Jorie Graham. Rompiente

Jorie Graham_Rompiente  Jorie Graham-

“Hay sonidos que el planeta siempre hará incluso si no hay nadie para oírlos” escribe la poeta norteamericana Jorie Graham. Su exigente y poderosa escritura se dirige tanto a nuestra inteligencia como a nuestra sensibilidad, a nuestra percepción corporal, animal. En Rompiente se abre un interrogante respecto a la condición humana entre un “planeta que se apaga” y su historial de violencias y estragos. Devastación ecológica irreversible que, para la poeta, corre paralelo al fraccionamiento sensible que acontece en aquellas micro-transformaciones personales a lo largo de la vida más íntima y cotidiana. Los poemas de este libro hacen visible el entrelazamiento entre el canto a la naturaleza devastada y el propio quebrantamiento de la poeta en una sintaxis audaz. Rompiente es la crónica de una “contemplación dinámica” en la que se desdibujan –o mejor, se erosionan– las fronteras entre un yo-poeta y un otro-naturaleza, entre el que percibe y lo percibido…  “No hay dos mundos separados para Jorie Graham, la naturaleza y el yo, sino uno solo”, señala Eduardo Moga, “la confusión de uno es la confusión del otro, el renacer de uno es el renacer del otro”. Necesidad de nombrar aun balbuciendo, de boquear, de confiar “en la posibilidad de la palabra pese al desasosiego respecto a un género humano que lleva impreso en su ADN la semilla de la autodestrucción” escribe Marta Sanz en una reflexión sobre literatura y política. Los poemas de Jorie Graham giran sobre ese pivote entre lo subjetivo y lo político. “Vamos a tener que resolver esas cuestiones en un marco amplio que es un marco político también… La idea de objetividad, de subjetividad, el futuro del planeta, son cuestiones que tienen una naturaleza política, apunta Jorie Graham al final de la presentación de su libro en la Casa Encendida (ver el vídeo al final de esta entrada). “La relación en el poema entre lo subjetivo y lo objetivo acaba siendo una cuestión que se parece mucho a cómo gestionamos esa misma relación en el ámbito político… A pesar de que todos lo gestionamos de un modo diferente, nunca, sin embargo, hemos convivido tan íntimamente con el desastre…”

Nota necesariamente rabiosa: AHRRRR! No he podido copiar el siguiente poema respetando su forma: están suprimidos aquellos sangrados pronunciados tan característicos de la obra de Jorie Graham, esas brechas-rompiente en el flujo de su escritura. Por lo visto el programa de WordPress no reconoce los espacios en blancos como útiles y los suprime ipso facto!!! Imperdonable! Os pido por lo tanto que hagáis un esfuerzo de imaginación y de re-creación lectora para reconstituirlo como es debido. Sirvan estas fotos de las páginas del poema (clickar en ellas) de botón de muestra!

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Bucle de retroalimentación positiva

