Chantal Maillard: “Hay cosas que no pueden enseñarse si no es callando”

Chantal Maillard ©Bernabé Fernández

Esther Peñas 3/11/2021

Resulta molesto restringir a Chantal Maillard (Bruselas, 1951) a una única etiqueta, sea la traductora, ensayista, filósofa o especialista en religiones en la India, así que escojamos la más genérica, profunda y vital, la de poeta. Su último texto, Las venas del dragón (Galaxia Gutenberg), es una propuesta para que revisemos nuestros modelos de pensamiento a partir de las enseñanzas de las tres corrientes de sabiduría china: el confucianismo, el taoísmo y el budismo, de manera que podamos incorporar algunas cuestiones que podrían ser beneficiosas no sólo para cada uno de nosotros, sino para la sociedad y el planeta, como cierta educación del carácter, una sabiduría (y política) del hábitat que supere el discurso eco-lógico o la necesidad del silencio y la atención.

Tal vez el colapso, no ya que se pronostica sino que se está produciendo, pueda reconducirse con un buen gobierno (método de Confucio), la armonía con el entorno (enseñanza de Laozi) y una honda comprensión de nuestra naturaleza (sabiduría de Gautama). Tal vez.

Cierra este ensayo Maillard con un capítulo dedicado a las artes, indispensables en el pensamiento chino para vaciar la mente. Tal vez sea provechoso pensar las cosas de otro modo. Hacer las cosas de otro modo. Tal vez.

Se cita en el pórtico del libro a Bai Juyi, uno de los más grandes poetas de la dinastía Tang (siglos VII-X), [citando a Laozi]: “El que habla, no sabe, el que sabe se calla”. Pero si “el que sabe calla”, ¿cómo aprenderemos el resto?

La ironía del poeta desarma, en efecto. Aristóteles decía que tenemos la obligación moral de enseñar a los demás lo que hemos aprendido. Pero, claro, la moral es política, y no es a ese orden de cosas a lo que Laozi se refería. La diferencia entre Aristóteles y Laozi es la que separa los saberes exotéricos, los que se enseñan en las academias, de los esotéricos, aquellos que se transmiten a puerta cerrada pues tienen que ver con un tipo de observación que requiere cierto retiro y silencio. Hay cosas que no pueden enseñarse si no es callando. La serenidad, por ejemplo, ante los males que nos afectan, o la conciencia del yo, cosas a las que sólo se puede acceder aprendiendo a invertir la mirada. Sin embargo, me parece que ha llegado el momento de difuminar la línea que separa lo exotérico de lo esotérico.

“Ver lo propio a partir de lo ajeno es mucho más interesante, casi siempre, que considerar lo ajeno desde lo propio”

Cuando el filósofo Michel Serres utilizó el paso del Noroeste entre el océano Atlántico y el Pacífico como metáfora del tipo de razón que pudiese salvar la distancia entre las denominadas “ciencias exactas” y las “ciencias humanas”, entre el saber establecido y “el saber salvaje”, como lo llamaba, no imaginaba que los hielos de Groenlandia y de Alaska llegarían a fundirse. Quizás sea este el momento de que, a imagen de lo que está ocurriendo en la geografía marítima, se abriese ahora ese paso entre las distintas formas que tenemos de acercarnos al mundo. Quizás sea tiempo de que los grandes hielos de la objetividad científica se derrumben y la razón adopte otros caminos, sumando a la lógica del entendimiento la intuición sensible y la capacidad de invertir la mirada para observar, en lo propio, ese lugar donde el conocimiento se fragua al tiempo que el paso de las imágenes, los estados anímicos y los procesos no conscientes.

Bucear en las antiguas sabidurías, no sólo de la tradición heredada sino de las ajenas, puede ayudarnos en esa empresa. Ver lo propio a partir de lo ajeno es mucho más interesante, casi siempre, que considerar lo ajeno desde lo propio, como hemos hecho hasta ahora.

Parménides tuvo la culpa. A partir de él, los griegos (y, por extensión, los occidentales) comenzamos a pensar en términos del ser (y no ser), es decir, conceptos que, como en el árbol de Porfirio, resultan excluyentes. Taoísmo, Confucionismo y Budismo, integran. ¿De qué modo condiciona la manera de estar en el mundo ese modo contrapuesto de pensar?

