La arena entre los dedos. Chantal Maillard

.

Reunir estos cuatro Diarios: Filosofía en los días críticosHusos, notas al margenDiarios indios y Bélgica, bajo el prisma del «método», responde a la voluntad de hacer explícito el camino de observación que ha guiado esta escritura desde sus inicios. Los libros van acompañados ahora de un capítulo introductorio: «La escritura como método», en el que la autora desvela los entresijos del mismo, sus etapas, el significado de los «hilos» y los «husos», y ofrece una guía para introducirse con ella en esta especial topografía de la mente. [de la web de Ch. M.]

Os transcribo la contraportada con extractos de su magnífico prólogo La escritura como método. Como dice Chantal, “escribo, ya sabéis, para que el agua… entre todos”.

<< Tenía nueve años recién cumplidos cuando confeccioné mi primer cuaderno. Para una cirugía de poca importancia, habían decidido someterme a una anestesia general. En realidad, perder la conciencia me daba pavor. La cuestión no era morirme, sino dejar de ver. Debía, pues, por todos los medios, mantenerme despierta. Así que decidí concentrarme y observar. A partir de entonces, la voluntad de observación nunca me abandonaría. Tampoco los cuadernos, que vinieron a ser no sólo una herramienta eficaz sino una forma de saberme. La escritura vino a ser mi manera de reconocerme, pero también –de esto me daría cuenta más tarde– mi manera de oír lo que me precede.

No sería, no obstante, hasta mucho más tarde, al entrar en contacto con ciertas técnicas de Oriente y comprender, en sus textos, su significación y su propósito, cuando entendí que esta escritura mía y la observación que comporta podían convertirse en método para la cuestión que desde siempre me había inquietado. Algo concreto podía –debía– en efecto observarse, algo que, detrás de los párpados, seguía en todo momento su proceso.

En las páginas que siguen trataré de mostrar que la escritura de estos diarios responde a la práctica de una observación que terminó siendo método. No tengo dudas de que, en épocas oscuras, la educación que se precisa es esa observación. Ver sucederse los actos mentales, saber distanciarse de ellos, disminuir el ansia que producen, podría dar lugar a una ética que reemplazase la moral defensiva, hiciera del respeto la norma de convivencia y de la humildad la regla del entendimiento.

Al final, una vida es bien poca cosa. Como refiere el haiku que Kobayasi Nobuyuki (conocido por el nombre de Issa), escribiera antes de morir, en el invierno de 1827, entre una tina y otra tina ¿quién ha entendido nada? Entre la cuna y el ataúd, tan sólo palabras vanas. Si alguna rara vez aún así sigo pensando que el camino recorrido entre una y otra tina ha valido la pena es por haber aprendido a situarme en los límites en los que el discurso pierde pie. Aunque, bien pensado, lo más probable es que tampoco eso importe. >>

Chantal Maillard, La arena entre los dedos. Diarios reunidos. Pre-Textos, 2020.

.

¡EL DÍA 2 DE DICIEMBRE ESTARÁ EN LIBRERÍAS!

.

.

Donna Haraway: Pensar, imaginar, tejer modos de vida en un planeta herido

Emma Rodríguez © 2020 / 

Aquí y ahora, en los denominados tiempos de nueva normalidad, pero que seguramente sería mejor definir como de urgencia, me ha resultado estimulante leer a Donna Haraway, quien recurre una y otra vez a esta palabra, “urgencia”. En proceso de recuperación de una pandemia devastadora a nivel global, situados en el territorio de la inquietud y la incerteza, hemos recordado la fragilidad de nuestra condición y estamos siendo conscientes de que algo lleva mucho tiempo yendo mal, como indicaba el historiador Tony Judt; de que el sistema socioeconómico voraz en el que estamos inmersos va en contra del futuro del planeta y de nuestra vida, de la continuidad de la vida.

La ruptura de los equilibrios, la quiebra de la biodiversidad, tiene que ver con lo que estamos viviendo. Los científicos alertan de la llegada de nuevas olas de infección en años venideros debido a la constante degradación natural; a la desaparición de especies que actúan como escudos ante los virus y a la expansión de los mercados de animales salvajes, hecho en el que sin duda influye la extrema pobreza y la desigualdad. Todo está relacionado. El sistema depredador capitalista tiene graves consecuencias. En su ensayo Seguir con el problema.Generar parentesco en el Chthulucenopublicado en castellano por la editorial vasca Consonni, Haraway parte de la agresión que los seres humanos hemos causado a “otros organismos” que deberíamos haber cuidado como compañeros de camino, habla de generar alianzas entre especies y se sitúa frente al que es el mayor desafío de la humanidad, el cambio climático. Gran parte del desastre ya no tiene solución. Es imposible partir de cero, pero aún podemos pensar e imaginar futuros de supervivencia, tejer redes de recuperación en una tierra dañada.

Entrar en el territorio Haraway, acceder a sus claves, no es sencillo. La ruta debe realizarse desde la disposición de quien disfruta explorando, de quien no teme abandonar los senderos trillados y los prejuicios para dejarse deslumbrar. Pero una vez dentro, en lo esencial, hay momentos en los que todo resulta cristalino, pues la red en la que nos envuelve la autora es la red de lo colectivo, del sentido de colaboración, de responsabilidad con todo lo que nos rodea. Haraway nos dice que somos el ahora, el antes y el después; que los que se fueron y los que han de llegar forman parte de la continuidad que debemos preservar, siendo responsables de mantener en marcha la Historia, la línea temporal. Y nos lleva a imaginar un abrazo inmenso con todos los seres, humanos, animales, vegetales, que conforman el planeta, sin dejar de mostrar confianza en lo mejor de la tecnología, en las máquinas con las que la humanidad habrá de convivir. 

Dependemos los unos de los otros. Es simple y a la vez resulta radical cuando nos hemos creído excepcionales, poderosos, el centro del universo. Para las desmemoriadas, uniformadas poblaciones del siglo XXI, esta idea básica puede parecer incluso revolucionaria, pero es muy antigua. Su hilo nos lleva hasta los pueblos indígenas, es el tronco del budismo… ¡Parece mentira que hayamos perdido esa sabiduría!

DONNA HARAWAY NOS ENVUELVE EN LA RED DE LO COLECTIVO, DEL SENTIDO DE RESPONSABILIDAD CON TODO LO QUE NOS RODEA. NOS DICE QUE SOMOS EL AHORA, EL ANTES Y EL DESPUÉS; QUE LOS QUE SE FUERON Y LOS QUE HAN DE LLEGAR FORMAN PARTE DE LA CONTINUIDAD QUE DEBEMOS PRESERVAR.

Como dice el sociólogo y antropólogo francés Bruno Latour, tan afín a Haraway, cuando nos integramos en lo Terrestre ya no podemos acercarnos a la naturaleza desde las premisas de la producción y la explotación, sino de la dependencia, porque todos los seres vivos, todos los elementos que conforman el planeta, se influyen los unos a los otros. El sistema tierra reacciona a las acciones humanas y ya es hora de que “los terrestres descubran de qué otros seres necesitan para subsistir” y aprendan a depender de ellos.

Trazadas estas coordenadas, debo deciros que si os decidís a sumergiros en la lectura de Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno os aguardan no pocas sorpresas e iluminaciones. Son poderosos los efectos que provoca la obra de Donna Haraway. Este libro es capaz de expandir la mente, de agitarnos, de sacarnos del ruido de la actualidad y hacernos ver más allá. No se trata solo de sus contenidos y análisis, de las muchas revelaciones que contiene, sino también del lenguaje. La autora utiliza estructuras, palabras, expresiones, de gran originalidad para hablarnos de aquello que no hemos atisbado aún. La terminología de siempre, los estereotipos, no se adaptan al fondo de sus análisis, al arriesgado vuelo de su imaginación. Por ello inventa nuevos vocablos, juega con ellos, hila sentidos renovados. Podría hablarse de un tipo de ensayo visionario, poético, que nos despierta, que alumbra los paisajes y nos lleva a descubrirlos desde una mirada extrañada, curiosa, perpleja. Si pertenecéis al grupo de quienes anhelan cambios; de quienes no se resignan a creer que no hay opciones de mejora; de quienes en este 2020 hemos percibido que el suelo ha empezado a moverse bajo nuestros pies, aún más, y ya no somos los mismos, este ensayo pasará a ser un punto de partida para comenzar a pensar de otra manera. De nuevo acude a mí el concepto de lecturas transformadoras del que tanto se nutre Lecturas Sumergidas.  

LA AUTORA UTILIZA ESTRUCTURAS, PALABRAS, EXPRESIONES, DE GRAN ORIGINALIDAD PARA HABLARNOS DE AQUELLO QUE NO HEMOS ATISBADO AÚN. LA TERMINOLOGÍA DE SIEMPRE, LOS ESTEREOTIPOS, NO SE ADAPTAN AL FONDO DE SUS ANÁLISIS, AL ARRIESGADO VUELO DE SU IMAGINACIÓN

Tras la manera de contar, de reflexionar e imaginar de Donna Haraway (Denver, Colorado, 1944), fluye un cauce muy intenso de investigaciones, lecturas, influencias, juegos y complicidades. Feminista, filósofa y bióloga, profesora emérita del Departamento de Historia de la Conciencia y de Estudios Feministas de la Universidad de Santa Cruz, en California, nuestra protagonista se alimenta de los datos y estudios científicos y toma impulso en la manera de fabular y especular de la ciencia ficción. De ahí su capacidad para generar maneras tan creativas de exposición y análisis. De ahí su gusto por generar diálogos, por entablar cauces de entendimiento entre distintas disciplinas: la ciencia, el arte, la tecnología, el activismo…

Antes de adentrarnos en Seguir con el problema, conviene recordar el famoso Manifiesto Cyborguna entrega también visionaria y compleja donde, a grandes rasgos, la autora profundiza en los cauces de la cibernética e indaga en el significado de los géneros y en sus estereotipos, en las posibles combinaciones y transformaciones que pueden darse en un mundo altamente tecnologizado.

