compartim

Parusía. Chantal Maillard

Notre Dame en feu La catedral de Notre-Dame de Paris, en llamas. ©La voz de Almería

 

Todos éramos fragmentos de una historia común. Esquirlas de un espejo que, como el del universo, no habría de recomponerse nunca.

Parusía llamaron los cristianos a la reunificación postrera de todas las esquirlas. Una idea hermosa. La razón geometriza en los confines del logos. El gran conjunto de todos los conjuntos nunca se dará más que como abstracción y como paradoja. Las religiones son, qué duda cabe, las mayores abstracciones comunitarias.
Es curioso que el final de los tiempos se entienda, en el cristianismo, como la celebración de un juicio, el último juicio. Algo, si se mira más de cerca, un tanto contradictorio con la idea de una parusía: el final de los tiempos, la reaparición del Cristo y la reunificación de su templo en él. Para-ousía: más allá de la ousía, la forma primera (y primera categoría de Aristóteles), un concepto equivalente, en cierto modo, al Para-Śiva o Paramaśiva del hinduismo: el principio del que todas las formas participan. No obstante, para los cristianos se trata de la reunificación de ciertos fragmentos tan sólo, aquellos que resulten de la criba, una selección ad hoc, en definitiva, puesto que el final estaba escrito: requerido por sus causas. El juicio final (la conclusión) estaba en el inicio.

*

No poder evadirse de sí, el sí que se construye en pasado, no poder alejarse, llevar a cuestas la casa –las casas–, caracol cuya baba son las lágrimas, cuya traza resplandece con el sol y se agrieta con la helada pero nunca, nunca se borra. No acertar a desprenderse. Anhelar el fuego, la resolución por las llamas.

 

Chantal Maillard. La mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015.

 

 

La compasión difícil de Chantal Maillard por Gonzalo Torné

Chantal maillard_foto- Bernabé

Foto: Bernabé Fernández

 

EL CULTURAL, 22 marzo 2019 | GONZALO TORNÉ

A medida que se incrementa el número de sus lectores y su prestigio se va volviendo incontestable se impone la conveniencia de ofrecer respuestas críticas a la enigmática obra de Chantal Maillard (Bruselas, 1951), que se aviene, por una vez sin estridencias ni forcejeos, a la categoría de original. No merece la pena entretener el tiempo tratando de encajar La compasión difícil en un género ya establecido, con los perímetros bien trazados y custodiado por las academias. La propia Maillard se muestra muy suspicaz ante la obediencia taxonómica, no tanto por coquetería, como por una conciencia muy viva de las trabas y limitaciones que todo género impone a la obra, ya sea por el peso de la tradición heredada o por las expectativas instituidas entre los lectores.

 

MAILLARD PARECE REBELARSE CONTRA ESA FICCIÓN IMPUESTA POR EL ENSAYO HUMANÍSTICO CON PRETENSIONES DE OBJETIVIDAD CIENTÍFICA

 

Quizás lo mejor sería decir que La compasión difícil es un libro de pensamiento; se podrían extractar sus ideas y afirmar que plantea cómo en un mundo abandonado por los dioses (entendidos aquí como cualquier forma de cuidado o atención sobrenatural) y dominado por la depredación que impone el hambre, solo la construcción de espacios compasivos, capaces de desactivar nuestras pasiones más agresivas, puede convertir la tierra en un espacio soportable, por difícil que sea la compasión si recordamos la cantidad de “crímenes” que cometemos los seres vivos. De otro modo, como se nos insiste en varias ocasiones, de no ser por el tiránico instinto de supervivencia, ¿quién podría considerar esta vida como algo deseable?

Pero este resumen, prometo que bienintencionado, violenta un tanto el espíritu de un libro donde el pensamiento no se ofrece en forma de discurso, acumulando un argumento tras otro, con gran despliegue de ejemplos, mientras se recorre el carril complaciente de la lógica hasta alcanzar una nítida conclusión final. En La compasión difícil la autora piensa mucho, y con rigor, pero buena parte del interés se encuentra en la manera en la que se despliega ese pensamiento, que tampoco puede reducirse a lo poético ni emparentarse sin más con lo lírico, pues Maillard no permite que las frases se desatiendan del material semántico que arrastran, sus párrafos jamás se resuelven en hallazgos bonitos o biensonantes. En este libro, insisto, se piensa a fondo.

Si enfocamos mejor la lente podemos describir tres rasgos originales en este libro: en primer lugar, se trata de un pensamiento incardinado, sensible al mundo que le rodea: el movimiento natural o la temperatura del aire pueden comparecer mezclados con las ideas abstractas.

En segundo lugar, no tratamos con un pensamiento desapasionado que se esfuerce por simular retóricamente una enunciación impasible, entregada al desarrollo incontestable (casi independiente) de las ideas. Maillard parece rebelarse contra esta ficción impuesta por el ensayo humanístico con pretensiones de objetividad científica y expresa sus puntos de vista sin renunciar al entorno emocional del que proceden; así, las ideas comparecen en este libro empapadas del entusiasmo, el desprecio o la preocupación que le suscitaron a la autora al formularse. Dos ejemplos: su crítica a los dioses o a lo que algunos hombres les hacen a otros (o al planeta) en nombre de las creencias es personalísima, sin por eso dejar de ser razonada.

En tercer lugar, el pensamiento de Maillard es metafórico. Allí donde los cachorros de la academia se apoyan en papers y notas que aluden a los pensamientos momificados de antiguas luminarias, Maillard recurre a metáforas poderosas (los ángeles, el hambre, incluso la propia compasión…) que ayudan a aglutinar las distintas ideas que van surgiendo. O si se prefiere, por emplear una metáfora muy querida por la autora, contribuyen a “hilvanarlas”. La reflexión sobre esta manera de pensar en hilos de imágenes que van formando un tejido de argumentos e historias ocupa un considerable número de páginas dentro del propio libro.

