Parusía. Chantal Maillard

Notre Dame en feu La catedral de Notre-Dame de Paris, en llamas. ©La voz de Almería

 

Todos éramos fragmentos de una historia común. Esquirlas de un espejo que, como el del universo, no habría de recomponerse nunca.

Parusía llamaron los cristianos a la reunificación postrera de todas las esquirlas. Una idea hermosa. La razón geometriza en los confines del logos. El gran conjunto de todos los conjuntos nunca se dará más que como abstracción y como paradoja. Las religiones son, qué duda cabe, las mayores abstracciones comunitarias.
Es curioso que el final de los tiempos se entienda, en el cristianismo, como la celebración de un juicio, el último juicio. Algo, si se mira más de cerca, un tanto contradictorio con la idea de una parusía: el final de los tiempos, la reaparición del Cristo y la reunificación de su templo en él. Para-ousía: más allá de la ousía, la forma primera (y primera categoría de Aristóteles), un concepto equivalente, en cierto modo, al Para-Śiva o Paramaśiva del hinduismo: el principio del que todas las formas participan. No obstante, para los cristianos se trata de la reunificación de ciertos fragmentos tan sólo, aquellos que resulten de la criba, una selección ad hoc, en definitiva, puesto que el final estaba escrito: requerido por sus causas. El juicio final (la conclusión) estaba en el inicio.

*

No poder evadirse de sí, el sí que se construye en pasado, no poder alejarse, llevar a cuestas la casa –las casas–, caracol cuya baba son las lágrimas, cuya traza resplandece con el sol y se agrieta con la helada pero nunca, nunca se borra. No acertar a desprenderse. Anhelar el fuego, la resolución por las llamas.

 

Chantal Maillard. La mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015.

 

 

La compasión difícil de Chantal Maillard por Gonzalo Torné

Chantal maillard_foto- Bernabé

Foto: Bernabé Fernández

 

EL CULTURAL, 22 marzo 2019 | GONZALO TORNÉ

A medida que se incrementa el número de sus lectores y su prestigio se va volviendo incontestable se impone la conveniencia de ofrecer respuestas críticas a la enigmática obra de Chantal Maillard (Bruselas, 1951), que se aviene, por una vez sin estridencias ni forcejeos, a la categoría de original. No merece la pena entretener el tiempo tratando de encajar La compasión difícil en un género ya establecido, con los perímetros bien trazados y custodiado por las academias. La propia Maillard se muestra muy suspicaz ante la obediencia taxonómica, no tanto por coquetería, como por una conciencia muy viva de las trabas y limitaciones que todo género impone a la obra, ya sea por el peso de la tradición heredada o por las expectativas instituidas entre los lectores.

 

MAILLARD PARECE REBELARSE CONTRA ESA FICCIÓN IMPUESTA POR EL ENSAYO HUMANÍSTICO CON PRETENSIONES DE OBJETIVIDAD CIENTÍFICA

 

Quizás lo mejor sería decir que La compasión difícil es un libro de pensamiento; se podrían extractar sus ideas y afirmar que plantea cómo en un mundo abandonado por los dioses (entendidos aquí como cualquier forma de cuidado o atención sobrenatural) y dominado por la depredación que impone el hambre, solo la construcción de espacios compasivos, capaces de desactivar nuestras pasiones más agresivas, puede convertir la tierra en un espacio soportable, por difícil que sea la compasión si recordamos la cantidad de “crímenes” que cometemos los seres vivos. De otro modo, como se nos insiste en varias ocasiones, de no ser por el tiránico instinto de supervivencia, ¿quién podría considerar esta vida como algo deseable?

Pero este resumen, prometo que bienintencionado, violenta un tanto el espíritu de un libro donde el pensamiento no se ofrece en forma de discurso, acumulando un argumento tras otro, con gran despliegue de ejemplos, mientras se recorre el carril complaciente de la lógica hasta alcanzar una nítida conclusión final. En La compasión difícil la autora piensa mucho, y con rigor, pero buena parte del interés se encuentra en la manera en la que se despliega ese pensamiento, que tampoco puede reducirse a lo poético ni emparentarse sin más con lo lírico, pues Maillard no permite que las frases se desatiendan del material semántico que arrastran, sus párrafos jamás se resuelven en hallazgos bonitos o biensonantes. En este libro, insisto, se piensa a fondo.

