Marguerite Yourcenar y el amor a los animales

<< Y sin embargo el amor a los animales es tan antiguo como la raza humana. Millares de testimonios escritos o hablados, de obras de arte y de gestos evidenciados, dan fe de ello. Amaba a su asno, aquel campesino marroquí que acababa de oírlo sentenciar a muerte porque él, durante semanas y semanas, había estado vertiendo sobre sus largas orejas cubiertas de llagas aceite para motores, por creerlo más eficaz, al ser más caro, que el aceite de oliva que abundaba en su pequeña granja. La horrible necrosis de las orejas había ido pudriendo poco a poco al animal entero, al que ya no le quedaban muchos días de vida, pero que seguiría hasta el final cumpliendo con su tarea, al ser el hombre demasiado pobre para consentir en sacrificarlo. Amaba a su caballo, aquel rico avaro, que llevaba a la consulta gratuita del veterinario europeo al hermoso animal de pelaje gris, orgullo de los días de fantasía, y cuya enfermedad se debía únicamente a un alimento no apropiado. Amaba a su perro, aquel campesino portugués, que llevaba en brazos, todas las mañanas, a su pastor alemán con la cadera rota, para tenerlo a su lado durante su largo día de trabajo como jardinero, y alimentarlo con los restos de la cocina. Aman a los pájaros, ese anciano o esa anciana de los desmedrados parques parisinos, que alimentan a las palomas y de los cuales se ríe la gente sin razón, puesto que gracias a ese batir de alas a su alrededor entran en contacto con el universo. Amaba a los animales el hombre del Eclesiastés cuando se preguntaba si el alma de las bestias desciende bajo la tierra; y Leonardo, que liberó a los pájaros presos en un mercado de Florencia, o también esa china de hará mil años que al encontrar, en un rincón del patio, una enorme jaula con un centenar de gorriones –pues su médico le recomendaba que comiese cada día los sesos de un pájaro aún tibios– abrió de par en par las puertas de la jaula: «¿Quién soy yo para preferirme a estas bestezuelas?». Las opciones que debemos tomar continuamente, otros las tomaron antes que nosotros. >>

Marguerite Yourcenar, El Tiempo, Gran Escultor, trad. Emma Calatayud, Alfaguara, 1989.

Fotografía de Marguerite Yourcenar con su cocker Valentine, tomada en mayo de 1968, por Marc Garanger © Éditions Gallimard.

La perrita cocker murió atropellada el 3 de octubre de 1971. Marguerite Yourcenar la llamó con alegría, y Valentine cruzó la carretera cerca de Petite Plaisance para reunirse con ella. La escritora, muy afectada por su muerte, escribió un “Tombeau pour Valentine” (que se puede leer en Sources II, Gallimard, collection « Les Cahiers de la nrf », 1999.)

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El éxito callado de ‘El infinito en un junco’: “Hay lectores que se han aferrado como un viaje liberador”

Irene Vallejo, autora de ‘El infinito en un junco’ Foto ©JORGE FUEMBUENA

23.11.2020  | Por ANA BELÉN GARCÍA FLORES

El caminar del ensayo El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo (Siruela), de Irene Vallejo (Zaragoza, 1979), es el de un éxito callado como si emulara las hazañas de los héroes griegos y romanos a los que ha devuelto la voz.

Sin ningún tipo de promoción reglada, las recomendaciones de los libreros y el boca oreja de los lectores lo han elevado al olimpo de “fenómeno” editorial-y casi milagroso-durante la pandemia.

“Ha sido conmovedor. Durante el confinamiento ha habido lectores que me han dicho que en esa angustia, el libro ha sido un viaje liberador. Otros me decían: ‘mi madre está en el hospital, no puedo ir a verla donde me aferro y encuentro la tranquilidad es en tu libro”, relata la escritora a RTVE.es.

El infinito en un junco (449 páginas) ya ha vendido más de 100.000 ejemplares y no hay premio que se le resista: desde del Ojo Crítico de Narrativa de RNE, el galardón Las Librerías Recomiendan de No Ficción 2020 al relumbrón del Premio Nacional de Ensayo hace tan solo unas semanas.

Vallejo ha tejido con pericia una aventura épica, humorística y didáctica acerca dela cuna del conocimiento y de los libros en el mundo clásico, y la alabanza es unánime por parte de autores como Vargas Llosa o Luis Landero.

Esta filóloga clásica ya había publicado varios libros como La luz sepultada (2011) o El silbido del arquero (2015) y aunque hasta ahora confiesa que vivía de la literatura como si fueran “los bolos de los músicos”, no ha sacado un conejo de la chistera.

Planteó una estructura compleja como “un guión de cine” en el que mixtura referencias autobiográficas, películas, series, batallas, citas y traducciones con saltos en el tiempo constantes, apuntalados en una minuciosa investigación sobre los formatos de la escritura y más.

Un “experimento” creado para empujar los límites del ensayo, señala, sobre este triunfo “emocionante, desbordante e inesperado” e inmersa en plena vorágine de entrevistas en las que habla con entusiasmo de esta joya narrada con el ritmo de “los cuentacuentos de toda la vida que te dejaban ganas de más”.

PREGUNTA: ¿De haberlo escrito durante este tiempo habría incluido referencias de los clásicos sobre cómo sobrellevar la pandemia?

