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Jaos versus Tao versus Hades. Chantal Maillard


el jaos


Originalmente, la palabra Χάος no significaba desorden, sino “abertura”, “abismo”. El jaos era la inmensa abertura tenebrosa que existía en el origen, antes de que aparecieran las cosas, aquel espacio, por tanto, infinito por no medido ni medible, en el cual nada podía distinguirse. Así pues, el abismo original apunta simplemente a la no visibilidad. Los infiernos, también designados con la palabra jaos, no eran sino el lugar donde nada era visible, lo cual viene a corroborar el hecho de que la misma palabra Hades (ᾍδης) (la morada de Hades o Plutón) que se ha traducido por Infiernos, significará literalmente sin visión o invisible. La bajada a los infiernos es la pérdida de la posibilidad de visión; al morir, los seres pierden sus límites, se “des-realizan”, se hacen invisibles.

[…]

El jaos es aquello de lo cual tenemos experiencia por negación: lo que se nos muestra sin aparecer, como pura negatividad, como amenaza. Y sin embargo es un peso, algo que tiene densidad, algo que fuerza la entrada de nuestra subjetividad y que en la abertura sólo deja… tinieblas. Las tinieblas del jaos se parecen a esos agujeros negros de los que nos hablan los físicos que, llenos de materia pero insaciables, engullen todo lo que se les acerca. Su fuerza de atracción es proporcional a su densidad. Y en ello consiste la fuerza del abismo; el abismo nos atrae no por su vacío sino por su oscura densidad, y lo tememos por la misma razón por la que nos atrae: porque en la oscuridad residen todos los seres posibles, los diez mil seres que la Hembra misteriosa puede generar.

El jaos, esa boca abierta del abismo, tiene dos funciones: la de exhalar y la de engullir. Cuando exhala es Logos, verbo creador, palabra: vac, sonido original que al expandirse forma melodías y alfabetos diversos. Cuando engulle, los seres del mundo y su propio mundo son reabsorbidos. La espléndida metáfora cosmológica de la tradición sívaísta expresa esto con una imagen bellísima: el dios Síva ingiere a su esposa, Sakti, que es su propio poder de manifestación, después de haberse comido todos los alimentos –el mundo– que ella le había ofrecido. La imagen védica del sueño de Brahma y sus despertares tiene la misma significación. El hinduismo propone una teoría cíclica del universo, y también lo hace el taoísmo […].

Así pues, el Tao es el “ser caótico” que vive (sheng), es decir, que engendra, produce, fluye, de la nada al ser. Y ese vacío del Tao que es “eficacia”, fuerza productiva, es también la matriz que alberga todas las posibilidades. El Abismo –Jaos o Tao (con nombre)nos atrae y nos aterra a un tiempo porque es el espacio donde habita el germen de todo lo posible. Nos aterra porque intuimos, vagamente, que de allí venimos y allí volveremos; nos aterra porque vagamente también intuimos que en él perderemos el nombre, aquel que obtuvimos con el nacimiento y que al designarnos repetidamente fue marcándonos como individuo; nos aterra porque lo desconocido siempre es una amenaza contra lo ya constituido y bien asentado. Y nos atrae, sin embargo, por los mismas razones: porque intuimos, vagamente, que algo guarda el abismo de nuestro común origen, una plenitud anhelada y perdida; nos atrae porque perder el nombre es crearnos de nuevo; nos atrae porque lo desconocido puede abrirnos los horizontes de nuestra limitada entidad.

Chantal Maillard. La razón estética: 66-68. Ed. Laertes, 1998

 

Catábasis : los descensos de la Doncella manca, un antiguo rito de resistencia

Escalera_Descenso


El significado de la Catábasis o Katabasis (del griego κατὰ, “abajo” βαίνω “avance”) es “un descenso de algún tipo, como bajar una ladera, el sol al atardecer, una retirada en una campaña militar, una expedición a los infiernos o un viaje desde el interior hacia la costa.” [fuente Wikipedia]. Podríamos también entender la depresión psicológica dentro del fenómeno de la catábasis, un ir hacia abajo, en que nos sentimos “caer” en la ausencia de toda voluntad personal, y a través de la cual (siempre que se cumpla todo el proceso) adquirimos una nueva perspectiva y una comprensión más profunda sobre nosotras mismas y sobre la vida.