Si enfocamos mejor la lente podemos describir tres rasgos originales en este libro: en primer lugar, se trata de un pensamiento incardinado, sensible al mundo que le rodea: el movimiento natural o la temperatura del aire pueden comparecer mezclados con las ideas abstractas.

En segundo lugar, no tratamos con un pensamiento desapasionado que se esfuerce por simular retóricamente una enunciación impasible, entregada al desarrollo incontestable (casi independiente) de las ideas. Maillard parece rebelarse contra esta ficción impuesta por el ensayo humanístico con pretensiones de objetividad científica y expresa sus puntos de vista sin renunciar al entorno emocional del que proceden; así, las ideas comparecen en este libro empapadas del entusiasmo, el desprecio o la preocupación que le suscitaron a la autora al formularse. Dos ejemplos: su crítica a los dioses o a lo que algunos hombres les hacen a otros (o al planeta) en nombre de las creencias es personalísima, sin por eso dejar de ser razonada.

En tercer lugar, el pensamiento de Maillard es metafórico. Allí donde los cachorros de la academia se apoyan en papers y notas que aluden a los pensamientos momificados de antiguas luminarias, Maillard recurre a metáforas poderosas (los ángeles, el hambre, incluso la propia compasión…) que ayudan a aglutinar las distintas ideas que van surgiendo. O si se prefiere, por emplear una metáfora muy querida por la autora, contribuyen a “hilvanarlas”. La reflexión sobre esta manera de pensar en hilos de imágenes que van formando un tejido de argumentos e historias ocupa un considerable número de páginas dentro del propio libro.

 

EN LA COMPASIÓN DIFÍCIL LA AUTORA PIENSA MUCHO, Y CON RIGOR. SU INTERÉS RADICA EN QUE SU PENSAMIENTO LE LLEVA A UN SITIO INSÓLITO

 

El resultado es un pensamiento literario que se presenta de manera más tentativa que estructurada, y que sin llegar a contradecirse no duda en matizarse, exponerse en tonos distintos, en sugerir y en incitar, en recorrer una imagen sin prisa… Estos principios operativos son también clave en la libertad con la que Maillard expone sus ideas. El pensamiento, impulsado y mecido por sus propias metáforas, se detiene en un aforismo: (“Que la vida quiera ser vivida no significa que sea un bien”; “Ingerimos gustosamente lo que más nos daña”; “Preferiría lamer como un animal no humano las heridas de otro animal, como hacen ellos entre sí”; “La compasión emerge de un ánimo ecuánime. No hay, no debe haber ni un ápice de tristeza en quien compadece”). También en definiciones inesperadas (“Las diferencias: reverberación infinita de un primer sonido”; “Culpa: parte que heredamos de los dioses caídos”). En arranques de tratados éticos sobre la compasión; en revisiones dramáticas (esto es, dialogadas) del mito de Medea; en relatos cosmogónicos acerca de la caída de los ángeles; en informes que abordan el sufrimiento del planeta o en pasajes abiertamente poéticos.

Vuelvo al principio de la reseña: La compasión difícil no es un libro que se dedique a mezclar desde fuera géneros ya establecidos, sino que su propio desarrollo le lleva a un sitio (original, personal, divagante y riguroso, variado y libre a la manera que soñaban los románticos) que a los géneros académicos a nuestra disposición les cuesta reconocer.

Podríamos decir que los libros de Chantal Maillard empiezan a constituir su propio género; y lo que llevo escrito hasta aquí, obviamente, no es tanto una crítica como una tentativa de entenderlo.

