In Memoriam Chantal Akerman

Chantal Akerman

Su llama se apagó. La cineasta belga se suicidó el 5 de octubre en Paris, tenía 65 años. Todavía estoy bajo el shock de la noticia…

Una realizadora radical, tensa como un arco, que a lo largo de su trayectoria rehuyó las normas narrativas y los encasillamientos fáciles, haciendo porosa la frontera entre documental y ficción. Sus películas hibridan lenguajes divergentes, articulan múltiples estratos/sustratos, tantean ese borde inasible entre el afuera y el adentro, sus fotogramas anidan en espacios o escenarios clausurados, introvertidos, abriendo sin embargo (¡O paradoja!) múltiples cauces que desbordan sobre la alteridad del mundo, del tú, del mí (es inevitable el guiño con otra belga de nacimiento, otra Chantal, otra, Maillard, con la que encontraríamos unos cuantos hilos comunes, un ritmo, hilvanando lo deshilvanado… deshilachando lo hilvanado… la misma intensidad, el mismo escalpelo… aunque en Ch. M. alberga una extraña… serenidad… a pesar de… que… todo…  …  ..  .  .  . )

La cineasta describe, dice y muestra, la alienación femenina, la alienación en la vida cotidiana, en la sexualidad, en la política, la alienación tout court

De momento, sólo compartir Ch. Ak.

http://www.slate.fr/story/107905/chantal-akerman-mort

http://next.liberation.fr/culture-next/2015/10/06/chantal-akerman-faisait-des-films-avec-sa-chair-sa-peau-sa-vie_1398256?utm_campaign=Echobox&utm_medium=Social&utm_source=Facebook

http://www.filmaffinity.com/es/search.php?stype=director&stext=Chantal+Akerman

https://es.wikipedia.org/wiki/Chantal_Akerman

El animal perdido en mí. Chantal Maillard

 

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Dijo Chuang tse: “Procura que lo humano no destruya lo celestial que hay en ti; procura que lo intencional no destruya lo necesario”. Lo celestial era, para Chuang Tse, esa capacidad que tiene todo ser de actuar de forma espontánea y natural, sin necesidad de someter a juicio sus movimientos. La que, por ejemplo, hace que el ciempiés pueda caminar sin tener que pensar qué pata adelantará primero. Cuando se trata de un animal, a esa capacidad la llamamos instinto, cuando de un ser humano, intuición. Cuánto menosprecio en estos términos con los que designamos lo que escapa a nuestra envanecida inteligencia. La mente (la diferenciadora) y la razón (la que ordena las diferencias) separan unas frutas de las otras y las disponen en cestos distintos para luego venderlas y sacar beneficio. Pero lo que hace crecer una manzana, el misterioso impulso de la igualmente malentendida “naturaleza” que hace brotar de la semilla la fruta que nos sustenta, esa fuerza, esa magia que a todos nos sostiene, ¿acaso logran entenderla?

*

“Una marioneta nunca se andaría con melindres” escribía Heinrich von Kleist en un opúsculo sobre el teatro de marionetas. Entendía que la afectación aparece “cuando el alma (la vis motrix) se sitúa en algún punto distinto del centro de gravedad del movimiento”. Cuando la conciencia, que habría de integrarse y perderse en el movimiento, se retira y enfoca al cuerpo que se mueve, se produce un desdoblamiento: algo que de sí retrocede y de lejos atiende a aquello que se mueve, que se sigue moviendo, aunque ya “sin alma”.

Es propio de la razón pretender tomar las riendas de los actos, dirigirlos. Al hacerlo, a menudo obstaculiza el movimiento que sin su intervención se realizaría con justeza. La torpeza adviene cuando la voluntad se empeña en realizar tareas de las que la naturaleza saldría airosa sin su concurso.

El oso del relato de Kleist, además de parar todos los lances de un buen espadachín, no se dejaba engañar por las fintas; tan sólo atendía a los empeños cuya intención era dar en el blanco. Para convertir la técnica en arte, el espadachín ha de olvidar la técnica después de haberla aprendido: el artificio ha de tornarse natural; el oso no necesita dar ese rodeo. Atento a la intención, atento a la auténtica voluntad del otro y no al gesto fingido, lejos de ser una marioneta, el animal acierta. Su atención sin doblez, sin re-flexión, no desvía ni desdobla la energía que ha de estar toda entera al servicio de la acción. La “gracia” del animal, como denominaba Kleist a esta capacidad, es una integridad.

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“Amaestrar” se dice en francés élever, que literalmente significa “elevar”. El verbo también se utiliza en el sentido de “educar”. Al educar a un niño se le eleva a la condición de adulto, de la misma manera que al amaestrar a un oso se le eleva a la condición humana. Los fines ciertamente difieren (enorgullecerse del primero, burlarse del segundo), pero en ambos casos se trata de elevar al que se supone inferior haciéndole adoptar saberes o maneras de quienes se creen superiores. ¡Qué no pudiesen esos maestros elevarse al saber de las bestias y reconocer la poca valía de sus propios saberes!