Para acompañar los siete descensos que efectúa nuestra Doncella sin manos, haré un breve, e incompleto, repaso a la mitología cuyos relatos recogen ese movimiento hacia el Gran Abajo, el Hades, el inconcebible mundo, invisible, incognoscible, del que uno o una, si sale, sale transformado. HadesKurDuatGehennaInfierno es el temible lugar al que viajan las almas de los difuntos tras la muerte. Ha ido cambiando de nombre a lo largo de la historia, pero en todas las culturas y épocas su simple mención ha despertado un temor indescriptible. Pero a pesar del miedo atávico que infundían los dominios de la muerte –o precisamente por eso mismo–, los relatos mitológicos, religiosos y literarios de todo el planeta coinciden en presentarnos una larga lista de personajes (héroes, dioses o “simples” mortales) que osaron descender a las profundidades infernales, se enfrentaron a innumerables y terribles peligros y regresaron victoriosos (en su mayoría) al plano terrenal. Este descenso a los infiernos se conoce como catábasis y, para que pueda ser considerado una verdadera catábasis en lugar de una simple muerte, suele estar relacionado con una posterior anábasis, un ascenso o resurrección.

En la mitología griega, tenemos muchos ejemplos de Katabasis en el que el viaje del héroe, del dios o de la diosa, los lleva al inframundo, el mundo del Hades. Por ejemplo, entre los “simples” mortales, tenemos a Orfeo que entra en el inframundo en busca de su esposa Eurídice, con el propósito de traerla de vuelta al mundo de los vivos; o el descenso de Ulises/Odiseo al inframundo, la Nekyia descrita en el libro 11 de la Odisea. También Teseo, Heracles, los Dióscuros, y Eneas, tendrán que viajar al inframundo. En el mundo cristiano, Lázaro y Cristo, descienden a los Infiernos; y en el mundo renacentista, Dante, con la valiosa guía de Virgilio, se adentra él también en el Abajo. Entre los dioses y las diosas,  tal fue el caso de la Innana sumeria, del Marduk babilónico, del Osiris egipcio, del Megistos Kouros cretense, del Adonis sirio, del Attis frigio, de la Perséfone griega, la Koré, hija de Demeter, que fue raptada por el mismísimo Hades, obligada a acompañarlo y a permanecer en el inframundo, del que acabó siendo la Reina, Perséfone, esposa de Hades.

Para profundizar en el tema, os dejo un artículo de Pilar Gonzáles Serrano “Catábasis y resurección”.

Feu clic per accedir a documento4869.pdf

En la literatura, en el arte plástico o en el cine, encontraríamos múltiples relatos o manifestaciones artísticas que, simbólicamente y metafóricamente, escenificaron ese viaje hacia Abajo. Sin duda, la capacidad de relatarlo o de representarlo no sea ajena a la consiguiente anábasis del artista que logra así encontrar el modo de salir, pudiendo contarlo, mostrarlo.

Os invito a compartir tanto vuestros hallazgos en el campo del arte (poemas, relatos, películas, obras teatrales, pinturas, músicas…) como vuestras propias catábasis.

Aquí tenéis un enlace antiguo del blog en el que había recopilado algunos de los textos de la poeta Chantal Maillard en relación al Abajo, a sus propios descensos.

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2010/02/03/un-mapa-fractal-para-nuestros-descensos-1-rastreando-los-poemas-trazos-de-chantal-maillard/

Y el último artículo de nuestra compañera, Mireia Rosich, sobre las Transformaciones invisibles, hablando acerca de las catábasis de nuestra modernidad y del viaje al Abajo de Perséfone.

Mireia Rosich_Transformaciones invisibles

al mur del cementiri …

rosa d'ibur's avatarrosa d'ibur: versos i vida

“A mis amigos les digo: Cuando viajéis a Bruselas, no dejéis de ir a Ixelles y emprended el camino a lo largo del muro de su cementerio. Allí estaré, esperándoos.”

