De patos y de cisnes (1): la noción de “resiliencia”. Boris Cyrulnik, Barbara, Chantal Maillard


En el taller de lectura empezamos a trabajar, con algunos de los grupos, el cuento “El patito feo“. La compasión a la que nos abre el desamparo de miles de refugiados, hoy en día tan tristemente de actualidad (¿hubo un tiempo en que no lo fue?), se dobla de una reflexión necesaria mediante este cuento que trata del exilio, del rechazo social, de la identidad y del “otro”, y de las condiciones más apropiadas para desarrollar la aptitud de resiliencia, es decir, aquella capacidad de reestructuración que tiene la psique después de vivir experiencias traumáticas.  El psicólogo Boris Cyrulnik nos recuerda que la capacidad de metamorfosear el sufrimiento en obra de arte (poemas, literatura, canciones, obra plástica u obra de teatro, o de cine etc.), es una de las estrategias curativas decisiva para poder salir adelante. Hacer algo con nuestro sufrimiento, remarca Cyrulnik en el vídeo insertado más abajo, como, por ejemplo, hacer del sufrimiento un lazo hacia otros que padecen (reconocerse en otros, reconocer el otro en mí), o convertir una vivencia traumática en narración, en expresión artística, es determinante para dejar de estar sujeto al sufrimiento. Traducida en términos lobunos, esta aptitud de resiliencia anida en el meollo mismo de la Loba: la capacidad de resistencia y de adaptabilidad ante las adversidades es una de sus mayores virtudes, y su instintiva función de revitalización, de recreación y de regeneración psíquica, uno de sus mejores legados conferido al animal humano.


Reseña de Bernabé Sarabia en El Cultural del libro Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida, de Boris Cyrulnik.  Traducción de T. Fernández y B. Eguibar. Gedisa, 2002.

“Nacido en Burdeos en 1937, Boris Cyrulnik procede de una familia de rusos judíos masacrados por los nazis. Con seis años escapó de un campo de concentración. A partir de entonces queda convertido en un niño huérfano que pasa por distintas familias y centros de acogida.

Cuando todo parecía destinarle a una existencia mediocre, Cyrulnik se convierte en un médico que llega a ser una celebridad. Profesor en la Universidad de Var, lidera un grupo de investigación en etología clínica en el Hospital de Toulon.

A través de sus clases, conferencias y publicaciones, Cyrulnik ha roto varios de los supuestos más aceptados en distintas orientaciones psicológicas. Es el caso del concepto de culpa. Si a lo largo del siglo pasado se pensaba desde el psicoanálisis que la culpa estaba en la base de la neurosis y de la frustración individual y social, el psicólogo Boris Cyrulnik sostiene que ciertas formas de culpabilidad son buenas porque evitan el daño al prójimo y ayudan a tener respeto y compasión por los demás.

El subtítulo de Los patitos feos resume muy bien el contenido de este libro: La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. El término resiliencia, inexistente en el Diccionario de la RAE, procede del latín “resalire”, volver a saltar. En los 60, la psicóloga norteamericana Emmy Werner lo acuñó para la psicología al publicar los resultados de sus trabajos durante más de 30 años en Hawai con niños que no tenían familia, no iban a la escuela y vivían en una gran pobreza. Werner encontró que un tercio de los niños se las apañaba para aprender a leer y escribir. Tras ello, eran capaces de salir de la desviación, como dicen los sociólogos, e insertarse en la sociedad.

Cyrulnik retoma el trabajo de Werner pero en un contexto mucho más amplio. Si la mitad de la población del planeta ha sufrido algún tipo de trauma psíquico, como indica la OMS, es evidente que existe un buen número de personas capaces de superar cualquier experiencia traumática y construir, no ya una vida normal sino una existencia exitosa.

La noción de resiliencia ha de entenderse en este texto de Cyrulnik como la capacidad de una persona de hacer frente a terribles problemas individuales o sociales y salir airoso. No obstante, el término ha tenido un éxito enorme y se ha incorporado al lenguaje cotidiano de países como Holanda o Alemania. Ahora mismo, en EE.UU, tras el 11-S a las torres del World Trade Center se las denomina “torres gemelas resilientes”.

