nacional de Poesía 2004, por su libro “Matar a Platón”, y Premio de la Crítica 2007 por “Hilos”, inauguró el Curso 2019/20 del Aula de Poesía Ateneo/Universidad de Sevilla en nuestro Aula Magna. Chantal Maillard ofreció, como primicia, “Conversaciones con Medea” (tercera parte de La compasión difícil), y recibió una réplica de la Fama de la Universidad de Sevilla en reconocimiento a su ejemplar trayectoria poética. Presentan el acto Francisco González Ponce (Decano de la Facultad de Filología) y Manuel Ángel Vázquez Medel.

Grabación y edición: Marta Prieto

Octubre 2019

(La intervención de Chantal se inicia en el minuto 12 del vídeo).

 

Anne Carson busca el esplendor de Safo

AV-ppal-AnneCarson-SafoDetalle de la portada del libro ‘Si no, el invierno. Fragmentos de Safo’, de Anne Carson (Vaso Roto)

Anne Carson busca el esplendor de Safo en una gran traducción

WMagazín avanza, en primicia, la introducción que hace la poeta, ensayista e intelectual canadiense de su traducción de la poetisa de lesbos en ‘Si no, el invierno’. Su único poema completo y 192 fragmentos sobre el amor, el deseo, el matrimonio, el exilio y otros aspectos de la condición humana

Una doble noticia bella para la poesía: se publica en español la traducción que ha hecho Anne Carson de Safo en Si no, el invierno. Fragmentos de Safo bajo el sello Vaso Roto. Se trata de una edición trilingüe, griego, inglés y en español con traducción de la poeta Aurora Luque, que llegará a las librerías el 2 de diciembre de 2019. En este volumen la gran poeta, ensayista, intelectual y traductora canadiense presenta el poema Oda a Afrodita, el único completo, y 192 fragmentos de la poeta de Lesbos. La traducción de Carson ilumina las reflexiones de Safo (630 a.C.) sobre el amor, el deseo, el matrimonio, el exilio y otros aspectos de la condición humana. La versión que hace Aurora Luque, traducida del inglés de Carson, es formidable con el espíritu y la hondura y belleza de las palabras de Safo que cobran una gran actualidad y recuerdan su inmortalidad.

El libro es el mejor testimonio de la altura de Safo, de lo poco y fragmentado que ha llegado hasta nuestros días y al que Carson busca devolverle su esplendor. Como escribiera la narradora Betina González esta obra «es a la vez el palacio y la ruina, la presencia y la ausencia, la expresión y el concepto, la maravilla del ritmo roto y a la vez vivo de la poesía de Safo». Una pena que el Tiempo nos haya legado solo fragmentos, pero en este libro esos retazos de lírica cobran una fuerza y belleza inusitadas, destellos cuya presentación crean un juego muy literario e intemporal.

Ante esta gran noticia para la poesía, WMagazín avanza en primicia pasajes del prólogo que ha escrito Anne Carson sobre su traducción. Más de mil palabras que hablan de Safo, contextualizan su figura, lo que algunos grandes han dicho de la poetisa griega y la manera como ella se aproximó a su obra. Además, pasajes de los escritos de Safo.

La poeta canadiense Anne Carson (Toronto, 1950) es una de las escritoras más exquisitas y eruditas de la literatura contemporánea. Su obra es una creación nacida de Safo, del mundo clásico griego. Empezó con versos sobre la pasión, el amor romántico y el deseo erótico. Una escritora que rompe las etiquetas del género poesía porque sus textos son la conjunción de palabras y sensaciones y de imágenes y pensamientos que buscan la mejor forma de representarse ante los demás.

Anne Carson es ensayista, traductora y poeta. Se formó en Lenguas Clásicas en Canadá y Escocia y se ha desempeñado como profesora en la Universidad de Michigan, NYU, Princeton y McGill. El legado clásico atraviesa toda la obra de Carson, desde Eros el dulce-amargo hasta su más reciente reescritura de la Antígona de Sófocles, pasando por su novela en verso Autobiography of Red, un best-seller que ha sido definido como “poesía que seduce incluso a quienes no leen poesía”, y que fue aplaudido, entre otros, por Alice Munro y Michael Ondaatje. En 2010, Carson publicó Nox, uno de los libros más bellos y profundos surgido tras conocer la noticia de la muerte de su hermano a quien no había visto desde hacía 25 años y con quien apenas había hablado en ese lapso. Su anterior título es Float (2016).

