La princesa Mononoke. Hayao Miyazaki

Princesa Mononoke_cartel japonés Princess Mononoke_Cartel minimalista


La princesa Mononoke (1997) es un canto visual a la naturaleza en la que el director japonés Hayao Miyazaki (“El viaje de Chihiro” y “El increíble castillo vagabundo”) reflexiona sobre la difícil convivencia entre el hombre y la naturaleza. Pero este sobrecogedor film de animación no es un cuento simple centrado en el bien y el mal, sino la compleja historia de cómo los seres humanos, animales del bosque y dioses de la naturaleza luchan por su participación en el nuevo orden emergente

mononoke-2La película está ambientada en el periodo Muromachi (1336-1573). Para proteger a su pueblo, el príncipe guerrero Ashitaka opta por matar a un espíritu del bosque, un dios jabalí que está maldito, pero uno de los tentáculos de la bestia antes de morir le alcanza un brazo y extiende por éste una maldición que hace peligrar su vida. Su única esperanza es viajar hacia el oeste en busca de respuestas, allí donde vive el espíritu del bosque, Shishi Gami, una antigua deidad, translúcida y multiforme, ajena al devenir y al tiempo de los hombres. En su camino, llega a la ciudad de Tatara Ba, liderada por la guerrera Eboshi-sama, una fortaleza en la montaña que se dedica a la fundición de hierro para la fabricación de armas, provocando la tala de los bosques y la destrucción del entorno. Allí, nuestro joven protagonista se verá envuelto en una cruel batalla que enfrenta a mononoke_bosquelos habitantes de dicha ciudad y los clanes de lobos y jabalíes entre sí, estos últimos movidos por el odio y el recelo que tienen a los humanos por sus repetidos ataques al bosque y sus seres. Las criaturas del bosque están encabezados por San, la princesa Mononoke (que significa “espíritu vengador”), una princesa guerrera que fue criada por los lobos en las montañas, y que asocio en mi mente con nuestra Mujer salvaje y, a su vez, con su hermana especular, Hainuwele –uno de los alter ego de la poeta Chantal Maillard– enamorada del Señor de los bosques…

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Estas pequeñas criaturas de cabeza giratoria son llamadas Kodama que en japonés significa “eco”; al estar escrito en Katakana, también puede traducirse por “bolita” o “pequeño espíritu”.

 

 

 

 

https://es.wikipedia.org/wiki/La_princesa_Mononoke

http://www.filmaffinity.com/es/film890814.html

Banda sonora de Joe Hisaishi [extracto]: 

 

 

El coyote. Joseph Beuys

BEUYS and Coyote


Mayo de 1974, un artista alemán se niega a pisar suelo americano y es trasladado en ambulancia desde el aeropuerto de Nueva York hasta la galería donde pasaría tres días encerrado junto a un coyote.

Me gusta América y a América le gusto, es el irónico título de esta performance y la más célebre obra del polifacético Joseph Beuys.

Una vez llegado a la galería, ambientó la habitación como un desierto y él se envolvió en fieltro y grasa. Cada elemento del escenario es un símbolo en sí:

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  • El fieltro y la grasa son los materiales con los que los tártaros curaron a Beuys tras un accidente de avioneta en Crimea y que aparece continuamente en su obra. El padre del movimiento Fluxus, creyó haber resucitado y quiso que su vida y su arte también lo hicieran. Su intención a partir de entonces fue sanar al ser humano a través del arte, el sería el sanador, el chamán.
  • El coyote, animal sagrado para los indios norteamericanos. Dios entre lo espiritual y lo material.
  • El Walt Street Journal que fueron recibiendo durante estos días, símbolo del capitalismo y hegemonía estadounidense.

Pero, ¿qué pretendía Beuys con esto?  Es una dura crítica al daño causado por el hombre blanco a los nativos americanos y a su cultura. A través de esta acción, quiere curar a América del trauma causado por el conflicto con los indios. Reconciliacion entre cultura y naturaleza.

La mente del artista es identificar arte con vida, y utilizarlo como un motor de evolución hacia la solidaridad, la convivencia y el respeto. Joseph Beuys es considerado uno de los grandes artistas del s.XX que quiso utilizar su obra como llamada a la reflexión frente a los problemas de su tiempo.

http://queaprendemoshoy.com/el-arte-reivindicativo-del-s-xx-joseph-beuys-y-el-coyote/


¿Por qué trabajo con animales? Para expresar poderes invisibles. Uno puede aclarar esas energías si se penetra en un reino que la gente ha olvidado y donde sobreviven grandes poderes con la forma de grandes personalidades. Joseph Beuys


El espíritu del coyote es tan poderoso

que el ser humano no puede entender lo que es

y lo que puede llegar a hacer en el futuro por la humanidad.

Joseph Beuys

Beuys hace su primer viaje a Estados Unidos en 1974, tras rechazar previamente algunas invitaciones, con motivo de la actividad bélica en Viet Nam. Esta ausencia voluntaria a lo largo de los años, a medida que su reconocimiento internacional se acrecentaba, es expresión de la sensibilidad política del artista, y de la percepción que él tenia de su rol de sanador, responsable de curar las heridas de los territorios causadas por el mismo belicismo que continuaba devastando el planeta, los territorios y las vidas. Dentro de las propias fronteras norteamericanas, numerosos movimientos sociales y artísticos alzaban sus voces en disconformidad con la destructiva actitud gubernamental.