El problema no es tanto pensar en términos de opuestos como otorgarle valor a uno de los polos en detrimento del otro. Desde tiempos ancestrales, los chinos han concebido el universo como un sistema dinámico cuyo proceso depende de la alternancia de los opuestos: dos principios activos o fuerzas complementarias que intercambian sus valores cuando llegan a su extremo (lo fuerte se convierte en débil, la luz en sombra, etcétera). Mientras los griegos apostaban por el “hay” en busca de definiciones, los chinos nunca perdieron de vista la función indispensable del “no-hay”, así en su cosmología como en sus matemáticas, en las que operaban, desde muy antiguo, con números negativos.

“Pensar el mundo como proceso, como transformación e interdependencia es, sin duda, lo que necesitamos”

¿Qué pueden aportar hoy en día estas tres corrientes al modo de pensar occidental?

Concebir el mundo a partir del ser es apostar por una realidad estable, susceptible de ser controlada y manipulada. Estamos teniendo últimamente muchos ejemplos de que no es así, y de que es más útil saber adaptarse y prever que intervenir en el proceso. Esta previsión es lo que los chinos buscaban con la observación de los patrones de los cambios. El Libro de las mutaciones, que está en la base tanto de la cosmología taoísta como de la ética confuciana (recordemos que sólo estas dos corrientes son autóctonas; el budismo se importaría de India más tarde), más que un libro de adivinación, como se ha querido entender, es un sistema de representación basado en el cálculo binario. La observación de sus posibles combinaciones les permitía estimar las situaciones, inferir las posibilidades de su desarrollo y, por tanto, tomar las decisiones más adecuadas. Podría entenderse como un diagrama de la complejidad. Pensar el mundo como proceso, como transformación e interdependencia es, sin duda, lo que necesitamos ahora para poder construir la ethopolítica necesaria para un cambio de rumbo.

¿Es posible un entendimiento entre estas sendas que buscan la quietud, el sosiego, el equilibrio, y nuestro sistema, que promueve la agitación, el ajetreo constante?

Somos conscientes de que, sin ciertas importantes modificaciones, este sistema acabará por explotarnos entre las manos. La agitación que caracteriza nuestras sociedades, y de la que el sistema se alimenta, está llegando a un punto de desequilibrio difícilmente recuperable. Sólo hemos de ver el estado de pérdida absoluta de la población joven cuando las redes se caen por unas horas. Des-vinculados, dejan de saber qué hacer consigo mismos, ni cómo restablecer los vínculos naturales sustituidos por las máquinas, de los que ya ni siquiera son conscientes. Introducir en nuestra vida y la de los más jóvenes ciertos momentos de silencio y de atención interior podría ser una de las primeras medidas que hiciese posible cierta (aunque improbable) reversión del proceso.

“El cuerpo tiene modos de conocer más intuitivos (más inmediatos) y abarcantes que la mente abstracta”

En términos taoístas, se trataría de hallar y procurar mantenerse en el punto neutro en el que, equilibradas, las fuerzas opuestas suspenden su movimiento. Esa vacuidad, esa quietud, es también el punto en el que se origina todo cuanto acontece.

Usted propone que el discurso ecológico se sustituya por una ecosofía cuyas raíces encontramos en estos sistemas de pensamiento. ¿Por qué no sirve la ecología y sí podría hacerlo una oiko-sophia, una ‘sabiduría del hábitat’?

Es, más que nada, una cuestión terminológica. Pero, como bien sabemos, los conceptos acarrean ideas y modos de actuar. Cambiar la eco-logía por una eco-sophía, supone salir del orden racional del discurso (logos) acerca del hábitat (oikos) para entrar en otro tipo de racionalidad en la que a la capacidad intelectiva se sume la percepción sensible o, mejor dicho, sensorial. El cuerpo tiene modos de conocer más intuitivos (más inmediatos) y abarcantes que la mente abstracta. Se trataría de recuperarlos. Es lo que en otra parte he denominado “razón estética”.  

Estas tres corrientes se ‘pervierten’ cuando se instituyen, cuando se convierten en institución, y se normativizan las enseñanzas de los maestros. ¿Indefectiblemente todo intento de consignar la sabiduría de este modo está abocado al fracaso?

Este es el gran escollo de los aprendices de sabios que, no habiendo aprendido el fondo, se ciñen a la letra y la propagan. Vacía de materia prima, al nombre del maestro se le adhiere un -ismo (bud-ismo, cristian-ismo, tao-ismo, material-ismo, comun-ismo, etc.) y, de esta manera, cargada de ideología, la enseñanza se convierte en doctrina. Y nada hay más peligroso que una doctrina cuando a las ideas se les asocia una emoción.