El siguiente es un pasaje de la introducción de Si no, el invierno. Fragmentos de Safo:

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Por Anne Carson

Safo fue una música. Su poesía es lírica, es decir, compuesta para ser cantada con el acompañamiento de la lira. Interpela a su lira en uno de sus poemas (fr. 118) y menciona a menudo la música, las canciones y el canto. Los pintores de los antiguos vasos cerámicos la retratan con su instrumento. Los escritores tardíos le atribuyen tres inventos musicales: el del plectro, un instrumento para pulsar la lira (Suda); el de la péctide, un tipo particular de lira (Ateneo, El banquete de los sabios 14.635b); y el del modo mixolidio, un estilo exaltado también presente en los poetas trágicos, que lo aprendieron de Safo (Aristóxeno citado por Plutarco, Sobre la música 16.113c). Toda la música de Safo se ha perdido.

Safo fue también una poeta. Existe una hydria del siglo V a.C. en el Museo Nacional de Atenas que representa a Safo, identificada por su nombre, leyendo un papiro. Se trata de una imagen idealizada: se desconoce si ella en persona fue iletrada o no. Pero parece verosímil que las letras de sus canciones fueran puestas por escrito durante su vida o muy poco después de su muerte y que ya se encontraran sobre rollos de papiro hacia finales del siglo V a.C. En un rollo de papiro el texto está escrito en columnas, sin división de palabras ni puntuación ni alineación. Leer un texto así es dificultoso incluso cuando llega hasta nosotros en su integridad, cosa que no sucede con la mayoría de los papiros. De los nueve libros de poesía lírica que se dice que Safo compuso, ha sobrevivido completo un único poema. Todo lo demás son fragmentos.

Safo vivió en la ciudad de Mitilene en la isla de Lesbos, a partir del 630 a.C. aproximadamente. No se sabe cuándo murió. Su exilio en Sicilia en algún momento entre el 604 y el 595 a.C. se menciona en una inscripción antigua (el Mármol de Paros), pero nada se dice del motivo de ese exilio. Las fuentes biográficas mencionan a una madre, un padre, una hija, un marido y tres hermanos de Safo. Parece haber dedicado su vida a la composición de canciones; los eruditos de Alejandría las compilaron en nueve libros, de los que solamente el primero constaba de 1320 versos. La mayor parte de ello se ha perdido. El rostro de Safo se grabó en monedas acuñadas en Mitilene (véase G.M.A. Richter, Portraits of the Greeks, 1.70-72) y los poetas helenísticos la llamaron «la décima Musa» o «la Musa mortal» (véase Antología Palatina 9.506 y 7.14). El talante general de la opinión del mundo antiguo sobre su obra se resume en un comentario de Estrabón:

Safo [es] una cosa fascinante. Hasta donde sabemos, en toda la historia de la que hay memoria ninguna otra mujer puede apenas acercarse a rivalizar con ella en la gracia de su poesía. (13.2.3)

Las controversias sobre su ética personal y su modo de vida han ocupado el tiempo de muchísimas personas a lo largo de la historia de la erudición sáfica. Safo, al parecer, conoció y amó a mujeres con la misma hondura con la que compuso música. ¿Podemos dejar aquí el asunto? Como dijo Gertrude Stein:

Ella debió ser una mujer muy feliz. Ahora somos capaces de reconocer una fotografía. Somos capaces de conseguir lo que queremos. [Marry Nettie, Gertrude Stein Writings 1903‐1932 (Nueva York, 1999), 461]

 

Sobre el texto

Las rupturas son siempre, y fatalmente, reinscritas en
un viejo tejido que debe ser deshecho continuamente,
interminablemente.
J. Derrida, Positions (Chicago, 1981), 24