 

CHANTAL MAILLARD | LA COMPASIÓN DIFÍCIL

Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2019

220 páginas. 19,90 €. Ebook: 12,99 €

 

El gesto de Mérmeros | Lars von Trier-Chantal Maillard

 

[…]

Sí, es cierto, Medea es la historia de una venganza. Medea mata a sus hijos por venganza. Pero el motivo del crimen no es lo que aquí nos interesa. Los motivos son lo que interesa a la moral, pero la moral no es lo que aquí nos interesa. La moral es el código que regula las normas de convivencia, pero las estrategias de convivencia tampoco son lo que aquí nos interesa.

Lo que nos interesa es la mano de Mérmeros posándose dulcemente en el hombro de Medea. Ese gesto, ese ofrecimiento, esos veinte segundos en una cinta de celuloide, esa eternidad.

De lo que tratan estas páginas es de la compasión, la tan difícil compasión.
Lo que nos interesa es ese gesto. Un gesto que con Mérmeros adquiere valor universal.

[…]

Mérmeros no se entrega para la renovación de ninguna alianza. Medea nada renueva, Medea se opone, invierte el curso, anula, se rebela. Mérmeros intuye. Le tiende la cuerda. Su gesto es antinatural. Otra alianza se introduce entre las hebras, torciéndose con ellas. Y Medea acepta. Acepta el acuerdo, el terrible acuerdo. Asume su cordura y su condena.

[…]

Medea en la colina. Arrodillada. Rodeada por la hierba, ahora luminosa, casi transparente, al final del día. Devastada. Inmóvil. Entre un acto y otro acto. Entre lo que ha cumplido y lo que ha de cumplir. Entre un horror y otro horror. Se oye cantar a los pájaros.

Medea ha percibido el contacto, la cabeza del hijo apoyándose en su espalda. Medea ha parpadeado. Brevemente. Por lo demás, no se ha movido. Sabe que cualquier gesto que hiciese, por mínimo que fuese, daría comienzo inevitablemente al siguiente episodio. Pero Mérmeros se adelanta. Se incorpora. Le entrega la cuerda.

–Ayúdame, madre –le dice.

*

Y aquélla es la colina del sacrificio.

Mérmeros no es el reformador de ninguna religión. No tiene meta que alcanzar, ni destino que cumplir, ni mundo al que salvar. No obedece a ningún dios. Mérmeros es el cordero que ofrece su cuello porque es preciso.

Mérmeros no juzga al verdugo.
Mérmeros no pretende nada, no quiere nada.
Mérmeros no se rebela, no se protege, no se defiende. Su gesto es extra-ordinario. Misterioso.

*

Del misterio es el silencio.
Del misterio la voz callada.

 

Chantal Maillard. La compasión difícil. Galaxia Gutenberg, 2019

 

Lars von Trier. Medea. 1988. Una adaptación televisiva de la Medea de Eurípides (431 a. n. e.) a partir del guión de Carl T. Dreyer.

Duración: 76 min. País: Dinamarca. MúsicaJoachim Holbek. FotografíaSejr Brockmann

RepartoUdo Kier, Kirsten Olesen, Henning Jensen, Solbjørg Højfeldt, Preben Lerdorff RyeBaard Owe, Ludmilla Glinska, Vera Gebuhr, Jonny Kilde, Richard Kilde, Dick KaysøMette Munk Plum.

 

Matar a Platón en concierto o la mano sonófora de Chantal Maillard

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

Ayer noche, escuchar a Chantal Maillard arrebatando el vacío con la tremenda ternura de su mano –¿o era la voz?–, uniendo lo roto con su mano sonófora de poeta que pulsa las hebras…

Magnética Maillard-zahorí.

Magníficos los músicos, acompasando la zozobra del desquicio hasta su grieta sonora. Hasta su calma.

Matar a Platón, vertiginosa página-agujero reversible en la mano, táctil en los ojos, manantial sobre la lengua sedienta…

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

MATAR A PLATÓN EN CONCIERTO, escenificación poético-musical interpretado por su autora, Chantal Maillard, con la música de Chefa Alonso (vientos, kechapi y percusión) y Jorge Frías (contrabajo). En La Caldera-Les Corts, Barcelona, el 22 de febrero 2019.

