La ascesis de Fabienne Verdier

Fabienne in her improvised dorm room 1985

Suelen preguntarme cómo logré sobrellevar durante mis muchos años en China una existencia tan difícil, por qué no me marché, como tantos otros. Leed la vida de los artistas, ejemplar en todos los ámbitos. Conocieron principios difíciles no a causa de una vaga maldición bíblica que exige que tengamos hijos con dolor. La calidad de una obra no depende del talento innato de su creador, aun cuando sea necesario al principio, lo cual no es seguro. La diferencia reside en la perseverancia, en la encarnizada voluntad de proseguir. […]

Al llegar a China, comprendí que mi estancia sólo tendría sentido si me plegaba a un aprendizaje riguroso; si quería dominar el trazo, debía, en efecto, seguir la vía de los grandes pintores. Al dominar la técnica, no tardé en darme cuenta de que, para ir más allá, debía iniciarme en su filosofía. Debo mucho a mi maestro, que jamás ha disociado la pintura del pensamiento chino e insistió en enseñarme ambos de forma paralela. En China me formé en un estilo de pintura, pero tal vez, ante todo, formé mi mente, aprendí a manejarla para convertirme por fin en adulta. Acaso sólo hoy he llegado a calmar, domar, dominar los pensamientos y deseos que se agitaban en mí como una tribu de monos enloquecidos.

A la luz del taoísmo y del budismo, aprendí que es posible orientar la mente en una dirección elegida, y no sólo dejarse condicionar por la sociedad que nos rodea; y que a través de la ascesis, una vez superada ésta, resulta posible alcanzar la inaccesible estrella: un grano de sabiduría que, por fortuna, constituye asimismo un grano de locura.

El calígrafo es un nómada, un pasajero del silencio, un funámbulo. Le gusta el vagabundeo intuitivo por los territorios infinitos. Se posa aquí y allá, explorador del universo en movimiento por el espacio-tiempo. Lo anima el deseo de conferir un deje de eternidad a lo efímero. Mis grandes obras caligráficas son como “cuadros poéticos”, una especie de arquitectura del pensamiento intuitivo. Animo un espacio de meditación en fusión.

¿Cuál ha sido mi búsqueda? Aprehender los fenómenos en su totalidad movediza y captar de ese modo el espíritu de la vida. De él emana una atmósfera de fuerza y plenitud. Se diría que la serenidad nace de un movimiento incesante, como la cadencia regular de una fuga de Bach, las salmodias de los monjes, interpretaciones que mezclan lo móvil y lo inmóvil mediante un recitativo incesante y consiguen superar nuestras contingencias terrestres para alcanzar un más allá. Incluso el principiante puede seguir la salmodia de la escritura si se halla en estado receptivo. No hay ninguna necesidad de comprender los ideogramas chinos para percibir la belleza en movimiento y alcanzar lo que Séneca denominaba “la tranquilidad del alma”.

[…] Para favorecer mi concentración, me retiré del mundo. Las épocas de vacuidad, de percepción íntima, son propicias al desapego. Cuanto más avanzo, en mayor medida busco una banalidad en el día a día que me ofrezca una soledad gozosa. Esta búsqueda de simplicidad despierta en mí una profunda receptividad a las manifestaciones de lo viviente y sus lecturas, siquiera ínfimas. Solamente en ese estado de serenidad es posible captar la fuente del propio corazón. He invertido mucho tiempo en aprehender esta ascesis, en practicarla de verdad. Entre la teoría y el despertar real a los misterios de la vida, el aprendizaje es tan largo que cuesta creerlo. Una cosa es cierta: la práctica diaria del despertar es lo que permite acceder al auténtico conocimiento. Habré necesitado viente años de reflexión, veinte años para que el pensamiento de mi viejo maestro se decante por sí mismo.

No soy más que una aprendiza de pintora en el campo del arte. Mis obras carecen de la madurez necesaria. Son demasiado jóvenes, vivarachas como el cabrito en la montaña, dichoso de respirar… Sólo recientemente he comprendido el principio interno, la alquimia que proporciona la vida. Para alcanzar esa pintura más sublime, más divina todavía, debo llegar a una verdad íntima, indecible. Trabajar lo insípido. Seguir buscando la humildad, la libertad con respecto a la maestría adquirida. Es preciso que me vuelva bendan, como dicen en chino, “idiota” o “cabeza de chorlito”, según la gran teoría de los maestros taoístas. Con el tiempo y la embriaguez, ¿quién sabe?, tal vez lo consiga…

Fabienne VerdierPasajera del silencio. Díez años de iniciación en China. Salamandra, 2007: 246-249

Foto: Fabienne Verdier en su habitación improvisada en taller a Chongqing, en la provincia del Sichuan, China, 1985.


Saberse ignorante. Fabienne Verdier

 

Al cabo de meses y meses de aprendizaje, una mañana de invierno rompí a llorar ante mi maestro:

– Esto no funciona; ya no sé ni dónde estoy. En una palabra, ya no comprendo nada de nada.

– Bien, bien.

– Ya no sé adónde voy.

– Bien, bien.

– Ni siquiera sé ya quién soy.

– ¡Todavía mejor!

– Ya no conozco la diferencia entre el “yo” y la “nada”.

– ¡Bravo!

Cuantas más pestes echaba yo, más se regocijaba él, con expresión feliz y estupefacta. Incluso daba patadas en el suelo, con los ojos humedecidos. Yo proseguía, agobiada por un dolor interior, creyendo que no comprendía lo que estaba diciéndole:

– Después de estos años de práctica, me doy cuenta de que sigo siendo igual de ignorante ante el universo. Jamás llegaré a realizar lo que me pides.

– Sí, de eso se trata exactamente –decía él, palmoteando de alegría.

Bailaba en el sitio con un júbilo incomprensible. En ese momento pensé que deliraba.

