De filósofos y de bestias: Elisabeth de Fontenay

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Como si el hombre hubiera sido la gran idea tras el cerebro de la evolución animal. El hombre no es en absoluto el coronamiento de la creación: “cada ser se encuentra junto a él en el mismo grado de perfección”, escribió Friedrich Nietzsche. Más allá o más acá de nuestro dominio sobre lo vivo, estamos inmersos, para lo mejor y para lo peor, en la experiencia de una comunidad de destino compartido con los animales. Su proximidad está en el horizonte de algunos de nuestros problemas más primordiales. Recordemos, por ejemplo, los episodios de las vacas locas y de la gripe aviar, los cuales, con el escándalo de las condiciones industriales y mercantiles de cría y matanza de los animales, revelaron el peligro de contaminación entre las especies. También se puede evocar la próxima factibilidad de los injertos de órganos animales en humanos o la creación de quimeras, animales híbridos, que vuelven posible en lo sucesivo la ingeniería genética.

Las investigaciones científicas convergentes de paleoantropólogos, primatólogos, zoólogos, etólogos y genetistas, y lo que llamamos teoría sintética de la evolución (el conjunto de teorías contemporáneas de la evolución), no pueden más que echar por tierra, en sus fundamentos implícitos y conformistas, la sacrosanta fe humanista y todavía un poco creacionista que tenemos en la unicidad y la preeminencia de nuestra especie. Estas disciplinas invalidan la idea de la supremacía del hombre, poniendo fin a una arrogancia occidental casi inmemorial. Frente a esta gran crisis de lo específicamente humano, los filósofos se encuentran en primera fila. Todos, desde el comienzo de la filosofía en Grecia, han hablado de la animalidad, unas veces sin mencionarla como un tema explícito, otras veces otorgándole una función capital. Algunos dualistas, como René Descartes e Immanuel Kant, oponen radicalmente lo humano y lo animal. Otros, como Aristóteles, Gottfried Wilhelm Leibniz y Edmund Husserl, imaginan una gradación de la sensibilidad, la memoria y la conciencia entre el animal y el hombre, afirmando que la naturaleza no da saltos. Sin embargo, estos pensadores continuistas no dudan en colocar al hombre aparte y por encima de los otros seres vivos, como si el autor de la clasificación tendiera a excluirse de la clasificación. Un personaje del Político de Platón declara con gracia que si las grullas pudieran hablar se situarían de un lado de la línea de demarcación y pondrían a todos los seres vivos, incluido el hombre, del otro lado…

Este derrumbe de la creencia en lo particular de los humanos pasa en la actualidad por la escritura de filósofos posmodernos, resueltamente antimetafísicos, como Gilles Deleuze y sobre todo Jacques Derrida. Es necesario, sin embargo, mantener firmemente desligadas dos interrogaciones heterogéneas: la del origen del hombre (de orden científico) y la de la significación de lo humano (de orden filosófico y político). La filosofía –pese a que participemos a través de ella en experiencias del pensamiento y que de ahí surjan conceptos capaces de originar normas– no tiene que someter su problemática a las revisiones científicas y todavía menos a las conclusiones eticopolíticas que ciertos paleoantropólogos, primatólogos, genetistas y etólogos proponen, ingenua y a veces temiblemente, a partir de sus resultados.

Los discursos huecos sobre el libre albedrío y la voluntad no quebrantarán estas tentativas –materialistas y reaccionarias– de reducir la dimensión histórica del hombre a lo meramente etológico, o de subordinar lo social a lo “natural”. Solamente una argumentación filosófica y política, atenta a los acontecimientos y al carácter trágico de los conflictos jurídicos entre los seres humanos, evitará que nos hundamos en la confusión y la indistinción entre lo animal y lo humano. El hombre es descrito y explicado por los científicos en tanto que especie, pero, en sus prácticas éticas y políticas, los hombres se proclaman, se declaran como género humano.

Fue el etnólogo y filósofo Claude Lévi-Strauss quien señaló, con mucha razón, que la noción de derechos del hombre está demasiado anclada en una filosofía de la subjetividad, de lo individual, del ser moral. Por eso defendía el principio de un derecho del hombre en tanto ser vivo, derecho de la especie humana entre otras especies. Desde luego, ya no se puede callar la apremiante exigencia de un derecho de los animales, pero ¿habrá por ello que acoger el reclamo exorbitante, y por lo tanto injusto, de una extensión de los derechos humanos a los chimpancés, gorilas y orangutanes? No, porque tomar nota de las continuidades entre hombres y animales obliga al mismo tiempo a reconocer que existen entre ellos saltos cualitativos: los que originan la aparición de lo humano.

Sí, hay que tomar nota de la herida infligida por la animalidad al consenso humanista tradicional, pero también es necesario afirmar mediante la filosofía que el destino de lo humano no se deja descifrar sólo a partir de los conocimientos sobre el origen del hombre y los genes. Salvo que se desee reconstituir una idea de lo particular del hombre en el orden metafísico o teológico, se evitará claramente definir lo humano, pues se sabe desde hace mucho tiempo que no hay una esencia del hombre. No es seguro que el hombre, aquel que se ha podido designar como animal simbólico, pueda definirse por la existencia, el ser para la muerte, la experiencia de un mundo, mientras que el animal se caracterizaría por la pobreza de su estar en el mundo y su incapacidad para representarse la muerte. Resulta cada vez más claro que los animales también cuentan con comportamientos simbólicos y que son capaces de categorizar y transmitir conocimientos prácticos. Esta es la mala jugada que la primatología y la etología asestan al humanismo metafísico.

