Frida, una revista mensual de la tribu

Muy recomendable!

Carmen G. de la Cueva (Sevilla, 1986). Licenciada en Periodismo y Máster en Literatura General y Comparada. Ha vivido en Alemania, México, Praga y Londres. Colabora con diversos medios de comunicación como Gonzoo o Ahora Semanal. Dirige la web sobre literatura y feminismo La tribu de Frida www.latribudefrida.com y la Revista Blusa www.revistablusa.com. Y prepara un ensayo sobre el feminismo de próxima publicación en Sílex Ediciones.

http://fridarevista.weebly.com

El animal perdido en mí. Chantal Maillard

 

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Dijo Chuang tse: “Procura que lo humano no destruya lo celestial que hay en ti; procura que lo intencional no destruya lo necesario”. Lo celestial era, para Chuang Tse, esa capacidad que tiene todo ser de actuar de forma espontánea y natural, sin necesidad de someter a juicio sus movimientos. La que, por ejemplo, hace que el ciempiés pueda caminar sin tener que pensar qué pata adelantará primero. Cuando se trata de un animal, a esa capacidad la llamamos instinto, cuando de un ser humano, intuición. Cuánto menosprecio en estos términos con los que designamos lo que escapa a nuestra envanecida inteligencia. La mente (la diferenciadora) y la razón (la que ordena las diferencias) separan unas frutas de las otras y las disponen en cestos distintos para luego venderlas y sacar beneficio. Pero lo que hace crecer una manzana, el misterioso impulso de la igualmente malentendida “naturaleza” que hace brotar de la semilla la fruta que nos sustenta, esa fuerza, esa magia que a todos nos sostiene, ¿acaso logran entenderla?

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“Una marioneta nunca se andaría con melindres” escribía Heinrich von Kleist en un opúsculo sobre el teatro de marionetas. Entendía que la afectación aparece “cuando el alma (la vis motrix) se sitúa en algún punto distinto del centro de gravedad del movimiento”. Cuando la conciencia, que habría de integrarse y perderse en el movimiento, se retira y enfoca al cuerpo que se mueve, se produce un desdoblamiento: algo que de sí retrocede y de lejos atiende a aquello que se mueve, que se sigue moviendo, aunque ya “sin alma”.

Es propio de la razón pretender tomar las riendas de los actos, dirigirlos. Al hacerlo, a menudo obstaculiza el movimiento que sin su intervención se realizaría con justeza. La torpeza adviene cuando la voluntad se empeña en realizar tareas de las que la naturaleza saldría airosa sin su concurso.

El oso del relato de Kleist, además de parar todos los lances de un buen espadachín, no se dejaba engañar por las fintas; tan sólo atendía a los empeños cuya intención era dar en el blanco. Para convertir la técnica en arte, el espadachín ha de olvidar la técnica después de haberla aprendido: el artificio ha de tornarse natural; el oso no necesita dar ese rodeo. Atento a la intención, atento a la auténtica voluntad del otro y no al gesto fingido, lejos de ser una marioneta, el animal acierta. Su atención sin doblez, sin re-flexión, no desvía ni desdobla la energía que ha de estar toda entera al servicio de la acción. La “gracia” del animal, como denominaba Kleist a esta capacidad, es una integridad.

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“Amaestrar” se dice en francés élever, que literalmente significa “elevar”. El verbo también se utiliza en el sentido de “educar”. Al educar a un niño se le eleva a la condición de adulto, de la misma manera que al amaestrar a un oso se le eleva a la condición humana. Los fines ciertamente difieren (enorgullecerse del primero, burlarse del segundo), pero en ambos casos se trata de elevar al que se supone inferior haciéndole adoptar saberes o maneras de quienes se creen superiores. ¡Qué no pudiesen esos maestros elevarse al saber de las bestias y reconocer la poca valía de sus propios saberes!

