El documental artístico Eternal Forest de Evgenia Emets

Descubrí este documental artístico Eternal Forest y su creadora, la asombrosa artista plural Evgenia Emets (nacida en la URSS, viajó mucho, vivió en Londres, y hoy en Portugal, crea obra en la intersección de la poesía visual y sonora, con una larga práctica caligráfica), a raíz de un coloquio-homenaje que le dedicaron a Kenneth White en la universidad de Lisboa este pasado mes de mayo: Líneas de la tierra. Caminos geofísicos y geopoéticos en el Antropoceno.

“El lenguaje que, dibujando líneas, atraviesa el mundo, es un lenguaje abierto a la polifonía y que resuena con él. El mundo está atravesado por la polifonía de elementos que están en constante movimiento. La polifonía de las expresiones de miles de culturas humanas. Y la polifonía de los numerosos seres que conviven con nosotros. Hoy en día un gran tumulto se hace oír. Esto es lo que llamamos el Antropoceno, la edad geológica en la que la supremacía humana se teoriza y se impone poniendo así fin a la diversidad de las expresiones del mundo.” (Extracto del programa)

No puedo evitar aquí, haciendo resonar tres prácticas artísticas que me tocan tan de cerca, trazar mis propias líneas entrelazando el trabajo interactivo de Evgenia Emets, la geopoética de Kenneth White, y las líneas pictóricas-sonoras de la artista Fabienne Verdier. Pero eso daría o dará pie a otra entrada, tal vez incluso a otro proyecto!

De momento volvamos a nuestro tema… Eternal Forest es una invitación a reconsiderar nuestra relación fundamental con el bosque. Eternal Forest invita a la audiencia a pensar cómo podríamos transformar la relación ‘extractiva’ actualmente dominante con el bosque y por qué este es un paso urgente y necesario. ¿Cómo podemos contribuir a crear un entorno de biodiversidad que requiere décadas o siglos, un tiempo más allá de nuestras vidas, para madurar y prosperar? ¿Cómo valoramos algo que sólo nuestros bisnietos y sus antepasados ​​podrán ver plenamente desarrollados? Filosóficas, artísticas, espirituales, religiosas, económicas: ¿cuáles son las distintas perspectivas, y cómo podemos integrarlas para que todos podamos trabajar juntos para preservar y reconstruir los ecosistemas forestales de biodiversidad?

El proyecto Eternal Forest se lanzó en mayo de 2018 en Portugal en la residencia de arte Raizvanguarda con el motivo de escuchar y grabar la voz de las personas que viven en las aldeas, rodeadas de monocultivos de eucaliptos. La primera etapa del proyecto se completó en 2018 y tiene tres elementos: una película, un libro de artista y obras visuales basadas en la poesía escrita durante la residencia.

La película fue creada en las áreas de Gois, Lousã y Arganil en Portugal, y se basa en 12 entrevistas con personas portuguesas e internacionales que viven en la tierra en la zona, los incendios devastadores han afectado directamente a algunas de ellas en octubre de 2017. La gente comparte sus recuerdos, historias y sueños para el futuro sobre los bosques, en el contexto de la deforestación en curso de Portugal, el crecimiento de monocultivos y el aumento de la “desertificación” humana.

La película está subtitulada en inglés y portugués.

 

Libro de artista de Eternal Forrest

http://www.evgeniaemets.vision/2017/12/eternal-forest.html

 

El documental artístico ‘Eternal Forest’ replantea y transforma la relación de una comunidad con sus bosques, a través de las voces de las personas que viven en Goís, Arganil y Lousã, las áreas que, en Portugal, sufrieron incendios sin precedentes en 2017.

Un desastre causado por décadas de prácticas forestales insostenibles. El monocultivo de eucalipto, la ruptura de las comunidades y la desertificación humana.

Estas 12 entrevistas se realizaron en mayo de 2018, y se creó el montaje de 40 minutos del documental ‘El Bosque Eterno’. Se está proyectando alrededor de Portugal durante todo este verano.

El proyecto ha sido apoyado por EarthSkyLab, creado en residencia de arte con Raizvanguarda y también con fondos personales.

Es urgente captar la voz de quienes rara vez tienen la oportunidad de expresar sus opiniones directamente sin filtros.

Tenemos una visión de la aparición de personas y comunidades empoderadas en todo Portugal, reuniéndonos para encontrar soluciones a estos problemas complejos.

La película y el proyecto esperan concienciar sobre la situación ambiental y las consecuencias económicas y sociales asociadas con ella.

Al conectar a las comunidades y crear un sentido de propiedad compartida de la tierra y la responsabilidad que se extiende hacia el futuro, encontraremos soluciones a los desafíos que enfrentan los bosques en Portugal.

Eternal Forest abre una conversación sobre nuestra relación actual con el bosque, pensando en cómo afecta nuestra percepción del tiempo y de los ciclos profundos, de cómo nos afecta en el futuro y de cómo podemos cambiarlo.

Para más información y colaboración económica con el proyecto:

https://www.gofundme.com/eternal-forest-documentary

 

Muriel Chazalon | Un lexique fractal de l’œuvre de Kenneth White

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¡ G r a t i t u d !