Estoy escuchando en este silencio que precede. Olvida
todo, empieza a escuchar. Punto de inflexión, punto
de ignición,
chimeneas convectivas en los mares que Groenlandia delimita. Hace tiempo [hubo allí trueno y
salvas en las cuatro esquinas del horizonte, era la
guerra.
En el Infierno vacían de arena tus manos, te dicen que las llenes de polvo e intentes
pensar las Aguas Profundas del Atlántico Norte
que asimismo contienen
aportaciones del Mar del Labrador y arrastres de otras masas de agua, intenta pensar un
colapso completo, en la corriente del Atlántico, en la
circulación termohalina, esto
ocurrirá,
los peces mueren de hambre en la Gran Barrera de Coral, la nueva Era de las [Extinciones ha
llegado
dice el silencio-que-precede—no sabes lo que
se acerca, un tiempo
más allá de lo creíble. ¿Quién es uno cuando uno se llama a sí mismo
uno? Una orquesta se apaga. Tenemos otros planes
para tu verano es la canción. También para tu
invierno. Quizá las esclusas de Isigny
resistan, iré a
verlas
mañana. Aprenderé cuanto hay allí sobre este mi cónyuge, el futuro, aquí en mi
tierra la casa de mis padres, el jardín de
seguir pensando
en ellos, no existe nada más de hecho que el
pasado, cuenta los días cuenta las ciudades que
has
visitado, incluso lo que viene a mantenerte en vela, o el rocío cuando por fin [duermes—¿podrás algún
día penetrar en lo extraño, el nombre que es tuyo, que
“es” tú?—
el lugar donde los muertos te abrazan, y puedes sentirlo, el sabor de la
amargura, y querrías hablar por toda tu especie pero
se reirían de ti—los nombres y la especie—hasta el aire enrarecido se reiría es [lo que
hace mira—
pluma, ciénaga invisible,
retroalimentaciones positivas—y otra vez las chimeneas, y cómo es que al rayo [de sol se lo asimila
libremente, y acaso podía ser de otra forma para
este huésped
nuestro invitado,
nosotros que empezamos como manos, magia de dedos, levantando umbrales [nuestros piedra a piedra,
piel desplegada entre la vida y la muerte,
siempre alzando humo para hacer propicia la estrella que podría oscurecerse, [compensadla pronto
antes que os mate, piensa más y más en ella,
hasta que tus mismos pies estén
exhaustos no sólo tu
corazón–la
piel, la carne, el calor, la tierra, el grano, el sonido del canto de cada pájaro [escuchado a través de los
milenios, las estrategias del otoño para con el invierno, esquirlas de tiempos [de ensoñación, belleza
punzante, sí, siempre fuimos
vulnerables a la
belleza, por qué no iba a ser
así—las maravillas del tiempo cuando pasa y las cosas crecen, y los desgarros [de la muerte
cicatrizan, y llegan las flores que uno puede
mirar solo
un instante
más, asimilarlas, y la mente
se encuentra insegura otra vez, llama, algo le cuelga la llamada, tal que así, [escuchas
cómo el receptor se apaga, la corriente y su final,
un algo más que sonríe en otro lugar de otro mundo,
nosotros en La Gran Agonía otra vez, la hora en que la vida terrestre vuelve a [ser casi por completo
erradicada—debemos ser pacientes—debemos esperar—es un
hermoso atardecer, un poco de comida un poco de bebida—
saldremos
al porche y el atardecer vendrá a envolvernos, descarado,
parpadeante, abundante, como si nos descubriera,
todo dentro y fuera debajo del alero, hasta la hierba que parece empujar [dentro de este mundo
nuestro como si brotara de
añoranza por él,
reluciente.

Jorie Graham. Rompiente, Bartleby editores: Madrid, 2014. Trad. Rubén Martín.

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Extractos del prólogo del libro Rompiente por su traductor, el poeta Rubén Martín:

Jorie Graham (Nueva York, 1950) es sin duda una de las voces ineludibles de la poesía norteamericana viva. Es autora de once poemarios entre los que destacan Hybrids of Plants and Ghosts (su ópera prima, 1980), The End of Beauty (1987), Materialism (1990), The Errancy (1997) [La Errancia, DVD, 2007], Swarm (2000) o el más reciente hasta la fecha, Place (2012), que la ha convertido en la primera estadounidense en ganar el prestigioso certamen británico Forward Poetry Prize. Este reciente galardón se añade a un imponente listado de reconocimientos, entre ellos el premio Pulitzer por su antología The Dream of Unified Field en 1996.

Su hacer poético, inseparable de la indagación en otros ámbitos de la cultura (ya desde sus inicios planteaba el diálogo lírico con pensadores y artistas: Platón, Leibniz, Giotto…), trasmite tanto una sensibilidad exacerbada como la impresión de que detrás de cada poema suyo hay una inteligencia extraordinariamente poderosa y esquiva, capaz de cuestionar los esquemas más arraigados. Éste, cuyo título hemos traducido como Rompiente (Sea Change, 2007), es su décimo trabajo y uno de sus poemarios más emotivos. […]