Aunque al final de Los patitos feos se amplía el análisis de la resiliencia a los adultos y a sus hábitos y actitudes culturales, el grueso del libro está dedicado a la resiliencia en los niños. Cyrulnik ha montado su línea argumental apoyándose en casos de su experiencia clínica más que en textos de carácter académico. En buena medida esto se debe a que un buen número de orientaciones psicológicas tienen un carácter muy determinista. Los niños maltratados tienen esperanza para Cyrulnik. Su vida puede no sólo ser normal sino magnífica. De lo que se trata es de conseguir que exista para el niño un otro significativo bajo la forma de amigo o pariente. Si se considera que el niño es una pequeña persona y se le proporciona la ocasión de convertir su accidente traumático en una narración se está en la buena vía. En ningún caso se debe reducir al niño o a la persona a su trauma.

La enorme resonancia que están teniendo las tesis de Cyrulnik viene de que acaban con la idea extendida tras el traumatismo del nazismo en Europa de que la autoridad o la prohibición debían ser abolidas en aras de la salud mental de los niños. La novedad que introduce Cyrulnik radica en dos aspectos. El primero está en que la resiliencia es un proceso interno que puede ser estudiado y enseñado de tal modo que el daño de los traumas a los que puede ser sometido un niño sea aliviado hasta el punto de dejar de ser un obstáculo en su desarrollo personal y social. El segundo aspecto se refiere a que, si bien la familia o las instituciones han de dar ocasión a la victoria del niño, ésta la debe conseguir él aportando su propio esfuerzo.” 

http://www.elcultural.com/revista/letras/Los-patitos-feos/4678

Aquí un enlace para leer en pdf Los patitos feos, de Boris Cyrulnik:

http://bibliotecaparalapersona-epimeleia.com/greenstone/collect/libros1/index/assoc/HASH01b1.dir/doc.pdf

https://es.wikipedia.org/wiki/Boris_Cyrulnik

Teoría del apego, del psiquiatra y psicoanalista americano John Bowlby:  https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_apego

Barbara, Le mal de vivre: 

“Y es más extraña aún, la extrañeza, cuando se cuela en esos pocos, escasísimos momentos en los que, sin razón alguna, una se siente “bien”. La joie de vivre que, como cantaba Barbara, nous prend par les reins, sobreviene sin razón, de la misma manera que sobreviene el mal de vivre, sin razón. 

“Esto también pasará”, la frase de aquel sabio indio que he colocado, a modo de saludo personal, en mi teléfono móvil, ha de poder aplicarse a todo lo que agrada como a lo que desagrada; ha de tenerse en cuenta tanto en la felicidad como en el dolor. Quien sabe aplicarla no se extraña, pues está a medio camino de ser quien es y de no serlo, a un tiempo sujeto y objeto de sí mismo y, en el intervalo, justo en medio, ahí donde se localiza el punto muerto, en aquel punto halla la sabiduría, la equidad de Confucio, la indiferencia del Buddha.” 

Chantal Maillard. Filosofía en los días críticos. Pre-Textos (párrafo 159).


–Filosofía en los días críti­cos y Diar­ios indios son dos esplén­di­dos cuader­nos poéti­cos en prosa en los que es suma­mente importante la pal­abra vuelta carne. En ellos un sin­fín de ref­er­en­cias lit­er­arias y filosóficas conviven con una enunciación con diversas e inagotables dimen­siones, ¿qué tanta relación ten­dría el dolor con una posi­ble “sal­vación” o “exor­cismo” poético, casi del mismo modo en el que Bachelard medita la poesía como un espa­cio de curación con la obra de Lautréamont?¿qué tanta relación ten­dría el dolor con una posi­ble “sal­vación” o “exor­cismo” poético, casi del mismo modo en el que Bachelard medita la poesía como un espa­cio de curación con la obra de Lautréamont? 

