El ciclo. Aullidos sanadores para saludar el solsticio de verano

Lobo_Andoni Canela

Los lobos adoran la noche. En esas horas encuentran la oscuridad donde pueden moverse como fantasmas. Esta noche es la más corta del año. (Y el día más largo con unas 15 horas de luz.) Hoy sábado empieza el verano a las 23.43, hora oficial peninsular, y termina esta primavera tan extraña.

El solsticio de verano marca la entrada del sol en el signo de Cáncer. Se traduce en un movimiento aparente del Sol hacia su punto más al norte en la bóveda celeste. Tras ese momento “reinicia su recorrido” hacia el sur. De ahí el origen etimológico de la palabra, que viene del latín solstitium (sol sistere), que significa “Sol quieto”: parece que el astro se queda quieto para luego volver a bajar en el cielo.

El aullido de un lobo es la esencia misma de la Naturaleza. El espíritu de Lo Salvaje. ¡Que tengáis un buen verano!

 

La fotografía de Andoni Candela de un lobo avistado en la Cordillera Cantábrica en una noche de verano aparece como portada de su libro Durmiendo con lobos que podéis encontrar aquí: https://www.andonicanela.com/producto/durmiendo-con-lobos)

 

¿Todo lo que vibra es música? se pregunta Chantal Maillard

 

“¡Música, ya no!” así inició su excelente conferencia –¿o era un canto de mirlo?– Chantal Maillard en el Palau de la Música este pasado (ante-pandémico) 2 de marzo 2020. La música melódica, atonal, no, porque crea narración senti-mental y refuerza el yo. Mejor tal vez los ruidos no musicales, como la oruga bajo la hojarasca, los pasos de los caminantes, el viento entre las hojas, una gota de lluvia sobre un tejado de zinc… esa atención.  Mejor el canto del mirlo, su vibración, su modulación, su quiebro en la voz de Chantal, voz licuada que hace el hueco donde el sonido adviene…

Esa tarde, inclinamos el oído, la escucha oblicua se abrió paso. Resonancia.

Que disfrutéis, en el ahora, sus palabras, sus silencios, su respirar.

 

Sonando casi a nada | Carlos de Hita

Durante el confinamiento provocado por la pandemia de coronavirus ha habido un silencio en las ciudades y el medio rural que no se conocía desde hace décadas. El naturalista y experto en grabación Carlos de Hita describe la increíble limpieza de la atmósfera sonora en estos días. Y nos ofrece un ejemplo sonoro a través de un amanecer en la alta sierra. “Parece que estamos ya cerca del final, la bestia empieza a rugir de nuevo y queda poco para que el estruendo de aviones, tráfico, maquinaria y motosierras vuelva a invadirlo todo”, afirma.



Se cuenta del director Leopold Stokovski que, descentrado por las toses y murmullos del público durante un concierto, paró a la orquesta y, encarándose con el patio de butacas, recordó que, así como un pintor traza su obra sobre un lienzo, los músicos trazan la suya sobre el silencio. “Nosotros ponemos la música, ustedes el silencio”, ironizó. Y mandó callar.

Nos acercamos a los dos meses de confinamiento y España, uno de los países más ruidosos del mundo, ha conocido el silencio. Los ciudadanos han abierto las ventanas, se han quitado los auriculares y descubierto, muchos con asombro, que hay vida más allá del ruido. La sociedad entera, que tiende al bullicio por naturaleza, se ha puesto a escuchar. Y lo que oye le ha gustado. Gorriones, estorninos, palomas y tórtolas, vencejos, algunos mirlos. Pero también campanas, carrillones, vientos, el sonido de la lluvia en los charcos y muchas voces en diferentes idiomas. Una atmósfera acústicamente transparente por la que los mensajes se propagan desde la distancia y sorprenden por su calidez inmediata. En consecuencia, muchos han creído que la naturaleza recupera sus dominios, avanza y nos invade. Pero la realidad es que todos esos sonidos estaban ya ahí, como las hierbas que crecen en las aceras y a las que nadie hace caso. El ruido, su ausencia, caracteriza estos momentos históricos.

Esta es la situación en las ciudades. En el campo, por decirlo en pocas palabras, es como si hubiéramos retrocedido 100 años.

 

“Parece que estamos ya cerca del final, la bestia empieza a rugir de nuevo y queda poco para que el estruendo de aviones, tráfico, maquinaria y motosierras vuelva a invadirlo todo”

 

Se puede definir el silencio de muchas maneras. Para mí, básicamente, es el sosiego, lo que no excluye el sonido, pero sí la perturbación. El tapiz de silencio, pues, no está totalmente vacío. Ahora que, al fin, parece que estamos ya cerca del final, la bestia empieza a rugir de nuevo y queda poco para que el estruendo de aviones, tráfico, maquinaria y motosierras vuelva a invadirlo todo, bien está recordar a qué suena la naturaleza cuando se expresa a través de una atmósfera limpia.