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Existe una conciencia ajena tanto a la voluntad como al razonamiento que, aun oscurecida por la conciencia común, vigila. Es aquella que sabe más que tú, que te despierta del sueño si se lo pides, o te avisa en caso de peligro. No es el grillo del cuento, no es moral, no te reprende, acusa o atormenta cuando no coinciden tus actos con las normas inculcadas. Aconseja. No pongas allí las llaves, advierte la voz, endeble, inmediatamente acallada, obviada por la mente demasiado ocupada en sus quehaceres. Al día siguiente, las llaves se han perdido. ¡Si es que lo sabía!, te dices con enojo. ¿Quién o qué lo sabía? Algo de ti te avisó, claramente. Algo que sabe más que tú, que yo, ese yo ciego siempre ocupado en tareas importantes, incapaz de atender, de oír, incapaz de humildad. Algo que, al no estar entorpecido por la voluntad y el ansia, a lo mejor simplemente baraja los datos de manera más ágil. Tan irrisorios los cálculos a los que la razón alcanza.

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Dar con la palabra adecuada en el discurso siempre me ha parecido una proeza. Cuando ocurre y sale, fácil, de mi boca, nunca me atribuyo tal hazaña. Es “ello” lo que lo hace posible, justo allí, en el momento en que dejo de intentar dirigir el proceso. Ahora, al observar mis gestos: aquel, por ejemplo, con el que respondo al saludo de alguien, aquel que guía mi mano mientras escribo, aquel con que evito un obstáculo mientras camino, todos esos gestos “mecánicos”, “aprendidos”, “instintivos”, se me antojan de la misma naturaleza que aquellos aciertos discursivos. Ello es lo que procura la corrección del acto. Y a donde no acude, indefectiblemente, fallo.

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El ser humano, escribió Michel de Montaigne “se atribuye cualidades divinas, se elige a sí mismo y se separa de la multitud de las demás criaturas, divide las raciones para los animales, sus congéneres y compañeros, y les reparte la posesión de facultades y de fuerzas que a él le parece. ¿Cómo conoce, mediante el esfuerzo de su inteligencia, los movimientos internos y secretos de los animales? ¿De qué comparación entre él y nosotros deduce la necesidad que les atribuye?”

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Cicerón coincidía con Platón en la idea de que lo que diferencia a los humanos del resto de los seres vivos es la memoria, una memoria infinita. Hay en todos los seres, en efecto, una memoria infinita que conserva el recuerdo, la huella, de las primeras moléculas que formaron las galaxias. Todos los estados de la materia están presentes en el código de cada ser que vive. Y no, no es ella la que nos diferencia de las demás especies. Ningún infinito nos distingue, sino esa costumbre estéril que tiene lo mental de adherirse a sí mismo invitándonos a contemplar una y otra vez su personal historia, con la que teje sobre el Antes la red tupida del olvido. Homo sapiens obliviosus es la fórmula con la que nos define Michel Serres.

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Cuánta literatura empeñada en adornar los impulsos que, no obstante, compartimos con el resto de los seres. Cuánta necesidad de creer que nuestra voluntad es lo que guía nuestros actos. Hablamos de sentimientos para dignificar en nosotros las pulsiones que en el animal consideramos instinto. ¿Por qué no dignificar al animal, su inocencia al seguir sus impulsos, la destreza del gesto no interferido por el juicio? Dignifiquemos la naturaleza, si es que necesitamos que algo sea digno. El juicio y el razonamiento no son sino la habilidad defensiva que el más desvalido de los seres adquirió en el periplo; y la autoconciencia, una desdichada consecuencia de su extralimitación.

En cuanto a la vida: el ciclo del hambre y su tormento, no habrá conciencia libre que ante ella no sea presa de la más honda indignación.

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En la mano, el animal que llevo dentro. Sin segundas intenciones, inmediato, confiado, brutal si llega el caso, pero tierno, amable siempre incluso cuando muerde. El animal está en la mano. La mano que me dice antes que yo. Terminación del gesto y del aliento que prolonga mi cuerpo todo entero, me prolonga. En unas ocasiones apoya el decir y lo despliega; en otras mitiga su gravedad. La mano es mi animal interior.