Fotografías de Tristán Pérez-Martín.

http://lacaldera.info/pages/view/matar-a-platon?lang=spa

Aquí va un extracto de la actuación en el festival Cosmopoética 2016 (teatro Góngora de Córdoba) en octubre 2016. Filmación y edición de Adrian Abril. A degustar.

 

 

 

Chantal Maillard | La que silba, la que sabe.

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A la mujer sabia, se la desterraba de otra manera: recluida o aislada en algún paraje de difícil acceso, ella era la sacerdotisa, oraculum (hablante) o sibylla (la que silba), consejera, pues, mediadora, profetisa, pero nunca rival. Diferente, superior, pero lejana y ajena.

Serpiente de tierra o de agua, la que sisea (σίζω), la que silba, la que sabe.

La sierpe: animal sagrado en los matriarcados, reverenciado en antiguos territorios meridionales, maldito en cambio en los patriarcados que codiciaron su poder.

¿Tanto necesitaban defenderse, los patriarcas, de las diosas fértiles, de su conocimiento de los ciclos, su dominio de la escucha, el augurio y el arte de curar? ¿Tanto poder tenían ellas, tanto saber, para que a los varones de la era histórica les resultasen tan incómodas?

*

Saludo a aquélla, capaz de contemplar de frente el abismo que circunda la existencia. Aquella que no se deja distraer por fuegos de artificio y necias celebraciones, ni se engaña ocultando su rostro tras la máscara ajustable de las conveniencias. Saludo a aquella que sabe arrastrarse con la sierpe, volar a ciegas con el murciélago y dormir cabeza abajo arropada en el sayo de sus propias alas, husmear con las fieras la presa en los vientos y desgarrarla sin ira, aletargarse con los saurios, hibernar con el oso. Saludo a aquella que aceptará su muerte como aceptó su vida, sin pedir clemencia, sin prolongar la espera.

 

Chantal Maillard. La compasión difícil. Galaxia Gutenberg, 2019.

 

La compasión difícil: un nuevo desafío de Chantal Maillard

 

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Medea anuda la cuerda en la rama del árbol seco.

– ¿Qué vas a colgar de esa cuerda? –pregunta el más joven de los hijos.

– Lo que amo –contesta Medea.

 

Chantal MaillardLa compasión difícil. Galaxia Gutenberg, 2019

Ilustración de cubierta: Kiki Smith

 

En contraportada:

“Este es sin duda el libro más perturbador que ha escrito Chantal Maillard hasta la fecha. En él se enfrenta a los grandes temas sobre los que humanidad lleva interrogándose desde el principio de los tiempos. El nacimiento, el dolor y la muerte, los dioses y su ausencia, la relación de nuestra especie con los demás seres vivos, la maternidad y el suicidio, la culpa y la inocencia, el juicio y la creencia. Todo ello girando en torno al eje de una primordial violencia que todos padecemos a la vez que infligimos. ¿Cómo compadecer, considerando el crimen?, se pregunta la autora. ¿Y cómo no compadecer, considerando el hambre?

Las tradiciones orientales y del mundo clásico griego están una vez más presentes en esta escritura que parece sin embargo surgir siempre del cuerpo, de la experiencia vivida en busca de una libertad imposible y de una clarividencia que despierta temor por lo que pueda llegar a comprender.

“En todas las tiranías la inteligencia es la fruta prohibida”, afirma Chantal. Y también “Con qué facilidad se traduce el miedo en conveniencia”. Valor e inteligencia son necesarios para adentrarse en este libro, del que ninguna página le dejará indiferente.”

 

Presentación en Barcelona:

librería La Central de la calle Mallorca, 

el miércoles 13 de febrero a las 19h.

 

Fragmentos, un “contramonumento” de Doris Salcedo

Las armas de las FARC se funden en un “contramonumento” de Doris Salcedo

La artista colombiana instala en el corazón de Bogotá su obra ‘Fragmentos’, construida con 37 toneladas del armamento que entregaron los exguerrillos.