–¡No sabes hasta qué punto acabas de hacerme feliz! Hay personas a quienes una vida no basta para comprender su ignorancia. –Reflexionó unos instantes y me tendió su mugrienta pañuelo para que me enjugara las lágrimas–. Soy ya muy viejo y no lo he conseguido. Pero tú, pobre tonta, tal vez tú, con ese corazón solitario y tenaz, lo logres. En ese preciso momento lo he intuido. El hecho de que reconozcas que eres una ignora ante lo eterno es la actitud que deseaba que tuvieras para acercarte a la pintura. Se trata de la única válida para llegar a ser pintor; de lo contrario, no vale la pena intentarlo. ¡Por fin una comprensión repentina, acertada, de la realidad! Es la primera vez que muestras una reacción espontánea, una inteligencia clara, límpida. Por fin te hallas en el camino de la sabiduría por el que desde hace años intento conducirte, en el de la auténtica pintura, la que está en armonía con el curso natural de las cosas. Te noto agotada , ven a casa esta noche. Te prepararé sopa de ravioli y beberemos  para celebrar tan gozoso acontecimiento.

Antes de marcharme, agobiada, rememoré un pensamiento de Fernando Pessoa cuya profundidad no había comprendido hasta entonces.

– “Aquel que intentó no ser, fue” –traté de traducirlo.

– ¡Ah, bien! –repuso el maestro–. ¿Cómo un occidental pudo comprender esa sabiduría vital? –Al cabo de un silencio, me preguntó con malicia–: ¿Quién era ese tal Pei Zua?


Fabienne VerdierPasajera del silencio. Díez años de iniciación en China. Salamandra, 2007


“Y si enemigo no hubiese”. Conversación: David Escalona/Chantal Maillard

David Escalona3

D.E. –¿Por qué suena la grava si no pasa nadie?

Ch.M. – Siempre pasa alguien, algún ser, algún residuo. Siempre muere algo. Ahora mismo mueren cosas, animales, gente. Y no terminan allí donde mueren, aunque ya no pueda decirse que lo que sigue sea lo que ellos fueron. Todo ser es una línea de energía en trayectoria. La muerte es tan sólo una detención en el proceso. La grava suena para quien presta oído.

D.E. –Puede que lo terrible no sea la muerte, sino el no prestar el oído a quienes mueren injustamente. Me refiero a esos silenciados, a esos inocentes que caen en cada instante, en tierra de nadie, sobre la grava dura y fría. ¿Y la voz? ¿Cómo prestarles la voz?

Ch.M. –Es importante hacer silencio para oír. Morir nunca es justo. No lo es el ciclo del hambre en el que estamos atrapados. Injusta es la gran maquinaria. Por eso, si bien todos somos culpables (de la muerte de otros), todos también somos inocentes. Nadie pidió venir a este mundo. Y no nos dan las reglas del juego a iniciarlo. Lo iniciamos torpemente y con torpeza salimos de él. Mientras, tratamos de ponernos a salvo, cada cual como puede.

D.E. –Quizá, más que de justicia, sea cuestión de dignidad (me cuesta escribir estas palabras tan lastradas). “La herida nos precede,/ no inventamos la herida./ Venimos a ella y la reconocemos”, escribías en Matar a Platón. Con estas palabras aludías a la herida-acontecimiento, a esa grieta metafísica que resuena en las heridas de otros. De esta herida hablaba Deleuze, tomando como referencia a los antiguos estoicos y al poeta soldado Joe Bousquet, quien, tras quedar inválido en la Segunda Guerra Mundial por una bala que fracturó su columna, escribió postrado en una cama el resto de su vida. A pesar de todo, Bousquet no se limitó a resignarse y a contemplar este suceso violento como una tragedia. El escritor aceptó la herida e intuyó algo que lo excedía, como si a través de ella pudiera comunicarse con otros seres y tomar así conciencia de un extraño espacio compartido.

Ch.M. –Es que a través de lo que nos es común es como podemos llegar a comprender al otro. Y no hay nada más común que el dolor. El dolor traza puentes porque nadie se libra de él. Nos acecha a todos y, más tarde o más temprano, nos alcanza. Comprender al otro significa, desde nuestros compartimentos estancos, que seamos capaces de imaginar en el otro lo que hemos podido experimentar en propia carne. Es difícil pensar que otra forma de com-padecimiento sea posible. Cuando la comprensión no deriva de la propia experiencia, lo que puede haber son actitudes más o menos “caritativas”, más o menos “solidarias”, que resultan casi siempre no del compadecimiento, sino de la mala conciencia. Com-padecer es entender que todos somos igualmente culpables e igualmente inocentes.

D.E. –Supongo que para que pueda darse esa compasión es necesario adelgazar nuestro “yo”, olvidarnos de lo que “somos” por unos instantes e intuir esa trama que todos conformamos. Y no sólo me refiero a las personas, sino a todos los animales y plantas que habitan este planeta, seres con los que podemos establecer relaciones diferentes a las que suele propiciar la lógica o el lenguaje. Puede ser que, cuando somos víctima de un acto de violencia intencionada o de un accidente que quiebra nuestras certezas y nos hiere, es cuando podemos tomar conciencia de ese animal que también “somos”, nuestra parte quizá más inocente.
Se escucha un mirlo en el claustro. ¿Lo oyes?

Ch.M. –Lo oigo. No dejo de oírlo. Lo oigo en mi interior desde hace mucho tiempo. Imagino a aquel monje o a aquella escribana que copiaban códices. Escucharon al mirlo y dejaron de saber cómo interpretar aquellas palabras tan abstractas, tan vacías, que estaban leyendo. Aeternus… La eternidad dejó de repente de ser un concepto, ensanchado, inmenso, ocupaba el espacio, era puro presente, un presente dilatado en el que todo tenía cabida. La voz del mirlo contenía la voz del universo. Su ley distaba de las normas tanto como distan las galaxias de la corteza terrestre. Y la memoria que se abrió era tan vasta que incluía todo aquello que no les pertenecía.
¿Qué oímos cuando dejamos de pertenecernos?