REPUESTA: Sí, hubiera hecho referencias más explícitas a lo que está ocurriendo, porque por ejemplo hablo del Nobel a Dylan (2016) que sucedió mientras escribía, pero en muchos de los capítulos hablo de cómo los libros han sido un apoyo, un refugio, y una vitamina en momentos de sufrimiento y de catástrofes, creo que de alguna manera conectan con lo que está pasando ahora.

No hablo de epidemias pero sí de campos de concentración nazis y de gulags. En uno de los textos cito el diario Echt Dachau del autor Nico Rost. El protagonista está en el campo de concentración de Dachau en la enfermería donde hay una epidemia de tifus. Los prisioneros se enfrentaron a la enfermedad y al miedo montando una especie de club de lectura clandestino. Ellos combaten la amenaza atmosférica contándose historias, si pueden conseguir libros, con los libros, y así se ayudaban.

En estos tiempos de confinamiento ha habido servicios telefónicos de gente que leía o contaba historias a otras personas que estaban solas. Nico Rost dice una cosa muy bonita: “Lo que nos salvaba la vida era la vitamina L (Lectura) y la F (Futuro)”. A través de los libros y la cultura se salva uno.

Vista de la moderna Biblioteca de Alejandría de Egipto en 2002 EFE

P:¿Qué le debemos a la gran Biblioteca de Alejandría en Egipto que atraviesa todo el ensayo? 

R: Era un lugar de culto a las musas pero también le dio a la palabra ese papel tan importante como para crear una institución que la proteja y la preserve. No hay un acontecimiento equivalente a la misma escala en las civilizaciones anteriores.

Luego el proyecto de traducción de todas las grandes civilizaciones conocidas y la parte de organización bibliotecaria. Se enfrentaron a la mayor colección de libros que se había conocido nunca. Son el antecedente de Internet y de la informática.

A nuestros aparatos informáticos los llamamos ordenadores no es que sean archivos. Y eso tiene que ver con el concepto de organización de la información que ya tenían en Alejandría.

La intuición de que la literatura es patrimonio cultural es muy importante. Aunque los libros se han destruido y ni siquiera encuentran los restos arqueológicos de la primitiva biblioteca, su leyenda y los fundamentos intelectuales sobre los que se asentó, han transformado el mundo.

P: Los libros han sido pasto de las llamas en numerosas ocasiones como en la Biblioteca de Sarajevo en la Guerra de los Balcanes en 1992, el nazismo, lecturas prohibidas… Por otra parte, el humor contestatario siempre ha quedado al margen como la sátira de Aristófanes. Al final, la historia se repite.

R: Del humor me interesaba destacarlo porque parece un género de segunda categoría en la literatura y en los premios se suele preferir obra seria, pero si lo vemos desde la perspectiva del choque de la censura, el humor siempre ha estado en la vanguardia de la oposición y es lo que más se ha perseguido. El humor también pretende ser un canto a esa rebeldía.

Desde los primeros tiempos que se tiene noticia se ha intentado destruir los libros. Llega hasta nuestros días, no con la misma saña, pero sigue habiendo ataques. 

En el caso de la Biblioteca de Sarajevo fue horrible porque no solo formó parte de un plan de extermino de su población, sino también a sus libros que son parte de su memoria y querían borrarlos.

Eso me hace pensar que si los libros reciben tantos ataques a través de la historia y algunos recientes como es el caso de Salman Rushdie (Los versos satánicos, 1988), realmente quiere decir que se siguen percibiendo como objetos poderosos.

P: El papel de las mujeres como Safo y otras poetas silenciadas, la inteligencia de Hipatia de Alejandría o la sagacidad de Aspasia, esposa y mano derecha de Pericles… el papel de estas mujeres es tan memorable como casi suicida por la valentía y usted las rescata en este ensayo.

R: Era uno de los objetivos. Echaba de menos que en las historias generales estuviese presente ese relato. Si que tendemos en las monografías a hacer capítulos aparte para las mujeres.

Yo quería que formasen parte del todo y quería explicar que aunque se hayan perdido sus obras, al menos hay huellas de que estuvieron ahí y de que al menos hubo muchas más de lo que sospechamos.

Un caso de arrinconamiento de una figura muy importante fue el caso de la sacerdotisa acadia Enheduanna (2285–2250 a. C.) que firmó el primer texto no anónimo de la historia. La primera que deja un nombre propio asociado a una obra literaria. Teniendo ese papel de pionera cómo es posible que no esté en los libros de texto y qué nadie haya oído hablar de ella cuando es anterior a Homero. Es importante rescatar estas genealogías.

Lo hago de forma muy consciente y lo llevo a la época contemporánea donde hago un homenaje a mi profesora de instituto, a mi madre, al papel intelectual de las mujeres que muchas veces se ha perdido por el camino. Para mí era importante reivindicarlo, por supuesto, al lado de muchos hombres que aparecen también.

Quería mostrar la historia como algo que hemos forjado juntos, pero las obras de las mujeres no se valoraron lo suficiente como para ser copiadas y por eso no han llegado hasta nosotros. He hecho una nómina de libros perdidos y por lo menos rescatarlas de esa oscuridad.

Fotograma de la película ‘Ágora’ (2010) de Amenábar sobre la filósofa y astrónoma Hipatia

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P: Los antiguos bardos pensaban que con la escritura se perdería la capacidad de reflexión, usted hace un símil con Google en la actualidad, ¿Cree que la era digital amenaza al libro? 