Chantal Maillard

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Fent cas de Chantal Maillard i de Muriel Chazalon, en anar a Brussel·les, vaig anar al cementiri d’Ixelles i vaig fer el recorregut pel mur on hi ha quatre poemes de Maillard, traduïts a diferents llengües. En el mur que separa els morts dels vius i la universitat flamenca de la francòfona, en el barri on va néixer la poeta i on darrerament ha retornat per recuperar la memòria de la seva infantesa, versos que ens parlen del emigrants i dels absents, dels murs que ens separen (o ens uneixen), del riure com a arma defensiva i dels records d’infantesa que sorgeixen com un centelleig. Vaig anar a Ixelles darrera versos que ens desafien, ens…

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Remedios Varo o la sutil subversión del mundo

 

  1. Remedios Varo_1  2. Remedios Varo  3. remedios-varo_rompiendo el círculo vicioso

1. Personaje, 1958 // 2. Camino árido, 1962 // 3. Rompiendo el círculo vicioso, 1962


Aprovecho la inminente edición del libro Cinco llaves del mundo secreto de Remedios Varo en Atalanta (de mano de varios autores), para traer aquí, a nuestro cubil lobuno, la obra de esta pintora tan sugerente como inquietante que fue una verdadera creadora de mundos. Octavio Paz dijo de la artista que “pinta lentamente rápidas apariciones”. Y creo que el poeta refleja perfectamente esa fugaz inmanencia que cada enigmática imagen atrapa. Bajo sus pinceles nacen universos metafóricos, impregnados de un humor muy fino, en los que todo es paso, tránsito, camino, exploración, vuelo, navegación, en donde todo “aquí” es “allá” . En aquellos trasmundos todo se mueve, se desplaza, todo se transforma, se metamorfosea, todo cuerpo denso o burdo gravita, levita, se volatiliza,  se hibrida, vibra, en ellos todo “yo” es “tú”… Lo sólido se fragmenta, se desgarra, se deshilacha como telas viejas, escribe Juliana Gonzáles en el catálogo razonado de la artista, y “vuelve a la luz, con todo su calor y su nitidez, una vida latente escondida por siglos o milenios en capas y capas de materia”. Materia, sí, pero translúcida. Un otro orden presentido, analógico, amenaza el orden visible y tangible. Estamos en un ahora fuera del tiempo y del espacio comunes, en busca de la perla de la unidad interior.

Depurados mundos en tránsito, fantásticas construcciones donde diversos planos de la realidad secretamente afines se interpenetran, umbrales solitarios, estancias silenciosas, cocinas-laboratorios, torres laberínticas, lugares abandonados o ruinosos, senderos de bosque, son algunos de los escenarios donde, por doquier, personajes en lentos procesos (¿de iniciación, de espera?) reciben, pasmados, algún signo asombroso que no alcanzan a comprender…

Frágiles y delicados personajes, aquellos buscadores andróginos, vagabundos, eremitas, músicos, alquimistas, geólogos mutantes, cazadoras de astros, juglares, malabaristas, funanbulistas, relojeros, tejedoras, bordadoras, trovadores, personajes-libélula-gato, insectos-máquinas, mujeres-lechuza, gatos-helechos, sombras fantasmagóricas, todos apariciones mutantes e inquietantes, visitantes cuyas vestiduras del medioevo, tales pieles desgarradas o extensiones sensibles, se convierten en pelaje, en ramaje, en plumaje, o en trajes-locomoción, algunos habitados por maravillosos interiores que se desvelan y revelan a la altura del plexo solar… No falta la presencia del observador –a menudo el gato– que todo lo percibe…

Antiguas fuentes de sabiduría, desde la Bhaghavad-Gita, el budismo zen, el I Ching, la Cábala, el Tarot, la alquimia del medioevo, y lecturas como el Tertium Organum de Oupensky, El juego de abalorios de Herman Hesse, El Monte análogo de René Daumal, Meister Eckhart, C. G. Jung, E. A. Poe, Lovecraft, Ray Bradbury, la pintura de Hieronymus Bosch, pero también la relatividad de Einstein, la astrofísica de Fred Hoyle, la teoría de la evolución en la tierra, la ingeniería, el psicoanálisis, la música, la biología… acompañaron e inspiraron la obra de Remedios Varo. Aunque su principal “órgano de conocimiento”, según cuenta Juliana Gonzáles, “fue la imaginación y la fantasía creadora”, así como sus propias observaciones y experiencias internas y externas. Remedios, añade la estudiosa y amiga de la pintora, “vivió el arte […] como pudo haberlo sido en el Medioevo: un oficio de salvación, de sapiencia y de purificación”.