Lamentablemente, las tres escuelas de las que nos ocupamos se convirtieron muy pronto en religiones. La necesidad que tenemos los humanos de perdurar más allá de la muerte es una debilidad de la que muchos se aprovechan. De allí que deba hacerse hincapié en la necesidad de separar las enseñanzas originales de sus derivaciones doctrinarias o pseudo-místicas.

¿Es posible creer en la bondad del ser humano, como aseguraba Mencio, uno de los filósofos más eminentes del confucianismo (siglos IV y III a. C.)?

La polémica que en Europa se entabló en los siglos XVII y XVIII con Rousseau y Hobbes a este respecto, había tenido lugar en China ya en el siglo IV entre dos seguidores de Confucio, Mencio y Xunzi. Mencio creía en la bondad natural del ser humano; Xunzi, en cambio, defendía su maldad constitutiva.

Los taoístas, por su parte, zanjarían la cuestión de forma expeditiva. Las distinciones de orden moral lo único que hacen es sembrar confusión –dirá Zhuangzi–, no pienso entrar en estas cuestiones. ¿Cuánto dista el bien del mal? –preguntará Laozi– El sabio ha dejado de saberlo.     

¿Tiene sentido el yo –sea lo que quiera que sea– sin su dimensión social (vemos cómo se está hurtando: los cuerpos al otro lado de la pantalla, las relaciones que se crean y desarrollan en redes…)?

Al otro lado de la pantalla estamos todos, en Occidente como en Oriente, en el Norte como en el Sur. Pero, aunque estemos en persona frente a otro, ¿no estamos siempre de algún modo al otro lado de la pantalla? ¿No es el yo la máscara (la “per-sona”) que, fabricada a lo largo de los años mediante la repetición, ofrecemos al otro? Y ¿no llegamos acaso a vernos, luego, tal y como el otro nos ve? Este síndrome de auto-representación que nos lleva ahora a construirnos la imagen para colgarla en las redes ¿no es acaso la mejor prueba de que sin ellas, sin nuestras imágenes, no hay nada, en realidad, que nos defina?

“El deseo es la causa del sufrimiento”, pero Lacan dijo que somos seres deseantes. ¿No hay manera de conjugar ambas posturas?

No son contradictorias. Precisamente porque somos seres fundamentalmente deseantes es por lo que sufrimos. Todo aquel que desea algo, si lo tiene o si lo alcanza teme perderlo, si no lo alcanza lamenta no tenerlo. Tanto el deseo de tener lo que no se tiene como el deseo de no tener lo que se tiene originan malestar y sufrimiento. El budismo parte de ese punto.

“Es preciso volver a insertar la muerte en el propio continuo de la vida. Todo lo que vive viene cargado de muerte”

Si todo se transforma, ¿no hay muerte posible?

La revisión del concepto de la vida es sin duda una tarea que tenemos pendiente los occidentales. Es preciso volver a insertar la muerte en el propio continuo de la vida. Todo lo que vive viene cargado de muerte, la de los otros de los que se alimenta, y la suya propia; y toda muerte da origen a la vida. No son dos estados sino un solo proceso ininterrumpido.

Desde esa perspectiva, una vez desasido de la propia individualidad ¿qué o quién podría permanecer?, pero, al mismo tiempo, ¿qué o quién podría morir?  

Hay muchos más, pero especialmente tres nombres sustentan estas páginas: Confucio, Laozi y Gautama. ¿Qué importancia tiene la figura del maestro? ¿Cómo sabe el maestro que su enseñanza ha concluido?

Todo depende del fin que se persigue. La meta de Confucio era que sus discípulos supiesen situarse en el justo medio. La de Siddharta Gautama, eliminar el deseo (y, por tanto, calmar el proceso mental). En el caso de Laozi (que nunca formó escuela), la idea era vivir en armonía con el curso. La noción de dao, que, por cierto, es muy anterior al taoísmo, además de significar “vía”, “camino” o “curso”, también significa “método”, un término cuya etimología griega nos remite igualmente a la idea de estar en camino (odós). De modo que, en estas enseñanzas, el fin es algo que no se alcanza nunca de una vez por todas, sino que ha de reactualizarse continuamente. La idea de alcanzar un fin tan sólo tiene sentido desde la perspectiva de un universo lineal y cerrado; en un mundo en perpetua mutación todo fin coincide con el comienzo. El camino consiste precisamente en estar en camino.   

