Viajar por las venas del dragón con Chantal Maillard

Desde épocas ancestrales el universo ha sido concebido en China como un sistema de resonancias en el que no existen cosas ni seres sino fuerzas activas en perpetua mutación. No hay nada en él que actúe por separado, nada que no dependa de todo lo demás. Considerar el medio desde esa perspectiva puede sin duda ayudarnos en la elaboración de la ecosofía y la ethopolítica que se precisan actualmente para transformar nuestras sociedades.

Nunca como ahora ha sido tan acuciante la percepción de la necesidad de un cambio de parámetros y tan imperiosa, por tanto, la responsabilidad de educarnos en este sentido. Las enseñanzas iniciales de las tres corrientes de pensamiento de las que se ocupa este libro pueden ayudarnos en este empeño. El buen gobierno (confucionismo), la armonía con el entorno (taoísmo) y la profunda comprensión de nuestra propia naturaleza (budismo) se presentan como tres ingredientes imprescindibles para evitar la catástrofe que se avecina.

Que estas propuestas lleguen alguna vez a ser conjuntamente algo más que una utopía es realmente poco probable, pero quizás valga la pena recuperarlas ahora desde otros lugares.

Chantal Maillard, Las venas del dragón. Confucionismo, taoísmo y budismo. Galaxia Gutenberg, 2021.

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En librerías este próximo miércoles 29

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La escritura indómita de Mary Oliver

«Esta colección de ensayos nos muestra cómo se entrelazan el mundo natural, espiritual y artístico en la obra de Mary Oliver. Página tras página, el libro crece y se expande. Un libro poderoso». The New York Times

Mary Oliver es una de las voces más influyentes de la literatura contemporánea. En Estados Unidos ha sido laureada con las más importantes distinciones en el ámbito de la poesía, pero Mary Oliver es también una ensayista excepcional, a la altura de las figuras más destacadas de la nature writing, como Annie Dillard o Robert Macfarlane. Y, entre sus obras de no ficción, La escritura indómita ha sido reconocida como su libro de referencia. A lo largo de esta serie de ensayos, la autora va conformando su visión de la naturaleza, de la poesía y del sagrado cordel que liga a la una con la otra, pero siempre alejada de toda teoría y a partir de los recursos más inesperados, vitales y fructíferos: recuerdos en principio azarosos, paseos sin destino, sonidos que se hacen voz, lecturas que retornan… 

A través de una prosa que, como no podía ser de otro modo, conserva un profundo aliento poético, La escritura indómita se funda en una suerte de impulso ético, pero siempre embarrado, ligado a la tierra y al camino, como debe ser toda ecología. Así, de un texto a otro de este volumen aprendemos o recordamos que lo que nos hace mejores no es ser «buenos», sino permitir que el esquivo animal que habita nuestro cuerpo ame aquello que de verdad ama. Que no estamos en el mundo para conocer, sino para prestar atención. Que ciertas aves saben más de la vida que nosotros, que hay que escuchar a las flores cuando hablan y que los ríos son importantes porque en ellos encontramos compañía. Que si de pronto me siento feliz es mi deber entregarme a esa felicidad. Y que, al final, la existencia consiste en una única tarea: aprende a amar este mundo. Mary Oliver se pregunta continuamente cómo vivir, y sus ensayos no dan respuesta, pero sí consuelo.

«Leer a Mary Oliver es desprenderse de la mota de polvo que enturbia nuestra mirada y enfocar la vista hacia la cúpula celeste que nos rodea. Cuando terminas cada una de sus frases, perfectas, bellas y reveladoras, no puedes evitar sentir la inmersión transformadora que produce la prosa de esta poeta siempre en estado de gracia». Chicago Tribune

Mary Oliver, La escritura indómita, trad. Regina López Muñoz, prólogo de Elena Medel, Errata Naturae, 2021.

© Rachel Giese Brown

Y mientras preparaba esta entrada, encontré este fragmento acerca de la atención extraído del libro de Mary Oliver, “Our World”. Os lo dedico pensando en la sesión lobuna de ayer cuando hablamos en torno a la importancia de la cultura de la atención a raíz de la intervención de Montserrat.