Para hacer boca, os dejo con las primeras páginas del libro que Atalanta presenta en su web, con un artículo que salió en la Vanguardia en el mes de noviembre 2015 (añadido posteriormente a esta entrada), y con un par de documentales de RTVE sobre la vida y obra de una mujer imprescindible en la creación pictórica del siglo XX.

La obra pictórica de Remedios Varo (Anglés, Gerona, 1908-Ciudad de México, 1963) transmite la presencia de una revelación precisa, cuyo amplio campo de sugerencias se oculta bajo una capa de misterio. ¿Qué significan sus cuadros? ¿De qué nos está hablando su enigmático universo plástico? Este libro nos ofrece, por primera vez, las cinco llaves que abren la caja secreta del mundo mágico de esta pintora: la llave esotérica, la llave surrealista, la llave literaria, la llave del mundo onírico y la llave del mundo arquitectónico.” (Web de Atalanta)

http://www.edicionesatalanta.com/libro.php?id=113

REMEDIOS VARO – LA VANGUARDIA 1.HOJA

REMEDIOS VARO-LA VANGUARDIA I-2

http://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-remedios-varo/2489576/

http://www.rtve.es/alacarta/videos/mujeres-para-un-siglo/mujeres-para-siglo-remedios-varo-pintura/713446/

La entrega de Clarice Lispector


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Por fin, por fin mi envoltura se había roto realmente, y yo era ilimitado. Por no ser, yo era. Hasta el fin de aquello que no era, era. Lo que no soy, soy. Todo estará en mí si no soy; pues “yo” es solamente uno de los espasmos instantáneos del mundo. Mi vida no tiene un sentido solamente humano, es mucho mayor, es tan grande, que, en relación con lo humano, no tiene sentido. De la organización general que era mayor que yo, hasta entonces no había distinguido los fragmentos. Mas ahora, yo era mucho menos que humana, y sólo realizaría mi destino específicamente humano si me entregaba, como me estaba entregando, a lo que ya no era yo, a lo que ya era inhumano.

Y entregándome con la confianza de pertenecer a lo desconocido. Pues sólo puedo rezar a lo que no conozco. Y sólo puedo amar la evidencia desconocida de las cosas, y sólo puedo unirme a lo que desconozco. Solo ésta es una entrega real.

Y tal entrega es la única superación que no me excluye. Yo era ahora tan grande que no me veía. Tan grande como un paisaje lejano. Me hallaba lejana, pero perceptible en mis más últimas montañas y en mis más remotos ríos: la actualidad simultánea no me asustaba ya, y en mi más última extremidad podía por fin sonreír sin ni siquiera sonreír. Por fin me extendía más allá de mi sensibilidad.

El mundo no dependía de mí; ésta era la confianza a que había llegado: el mundo no dependía de mí, y no comprendo lo que digo, ¡nunca! Nunca más comprenderé lo que diga. Pues, ¿cómo podré hablar sin que la palabra mienta por mí? ¿Cómo podré decir, sino tímidamente: la vida me es? La vida me es, y no comprendo lo que digo. Y entonces adoro…

Clarice Lispector, La pasión según G. H. Siruela, 2013

El tambor del corazón, el canto

El tambor del corazón

I

Se dice que toda la creación estuvo acompañada por un sonido o una palabra pronunciada en voz alta, un sonido o una palabra susurrados o pronunciados con el aliento. En los mitos, se considera que el canto procede de una misteriosa fuente que confiere sabiduría a toda la creación, todos los animales y los seres humanos, los árboles, las plantas y cualquier ser que lo escuche. En los cuentos se dice que todo lo que tiene “savia” tiene canto.