 

EN LA COMPASIÓN DIFÍCIL LA AUTORA PIENSA MUCHO, Y CON RIGOR. SU INTERÉS RADICA EN QUE SU PENSAMIENTO LE LLEVA A UN SITIO INSÓLITO

 

El resultado es un pensamiento literario que se presenta de manera más tentativa que estructurada, y que sin llegar a contradecirse no duda en matizarse, exponerse en tonos distintos, en sugerir y en incitar, en recorrer una imagen sin prisa… Estos principios operativos son también clave en la libertad con la que Maillard expone sus ideas. El pensamiento, impulsado y mecido por sus propias metáforas, se detiene en un aforismo: (“Que la vida quiera ser vivida no significa que sea un bien”; “Ingerimos gustosamente lo que más nos daña”; “Preferiría lamer como un animal no humano las heridas de otro animal, como hacen ellos entre sí”; “La compasión emerge de un ánimo ecuánime. No hay, no debe haber ni un ápice de tristeza en quien compadece”). También en definiciones inesperadas (“Las diferencias: reverberación infinita de un primer sonido”; “Culpa: parte que heredamos de los dioses caídos”). En arranques de tratados éticos sobre la compasión; en revisiones dramáticas (esto es, dialogadas) del mito de Medea; en relatos cosmogónicos acerca de la caída de los ángeles; en informes que abordan el sufrimiento del planeta o en pasajes abiertamente poéticos.

Vuelvo al principio de la reseña: La compasión difícil no es un libro que se dedique a mezclar desde fuera géneros ya establecidos, sino que su propio desarrollo le lleva a un sitio (original, personal, divagante y riguroso, variado y libre a la manera que soñaban los románticos) que a los géneros académicos a nuestra disposición les cuesta reconocer.

Podríamos decir que los libros de Chantal Maillard empiezan a constituir su propio género; y lo que llevo escrito hasta aquí, obviamente, no es tanto una crítica como una tentativa de entenderlo.

 

CHANTAL MAILLARD | LA COMPASIÓN DIFÍCIL

Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2019

220 páginas. 19,90 €. Ebook: 12,99 €

 

El ciclo. Equinoccio de primavera

20190320_124743 Fotografía hecha en mi terraza

::

primavera

esta mañana

jacintos de penacho

y florecillas espontáneas

me la muestran

sin decirla

::

 

La inclinación del eje de rotación de la Tierra, de unos 23,5º, y el desplazamiento del planeta por su órbita alrededor del Sol originan las estaciones, con los solsticios y equinoccios como los puntos de cambio. El equinoccio de primavera es el momento preciso en el que el Sol corta el plano del Ecuador, que este año se producirá este 20 de marzo a partir de las 21:58 horas en horario universal (una hora más en España) dando inicio a la primavera en el hemisferio norte y al otoño en el hemisferio sur.

A partir de hoy, el Sol, que salía hasta ahora hacia el sudeste, saldrá exactamente por el Este y se pondrá por la tarde justo en el Oeste, lo que supondrá que el día y la noche duren prácticamente lo mismo, significado del término equinoccio – del latín aequinoctium (“noche igual”).

El equinoccio de primavera marca también el inicio del zodiaco, cuando el sol ingresa en el signo de Aries asociado al fuego y a los comienzos, y relacionándose con el despertar de la energía vital, el renacer de la tierra, la fecundidad y el crecimiento.

Durante toda esta primavera el planeta rojo Marte será visible tras la puesta de sol y, al amanecer, podremos divisar Venus, Saturno y Júpiter, que podremos también ver por las noches al final de la primavera.

• El equinoccio de primavera es una celebración muy seguida en la antigüedad por ser el tiempo para la siembra en culturas como los Celtas y los Mayas. También representa el símbolo de fertilidad por excelencia, por ser la temporada en que la naturaleza reverdece.
• Se conmemoran ritos por todo el mundo como el Shunbun no Hi en Japón o el equinoccio de primavera de Chichén Itzá (México), una muestra de la increíble precisión de la astronomía maya.
• La fecha oficial del equinoccio cambia todos los años debido a que el periodo orbital de la tierra no es exacto, tarda 365,24 días en dar una vuelta completa al Sol. Este desfase se ajusta gracias a los años bisiestos, así el equinoccio puede darse entre los días 19 al 21 de marzo (según el año).
• Este año la luna llena más cercana es la del 21 de marzo de 2019. Esta luna llena coincide con el undécimo mes del calendario hindú, siendo la fecha en que se celebra en la India el Festival Holi (fiesta de los colores).

¡A todas.os, feliz primavera!

 

Fabienne Verdier | Sur les terres de Cézanne

UNA RETROSPECTIVA DE LA OBRA DE FABIENNE VERDIER en el MUSEO GRANET de AIX-EN-PROVENCE

Du 21 juin au 13 octobre 2019

 

F.V_au prieuré de sainte victoire_oct.2018_Ph.Chancel
Fabienne Verdier sobre el motivo, desde el Prieuré de Sainte-Victoire, octubre 2018        ©Ph. Chancel

En el Museo Granet de Aix-en-Provence se celebrará este verano la primera gran exposición dedicada a la obra de Fabienne Verdier en un museo francés. Después de muchas exposiciones en Europa y Asia, el público tendrá la oportunidad de descubrir una obra que se ha renovado constantemente desde su viaje de iniciación a China que compartió en su bestseller Passagère du silence.
Ineludible artista en el seno del arte contemporáneo, Fabienne Verdier viaja fuera de los caminos trillados, ofreciendo a lo largo de su carrera una creación llena de sensibilidad y de fuerza, de contrastes y de unidad.

Fabienne Verdier sur le motif, Montagne Sainte-Victoire, oct. 2018 ©Ph. Chancel

 

La retrospectiva incluirá cerca de 50 pinturas de gran formato. Abarcará desde los inicios del trabajo de la artista hasta su obra actual: su aprendizaje de la caligrafía en China, el diálogo entre la música y la pintura, y la presentación de las obras realizadas en 2018 en su taller nómada. Este último fue concebido para poder pintar directamente en los grandes lugares de Cézanne, frente a la montaña Sainte-Victoire y en su misma cumbre, mediante su enorme pincel saturado con 60 litros de tinta…

Comisarios de la exposición : Fabienne Verdier y Bruno Ely, conservateur en chef du musée Granet.

 

Fabienne Verdier, Hommage aux variations sans thème de Yehudi Menhuin           “Méditations en cobalt”, 1997

 

¡TRES GRANDES EVENTOS, TRES LUGARES DE EXPOSICIÓN DURANTE EL VERANO!

La exposición en el Museo Granet irá acompañada por varios eventos en el área de Aix-en Provence en torno a Fabienne Verdier y a la montaña de la Sainte-Victoire.