Ya no podemos creerle a Descartes cuando convertía el lenguaje en el criterio absoluto de lo humano ni a Montaigne cuando decía que a veces hay más diferencias entre un hombre y otro hombre que entre un hombre y un animal. Hay que ser un bruto para rehusar a los animales la capacidad de sufrimiento, el lenguaje, la interioridad, la subjetividad, la mirada. Pero ¿no existe el riesgo de que nos hundamos en la estupidez si nos obstinamos en negar que los hombres sienten, comunican, expresan y producen de manera distinta y mejor que los más humanos de los animales?

ÉLISABETH DE FONTENAY
© Philosophie Magazine
Traducción de Humberto Beck

http://www.letraslibres.com/revista/convivio/la-hora-de-los-animales

Una entrevista en Le Figaro, 23 octubre 2014, “Los monos no pueden hacer la revolución”: http://www.lefigaro.fr/livres/2014/10/23/03005-20141023ARTFIG00033-elisabeth-de-fontenay-les-singes-ne-peuvent-pas-faire-la-revolution.php

En el magazine Clés, “Nuestra relación con los animales queda aún por descubrirse”: http://www.cles.com/debats-entretiens/article/notre-rapport-aux-animaux-reste-decouvrir


Le silence des bètes  le silence des betes 

Élisabeth de Fontenay. Le silence des bêtes. La philosophie à l’épreuve de l’animalité. Paris: Fayard, 1998. Reedición en bolsillo, ed. Seuil, col. Points, 2013.

Publicado en 1998, este libro de referencia analiza cómo, desde los presocráticos hasta Derrida, las diversas tradiciones de la metafísica occidental han abordado el enigma de la animalidad : este libro revela otra historia de la filosofía… En esta época, los animales estaban prácticamente inexistantes en la filosofía francesa. Desde entonces, se multiplicaron los análisis y las reflexiones sobre el desamparo que les está infligido, sobre su estatuto como seres sensibles, sobre su subjetividad, sobre su existencia de seres mudos, sobre su capacidad para comunicar y simbolizar, sobre su derecho a tener acceso a derechos, etc.  Debe poderse deconstruir la arrogancia de lo propio del hombre, sin por ello ofender al género humano…


Elisabeth de fontenay  Elisabeth de Fontenay (1934)

Maître de conférences émérite de philosophie à l’université de Paris 1 Panthéon-Sorbonne, es autora también de Diderot ou le matérialisme enchanté (1981), d’Une tout autre histoire. Questions à J.-F. Lyotard (2006), d’Actes de naissance. Entretiens avec Stéphane Bou (2011) et de La Prière d’Esther(2014).

Sus últimas publicaciones: “Sans offenser le genre humain. Réflexions sur la cause animale“, Albin Michel, 2008 ; “Cahier de L’Herne, Traduire le parler des bêtes“, 2008 (avec M.-C. Pasquier); “L’abstraction du monde” in Regards sur la crise — Réflexions pour comprendre la crise… et en sortir, ouvrage collectif dirigé par Antoine Mercier avec Alain BadiouMiguel BenasayagRémi BragueDany-Robert DufourAlain Finkielkraut…, Paris: Hermann, 2010; Actes de naissance, entretiens avec Stéphane Bou, Paris: Le Seuil, 2011.

Acerca de su libro: “Sans offenser le genre humain”: http://www.marc-villemain.net/elements/pdf/mdl14/Sans-offenser-le-genre-humain-Elisabeth-de-Fontenay.pdf

https://es.wikipedia.org/wiki/Élisabeth_de_Fontenay

https://fr.wikipedia.org/wiki/Élisabeth_de_Fontenay


Imagen: Mural pintado por Dedos y su mujer Xochiti, un duo artístico de nombre Nomadic Alternatives, en una pared en East Village o East Handings, en Vancouver. El texto dice lo siguiente: “Estamos aquí / estamos gritando, llorando / y no nos oís / porque habéis olvidado / nuestro lenguaje”.

 

La práctica de lo salvaje: “Naturaleza, salvaje y selva”. Gary Snyder

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Se publica por primera vez en castellano «La práctica de lo salvaje», una recopilación de los ensayos completos de Gary Snyder. En estas 260 páginas el autor propone la recuperación de una condición esencial que nos vincule verdaderamente con el territorio, la comunidad natural y con nuestro propio ser salvaje.


Las palabras naturaleza, salvaje [wild] y selva [wilderness] (1)

Comencemos por naturaleza. La palabra naturaleza proviene del latín natura, “nacimiento, constitución, carácter, curso de las cosas”, originalmente de nasci, nacer. De ella derivan nación, natal, nativo, preñada. La probable raíz indoeuropea (a través del griego gna, de ahí cognado y agnado) es gen, que proviene del sánscrito jan, que a su vez nos da generar y género, y las palabras kin y kind en inglés.