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Existe una conciencia ajena tanto a la voluntad como al razonamiento que, aun oscurecida por la conciencia común, vigila. Es aquella que sabe más que tú, que te despierta del sueño si se lo pides, o te avisa en caso de peligro. No es el grillo del cuento, no es moral, no te reprende, acusa o atormenta cuando no coinciden tus actos con las normas inculcadas. Aconseja. No pongas allí las llaves, advierte la voz, endeble, inmediatamente acallada, obviada por la mente demasiado ocupada en sus quehaceres. Al día siguiente, las llaves se han perdido. ¡Si es que lo sabía!, te dices con enojo. ¿Quién o qué lo sabía? Algo de ti te avisó, claramente. Algo que sabe más que tú, que yo, ese yo ciego siempre ocupado en tareas importantes, incapaz de atender, de oír, incapaz de humildad. Algo que, al no estar entorpecido por la voluntad y el ansia, a lo mejor simplemente baraja los datos de manera más ágil. Tan irrisorios los cálculos a los que la razón alcanza.

*

Dar con la palabra adecuada en el discurso siempre me ha parecido una proeza. Cuando ocurre y sale, fácil, de mi boca, nunca me atribuyo tal hazaña. Es “ello” lo que lo hace posible, justo allí, en el momento en que dejo de intentar dirigir el proceso. Ahora, al observar mis gestos: aquel, por ejemplo, con el que respondo al saludo de alguien, aquel que guía mi mano mientras escribo, aquel con que evito un obstáculo mientras camino, todos esos gestos “mecánicos”, “aprendidos”, “instintivos”, se me antojan de la misma naturaleza que aquellos aciertos discursivos. Ello es lo que procura la corrección del acto. Y a donde no acude, indefectiblemente, fallo.

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El ser humano, escribió Michel de Montaigne “se atribuye cualidades divinas, se elige a sí mismo y se separa de la multitud de las demás criaturas, divide las raciones para los animales, sus congéneres y compañeros, y les reparte la posesión de facultades y de fuerzas que a él le parece. ¿Cómo conoce, mediante el esfuerzo de su inteligencia, los movimientos internos y secretos de los animales? ¿De qué comparación entre él y nosotros deduce la necesidad que les atribuye?”

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Cicerón coincidía con Platón en la idea de que lo que diferencia a los humanos del resto de los seres vivos es la memoria, una memoria infinita. Hay en todos los seres, en efecto, una memoria infinita que conserva el recuerdo, la huella, de las primeras moléculas que formaron las galaxias. Todos los estados de la materia están presentes en el código de cada ser que vive. Y no, no es ella la que nos diferencia de las demás especies. Ningún infinito nos distingue, sino esa costumbre estéril que tiene lo mental de adherirse a sí mismo invitándonos a contemplar una y otra vez su personal historia, con la que teje sobre el Antes la red tupida del olvido. Homo sapiens obliviosus es la fórmula con la que nos define Michel Serres.

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Cuánta literatura empeñada en adornar los impulsos que, no obstante, compartimos con el resto de los seres. Cuánta necesidad de creer que nuestra voluntad es lo que guía nuestros actos. Hablamos de sentimientos para dignificar en nosotros las pulsiones que en el animal consideramos instinto. ¿Por qué no dignificar al animal, su inocencia al seguir sus impulsos, la destreza del gesto no interferido por el juicio? Dignifiquemos la naturaleza, si es que necesitamos que algo sea digno. El juicio y el razonamiento no son sino la habilidad defensiva que el más desvalido de los seres adquirió en el periplo; y la autoconciencia, una desdichada consecuencia de su extralimitación.

En cuanto a la vida: el ciclo del hambre y su tormento, no habrá conciencia libre que ante ella no sea presa de la más honda indignación.

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En la mano, el animal que llevo dentro. Sin segundas intenciones, inmediato, confiado, brutal si llega el caso, pero tierno, amable siempre incluso cuando muerde. El animal está en la mano. La mano que me dice antes que yo. Terminación del gesto y del aliento que prolonga mi cuerpo todo entero, me prolonga. En unas ocasiones apoya el decir y lo despliega; en otras mitiga su gravedad. La mano es mi animal interior.

Chantal Maillard. La mujer de pie. Ed. Galaxia Gutenberg, 2015

Photo: © N. Nikita


 

 

Louise Bourgeois: “He estado en el infierno y he vuelto”

 

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Louise Bourgeois nació en París en 1911, en el seno de una familia acomodada que regentaba un taller de restauración de tapices medievales y renacentistas. En 1938 parte hacia Estados Unidos, en donde residirá el resto de su vida. Miembro del American Abstract Artists Group, obtuvo el reconocimiento de la crítica y el éxito comercial tras la retrospectiva que le organizó el MoMA en 1982, habiendo cumplido ya los setenta y un años. Su producción, original y compleja a la vez que diversa y fascinante, aborda la memoria, la sexualidad, la maternidad, las relaciones humanas y la búsqueda de equilibrio.

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La carrera de Louise Bourgeois presenta una serie de coincidencias con la de Pablo Picasso: ambos crearon la mayor parte de su obra en otro país; la innovación y la experimentación es una constante en sus longevas trayectorias; y la obra de ambos es una referencia ineludible para las generaciones de artistas posteriores.