En la Galería Zola en la Cité du Livre presentará Sound Traces, una instalación de vídeo inmersiva, restitución del trabajo pictórico de la artista relacionado con la música, realizado durante una residencia en el Festival de arte lírico Aix-en-Provence en 2017.

El pabellón Vendôme evocará el proceso creativo de la artista, sus técnicas pictóricas heredadas de los maestros chinos, presentando la película Walking painting, los dibujos preparatorios en torno a la Sainte-Victoire, así como su taller nómada que le permitió crear obras in situ, y el pincel gigante.

Y en mismo tiempo…

en el Priorado de Sainte-Victoire se llevará a cabo una exposición excepcional en el claustro, restaurado en 2018 por los Amigos de Sainte-Victoire. Se mostrarán veinte dibujos de Fabienne Verdier que realizó in situ en octubre de 2018, así como una instalación fotográfica de Philippe Chancel, quien le acompañó durante sus sesiones de trabajo.

A lo largo de todo el verano, varios eventos (conciertos, conferencias, talleres…) rendirán homenaje a la diversidad de la obra de Fabienne Verdier.

 

Pensar las potencias de la huelga feminista

La imagen puede contener: una o varias personas, multitud, nubes, cielo y exterior

 

Recopilatorio de textos imprescindibles de cara al 8M elaborado por lxs amigxs de la Universidad Libre y Experimental de Málaga:

La huelga feminista no es solo un acontecimiento, es un proceso abierto a revolucionar desde los aspectos más moleculares de la vida cotidiana hasta las formas de juntarse, autoorganizarse, interseccionar y componerse internacionalmente.

«Frente al nosotros primero, el nosotrxs juntxs», por Marisa Pérez Colina
http://www.elsaltodiario.com/…/sera-el-feminismo-la-tumba-d…?

«El feminismo está reconceptualizando el internacionalismo desde la práctica», entrevista por Juliana Hernández y Julià Martí a Verónica Gago
https://www.elsaltodiario.com/…/veronica-gago-ni-una-menos-…?

«Sacar del clóset a la deuda. ¿Por qué el feminismo hoy confronta a las finanzas?», por Luci Cavallero y Verónica Gago http://lobosuelto.com/?p=21912

«¿Cómo hacernos un cuerpo?», entrevista por Marie Bardet a Suely Rolnik
http://lobosuelto.com/?p=19635

«Internacionalismo feminista a fuego lento: crónica de un encuentro», por Izaskun Aroca Sánchez
https://www.elsaltodiario.com/…/internacionalismo-feminista…?

«8M – La gran huelga feminista», por Isabell Lorey
https://transversal.at/blog/8m-la-gran-huelga-feminista

«La huelga molecular-feminista», por Gerald Raunig
https://transversal.at/blog/la-huelga-molecular-feminista

«Hacia la huelga feminista. Encuentro en La Invisible con Verónica Gago y Marta Malo» , por Verónica Gago, Marta Malo, Eu Mongil y Sara Buraya.
https://soundcloud.com/…/hacia-la-huelga-feminista-encuentr…?

 

Desde el Facebook de Amador Fernádez-Savater: https://www.facebook.com/amador.fernandezsavater/posts/809969869337867

 

Tremble, tremble | Jesse Jones

Gran parte del trabajo de la artista cineasta irlandesa Jesse Jones está inspirado en los derechos de las mujeres. “Tiembla, Tiembla” es mucho más que una destacable obra femenista — es un ritual femenista, un conjuro, un poema salvaje. Es también una actuación memorable de la actriz Olwen Fouéré. Su respiración y su canto acechan las dos pantallas verticales de la instalación.”

Manuel Cirauqui, comisario de la exposición Tiembla, Tiembla de Jesse Jones, que podremos ver en el Museo Guggenheim de Bilbao en noviembre 2019.

#GuggenheimBilbaoFilmandVideo#8m#5WomenArtists

53417905_10158582469240620_8808877121213562880_oLa actriz irlandesa Olwen Fouéré

 

 

 

La desigualdad de género fue uno de los muchos problemas de derechos humanos con los que lucharon los artistas en la 57 Bienal de Venecia, con una de las declaraciones más poderosas provenientes del pabellón de Irlanda, en el Arsenale. Aquí, la artista y cineasta Jesse Jones ha construido una enorme evocación teatral de su propio mito de la creación, el de la giganta.

Gran parte del trabajo de la artista y cineasta irlandesa Jesse Jones está inspirado en los derechos de las mujeres a la autodeterminación corporal, y es una gran partidaria de quienes desean revocar la octava enmienda a la constitución de la República de Irlanda, que criminaliza el aborto. Pero el cóctel visual y auditivo que ha creado para la 57ª Bienal de Venecia es mucho más profundo que la política de género moderna. Su obra “Tremble Tremble” en Irish Pavilion está tratando de purificar nuestras mentes conscientes y subconscientes de milenios de dogmas patriarcales, y de implantar un nuevo mito de creación: el de la giganta femenina. Para trabajar esta magia, Jones ha establecido un escenario potente, cuya característica dominante son dos pantallas gigantes en las que la actriz irlandesa Olwen Fouéré aparece como una figura de un naufragio shakespeariano, a veces diminuta, y en otras, enorme, con una piel potente y punzante. Los textos que Jones y Fouéré han ideado incluyen las palabras de un manuscrito medieval que servía para identificar y procesar a las brujas, El Malleus Maleficarum, que las artistas utilizan aquí al revés.

Jones desarrolló esta pieza junto con la curadora Tessa Giblin, anteriormente en el Project Arts Center de Dublín y ahora en la Talbot Rice Gallery de Edimburgo, para maximizar el impacto emocional y visual en el alto y oscuro entorno del Arsenale. La audiencia se ve algo acorralada frente a las pantallas por dos huesos femeninos gigantes, inspirados en el más antiguo ancestro “humano” bípedo descubierto, “Lucy”, desenterrado en la década de 1970 en Etiopía.

