Saberse ignorante. Fabienne Verdier

 

Al cabo de meses y meses de aprendizaje, una mañana de invierno rompí a llorar ante mi maestro:

– Esto no funciona; ya no sé ni dónde estoy. En una palabra, ya no comprendo nada de nada.

– Bien, bien.

– Ya no sé adónde voy.

– Bien, bien.

– Ni siquiera sé ya quién soy.

– ¡Todavía mejor!

– Ya no conozco la diferencia entre el “yo” y la “nada”.

– ¡Bravo!

Cuantas más pestes echaba yo, más se regocijaba él, con expresión feliz y estupefacta. Incluso daba patadas en el suelo, con los ojos humedecidos. Yo proseguía, agobiada por un dolor interior, creyendo que no comprendía lo que estaba diciéndole:

– Después de estos años de práctica, me doy cuenta de que sigo siendo igual de ignorante ante el universo. Jamás llegaré a realizar lo que me pides.

– Sí, de eso se trata exactamente –decía él, palmoteando de alegría.

Bailaba en el sitio con un júbilo incomprensible. En ese momento pensé que deliraba.

–¡No sabes hasta qué punto acabas de hacerme feliz! Hay personas a quienes una vida no basta para comprender su ignorancia. –Reflexionó unos instantes y me tendió su mugrienta pañuelo para que me enjugara las lágrimas–. Soy ya muy viejo y no lo he conseguido. Pero tú, pobre tonta, tal vez tú, con ese corazón solitario y tenaz, lo logres. En ese preciso momento lo he intuido. El hecho de que reconozcas que eres una ignora ante lo eterno es la actitud que deseaba que tuvieras para acercarte a la pintura. Se trata de la única válida para llegar a ser pintor; de lo contrario, no vale la pena intentarlo. ¡Por fin una comprensión repentina, acertada, de la realidad! Es la primera vez que muestras una reacción espontánea, una inteligencia clara, límpida. Por fin te hallas en el camino de la sabiduría por el que desde hace años intento conducirte, en el de la auténtica pintura, la que está en armonía con el curso natural de las cosas. Te noto agotada , ven a casa esta noche. Te prepararé sopa de ravioli y beberemos  para celebrar tan gozoso acontecimiento.

Antes de marcharme, agobiada, rememoré un pensamiento de Fernando Pessoa cuya profundidad no había comprendido hasta entonces.

– “Aquel que intentó no ser, fue” –traté de traducirlo.

– ¡Ah, bien! –repuso el maestro–. ¿Cómo un occidental pudo comprender esa sabiduría vital? –Al cabo de un silencio, me preguntó con malicia–: ¿Quién era ese tal Pei Zua?


Fabienne VerdierPasajera del silencio. Díez años de iniciación en China. Salamandra, 2007


2 pensaments sobre “Saberse ignorante. Fabienne Verdier

  1. El 19 may. 2017 13:30, “blog de les llobes” escribió:

    > muriel posted: ” Al cabo de meses y meses de aprendizaje, una mañana de > invierno rompí a llorar ante mi maestro: – Esto no funciona; ya no sé ni > dónde estoy. En una palabra, ya no comprendo nada de nada. – Bien, bien. – > Ya no sé adónde voy. – Bien, bien. – ” >

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