 

Un tapiz de silencio

Al registrar un sonido, como al hacer una fotografía, grabar un vídeo o pintar un paisaje, la realidad se convierte automáticamente en ficción. Como es natural, cuando un animal habla dirige sus mensajes a sí mismo, a sus competidores por el territorio, a sus compañeros de viaje. Él cuenta su historia, pero yo utilizo su voz para contar la mía. Lo que sigue es el relato personal de un amanecer contra un silencio perfecto, las primeras horas de un día en una primavera silenciosa.

Madrugada del cinco al seis de mayo. El escenario es el valle de Valsaín, en la ladera de Peñalara, a unos 1.400 metros de altitud, en una vaguada donde se entremezclan pinos silvestres y robles melojos. Luna casi llena, atmósfera quieta y templada. De una grabación continua de 24 horas nos interesa solo el final, desde la alta noche hasta que el sol asoma por encima de las cumbres de la sierra. El tapiz, sinónimo del fondo sonoro sobre el que se construye el concierto natural, es el sonograma del vídeo, generado, a su vez, por los sonidos grabados. Vemos y oímos las horas que preceden al coro del alba, la expresión con que se denomina a estas primeras cantatas de la mañana.

 

“Al registrar un sonido, como al hacer una fotografía, grabar un vídeo o pintar un paisaje, la realidad se convierte automáticamente en ficción”

 

El tapiz, su urdimbre, es un murmullo sin matices. Parece plano, pero, en realidad, está formado por la suma de miles de ruidillos, de la brisa, de las aguas, los ecos y las reverberaciones, filtradas por la vegetación y la distancia. Toda la actividad latente del bosque se convierte en este suave relleno. Una línea continua, como una cenefa, enmarca el borde inferior. Es el retumbo de fondo, las ondas sonoras más graves y, por así decir, el margen residual de la acústica del valle. Algunos sonidos sutiles, que nadie se atrevería a calificar como ruido, enriquecen el lienzo. Un murmullo fluye y traza una línea azul: un regato que mana de una tolla, agua discreta que escurre y suena casi a nada.

Como una perturbación del espacio, el viento forma ondas en el tapiz. Crepitan las ramas, una ráfaga sisea en las acículas de los pinos, tabletea en las hojas planas, aún a medio salir, de los robles. Muy lejos, ronronea un chotacabras gris. El bosque apenas levanta su voz, sin amenazar al silencio.

Unas notas moduladas, lejanas, pespuntean la noche. Ululan los cárabos. Para ellos su voz es una llamada de desafío que compartimenta el lienzo, el bosque, en territorios. Para sus presas, roedores y pajarillos, es motivo de tranquilidad, porque cuando el cárabo anda de caza no emite sonido alguno. Para nuestros oídos intrusos, el cárabo es el paso de las horas.

A la vez, unos sutiles pulsos agudos, alfilerazos en la parte alta del cuadro, sobrevuelan el bosque. Son la parte audible de los ultrasonidos de los murciélagos, que navegan, literalmente, de oídas. Ultrasonidos que pueblan otro lienzo, invisible para nosotros, pero que, por definición, no manchan el silencio.

Hay también sonidos broncos que crean el contraste necesario para que el silencio se haga más espeso. Los ladridos de los corzos, como voces asustadas donde nada les amenaza, arrugan el tapiz por unos segundos. Al alejarse ladera abajo sus toses se estiran, reverberan, rellenan el espacio y hacen un dibujo sin líneas del valle.

Hasta que, aún de noche y antes de que el cielo empiece a clarear por el este, aparecen en el bosque algunos trazos sutiles. Un trino, como una fina hebra, se enreda en el lienzo. Es un petirrojo que, somnoliento, lanza varias frases y calla. Pasa un rato antes de que se escuche una serie de notas dobles, espaciadas regularmente: un cuco dice su nombre. La luz se abre paso en los claros del arbolado mientras que las sombras permanecen bajo las copas. Y, como bajo la batuta de un director de orquesta, a medida que sube la luz, suben los colores del lienzo, las voces del bosque. Estalla un chochín, parlotea un petirrojo, silba, rotundo, un zorzal. Y con la aparición de un mirlo llega la música, en sentido estricto, al tapiz forestal.