El espacio de visualización está semi-cerrado por cortinas de velo negro muy altas, con la imagen del brazo desnudo de una mujer en la parte superior de cada una, aunque uno no es consciente de estos brazos hasta que, ayudados por ayudantes vestidos de negro, aquellas cortinas barren todo el escenario desde el techo rodeando a la audiencia en un abrazo fantasmagórico.  Toda la obra, con asociaciones de vientres y cementerios, se percibe a la vez antiguo y moderno. Su título, Tremble Tremble, está tomado de una protesta del movimiento de mujeres en Italia, de la década de 1970, que exigía salarios para las tareas domésticas. Fue orquestada por la académica feminista Silvia Federici, cuyo libro sobre la apropiación patriarcal de los cuerpos de las mujeres para alimentar el sistema capitalista con trabajadores y soldados ha tenido una gran influencia en el trabajo de Jones. Jones espera que el título evoque “esta sensación temblorosa de estar ante el precipicio de un cambio político masivo.

Giblin siente que con esta obra Jones ha llegado a nuevos niveles en la forma en que experimenta su trabajo. Jones dice: “Durante mucho tiempo quise dejar de pensar en hacer arte como una forma de mostrar las cosas, y pensar en ello como una forma de organizar los objetos casi como ruinas y ver cómo mienten y cómo se relacionan. Establecerse en el mundo puede crear una especie de alquimia.”

Jones espera que su trabajo llegue a quienes luchan por comprometerse con un mundo en el que las noticias falsas pueden dictar la agenda política. “La gente, dice Jones, está muy confundida con esta ruptura en la verdad y el lenguaje, y es una ruptura entre nuestros cuerpos y nuestras mentes conscientes. Tenemos que encontrar una manera de acceder a las cosas que se mantienen en nuestro cuerpo y articularlas.

Jones completó una maestría en práctica de artes visuales en el Instituto de Arte, Diseño y Tecnología Dún Laoghaire en 2005 con sede en Dublín. Sus películas Trilogy of Dust especulan sobre futuros post-apocalípticos, mientras que en una galería de Dublin, The Hugh Lane, una reciente instalación No More Fun and Games collages trabaja con mujeres de la colección de la galería con una performance. En 2016, trabajó con Sarah Browne en un artículo En la sombra del estado que aborda el papel de las instituciones en el control y regulación del cuerpo femenino. Fue encargado por Artangel, Create y Heart of Glass.

Jesse Jones: Tremble Tremble
Pabellón de Irlanda para la Bienal de Venecia
13 de mayo – 26 de noviembre de 2017

Entrevista realizada por VERONICA SIMPSON.
Filmado por MARTIN KENNEDY

https://www.studiointernational.com/index.php/jesse-jones-tremble-tremble-venice-biennale-2017-video-interview-ireland

 

Mona Chollet: “Siempre hay mujeres linchadas acusadas de ser brujas”

Esta periodista y ensayista feminista franco suiza reflexiona sobre la herencia patriarcal en el pensamiento europeo, desde las caza de brujas hasta la actualidad.

mona08La escritora feminista y editora de Le Monde Diplomatique Mona Chollet.

TRADUCCIÓN: EDUARDO PÉREZ
PUBLICADO 2018-10-22

 

La encontramos en los locales de Le Monde Diplomatique, a diez minutos a pie de la place d’Italie (París). No para hablar del periódico, para el que Mona Chollet trabaja como jefa de edición, sino de su último libro, un ensayo: Sorcières. La Puissance invaincue des femmes (Brujas. La fuerza invicta de las mujeres), a la venta en Francia desde el 13 de septiembre 2018. Sus primeras obras se centraban en el universo mediático y político. Un análisis social seguido, cruzándolo con la lucha feminista, con Beauté fatale (Belleza fatal, 2012) y Chez soi (En casa), tres años después. ¿Por qué las mujeres independientes, de edad o sin hijos siguen siendo cuestionadas?

Pese a su título, su nuevo libro sólo habla un poco de brujas. La bruja parece ser ante todo, una imagen, un apoyo para pensar tipos de mujeres estigmatizadas… 

Yo no soy historiadora y no podía pretender hacer la historia de la casa de brujas. He leído trabajos de historiadores e historiadoras pero, en efecto, lo que me interesaba era despejar los grandes tipos –que podemos despejar a posteriori– de mujeres perseguidas en la época: las solteras, las viudas, las mujeres que controlaban su procreación, las mujeres de edad.


La caza de brujas tuvo un poderoso efecto disciplinario en las representaciones de lo que debía ser aceptable o inaceptable para una mujer


Estigmatizando estos tipos, se reformuló lo que debían ser las mujeres en su totalidad. La caza de brujas se impuso una prohibición muy fuerte sobre ciertos tipos de comportamientos, reprimidos con la violencia más extremo. Los efectos de estas cazas pesaron sobre todas las mujeres de la sociedad: más allá de las investigaciones, de las torturas, las mujeres sufrieron una amenaza permanente, como un mandamiento de controlarse.

Pienso que todo eso tuvo un poderoso efecto disciplinario en las representaciones de lo que debía ser aceptable o inaceptable para una mujer. Esta prohibición fue en primer lugar impuesta por la violencia y la represión y después, a partir del siglo XIX, por una especie de adulación. La domesticación de las mujeres dio otro giro, con justificaciones morales, médicas. Era una manera más dulce de proseguir un trabajo de domesticación comenzado de manera muy violenta por la caza de brujas.

¿Hay entonces una historia, la de la caza de brujas, que es importante conocer mejor? 

Sí. Es una historia que se reprime mucho. Yo misma me di cuenta de que no la conocía. Cuando pensamos en el sabbat [aquelarre], en el pacto con el diablo, estos elementos nos parecían fantasiosos; nos hacen pensar que las cazas de brujas mismas eran fantasiosas, irreales, cuando eran crímenes en masa. Hay un rechazo a mirar esta historia a la cara y una batalla de interpretación alrededor de ella. Muchos historiadores no aceptan el hecho de que fue un crimen misógino en masa. Así, es una historia a la vez reprimida y muy presente en nuestro inconsciente y nuestros imaginarios ya que la imagen de la bruja fue perpetuada por las películas, la pintura, etc.

Dice que este proceso de estigmatización tomó una nueva dimensión en el siglo XIX. Pero los campamentos de brujas todavía existen. En su película I Am Not a Witch (“No soy una bruja”), la directora Rungano Nyoni habla de los campamentos de brujas de Zambia…

Sí, hay campos en África –en Ghana o en Zamia–, pero también en India… Siempre hay mujeres que son linchadas porque se les acusa de ser brujas. Federici se interesa por estos casos y por la brujería contemporánea, pero mi libro habla poco de ello.