Entre los días 23 y 25 de mayo de 1974, Joseph Beuys, ya en su segunda aparición norteamericana, realizó ‘I like America and America likes me‘. La complicada relación del autor con el suelo estadounidense se plasma de manera simbólica y contundente en esta, su acción más extensa, en la cual Beuys es envuelto en fieltro en el aeropuerto mismo de la ciudad, y trasladado en una ambulancia hasta la galería, donde comparte un recinto cercado con un coyote por tres días. Tras este plazo, es devuelto al aeropuerto, de nuevo envuelto en fieltro. Su único contacto con el país ha ocurrido en la galería, en forma de su relación constante con el animal, y algunas interacciones con la audiencia.


A través de esta performance, Beuys pretendía, como en muchas otras de sus obras, ejercer una sanación a través de la energía irradiada en la acción. En este caso, las heridas eran simultáneamente las de la América nativa, invisibilizada y despreciada tras la conquista, y las que separaban a Europa y Estados Unidos en el presente, tras los traumas de guerras y los causados por la lógica capitalista dominante.


El coyote presente en esta obra se llamaba Little John, y era originario de Nueva Jersey. A lo largo de los tres días, Little John miro por la ventana, durmió alternativamente en su lecho de paja y las montañas de fieltro de Beuys, jugó con las mantas que lo envolvían, orinó sobre las copias del Wall Street Journal que éste había encargado, y se acostumbró gradualmente a la presencia del humano, y aunque se negó a ser levantado en andas, demostró una curiosa tranquilidad y templanza frente a su compañero.


El coyote es un animal autóctono americano, cuya existencia precede la de los Estados Unidos como tales. Al igual que la liebre, su vida material y su simbología son presencias que datan de tiempos inmemoriales. Los nativos americanos veían en el coyote la encarnación de arquetipos tales como el ‘trickster’, o ‘pícaro divino’, con el cual Beuys siente una peculiar afinidad, resaltada por Mark Rosenthal en su texto ‘Joseph Beuys: escenificación de la escultura’. El propio nombre del animal deriva del vocablo náhuatl ‘coyotl’, que significa justamente ‘trickster’, embustero, el que juega tretas. Si bien el coyote es venerado por numerosas tribus como una encarnación de lo divino, no es un elemento cultural solemne, sino que sus enseñanzas se imparten a través de métodos velados y complejos que involucran humor, curiosidad y sobre todo flexibilidad. Hay historias y leyendas de distintas culturas precolombinas en las que se ve antropomorfizado y convertido en ‘Coyote’, con mayúscula, y generalmente juega algún rol en narrativas sobre la creación del universo: trae la humanidad a la existencia, pero también a la muerte. Es visto como un agente de cambio, cuya aparición implica caos, o una mutación en el orden. En la mayoría de estas historias, se habla de un tiempo o dimensión ancestral, en el cual los animales y los humanos eran iguales, y podían comunicarse en una lengua universal. El coyote actúa de acuerdo a la necesidad de las historias, puede ser un personaje inteligente, un tramposo, un cobarde, un bromista, pero es, a la larga, lo que necesita ser para cumplir su rol y enseñar lecciones. Estas concepciones tienen amplios paralelismos con los roles que Beuys anhela para sí.

En el reconocimiento hecho al coyote, Beuys reconoce a las tribus nativas de América y sus creencias, buscando enmendar los daños causados por la europeización del territorio. Pero también hay un proceso de sanación y asimilación personales del artista presente en la performance: la liebre se encuentra con el coyote, el hombre-liebre con sus heridas a cuestas abandona el territorio conocido y se sumerge en la existencia del coyote-trickster originario, creador de universos, maestro y guía espiritual tribal y aprende de él a recorrer el camino secreto entre la vida y la muerte. El Beuys que le enseña a la liebre muerta el sentido del arte no es el mismo que se presenta sin máscaras ante el coyote vivo. Se enfrenta al coyote armado de sus elementos performáticos, el bastón, el fieltro y el triángulo, pero no en un rol de amo ni maestro sino en busca de conexión; el objetivo es convivir con él, no tenerlo como medio.

Las elecciones de animales que hace Beuys en su obra tienen que ver con las elecciones identitarias que hace para sí, y pasar de la liebre al coyote, de la muerte a la vida, de la presa al depredador, habla de la evolución de su auto percepción y el cambio en los roles que elige representar en sus performances y su vida artística. Uno de los grandes dones del coyote es su enorme capacidad de adaptación y supervivencia: siendo un depredador natural, es considerado un peligro para el ganado, y se enfrenta desde principios del siglo 20 a una campaña de aniquilación apoyada por el estado estadounidense, que los considera una ‘peste’: millones de coyotes mueren a través de las décadas, por infinidad de métodos más o menos crueles. Y aun así, la especie sobrevive, y coexiste con los humanos en todo el territorio, siendo de las pocas que de hecho aumentan en número con el tiempo. Sobrevivir y prosperar a pesar de la hostilidad de la sociedad es algo con lo que Beuys puede identificarse.

El coyote vivo posee la calidez que la liebre muerta ha perdido, y tal vez allí se halle también codificada parte del mensaje de esta obra: la calidez necesaria para generar cambios, derretir, ablandar, sanar, proviene en este caso de la energía interna que irradia el ser viviente. Y la irradiación, el aura, la presencia, son todos sellos de la presencia de Beuys en el mundo del arte.

Culturalmente irreemplazable, el coyote es definido por Mark Twain, un clásico autor estadounidense, como ‘una alegoría viviente y respirante del Deseo, siempre hambriento’. El cánido da nombre a canciones, vehículos, novelas, comics y películas. En 1948 aparece dibujado junto al Correcaminos, y refuerzan la dinámica dual encarnando simbólicamente Lo Inalcanzable y El Deseo, de manera cómica y llamativa. Cuando Beuys se acerca al coyote, la acción ritual y simbólica de la convivencia y el respeto mutuo tiene como intención recuperar la visión optimista y didáctica para una América que pueda encarar el futuro dejando de lado cierta seriedad materialista y capitalista. Recuperar el origen para sanar el futuro, con el eterno coyote como guía para América, y para el propio Beuys.