R: Es curioso comprobar como en las épocas de cambios tecnológicos se producen unas actitudes que se parecen bastante. Aparecían las mismas reservas hacia la imprenta y ahora hacia el mundo digital. Parece que sentimos vértigo hacia lo nuevo y pensamos que va a acabar con el mundo tal y como lo conocemos.

Pero la realidad es que no sucede. La curiosidad es como una energía, se transforma pero no desaparece. Soy optimista, ahora lo tenemos mucho más fácil para obtener la respuesta y durante muchos siglos no ha sido así. Un campesino de la Edad Media no tenían ningun incentivo para la curiosisad.

No todo es competencia, el libro de papel frente a pantallas, no son enemigos, los distintos formatos nos permiten formas distintas de aproximarnos a saber. Mirando la historia de libro, es un objeto muy sólido que ha demostrado ser un gran superviviente y no creo que esté en tan grave peligro como se suele decir.

Las previsiones más catastrofistas no se han cumplido, tendemos a subestimar la capacidad del libro para adaptarse y su perfección como objeto como decía Umberto Eco: “La rueda, la cuchara, las tijeras son imbatibles es difícil mejorar ese mecanismo” y creo que el libro pertenece a esa estirpe. De hecho, se publican más libros que nunca y se lee más que nunca.

“El cine de aventuras está basado en los héroes de la antigüedad”

P: Se nota su pasión por los libros pero a la vez las humanidades se difuminan cada vez más en los planes de estudio, ¿Es este ensayo una forma de sellar el interés por los clásicos?

R: Cuando lo escribí no pensé que este tema pudiera interesar a tanta gente. Yo mismo llevaba tanto tiempo oyendo durante mis años de grado que con la filología clásica no iba a ninguna parte en este mundo digital. Esto me caló. Quería defender los clásicos y me ha sorprendido que tanta gente se haya mostrado interesada. La cultura clásica es importante porque enriquece nuestra creatividad.

La prueba está en que la mitología está detrás de muchos creadores actuales pero también en las sagas juveniles como El corredor del laberintoLos juegos del hambreHarry PotterStar Wars.

El cómic y el cine de aventuras está basado en las historias de los héroes de la Antigüedad. Sigue hasta dando beneficios económicos y nos abre la mente aunque no deja de retroceder en los planes de estudio, el interés existe. La acogida de este libro es la prueba. Ojalá los que hacen la leyes de educación fueran más receptivos a este mensaje.

“La curiosidad es como la energía, se transforma”

P: Como divulgadora, ¿Cómo podemos estimular a leer a los niños? 

R: Todo tiene intereses diversos. Está relacionado con un tipo de carácter más contemplativo, curioso, necesita un cierto sosiego y no todos los niños encuentran el mismo placer y lo bueno de la lectura es que se puede iniciar a cualquier edad.

Si necesitas correr y jugar pues ya habrá tiempo para que te reencuentres con la lectura, pero es importante el entorno que los niños vean libros en su casa, vean a los adultos leyendo y no solo los imperativos que se vea que para la familia los libros son importantes.

La mezcla de esos factores define ese gusto por la lectura. La inversión de fomento de la lectura me parece importante porque los niños que leen mejoran su rendimiento escolar y tienen mejor vocabulario, se expresan mejor.

Yo sigo defendiendo la lectura principalmente por el placer, el entretenimiento, el gusto y las aventuras que te abre. Yo con mi hijo intento que esté fuera de las imposiciones y del trueque de los premios y castigos: leer existe como un tiempo de diversión y juego no como algo obligatorio.

P: ¿Creo que el libro que le cambió la vida fue La Odisea de Homero? ¿Qué figura de la antigüedad le suscita más admiración?

R: Me la contaba mi padre con sus palabras. Yo llegué a los poemas homéricos a la forma tradicional como si mi padre fuera un juglar por esto estoy interesada en la oralidad. Con ese versión de mi padre de La Odisea me convirtió en filolóloga clásica. Me pasé toda la infancia leyendo libros de filología.

Y sobre personajes, el historiador Heródoto es fascinante por su deseo de viajar y por su curiosidad por otras formas de vivir. En mitad de una guerra entre griegos y persas él decide viajar por todo Oriente y se relaciona con todo tipo de gente sin superioridad, por eso se le considera el padre de la antropología o el primer periodista, intentaba recopilar datos y hacer crónicas, tenía en cuenta la versión de los otros. Me hubiera gustado tomarme algo con él.

Y Aspasia porque hace falta mucha valentía para hacer discursos políticos, eso era anómalo, las mujeres con una vida encerrada escribían poemas de sus emociones, pero que una mujer escribiera sus discursos y que participara en la vida pública a través de sus palabras, eso era muy valiente, siendo una extranjera y con todos los ataques por su dudosa reputación (Fue hetaira, el término para las prostitutas para los griegos). Aspasia abrió nuevos caminos a la participación de las mujeres en la política y en las escuelas filosóficas.

https://www.rtve.es/noticias/20201123/exito-callado-infinito-junco-hay-lectores-se-han-aferrado-como-viaje-liberador/2058244.shtml

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La arena entre los dedos. Chantal Maillard

Reunir estos cuatro Diarios: Filosofía en los días críticosHusos, notas al margenDiarios indios y Bélgica, bajo el prisma del «método», responde a la voluntad de hacer explícito el camino de observación que ha guiado esta escritura desde sus inicios. Los libros van acompañados ahora de un capítulo introductorio: «La escritura como método», en el que la autora desvela los entresijos del mismo, sus etapas, el significado de los «hilos» y los «husos», y ofrece una guía para introducirse con ella en esta especial topografía de la mente. [de la web de Ch. M.]

