Animaliz-arte: Miquel Barceló

Miquel Barceló © ADAGP, Paris, 2016 Photographie © BnF

Le Grand Verre de Terre | Vidre de meravelles
Miquel Barceló © ADAGP, Paris, 2016 Photographie © BnF


El 22 de marzo se inauguró a París, en la Bibliothèque nationale de France (BnF), Le grand verre de terre / Vidre de meravelles, la intervención efímera de Miquel Barceló, obra viva y cambiante. Un homenage que el pintor dedica a Ramon Llull en el séptimo centenario del filósofo mallorquín.  Este fresco monumental de 190 metros de largo por 6 metros de alto fue realizado in situ, el artista mallorquín dibujó rascando y arañando la arcilla seca sobre una de les cristaleras de vidrio del patio interior de la biblioteca.

Es arcilla sobre cristal, y la cosa es que el sol atravesando la cristalera proyecta imágenes en el suelo y sobre la gente (…), lo que me gusta es cómo la arcilla se vuelve pintura y luz en movimiento“, subrayó Barceló en el acto inaugural.

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La inauguración del Gran vidrio de tierra, Le Grand Verre de Terre (un guiño a la obra de Marcel Duchamp, “Le Grand Verre” o Vidre de Meravelles, en referencia a una de las creaciones mayores de Ramon Llull, el Llibre de Meravelles) irá acompañada de una exposición de los importantes manuscritos lulianos que conserva la BNF y de tres charlas. Una sobre Miquel Barceló y el grabado, un aspecto poco conocido en Francia del artista mallorquín, otra sobre Barceló y Llull y una tercera sobre su relación con las pinturas rupestres de la cueva de Chauvet, 16.000 años más antiguas que Altamira, que causaron un enorme impacto en Barceló. El pintor fue encargado de tutelar la reproducción de las pinturas de la gruta Chauvet en Pont d’Arc: 72 felinos, 66 mamuts, 65 rinocerontes, 40 caballos, 25 renos y ciervos, 20 cabras, 15 osos, 10 uros y 2 bueyes. La gruta –ha dicho Barceló– es como un taller del que el artista acaba de salir. “La técnica es extraordinaria. Como toda gran técnica, como Miguel Ángel o como Picasso, la técnica es al mismo tiempo sencilla y refinada. El artista de la cueva Chauvet trabajaba con carbones, preparando la pared, su giornata, como en la pintura al fresco. Los colores ocre y rojo los encontraba en los alrededores. Rascaba el contorno de la figura para que resaltara, como si se tratase de Tintoretto. El pintor de Chauvet preparó andamios, preparó sus colores, y preparó sus paredes. Detrás de las pinturas se notan los arañazos que hizo el oso de las cavernas. Y podemos afirmar que los primeros artistas fueron precisamente los osos de las cavernas. Fueron los osos de las cavernas los que inspiraron a los artistas”.

Inaugurado el 21 de marzo, y realizado en 15 días, el fresco será desmontado el 28 de agosto. ¡Un buen motivo para volver a Paris!

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Las fotografías (menos las dos primeras) son todas de Joan Navarro https://www.facebook.com/joan.navarro.52?pnref=story

http://www.lavanguardia.com/cultura/20160206/301941282340/un-gran-vidre-de-meravelles-en-paris.html

 

 

Lectura de Chantal Maillard. Inauguración de la Facultad de Poesía José Ángel Valente en Almería

Inauguración de la Facultad de Poesía José Ángel Valente, el pasado 10 de febrero. Durante los primeros 17 minutos, se presenta el nuevo proyecto de la Universidad de Almería y luego se da paso a la lectura de Chantal Maillard de sus libros “Hilos” y “La herida en la lengua”.

 

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Cuando la mujer abandona el trabajo y camina de vuelta a su casa, se da cuenta de que deja tras de sí un rastro desequilibrado.

Junto a la huella del zapato, en la tierra húmeda del camino, aparece una doble hendidura que se transforma en un surco, en un pequeño raíl de doble vía que de pronto se quiebra. Luego aparece de nuevo un espacio vacío, y vuelta a empezar: la huella del zapato y los surcos.