Chantal Maillard. La mujer de pie. Ed. Galaxia Gutenberg, 2015

Photo: © N. Nikita


 

 

H. D. Thoreau: el río de las contemplaciones

Viñeta del dibujante A.Dan en el Libro-Comic sobre Henry David Thoreau

En este artículo se comentan los siguientes libros de Henry David Thoreau: “Musketaquid”, traducido por Miguel Ros González y publicado por Errata Naturae; “El Diario”, traducido por Ernesto Estrella para Capitán Swing; “Thoreau. Biografía esencial”, de Antonio Casado da Rocha (Acuarela & A. Machado) y “La vida sublime”, cómic con textos de Maximilien Le Roy e ilustraciones de A. Dan. Ha sido publicado por Impedimenta.

Las viñetas que ilustran este texto pertenecen al libro “La vida sublime”.

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Por Emma Rodríguez. En este enlace encontraréis el artículo completo: http://lecturassumergidas.com/2014/03/28/el-rio-de-las-contemplaciones-henry-david-thoreau-ii_/

“De nuevo quise volver a Thoreau y hacerlo como la primera vez, totalmente libre de ideas preconcebidas. De nuevo quise recobrar el asombro de antaño ante una obra pródiga en deslumbramientos. Si me dieran la oportunidad de viajar en el tiempo, de visitar una época, un lugar, no lo dudaría: Concord (Massachusetts) en los tiempos que allí vivió el autor de “Walden”, a mediados del siglo XIX. Si un geniecillo salido de una lámpara mágica me diese la oportunidad de pedir un deseo, ese deseo sería poder realizar un paseo por el río en su compañía, charlando sobre los peces y los pájaros, sobre las inconsistencias de las cosas del mundo y ese prodigio del mero hecho de existir que tanto nos suele pasar desapercibido.

Henry David Thoreau es un río en sí mismo, un río caudaloso, imposible  de domesticar. Son tantos los trechos a los que conduce, son tantos los secretos que guardan sus aguas, serenas unas veces, agitadas otras, que no nos cansamos de seguir su curso, confiados en encontrar esos incomparables destellos de verdad, esa energía necesaria para enfrentarnos a unos tiempos tan fronterizos, tan turbulentos, como los que él vivió. Muy presente la imagen del hombre solitario en su cabaña en el bosque que protagoniza el célebre “Walden”, muy cerca de la actitud rebelde de quien no se sometió a las reglas de la sociedad de su tiempo y alentó la “Desobediencia Civil”, título de una obra que hoy sirve de brújula a ciudadanos desesperanzados y escandaliza a políticos que cierran los ojos ante el dolor ajeno, me dispuse a abrir otras rutas, a acercarme a recodos para mí aún inexplorados.

 Atenta a los reflejos que las aguas del río me iban devolviendo, me fui encontrando con todos los posibles Thoreau. Saludé al amante de la naturaleza y precursor de los movimientos ecologistas y también al pionero del activismo, que no dudó en negarse a pagar impuestos y defendió a los esclavos del yugo de sus amos, pero, sobre todo, pude observar más de cerca al hombre despegado de su leyenda, y al poeta.

Viñeta del dibujante A.Dan en el Libro-Comic sobre Henry David Thoreau

 El punto de partida no podía ser otro que “Musketaquid”, la bellísima narración que acaba de publicar por primera vez en nuestro país Errata Naturae y que da cuenta del viaje que Thoreau emprendió en compañía de su hermano John siguiendo las corrientes de los ríos Concord y Merrimack. Fue ese apasionante paseo en barca el que me llevó a querer saber más y me abrió las puertas al imprescindible “Diario” de este hombre múltiple, compilación realizada por Capitán Swing, y a la deliciosa “Biografía esencial” de Antonio Casado da Rocha (Acuarela & Antonio Machado). Todo ello acompañado de “La vida sublime”, un fabuloso cómic, con textos de Maximilien Le Roy y dibujos de A. Dan, que Impedimenta ha puesto en las librerías y que es una oportunidad magnífica para iniciarse en Thoreau, para acercarse a sus claves, para contagiar a los más jóvenes su amor a la naturaleza y su saludable negativa a aceptar las injusticias y a obrar dignamente en cada momento, aceptando las propias contradicciones y huyendo de las mentiras institucionalizadas. […]