La palabra tiene dos significados ligeramente diferentes. Uno es “el exterior”, el mundo físico, que incluye a todos los seres vivos. Por definición, la naturaleza es un ordenamiento del mundo que se aparta de las características o creaciones de la civilización y la voluntad humana. Se dice que son “antinaturales” la máquina, el artefacto, lo inventado o lo extraordinario (como una ternera bicéfala). El otro significado, más amplio, es “el mundo material o el conjunto de sus objetos y fenómenos”, incluyendo los productos de la acción e intención humana. En tanto agente, la naturaleza se define como “la acción física creadora y reguladora que opera en el mundo material y es causa inmediata de todos sus fenómenos”. El pensamiento científico y algunos tipos de misticismo proponen correctamente que todo es natural. En este marco la ciudad de Nueva York no tiene nada de antinatural, ni tampoco los desechos tóxicos o la energía atómica, y por definición nada de lo que hacemos o experimentamos en la vida es “antinatural”.

¿Qué constituye entonces lo “sobrenatural”? Una manera de abordarlo es decir que designa fenómenos ocurridos a tan pocas personas que se duda de su existencia. Sin embargo, estos hechos –fantasmas, dioses, transformaciones mágicas y demás– se describen con suficiente frecuencia como para que sigan intrigándonos y, para algunos, sean creíbles.

Preferiría usar la palabra naturaleza referida al universo físico y todas sus propiedades. Pero, a veces, incluso aquí, aparecerá con el significado de “aire libre” o “lo no humano”.

La palabra wild es como un zorro gris alejándose al trote por el bosque, ocultándose tras los arbustos, apareciendo y desapareciendo. De cerca, a primera vista, es “wild” [salvaje]; observado nuevamente más lejos entre los árboles será wyld, y por vía del antiguo noruego villr y el antiguo teutónico wilthijaz, retrocede a un vago y preteutónico ghweltijos, que aún significa “salvaje” y quizás “boscoso” (wald). Ahí se esconde, con conexiones posibles con will, con el latín silva (selva, salvaje) y con su raíz indoeuropea ghwer, origen del latín ferus, del cual provienen feral y feroz (que nos lleva nuevamente a lo que Thoreau llama “la terrible ferocidad”, que comparten los amantes y las personas virtuosas).

El Oxford English Dictionary describe el término de la siguiente manera:

Animales: sin domar, sin domesticar, rebeldes.
Plantas: sin cultivar.
Tierra: deshabitada, inculta.
Cosechas: producidas o surgidas sin labranza.
Sociedades: incivilizadas, rudimentarias, que se resisten al Gobierno constituido.
Individuos: sin restricciones, insubordinados, licenciosos, viciosos, rústicos. (“Viudas salvajes y maliciosas”, 1614).
Conductas: violentas, destructivas, crueles, rebeldes.
Conductas: simples, libres, espontáneas. (“[…] trina las salvajes notas de sus bosques nativos”. John Milton)

Salvaje se define principalmente en nuestros diccionarios por lo que, desde el punto de vista humano, no es. Con esa perspectiva no puede revelarse lo que sí es. Veámoslo de otra manera:

Animales: agentes libres, cada uno con sus propias cualidades, viviendo dentro de los sistemas naturales.
Plantas: que proliferan y se mantienen por sí mismas, creciendo de acuerdo a sus cualidades innatas.
Tierra: un lugar en el que la vegetación y la fauna originales y potenciales están intactas, en interacción plena, y en el que los accidentes del terreno son enteramente el resultado de fuerzas no humanas. Prístino.
Cosechas: suministro de alimentos provisto y sostenible por la abundancia y la fertilidad naturales de las plantas silvestres en su crecimiento y producción de frutas y semillas.
Sociedades: aquellas cuyo orden surge intrínsecamente y se mantiene por la fuerza del consenso y la costumbre, en contraposición a una legislación explícita. Las culturas primigenias, que se consideran a sí mismas moradoras originales y eternas de su territorio. Sociedades que confrontan la dominación económica y política de la civilización. Sociedades cuyo orden económico está en relación cercana y sostenible con el ecosistema local.
Individuos: que siguen los hábitos, estilos y protocolo locales sin preocuparse por los estándares de la urbe o de los lugares de intercambio más cercanos. Valeroso, autosuficiente, independiente. “Orgulloso y libre”.
Carácter: que resiste ferozmente cualquier opresión, confinamiento o explotación; atrevido, escandaloso, “malo”, admirable.
Conducta: natural, libre, espontánea, no condicionada. Expresiva, física, abiertamente sexual, extática.

La mayoría de los sentidos de esta segunda lista se acerca a la manera en que los chinos definen el término tao, “el camino” de la gran naturaleza; supone eludir el análisis, ir más allá de las categorías, ser auto-organizado, auto-informado, lúdico, sorprendente, transitorio, insustancial, autónomo, completo, ordenado, sin mediaciones, con legitimidad y disposición propias, complejo, bastante simple. Simultáneamente vacío y lleno. En algunos casos lo llamaríamos sagrado y no está lejos del término budista dharma en sus sentidos originales de formarse y afirmarse.

La palabra selva [wilderness], antes wyldernesse, del inglés antiguo wildeornes, quizás derivado de wild-deer-nessdeor: ciervos y otros animales del bosque–, aunque más probablemente de wildern-ness, tiene estas acepciones:

– Una extensión amplia de tierra salvaje, con flora y fauna originales, que puede ser desde una jungla cerrada o bosque húmedo hasta terrenos árticos y alpinos de “selva blanca”.
– Tierra baldía, un área sin uso o inservible como pasto o tierra de labor.
– Un espacio de mar o aire, como en la cita de Shakespeare, “Ahora soy como aquel que está sobre una roca, rodeado por un desierto de mar” (Tito Andrónico). Los océanos.
– Un lugar peligroso y difícil donde se asumen riesgos, se depende de la propia pericia y no se cuenta con ser rescatado.
– El mundo, en contraposición al cielo. “Caminé a través de la selva de este mundo” (El progreso del peregrino).
– Un lugar de abundancia, como en la frase de John Milton “una selva de bienes”.