Sólo entonces se da cuenta de que cojea de la pierna izquierda y siente la tensión insoportable en la rodilla, bajo la cual, sustituyendo a la pantorrilla y al pie, aparece la pata de cabra, rematada en una pezuña.

Menchu Gutiérrez. araña, cisne, caballo. Siruela, 2014



Menchu Gutiérrez (Madrid, 1957) es novelista, traductora y poeta. De su amplia obra destacan los libros de poesía El ojo de Newton, La mano muerta cuenta el dinero de la vida o La mordedura blanca (Premio de Poesía Ricardo Molina 1989), Lo extraño, la raíz en la editorial Vaso Roto y el ensayo biográfico San Juan de la Cruz. En Siruela ha publicado Latente (2002), Disección de una tormenta (2005), Detrás de la boca (2007), La niebla, tres veces (2011), El faro por dentro (2011) y Decir la nieve (2011).

http://revistaparaleer.com/lee/preestreno/arana-cisne-caballo-de-menchu-gutierrez/

http://www.elcultural.com/noticias/buenos-dias/Menchu-Gutierrez/7125


 

Animaliz-arte: Kiki Smith

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Kiki SmithWearing the Skin2001Ink and pencil on paper, 72 1/4 x 88 inchesPhoto by Kerry Ryan McFateCourtesy PaceWildenstein, New Yorkwww.pacewildenstein.com
Kiki Smith, Wearing the Skin. 2001. Ink and pencil on paper, 72 1/4 x 88 inches. Photo by Kerry Ryan. Mc Fate Courtesy Pace Wildenstein, New York.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Jewel (set of three prints), 2004. Aquatint and etching on paper
Courtesy of Harlan & Weaver 

 

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Rapture, 2001. Bronze, 67 1/4 x 62 x 26 1/4 inches. Courtesy the artist and Pace Wildenstein, New York

 

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Born, 2002. Bronce

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Genevieva and the may wolf. Bronze, 2000


https://blogdelesllobes.wordpress.com/2014/08/20/kiki-smith/

 

T’ien, lo celestial; jen, lo humano. Chuang Tsé

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– Que veux-tu dire par le Ciel, par l’humain? demande le comte du Fleuve. Et le seigneur de la Mer du nord répond:

– Les chevaux et les buffles ont quatre pattes: voilà ce que j’appelle le Ciel. Mettre un licou au cheval, percer le museau du buffle, voilà ce que j’appelle l’humain. C’est pour cela que je dis, poursuit le seigneur de la Mer du nord: veille à ce que l’humain ne détruise pas le céleste en toi, veille à ce que l’intentionnel (kou) ne détruise pas le nécessaire (ming).

Jean-François Billeter in Leçons sur Tchouang-Tseu. Paris: Éditions Allia, 2002 (Hay versión española: Cuatro lecciones sobre Zhuangzi. Trad. Anne-Helène Suárez Girard. Siruela, 2003)

– ¿Qué quieres decir con lo Celestial, con lo humano? pregunta el Conde de los Ríos. Y el Señor del Mar del Norte responde:

– Los caballos y los búfalos tienen cuatro patas: eso es lo que llamo lo Celestial. Poner riendas al caballo, agujerar el hocico del búfalo, eso es lo que llamo lo humano. Por eso digo, prosigue el Señor del Mar del Norte: procura que lo humano no destruya lo Celestial en ti; procura que lo intencional (kou) no destruya lo necesario (ming).

(Traducción del francés por Muriel Chazalon)

Imagen: 道 dào « la Vía », calligraphie 草書 cǎoshū « herbes folles », un estilo de escritura muy libre influenciado por el taoísmo.