 

“Como bajo la batuta de un director de orquesta, a medida que sube la luz, suben los colores del lienzo, las voces del bosque”

 

A partir de entonces todo es un griterío. Una voz aislada es un pájaro, pero dos son un conflicto territorial, una pelea a voces. Y muchas voces juntas forman una comunidad. Si se mezclan con otras y se le añade el viento, el agua y la distancia tenemos un bosque. El tapiz es ahora una maraña, una secuencia sonora entrelazada. Ahí está todo. Abajo, el arrullo grave, ronco de las palomas torcaces. Un poco más arriba los graznidos de las cornejas. Ocupando todo el ancho de la banda, los trallazos de los picos picapinos contra la madera. En el centro se amontonan las líneas. Pinzones, mirlos zorzales, carboneros comunes y garrapinos. Y arriba, como coronando la composición, unas crestas de trazos muy finos y apretados, como puntadas de hilo que salen de las gargantas de los más pequeños, reyezuelos sencillos, agateadores comunes y herrerillos. Cierran la secuencia los gritos rápidos de un azor.

Un bullicio. Pero mientras el tráfico se mantenga detenido, por muchos trinos, susurros, gritos, tamborileos, crujidos y rechinos, para la mayoría de los oyentes todo esto seguirá siendo un clamoroso silencio.


Sonando casi a nada

 

Calma urgente. Accionando el freno de emergencia | Roger López Cuenca y Elo Vega

Calma urgente 1

 

Estado de excepción. En aislamiento. Sin más contacto con el exterior que la red de pantallas de la que nos hemos ido rodeando. Tus emociones, el miedo, la perplejidad, la expresión de los afectos reducidos a carne de big data. La inquietante sensación de los ratones albinos en un laboratorio —tamaño del planeta— donde se ponen a prueba los límites del consentimiento, las condiciones de la rendición.

Las ventanas, los balcones, las terrazas se han revelado de pronto como espacios de una desconocida intensidad simbólica. En los nuestros, como en muchos otros, las semillas, los brotes, los plantones se han convertido en la más resiliente metáfora de la fuerza de la vida; de la que precedió a estos días de vigilancia; de la que permanece más allá del ruido amenazante de los media, y continúa, al ritmo del silencio de la calle; también en nuestra voluntad de no dejarnos arrastrar por la inercia suicida del prometido regreso a una “normalidad” de desigualdad y precariedad, de extractivismo inmediato y frenético.

A estas plantas les espera el futuro, lo mismo que a nosotras, fuera. Serán distribuidas, regaladas, para ser luego árboles y aspirar a ser bosque, en estas bolsas que hemos fabricado con las páginas de los periódicos de estos días sombríos —los consabidos profesionales gestos y las envanecidas proclamas de las élites, pero también iluminados por esos rostros y voces normalmente ignorados y que se han demostrado indispensables en la defensa de nuestra extrema vulnerabilidad. Las imágenes, los textos irán amarilleando hasta que lentamente se hagan ilegibles, antes de finalmente desaparecer. Mientras eso sucede, estas plantas encontrarán su sitio. En los balcones, en las ventanas hemos visto la manera de mirar hacia atrás para atisbar el porvenir; el modo colectivo en que podemos accionar —como Walter Benjamin supo presagiar— el freno de emergencia.

 

Calma urgente 2

 

Nerja (Málaga), España. 14 de marzo de 2020. A causa de la expansión del coronavirus COVID-19, el Gobierno central ha decretado el estado de alarma, cuyos límites a la libre circulación en el espacio público constituyen en la práctica un confinamiento efectivo de la población en sus lugares de residencia.

En este contexto se ha hecho pública la reactivación de un convenio firmado en 2015 entre el Ayuntamiento de Nerja y la Sociedad Azucarera Larios S. A. (Salsa Inmobiliaria). El acuerdo persigue la recalificación de alrededor de dos millones de metros cuadrados de suelo. El objetivo es la construcción de un campo de golf, varios hoteles y 680 viviendas de lujo. Sin embargo, estos terrenos no son urbanizables por gozar actualmente de un estatuto de especial protección agrícola.

La propuesta —sorprendente, dada su imposibilidad legal— se hace comprensible a la luz de la promulgación por parte del Gobierno regional (Junta de Andalucía), también durante el estado de excepcionalidad del confinamiento, de un macro-decreto por el cual se modifican de un golpe seis leyes y 21 decretos existentes. Se argumenta que con la finalidad de “limpiar de trabas burocráticas”, simplificando o directamente eliminando hasta un centenar de trámites administrativos. El decreto es oficialmente justificado en nombre de la agilidad y flexibilidad exigida por la libre empresa “para cuando llegue el momento de la vuelta a la normalidad”.

A pesar del aislamiento físico, estamos en contacto con familiares, con amigas, vecinas y compañeras. Compartimos las noticias, la indignación, la rabia ante el oportunismo y la ruindad de estas actuaciones. Y debatimos medidas a tomar como respuesta. El estado de alarma impide otras acciones más allá de la virtualidad de las redes. A través de estas divulgamos lo que para la mayoría —en el estado de shock provocado por la pandemia y la reclusión— ha podido pasar desapercibido. Comentamos, discutimos, datos, informaciones, fechas, nombres. En las conversaciones, inevitablemente, aparece la necesidad de releer hacia atrás la historia; de que solo mirando hacia el pasado podemos acercarnos a entender la lógica de estos planes que aspiran a diseñar nuestro futuro; y dilucidar de qué manera enfrentarnos a ellos.