En el ensayo del que os hablo la autora se centra en los lazos entre humanos y no humanos en un nuevo horizonte que ya se visualiza, en tiempos de precariedad y peligro. El apartado final del libro es pura ficción –ciencia ficción– y se centra en las Historias de Camille, protagonista de las comunidades del compost, un bebé nada convencional, fruto de la interacción entre especies, que tiene distintos progenitores y cuyo desarrollo se sigue a través de cinco generaciones. Un ser capaz de sobrevivir en un planeta devastado, donde la población se ha reducido drásticamente porque los recursos son limitados y se ha de alcanzar un equilibrio entre lo humano y lo no humano.Publicidad

Como os decía, Haraway nos lleva a pensar en otras realidades, a imaginar otros mundos, siguiendo la estela de su admirada Ursula K. Le Guin. Mientras la leo no puedo dejar de reflexionar en la cortedad de miras de la mayor parte de las informaciones que consumimos, atentas a la absoluta inmediatez, incapaces de abrir ventanas por las que entren aires frescos, renovadores. En este libro nos acercamos a experiencias y experimentos que no solemos encontrar en los medios, que ya se mueven en territorios de adaptación a un tiempo por venir.

Haraway forma parte de la estirpe de los adelantados a su tiempo, de los que despliegan las alas. Hablamos de filósofos, economistas, poetas, científicos, creadores diversos, activistas. Y en este apartado no quiero dejar de incluir a la gente de a pie inconformista, capaz de pensar a contracorriente, de no someterse a las reglas de lo establecido, de denunciar, criticar, y dando un paso más adelante, actuar, intervenir, en la manera en que le sea posible. Leer a Haraway es un estímulo para iniciarse en acciones colaborativas, en cadenas de solidaridad, de cuidados. Las mujeres campesinas de distintos lugares del mundo, los colectivos indígenas son un gran ejemplo para ella.

Pero volvamos al comienzo de este texto. Volvamos al aquí y al ahora. En un encuentro online, organizado recientemente por la Fira Literal de Barcelona, dentro del programa Radical May, Donna Haraway mantuvo una intensa conversación –abierta al público– con su traductora, la socióloga y especialista en su obra Helen Torres alrededor de Seguir con el problema. Y, por supuesto, se le preguntó por la Covid-19, por la dureza del momento que vivimos. “La pandemia ha intensificado la conciencia de que la tierra ha sido dañada”, puso de manifiesto, haciendo hincapié, pese a la experiencia de la catástrofe, en el hecho de que se ha visibilizado la necesidad de proteger cada vez más los sistemas de salud y los lugares de cuidados como las residencias de ancianos. Y también en la atención a los suministros de alimentos, mirando hacia mercados locales más fuertes, con mayor protección para los trabajadores de la agricultura y de otros servicios esenciales. Sumándote a la Newsletter de Lecturas Sumergidas estarás al tanto de todas nuestras novedades. 

LA PANDEMIA HA INTENSIFICADO LA CONCIENCIA DE QUE LA TIERRA HA SIDO DAÑADA”, HA SEÑALADO HARAWAY, HACIENDO HINCAPIÉ EN EL HECHO DE QUE SE HA VISIBILIZADO LA NECESIDAD DE PROTEGER CADA VEZ MÁS LOS SISTEMAS DE SALUD Y LOS LUGARES DE CUIDADOS.

Podemos sobrevivir con el virus, con la infección, ya que es parte de la complejidad del mundo biológico, pero no con el fascismo”, declaró en otro momento, explicando que las pandemias no son para nada ajenas a las prácticas destructivas del capitalismo global; haciendo responsables a líderes como Trump o Bolsonaro de medidas tan peligrosas para el futuro como el negacionismo climático, que lleva a seguir con la utilización continuada de combustibles fósiles, sin tener en cuenta las consecuencias para el Medio Ambiente, o la destrucción final de zonas como la Amazonía brasileña.

Fotograma del documental «Donna Haraway: Story telling for Earthly Survival» («Cuentos para la supervivencia terrenal»), del cineasta Fabrizio Terranova. La imagen de cabecera y otras que ilustran este texto pertenecen al mismo trabajo.

Todos los seres vivimos sobre la Tierra “en tiempos perturbadores, tiempos confusos, tiempos turbios y problemáticos”, señala la autora muy al comienzo de su ensayo. “Los tiempos confusos están anegados de dolor y alegría (…), de un innecesario asesinato de la continuidad, pero también de un resurgimiento necesario”, prosigue, animando a seguir con la tarea de “generar problemas, suscitar respuestas potentes a acontecimientos devastadores, aquietar aguas turbulentas y reconstruir lugares tranquilos (…) crear futuros para las generaciones venideras”.

En este párrafo está condensado el espíritu inquieto de Donna Haraway. Nuestra bióloga se inventa un término original, Chthuluceno, que tiene  que ver con las arañas y la figura mítica de Medusa, con las redes tentaculares que definen un nuevo tiempo de relaciones entre todo tipo de criaturas, “un tiempo de comienzos, un tiempo para la continuidad, para la frescura”. En ese vocablo de nuevo cuño, caben las “herencias” y las “memorias”, pero también las “llegadas”, el cultivo de lo que “aún puede llegar a ser”. Lo antiguo y lo de última hora se encuentran en este espacio temporal que respeta la continuidad, que augura florecimientos multiespecies sobre la Tierra, que se opone a las fuerzas exterminadoras del Antropoceno y el Capitaloceno, conceptos que hacen referencia al dominio de los humanos sobre el planeta, un dominio basado en la explotación de los recursos en nombre del beneficio, del poder. 

LA BIÓLOGA SE INVENTA UN TÉRMINO ORIGINAL, «CHTHULUCENO», UN ESPACIO TEMPORAL QUE RESPETA LA CONTINUIDAD, QUE AUGURA “FLORECIMIENTOS MULTIESPECIES SOBRE LA TIERRA”, QUE SE OPONE A LAS FUERZAS EXTERMINADORAS DEL ANTROPOCENO.

“¿Hay un punto de inflexión importante que cambia el nombre del “juego” de la vida sobre la tierra para todas las cosas y todo el mundo?”, se pregunta Donna Haraway. Y argumenta: “Es más que el “cambio climático”; se trata también de cargas extraordinarias de química tóxica, minería, contaminación nuclear, agotamiento de lagos y ríos encima y debajo del suelo, simplificación de ecosistemas, vastos genocidios de personas y otros bichos, etcétera, etcétera, en patrones sistémicamente conectados que amenazan con un colapso significativo del sistema…”Publicidad

La autora se apoya en Jason Moore, coordinador de la World-Ecology Research Network, quien sostiene que la naturaleza barata está llegando a su fin, que “abaratar la naturaleza ya no puede funcionar para sostener la extracción y producción en y del mundo contemporáneo, porque la mayoría de las reservas de la tierra han sido drenadas, quemadas, agotadas, envenenadas, exterminadas o extenuadas”. Y recurre a la antropóloga, feminista y teórica cultural Anna Tsing. Esta señala que en el largo período del Holoceno “los refugios, los lugares de refugio, aún existían, incluso abundaban, para sostener la reconfiguración de mundos en una rica diversidad cultural y biológica”. Pero en el Antropoceno asistimos a la “destrucción de lugares y tiempos de refugio para personas y otros bichos”.

Al respecto Haraway señala: “El Antropoceno marca graves discontinuidades; lo que viene después no será como lo que vino antes. Creo que nuestro trabajo es hacer que el Antropoceno sea lo más corto/estrecho posible y cultivar de manera recíproca, de todas las formas imaginables, épocas venideras que puedan restaurar refugios. Ahora mismo, la tierra está llena de refugiados, humanos y no humanos, sin refugio”.

Compromiso, trabajo, responsabilidad compartida, “juegos colaborativos profundos con otros terranos”… para hacer posible “el florecimiento de ricos ensamblajes multiespecies que incluyan a las personas”. He aquí la era del Chthuluceno a la que se refiere la bióloga. Pasado, presente y lo que está por venir en una línea de continuidad que hay que mantener y cuidar. Ella habla de “nutrir, inventar, descubrir o improvisar de alguna manera formas de vivir y morir bien de manera recíproca en los tejidos de una tierra cuya misma habitabilidad está amenazada”. 

Para avanzar hacia ese nuevo tiempo hay que dejar atrás, nos dice Haraway, dos argumentaciones habituales. Por un lado, la «fe cómica» en  soluciones tecnológicas que vengan a rescatarnos del desastre total. La tecnología no es el enemigo y sin duda puede contribuir a seguir adelante, pero no debemos dormirnos en los laureles soñando en su milagro, como tampoco esperar a la mano salvadora de Dios. Y por otra parte, hay que vencer la destructiva creencia de que no hay nada que hacer, de que es demasiado tarde para introducir cambios, ya que el juego está terminado. Este cinismo amargo, que encontramos en sectores de la comunidad científica, la política y la cultura, es demoledor, paralizante, como constata la investigadora.

En un diálogo que mantuvo en 2018 Haraway con Marta Segarra, catedrática de Literatura Francesa y de Estudios de Género de la Universidad de Barcelona, en el Centro de Cultura Contemporánea de la Ciudad Condal (recogido por el sello Icaria en un breve volumen bajo el título El mundo que necesitamos), Segarra le recuerda su resistencia a los discursos apocalípticos, “puesto que sugieren que no hay nada que hacer para cambiar este futuro próximo”. Y le pregunta: “¿Se puede aplicar esto a los discursos de denuncia o crees que los discursos de denuncia son todavía necesarios?”

Ha aquí la respuesta: “Creo que en la actualidad la crítica y la denuncia son herramientas retóricas importantísimas (…) Sin embargo, la dificultad reside en que muchos teóricos no van más allá de la crítica, le confieren demasiado peso (…) Pero todavía queda mucho por hacer para inventar lo que aún no es pero debería ser. Esta labor de habitar e imaginar no es una tarea de la crítica, es algo que va más allá (…) Si denunciar el capitalismo implicara su destrucción, ya no tendríamos capitalismo. Pero el problema de la denuncia es que puede ser emocionalmente muy satisfactoria, pero resulta del todo inefectiva...”