A propósito de Federici, precisamente: usted resume su tesis, expuesta en Calibán y la bruja, así: “La esclavización de las mujeres necesaria para la implementación del sistema capitalista fue a la par con la de los pueblos declarados ‘inferiores’, esclavos y colonizados, proveedores de recursos y mano de obra gratuitos”. Esta tesis que busca sobreponer la implementación del capitalismo y la dominación masculina y colonial ha suscitado numerosas controversias históricas. ¿Comparte este enfoque?
 

La tesis de Federici no es más que un aspecto secundario del tema esencial de mi libro, salvo quizás por la parte sobre la asignación de la maternidad y el miedo alrededor del aborto de los que ella habla mucho. Respecto a la tesis de Federici, pienso que es un poco rápida sobre ciertos puntos pero que se mantiene totalmente en conjunto. ¡También es una tesis que es compartida por muchas otras personas que han trabajado sobre la caza de brujas! Lo que me parece claro es la resistencia de muchos historiadores ha esta tesis: se diría que les es imposible interpretar ese momento de la historia de forma feminista.


Se estima que hubo de 50.000 a 100.000 víctimas [de la caza de brujas] en Europa. Pero la cifra es muy discutida, y no cuenta a todas las mujeres que no fueron ejecutadas sino linchadas, desterradas, las que se suicidaron


¿Qué respondería a las personas que le dirían que no hay suficientes víctimas para que se considere este acontecimiento como un hecho histórico principal? 

Se estima que hubo de 50.000 a 100.000 víctimas en Europa. Pero la cifra es muy discutida, y no cuenta a todas las mujeres que no fueron ejecutadas sino linchadas, desterradas, las que se suicidaron. No creo que sea el número de muertes el que determina la importancia del acontecimiento. La ejemplaridad de las torturas se extendió mucho más allá de las víctimas directas. Esta ejemplaridad modeló un imaginario que impregnó a toda una sociedad, en una zona geográfica extensa, durante un largo período.

51j5iHJZ84L._SX336_BO1,204,203,200_La bruja es para usted a la vez la encarnación del “rostro desesperanzado de la humanidad” y “la mujer exenta de todas las dominaciones, de todas las limitaciones”. ¿Se puede decir que la reivindicación de la imagen de la bruja por los movimientos feministas en los años 70-80 ilustra una inversión del estigma? 

Totalmente. Es la inversión de la imagen de la mujer víctima en mujer fuerte. Las mujeres acusadas de brujería durante las cazas de brujas eran víctimas absolutas: ellas pertenecían, en su abrumadora mayoría, a las clases populares, por ello estaban particularmente indefensas frente a la máquina judicial. Ellas encarnan la injusticia absoluta, la arbitrariedad total, sin protección posible alguna. Pero en los fantasmas de los verdugos y jueces, estas mujeres eran todopoderosas; se les atribuían poderes increíbles. Dar la vuelta al estigma es tomar la palabra al miedo de esos jueces: vamos a ser tan aterradoras como nos acusáis de ser.

¿Cómo calificar el género de su obra, impregnada de experiencias personales e incluso de humor? 

Me interesa seguir una línea entre el desarrollo personal y la propuesta política. Las mujeres se apropiaron de esta denominación de bruja de forma política; yo intento ver cómo nos podemos apropiar en una óptica de desarrollo personal, como algo que pueda permitir construir una fuerza en femenino. Lo que normalmente me molesta de los libros de desarrollo personal es que no haya deconstrucción y crítica de los sistemas de dominación. Pero pienso que se puede partir de una misma para deconstruir los mecanismos de los que se ha podido ser víctima.

Cambiamos, pero también miramos de forma diferente lo que nos rodea, nos socializamos de forma diferente. Una vez que se ha hecho ese trabajo para una misma, se puede hacer para las demás: es un planteamiento de liberación a la vez personal y colectiva.


Se habla a menudo de los hombres que han robado creaciones o trabajos a sus amantes, a sus colegas a sus compañeras, pero tengo la impresión de que el fenómeno de autocensura es muy importante


Habla del hecho de escribir como un acto de valor pero también de estímulo, para usted, para las lectoras… 

Hay algo de lo que tengo la impresión de haber observado mucho tanto en mi caso como en las otras, y de lo que hablo en este libro, es lo que llamaría el reflejo de prestar servicio. Hemos integrado que en tanto que mujer, lo que podemos hacer mejor es ponernos al servicio de un proyecto llevado a cabo por una figura masculina. Hemos integrado tan bien esta idea que se hace difícil tomar la iniciativa sin ponernos a remolque de un proyecto masculino.

Se habla a menudo de los hombres que han robado creaciones o trabajos a sus amantes, a sus colegas a sus compañeras, pero tengo la impresión de que el fenómeno de autocensura es muy importante. Pero nos podemos liberar de ello fácilmente: cuento en Sorcières un momento detonante, un momento en el que me di cuenta de que un hombre cuya obra admiraba buscaba desviar mi energía para ponerla al servicio de su carrera. Era una trampa en la que había caído antes pero, a partir de ese momento, supe que no volvería a caer.

Esboza tres tipos de “brujas” perseguidas: las mujeres independientes, las mujeres que no tienen hijos, las mujeres viejas. ¿Se podría incluir, en la mujer independiente, la mujer que no permanece en la esfera doméstica? La bruja es también aquella que desvía los objetos asociados tradicionalmente a la esfera doméstica, como la escoba… 

Sí. Es por así decirlo la continuación de mi obra Chez soi. Une odyssée de l’espace domestique (“En casa. Una odisea del espacio doméstico”). La caza de brujas corresponde a un momento en el que las mujeres son expulsadas de muchos oficios, en el que se les asigna el rol maternal y la esfera doméstica. La independencia de las mujeres y la participación en la vida social son mal vistas.

Un capítulo entero está dedicado a la opción de no tener hijos. Mientras que un célebre lema del movimiento feminista es “Un hijo si yo quiero, cuando yo quiera”, usted se pregunta únicamente por la primera parte de este lema. ¿Ha tenido la impresión de atacar un tabú? 

Hay un déficit de reflexión impresionante sobre el tema. A menudo se tiene esta imagen de las arpías feministas que detestan la maternidad y quieren generar aversión hacia ella en las mujeres. En realidad, los textos feministas hablan poco de ella. La reivindicación de no hacer niños no ha sido tan defendida.

