Los panes y los peces de Chantal Maillard

hokusai-katsushika_peces y hojas rojas


 –¿A quién le servirán mis conocimientos? –se lamentó el filósofo–. Empeñé mi vida en un inmenso esfuerzo de lógica,  imperioso y solitario. Se averiguó inútil para la resolución de las cuestiones metafísicas, pero imprescindible para conocer los límites del conocimiento y valioso, sobremanera, para dilucidar cuestiones inmediatas. ¿Qué continuidad habrá, ahora, para tan largo empeño? Inútil es el saber que no se entrega. Soy como un panadero que, encerrado en su sótano, siguiese amasando pan a diario, lo cociera y lo colocara en los estantes a los que nunca nadie tendría acceso; cuando, al sentarse una tarde, a solas, contemplase las baldas repletas de panes cubiertos de verdín y comprendiese lo inútil de su empresa, ¿qué haría entonces el panadero?

 –¡Basta de lamentaciones! –exclamó el poeta–. El ejemplo no es adecuado. Comer pan es una necesidad; pensar, en cambio, es un esfuerzo cuyos logros a menudo son amargos; ¿a quiénes iba a interesar? Mejor únete a mí, canta tu dolor, tu gozo si lo hallaras, todos se reconocerán en tus palabras, las cantarán contigo, las seguirán cantando después de ti y hallarán en ellas consuelo.

  El filósofo levantó los ojos; había en ellos ternura y compasión.

 –Si comiesen mi pan –le dijo al poeta dulcemente–, no necesitarían hallar consuelo. Lamentándose se amparan entre todos y eso les hace fuertes, lo sé, pero ¿para qué utilizarán su fuerza? Si comiesen mi pan sabrían de la inutilidad de todas las guerras. El pan que amaso en secreto equilibra el universo.

El poeta lloró. Luego dejó de llorar.

  –Enséñame, –le dijo.

  Y de lo que hablaron fue de los límites del lenguaje, de las definiciones correctas, de la lógica que rige el pensar.

  Después de mucho tiempo, el filósofo le preguntó al poeta:

  –¿Qué has aprendido?

  –A no llorar –contestó el poeta. Y le señaló un pez de aletas doradas cuya cola guiaba como una quilla su cuerpo irisado bajo el agua. El filósofo se sentó a su lado.

  Y de lo que hablaron fue de los días, de las nubes que pasan, de los ojos de los peces, del latir bajo el pelambre cálido de los mamíferos.

Chantal Maillard. Bélgica: 125-126. Pre-Textos, 2011

Imágenes: Hokusai Katsushika (1760-1849), Peces y hojas rojas. 


Cual o la identidad suspendida de Chantal Maillard

Cual_Chantal Maillard maillard3

Cual es una serie de poemas de Chantal Maillard incluidos en la segunda parte del poemario Hilos publicado en 2007 por la editorial Tusquets en su colección de poesía “Nuevos textos sagrados”. Cual es también una breve película rodada en Super 8 en el barrio chino de Málaga bajo la dirección de Gerardo Ballesteros, con Chantal haciendo de Cual. Cual también es un precioso libro artístico- de hecho una carpeta-libro, diseñada por José Oyarzábal- que abrió en diciembre del 2009 la colección de poesía “La sirena inestable” del Centro Cultural Generación del 27.

Cosas de Cual 1

La carpeta-libro contiene:

-un cuaderno de poemas, Cosas de Cual (cuaderno rojo abajo a la derecha)

-un cuaderno de fotografías de Chantal y de fotogramas de la película Cual, filmada por Gerardo Ballesteros (cuaderno amarillo arriba a la derecha)

-un DVD con la citada película Cual y un bonus: una lectura de Hilos por Chantal (DVD azul arriba a la izquierda)

-y un frágil y quebradizo poema de Cual impreso en una lámina de vidrio (bajo la carpeta negra plegada Tal Cual abajo a la izquierda, y que he dejado fuera en esta fotografía).