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2015/12/30/sabetir-abestiarse-chantal-maillard/


Animaliz-arte: la Loba de Dora Ragusa

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Hay una vieja que vive en el escondrijo del alma que todos conocen pero muy pocos han visto…

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Se arrastra, trepa y recorre las montañas y los arroyos en busca de huesos de lobos y, cuando ha juntado un esqueleto de lobo entero…

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… se sitúa al lado de la criatura, levanta los brazos sobre ella y se pone a cantar. entonces los huesos de las costillas y los huesos de las patas del lobo se cubren de carne…

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La Loba canta con tal intensidad que el suelo del desierto se estremece y, mientras ella canta, el lobo abre los ojos… y se transforma de repente en una mujer que corre libremente hacia el horizonte, riéndose a carcajadas…

Texto de Clarissa Pinkola Estés, extractos de La Loba, in Mujeres que corren con los lobos, Ediciones B, 1995.


https://www.behance.net/gallery/4135675/La-Loba

http://www.saatchiart.com/doraragusa

Instinto. Jon Turteltaub

“Mi lento viaje hacia [los gorilas] me emocionaba, me sentía un privilegiado, en cierto modo sentía como si regresara a algo que hacía mucho tiempo había perdido y que sólo entonces recordaba… Allí en lo más profundo de aquellos bosques, lejos de todo cuanto conoces, lejos de todo cuanto te han enseñado en la escuela o en los libros, en las canciones o en los poemas, encuentras la paz, la afinidad, la armonía, e incluso la seguridad. Es más peligroso pasar un sólo día en cualquier ciudad que vivir siempre en aquellos bosques. ¿Lo entiendes? Confusión, ¡vivís en la confusión!”

“Sólo debemos renunciar a una cosa: a la dominación. El mundo no es nuestro. No somos reyes ni dioses. ¿Sabremos renunciar? ¿Tan valioso resulta el control, tan tentador ser un dios?”


Instinct, 1999. Director: Jon Turteltaub. Duración: 110 min. Estados Unidos. Guión: Gerald DiPego (Novela: Daniel Quinn) Música: Danny Elfman. Fotografía: Philippe Rousselot. Reparto: Anthony HopkinsCuba Gooding Jr.Donald SutherlandMaura TierneyGeorge DzundzaJohn Ashton. Productora: Spyglass

Sinopsis: Dentro de la inteligente mente de Ethan Powell (Anthony Hopkins) se esconde un terrible secreto, un profundo misterio no resuelto por su familia, enemistada con él, ni por los agentes de la Ley que le han estado siguiendo y que le han arrestado por una serie de crímenes ocurridos en las junglas de Ruanda. Con una vasta educación, la verdad de Powell se oculta tras años de estudio de los gorilas de montaña, hasta el punto de haber convivido con ellos en plena naturaleza y haber sido aceptado como uno de los suyos. Ahora, cautivo en una prisión brutal para enfermos mentales con tendencias criminales, Powell, que no ha hablado una sola palabra durante años, es sometido a tratamiento por parte del psiquiatra Theo Caulder (Cuba Gooding, Jr.). La ilimitada ambición de Caulder le lleva a arriesgar, poniendo su vida al límite, con el fin último de intentar comprender las acciones de este demente acaparador de titulares. Así, ambos hombres se embarcan en un extraordinario viaje, empujados por su insaciable búsqueda de la verdad, independientemente de su coste. (FILM AFFINITY)

https://es.wikipedia.org/wiki/Instinto_(pel%C3%ADcula)

Recordé entonces al escritor D. H. Thoreau y esa pequeña joya de bolsillo titulada Caminar:

“La vida está en armonía con lo salvaje. Lo más vivo es lo más salvaje. En literatura, sólo lo salvaje nos atrae. El aburrimiento no es sino otro nombre de la domesticación. La perdiz adora los guisantes, pero no los que la acompañan en la cazuela. En fin, que todas las cosas buenas son salvajes y libres”.

Y citando el Visnú-Purana, uno de los textos hinduistas más notable, Thoreau escribe: “Es servicio activo el que no se convierte en servidumbre; es sabiduría la que sirve a nuestra liberación: todos los demás servicios sólo sirven para agotarnos, todas las demás sabidurías sólo son habilidades de artista”.