'Fragmentos', tiene 1.300 placas construidas con el metal de las armas de las FARC.
‘Fragmentos’, tiene 1.300 placas construidas con el metal de las armas de las FARC. Las placas metálicas cubren 800 metros cuadrados, un espacio que funcionará durante más de 50 años, el tiempo que duró la guerra. CAMILO ROZO 

SANTIAGO TORRADO |Bogotá 

Las víctimas han sido una presencia recurrente en la obra de Doris Salcedo (Bogotá, 1958) y de nuevo se manifiestan en Fragmentos, el esperado “contramonumento”, producto del acuerdo de paz, que la consagrada artista colombiana presentó esta semana. Los colombianos no pudieron ver una foto del histórico momento en que las FARC entregaron sus armas en cumplimiento de un difícil pacto, arduamente buscado, pero ahora podrán sentir bajo sus pies el resultado artístico de la fundición de aquel arsenal: 1.300 placas metálicas con cicatrices hechas a martillazos por mujeres que sufrieron la violencia sexual. El efecto de caminar sobre lo que fueron los fusiles de la guerrilla más antigua de América, protagonista de una guerra de medio siglo que involucró a rebeldes, paramilitares y fuerzas estatales con un saldo de más de ocho millones de víctimas, es sobrecogedor.

“En este lugar de memoria, en el piso que ustedes están viendo, yacen inoperantes e inhabilitadas 37 toneladas de armamento. Este es un testimonio de que los colombianos no somos bárbaros, no tenemos que seguir siempre en esa historia negativa de asesinatos y venganzas. Este es el testimonio de que podemos superar nuestras desavenencias pacíficamente”, explicó Salcedo este lunes al presentar su obra. “Estamos en este lugar para reconciliarnos, para lograr establecer puntos de contacto, donde los enemigos políticos se encuentren, donde las ideologías opuestas puedan dialogar y desde donde podamos marcar el final de la guerra a través del arte como una forma de reafirmación de la vida”.

Fragmentos, construido con las más de 8.000 armas que entregaron las otrora Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, es el primero de los tres monumentos contemplados en los acuerdos que firmaron a finales de 2016 con el Gobierno de Juan Manuel Santos. Los otros dos se instalarán en la sede de la ONU en Nueva York y en Cuba, el país que albergó los diálogos. Las placas cubren 800 de los 1.200 metros cuadrados de un lote que se revela detrás de un portón en el corazón de Bogotá, en las faldas del cerro de Monserrate, a escasas dos cuadras de la Casa de Nariño –la sede de Gobierno–. El espacio de memoria operará durante más de 50 años, el tiempo que duró la guerra, y cada año dos artistas colombianos o extranjeros serán invitados a presentar su obra sobre este piso magullado.

Doris Salcedo trabajo durante diez meses en 'Fragmentos'.
Doris Salcedo trabajo durante diez meses en ‘Fragmentos’. CAMILO ROZO

 

Salcedo ha pasado los últimos meses escuchando los relatos de esa veintena de mujeres –víctimas de abuso sexual por parte de distintos actores armados– a las que invitó a fundir las armas y a ver como se transformaban en los hornos de la Industria Militar Colombiana (Indumil) en la materia prima de las laminas que después intervendrían a golpe de martillo. Una creación colectiva y catártica.

Adiós a las armas

El manejo de las armas fue un foco de tensión a lo largo de los cuatro años de negociación en La Habana. Para las FARC se convirtió en un punto de honor, hasta el punto de que se negaron a permitir una foto que pudiera ser interpretada como una postal de sometimiento, e incluso en la jerga formal del acuerdo se habló de “dejación” en lugar de “entrega”. Una vez depuestas, se cumplió una estricta cadena de custodia, de Naciones Unidas a la Policía Nacional, a Indumil –en Sogamoso, a 170 kilómetros de Bogotá– y al lote de Fragmentos.

La artista ha explicado que decidió no otorgarles belleza a las armas, por eso la superficie está martillada, rota, desfigurada. Desde el primer momento tenía claro que no deseaba glorificar la violencia, se oponía a la idea de “monumentalizarlas”. Los monumentos, explica, son jerárquicos, verticales, totalitarios. Buscaba lo opuesto, todos parados sobre el piso, en un lugar equitativo que invierte la relación de poder que daban los fusiles. Por eso define Fragmentos como un “contramonumento”.