Citaré el final del texto en el que Chantal Maillard presenta la “emergencia y suspensión” de Cual:

“En la época del kitsch, sólo un ente suspendido “por debajo de sí” como una nota musical sin partitura, ínfimo, desprovisto, es quien podría salvarnos. Salvarnos de lo mucho y de lo poco, del tener y del no-tener, de las palabras vanas, los superlativos y las decadencias, del es y el no-es, los valores y su carencia, los paraísos y la esperanza. Sí, de la esperanza. Cual, acarreando una maleta vacía, sin argumento que blandir o que debiera resolverse augura el fin del psicoanálisis y el comienzo de la compasión.

El enigma –y el problema– es: ¿está realmente vacía la maleta?”

[Nota: La maleta antigua impresa en la cubierta la heredó Chantal de su abuela.]

Cosas de Cual

Cual junto a indignado.
Existir no es digno.
Por eso, junto a.
Junto a indignado.
Cual cabeza en alto,
erguida sobre el cuello, sobre-
elevada. Mentón paralelo al
suelo. También los párpados,
a los pies, paralelos,
que siguen en el suelo, los pies.
Agravio de la parte superior
con las extremidades inferiores,
la dignidad.

Cual junto a indignado. De existir.
Tal vez considerar
la retirada. Dignamente.
Aprender a cerrar. Con dignidad.
Ojos al bies.
Como a quien no le incumbe.
Pulgares abrochados al chaleco.
Modalidad romántica. Tardía.
Imposible oficiar sin atuendo apropiado.

Cual en ropa interior.
Por el aire. Espeso.
Canicular. Impropio. –¿Impropio?–
Borrar impropio. Por el aire.
Residual.

Gary Snyder, la vida íntegra

Gary Snyder_abc cutural

Artículo de Juan Malpartida publicado en ABC Cultural, el 19 de julio 2016

Hablar de Gary Snyder no es hablar sólo de un poeta de la generación «beat». En tanto que estudioso de la Naturaleza, es también un ecologista, como se desprende de «La práctica de lo salvaje»

Para situar rápidamente este hermoso y lúcido libro de Gary Snyder [Juan Malpartida reseña aquí La práctica de lo salvaje], me remito a la idea de Claude Lévi-Strauss, citada por el propio poeta, de que las artes son el territorio salvaje que sobrevive en la imaginación. Snyder es integrado siempre, y no sin razón, con los poetas, novelistas y personajes de la generación «beat». Nació en San Francisco en 1930, y creció en una «pequeña granja en el Noroeste del Pacífico norteamericano, en la Isla de la Tortuga». Estudió antropología y lenguas asiáticas, y en 1962 residió en la India. Además de un estudioso del budismo y de la Naturaleza, fue de joven montañero y trabajador forestal. Ha sido y es un gran defensor de la Naturaleza salvaje y para ello, además de escribir notables ensayos, ha desempeñado tareas prácticas en las montañas y bosques del Oeste americano, pero también en Japón, Taiwán y Nepal.

Toda su reflexión y actividad está asistida por «una suerte de budismo arcaico, que no ha perdido su vínculo con las raíces animistas y chamánicas». Sí, es un ecologista, pero es algo más. Está lejos de creer que el mundo vegetal y animal es un instrumento, y profesa la creencia y el conocimiento de que formamos parte de un universo animal y vegetal que debemos cuidar, amar y respetar si queremos tener una vida digna y perdurable.

Donde hay un lince

En «La práctica de lo salvaje» no sólo encontraremos datos y reflexiones que vale la pena tener en cuenta y pensar, sino una admirable actitud ante la vida, y, como escritor, pasajes memorables en los que vemos, literalmente, un mundo natural lleno de fuerza, y asistimos a enseñanzas exigentes y al tiempo razonables sobre un buen vivir, que siempre ha de suponer nuestra inserción en el conjunto de lo vivo.

Para Snyder lo salvaje forma parte de la libertad, y esta se apoya en la aceptación de las condiciones que le son inherentes: una realidad transitoria, abierta, imperfecta y no pocas veces dolorosa. La libertad existe porque no hay un universo preestablecido. Lo propio de lo salvaje, por otro lado, como proceso de lo natural, también es una ordenación de lo transitorio. Para Snyder, como para algunos místicos y científicos modernos, todo es natural, incluidas nuestras ciudades, aunque para el poeta norteamericano Madrid y Nueva York serían naturales sin ser salvajes (bueno, hay días en que uno afirmaría lo contrario…).