Mora Vitali


Aquí el artículo completo de Mora Vitali: Joseph Beuys: de liebre a coyote: http://proa.org/documents/9-Mora-Vitali.pdf

https://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Beuys


 

Artemisa: El espíritu indómito de cada mujer. Jean Shinoda Bolen en Barcelona

Jean Shinoda Bolen en Barcelona_Dic.2015  Taller Artemisa_Shinoda Bolen

Fuimos juntas (uno de los grupos al completo y varias mujeres de otras manadas) a la presentación del último libro de la psicóloga junguiana Jean Shinoda BolenArtemisa. El espíritu indómito de cada mujer. Para rendir homenaje a Artemisa, la diosa griega de los bosques, la señora de las bestias, nuestra Mujer Salvaje.

El acto, muy concurrido, tuvo lugar en la preciosa gompa (“sala de meditación”) de la Casa del Tibet bajo la atenta mirada de los Mil Budas. Fue presentado (¡ampliamente!) por el director de la editorial Kairós, Agustín Pániker. El filósofo Jordi Pigem oficiaba de traductor de Jean Shinoda Bolen, quien de pie, suave y firme, fue bosquejando las grandes líneas del mito de la diosa Artemisa que entroncó con el de la atleta Atalanta, una simple mortal también cazadora y corredora de fondo. El día siguiente la psicóloga ofreció un taller sobre el arquetipo de Artemisa en la universidad Pompeu Fabra.

 

Agustín Pániker_Shinoda Bolen_Jordi Pigem

 

Dejaré constancia de una simpática sincronicidad que nuestro grupo presenció. Después de finalizar el acto, cuando nos dirigíamos hacia un local para cenar, nos encontramos en la calle con un hombre que acababa de encontrarse un lobo de madera abandonado en la acera! No quiso desprenderse de él, ¡no! Pero le hicimos una foto al lobito! La diosa, bajo una de sus múltiples manifestaciones, salió a nuestro encuentro. ¡Qué más se puede pedir!

 

Lobito fusta

 

Creo que la mejor manera de rendir homenaje a Artemisa será trasladando algunos fragmentos del libro de la psicóloga que enlazan con nuestra Mujer Salvaje y con algunos de los temas que trabajamos en el taller, bajo la imagen auspiciosa de la diosa Ártemis como pótnia therón, “señora de las bestias”. (Crátera. Ca. 570)

 

Artemis_señora de las bestias

<< “El espíritu indómito de cada mujer. (Del latín in + dominare: domeñar; incapaz de ser sometido o domado)

El espíritu indómito es un atributo de las mujeres que tienen a Artemisa como arquetipo activo. En la mitología Artemisa es la diosa griega de la caza y la Luna, conocida como Diana para los romanos. Fue la hermana gemela de Apolo, el dios del Sol, y la primera en nacer. Como diosa de la caza, se desenvolvía por la naturaleza armada con un arco y un haz de flechas acompañada por sus perros cazadores, sola o con varias compañeras, ninfas que había elegido. Artemisa acudió al rescate de su madre y fue protectora de las muchachas en la perpetrad y de los animales jóvenes. Las embarazadas le rezaban para que aliviará sus dolores… La diosa acudía rápidamente en ayuda de los que estaban bajo su protección y castigaba a los que querían herirles o faltarles al respeto. Artemisa es una predisposición arquetípica a las relaciones igualitarias y fraternales con los hombres, da un sentido de hermandad a las mujeres, representa la capacidad de apuntar a un objetivo lejano o enfrentarse a un desafío y prefiere vivir en la naturaleza en lugar de en las ciudades.

[…] Artemisa personifica al arquetipo de la diosa virgen, una mujer que es una en sí misma psicológicamente. Puede ser virgen en el plano físico, o puede no serlo; puede tener cualquier edad. Su parte arquetípica conserva la autonomía de su vida anterior, aun cuando no se le permite exteriorizar su expresión. Puede necesitar guardarse para sí misma los sentimientos, los pensamientos y las fantasías sobre una vida distinta hasta que tiene la edad suficiente para abandonar una familia fundamentalista encabezada por un padre autoritario. O bien hasta que pueda unirse a otras mujeres para expresarse o protestar, como las mujeres de la India que se manifestaron contra las autoridades que ignoran la violación, las que se unieron al Alzamiento de los Mil Millones y bailaron por las calles para terminar con la violencia contra las mujeres o las que tomaron parte en los levantamientos de la Primavera Árabe.

[…] La naturaleza salvaje es un paisaje metafórico; es donde te encuentras en tu vida cuando estás entre una fase o una identidad mayor y la siguiente. Es hora de hacer tu propio camino, cuando no sabes lo que sucederá o cómo cambiarás. Es el momento de la transición. Puede ser la hora de confiar en el instinto o en una profunda curiosidad. Quizá descubras una parte importante de ti misma en esta naturaleza salvaje, o pierdas el rumbo y te pierdas tú.