Como parte integral de la obra, un documental muestra algunas de las imágenes que muchos colombianos anhelaron por tanto tiempo. Desde el movimiento de las columnas guerrilleras a través de los parajes más remotos de la geografía colombiana hasta las zonas de agrupamiento donde entregaron sus fusiles, al traslado en camiones de aquellos contenedores blancos con letras de la ONU que llevaron el arsenal inutilizado hasta los lugares donde fue fundido. Las hileras de armas que se antojan infinitas después arden en una imagen purificadora. La degradación del conflicto armado llevó a que los cuerpos de las mujeres se trataran muchas veces como un botín de guerra, “y las mujeres no somos trofeos”, dice una de las víctimas en el documental. “Si se pueden fundir las armas, también se puede fundir el odio de este país”, declara otra.

Salcedo, quien cosechó un gran éxito con su grieta de la instalación Shibboleth, en la Tate Modern londinense, ha expuesto en el MoMA de Nueva York, el Pompidou de París y en el Museo Reina Sofía con Palimpsesto, su homenaje a los migrantes muertos en el mar. Comprometida con el proceso de paz de su país, nueve días después de que los colombianos rechazaron en un plebiscito el acuerdo original –el día que califica como el “más triste” de su vida- surgió Sumando ausencias. Era una enorme mortaja blanca con 11 kilómetros de puntadas cosidas por 10.000 personas que recogía la voz de las víctimas en la plaza central de Bogotá, en medio del clamor por rescatar el pacto. “Sumando Ausencias fue una obra colectiva, que traía a la Plaza de Bolívar la presencia de los ausentes, por eso la experiencia de la víctima estuvo en el centro de esa obra y está también en el centro de esta”, explica apuntando a un hilo de continuidad con Fragmentos. Arte y memoria para ayudar a sanar heridas desgarradoras.

© Todos los derechos reservados: CableNoticias T.V. – Revista Semana

 

Y, de colofón, una entrevista sin editar realizada por Rocío Londoño a la artista plástica Doris Salcedo para Razón Pública en marzo de 2013, quien reflexiona con su tranquila contundencia sobre la función del arte en nuestras sociedades.

 

El ciclo | El solsticio de Cual menguando. Chantal Maillard

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Tan rápido que todo

es absolutamente nada.

Así         extraviadas         se

salieron de la

pauta — línea

— margen

del cerebro horadado.

 

Entre las ruinas Cual

exaltado

celebra el solsticio.

 

CGiaLe chien, Alberto Giacometti. Bronce, 1951

 

« Menguar significa reducir el movimiento. Reducir el flujo de la mente; curar su incontinencia. Menguar es aquietarse. Perder continuidad. Olvidarse en las grietas del mundo, en los orificios, en los poros de la tierra. Adelgazarse. Así Cual, al que encontramos aquí en tiempos desapacibles, enfrentado a su abismo. […]

Quise pensar que un ente suspendido por debajo de sí, como una nota musical sin partitura, ínfimo, desprovisto, podría salvarnos. Salvarnos de lo mucho y de lo poco, del tener y el no-tener, de las palabras vanas, los superlativos y las decadencias, del es y el no-es, los valores y su carencia, los paraísos y la esperanza. De la esperanza, sí, por supuesto. Sin argumento que blandir, sin creencias tras las que esconderse, sin trauma por resolver ni historia por concluir, me gusta pensar que Cual podría augurar el fin del psicoanálisis y el comienzo de la compasión. Pero de yo al nosotros hay un largo camino. De vuelta, probablemente. Difícil de cumplir (somos demasiados). Acaso inútil. O contraproducente. Pues de lo que se trata ahora bien podría ser que no fuese salvar a nadie —confundimos demasiado a menudo el miedo con las buenas intenciones— sino simplemente de aprender a saltar sobre un pie, como Cual, celebrando una vez más, o por última vez, el solsticio. » [Epílogo]

Chantal Maillard. Cual menguando. Tusquets, 2018.