Pasajes memorables en los que vemos, literalmente, un mundo natural lleno de fuerza

Un sistema salvaje lo es cuando un ecosistema funciona plenamente y, por lo tanto, todo lo que lo constituye está presente en su red de actividad. De ahí venimos. Por otro lado, en nosotros habita también esa realidad: «Las profundidades de la mente, el inconsciente, son nuestras áreas salvajes interiores, y es ahí donde ahora hay un lince», afirma Snyder. No se trata de un lince individual, sino del que va «de sueño en sueño». «El cuerpo se encuentra en la mente. Ambos son salvajes».

Cerebro en red

Antonio Damasio diría que el cerebro surgió para ayudar al cuerpo en la subsistencia. Pero el naturalista Mancuso iría más lejos al afirmar que los árboles tienen un cerebro en red. Snyder, siguiendo en esto a la tradición «samkhya», pero también a Charles Darwin, no duda en afirmar que en un sistema ecológico «la información que recorre el sistema es inteligencia». Es obvio que la noción de inteligencia trasciende lo que entendemos por pensamientos, opiniones, ideas y conceptos, porque para Snyder, citando a Dogen, el fundador de la escuela soto del zen japonés, mente «significa árboles, postes de una cerca, tejas y hierbas».

Como ecologista, Gary Snyder aboga por un «contrato natural» a escala planetaria, que impida los saqueos y destrucción llevados a cabo como botín por empresas y Estados. Apela a una conciencia sobre los recursos de fuente común. Un mundo en el que la cultura y la Naturaleza son sombras, y la política y la economía enrarecidas son lo real, significa para Snyder que vivimos en «tiempos retrógrados», aunque creamos que el sistema es firme y progresa.

Cedros de incienso

Por otro lado, junto al «contrato natural» planetario, el antropólogo y activista Snyder considera necesaria una «conciencia biorregional» que nos hace prestar atención a que nuestro vínculo con el mundo natural no transcurre en abstracto sino en un lugar, y «debe enraizarse en un sustrato de información y experiencia». También lo dice de manera algo hegeliana: «El biorregionalismo es el acceso del “lugar” en la dialéctica de la Historia». No me resisto a citar la descripción de su propio lugar: «Ladera oeste de la Sierra Nevada, en la cuenca del río Yuba, al norte del brazo sur del río en la cota de los 900 metros, en una comunidad de roble negro, cedros de incienso, madroños, abetos Douglas y pino ponderosa». Exactitud de naturalista y de poeta que recela de las abstracciones.

Debemos vigilar nuestra disposición cotidiana en relación al mundo animal y vegetal: «La actitud hacia los animales y la forma de tratarlos que predomina hoy en la producción de carne en el mundo occidental son francamente enfermizas y antiéticas, y una fuente ilimitada de mala suerte para esta sociedad». Una vida ética ha de tener buenas maneras, ser considerada. Pensamos que podemos hacer cualquier cosa. Es un error. Pero no podemos alcanzar la percepción correcta sin una práctica adecuada, y por ello valora la noción de lo sagrado en cuanto que suponga la salida de nuestra individualidad, más allá de nuestra especie, para participar de aquello que, por encima de ideas y conceptos, preceptos y opiniones, nos constituye.

No se trata de una fusión mística sino de percibir y mantener las diferencias y la igualdad. Los seres humanos y nuestras ciudades no podemos prescindir del resto de la Naturaleza, y para ello es necesario, según Snyder, una ecología compleja, que supone que la respuesta a las necesidades humanas esté sumida en una conciencia integral. El autor vislumbra que «nuestro próximo diálogo será entre todos los seres, hacia un discurso de relaciones ecológicas». Esto no implica menospreciar lo humano: «El estudio correcto de la humanidad es qué significa ser humano».

 

Las migas del infinito. Chantal Maillard


Regardons voir quelle tête on fait ce matin

 

  Estamos a un metro de distancia el uno del otro. Mirándonos. Él, la cabeza inclinada; yo, el alma. Sé que será por poco tiempo, que ambos estamos aquí, mirándonos, por poco, muy poco tiempo. Y sé también que ése es todo el tiempo del que disponemos. Si no cruza por mi mente la idea de un después, ese tiempo será infinito.