Ese no hacer de Zhuangzi, ¿tiene algo que ver con el preferiría no hacerlo, de Bartleby?

No creo que debamos extrapolar los discursos. El no-hacer del taoísmo no es un no hacer nada, sino un actuar sin que el yo intervenga. No se trata de dejar de actuar, sería imposible –la existencia es acción y decidir no hacer algo también es una acción–, se trata de desprenderse del interés personal. Todo, en el universo, está interrelacionado y funciona de acuerdo con un orden. La voluntad humana se equivoca si interviene sin tener en cuenta las relaciones entre las distintas cosas y los distintos reinos. No-hacer es, por tanto, aprender a no intervenir. Adaptarnos al proceso en vez de tratar de adaptar el proceso a nuestros fines. Esto es algo que debería hacernos reflexionar.

El último capítulo del ensayo está dedicado a la estética como sabiduría. ¿De qué manera la belleza es sabia y muestra o enseña a quien la contempla?

La belleza es un invento europeo que data del siglo XVII. El término proviene, en realidad, del adjetivo bonum, bueno. No existe ese concepto en otras tradiciones, en las que el arte siempre ha tenido una utilidad. Si las artes, en China, pueden entenderse como camino de sabiduría es porque son un instrumento para la concentración, algo previo e indispensable para conseguir vaciar la mente y suspender su curso. Sólo entonces el artista estará en disposición de captar la resonancia de las cosas y sumarse a su trayectoria.  

La gran aportación taoísta a la estética china es el trabajo con el blanco, con el vacío; mientras que al occidental le produce vértigo y tiende a rellenarlos, en la pintura china las líneas están al servicio de realzar ese blanco. ¿Por qué nos cuesta tanto mirar al vacío?

Bueno, esta es la diferencia entre entender que lo que hay esencialmente es el “ser” o entender que lo que hay es “vacío”. Para la concepción china, todas las formas surgen del vacío. El vacío está, digamos, preñado de formas, que nunca se mantienen, sino que continuamente se de-forman y trans-forman. Lo que el artista chino quiere aprehender y re-presentar es esa evanescencia, esa vacuidad original.

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https://ctxt.es/es/20211101/Culturas/37688/chantal-maillard-las-venas-del-dragon-confucio-laozi-gautama.htm

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Soñar en tiempos de pandemia con Chantal Maillard

Chantal Maillard nos presenta 7 utopías para soñar con los ojos bien abiertos

¿Tienen las utopías más posibilidad de concretarse como posibilidad en estos tiempos extraños? ¿O bien la muerte que acecha –ahora en forma de virus– se convertirá muy pronto en otro de los fantasmas cuyas apariciones desarticulamos para que no nos afecten y podamos seguir con nuestra inercia individual y social? ¿Podemos plantear la posibilidad de un cambio de mentalidad que nos permita comprender que formamos parte de un planeta para el que nuestra especie es pandémica?

La filósofa y poeta Chantal Maillard impartió el lunes 22 a las 18:30 horas una conferencia bajo el título Soñar en tiempos de pandemia, en la que se debatirán todas estas cuestiones y muchas otras.

El acto se puede seguir íntegramente en La Vanguardia, así como de forma presencial con reserva o en diferido. El filósofo, periodista y director de la Escola Europea d’Humanitats, Josep Ramoneda, presentará el encuentro, que cuenta con el apoyo de la Fundació La Caixa y se celebra en el Palau Macaya de Barcelona.

A cargo de: Chantal Maillard, filósofa y poeta

Presentador y moderador: Josep Ramoneda, filósofo, periodista y director de la Escola Europea d’Humanitats, presentará el encuentro, que cuenta con el apoyo de la Fundació La Caixa y se celebra en el Palau Macaya de Barcelona.

https://palaumacaya.org/es/p/sonar-en-tiempos-de-pandemia_a14067173

Despertar sensaciones dormidas. Chantal Maillard

Bill Brandt
Top Withens, West Riding, Yorkshire, 1945
Private collection, Courtesy Bill Brandt Archive and Edwynn Houk Gallery
©
 Bill Brandt / Bill Brandt Archive Ltd