D.E. – Supongo que ecos, resonancias, ritmos, variaciones, intensidades… Oímos algo que no se deja atrapar con y en los conceptos, algo que, aunque no lo podamos reconocer, nos obliga a pensar, a crear palabras o ficciones, a mantener esta conversación. Pienso que nunca dejamos de pertenecernos, nunca podemos saltar sobre nuestra propia sombra. Lo interesante es quizá llegar a otros (otras sombras) “sin mí”, como escribías en Hilos, si mal no recuerdo. Siempre hay ecos de un pasado que nunca llega a pasar y que nos afecta. En un documento, una imagen o en un espacio puede latir una catástrofe pasada. Benjamin y Warburg creían que había fuerzas o energías que se transmiten sin palabras a lo largo de generaciones, un pathos transhistórico que sólo podemos intuir cuando dejamos de vivir replegados sobre nosotros mismos, cuando dejamos de pertenecernos y nos abrimos a esa vasta “realidad” heterogénea y anacrónica que es nuestro mundo. Pienso que lo interesante es amplificar los ecos que atraviesan la Historia y hacerlos presente de alguna forma. Me refiero a las vidas truncadas de los silenciados o desaparecidos que nadie recuerda. Sin duda hablo de hacer otras lecturas fuera de los discursos dominantes, de hacernos cargo de los vencidos, cuyos deseos, de haberse efectuado, hubieran cambiado tal vez el curso de la historia.

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Ch.M. –Piensa que los vencidos son siempre más, muchos más, que los vencedores. Más los que no tienen voz que los que la tienen. Pero también están los que se callan, no aquellos a los que se silencia a la fuerza, sino aquellos que enmudecen o susurran, o aquellos que hablan con otra voz, la del pájaro, por ejemplo, o la de cualquier otro animal, lenguajes que no entendemos, que no estamos dispuestos a entender o a los que no prestamos oído. Pienso que el recluido, en su celda de piedra, de bosque o de carne, el enmudecido, es quizás el único que podría, actualmente, indicarnos el camino de retorno indispensable para el conocimiento de lo que somos.

D.E. – Si pudieran susurrarnos los muros de este imponente edificio… Si las piedras y los cipreses del Patio de los Inocentes pudieran hablarnos de aquellos que enmudecieron o hablaban el lenguaje de los pájaros. Fueron muchos los recluidos, los enfermos, los locos, los endemoniados, los huérfanos. En una de las naves encontraron unos juguetes antiguos, deteriorados por el paso del tiempo.

Ch.M. – Es realmente impactante encontrar juguetes en un sitio de reclusión. Pequeños objetos construidos con los materiales que tenían a mano en su encierro: un avión hecho con hojas de papel impreso, una pelota de cuero. Aquel que tiene la capacidad de jugar es por que no ha perdido aún la inocencia. En la pobreza más extrema y en lugares donde uno pierde la identidad, el niño o el inocente, juega. Y se pierde, sabe perderse en ello. Ése es su don, ésa su riqueza. Atraviesa el aire en las alas de un avión de papel o en la mirada que sigue la trayectoria de la pelota y en el aire es libre. Libre de la orfandad, del dolor punzante que atraviesa los pulmones, del errático vaivén de la mente, de la invalidez, del rechazo de los otros, de la burla, el agravio, la piedad, la marginación, de la muerte que acecha detrás de la cortina o en la cama contigua, del miedo. La pelota, el avión: objetos de vuelo para los pájaros. El inocente es ese pájaro que muere en cualquier lugar sin que nos percatemos de su ausencia. Pero es también el que conoce la trayectoria de las aves.

D.E. – Acabas de recordarme unas escenas de la película El espejo de Tarkovsky. En ellas aparecen unos pájaros que, a modo de testigos, sobrevuelan la Historia de los hombres en diferentes escenarios de muerte, destrucción, enfermedad y dolor. Estos seres de vuelo, que podrían relacionarse con tu “Cual-pájaro”, parecen tener la capacidad de transcender las miserias y tragedias humanas… ¿No crees que el cruel juego de la guerra tiene algo de inocencia? ¿Hasta qué punto un verdugo es inocente? Jean Améry pensaba que los miembros de la Gestapo que lo encerraron y lo torturaron, hasta reducirlo a un haz de fuerzas en su agonía, eran inocentes, pues se limitaban a acatar órdenes como autómatas. Incapaces de empatizar con sus víctimas, eran víctimas a su vez de la gran maquinaria de muerte de la que formaban parte y que fue consecuencia del capitalismo tardío. La violencia y nuestras propias heridas parecen tener siempre una dimensión social, es decir, parecen ser producidas por unas formas de vivir o unos modos de actuar normalizados. Vivimos en una sociedad bastante acelerada y violenta. “¿Qué herida no es de guerra y producida por la sociedad entera?”, preguntaba Deleuze.

Ch.M. –¿Y cuando no fue así? ¿No es acaso la violencia la ley del universo? No es el amor lo que sostiene el mundo, como a muchos les gusta pensar, sino la violencia. El Hambre es lo que mueve la maquinaria de la que los humanos formamos parte. No vivimos, exactamente, sino que sobre-vivimos: vivimos-sobre una montaña de cadáveres. Gracias a ellos. Y esto no es debido al capitalismo ni a la tecnología ni a ningún sistema o estrategia de los que nos valemos para seguir adelante, sino a la propia naturaleza de la existencia. Y si bien ahora la violencia global nos parece más impactante es por dos razones: por la existencia de los actuales medios de representación que nos hacen más conscientes de ello y porque nuestra especie es ahora mucho más numerosa de lo que era hace algunos siglos. ¿Inocentes? Sí, por supuesto: no hemos inventado la maquinaria. ¿Culpables? sí, también: no sólo no le ponemos fin sino que la consideramos hermosa.

D.E. –Somos dados a crear diferencias para excluir. Necesitamos de los otros a quienes temer, ridiculizar, agredir, insultar, odiar, negar …. Necesitamos trazar fronteras y poner alambradas, crear al enemigo para afianzar nuestra identidad individual y colectiva. Necesitamos del hambre de millones de personas para perpetuar nuestro sistema.