     El gorrión ha volado. Mi presente son las migas de pan que alguien dejó para él en la mesa vecina.

Chantal Maillard. Bélgica: 126. Pre-Textos, 2011


Eva Lootz (1). Escultura negativa: “la atención prestada a la materia”

Eva Lootz_foto Eva Lootz_g0358z994

“Hacer arte es crear campos de excitación, de intensidad, de experiencias extraordinarias. Y para ello hace falta pasión, intuición, disciplina, entrega, y aprender a pensar plásticamente”, así se expresa la pintora, escultora, y artista conceptual, Eva Lootz (Viena, Austria, 1940) que se formó en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Viena, licenciándose como directora de cine en la Escuela Oficial de Cinematografía y Televisión de su ciudad natal, al tiempo que se iniciaba en Bellas Artes con Hans Leinfellner. En 1965 se trasladó a España, fijando su residencia en Madrid.

Eva Lootz ha centrado su obra en la naturaleza, y en las cualidades o propiedades físicas y orgánicas de los diversos materiales con los que trabaja. Su obra, en la que existe un marcado interés por la interacción entre materia y lenguaje, se caracteriza desde el inicio por la utilización de registros heterogéneos: esculturas, collages, dibujos, estampas, fotografías, instalaciones…  Un universo conceptual y muy personal en el que Eva Lootz reivindica el valor de lo fronterizo. “Hay artistas más productivos y otros más reflexivos. Yo sin duda soy de estos últimos”, dice la artista.

En una entrevista reconoce que a la vez que avanzaba como creadora descubrió la invisibilidad de la mujer en el arte. Y dice algo acerca de la devaluación tanto de la naturaleza como de la mujer que a nosotras nos resonará mucho siendo el núcleo mismo de nuestro libro lobuno: “Hay cierto paralelismo entre el trato que se da a la naturaleza y a la mujer. Al igual que se acude a una cantera para extraer materias primas, la mujer no ha tenido más valor durante siglos que ser la gran reproductora. No es algo discursivo, sino implícito”.

Dirigiendo de nuevo la atención y la escucha hacia lo que nuestra cultura ha dejado en la sombra, Eva Lootz, al referirse a las “esculturas negativas” o a los “monumentos negativos”, precisa:

“¿Qué es pues la escultura negativa?

Es el reverso de la escultura como expresión del genio.

¿Qué son los monumentos negativos?

Son el reverso de los monumentos como expresión de la autoridad en el espacio público.”

Escultura negativa da cuenta de la dicotomía radical que atraviesa nuestra tradición entre materia y espíritu, de las implicaciones humanas de unos trabajos realizados a menudo en condiciones de semi-esclavitud, y ahonda en el paralelismo existente entre la devaluación de la materia y la de la mujer, en el hecho de que lo que se ha
valorado son los monumentos, las catedrales, los palacios, las pirámides, las esculturas de bronce y de mármol, quedando ocultos los lugares de su procedencia, Eva-Lootz_Escultura-negativael trabajo primero, la matriz, la cantera y la mina, aquello que ha hecho posible la
obra. Esta publicación bilingüe (español-inglés) reúne los trabajos que Eva Lootz ha venido desarrollando, desde los años setenta hasta hoy, en relación con las minas de Ríotinto, Almadén, Rodalquilar y las Médulas, el Canal de Isabel II, las Canteras de Menorca, las Salinas de Torrevieja y el Río Loa en Chile. Asimismo, además de los textos de la propia Lootz, la edición se completa con un texto de Esther Moñivas sobre “la concepción de la materia”, un texto de Chantal Maillard, “Homo Sapiens Obliviosus”, fruto de un encuentro imaginario entre el filósofo Michel Serres y Eva Lootz, y un texto final de César Lanza sobre el agua –”Hilos de agua”– como materia y medio de creación/sustracción. © LA OFICINA DE ARTE Y EDICIONES, 2015