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“LA ESCULTURA ES EL CUERPO, MI CUERPO ES LA ESCULTURA“ L.B.

Escultura, dibujo, pintura, instalación, la artista abordó todos los géneros, creando una obra autobiográfica singular, lírica y radical. Bourgeois concibió esculturas en diversos formatos, creó sugerentes dibujos y grabados, y construyó inquietantes instalaciones. En un mundo en el que la mujer ha estado considerada como artista de segunda categoría, su obra ha asumido una emblemática presencia hasta el punto de estar considerada como la mujer artista más importante de nuestro tiempo.

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A partir de sus figuras esculpidas en madera en los años 40, Louise Bourgeois experimentó con la representación de fragmentos del cuerpo humano. Pero serán sus famosas arañas de bronce las que le harán mundialmente célebre, por lo que para la ocasión se ha instalado en el Museo Picasso Málaga la escultura Araña (1996), de casi 8 metros de diámetro y más de 3 metros de altura. La artista representó así a su madre: como una enorme arácnida, paciente, protectora e incansable tejedora, en directa alusión al oficio que ésta desempeñó en el taller familiar de restauración de tapices.

Louise Bourgeois 10 AM Is When You Come to Me, (detail), 2006 Etching, watercolor, pencil and gouache on paper, 20 pages Etsning, akvarell, blyerts och gouache på papper, 20 sidor Collection The Easton Foundation Photo: Christopher Burke, ©The Easton Foundation/Licensed by BUS 2015
Louise Bourgeois
10 AM Is When You Come to Me, (detail), 2006
Etching, watercolor, pencil and gouache on paper, 20 pages
Etsning, akvarell, blyerts och gouache på papper, 20 sidor
Collection The Easton Foundation Photo: Christopher Burke, ©The Easton Foundation/Licensed by BUS 2015

“HE ESTADO EN EL INFIERNO Y HE VUELTO. Y PERMÍTEME DECIRTE, FUE MARAVILLOSO” L.B.
Esta retrospectiva en el Museo Picasso Málaga muestra 101 obras de Louise Bourgeois, realizadas entre la década de los años 40 y 2009.  Cuarenta y seis esculturas de bronce, tejido, látex y aluminio, una celda y una pintura se exponen junto a cincuenta y tres obras en papel y textiles, muchas de ellas de gran formato o realizadas en series. Dividida en nueve secciones – La fugitiva, Soledad, Trauma, Fragilidad, Estudios naturales, Movimiento eterno, Relaciones, Dar y recibir y Equilibrio- la selección de obras de esta exposición engloba la complejidad de su trabajo.

Como antesala de la exposición, los visitantes podrán acceder a Louise Bourgeois: Photo Album, un recorrido por la vida de la artista a través de fotografías. Además, se proyecta el documental que Nigel Finch dirigió en 1994 para la BBC, `Louise Bourgeois: No Trespassing´, así como un audiovisual producido por el Museo Picasso Málaga con entrevistas a Jerry Gorovoy, presidente de la fundación Louise Bourgeois, The Easton Foundation, Nueva York; a la comisaria de la exposición, Iris Müller-Westermann; y al director artístico del Museo Picasso Málaga, José Lebrero Stals.

Comisariada por Iris Müller-Westermann y organizada con el Moderna Museet, esta retrospectiva aúna más de cien obras de arte realizadas a lo largo de siete décadas, un tercio de las cuales nunca antes ha sido expuesto.

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Tras Sophie Tauber-Arp. Caminos de vanguardia (octubre 2009-enero 2010) e Hilma af Klint. Pionera de la abstracción (octubre 2013-febrero 2014), el Museo Picasso Málaga aborda de nuevo una retrospectiva que pone en valor el trabajo artístico de la mujer en la historia del arte.

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http://www.museopicassomalaga.org/es/el-museo-picasso-malaga-presenta-la-exposicion-louise-bourgeois-he-estado-en-el-infierno-y-he-vuelto

 

La mujer de pie

Invitación Chantal


“La mujer de pie es alguien que no puede sentarse. No se trata de una novela, aunque bien podría haberlo sido. ¿Cuál es el límite entre un ensayo y un relato, entre unos apuntes biográficos y lo que denominamos Historia, entre realidad y ficción, entre lo que creemos y lo que creamos? Siempre hay una narración en lo que contamos.

En La mujer de pie hay personajes; éstos atraviesan el libro dejando entrever breves secuencias de su vida, diálogos entrecortados.

 La mujer de pie es una invitación a la escucha. Más allá del ruido mental y sus articulaciones, la mujer de pie entiende que el universo es expansión sonora y que procede por analogía, simultáneamente.

 La mujer de pie trata de nuestra compulsiva tendencia a identificar el proceso mental con la realidad de la que, suponemos, da cuenta.

  La mujer de pie es una reflexión sobre el movimiento –o más bien sobre la inmovilidad, la discontinuidad de la percepción y la fragmentariedad de la experiencia.