«SI DENUNCIAR EL CAPITALISMO IMPLICARA SU DESTRUCCIÓN, YA NO TENDRÍAMOS CAPITALISMO. PERO EL PROBLEMA DE LA DENUNCIA ES QUE PUEDE SER EMOCIONALMENTE MUY SATISFACTORIA, PERO RESULTA DEL TODO INEFECTIVA», ESCRIBE HARAWAY.

La autora sigue el hilo de los investigadores Philippe Pignarre e Isabelle Stengers, quienes reflexionan en su obra sobre la ineficacia de la denuncia y apoyan “colectivos sobre el terreno, capaces de inventar nuevas prácticas de imaginación, resistencia, revuelta, reparación y duelo, así como de vivir y morir bien”. Ellos nos recuerdan que “otro mundo no solo es urgentemente necesario, sino también posible, pero solo si no sucumbimos al hechizo de la desesperación, al cinismo o al optimismo y al discurso de la creencia y la incredulidad del Progreso”, declara Haraway, apuntando hacia la “creatividad sostenida de personas que se preocupan y actúan”.

En el capítulo dos de Seguir con el problema, titulado Pensamiento tentacular. Antropoceno, Capitaloceno, Chthulucenola bióloga plantea una cuestión esencial: “¿Qué pasa cuando el excepcionalismo humano y el individualismo limitado, esos antiguos clichés de la filosofía y la economía política occidentales, se vuelven impensables en las mejores ciencias, sean naturales o sociales?”. Y a continuación exclama: “¡No cabe duda e que un tiempo tan transformador sobre la tierra no debe llamarse Antropoceno!

Donna Haraway tira de muchos hilos en este ensayo, entabla diálogos altamente enriquecedores. La importancia de pensar, pensar sin prejuicios, sin ataduras, evitando las ideas inoculadas por el sistema establecido y asimiladas por el rebaño, es uno de los pilares que sostienen su filosofía. “Importa qué ideas usamos para pensar otras ideas”, toma en sus manos la inspiradora frase de Marilyn Strathern, una etnógrafa de prácticas del pensamiento. Y a partir de ahí nos dice: “Importa qué pensamientos piensan pensamientos. Importa qué conocimientos conocen conocimientos. Importa qué relaciones relacionan relaciones. Importa qué mundos mundializan mundos. Importa qué historias cuentan historias”.

¿Qué significa renunciar a la capacidad de pensar?”, lanza la ensayista esta pregunta crucial en tiempos en los que debemos afanarnos por defender la verdad frente a quienes le restan importancia, la vapulean, parapetados tras la mezquina práctica de la mentira y, en ocasiones, en la peligrosa equidistancia que rehuye tomar partido, esclarecer, contrastar, combatir. ¿Qué significa renunciar a la capacidad de pensar?, nos pregunta Haraway en estos –sigo sus palabras– “tiempos de urgencia para todas las especies, incluidos los humanos: tiempos de muertes y extinciones masivas; de avalanchas de desastres cuyas impredecibles especificidades son tomadas estúpidamente como si fueran la ininteligibilidad en sí misma; del rechazo a conocer y cultivar la capacidad de respons-habilidad; del rechazo a estar presentes para el embiste de la catástrofe; de un mirar para otro lado sin precedentes...”

Y en este punto alude a Hannah Arendt y a su análisis sobre la  incapacidad para pensar del criminal de guerra nazi Adolf Eichmann. “En esa renuncia a pensar yace la particular “banalidad del mal” que podría llegar a hacer que el desastre del Antropoceno, con sus genocidios y especidios rampantes, se haga realidad. Este resultado aún está en riesgo; ¡pensar debemos, debemos pensar!”, se muestra contundente Haraway. En la interpretación que hace encontramos muchas de las claves de su manera de ver, de enfocar el presente y atisbar el porvenir. Su discurso es apasionado, estimulante, lleno de convicciones, de resistencia. 

Lo que Arendt vio en Eichmann no fue un monstruo incomprensible, sino algo mucho más terrorífico: negligencia común y corriente (…) Aquí hay alguien que no puede ser un caminante, que no se puede enredar, que no puede rastrear las líneas de vivir y morir, que no puede cultivar la respons-habilidad, que no puede hacer presente para sí aquello que está haciendo, que no puede vivir en consecuencia ni con las consecuencias, que no puede hacer compost. Para Eichmann, el propósito importaba, el deber importaba, pero no así el mundo. El mundo no importa en la negligencia común y corriente… No había manera posible de que el mundo deviniera una “materia del cuidado” para Eichmann y sus herederos (¿nosotros, nosotras?). El resultado fue una participación activa en el genocidio”.

Cuando recupera la figura de Eichmann Donna Haraway nos está poniendo frente al espejo. Nos dice que no vale desviar la mirada mientras el desastre sigue su curso. Los gestos, por mínimos que nos parezcan, las acciones, los votos, las manifestaciones de adhesión a la defensa de los derechos humanos, del Medio Ambiente, de la justicia social, de “las relaciones multiespecies” tan determinantes en su trabajo, sí cuentan, así como la creación de redes de apoyo, de solidaridad, de cuidados, pueden decidir la dirección de los mundos futuros. La bióloga nos habla de supervivencia colaborativa, de prácticas de pensamiento imposibles para herederos de Eichmann”. Si algo consigue este ensayo del que os estoy hablando es anular la idea de que los cambios no son posibles. Haraway responde a la creencia instalada de la derrota con creatividad e imaginación.

El feminismo es otro de los robustos troncos en los que se apoya esta mujer inquieta, de innata capacidad visionaria. Cuando Marta Segarra le pregunta si cree que el feminismo “o, mejor dicho, los feminismos en plural y, sobre todo, las feministas han contribuido de manera significativa a pensar de forma diferente, no solo sobre las mujeres y el género, sino también sobre el planeta”, su respuesta corta es “sí” y su argumentación larga, cargada de referencias mitológicas, concluye con su identificación con la figura de Medusa. “Medusa vive dentro de mí, sus antenas serpentiformes son una invitación para aventurarnos a una especie de saludo afectuoso con la Tierra”, señala, y a continuación se refiere a la manera en que el feminismo ha reformulado el pensamiento a través de “conexiones múltiples”, en el sentido de que “todo pensamiento es también una práctica del cuidado”.

Todo tipo de reflexión es una práctica del cuidado, por lo que es muy importante qué pensamientos piensan pensamientos, qué historias narran historias. No es cierto que todo valga. Reflexionar y crear (…) es una acción de acción-pensamiento-cuidado…”, transcribo las palabras de la ensayista, quien más adelante, respondiendo a otra pregunta de su interlocutora, explica su idea de crear parentescos [Crear parentescos en el Chthuluceno es el subtítulo de su libro], otra de las bases de su recorrido. 

LA AUTORA DE «SEGUIR CON EL PROBLEMA» SE REFIERE A LA MANERA EN QUE EL FEMINISMO HA REFORMULADO EL PENSAMIENTO A TRAVÉS DE “CONEXIONES MÚLTIPLES”, EN EL SENTIDO DE QUE “TODO PENSAMIENTO ES TAMBIÉN UNA PRÁCTICA DEL CUIDADO”.

En esta ocasión se hermana con importantes figuras del feminismo como la filósofa Judith Butler, quien se refiere a los “modos de alianza íntima” o la investigadora Frances Bartkowski, que establece como parientes a todas aquellas criaturas por las que nos preocupamos. “El parentesco es difuso, es una solidaridad perdurable a lo largo del tiempo en capas de seres que vienen al mundo en relación los unos con los otros, y que pueden y deben demandarse cosas los unos con los otros”, argumenta Haraway. 

Para entenderla hay que despojarse de clichés, de verdades asumidas, de creencias interiorizadas a lo largo de los siglos, en el devenir de las generaciones. Los parentescos a los que se refiere, denominados “parentescos raros”, no tienen nada que ver con “los aparatos capitalistas de la producción y la reproducción”. Se trata de pensar que no son algo exclusivamente humano, de ampliar las estructuras y relaciones tradicionales con los hijos, con la familia. Uno de sus lemas más controvertidos es el de Generen parientes, no bebés”. Detrás del mismo hay toda una argumentación sobre la necesidad de hacer frente a la superpoblación del planeta, pero también se trata de una invitación a ir más allá de los modelos convencionales de convivencia, a elegir otras formas de relación en las que no entren solo los humanos. El tema es complejo y nos llevaría a otra obra fundamental en el trayecto de Haraway, su Manifiesto cyborg, donde las máquinas cibernéticas también se pueden considerar parientes. 

En las Historias de Camille, resultado de unos talleres creativos desarrollados en Normandía, en los que, a través de la fabulación especulativa, distintos grupos de trabajo se dedicaron a imaginar futuros posibles. Haraway compartió equipo con el cineasta Fabrizio Terranova, autor del documental Donna Haraway: Story Telling for Earthly Survival, y con la psicóloga y filósofa Vinciane Despret]. Juntos llevaron la idea de los parentescos hasta las últimas consecuencias. Camille y las Niñas y Niños del Compost surgieron de ese creativo cruce colectivo. En la narración, que ocupa un espacio temporal de cinco generaciones, se parte de la idea del florecimiento multiespecies. Los bebés que nacen son raros pero muy preciados, comparten progenitores y entablan asociaciones simbióticas con otras especies.

Está claro que Las historias de Camille se inscriben en el terreno de la ciencia ficción, pero son también una hermosa metáfora de la aceptación de la diversidad, de la acogida y de la búsqueda de refugios, de los lazos de solidaridad y cooperación entre todas las criaturas del planeta, del “resurgimiento y florecimiento multiespecies” al que se refiere la visionaria Haraway, “de la práctica de reparación de lugares dañados”, a la que alude una y otra vez, tan necesaria ya en el ahora. 

