Lo que dicen las mujeres. Lenguaje, textos, narrativas

 

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El Museo San Telmo de San Sebastian-Donostia organiza del 3 al 6 de noviembre unas jornadas de seminario, taller de escritura y conferencias bajo el título “Lo que dicen las mujeres. Lenguaje, textos, narrativas”. Partiendo de los textos de autoras y escritoras como Gayatri Spivak, Mary Nash, Helène Cixous o Fatima Mernissi, se abordará el lenguaje con el que las mujeres han sido nombradas, silenciadas o desplazadas del espacio público. Asimismo, se analizará el lenguaje que las propias mujeres han construido para designarse a sí mismas, desde el silencio hasta la irrupción de los feminismos. Estas jornadas están dirigidas por Piedad Solans, Doctora en Historia del arte y curadora independiente, coordinadas por Ma José Aranzasti, Historiadora de arte y comisaria de exposiciones.

Recital de CHANTAL MAILLARD el 6 de noviembre a las 19:30. 

“SI UNA MUJER VINIERA…” LECTURA Y OTRAS VOCES

Filósofa y escritora. Premio Nacional de Poesía por su obra “Matar a Platón” (2004).

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al mur del cementiri …

rosa d'ibur's avatarrosa d'ibur: versos i vida

“A mis amigos les digo: Cuando viajéis a Bruselas, no dejéis de ir a Ixelles y emprended el camino a lo largo del muro de su cementerio. Allí estaré, esperándoos.”

Chantal Maillard

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Fent cas de Chantal Maillard i de Muriel Chazalon, en anar a Brussel·les, vaig anar al cementiri d’Ixelles i vaig fer el recorregut pel mur on hi ha quatre poemes de Maillard, traduïts a diferents llengües. En el mur que separa els morts dels vius i la universitat flamenca de la francòfona, en el barri on va néixer la poeta i on darrerament ha retornat per recuperar la memòria de la seva infantesa, versos que ens parlen del emigrants i dels absents, dels murs que ens separen (o ens uneixen), del riure com a arma defensiva i dels records d’infantesa que sorgeixen com un centelleig. Vaig anar a Ixelles darrera versos que ens desafien, ens…

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Remedios Varo o la sutil subversión del mundo

 

  1. Remedios Varo_1  2. Remedios Varo  3. remedios-varo_rompiendo el círculo vicioso

1. Personaje, 1958 // 2. Camino árido, 1962 // 3. Rompiendo el círculo vicioso, 1962


Aprovecho la inminente edición del libro Cinco llaves del mundo secreto de Remedios Varo en Atalanta (de mano de varios autores), para traer aquí, a nuestro cubil lobuno, la obra de esta pintora tan sugerente como inquietante que fue una verdadera creadora de mundos. Octavio Paz dijo de la artista que “pinta lentamente rápidas apariciones”. Y creo que el poeta refleja perfectamente esa fugaz inmanencia que cada enigmática imagen atrapa. Bajo sus pinceles nacen universos metafóricos, impregnados de un humor muy fino, en los que todo es paso, tránsito, camino, exploración, vuelo, navegación, en donde todo “aquí” es “allá” . En aquellos trasmundos todo se mueve, se desplaza, todo se transforma, se metamorfosea, todo cuerpo denso o burdo gravita, levita, se volatiliza,  se hibrida, vibra, en ellos todo “yo” es “tú”… Lo sólido se fragmenta, se desgarra, se deshilacha como telas viejas, escribe Juliana Gonzáles en el catálogo razonado de la artista, y “vuelve a la luz, con todo su calor y su nitidez, una vida latente escondida por siglos o milenios en capas y capas de materia”. Materia, sí, pero translúcida. Un otro orden presentido, analógico, amenaza el orden visible y tangible. Estamos en un ahora fuera del tiempo y del espacio comunes, en busca de la perla de la unidad interior.

Depurados mundos en tránsito, fantásticas construcciones donde diversos planos de la realidad secretamente afines se interpenetran, umbrales solitarios, estancias silenciosas, cocinas-laboratorios, torres laberínticas, lugares abandonados o ruinosos, senderos de bosque, son algunos de los escenarios donde, por doquier, personajes en lentos procesos (¿de iniciación, de espera?) reciben, pasmados, algún signo asombroso que no alcanzan a comprender…