 

De filósofos y de bestias: Elisabeth de Fontenay

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Como si el hombre hubiera sido la gran idea tras el cerebro de la evolución animal. El hombre no es en absoluto el coronamiento de la creación: “cada ser se encuentra junto a él en el mismo grado de perfección”, escribió Friedrich Nietzsche. Más allá o más acá de nuestro dominio sobre lo vivo, estamos inmersos, para lo mejor y para lo peor, en la experiencia de una comunidad de destino compartido con los animales. Su proximidad está en el horizonte de algunos de nuestros problemas más primordiales. Recordemos, por ejemplo, los episodios de las vacas locas y de la gripe aviar, los cuales, con el escándalo de las condiciones industriales y mercantiles de cría y matanza de los animales, revelaron el peligro de contaminación entre las especies. También se puede evocar la próxima factibilidad de los injertos de órganos animales en humanos o la creación de quimeras, animales híbridos, que vuelven posible en lo sucesivo la ingeniería genética.

Las investigaciones científicas convergentes de paleoantropólogos, primatólogos, zoólogos, etólogos y genetistas, y lo que llamamos teoría sintética de la evolución (el conjunto de teorías contemporáneas de la evolución), no pueden más que echar por tierra, en sus fundamentos implícitos y conformistas, la sacrosanta fe humanista y todavía un poco creacionista que tenemos en la unicidad y la preeminencia de nuestra especie. Estas disciplinas invalidan la idea de la supremacía del hombre, poniendo fin a una arrogancia occidental casi inmemorial. Frente a esta gran crisis de lo específicamente humano, los filósofos se encuentran en primera fila. Todos, desde el comienzo de la filosofía en Grecia, han hablado de la animalidad, unas veces sin mencionarla como un tema explícito, otras veces otorgándole una función capital. Algunos dualistas, como René Descartes e Immanuel Kant, oponen radicalmente lo humano y lo animal. Otros, como Aristóteles, Gottfried Wilhelm Leibniz y Edmund Husserl, imaginan una gradación de la sensibilidad, la memoria y la conciencia entre el animal y el hombre, afirmando que la naturaleza no da saltos. Sin embargo, estos pensadores continuistas no dudan en colocar al hombre aparte y por encima de los otros seres vivos, como si el autor de la clasificación tendiera a excluirse de la clasificación. Un personaje del Político de Platón declara con gracia que si las grullas pudieran hablar se situarían de un lado de la línea de demarcación y pondrían a todos los seres vivos, incluido el hombre, del otro lado…

Este derrumbe de la creencia en lo particular de los humanos pasa en la actualidad por la escritura de filósofos posmodernos, resueltamente antimetafísicos, como Gilles Deleuze y sobre todo Jacques Derrida. Es necesario, sin embargo, mantener firmemente desligadas dos interrogaciones heterogéneas: la del origen del hombre (de orden científico) y la de la significación de lo humano (de orden filosófico y político). La filosofía –pese a que participemos a través de ella en experiencias del pensamiento y que de ahí surjan conceptos capaces de originar normas– no tiene que someter su problemática a las revisiones científicas y todavía menos a las conclusiones eticopolíticas que ciertos paleoantropólogos, primatólogos, genetistas y etólogos proponen, ingenua y a veces temiblemente, a partir de sus resultados.

Los discursos huecos sobre el libre albedrío y la voluntad no quebrantarán estas tentativas –materialistas y reaccionarias– de reducir la dimensión histórica del hombre a lo meramente etológico, o de subordinar lo social a lo “natural”. Solamente una argumentación filosófica y política, atenta a los acontecimientos y al carácter trágico de los conflictos jurídicos entre los seres humanos, evitará que nos hundamos en la confusión y la indistinción entre lo animal y lo humano. El hombre es descrito y explicado por los científicos en tanto que especie, pero, en sus prácticas éticas y políticas, los hombres se proclaman, se declaran como género humano.

Fue el etnólogo y filósofo Claude Lévi-Strauss quien señaló, con mucha razón, que la noción de derechos del hombre está demasiado anclada en una filosofía de la subjetividad, de lo individual, del ser moral. Por eso defendía el principio de un derecho del hombre en tanto ser vivo, derecho de la especie humana entre otras especies. Desde luego, ya no se puede callar la apremiante exigencia de un derecho de los animales, pero ¿habrá por ello que acoger el reclamo exorbitante, y por lo tanto injusto, de una extensión de los derechos humanos a los chimpancés, gorilas y orangutanes? No, porque tomar nota de las continuidades entre hombres y animales obliga al mismo tiempo a reconocer que existen entre ellos saltos cualitativos: los que originan la aparición de lo humano.