“Se ha remarcado con frecuencia acerca de mi forma de escribir, que yo enfatizo la noción de atención. Esto empezó de forma simple; observar la manera en la que vuela el pájaro carpintero es muy diferente de la manera en la que la golondrina juega en el aire dorado del verano. Me proporcionaba placer darme cuenta de estas cosas, lo consideraba un buen primer paso. Pero, más adelante, viendo la manera en la que M. sacaba fotos, y observándola en el cuarto oscuro, al revelarlas, y además viendo la intensidad y la apertura con la que trataba con sus amigos, y con los extraños, entendí lo que significaba de verdad prestar atención. Empecé a comprender que la atención sin emoción no es más que un reportaje. Se necesita una apertura, una empatía, para prestar verdadera atención.”

Extracto de Mary Oliver, “Our World” (Fotografías de Molly Malone Cook, texto de Mary Oliver). Boston, Beacon Press, 2007.

Mary Oliver fue una de las poetisas americanas más influyentes. Ganó el premio Pulitzer de poesía. Murió recientemente, en enero del 2019, a los 84 años. La fotógrafa Molly Malone Cook, que murió en 2005, fue su pareja durante años. A los dos años de su fallecimiento, Mary quiso homenajearla en un libro, mitad recuerdo evocador mitad reflexión sobre la vida, el amor y el proceso creativo, entrelazando las fotografías de Molly con fragmentos de su diario y sus propios textos. “Our World” (Nuestro mundo) es el maravilloso resultado de este homenaje.

Cecilia Vicuña: “El Premio Velázquez a mis ‘basuritas’ señala un cambio de conciencia”

Es una artista auténtica, invisible hasta que la última Documenta de Atenas la ‘situó’ en el mapa. Su obra es poesía espacial y la palabra su mejor arma. El CA2M de Móstoles celebra desde mañana la primera retrospectiva de Cecilia Vicuña en España con sus pinturas “pop indígena”, quipus y ‘basuritas’

LUISA ESPINO19 febrero, 2021

Cecilia Vicuña en la Documenta de Atenas. Foto: Daniela Aravena
Cecilia Vicuña en la Documenta de Atenas. Foto: Daniela Aravena

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Cecilia Vicuña (Santiago de Chile, 1948) habla sin prisa, acariciando cada palabra de la misma manera que arma con ellas toda su obra, ya sea poesía, performance, pintura o escultura. Huye de “las categorías de la cultura occidental” y se mueve libremente entre un medio y otro. Lleva décadas trabajando, desde 1980 en Nueva York, aunque la mayoría no supimos de su existencia hasta hace tres años, cuando presentó su monumental quipu inca teñido de rojo carmesí en la Documenta 14 en Atenas. Esa enorme pieza textil conectaba a las diosas andinas con la mitología griega y fue la más fotografiada de la cita. Lo recuerda Vicuña con cierta gracia: “50 años haciéndolos y la gente empieza a interesarse por esa cosa roja entonces”. Dos años después, en 2019, recibió el Premio Velázquez de las Artes Plásticas en España y, de nuevo, muchos se preguntaron quién era aquella mujer de aspecto indígena que ya peinaba –y en una larga trenza– canas. 

Parece como si esta poeta, artista y activista hubiera llegado a todo antes que los demás. Se adelantó a tendencias que hoy son imperantes como la defensa del medioambiente, el uso de materiales de desecho (basuritas) con los que construyó pequeñas esculturas en la orilla del mar y el arte textil. Todas las obras tienen un profundo sentido de compromiso y de conciencia del ser y el estar en el planeta, y la mirada puesta en el arte precolombino antes, incluso, de que circularan libros sobre el tema y de que los museos comenzaran a revisarlo.

Pregunta. No cree en categorías y sin embargo creó el arte precario, sus pequeñas esculturas efímeras, ¿cómo surgió? 