Mi estudio “L’œuvre de Kenneth White. Un lexique fractal”, recién salido de la imprenta de las Éditions Isolato (Francia) donde estaba desde hace 5 años, ha llegado por fin! Una bella y cuidada edición, sobria, elegante. Imposible pedir más! Estará en librería (al menos en Francia) a partir del 7 de junio.

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De momento, para hacer boca, os traduzco la contraportada y os dejo con el índice de los términos :

A partir de un enfoque intelectual abierto y totalizador, Kenneth White ha elaborado durante más de 50 años de escritura, de investigación, y de sucesivas publicaciones, una obra profundamente coherente. De esta obra “e-norme” (fuera de normas) emerge un “extravagante” corpus de términos significativos y característicos, de ideas singulares, de conceptos y nociones clave que quisimos reunir en este léxico. Las sesenta y nueve entradas que lo componen dibujan, cruzándose entre sí, una cartografía de geometría fractal, con el fin de acompañar, complementar o introducir al lector en el pensamiento y en la obra original de este nómada intelectual, logrando así una mejor comprensión de su unidad y de su especificidad. Este léxico fractal –verdadero log-book, “libro-del-logos” como le gusta a este poeta-pensador traducirlo– va dirigido a los investigadores, a los estudiosos y a todos aquellos que desean descubrir la geopoética o que, practicándola desde hace tiempo, quieren ampliar su conocimiento de la obra-en-curso de este excepcional europeo franco-escocés — sus coordenadas, sus derivas, sus desafíos y el amplio alcance de su proyecto poético global. 

M. Ch.

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<< Nunca trabajé en un clima de esperanza o de expectativa – lo que significa, en toda lógica, que no puedo perder la esperanza ni sentirme desesperanzado. Trabajo como el árbol crece, como el océano circula alrededor de la tierra.

Y nunca olvidé aquella descripción, que hizo Daniel Rops, de algunos monjes que, en una época desastrosa, calamitosa, el final de la Edad-Media, en la que los libros se descomponían en las bibliotecas, creaban “inmensas obras –para nadie, para nada”. >>

Kenneth White

 

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Lapis specularis. La luz bajo tierra | Miguel Ángel Blanco

Miguel-Angel Blanco_libros cajas_Lapis specularis, la luz bajo tierra©Miguel Ángel Blanco

 

El artista madrileño Miguel Ángel Blanco explora las cualidades plásticas y poéticas de este sorprendente mineral que nunca había sido tratado como material creativo, actualizando la antigua historia romana: lapis specularis o yeso selenítico que, nos recuerda el artista, “recibe una variedad de nombres, todos evocadores: espejuelo, piedra especular, piedra del lobo, espejillo de asno, piedra de la luna, selenita, lapis lunarissapienza, aljez o reluz”.

23 libros-caja pertenecientes a la Biblioteca del Bosque participan en la exposición, así como 3 intervenciones específicas de Miguel Ángel Blanco.

La Biblioteca del Bosque es un proyecto artístico singular, un especie de archivo de la naturaleza en un conjunto de libros-caja que ha superado ya el millar de volúmenes. El contenido de cada libro-caja no está hecho de textos con palabras sino de una escritura poética cuya cuidada sintaxis son cosas recogidas en la naturaleza y escogidas por su apariencia formal y por su significado simbólico (arena, plumas, algas secas, cortezas, líquenes, semillas, huesos, piedras…) acompañada de algunas hojas de papel especial con grabados, dibujos, grafías de agua o de fuego o estampaciones digitales (y otras muchas técnicas) acorde al contenido.

Exposición en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid del 10 de abril al 23 de junio de 2019.

 

[Vídeo de la exposición realizado por la Subdirección General de Promoción de las Bellas Artes. Ministerio de Cultura y Deporte.]

https://elcultural.com/revista/arte/Miguel-Angel-Blanco-libros-de-espejo-que-leen-estatuas/42236?fbclid=IwAR2CATpbeCYI9yBxF3znTbAbWl7XVu2VIY3MzDVT60IY9ql1VNeWJIIBwGE

 

 

“La rebeldía es difícil, es complicada, dura y solitaria”: Esther Peñas entrevista a Chantal Maillard

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CTXT REVISTA CONTEXTO | 30 DE MARZO 2019 | Esther Peñas

La compasión difícil (Galaxia Gutemberg). Con este perturbador título, Chantal Maillard (Bruselas, 1951), poeta, filósofa, traductora, aborda la violencia del sistema en que vivimos desde el nacimiento a la muerte, pasando por el dolor, la relación de nuestra especie con el resto de seres vivos, la maternidad, el suicidio, la ausencia de dioses o la culpa. Que la vida sea un tránsito soportable depende, según Maillard, de nuestra capacidad de construir espacios compasivos que incluyan no sólo a los inocentes, sino también a los verdugos.

 

De nuevo el hambre, el hambre siempre en tu palabra. ¿Indefectiblemente es la fuente?

—El hambre es el núcleo de esta gran maquinaria de la que formamos parte. El círculo del hambre, esto es el universo. Todo lo que vive se alimenta de otros, la vida de unos se sostiene sobre la muerte de otros, sí, indefectiblemente, sin posibilidad de que sea de otra manera. Cuando teníamos predadores formábamos parte de esta rueda; ahora que no los tenemos nos depredamos mutuamente. En los humanos el hambre se ha convertido en ansia y en violencia innecesaria. Y esto hace que ya no seamos el animal inocente que se alimenta de otro animal inocente. No somos sólo víctimas, también somos verdugos.

