Therigatha: poemas budistas de mujeres sabias

therigathaEl Therigatha (literalmente “Poemas de ancianas sabias” o de mujeres que han crecido en sabiduría) está considerado la primera antología universal de literatura femenina. Se trata de los poemas que transmitieron las primeras mujeres que se unieron a la orden budista. Por tanto, forman un testimonio de la máxima importancia para conocer el budismo de los orígenes, un material que más tarde fue incorporado en el canon budista en lengua pali. Su calidad espiritual y hondura literaria no tiene parangón. Y, sin embargo, hasta la fecha no habían sido traducidos ni publicados en español.

La presente edición ha sido cuidadosamente traducida por el poeta Jesús Aguado. Cada poema viene contextualizado (con el material biográfico disponible de cada autora) y se ha procurado que el resultado final sea lo más poético posible según los criterios estilísticos y retóricos de la lengua castellana.

http://editorialkairos.com/catalogo/therigatha


Después de quince días,
llena de sí la luna resplandece.
Haz lo mismo y sé sabia poco a poco

y con tu propia luz ábrete paso
por la densa ignorancia de la noche.

Punna


“¡Libre, soy libre! Libre de la cocina y del mortero. (…) Libre de mi marido insoportable. Libre también de la sombrilla bajo la que trenzaba cestas de bambú (recordarla me da escalofríos). Apenas un susurro, y me abandonan la lujuria y el odio. Y me siento a los pies de algún árbol frondoso y empiezo a meditar en la felicidad que me hace libre”. Así habló una de las primeras mujeres budistas, contemporáneas de Buda, y que recoge Therigatha (Kairós), que significa literalmente poemas de ancianas sabias, y que ha traducido, versionado e interpretado el poeta Jesús Aguado. Una colección de poemas considerada la primera antología universal de literatura femenina. “Su calidad y hondura propiamente literarias”, asegura Aguado, “ha sido atestiguada por todos los que las conocen, algunos de los cuales las igualan en importancia a las grandes composiciones de esos genios de la poesía y la espiritualidad de la India que fueron Kalidasa, Kabir, Mirabai. Forman, además, por ser contemporáneos del mismo Buda, un testimonio esencial para conocer el budismo de los orígenes según lo vivieron estas mujeres devotas y valientes que no dudaron en enfrentarse a las convenciones para conseguir la liberación y la iluminación”.

“Los hombres llevamos siglos siendo dueños del discurso. Ya nos toca sentarnos a escuchar en lugar de sentarnos a decir… Ellas tenían una relación directa con los acontecimientos del mundo. Hoy nuestra vida es muy compleja, nos desborda, y para no perderse en los laberintos del mundo contemporáneo hay que dejarse guiar por la sencillez y por la experiencia directa de lo cotidiano. Las verdades esenciales ya estaban contadas por ellas y muy bien contadas”. Jesús Aguado


http://www.lavanguardia.com/cultura/20161225/412853658284/jesus-aguado-amante-budismo-femenino.html


Naciendo en otra especie: reseña de Jesús Aguado

capital animal

expo_capital animal_casa encendida

Traigo a colación una reseña sobre la antología Naciendo en otra especie (ed. Plaza y Valdés) que presentamos en su momento en este cubil lobuno https://blogdelesllobes.wordpress.com/2016/06/04/naciendo-en-otra-especie-antologia-de-poesia-capital-animal/

Esta reseña, publicada en La Opinión de Málaga el 31 de julio de 2016, está firmada por el poeta Jesús Aguado. Me he tomado la libertad aquí de poner en versos el poema citado de Rafael Doctor «Historia anual de los números en España».

“Este es el hermoso título de una reciente antología sobre animales (en favor de los animales) que han armado, para la editorial Plaza y Valdés, Ruth Toledano y Marta Navarro García. Vean qué palabras tan significativas han colocado en la contraportada: «Naciendo en otra especie es la respuesta a la violencia, a la vergüenza que supone el dolor infligido a los animales. Quién, si no las y los poetas, lo sentirá con ellos. Y también es la admiración por la diversidad anterior a la crueldad. Qué, si no la poesía, para apreciar esa luz». Casi 50 colaboradores, entre ellos Chantal Maillard, Olvido García, Antonio Gamoneda, Antonio Colinas, Juan Carlos Mestre, Ada Salas, Concha García, Miguel Casado, Ouka Lele o Jorge Riechmann, que hablan de gatos, perros, caballos, monos, rinocerontes, pájaros, ardillas, reses, caimanes, ballenas, cerdos y muchos otros compañeros de existencia, de planeta y de destino. Compañeros que maltratamos sin piedad porque los humanos nos consideramos superiores, especiales, dueños, elegidos, divinos. Y sin darnos cuenta de que ellos, en lo que se refiere a cómo colaborar e integrarse en la naturaleza, que es la razón de ser de cualquiera de nosotros, nos podrían dar muchas lecciones.