Si algo llama la atención desde un principio en “Musketaquid”, denominación que los pobladores indios dieron al río Concord y que alude a su cualidad “herbosa”, es la poesía que emana de sus páginas, esa capacidad del viajero Thoreau para buscar los significados ocultos tras la hojarasca de la vida, algo también perceptible en “Walden”, que llegó después y que sin duda bebe de los descubrimientos de esta primera incursión. En manos de Thoreau el lenguaje se aclara, se vuelve agua, se confunde con la corriente del río que lo lleva. Y de las manos, de lo que toca, al corazón que siente y a la mente que va desplegando los frutos de su discernimiento. “¿Quién escucha a los peces cuando lloran?” se pregunta el Thoreau poeta, invitándonos a despertar nuestros sentidos aletargados y a disfrutar de las maravillas del entorno. […]

Thoreau reconoce el anhelo de su naturaleza “hacia todo lo salvaje”, se pregunta qué tiene él que ver con los arados y sigue argumentando: “La jardinería es cívica y social, pero carece de la libertad del bosque y el forajido (…) Hablamos de civilizar al indio, pero ésa no es la palabra que le conviene. A través de la independencia cautelosa y la discreción para la vida en los bosques, conserva su relación con sus dioses originales, y de cuando en cuando se le permite establecer una relación excepcional y peculiar con la Naturaleza. Parece beneficiarse de una protección de los astros desconocida en nuestros salones”.

Viñeta del dibujante A.Dan en el Libro-Comic sobre Henry David Thoreau

 Hay motivos de sobra para admirar a Thoreau: su filosofía, su originalidad, sus experiencias, su compromiso con los conflictos de su tiempo, su desprecio de los pretenciosos, de los sumisos, de los que anteponen el tener al ser. Y también: su espíritu contemplativo y a la vez combativo, el ímpetu de una obra de fuerte carga espiritual y literaria, sin dejar de lado el combate, sin temor a inmiscuirse -cuando tocaba- en los agrios asuntos de la política. “Resulta que no quiero que se me asocie con Massachusetts, ni con la posesión de esclavos, ni con la guerra de México”, dejó dicho.

Hay en este naturalista, agrimensor, hacedor de lápices en el negocio familiar, conferenciante, amante de la soledad, pero también de la buena conversación, rico en saberes y convencidamente pobre en posesiones, un gran conocimiento de los mitos, de los poetas y pensadores clásicos. Hay en él una profunda identificación con las creencias y filosofías orientales.”Aquellos sabios orientales pasaron infinidad de años y edades divinas contemplando a Brahma, pronunciando en silencio el místico “Om”, siendo absorbidos en la esencia del Ser Supremo, sin salir nunca de ellos mismos, sino adentrándose más allá y con más profundidad en su interior…”, sigo sus palabras. “La filosofía oriental se acerca sin problemas a temas más elevados que aquellos a los que aspira la moderna”, dice en otro momento, valorando el arte de la paciencia y de la contemplación.

Viñeta del dibujante A.Dan en el Libro-Comic sobre Henry David Thoreau

“A fin de cuentas, ¿en qué consiste el carácter práctico de la vida? Las cosas que hay que hacer de manera inmediata son harto triviales, y podría posponerlas todas para oír cantar a este grillo. El hecho más glorioso de mi experiencia no es algo que he realizado o que deseo poder hacer, sino un pensamiento, una visión o un sueño efímero que he tenido. Cambiaría toda la riqueza del mundo, y todas las gestas de los héroes, por una sola visión verdadera. Pero, ¿cómo puedo yo, fabricante de lápices en la tierra, comunicarme con los dioses sin convertirme en un loco?”, decido guardarme, tener muy presente este mensaje que llega a mí a través del cauce de un río subterráneo, misterioso. […]

Leer sus anotaciones en el transcurso de los días produce en mí un efecto benefactor, desintoxicante. A través de la mirada fresca, de las palabras transparentes de Thoreau, puedo trasladarme a otros paisajes, abandonar la ciudad convulsa, llenarme los pulmones de aire fresco. Este volumen, tan intenso, tan lleno de las verdades que su autor se fue encontrando en el camino de la vida, es una compañía a la que sé que voy a recurrir con frecuencia. “Todo en la naturaleza nos enseña que la extinción de una vida es lo que abre espacio para la aparición de otra”, subrayo estas líneas, esta esclarecedora explicación sobre lo que muere y renace.