La fase de la naturaleza salvaje a menudo sucede tras una muerte significativa, o cuando una relación termina, o tras abandonar una comunidad. […] Estás en la naturaleza salvaje cuando has abandonado “quien” eras, y no hay vuelta atrás. Es el momento en que no existe un rumbo definido que tomar y los demás tienen su opinión, pero no saben nada. Puede ser el momento de prestar atención a tu brújula interior de la intuición, mientras vas en la dirección por la que tu alma se siente atraída, o notas que tu cuerpo-psique reacciona a cada paso que das, o dejas que el “suave animal de tu cuerpo ame lo que ama” (del poema “Wild Geese”, de Mary Oliver); prestar atención, detenerse cuando se pueda de vez en cuando, como si se estuviera en un vecindario desconocido, avanzar cuando algo instintivo en ti te dice que todo está bien.

[…] Tras la muerte de Meleagro, la joven Atalanta regresa al bosque salvaje, a la naturaleza, que ha resultado más digno de confianza que su experiencia con la gente. Vagabundeando sola por este paisaje, Atalanta puede hacer el trabajo emocional del duelo y de la curación por la pérdida de Meleagro. La naturaleza es un buen lugar para ella para realizar este trabajo interior; quizá no lo es para todas las mujeres, pero sí para las cuales Artemisa es un arquetipo activo. En la naturaleza abundan los ejemplos sobre la vida y la muerte, sobre los ciclos y las estaciones. Todo se convierte en compost. La naturaleza es vasta; el ser humano es pequeño comparado con los grandes árboles y las montañas. Vivir en la naturaleza salvaje significa estar bajo el cielo durante el día y bajo el firmamento iluminado por las estrellas de noche. Al aire libre, la proporción influye y nos muestra que nuestra pérdida en concreto no es el centro del universo. Cuando una persona en duelo empieza a apreciar la belleza, que puede admirarse por todas partes en la naturaleza, y oye el canto de los pájaros y el sonido del agua, o disfruta de la luz y el calor del sol, la curación ha empezado. Los árboles ayudan. Hay consuelo cuando una se sienta a la sombra de un árbol escuchando el viento entre sus hojas, o rodeando con los árboles su tronco, o acercando la mejilla a su corteza.

Navegar sola a través del sufrimiento y el duelo es común cuando los valores de la sociedad dan por sentado que no tienes derecho a manifestar tu dolor. O que es una debilidad. O que es ofensivo para alguien que no puede tolerar el dolor en general o el dolor por esta pérdida en particular. Si estás bajo la protección de Artemisa y los arquetipos de la diosa virgen, que es una en sí misma, tienes el apoyo interior para ser tú misma, pero en privado. La naturaleza salvaje a la que te puedes retirar puede ser la naturaleza misma o tu mundo interior. […] Penetra en tu propia naturaleza salvaje para expresar el amor y la pérdida a través de aquello en lo que trabajas o a partir de lo que creas, escribiendo un diario, haciendo arte, rituales o poesía, o ve a la naturaleza a construir un túmulo o un laberinto con piedras, a crear espacios sagrados en playas, bajo los árboles, en lo alto de una colina o en las montañas. Eso es lo que hacen las personas Artemisa en el estado salvaje de la pérdida. Y así es como, pensando en la imagen de Artemisa con su perro y en las personas que he conocido y que han sentido la pérdida de un animal, se conduelen por él en privado y en la naturaleza, en lugar de sentirse avergonzadas, que es lo que sienten otros que han interioridad la visión de “¡Si sólo es un perro!”.

[…] Encontrarte psicológicamente en una naturaleza salvaje metafórica o inframundo es cruzar hacia tu propio mundo interior, un mundo que puede contener recuerdos dolorosos que habías dejado al margen y sentimientos que habías eliminado. cuando algo malo te sucede, corres el peligro de verte como una víctima, de deprimirte y quedarte estancada, o bien de verte dominada por la culpa y la rabia. Es mejor explorar este nuevo terreno, ver lo que hay, antes que rendirte. En la naturaleza salvaje metafórica, hay vastas regiones por explorar. En el informando, hay riquezas enterradas: son tus propios talentos y arquetipos por desarrollar, cualidades que los demás no habían aprobado o valorado y que pueden convertirse en fuentes de significado. Lo bueno y lo malo, el oro y la escoria que surjan de eso pueden influir en el próximo estadio de tu vida y permitirte identificarte más con quien eres en realidad y con la persona que puedes ser.

[…] Viajar prestando atención a tus sueños, recuerdos, sincronicidades, sensaciones e imágenes puede convertir cualquier viaje en un peregrinaje íntimo a la fuente de lo significativo.

[…] Otra naturaleza salvaje metafórica reside en tu propia creatividad, en la que los pensamientos, los sentimientos y las imágenes adoptan nuevas formas o se expresan de maneras que pueden conducir a descubrimientos y a obras creativas. Cualquier artista, escritor, músico, pensador creativo o investigador cuya proceso de creación le lleve a un territorio virgen se encuentra en esta naturaleza salvaje. Eso exige apartarse de las instituciones y de la habitual multitud de gente con la misma mentalidad… para ver las cosas con ojos distintos. Georgia O’Keeffe es un ejemplo de artista cuyo estilo distintivo surgió tras vivir la experiencia y las consecuencias de pasar un tiempo en las Grandes Llanuras de los Estados Unidos. Después de un viaje que hizo a Nuevo México, comprendió que ese era el paisaje que más cosas le evocaban y le inspiraban, y ahí fue adonde se mudó… Para Artemisa, la tierra del alma es el mundo natural.>>

Jean Shinoda Bolen. Artemisa. El espíritu indómito de cada mujer. Editorial Kairós, 2015.