La creación, el juego creativo como impulsor de relaciones, de búsquedas, de armonías, está muy presente en la entrega. Las figuras de cuerdas y los arrecifes de coral de croché son proyectos de colaboración que visibilizan ideas, filosofías, caminos de vida, de equilibrio, solidaridad y belleza. Se trata de colectivos que tejen y siguen tirando del hilo para encontrar respuestas, posibles soluciones en compañía, en pos del florecimiento entre especies. Tiene que ver, como dice la autora, con “transmitir conexiones que importan, sobre contar historias con manos sobre manos”.

La obra de Donna Haraway no se queda en el terreno meramente lúdico, especulativo, teórico, utópico. En Seguir con el problema hay fabulación y diálogos enriquecedores en los que se enredan soñadores, investigadores, creadores y activistas, pero estos no solo nos regalan sus ideas sino que son capaces de poner en marcha proyectos, experimentos, alternativas que van abriendo camino. Entre los muchos méritos de este ensayo está el de acercarnos a experiencias y aventuras que desconocemos en la uniformada realidad que las noticias de actualidad nos muestran.

Me pregunto llegada a este punto, como tantas otras veces, qué pasaría si los modelos que tanto se promociona no fueran banqueros, empresarios y futbolistas de éxito, si los espacios mediáticos fuesen ocupados por buscadores de nuevos horizontes, por tantas personas que trabajan, muchas veces de manera anónima, desde la precariedad y la sobriedad, por imaginar y hacer posibles otros mundos. Sí, muchos hombres y mujeres hoy, aquí y ahora, están pensando, tejiendo, propuestas para seguir adelante con el problema. Imposible dar cuenta en este artículo de todos los nombres y trabajos a los que alude Donna Haraway en un libro que también es un tapiz de complicidades, de afinidades.

De la ya mencionada Anna Tsing, a la que presenta como conocedora de los tejidos del capitalismo heterogéneo, el globalismo, los mundos viajeros y los sitios locales, Haraway toma el bellísimo lema, propósito, de “las artes de vivir en un planeta dañado, título de un libro que lleva como subtítulo “La posibilidad de vida en las ruinas capitalistas”.

Vivimos en tiempos de urgencia que necesitan historias y las historias, las sendas, propuestas y ejemplos de los que parte Tsing inspiran a Haraway. Frente a la precariedad y el fracaso de las mentirosas promesas del Progreso Moderno, esta investigadora busca “erupciones de vitalidad inesperada y prácticas contaminadas y no deterministas, continuas e inacabadas, del vivir entre ruinas”. Y fija la atención en la especie de setas matsutake, que con su tipo de supervivencia colaborativa y su “predisposición a surgir en paisajes erosionados nos permite explorar las ruinas que se han transformado en nuestro hogar colectivo” y “nos guía hacia coexistencias posibles dentro de la turbulencia medioambiental”.

En la misma línea, resulta apasionante lo que se cuenta sobre los arrecifes de coral, “con todo lo que necesitan para la continuidad de la vida y la muerte de su miríada de bichos”. La alta biodiversidad de este ecosistema marino es una inspiración permanente. “Los corales, junto con los líquenes, son también una de las primeras instancias de simbiosis reconocidas por los biólogos; son los bichos que les enseñan a entender la estrechez mental de sus propias ideas sobre individuos y colectivos. Estos bichos enseñaron a gente como yo que todos somos líquenes, corales. Además, los arrecifes de aguas profundas en algunos lugares parecen ser capaces de funcionar como refugios para el reabastecimiento de corales dañados en aguas menos profundas. Los arrecifes de coral son los bosques del mar...”, vamos leyendo.

LA ESPECIE DE SETAS MATSUTAKE, CON SU TIPO DE SUPERVIVENCIA COLABORATIVA Y SU “PREDISPOSICIÓN A SURGIR EN PAISAJES EROSIONADOS NOS GUÍA HACIA COEXISTENCIAS POSIBLES DENTRO DE LA TURBULENCIA MEDIOAMBIENTAL”.

Los bosques, tan diezmados en nuestra época, la necesidad de su bienestar, “una de las las prioridades más urgentes para el florecimiento –y, de hecho, para la supervivencia– a lo largo y ancho de la tierra”, ocupan, por supuesto la atención de la autora. Y el Ártico, que “se está calentando al doble de velocidad de la tasa media global”. Nos dice al respecto Haraway que “una tormenta geofísica y geopolítica de proporciones inauditas está cambiando prácticas de vivir y morir en el norte. Las coaliciones de pueblos y bichos haciendo frente a esta tormenta son críticas para las posibilidades de resurgimiento de los poderes de la tierra”.

Otro compañero de ruta en Seguir con el problema es el filósofo ecológico y etnógrafo multiespecies Thom van Dooren, quien también aborda en su trabajo “las complejidades del vivir en tiempos de extinción, exterminio y recuperación parcial”, a través de sus observaciones y análisis de campo con especies de pájaros que viven en el límite de la extinción. En sus publicaciones el científico se refiere, por ejemplo, a la conservación de los cuervos de Hawái, “cuyos hogares y alimentos en los bosques, así como sus amistades, sus polluelos y parejas han desaparecido en su gran mayoría”. Como nos dice Haraway “Van Dooren argumenta que no son solo las personas quienes lloran la pérdida de sus seres queridos, de sus lugares o formas de vida, sino que otros seres también se ponen de luto. Los córvidos también lloran sus pérdidas. La cuestión está en las ciencias bioconductuales y la historia natural íntima; ni la capacidad ni la práctica del duelo son especialidades humanas. Fuera de los dudosos privilegios del excepcionalismo humano, las personas pensantes tienen que aprender a llorar-la-muerte-con”.

Llegada a este punto no me puedo resistir a transcribir el hermoso párrafo en el que la ensayista se refiere al duelo compartido. “El duelo trata sobre convivir con una pérdida y llegar a apreciar lo que significa, sobre cómo ha cambiado al mundo y cómo nosotros debemos cambiar y renovar nuestras relaciones si queremos seguir adelante a partir de aquí. En este contexto, el duelo genuino debería abrirnos a una conciencia de nuestra dependencia de y nuestras relaciones con esas innumerables alteridades llevadas al límite de la extinción (…) La aflicción por la muerte es un sendero hacia la comprensión del enredo de vivir y morir; los seres humanos deben afligirse con, ya que estamos dentro y somos parte de esta tela del deshacer...”

En este ensayo hay interesantes historias de relación entre animales y seres humanos a lo largo del tiempo. Las palomas, por ejemplo, que tanto reclaman nuestra atención por el daño ecológico y el trastorno biosocial que provocan en las urbes, son protagonistas de aventuras muy antiguas y también de novedosas experiencias. Haraway se detiene en la pasión colombófila, nos acerca a relatos de palomas viajeras y mensajeras, nos invita a conocer palomares como el de Batman Park en Melbourne, “construido en los años noventa para atraer a las palomas y alejarlas de las calles y edificios de la ciudad”, y nos habla de un equipo de ingeniería, arte e investigación de California que tiene a estas aves como compañeras “en proyectos de justicia medioambiental que buscan reparar barrios y relaciones sociales deterioradas”.

Las palomas de carrera bien equipadas son capaces de recoger datos constantes de contaminación atmosférica en tiempo real, al moverse por el aire a alturas inaccesibles a los instrumentos gubernamentales, y también por el suelo, desde donde son lanzadas para que vuelen de regreso a sus hogares”, vamos leyendo. Os aseguro que os sorprenderá saber más de esta unión de pájaros, tecnología y personas que demuestra la eficacia de la colaboración multiespecies.

Los detalles importan. Los detalles enlazan seres reales a respons-habilidades reales”, señala Haraway, quien da cuenta de muchos más proyectos en marcha, llevados a cabo por colectivos, por activistas que desarrollan fuertes movimientos de justicia social y medioambiental, muchos de ellos liderados por comunidades y organizaciones indígenas. Merece mucho la pena conocerlos, constatar que las cosas se mueven, que los hilos siguen enredándose, construyendo posibilidades de futuro.

Consciente de que me dejo muchas cosas fuera, pese a la extensión de este texto, quiero terminarlo con la reflexión que hace la autora sobre el sentido de Seguir con el problema, un ensayo que parte de un planteamiento básico, lo que puede “llegar a significar el pensamiento en la civilización en la que nos encontramos”.

¿Cómo reemprendemos una aventura colectiva que es múltiple e incesantemente reinventada, no sobre una base individual, sino de manera tal que pase el testigo, es decir, que afirme nuevas obviedades y nuevas incógnitas?”, se preguntaY prosigue: “Tenemos que pasar el relevo de alguna manera, heredar el problema y reinventar las condiciones para un florecimiento multiespecies, no solo en un tiempo de incesantes guerras y genocidios humanos, sino en un tiempo de extinciones masivas y genocidios multiespecies impulsados que arrastran a personas y bichos a un torbellino. Tenemos que “atrevernos a ‘generar’ el relevo; es decir, crear, fabular, para no desesperar; para quizás llegar a inducir una transformación...” Os lo decía, si a algo impulsa Donna Haraway es a no rendirse. No dejemos de pensar, de imaginar, de actuar. Pese a todo, no nos rindamos.

Donna Haraway con Cayenne

Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno» de Donna Haraway, ha sido publicado por la editorial Consonni. Con traducción de Helen Torres.

El mundo que necesitamos, diálogo entre Donna Haraway y Marta Segarra, ha sido publicado por Icaria. Edición y notas de Fernanda Bustamante Escalona.

Unirme a la lista de correo de Lecturas Sumergidas

.