La economía andaluza —la de Málaga, la de Nerja— se apoya en la actualidad, de modo preponderante, en el sector terciario; en la prestación de servicios ligados a la industria turística; también en la construcción, igualmente vinculada al turismo. La actividad económica se encuentra en estos momentos bajo mínimos, inerte, a causa de la conmoción ocasionada por un microscópico virus, tan inesperado como mortífero.

No es la primera vez. A mediados del siglo XIX un insecto parásito de la vid se expandió, en menos de una década, por el mundo entero, dando lugar a una crisis sin precedentes. La filoxera (Phylloxera vaxtratrix) hizo su aparición en Málaga en 1877, provocando el desmoronamiento irreversible de una entonces boyante economía, que tenía su pilar básico en la viticultura e industrias derivadas, principalmente el vino.

La plaga fue especialmente dañina en la zona oriental de la provincia, donde el viñedo llegó a desaparecer por completo. En esa comarca, la Axarquía (la Oriental, en árabe), a lo largo de toda su franja costera, otro cultivo, el de la caña de azúcar, tuvo durante siglos —desde la época de al Ándalus— un predominio tal que en torno suyo se delimitaron las relaciones sociales y de poder. La industrialización de este producto, iniciada a mediados del siglo XIX, convirtió el litoral en un monocultivo, y a una destacada familia de la plutocracia malagueña, los Larios, en su terrateniente máximo.

Mediante una agresiva política de préstamos a muy alto interés a pequeños empresarios y agricultores, que acababan deviniendo arrendatarios suyos, la Sociedad Azucarera Larios —fundada en 1890— va a llegar a poseer hasta 14 fábricas de azúcar y alcoholes, acumulando más de 10.000 hectáreas de terreno dedicadas a la producción de caña.

El progresivo declive de esta industria en la segunda mitad del siglo XX lleva a los Larios a abandonarla en 1976, reorientando su actividad al negocio inmobiliario. Para la explotación de los más de diez millones de metros cuadrados de suelo de su propiedad se constituyó en 1994 Salsa Inmobiliaria. Al agrobusiness se consagra otra de sus filiales, Salsa Agrícola, que dedica cerca de 80.000 hectáreas al cultivo intensivo de frutos tropicales (aguacate), así como a arrendamientos rústicos.

La agroindustria y su uso de fertilizantes y plaguicidas es el principal agente contaminante del suelo y del agua, y el mayor consumidor de esta. Por su parte, el turismo multiplica por cuatro el consumo medio de la población residente. Es lo que explica que Andalucía sea la mayor consumidora de agua de España; y la costa de Málaga, la mayor de Andalucía. El crecimiento exponencial del modelo low cost —desde las aerolíneas y el alojamiento hasta el alquiler de coches— ha conducido a un grado de masificación nunca visto. España recibió en 2019 más de 83 millones de turistas, rompiendo por séptimo año consecutivo su propio récord.

Sin embargo, este tipo de turismo masivo —ahora en estado de parón global— no deja de manifestar síntomas de agotamiento. De un lado, debido a las consecuencias de la reaparición en el mercado de otros destinos más competitivos al sur y al este del Mediterráneo; y de otro, por la sobreexplotación de recursos que conlleva, forzando al límite la capacidad de carga del territorio.

En ese momento empiezan a aparecer como una coletilla permanente asociada al término “turismo”, expresiones como “de calidad”, o el inexcusable adjetivo de moda, “sostenible”, que en el vocabulario neoliberal ostenta un monstruoso vaciamiento y perversión de su significado: seguir por donde íbamos, continuar “creciendo” a fuerza de ladrillo, acelerando hacia el colapso final.

La crisis actual no trae incorporada la puerta de salida. No vamos a regresar, sin más, a aquella deriva sin sentido que llamábamos “normalidad”. Junto con los visos autoritarios que el experimento está dejando al descubierto en las instituciones, el riesgo principal es el de nuestra propia supervivencia. Todo va a depender de que hayamos aprendido qué es lo verdaderamente indispensable frente a la idiocia desarrollista, la absurda movilidad sin fin, el consumismo siempre insatisfecho y el lucro como único designio a costa de una cada vez mayor desigualdad.

Nuestra supervivencia estribará en que hayamos entendido —del mismo claro modo en que se nos ha hecho visible lo valioso, lo imprescindible de aquello normalmente despreciado— que no existen las catástrofes “naturales”, sino que estas tienen su origen en la abusiva explotación de los recursos, en el saqueo de la biodiversidad: que la única salida es defender el precario y frágil equilibrio de la naturaleza, de la que formamos parte de modo indisoluble, y que es la única que nos puede proteger.