Una de las premisas del ensayo es que la violencia mueve el mundo. Pero ¿no hay espacio para la caricia?

—Sí, claro, es una de las cosas que lo hace soportable y una de las causas por las que no nos rebelamos del todo contra el sistema. Cuando hablo de rebeldía, me refiero a decidir quedarte o no en la rueda. El sistema –o la máquina– utiliza muchas estrategias para que no decidamos salirnos de él. Como todo buen sistema. Por supuesto, esas estrategias las llevamos integradas y no nos damos cuenta de que lo son. Estrategias. La necesidad de procrear, por ejemplo, y los estímulos que nos llevan hacia otro ser para ese fin. Creemos que estamos decidiendo, pero decide el sistema. La belleza es otra de esas estrategias.

Pero hay bellezas que nos suspenden, bellezas que nos sostienen…

—Tengamos en cuenta que los modos de percibir están dados. Y la percepción, entre otras cosas, es lo que nos permite la adaptación al medio. Si las partes no se adaptan no se multiplican, y si no se multiplican el organismo perece. La rebeldía empieza allí donde despunta la sospecha de lo que juzgamos bello, dice el libro… La capacidad de admirarse y quedarse, como bien dices, suspendidos, a pesar del horror… es sin duda una de las estrategias mejor conseguidas.

Aseguras que el sistema, la rueda, nos ofrece la ilusión de pensar que actuamos libremente, pero es falso. Si “toda tiranía implica rebeldía”, como aseguras, ¿por qué no nos rebelamos contra el sistema, porque no somos consciente de la tiranía o porque es imposible rebelarse?

—Generalmente porque la tiranía es una solución de facilidad, delegamos gustosamente las cosas que nos inquietan, es más fácil delegar en otro. Y la rebeldía es difícil, es complicada, dura y solitaria. El ángel rebelde está solo. Y su luz es solitaria, también. Y su compasión: Lucifer, recordémoslo, es el portador (ferre) de luz (lux), el que se apiada de los humanos y les trae la conciencia… y el juicio, la capacidad de separar. Se equivocó, claro, a pesar de sus buenas intenciones.

 

LA RAZÓN ES UN INSTRUMENTO QUE EN EL HUMANO SUPLE UNA CARENCIA. NO TENEMOS GARRAS, NI DIENTES AFILADOS, CARECEMOS DE LAS DEFENSAS QUE TIENEN OTROS ANIMALES, DE AHÍ QUE HAYAMOS DESARROLLADO MÁS DE LA CUENTA EL RACIOCINIO

 

—“Todo animal reconoce las sendas que abrieron sus antepasados salvo el humano”. ¿Ahí radica nuestro fracaso como especie?

—En gran medida, sí. La herida original es el olvido. Un olvido que entiendo producido por la importancia que le hemos dado a la razón. La razón es un instrumento que en el animal humano suple una carencia. No tenemos garras, ni dientes afilados, carecemos de las defensas que tienen otros animales, de ahí que hayamos desarrollado más de la cuenta la capacidad del raciocinio. Pero la hemos alimentado hasta tal punto que se ha vuelto arrogante y, creyendo que podía conocerlo todo, le hemos dejado invadir los canales por los cuales recibíamos lo que a todo animal le pertenece: ese saber antiguo que, de especie en especie, remonta los tiempos hasta los inicios. Si escuchásemos al animal que fuimos tal vez ese saber anterior volvería, pero tendría que atravesar unas capas tan gruesas, los residuos del juicio son tantos… Y porque no lo tenemos es por lo que establecemos códigos, normas con las que, por consenso o por imposición, tratamos de regular una convivencia que debería formar parte del orden natural. Luego reemplazamos la conciencia de nuestra ignorancia por un cúmulo de opiniones.

Sin margen para el silencio.

—Un inmenso ruido que nos impide escuchar.

—“De todos los paraísos caemos algún día”. ¿Por necesidad, impericia, maldición?

—No, nos caemos por lucidez. Los paraísos son inventos, creaciones nuestras que corresponden generalmente al deseo de permanencia más allá de la muerte y al deseo de bienestar absoluto. Tomar conciencia de esto puede ser doloroso, pero es lo debido, todo paraíso conlleva su infierno, no hay cuerda que no tenga dos extremos. Y al tratarse de credos, el problema no es situarse en uno u otro extremo, el problema es la cuerda.

Y mientras tanto, ese ruido que impide el silencio, esos estímulos que nos empujan a una velocidad insoportable…

—Asumir la impotencia es difícil, saber que vas a morir, que todos vamos a desaparecer, que aquellos a quienes más quieres van a desaparecer, aceptar la fragilidad de todo organismo, el de los allegados, los queridos, los lejanos, tener consciencia de eso es complicado, mantenerse en esa consciencia es aún más difícil. Las más de las veces procuramos distraer la mente con otra cosa que la mantenga ocupada. Mientras tanto… El mientras tanto es importante. El mientras tanto, a veces, es toda nuestra vida.

Compartes una anécdota que te sucedió en el metro, y que te hace concluir con que quedas del lado del espectador más que del actor. ¿Por qué el mundo necesita espectadores y actores?

—¿Crees que los necesita?

No. Creo que no los necesita. Simplemente acontecen. Se dan.