Ch.M. –Si, pero… ¡Y si enemigo no hubiese! Y de nuevo me remito a lo común, a lo que podría unirnos más allá de todas las diferencia, la conciencia del dolor al que todos, de una manera u otra, más tarde o más temprano, estamos abocados. Caemos al mundo con dolor, en nuestras sociedades generalmente en una cama de hospital, y salimos de él también con dolor y, muy frecuentemente, en otra cama de hospital. Nacemos con dolor, morimos de la misma manera. De una tina a otra tina, como dice un haiku. De la cuna al ataúd. Y entretanto nos enfrentamos a la pérdida, a la ausencia, a la intemperie. Si tomásemos conciencia de que la herida nos pertenece a todos, tal vez, mientras tanto, dejaríamos de inventar al enemigo.
En cada una de las camas hay agujeros, tus agujeros negros, David, a los que se asoman los pájaros. Esos agujeros-túnel nos comunican, es lo que asoma en superficie del rizoma de vida que somos bajo las sábanas.

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D.E. – Te refieres a esos dibujos sobre camas de hospital de la serie “Vendados” que surgieron paralelamente a tus poemas de “Sidermitas” como un diálogo. Me pareció interesante partir de estas imágenes, en esta ocasión, para la instalación del Hospital Real de Granada, pues su historia y su arquitectura se prestaban a ello. Pensé en 5 camas de hierro alineadas. En cada cama, una ausencia. En una de ellas, un círculo, negro como los pájaros que revolotean alrededor. Este agujero simulado es un punto ciego, una densa sombra de la que podría surgir o que podría engullir todo cuanto observamos. El agujero es como un túnel que comunica con otras realidades, una hendidura por la que fugarnos hacia no se sabe dónde. Es esa inconmensurable otredad indiferenciada que, como la muerte, se resiste a ser representada. Esta apertura tenebrosa es como el universo concéntrico, concentrado sobre las sábanas-pliegues donde el dolor, el yo-dolor, se disuelve en un grito-pájaro. Pero tú lo dijiste: “una sombra no hace la noche entera”.
El agujero es la pérdida, el extravío. Pero también es el encuentro con lo desconocido, la abertura a las diferencias y a la posibilidad de cambio. Y de ahí la angustia que nos produce contemplarlo. De él emergen susurros, ecos, resonancias de otros tiempos y lugares.

Ch.M. –Sí, ese es el el universo-resonancia de los sidermitas, el no-lugar desde el que caen esos seres, ignorantes de todo cuanto ocurre, como cae todo ser al mundo de las diferencias. Nacer es caer al mundo. Y quedan atrapados en la rueda del Hambre. Víctimas que no están preparadas para el juego de la agresión. Víctimas que tendrán que convertirse en verdugos. Verdugos-víctimas que, agarrados al borde de la circunferencia-abismo querrán volver a él y no sabrán cómo. No sabrán cómo porque en superficie el agujero-túnel aparece como el azogue de un espejo en el que sólo verán reflejada su propia imagen.

D.E. –Al final de las blancas e impolutas camas, dos frágiles esgrimistas, en sillas de ruedas, con trajes asépticos y empuñando un florete, parecen estar a punto de comenzar o acabar un combate. Éstos son una metáfora del duelo, de la resiliencia o la capacidad del ser humano para superar la adversidad y salir reforzado por ella. Tras las máscaras negras de rejilla no hay nada ni nadie. Hay túnel, caída, agujero del que emerge el canto de un mirlo. El mismo mirlo que revoloteaba por el claustro cuando Ludovico lo oyó y dejó de entender lo que leía. El mismo mirlo que Juan de los Enfermos, “el vendedor de libros”, escucharía desde su celda.

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Ch.M. – A veces el combate es una manera de amarnos. Apelar a la coincidencia de los túneles, reclamar una nueva inervación de los miembros amputados del cuerpo común que formamos entre todos. La compasión no tiene nada que ver con el sentimentalismo. Este suele generarse por los modelos conceptuales que tenemos introyectados. La compasión adviene cuando quebramos el espejo y constatamos su profundidad. Los túneles son vías para el reconocimiento. ¿Se atreverá alguien a contemplar la superficie del círculo? ¿Se detendrá alguien en el patio de los Inocentes para escuchar el mirlo? No es una obra de arte lo que ofrecemos aquí, o no ha de entenderse como tal, sino como una ocasión para la escucha. Un simple, sencilla ocasión para, al amparo de estos muros, devolvernos, por un instante –un instante eterno– la dimensión de nuestra inocencia.


Exposición en el Hospital Real de Granada. Marzo 2017.
Instalaciones en la Sala de la Capilla e intervención en el el Patio de los Inocentes.
Organiza: FACBBA

Entrando en la web de David Escalona podréis acceder al portfolio de fotografías de la exposición “Y si enemigo no hubiese”, tercera parte de Dónde mueren los pájaros.

If there was no enemy. Y si enemigo no hubiese.


Siri Hustvedt en el Festival Gutun Zuria 2017 Bilbao

http://www.kulturklik.euskadi.eus/evento/2017041216165981/gutun-zuria-2017-siri-hustvedt-en-conversacion-con-almudena-cacho/kulturklik/es/z12-detalle/es/

Entrevista a la novelista y ensayista norteamericana Siri Hustvedt (Minnesota, EEUU, 1955) en el diario de Álava, el 27 abril 2017: “Es injusto que se devalúe el trabajo de las artistas“: http://www.noticiasdealava.com/2017/04/27/ocio-y-cultura/cultura/es-injusto-que-se-devalue-el-trabajo-de-las-artistas

GUTUN ZURIA 2017 DEL 25 DE ABRIL AL 1 DE MAYO DE 2017

Gutun Zuria, el Festival Internacional de las Letras de Bilbao, organizado por Azkuna Zentroa, está de aniversario. Este año se celebra la décima edición de este encuentro literario, en el que los escritores toman la palabra para reflexionar acerca de la sociedad actual desde sus experiencias personales y creadoras.

A lo largo de estas diez ediciones, más de un centenar de escritores han acudido a esta cita para intercambiar sus vivencias con el público. Escritores que son referencia de la literatura mundial, Premios Nobel incluidos, representantes de las letras vascas y periodistas literarios nos han acompañado y enriquecido con sus intervenciones.