Autoría:

Rogelio López Cuenca y Elo Vega

Título:

Calma urgente. Accionando el freno de emergencia

Formato:

Acción germinal

Fecha:

2020

Más información:

www.lopezcuenca.com
www.elovega.net

Biografía

Rogelio López Cuenca (Nerja, España, 1959) y Elo Vega (Huelva, España, 1967), artistas visuales e investigadoras, centran su práctica artística en el análisis de los medios de comunicación masiva y la construcción de identidades. Colaboran en proyectos artísticos que son al mismo tiempo dispositivos de crítica de la cultura como instrumento político. Mediante producciones audiovisuales, exposiciones, publicaciones, intervenciones en espacios públicos y en las redes, su trabajo presta una atención principal a su carácter procesual, no constituyendo su objetivo fundamental la producción específica de objetos sino su aspiración a disolverse en procesos de más largo recorrido, desbordando con frecuencia el campo de las prácticas artísticas para diseminarse en otras direcciones, otros territorios y otras utilidades.

https://www.museoreinasofia.es/linternationale/artistas-cuarentena/rogelio-lopez-cuenca-elo-vega

 

Viajando con el oído “bajo el suelo del bosque” con Hildegard Westerkamp

 

Beneath the Forest Floor [Bajo el suelo del bosque] se compone de sonidos grabados en los bosques antiguos de la costa oeste de la Columbia Británica. Nos lleva a atravesar el bosque visible, hasta su mundo de sombras, hasta su espíritu; y nos conduce hacia lo que afecta a nuestro cuerpo, a nuestro corazón y a nuestra mente mientras experimentamos el bosque.

La mayoría de los sonidos de esta composición se grabaron en un lugar específico, el Valle de Carmanah en la Isla de Vancouver. Esta antigua selva tropical contiene algunos de los abetos de Sitka más altos del mundo, y unos cedros que tienen más de un milenio de edad. La quietud de este lugar es enorme, puntuada ocasionalmente sólo por el sonido de pequeños pájaros cantores, de cuervos y de arrendajos, de ardillas, de moscas y mosquitos. Aunque el arroyo Carmanah es una presencia acústica constante, nunca perturba la paz. Su sonido entra y sale del silencio del bosque mientras el sendero entra y sale de los claros cerca del arroyo. Unos pocos días en el valle de Carmanah logran crear una profunda paz interior, transmitida, sin duda, por los árboles que se alzan en ese mismo lugar desde hace cientos de años.

Beneath The Forest Floor trata de proporcionar un espacio en el tiempo que nos permita experimentar esta paz. Mejor aún, esta pieza sonora alienta a los oyentes a visitar un lugar como el valle de Carmanah, que ya ha sido destruido a medias por la deforestación.

 

«Además de permitirnos experimentar su enorme quietud y silencio, una visita a este lugar también transmitirá un conocimiento muy real de lo que se pierde si estos antiguos bosques desaparecen: no sólo perderemos los árboles, sino también ese espacio de paz interior que nos transmiten —un sentido de equilibrio y de recentramiento, de nueva energía y vida. El bosque interior, el bosque en cada uno de nosotros.»

Hildegard Westerkamp

 

Carmanah

Nota de la compositora: Beneath the Forest Floor fue comisionado por CBC Radio durante dos nuevas horas y producido en el Centro de Producción de Audio Avanzado de CBC en Toronto con la asistencia técnica de Joanne Anka y Rod Crocker. Gracias a Norbert Ruebsaat por proporcionarme sus grabaciones de un cuervo adulto y de un joven cuervo de Haida Gwaii. Todas las demás grabaciones las hice yo misma principalmente en el valle de Carmanah y en los bosques cerca del lago Cowichan en la isla de Vancouver, también en la isla de Galiano y en el parque del faro cerca de Vancouver. Todos los sonidos fueron grabados durante el verano de 1991. Gracias a Peter Grant por ayudar en gran parte del proceso de grabación. Un agradecimiento especial a David Jaeger, productor de Two New Hours por hacer esto posible y por darme la oportunidad de trabajar en la instalación totalmente digital mencionada anteriormente en CBC Radio, Toronto.

Beneath the Forest Floor recibió una mención en el Prix Italia 1994 y fue recomendado para su transmisión por la Tribuna de Música Electroacústica del Consejo Internacional de Música en 1992.

Extractos de Beneath the Forest Floor aparecen en Elephant (2003), una película de Gus van Sant.