Os transcribo la contraportada con extractos de su magnífico prólogo La escritura como método. Como dice Chantal, “escribo, ya sabéis, para que el agua… entre todos”.

<< Tenía nueve años recién cumplidos cuando confeccioné mi primer cuaderno. Para una cirugía de poca importancia, habían decidido someterme a una anestesia general. En realidad, perder la conciencia me daba pavor. La cuestión no era morirme, sino dejar de ver. Debía, pues, por todos los medios, mantenerme despierta. Así que decidí concentrarme y observar. A partir de entonces, la voluntad de observación nunca me abandonaría. Tampoco los cuadernos, que vinieron a ser no sólo una herramienta eficaz sino una forma de saberme. La escritura vino a ser mi manera de reconocerme, pero también –de esto me daría cuenta más tarde– mi manera de oír lo que me precede.

No sería, no obstante, hasta mucho más tarde, al entrar en contacto con ciertas técnicas de Oriente y comprender, en sus textos, su significación y su propósito, cuando entendí que esta escritura mía y la observación que comporta podían convertirse en método para la cuestión que desde siempre me había inquietado. Algo concreto podía –debía– en efecto observarse, algo que, detrás de los párpados, seguía en todo momento su proceso.

En las páginas que siguen trataré de mostrar que la escritura de estos diarios responde a la práctica de una observación que terminó siendo método. No tengo dudas de que, en épocas oscuras, la educación que se precisa es esa observación. Ver sucederse los actos mentales, saber distanciarse de ellos, disminuir el ansia que producen, podría dar lugar a una ética que reemplazase la moral defensiva, hiciera del respeto la norma de convivencia y de la humildad la regla del entendimiento.

Al final, una vida es bien poca cosa. Como refiere el haiku que Kobayasi Nobuyuki (conocido por el nombre de Issa), escribiera antes de morir, en el invierno de 1827, entre una tina y otra tina ¿quién ha entendido nada? Entre la cuna y el ataúd, tan sólo palabras vanas. Si alguna rara vez aún así sigo pensando que el camino recorrido entre una y otra tina ha valido la pena es por haber aprendido a situarme en los límites en los que el discurso pierde pie. Aunque, bien pensado, lo más probable es que tampoco eso importe. >>

Chantal Maillard, La arena entre los dedos. Diarios reunidos. Pre-Textos, 2020.

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¡EL DÍA 2 DE DICIEMBRE ESTARÁ EN LIBRERÍAS!

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Poder del sueño

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Los seres humanos siempre se han sentido cautivados por los sueños y por el misterioso poder que transmiten sus imágenes. El antiguo Egipto nos ha legado insólitos sumarios de fragmentos oníricos, cada uno acompañado de su puntual interpretación, que se remontan al segundo milenio a.C. Dos son las grandes perplejidades que a lo largo de los siglos han fascinado a la imaginación humana: por una parte, el significado que tienen los sueños en relación con nuestra vida y personalidad; por otra, el grado de realidad que podemos atribuirles. Por ejemplo, algunos durmientes acceden a imágenes oníricas premonitorias que luego son constatadas con toda exactitud en el mundo de la vigilia. Este dilema plantea la duda ontológica de si un sueño es igual de real que los hechos que acontecen en nuestra vida. Todas estas cuestiones gravitan sobre los textos literarios de la presente antología, que se inicia con un sugerente corpus inédito de antiguas narraciones chinas y prosigue con una notable nómina de autores occidentales tan heterogéneos como Apuleyo, Prosper Mérimée, Edgar Allan Poe, Théophile Gautier, Ambrose Bierce, Ksaver Šandor Gjalski, Jean Lorrain, Rudyard Kipling, H. G. Wells, Oliver Onions, W. Somerset Maugham, Bruno Schulz, Vladimir Nabokov, Louis Golding, Henry Kuttner y C. L. Moore, Luisa Mercedes Levinson, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Bernard Groethuysen.

Poder del sueño. Relatos antiguos y modernos reunidos y presentados por Roger Caillois, Atalanta, 2020.

En portada: Escena de una bacanal, Richard Dadd, 1862.

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Os recuerdo que acerca del mundo de los sueños encontraréis también en Atalanta, El mundo bajo los párpados de Jacobo Siruela.

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En la traza de Marguerite Yourcenar

 

Extractos de Sur les traces de Marguerite Yourcenar
Docu-ficción, 2011, dirigido por Marilù Mallet.
Premio del público FIFA 2011.

Sur les traces de Marguerite Yourcenar” nos invita a un viaje fabuloso a través del espacio y el tiempo, para descubrir una personalidad rica, compleja y fascinante.

“El enfoque delicado, sensible y conmovedor, sin desbordes de lágrimas, de Marilù Mallet (“Journal inachevé” [Diario inacabado], “Double portrait” [Retrato doble]) vuelve a hacer maravillas en esta exploración de la vida y obra de una de las más grandes figuras literarias del siglo XX. A lo largo de este viaje de gran belleza visual, gente de varios lugares muestra su admiración y cariño, deshojando a su Margarita para que conozcamos o queramos más a aquella cuyo rigor histórico nunca sofocó su genio literario. Marilù Mallet adjunta a su filmografía otro magnífico retrato de una dama “.