 La mujer de pie es también un recurso para aliviar el dolor de la carne, sus atrofias, sus limitaciones, sus discapacidades. Una estrategia para tomar distancia.

 La mujer de pie es un diario de observación. Un registro de las fluctuaciones del ánimo bajo la analgesia.

La mujer de pie es un ensayo sobre la naturaleza mental de los sentimientos, su impermanencia, y la inconsistencia de la idea del yo que las acompaña.

La mujer de pie es una reflexión acerca de cómo la noción del yo es clave para interpretar la historia de las naciones europeas.

La mujer de pie es el espacio estratégico en el que averiguar cómo intuir el mundo sin perder la verticalidad.

La mujer de pie es un escenario.

La mujer de pie es un escenario con una ventana desde la que mirar.

La mujer de pie es el alféizar de esa ventana. Un alféizar en el que apoyarse para contemplar el desierto. En realidad no lo hay, no hay desierto, es irreal. Pero sin él, ¿qué habría?”

Texto de presentación de Chantal Maillard 

Un bonus: lectura de Ch. Maillard de un poema de La herida en la lengua, Desprendimiento, en su presentación en La central el 2 de junio

La mujer de pie: la nueva propuesta de Chantal Maillard

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Últimamente los y las que seguimos la traza de Chantal Maillard estamos de suerte! La Maillard se prodiga!

Después de su último poemario La Herida en la lengua (Tusquets), y de la publicación de una antología esencial de su obra poética En un principio era el hambre, publicada en FCE, y que acabamos de reseñar https://blogdelesllobes.wordpress.com/2015/07/23/chantal-maillard-en-un-principio-era-el-hambre-antologia-esencial/ llega a las librerías en septiembre su nuevo ensayo poético La mujer de pie editado por Galaxia Gutenberg.

Este ensayo poético no es un tratado, tampoco es una ficción. Es una invitación a la escucha. Una historia contada en tres registros diferentes. Un historia en busca de argumento. Una reflexión sobre la enfermedad, el fragmento, la discontinuidad de la percepción y la ilusoria creencia en un yo que le diese sentido a la existencia.

Si queréis seguirle la pista, presentará su libro en La Central del carrer Mallorca en Barcelona, el miércoles 16 de septiembre a las 19:30.

Ahí nos veremos!

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2015/09/09/la-mujer-de-pie/

Video de la presentación de La mujer de pie el 16 de septiembre 2015 en la librería La Central: https://blogdelesllobes.wordpress.com/2015/10/10/presentacion-de-la-mujer-de-pie-en-la-central-de-barcelona/

Chantal Maillard. En un principio era el hambre. Antología esencial

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Chantal Maillard. En un principio era el hambre. Antología esencial. Fondo de Cultura Económica, 2015

Acaba de llegar a las librerías una antología esencial de Chantal Maillard (esencial antología, si jugamos al juego que invierte los términos!), con un magnífico prólogo de Virginia Trueba que cartografía minuciosamente la entrecruzada trayectoria escritural y vital de la poeta y filósofa, y un epílogo de la propia Maillard.

Los textos escogidos, por Antonio F. Rodríguez Esteban y Chantal Maillard, abarcan desde el año 1990 hasta el 2015, con algunos fragmentos del próximo libro de Maillard, La mujer de pie, que saldrá en otoño editado por Galaxia Gutenberg.

A los y a las que emprendan esta lectura-viaje por la cosmovisión de la poeta hispano-belga, les saldrán al paso, entretejidos en múltiples capas a las que nuestra autora nos tiene acostumbrado, textos de Diarios indios, Matar a Platón, Escribir, Husos, Hilos, Cual, Bélgica, Polvo de avispas, La herida en la lengua –último poemario editado–, y La mujer de pie –de próxima aparición–. El viaje, nos recuerda acertadamente Virginia Trueba en su prólogo, “sirve para des-entumecernos, despertarnos la atención y disponernos al acontecimiento. Como el golpe de kiosaku del maestro zen.” Esta lectura también hace función d’éveil y de drenaje en la mente del lector. Despoja, desentuma la conciencia y nuestros sentidos obturados.

Para hacer boca, os dejo con un extracto del epílogo que da título al libro:

[…] Algunas teorías indias entienden que el universo se creó por resonancia. La gran exhalación del comienzo se prolongó en las consonantes. La energía neutra del comienzo se significó: modulándose en los signos (en las letras, en su sonoridad) se diversificó.

En el principio (arjé) era el Verbo (logos)… (Verbum es el término latino que se empleó para traducir la palabra griega logos cuando los cristianos identificaron el logos con el principio creador del cristianismo). El verbo es lo que puede ser conjugado. Antes de las diferencias, el logos-verbo es posibilidad de ser. Condensación del sonido, inaudible antes de su expansión, de su resonancia.

En un principio fue el verbo, y el verbo se conjugó, y se propagó. Los siglos de los siglos fueron la propagación del primer sonido. El primer sonido fue un acto: el de respirar. Un respirar sin nadie que respirase. Un acto sin sujeto. Un aliento sonoro.