Respuesta. Fue en enero de 1966 en Concón, en Chile, aunque nunca haya sido reconocida como una creación de ese momento y de ese lugar. Estaba en la playa y sentí que el viento no solamente pasaba sino que jugaba conmigo, daba la vuelta por mi cintura. Entonces comprendí que todo a mi alrededor –la luz, el mar, la arena– todo era consciente, todo veía como yo veo. Agarré un palito y lo paré en la arena y aquello me comunicó todo lo que ella era, es decir, el bosque destruido, las ramas que viajan por el mar y son botadas en la playa, todas esas basuras de plástico que están ahí repartidas. La inmensa mayoría han desaparecido y solo de algunas existen fotos. Como dice un sabio balinés: las obras de arte son para la divinidad y nosotros, los humanos, aprovechamos sus restos materiales. El CA2M va a ser el primer museo donde no voy a hacer obras nuevas por el hecho de que por la pandemia no puedo ir para allá. Generalmente en los museos encuentro basuritas maravillosas.

“El quipu es más antiguo que la escritura alfabética. el derecho a la propiedad comunal y familiar estaba escrito en esos nudos” 

P. Su obra La ruca abstracta (1974), ¿tiene también que ver con esas basuritas

R. Claro que sí. Esa ruca está relacionada con algo que en Chile se llama las animitas. Cuando hay accidentes de tráfico, las familias de los muertos hacen unas capillitas en miniatura a modo de pequeños altares para que haya memoria de que allí murió una persona amada. La muerte de Allende fue para mí fue un dolor tan infinito… Significaba asesinar un mundo completo, un potencial de revolución democrática por la justicia. Hice entonces esta ruca como una animita para él. Estaba en Londres en un exilio miserable, apenas comía, y escogí lo que tenía a mano y pinté su retrato en un pedazo grande de madera para una muestra que había organizado con mis compañeros en el Royal College of Art. 

'La ruca abstracta', 1974, en la exposición del CA2M
‘La ruca abstracta’, 1974, en la exposición del CA2M

P. ¿Cómo explica el juego de palabras de Veroír el fracaso iluminado, el título de su exposición en el CA2M?

R. Compuse ese título pensando en qué es lo que realmente mi trabajo comunica: un modo de percepción, en el que sentipensar o veroír se fusionan como el arte y la poesía. Lo que es y lo que no es, un estado potencial. Estas conjunciones las llevo escribiendo desde hace muchas décadas, aparecen con mucha claridad en los ochenta en los primeros libros de la palabra. Pero la idea del fracaso está en mi obra desde los sesenta, cuando escribí un poema en el que cuento que yo nací bajo el signo del fracaso. Asumirlo fue para mí absolutamente liberador. 

El fracaso de la humanidad

P. ¿A qué tipo de fracaso se refiere? 

R. Al fracaso de la humanidad y al fracaso personal. El fracaso de la humanidad es también su triunfo porque es la invasión del planeta. Los virólogos dicen que nuestra especie ha tenido tanto éxito que ha ocupado todos los espacios del planeta pero si nuestra especie se extingue va a ser precisamente por eso. Entonces, ¿es triunfo o es fracaso? Es el fracaso de no haber sabido cuidar la Tierra. Esa frase del título no se puede entender ni para delante ni para atrás, pero funciona de otra manera, de una manera no lineal.

El otro corpus de trabajo fundamental en la obra de Vicuña son los quipus, un sistema de escritura de nudos que utilizaban los antiguos incas. Para realizarlos a gran escala –el de la Documenta tenía 8 metros de altura– la propia artista enrolla su cuerpo en las grandes telas. “El quipu –explica Vicuña– es más antiguo que la escritura alfabética o la escritura de Mesopotamia. Cuando los españoles llegaron encontraron que estas hebras anudadas eran como una estopa para limpiar el piso y no le dieron ninguna importancia y al cabo de casi un siglo se dieron cuenta de que el registro del derecho a la tierra, a las aguas, es decir, del derecho a propiedad comunal y familiar, estaba escrito en esos nudos. Lo prohibieron pero lo más extraordinario es que no murió, siguió en las comunidades de pastores altoandinas que lo mantuvieron en secreto”.