El himno de la creación produce un cambio psíquico. […]

El canto es una modalidad especial de lenguaje que permite alcanzar cosas que la voz hablada no podría. Desde tiempos inmemoriales el canto, como el tambor, se ha utilizado para crear una conciencia no ordinaria, un estado de hipnosis o un estado de plegaria. La conciencia de todos los seres humanos y de muchos animales se puede alterar mediante el sonido. Ciertos sonidos, como el goteo de un grifo o el insistente claxon de un automóvil, pueden provocar ansiedad e incluso irritación. Otros sonidos, como el rumor del océano o el aullido del viento entre los árboles, nos pueden llenar de sentimientos satisfactorios. El sonido sordo –como el de unas pisadas– hace que una serpiente experimente una tensión negativa. Pero un suave canto puede hacerla bailar.

La palabra pneuma (aliento) comparte su origen con la palabra psique; ambas se consideran denominación del alma. […]
El canto de la canción y el empleo del corazón como tambor son actos místicos que despiertan unos estratos de la psique no demasiado utilizados ni vistos. El aliento o pneuma que se derrama sobre nosotros abre ciertas puertas y despierta ciertas facultades que de otro modo no serían accesibles.

Clarissa Pinkola Estés. Mujeres que corren con los lobos, El tambor y el canto del corazón.

II

¡Canta! – los temores están allí – agazapados – como duendes hambrientos – al acecho. – Acalla la habladora y ¡canta! – Que no hable – ella – la creadora de objetos – que no hable. – En las palabras creemos. – ¡Que no hable!– Canta. – ¡Canta!

*

Existir es una agitación. Decirlo es producto de esa agitación.

Relajarse. Confiar. Abandonarse.

Desatender la voluntad para que actúe la sabia, la otra conciencia, la que no falla, la que desoímos.

Callar la habladora, la que dice “yo”. Dejar paso a la otra, la Anciana, la que canta. Con ella de la mano, ir. Dejarse Ir. Convertirse en ella.

Chantal Maillard. La mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015

Acontecimiento. Kenneth White

Joaquim Reberté _Tardor al Montseny

Algo enrojece ahí fuera
enrojece muy despacio –
ellos lo llaman otoño

Event

Something reddening out there
very quietly reddening –
they call it Autumn

in L’ ermitage des brumes. Occident, Orient et au-delà. Editions Dervy, Paris, 2005.

Version castellana de Muriel Chazalon
Fotografía de Joaquim Reberté, Tardor al Montseny

Ingoma Nshya, tambores que curan mujeres en Ruanda

Seguimos trabajando con nuestro cuento de La mujer esqueleto y, entrando ahora en la tarea del tambor y el canto del corazón, este vídeo me pareció un formidable testimonio de la capacidad de revitalización y de re-energetización de las mujeres, de la regeneración de su fuerza física y moral y de su valentía en circunstancias muy adversas… Fueron capaces juntas, tal como sale reflejado en la filmación, de crear “un espacio liberado de los demonios de nuestra vida cotidiana” y, uniéndose en el ritmo, encontraron un espacio de alegría compartida, y una cura… El tambor suena, los cuerpos vibran, comienza el hechizo, disfrutad del espectáculo!

“En un país que estaba completamente dividido, la gente necesitaba espacios para compartir. Y las actividades creativas resuenan más profundamente que cualquier discurso”.

El genocidio también alteró el orden y las jerarquías sociales en Ruanda. Ingoma Nshya, el primer grupo de mujeres tamborileras del país es un ejemplo de ello. Antes de las masacres, los tambores sólo podían ser tocados por algunos hombres, cuidadosamente seleccionados. Hoy en días las mujeres tamborileras de Ingoma están reconocidas internacionalmente, han realizado giras por todo África, Europa y Estados Unidos. Sin embargo, a la vez que un modo de dar recursos a las mujeres participantes, esta idea de Odile Katese que se ha desarrollado en el marco de la Universidad de Butare, es y ha sido sobretodo una forma de terapia colectiva que, a través de la creación y del arte, ha ayudado a la sanación de este grupo de mujeres.