En el libro hay poemas extraordinarios por muchos motivos (por su hondura, la experiencia que narra, las palabras que usa, el ritmo, etc.), pero hay uno que pone los pelos de punta. Lo firma Rafael Doctor (historiador de arte, comisario y gestor cultural además de escritor), se titula «Historia anual de los números en España» y se limita a ofrecer un listado de las cifras relacionadas con los animales que se dan a lo largo de un año en nuestro país. Las ofrece desnudas, sin aparato estilístico alguno, para que impacten más y porque hablan por sí solas y porque ante tamaña contundencia la poesía poética, para entendernos, no tiene más remedio que enmudecer. Veamos algunas de ellas (algunos de sus versos):

200.000 perros abandonados,
1.800.000 jabalíes asesinados por placer (el sintagma reiterado es del autor y uno quiere respetarlo para que no se pierda ni un ápice su carácter de denuncia),
1.005.000 venados asesinados por placer,
195.811 corzos asesinados por placer,
27.112 cabras asesinadas por placer,
15.257 rebecos asesinados por placer,
80.982 gamos asesinados por placer,
65.578 muflones asesinados por placer,
14.587.843 codornices asesinadas por placer,
39.908.579 perdices asesinadas por placer,
56.026.016 conejos asesinados por placer,
13.522.860 liebres asesinadas por placer,
5.049.744 tórtolas asesinadas por placer,
688.113 becadas asesinadas por placer,
30.159.206 zorzales asesinados por placer,
1.541.466 palomas torcaces asesinadas por placer,
250.328 córvidos asesinados por placer,
40.000 galgos abandonados o asesinados,
7.742.380 cerdos asesinados (913 cada hora, especifica el autor),
800.000.000 millones de pollos y miles de millones de peces asesinados.

Escalofriante, ¿no les parece? En la primera parte de su texto se habla por extenso de los festejos taurinos, que cuesta la vida de más de 30.000 toros al año. He intentado sumar los números anteriores pero en mi calculadora no caben, así que he tenido que cobijarlos en mi corazón, que a punto ha estado de estallar ante datos tan contundentes de la crueldad de los humanos con al resto de las especies vivas.

«Naciendo en otra especie» es un libro necesario y útil: la poesía abre espacios para la convivencia de todos con todos (y de todo con todo) que conviene explorar, respetar y frecuentar para que no se nos olvide tanto que somos hermanos y no jefes tiránicos de los animales. Y que de eso, lo sepamos no, depende casi el resto de los asuntos y problemas de nuestra empobrecida y apagada Tierra.”

http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2016/07/31/naciendo-especie/867205.html

La astucia del vacío: cuadernos de Benarés. Jesús Aguado. (2)

Te amaré con locura cuando deje de amarte
porque entonces serás una sombra en el agua.
Porque entonces tus manos serán ramas caídas
que la corriente aleje sin pedirme permiso.

Te amaré con pasión mientras vas diluyéndote
porque entonces sabré que tu cuerpo era sólo
no materia o sabor sino nada y ninguno,
no mordiscos y un nombre sino nunca y vacío.

Te amaré para siempre cuando seas un árbol
que
hunde sus raíces en la orilla de un río
y en ese río seas una trucha azulada
y en esa trucha seas el reflejo del cielo
y en ese cielo seas una nube sin rostro.
Cuando seas el mundo que no fuiste en mis brazos
porque en ellos reías sólo tú y me besabas.

Te amaré sin regreso cuando la lluvia llueva,
cuando los truenos truenen, cuando el olvido olvide.
Porque entonces sabré que no te amaba a ti
sino a la vida viva y eso está en los insectos.

Te amaré hasta la muerte cuando deje de amarte
y pueda respirar sin tu respiración,
moverme sin tus piernas, pensar sin tus palabras.
Porque entonces serás una hojita que flota
sin conciencia ni tácticas ni mentiras ni orgullo.
Porque entonces tú y yo no seremos tú y yo
sino dos gotas limpias de una misma cascada.

Te amaré en mil pedazos cuando deje de amarte
y sepa que soñamos lo que jamás serías.
Porque entonces serás la que borre tus huellas.

Porque entonces serás la que borre mis huellas,
te amaré desde cero cuando deje de amarte:
otra oportunidad de amarnos con locura
mientras nieva la nieve, mientras las manos manan.

*

El amor tiene eso, que despierta los hilos, esa maraña que somos dentro y fuera de nosotros atravesándonos de parte a parte, atándonos a lo visible y a lo invisible, entrecruzando nuestros actos, palabras, experiencias. El amor hace que los hilos salgan de su letargo hipnótico, ese duermevela o resaca o trance en el que les sume el runrún entontecedor del mundo, y se tensen como animales desperezándose en una sabana, y se pongan a danzar como los reflejos de una antorcha a la orilla de un río, y se disparen en todas las direcciones como espirales de un reloj destapado por una caída brusca contra el suelo. El amor hace que los hilos que siluetean el entramado de lo que somos vibren como cuerdas de un instrumento hasta entonces secuestrado en su estuche: nos hace música y nudo, sonido y relación, el canto de las cosas y los cuerpos cuando se rozan, se mezclan, chocan o se reconocen. Hilos de lana, de lluvia, de huellas en la arena, de seda, de estelas en el aire, de saliva, de narraciones: las marcas que va dejando el azar, el mapa que va cartografiando el deseo. El amor atrapa en su tela de araña el alma, que siempre quiere abandonarnos, fugarse de un mundo que la condena a tareas menores, y la convence por las buenas o por las malas para que se quede con nosotros todavía. Marioneta o cazamariposas, soga de ahorcado o red de trapecista, cada amante tiene que atender a cómo se van reagrupando los hilos recién salidos del sueño: ese dibujo será el de su vida, lo que quede de él una vez que ya no quede nada. Así devanando, cardando, estirando, tejiendo, los amantes desparraman los hilos como corrientes de agua que, entre revueltas, saltos al vacío o remansos, nunca van a dar al mar, que es el morir, sino a sus propios corazones, ese centro incandescente donde surge la vida verdadera.