Finales de otoño en las tierras del Norte. El viento azota mis mejillas, tumba las matas de hierba. Cruje la nieve bajo mis pies. La nieve rara, esparcida aquí y allí, sobre el manto de hierba que amortigua los pasos. Apenas un leve crujido que, al levantar la bota, deja la huella impresa sobre una fina membrana helada. Se aproximan nubarrones. Habrá tormenta de aguanieve. Ya noto –¡con qué placer!– las puntas aceradas de los cristales diminutos deshaciéndose en mi rostro. Hay algo salvaje en ese gozo. El animal que fuimos levanta el hocico y olfatea, otea, escucha…

Más, de repente, vuelvo a estar aquí, con mi vejez en las manos y una fotografía de Bill Brandt ante mis ojos. La niña que corría a contraviento por las dunas es ahora tan sólo un conjunto de sensaciones residuales. Memoria sonora. Memoria táctil. Huellas que habitan en nosotros hasta que algo las despierta, por analogía.

¿Qué hace que una representación, pictórica, fotográfica, musical u otra, sea capaz de transportarnos de esa manera a otro tiempo, de trazar puentes sinópticos entre lo percibido ahora y lo vivido hace más de cincuenta años? ¿Qué poder es éste capaz de despertar sensaciones dormidas y hacernos regresar, toda entera, a otros tiempos?

El poder de la imagen poética es su capacidad de sugerencia, decía Anandavardhana. Y ¿cómo no comprender, en la imagen de Brandt, a los personajes de Wuthering Heights tal como Emily Brontë los imaginara? ¿Cómo no cruzar los puentes que van de la propia carne a otra carne? Si el blanco y negro sugiere mucho más que el color es porque el trabajo de la imaginación es mayor. Sin imaginación, no hay enlaces posibles. Sin imaginación, la imagen es plana y estéril. Si la fotografía sugiere más que la realidad es porque es muda y que en su fijeza el tiempo se detiene. Tiempo: espacio que apela a esos lugares de la memoria donde dormitan los sonidos, los olores, el frío, esperando que algo los despierte.

Chantal Maillard es escritora.

Exposición de Bill Brandt en la Fundación Mapfre de Barcelona: https://www.fundacionmapfre.org/fundacion/es_es/exposiciones/kbr-barcelona-photo-center/bill-brandt.jsp#

https://www.fundacionmapfre.org/fundacion/es_es/exposiciones/cultura-en-movimiento/despertar-sensaciones-dormidas/

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Grano a grano, el itinerario de Chantal Maillard

Una voz, una vida, grano a grano, se desmenuzan, contándonos un itinerario.

La voz-lanzadera de Chantal Maillard va tejiendo, en la reversibilidad de los tiempos, su trayectoria vital y poemática.

A escuchar al atardecer o, mejor, en el corazón de la noche cuando se funden las sombras y la voz, progresivamente, va musitando partituras de silencio.

Aquí encontraréis completo el itinerario: https://fonotecapoesia.com/coleccion-consentido/

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Daniel. Voces en duelo. Chantal Maillard & Piedad Bonnett

Dos hijos. Un mismo nombre. Una misma decisión. Un mismo gesto.
Dos madres frente a un mismo abismo.
Contra el tabú. Por esa libertad. Por el coraje del suicida.
Como homenaje.

«Daniel. Voces en duelo se concibió como homenaje a la memoria de nuestros respectivos hijos y fue oficiado en escena el 20 de octubre de 2018 en Málaga, en el Centro Cultural M.V.A, como clausura del Festival de Poesía Irreconciliables». (Chantal Maillard, 2020).

Chantal Maillard es poeta y ensayista. Doctora en Filosofía, se especializó en filosofías y religiones de la India en la Universidad de Benarés y ha sido profesora titular de Estética y Teorías de las Artes en la Universidad de Málaga. Ha recibido el Premio Nacional de Poesía por el libro Matar a Platón (2004) y el Premio de la Crítica por Hilos (2007).

Piedad Bonnett es poeta, novelista y dramaturga. Fue profesora universitaria durante tres décadas en la Universidad de los Andes. Entre sus reconocimientos se cuentan el Premio Nacional de Poesía, Colcultura, 1994, el Premio Casa de América de Poesía Americana de Madrid, en 2011, el Premio Poetas del Mundo Latino en Aguascalientes, México, en 2012, el premio honorífico José Lezama Lima de Casa de las Américas, en 2013, y en 2016 el Premio Generación del 27 en Málaga, España, por su libro Los habitados.