Vídeo perteneciente al Especial http://despuesdelapaz.periodismohumano.com

La mente es la siempre hambrienta. Entrevista con Chantal Maillard

chantalmaillard   La mujer de pie

Entrevista: Esther Peñas. Foto: Ana Cruz Oswaldo


Hay lecturas de las que uno no sale indemne. Lecturas que modifican el ángulo. Que dejan traza. Lecturas después de las cuales uno ya no es (el mismo) para ser (un tanto otro). ‘La mujer de pie’ (Galaxia Guterberg), por ejemplo, un texto que no es poesía, no es ensayo, no es novela. Es una escucha. Una voz que exige interlocutor y que se convierte, en cierto modo, en diálogo intersubjetivo. Es una reflexión sostenida llena de hilos y de husos, que sugiere, apunta, propone, insinúa. Uno no va solo por entre estas páginas hipnóticas, uno se siente acompañado a cada palabra. Su autora, Chantal Maillard (Bruselas, 1951) vuelve a conseguirlo: e-mocionar, con-mover, per-turbar, des-colocar. Ya lo advierte. Ella escribe “para que el agua envenenada pueda beberse”.


“No poder sentarse. Quedar de pie, lo justo. Herido en la base. Cuerpo sin sujeción”. La mujer de pie, ¿qué perspectiva adquiere sobre la vida?
La mujer de pie es alguien que no puede sentarse. Imagine. ¿Lo siente? No puede. Nadie se duele en cuerpo ajeno. Por eso la mujer de pie ha de ser un ejercicio de imaginación: usted es alguien que no puede sentarse. Detrás del visillo que vemos moverse en cualquier ventana puede haber un cuerpo malherido, mutilado, discapacitado o simplemente envejecido. Usted es ese cuerpo. Imagine.

Cuando uno está en el límite, como quien oye/escucha en la primera parte del libro, ¿ese límite distorsiona lo que se oye o, por el contrario, nos aclara y aporta nitidez?
En un capítulo de libro se habla de un fenómeno acústico bastante común, ese sonido agudo que muchos oímos cuando el silencio es grande. Los científicos (a quienes les gusta hablar de “síntomas” porque el síntoma lo es siempre de una enfermedad y a los científicos les gustan las enfermedades) le han dado el nombre de tinnitus. Puede que hubiésemos tenido siempre ese sonido en el oído, dicen, sin que lo oyésemos, hasta que de repente reparamos en él. El caso es que cuando reparamos en él es muy difícil dejar de oírlo. Pues bien, algo parecido ocurre con el discurso mental. Siempre está ahí, no para, pero no nos percatamos de él por la sencilla razón de que nos identificamos con lo que dice, creemos que nosotros somos quien habla. Pero no es así. Y si de repente tomamos distancia y lo oímos, ya está, no podemos dejar de oírlo.
Para situarse en el límite y no perder el equilibrio es preciso haberse distanciado del ruido mental.

“La palabra con la que definimos a una persona no es solo una palabra, sino a la vez el centro y el punto de fuga de un haz de relaciones”. ¿Con qué palabra se encuentra usted más usted, más en síntesis de sí misma?
Si me identificase con una palabra, ¿no entraría en contradicción con lo que cita? No somos, sucedemos. Y si bien una palabra es un punto y todo punto permite una cierta detención, nosotros somos aquello que se fuga, apenas una trayectoria que se modifica al contacto con otras.  El “sí mismo” es una solidificación, un nódulo de repeticiones.

Desembarazarse del ‘yo’. Una preocupación constante en sus escritos pero, ¿es posible observarse desde una conciencia despojada por completo del yo? ¿Sería sano? ¿Acaso una porción del yo no nos permite vivir?
Definamos. Llamemos yo a esas solidificaciones a las que me refería antes: ideologías, creencias, opiniones, sistemas de todo tipo. La araña-mente los construye, los adopta o, por lo general, los hereda. A partir de allí, sigue tejiendo, individual y colectivamente, y reforzando su tela allí donde advierte cualquier desgarro.
¿Que si es sano despojarse del yo? Considere: sin la identificación con el discurso mental, sin esa firme creencia en la individualidad y sus cápsulas diferenciales (personal, familiar, grupal, tribal, racial, humana, etc.) probablemente nos habríamos ahorrado las colonizaciones, las cruzadas, las guerras, la destrucción del ecosistema del que formamos parte, etc… La supervivencia de la propia especie en el reino animal nunca se hizo en detrimento de las demás especies.
La ética -y la política- aplicada empieza por el conocimiento de uno mismo. De lo contrario, seguiremos construyendo sobre aguas residuales. Un sistema ético y político acorde con estos tiempos tendrá en cuenta no las raíces ni los puntos de apoyo sino la complejidad del rizoma que formamos entre todos y su continua transformación, y esto requiere que quienes lo dicten hayan saneado el terreno de la propia conciencia.