Marina Garcés. Escola d’aprenents

Marina Garcés (@MarinaGarces) | Twitter

<< L’educació és el substrat de la convivència, el taller on s’assagen les formes de vida possible. Per això el capitalisme cognitiu s’ha pres seriosament la tasca d’assaltar tots els seus camps: l’educació formal i la informal, els recursos, les eines i les metodologies. La presencialitat i la virtualitat. La infància i la formació al llarg de tota la vida. L’educació no només és un gran negoci. És un camp de batalla on la societat reparteix, de manera desigual, els seus futurs. Diuen els pedagogs que cal canviar-ho tot, perquè el món ha canviat per sempre. Aquesta afirmació amaga les preguntes que ens fan més por: de què serveix saber quan no sabem com viure? Per què aprendre quan no podem imaginar el futur? Aquestes preguntes són el mirall on no ens volem mirar. Ens fa vergonya no tenir respostes i sempre és més fàcil disparar contra mestres i educadors. Com volem ser educats? Aquesta és la pregunta que una societat que es vulgui mirar a la cara hauria d’atrevir-se a compartir. Ens implica a tots. Tots som aprenents al taller on s’assagen les formes de vida possible. Educar no és aplicar un programa. Educar és l’art d’acollir l’existència, elaborar la consciència i disputar els futurs. Dins i fora de les escoles, l’educació és una invitació: la invitació a prendre el risc d’aprendre junts, contra les servituds del propi temps. >>

Marina Garcés, Escola d’aprenents, Galaxia Gutemberg, 2020.

En aquest enllaç trobareu un vídeo on la filósofa Marina Garcés parla del seu darrer assaig tot conversant amb Xavier Graset:

https://www.ccma.cat/tv3/alacarta/mes-324/la-filosofa-marina-garces-ens-presenta-el-seu-darrer-assaig-escola-daprenents/video/6069980/

Marina Garcés: “La nostra servitud és potser la més perversa de la història  perquè és voluntària i poc visible” | Cultura | EL PAÍS Catalunya
La filòsofa Marina Garcés. ©ALBERT GARCIA (El País)

.

Los humanos solo somos uno más. Francis Hallé

El botánico Francis Hallé cree que ha llegado el momento de reconocernos como otra más de las especies que habitan el planeta. Su libro ‘La vida de los árboles’ sostiene que. como depuradoras de aire, son herramientas de futuro con un pasado arraigado

ANATXU ZABALBEASCOA – 3 NOV 2020 – 

Ilustración de Francis Hallé para un taller en la Fundación Cartier de París,
Ilustración de Francis Hallé para un taller en la Fundación Cartier de París.

“Solo me dedico a plantar árboles: sé que soy demasiado viejo y que no disfrutaré de sus frutos ni de su sombra, pero no veo una manera mejor de ocuparme del porvenir”. Jean Giono escribió esto en El hombre que plantaba árboles (1953).

Lo único que pide un árbol es que se le deje en paz. Discretos, totalmente pacíficos y extraordinariamente autónomos, los árboles son muy útiles para los humanos. Por eso el biólogo y botánico Francis Hallé (82 años) lleva media vida tratando de demostrarlo con libros y conferencias. La que dio en 2011, La vida de los árboles (Gustavo Gili), acaba de ser traducida por Cristina Zelich. En ella parte de que el 90% de la biomasa, es decir, el peso acumulado de todo lo que está vivo, está compuesto de árboles. Para afirmar que si eres comerciante, pescador, músico, arzobispo o médico, tarde o temprano tendrás la impresión de estar perdiendo el tiempo. Solo existe una excepción: si plantas árboles seguro que lo que haces está bien.

Hallé deja claro que no todo el mundo valora igual la importancia de los árboles. Cuenta que en Esperando a Godot (1952) Samuel Beckett hace decir a Estragón, uno de sus personajes: “el árbol no sirve para nada, solo puede servir para que uno se ahorque”. Y recuerda que, siendo presidente de Estados Unidos, cuando Ronald Reagan fue a visitar las secuoyas de California, la visita fue breve: “vista una, vistas todas”, dijo.

Él remite al ensayista y poeta Francis Ponge para establecer que “los animales equivalen a lo oral y las plantas a lo escrito”. Por eso cita una frase certera de Valéry, “el árbol deja ver su tiempo”, escrita en el Diálogo del árbol. Para Hallé, un árbol es “el tiempo hecho visible”.

Los humanos solo somos uno más

Algunos árboles son potencialmente inmortales. El Pinus Longaeva, californiano, tiene 5.000 años. Germinaron cuando los faraones egipcios construían las pirámides. Aunque Hallé señala que el más antiguo actualmente es un acebo real que está en Tasmania y data del Pleistoceno, la era geológica anterior a la actual: tiene 43.000 años. Está convencido de que se encontrarán más antiguos.

Nelson Mandela pasó 27 años encarcelado en la isla de Robben, frente a la Ciudad del Cabo. Siempre contó que logró sobrevivir gracias a los bidones donde cultivaba plantas. Comenzó sembrando para sus compañeros de celda. Luego pasó a hacerlo para todos los prisioneros. Terminó plantando para toda la isla de Robben. También árboles frutales. “Estoy en prisión, pero mis plantas son libres”, dijo. Y Hallé recuerda que “los árboles necesitan muy poco y logran mucho”. No solo frenan el viento, también dan sombra y frutos, protegen las cosechas, vallan sin separar, también son fundamentales para terminar con la polución. Consumen CO2. Un árbol es una depuradora de aire. También parece un salvoconducto frente al cambio climático, basta con unas hectáreas de bosque para que llueva.

Tenemos 26.000 genes. Nacemos y morimos con ellos. Pero algunos se desactivan con el paso de los años. El arroz tiene muchos más genes que nosotros porque esta más evolucionado. El genetista Axel Kahn explica por qué: “Intentad pasar el invierno con los pies metidos en agua fría, alimentándoos exclusivamente de un sol pálido de dióxido de carbono. Nuestro genoma es demasiado pequeño para alcanzar ese tipo de rendimiento. Las plantas son mucho más resistentes que nosotros porque tienen muchos más genes. “Han ido más lejos en su dirección que nosotros en la nuestra”, añade Hallé.

Ilustración de Francis Hallé para 'The Atlas of poetic botany'.
Ilustración de Francis Hallé para ‘The Atlas of poetic botany’. MIT PRESS

El libro es en realidad una conferencia que el botánico y biólogo dio hace una década e incluye las preguntas del público y las respuestas del conferenciante. En él habla de la comunicación entre los árboles, algo que hacía reír al mundo hasta que en 1990, en la Universidad de Pretoria, en Sudáfrica, Wouter Van Hoven demostró que las acacias caffra se comunicaban para evitar ser devoradas por los antílopes Kudús. Lo hacían cambiando la bioquímica de sus hojas, volviéndose tóxicas y poniéndose a favor del viento. No son las raíces la vía de comunicación de los árboles, son sus hojas que, en un tamaño diminuto, también se encuentran en las raíces.

Los árboles son testigos del tiempo. Y el tiempo ha enseñado a acompañarlos, a tratarlos y a aprovecharlos. Hallé explica por qué en Suiza una casa hecha de madera puede durar cientos de años y por qué pueden existir hasta chimeneas de madera: “Hay que cortar la leña para la calefacción en la fase creciente y la madera para los edificios en la decreciente”. En pleno invierno, cuando la luna es invisible, es cuando los leñadores que trabajan para hacer Stradivarius talan sus árboles.

Buda Gautama supo ver la generosidad de los árboles: “Tan generosos que ofrecen su sombra a quienes van a cortarlo”. Y Hallé lo cuenta en su libro. Al diferencia de Mandela, él no ha vivido nunca en la cárcel, pero durante la ocupación alemana vivió con su familia (de nueve personas) en un terreno que no medía ni una hectárea. Su padre, que era agrónomo, cultivó plantas para todos, incluso para sus vecinos. Desde entonces, desde su infancia, para Hallé los árboles son el lugar donde sacar frutos y leña. “Son la solución. Siempre lo serán”.

.

Hallowen, festividad celta

Jack-o'-Lantern 2003-10-31.jpg
Una Jack-o’-lantern, uno de los símbolos de Halloween

Samain (Samhain en irlandésSamhainn ou Samhuinn en gaélico escocés, Sauin en mannois), pronunciado /ˈsɑːwɪn/, /ˈsaʊ.ɪn/, ou /ˈsaʊn/ es la primera de las cuatro grandes fiestas religiosas del año céltico protohistórico, celebrado en torno de nuestro 1 de noviembre. Es también el nombre de Halloween (una contracción de “All Hallows’ evening”) y del mes de noviembre en las lenguas gaélicas. Esta festividad viene después de Lugnasad y antes de Yule, y marca el inicio del periodo sombrío del año. Es una fiesta de transición — el paso de un año al siguiente — y de apertura hacia el Otro mundo, el de los dioses (el Sidh). Es propicia a los acontecimientos mágicos y míticos. Su importancia en los Celtas es incontestable, pues la reencontramos en la Gala bajo el nombre de Tri nox Samoni (las tres noches de Samain), durante el mes de Samonios (en torno al mes de noviembre), en el calendario de Coligny.

El calendario celta dividía el año en dos partes, la mitad oscura comenzaba en el mes de Samonios (lunación octubre-noviembre), y la mitad clara, a partir del mes de Giamonios (lunación abril-mayo). Se consideraba que el año empezaba con la mitad oscura; así, Samonios se convertía en el año nuevo celta. Todos los meses comenzaban con la luna llena, y la celebración del año nuevo tomaba lugar durante las «tres noches de Samonios», la luna llena más cercana entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno. Las lunas llenas marcaban el punto medio de cada mitad del año durante las cuales se celebraban festivales. El calendario de Coligny marca la luna de pleno verano; sin embargo, omite la de pleno invierno. El calendario fue diseñado para alinear las lunaciones con el ciclo agrícola, y la posición astronómica exacta del Sol se consideraba menos importante.

En la Irlanda medieval, Samhain permaneció como la principal festividad, celebrada con una gran asamblea en la corte real de Tara, durando tres noches, consistente con el testimonio galo.