En general, el texto de esta traducción se basa en Sappho et Alcaeus. Fragmenta, editado por Eva-Maria Voigt (Ámsterdam, 1971). Incluyo todos los fragmentos publicados por Voigt de los que al menos una palabra resulta legible; en ocasiones he asumido variantes o conjeturas de su aparato crítico en mi traducción y éstas se discuten más adelante. Al traducir he intentado dejar todo lo que de cada poema pudiera leerse en el lenguaje más llano que he podido encontrar, empleando mientras fuera posible el mismo orden de palabras y de pensamientos que Safo usó. Me gusta pensar que cuanto más apartada me mantengo del camino, mejor se muestra Safo a través de él. Esto es una amable fantasía (la transparencia de sí) dentro de la que trabaja la mayoría de los traductores. Si aparece la luz

no arruinando la visión (como dice Safo) sino fortaleciendo, nutriendo y regando
[Elio Arístides, Discursos 18.4]

nosotros deshacemos una pequeña parte del tejido.

De marcas y lagunas

Los fragmentos de Safo son de dos clases: los preservados en papiro y los derivados de citas en autores antiguos. Cuando traduzco textos leídos sobre un soporte de papiros, he usado un único corchete cuadrado para dar una impresión de materia perdida, de manera que ] o [ indican o bien papiro destruido o bien presencia de letras no lo bastante legibles en algún lugar de ese renglón. No se trata de que cada hueco o resto ilegible esté señalado específicamente: ello convertiría la página en un torbellino de marcas e impediría la lectura. Los corchetes son más un gesto estético hacia la circunstancia papirológica que un registro exacto de ésta. No he usado corchetes al traducir pasajes, frases o palabras cuya existencia depende de las citas transmitidas por autores antiguos, ya que tales citas son incompletas con toda intención. Enfatizo la diferencia entre corchetes y no-corchetes
porque eso va a afectar a tu experiencia de lectura, si lo permites. Los corchetes son apasionantes. Incluso si te estás acercando a Safo en una traducción, no hay razón para que te pierdas el drama de intentar leer un papiro rasgado por la mitad o acribillado de agujeros o más pequeño que un sello de correos: los corchetes implican un espacio libre para la aventura de la imaginación.

Una carga más tediosa de silencio rodea las partículas de Safo citadas por escoliastas antiguos, gramáticos, metricólogos, etc., que desearon un toque de poesía para decorar alguna teoría propia y así aducir exempla fuera de su contexto. Por ejemplo, el gramático del siglo II d. C., Apolonio Díscolo, que compuso un tratado Sobre las conjunciones en el que quiso llamar la atención sobre la ortografía de la partícula interrogativa en distintos dialectos del griego antiguo, cita este verso de Safo:

¿Acaso anhelo todavía mi virginidad?

Apolonio Díscolo, Sobre las conjunciones
490 = Safo fr. 107 Voigt

¿La virginidad de quién? Habría sido estupendo saber si esta pregunta procede de una canción de boda (y así sería probablemente una imitación de la voz de la novia) o no (y en ese caso sería una posible observación personal de Safo). A Apolonio Díscolo no le interesan tales asuntos. O consideremos a Crisipo, filósofo del siglo III a.C., cuyo tratado Sobre las partículas negativas incluye esta negación de Safo:

Ninguna niña, pienso, que mire la luz del sol alcanzará
nunca una sabiduría como ésta.

Crisipo, Sobre las partículas negativas
13 = Safo fr. 56 Voigt

 

Poemas y fragmentos de Safo

1

Inmortal Afrodita de mente centelleante,
hija de Zeus, que tramas enredos seductores, te suplico
no me rompas con duros sufrimientos
señora, el corazón
pero ven hasta aquí si alguna vez antaño
atrapaste mi voz desde muy lejos
y al oírme dejaste de tu padre la casa
de oro, por venir,
unciendo tu carruaje. Y pájaros hermosos te trajeron,
rápidos gorriones sobre la negra tierra
agitando sus alas bajo el cielo a través
del espacio del aire.
Y llegaron. Mas tú, oh bienaventurada,
sonreías con tu rostro inmortal y preguntaste qué
(de nuevo ahora) había padecido y por qué
(de nuevo ahora) te llamaba
y qué quería yo tanto que ocurriera
en mi corazón loco. ¿A quién seduciré (de nuevo ahora)
para que a tu amor vuelva? ¿Quién, oh Safo,
comete una injusticia contra ti?
Porque si ella está huyendo, pronto perseguirá.
Si rechaza regalos, pronto los hará ella.
Y si es que no ama, pronto tendrá que amar
incluso no queriendo.
Ven ahora a mi lado. Líbrame de la dura
preocupación. Y todo lo que quiere
mi corazón lograr, lógralo. Y que tú
mi aliada seas.