P. ¿Cómo fue su acercamiento al arte precolombino?

R. Mi tía, la escultora Rosa Vicuña, tenía pasión por el arte precolombino. En una época, los años 50 y 60, en que era un absoluto desconocido ella sí tenía libros y de ahí partió mi pasión. De adolescente tenía fotos de los quipus y de las cerámicas NazcaYoko Ono y los textiles, una al lado de la otra. Mi estética es una estética silvestre de los setenta, pop si quieres, pero de un pop indígena, de otro orden.

P. ¿Qué le interesaba reflejar en las representaciones de la mujer que hacía entonces? 

R. Desde un comienzo empecé a pintar la menstruación y la violencia contra la mujer. No recuerdo que el tema del feminicidio estuviera tan presente como ahora. Entonces, ¿cómo era posible que una niña tuviera conciencia de toda esa violencia? Yo creo que toda mujer es consciente del peligro. 

Vista de sus 'Basuritas'
Vista de sus ‘Basuritas’ en Kunstinstituut Melly, Róterdam

P. Se fue apartando de la pintura, ¿ha vuelto a ella?

R. No fue así. Fue la pintura la que se apartó de mí a fines de los setenta porque mi vida era tan difícil… y como nadie valoraba mi pintura, ella empezó a retirarse. Para mí fue un dolor infinito, no quería aceptarlo e hice intentos por recuperarla pero ella no quería. Entonces la dejé, efectivamente, pero sabía que yo cuando vieja iba a volver a pintar y me di cuenta de que me había convertido en viejita porque de repente estaba pintando. Estoy tratando de reencontrar esa pincelada, esa mano, esa imaginación. Pintar es como entrar en un holograma. Al pintar todo ese universo que existe entre la tela y mi mano vuelve a la vida. 

“Mi estética es una estética silvestre de los setenta, pop si quieres, pero de un pop indígena, de otro orden”

P. Su obra ha empezado a ser reconocida hace tres años, ¿de qué vivía antes?

R. Nunca tuve un trabajo conocido por eso pasaba las que pasaba. Mi trabajo era el arte y la poesía, como se dice en inglés no matter what, no importa lo que estuviera pasando, si comía, no comía, si tenía frío o calor. 

P. Últimamente son muchas las exposiciones que rescatan a mujeres artistas ya casi octogenarias… 

R. Exacto, por ejemplo la Documenta 14 era exactamente eso, una celebración de las mujeres todas viejitas, con decirte que yo a los 70 años estaba entre las jóvenes. Fue la primera experiencia en la que las mujeres ancianas tenían significado y tenían algo que decir como colectivo. Creo que esa Documenta, que fue muy vapuleada por la crítica de poca visión, eventualmente va a ser reconsiderada como un momento muy excepcional. 

Tardío reconocimiento

P. ¿Y cómo recibió en 2019 el Premio Velázquez, el más importante en España?

R. Como una gran sorpresa, primero porque no puedo ir a Madrid sin visitar a Velázquez y llorar frente a sus telas. Y que me den a mí el Premio Velázquez por mis basuritas era un paradigma de que había cambiado de planeta, un milagro, que señalaba este giro de orientación de la conciencia del arte hacia una conciencia colectiva. 

P. ¿Es su proceso creativo solitario o colectivo?

R. Tiene esa dualidad. Sucede en el silencio, en la soledad. Viene y va hacia la poesía entendida de una manera indígena, no de una manera occidental, para mí no es escritura en una página. Todo acto creativo es siempre una colaboración porque todo lo que hacemos viene de alguna parte y va a otra parte y en eso participa todo.