Sí, hay que tomar nota de la herida infligida por la animalidad al consenso humanista tradicional, pero también es necesario afirmar mediante la filosofía que el destino de lo humano no se deja descifrar sólo a partir de los conocimientos sobre el origen del hombre y los genes. Salvo que se desee reconstituir una idea de lo particular del hombre en el orden metafísico o teológico, se evitará claramente definir lo humano, pues se sabe desde hace mucho tiempo que no hay una esencia del hombre. No es seguro que el hombre, aquel que se ha podido designar como animal simbólico, pueda definirse por la existencia, el ser para la muerte, la experiencia de un mundo, mientras que el animal se caracterizaría por la pobreza de su estar en el mundo y su incapacidad para representarse la muerte. Resulta cada vez más claro que los animales también cuentan con comportamientos simbólicos y que son capaces de categorizar y transmitir conocimientos prácticos. Esta es la mala jugada que la primatología y la etología asestan al humanismo metafísico.

Ya no podemos creerle a Descartes cuando convertía el lenguaje en el criterio absoluto de lo humano ni a Montaigne cuando decía que a veces hay más diferencias entre un hombre y otro hombre que entre un hombre y un animal. Hay que ser un bruto para rehusar a los animales la capacidad de sufrimiento, el lenguaje, la interioridad, la subjetividad, la mirada. Pero ¿no existe el riesgo de que nos hundamos en la estupidez si nos obstinamos en negar que los hombres sienten, comunican, expresan y producen de manera distinta y mejor que los más humanos de los animales?

ÉLISABETH DE FONTENAY
© Philosophie Magazine
Traducción de Humberto Beck

http://www.letraslibres.com/revista/convivio/la-hora-de-los-animales

Una entrevista en Le Figaro, 23 octubre 2014, “Los monos no pueden hacer la revolución”: http://www.lefigaro.fr/livres/2014/10/23/03005-20141023ARTFIG00033-elisabeth-de-fontenay-les-singes-ne-peuvent-pas-faire-la-revolution.php

En el magazine Clés, “Nuestra relación con los animales queda aún por descubrirse”: http://www.cles.com/debats-entretiens/article/notre-rapport-aux-animaux-reste-decouvrir


Le silence des bètes  le silence des betes 

Élisabeth de Fontenay. Le silence des bêtes. La philosophie à l’épreuve de l’animalité. Paris: Fayard, 1998. Reedición en bolsillo, ed. Seuil, col. Points, 2013.

Publicado en 1998, este libro de referencia analiza cómo, desde los presocráticos hasta Derrida, las diversas tradiciones de la metafísica occidental han abordado el enigma de la animalidad : este libro revela otra historia de la filosofía… En esta época, los animales estaban prácticamente inexistantes en la filosofía francesa. Desde entonces, se multiplicaron los análisis y las reflexiones sobre el desamparo que les está infligido, sobre su estatuto como seres sensibles, sobre su subjetividad, sobre su existencia de seres mudos, sobre su capacidad para comunicar y simbolizar, sobre su derecho a tener acceso a derechos, etc.  Debe poderse deconstruir la arrogancia de lo propio del hombre, sin por ello ofender al género humano…


Elisabeth de fontenay  Elisabeth de Fontenay (1934)

Maître de conférences émérite de philosophie à l’université de Paris 1 Panthéon-Sorbonne, es autora también de Diderot ou le matérialisme enchanté (1981), d’Une tout autre histoire. Questions à J.-F. Lyotard (2006), d’Actes de naissance. Entretiens avec Stéphane Bou (2011) et de La Prière d’Esther(2014).

Sus últimas publicaciones: “Sans offenser le genre humain. Réflexions sur la cause animale“, Albin Michel, 2008 ; “Cahier de L’Herne, Traduire le parler des bêtes“, 2008 (avec M.-C. Pasquier); “L’abstraction du monde” in Regards sur la crise — Réflexions pour comprendre la crise… et en sortir, ouvrage collectif dirigé par Antoine Mercier avec Alain BadiouMiguel BenasayagRémi BragueDany-Robert DufourAlain Finkielkraut…, Paris: Hermann, 2010; Actes de naissance, entretiens avec Stéphane Bou, Paris: Le Seuil, 2011.