—Se dan, sí. Actuar, en el sentido de realizar una acción, es indispensable para existir. Solo muertos dejamos de actuar. Incluso si decides no actuar estás actuando, no hay existencia sin acción. Todos somos actores, por tanto: producimos acciones. Pero también tenemos la capacidad de mirar, observar, de convertirnos en espectadores. Observar es igualmente una acción, una acción cuyo objeto es la acción de otro actores. Hay distintos tipos de espectadores. Está el espectador crítico, que es el que observa, sopesa y juzga. Pero también está el espectador contemplativo, que se deja penetrar por lo que está viendo. Son dos actitudes, una va dirigida por la voluntad; la otra no es voluntaria, adviene, la voluntad se pone entre paréntesis y dejas que lo que ocurre te alcance. La primera formula juicios críticos que pueden llevar a conclusiones racionales o a simples opiniones; la segunda conduce a un tipo de comprensión distinta, más abarcante, previa o ajena al lenguaje.

Como cuando cuentas la anécdota de cuando eras pequeña e ibas en el autobús y te quedas mirando fijamente a otra persona, y tu madre te dice que eso no se hace…

—Era mi abuela, sí, me decía que no mirase así a la persona que tenía enfrente, como si el hecho de ser mirado incomodase. Yo me perdía a mí misma, me perdía en los otros, en aquellos a los que miraba. Desaparecía en ellos. Que esto es a lo que llaman contemplación, lo entendí mucho después. Vivir en otro, más allá de ti. Saber del otro, comprenderle mejor de lo que él mismo se comprende, con una comprensión distinta, sin juicio, sin pensamiento. Es una experiencia extraña. Desapareces y eres el otro, sin darte cuenta estás allí. Y luego, al dejar de mirar vuelves en/a ti. Como cuando sales del cine. Aquellos tranvías fueron mi primer manual de psicología no leído. Tendría seis años por entonces.

Creo que esta actitud nunca me ha abandonado del todo. Ocurre sin yo pretenderlo. Y respecto a los estados de ánimo es interesante, pues sientes al otro de manera parecida a como el espectador siente lo que les ocurre a los personajes de ficción. Penetras bajo el mí, tu historia personal ya no interviene, entras en un espacio donde la comprensión no necesita de ningún argumento para darse.

 

TODOS SOMOS VÍCTIMAS Y CULPABLES. Y ESTO ES LO QUE PODEMOS DESCUBRIR SI DESCENDEMOS BAJO EL LUGAR DE LAS HISTORIAS PERSONALES 

 

—¿Por qué la compasión es difícil?

—Porque no todos somos capaces de prescindir del juicio, deshacernos tanto de las opiniones (personales y colectivas) como de la sensiblería. La compasión a la que aludo nada tiene que ver ni con esto. Tampoco con la moral y los prejuicios que de ella pudiese derivar. La compasión de la que hablo trasciende todos los códigos. No es fácil trascender los códigos (los llevamos introyectados), como tampoco es fácil comprender al que comete un crimen, sobre todo si consideramos la víctima inocente. Hasta que nos damos cuenta de que el crimen, la culpa, la inocencia son términos morales igualmente. La compasión de la que hablo no tiene que ver con la sentimentalidad, sino con el padecimiento. Es saber padecer-con otro. Y es fácil padecer con aquellos a quienes consideramos inocentes. Nos ponemos del lado del “bueno”, siempre…, y la “buena conciencia” es excluyente. Es bastante más difícil padecer-con el malo. Y malo, si hablamos de nuestra especie, somos todos… ¿Cómo compadecer al verdugo? Medea, por ejemplo. ¿Cómo compadecer a Medea? Esta es la pregunta que atraviesa el libro. Y de las tres partes de las que consta, las dos últimas se escribieron con este convencimiento: la compasión, la auténtica compasión sólo será posible si somos capaces de comprender a Medea.

Mérmeros comprende lo que Medea va a hacer. ¿Cómo es capaz de compadecer a su madre hasta el punto de ayudarla a matarlo, de hacérselo más fácil?

—Mérmeros, el mayor de los hijos de Medea, es un niño de unos ocho años al que ningún autor había dado protagonismo hasta que Lars von Trier reparó en él. Yo no habría logrado dar respuesta a la pregunta que me planteaba en La compasión difícil de no ser por el gesto de Mérmeros, un simple gesto que el niño realiza en una de las últimas escenas. Medea está devastada, acaba de ahorcar al más pequeño, le queda la segunda parte, quizás la más difícil. Mérmeros se acerca, ella está de espaldas, acuclillada en la hierba, el niño apoya su cabeza contra su espalda, luego se incorpora y le tiende la cuerda por encima del hombro: “Ayúdame, madre”, le dice. No hay ningún juicio en su compasión. Mérmeros no juzga, no piensa. Acompaña.

Da la sensación de que Medea, al actuar, obedece a una decisión que la traspasa, que es más grande que ella. ¿Eso es lo que ve Mérmeros?

—Los motivos, aquí, no son lo que interesa. Las causas sirven para deliberar y formular el juicio. No son las causas lo que importa para entender este asunto. Al menos no las inmediatas, pues las causas son efectos de otras causas que entre todas forman una larguísima cadena; remontarlas nos llevaría al inicio de los tiempos. Los motivos no son la clave para responder a la pregunta por la compasión, los motivos siempre son particulares, el gesto de Mérmeros, en cambio, tiene valor universal.