Frágiles y delicados personajes, aquellos buscadores andróginos, vagabundos, eremitas, músicos, alquimistas, geólogos mutantes, cazadoras de astros, juglares, malabaristas, funanbulistas, relojeros, tejedoras, bordadoras, trovadores, personajes-libélula-gato, insectos-máquinas, mujeres-lechuza, gatos-helechos, sombras fantasmagóricas, todos apariciones mutantes e inquietantes, visitantes cuyas vestiduras del medioevo, tales pieles desgarradas o extensiones sensibles, se convierten en pelaje, en ramaje, en plumaje, o en trajes-locomoción, algunos habitados por maravillosos interiores que se desvelan y revelan a la altura del plexo solar… No falta la presencia del observador –a menudo el gato– que todo lo percibe…

Antiguas fuentes de sabiduría, desde la Bhaghavad-Gita, el budismo zen, el I Ching, la Cábala, el Tarot, la alquimia del medioevo, y lecturas como el Tertium Organum de Oupensky, El juego de abalorios de Herman Hesse, El Monte análogo de René Daumal, Meister Eckhart, C. G. Jung, E. A. Poe, Lovecraft, Ray Bradbury, la pintura de Hieronymus Bosch, pero también la relatividad de Einstein, la astrofísica de Fred Hoyle, la teoría de la evolución en la tierra, la ingeniería, el psicoanálisis, la música, la biología… acompañaron e inspiraron la obra de Remedios Varo. Aunque su principal “órgano de conocimiento”, según cuenta Juliana Gonzáles, “fue la imaginación y la fantasía creadora”, así como sus propias observaciones y experiencias internas y externas. Remedios, añade la estudiosa y amiga de la pintora, “vivió el arte […] como pudo haberlo sido en el Medioevo: un oficio de salvación, de sapiencia y de purificación”.

Para hacer boca, os dejo con las primeras páginas del libro que Atalanta presenta en su web, con un artículo que salió en la Vanguardia en el mes de noviembre 2015 (añadido posteriormente a esta entrada), y con un par de documentales de RTVE sobre la vida y obra de una mujer imprescindible en la creación pictórica del siglo XX.

La obra pictórica de Remedios Varo (Anglés, Gerona, 1908-Ciudad de México, 1963) transmite la presencia de una revelación precisa, cuyo amplio campo de sugerencias se oculta bajo una capa de misterio. ¿Qué significan sus cuadros? ¿De qué nos está hablando su enigmático universo plástico? Este libro nos ofrece, por primera vez, las cinco llaves que abren la caja secreta del mundo mágico de esta pintora: la llave esotérica, la llave surrealista, la llave literaria, la llave del mundo onírico y la llave del mundo arquitectónico.” (Web de Atalanta)

http://www.edicionesatalanta.com/libro.php?id=113

REMEDIOS VARO – LA VANGUARDIA 1.HOJA

REMEDIOS VARO-LA VANGUARDIA I-2

http://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-remedios-varo/2489576/

http://www.rtve.es/alacarta/videos/mujeres-para-un-siglo/mujeres-para-siglo-remedios-varo-pintura/713446/

La entrega de Clarice Lispector


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Por fin, por fin mi envoltura se había roto realmente, y yo era ilimitado. Por no ser, yo era. Hasta el fin de aquello que no era, era. Lo que no soy, soy. Todo estará en mí si no soy; pues “yo” es solamente uno de los espasmos instantáneos del mundo. Mi vida no tiene un sentido solamente humano, es mucho mayor, es tan grande, que, en relación con lo humano, no tiene sentido. De la organización general que era mayor que yo, hasta entonces no había distinguido los fragmentos. Mas ahora, yo era mucho menos que humana, y sólo realizaría mi destino específicamente humano si me entregaba, como me estaba entregando, a lo que ya no era yo, a lo que ya era inhumano.

Y entregándome con la confianza de pertenecer a lo desconocido. Pues sólo puedo rezar a lo que no conozco. Y sólo puedo amar la evidencia desconocida de las cosas, y sólo puedo unirme a lo que desconozco. Solo ésta es una entrega real.

Y tal entrega es la única superación que no me excluye. Yo era ahora tan grande que no me veía. Tan grande como un paisaje lejano. Me hallaba lejana, pero perceptible en mis más últimas montañas y en mis más remotos ríos: la actualidad simultánea no me asustaba ya, y en mi más última extremidad podía por fin sonreír sin ni siquiera sonreír. Por fin me extendía más allá de mi sensibilidad.