Ha podido haber actitudes individuales que han sido problemáticas: Erica Jong, una feminista estadounidense, cuenta que hizo una lectura, ante una asamblea feminista, de uno de sus poemas sobre la importancia de la maternidad en su vida y que le silbaron. Aunque estas mujeres debieron molestarse porque se les reservara un discurso manido, era una actitud bastante horrible por su parte. Hay que respetar las experiencias de cada una, un deseo que puede o no estar ahí. Hay que respetar los dos casos. Pero yo veía importante desarrollar un discurso que a menudo está poco desarrollado: el deseo de no tener hijos.


Se nos dice que querer un hijo es algo que viene de las tripas, que no se puede cuestionar. Sin embargo, nosotras tenemos tripas y no queremos. Ese discurso ignora una presión social que se enmascara bajo el nombre de instinto


Se nos dice que querer un hijo es algo que viene de las tripas, que no se puede cuestionar. Sin embargo, nosotras tenemos tripas y no queremos. Ese discurso ignora una presión social que se enmascara bajo el nombre de instinto. En nuestra sociedad, podemos elegir tener hijos o no… a condición de tenerlos. Nos podemos preguntar por qué hay una censura social así, por qué se considera que tener hijos es la opción natural por defecto cuando la tierra está superpoblada, cuando el futuro del planeta da miedo bajo cualquier punto de vista. Las reacciones frente a las mujeres que no quieren tener hijos muestran hasta qué punto se considera a las mujeres como las representantes de una esencia única. La mujer que no quiere tener hijos escuchará: “Ah, pero deberías pensar en aquellas que quieren pero no tienen”. ¿Cuál es la relación? Decir eso es considerar a las mujeres como criaturas más o menos intercambiables.

Habla de la forma en que la sociedad puede construir los deseos, pero también de los fantasmas alrededor del “reloj biológico”. 

Eso atraviesa la estigmatización de la mujer vieja y de la mujer sin hijos. Con esta idea de reloj biológico, probablemente se somete a las mujeres a una presión exagerada: no dejamos de decirles que hay que ser madres, que hay que apresurarse, si no no será posible, habrán perdido su destino.

¿Las presiones sociales se ejercerían sobre todas las mujeres, independientemente de su clase social? 

Sí, globalmente. Desde luego, las mujeres de las clases superiores tienen más medios para alimentarse bien, para estar en buena salud, para cuidarse. Mostrar un cuerpo joven y sano es a menudo un rasgo social muy fuerte. Pero eso también traduce una presión social muy fuerte. Generalmente, pienso que las mujeres de toda la escala social sienten esos requerimientos.


Todas vamos a envejecer pero, sin embargo, en nuestra sociedad, para una mujer no hay buena forma de envejecer


Usted habla de las mujeres en general, a diferencia de algunas o algunos, como el escritor británico Redfern Barrett, que proponen un enfoque de la bruja queer… 

Tengo la impresión de que eso puede concernir a todas las mujeres. Es muy fácil ser una bruja. El camino es tan estrecho cuando se quiere ser una mujer socialmente aceptable (¿es incluso posible?): es imposible no encontrarse en el papel de la bruja en un momento u otro. Si no, se es una criatura forzada y atada, sin nada auténtico. Quizás las mujeres viejas son las más enfrentadas a esta categorización. Todas vamos a envejecer pero, sin embargo, en nuestra sociedad, para una mujer no hay buena forma de envejecer.

Hablemos de otro aspecto de su libro. Usted asocia a lo que llama una “forma de brujería” una crítica de la racionalidad. ¿Es una crítica de la racionalidad o del mito de la racionalidad? 

Las dos. Es una crítica de una tendencia a aferrarse a la razón como la única forma de aprehensión posible del mundo. Me fascinaron los libros sobre física cuántica que mostraban que, en ese campo, cuanto más se progresa, más se desemboca en otras cosas que no se conocían. Reconocer los límites de la ciencia, de la razón, es también una manera de legitimar la creación artística como un medio de hacer progresar el conocimiento humano.

Pero el enfoque de su libro, “ir a detectar, en los estratos de imágenes y palabras acumuladas, lo que tomamos como verdades inmutables, poner en evidencia el carácter arbitrario y contingente de las representaciones que nos encarcelan sin saberlo y sustituirlas por otras, que nos permiten existir plenamente”– lo que presenta como una “forma de brujería–, podría por el contrario ser leído como un proyecto emancipador completamente racional. 

Sí, es verdad. Y yo también soy muy intelectual. Pero pienso que la emoción es muy importante, que escuchar sus emociones es un reflejo totalmente sano. Hay algo que revisar en la distribución que habitualmente hacemos entre la razón y la emoción. La emoción siempre está ahí, no podemos tener un motivo libre de emoción. Es un poco aterrador, pero no hay nada que hacer contra ello, por lo que hay que saberlo y tenerlo en cuenta.

¿Su crítica de la razón no es un poco caricaturesca? Dice que nos lleva a concebir el mundo “como un conjunto de objetos separados, inertes y sin misterios”, cuando el principio de la ciencia —positivista es poner a los objetos en relación los unos con los otros con el concepto de leyes. 

Lo que me interesa de la física cuántica no es el concepto de relaciones o de leyes, sino de entramado. Un objeto aislado no es tal. Los individuos son perturbaciones provisorias en un campo de energía: eso nos inscribe en el universo de manera fascinante… Extraemos mucho de nuestras representaciones del mundo del estado de la ciencia; estas representaciones a menudo llegan tarde respecto al estado real de la ciencia.

Usted opone la ciencia instrumental y una emoción que podríamos llamar “brujería”, pero ¿es la oposición tan clara? ¿No proponen las ciencias humanas un modo de carácter científico y de conocimiento no instrumental?

Sí. También creo que las ciencias humanas han avanzado porque han emitido la idea de que el observador perturba lo que observa y que hay que tenerlo en cuenta. Pero esta noción todavía no se ha integrado plenamente respecto a las ciencias puras.

Presenta a Descartes como un punto de inflexión, racionalista, en la separación entre el cuerpo y el alma; un punto de inflexión que provocó una visión instrumental de la naturaleza. Esta oposición entre el cuerpo y el alma estaba ya muy presente en el corpus cristiano. 