Esta consciencia de un desastre ecológico irreversible, con el contrapunto de la esperanza representada por una joven acacia recién apuntalada (que reaparecerá varias veces a lo largo del poemario), toma una presencia tal que recorre todos los poemas como una corriente subterránea. El goce del presente, de la naturaleza, con toda su exhuberancia sensorial –auditiva, visual, gustativa, táctil, olfativa: pocas escrituras más saturadas de sensación que esta–, toma su intensidad en relación a la inminencia de “un tiempo más allá de lo creíble” (‘Bucle de retroalimentación positiva’, p. 131) que amenaza no solo la vida tal como la conocemos, sino el sentido mismo de la escritura y los significados del lenguaje:

estamos dispuestos a pensar en otra cosa,

mientras a nuestra espalda se aproxima al

fin el día de los

               días, en que todo a lo que has puesto nombre acaba siendo arrinconado, la entera ex-

               presión material de lo que llamamos definiciones…

(‘Día libre’, p. 105)

Aquí sigue el prólogo:
http://www.joriegraham.com/rompiente_prologo

https://vimeo.com/89702939

Rompiente, título en castellano de Sea Change (2007), nos muestra a una poeta imprescindible, de una sensibilidad exacerbada, que nunca ha eludido la interacción entre la palabra escrita y otros ámbitos de la cultura contemporánea. Participaron en la presentación Mark Strand, Eduardo Moga y el traductor de Rompiente, el también poeta granadino, Rubén Martín.

El cuenco del perdón. Chantal Maillard

 

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[…]

Me ensoñé. Una tras otra, desde la más antigua hasta la última. Con la mano derecha allí donde el latido, para curar su herida. Las niñas sucesivas, las niñas de la angustia, todas, la misma herida en el tórax pequeño. Allí puse la mano y acuné. Una tras otra, les fui durmiendo el miedo, apaciguando aquellos sobresaltos de invierno bajo cielos como sábanas duras. Y aquél era el milagro, que cada una de ellas fue sumándose, que en mí era yo más que una sola, y que la mano que acunaba vino a ser la de todas las que me precedían, hasta que la primera en mí las recibía, bendecida. Y que en virtud de esta multiplicidad, a medida que avanzaban en edad, más numerosas eran las voces, a la vez madres y amantes de la misma, y todas solidarias. Y así hasta llegar a la que pudo habernos cambiado a todas el destino. Por ella, por su cercanía, su presencia en la mente que razona, el obstáculo aún persistía, siendo así que su herida y la mía eran de idéntica naturaleza y procedencia.

Llegadas a este punto, me dormí. No sé cuánto tiempo real transcurrió bajo el sueño. Lo siguiente ocurrió de repente. Un golpe, una sacudida se hizo imagen. Así adviene el símbolo: como urdimbre de amor, como resultado. De un antebrazo vendado una mano y de esa mano, como brota una flor de su tallo, otro antebrazo vendado y así, en sucesión infinita, vertical, la columna de brazos iba elevándose de la misma manera que, antaño, de niña, aquella otra columna visionaria se irguiera desde el sueño. Mientras, en mi propia caverna, el corazón, dilatado, se licuaba, en ternuras confundido.

Columna infinita somos, troncos cuyas heridas son las hojas que al caer dejan señal y cicatriz. Sucesivamente, cada herida, en el ser que crece, va dando lugar a otra, y solamente si sabemos mantenernos unidas habrá consuelo para las que han de venir.

Pequeñas almas mías que acuno en la edad madura. Han esperado tanto que no sé cómo no llegó a quebrarse el eje endurecido de su tallo. Tanta espera, tanta angustia florecida, tanta estremecida mansedumbre tornada rebeldía.

Con el dolor presente hago crisol –pues aquí converge la savia.

Lo bebo todo entero. Para bien de las que he sido.

[…]

Chantal Maillard. La mujer de pie, Galaxia Gutenberg, 2015

Dibujo de David Escalona.

 

Triadic Memories. Chantal Maillard & Morton Feldman

 

 

Memoria:

Éclats. Éclaboussures. Del antes. En el ahora.
Ensamblajes.
Analogías que iluminan.
Comprehensión.