@LuisaEspino4

Despertar sensaciones dormidas. Chantal Maillard

Bill Brandt
Top Withens, West Riding, Yorkshire, 1945
Private collection, Courtesy Bill Brandt Archive and Edwynn Houk Gallery
©
 Bill Brandt / Bill Brandt Archive Ltd

Finales de otoño en las tierras del Norte. El viento azota mis mejillas, tumba las matas de hierba. Cruje la nieve bajo mis pies. La nieve rara, esparcida aquí y allí, sobre el manto de hierba que amortigua los pasos. Apenas un leve crujido que, al levantar la bota, deja la huella impresa sobre una fina membrana helada. Se aproximan nubarrones. Habrá tormenta de aguanieve. Ya noto –¡con qué placer!– las puntas aceradas de los cristales diminutos deshaciéndose en mi rostro. Hay algo salvaje en ese gozo. El animal que fuimos levanta el hocico y olfatea, otea, escucha…

Más, de repente, vuelvo a estar aquí, con mi vejez en las manos y una fotografía de Bill Brandt ante mis ojos. La niña que corría a contraviento por las dunas es ahora tan sólo un conjunto de sensaciones residuales. Memoria sonora. Memoria táctil. Huellas que habitan en nosotros hasta que algo las despierta, por analogía.

¿Qué hace que una representación, pictórica, fotográfica, musical u otra, sea capaz de transportarnos de esa manera a otro tiempo, de trazar puentes sinópticos entre lo percibido ahora y lo vivido hace más de cincuenta años? ¿Qué poder es éste capaz de despertar sensaciones dormidas y hacernos regresar, toda entera, a otros tiempos?

El poder de la imagen poética es su capacidad de sugerencia, decía Anandavardhana. Y ¿cómo no comprender, en la imagen de Brandt, a los personajes de Wuthering Heights tal como Emily Brontë los imaginara? ¿Cómo no cruzar los puentes que van de la propia carne a otra carne? Si el blanco y negro sugiere mucho más que el color es porque el trabajo de la imaginación es mayor. Sin imaginación, no hay enlaces posibles. Sin imaginación, la imagen es plana y estéril. Si la fotografía sugiere más que la realidad es porque es muda y que en su fijeza el tiempo se detiene. Tiempo: espacio que apela a esos lugares de la memoria donde dormitan los sonidos, los olores, el frío, esperando que algo los despierte.

Chantal Maillard es escritora.

Exposición de Bill Brandt en la Fundación Mapfre de Barcelona: https://www.fundacionmapfre.org/fundacion/es_es/exposiciones/kbr-barcelona-photo-center/bill-brandt.jsp#

https://www.fundacionmapfre.org/fundacion/es_es/exposiciones/cultura-en-movimiento/despertar-sensaciones-dormidas/

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Conjuros y ebriedades. Cantos de mujeres mayas

Especialmente dedicado a las mujeres del taller “Ascesis Creadora II“, a sus trazos y exorcismos

Este libro de artistas mayas es una antología de hechizos, himnos y encantamientos, fue grabada originalmente en lengua tzotzil (un dialecto maya), y sus textos, posteriormente, se transcribieron y tradujeron por la poeta Ámbar Past quien dice: “De la tierra nos inspiramos: fotocopiamos el fósil de una hoja tropical, la superficie de un caracol marino”. Efectivamente, el rostro de cartón respira, mira a través de la ranura de sus ojos, habla con su boca abierta dentro del papel y si lo tomamos entre las manos, los ojos nos ven, tal como dice Elena Poniatowska, y añade, “Conjuros y ebriedades es uno de los cien libros más bellos del mundo”.

Encuadernado en tablas cubiertas de papel marrón hecho a mano, con una gran cara en relieve que representa a la diosa maya del desierto llenando la portada. Las páginas finales también están hechas a mano. Alojado en una caja de cartón impresa con título blanco en el panel del lomo. Contiene 45 encantamientos poéticos, 40 ilustraciones xerografiadas, entre otras ilustraciones varias.

Estos Conjuros y ebriedades fueron soñados por mujeres mayas de los Altos de Chiapas. Las autoras tzotziles de este libro no saben leer. Ellas alegan que estos cantos les fueron entregados por sus antepasadados, los Primeros Padresmadres, quienes conservan el Gran Libro donde guardan los conjuros. Loxa Jiménes Lópes, de Epal Ch’en, Chamula, cuenta que una Anjel, hija del Dueño de las Cuevas, comenzó a hablarle en su oreja y luego en sueños le mostró el Libro con todas las palabras de los cantos.