Y el verbo se hizo carne: materia. Se hizo audible. Se “materializó”. El mundo: sonoridad vibrante. La materia: densidad del sonido: velocidad vibratoria.
En un principio fue el verbo y el verbo poetizó: la matriz del mundo es el hueco donde impacta el primer sonido y se gesta el primer poema: la primera construcción (poíesis), la primera articulación.

Sí… puede que esto sea muy bonito. Pero no nos sirve. Ya no nos sirve porque sigue siendo metafísica y porque las palabras son multitud. Los ecos están distorsionados. Los sonidos, como las emociones, se degradan imitándose unas a otras. El kitsch reina por doquier de tal modo que ya nos es difícil saber qué, de lo que sentimos y pensamos, qué es genuino o impostado, qué hemos aprendido y repetido, qué es emoción y qué lenguaje. Tal vez fuese preciso callar. No añadir más palabras a las ya expandidas.

O, tal vez, urdir otro inicio. Decir, por ejemplo:

En un principio era el Hambre. Y el Hambre creó a los seres para poder saciarse. Y el Hambre era la muerte para los seres. Inventaron remedios, buscaron curarse, pero el Hambre dijo “odiaos y luchad unos contra otros”, para poder saciarse. Y el Hambre introdujo el hambre en los seres, y los seres se mataban entre sí por causa del hambre. Y el hambre era la muerte para los seres.

No parece que quepa, hoy en día, otra poesía que la que diga el hambre. Y el terror. La desolación y la extrañeza. Que lo diga para que nos reconozcamos en ello. En comunidad. Con las cosas. En las cosas. Cosas, también, nosotros. La identidad colgándonos del hombro como una chaqueta raída.

Luego, como un personaje de Beckett, atender al balbuceo, como mucho.

Sobre todo, atender al silencio, ese silencio: la callada inocencia recobrada, antes del logos, el no saber cargado de compasión por los seres que viven con su hambre”.

http://www.fcede.es/site/es/libros/detalles.aspx?id_libro=19284

Añado una hebra más a este tejido: un enlace a un artículo que Chantal publicó en El País con fecha del 11 de enero 2003 (remontemos, remontemos el curso del río!) donde habla de la mítica cosmogonía sapiencial Brihadaranyaka Upanishad que dio lugar a la principal corriente del hinduismo (la escuela no dualista advaita), y a la que hace referencia el título de esta antología esencial: En un principio era el hambre.

http://elpais.com/diario/2003/01/11/babelia/1042246218_850215.html

 

Gansos Salvajes. Mary Oliver

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No tienes que ser buena.

No tienes que caminar de rodillas

cien kilómetros a través del desierto, arrepintiéndote.

Sólo tienes que dejar que el animal suave de tu cuerpo

ame lo que ama.

Háblame de desesperanza, la tuya, y yo te contaré la mía.

Mientras tanto el mundo continúa.

Mientras tanto el sol y los guijarros claros de la lluvia

avanzan a través de los paisajes,

sobre praderas y árboles profundos,

las montañas y los ríos.

Mientras tanto los gansos salvajes, altos en el aire limpio y azul,

se dirigen nuevamente a casa.

Quienquiera que seas, no importa cuán solitaria,

el mundo se ofrece a tu imaginación,

te llama como los gansos salvajes, duros y apasionantes –

una y otra vez anunciando tu lugar

en la familia de las cosas.

 

(De Dream Work, “Trabajo de ensueño”, 1986, traducido por Sara Torres)

 

Wild Geese

You do not have to be good. / You do not have to walk on your knees / for a hundred miles through the desert, repenting. / You only have to let the soft animal of your body / love what it loves. / Tell me about despair, yours, and I will tell you mine. / Meanwhile the world goes on. / Meanwhile the sun and the clear pebbles of the rain / are moving across the landscapes, / over the prairies and the deep trees, / the mountains and the rivers. / Meanwhile the wild geese, high in the clean blue air, / are heading home again. / Whoever you are, no matter how lonely, / the world offers itself to your imagination, / calls to you like the wild geese, harsh and exciting- / over and over announcing your place / in the family of things. 

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Mary Oliver. Fotografía de Rachel Gleese.

Poeta norteamericana nacida en Cleveland, Ohio, en 1935, ganadora de varios premios muy reconocidos, entre ellos el Premio Puilitzer en 1984 por su libro American Primitive. Comenzó a escribir poemas a los 14 años y a los 17 visitó la casa de Edna St. Vincent Millay, donde conoció a Norma, hermana de la poeta y se volvieron grandes amigas, ayudando a ésta a organizar los últimos papeles que Edna había dejado. Su primera colección de poemas, No Voyage and Other Poems, fue publicada en 1963, cuando ella tenía 28 años. Influenciada por Whitman y Thoreau, es conocida por sus observaciones claras y conmovedoras del mundo natural. Su creatividad es alimentada por la naturaleza, y Oliver, una ávida caminante, a menudo encuentra la inspiración cuando sus pies están en movimiento. Sus poemas están llenos de imágenes que vienen de sus paseos diarios cerca de su casa.