 

H. Weseterkamp 1992, Banff | Foto: Peter Grant

 

Hildegard Westerkamp nació en Osnabrück, Alemania, en 1946 y emigró a Canadá en 1968. Después de completar sus estudios de música en la Universidad de Columbia Británica a principios de los años setenta, se unió al World Soundscape Project bajo la dirección de R. Murray Schafer en la Universidad Simon Fraser (SFU). Su participación en este proyecto no solo activó en ella profundas preocupaciones sobre el ruido y el estado general del entorno acústico, sino que también cambió su forma de pensar sobre la música, la escucha y la creación de sonido. La Radio Cooperativa de Vancouver, fundada en esta época, le brindó una oportunidad invaluable para aprender mucho sobre la transmisión, y finalmente le permitió producir y presentar su programa semanal Soundwalking en 1978-1979.

Se podría decir que su carrera en la composición del paisaje sonoro y la ecología acústica surgió de estas dos experiencias fundamentales y que encontró apoyo en la vitalidad cultural y política de Vancouver en ese momento. Además, compositores como John Cage y Pauline Oliveros han tenido una influencia significativa en su trabajo.

Mientras completaba su tesis de maestría en la década de 1980, titulada  Listening and Soundmaking – A Study of Music-as-Environment, también impartió cursos de comunicación acústica hasta 1990 en la Escuela de Comunicación de SFU junto con su colega Barry Truax. Desde entonces, ha escrito numerosos artículos y textos que abordan temas del paisaje sonoro, la ecología acústica y la escucha, ha viajado mucho, dando conferencias y realizando talleres de paisajes sonoros a nivel internacional.

En 1993, ayudó a fundar el Foro Mundial para la Ecología Acústica (www.wfae.net), una red internacional de organizaciones afiliadas e individuos que comparten una preocupación común por el estado de los paisajes sonoros del mundo. Fue editora en jefe de su revista Soundscape entre 2000 y 2012.

En 2003, Vancouver New Music (VNM) la invitó a coordinar y dirigir sondeos públicos como parte de su temporada anual de conciertos. Esto a su vez inspiró la creación de The Vancouver Soundwalk Collective, cuyos miembros continúan el trabajo de manera regular. Desde hace algunos años, ha sido mentora de varios compositores más jóvenes, de diseñadores de sonido, de líderes de soundwalk y personas que buscan trabajar en relación a los paisajes sonoros y la ecología acústica.

Las composiciones de Hildegard se han realizado y transmitido en muchas partes del mundo. La mayor parte de su producción trata aspectos del entorno acústico: con paisajes sonoros urbanos, rurales o silvestres, con las voces de niños, hombres y mujeres, con ruido o silencio, música y sonidos de los medios, o con los sonidos de diferentes culturas. Ha compuesto bandas sonoras de películas, documentos de sonido para radio y ha producido y presentado programas de radio como  Soundwalking y  Musica Nova  en la Radio Cooperativa de Vancouver.

En varias composiciones, ha combinado su tratamiento de los sonidos ambientales con la poesía del escritor canadiense Norbert Ruebsaat y Sharon Thesen. También ha escrito sus propios textos para una serie de piezas de interpretación para texto hablado y banda sonora ambiental. Además de sus composiciones electroacústicas, ha creado piezas para “sitios” específicos, como Harbor Symphony y L’institut polytechnique. En piezas como The India Sound Journal, explora las implicaciones más profundas de transferir sonidos ambientales de otra cultura al contexto norteamericano y europeo de música contemporánea, y composición electroacústica y audio arte. En 1998, colaboró ​​con sus colegas indios Mona Madan, Savinder Anand y Veena Sharma en una instalación de sonido en Nueva Delhi titulada Nada: una experiencia de sonido, patrocinada por el New Delhi Goethe Institut (Max Mueller Bhavan) y el Centro Nacional Indira Ghandi para las artes (IGNCA).

En 2000 creó junto con la fotógrafa Florence Debeugny, At the Edge of Wilderness , una instalación sonora sobre pueblos fantasmas en Columbia Británica, encargada por la Western Front Society de Vancouver. Y en su composición de 8 canales Für Dich — For You, basada en la poesía de Rainer Maria Rilke con traducción de Norbert Ruebsaat, explora el tema del amor y la conexión con los sonidos y los idiomas de su propia vida germano-canadiense.

Más recientemente, involucró a sus dos nietos en la creación de su trabajo Once Upon a Time y colaboró ​​con el compositor y grabador Terri Hron en Beads of Time Sounding  y con la pianista Rachel Iwaasa en Klavierklang que tuvo su estreno mundial en los World Music Days de ISCM en Vancouver, en noviembre de 2017. Su trabajo compositivo ha sido analizado en varios artículos, pero más extensamente en la disertación de Andra McCartney, Sounding Places: Sit Conversations through the Soundscape Work de Hildegard Westerkamp, Universidad de York, Toronto, 1999. Sus composiciones llaman nuestra atención sobre el acto de escucharse a sí mismo, así como de escuchar los espacios internos y ocultos de los entornos que habitamos y aquellos detalles tanto familiares como extraños en nuestro entorno acústico.