—André Lavoie, Le Devoir, 8 de octubre de 2011—

El DVD ALL ZONES ya está disponible en el Centre International de Documentation Marguerite Yourcenar en Bruselas (cidmy.be) al precio de 20 euros con gastos de envío incluidos. Pedirlo a: info@cidmy.be o cidmy@skynet.be

https://www.facebook.com/pg/Sur-les-traces-de-Marguerite-Yourcenar-193078174063204/about/?ref=page_internal

 

Margarite Yourcenar. Memorias de Adriano

Villa Adriana_creada en Tibur (actual Tívoli) como lugar de retiro de Roma por el emperador Adriano_en el siglo II

 

«Como todo el mundo, sólo tengo a mi servicio tres medios para evaluar la existencia humana: el estudio de mi mismo, que es el más difícil y peligroso, pero también el más fecundo de los métodos; la observación de los hombres; y los libros…. En cuanto a la observación de mi mismo, me obligo a ella, aunque sólo sea para llegar a un acuerdo con ese individuo con quien me veré forzado a vivir hasta el fin.»

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«Hacia 1941 descubrí por casualidad, en la tienda de un comerciante neoyorquino, cuatro grabados de Piranesi, que G… y yo compramos. En uno de ellos, una vista de la Villa Adriana que me era desconocida hasta entonces, aparece la capilla Canope, de donde fueron tomados en el siglo XVII el Antínoo de estilo egipcio y las estatuas de sacerdotisas de basalto que hoy se ven en el Vaticano. Estructura redonda, pulida como un cráneo, de donde penden algunas malezas como mechones. El genio casi mediúmnico de Piranesi ha intuido la alucinación, las extensas rutinas del recuerdo, la arquitectura trágica de un mundo interior. Durante muchos años me detuve a contemplar esta imagen casi todos los días, sin por ello volver sobre mi antiguo proyecto, al que creía haber renunciado. Tales son los curiosos subterfugios de lo que se llama olvido.

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«Esforzarse en lo mejor. Volver a escribir. Retocar, siquiera imperceptiblemente, alguna corrección. «Es a mí mismo a quien corrijo —decía Yeats— al retocar mis obras.»
Ayer, en la Villa, pensé en los millares de vidas silenciosas, furtivas como las de los animales, irreflexivas como las de las plantas: que han vivido entre Adriano y nosotros: Bohemios del tiempo de Piranesi, saqueadores de ruinas, mendigos, cabreros, aldeanos refugiados entre escombros. Al borde de un olivar, en una senda antigua y con escombros, G… y yo nos encontramos ante el lecho de cañas de un campesino, ante el bulto de las ropas colocado entre dos bloques de cemento romano, ante las cenizas de su fuego recién apagado. Sensación de humilde intimidad bastante similar a la que se siente en el Louvre, después del cierre, a la hora en que los catres de tijera de los guardas aparecen entre las estatuas.

***

«Lugares en los que se ha elegido vivir, residencias invisibles que uno se construye al margen del tiempo. Yo viví en Tíbur, tal vez allí muera, como Adriano en la Isla de Aquiles.

***

«No. He vuelto a visitar la Villa una vez más, con sus pabellones para la intimidad y el reposo, sus vestigios de un lujo sin fasto, lo menos imperial posible, de rico aficionado que se esfuerza por unir las delicias del arte a los placeres campestres; he buscado en el Panteón el lugar exacto al que llega un rayo de sol de la mañana del 21 de abril; he vuelto a transitar, a lo largo de los corredores del Mausoleo, la ruta fúnebre tan frecuentada por Chabrias, Celer y Diótimo, amigos de sus últimos días. Pero he dejado de sentir a esos seres, su inmediata presencia, esos hechos, esa actualidad; permanecen cerca de mí, pero desordenados, ni más ni menos como los recuerdos de mi propia vida. Nuestro intercambio con los demás no se produce más que por un cierto tiempo; se desvanece una vez lograda la satisfacción, la lección sabida, el servicio obtenido, la obra acabada. Lo que yo era capaz de decir ya está dicho; lo que hubiera podido aprender ya está aprendido. Ocupémonos ahora de otras cosas.»

***

«Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver… Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos…».

Marguerite YourcenarMemorias de Adriano (1951), trad. Julio Cortázar (1982), Edhasa.

Imagen: Villa Adriana, en Tibur (actual Tívoli), creada como lugar de retiro de Roma por el emperador Adriano en el siglo II.

 

Baba Yagá puso un huevo. Dubravka Ugrešic

 

Justo en medio de la pandemia (se publicó en marzo), y acompañando nuestra lectura del cuento de Vasalisa, la sabia (“El rastreo de los hechos: la recuperación de la intuición como iniciación” de mano de Clarissa Pinkola Estés), llega este magistral cuento de cuentos que, lleno de ingenio y perspicacia, pone en el punto de mira la archiconocida figura de la anciana bruja. Un viaje fascinante en el que Baba Yagá, adoptando numerosos disfraces, nos invita a explorar el mundo de los mitos y a reflexionar sobre la identidad, los estereotipos femeninos y el poder de las fábulas.

