“Cuando conectamos con el cuerpo, emerge la alegría”

Mireia Darder, doctora en Psicología y cofundadora del Institut Gestalt de Barcelona

27/09/2014 – La Vanguardia – Ima Sanchís

MDarder

Un hogar interior

En Nacidas para el placer, instinto y sexualidad en la mujer (Rigden Institut Gestalt), Darder afirma que en la actualidad las mujeres nos exigirnos ser las mejores en todos los ámbitos. “…Y para llegar a todos esos objetivos sólo hay una posibilidad: desconectarse del cuerpo y, por tanto, del instinto. No hay tiempo para la contemplación ni para saborear las vivencias, se pasa de una actividad a otra”. Su solución es estar más en el cuerpo, aprender a escucharlo, soltarlo… “La mujer debe ir al contacto consigo misma, al cuerpo; el hombre, a la emoción y la empatía. Sólo superando roles, prejuicios y creencias podremos encontrarnos”. Las mujeres necesitamos un hogar interior.

¿A qué hay que atreverse?
A tener un cuerpo distendido y relajado.

¿…?
Hay que dedicar tiempo a trabajarse corporalmente para poder sentir qué es lo que queremos, porque estamos muy desconectados de lo que sentimos, y no estoy hablando de sentimientos, que también los confundimos, sino de sensaciones corporales.

¿No nos sentimos?
No. Y el cuerpo, si no lo tenemos tensado con lo que hay que hacer, sabe estar relajado. Y si lo sentimos, sabemos qué es lo que necesitamos.

¿Está segura?
Sin ninguna duda. Y una parte de lo que necesitamos es placer, pero con esos objetivos que nos marcamos, con esas ideas sobre lo que debemos ser, nos perdemos y machacamos el cuerpo para que cumpla en lugar de ir al ritmo que nos pide.

¿Y si tu ritmo es lentito lentito?
No hay cuerpos lentos, hay ritmos acelerados, vivimos en una cultura de objetivos que mata lo natural, sólo tiene que mirar a su alrededor: sometemos a nuestro cuerpo al mismo control y destrucción a la que sometemos a la naturaleza.

¿Hay que bailar?
Bailar o realizar cualquier técnica que trabaje la expresión corporal, que nos suelte. El cuerpo se autorregula, y si se lo permites emerge la necesidad de placer y de sexualidad que hemos inhibido totalmente.

¿Observación de psicóloga clínica?
Sí. El estrés es el enemigo mas grande del cuerpo, y no paramos de estar estresados.

¿Por qué las mujeres se deprimen más, se reprimen más y se medican más?
Porque el patriarcado no nos ha permitido la expresión natural, sino que nos ha impuesto un modo de ser. Uno de sus mandatos es que la buena mujer no es agresiva. ¿Cómo se define la depresión en psiquiatría clásica?

¿Una agresión contra uno mismo?
Exacto, y si no hay permiso para expresar hacia fuera, fácilmente se entra en depresión. Hasta principios del siglo XX las buenas mujeres, según los científicos, no tenían deseo. Reprimir la capacidad sexual también revierte contra uno mismo.

…Y confundir sexo con intimidad.
Dejamos poco espacio al vínculo, al amor, a estar en contacto, y la sexualidad es eso: intimidad, no un consumo más. El vínculo y el contacto físico es una necesidad humana, necesitamos la intimidad, no somos panteras, somos seres comunitarios.

¿Los roles de género aún nos atrapan?
Muchas mujeres sienten el dolor de no ser realmente mujeres porque tienen pareja, hijos. Así que no importa lo que seamos capaces de hacer ni de lograr si nuestra identidad sigue condicionada por esos roles.

Hay mujeres a las que todo esto les parece trasnochado.
A la mujer se la ha educado para que no accione en el mundo, para que no sea curiosa, no investigue. Hacen falta tres generaciones para cambiar comportamientos y creencias; aún hoy dejamos menos sueltas a las adolescentes que a los adolescentes.

A menudo la autoestima de las mujeres esta dañada. ¿Por qué?
Tiene que ver con recuperar el instinto, es decir, la capacidad de acción en el mundo y por tanto la agresividad.

Protestar, protestamos.
Sí, pero no creemos que tengamos derecho. El cambio viene por el cambio de creencias. A las mujeres no se nos ocurre que tenemos derecho a estar satisfechas sexualmente, sería todo muy distinto si lo creyéramos.