*

Segmentos sonoros. Melodía no. Letras como burbujas que acuden a la superficie del agua estancada. Modulándose lentas, por resonancia. “En Occidente las formas musicales se han convertidas en una paráfrasis de la memoria, pero la memoria también puede operar de otro modo”, comentaba Morton Feldman. Definía su obra como “un intento consciente de formalizar la desorientación de la memoria”.

*

Presente, presente, presente.
Aquí.
Menos, si cabe. O más, según se vea.
Sin seguimiento. Espacio esbozado en la nota.
Espacio, no: resonancia. Entre punto y punto, trazándose.
Cada nota, un punto. El peso de un punto: su tiempo.

(Interrupción del dolor. Atención captada. Capturada.)

Vaivén. Juego de niños: comba describiendo círculos que alteran el espacio.

Música, no. Ya no son tiempos para la música.
Música no, ¡oíd!: resonancia. Punto ensanchado.

Y el sabor de la tiza en la boca.


Chantal MaillardLa mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015

 

La recuperación del cuerpo por medio del canto

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“La Mujer Esqueleto canta para poder adquirir un cuerpo lozano. Este cuerpo que la Mujer esqueleto evoca con su canto es válido en todos los sentidos; no es un conjunto de partes y piezas de carne de mujer idolatradas por algunos en ciertas culturas sino un cuerpo femenino entero capaz de amamantar a los hijos, hacer el amor, bailar y cantar y sangrar sin morir.

Esta recuperación de la carne por medio del canto es otro tema popular muy común. En los cuentos africanos, papes, judíos, hispánicos e inuit, los huesos se transforman en una persona. La mexicana Coatlicue extrae seres humanos maduros de los huesos de los muertos del mundo subterráneo. Un chamán tlingit le quita cantando la ropa a la mujer que ama. En los cuentos de todo el mundo el fruto de los cantos es la magia. Y en todo el mundo las distintas hadas, ninfas y gigantas tienen unos pechos tan largos que se los pueden echar sobre los hombros. En Escandinavia, entre los celtas y en la región circumpolar, los cuentos hablan de mujeres capaces de crear sus cuerpos a voluntad.”

Clarissa Pinkola Estés, “La Mujer Esqueleto“, in Mujeres que corren con los lobos, Ediciones B, 1999.

 

*

 

“Volver a cantar. Volver a en-tonar el habla en el registro adecuado. El habla que no dice, o dice de otro modo lo que la voz transmite.

Hablar en dos registros: fuga de ámbitos. La voz del concepto modulada en una trama paralela. Arriba, el razonamiento: la razón extralimitándose en lo abstracto. Abajo, el canto.

Si no os pegáis a la letra, prometo cantar.

Cuidad –cuidaos– del extravío en las palabras. Adaptad el alma al vehículo, paralelamente.

Prometo volver a cantar, aunque por un tiempo breve, muy breve. Fuera del hábito, me esperan –¿quién espera?– Nadie. No hay nadie. –En todo caso sería descortés hacerles esperar ahí donde no hay nadie.

Pero ¿no será impostada, mi voz, en cualquiera de los lenguajes que hable a partir de ahora? Mejor pedidme el silencio, pedidme mi silencio. Lleva lo poco que puede ser enseñado.”

Chantal MaillardHusos. Notas al margen, Pre-Textos, 2006

 

 

El tambor del corazón, el canto

El tambor del corazón

I

Se dice que toda la creación estuvo acompañada por un sonido o una palabra pronunciada en voz alta, un sonido o una palabra susurrados o pronunciados con el aliento. En los mitos, se considera que el canto procede de una misteriosa fuente que confiere sabiduría a toda la creación, todos los animales y los seres humanos, los árboles, las plantas y cualquier ser que lo escuche. En los cuentos se dice que todo lo que tiene “savia” tiene canto.