Y no sólo ha sido protagonista la palabra. La música, el cine o las artes escénicas han tenido y tienen un lugar destacado en este Festival, que cada año convierte a Azkuna Zentroa en El Centro de la creación artística.

La inauguración de esta décima edición, de Gutun Zuria, en la que la celebración será protagonista, correrá a cargo de Alberto Manguel y su elogio de la literatura. A él se sumarán otros grandes nombres: Annie Proulx, Siri Hustvedt, Diamela Eltit, Kirmen Uribe, Jean-Claude Carrière y Guillermo Arriaga que vincularán su experiencia creativa a las diferentes manifestaciones artísticas en las que la literatura es protagonista. Este año la poesía tendrá también su protagonismo y estará representada por algunos de nuestros mejores poetas: Chantal Maillard, Clara Janés, Darío Jaramillo, J.A. González Iglesias y Beñat Sarasola protagonizaran un recital poético que promete convertirse en un encuentro memorable. También el mundo editorial contará en esta edición con un espacio en el que editores como Ofelia Grande (Siruela), Manuel Borrás (Pre-Textos), Joan Tarrida (Galaxia Gutenberg), Claudio López (Penguin Random House) y Mikel Soto (Txalaparta) contarán cómo se confecciona un catálogo editorial, así como el complejo entramado que subyace a la edición y promoción de los libros.

http://www.azkunazentroa.eus/az/cast/inicio/mediateka-bbk/gutun-zuria-2017/al_evento_fa

Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología primitiva

Para deleitarnos, nos llegan desde la editorial Atalanta las 38 páginas iniciales del primer volumen Mitología primitiva –¡magníficamente editado!– de la obra magna de Joseph Campbell Las máscaras de Dios. No dejéis de sumergiros en ese complejo de mitos y símbolos universales que el mismo Campbell llamaba “gran historia de la humanidad”.

https://issuu.com/atalantaweb/docs/110_-_las_mascaras_de_dios_1_issuu

Joseph Campbell: larga vida a los mitos

Joseph Campbell

Reseña de Iván Pintor Iranza en Cultura/s de La Vanguardia, 11 mars 2017

Los mitos nos permiten entender lo que pensamos. Si, a menudo, tan solo comprendemos el pensamiento que engarza unas palabras con otras y del que no puede surgir nada excepto lo que ya hemos depositado en él, los mitos, los dioses y las imágenes arquetípicas son capaces de sortear el escollo de nuestra mente para acoger esa otra mente formada por las experiencias, emociones y sufrimientos que constituyen la historia de la humanidad. Frente a las preguntas ¿quiénes somos?, ¿qué hacemos aquí? y, sobre todo, ¿existe algo más allá del umbral de la muerte?, los mitos se revelan como vehículos para cubrir la distancia entre lo uno y lo múltiple, el trayecto de padres a hijos y de hijos a nietos a través de la propia desaparición. Durante el lustro que pasó en una cabaña en mitad del bosque de Woodstock a principios de los años treinta, Joseph Campbell no sólo adquirió unos conocimientos ingentes de historia, antropología, literatura y religión sino que sembró la semilla de una mitología comparada que no ha dejado de trascender el ámbito académico para convertirse en la referencia fundamental de los guionistas de ficción cinematográfica y televisiva.

Campbell 1 “El héroe es el hombre de la sumisión alcanzada por sí mismo. Pero sumisión ¿a qué?”, interpela la introducción de El héroe de las mil caras (1949), desde la que Campbell define el monomito, una matriz mítica transcultural cuyo centro es el viaje del héroe en pos de un objeto, de un Grial. Ya sea siguiendo la historia de Jasón y los argonautas, el mito egipcio de Horus y Osiris, la Divina comedia de Dante o las leyendas polinesias, una misma secuencia de situaciones arquetípicas ilumina el itinerario del monomito, a partir de cuya estela han sido construidas sagas como Star Wars, Matrix, Juego de tronos y Los juegos del hambre, y un sinfín de series televisivas, de Doctor en Alaska a Fringe, Walking Dead y Stranger Things. La partida del hogar, el cruce del umbral, la prueba suprema que precede al encuentro con la Diosa y el retorno a casa o la fundación de un nuevo hogar son algunas de las fases de un esquema que encuentra su coherencia en la sumisión del héroe a una sola razón: la regeneración, la palingenesia, el nacimiento de algo nuevo.

“La gran proeza del héroe supremo es llegar al conocimiento de esta unidad en la multiplicidad y luego darla a conocer”.

Tanto el aprendizaje del sánscrito y el japonés, como el contacto con Jiddu Krishnamurti y el acercamiento a la obra de Jung fueron el fermento del siguiente proyecto de Campbell: el estudio del contraplano de la figura del héroe, Dios. Casi al mismo tiempo que el antropólogo francés Gilbert Durand publicaba su estudio Las estructuras antropológicas de lo imaginario, un atlas de la imaginación fundado en la respuesta hacia la figuración del temor humano a la muerte, aparecía Mitología primitiva (1959), el primero de los cuatro volúmenes de Las máscaras de Dios, una auténtica “historia natural de los dioses”. Motivos como el robo del fuego, el diluvio, el andrógino primordial, el nacimiento virginal y la resurrección reaparecen en todas las culturas como engramas que liberan energía, como formas vivas que es necesario conocer para sostener una doble visión consciente sobre el mundo. La expresión lila en sánscrito o asobu en japonés determinan la idea lúdica de un “hacer como si”, la mirada al sesgo bajo la cual es posible establecer una relación dialéctica con la imaginación.

La mitología de Campbell es referencia fundamental para los guionistas de ficción en cine y televisión.