Acerca de su libro: “Sans offenser le genre humain”: http://www.marc-villemain.net/elements/pdf/mdl14/Sans-offenser-le-genre-humain-Elisabeth-de-Fontenay.pdf

https://es.wikipedia.org/wiki/Élisabeth_de_Fontenay

https://fr.wikipedia.org/wiki/Élisabeth_de_Fontenay


Imagen: Mural pintado por Dedos y su mujer Xochiti, un duo artístico de nombre Nomadic Alternatives, en una pared en East Village o East Handings, en Vancouver. El texto dice lo siguiente: “Estamos aquí / estamos gritando, llorando / y no nos oís / porque habéis olvidado / nuestro lenguaje”.

 

La sombra de lo salvaje. Clarissa Pinkola Estés

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Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Y este anhelo tiene muy pocos antídotos culturalmente aceptados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo. Nos hemos dejado el cabello largo y con él ocultamos nuestros sentimientos. Pero la sombra de la Mujer Salvaje acecha todavía a nuestra espalda de día y de noche. Dondequiera que estemos, la sombra que trota detrás de nosotros tiene sin duda cuatro patas.


Clarissa Pinkola Estés. Mujeres que corren con los lobos. Trad. María Antonia Menini. Ediciones B, 1995 [Woman Who Run With the Wolves, 1982]

Foto: “Wolf Snow” (A mi gran pesar, desconozco el nombre del autor de esta hermosa fotografía)


La práctica de lo salvaje: “Naturaleza, salvaje y selva”. Gary Snyder

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Se publica por primera vez en castellano «La práctica de lo salvaje», una recopilación de los ensayos completos de Gary Snyder. En estas 260 páginas el autor propone la recuperación de una condición esencial que nos vincule verdaderamente con el territorio, la comunidad natural y con nuestro propio ser salvaje.


Las palabras naturaleza, salvaje [wild] y selva [wilderness] (1)

Comencemos por naturaleza. La palabra naturaleza proviene del latín natura, “nacimiento, constitución, carácter, curso de las cosas”, originalmente de nasci, nacer. De ella derivan nación, natal, nativo, preñada. La probable raíz indoeuropea (a través del griego gna, de ahí cognado y agnado) es gen, que proviene del sánscrito jan, que a su vez nos da generar y género, y las palabras kin y kind en inglés.

La palabra tiene dos significados ligeramente diferentes. Uno es “el exterior”, el mundo físico, que incluye a todos los seres vivos. Por definición, la naturaleza es un ordenamiento del mundo que se aparta de las características o creaciones de la civilización y la voluntad humana. Se dice que son “antinaturales” la máquina, el artefacto, lo inventado o lo extraordinario (como una ternera bicéfala). El otro significado, más amplio, es “el mundo material o el conjunto de sus objetos y fenómenos”, incluyendo los productos de la acción e intención humana. En tanto agente, la naturaleza se define como “la acción física creadora y reguladora que opera en el mundo material y es causa inmediata de todos sus fenómenos”. El pensamiento científico y algunos tipos de misticismo proponen correctamente que todo es natural. En este marco la ciudad de Nueva York no tiene nada de antinatural, ni tampoco los desechos tóxicos o la energía atómica, y por definición nada de lo que hacemos o experimentamos en la vida es “antinatural”.

¿Qué constituye entonces lo “sobrenatural”? Una manera de abordarlo es decir que designa fenómenos ocurridos a tan pocas personas que se duda de su existencia. Sin embargo, estos hechos –fantasmas, dioses, transformaciones mágicas y demás– se describen con suficiente frecuencia como para que sigan intrigándonos y, para algunos, sean creíbles.

Preferiría usar la palabra naturaleza referida al universo físico y todas sus propiedades. Pero, a veces, incluso aquí, aparecerá con el significado de “aire libre” o “lo no humano”.