Dead Man. Jim Jarmusch

 

En esta escena entramos en territorio lobuno, espacio limítrofe de Artemisa, en la que el anti-héroe, William Blake, él mismo un fugitivo, se tumba en el suelo del bosque al lado de un cervatillo muerto y se pinta el rostro con su sangre. Allí, se alcanza entonces algo muy simple y profundo –es totemismo en estado puro, pero sobre todo es un reencuentro: perseguido, William Blake, que era al inicio del film un simple oficinista, se adentra en el bosque a una velocidad sorprendente y, sin embargo, lo hace por etapas, como en una iniciación real, y allí recobra el acceso a la vida salvaje. Los dos cuerpos acostados uno al lado del otro, sobre aquel suelo del que están hechos los bosques –ramitas, musgo, hojas caídas secas o podridas–, la bestia muerta y el hombre vivo, sobre la tierra con el agua (la de los ojos, la de la boca) y la sangre, allí el hombre se encomienda al animal, le sustrae el alma y se entrega, confiado, a él, a ella, y viaja con ella, su alma-animal… William Blake, ese antihéroe fugitivo, que ha roto con la civilización conquistadora, y que lleva, sin saberlo, el nombre del poeta visionario inglés inventa un ritual, un residuo de sacrificio que le abre la vía de una reintegración. En esa escena de chamanismo improvisado, la muerte y la vida se abrazan en un apaciguamiento prodigioso…

Dead Man, de Jim Jarmusch, 1995, 120 min. Estados Unidos.

Música: Neil Young

Fotografía: Robby Müller (B&W)

Reparto: Johnny Depp, Gary Farmer, Lance Henriksen, Michael Wincott, Crispin Glover, Iggy Pop, Robert Mitchum, Steve Buscemi, Alfred Molina, Gabriel Byrne, John Hurt, Mili Avital, Eugene Byrd, Billy Bob Thornton, Jared Harris

Pandora Film / Bac Films / Newmarket Capital Group / JVC Entertainment Networks / 12 Gauge Productions. Género: Western | Película de cultoCine independiente USA

 

El “earth-body” de Ana Mendieta

Desde la añoranza de naturaleza, que muchos.as tenemos en ese largo periodo de confinamiento, qué mejor que convocar una vez más, en esta bitácora lobuna, el sugerente arte de Ana Mendieta, su earth-body (tierra-cuerpo): en el cuerpo, sentir “la tierra no bautizada de los orígenes”, decía, “el tiempo que nos mira desde el interior de la tierra”… Desnudarnos y des-cubrirnos, en la inmanencia del mundo…

 

Ana Mendieta, Creek, juillet 1974, San Felipe Creek, Oaxaca, Mexique, film Super 8, color, silencioso, colección de la Cruz Collection Contemporary Art Space, Miami.

 

 

El arte de Ana Mendieta tiene un alto componente de evento, de ritual. Por eso la importancia no solo de los materiales –sangre, fuego, tierra– sino también de los movimientos del cuerpo. Su semejanza con los ritos de las culturas precolombinas le añaden un componente metafísico a los performance de la cubana.

En Siluetas –la serie más conocida de la artista–, Mendieta utiliza su cuerpo o construcción en medio de la naturaleza una silueta hecha de pólvora, de piedras o de barro, y la deja interactuar con el ambiente. [ir a https://blogdelesllobes.com/2016/05/05/el-arte-de-la-tierra-y-de-la-sangre-de-ana-mendieta-serie-siluetas/

La artista nació en La Habana en 1948 en el seno de una familia activa en política. Cuando Fidel Castro subió al poder en 1961, ella y su hermana fueron enviadas a Estados Unidos. Estudió pintura en la Universidad de Iowa e hizo un MFA en Intermedia en la misma universidad. Durante el programa, Mendieta comenzó a experimentar con la fotografía, el video y el rendimiento.

La artista también tiene estos medios para denunciar la violencia contra las mujeres. En Untitled, Rape Scene (1973) recreó la escena en la que se hizo víctima imaginaria de una violación.

Mendieta murió en Nueva York en 1985. En 2009 la prestigiosa Fundación Cintas de Cuba reconoció su legado, galardonándose con el premio Vida y Obra. Su obra será expuesta en la X Bienal de Berlín.

Ana Mendieta en Berlín

 

Ana Mendieta

Ana Mendieta: extensiones de la naturaleza y desbordamientos del cuerpo: http://portavoz.tv/ana-mendieta-extensiones-de-la-naturaleza/

 

 

La vida poética de R. M. Rilke

-RILKE_1.jpg de Archivo ABC-

 

Hay libros a los que hemos de volver una y otra vez, y que releídos a la luz o a la sombra de ciertos acontecimientos contrastan lo más sombrío con un brillo específico, y subrayan lo más luminoso con una línea de sombra. En toda crisis, sea ésta personal o colectiva, es decir, en todas aquellas épocas –como la presente– que se vuelven punto de inflexión en la vida individual o en la de una colectividad, las palabras de Rilke son siempre ese abrevadero donde acude para desalterarse nuestra alma-anima-animal…

 

Click to access cartas.pdf

 

 

Me disculpo doblemente, pues ni encontré el nombre del traductor de esas cartas que Rilke escribió en alemán (el archivo deslizante que os adjunto proviene de la Facultad de Humanidades, Argentina), ni recuerdo de dónde saqué la fotografía de Rilke leyendo, que tenía en mi archivo personal.