El mundo no dependía de mí; ésta era la confianza a que había llegado: el mundo no dependía de mí, y no comprendo lo que digo, ¡nunca! Nunca más comprenderé lo que diga. Pues, ¿cómo podré hablar sin que la palabra mienta por mí? ¿Cómo podré decir, sino tímidamente: la vida me es? La vida me es, y no comprendo lo que digo. Y entonces adoro…

Clarice Lispector, La pasión según G. H. Siruela, 2013

La mente es la siempre hambrienta. Entrevista con Chantal Maillard

chantalmaillard   La mujer de pie

Entrevista: Esther Peñas. Foto: Ana Cruz Oswaldo


Hay lecturas de las que uno no sale indemne. Lecturas que modifican el ángulo. Que dejan traza. Lecturas después de las cuales uno ya no es (el mismo) para ser (un tanto otro). ‘La mujer de pie’ (Galaxia Guterberg), por ejemplo, un texto que no es poesía, no es ensayo, no es novela. Es una escucha. Una voz que exige interlocutor y que se convierte, en cierto modo, en diálogo intersubjetivo. Es una reflexión sostenida llena de hilos y de husos, que sugiere, apunta, propone, insinúa. Uno no va solo por entre estas páginas hipnóticas, uno se siente acompañado a cada palabra. Su autora, Chantal Maillard (Bruselas, 1951) vuelve a conseguirlo: e-mocionar, con-mover, per-turbar, des-colocar. Ya lo advierte. Ella escribe “para que el agua envenenada pueda beberse”.


“No poder sentarse. Quedar de pie, lo justo. Herido en la base. Cuerpo sin sujeción”. La mujer de pie, ¿qué perspectiva adquiere sobre la vida?
La mujer de pie es alguien que no puede sentarse. Imagine. ¿Lo siente? No puede. Nadie se duele en cuerpo ajeno. Por eso la mujer de pie ha de ser un ejercicio de imaginación: usted es alguien que no puede sentarse. Detrás del visillo que vemos moverse en cualquier ventana puede haber un cuerpo malherido, mutilado, discapacitado o simplemente envejecido. Usted es ese cuerpo. Imagine.

Cuando uno está en el límite, como quien oye/escucha en la primera parte del libro, ¿ese límite distorsiona lo que se oye o, por el contrario, nos aclara y aporta nitidez?
En un capítulo de libro se habla de un fenómeno acústico bastante común, ese sonido agudo que muchos oímos cuando el silencio es grande. Los científicos (a quienes les gusta hablar de “síntomas” porque el síntoma lo es siempre de una enfermedad y a los científicos les gustan las enfermedades) le han dado el nombre de tinnitus. Puede que hubiésemos tenido siempre ese sonido en el oído, dicen, sin que lo oyésemos, hasta que de repente reparamos en él. El caso es que cuando reparamos en él es muy difícil dejar de oírlo. Pues bien, algo parecido ocurre con el discurso mental. Siempre está ahí, no para, pero no nos percatamos de él por la sencilla razón de que nos identificamos con lo que dice, creemos que nosotros somos quien habla. Pero no es así. Y si de repente tomamos distancia y lo oímos, ya está, no podemos dejar de oírlo.
Para situarse en el límite y no perder el equilibrio es preciso haberse distanciado del ruido mental.

“La palabra con la que definimos a una persona no es solo una palabra, sino a la vez el centro y el punto de fuga de un haz de relaciones”. ¿Con qué palabra se encuentra usted más usted, más en síntesis de sí misma?
Si me identificase con una palabra, ¿no entraría en contradicción con lo que cita? No somos, sucedemos. Y si bien una palabra es un punto y todo punto permite una cierta detención, nosotros somos aquello que se fuga, apenas una trayectoria que se modifica al contacto con otras.  El “sí mismo” es una solidificación, un nódulo de repeticiones.

Desembarazarse del ‘yo’. Una preocupación constante en sus escritos pero, ¿es posible observarse desde una conciencia despojada por completo del yo? ¿Sería sano? ¿Acaso una porción del yo no nos permite vivir?
Definamos. Llamemos yo a esas solidificaciones a las que me refería antes: ideologías, creencias, opiniones, sistemas de todo tipo. La araña-mente los construye, los adopta o, por lo general, los hereda. A partir de allí, sigue tejiendo, individual y colectivamente, y reforzando su tela allí donde advierte cualquier desgarro.
¿Que si es sano despojarse del yo? Considere: sin la identificación con el discurso mental, sin esa firme creencia en la individualidad y sus cápsulas diferenciales (personal, familiar, grupal, tribal, racial, humana, etc.) probablemente nos habríamos ahorrado las colonizaciones, las cruzadas, las guerras, la destrucción del ecosistema del que formamos parte, etc… La supervivencia de la propia especie en el reino animal nunca se hizo en detrimento de las demás especies.
La ética -y la política- aplicada empieza por el conocimiento de uno mismo. De lo contrario, seguiremos construyendo sobre aguas residuales. Un sistema ético y político acorde con estos tiempos tendrá en cuenta no las raíces ni los puntos de apoyo sino la complejidad del rizoma que formamos entre todos y su continua transformación, y esto requiere que quienes lo dicten hayan saneado el terreno de la propia conciencia.