La palabra wild es como un zorro gris alejándose al trote por el bosque, ocultándose tras los arbustos, apareciendo y desapareciendo. De cerca, a primera vista, es “wild” [salvaje]; observado nuevamente más lejos entre los árboles será wyld, y por vía del antiguo noruego villr y el antiguo teutónico wilthijaz, retrocede a un vago y preteutónico ghweltijos, que aún significa “salvaje” y quizás “boscoso” (wald). Ahí se esconde, con conexiones posibles con will, con el latín silva (selva, salvaje) y con su raíz indoeuropea ghwer, origen del latín ferus, del cual provienen feral y feroz (que nos lleva nuevamente a lo que Thoreau llama “la terrible ferocidad”, que comparten los amantes y las personas virtuosas).

El Oxford English Dictionary describe el término de la siguiente manera:

Animales: sin domar, sin domesticar, rebeldes.
Plantas: sin cultivar.
Tierra: deshabitada, inculta.
Cosechas: producidas o surgidas sin labranza.
Sociedades: incivilizadas, rudimentarias, que se resisten al Gobierno constituido.
Individuos: sin restricciones, insubordinados, licenciosos, viciosos, rústicos. (“Viudas salvajes y maliciosas”, 1614).
Conductas: violentas, destructivas, crueles, rebeldes.
Conductas: simples, libres, espontáneas. (“[…] trina las salvajes notas de sus bosques nativos”. John Milton)

Salvaje se define principalmente en nuestros diccionarios por lo que, desde el punto de vista humano, no es. Con esa perspectiva no puede revelarse lo que sí es. Veámoslo de otra manera:

Animales: agentes libres, cada uno con sus propias cualidades, viviendo dentro de los sistemas naturales.
Plantas: que proliferan y se mantienen por sí mismas, creciendo de acuerdo a sus cualidades innatas.
Tierra: un lugar en el que la vegetación y la fauna originales y potenciales están intactas, en interacción plena, y en el que los accidentes del terreno son enteramente el resultado de fuerzas no humanas. Prístino.
Cosechas: suministro de alimentos provisto y sostenible por la abundancia y la fertilidad naturales de las plantas silvestres en su crecimiento y producción de frutas y semillas.
Sociedades: aquellas cuyo orden surge intrínsecamente y se mantiene por la fuerza del consenso y la costumbre, en contraposición a una legislación explícita. Las culturas primigenias, que se consideran a sí mismas moradoras originales y eternas de su territorio. Sociedades que confrontan la dominación económica y política de la civilización. Sociedades cuyo orden económico está en relación cercana y sostenible con el ecosistema local.
Individuos: que siguen los hábitos, estilos y protocolo locales sin preocuparse por los estándares de la urbe o de los lugares de intercambio más cercanos. Valeroso, autosuficiente, independiente. “Orgulloso y libre”.
Carácter: que resiste ferozmente cualquier opresión, confinamiento o explotación; atrevido, escandaloso, “malo”, admirable.
Conducta: natural, libre, espontánea, no condicionada. Expresiva, física, abiertamente sexual, extática.

La mayoría de los sentidos de esta segunda lista se acerca a la manera en que los chinos definen el término tao, “el camino” de la gran naturaleza; supone eludir el análisis, ir más allá de las categorías, ser auto-organizado, auto-informado, lúdico, sorprendente, transitorio, insustancial, autónomo, completo, ordenado, sin mediaciones, con legitimidad y disposición propias, complejo, bastante simple. Simultáneamente vacío y lleno. En algunos casos lo llamaríamos sagrado y no está lejos del término budista dharma en sus sentidos originales de formarse y afirmarse.

La palabra selva [wilderness], antes wyldernesse, del inglés antiguo wildeornes, quizás derivado de wild-deer-nessdeor: ciervos y otros animales del bosque–, aunque más probablemente de wildern-ness, tiene estas acepciones:

– Una extensión amplia de tierra salvaje, con flora y fauna originales, que puede ser desde una jungla cerrada o bosque húmedo hasta terrenos árticos y alpinos de “selva blanca”.
– Tierra baldía, un área sin uso o inservible como pasto o tierra de labor.
– Un espacio de mar o aire, como en la cita de Shakespeare, “Ahora soy como aquel que está sobre una roca, rodeado por un desierto de mar” (Tito Andrónico). Los océanos.
– Un lugar peligroso y difícil donde se asumen riesgos, se depende de la propia pericia y no se cuenta con ser rescatado.
– El mundo, en contraposición al cielo. “Caminé a través de la selva de este mundo” (El progreso del peregrino).
– Un lugar de abundancia, como en la frase de John Milton “una selva de bienes”.