Los dos poemas de Mary Oliver, The summer day (Dia de verano) y Wild Geese (Gansos salvajes) citados por Shinoda Bolen están en el blog lobuno. Los encontraréis respectivamente en https://blogdelesllobes.wordpress.com/2011/11/02/la-pregunta-de-mary-oliver-dime-que-planeas-hacer-con-tu-preciosa-salvaje-unica-vida/ y en https://blogdelesllobes.wordpress.com/2015/05/24/gansos-salvajes-mary-oliver/

Las fotos del acto son obra de varias mujeres de nuestros grupos lobunos (Jefa, Marie-Odile, Encarna… Gracias)

Diarios indios en escena. Chantal Maillard & David Varela

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DIARIOS INDIOS EN ESCENA. Chantal Maillard & David Varela.
Al Teatro Cánovas, Jueves 10 de Diciembre a las 21h en Málaga.
(Entrada gratuita hasta completar aforo)

“Una ventana sobre el Ganges y un cuaderno de notas. Benarés. La sagrada ciudad de Siva a la que tantos acuden para conocerse o para morir. Benarés, la de los mil templos, la de Kali la oscura y la de Durga.

DIARIOS INDIOS EN ESCENA es una ventana abierta sobre el Ganges en tres tiempos. 1987-1988, momento en que la autora de los Diarios llega allí por primera vez; invierno 1999, cuando concluye la escritura de su Diario de Benarés, y 2008-2009, año durante el cual David Varela, con el libro Diarios indios en la mochila y la cámara en mano, filma Benarés, un mundo que respira entre el fuego y el agua, entre la vida y la muerte, en la crudeza de un universo atemporal, múltiple y fascinante, cuya intensidad vuelve a recobrarse como puro presente cuando, en escena, todo vuelve a acontecer.”

http://www.juntadeandalucia.es/cultura/teatros/teatro-canovas/evento/diarios-indios-chantal-maillard-y-david-varela

Encontraréis en este archivo el proceso de la escritura de Diarios indios y el recorrido que llevó el cineasta David Varela a Benarés siguiendo la traza del texto de Chantal Maillard:

https://drive.google.com/open?id=0Bwid9JJWF4cLVF9oOU85TWpHMHc

https://www.facebook.com/chantalmaillardpoesia

Dancing in the Flames. Marion Woodman

Dancing in the Flames / Bailando entre llamas
Director: Adam Reid | Producer: Robin Crumley
Genre: Documentary | Produced In: 2009 | Story Teller’s Country: United States


Official Trailer

Synopsis: Bailar en las Llamas es un documental brillante e íntimo sobre la vida de la analista junguiana, Marion Woodman, conocida, como profesora y autora, por su innovador trabajo sobre psicología femenina y adicción. En el documental recorremos una representación metafórica de la imaginería inconsciente que Marion relata con tanta pasión que también nosotros nos vemos invitados a examinar nuestras propias vidas. El brillante místico y autor Andrew Harvey entrevista a Marion acerca de los misterios del viaje de su alma y, a lo largo de la entrevista, la analista revela una serie de “muertes” psicológicas y “renacimientos” que han ido formando la evolución de su conciencia. La película presenta una filosofía de opuestos dinámicos, la superación de las contradicciones aparentes. La vida y la muerte, el amor y el dolor, el coraje y la sumisión, para ella, no están enfrentados sino que hacen parte de un todo armonioso. Al abrazar estos opuestos entramos en la totalidad de la experiencia humana.

Dancing in the Flames is a brilliant and intimate documentary into the life of Jungian Analyst, Marion Woodman, who is known for her ground breaking work as a teacher and author on feminine psychology and addiction. We are taken into a metaphoric representation of the unconscious imagery that Marion discusses so passionately and, in doing so, are invited to examine our own lives. Brilliant mystic and author Andrew Harvey interviews Marion as she explains the mysteries of her soul’s journey and reveals a series of psychological ‘deaths’ and ‘rebirths’ that have formed the consciousness into which she has evolved. The film presents a philosophy of dynamic opposites, the bridging of seeming contradictions. Life and death, love and grief, courage and submission are not at loggerheads for her—they’re part of a harmonious whole. By embracing these opposites we come into the totality of human experience. 

En este enlace encontraréis el documental completo:

http://www.cultureunplugged.com/play/7972/Dancing-in-the-Flames

20150417_174249 Edición Luciérnaga, 2002 (descatalogado)

Oscura, poderosa y terrenal la Diosa Negra es la llave para comprender todas las tradiciones de las antiguas culturas. Después de las Cruzadas aparecen en Europa, por primera vez, cientos de imágenes de la Virgen Negra: símbolo de los poderes de la Tierra que encarna las energías del caos y de la creatividad. Es la representación de la fuerza vital de la materia que tanto auge tomó en la Edad Media. Es la fuerza que tiene sus leyes propias que hemos de empezar a descubrir dentro de cada un@ de nosostr@s. Es la energía sagrada en nuestro interior. Somos vasos comunicantes de la energía que fluye en cada ser. Es la figura que se revela en nuestra conciencia durante los sueños desde lo más profundo de nuestro subconsciente.

Marion Woodman es analista junguiana y terapeuta. Autora de Los frutos de la virginidad (Luciérnaga, 1990) y Adicción a la perfección (Luciérnaga, 1994).

Elinor Dickson es psicóloga junguiana, directora del Servicio de Psicología del Hospital St. Michael de Toronto (Canadá).