El himno de la creación produce un cambio psíquico. […]

El canto es una modalidad especial de lenguaje que permite alcanzar cosas que la voz hablada no podría. Desde tiempos inmemoriales el canto, como el tambor, se ha utilizado para crear una conciencia no ordinaria, un estado de hipnosis o un estado de plegaria. La conciencia de todos los seres humanos y de muchos animales se puede alterar mediante el sonido. Ciertos sonidos, como el goteo de un grifo o el insistente claxon de un automóvil, pueden provocar ansiedad e incluso irritación. Otros sonidos, como el rumor del océano o el aullido del viento entre los árboles, nos pueden llenar de sentimientos satisfactorios. El sonido sordo –como el de unas pisadas– hace que una serpiente experimente una tensión negativa. Pero un suave canto puede hacerla bailar.

La palabra pneuma (aliento) comparte su origen con la palabra psique; ambas se consideran denominación del alma. […]
El canto de la canción y el empleo del corazón como tambor son actos místicos que despiertan unos estratos de la psique no demasiado utilizados ni vistos. El aliento o pneuma que se derrama sobre nosotros abre ciertas puertas y despierta ciertas facultades que de otro modo no serían accesibles.

Clarissa Pinkola Estés. Mujeres que corren con los lobos, El tambor y el canto del corazón.

II

¡Canta! – los temores están allí – agazapados – como duendes hambrientos – al acecho. – Acalla la habladora y ¡canta! – Que no hable – ella – la creadora de objetos – que no hable. – En las palabras creemos. – ¡Que no hable!– Canta. – ¡Canta!

*

Existir es una agitación. Decirlo es producto de esa agitación.

Relajarse. Confiar. Abandonarse.

Desatender la voluntad para que actúe la sabia, la otra conciencia, la que no falla, la que desoímos.

Callar la habladora, la que dice “yo”. Dejar paso a la otra, la Anciana, la que canta. Con ella de la mano, ir. Dejarse Ir. Convertirse en ella.

Chantal Maillard. La mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015

Ingoma Nshya, tambores que curan mujeres en Ruanda

Seguimos trabajando con nuestro cuento de La mujer esqueleto y, entrando ahora en la tarea del tambor y el canto del corazón, este vídeo me pareció un formidable testimonio de la capacidad de revitalización y de re-energetización de las mujeres, de la regeneración de su fuerza física y moral y de su valentía en circunstancias muy adversas… Fueron capaces juntas, tal como sale reflejado en la filmación, de crear “un espacio liberado de los demonios de nuestra vida cotidiana” y, uniéndose en el ritmo, encontraron un espacio de alegría compartida, y una cura… El tambor suena, los cuerpos vibran, comienza el hechizo, disfrutad del espectáculo!

“En un país que estaba completamente dividido, la gente necesitaba espacios para compartir. Y las actividades creativas resuenan más profundamente que cualquier discurso”.

El genocidio también alteró el orden y las jerarquías sociales en Ruanda. Ingoma Nshya, el primer grupo de mujeres tamborileras del país es un ejemplo de ello. Antes de las masacres, los tambores sólo podían ser tocados por algunos hombres, cuidadosamente seleccionados. Hoy en días las mujeres tamborileras de Ingoma están reconocidas internacionalmente, han realizado giras por todo África, Europa y Estados Unidos. Sin embargo, a la vez que un modo de dar recursos a las mujeres participantes, esta idea de Odile Katese que se ha desarrollado en el marco de la Universidad de Butare, es y ha sido sobretodo una forma de terapia colectiva que, a través de la creación y del arte, ha ayudado a la sanación de este grupo de mujeres.

Vídeo perteneciente al Especial http://despuesdelapaz.periodismohumano.com

…quan el cor és un caçador solitari…

El nuevo movimiento global de las mujeres. Jean Shinoda Bolen
Sense títol
6. Círculo o jerarquía

Las relaciones de dos
son o un círculo o una jerarquía.

Son un círculo
cuando el amor está en el centro de una relación
en la que se ha entrado voluntariamente,
y los sentimientos, las prioridades
y los valores de la persona
le importan al otro.
Cuando las confidencias se guardan
y no son pasto de críticas,
y las vulnerabilidades no se explotan.

Es un círculo cuando puede decirse la verdad
por muy dolorosa que sea
sobre uno mismo o sobre el otro.