 

El Solsticio (solstitium, sol sistere: “sol quieto”) es aquel momento del año en el que el Sol alcanza su máxima declinación norte, su mayor altura en el cielo (solsticio de verano), o su máxima declinación sur, su menor altura (solsticio de invierno) con respecto al ecuador terrestre. En el día del solsticio de invierno, la duración del día y la altitud del sol al mediodía es mínima comparada con cualquier otro día del año.

Esta noche, a las 23h 23m hora oficial peninsular, el sol entra en el signo zodiacal de Capricornio, marcando el inicio del invierno en el hemisferio norte.

La estación invernal durará 89 días y 20 horas, y terminará el 20 de marzo con el equinoccio de primavera.

Durante todo el invierno Marte será visible tras la puesta de Sol. Al amanecer se verán Venus, Júpiter y, a partir de mediados de enero, Saturno, que será ocultado por la Luna la madrugada del 2 de febrero 2019.

¡Feliz solsticio de invierno a todas.os!

 

 

El semejante | Chantal Maillard

Los debates de opinión no pueden fundar una ética. Es precisa una educación sentimental que nos acerque al otro.

 


Sesión de control al Gobierno en el Pleno del Congreso de los Diputados.
Sesión de control al Gobierno en el Pleno del Congreso de los Diputados. © JAVIER LIZÓN EFE



“¿Puede un hecho fundar y justificar una ética?”, se preguntaba Jacques Derrida al reflexionar sobre la idea del semejante. “Es un hecho que experimento, en este orden, más obligaciones para con aquellos que comparten mi vida de cerca (los míos, mi familia, los franceses, los europeos, aquellos que hablan mi lengua o comparten mi cultura, etcétera). Pero este hecho nunca habrá fundado un derecho, una ética o una política”.

Y es que lo que “de hecho” ocurre es que lo que nos importa es tan solo lo que nos concierne. Y lo que hoy en día nos pone a salvo de que todo lo que ocurre en el mundo nos concierna es que lo recibimos por los mismos medios y en el mismo recuadro en el que recibimos la ficción. Nos pone a salvo el hecho de que las emociones generadas por lo que vemos en la pantalla sean las propias del espectáculo, emociones transformadas por la representación y, por tanto, neutralizadas en cuanto germen de rebeldía. Porque si recibiésemos lo representado no “en directo”, sino directamente, es decir, en presencia viva, el impacto sería de tal magnitud (o al menos eso quiero pensar) que no nos dejaría indiferentes en nuestra diferencia. De repente nos sentiríamos concernidos. De repente el otro, los otros, todo lo otro habría saltado la valla.

La moral del semejante deriva de una antigua fórmula de reciprocidad: no le hagas al prójimo (próximo) lo que no quieras para ti, compartida por muchas tradiciones. La encontramos tanto en las Analectas de Confucio como en el Mahabharata, en el Talmud o en Libro de Tobías. Era una fórmula sin duda eficaz dentro de un cerco restringido, pero ineficaz en un mundo global que tenga conciencia de que todos y todo —lo que llamamos vivo y lo que no— está relacionado y es interdependiente.

La moral del semejante crea el diferente, aquel del que tenemos que defendernos. Siempre que hay prójimo (hermano, próximo, igual) hay otro y, entre ambos, fronteras que designan y circundan lo propio, y donde hay propiedad hay codicia, y donde hay codicia hay guerra. En un mundo global hemos de pensar en términos ya no de moral, sino de ética, que es algo bien distinto. La moral es un conjunto de costumbres o reglas de convivencia; la ética es un habitar. La primera defiende lo que creemos que nos pertenece; la segunda, cuida el lugar al que todos pertenecemos. Pasar de la moral a la ética implica necesariamente ensanchar el marco de pertenencia. Y esto no puede hacerse de otra manera que entendiendo lo que a todos nos asemeja: el hambre, el miedo, el dolor, la pérdida. A menudo he hablado de una ética de la compasión. Soy consciente de que la palabra está lastrada y presta a equívoco. Puede confundirse con la piedad, concepto con el cual no tiene, sin embargo, nada que ver, o con el sentimentalismo, del cual se aleja por completo. Compadecer es comprender que todo, en este universo, responde a las mismas leyes. Aparición y desaparición y, entretanto, el esfuerzo por sobrevivir. ¿Cómo no aplicar, entonces, la fórmula de reciprocidad a cada uno de estos efímeros conglomerados de partículas (cuerpos, le llamamos) que luchan desesperadamente por mantenerse unidos por más tiempo?