Que la editorial Atalanta haya decidido publicar de manera integral esta obra descatalogada durante años es más que un acontecimiento editorial, pues pone a disposición del lector una herramienta básica de pensamiento narrativo, mitológico y  Campbell 2antropológico. ¿Cómo no ver en las descripciones del mito melanesio del laberinto que conduce a la Tierra de los muertos el icono que guía la serie televisiva Westworld? ¿Acaso las incisiones en el vientre que caracterizan al hombre maduro en los rituales Aranda como padre vaginal no abren modelos de comprensión fundamentales para la construcción contemporánea del género masculino? Con la traducción diáfana de Isabel Cardona, la revisión de Santiago Celaya y una minuciosa puesta al día de datos científicos realizada por los antropólogos Sydney Yeager y Andrew Gurevicht, Las máscaras de Dios aparece surcada por constantes iluminaciones: reconocer en el gesto del sacerdote cristiano durante la consagración el movimiento con el que las sacerdotisas alzaban la espiga de trigo durante los rituales de Eleusis resulta tan revelador como la reivindicación de un nuevo tipo de mitología integradora.

Tanto los descensos al inframundo del escritor japonés Haruki Murakami como la obsesión por la redención, los zombis o los mecanismos de representación del poder en las series televisivas podrían cobrar nuevos significados a la luz de un trayecto que Campbell inicia con las huellas de la primera infancia y el chamanismo de los cazadores y plantadores primitivos, y que extiende hasta las correspondencias entre la representación del cuerpo y el cosmos. Placer, poder, y deber, los sistemas de referencia de las sociedades primitivas, comparecen asimismo como pilares centrales en la marea contemporánea de las imágenes. Tanto los estudios de James Frazer y Mircea Eliade como la Völkerpsychologie de Wilhelm Wundt, la psicología gestáltica de Köhler o las investigaciones conductuales del zoólogo Niko Timbergen dan pie a una dramaturgia colectiva de las imágenes que vertebran realidad e imaginación.

En el primer sueño del que la humanidad conserva memoria, escrito hace más de tres mil años sobre unas tablillas de arcilla, la procuradora del palacio de Mari en Mesopotamia, Addudûri, se lamenta de la imagen aterradora de un templo vacío, del que la diosa Bêlit-ekallim habría sido hurtada junto al resto de las divinidades. No se trata sólo de que la ausencia de Dios bajo la máscara constituya uno de los terrores fundamentales del ser humano. En la angustia provocada por la falta de mediación, de lo que Campbell denomina un mesocosmos, se dibuja una pregunta aún mayor: ¿Cómo nos relacionamos con las imágenes?

¿Hay una pérdida que precede a toda presencia? ¿Acaso, como ha señalado Pascal Quignard, no emerge toda iconografía de la búsqueda de esa imagen que falta, y que es la de nuestra concepción, la de la oscuridad que nos precedió?

Campbell 3 Tanto en Las máscaras de Dios como en Imagen del mito y Las extensiones interiores del espacio exterior, ambos también publicados por Atalanta, o en la serie de entrevistas El poder del mito, retransmitida por la PBS en 1988, un año después de la muerte de Campbell, el motor principal de la mitología no se identifica nunca con la agonía de la búsqueda sino con el rapto del éxtasis y la revelación. “No la muerte sino la resurrección ¡aleluya!”, sentencia Campbell, que solía recordar que la función de los mitos es hilvanar conciencia, ser y felicidad –Sat-Chit-Ananda, en el sánscrito de las Upanishad– para poder entender lo que somos y lo que pensamos, para poder conocer la tradición.

Desde el antiguo Egipto hasta ‘Stranger things’ se puede identificar el itinerario arquetípico del monomito.


https://www.pressreader.com/spain/la-vanguardia-culturas/20170311/281479276216433


El estudioso de mitología y religión comparada, Joseph Campbell (New York, 1904-Honolulu, 1987), definió la figura del “héroe de mil caras” como mito central en la historia humana. Su vasta obra abarcó múltiples aspectos de la experiencia humana. Editorial Atalanta recupera ahora los 4 volúmenes de su obra magna, Las máscaras de Dios, hoy en día descatalogada. Esta misma semana sale el primer volumen “Mitología primitiva”; en otoño, “Mitología oriental”; y los otros dos, “Mitología occidental” y “Mitología Creativa” serán editados en 2018.

http://www.edicionesatalanta.com/libro.php?id=126


Y si enemigo no hubiese | David Escalona & Chantal Maillard

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Y SI ENEMIGO NO HUBIESE. Donde mueren los pájaros III
David Escalona / Chantal Maillard.

Una familia española exiliada hablan evocan los años crueles. Imágenes documentales en blanco y negro muestran la huida despavorida de rostros descompuestos por el miedo. Aviones, pájaros de guerra, descargan sus buches sobre Bilbao. La famosa secuencia de El espejo (1975) de Andrei Tarkovsky es una metáfora de los avatares de la recordación. ¿Son esas imágenes tan reales? Acaso parecen ilusorias ¿Es la memoria una caprichosa conformadora de ficciones? En la misma película, algunos pájaros son testigos mudos de la historia de la destrucción humana, de la dilatación de su dolor, de los espacios del sufrimiento. Desde allí arriba, el pájaro no participa. Sólo anuncia. Partimos de una dualidad: un enemigo por cada aliado, una derrota por cada victoria. En la conformación de una sociedad habituada a la desidia, se requiere un espacio amplio de negligencia. Los prósperos cimientos de nuestro lado del mundo se asientan en la voz callada de los olvidados. Pero, ¿y si enemigo no hubiese?

David Escalona (Málaga, 1981) conversa con Chantal Maillard (Bruselas, 1951) para hallar aquellos términos comunes donde la desventura se presenta por igual. Desde una lectura de la historia como acumulación irrefutable de cuitas, el descubrimiento es sobre-vivir –sobre la montaña de cadáveres, sobre el abusivo dolor del que deambula de cama en cama–. La historia se concreta como un despliegue de azotes que anulan la primigenia inocencia del que escucha al margen de la aceleración de los tiempos. David construye un espacio donde las conexiones ocultas entre objetos-metáforas reabre una nueva dimensión; aquella en la que el mal aparece despojado y se presenta como uno solo. Cinco camas en hilera y una brecha por la que se aleja la posibilidad de representación. Allí mismo, al mismo tiempo, la embaucadora atracción del vértigo. Aves paralizadas que son testigo del deambular. Dos fantasmales esgrimistas en sillas de ruedas que insisten en la embestida. Los juguetes de los recluidos en un Hospital. Todas las voces tenues escondidas en los muros del edificio, y de fondo, en la caída, el canto de un mirlo que bien podría escuchar, desde su celda, San Juan de los Enfermos, el Vendedor de Libros.