“Todo lo que se mueve nos atrae”. ¿Quizás porque la quietud nos evoca la muerte y eso nos aterra?
Quizás. La vida es movimiento, sin duda. Pero a la mente le atrae sobre todo porque necesita alimentarse. Ella es la siempre hambrienta. Si enfoca un punto fijo se inquieta, se pone nerviosa, y termina enfocando cualquier cosa que se mueva.

Cuando uno “se sitúa en la intemperie”, ¿qué gana y qué pierde, respecto de los demás y para consigo mismo?
Situarse a la intemperie significa optar por hablar en primera persona, con la responsabilidad que esto implica. Se gana en honestidad.

¿Cuál es la linde que separa el ‘yo’ del ‘mi’?
El mí es una acumulación de gestos habituales (mentales, físicos, emocionales), pliegues que vuelven a plegarse una y otra vez sobre sí mismos. El yo es la creencia añadida de que detrás o debajo de esa acumulación hay alguien. “Escuchad: no somos”, dice la mujer de pie. “No hay nadie tras los pliegues”.

¿Es posible la disolución de quien escribe en lo escrito?
Permítame responder a esto con el fragmento de un poema de Hilos, pues no sabría explicarlo mejor: “Disolver, alguien dice. Disolver / el mí. –¿Quién disuelve? / Un disolver, tal vez. ¿En el decir? / El decir es el método”.

“El deseo es guía; la creencia, territorio”. ¿Es un binomio que parece exigirse el uno al otro. ¿En qué creer en un mundo sustentado en la apariencia?
¿Hay acaso alguna diferencia entre apariencia y realidad? ¿Podemos percibir el mundo de otra manera que mediante nuestros órganos de percepción y nuestra mente? Real… ¿qué es real? Wittgenstein decía que creemos ver el mundo pero que lo que vemos en realidad no es sino el marco de la ventana por la que miramos. Nada más cierto. A efectos prácticos, saberlo no sirve de nada, pero aún así es importante.

“El abajo no es inconsciente, es simplemente inconmensurable (…) La voz de abajo es el poema.” El abajo, ¿nos conforma de un modo más auténtico que la superficie?
La autenticidad, como la verdad, es un término comparativo. Si no hay falsedad, no hay autenticidad. No creo que esta dicotomía pueda aplicarse aquí. El abajo, la superficie, el antes o el fuera describen estados que resultan de distintas frecuencias vibratorias. La percepción del tiempo es diferente según la mente se aquiete o se acelere. En el abajo el tiempo se dilata, puede llegar a ser infinito. Lo que ocurre allí entonces es incomunicable. Si la voz del abajo es el poema es porque sólo el poema es capaz de aprehender lo inabarcable. La desaparición, por ejemplo.

“No está descrito, dice el científico. No está descrito, luego no ocurre”. ¿Qué lugar ocupa lo sagrado, el presagio, lo incomprensible en nuestra sociedad?
Lo que el sistema no neutraliza, lo margina, sencillamente. O le otorga el carné de inexistencia. Lo que no entiende la mente-araña sistémica es que todo, en este mundo, es absolutamente incomprensible, además de absurdo.

Sin los mitos que le han configurado a través de los siglos, ¿el hombre  moderno tiene futuro?
Parece que el ser humano no puede vivir sin algún mito que le explique los comienzos. Esto no sería un problema si no se equivocase de mito. Hemos elegido aquellos que fomentan la discordia. El futuro que deparan es, obviamente, el presente que estamos viviendo.

¿Qué sucede si uno, como recomienda la última línea del libro –libro como panóptico del sentir-, da un paso hacia las sombras?
Habrá que preguntárselo a la mujer de pie.