Baba Yagá es una criatura oscura y solitaria, un ser híbrido, mitad humano-mitad animal, que rapta niños y vive en el bosque, en una casa que se sustenta sobre patas de gallina. Pero también viaja a través de las historias, y en cada una de ellas adopta una nueva forma: una escritora que regresa a la Bulgaria natal de su madre, que, atormentada por la vejez, le pide que visite los lugares a los que ella ya no podrá volver; un trío de ancianas misteriosas que se hospedan durante unos días en un spa especializado en tratamientos de longevidad; y una folclorista que investiga incansable la figura tradicional de la bruja. Ancianas, esposas, madres, hijas, amantes. Todas ellas confluyen en Baba Yagá.

A caballo entre la autobiografía, el ensayo y el relato sobrenatural, su historia se convierte en la de Medusa, Medea y tantas otras figuras malditas, dibujando un tríptico apasionante sobre cómo aparecen y desaparecen las mujeres de la memoria colectiva. La tercera y última parte de este tríptico, “Baba Yagá para principiantes”, es absolutamente deliciosa y de lectura obligada para nosotras durante el verano.

No es un ensayo sobre feminismo ni sobre la tercera edad sino una novela, escribe Alejandro Luque, pero una que integra una mirada muy fresca sobre el ocaso de la mujer, esa fase en la que una se convierte en poco más que hojarasca al margen de la sociedad. Abuelitas inofensivas, pensará más de uno al cruzárselas por la calle. Pero esas abuelitas tienen detrás una larga vida y, a menudo, un largo combate. Son todo menos inofensivas, cuando se lo proponen. Y cuando se topan con la afilada pluma de Dubravka Ugresic (Kutina, Croacia, 1949). En estas páginas regresa la alumna aventajada de Danilo Kiš, de Miroslav Krleža, por citar dos de sus compatriotas yugoslavos más frecuentados, del propio Kundera o del maestro húngaro Gyrörgy Konrád. Pero Ugresic es ya una autora de absoluta madurez: una indiscutible maestra.

Aquí va un extracto para hacer boca.

<< Al principio no te das cuenta de que están ahí…

Al principio no te das cuenta de que están ahí. Y, de repente, un detalle casual capta tu atención, como cuando ves un ratón por la calle: el bolso de una señora mayor, una media caída que se pliega sobre un tobillo hinchado, guantes de ganchillo en las manos, escaso pelo gris con reflejos azules y, posado en la cabeza, un sombrero algo anticuado. La dueña del pelo azulado mueve la cabeza como un perro mecánico y sonríe con cansancio.

Sí, al principio son invisibles. Se cruzan contigo, como sombras, picotean el aire que les llega, andan zapateando, caminan arrastrando los pies por el asfalto, dan pasitos de ratón, tiran de un carrito, se agarran a algún transeúnte, permanecen quietas, rodeadas por una serie de sacos y bolsas inútiles, como un desertor ataviado aún con la parafernalia militar. Algunas de ellas siguen ‘‘en forma’’; llevan vestidos de verano escotados, con un fular de piel sobre los hombros y un abrigo de astracán medio apolillado, y van con el maquillaje todo corrido (¿¡Quién, después de todo, puede maquillarse en condiciones, cuando necesita unos anteojos para hacerlo!?).

Pasan a tu lado rodando como una pila de manzanas secas. Murmuran algo para sí mismas; conversan con interlocutores invisibles, como los indios americanos lo hacen con los espíritus. Van en los autobuses, en los tranvías y en el metro como si fueran equipaje abandonado; duermen con la cabeza inclinada hacia el pecho; o andan de un lado a otro embobadas, preguntándose en qué parada tienen que bajarse, o si realmente deberían bajarse. A veces te detienes un instante (sólo un instante) en frente de una casa de gente mayor y las ves a través de las cristaleras: se sientan en mesas, palpan migajas como si estuvieran pasando los dedos por una página de braille para mandarle mensajes ininteligibles a alguien.

Dulces, adorables, señoras mayores. Al principio no te das cuenta de que están ahí. Y de repente ahí están, en el tranvía, en la oficina de correos, en la tienda, en la consulta del médico, en la calle, ahí hay una, ahí hay otra, allí hay una cuarta, una quinta, una sexta, ¿cómo puede ser que hayan tantas de repente? Tus ojos van poco a poco de un detalle al siguiente: los pies hinchados como donuts por los zapatos apretados; la piel que cae desde el pliegue del codo; las uñas protuberantes; los capilares que surcan la piel. Miras de cerca su cutis: o está bien cuidado o está descuidado. Te percatas de su falda gris y de su blusa blanca con el cuello bordado (¡que está sucio!). La blusa está desgastada y desteñida de tanto lavarla. Se la ha abrochado coja; intenta desabrochársela pero no puede, sus dedos están agarrotados, los huesos están viejos, cada vez son más ligeros y huecos, como los de los pájaros. Otras dos señoras le echan una mano, y con sus esfuerzos colectivos consiguen ponérsela bien. Parece una niña pequeña, con la blusa abrochada hasta la barbilla. Las otras dos le alisan el bordado del cuello, murmurando con admiración: a ver hasta dónde llega el bordado; era de mi madre, oh, antes todo se hacía tan bien y quedaba tan bonito. Una de ellas es bajita y corpulenta, y tiene un bulto pronunciado en la parte de atrás de la cabeza: parece un bulldog viejo. La otra es más elegante, pero la piel del cuello le cuelga como el moco de un pavo. Se mueven en formación, como tres polluelas…