En la mitología celta, los sidhe, o pueblos feéricos, también celebraban Samhain; al parecer, ellos fueron los que patrocinaban la Fiesta de los Muertos. En la víspera de noviembre las hadas podían tomar maridos mortales y se abrían todas las grutas de las hadas para que cualquier mortal que fuera lo suficientemente valiente pudiera echar un vistazo en aquellos dominios, para admirar sus palacios llenos de tesoros. Pero eran pocos los celtas que se aventuraban voluntariamente en aquel reino encantado, pues sentían por las hadas un gran respeto, teñido de terror. La festividad celta se describe como una comunión con los espíritus de los difuntos que, en esta fecha, tenían autorización para caminar entre los vivos, dándosele a la gente la oportunidad de reunirse con sus antepasados muertos. Para mantener a los espíritus contentos y alejar a los malos de sus hogares, dejaban comida fuera, una tradición que se convirtió en lo que hoy hacen los niños yendo de casa en casa pidiendo dulces.

Después de que los romanos conquistaran gran parte de los territorios celtas, estos influyeron en el mundo céltico con sus festivales a la diosa romana de la cosecha, Pomona. Más tarde, los cristianos calificaron las celebraciones celtas como una práctica herética, y con este pretexto destruyeron gran cantidad de la cultura, monumentos y tradiciones celtas, para afianzar su dominio político y social del viejo continente. Fue la época de sometimiento de los pueblos libres paganos, que eran convertidos al cristianismo demonizando sus creencias y adoptando sus festivales. Así, el de Samain se convirtió en el día de Todos los Santos, de donde deriva el nombre inglés de Halloween.

Por el Samhain era costumbre vaciar nabos (posteriormente calabazas, debido a una tradición irlandesa) para ponerles dentro velas. Varios siglos después, esta tradición (que renace en la actualidad gracias al movimiento neopagano) tiene continuidad en el actual Halloween, exportación de los irlandeses a Estados Unidos en el siglo XIX y principios del XX.



Bona castanyada i suculents panellets malgrat les restriccions, llobes!

.

https://es.wikipedia.org/wiki/Samhain

https://es.wikipedia.org/wiki/Halloween

Poder del sueño

.

Los seres humanos siempre se han sentido cautivados por los sueños y por el misterioso poder que transmiten sus imágenes. El antiguo Egipto nos ha legado insólitos sumarios de fragmentos oníricos, cada uno acompañado de su puntual interpretación, que se remontan al segundo milenio a.C. Dos son las grandes perplejidades que a lo largo de los siglos han fascinado a la imaginación humana: por una parte, el significado que tienen los sueños en relación con nuestra vida y personalidad; por otra, el grado de realidad que podemos atribuirles. Por ejemplo, algunos durmientes acceden a imágenes oníricas premonitorias que luego son constatadas con toda exactitud en el mundo de la vigilia. Este dilema plantea la duda ontológica de si un sueño es igual de real que los hechos que acontecen en nuestra vida. Todas estas cuestiones gravitan sobre los textos literarios de la presente antología, que se inicia con un sugerente corpus inédito de antiguas narraciones chinas y prosigue con una notable nómina de autores occidentales tan heterogéneos como Apuleyo, Prosper Mérimée, Edgar Allan Poe, Théophile Gautier, Ambrose Bierce, Ksaver Šandor Gjalski, Jean Lorrain, Rudyard Kipling, H. G. Wells, Oliver Onions, W. Somerset Maugham, Bruno Schulz, Vladimir Nabokov, Louis Golding, Henry Kuttner y C. L. Moore, Luisa Mercedes Levinson, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Bernard Groethuysen.

Poder del sueño. Relatos antiguos y modernos reunidos y presentados por Roger Caillois, Atalanta, 2020.

En portada: Escena de una bacanal, Richard Dadd, 1862.

.

.

Os recuerdo que acerca del mundo de los sueños encontraréis también en Atalanta, El mundo bajo los párpados de Jacobo Siruela.

.

Aurora Luque: «La única revolución progresista en marcha es la feminista, global e imparable»

por Javier Gilabert / Fernando Jaén | Septiembre 2020

Aurora LuqueAurora Luque (selfie confinada)

Aurora Luque nació en Almería en 1962 y pasó su infancia en Cádiar, la Alpujarra granadina. Estudió en Granada, en cuya Universidad se licenció en Filología Clásica en 1987. Es profesora de Griego Clásico en la ciudad de Málaga; escritora, poeta, articulista, editora, traductora de, entre otros, Meleagro, Safo, María Lainá, Louisa Labé o Renée Vivien. 

Aurora Luque es poeta del amor, del mar y de la noche, del gusto por la vida, los sabores, los tactos y los aromas, del paso implacable del tiempo y la vecina muerte. También de la ironía, del juicio crítico y el escepticismo. Mujer viajera, nos lleva por ciudades o islas, abraza los siglos, los recrea y los honra en sus escritoras, músicos o pintores con quienes a menudo dialoga. Nos hace mirar con mirada de cine, renueva las metáforas de la naturaleza o la publicidad y actualiza una y otra vez el mundo clásico. Recorrer sus poemas, pudiera ser un sentirse embarcado en el ritmo vivo de la palabra y sus sonidos, pero también a menudo releer, recordar, investigar y comprender.   Sentir y aprender en el viaje. 

Fernando Jaén: ‘Gavieras’, con el que has obtenido el prestigioso XXXII Premio Loewe, es un libro que nos lleva de viaje por el mundo clásico, subidos al mástil de la historia. La poeta que escribe las historias de estas mujeres desde la atalaya de su navío, ¿lo hace mirando al presente, al pasado o al futuro que vislumbra? ¿Qué testimonio te ha faltado por incorporar en este magnífico poemario?

Aurora Luque: El viaje por el mundo clásico es apasionante siempre que se emprenda como búsqueda de tesoros reciclables, de restos palpitantes, de ideas todavía estimulantes y vivas. Más que escribir historias de mujeres, dialogo con ellas en algunos momentos críticos y audaces de sus trayectorias. Y les pregunto por cosas que sintieron y aprendieron pero que no quedaron recogidas en los relatos canónicos. Los mitos nos permiten todo eso: darles la vuelta y mirar lo que esconden por detrás, sus penumbras.

F.J.: En ‘Gavieras’ reivindicas la voz de personajes femeninos silenciados y tergiversados por la historia, como Medusa o Anfitrite, la diosa del mar en calma enfrentada a la imagen de un Neptuno furioso y desatado. ¿Es tu poesía una forma de reparar tanto olvido? ¿Se puede aún restaurar la imagen distorsionada que nos ha llegado de alguna de estas figuras clásicas? 

Aurora Luque: La reparación estaría en cada lectura, en cada lector y lectora. Yo me limito a cantar: a recordar, a celebrar o a lamentar. No soy abogada de Medusa o de Dafne, ni experta en restauración. Pero escucho cómo susurran todavía, cómo protestan y quieren contarnos otras versiones que difieren del relato oficial. De verdad, hablan ellas. Yo sólo escucho y transcribo. Presento. No invento. El germen de sus disidencias ya lo pusieron los poetas antiguos: Eurípides nos hace empatizar con Medea.

«La vida está hecha de lenguaje y la poesía es el mayor ejercicio de rebeldía e indagación que se hace con/sobre él»

Javier Gilabert: El compromiso es una constante en ‘Personal y político’, tu poemario anterior, pero también está presente en ‘Gavieras’. De hecho, ambos libros están conectados mediante un poema. ¿Es el mismo compromiso el que se entrevera en ambos poemarios? ¿Por qué es necesario el compromiso en la literatura y en la poesía?

Aurora Luque: Porque la vida está hecha de lenguaje y la poesía es el mayor ejercicio de rebeldía e indagación que se hace con/sobre él. Ante los discursos falsificadores y manipuladores, la poesía es la encargada de gritar que el emperador va desnudo. 

El compromiso de los escritores con su presente es ineludible: en mi caso defiendo la utopía feminista y por ello he dedicado mucho tiempo y energía al rescate de antepasadas aplastadas por la misoginia y sus olvidos: Renée Vivien, Mercedes Matamoros, la dramaturga ilustrada María Rosa de Gálvez, la embajadora y escritora republicana Isabel Oyarzábal…

F.J.: Descubro en la segunda parte de ‘Gavieras’ un poema dedicado a la gran (debo confesar que me fascina su obra) Chantal Maillard, ‘Mailardiana’, ¿qué relación te une a esta «noctívaga» poeta?

Aurora Luque: Somos amigas y vecinas en Málaga. No es noctívaga en absoluto. Nadie está indagando con tanta penetración en el dolor como ella. Su poesía nace de la tremenda clarividencia de la filósofa que también es. Su Medea varada es potentísima. 

J.G.: En el recientemente publicado ‘Grecorromanas’ recuperas una serie de autoras de la Antigüedad Clásica olvidadas por la tradición literaria. Desde el s. VII a.C. hasta el IV d.C. ¿Da la tradición literaria andaluza para una antología similar? ¿Crees que nuestras autoras contemporáneas necesitarán en el futuro que alguien realice con su obra una labor parecida, o por fin las cosas están cambiando de verdad?

Aurora Luque: Creo que las cosas han cambiado sustancialmente desde los años ochenta, con Juana Castro y Ana Rossetti. Pero, ay, la libertad es frágil y ya sabemos lo fortísima que se muestra la reacción antifeminista en nuestro país. Ocho años -pongamos- de gobierno de derecha cuasifascista nos harían volver a niveles de desigualdad casi preconstitucionales. Lo temo de verdad. Ayer (12 de septiembre de 2020) paseé por un pueblo costero de Málaga y la presencia de signos reaccionarios en balcones e indumentarias era abrumadora. No es cosa frívola. Hay una hostilidad tremenda a los logros conseguidos por las mujeres libres. 

Se odia la realidad, y la realidad es que la única revolución progresista en marcha es la feminista, global e imparable. Pero el antifeminismo está incluso en las firmas de los grandes periódicos: lo llaman ‘ir contra lo políticamente correcto’, pero es misoginia pura y dura. 