El uso que Milton hace de la palabra selva captura las verdaderas cualidades de energía y riqueza presentes tan a menudo en los sistemas salvajes. “Una selva de bienes” se asemeja a los billones de pequeños arenques o caballas en el océano, a los kilómetros cúbicos de kril, a las semillas de la hierba de las praderas salvajes, que llevan al pan de nuestros días, hecho de los gérmenes de las hierbas, y a la increíble fecundidad de todos los pequeños animales y plantas que alimentan la red. Pero, por otra parte, lo selvático sugiere el caos, el eros, lo desconocido, el ámbito del tabú, el hábitat tanto de lo extático como de lo demoníaco. En ambos sentidos es un lugar arquetípico de poder, enseñanza y desafío.

La condición salvaje

De manera que podemos afirmar que las ciudades de Nueva York y Tokio son “naturales” sin ser “salvajes”. No se desvían de las leyes de la naturaleza, pero se trata de hábitats tan exclusivos en cuanto a quién y a qué dan cobijo –además de tan intolerantes para con otros seres– que constituyen una verdadera rareza. Un entorno salvaje es un lugar en el cual el potencial salvaje se expresa de lleno, como en la diversidad de seres vivos y no vivos que florecen de acuerdo a su propio sentido del orden. En ecología hablamos de “sistemas salvajes”. Cuando un ecosistema funciona plenamente, todos sus miembros están presentes en la asamblea. Hablar de naturaleza salvaje es hablar de totalidad. Los seres humanos surgieron de ella, y considerar la posibilidad de reactivar nuestra pertenencia a la asamblea de todos los seres no es en absoluto retrógrado. […]”

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(1): Wilderness: en el texto original, el autor rastrea en detalle la etimología de esta palabra. Su traducción al castellano por “selva” no tiene la misma correspondencia etimológica, pero hemos preferido no alterar una argumentación que consideramos importante. (N. d T.)

Extractos del libro de Gary Snyder, La práctica de lo salvaje. Trad. Nacho Fernández R. y José Luis Regojo. Varasek ediciones, 2015.

Aquí podéis leer las 40 primeras páginas del libro que ya está en las librerías:

Feu clic per accedir a la-practica-de-lo-salvaje.pdf

 

Snyder

Gary Snyder (San Francisco, 1930) es un poeta, traductor, ensayista, conferencista y activista del medio ambiente estadounidense, perteneciente a la Generación Beat y al renacimiento de San Francisco; inspiró «Los vagabundos del Dharma» de Jack Kerouac. Autor de más de veinte colecciones de poesía y prosa, Snyder ganó el Pulitzer en 1975 y fue finalista del National Book Critics Award en 1992 y 2005. Ha obtenido los premios Bollingen Poetry Prize, el Robert Kirsch Lifetime Achievement Award y el Premio Ruth Lilly de Poesía 2008. Ferlinghetti habló de él como el Thoreau de la generación beatnik. Se le ha descrito como un eco-poeta y un eco-luchador. Apunta a William Blake, Walt Whitman, Jeffers, Ezra Pound, el drama Noh, los aforismos Zen, Federico García Lorca y Robert Duncan como influencias significativas, pero añade «la influencia del haiku y de la poesía china es más profunda». Ha realizado todo tipo de trabajos: ha sido granjero, leñador, marinero y forestal además de profesor universitario, novicio budista en Japón y Vagabundo del Dharma. Ha viajado durante años sobre todo por Japón e India. Y es íntimo conocedor del entorno natural de la Sierra Nevada californiana donde vive desde hace años, en Tamalpais, o de fronteras remotas como Alaska.

«La práctica de lo salvaje propone que nos ocupemos de algo más que de la ética medioambiental, la acción política o un activismo útil e ineludible. Debemos enraizarnos en la oscuridad de nuestro ser más profundo».


 «Lo salvaje, tantas veces despachado como caótico y brutal por los pensadores civilizados, responde en realidad a un orden imparcial, implacable y hermoso, a la vez que libre».


La atracción por lo salvaje. Doug Peacock

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Esta reseña de Emma Rodríguez del libro de Doug Peacok, Mis años grizzly. En busca de la naturaleza salvaje, me ha llevado de nuevo a recordar uno de los cuentos con el que hemos ido trabajando: el cuento japonés “El oso de la luna creciente” del libro Mujeres que corren con los lobos. Recordé aquel hombre furibundo, herido, exhausto a su vuelta de la guerra, recordé cómo su parte femenina e intuitiva ha de adentrarse en la montaña para iniciar la sanación, recordé su miedo, su contacto con el oso, recordé la concentración y la sabiduría recobradas en la montaña, recordé su apaciguamiento, su serenidad, viviendo de nuevo en armonía con los ciclos naturales, recordé su despertar espiritual al despojarse de lo superfluo y de sus espejismos, recordé su agradecimiento y su alegría vital en esa vuelta a lo salvaje… (Esta tarea con el cuento del oso fue recogida en nuestro primer Quadern de la lloba. La cólera, podéis leerlo en issuu https://blogdelesllobes.wordpress.com/pagina-inicial/quaderns-de-la-lloba/).
Os dejo con extractos de la larga y jugosa reseña que Emma Rodríguez escribió sobre el libro de Doug Peacock.