En toda relación circular
habrá baches en el camino.
Los malentendidos, los errores de percepción
o tan solo el descuido
surgen entre nosotros y los amigos,
los cónyuges o los socios de cualquier condición.

Cuando surgen la desconfianza
o el resentimiento y no se expresan,
y solo uno de los dos sabe cuándo ha sucedido,
es esa persona quien tiene la responsabilidad
de hablar de ello.
Quizá sería posible mostrarse curioso
en lugar de crítico
para averiguar lo que ha pasado y por qué
cuando algo ha dolido.

Lo que cuenta es cómo eso te hizo sentir.
El resto son especulaciones.
Un círculo de dos puede convertirse
en un medio de crecimiento
donde puede abonarse el terreno
para la confianza
si la realidad de lo que uno siente o teme
puede decirse en voz alta.
Ayuda a dominar la propia vulnerabilidad,
de lo contrario
queda oculta bajo la rabia y el juicio,
que fácilmente provocan mostrarse a la defensiva
y generan más rabia a su vez.
Un cuadro no muy halagüeño,
que en realidad nadie desea
en una relación circular.

En un patriarcado jerárquico de dos,
el acuerdo, manifiesto o no, es:
Uno de los dos importa más que el otro.
Uno de los dos puede expresar libremente
sus sentimientos, necesidades, prioridades y prejuicios,
o plantear exigencias al otro.
Sin ninguna expectativa de reciprocidad.

En un patriarcado jerárquico de dos,
uno es más importante
y tiene más derechos que el otro,
mantiene el control.
Un modelo que conduce
a que uno sea el narcisista
y el otro el codependiente.
Esta es la forma del matrimonio patriarcal,
que no es entre iguales.

[…]

Se requiere “plantar cara”
a cualquier relación de dos que sea jerárquica.
Es la persona que asume el papel
de codependiente
la que, encontrando su voz y valor
para hablar en voz alta,
inicia un diálogo con el otro
y facilita que una relación patriarcal
se transforme
en un círculo o pueda abandonarse.

Chantal Maillard. En un principio era el hambre. Antología esencial

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Chantal Maillard. En un principio era el hambre. Antología esencial. Fondo de Cultura Económica, 2015

Acaba de llegar a las librerías una antología esencial de Chantal Maillard (esencial antología, si jugamos al juego que invierte los términos!), con un magnífico prólogo de Virginia Trueba que cartografía minuciosamente la entrecruzada trayectoria escritural y vital de la poeta y filósofa, y un epílogo de la propia Maillard.

Los textos escogidos, por Antonio F. Rodríguez Esteban y Chantal Maillard, abarcan desde el año 1990 hasta el 2015, con algunos fragmentos del próximo libro de Maillard, La mujer de pie, que saldrá en otoño editado por Galaxia Gutenberg.

A los y a las que emprendan esta lectura-viaje por la cosmovisión de la poeta hispano-belga, les saldrán al paso, entretejidos en múltiples capas a las que nuestra autora nos tiene acostumbrado, textos de Diarios indios, Matar a Platón, Escribir, Husos, Hilos, Cual, Bélgica, Polvo de avispas, La herida en la lengua –último poemario editado–, y La mujer de pie –de próxima aparición–. El viaje, nos recuerda acertadamente Virginia Trueba en su prólogo, “sirve para des-entumecernos, despertarnos la atención y disponernos al acontecimiento. Como el golpe de kiosaku del maestro zen.” Esta lectura también hace función d’éveil y de drenaje en la mente del lector. Despoja, desentuma la conciencia y nuestros sentidos obturados.

Para hacer boca, os dejo con un extracto del epílogo que da título al libro:

[…] Algunas teorías indias entienden que el universo se creó por resonancia. La gran exhalación del comienzo se prolongó en las consonantes. La energía neutra del comienzo se significó: modulándose en los signos (en las letras, en su sonoridad) se diversificó.

En el principio (arjé) era el Verbo (logos)… (Verbum es el término latino que se empleó para traducir la palabra griega logos cuando los cristianos identificaron el logos con el principio creador del cristianismo). El verbo es lo que puede ser conjugado. Antes de las diferencias, el logos-verbo es posibilidad de ser. Condensación del sonido, inaudible antes de su expansión, de su resonancia.