Al principio son invisibles. Y entonces, de golpe, empiezas a localizarlas. Van por el mundo arrastrando los pies, como ejércitos de ángeles ancianos. Una de ellas te mira a la cara de cerca. Lo hace fijamente, con los ojos bien abiertos y la mirada de un azul apagado, y expresa su petición con un tono orgulloso y condescendiente. Te está pidiendo ayuda; necesita cruzar la calle pero no puede hacerlo sola, o necesita subir a un tranvía pero tiene las rodillas flojas, o necesita encontrar una calle y el número de una casa pero ha olvidado sus anteojos. Sientes una punzada de simpatía por la señora, te conmueve, realizas una buena acción, arrastrado por la emoción que produce la galantería. Es precisamente en este momento cuando deberías echar el freno, resistirte al canto de la sirena, esforzarte por hacer bajar la temperatura de tu corazón. Recuerda, sus lágrimas no significan lo mismo que las tuyas. Porque si cedes, si sucumbes, si intercambias unas pocas palabras más, te convertirás en su siervo. Te adentrarás en un mundo en el que no tenías intención de entrar, porque todavía no es el momento; tu hora, por el amor de Dios, no ha llegado aún.

Ve allí, no sé adónde,
y tráeme algo que me falta >>

 

Dubravka UgrešicBaba Yagá puso un huevo, traducción de Luisa Fernanda Garrido y de Tihomir Pistelek, Impedimenta, 2020.

 

Dubravka Ugrešic nació en 1949 en Kutina, un pueblecito cercano a Zagreb. Tras estallar la Guerra de los Balcanes, se exilió de su país. Desde entonces ha enseñado en numerosas universidades de Europa y América, como Harvard, Columbia y la Free University de Berlín. Entre sus obras, que han sido traducidas a numerosos idiomas, destacan El museo de la rendición incondicional (1996) y Baba Yaga puso un huevo (2008), así como los ensayos Gracias por no leer (2003) y Karaoke Culture (2010), que quedó finalista del National Book Critics Circle Award en 2011. También ha recibido el Premio del Estado Austriaco a la Literatura Europea (1998), galardón que han distinguido a otros autores como Stanislaw Lem, Marguerite Duras o Mircea Cartarescu, y en 2009 quedó finalista del Premio Booker. Actualmente reside en Ámsterdam.

 

http://impedimenta.es/libros.php/baba-yaga-puso-un-huevo

https://es.wikipedia.org/wiki/Dubravka_Ugre%C5%A1i%C4%87

 

Chantal Maillard: “El olvido es mucho más poderoso que el daño padecido”

LA VANGUARDIA

Carmen Sigüenza |

La filosofa y poeta Chantal Maillard, que acaba de publicar su nuevo poemario, “Medea”, habla con Efe de la situación actual, la pandemia del coronavirus, la naturaleza, la muerte, la violencia, la compasión o el miedo. “El olvido es mucho más poderoso que el daño padecido”, dice.

Chantal Maillard©Fotografía de Bernabé Fernández

 

Nacida en Bruselas en 1951, Maillard renunció a la nacionalidad belga para adoptar la española. Reside en Málaga desde 1963. Es especialista en filosofía y religiones de la India, y autora de numerosos libros de poesía como “Matar a Platón” y de ensayos. También es especialista en María Zambrano, y Premio Nacional de Poesía y de la Crítica, entre otros muchos galardones.

P.-¿Cómo valora lo que está pasando en esta crisis debido a la pandemia del coronavirus?

R.- De vez en cuando algo nos recuerda que nada es permanente. Una pandemia no es ninguna cosa “de otro mundo”. La humanidad nunca estuvo libre de desastres, y es bueno que de vez en cuando algo nos recuerde que este es un mundo incierto.

P.- Lo único claro en esto es la muestra de vulnerabilidad del ser humano y que en algún momento todos vamos a morir. ¿Cree que el ser humano aprenderá algo, será más humilde, o seguiremos siendo iguales? ¿Nos resistiremos a evolucionar y crear una nueva forma de vida?

R.-Sería deseable que muchas de las reflexiones que han generado esta pandemia nos condujesen a un cambio radical, que esta sacudida fuese suficiente como para llevarlo a cabo. Pero es más que dudoso que así ocurra. Esto que nos parece tan importante ahora, mañana se habrá olvidado y cada uno recuperará su extraña “normalidad”. Los niños volverán a confinarse en las guarderías, los ancianos en los geriátricos, y los demás, cada cual a su galera. La regeneración de las relaciones empáticas retornarán a su estado larvario. El olvido es mucho más poderoso que el daño padecido, y así parece que ha de ser. Si el animal –que también somos– no fuese capaz de olvidar se suicidaría en masa.

P.- Ahora parece que la naturaleza y el silencio vuelven, mientras el ser humano se queda en casa. En estas semanas se escucha a los pájaros, los animales pasean por la ciudad, las aguas están más limpias, los cielos están más claros…¿Qué ignora el ser humano de la naturaleza, de los animales, qué no comprende, o, mejor, qué no sabe sentir el ser humano de la vida?