¿De qué se quejan las mujeres en la consulta?
De que no encuentran iguales, compañeros con los que compartir, y de falta de deseo. Un ginecólogo señalaba: “Antes las mujeres no sabían cómo tener orgasmos, ahora lo saben, pero están demasiado cansadas”. Buena madre, profesional, compañera…, esa perfección tras la que vamos nos impide estar en contacto con nuestro cuerpo.

Hay manadas de mujeres solas.
Y también de hombres, pero ahí hay una gran diferencia: el hombre se construye para él y la mujer para el otro, nuestros deseos están siempre en relación con el afuera. Los hombres no dicen: “Me falta una mujer”. Y ésta es la creencia que hay que cambiar: la mujer debe ser primero para ella, estar bien consigo misma.

¿Propone el egoísmo?
Luchamos como un hombre fuera de casa, sacamos la ternura con los hijos y recurrimos a la seducción con la pareja. Dejamos de estar presentes para poder llegar a todo.

¿Cómo escapar?
Hay que salir de la dicotomía masculino-femenino y dejarnos ser lo que somos. Para ello debemos alejarnos de los roles y creencias que caen sobre nosotras y recuperar una autoestima y un valor que a la mujer se le han negado durante siglos.

¿Y la solución está en el cuerpo?
Cuando conectamos con el cuerpo emerge la alegria de la Vida. Tener conexión conmigo es tenerla con la Vida.

Danza butoh & sitar para la Mujer esqueleto

El relato de La Mujer esqueleto sirve de inspiración a este espectáculo de dansa japonesa Butoh con Penelope Guisasola acompañada por el sitar de Paloma Lozano.

“La danza Butoh es un lenguaje lleno de matices y sutilezas. Parece el único idioma que pudiera hablar un personaje cómo el de la Mujer Esqueleto.
Aquí comienza el viaje arquetípico, desde el fondo del mar, a la tundra helada, al calor del hogar hasta la recuperación del aliento de vida. La presencia de elementos naturales susurran en los espacios de silencio que junto con el sitar componen la melodía para esta pieza.”
Se estrenó en Madrid, en el Espacio Ronda, el 21 de enero del 2012.
El espectáculo se divide en 6 partes.

 

Parte 1: el relato

 

Parte 2: el fondo del oceáno

 

Parte 3: el encuentro y la persecución

 

Parte 4: el desenredo

 

Parte 5. el corazón y el aliento

 

Parte 6: el reencuentro

 

 


	

Kiki Smith

Kiki Smith es una artista norteamericana polifacética. Nació en 1954 en Nüremberg y creció en New Jersey.  Se trasladó a Nueva York en 1976, ciudad en la que vive y trabaja en la actualidad. Utiliza una gran diversidad de materiales: telas, lana, papel, vidrio, bronce, piedra, terracota, madera, yeso, resinas, elementos orgánicos… El foco central de su trabajo experimental es la representación del cuerpo, de su carácter perecedero y de su vulnerabilidad, su fragilidad y su fuerza. Explora la relación entre el ser humano y la naturaleza, entre el cuerpo y el mundo, entre el territorio natural y la dimensión espiritual. Su obra está poblada por lobos, aves y mujeres… Encontraréis en el video muchos temas que exploramos en nuestro taller lobuno.

Estaré ahora unos días en la Toscana. Me acabo de enterar que hay una exposición de su obra en San Gimignano muy cerca de donde estaré hospedada! Me siguen asombrando las resonancias…  Los hilos de la red vibrando…

Seguirá…

La baba del caracol. El rastro de Chantal Maillard

La baba del caracol


Cinco apuntes sobre el poema. Cinco breves ensayos sustanciosos reunidos en la editorial Vaso Roto en su cuidada colección de bolsillo Cardinales, en los que confluyen la hondura del pensamiento de Chantal Maillard y la amplitud de su poética.

¿Qué significa crear? ¿Qué cometido tiene el poema? ¿Qué cometido tienen las artes actualmente? […] ¿Qué necesidad o qué placer satisfacen? ¿Qué se espera de ellas? ¿Qué esperamos del poema?

Este luminoso brevario de revelaciones, intuiciones, reflexiones animalescas, cabe en el bolsillo acompañando (¿acaso guiando?) la travesía, abriendo pasajes y brechas sobre el fuera…
“El fuera es lo común, lo que a todos pertenece, lo animal. El fuera es la inocencia. La de todos. Porque en el fuera no hay yo, no hay alguien.
Un poema es una señal de inocencia.”

Apenas una traza brillante dejada por la baba del caracol, el otro que somos todos bajo las hojas de acanto. El saber no sabido por el mí, sólo adivinado, y en la traza, reconocido.