Premio Nacional de Artes Plásticas en 1994, Eva Lootz fue galardonada en 2013 en la categoría de Artista por la Fundación Arte y Mecenazgo, impulsada por “la Caixa”. La artista, en el acto de entrega del premio en 2013, reconocía que le hacía especial ilusión el hecho de que “este premio incluya la posibilidad de hacer un libro, un libro-proyecto, que me permitirá ahondar en un tema que ha sido importante para mí, aunque tal vez haya estado un tanto encubierto y no haya sido todo lo visible que hubiera podido ser, el tema que he llamado de los “monumentos negativos”. Es en el fondo el tema de la apropiación de los recursos por parte del ser humano, o, dicho de forma más poética, el tema de la escucha de la tierra y de sus entrañas, el tema de los yacimientos, las minas, las canteras, la extracción de minerales y el intercambio de materias primas… Incluye también las reflexiones acerca de la devaluación de la materia, que en nuestra tradición ha ido en paralelo con la devaluación de la mujer. Quisiera reunir en esta ocasión el material que en su día quedó guardado en carpetas y cajones e incluso, realizar en forma de libro el proyecto del río Loa que acaricio desde hace tiempo, sin haber podido avanzar mucho por falta de medios.”

(…) El comienzo de mi trabajo lo recuerdo como un querer hacer tabula rasa. Escuchar por tanto a la materia, su calidad impasible e indiferente a lo humano, trazar sus mapas, rastrear su gramática. Fundir parafina y lacre, untarse el cuerpo de alquil, acostarse sobre un montón de plumas, derretir plomo, seguir los caminos del mercurio.

Este libro recoge en gran medida el trabajo de los años 80, aquella parte del trabajo imposible entonces de presentar en una galería de arte, recorre los yacimientos más importantes de la península y emprende un itinerario por los lugares del cobre, del mercurio, del oro, de la piedra, de la sal, de un conducto de agua, de una cuenca hidrográfica y finalmente de un oasis en vías de desaparición”.

Eva Lootz, discurso de presentación del libro –

Texto en pdf del discurso de presentación del libro Escultura negativa de Eva Lootz:

Feu clic per accedir a Presentacion-Eva-Lootz-Escultura-Negativa-15012015.pdf

Web de Eva Lootz: http://www.evalootz.net

http://fundacionarteymecenazgo.org/premios-arte-y-mecenazgo/proyectos-de-ganadores/escultura-negativa-de-eva-lootz/

Dos entrevistas:

http://www.elcultural.com/noticias/buenos-dias/Eva-Lootz/7287

http://www.tendenciasdelarte.com/eva-lootz-sentido-y-sensibilidad/

 

Somos el ingrediente que falta. Peter Kingsley

Portada-Kingsley

No se nos ha dicho que, en las mismas raíces de la civilización occidental, reside una tradición espiritual. […] Hay que pagar un precio para entrar en contacto con esta tradición. Siempre hay que pagar un precio, y, precisamente porque nadie ha querido pagarlo, las cosas están como están. El precio no ha cambiado: somos nosotros mismos, nuestra voluntad de ser transformados. Solo sirve eso, no puede ser menos.

No podemos apartarnos y mirar. No podemos distanciarnos porque precisamente nosotros somos el ingrediente que falta. Sin nosotros, las palabras solo son palabras. Y esta tradición no existió para edificar o entretener, ni siquiera para inspirar; existió para devolver al hombre a sus raíces.

[…] A muchos nos preocupa la extinción de todas las especies que el mundo occidental está exterminando. Pero casi nadie se da cuenta de lo más extraordinario de todo: de la extinción de nuestro conocimiento de lo que somos.

Peter Kinsley. En los oscuros lugares del saber. Ed. Atalanta

Mapes i itineraris personals

De Mas Carbó primavera 2010: mapes dels contes

Ressons d’un cap de setmana a Mas Carbó per acostar-nos d’una altra manera als contes de “Mujeres que corren con los lobos”. Més fotografies aquí.

Mapes? mapes per interrelacionar-nos amb allò desconegut, mapes com a trajectòria per retrobar la dona salvatge…

Textos inspiradors: textos de la Muriel Chazalon “Cartografia dels contes” i textos de Chantal Maillard, Hélène Cixous, Henri Michaux, Kenneth White i Gilles Deleuze seleccionats per la Muriel.