R.- Nos resistimos a pensar que somos parte integrante de un sistema natural en el que nada es independiente. Aún funcionamos de acuerdo con el viejo antropocentrismo bíblico y el precepto de una antigua población en riesgo: crecer y multiplicarse. Cuando en tiempos de bonanza una especie sigue multiplicándose se convierte en plaga. Lo que nos distingue de otros animales no es lo que hemos ganado, sino lo que hemos perdido: pasar sin perturbar el orden que mantiene en equilibro el planeta.

P.- Se ha demostrado que necesitamos una sociedad con un buen sistema sanitario y con profesionales dedicados a los cuidados, con un trato y un pago digno. ¿Cree qué eso cambiará?

R.- Lo que necesitamos, ante todo, es eliminar los factores que hacen de la nuestra un sociedad enferma (alimentos desvitalizados, medio ambiente corrupto, aturdimiento acústico, estimulación compulsiva, enajenación laboral, estrés escolar, aislamiento geriátrico, aturdimiento sonoro, hipermedicalización, etc.) y, luego, algo que hemos olvidado: saber morir. La muerte no es el envés de la vida, sino su posibilidad. La dignidad consiste en aceptar el fin –el propio y el ajeno– cuando este llega, y en querer que así sea. Si no comprendemos que la desaparición forma parte de la vida es que hemos desaprendido lo fundamental.

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P.- ¿El capitalismo y la globalización están heridos de muerte?

R.- En absoluto. De los desastres generados por catástrofes naturales el capitalismo siempre sale fortalecido. Un ejemplo reciente es cómo, apenas iniciado el estado de alarma, la Junta de Andalucía se apresuró a modificar seis leyes y veintiún decretos que eliminan los trámites para la construcción en áreas protegidas. En cuanto a la globalización, ésta es la lógica consecuencia de un sistema que, al tener como fin su propio crecimiento, necesita extenderse y colonizar indefinidamente.

P.- En su ensayo “¿Es posible un mundo sin violencia?” (Vaso Roto), dice que “tanto el ansia como la insatisfacción descansan sobre el miedo” ¿En qué se traducirá el miedo que siente ahora toda la población? ¿Y la distancia con el otro?

R.-La muerte tiene muchos disfraces. Cuando aparece con uno de ellos confundimos el vacío de su ser con su apariencia, y el miedo –al dolor, a la pérdida, a la desaparición– adopta los colores de su vestimenta. Si toma forma de virus, tememos al virus. En cuanto el virus desaparezca dejaremos de temerlo. Pero el miedo seguirá allí, latiendo, aunque dejemos de tenerlo presente. Nuestra ansias, nuestras compras compulsivas, nuestra constante insatisfacción, nuestro descontento, nuestras fobias, nuestra incapacidad para el sosiego y el silencio serán los síntomas que nos permitan detectarlo.

P.- En su último poemario, “Medea” (Tusquets), donde hace un estudio de la culpa y la compasión, dice: “Todo aquello que vive se sostiene sobre el hambre. Y el hambre es el otro…” ¿Podría profundizar en ello?

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R.- Este es un mundo en el que la violencia es ley. El hambre es violencia. No obstante, todo animal es inocente. No mata por codicia ni por placer, sino para alimentarse. De ahí que compadecerle sea fácil. La compasión es todo lo contrario del sentimentalismo. La compasión es padecer con otro la violencia que sobre él se ejerce y también la que él está obligado a ejercer. Pero a la natural, el ser humano añade otra violencia, ejercida por crueldad, por ambición o por placer. De ahí que compadecerle resulte más difícil. De la inocencia participamos en la medida y tan sólo en la medida en que aún habite en nosotros el animal que fuimos.

P.- “Todo aquel que subvierte la norma es peligroso”, dice en el poemario. ¿Tras esta crisis usted cree que habrá un mayor sometimiento y un recorte de libertades por parte de los líderes totalitarios o populistas?

R.- El problema no son tanto los líderes, como la fuerza del capital al que sirven, su cadena de corrupción. La monitorización de los individuos está prevista desde hace tiempo, a la espera tan sólo de la ocasión para ponerla en marcha. Es la cara oculta de la globalización informática y el precio que pagaremos por los beneficios de los que no queremos prescindir. Es evidente que, debilitada por el miedo, la población acepta de buena gana lo que en otros momentos no aceptaría. Y, lamentablemente, la rebeldía es un bien escaso.

https://www.lavanguardia.com/cultura/20200511/481089172422/chantal-maillard-el-olvido-es-mucho-mas-poderoso-que-el-dano-padecido.html

 

Bona diada 2020, malgrat el confinament!

Xulio-Formoso.-Pascal-Quignard

 

El libro es un pedazo de silencio en las manos del lector. Quien escribe calla. Quien lee no rompe el silencio.

 

Pascal Quignard. Pequeños tratados I. trad. Miguel Morey. Sexto Piso, 2016.

Imagen © Pascal Quignard, per Xulio Formoso.

https://periodistas-es.com/pascal-quignard-el-personaje-y-su-obra-102064

 

 

Chantal Maillard, nueva web

nueva web chantal

 

En estos días de confinamiento, una opción puede ser visitar la nueva página web de Chantal Maillard con toda la información actualizada. Aquí os dejo el enlace: chantalmaillard.com

También encontraréis el enlace anclado en la columna fija de la derecha, en “Enllaços sobre dones” / Chantal Maillard_web”

¡Buena exploración maillardiana!