A saborear como bebe el pájaro: de tanto en tanto levantar la cabeza, entrecerrar los ojos y volver al agua de las palabras. Así lo leído se filtra, nos recuerda Chantal, como el agua en la garganta del pájaro, y se asienta en el entendimiento.

 

 

La mansa alegría de Clarice Lispector

lispector

Pues en la hora oscura, tal vez la más oscura, en pleno día, ocurrió esa cosa que no quiero siquiera intentar definir. En pleno día era noche, y esa cosa que no quiero todavía definir es una luz tranquila dentro de mí, y la llamaría alegría, alegría mansa. Estoy un poco desorientada como si me hubieran arrancado el corazón, y en lugar de él estuviera ahora la súbita ausencia, una ausencia casi palpable de lo que antes era un órgano bañado de oscuridad, de dolor. No estoy sintiendo nada. Pero es lo contrario del sopor. Es un modo más leve y más silencioso de existir.

Pero también estoy inquieta. Yo estaba organizada para consolarme de la angustia y del dolor. Pero cómo es que me arreglo con esa simple y tranquila alegría. Es que no estoy acostumbrada a no necesitar de mi propio consuelo. La palabra consuelo me llegó sin sentir, y no lo noté, y cuando fui a buscarla, ella se había transformado ya en carne y espíritu, ya no existía más como pensamiento.

Voy entonces a la ventana, está lloviendo mucho. Por hábito estoy buscando en la lluvia lo que en otro momento me serviría de consuelo. Pero no tengo dolor que consolar.

Ah, lo sé. Ahora estoy buscando en la lluvia una alegría tan grande que se torne aguda, y que me ponga en contacto con una agudeza que se parezca a la agudeza del dolor. Pero es una búsqueda inútil. Estoy frente a la ventana y sólo ocurre eso: veo con ojos benéficos la lluvia, y la lluvia me ve de acuerdo conmigo. Ambas estamos ocupadas en fluir. ¿Cuánto durará mi estado? Percibo que, con esta pregunta, estoy palpando mi pulso para sentir dónde está el latir dolorido de antes. Y veo que no está el latido de dolor.

Sólo eso: llueve y estoy mirando la lluvia. Qué simplicidad. Nunca creí que el mundo y yo llegáramos a este punto de acuerdo. La lluvia cae no porque me necesite, y yo la miro no porque necesite de ella. Pero nosotras estamos tan juntas como el agua de lluvia está ligada a la lluvia. Y no estoy agradeciendo nada. Si, después de nacer, no hubiera tomado involuntaria y forzadamente el camino que tomé, yo habría sido siempre lo que realmente estoy siendo: una campesina que está en un campo donde llueve. Sin siquiera dar las gracias a Dios o a la naturaleza. La lluvia tampoco da las gracias. No hay nada que agradecer por haberse transformado en otra. Soy una mujer, soy una persona, soy una atención, soy un cuerpo mirando por la ventana. Del mismo modo, la lluvia no está agradecida por no ser una piedra. Ella es la lluvia. Tal vez sea eso lo que se podría llamar estar vivo. No es más que esto, sólo esto: vivo. Y sólo vivo de una alegría mansa.

“Tanta mansedumbre” in “Silencio”
Traducción: Cristina Peri Rossi
 

Marie-Lise Labonté: “Sed vuestro propio laboratorio”

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No tengaís miedo de despertar y mirar de qué estaís hechos. Nadie podrá hacerlo por vosotros. Tan sólo vosotros teneís este poder.

 
Puede que creáis que disfrutar de buena salud es estar siempre alegre, ser racional, bueno y amable; no mostrar desencanto nunca, no llorar nunca, no enfadarse nunca. Esta creencia por sí sola puede llevaros a negar los movimientos espontáneos y naturales que forman parte de vuestra personalidad.

 
Disfrutar de buena salud es amarse tal como uno es, en todos los momentos de la vida, ya esté uno enfadado, feliz, desgraciado, triste, risueño, alocado, racional, intuitivo, creativo. Es amarse con las propias carencias, la falta de amor a uno mismo y a los demás, las negativas a abrirse o el placer de hacerlo.

 
No se puede alcanzar una vida espiritual intensa, no se puede acceder a la felicidad negando la naturaleza de las propias emociones, pensamientos y la realidad física.
No tengaís miedo de lo que surja en vosotros…
Daos permiso para sentiros.

 
Sed vuestro propio laboratorio.

 
Marie-Lise Labonté. Autosanar es posible. Ediciones Luciérnaga, 2012.