Quien es compasivo, ¿se convierte en “ese inocente que, sin juicio, absuelve a nuestra especie”?

—No se trata de absolver. Que el perdón (o la absolución) forma parte de las dicotomías morales es algo que también comprendí en el proceso. El justo y el que no, el pío y el impío, el ofendido y el ofensor, el culpable y la víctima… Todos somos víctimas y culpables. Y esto es lo que podemos descubrir si descendemos bajo el lugar de las historias personales y los códigos de valores establecidos, hasta hallar el germen de todas las emociones y todas las acciones.

—“La compasión es un movimiento del ánimo que nos guía hacia aquello que en el otro reconocemos como propio y de lo que, en pura y cordial con-miseración, podríamos, por decirlo de alguna manera, responsabilizar a los mismos dioses si los hubiese”. ¿Qué cualidades se necesitan para ser compasivo?

—Las que nos permitan tomar conciencia de la orfandad y soportarla.

 

https://ctxt.es/es/20190327/Culturas/25286/Esther-Pe%C3%B1as-ensayista-poeta-entrevista-Chantal-Maillard.htm

 

Bon dia del llibre i del drac!

Libros

 

<< Aprender era un placer intenso. Aprender equivalía a nacer. Se tenga la edad que se tenga, el cuerpo experimenta entonces una especie de expansión.

De repente la sangre fluye mejor en el cerebro, detrás de los ojos, en las yemas de los dedos, en la parte superior del torso, en la parte baja del vientre, en todas partes.

El universo se dilata: de pronto se abre una puerta donde no había puerta alguna y el cuerpo se abre con esa misma puerta.

El cuerpo antiguo se convierte en otro cuerpo. Un país desconocido se extiende o avanza a toda velocidad y crecemos con lo que crece. Todo lo conocido cobra un nuevo sentido, atrae una nueva luz, y todo lo que hemos abandonado regresa de repente a la nueva tierra con un nuevo relieve todavía inexpresable, porque no era posible preverlo.

Esta metamorfosis se describe en todos los héroes de todos los cuentos antiguos, y quizá sea eso lo que suscita cada tres o cuatro noches la irresistible atracción que la lectura de esos pequeños mitos tiene para mí: tanto en la lectura del cuento como en el propio cuento se liberan ciertas fuerzas. Unas pocas palabras susurradas por hadas o animales se convierten en poderosos gestos o miradas semánticos. Esas palabras casi se convierten en manos que inventan realmente a su presa, inventando a su vez una aprehensión completamente nueva: un bastón, un arco, un ladrillo, una fronda, una barca, un caballo.

Las nuevas armas, inventando sus nuevas presas, engendran nuevas astucias, dan lugar a nuevos cazadores.

Desafíos que no conciernen a nadie se descubren de pronto en el azar de una consecuencia que no habíamos buscado. Eso es aprender. Caen las barreras y, al caer, desaparecen las distancias. Eso es aprender. La oscuridad del bosque se desvanece. Aumenta el recorrido del viaje.

No hay que enseñar a quien no siente alegría al aprender.

Apasionarse por lo que es otro, amar, aprender, es lo mismo. >>

 

Pascal QuignardVida secreta, Trad. Encarna Castejón. Espasa, 2004.

 

La compasión difícil de Chantal Maillard por Gonzalo Torné

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Foto: Bernabé Fernández

 

EL CULTURAL, 22 marzo 2019 | GONZALO TORNÉ

A medida que se incrementa el número de sus lectores y su prestigio se va volviendo incontestable se impone la conveniencia de ofrecer respuestas críticas a la enigmática obra de Chantal Maillard (Bruselas, 1951), que se aviene, por una vez sin estridencias ni forcejeos, a la categoría de original. No merece la pena entretener el tiempo tratando de encajar La compasión difícil en un género ya establecido, con los perímetros bien trazados y custodiado por las academias. La propia Maillard se muestra muy suspicaz ante la obediencia taxonómica, no tanto por coquetería, como por una conciencia muy viva de las trabas y limitaciones que todo género impone a la obra, ya sea por el peso de la tradición heredada o por las expectativas instituidas entre los lectores.

 

MAILLARD PARECE REBELARSE CONTRA ESA FICCIÓN IMPUESTA POR EL ENSAYO HUMANÍSTICO CON PRETENSIONES DE OBJETIVIDAD CIENTÍFICA

 

Quizás lo mejor sería decir que La compasión difícil es un libro de pensamiento; se podrían extractar sus ideas y afirmar que plantea cómo en un mundo abandonado por los dioses (entendidos aquí como cualquier forma de cuidado o atención sobrenatural) y dominado por la depredación que impone el hambre, solo la construcción de espacios compasivos, capaces de desactivar nuestras pasiones más agresivas, puede convertir la tierra en un espacio soportable, por difícil que sea la compasión si recordamos la cantidad de “crímenes” que cometemos los seres vivos. De otro modo, como se nos insiste en varias ocasiones, de no ser por el tiránico instinto de supervivencia, ¿quién podría considerar esta vida como algo deseable?