Organiza #FACBA

Más información: FACBA (Festival de Arte Contemporáneo de la universidad de Bellas Artes de Granada) : http://facba.tumblr.com/ 

Inauguración el 2 de Marzo a las 20.30 h, con una lectura poética de Chantal Maillard en el crucero del Hospital Real de Granada.

Exposición de David Escalona & Chantal Maillard, Capilla del Hospital Real C/Cuesta del Hospicio s/n, 18012 Granada #HospitalReal#Granada

Unas palabras de Chantal Maillard, presentando “Y si enemigo no hubiese”, la tercera parte de Donde mueren los pájaros: “En diálogo, esta vez, con la presencia-ausencia de aquella multitud de marginados (enfermos, huérfanos, dementes, etc.) que habitaron este hospital reconvertido ahora en el rectorado de la Universidad de Granada. Frente a la enseñanza de un saber pretendidamente universal por parte de las universidades a lo largo de su historia, hemos querido traer a este mismo lugar la memoria doliente de algunos de estos seres, pues quien sufre siempre lo hace en singular y el dolor no es cosa de universales.

“La dolorosa huella de una ausencia de David Escalona y Chantal Maillard”, artículo de prensa en diario Sur de Antonio Javier López (2 marzo 2017) acerca de la tercera parte de la exposición “Y si enemigo no hubiese” (Dónde mueren los pájaros III):

http://www.diariosur.es/culturas/201703/01/dolorosa-huella-ausencia-david-20170301235753.html

 

Aterida
en los surcos
graves de la culpa
palabras del anverso
mordedura refleja
circum
           loquium
que del duelo
hace trinchera
y del abismo causa


–pero ¿y si enemigo
no hubiese?

Chantal MaillardLa herida en la lengua. Tusquets, 2015


Fotografía: Detalle de la instalación “Y si enemigo no hubiese” (Dónde mueren los pájaros III) de David Escalona  ©David Escalona

Mente y realidad. Chantal Maillard

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Un día del año 792, Wu Daozi abrió una puerta en la montaña que acababa de pintar y desapareció tras ella. El emperador Xuan Zong no tuvo tiempo de seguirle.

Eliminar las diferencias entre realidad y ficción fue una de las metas de los pintores chinos en épocas pasadas. Mal comprendimos su enseñanza. Ver una representación como si fuese realidad es cuestión de entrenamiento. Ver la realidad como si fuese una representación también es cuestión de entrenamiento. Si con paciencia observamos, veremos cómo la mente construye lo que creemos realidad, aprenderemos sus reglas, comprobaremos su técnica y, quién sabe, puede que algún día seamos capaces de ser au(c)tores de nuestro mundo en vez de torpes marionetas.

Que la estructura mental responde a la lógica –logos– del universo no hay duda, pues ¿qué es el universo sino el nombre que le damos al conjunto de nuestras percepciones? Mente y realidad ¿no son acaso conceptos intercambiables?

 

Chantal Maillard. La mujer de pie. [La puerta de Wu Daozi]. Galaxia Gutenberg, 2016

Imagen: Pintura de Wu Daozi (680-740). Dinastía Tang.

 

La naturaleza dinámica del Tao. François Cheng

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La cultura china, por su duración, arrastró muchos avatares y elemen­tos petrificados que no hay que dudar en apartar. Su mejor parte radica en cierta concepción y cierta práctica de la vida, así como cierta expe­riencia de la belleza. Ningún chino está dispuesto a abandonar esta última parte, ya sea confuciano o taoísta, ya se haga budista, musulmán, o inclu­so marxista. Vale la pena detenerse un poco en ello.

La cosmología china se basa en la idea del Hálito, a la vez materia y es­píritu. Partiendo de la idea de Hálito, los primeros pensadores propusieron una concepción unitaria y orgánica del universo vivo en que todo está ligado y todo se sostiene. El Hálito primordial que garantiza la unidad original sigue animando todos los seres, ligándolos en una gigantesca red de entrecruzamientos y de engendramiento llamada Tao, la Vía.

En el seno de la Vía, la naturaleza del Hálito y su ritmo son ternarios, en el sentido en que el Hálito primordial se divide en tres tipos de hálitos que actúan de forma concomitante: el hálito Yin, el hálito Yang y el há­lito del Vacío medio. Entre el Yang, potencia activa, y el Yin, suavidad receptiva, el hálito del Vacío medio –que extrae su poder del Vacío original– tiene el don de impulsarlos a la interacción positiva, para que se produzca una transformación mutua, benéfica para ambos.

Desde esta óptica, lo que sucede entre las entidades vivas es igual de importante que las entidades mismas. (Esta intuición tan antigua coincide con el pensamiento de un filósofo del siglo XX: Martin Buber.) El Vacío toma aquí un sentido positivo, porque está ligado al Hálito; el Vacío es el lugar en que circula y se regenera el Hálito. Todos los seres vivos están ha­bitados por esos hálitos; sin embargo, cada uno está marcado por un papel más determinante del Yin o del Yang. Citemos, a modo de ejemplos, las grandes entidades que forman parejas: Sol-Luna, Cielo-Tierra, Montaña-Agua, Masculino-Femenino, etc. En correspondencia con esta visión taoísta, el pensamiento confuciano, como hemos visto anteriormente, tam­bién es ternario. La tríada Cielo-Tierra-Hombre afirma el papel espiritual que el hombre debe desempeñar en el seno del cosmos.

Esta concepción cosmológica basada en el Hálito conlleva principal­mente tres consecuencias que tienen que ver con el modo de captar el movimiento de la vida.