En un principio fue el verbo, y el verbo se conjugó, y se propagó. Los siglos de los siglos fueron la propagación del primer sonido. El primer sonido fue un acto: el de respirar. Un respirar sin nadie que respirase. Un acto sin sujeto. Un aliento sonoro.

Y el verbo se hizo carne: materia. Se hizo audible. Se “materializó”. El mundo: sonoridad vibrante. La materia: densidad del sonido: velocidad vibratoria.
En un principio fue el verbo y el verbo poetizó: la matriz del mundo es el hueco donde impacta el primer sonido y se gesta el primer poema: la primera construcción (poíesis), la primera articulación.

Sí… puede que esto sea muy bonito. Pero no nos sirve. Ya no nos sirve porque sigue siendo metafísica y porque las palabras son multitud. Los ecos están distorsionados. Los sonidos, como las emociones, se degradan imitándose unas a otras. El kitsch reina por doquier de tal modo que ya nos es difícil saber qué, de lo que sentimos y pensamos, qué es genuino o impostado, qué hemos aprendido y repetido, qué es emoción y qué lenguaje. Tal vez fuese preciso callar. No añadir más palabras a las ya expandidas.

O, tal vez, urdir otro inicio. Decir, por ejemplo:

En un principio era el Hambre. Y el Hambre creó a los seres para poder saciarse. Y el Hambre era la muerte para los seres. Inventaron remedios, buscaron curarse, pero el Hambre dijo “odiaos y luchad unos contra otros”, para poder saciarse. Y el Hambre introdujo el hambre en los seres, y los seres se mataban entre sí por causa del hambre. Y el hambre era la muerte para los seres.

No parece que quepa, hoy en día, otra poesía que la que diga el hambre. Y el terror. La desolación y la extrañeza. Que lo diga para que nos reconozcamos en ello. En comunidad. Con las cosas. En las cosas. Cosas, también, nosotros. La identidad colgándonos del hombro como una chaqueta raída.

Luego, como un personaje de Beckett, atender al balbuceo, como mucho.

Sobre todo, atender al silencio, ese silencio: la callada inocencia recobrada, antes del logos, el no saber cargado de compasión por los seres que viven con su hambre”.

http://www.fcede.es/site/es/libros/detalles.aspx?id_libro=19284

Añado una hebra más a este tejido: un enlace a un artículo que Chantal publicó en El País con fecha del 11 de enero 2003 (remontemos, remontemos el curso del río!) donde habla de la mítica cosmogonía sapiencial Brihadaranyaka Upanishad que dio lugar a la principal corriente del hinduismo (la escuela no dualista advaita), y a la que hace referencia el título de esta antología esencial: En un principio era el hambre.

http://elpais.com/diario/2003/01/11/babelia/1042246218_850215.html

 

La mujer esqueleto en Can Framis

Mientras nos adentrábamos en la primera fase del cuento de “La mujer esqueleto”, en la que Clarissa recomienda no pasar por alto lo que se ha encontrado, visité la exposición de Agustí Puig en Can Framis. No conocía este artista y la muestra me conmovió, por la trama que, en mi opinión, tejía con el cuento.

En el primer espacio de la exposición, la obra cubría la totalidad de las paredes. Imágenes despojadas de lo superfluo, esqueletos, huesos, trazos potentes y espontáneos sobre un material de uso corriente, el cartón, y  dos colores predominantes: blanco y negro, creaban una atmósfera austera y vital, que me transportó al cuento.

Los colores expresivos y simbólicos, parecían hablar de los sentimientos del pescador y la mujer esqueleto, allí estaban la luz y la sombra, lo conocido y lo desconocido, lo no bello, el miedo…

El negro de la tinta y la caligrafía, me hizo pensar en el texto del cuento, en la larga noche ártica, el blanco hizo presente el paisaje nevado, el hielo y el iglú…

El espacio entero parecía una invitación a reflexionar entorno al cuento.

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