3 poemas de Mary Oliver traducidos por Sara Torres en la revista Kokoro

http://revistakokoro.com/MaryOliver.html

Sophie Calle en la Virreina. Modus Vivendi

Arte  Exposiciones

Sophie Calle, dolor exquisito

Modus Vivendi

La Virreina. La Rambla, 99. Barcelona. Hasta el 7 de junio.

JAUME VIDAL OLIVERAS | 10/04/2015 |  Edición impresa


Detalle de la serie Cuídese mucho, 2007

 

A Sophie Calle (París, 1953) se la califica de artista conceptual. ¿Será un conceptual blando? Cuando a principios de los años 80 su nombre empezó a sonar, se dijo de ella que aportaba una nueva manera de narrar las cosas, singular, diferente. Turbaba la frescura y originalidad de sus historias, en las que planteaba episodios de su propia vida como tema, entre fantasmas y ficciones. Sorprendían, también, sus juegos de vouyerismo, la construcción de situaciones a partir de un material documental… Alcanzó una notable proyección en los 80 y 90. En España, por ejemplo, presentó una gran exposición en 1997. Era un momento en que se descubría el arte contemporáneo, y Sophie Calle deslumbró: era moderna, fácil… Había un aspecto especialmente destacado: sus fotografías se acompañaban de textos o, mejor dicho, sus textos se asociaban a fotografías en una fecunda y extraña relación que no ha dejado de evolucionar con el tiempo, y que aparece de nuevo en las tres series que ahora la artista presenta en La Virreina.

Les Aveugles (1986), una de las obras más difundidas de Sophie Calle, inicia el recorrido de la exposición, lo que es toda una declaración de principios. La misma artista explica que se dirigió a unas personas ciegas de nacimiento y les preguntó qué era para ellos la imagen de la belleza. La obra consiste en una serie de retratos de dichos ciegos que se acompañan de un texto con sus ideas de belleza y de una fotografía que representa esta descripción. Hay algo extraño y dramático en estos tres elementos en relación, el retrato, el texto y la representación fotográfica: en el momento en que entran en contacto, friccionan entre sí y estalla una tensión callada entre ellos. Sophie Calle habla aquí de una ausencia, de un deseo, de algo que se escapa entre el texto y la imagen, y que no conseguimos aprehender.

En una línea de continuidad, también se exhiben las series Last Seen (1991) o What Do You See? (2013), obras que se expresan en los mismos términos que la anterior: un vaivén entre ausencias y presencias. Sophie Calle explica que determinados objetos y pinturas fueron sustraídos del Museo Isabella Stewart Gardner de Boston, dejando vacíos el lugar o los marcos que ocupaban. Ella pidió a los conservadores, empleados o visitantes del museo que describieran las piezas desaparecidas. Esta serie consiste en una fotografía del lugar o marco vacío dejado por el objeto de arte completado por un minucioso texto que lo describe a partir de la memoria, pero también de la imaginación… Estas series prolongan de alguna manera la anterior: allí unos ciegos imaginaban una imagen; aquí los narradores tienen ojos, pero no ven, imaginan y recrean una pintura o un objeto de arte ausente.

El punto fuerte de la exposición es la serie titulada Cuídese mucho (2007), que de algún modo representa una continuidad y, al mismo tiempo, una reelaboración de la relación entre texto y imagen. El punto de partida es un correo electrónico en el que un amante comunica a Calle que la relación ha terminado, concluyendo con la frase de despedida “Cuídese mucho”. A partir de ese email, Sophie Calle pidió a 107 mujeres que leyeran esta carta de desamor y la interpretaran. Llamó a actrices y cantantes famosas, pero también a mujeres anónimas, de profesiones y edades variadas (y un loro hembra que se come el papel).

Todas actúan, leen, traducen, reelaboran este texto… No sin ironía, y con la conciencia de que esta carta de despedida se convierte en una ficción en otras manos, todas estas mujeres interpretan y dramatizan el texto de despedida a la luz de su experiencia, de su profesión o de su propia visión de la historia. Pero la actitud es la misma que en anteriores series: no hay historia sin interpretación. En las primeras obras, el truco (la fábula, la dramatización) pasaba desapercibida. En Cuídese mucho se hace evidente. Son dos formas de contar.

http://lavirreina.bcn.cat/es/exposiciones/sophie-calle-modus-vivendi

La mirada que escucha

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No hablar. No juzgar. No hablar juzgando, no a partir del juicio. Hablar juzgando hace daño, aparta.
Nos juzgan por los actos, por los gestos, nos juzgan por el mí. Juzgamos por el mí. Con el juicio, el dardo, la bala, la palabra. Palabra que es de fuego, acero templado, odio oculto y concentrado, odio que es deseo del yo en el otro, de un yo que quiere ser más, que quiere serlo todo, un yo enfatizado. Lanzan el proyectil, lo lanzamos, y el proyectil nos roza, o tal vez nos alcanza. Alcanza el mí, una parte del mí. Y al mí le duele la herida, la vieja herida, el mí siempre tiene alguna vieja herida que vuelve a sangrar. El mí llora. Le dejamos llorar, expresarse, re-presentarse, para que no acumule. Vemos llorar al mí. No lo consolamos, no nos apena. Ésa es su naturaleza. Le comprendemos. Es sencillo: suceden en el mismo plano el proyectil y el llanto. En el mismo plano el gesto y la respuesta. La modalidad de la energía que se manifiesta en el gesto corresponde a la modalidad de la energía que le responde. La palabra que daña y el daño tienen la misma naturaleza. El mí responde a la ofensa con toda su carga de repeticiones, con todo lo que ha sido: su “pasado”.