***

Preferiría ver su deseable andar
y el juego de la luz sobre su rostro
antes que carros lidios o filas de soldados
con ganas de guerrear
] no es posible que ocurra
] rogar por compartir
]
]
]
]
]
hacia[
]
]
]
inesperadamente.

***

mensajero de primavera
ruiseñor con una voz de nostalgia

***

quiero decir algo pero el pudor
me retiene
si tuvieras un deseo de cosas buenas o bellas
y tu lengua no estuviera tramando decir una maldad,
el pudor no te haría bajar los ojos
sino que hablarías de lo que justo es

***

ni para mí la miel ni la abeja de la miel

 

Anne Carson, Si no, el invierno. Fragmentos de Safo. Edición trilingüe, traducción del inglés al español a cargo de Aurora Luque, Vaso Roto, 2019.

 

Anne Carson busca el esplendor de Safo en una gran traducción

 

Homero y la geopoética: entrevista a Sylvain Tesson

Sylvain Tesson, geógrafo, viajero y escritor.
Tengo 47 años. No tengo profesión: viajo y escribo. ¿ Pareja, hijos? ¡No! Sobre todo, ¡hijos, no! ¿Política? Libertad y orden. ¿Creencias? Soy un ateo… hijo de la cristiandad. Toda revolución es tan romántica en lo ideal como desastrosa en lo real. Recordamos a Ulises… porque eligió ser mortal.

“Como Ulises, sé que toda paz es una excepción: la ley es la guerra”
Mané Espinosa 

“Como Ulises, sé que toda paz es una excepción: la ley es la guerra”


“Un verano con Homero”

“Tengo más dedos que amigos”, me dice Tesson, que se pasa la vida viajando y escribiendo. Ha escrito Un verano con Homero (Taurus), libro inspirado en la obra de Homero y escrito en un bello y blanco palomar de la isla de Tinos, en las Cícladas. “Batía el viento y me atacaban escolopendras: sobreviví a tempestades y monstruos, como Ulises”, clama Tesson, un maestro de sutileza en las descripciones geográficas: “Geopoética”, llama a este arte, en la que sobresale. Me comenta las adjetivaciones de Homero, y viéndome tomar notas mientras hablamos, lo ejemplifica aventurando que el vate ciego me calificaría como “el barroco grafómano”. También habla del amor: “Nunca es bastante mientras dura, siempre sobra si se acaba”.

 

Por qué exclama: “¡Hijos, no!”?

Porque no quiero darle a nadie un padre invisible.

¿Invisible?

Les criaría un fantasma: ¡mi vida es viajar! Movimiento y libros.

¿Tampoco cabe una pareja?

Hubo una. Se enamoró del aventurero que yo era…, hasta que me pidió que dejase de serlo.

Y no pudo dejar de serlo.

No. La mitad de la humanidad hace infeliz a la otra mitad, ¡esto es inevitable! Y yo ya no decepcionaré a ninguna otra mujer.

Sigue usted viajando…

Y no necesito pensar en la vuelta. Ulises sí vuelve… Ulises es mi obsesión.

¿Desde cuándo?

Mis padres me sobreprotegieron, y me aburría mucho… Leyendo a Julio Verne… amé la geografía: me hice geógrafo, y viajé para conocer el mundo.

¿Qué paraje del mundo es su predilecto?

Les Calanques: calas y farallones calcáreos en la costa marsellesa, sobre el Mediterráneo. ¡Un paisaje homérico!

¿Por qué homérico?

Homero describe parajes así en los 27.000 versos que componen la Ilíada y la Odisea , escritos hace 2.800 años…

Homero quizá no existió.