 

Nada menos racional que las opiniones. Es tiempo de recordar la antigua distinción platónica entre la opinión y el saber.

 

Del yo al nosotros hay un largo camino. No es de tierra ni de asfalto, tampoco cruza fronteras ni las salta. Es un camino inverso. O invertido, según cómo uno se sitúe con respecto a sí mismo. Porque es preciso desplazar al yo en cierta medida para que quepan otros dentro del cerco. Dentro del cerco está lo que creemos que nos pertenece: mi vida, mi pareja, mi familia, mi grupo, mi país, mi especie, mi planeta, mi universo… No nos damos cuenta de hasta qué punto el mundo y la (im)propia vida se nos escapan de entre los dedos. Pero el mi es fuerte, se adhiere a lo que nos rodea con la misma intensidad con que los sentimientos se adhieren a las opiniones con las que nos manifestamos. “Yo siento”, decimos. En los sentimientos creemos. Y ellos dictan el pensar, el habla, la acción.

 

Porque es preciso desplazar al yo en cierta medida para que quepan otros dentro del cerco.  

 

Nada menos ecuánime que los sentimientos. Nada menos racional, por eso, que las opiniones. Es tiempo de recordar la antigua distinción platónica entre la opinión (doxa) y el saber (episteme). Ningún debate de opinión conduce a pensar y a actuar correctamente porque la opinión nunca parte de una premisa sopesada y ecuánime. Nada menos ético, por tanto, que un debate de opinión. Y nada más vulnerable y manipulable que un individuo que no sea capaz de pensar con neutralidad sentimental. Y es que sin neutralidad emocional no hay diálogo posible, no hay dialógica, no hay política. Solo combate.

No, ni los hechos pueden justificar una política, ni los debates de opinión fundar una justicia o una ética. De ahí la necesidad, acuciante, de un aprendizaje en ese sentido. Una educación senti-mental que nos enseñe a tomar distancia del mí, del nos, en definitiva, del miedo.

 

Chantal Maillard es escritora.

 

https://elpais.com/elpais/2018/11/26/opinion/1543253697_888911.html

 

Feather to Fire. Grégory Colbert

 

Feather to fire

Fire to blood

Blood to bone

Bone to marrow

Marrow to ashes

Ashes to snow.

 

Pluma a fuego

Fuego a sangre

Sangre a hueso

Hueso a tuétano

Tuétano a ceniza

Ceniza a nieve. 

 

“Cuando empecé Ashes and Snow en 1992, quería explorar la relación entre el hombre y los animales desde adentro hacia afuera. Al descubrir el lenguaje compartido y las sensibilidades poéticas de todos los animales, estoy trabajando para restaurar el territorio común que existió alguna vez, cuando la gente vivía en armonía con los animales.”

 

Ashes and Snow, del artista canadiense Gregory Colbert, es una instalación compuesta por obras fotográficas, videos y una novela escrita en cartas, que viaja en el Museo Nómada (The Nomadic Museum), una estructura temporal construida únicamente para la exposición. Las obras exploran la sensibilidad poética que comparten los seres humanos y los animales.

https://es.wikipedia.org/wiki/Ashes_and_Snow

https://es.wikipedia.org/wiki/Gregory_Colbert

https://gregorycolbert.com

 

“Todas las culturas, desde los egipcios, pasando por los mayas y los nativos americanos hasta los beduinos, crearon bestiarios que les permitían expresar su relación con la naturaleza. Ashes and Snow es un bestiario del siglo veintiuno, lleno de especies de alrededor del mundo. La orquesta de la naturaleza incluye no solo al Homo sapiens, sino también a los elefantes, ballenas, manatíes, águilas, guepardos, orangutanes y muchos otros más.”