El uso que Milton hace de la palabra selva captura las verdaderas cualidades de energía y riqueza presentes tan a menudo en los sistemas salvajes. “Una selva de bienes” se asemeja a los billones de pequeños arenques o caballas en el océano, a los kilómetros cúbicos de kril, a las semillas de la hierba de las praderas salvajes, que llevan al pan de nuestros días, hecho de los gérmenes de las hierbas, y a la increíble fecundidad de todos los pequeños animales y plantas que alimentan la red. Pero, por otra parte, lo selvático sugiere el caos, el eros, lo desconocido, el ámbito del tabú, el hábitat tanto de lo extático como de lo demoníaco. En ambos sentidos es un lugar arquetípico de poder, enseñanza y desafío.

La condición salvaje

De manera que podemos afirmar que las ciudades de Nueva York y Tokio son “naturales” sin ser “salvajes”. No se desvían de las leyes de la naturaleza, pero se trata de hábitats tan exclusivos en cuanto a quién y a qué dan cobijo –además de tan intolerantes para con otros seres– que constituyen una verdadera rareza. Un entorno salvaje es un lugar en el cual el potencial salvaje se expresa de lleno, como en la diversidad de seres vivos y no vivos que florecen de acuerdo a su propio sentido del orden. En ecología hablamos de “sistemas salvajes”. Cuando un ecosistema funciona plenamente, todos sus miembros están presentes en la asamblea. Hablar de naturaleza salvaje es hablar de totalidad. Los seres humanos surgieron de ella, y considerar la posibilidad de reactivar nuestra pertenencia a la asamblea de todos los seres no es en absoluto retrógrado. […]”

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(1): Wilderness: en el texto original, el autor rastrea en detalle la etimología de esta palabra. Su traducción al castellano por “selva” no tiene la misma correspondencia etimológica, pero hemos preferido no alterar una argumentación que consideramos importante. (N. d T.)

Extractos del libro de Gary Snyder, La práctica de lo salvaje. Trad. Nacho Fernández R. y José Luis Regojo. Varasek ediciones, 2015.

Aquí podéis leer las 40 primeras páginas del libro que ya está en las librerías:

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Snyder

Gary Snyder (San Francisco, 1930) es un poeta, traductor, ensayista, conferencista y activista del medio ambiente estadounidense, perteneciente a la Generación Beat y al renacimiento de San Francisco; inspiró «Los vagabundos del Dharma» de Jack Kerouac. Autor de más de veinte colecciones de poesía y prosa, Snyder ganó el Pulitzer en 1975 y fue finalista del National Book Critics Award en 1992 y 2005. Ha obtenido los premios Bollingen Poetry Prize, el Robert Kirsch Lifetime Achievement Award y el Premio Ruth Lilly de Poesía 2008. Ferlinghetti habló de él como el Thoreau de la generación beatnik. Se le ha descrito como un eco-poeta y un eco-luchador. Apunta a William Blake, Walt Whitman, Jeffers, Ezra Pound, el drama Noh, los aforismos Zen, Federico García Lorca y Robert Duncan como influencias significativas, pero añade «la influencia del haiku y de la poesía china es más profunda». Ha realizado todo tipo de trabajos: ha sido granjero, leñador, marinero y forestal además de profesor universitario, novicio budista en Japón y Vagabundo del Dharma. Ha viajado durante años sobre todo por Japón e India. Y es íntimo conocedor del entorno natural de la Sierra Nevada californiana donde vive desde hace años, en Tamalpais, o de fronteras remotas como Alaska.

«La práctica de lo salvaje propone que nos ocupemos de algo más que de la ética medioambiental, la acción política o un activismo útil e ineludible. Debemos enraizarnos en la oscuridad de nuestro ser más profundo».


 «Lo salvaje, tantas veces despachado como caótico y brutal por los pensadores civilizados, responde en realidad a un orden imparcial, implacable y hermoso, a la vez que libre».