Jaos versus Tao versus Hades. Chantal Maillard


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Originalmente, la palabra Χάος no significaba desorden, sino “abertura”, “abismo”. El jaos era la inmensa abertura tenebrosa que existía en el origen, antes de que aparecieran las cosas, aquel espacio, por tanto, infinito por no medido ni medible, en el cual nada podía distinguirse. Así pues, el abismo original apunta simplemente a la no visibilidad. Los infiernos, también designados con la palabra jaos, no eran sino el lugar donde nada era visible, lo cual viene a corroborar el hecho de que la misma palabra Hades (ᾍδης) (la morada de Hades o Plutón) que se ha traducido por Infiernos, significará literalmente sin visión o invisible. La bajada a los infiernos es la pérdida de la posibilidad de visión; al morir, los seres pierden sus límites, se “des-realizan”, se hacen invisibles.

[…]

El jaos es aquello de lo cual tenemos experiencia por negación: lo que se nos muestra sin aparecer, como pura negatividad, como amenaza. Y sin embargo es un peso, algo que tiene densidad, algo que fuerza la entrada de nuestra subjetividad y que en la abertura sólo deja… tinieblas. Las tinieblas del jaos se parecen a esos agujeros negros de los que nos hablan los físicos que, llenos de materia pero insaciables, engullen todo lo que se les acerca. Su fuerza de atracción es proporcional a su densidad. Y en ello consiste la fuerza del abismo; el abismo nos atrae no por su vacío sino por su oscura densidad, y lo tememos por la misma razón por la que nos atrae: porque en la oscuridad residen todos los seres posibles, los diez mil seres que la Hembra misteriosa puede generar.

El jaos, esa boca abierta del abismo, tiene dos funciones: la de exhalar y la de engullir. Cuando exhala es Logos, verbo creador, palabra: vac, sonido original que al expandirse forma melodías y alfabetos diversos. Cuando engulle, los seres del mundo y su propio mundo son reabsorbidos. La espléndida metáfora cosmológica de la tradición sívaísta expresa esto con una imagen bellísima: el dios Síva ingiere a su esposa, Sakti, que es su propio poder de manifestación, después de haberse comido todos los alimentos –el mundo– que ella le había ofrecido. La imagen védica del sueño de Brahma y sus despertares tiene la misma significación. El hinduismo propone una teoría cíclica del universo, y también lo hace el taoísmo […].

Así pues, el Tao es el “ser caótico” que vive (sheng), es decir, que engendra, produce, fluye, de la nada al ser. Y ese vacío del Tao que es “eficacia”, fuerza productiva, es también la matriz que alberga todas las posibilidades. El Abismo –Jaos o Tao (con nombre)nos atrae y nos aterra a un tiempo porque es el espacio donde habita el germen de todo lo posible. Nos aterra porque intuimos, vagamente, que de allí venimos y allí volveremos; nos aterra porque vagamente también intuimos que en él perderemos el nombre, aquel que obtuvimos con el nacimiento y que al designarnos repetidamente fue marcándonos como individuo; nos aterra porque lo desconocido siempre es una amenaza contra lo ya constituido y bien asentado. Y nos atrae, sin embargo, por los mismas razones: porque intuimos, vagamente, que algo guarda el abismo de nuestro común origen, una plenitud anhelada y perdida; nos atrae porque perder el nombre es crearnos de nuevo; nos atrae porque lo desconocido puede abrirnos los horizontes de nuestra limitada entidad.

Chantal Maillard. La razón estética: 66-68. Ed. Laertes, 1998

 

Catábasis : los descensos de la Doncella manca, un antiguo rito de resistencia

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El significado de la Catábasis o Katabasis (del griego κατὰ, “abajo” βαίνω “avance”) es “un descenso de algún tipo, como bajar una ladera, el sol al atardecer, una retirada en una campaña militar, una expedición a los infiernos o un viaje desde el interior hacia la costa.” [fuente Wikipedia]. Podríamos también entender la depresión psicológica dentro del fenómeno de la catábasis, un ir hacia abajo, en que nos sentimos “caer” en la ausencia de toda voluntad personal, y a través de la cual (siempre que se cumpla todo el proceso) adquirimos una nueva perspectiva y una comprensión más profunda sobre nosotras mismas y sobre la vida.

Para acompañar los siete descensos que efectúa nuestra Doncella sin manos, haré un breve, e incompleto, repaso a la mitología cuyos relatos recogen ese movimiento hacia el Gran Abajo, el Hades, el inconcebible mundo, invisible, incognoscible, del que uno o una, si sale, sale transformado. HadesKurDuatGehennaInfierno es el temible lugar al que viajan las almas de los difuntos tras la muerte. Ha ido cambiando de nombre a lo largo de la historia, pero en todas las culturas y épocas su simple mención ha despertado un temor indescriptible. Pero a pesar del miedo atávico que infundían los dominios de la muerte –o precisamente por eso mismo–, los relatos mitológicos, religiosos y literarios de todo el planeta coinciden en presentarnos una larga lista de personajes (héroes, dioses o “simples” mortales) que osaron descender a las profundidades infernales, se enfrentaron a innumerables y terribles peligros y regresaron victoriosos (en su mayoría) al plano terrenal. Este descenso a los infiernos se conoce como catábasis y, para que pueda ser considerado una verdadera catábasis en lugar de una simple muerte, suele estar relacionado con una posterior anábasis, un ascenso o resurrección.