–Ámbar Past


El Taller Leñateros que lo edita, es una comunidad de artistas mayas, fundada en 1975 por el poeta Ambar Past. Su especialidad es el papel hecho a mano, libros de artista, serigrafía y grabado (en bloques de madera y superficies afines), gráficos de pansey, tintes naturales, etcétera.  El taller capacita y da empleo a personas de su comunidad. Uno de los mejores ejemplos es Conjuros y ebriedades. Cantos de mujeres mayas en el que participaron 150 mujeres mayas.

Ámbar Past es una poeta, narradora, ensayista y artista nacida en Carolina del Norte, Estados Unidos, el 22 de noviembre de 1949. Es ciudadana mejicana desde 1972 y trabaja en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, donde, en 1975, fundó el Taller Leñateros.

Prólogo de Juan Bañuelos.
Lugar de edición: San Cristóbal de las Casas, Chiapas
Editorial: Taller Leñateros
Año de edición: 1998
ISBN: 9789709011067

Precio: 300 €

Encanto para no tener que ir al otro lado
(Xunka’ Utz’utz’ Ni’)

Toma en cuenta, Kajval,
que te estoy hablando.
Te traigo humo.
Aquí te doy tus flores.

Toma en cuenta, Kajval,
qué tanto me vas a dar.
Los otros tienen caballos.
Tienen borregos.
Tienen gallinas.
Tienen camiones.

Toma en cuenta, Kajval,
qué me vas a dar.

No quiero trabajar en ninguna finca.
No quiero ir a otra casa.
No quiero ningún trabajo lejos.
No quiero ir a Los Ángeles.
No quiero ir a La Florida.


K’u cha’al mu sa’ abtel ta nom ti smalale
(Xunka’ Utz’utz’ Ni’)

K’u yepal tana, Kajval,
chajta ta k’oponel, chajta ta ti’inel.
Tzakbo ti jbej yo xch’ail.
Tzakbo ti jbej yo xnichime.

Vo’ot xanopbe atuk tana un.
Vo’ot xat’ujbe atuk tana un, Kajval.
Ti k’usi xavak’be une, ti k’usi xak’elanbe un.
A li yan avalabe, a li yan anich’nabe, Kajval.
Oy k’usi oy yu’un.Oy ska’ik, oy xchijik.
Oy yalak’ik, oy skamyonik.

K’u yepal tana, Kajval,
k’usi xavak’bun, k’usi xak’elanbun.

Ja’ ti mu xu’ ti nom abtele.
Ja’ ti mu xu’ ti pinkae.
Ja’ ti mu xu’ ti asyentae, Kajval.
Ja’ mu jk’an xbat ta Los Anjeles.
Ja’ mu jk’an xbat ta Florida.

https://lenateros.wordpress.com/2008/07/03/conjuros-y-ebriedades/

https://farogamoneda.wordpress.com/2019/06/02/un-texto-de-antonio-gamoneda-sobre-la-poeta-ambar-past-en-la-revista-mexicana-la-otra-2014/

Grano a grano, el itinerario de Chantal Maillard

Una voz, una vida, grano a grano, se desmenuzan, contándonos un itinerario.

La voz-lanzadera de Chantal Maillard va tejiendo, en la reversibilidad de los tiempos, su trayectoria vital y poemática.

A escuchar al atardecer o, mejor, en el corazón de la noche cuando se funden las sombras y la voz, progresivamente, va musitando partituras de silencio.

Aquí encontraréis completo el itinerario: https://fonotecapoesia.com/coleccion-consentido/

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Por un sereno y bondadoso 2021

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confía en ti, se dijo, y sintió que volvía

la frase, confía en la gracia, eso que está

en ti, la nada y el miedo que hay

en ti te ayudarán, y la fatiga, que la energía

vaya a menos, que para quienes quieres

sea leve, la gracia te ayudará

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Olvido García Valdés, Confía en la gracia, Tusquets, 2019

Fotografías: Isabel Muñoz, Mevlevi, 2008

¡Feliz año nuevo a todas.os desde esta bitácora lobuna!

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El ciclo. Solsticio de invierno 2020 aderezado con la conjunción de los dos gigantes del sistema solar, Saturno y Júpiter

William Blake, El anciano de los días, 1827.