Doug Peacock nos habla de la necesidad que tenemos de creer que aún existen esos lugares libres de contaminación, refugios en medio del progreso, de la civilización, del espectáculo en que se ha convertido prácticamente todo. Necesitamos saber que esos lugares sagrados, en cierto modo, evocadores, capaces de conectarnos con las edades primigenias de la humanidad, aún permanecen a salvo, lejos del afán de dominio, de poder, de usurpación, de los estados y de las grandes corporaciones.

Mezcla de memorias, de diario, de manual de supervivencia, de relato de aventuras, Mis años grizzly me cautivó desde las primeras páginas. La fuerza de la narración, los recuerdos y confesiones del autor sobre su experiencia en la guerra de Vietnam, su lucha por labrarse una nueva vida al regreso del horror, una vida fuera de los órdenes y las reglas del sistema, convierten el libro en una de esas obras que me gusta definir como obras de crecimiento, porque en ellas se da cuenta de un proceso vital de aprendizaje y porque cuando las leemos sentimos que estamos accediendo a zonas de luz, de conciencia, imposibles de descubrir por nosotros mismos.

Si os gustan los documentales sobre la naturaleza; si la lucha ecológica os mueve a la acción, a la protesta; si sois de los que consideráis que pocas cosas justifican el maltrato del planeta, de su equilibrio, este es vuestro libro, pero, aún sin cumplir todas estas condiciones, os aseguro que la entrega no os dejará en absoluto indiferentes.


Peacock remite a Thoreau, a quien él mismo cita en un momento dado. Es evidente que el ex-combatiente ha bebido mucho del autor de Waldenaunque sus experiencias y sus riesgos hayan sido mucho más extremospero a mí la entrega me ha llevado a otro libro absolutamente revelador, Alce negro habla, el diario vital, transcrito por John G. Neihardt, de las andanzas, pensamientos y visiones de un legendario sioux. El respeto, la admiración, por los antiguos pobladores de Norteamérica, que también animó a Thoreau, está presente en todo un recorrido marcado por los vestigios, por las huellas, por las creencias, de las distintas tribus de indios, cuyos descendientes ahora se hacinan en reservas y a duras penas conservan la memoria de sus tradiciones, el recuerdo de ese tiempo en el que convivieron en armonía con la naturaleza, con los animales.

Una y otra vez los lugares de poder, el cultivo de los sentidos, de la intuición de los pueblos primitivos, la sabiduría y las leyendas indias, muchas de ellas sobre el carácter sagrado y sanador de los osos, asoman en el relato. Estamos, pues, ante las confesiones y reflexiones de un explorador, de un hombre que encuentra su rumbo allí donde aún es posible sentir que no todo es trabajo, dinero, tecnología. Mis años Grizzly es un libro apasionante, insisto, capaz de sacarnos de nuestras comodidades el tiempo que dura su lectura.

Las pesadillas, los terribles recuerdos de Vietnam lo invaden noche tras noche, y decide echarse al camino, dejar atrás el alcohol y las anfetaminas, habituales vías de escape de los combatientes, y emprender rumbo a las Montañas Rocosas. En sus recorridos por parques como el de Yellowstone o el Nacional de los Glaciares, siguiendo a especímenes de grizzlies que, poco a poco, se le van haciendo familiares, encontró su propio cauce de supervivencia.


En Vietnam el depredador principal era el hombre. Si había obtenido un granito de sabiduría tras vivir la agonía de la batalla, éste no tenía nada que ver con técnicas para matar o hacer la guerra. No había iluminación alguna en el asesinato. Lo que se me había quedado grabado a fuego en lo más profundo de la conciencia eran las pequeñas acciones de gracia, lecciones que yacían latentes en el recuerdo y que ahora poco a poco rescataba de los rincones más anestesiados de mi cerebro. Nunca importaba el porquéLa propia concesión de clemencia era trascendental


[…] En sus recorridos por parques como el de Yellowstone o el Nacional de los Glaciares, siguiendo y observando a especímenes de grizzlies que, poco a poco, se le van haciendo familiares, midiéndose  con la naturaleza, fue como encontró su propio cauce de supervivencia. “Los osos me ofrecieron un calendario a mi regreso de la guerra de Vietnam, cuando un año se difuminaba en el siguiente y yo olvidaba enormes períodos de tiempo al no tener acontecimientos o personas cuyo paso recordar. Tenía problemas con un mundo cuya idea de vitalidad se restringía a la cruda realidad de estar vivo o muerto. El mundo empalideció, como también lo hizo todo lo que había sido mi vida hasta la fecha, y me descubrí ajeno a mi propio tiempo. La naturaleza salvaje y los osos grizzly solucionaron ese problema”, nos cuenta Doug Peacock muy al comienzo del recorrido.

Estar sentado en el corazón de una señora tormenta de montaña, en busca del que algunos consideran el animal más fiero de este continente, infunde una cierta dosis de humildad, una actitud que me obliga a abrirme y tener una receptividad sorprendente (…)  Yo necesito enfrentarme a unos animales enormes y fieros que a veces se alimentan de personas para recordar la concentración total del cazador. Entonces los antiguos sentidos oxidados, entumecidos por los excesos urbanos, vuelven a la vida, y escudriñan las sombras en busca de formas, sonidos y olores. A veces tengo la suerte de mirarme con unos nuevos ojos, de tener una nueva combinación de pensamientos, una metáfora que llama a las puertas del misterio”, nos cuenta Peacock.