 

#ESCUCHA

 

Deteneos. Sencillamente, alto, stop, no os mováis.

Ya no es una petición. Es una obligación.

Estoy aquí para ayudaros.

Esta montaña rusa supersónica ha agotado ya todos sus raíles.

Basta

aviones

trenes

escuelas

centros comerciales

reuniones.

Hemos roto el frenético torbellino de ilusiones y “obligaciones” que os han impedido levantar los ojos al cielo, mirar las estrellas, escuchar el mar, dejarse mecer con los gorgoritos de los pájaros, rodar por las praderas, recoger una manzana del árbol, sonreír a un animal en el bosque, respirar la montaña, escuchar el sentido común. Hemos tenido que romperlo.

No podéis jugar a ser Dios.

Nuestra obligación es recíproca.

Como lo ha sido siempre, aunque vosotros lo hayáis olvidado.

Interrumpiremos esta transmisión, la infinita transmisión discordante de divisiones y distracciones, para traerte esta noticia: no estamos bien.

Ninguno de nosotros; todos estamos sufriendo.

El año pasado, las tormentas de fuego que quemaron los pulmones de la tierra, no te detuvieron.

Ni los glaciales que se están derritiendo.

Ni las ciudades que se desploman.

Ni la consideración de ser los únicos responsables de la sexta extinción masiva.

No me habéis escuchado.

Es difícil escuchar cuando se está tan ocupado luchando por escalar siempre más alto sobre los andamios de las comodidades que os habéis construido.

Los cimientos están cediendo, se están arqueando bajo el peso de vuestros deseos ficticios.

Yo os ayudaré. Traeré tormentas de fuego a vuestros cuerpos,

inundaré vuestros pulmones.

Os aislaré como a un oso polar en su iceberg a la deriva.

¿Me escucháis ahora?

No estamos bien.

No soy un enemigo

Soy un simple mensajero, soy un aleado, soy la fuerza que traerá de nuevo el equilibrio. Ahora tenéis que escucharme, os estoy gritando ¡que os detengáis!

Deteneos, callad, escuchad;

Ahora alzad los ojos al cielo, ¿cómo está? Ya no hay aviones. ¿Cuánto necesitáis que esté bien para poder disfrutar del oxígeno que respirais?

Observad el océano, ¿cómo está? Observad los ríos, ¿cómo están? Observad la tierra, ¿cómo está? Miraos a vosotros mismos, ¿cómo estáis?

No puedes estar sano en un ecosistema enfermizo. Detente. Muchos ahora tienen miedo. No demonicéis vuestros miedos, no os dejéis dominar. Dejad que os hable, escuchad su sabiduría.

Aprended a sonreír con los ojos.

Os ayudaré, si me escucháis.

Firma: Coronavirus

#ESCUCHA

Edición: Darinka Montico

Voz: Giulia Chianese

Subtítulos en castellano: Teresa Santamaría

 

 

Aún estando los humanos confinados, el ciclo afortunadamente continúa: ¡feliz primavera a todas.os!

 

El equinoccio de primavera este año se ha producido este viernes 20 de marzo a las 4.50 hora española (3.50 UTC) en el hemisferio norte, dando entrada al equinoccio de otoño en el hemisferio sur.

El equinoccio es el día en que el Sol se ubica justo en el ecuador celeste, por lo que la noche hoy tiene exactamente la misma duración que el día (exceptuando en los polos). De ahí su nombre, ya que la raíz etimológica de equinoccio proviene del latín “aequinoctium” (aequus nocte) que significa “noche igual” y por lo tanto, si se viera el planeta desde un punto alejado, se podría percibir una división perfecta con una parte completamente iluminada y otra de las mismas dimensiones pero totalmente oscura.

En este juego de luces y sombras, dejo el enlace a un artículo que recoge la parte mitológica y algunos de los rituales que se celebran alrededor del planeta con la llegada del equinoccio de primavera (los antiguos rituales en Chichén Itzá, México; el festival Holi en India; el festival Hanami de los cerezos en flor en Japón; la muerte de la diosa Marzanna en Polonia; El  Sham el Nessim, la fiesta del Nilo, uno de los rituales más antiguos de los que se tienen registros…)

https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20200320/equinoccio-de-primavera-2020-rituales-7363638