Jesús Aguado. La astucia del vacío. Cuadernos de Benarés. DVD ediciones

La astucia del vacío: cuadernos de Benarés. Jesús Aguado

La astucia del vacío

Me ha caído en las manos, no puedo soltarlo… Cada línea de este texto me devuelve a la India, ya me he ido, otra vez: el olor, el caos del tráfico, la profusión, el bullicio, los timbrazos, los mugidos, los altavoces, las sonrisas, los perros sarnosos, la transparencia del instante, su liviano pálpito, el suave velo del amanecer, vuelvo a emprender una conversación que no cesa (a veces sólo es un murmullo, un barullo interior) con Kali-la-negra, la Yagá, la devoradora, la deletreadora, la que sabe mi nombre, y lo desmiembra letra a letra…

Así empieza el texto de Jesús Aguado:

Mañana corta mi cabeza y tírasela por el balcón a las ratas. Verás cómo mastican mis ojos, cómo arrancan a dentelladas mi lengua, cómo se abren paso a través de mis fosas nasales y se disputan a mordiscos mis sesos. Su bullir laborioso y desordenado atraerá a los chuchos, a los monos, a los buitres que sobrevuelan las orillas del Ganges, a cientos de insectos y de ranas. Entre todos no dejarán nada de mi cabeza. Cuando lo comprendas, vuelve a entrar en la habitación y ámame: sólo entonces podré corresponderte.

*

Los perros acostados, acurrucados, ausentes, sobre las cenizas hace horas apagadas de los fuegos del invierno. Los calienta el recuerdo del fuego, el fuego imaginado más que el fuego real, los calienta esa modalidad del fuego que es el no-fuego. Y duermen plácidos y ajenos a los timbrazos de las bicis y a la algarabía de los vendedores. Cada vez que los miro algo en mí crepita, desde algún lugar de mí se alza una llama.
Qué tentación: pedir que, a mi muerte, y despues de incinerado, hagan un montón con mis cenizas y las dejen en una de esas calles para que algún perro duerma sobre ellas.

*

Este es un lugar para los sentidos más que para el intelecto – o mejor: aquí el intelecto se metamorfosea en piel suave, en mano despierta, en lengua feliz.

*

El tráfico: un caos con sentido, un caos humano. Hay un mínimo de normas y un máximo de impulsos. Cada cual busca su espacio y siente el de los demás. Ciencia de los milímetros: nos rozamos pero casi nunca hay choques, golpes serios, atropellos. Desde arriba y desde fuera parece un nudo, una maraña soñando con una tijera liberadora, la madeja de un tejedor loco. Desde dentro es más bien como cualquier conversación: se cruzan los temas o se cambian por otros sin transición, se superponen dos o más voces, se grita o se ausenta uno durante varios segundos, se abandona sin conclusiones. El tráfico habla a gritos, pero dice algo inteligible y sensato: hazte un hueco, busca tu sitio; y hazlo no contra los demás sino porque eso es lo que esperan, lo que necesitan los demás para poder encontrar el suyo, para seguir avanzando sin accidentes. Coordinación instintiva que sólo en casos extremos recuerda alguna clase de código de la circulación. Más semejante a una bandada de aves, a un hormiguero o a un cardumen de peces, que parecen formar una especie de única mente colectiva, que a esa procesión de solitarios agresivos y castrados de nuestras carreteras. Un caos armónico frente a un orden infernal. Ambos producen muertos, sí, claro, y no sé cuál más según las estadísiticas, pero en el primero apostaría que sobre todo por culpa del cansancio físico y en el segundo de frustraciones conscientes o inconscientes que estallan con violencia. En la India conduzco alerta: mis sentidos se despiertan y me cuidan, un regalo para el cuerpo y el alma que transportaré a otras experiencias mías; en Occidente conduzco en tensión (mi cabeza vigila a los que me vigilan, a los que me persiguen y me odian sin conocerme, a los que me sancionan, a los que buscan suicidarse acompañados sin saberlo), una carga que me pasará factura en el resto de mis actividades. Un diálogo que a distancia parece de sordos y es todo lo contrario el tráfico en la India; muchos monólogos yuxtapuestos el de Occidente. Atascos que parecen orgías (imposibles distinguir los miembros, todos se tocan con todos) y atascos que parecen tediosas procesiones de personas sin fe.

Jesús Aguado. La astucia del vacío. Cuadernos de Benarés. DVD ediciones