Los Equinoccios y los Solsticios son los grandes hitos en el movimiento del Sol en relación a la Tierra. Son momentos importantes porque experimentamos un punto de inflexión en el ciclo de la luz solar. 

Desde la antigüedad, a partir de la observación de los ciclos naturales y de las relaciones entre la Tierra y el Cielo se configuraron una serie de principios éticos. A través de la historia, numerosos rituales y festivales se han organizado para celebrar este evento cósmico. https://www.diainternacionalde.com/ficha/solsticio-invierno

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“No ha habido ningún pueblo que no haya atravesado algún tipo de fase de simbolismo solar en su filosofía, ciencia y teología. El Sol ha dominado todas las artes, ha estado involucrado en todas las teorías de armonía musical. Encontramos registros de esto en todas partes porque el Sol representa la restauración anual de la vida, símbolo de la gran resurrección de todas las cosas existentes,  la gran redención, la elevación de toda la vida de la oscuridad a la luz”.  (Manly P. Hall)

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Solsticio de Capricornio : Invierno en el hemisferio Norte, Verano en el hemisferio Sur

Solsticio es una palabra que significa “sol quieto”y marca la máxima polaridad de la luz. Según el calendario gregoriano, este lunes 21 de diciembre a las 11: 03 (hora peninsular), el sol entra en el signo zodiacal de Capricornio (es decir, los rayos del Sol comienzan a caer directamente sobre el Trópico de Capricornio), produciéndose el Solsticio de Invierno en el Hemisferio Norte, y el Solsticio de Verano en el Hemisferio Surel día más corto y la noche más larga del año en el Norte, y al revés en el Sud.

Los Equinoccios (21 de Marzo y 21 de Septiembre) y los Solsticios (21 de Junio y 21 de Diciembre) abren el ciclo de las 4 estaciones del año, y a la vez son parte de un ciclo mayor de la vida en la Tierra: el viaje de traslación de nuestro planeta alrededor del Sol (1 año en nuestro calendario).

El Solsticio de Verano marca el comienzo de un ciclo de apertura y expresión, de crecimiento, a partir de entonces la luz del día comienza a disminuir diariamente, creciendo la oscuridad, hasta que el día y la noche se igualen en tiempo en el Equinoccio de Otoño.

El Solsticio de Invierno, en cambio, marca el nacimiento de un ciclo de la naturaleza en el cual comienzan a brotar las semillas, cambian el pelaje los animales, y el ser humano y la tierra renuevan sus energías y se purifican. A partir del Solsticio de Invierno, la noche irá disminuyendo diariamente en un minuto, lo que irá haciendo “crecer” el día en la misma proporción, hasta que se produzca el Equinoccio que da paso a la Primavera.

El Solsticio de Verano representa el momento de expresión y crecimiento, y desde este momento la noche irá creciendo mientras la luz del día decrece. En cambio, el Solsticio de Invierno anuncia el renacimiento de la luz, porque desde ese momento la noche irá disminuyendo haciendo que la luz del día se extienda cada día más.

Esta danza entre el sol y la tierra es también el ritmo de nuestra propia naturaleza. En el ciclo de las estaciones se refleja nuestro propio ciclo vital: en la primavera se nace, en el verano se crece, en el otoño se decrece y en el invierno se muere para renacer.

La conjunción de Júpiter y Saturno durante esta noche de solsticio:

Se acerca además un gran evento astronómico durante esta noche de solsticio: la conjunción exacta de Saturno y Júpiter en el signo de Acuario. Esta alineación tiene lugar cada 20 años, pero desde el año 1623 no se aproximaban tanto: los 2 gigantes planetarios llegan a su mayor acercamiento, a tan sólo 0,1º de distancia, durante la noche del solsticio. Tendremos que esperar hasta el 15 de marzo de 2080 para volver a ver a estos dos planetas tan cerca el uno del otro.