Otros sólo verán el llanto: la respuesta. Sólo verán el mí respondiendo. Nos confundirán con ese llanto, a no ser que sepan situarse tras su propio llanto en cualquier ocasión, que sepan viajar en los distintos planos de su naturaleza. La lágrima se convierte en compasión para quien observa su trayectoria y ve de dónde ha brotado la palabra que ofende y dónde alcanza al ofendido. Quien se observa, entonces, comprende que es la misma fuerza la que lanza y la que recibe.

Diarios indios: 94-95 


*


No hay mirada que no modifique el campo del mirar.

Hay un mirar que da, y otro mirar que quita. El mirar que da es aquel que no sólo contempla lo que hacemos, sino que también se ocupa en el objeto de esa acción. Es un mirar que aumenta la pulsión del gesto y lo acompaña. En cambio, el mirar que quita es el mirar crítico, aquel que cuando se dirige hacia nosotros nos despoja de la energía que nos hace ser lo que somos. Disminuimos. Se hace fuerte el que mira, y nos somete. Sufrimos entonces algo parecido a un desahucio. El cuerpo queda como una cáscara, vaciado el dentro, abducido por la mirada ajena. Si el núcleo no es resistente nos sentimos “perdidos”. […]

El núcleo […] no es el mí. El núcleo es un punto de energía neutra, sin juicios, sin opiniones: “pura”. El núcleo es condensación de energía, consciente a otro nivel, autoconsciente, a la que podemos remitirnos cuando bajamos las defensas, hacemos transparentes las murallas del yo y confiamos. Ella, esa energía mínima, centro, diosa interior o alma, tan oculta generalmente, tan porosa, sin embargo, la membrana que protege su acceso, ella no se inmuta, no le daña el mirar ajeno porque ella ve en el otro lo que su mirar oculta. […] En el mirar que hiere y se adueña de su presa, ella ve cómo la energía-ego se apropia de sí misma en el otro, cómo se carga y engorda, ve cómo va trazándose el puente entre las fuerzas de quien es mirado y de quien mira, y cómo se entabla el pulso.

Diarios indios: 100 

El no saber cargado de compasión. Entrevista a Chantal Maillard de L. Giordani, A. Borra y V. Gómez, Manuales de instrucciones 7/II, Fundación Inquietudes, 2010.

[…] En varios pasajes destacas la mirada neutra de los búfalos (que pudiste ver en India). Podríamos sospechar que bien podría llegarse a esa mirada a través de (o en) la poesía… Ahora bien, ¿cómo se liga esa mirada con una exigencia ética y política de solidarizarnos ante el dolor del Otro, que demanda una toma de partido más o menos explícita?

La toma de partido no es, aquí, una medida de fuerza. — Cuando digo «aquí», me estoy refiriendo a la andadura «espiritual» o como quiera llamarse lo que algunos pudiesen entrever en los escritos aludidos—. Al menos, no de fuerza armada contra (unos u/y otros), sino, más bien al contrario, una medida de fuerza interior. Es una ganancia no exenta de derivaciones en la praxis. Si nos referimos a la experiencia del poema, recordaremos aquellas palabras que Anna Ajmátova refería al inicio de su Réquiem: «Diecisiete meses pasé haciendo cola a las puertas de la cárcel, en Leningrado, en los terribles años del terror de Yezhov. Un día alguien me reconoció. Detrás de mí, una mujer —los labios morados de frío— que nunca había oído mi nombre, salió del acorchamiento en que todos estábamos y me preguntó al oido (allí se hablaba sólo en susurros): —¿Y usted puede dar cuenta de esto? Yo le dije: —Puedo. Y entonces algo como una sonrisa asomó a lo que había sido su rostro».

La existencia es sufrimiento, como enseñaba el buddha, lo cual por otra parte es de una gran obviedad. A algunos nos es dado tomar conciencia de ello y com-padecernos. La com-pasión (cum-pathos) es distinta de la «solidaridad». Se trata de padecer con el otro, no de hacerse un bloque defensivo u ofensivo (sólido). Por supuesto que hay acciones políticas que puedan y deban realizarse a partir de allí. Yo me contentaría con que todos pudiésemos lograr un grado de compasión suficiente como para que estas acciones no fuesen necesarias. En cuanto a los animales, sean búfalos indios, vacas pirenaicas u otros, su mirada más que cualquier Tratado me enseña lo que somos y la humildad con que recibirlo o combatirlo.

 

[…] En el prólogo de Diarios Indios apuntas: «(…) en Bangalore me inicié en la dureza de la compasión y comprendí que ese sentimiento nace más de la fiereza que del dulce y decadente apiadarse de la burguesía cristiana…». ¿Podrías hablar de ese hontanar de fiereza, de esa roca dura o roca madre de la que surge la compasión tal como la entiendes?