Imatges inspiradores: mandales tibetans i hindús, pintures de sorra dels navajos, pintures dels aborigens australians, teles i escultures de Richard Texier…

Chantal Maillard: un salto al vacío con tan sólo la trama del poema

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Otra tarde gris y sin lluvia – tarde de invierno esta vez. Otra lectura de Chantal Maillard. La librería Pròleg se va llenando de gente. Finalmente llega Chantal acompañada por la poeta Concha García quien presenta el tema esencial que atraviesa toda la escritura de la filósofa-poeta: la conciencia… “Este estar aguijoneado por la conciencia se hace presente en todos sus textos. Nadie como ella piensa la conciencia misma, que es como el trazado de un camino mediante la indagación del yo, a base de observarse constantemente. La conclusión a la que se llega, sin ningún ruido, perturba: no hay nada… Con una meticulosidad de cirujana, Chantal nos muestra en el papel el doblez de la existencia…”

Luego, Chantal toma la palabra – o más bien… la busca… balbucea… “Buenas tardes… Confieso que por primera vez no he hecho los deberes… que no sé por donde empezar… que siempre tengo urdida una trama para la lectura… una trama que tiene que dar resultado, pues en esto consiste el arte y la poética… por supuesto es una trama-trampa… que con sus efectos, con su retórica, atrae, atrapa, engaña y así, sin querer, nos quedamos atrapados… no sólo en las palabras sino en lo que estas palabras soportan y portan a través de… Esta vez no tengo urdida esa trama… aunque cada poema es una trama por supuesto…”

Chantal Maillard, en verdad, está aquí esta tarde para presentar su libro Hainuwele y otros poemas. “Este libro es una recapitulación de la primera etapa mía, dice la poeta, hace mucho tiempo que lo he escrito, redondea algo que ha llegado a un término, es una obra que de alguna manera finaliza… No sé si para empezar otra cosa – o no.” Hace hincapié, en el proceso de su escritura poética, en la articulación entre los diarios y los libros de poemas: “Hubiese querido en esta lectura – “fui un poco ambiciosa”, reconoce – hacer algún tipo de recorrido y dar cuenta de cómo los diarios van engarzándose con los libros de poemas… Pero no sabía qué hilo coger… ¿De qué tema estamos tratando? ¿Qué es lo que se quiere mostrar? ¿Qué es lo que se quiere decir? Porque si no se quiere decir nada, es mejor callar. Como venía diciendo Concha, mi tema es la conciencia. Nunca fue otra cosa.” Entonces decide iniciar su lectura por el final, por la última página de Husos, transformada ahora en poema “El gozo”. “Así termina el cuaderno de duelo Husos que es una de las cosas más tremebundas que he podido escribir, confiesa Chantal, y sin embargo, termina con una página que trata del gozo”… Sin saberlo aún, empieza su lectura del mismo modo en que la acabará, con ese aleteo del gozo alzando el vuelo… “Como un intruso, el gozo dentro, muy dentro más abajo / de la angustia o el justo reparto de las culpas / Contradiciendo la conciencia que insiste en rebeldías // y hace recuento de los méritos // contradiciendo el no que estalla / maduro entre los labios / y la razón que lo juzga blasfemia // Inconfesable gozo que emerge en el dolor / como un aleteo en un campo de escarcha / y ajeno al eros, libre de ansias y de anhelos, / en su inocencia / dice recordar los primeros albores de la dicha // Liviano como un ave, arcano y mineral como la piedra / alzando como un río a sus barcas / el aluvión de voces que lo niegan / así, // el gozo”…