“Sentí que algo se transmitía entre nosotros. El grizzly me dio la espalda lentamente, con elegancia y dignidad, y balanceándose se dirigió hacia el bosque, al fondo de la pradera. Entonces volví a escuchar mi respiración pesada, a sentir el flujo de sangre caliente en la cara. Tuve la sensación de que mi vida había sido tocada por un poder y un misterio inmensos”.


En una de sus incursiones tras los osos en el Parque Nacional de los Glaciares, situado en Montana, haciendo frontera con algunas provincias de Canadá, Peacock escribió en las páginas de su diario que el día que le ocupaba, era un fantástico día para estar vivo y lo explica así: “Unos diez años atrás, cuando entré en este mundo de los osos, estaba demasiado descentrado y cabreado para ser capaz de sentirme pleno. En cambio, ese día sólo sentía el calor tibio del sol y la calidad única de esa luz –eso es todo lo zen que puedo ponerme–, aunque la naturaleza sea siempre un refuerzo de esa filosofía”.

Me gusta especialmente este apunte porque da idea de la transformación del protagonista, del sentido de su trayecto. Este es un viaje sobre todo apto para buscadores de sorpresas, de aventuras, de tesoros. El autor cierra su diario en pleno invierno, atravesando el desierto de Piedras Negras, en tierras de México. Entremedias se ha casado; ha tenido una hija; ha intentado ordenar su vida y ha fracasado (Lisa, su mujer, es su compañera en algunas de las excursiones que realiza). Es Navidad y en esa geografía áspera, dura donde se encuentra, es consciente de su fragilidad y celebra haber recuperado su amor por la vida, sus ganas por volver, una vez pasado el tiempo de la hibernación, a encontrarse nuevamente con los grizzlies.

Filmación de un oso Grizzly realizada por Doug Peacock, en el Parque nacional de los Glaciares (estado de Montana, frontera con Canadá), a finales de los años 1970: El Grizzlie feliz



Doug Peacock. Mis años grizzly. En busca de la naturaleza salvaje. Trad. Miguel Ros Gonzáles. Errata Naturae, 2016



Artículo en Altair Magazine: Doug Peacock, el auténtico “grizzly Man”: http://www.altairmagazine.com/blog/libros-mis-anos-grizzly/

El oso. Chantal Maillard

Takeuchi Seiho


EL OSO

Que llegue la noche, mamma,
que llegue la noche pronto
que cuando llega se encienden
los ojos de los que quiero
y los diablos se duermen.

Que venga la noche, mamma,
que venga la noche pronto
que en el día no hay tregua
ni en la vida reposo.

Que pronto la noche llegue
y que me trague el oso.

Chantal Maillard


Esta nana de Chantal Maillard fue publicada en el número 40 de la Revista Eñe (la temática de este número era “Madres y madres”), en enero 2015. 


Imagen: Takeuchi Seiho (Kyoto, 20 Diciembre 1864 – 23 Agosto 1942)

https://en.wikipedia.org/wiki/Takeuchi_Seihō

 

Padre oso, Madre osa

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Mándame una palabra, padre oso

Mándame una palabra, padre oso
Difíciles son los tiempos para mí.

Mándame una palabra, padre oso
Difíciles son los tiempos para mí.

Cántico de los indios Sioux

Traducido por Muriel Chazalon de la antología francesa “Partition rouge. Poèmes et chants des Indiens d’Amérique du Nord”, Poésie/Seuil, 1988. 


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Jean Shinoda Bolen en su libro “Artemisa. El espíritu indómito de cada mujer” cita este mismo cántico adaptado del siguiente modo por una mujer que buscaba protección y sanación. Lo tituló “Send Word, Bear Mother“:

Mándame tu palabra, osa madre.
Mándame tu palabra, osa madre.
Lo estoy pasando mal.
Mándame tu palabra, osa madre.
Mándame tu palabra, osa madre.
Lo estoy pasando mal.

 

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LA MADRE OSA

Se oculta entera

para hablar de comer salmón

Bromea conmigo

“Qué sabrás tú de mis modos”

Y me besa a través de la montaña.


A través y bajo capas,

pliegues y barrancos;

La boca llena de arándanos,

Compartimos.


She veils herself / to speak of eating salmon / Teases me with / “What do you know of my ways” / And kisses me through the mountain. // Through and under its layers, its / gullies, its folds; / Her mouth full of blueberries, / We share.

Gary Snyder. La mente salvaje (poemas y ensayos). Trad. Nacho Fernández R.,  José Luis Regojo, M. A. Bernat, John Good. Árdora ediciones, 2000.