“Todo lo que se mueve nos atrae”. ¿Quizás porque la quietud nos evoca la muerte y eso nos aterra?
Quizás. La vida es movimiento, sin duda. Pero a la mente le atrae sobre todo porque necesita alimentarse. Ella es la siempre hambrienta. Si enfoca un punto fijo se inquieta, se pone nerviosa, y termina enfocando cualquier cosa que se mueva.

Cuando uno “se sitúa en la intemperie”, ¿qué gana y qué pierde, respecto de los demás y para consigo mismo?
Situarse a la intemperie significa optar por hablar en primera persona, con la responsabilidad que esto implica. Se gana en honestidad.

¿Cuál es la linde que separa el ‘yo’ del ‘mi’?
El mí es una acumulación de gestos habituales (mentales, físicos, emocionales), pliegues que vuelven a plegarse una y otra vez sobre sí mismos. El yo es la creencia añadida de que detrás o debajo de esa acumulación hay alguien. “Escuchad: no somos”, dice la mujer de pie. “No hay nadie tras los pliegues”.

¿Es posible la disolución de quien escribe en lo escrito?
Permítame responder a esto con el fragmento de un poema de Hilos, pues no sabría explicarlo mejor: “Disolver, alguien dice. Disolver / el mí. –¿Quién disuelve? / Un disolver, tal vez. ¿En el decir? / El decir es el método”.

“El deseo es guía; la creencia, territorio”. ¿Es un binomio que parece exigirse el uno al otro. ¿En qué creer en un mundo sustentado en la apariencia?
¿Hay acaso alguna diferencia entre apariencia y realidad? ¿Podemos percibir el mundo de otra manera que mediante nuestros órganos de percepción y nuestra mente? Real… ¿qué es real? Wittgenstein decía que creemos ver el mundo pero que lo que vemos en realidad no es sino el marco de la ventana por la que miramos. Nada más cierto. A efectos prácticos, saberlo no sirve de nada, pero aún así es importante.

“El abajo no es inconsciente, es simplemente inconmensurable (…) La voz de abajo es el poema.” El abajo, ¿nos conforma de un modo más auténtico que la superficie?
La autenticidad, como la verdad, es un término comparativo. Si no hay falsedad, no hay autenticidad. No creo que esta dicotomía pueda aplicarse aquí. El abajo, la superficie, el antes o el fuera describen estados que resultan de distintas frecuencias vibratorias. La percepción del tiempo es diferente según la mente se aquiete o se acelere. En el abajo el tiempo se dilata, puede llegar a ser infinito. Lo que ocurre allí entonces es incomunicable. Si la voz del abajo es el poema es porque sólo el poema es capaz de aprehender lo inabarcable. La desaparición, por ejemplo.

“No está descrito, dice el científico. No está descrito, luego no ocurre”. ¿Qué lugar ocupa lo sagrado, el presagio, lo incomprensible en nuestra sociedad?
Lo que el sistema no neutraliza, lo margina, sencillamente. O le otorga el carné de inexistencia. Lo que no entiende la mente-araña sistémica es que todo, en este mundo, es absolutamente incomprensible, además de absurdo.

Sin los mitos que le han configurado a través de los siglos, ¿el hombre  moderno tiene futuro?
Parece que el ser humano no puede vivir sin algún mito que le explique los comienzos. Esto no sería un problema si no se equivocase de mito. Hemos elegido aquellos que fomentan la discordia. El futuro que deparan es, obviamente, el presente que estamos viviendo.

¿Qué sucede si uno, como recomienda la última línea del libro –libro como panóptico del sentir-, da un paso hacia las sombras?
Habrá que preguntárselo a la mujer de pie.

 

Vídeo de la presentación de La mujer de pie en La Central de Barcelona

El miércoles 16 de septiembre, Chantal Maillard, acompañada del director de Galaxia Gutenberg, Joan Tarrida, y del filósofo Miguel Morey, presentó su último libro La mujer de pie. Más que asistir a una presentación ad hoc, celebramos un acontecimiento. Sólo remarcaré que fue un placer oír la atinada introducción de Miguel Morey que resultó ser una valiosa guía para acceder a la multidimensionalidad de los planos y capas que configuran este libro inclasificable que es La mujer de pie. Luego quedó vibrar, oscilar, en aquellas brechas y fisuras que la intensa voz de Chantal Maillard iba abriendo, ahuecando, desfondando, cauterizando, modulando adentro y en derredor de todos los ahí presentes… Agradecidos y agradecidas estamos, siempre.