«Hay una hostilidad tremenda a los logros conseguidos por las mujeres libres»

J.G.: Tu traducción de ‘Si no, el invierno. Fragmentos de Safo’, de Anne Carson, editado el pasado otoño, vuelve a estar de actualidad gracias a que recientemente dicha autora fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Letras. ¿En qué medida ha influido en tu obra la autora canadiense? ¿La ves como ganadora del Nobel? 

Aurora Luque: Ojalá consiga el galardón sueco, su poesía lo merece. La he leído en los últimos años: ojalá hubiera podido encontrar una escritura como la suya en mis años de formación. Lo que admiro más en Carson es su absoluta libertad: hace lo que le apetece, mezcla géneros hasta extremos extravagantes, une a Cátulo con su hermano; a Keats con su marido y con el tango; a Simónides con Paul Celan y recicla a Estesícoro en clave anglosajona. Envidio esa libertad insolente.

F.J.: Hay una corriente en la actualidad que pretende reescribir los mitos desde una mirada contemporánea, femenina y alejada de los antiguos valores clásicos que se le han atribuido al sexo femenino. Ejemplos de esta corriente son el poemario ‘Medea’ de Maillard, la revisión de Penélope, de Margaret Atwood o ‘Circe’ de Madeline Miller. ¿Por qué se hace tan necesario actualizar estas figuras clásicas y reivindicarlas desde un nuevo enfoque? ¿Qué es lo que atrae de este mundo clásico y qué enseñanzas se pueden extraer y aplicar a nuestra sociedad actual?

Aurora Luque: Los mitos son tan elásticos y flexibles que no han envejecido ni caducado en absoluto. Contienen capas y capas de significados. Los propios poetas griegos nos ofrecieron ya variaciones sobre ellos. Y además nuestra sociedad no es tan distinta de la que creó esos mitos: subsiste el mismo durísimo esqueleto patriarcal. Mujeres que esperan pasivamente (Penélope), que son acosadas (Dafne) o violadas y culpadas por ello (Medusa), o repudiadas y humilladas por reyes (Medea) o condenadas a muerte por mostrarse rebeldes (Antígona)… Todas ellas podrían haber sufrido lo mismo en la dictadura franquista o en un régimen islamofascista actual. El enfoque nuevo está en escuchar sus argumentos: escuchar al Otro. A la Otra, a las Otras. Decir ‘basta’ e inventar otro contenido para la vieja caja de Pandora. 

«Los mitos son tan elásticos y flexibles que no han envejecido ni caducado en absoluto»

F.J.: La edición y los textos de Safo que traduces en el fantástico ‘Safo, poemas y testimonios’ para Acantilado constituyen un trabajo memorable. ¿Con qué dificultades te has encontrado a la hora de recopilar y traducir sus textos? ¿Has incluido material novedoso con respecto a otras recopilaciones? ¿Qué peso tiene la obra de esta poeta con mayúsculas en tu obra y en la historia de la poesía occidental?

Aurora Luque: Sí, he incorporado los textos de algunos poemas descubiertos en este siglo, en 2004 y 2014, en papiros muy fragmentarios, pero legibles. La papirología nos concede estos regalos. Hay un poema nuevo completo, la ‘Canción de los hermanos’. Las dificultades al traducir a Safo son de dos tipos: de un lado, las que provienen del deterioro textual de los fragmentos; de otro lado está el peso de todas las traducciones ya existentes, que están ahí, vigilantes. Safo es la primera poeta de Occidente y resulta que es excelente, como Homero lo es en lo suyo. Safo inventa/traduce el amor y el deseo como experiencias humanas íntimas con una complejidad y hondura inigualables y con una belleza deslumbrante. ¿Cómo no aprender de ella? Todos los grandes romanos fueron sus discípulos rendidos: Horacio, Catulo, Ovidio… No ha dejado de enseñarnos en veintiséis siglos. Tiene algo nuevo que contar en cada época.

F.J.: Destacan en tu producción poética, entre otros, títulos como ‘Problemas de doblaje’ (Accésit al premio Adonais), ‘Carpe noctem’, ‘Transitoria’, ‘Camaradas de Ícaro’, ‘Haikus de Narila’ y ‘La siesta de Epicuro’. ‘Fabricación de las islas (Poesía y metapoesía)’, es una antología de tu obra publicada en Pre-Textos y realizada y prologada por Josefa Álvarez Valadés, nos da una idea del peso y trascendencia de tu poesía. Esta edición cuenta además con un prefacio de Caballero Bonald. ¿Qué se siente al ser estudiada por grandes nombres como estos?

Aurora Luque: Mucha gratitud por las palabras generosas de mi admirado Caballero Bonald. La profesora Álvarez Valadés se ocupa desde hace quince años de mis libros con inteligencia y viva erudición: gratitud enorme, porque ha sabido estudiarlos desde ángulos diferentes con una mirada que los enriquece y clarifica. Aprendo inesperadas cosas de mí misma cuando leo sus artículos. 

F.J.: Tus reflexiones sobre la poesía, los poetas y la traducción literaria se recogen en tu curioso texto ‘Una extraña industria’. ¿Qué cimientos de la tradición poética abordas en este libro?

Aurora Luque: Es una recopilación de artículos y reseñas previamente publicados, editada por la universidad de Valladolid en 2008, con una maravillosa fotografía de Juan Bonilla en la cubierta y un admirable y consistente prólogo de José Andújar. Ahí están mis obsesiones: el mar primordial, la poesía como incubadora de utopías, los lemas éticos y estéticos que derivan de mi plagio horaciano (carpe noctem, carpe mare, carpe verbum, carpe amorem…) Y los y las poetas que he ido encontrando y amando a lo largo de mi vida.

«Juan Ramón no habría llegado a ser lo que es sin una traductora de poesía americana a su lado»

J.G.: ¿Traducir poesía es un ejercicio poético en sí mismo?

Aurora Luque: Si amas y respetas a la poesía, sí. Para mí es un apasionante entrenamiento, una especie de atletismo puro y solitario, un gimnasio en el que practicas desnuda. Es la lectura más honda que puede hacerse. Comencé a traducir a partir de la relectura repetida de los líricos griegos arcaicos. Ahora casi es un vicio. Traduzco por placer siempre. ¡Debemos tanto a los traductores-amantes de la poesía! Yo no estaría aquí si no hubiera leído a Hölderlin de la mano de Cernuda o si no hubiera tropezado con las versiones griegas de Joan Ferraté. Y, salvando las distancias gigantescas, Juan Ramón no habría llegado a ser lo que es sin una traductora de poesía americana a su lado.

‘Personal & político’ estaba más vinculado a la crisis de 2011, con la degeneración turística, las series de TV y sus héroes más ácidos, etc. ‘Gavieras’ es clamorosa, orgullosamente feminista en buena parte de sus textos. 

J.G.: “La cultura patriarcal ha evitado un modelo de mujer intelectual”, afirmas. ¿Estamos, por fin, ante un cambio de paradigma, o no se ha avanzado en ese sentido? ¿Qué modelo de mujer van a encontrar l@s lector@s de ‘Gavieras’ en sus páginas?

Aurora Luque: El feminismo ha venido para quedarse en el ámbito de los grandes logros intelectuales de la Humanidad, como los derechos humanos o la abolición de la esclavitud. La práctica política, ya sabemos, es otra cosa. La mujer intelectual no ha tenido referente simbólico: en la cultura judeocristiana no hay sabias, sólo madres-vírgenes, cuidadoras o prostitutas arrepentidas. A Teresa de Ávila se la deja estar por santa, no por doctora. Gloria Fuertes tuvo que disfrazarse de poeta infantil. Al rector de la UNAM no le parecía conveniente que María Zambrano diera clases de filosofía en la ciudad de México y la mandó a Morelia. Estaba todo por hacer.

El cambio de paradigma está en camino, sí, de consolidarse: quiero pensar que será irreversible.

En ‘Gavieras’ están la espigadora Agnès Varda, Poimenia la peregrina, la revolucionaria napolitana Eleonora Fonseca Pimentel, la exiliada Isabel Oyarzábal, la no-Marisol, Eurídice que cuenta su descensus ad inferos, la editora almeriense y gaviera Ana Santos Payán… Y las Danaides, un mito con el que ando obsesionada.

J.G.: Llegamos al “momento Carta Blanca”. Nos encantará que cierres esta entrevista como te apetezca.

Aurora Luque: Pues voy a hablar de los higos y de otras frutas, y de cómo nos acompañan y confortan las cosas más sencillas y gratuitas en los tiempos oscuros. 

Cuando ya había muerto, preguntaron a Adonis en el Hades qué era lo más hermoso que había dejado aquí arriba, en el mundo de los vivos. Y contestó: «Lo más hermoso que dejo es la luz del sol. Después, los astros luminosos y el rostro de la luna y los higos maduros, las manzanas, las peras».

Esto lo cuenta en un poema una mujer, Praxila de Sición, que se dedicaba a componer ‘paroinia’, canciones para acompañar el vino en los banquetes. Los listos de turno pensaron que Praxila había dado voz a un Adonis necio, porque mezclaba los higos y las peras con la luna y el sol, y se inventaron un refrán para escarnecer a Adonis y de paso a la autora de los versos: «Eres más tonto que el Adonis de Praxila». Yo, en cambio, creo que Adonis sentía nostalgia de lo verdaderamente valioso: el sabor de la fruta fresca y madura, la contemplación de los astros, por ejemplo. Digamos que es tarea de la poesía recordarnos la emoción de lo sencillo, el valor de lo primario, de los dones primordiales: la contemplación lenta del mundo y el placer de saborearlo, de cantarlo y celebrarlo con unos pocos buenos amigos. Afanes, ruidos, hipocresías, velocidad: de nada de eso sentiremos nostalgia. Unos higos frescos recogidos temprano en el árbol: a la memoria no la engañaremos. 