–Creo que el poema-letanía “Escribir”, com­puesto en un largo peri­odo de pos­tración, responde a esa pre­gunta mucho mejor de lo que pud­iese hac­erlo ahora. “Escribo porque es la forma más veloz que tengo de moverme”, decía, y era lit­eral. Y tam­bién “para que el agua enve­ne­nada pueda beberse”. Cuando uno (se) escribe se proyecta, tiene lugar un desdoblamiento, y una dis­tan­cia se abre, un espa­cio en el que la pal­abra con­jura. Uno deja de ser ese yo inte­ri­or­izado sin pal­abras con las que recono­cerse, y eso ya es cura­tivo. Aunque no deja de ser un primer nivel. El sigu­iente es que este reconocimiento con­lleve un grado de universalización. Luego está el dolor de la pér­dida, los due­los. En Hilos y en Husos trazo una geografía que le facilita la tarea al observador del que había tratado en los Diar­ios indios. La difer­en­cia entre el sufrim­iento y el dolor, lo que la mente añade a la sim­ple percep­ción del daño es algo que cualquiera puede des­cubrir si está atento al pro­ceso mental. Pero, para ello, hace falta haber creado al obser­vador. Y le diré que es sin duda aquí, en estos libros, y no en aque­l­los tan­teos de los ini­cios, donde puede encon­trarme real­mente quien me busca.

Extraído de una entrevista a Chantal Maillard, “La escritura es mi casa“: http://revistacritica.com/contenidos-impresos/entrevistas/chantal-maillard-la-escritura-es-mi-casa-por-leonarda-rivera-e-ingrid-solana

2 pensaments sobre “De patos y de cisnes (1): la noción de “resiliencia”. Boris Cyrulnik, Barbara, Chantal Maillard

  1. Gracies Muriel!!!
    LLegint i escoltant aquestes reflexions sobre la resilència, com convertir l’accident traumàtic en una narració, la diferència entre sufriment i dolor, l’exili, la identitat, la percepció…

    M’han portat a fullejar el DIARIO de Etty Hillesum “Una vida conmocionada” (Editorial Anthropos), i voldria compartir uns petits paràgrafs que penso, estan relacionats.

    “¡Adelante pues! Éste va a ser un momento doloroso, casi insuperable para mi: entregar mi ánimo cohibido a un insignificante trozo de papel liniado. A veces los pensamientos estan perfectamente organizados y claros en la cabeza y los sentimientos son muy profundos, pero escribirlos es imposible. Creo que es, sobre todo, por pudor. Tengo un gran reparo, no me atrevo a revelar mis cosas, a dejarlas fluir libremente. No obstante, tendrá que ser así si, a largo plazo, quiero llevar mi vida a un termino razonable y satisfactorio. Es igual que ese ultimo grito liberador en la relación sexual, que tambien se queda timidamente atrapado en el pecho…”

    “… Ahora estoy enferma, no puedo hacer nada en contra. Mas tarde reuniré todas las lágrimas y todos los temores…”

    “… No quiero convertirme en una cronista de atrocidades. Tampoco de sensaciones. Está tarde le dije a Jopie: “A pesar de todo, siempre llego a la misma conclusión: la vida es hermosa. Y creo en Dios. Quiero estar en medio de todo aquello que la gente llama “atrocidades” y aun así decir luego: la vida es hermosa”.

  2. Magda, muchas gracias por traernos de nuevo a Etty Hillesum, su trayectoria desde luego no nos deja indiferentes…

    Como contrapunto a los fragmentos de la joven judía neerlandesa, anudaré una hebra más al tejido que aquí trenzamos. Una respuesta de Chantal Maillard en una entrevista del 2007 que apunta al blanco acerca de la función (¿resiliente?) de su escritura diarística:

    “No tengo problemas en desnudarme, en expresarme en los detalles mínimos cuando escribo. Con el cuaderno estoy a solas conmigo y sé que, escribiendo, llego a mucha gente porque la experiencia del dolor es la experiencia de todos. El compadecer con otros está presente en mi escritura, es un grito de dolor que pertenece al momento de mi enfermedad. Lo que he escrito después pertenece a una pérdida incluso más consustancial que la pérdida física, que es la pérdida de un hijo. Esa estrategia de la geografía mental me permitió distanciarme de mí misma. Observarme en la pena, en el dolor, y construir o, simplemente, sobrevivir. Sin esa escritura, sin ese decirme desde la distancia que la escritura procura, no habría sobrevivido a tanta pérdida.”

    [“Yo creo que corazón ya no tengo”: entrevista a El País, 16/06/2007]

    Queda mi abrazo, Magda, y abrirse al silencio de la noche…

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