Me da igual.

¿Qué quiere decir?

Más que el DNI de Homero, me interesa la belleza, la poesía, la emoción de esa obra.

Conocer al autor no está de más…

Durante 400 años hubo muchos vates que versificaron la guerra de Ílion ( Ilíada ) y el retorno de Odiseo ( Odisea ), hasta que en el siglo VIII a.C. fijó los versos… el tal Homero.

¿Y por qué su relato aún perdura?

¡Inventa la literatura! La literatura consiste en contar vívidamente lo no vivido. Y… ¡qué maravillosas descripciones geográficas!

Usted tiende a lo suyo, veo…

Mucho se ha hablado del abanico de pulsiones humanas descritas por Homero, pero ¿y la geografía? He ido localizando y visitando esos topónimos mediterráneos…

El cíclope Polifemo… ¿era un volcán?

El cráter sería su ojo: los napolitanos dicen que es el Vesubio; los sicilianos, el Etna. Pero mi volcán es el Strómboli, en las islas Eólidas: ved, nacida del fuego, una montaña de tierra alzada en el aire sostenida sobre el agua.

¿Qué descripción homérica adora?

El “vinoso mar”: ¡es así! “La aurora de sonrosados dedos”: sugiere manos de danzarina soltando pétalos de rosa, monedas de oro, piedras preciosas… Homero hace geopoesía.

Geopoesía… Hermoso neologismo.

Lo creó el poeta escocés Kenneth White: vivió en los Pirineos, y hoy, en la costa bretona.

¿Qué rincón homérico es su favorito?

Eea e Ítaca: Eea es la isla de Circe, al norte de Nápoles, donde Ulises enamoró a Circe, y vivió allí un año sin sucumbir a su hechizo.

Para regresar luego a su isla, Ítaca.

Ítaca es dulzura, campo, olivos, retorno al hogar, orden después de la aventura, paz después de la guerra.

Y se acabó el viaje: lo siento por usted.

De Ulises adoro que por el camino se detiene a verlo y saberlo todo. No como sus marineros, dispuestos sólo a vaguear y comer.

¿Cómo es Ulises?

Infortunado, listo y egoísta: tiene claro lo que quiere. Y sabio, pues vuelve de una guerra. Y esto es importante.

¿La guerra?

La guerra le robó una vida y quiere recuperarla. Quiere reconquistar la paz del hogar. Ahora ya sabe que la guerra es la ley, y que la excepción es la paz.

¿Usted cree lo mismo?

Ulises le diría a Fukuyama: “¡No tienes ni idea!”. Sí, con Ulises, yo creo que toda paz es excepcional, que está pendiendo de un hilo.

¿Debemos temer una guerra?

Deberíamos temer la hibris, pecado humano por excelencia para los dioses griegos: desmesura, arrogancia, soberbia, desproporción… Todo brote de desfogue es hibris , toda revolución es hibris .

¿No hay revolución constructiva?

No, por definición. Qué bonita, romántica y literaria es la idea de la revolución, y qué desastrosa es en la vida real de personas concretas. El desorden no trae nada bueno.

Tampoco el orden por la fuerza.

Si es por la fuerza, no es orden. Homero ve en la naturaleza el modelo de lo armónico.

¿Qué fenómeno de la naturaleza le subyuga a usted?

La luz de sol espejeando sobre el mar.

¿Qué emoción cree que subyace en la obra de Homero?

La nostalgia de una “edad de oro” en que vivíamos en el paraíso.

¿Recupera Ulises su paraíso?

Ulises recupera el espacio (en su isla de Ítaca) y el tiempo (en su ascendencia, su padre, Laertes). Ve que la gloria póstuma nada vale, comparada con el modesto calorcito del hogar.

¿Es la gran enseñanza del poeta?

Sí. Ulises, que pudo ser inmortal con Calipso… elige ser un mortal. Y por eso, por mortal, pervive en la memoria de la humanidad.

 

https://www.lavanguardia.com/lacontra/20191111/471506407913/como-ulises-se-que-toda-paz-es-una-excepcion-la-ley-es-la-guerra.html