POEMAS DE AURORA LUQUE

Rumbo al este

Escucho al mediodía.
Un presidente torpe
poil de carotte
cerebro de boniato
manda bombardear
una noche de enero
un pedazo de Persia 
y mata a muchos.

A la noche siguiente
escucho en Radio Clásica
a Maja Vasiljevic:
…el tanbur, un instrumento clásico otomano que por la procedencia 
de sus maderas simboliza un amplio abrazo fraternal.
Se ensambla su cuerpo abovedado con tiras de maderas diferentes:
el arce flameado, la caoba, el nogal persa,
el árbol de bálsamo de Meca, el castaño español, el albaricoquero,
el palo de rosa de la India, el enebro de Grecia, la morera…

De pronto escucho hojas. Huelo maderas. Lloro.
Árboles veteranos, cobijo de la música.
Música voladora, cobijo de la noche.
Noche, cobijo mío,
¿no está pidiendo el mundo
una liberación 
como una danza?

Espigar

                                                  A Agnes Varda 
y al LP de La rosa del azafrán que había en mi casa


La segunda existencia de las cosas
derecho de espigueo
le glâneur / la glâneuse

un edicto del siglo dieciséis autorizaba 
a espigar a los pobres después de la cosecha tras la puesta del sol
y antes de amanecer

esta mañana muy tempranico
coros de espigadoras encerradas 
en un círculo negro de vinilo
hambre de trigos vístete de canciones 
hambre de canciones sáciate de pasiones diminutas 

por los carriles de los rastrojos
la espigada
la muchacha-espiga pasó a ser la mujer espigante

si a tu lado me aguarda un querer
no me importan los aires ni el sol
ni que arranques de cuajo la mies.

Agnes glâneuse de nuevo va a nombrar 
este desatendido microamor hacia el mundo

-Dos momentos son buenos 
para espigar moluscos en la arena
después de las tormentas fabulosas
o tras la alta marea
(pues llega la tormenta de la trágica muerte
desordena lo alzado en las orillas 
y has de salir descalza solitaria
a espigar los residuos de ánima y de ánimo
caracolas con un poco de carne
salada y comulgable)

Agnes ha regresado de Japón
la espigadora con su esportilla
entra en su casa vieja
trae su maleta llena de trouvailles
soy la hormiguita de los despojos
-Hormiguea y espiga, mas no pierdas 
tu musical carácter de cigarra
canta la dignidad de lo que arrastra vida con ahínco
nadie escriba por ti la canción de lo útil

por esos trigos van ellas solas
y se engalanan con amapolas
la mujer espigante pasó a ser la anciana espigadora

Agnes filma su mano izquierda con una 
cámara en la derecha
 y encuentra a un animal autónomo.
-Me gusta ser vieja, creo –dice. 

Y como tiene muy buenos ojos,
espiga a veces de los manojos 

Varda espiga espigadores.
Me quisiera enrolar
                                ser una de las suyas
en los silencios de horas despojadas 
contra el mundo que eleva vacíos deslumbrantes
y luminosas nadas flatulentas 
que fabrica furiosamente ruidos
y ficción de alimentos impolutos

ir detrás de las hoces
cuidando los descartes
espigas en el borde lodoso de la acequia
manzanas olvidadas en lo alto de las ramas 
la carne irregular la piel manchada
los malformados frutos 
las horas malvividas calientes y deformes
palabras averiadas
que olvidamos guardar 
y están a la intemperie entre los surcos

levantarse y volverse a agachar
todo el día a los aires y al sol 
si acaricio lo roto entre mis manos 
volverá a germinar

¿y si escribir no fuera 
sino un himno al final de la cosecha
sino un recolectar despreocupadas 
aceitunas o díscolas espigas
o un racimo en la helada

celebrar la segunda existencia de las cosas
recuperar la vida que acusaron de inútil
el amor del camino?

Ten memoria de mí, segadora.

La no Marisol

Este sueño insolente ventila un diminuto teatro de memoria
-microcámara negra que quisiste sellada-
la refresca y reanima aquel terror 
cándido y necrosado,
aquel de no acertar a sacar de tu boca tan torpe de ocho años
la palabra exigida, el candor elocuente.
Los vecinos, los amigos paternos, los tenderos, 
los tíos, los maestros                                       esperaban
que aquella niña flaca tan lectora
hablara bien, con gracia de muñeca parlante y bien criada.
No nacían palabras para ellos. 
                                                          Qué pavor, los adultos.
Qué inhóspitas sus fórmulas sus misas sus amenazas bíblicas 
sus pobres vaticinios sus ramplonas ideas de belleza sus cálculos
sus calderas de aceite hirviendo los pecados
sus marisoles
                                                 y sus risas.
Líquenes enfermizos implantaba aquel miedo
en los pliegues más húmedos del telón que colgaste.
Desde esa concha asalta todavía
un pánico ulcerante
no medicalizado 
a no entender las voces de la vida.

(De Gavieras)

Ha muerto Umberto Eco. Epitafio

Los dioses, nos tememos, son también imperfectos. 
No han sido diseñados satisfactoriamente. 
A unos falta elegancia, a otros misericordia.
Los hay tacaños, broncos, rencorosos, 
por exceso de celo, de justicia 
o de amor irritantemente puro. 
Nadie pensó en soñarlos eruditos. 
Si hubiera al menos ángeles leídos. 
Lo peor es, quizá, la Casa Eterna. 
No tienen bibliotecas en los cielos. 
                                                 Oh, sí, suplicaríamos 
por una tibia cápsula sin tiempo, alcanzada por voces 
de poetas amados. Mas ¿cómo se podría soportar 
la eterna eternidad sin libro alguno? 
Ese diseño habrá que mejorarlo. 

(Inédito en libro)

Carboneras, verano 2013

“Empápate de vino los pulmones
que ya llega la estrella del verano”.
Esto cantaba Alceo, señalando las cargas de molicie
y de sensualidades que traía el calor,
el centro de la vida. Llénate las entrañas 
con faenas de eros, que vendrán tiempos hoscos
cuando acabe el verano.

“Empápate de yodo los pulmones”, nos decía mi padre
al llegar a la playa cada agosto. Respirad hondo; así,
quedarán protegidos en invierno
contra todo catarro y pulmonía. Yo imaginaba dentro
un charquito de yodo reposado y oscuro,
como un vaso con restos de café.
Vinieron tiempos fríos. Una huella de aquel yodo marino
quizá conforte aún en las borrascas.

Empápate de luz azul los ojos.
Esta mañana de olas voluptuosas
arde el mundo de pura plenitud.
Arenas primordiales, azul denso, sol claro.
Guárdalo en la memoria, protegido, 
como licor que abrigue
cuando llegue el glaciar de la vejez.

(De Personal & político)

El ciclo. Equinoccio de otoño al Montseny


Vídeo de Koastal Forest

 

El sol de mediodía comienza a estar cada vez más bajo y las noches empiezan a volverse cada vez más largas. El verano está llegando a su fin para el hemisferio norte del planeta. El equinoccio de otoño llega este 22 de septiembre a las 15:31 (hora peninsular española), marcando oficialmente el comienzo del otoño en el hemisferio norte (entrada del Sol en el signo zodiacal de Libra), y el inicio de la primavera en el hemisferio sur. 

 

 

L’énergie en peinture: Fabienne Verdier sur France Culture

Fabienne Verdier en su taller de Hédouville con la serie Vortex .

“L’énergie en peinture”, série de 5 émissions avec Fabienne Verdier sur France Culture. À écouter. À savourer.

Comment devient-on peintre ? Dans cette série d’entretiens, Fabienne Verdier raconte son initiation à la peinture dès son enfance, avec son père, puis à l’école des Beaux-Arts à Toulouse. Nous la suivons en Chine où elle apprend l’art des lettrés, avant de revenir en France. Ses voyages en Suisse, en Italie, à Bruges, aux États-Unis, à Aix en Provence, au Canada sont autant de rencontres  avec les paysages, la musique, les mots, les sciences. Un parcours intellectuel autant qu’artistique qui nous fait réfléchir sur l’acte de peindre et ses rapports avec les fracas du monde et les joies de la vie.

“La energía en pintura”, ciclo de 5 programas (postcasts) con Fabienne Verdier en France Culture. A escuchar. A saborear.

¿Cómo convertirse en pintor? En esta serie de entrevistas, Fabienne Verdier relata su iniciación a la pintura desde su infancia, con su padre, luego en la Escuela de Bellas Artes de Toulouse. La seguimos a China, donde aprende el arte de los eruditos, antes de regresar a Francia. Sus viajes a Suiza, Italia, Brujas, Estados Unidos, Aix en Provence, Canadá son otros tantos encuentros con los paisajes, la música, las palabras, las ciencias. Un recorrido tanto intelectual como artístico que nos lleva a reflexionar sobre el acto de pintar y su relación con el bullicio del mundo y las alegrías de la vida.

  1. De Toulouse à Chongqing: https://www.franceculture.fr/emissions/a-voix-nue/fabienne-verdier-lenergie-en-peinture-15-de-toulouse-a-chongqing
  2. Le vieux maître Houang, la peinture et l’art du trait: https://www.franceculture.fr/emissions/a-voix-nue/fabienne-verdier-lenergie-en-peinture-25-le-vieux-maitre-huang-la-peinture-et-lart-du-trait
  3. Qu’est-ce que peindre?: https://www.franceculture.fr/emissions/a-voix-nue/fabienne-verdier-lenergie-en-peinture-35-quest-ce-que-peindre
  4. Des voyages à la musique: https://www.franceculture.fr/emissions/a-voix-nue/fabienne-verdier-lenergie-en-peinture-45-des-voyages-a-la-musique
  5. L’art, écriture de la vie: https://www.franceculture.fr/emissions/a-voix-nue/fabienne-verdier-lenergie-en-peinture-55-lart-ecriture-de-la-vie

https://www.franceculture.fr/emissions/series/fabienne-verdier-lenergie-en-peinture