Eso me parece evidente. No he hablado mucho de ello en este libro porque lo hice en Beauté fatale (Belleza fatal). La tradición cristiana ha tenido una fuerte influencia sobre nuestra visión actual del cuerpo como separado del alma, como algo que hay que ocupar… como esta actriz que comparaba el cuerpo con un coche, cuando de un coche podemos salir, podemos cambiarlo, mientras que cuando se trata de nuestro cuerpo, ¡no podemos! Estas imágenes nos vienen de una tradición que quiere que el cuerpo sea domado, ya que puede dificultar la salvación, que debe ser tratado como un enemigo. Pero hay algo que se juega con Descartes, en ese momento: él representa un punto de inflexión, lo que no quiere decir que no estuviera preparado anteriormente.


Las curanderas, que anteriormente estaban toleradas, fueron eliminadas porque sus actos aparecieron como diabólicos, como un obstáculo a la creación de una ciencia masculina oficial


¿Podemos, como usted parece hacer, presentar la medicina como un ejemplo de la ciencia racional y fríamente objetiva? La medicina no es verdaderamente el paradigma de la razón teórica, es una ciencia tardía, muy empírica… 

Se trata de una cuestión de coincidencia histórica. Las curanderas, que anteriormente estaban toleradas, fueron eliminadas porque sus actos aparecieron como diabólicos, como un obstáculo a la creación de una ciencia masculina oficial. Pienso que esta definición de la ciencia determinó la forma en la que se cura hoy: es la misma actitud invasora, la misma relación con la naturaleza, con el mundo y con las mujeres, dominadora y agresiva. Los médicos, al desembarazarse de las brujas curanderas, adquirieron un monopolio que no merecían. A menudo ellas eran mucho más competentes que ellos, con una buena formación empírica, ligada a la experiencia y al conocimiento de los cuerpos.

Usted refleja experiencias personales médicas difíciles y escribe: “Hay algo eufórico, galvanizador en hacer caer así los muros entre experiencias aisladas […]. Me doy cuenta de que la esperanza de cambiar las cosas me lleva a interesarme activamente en el tema, mientras que anteriormente sólo pedía olvidarme de las experiencias difíciles”. ¿No es ésa la definición de la emancipación: transformar, colectivamente, sus experiencias difíciles en fuerza? 

Es extraño, yo no había conectado forzosamente estas frases con este planteamiento de emancipación, pero es totalmente justo. Lo que siempre me ha molestado a propósito de la llamada victimización es el discurso que nos quiere hacer creer que decirse víctima de algo nos va a volver débiles y va a hacer de nosotras criaturas gimientes.

Siempre he tenido la impresión de que era al revés. Es tomando conciencia de que somos víctimas como nos podemos liberar. Decir que no hay que victimizarse es en realidad decir que no hay que luchar. Si no se pasa por esta etapa, ¿cómo liberarse?

 

 

https://www.elsaltodiario.com/feminismos/mona-chollet-siempre-hay-mujeres-que-son-linchadas-porque-se-les-acusa-de-ser-brujas


 

 

El poema de la unidad | Jesús Aguado

Joseph Campbell estudió en los cuatro tomos de ‘Las máscaras de Dios’ los arquetipos comunes a toda humanidad.

JESUS AGUADO

El mitólogo Joseph Campbell.El mitólogo Joseph Campbell. BETTMANN / GETTY IMAGES

Estamos vivos, pero se nos ha olvidado. Peor todavía: se nos ha olvidado que lo hemos olvidado. Estamos vivos, pero pensamos, actuamos y nos organizamos como si estuviéramos muertos. Una tragedia, invisible para la mayoría, que el mito debería ayudarnos a visibilizar primero y a afrontar después. Porque el mito hace esto según Joseph Campbell: ayudarnos a entrar en contacto con la experiencia de estar vivo. Algo para lo cual se necesita despertar a ese héroe que todos llevamos dentro (quizá su libro más conocido sea El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito) y al que se han confiado las diferentes culturas para sostener sus valores, sus aspiraciones privadas y colectivas, y su energía espiritual. Otra afirmación de Campbell sobre el mito es que nos hace avanzar por la vida como por un poema (conectados a un ritmo esencial, atentos a las metáforas y a los símbolos, confiando en los pasadizos que abren los silencios en las palabras, organizando el pensar no con silogismos, sino con resonancias y armonías), un descubrimiento en sí revolucionario porque la religión institucionalizada y sus códigos derivados, desde la teología hasta el derecho, nos obligan a traducirlo a mala prosa cotidiana.

La obra entera de Joseph Camp­­bell, y en especial los cuatro tomos de Las máscaras de Dios, intenta reconstruir el poema de la vida con los materiales que el mito le proporciona. Un poema muy deteriorado, el de la unidad de la raza humana más allá de épocas, mentalidades o geografías, que hemos de restaurar antes de que sea demasiado tarde con los instrumentos de la arqueología, la filología, la filosofía, la psicología, la mitología y la religión comparadas, o el folclore. Una tarea de cuya urgencia dan cuenta los dos principios centrales que inspiran los tomos primero y último de esta tetralogía. En ‘Mitología primitiva’, el autor sugiere que el “profundo pozo del pasado” esconde partes del conocimiento que han quedado inacabadas o abandonadas, restos de sabiduría sobre los que hemos de interrogar tanto a los cazadores o plantadores de los orígenes como a los chamanes, los niños, los soñadores o los moribundos. O a ciertos escritores cercanos (él cita, entre otros, a Novalis, SchopenhauerKierkegaard, Goethe, Nietzsche, Melville o Thomas Mann) que hacen de puente, varios cientos de páginas después, con las tesis de ‘Mitología creativa’. Aquí defiende la necesidad de que, invirtiendo el orden clásico consagrado por la historia, en adelante los mitos se originen en experiencias individuales que no surjan de los dictados de la autoridad, sino de las intuiciones, los sentimientos y los pensamientos de personas dotadas con la gracia suplementaria de saber cómo hacerlas comunicables. Estos “maestros creadores” serán modelos evocadores, no coercitivos; despertarán con su ejemplo a la humanidad dormida, y nos revelarán que el verdadero paraíso es darse cuenta de que dentro de uno están todos los dioses.