Pero este resumen, prometo que bienintencionado, violenta un tanto el espíritu de un libro donde el pensamiento no se ofrece en forma de discurso, acumulando un argumento tras otro, con gran despliegue de ejemplos, mientras se recorre el carril complaciente de la lógica hasta alcanzar una nítida conclusión final. En La compasión difícil la autora piensa mucho, y con rigor, pero buena parte del interés se encuentra en la manera en la que se despliega ese pensamiento, que tampoco puede reducirse a lo poético ni emparentarse sin más con lo lírico, pues Maillard no permite que las frases se desatiendan del material semántico que arrastran, sus párrafos jamás se resuelven en hallazgos bonitos o biensonantes. En este libro, insisto, se piensa a fondo.

Si enfocamos mejor la lente podemos describir tres rasgos originales en este libro: en primer lugar, se trata de un pensamiento incardinado, sensible al mundo que le rodea: el movimiento natural o la temperatura del aire pueden comparecer mezclados con las ideas abstractas.

En segundo lugar, no tratamos con un pensamiento desapasionado que se esfuerce por simular retóricamente una enunciación impasible, entregada al desarrollo incontestable (casi independiente) de las ideas. Maillard parece rebelarse contra esta ficción impuesta por el ensayo humanístico con pretensiones de objetividad científica y expresa sus puntos de vista sin renunciar al entorno emocional del que proceden; así, las ideas comparecen en este libro empapadas del entusiasmo, el desprecio o la preocupación que le suscitaron a la autora al formularse. Dos ejemplos: su crítica a los dioses o a lo que algunos hombres les hacen a otros (o al planeta) en nombre de las creencias es personalísima, sin por eso dejar de ser razonada.

En tercer lugar, el pensamiento de Maillard es metafórico. Allí donde los cachorros de la academia se apoyan en papers y notas que aluden a los pensamientos momificados de antiguas luminarias, Maillard recurre a metáforas poderosas (los ángeles, el hambre, incluso la propia compasión…) que ayudan a aglutinar las distintas ideas que van surgiendo. O si se prefiere, por emplear una metáfora muy querida por la autora, contribuyen a “hilvanarlas”. La reflexión sobre esta manera de pensar en hilos de imágenes que van formando un tejido de argumentos e historias ocupa un considerable número de páginas dentro del propio libro.

 

EN LA COMPASIÓN DIFÍCIL LA AUTORA PIENSA MUCHO, Y CON RIGOR. SU INTERÉS RADICA EN QUE SU PENSAMIENTO LE LLEVA A UN SITIO INSÓLITO

 

El resultado es un pensamiento literario que se presenta de manera más tentativa que estructurada, y que sin llegar a contradecirse no duda en matizarse, exponerse en tonos distintos, en sugerir y en incitar, en recorrer una imagen sin prisa… Estos principios operativos son también clave en la libertad con la que Maillard expone sus ideas. El pensamiento, impulsado y mecido por sus propias metáforas, se detiene en un aforismo: (“Que la vida quiera ser vivida no significa que sea un bien”; “Ingerimos gustosamente lo que más nos daña”; “Preferiría lamer como un animal no humano las heridas de otro animal, como hacen ellos entre sí”; “La compasión emerge de un ánimo ecuánime. No hay, no debe haber ni un ápice de tristeza en quien compadece”). También en definiciones inesperadas (“Las diferencias: reverberación infinita de un primer sonido”; “Culpa: parte que heredamos de los dioses caídos”). En arranques de tratados éticos sobre la compasión; en revisiones dramáticas (esto es, dialogadas) del mito de Medea; en relatos cosmogónicos acerca de la caída de los ángeles; en informes que abordan el sufrimiento del planeta o en pasajes abiertamente poéticos.

Vuelvo al principio de la reseña: La compasión difícil no es un libro que se dedique a mezclar desde fuera géneros ya establecidos, sino que su propio desarrollo le lleva a un sitio (original, personal, divagante y riguroso, variado y libre a la manera que soñaban los románticos) que a los géneros académicos a nuestra disposición les cuesta reconocer.

Podríamos decir que los libros de Chantal Maillard empiezan a constituir su propio género; y lo que llevo escrito hasta aquí, obviamente, no es tanto una crítica como una tentativa de entenderlo.

 

CHANTAL MAILLARD | LA COMPASIÓN DIFÍCIL

Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2019

220 páginas. 19,90 €. Ebook: 12,99 €

 

El poema de la unidad | Jesús Aguado

Joseph Campbell estudió en los cuatro tomos de ‘Las máscaras de Dios’ los arquetipos comunes a toda humanidad.

JESUS AGUADO

El mitólogo Joseph Campbell.El mitólogo Joseph Campbell. BETTMANN / GETTY IMAGES

Estamos vivos, pero se nos ha olvidado. Peor todavía: se nos ha olvidado que lo hemos olvidado. Estamos vivos, pero pensamos, actuamos y nos organizamos como si estuviéramos muertos. Una tragedia, invisible para la mayoría, que el mito debería ayudarnos a visibilizar primero y a afrontar después. Porque el mito hace esto según Joseph Campbell: ayudarnos a entrar en contacto con la experiencia de estar vivo. Algo para lo cual se necesita despertar a ese héroe que todos llevamos dentro (quizá su libro más conocido sea El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito) y al que se han confiado las diferentes culturas para sostener sus valores, sus aspiraciones privadas y colectivas, y su energía espiritual. Otra afirmación de Campbell sobre el mito es que nos hace avanzar por la vida como por un poema (conectados a un ritmo esencial, atentos a las metáforas y a los símbolos, confiando en los pasadizos que abren los silencios en las palabras, organizando el pensar no con silogismos, sino con resonancias y armonías), un descubrimiento en sí revolucionario porque la religión institucionalizada y sus códigos derivados, desde la teología hasta el derecho, nos obligan a traducirlo a mala prosa cotidiana.