 

Ilustraciones:

  1. 3. Jackie Morris. http://www.jackiemorris.co.uk
  2. Mercé Prat, Roots. www.facebook.com/situnce

 

Grizzly Man. Werner Herzog

 grizzly man bears


Grizzly Man (2005) es un lúcido y perturbador documental del cineasta alemán Werner Herzog. El documental explora la vida y la muerte de Timothy Treadwell, un personaje obsesivo, excesivo, sensible e inestable, que vivió durante trece años largas temporadas conviviendo con los osos Grizzly, sin ningún tipo de armas y grabando él mismo todas sus estancias (alrededor de cien horas de metraje) durante las cinco últimas temporadas que estuvo con ellos en Alaska. Herzog usó parte de este material para crear Grizzly Man, la historia de un hombre que mediante su cámara, fundido con ella, pretende explorar las regiones limítrofes –a menudo traspasándolas, pagándolo finalmente con su vida– que separan al ser humano de la naturaleza en estado salvaje, así como las barreras interiores entre lo racional y lo irracional, entre la cordura y la locura. En octubre de 2003, los restos de Treadwell, junto con los de su novia Amie Huguenard, fueron encontrados cerca de la zona donde acampaban en el Parque y Reserva Nacional de Katmai en Alaska. Un oso les había atacado y devorado. Fueron las primeras víctimas de un ataque de un oso en el Parque. El oso sospechoso de las muertes murió posteriormente disparado por oficiales del parque. En Grizzly Man no sólo se muestran los misterios de la naturaleza salvaje sino también los de la naturaleza del ser humano.


Película completa (versión original en inglés):

https://es.wikipedia.org/wiki/Grizzly_Man

http://www.blogdecine.com/criticas/grizzly-man-un-documental-demoledor-de-werner-herzog

Bajo la Luna Comanche. Conferencia de Miguel Ángel Blanco

El 16 de enero 2016, Miguel Ángel Blanco, artista y comisario de la exposición “La ilusión del Lejano Oeste“, impartió conferencia en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid. En esa charla no sólo presenta, como comisario, la amplitud de su proyecto artístico que se adentra en la complejidad de la historia del Lejano Oeste americano, sino que (a partir del minuto 26 del vídeo) el artista nos habla de su propia obra ligada a la naturaleza y de su proyecto artístico vital, la Biblioteca del bosque. En esta ocasión, Blanco presenta algunos de los 13 libros-cajas, así los llama él, que están expuestos en una de las salas pintadas de color rojo sangre para acercarnos, explica el artista, al espíritu del búfalo que fue el animal tótem de los pueblos indios americanos. Una espléndida exposición que nos acerca el mundo profundamente espiritual y lleno de matices de este pueblo sabio que fue masacrado, sus tierras secuestradas, los animales con los que convivía y gracias a los cuales sobrevivía casi exterminados…

¿Cuáles eran los mejores mocasines? Los que no dejaban ninguna huellas, los mocasines de los Crows, los más difíciles de localizar.


Vídeo explicativo de la exposición La ilusión del Lejano Oeste con Miguel Ángel Blanco, comisario de la muestra:


https://blogdelesllobes.wordpress.com/2010/11/04/una-loba-en-la-biblioteca-del-bosque-un-paseo-por-la-obra-de-miguel-angel-blanco/

https://www.facebook.com/biblioteca.del.bosque?pnref=lhc.unseen

Miguel Ángel Blanco


 

Nature 365: Haikus-vídeos de Jim Brandenburg

Cada día, a lo largo de todo un año, el fotógrafo y cineasta Jim Brandenburg nos ofrece un haiku-vídeo de apenas un minuto de duración. Desde su depurada mirada poética, el cineasta nos abre al mundo salvaje del magnífico entorno natural donde vive. Bosques, nieve, lagos, ríos, luna, grandes y pequeños mamíferos, pájaros y cuervos y, para nuestro regocijo, muchos lobos son los protagonistas de estos poemas visuales. El minucioso cuidado que el cineasta ha puesto a lo largo de 10 años en este work-in-process, tanto en sus filmaciones como en la edición sonora de sus vídeos, es de una gran delicadeza. Todo su trabajo y sus filmaciones, reconoce Laurent Joffrion, el director del proyecto, son un valioso archivo representativo de los grandes paisajes bioclimáticos (o Bioma) del hemisferio norte –el bosque boreal o las grandes praderas– si permaneciesen o, mejor dicho, hubiesen permanecido en su estado salvaje…

La colección completa de este diario documental está editada por Nature365.tv y dirigida por Laurent Joffrion (La duración total del proyecto es de 5h 52mns). Un espléndido trabajo!

Aquí podéis visionar en 4 mns. el vídeo de presentación del proyecto:

Y aquí tenéis acceso a todos los haikus-vídeos: http://www.nature365.tv

https://en.wikipedia.org/wiki/Jim_Brandenburg

http://www.jimbrandenburg.com

https://www.facebook.com/jimbrandenburg/?fref=nf&pnref=story


jim brandenburg 

Jim Brandenburg es un cineasta y fotógrafo estadounidense (nacido el 23 noviembre 1945 en Luverne, Minnesota) que ha marcado estilo en los fotógrafos de la naturaleza, sobre todo en la técnica. En sus más de 3 décadas trabajando para National Geographic, ha viajado por el mundo haciendo fotos para la revista. Además de trabajar para esta sociedad (donde publicó más de 20 foto reportajes, realizó varias presentaciones en televisión y participó en la edición de muchos libros) ha participado activamente en otras publicaciones fotográficas norteamericanas e internacionales como New York Times, Life, Time, Audubon, Smithsonian, Natural History, GEO, Modern Maturity, BBC Wildlife, Outdoor Photographer, National Wildlife y Outside. En el transcurso de su larga carrera, ha recibido multitud de prestigiosos premios nacionales e internacionales por su trabajo.

Libros

 

De mujeres y de focas: “El secreto de la isla de las focas”

The Secret of Roan Inish [El secreto de la isla de las focas] de John Sayles, 1994, Irlanda (103 min.) De la novela de Rosalie K. Fry. Música: Mason Daring. Fotografía: Haskell Wexler. Reparto: Mick LallyEileen ColganJohn LynchJeni CourtneyRichard SheridanCillian ByrneSusan Lynch.