Estos apuntes, impresiones, comentarios, referencias, destellos de poesía, son, en cierto modo, el pozo del que el escritor extrajo el agua que riega toda su obra. La veneración por los indios, desarrollada en “A week” -“Musketaquid”- está aquí. “Más allá de los poetas perseverantes, el indio ha sido del todo olvidado”, apunta. “Le tengo bastante simpatía al indio y a los cazadores. Me parecen gente distinta y del todo respetable, nacidos para deambular y cazar, no para ser inoculados con el crepúsculo de civilización del hombre blanco”. […]

Viñeta del dibujante A.Dan en el Libro-Comic sobre Henry David Thoreau

“El Diario” se puede leer de una tirada, en distintas jornadas, pero también es una de esas entregas que se prestan a que abramos sus hojas cada día al azar, a ver qué nos encontramos. Pruebo a hacerlo, a detenerme en cada una de las piezas que me salen al paso. […]

 “Una ola de felicidad fluye sobre nosotros como sol sobre un campo”, anotó Thoreau el 7 de agosto de mediados del siglo XIX y ahora, casi dos siglos después, llega a mí como recién nacido. Sus apuntes, reflexivos muchas veces, impresionistas o trazados en ocasiones a la manera de aforismos, funcionan como pequeñas lecciones para afrontar el día a día, para sentir el paso del tiempo sin aspavientos, con la mirada serena.

“Me siento dichoso. Me encanta mi vida. Mi calidez se extiende a toda la naturaleza alrededor”, dice en otro momento en el que percibe haber sido premiado por los dioses “por saber esperar la llegada de horas mejores”. Thoreau habla de sus emociones, de sus estados de ánimo, de su yo, pero también se dirige en numerosas ocasiones al nosotros. Nos dice que “por lo común, no vivimos nuestras vidas con plenitud”, que “no llenamos de sangre todos nuestros poros”, que “no inspiramos y expiramos lo suficientemente a fondo, como para que la ola -grande o pequeña- de cada inspiración ruede hasta que se encuentra con la arena que nos limita, rompiendo contra nuestras costas más lejanas y devolviéndonos el sonido del oleaje”. “¿Por qué no nos abandonamos a la inundación, abriendo las compuertas, poniendo todas nuestras ruedas en movimiento?, nos pregunta. Probemos a hacerlo. Sintámonos dichosos con Thoreau. Abramos la ventana para que penetre el aire fresco, renovador, de la vida que no renuncia a expandirse.

Louise Bourgeois: “He estado en el infierno y he vuelto”

 

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Louise Bourgeois nació en París en 1911, en el seno de una familia acomodada que regentaba un taller de restauración de tapices medievales y renacentistas. En 1938 parte hacia Estados Unidos, en donde residirá el resto de su vida. Miembro del American Abstract Artists Group, obtuvo el reconocimiento de la crítica y el éxito comercial tras la retrospectiva que le organizó el MoMA en 1982, habiendo cumplido ya los setenta y un años. Su producción, original y compleja a la vez que diversa y fascinante, aborda la memoria, la sexualidad, la maternidad, las relaciones humanas y la búsqueda de equilibrio.

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La carrera de Louise Bourgeois presenta una serie de coincidencias con la de Pablo Picasso: ambos crearon la mayor parte de su obra en otro país; la innovación y la experimentación es una constante en sus longevas trayectorias; y la obra de ambos es una referencia ineludible para las generaciones de artistas posteriores.

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“LA ESCULTURA ES EL CUERPO, MI CUERPO ES LA ESCULTURA“ L.B.