En la mitología griega, tenemos muchos ejemplos de Katabasis en el que el viaje del héroe, del dios o de la diosa, los lleva al inframundo, el mundo del Hades. Por ejemplo, entre los “simples” mortales, tenemos a Orfeo que entra en el inframundo en busca de su esposa Eurídice, con el propósito de traerla de vuelta al mundo de los vivos; o el descenso de Ulises/Odiseo al inframundo, la Nekyia descrita en el libro 11 de la Odisea. También Teseo, Heracles, los Dióscuros, y Eneas, tendrán que viajar al inframundo. En el mundo cristiano, Lázaro y Cristo, descienden a los Infiernos; y en el mundo renacentista, Dante, con la valiosa guía de Virgilio, se adentra él también en el Abajo. Entre los dioses y las diosas,  tal fue el caso de la Innana sumeria, del Marduk babilónico, del Osiris egipcio, del Megistos Kouros cretense, del Adonis sirio, del Attis frigio, de la Perséfone griega, la Koré, hija de Demeter, que fue raptada por el mismísimo Hades, obligada a acompañarlo y a permanecer en el inframundo, del que acabó siendo la Reina, Perséfone, esposa de Hades.

Para profundizar en el tema, os dejo un artículo de Pilar Gonzáles Serrano “Catábasis y resurección”.

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En la literatura, en el arte plástico o en el cine, encontraríamos múltiples relatos o manifestaciones artísticas que, simbólicamente y metafóricamente, escenificaron ese viaje hacia Abajo. Sin duda, la capacidad de relatarlo o de representarlo no sea ajena a la consiguiente anábasis del artista que logra así encontrar el modo de salir, pudiendo contarlo, mostrarlo.

Os invito a compartir tanto vuestros hallazgos en el campo del arte (poemas, relatos, películas, obras teatrales, pinturas, músicas…) como vuestras propias catábasis.

Aquí tenéis un enlace antiguo del blog en el que había recopilado algunos de los textos de la poeta Chantal Maillard en relación al Abajo, a sus propios descensos.

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2010/02/03/un-mapa-fractal-para-nuestros-descensos-1-rastreando-los-poemas-trazos-de-chantal-maillard/

Y el último artículo de nuestra compañera, Mireia Rosich, sobre las Transformaciones invisibles, hablando acerca de las catábasis de nuestra modernidad y del viaje al Abajo de Perséfone.

Mireia Rosich_Transformaciones invisibles

La mente es la siempre hambrienta. Entrevista con Chantal Maillard

chantalmaillard   La mujer de pie

Entrevista: Esther Peñas. Foto: Ana Cruz Oswaldo


Hay lecturas de las que uno no sale indemne. Lecturas que modifican el ángulo. Que dejan traza. Lecturas después de las cuales uno ya no es (el mismo) para ser (un tanto otro). ‘La mujer de pie’ (Galaxia Guterberg), por ejemplo, un texto que no es poesía, no es ensayo, no es novela. Es una escucha. Una voz que exige interlocutor y que se convierte, en cierto modo, en diálogo intersubjetivo. Es una reflexión sostenida llena de hilos y de husos, que sugiere, apunta, propone, insinúa. Uno no va solo por entre estas páginas hipnóticas, uno se siente acompañado a cada palabra. Su autora, Chantal Maillard (Bruselas, 1951) vuelve a conseguirlo: e-mocionar, con-mover, per-turbar, des-colocar. Ya lo advierte. Ella escribe “para que el agua envenenada pueda beberse”.


“No poder sentarse. Quedar de pie, lo justo. Herido en la base. Cuerpo sin sujeción”. La mujer de pie, ¿qué perspectiva adquiere sobre la vida?
La mujer de pie es alguien que no puede sentarse. Imagine. ¿Lo siente? No puede. Nadie se duele en cuerpo ajeno. Por eso la mujer de pie ha de ser un ejercicio de imaginación: usted es alguien que no puede sentarse. Detrás del visillo que vemos moverse en cualquier ventana puede haber un cuerpo malherido, mutilado, discapacitado o simplemente envejecido. Usted es ese cuerpo. Imagine.

Cuando uno está en el límite, como quien oye/escucha en la primera parte del libro, ¿ese límite distorsiona lo que se oye o, por el contrario, nos aclara y aporta nitidez?
En un capítulo de libro se habla de un fenómeno acústico bastante común, ese sonido agudo que muchos oímos cuando el silencio es grande. Los científicos (a quienes les gusta hablar de “síntomas” porque el síntoma lo es siempre de una enfermedad y a los científicos les gustan las enfermedades) le han dado el nombre de tinnitus. Puede que hubiésemos tenido siempre ese sonido en el oído, dicen, sin que lo oyésemos, hasta que de repente reparamos en él. El caso es que cuando reparamos en él es muy difícil dejar de oírlo. Pues bien, algo parecido ocurre con el discurso mental. Siempre está ahí, no para, pero no nos percatamos de él por la sencilla razón de que nos identificamos con lo que dice, creemos que nosotros somos quien habla. Pero no es así. Y si de repente tomamos distancia y lo oímos, ya está, no podemos dejar de oírlo.
Para situarse en el límite y no perder el equilibrio es preciso haberse distanciado del ruido mental.

“La palabra con la que definimos a una persona no es solo una palabra, sino a la vez el centro y el punto de fuga de un haz de relaciones”. ¿Con qué palabra se encuentra usted más usted, más en síntesis de sí misma?
Si me identificase con una palabra, ¿no entraría en contradicción con lo que cita? No somos, sucedemos. Y si bien una palabra es un punto y todo punto permite una cierta detención, nosotros somos aquello que se fuga, apenas una trayectoria que se modifica al contacto con otras.  El “sí mismo” es una solidificación, un nódulo de repeticiones.