Filmación y edición de nuestra compañera Dulce Rosas.

In Memoriam Chantal Akerman

Chantal Akerman

Su llama se apagó. La cineasta belga se suicidó el 5 de octubre en Paris, tenía 65 años. Todavía estoy bajo el shock de la noticia…

Una realizadora radical, tensa como un arco, que a lo largo de su trayectoria rehuyó las normas narrativas y los encasillamientos fáciles, haciendo porosa la frontera entre documental y ficción. Sus películas hibridan lenguajes divergentes, articulan múltiples estratos/sustratos, tantean ese borde inasible entre el afuera y el adentro, sus fotogramas anidan en espacios o escenarios clausurados, introvertidos, abriendo sin embargo (¡O paradoja!) múltiples cauces que desbordan sobre la alteridad del mundo, del tú, del mí (es inevitable el guiño con otra belga de nacimiento, otra Chantal, otra, Maillard, con la que encontraríamos unos cuantos hilos comunes, un ritmo, hilvanando lo deshilvanado… deshilachando lo hilvanado… la misma intensidad, el mismo escalpelo… aunque en Ch. M. alberga una extraña… serenidad… a pesar de… que… todo…  …  ..  .  .  . )

La cineasta describe, dice y muestra, la alienación femenina, la alienación en la vida cotidiana, en la sexualidad, en la política, la alienación tout court

De momento, sólo compartir Ch. Ak.

http://www.slate.fr/story/107905/chantal-akerman-mort

http://next.liberation.fr/culture-next/2015/10/06/chantal-akerman-faisait-des-films-avec-sa-chair-sa-peau-sa-vie_1398256?utm_campaign=Echobox&utm_medium=Social&utm_source=Facebook

http://www.filmaffinity.com/es/search.php?stype=director&stext=Chantal+Akerman

https://es.wikipedia.org/wiki/Chantal_Akerman

Carnets, quaderns, libretas, notebooks, cahiers… El poso, el humus


Carnets


Repito a menudo que una de las herramientas imprescindible en nuestro taller es un diario de abordo, un cuaderno, una libreta, un cahier, un notebook… Un cuenco en el que recoger aquello que sentimos, vemos, percibimos, oímos, recordamos, pensamos en nuestro viaje intro-exploratorio por los cuentos, y donde consignar nuestras trayectorias, dibujar perfiles y relieves, y dejar constancia de los pasajes efectuados, de los umbrales cruzados, de los obstáculos desafiantes y de las sombras entrevistas.

Una de las razones que más me seduce al trabajar con un cuaderno, es su in-acabamiento, su im-perfección, su carácter de work in progress. En el cuaderno nada está concluido, todo está en movimiento, haciéndose. En él consignamos aquel detalle que pone en marcha la progresión gradual sea de una acción sea de una observación que está teniendo lugar en ese momento concreto, un gesto, insignificante, naciente…

El filósofo francés, Maurice Merleau-Ponty, utilizaba la palabra “inchoatif”, incoativo, para referirse a lo que estaba en estado inicial, en proceso. Hablaba del aspecto incoativo de la fenomenología, refiriéndose a su estado de inacabamiento. Paul Ricoeur decía: “Soy una conciencia incoativa que todavía no ha adoptado su esfera de responsabilidad”. Conciencia en ciernes.

Cuando trabajo en mi cuaderno trabajo con lo incoativo, anoto cualquier cosa, aun insignificante, de ese pensar naciente, esbozándose. Trayectorias de la conciencia. Cuaderno-humus, poso de lo incoativo.

Trabajar con/en un cuaderno es para muchas de nosotras un acto de escritura-refugio, el cuaderno se hace templo donde, ante la dispersión de las voces, recogernos.

A modo de invocación,  estos fragmentos de los cuadernos de Chantal Maillard, porque para ella el cuaderno es casa, el cuaderno-hogar es a donde siempre vuelve:

“Recurro al cuaderno como se vuelve al hogar” escribe en Bélgica (p. 129)

o

“Vuelvo a mí. Cada vez que abro el cuaderno de notas, vuelvo a mí. Vuelvo a mí en la escritura, o antes aun, en la tensión que dispone a la escritura. ¿Qué soy, quién soy antes y después del cuaderno? ¿Qué soy, dónde estoy cuando no me escribo? Puede decirse que el cuaderno me está creando, está haciendo de aquel mí disperso el yo que se interroga acerca de sí mismo”, en Filosofía en los días críticos (p. 45: frag. 60)