Hay una gran diferencia entre la piedad, tal como suele enseñarse en las escuelas católicas para hijos de gente «bien» (bien… situada, se entiende), y la compasión. Cuando alguien «se apiada» de otro, queda situado en su propio lugar, no se desplaza, mientras que el que padece con otro ha debido desplazarse, dar el salto, ése que le permite ubicarse en el otro y sentir con él, en la medida en que esto sea posible. Porque, ciertamente, hay impedimentos: nadie se duele por otro en su propio cuerpo. Sólo es posible la recuperación del recuerdo del dolor, por lo que éste aparecerá en la mente, no en el cuerpo, salvo por lo que las células son capaces, igualmente, de recordar. La compasión, pues, es inevitablemente un movimiento de retrotracción y de proyección. No obstante, en cualquier caso, está muy lejos de parecerse a la estimulación de aquel sentimiento kitsch que se traduce en frases como: «¡Ay, pobrecito, qué lástima me da!». 

Hay quienes prefieren no ir a India porque no pueden ver, dicen, la miseria que hay allí. Es respetable. Pero «la miseria» la concebimos desde nuestros parámetros y mucho podría hablarse al respecto.

La compasión es un sentimiento fuerte porque supone situarse donde está el otro y con-vivir con él, desde él. Situarse en la herida ajena puede hacernos descubrir que la miseria no está donde la poníamos, lo cual es bastante incómodo. Porque hay sonrisas que florecen en el dolor y que nosotros ya no conseguimos que germinen en nuestras tierras saturadas.

 

El verso que da fin al intenso poema «Escribir» de Matar a Platón dice «…escribo para que el agua envenenada pueda beberse». ¿Qué tipo de alquimia operaría la escritura para convertir ese agua en potable y cuál es, en suma, ese agua que todos hemos de apurar?

En este punto, a la universalidad del poema a la que hemos de aludir, su capacidad para apuntar a lo universal a partir de lo singular. Hay en el ser humano una capacidad, digamos, de intercordialidad. Podemos vibrar, como les pasa a las guitarras, cuyas cuerdas vibran, sin ser tocadas, en el mismo tono que el de la cuerda que ha sido tañida en otra. Tal duelo, entonces, se abrirá en nosotros con algo más, una sensación bienhechora que proviene de la conciencia de un «nosotros», saber que la condición de fragilidad nos pertenece a todos y que el cuidado mutuo es lo único que puede hacernos sobrellevarla entre todos. El poema, al ser entonado, tiene la capacidad de despertarnos a ello. […]


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La pasión según Carol Rama al MACBA

Carol-Rama-Dorina-1940

Esta exposición tiene como objetivo no solo dar visibilidad al trabajo de Carol Rama, sino también cuestionar los relatos dominantes de la historiografía del arte con un trabajo que obliga a desmantelar narrativas y reformular conceptos. Olvidada tanto por la historiografía hegemónica como por el relato feminista, la obra de Carol Rama, que se extiende a lo largo de siete décadas (1936-2006), constituye un contra-archivo que permite reconstruir los movimientos de vanguardia del siglo XX.

Desde sus primeras acuarelas de los años treinta, Carol Rama inventa una gramática visual propia que contrasta con las representaciones de la sexualidad de la modernidad: el cuerpo femenino –al mismo tiempo mutilado y amenazante, violentado e irreductiblemente deseante–se presenta activo y vital. La paleta carnal del fauvismo le sirve para apoyar una propuesta subversiva: la intensidad de los colores reservados para la vulva o la lengua denotan la resistencia del cuerpo a las fuerzas que lo dominan y a las instituciones que lo subyugan. Estas obras inician una constante en el trabajo de Rama hasta 2006: nos referimos a las cartografías del deseo disidente, los diagramas del inconsciente y de sus estrategias de resistencia a la normalización.

Carol Rama transita por la abstracción en los años cincuenta; se aproxima al informalismo y al espacialismo en los sesenta con la creación de bricolages y de mapas orgánicos hechos de ojos y uñas de taxidermista, de cánulas, signos matemáticos, jeringas y conexiones eléctricas, hasta la composición en los setenta de una imagen-materia fabricada con gomas de neumáticos. Y vuelve, en los últimos años, al uso libre de la forma. Carol Rama inventa el sensurrealismo, el arte visceral-concreto, el porno brut, la abstracción orgánica. Actualmente se la considera una artista imprescindible para entender las mutaciones de la representación en el siglo XX y el trabajo posterior de artistas como Cindy Sherman, Kara Walker, Sue Williams, Kiki Smith y Elly Strik.

Del 31 oct. 2014 al 22 feb. 2015

Comisarias: Teresa Grandas y Paul Beatriz Preciado
Exposición concebida por el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) y el Musée d’art moderne de la Ville de Paris (MAMVP), organizada por el MACBA y coproducida con PARIS MUSÉES / MAMVP, EMMA – Espoo Museum of Modern Art, Irish Museum of Modern Art, Dublín (IMMA) y GAM – Galleria Civica d’Arte Moderna e Contemporanea, Turín.