Desembarazarse del ‘yo’. Una preocupación constante en sus escritos pero, ¿es posible observarse desde una conciencia despojada por completo del yo? ¿Sería sano? ¿Acaso una porción del yo no nos permite vivir?
Definamos. Llamemos yo a esas solidificaciones a las que me refería antes: ideologías, creencias, opiniones, sistemas de todo tipo. La araña-mente los construye, los adopta o, por lo general, los hereda. A partir de allí, sigue tejiendo, individual y colectivamente, y reforzando su tela allí donde advierte cualquier desgarro.
¿Que si es sano despojarse del yo? Considere: sin la identificación con el discurso mental, sin esa firme creencia en la individualidad y sus cápsulas diferenciales (personal, familiar, grupal, tribal, racial, humana, etc.) probablemente nos habríamos ahorrado las colonizaciones, las cruzadas, las guerras, la destrucción del ecosistema del que formamos parte, etc… La supervivencia de la propia especie en el reino animal nunca se hizo en detrimento de las demás especies.
La ética -y la política- aplicada empieza por el conocimiento de uno mismo. De lo contrario, seguiremos construyendo sobre aguas residuales. Un sistema ético y político acorde con estos tiempos tendrá en cuenta no las raíces ni los puntos de apoyo sino la complejidad del rizoma que formamos entre todos y su continua transformación, y esto requiere que quienes lo dicten hayan saneado el terreno de la propia conciencia.

“Todo lo que se mueve nos atrae”. ¿Quizás porque la quietud nos evoca la muerte y eso nos aterra?
Quizás. La vida es movimiento, sin duda. Pero a la mente le atrae sobre todo porque necesita alimentarse. Ella es la siempre hambrienta. Si enfoca un punto fijo se inquieta, se pone nerviosa, y termina enfocando cualquier cosa que se mueva.

Cuando uno “se sitúa en la intemperie”, ¿qué gana y qué pierde, respecto de los demás y para consigo mismo?
Situarse a la intemperie significa optar por hablar en primera persona, con la responsabilidad que esto implica. Se gana en honestidad.

¿Cuál es la linde que separa el ‘yo’ del ‘mi’?
El mí es una acumulación de gestos habituales (mentales, físicos, emocionales), pliegues que vuelven a plegarse una y otra vez sobre sí mismos. El yo es la creencia añadida de que detrás o debajo de esa acumulación hay alguien. “Escuchad: no somos”, dice la mujer de pie. “No hay nadie tras los pliegues”.

¿Es posible la disolución de quien escribe en lo escrito?
Permítame responder a esto con el fragmento de un poema de Hilos, pues no sabría explicarlo mejor: “Disolver, alguien dice. Disolver / el mí. –¿Quién disuelve? / Un disolver, tal vez. ¿En el decir? / El decir es el método”.

“El deseo es guía; la creencia, territorio”. ¿Es un binomio que parece exigirse el uno al otro. ¿En qué creer en un mundo sustentado en la apariencia?
¿Hay acaso alguna diferencia entre apariencia y realidad? ¿Podemos percibir el mundo de otra manera que mediante nuestros órganos de percepción y nuestra mente? Real… ¿qué es real? Wittgenstein decía que creemos ver el mundo pero que lo que vemos en realidad no es sino el marco de la ventana por la que miramos. Nada más cierto. A efectos prácticos, saberlo no sirve de nada, pero aún así es importante.

“El abajo no es inconsciente, es simplemente inconmensurable (…) La voz de abajo es el poema.” El abajo, ¿nos conforma de un modo más auténtico que la superficie?
La autenticidad, como la verdad, es un término comparativo. Si no hay falsedad, no hay autenticidad. No creo que esta dicotomía pueda aplicarse aquí. El abajo, la superficie, el antes o el fuera describen estados que resultan de distintas frecuencias vibratorias. La percepción del tiempo es diferente según la mente se aquiete o se acelere. En el abajo el tiempo se dilata, puede llegar a ser infinito. Lo que ocurre allí entonces es incomunicable. Si la voz del abajo es el poema es porque sólo el poema es capaz de aprehender lo inabarcable. La desaparición, por ejemplo.

“No está descrito, dice el científico. No está descrito, luego no ocurre”. ¿Qué lugar ocupa lo sagrado, el presagio, lo incomprensible en nuestra sociedad?
Lo que el sistema no neutraliza, lo margina, sencillamente. O le otorga el carné de inexistencia. Lo que no entiende la mente-araña sistémica es que todo, en este mundo, es absolutamente incomprensible, además de absurdo.

Sin los mitos que le han configurado a través de los siglos, ¿el hombre  moderno tiene futuro?
Parece que el ser humano no puede vivir sin algún mito que le explique los comienzos. Esto no sería un problema si no se equivocase de mito. Hemos elegido aquellos que fomentan la discordia. El futuro que deparan es, obviamente, el presente que estamos viviendo.

¿Qué sucede si uno, como recomienda la última línea del libro –libro como panóptico del sentir-, da un paso hacia las sombras?
Habrá que preguntárselo a la mujer de pie.

 

Vídeo de la presentación de La mujer de pie en La Central de Barcelona

El miércoles 16 de septiembre, Chantal Maillard, acompañada del director de Galaxia Gutenberg, Joan Tarrida, y del filósofo Miguel Morey, presentó su último libro La mujer de pie. Más que asistir a una presentación ad hoc, celebramos un acontecimiento. Sólo remarcaré que fue un placer oír la atinada introducción de Miguel Morey que resultó ser una valiosa guía para acceder a la multidimensionalidad de los planos y capas que configuran este libro inclasificable que es La mujer de pie. Luego quedó vibrar, oscilar, en aquellas brechas y fisuras que la intensa voz de Chantal Maillard iba abriendo, ahuecando, desfondando, cauterizando, modulando adentro y en derredor de todos los ahí presentes… Agradecidos y agradecidas estamos, siempre.

Filmación y edición de nuestra compañera Dulce Rosas.