Lentamente, Chantal va estirando los hilos de sus pensamientos. A medida que se adentra en la lectura, se va transfigurando, y me viene a la mente una frase de nuestro querido Henri Michaux: “El arte es lo que ayuda a salir de la inercia”… Chantal Maillard va transitando de un huso al otro, de una modalidad sentimental a otra, y nos lleva, mediante el hilo de su voz, desde el huso de los ciclos menstruales (“¡parece un tabú todavía hoy!”) al huso de la extrañeza, atravesando, visiblemente emocionada, el huso del dolor-memoria hasta el de la ironía, saltando del huso de la tristeza al huso del enamoramiento. “La conciencia: este es el tema, puntualiza Chantal. Es el tema de Husos, porque los husos son modalidades emotivas, sentimentales, tal como yo los veo… Y nos es posible saltar, de hecho lo hacemos continuamente, saltar de uno a otro… De manera que esto puede ser terapéutico… puesto que si nos alejamos de este “mí” que se va formando continuamente, cuando entendemos que lo que nos pasa nos pasa a nosotros, es decir, que el yo es el sujeto que soporta y construye, se construye, en esto que está viviendo… si podemos alejarnos, distanciarnos un poco de este “mí” que se va construyendo, podemos también observar cómo el dolor ocurre fuera de nosotros. De esto se trata. De esto trata el cuaderno Husos”… A lo largo de esta tarde, como si de una granada se tratase, Chantal Maillard va desgranando su obra: los textos de los diarios (“un cierto ritmo atraviesa la prosa poética”), los poemas (“cada poema es un artefacto, está trabajado, muy trabajado”), uno a uno, hasta llegar finalmente a Hainuwele. “Éste es un libro muy querido… Aquella diosa o joven… esa pequeña muchacha que camina por el bosque, sola, es algo muy tierno. Ella no sabe nada de eso de mirar el “mí”, no sabe nada del yo ni del observador del “mí”… Es otro tema… El observador es otro tema… Mirar los husos es otro tema… Todo son temas, todos son ideas… Nada cae fuera de los hilos, todo es un hilo… De manera que uno no puede saltar sobre su propia sombra, y nuestra mente, lo que llamamos mente, es nuestra sombra… Bueno pues, Hainuwele no sabe nada de todo esto. Hainuwele está enamorada. ¡Otro huso es el enamoramiento! Y tal vez, esa es la mejor manera de vivir – no de existir, de estar fuera, sino de vivir – simplemente de estar bien… Y ella vive… Hainuwele está enamorada del Señor de los bosques, y el Señor de los bosques por supuesto no existe, porque todo lo que hay en el bosque y el bosque mismo es el Señor de los bosques, con lo cual ella está enamorada de todo lo que vive, y todo vive… Y desde luego, es un frescor recuperar estos poemas después de los de Husos…” “Tus espíritus tienen multitudes de lenguajes: / el grito de una hiena, / el rastro de las aves sobre el agua, / el caminar paciente de una oruga / o la fruta que estalla al caer, / todos me llevan a tu nombre…”

Han transcurrido casi dos horas, como en un soplo. “Creo que voy a terminar con algo ineludible” dice la poeta, y empieza a leer su largo poema “Escribir”: “Escribir // para curar / en la carne abierta / en el dolor de todos / en esa muerte que mana / en mí y es la de todos…” Pero finalmente no lo lee entero, lo deja en suspenso, abierto como un vuelo de aves. Como si en el transcurso de la tarde, en un progresivo giro ascendente en espiral, ella fuese ahora este pájaro liviano del gozo: “He de volar muy alto esta noche. / He de volar sin lastre. / Hasta que amanezca.” … Aquí deja el poema suspendido en el aire de la sala… Y desaparece en él como ese famoso pintor chino quien, una vez pintada su obra maestra en la pared del palacio del emperador, se adentra en ella y, gozoso, desaparece en su pintura. Acaso, ¿no es está la máxima virtud del artista, del poeta? Desaparecer. “Des-aparecer es el objetivo”. Dejando tan sólo un fino entramado de rastros sobre la tierra, poemas-trazos que “ya le preceden, que siempre le han precedido”, fugaces filamentos luminosos en el cielo…

Se me ocurre ahora que, tal vez, un título más apropiado para lo que sucedió esa tarde de invierno hubiese sido: “Chantal Maillard – un salto en el poema con tan sólo la trama del vacío”. Gesto amoroso per se… Chantal, sin duda, “est passée maître en cet art”. Y lo comparte, generosa. Nosotros, agradecidos.

Muriel Chazalon
17 de enero 2010