44843566_710781765956279_4403163130382874310_n

Campbell, que enuncia el objetivo de este trabajo como “el primer esbozo de una historia natural de los dioses y los héroes”, se detiene en episodios ejemplares (que narra de manera tan hipnótica como Heinrich Zimmer, del que fuera amigo y de cuyas obras póstumas fue editor, y tan inspirada y transversal como Jung, otro de sus principales referentes), ciclos mitológicos de Oriente y Occidente (consagra los tomos intermedios a ellos: ‘Mitología oriental’ y ‘Mitología occidental’), temas (el ego, el amor, la muerte, la madre virgen y el nacimiento milagroso, el diluvio, el estado, la cruz y la media luna, el dios perdido, las supersticiones, el éxtasis, el animal totémico, el sufrimiento, el juego, el misterio, la luz, el demonio, la servidumbre, el asombro y decenas más que en bastantes ocasiones están acompañados de ilustraciones) o figuras arquetípicas (el caballero de la triste figura, el vidente, el profeta, Isolda, Eloísa, Galileo, Cristo, Buda, Krishna). Materiales heterogéneos que hace sonar como una sinfonía (la palabra es suya) y que teje sin perder el hilo en ningún momento porque lo que le mueve, algo que deja claro desde el prólogo, no es alardear de erudito, aunque pocos lo sean como él, sino quitarle pesos y opacidades al mundo mientras restituye o reescribe el poema de la vida verdadera.

¿Qué haremos, entonces, con este poema con mil caras y voces del que hablan, desde dentro de Las máscaras de Dios, las diversas mitologías? Campbell también se anticipa a esta pregunta: las personas razonables lo usarán para fines razonables; los poetas, para fines poéticos, y los insensatos, para la necedad y el desastre. Intuimos quiénes protagonizan este tercer camino, y por eso mejor apartarlos del nuestro, así que confiemos en que los otros dos lo utilicen para hacernos más amplios y profundos, más fluidos y sofisticados, más intemporales y lúcidos, más libres y trascendentes, más sobrenaturales y limpios. Y para recordarnos que recordemos que estamos vivos de una vez por todas.

 

https://elpais.com/cultura/2019/03/01/babelia/1551438778_223675.html?fbclid=IwAR0XcI5bbUwACE-en_6BMzL7lfT5zroMhlcEzdeHUQIQtozRf9bbqN_Wmlk

 

El gesto de Mérmeros | Lars von Trier-Chantal Maillard

 

[…]

Sí, es cierto, Medea es la historia de una venganza. Medea mata a sus hijos por venganza. Pero el motivo del crimen no es lo que aquí nos interesa. Los motivos son lo que interesa a la moral, pero la moral no es lo que aquí nos interesa. La moral es el código que regula las normas de convivencia, pero las estrategias de convivencia tampoco son lo que aquí nos interesa.

Lo que nos interesa es la mano de Mérmeros posándose dulcemente en el hombro de Medea. Ese gesto, ese ofrecimiento, esos veinte segundos en una cinta de celuloide, esa eternidad.

De lo que tratan estas páginas es de la compasión, la tan difícil compasión.
Lo que nos interesa es ese gesto. Un gesto que con Mérmeros adquiere valor universal.

[…]

Mérmeros no se entrega para la renovación de ninguna alianza. Medea nada renueva, Medea se opone, invierte el curso, anula, se rebela. Mérmeros intuye. Le tiende la cuerda. Su gesto es antinatural. Otra alianza se introduce entre las hebras, torciéndose con ellas. Y Medea acepta. Acepta el acuerdo, el terrible acuerdo. Asume su cordura y su condena.

[…]

Medea en la colina. Arrodillada. Rodeada por la hierba, ahora luminosa, casi transparente, al final del día. Devastada. Inmóvil. Entre un acto y otro acto. Entre lo que ha cumplido y lo que ha de cumplir. Entre un horror y otro horror. Se oye cantar a los pájaros.

Medea ha percibido el contacto, la cabeza del hijo apoyándose en su espalda. Medea ha parpadeado. Brevemente. Por lo demás, no se ha movido. Sabe que cualquier gesto que hiciese, por mínimo que fuese, daría comienzo inevitablemente al siguiente episodio. Pero Mérmeros se adelanta. Se incorpora. Le entrega la cuerda.

–Ayúdame, madre –le dice.

*

Y aquélla es la colina del sacrificio.

Mérmeros no es el reformador de ninguna religión. No tiene meta que alcanzar, ni destino que cumplir, ni mundo al que salvar. No obedece a ningún dios. Mérmeros es el cordero que ofrece su cuello porque es preciso.

Mérmeros no juzga al verdugo.
Mérmeros no pretende nada, no quiere nada.
Mérmeros no se rebela, no se protege, no se defiende. Su gesto es extra-ordinario. Misterioso.

*

Del misterio es el silencio.
Del misterio la voz callada.

 

Chantal Maillard. La compasión difícil. Galaxia Gutenberg, 2019

 

Lars von Trier. Medea. 1988. Una adaptación televisiva de la Medea de Eurípides (431 a. n. e.) a partir del guión de Carl T. Dreyer.

Duración: 76 min. País: Dinamarca. MúsicaJoachim Holbek. FotografíaSejr Brockmann

RepartoUdo Kier, Kirsten Olesen, Henning Jensen, Solbjørg Højfeldt, Preben Lerdorff RyeBaard Owe, Ludmilla Glinska, Vera Gebuhr, Jonny Kilde, Richard Kilde, Dick KaysøMette Munk Plum.

 

Matar a Platón en concierto o la mano sonófora de Chantal Maillard

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

Ayer noche, escuchar a Chantal Maillard arrebatando el vacío con la tremenda ternura de su mano –¿o era la voz?–, uniendo lo roto con su mano sonófora de poeta que pulsa las hebras…

Magnética Maillard-zahorí.

Magníficos los músicos, acompasando la zozobra del desquicio hasta su grieta sonora. Hasta su calma.

Matar a Platón, vertiginosa página-agujero reversible en la mano, táctil en los ojos, manantial sobre la lengua sedienta…

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

MATAR A PLATÓN EN CONCIERTO, escenificación poético-musical interpretado por su autora, Chantal Maillard, con la música de Chefa Alonso (vientos, kechapi y percusión) y Jorge Frías (contrabajo). En La Caldera-Les Corts, Barcelona, el 22 de febrero 2019.

Fotografías de Tristán Pérez-Martín.

http://lacaldera.info/pages/view/matar-a-platon?lang=spa

Aquí va un extracto de la actuación en el festival Cosmopoética 2016 (teatro Góngora de Córdoba) en octubre 2016. Filmación y edición de Adrian Abril. A degustar.