La obra entera de Joseph Camp­­bell, y en especial los cuatro tomos de Las máscaras de Dios, intenta reconstruir el poema de la vida con los materiales que el mito le proporciona. Un poema muy deteriorado, el de la unidad de la raza humana más allá de épocas, mentalidades o geografías, que hemos de restaurar antes de que sea demasiado tarde con los instrumentos de la arqueología, la filología, la filosofía, la psicología, la mitología y la religión comparadas, o el folclore. Una tarea de cuya urgencia dan cuenta los dos principios centrales que inspiran los tomos primero y último de esta tetralogía. En ‘Mitología primitiva’, el autor sugiere que el “profundo pozo del pasado” esconde partes del conocimiento que han quedado inacabadas o abandonadas, restos de sabiduría sobre los que hemos de interrogar tanto a los cazadores o plantadores de los orígenes como a los chamanes, los niños, los soñadores o los moribundos. O a ciertos escritores cercanos (él cita, entre otros, a Novalis, SchopenhauerKierkegaard, Goethe, Nietzsche, Melville o Thomas Mann) que hacen de puente, varios cientos de páginas después, con las tesis de ‘Mitología creativa’. Aquí defiende la necesidad de que, invirtiendo el orden clásico consagrado por la historia, en adelante los mitos se originen en experiencias individuales que no surjan de los dictados de la autoridad, sino de las intuiciones, los sentimientos y los pensamientos de personas dotadas con la gracia suplementaria de saber cómo hacerlas comunicables. Estos “maestros creadores” serán modelos evocadores, no coercitivos; despertarán con su ejemplo a la humanidad dormida, y nos revelarán que el verdadero paraíso es darse cuenta de que dentro de uno están todos los dioses.

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Campbell, que enuncia el objetivo de este trabajo como “el primer esbozo de una historia natural de los dioses y los héroes”, se detiene en episodios ejemplares (que narra de manera tan hipnótica como Heinrich Zimmer, del que fuera amigo y de cuyas obras póstumas fue editor, y tan inspirada y transversal como Jung, otro de sus principales referentes), ciclos mitológicos de Oriente y Occidente (consagra los tomos intermedios a ellos: ‘Mitología oriental’ y ‘Mitología occidental’), temas (el ego, el amor, la muerte, la madre virgen y el nacimiento milagroso, el diluvio, el estado, la cruz y la media luna, el dios perdido, las supersticiones, el éxtasis, el animal totémico, el sufrimiento, el juego, el misterio, la luz, el demonio, la servidumbre, el asombro y decenas más que en bastantes ocasiones están acompañados de ilustraciones) o figuras arquetípicas (el caballero de la triste figura, el vidente, el profeta, Isolda, Eloísa, Galileo, Cristo, Buda, Krishna). Materiales heterogéneos que hace sonar como una sinfonía (la palabra es suya) y que teje sin perder el hilo en ningún momento porque lo que le mueve, algo que deja claro desde el prólogo, no es alardear de erudito, aunque pocos lo sean como él, sino quitarle pesos y opacidades al mundo mientras restituye o reescribe el poema de la vida verdadera.

¿Qué haremos, entonces, con este poema con mil caras y voces del que hablan, desde dentro de Las máscaras de Dios, las diversas mitologías? Campbell también se anticipa a esta pregunta: las personas razonables lo usarán para fines razonables; los poetas, para fines poéticos, y los insensatos, para la necedad y el desastre. Intuimos quiénes protagonizan este tercer camino, y por eso mejor apartarlos del nuestro, así que confiemos en que los otros dos lo utilicen para hacernos más amplios y profundos, más fluidos y sofisticados, más intemporales y lúcidos, más libres y trascendentes, más sobrenaturales y limpios. Y para recordarnos que recordemos que estamos vivos de una vez por todas.

 

https://elpais.com/cultura/2019/03/01/babelia/1551438778_223675.html?fbclid=IwAR0XcI5bbUwACE-en_6BMzL7lfT5zroMhlcEzdeHUQIQtozRf9bbqN_Wmlk

 

El gesto de Mérmeros | Lars von Trier-Chantal Maillard

 

[…]

Sí, es cierto, Medea es la historia de una venganza. Medea mata a sus hijos por venganza. Pero el motivo del crimen no es lo que aquí nos interesa. Los motivos son lo que interesa a la moral, pero la moral no es lo que aquí nos interesa. La moral es el código que regula las normas de convivencia, pero las estrategias de convivencia tampoco son lo que aquí nos interesa.

Lo que nos interesa es la mano de Mérmeros posándose dulcemente en el hombro de Medea. Ese gesto, ese ofrecimiento, esos veinte segundos en una cinta de celuloide, esa eternidad.

De lo que tratan estas páginas es de la compasión, la tan difícil compasión.
Lo que nos interesa es ese gesto. Un gesto que con Mérmeros adquiere valor universal.