Primera consecuencia: debido a la naturaleza dinámica del Tao, y so­bre todo a la acción del Hálito que garantiza, desde el origen y de mane­ra continua, el proceso que va del no-ser hacia el ser (o el siendo) –en chino, del wu, “no hay”, hacia el you, “hay”–, el movimiento de la vida y nuestra participación en ese movimiento brotan siempre constante y mutuamente, como al principio. Dicho de otro modo, el movimiento de la vida se percibe en cada instante más como un advenimiento o un “giro” que como una mera repetición de lo mismo. Para ilustrar esta forma de comprensión, podemos citar como ejemplos dos prácticas que han atra­vesado el tiempo y han permanecido vivas: el taijiquan y la caligrafía.

Segunda consecuencia: el movimiento de la vida se encuentra preso en una red de constantes intercambios y entrecruzamientos. Podemos ha­blar de una interacción generalizada. Cada vida está ligada, aun incons­cientemente, a las demás vidas; y cada vida, como microcosmos, está liga­da al macrocosmos, cuya marcha no es sino el Tao.

meditacion-belleza Tercera consecuencia: en el seno de la marcha del Tao, que es todo menos una repetición de lo mismo, la interacción tiene como efecto la transformación. Más exactamente, en la interacción del Yin y del Yang, el Vacío medio, al drenar la mejor parte de ambos, los conduce a la trans­formación mutua, benéfica para uno y para el otro. Señalemos que el Va­cío medio actúa también en el tiempo. Si el río es la imagen del tiempo que fluye sin retorno, el pensamiento chino percibe que el agua del río, al tiempo que fluye, se evapora, asciende al cielo para convertirse en nube y vuelve a caer en forma de lluvia para realimentar el río en su fuente. Este movimiento circular impulsado por el Vacío medio es el de la renovación.

Trasladándolos al plano que nos ocupa, el de los modos de ser de la belleza, los tres puntos que acabamos de ver tienen sus respectivas corres­pondencias en los tres puntos siguientes:

– La belleza siempre es un advenir, un advenimiento, por no decir una epifanía, y más concretamente un “aparecer ahí”.

– La belleza implica un entrecruzamiento, una interacción, un encuen­tro entre los elementos que constituyen una belleza, entre esa belleza pre­sente y la mirada que la capta.

– De este encuentro, si es profundo, nace otra cosa, una revelación, una transfiguración, como un cuadro de Cézanne nacido del encuentro entre el pintor y la montaña Sainte-Victoire.

No todo el mundo es artista, pero todo el mundo puede ver su ser transformado, transfigurado por el encuentro con la belleza, puesto que la belleza suscita belleza, aumenta la belleza, eleva la belleza. El funciona­miento de la belleza también es ternario.

“La belleza es un aparecer ahí”, esta formulación puede sorprender. La belleza, si es, ¿acaso no viene ya dada, la veamos o no? ¿Por qué tiene que aparecer? Los chinos no pueden ignorar que existe una belleza “ob­jetiva”. Pero saben también que la belleza viva nunca es estática, ni se entrega totalmente. Como entidad animada por el Hálito, obedece a la ley del yin-xian, “oculto-manifiesto”. A imagen de una montaña oculta por la bruma, o de un rostro de mujer tras un abanico, su encanto reside en el desvelamiento. Toda belleza es singular y, según los momentos y las luces, su manifestación, por no decir su “surgimiento”, es siempre inesperado. Una figura de belleza, incluso una a la que estuviéramos acostumbrados, debería presentársenos cada vez como nueva, como un advenimiento. Por esta razón la belleza siempre nos conmueve. Hay bellezas llenas de una luminosa dulzura que, de repente, por encima de las tinieblas y del sufrimiento  nos remueven las entrañas; otras, surgidas de algún subterráneo, nos atrapan o nos arrebatan con su extraño sortilegio; otras, puro fulgor, subyugan, fulminan…

Hablaba antes de la montaña oculta por la bruma. Me recuerda la ex­presión “bruma y nube del monte Lu” que significa, en chino, una verdadera belleza, que es, como debe ser, misteriosa y “sin fondo”, como ya he dicho…

François Cheng, Cinco meditaciones sobre la belleza (fragmento de la Cuarta meditación). Trad. Anne-Hélène Suárez Girard. Ed. Siruela, 2007 (reed. 2012, 2016)

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Zhen Chou (1427-1509), El monte Lu. National Palace Museum, Taipei, Taiwan.


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François Cheng nació en China en 1929. Es profesor del Institut National de Langues et Civilisations orientales de l’université Paris III. Traductor, escritor, poeta, calígrafo, es miembro de la Academia Francesa.

Muy recomendable también su libro Vacío y plenitud, publicado por Siruela en 1993.

https://es.wikipedia.org/wiki/François_Cheng


 

Y si una mujer viniera | Chantal Maillard & David Escalona


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[…] Ahora, cuando todo es aquí, irremediablemente aquí y ahora, ante la permisión del horror yo digo:


Si viniera,

si una mujer viniera, ahora,
si una mujer viniera al mundo con
la espiga de luz de
las matriarcas: debería
si hablará de este
tiempo
debería
tan sólo balbucir, balbucir
y así tal vez
tal vez así
asíasí
tal vez

Chantal Maillard. La herida en la lengua. Tusquets, 2015


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“Y si una mujer viniera” (Dónde mueren los pájaros II).
David Escalona & Chantal Maillard. Del 30 de Enero al 5 de Marzo 2017.
Instituto Cervantes de Nueva Dehli, India.

“Dónde mueren los pájaros es la pregunta que una vez me hice, asombrada, al darme cuenta un día de que siempre veía pájaros vivos, en vuelo o piando en los árboles o recogiendo migas, pero que no tenía idea de cómo morían: si caían en vuelo, o de la rama de un árbol, o de otra manera. Así pasa con todos aquellos seres que no vemos, cuya herida no está a la vista. Dónde mueren los pájaros trata del inocente: los silenciados, los olvidados, los invisibles, el que muere y también, a veces, el que mata, pues todos compartimos la misma herida, y es importante que lo sepamos”. Chantal Maillard


Imagen: David Escalona: “Si una mujer viniera con la espiga de luz de las matriarcas”. Espiga fundida y bañada en oro.


INSTITUTO CERVANTES DE NUEVA DELHI
48, Hanuman Road
Connaught Place
New Delhi

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