Escultura, dibujo, pintura, instalación, la artista abordó todos los géneros, creando una obra autobiográfica singular, lírica y radical. Bourgeois concibió esculturas en diversos formatos, creó sugerentes dibujos y grabados, y construyó inquietantes instalaciones. En un mundo en el que la mujer ha estado considerada como artista de segunda categoría, su obra ha asumido una emblemática presencia hasta el punto de estar considerada como la mujer artista más importante de nuestro tiempo.

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A partir de sus figuras esculpidas en madera en los años 40, Louise Bourgeois experimentó con la representación de fragmentos del cuerpo humano. Pero serán sus famosas arañas de bronce las que le harán mundialmente célebre, por lo que para la ocasión se ha instalado en el Museo Picasso Málaga la escultura Araña (1996), de casi 8 metros de diámetro y más de 3 metros de altura. La artista representó así a su madre: como una enorme arácnida, paciente, protectora e incansable tejedora, en directa alusión al oficio que ésta desempeñó en el taller familiar de restauración de tapices.

Louise Bourgeois 10 AM Is When You Come to Me, (detail), 2006 Etching, watercolor, pencil and gouache on paper, 20 pages Etsning, akvarell, blyerts och gouache på papper, 20 sidor Collection The Easton Foundation Photo: Christopher Burke, ©The Easton Foundation/Licensed by BUS 2015
Louise Bourgeois
10 AM Is When You Come to Me, (detail), 2006
Etching, watercolor, pencil and gouache on paper, 20 pages
Etsning, akvarell, blyerts och gouache på papper, 20 sidor
Collection The Easton Foundation Photo: Christopher Burke, ©The Easton Foundation/Licensed by BUS 2015

“HE ESTADO EN EL INFIERNO Y HE VUELTO. Y PERMÍTEME DECIRTE, FUE MARAVILLOSO” L.B.
Esta retrospectiva en el Museo Picasso Málaga muestra 101 obras de Louise Bourgeois, realizadas entre la década de los años 40 y 2009.  Cuarenta y seis esculturas de bronce, tejido, látex y aluminio, una celda y una pintura se exponen junto a cincuenta y tres obras en papel y textiles, muchas de ellas de gran formato o realizadas en series. Dividida en nueve secciones – La fugitiva, Soledad, Trauma, Fragilidad, Estudios naturales, Movimiento eterno, Relaciones, Dar y recibir y Equilibrio- la selección de obras de esta exposición engloba la complejidad de su trabajo.

Como antesala de la exposición, los visitantes podrán acceder a Louise Bourgeois: Photo Album, un recorrido por la vida de la artista a través de fotografías. Además, se proyecta el documental que Nigel Finch dirigió en 1994 para la BBC, `Louise Bourgeois: No Trespassing´, así como un audiovisual producido por el Museo Picasso Málaga con entrevistas a Jerry Gorovoy, presidente de la fundación Louise Bourgeois, The Easton Foundation, Nueva York; a la comisaria de la exposición, Iris Müller-Westermann; y al director artístico del Museo Picasso Málaga, José Lebrero Stals.

Comisariada por Iris Müller-Westermann y organizada con el Moderna Museet, esta retrospectiva aúna más de cien obras de arte realizadas a lo largo de siete décadas, un tercio de las cuales nunca antes ha sido expuesto.

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Tras Sophie Tauber-Arp. Caminos de vanguardia (octubre 2009-enero 2010) e Hilma af Klint. Pionera de la abstracción (octubre 2013-febrero 2014), el Museo Picasso Málaga aborda de nuevo una retrospectiva que pone en valor el trabajo artístico de la mujer en la historia del arte.

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http://www.museopicassomalaga.org/es/el-museo-picasso-malaga-presenta-la-exposicion-louise-bourgeois-he-estado-en-el-infierno-y-he-vuelto

 

La mujer de pie

Invitación Chantal


“La mujer de pie es alguien que no puede sentarse. No se trata de una novela, aunque bien podría haberlo sido. ¿Cuál es el límite entre un ensayo y un relato, entre unos apuntes biográficos y lo que denominamos Historia, entre realidad y ficción, entre lo que creemos y lo que creamos? Siempre hay una narración en lo que contamos.

En La mujer de pie hay personajes; éstos atraviesan el libro dejando entrever breves secuencias de su vida, diálogos entrecortados.