[…]

Mérmeros no se entrega para la renovación de ninguna alianza. Medea nada renueva, Medea se opone, invierte el curso, anula, se rebela. Mérmeros intuye. Le tiende la cuerda. Su gesto es antinatural. Otra alianza se introduce entre las hebras, torciéndose con ellas. Y Medea acepta. Acepta el acuerdo, el terrible acuerdo. Asume su cordura y su condena.

[…]

Medea en la colina. Arrodillada. Rodeada por la hierba, ahora luminosa, casi transparente, al final del día. Devastada. Inmóvil. Entre un acto y otro acto. Entre lo que ha cumplido y lo que ha de cumplir. Entre un horror y otro horror. Se oye cantar a los pájaros.

Medea ha percibido el contacto, la cabeza del hijo apoyándose en su espalda. Medea ha parpadeado. Brevemente. Por lo demás, no se ha movido. Sabe que cualquier gesto que hiciese, por mínimo que fuese, daría comienzo inevitablemente al siguiente episodio. Pero Mérmeros se adelanta. Se incorpora. Le entrega la cuerda.

–Ayúdame, madre –le dice.

*

Y aquélla es la colina del sacrificio.

Mérmeros no es el reformador de ninguna religión. No tiene meta que alcanzar, ni destino que cumplir, ni mundo al que salvar. No obedece a ningún dios. Mérmeros es el cordero que ofrece su cuello porque es preciso.

Mérmeros no juzga al verdugo.
Mérmeros no pretende nada, no quiere nada.
Mérmeros no se rebela, no se protege, no se defiende. Su gesto es extra-ordinario. Misterioso.

*

Del misterio es el silencio.
Del misterio la voz callada.

 

Chantal Maillard. La compasión difícil. Galaxia Gutenberg, 2019

 

Lars von Trier. Medea. 1988. Una adaptación televisiva de la Medea de Eurípides (431 a. n. e.) a partir del guión de Carl T. Dreyer.

Duración: 76 min. País: Dinamarca. MúsicaJoachim Holbek. FotografíaSejr Brockmann

RepartoUdo Kier, Kirsten Olesen, Henning Jensen, Solbjørg Højfeldt, Preben Lerdorff RyeBaard Owe, Ludmilla Glinska, Vera Gebuhr, Jonny Kilde, Richard Kilde, Dick KaysøMette Munk Plum.

 

Matar a Platón en concierto o la mano sonófora de Chantal Maillard

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

Ayer noche, escuchar a Chantal Maillard arrebatando el vacío con la tremenda ternura de su mano –¿o era la voz?–, uniendo lo roto con su mano sonófora de poeta que pulsa las hebras…

Magnética Maillard-zahorí.

Magníficos los músicos, acompasando la zozobra del desquicio hasta su grieta sonora. Hasta su calma.

Matar a Platón, vertiginosa página-agujero reversible en la mano, táctil en los ojos, manantial sobre la lengua sedienta…

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

La Caldera / Matar a Platón - Chantal Maillard ©Tristán Pérez-Martín

MATAR A PLATÓN EN CONCIERTO, escenificación poético-musical interpretado por su autora, Chantal Maillard, con la música de Chefa Alonso (vientos, kechapi y percusión) y Jorge Frías (contrabajo). En La Caldera-Les Corts, Barcelona, el 22 de febrero 2019.

Fotografías de Tristán Pérez-Martín.

http://lacaldera.info/pages/view/matar-a-platon?lang=spa

Aquí va un extracto de la actuación en el festival Cosmopoética 2016 (teatro Góngora de Córdoba) en octubre 2016. Filmación y edición de Adrian Abril. A degustar.

 

 

 

La compasión difícil: un nuevo desafío de Chantal Maillard

 

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Medea anuda la cuerda en la rama del árbol seco.

– ¿Qué vas a colgar de esa cuerda? –pregunta el más joven de los hijos.

– Lo que amo –contesta Medea.

 

Chantal MaillardLa compasión difícil. Galaxia Gutenberg, 2019

Ilustración de cubierta: Kiki Smith

 

En contraportada:

“Este es sin duda el libro más perturbador que ha escrito Chantal Maillard hasta la fecha. En él se enfrenta a los grandes temas sobre los que humanidad lleva interrogándose desde el principio de los tiempos. El nacimiento, el dolor y la muerte, los dioses y su ausencia, la relación de nuestra especie con los demás seres vivos, la maternidad y el suicidio, la culpa y la inocencia, el juicio y la creencia. Todo ello girando en torno al eje de una primordial violencia que todos padecemos a la vez que infligimos. ¿Cómo compadecer, considerando el crimen?, se pregunta la autora. ¿Y cómo no compadecer, considerando el hambre?

Las tradiciones orientales y del mundo clásico griego están una vez más presentes en esta escritura que parece sin embargo surgir siempre del cuerpo, de la experiencia vivida en busca de una libertad imposible y de una clarividencia que despierta temor por lo que pueda llegar a comprender.

“En todas las tiranías la inteligencia es la fruta prohibida”, afirma Chantal. Y también “Con qué facilidad se traduce el miedo en conveniencia”. Valor e inteligencia son necesarios para adentrarse en este libro, del que ninguna página le dejará indiferente.”

 

Presentación en Barcelona:

librería La Central de la calle Mallorca, 

el miércoles 13 de febrero a las 19h.