Se pueden distinguir fácilmente al mirar hacia el Suroeste a primera hora de la noche: Júpiter es el astro más brillante del cielo nocturno (por detrás de la Luna) y, a su lado, un poco más a la izquierda, se puede ver Saturno, un poco menos brillante.

Lo excepcional de esta conjunción radica en el hecho de que asistimos a un cambio de elemento. De darse en la triplicidad del elemento tierra (Tauro, Virgo, Capricornio) en los últimos 200 años aprox. se dará ahora en la triplicidad del elemento aire (Geminis, Libra, Acuario). En 1802 se produjo la primera conjunción precursora de Júpiter y Saturno en el elemento tierra, en 1821 la última en fuego y a partir de 1842 y durante todo el siglo pasado hemos visto que las conjunciones de Júpiter con Saturno se han producido en signos de tierra: en 1901 en Capricornio, en 1921 en Tauro, en 1961 nuevamente en Capricornio, en 1981 en Libra la fase anunciadora del elemento aire; en el 2020 se entrará de lleno en el ciclo de ese elemento con Acuario hasta 2199.

La última conjunción de Saturno con Júpiter (la que se produjo en el año 2000 en el grado 22º 42’ de Tauro) fue también la última en un signo de tierra, lo cual ocurrirá nuevamente en 900 años.

Las conjunciones de Júpiter con Saturno corresponden a ciclos socioeconómicos, religiosos, y estructurales. Finaliza, por lo tanto, un ciclo en un elemento, así como analógicamente deberá finalizar aquello que representa: lo concreto, lo práctico, lo materialista, lo tangible, los bienes, la productividad, la economía, la propiedad privada. Los signos de aire (Géminis, Libra y Acuario) son signos humanos, sociales, de asociación e intercambio, de comunicaciones, ciencias, artes y relaciones. Podemos pensar que a partir de esta conjunción de Júpiter y Saturno el mundo adopte una estructura socioeconómica diferente

Feliz Solsticio a todas.os!

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Sombras, de D. H. Lawrence
(Fragmento)


Y si, igual que el otoño se ahonda y se oscurece

siento el dolor de las hojas al caer y tallos que se rompen en las tormentas

y turbulencias y disolución y la zozobra

y luego, suaves sombras profundas plegándose, plegándose

sobre mi alma y mi espíritu, sobre mis labios

dulcemente, como un letargo, o más bien el estupor de una grave, triste canción

cantada más opacamente que el ruiseñor, y así hacia el solsticio

y el silencio de los días cortos, el silencio del año, la sombra,

sabré entonces que mi vida aún se mueve

con la oscura tierra y se humedece

en un profundo olvido, en el lapso de la tierra y su renovación.

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Daniel. Voces en duelo. Chantal Maillard & Piedad Bonnett

Dos hijos. Un mismo nombre. Una misma decisión. Un mismo gesto.
Dos madres frente a un mismo abismo.
Contra el tabú. Por esa libertad. Por el coraje del suicida.
Como homenaje.

«Daniel. Voces en duelo se concibió como homenaje a la memoria de nuestros respectivos hijos y fue oficiado en escena el 20 de octubre de 2018 en Málaga, en el Centro Cultural M.V.A, como clausura del Festival de Poesía Irreconciliables». (Chantal Maillard, 2020).

Chantal Maillard es poeta y ensayista. Doctora en Filosofía, se especializó en filosofías y religiones de la India en la Universidad de Benarés y ha sido profesora titular de Estética y Teorías de las Artes en la Universidad de Málaga. Ha recibido el Premio Nacional de Poesía por el libro Matar a Platón (2004) y el Premio de la Crítica por Hilos (2007).

Piedad Bonnett es poeta, novelista y dramaturga. Fue profesora universitaria durante tres décadas en la Universidad de los Andes. Entre sus reconocimientos se cuentan el Premio Nacional de Poesía, Colcultura, 1994, el Premio Casa de América de Poesía Americana de Madrid, en 2011, el Premio Poetas del Mundo Latino en Aguascalientes, México, en 2012, el premio honorífico José Lezama Lima de Casa de las Américas, en 2013, y en 2016 el Premio Generación del 27 en Málaga, España, por su libro Los habitados.

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