 La mujer de pie es una invitación a la escucha. Más allá del ruido mental y sus articulaciones, la mujer de pie entiende que el universo es expansión sonora y que procede por analogía, simultáneamente.

 La mujer de pie trata de nuestra compulsiva tendencia a identificar el proceso mental con la realidad de la que, suponemos, da cuenta.

  La mujer de pie es una reflexión sobre el movimiento –o más bien sobre la inmovilidad, la discontinuidad de la percepción y la fragmentariedad de la experiencia.

 La mujer de pie es también un recurso para aliviar el dolor de la carne, sus atrofias, sus limitaciones, sus discapacidades. Una estrategia para tomar distancia.

 La mujer de pie es un diario de observación. Un registro de las fluctuaciones del ánimo bajo la analgesia.

La mujer de pie es un ensayo sobre la naturaleza mental de los sentimientos, su impermanencia, y la inconsistencia de la idea del yo que las acompaña.

La mujer de pie es una reflexión acerca de cómo la noción del yo es clave para interpretar la historia de las naciones europeas.

La mujer de pie es el espacio estratégico en el que averiguar cómo intuir el mundo sin perder la verticalidad.

La mujer de pie es un escenario.

La mujer de pie es un escenario con una ventana desde la que mirar.

La mujer de pie es el alféizar de esa ventana. Un alféizar en el que apoyarse para contemplar el desierto. En realidad no lo hay, no hay desierto, es irreal. Pero sin él, ¿qué habría?”

Texto de presentación de Chantal Maillard 

Un bonus: lectura de Ch. Maillard de un poema de La herida en la lengua, Desprendimiento, en su presentación en La central el 2 de junio

Destruir los cuentos de hadas. Chantal Maillard

 

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¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo seguiremos creyéndonos princesas que esperan ser redimidas? ¿Hasta cuándo seguiremos ansiando el rescate? ¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que el orden, la altura y la riqueza son conceptos equivalentes que riman con los de belleza y felicidad? ¿Hasta cuándo negaremos la dispersión del jaos, la interpenetración de los opuestos, el juego sin fin, la dicha de lo híbrido? Es tiempo de destruir los cuentos de hadas; es tiempo de que hagamos que se desmoronen los castillos que nuestra cultura ha edificado. Es tiempo de romper las estatuas antes de que alguna nos aplaste al caer. Los sueños no son bellas ilusiones o esperanzas; los sueños son revelaciones, peldaños en los que habitamos, círculos dantescos; los sueños son lugares de la mente y del alma, ámbitos que cobijan las imágenes que creamos al ir viviendo. Es preciso estar atentos, poner cristales transparentes a las paredes de los sueños, ir descubriéndonos a través de ellos. Descubrir nuestras propias imágenes, las que nosotros creamos, no las que hemos heredado.

Contemos la historia nuevamente, contémosla en superficie, la historia como deslizamiento. Tal vez lleguemos a la princesa. Pero ella no está arriba, está dentro; ella es él siendo ella. Si el amor es capaz de salvar es porque renuncia a ser otra cosa que él mismo; es porque logra importarse más que cualquiera de los objetos amados. Para conservar el amor a menudo –o siempre– es preciso renunciar al objeto, pues el objeto, una vez obtenido, deja de ser la diana o el cebo donde el amor puede proyectarse. Por eso, un objeto imposible –el místico, por ejemplo, o el ídolo– es el medio más eficaz.

Las princesas, hoy, han dejado de esperar. Ellas son su propio príncipe. Han despertado mucho antes del día señalado y han montado el caballo que les lleva hacia el centro de sí mismas. Ellas son amazonas que, habiéndose cortado un pecho para mejor disparar, tensan el arco y apuntan a su propio corazón matando toda la manada de esperanzas. Ellas no necesitan esperar: devoran su propio fuego. Son el hermafrodita que se engalana para saludar la aurora que sale de su boca.

Chantal Maillard. Filosofía en los días críticos [frag. 265]. Pretextos

Ilustración: La princesa Mononoke, Hayao Miyazaki