Sinopsis: Fiona, una niña de diez años que se ha quedado huérfana, se va a vivir con sus abuelos a la costa oeste de Irlanda. Desde su casa se divisa la lejana “isla de las focas humanas”. El abuelo le cuenta a Fiona cómo perdió a su hermano Jamie: su cuna fue arrebatada por una ola y transportada mar adentro. El primo de Fiona se hace eco de los rumores según los cuales Jamie sigue navegando en la cuna en torno a la isla. Una hermosa leyenda sobre las focas podría ayudarles a encontrar al pequeño Jamie. (FILMAFFINITY)

Pensando en el cuento de Piel de foca, piel del alma, en el que seguimos buceando con uno de los grupos, extraigo este pasaje del libro de Mujeres que corren con los lobos donde Clarissa P. Estés hace referencia a la “mujer medial”, un aspecto del yo salvaje que vive en el intersticio de los mundos, entre la superficie terrestre y la profundidad oceánica, entre la realidad ordinaria y la dimensión simbólica, entre el mundo humano y el mundo animal:

“Existe en el núcleo esencial de las mujeres lo que Toni Wolff, una analista junguiana que vivió en la primera mitad del siglo XX, llamó “la mujer medial”. La mujer medial está situada entre los mundos de la realidad consensual y del inconsciente místico y actúa de mediadora entre ambos. La mujer medial es la transmisora y receptora de dos o más series de valores e ideas. Es la que da vida a nuevas ideas, cambia las ideas antiguas por las innovadoras, se traslada desde el mundo de lo racional al mundo de la imaginación. “Oye” cosas, “sabe” cosas e “intuye” lo que va a ocurrir a continuación.

El punto intermedio entre los mundos de la razón y de la imagen, entre la sensación y el pensamiento, entre la materia y el espíritu, entre todos los contrarios y todos los matices de significado que se puedan imaginar, es el hogar de la mujer medial. La mujer foca del cuento es una emanación del alma. Puede vivir en todos los mundos, en el mundo de arriba de la materia y en el mundo lejano o mundo subterráneo que es su hogar espiritual, pero no puede permanecer demasiado tiempo en la tierra. Ella y el pescador, el ego de la psique, crean un hijo que también puede vivir en ambos mundos, pero no puede permanecer demasiado tiempo en el hogar del alma.

La mujer foca y el niño forman en la psique femenina un sistema que es más bien un equipo de emergencia. La mujer foca, el yo del alma, transmite pensamientos, ideas, sentimientos e impulsos desde el agua al yo medial, que a su vez sube todas estas cosas a la tierra y a la conciencia del mundo exterior. El sistema funciona también en sentido contrario. Los acontecimientos de nuestra vida cotidiana, nuestros pasados traumas y alegrías, nuestros temores y esperanzas para el futuro se transmiten al alma, la cual hace comentarios acerca de ellos durante nuestros sueños nocturnos, transmite sus sentimientos a través de nuestro cuerpo o nos traspasa con un instante de inspiración que da nacimiento a una idea.

La Mujer Salvaje es una combinación de sentido común y de sentido del alma. La mujer medial es su doble y es también capaz de experimentar ambas cosas. Como el niño del cuento, la mujer medial pertenece a este mundo pero puede viajar sin dificultad hasta las honduras de la psique. Algunas mujeres tienen este don innato. Otras lo adquieren y lo cultivan. No importa la forma en que una mujer lo consiga, pero uno de los efectos del regreso habitual a casa es el fortalecimiento de la mujer medial de la psique cada vez que una mujer va y viene de un estrato al otro.”


La canción de Heather Dale, The Maiden and the Selkie:

 

De patos y de cisnes (2): Nómadas del viento de Jacques Perrin

Le peuple migrateur (Nómadas del viento; Winged Migration), 2001 (90 min.), Francia. Director: Jacques PerrinMichel DebatsJacques Cluzaud. Música: Bruno Coulais (‘Microcosmos‘, ‘Himalaya‘); Fotografía: Olli Barbé, Michel Benjamin, Sylvie Carcedo-Dreujou, Laurent Charbonnier, Luc Drion, Laurent Fleutot, Philippe Garguil, Dominique Gentil, Bernard Lutic, Thierry Machado, Stéphane Martin, Fabrice Moindrot, Ernst Sasse, Michel Terrasse, Thierry Thomas. France 2 Cinéma / France 3 Cinéma / Galatée Films / Bac Films

Película completa (en francés): 

Nómadas del viento: http://www.terra.org/categorias/peliculas/nomadas-del-viento

Le peuple migrateur: https://fr.wikipedia.org/wiki/Le_Peuple_migrateur

La hermosa canción de Nick Cave: To be by your side, es uno de los temas de la banda sonora de Nómadas del viento compuesta por Bruno Coulais.

¡Para alzar el vuelo!

Participan en la banda sonora de Nómadas del viento [Le peuple migrateur]: Nick Cave (‘To Be By Your Side‘), Robert Wyatt (‘Masters of The Field‘ y ‘The Highest Gander‘), Gabriel Yacoub, el Quartet Bulgarka, el coro Lyliana Botcheva, el coro de bajos Orthodoxes de Sofia, los dos jóvenes solistes Marie y Laura Giansily y las voces de Alain Maneval y de Joniece Jamison.