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La arena entre los dedos. Chantal Maillard

Reunir estos cuatro Diarios: Filosofía en los días críticosHusos, notas al margenDiarios indios y Bélgica, bajo el prisma del «método», responde a la voluntad de hacer explícito el camino de observación que ha guiado esta escritura desde sus inicios. Los libros van acompañados ahora de un capítulo introductorio: «La escritura como método», en el que la autora desvela los entresijos del mismo, sus etapas, el significado de los «hilos» y los «husos», y ofrece una guía para introducirse con ella en esta especial topografía de la mente. [de la web de Ch. M.]

Os transcribo la contraportada con extractos de su magnífico prólogo La escritura como método. Como dice Chantal, “escribo, ya sabéis, para que el agua… entre todos”.

<< Tenía nueve años recién cumplidos cuando confeccioné mi primer cuaderno. Para una cirugía de poca importancia, habían decidido someterme a una anestesia general. En realidad, perder la conciencia me daba pavor. La cuestión no era morirme, sino dejar de ver. Debía, pues, por todos los medios, mantenerme despierta. Así que decidí concentrarme y observar. A partir de entonces, la voluntad de observación nunca me abandonaría. Tampoco los cuadernos, que vinieron a ser no sólo una herramienta eficaz sino una forma de saberme. La escritura vino a ser mi manera de reconocerme, pero también –de esto me daría cuenta más tarde– mi manera de oír lo que me precede.

No sería, no obstante, hasta mucho más tarde, al entrar en contacto con ciertas técnicas de Oriente y comprender, en sus textos, su significación y su propósito, cuando entendí que esta escritura mía y la observación que comporta podían convertirse en método para la cuestión que desde siempre me había inquietado. Algo concreto podía –debía– en efecto observarse, algo que, detrás de los párpados, seguía en todo momento su proceso.

En las páginas que siguen trataré de mostrar que la escritura de estos diarios responde a la práctica de una observación que terminó siendo método. No tengo dudas de que, en épocas oscuras, la educación que se precisa es esa observación. Ver sucederse los actos mentales, saber distanciarse de ellos, disminuir el ansia que producen, podría dar lugar a una ética que reemplazase la moral defensiva, hiciera del respeto la norma de convivencia y de la humildad la regla del entendimiento.

Al final, una vida es bien poca cosa. Como refiere el haiku que Kobayasi Nobuyuki (conocido por el nombre de Issa), escribiera antes de morir, en el invierno de 1827, entre una tina y otra tina ¿quién ha entendido nada? Entre la cuna y el ataúd, tan sólo palabras vanas. Si alguna rara vez aún así sigo pensando que el camino recorrido entre una y otra tina ha valido la pena es por haber aprendido a situarme en los límites en los que el discurso pierde pie. Aunque, bien pensado, lo más probable es que tampoco eso importe. >>

Chantal Maillard, La arena entre los dedos. Diarios reunidos. Pre-Textos, 2020.

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¡EL DÍA 2 DE DICIEMBRE ESTARÁ EN LIBRERÍAS!

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Dos exilios: Bélgica y Medea. Entrevista y lectura de Chantal Maillard.

Dos exilios: Bélgica y Medea. Entrevista y lectura de Chantal Maillard.

Encuentro Internacional on-line Las líneas de su mano, organizado por el Gimnasio Moderno de Bogotá, Colombia.

Chantal Maillard conversa con Stéphane Chaumet, traductor al francés de Escribir.

Emitido en directo el 9 de septiembre 2020.

Chantal Maillard en el Festival internacional de Poesía de Medellín

 

 

Para las.os que no habéis podido ver y escuchar la lectura que ofreció Chantal en el Festival de Medellín (minuto 17), así como una pequeña presentación y entrevista que le hace al inicio uno de los organizadores del Festival.

 

 

¿Todo lo que vibra es música? se pregunta Chantal Maillard

 

“¡Música, ya no!” así inició su excelente conferencia –¿o era un canto de mirlo?– Chantal Maillard en el Palau de la Música este pasado (ante-pandémico) 2 de marzo 2020. La música melódica, atonal, no, porque crea narración senti-mental y refuerza el yo. Mejor tal vez los ruidos no musicales, como la oruga bajo la hojarasca, los pasos de los caminantes, el viento entre las hojas, una gota de lluvia sobre un tejado de zinc… esa atención.  Mejor el canto del mirlo, su vibración, su modulación, su quiebro en la voz de Chantal, voz licuada que hace el hueco donde el sonido adviene…

Esa tarde, inclinamos el oído, la escucha oblicua se abrió paso. Resonancia.

Que disfrutéis, en el ahora, sus palabras, sus silencios, su respirar.