Medicine of the Wolf

Powerful, informative and moving. Please, please watch it.” Así define este documental la Dr. Jane Goodall.

En este hermoso e importante documental, la cineasta Julia Huffman viaja a Minnesota y al territorio del lobo para rastrear el profundo valor intrínseco del animal quizá más injustamente difamado sobre la faz del planeta. Medicine of the Wolf se centra en el trabajo del extraordinario ecologista de fama mundial, fotógrafo de National Geographic,  Jim Brandenburg, quien ha fotografiado y estudiado lobos durante 45 años –más que nadie en la historia. Convirtiéndose en nuestro guía, Brandenburg nos permite ver el mundo del lobo como nunca lo hemos visto antes. La película también nos da un mensaje importante: el lobo gris se debe preservar, está en la lista de especies en peligro de extinción.

http://www.medicineofthewolf.com

http://wolvesofdouglascountywisconsin.com/2015/08/20/the-film-society-and-minnesota-made-presents-medicine-of-the-wolf-at-the-minneapolis-convention-center-september-10-2015/

La cura. Chantal Maillard

 

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Atrás. La mano sobre el pecho donde a veces las otras acuden. Inicio el descenso de la memoria. Pues de descender se trata aunque, de acuerdo con la apreciación del tiempo sucesivo en el estado de vigilia, se lo llamaría retroceder. Sigo bajando hasta que me encuentre con algún obstáculo, algo que me impida pasar con soltura entre las imágenes. Ahí está. Me detengo. La mano. Atiendo. Y acude una sensación. Percibo el miedo. Hay fuego en la chimenea. La niña juega con los rescoldos. Los papeles arden, las cenizas revolotean y terminan posándose en su pelo como copos de nieve sucia. Ceniza delatora. No juegues con el fuego: una orden, la primera orden de un padre al que acaba de conocer. Una prohibición es suficiente para que se repare en el objeto prohibido: había fuego y se podía jugar con él. La confianza, tan reciente y endeble, puesta a prueba y, luego, la transgresión. La niña tiembla. Percibo el temblar. Entonces le hablo, le dicto los gestos. La guío hacia él, hacia el regazo nunca ofrecido, nunca deseado. Y son ellas, ahora, todas ellas, las que ponen su mano múltiple en el pecho del padre donde, inesperadamente, percibo algo insospechado: la razón o raíz de su retraimiento, de su tristeza, su íntima condena. Su soledad, también. La niña lo abrazó. Por su mediación, yo le abracé. Su consuelo, ahora, es en mí, y de ambos su paz. Que los muertos descansen en paz significa que hemos de curarles, procurarles la paz con la cura.

Lo que hacemos aquí, se hace en otra parte. Lo que se hace ahora, se hace en otros tiempos.

[…]

*

Somos más de una, somos muchas.
Y los tiempos de una existencia son reversibles.

Enviar a la que sabe hacia aquella que no sabe.
Hacerse compañía.

[…]

*

Necesidad de mediación. Se necesitan mediadores (dioses, ángeles, santos, animales y otros, según el código que se utilice) cuando se desconoce el poder de la voluntad –lo cual es sin duda un bien en épocas oscuras–. Quienes lo conocen saben que el invocado, quien invoca y la propia invocación son una misma cosa.

Acudo a ellas, las que fui, y mi presencia allí las cura en mí.
Retroacción para la cura.
¿Cómo arranca el movimiento circular? Con una convicción, una demanda y una escucha.
La fuente está donde la voluntad. No teniendo, entonces, se tiene. Quién hace daño deliberadamente, se seca.

Metáforas antiguas que podrán, sin duda, renovarse, pero cumplen, no obstante, su función, por el momento.

*

¡Duele tanto, a veces, el otro! Y no es en mí donde duele, el mí no interviene, sino en Mí. Pues el centro es en todos el mismo centro. Centro-corazón que, más allá de razón alguna, no necesita conocimiento.

*

Cuanto más dejas de ser más te acercas al núcleo común. Y cuanto más te acercas al núcleo común más férrea es la ética. Entonces tú ya no eres quien requiere tus cuidados sino todos ellos.
Ocurre en el alma una transformación. Ya nada es misterio.

[…]

Chantal Maillard. La mujer de pie, Galaxia Gutenberg, 2015

Fotografía de Franco Zecchin, Enfant de Mongolie

 

Bebiendo versos con la poeta Laura Giordani

Laura Giordani

Laura Giordani

 

1/.- ¿Qué nos puede enseñar la naturaleza en la praxis poética? ¿Por qué está tan presente en tu obra? 

La materia de la naturaleza pulsa todavía en lo que nos rodea: la carne del árbol en la silla, la tierra cocida en esta taza, el coltán arrancado a las entrañas de la tierra por un niño que morirá prematuramente por el trabajo en la mina, dando latido al móvil… No es posible sustraerse de la naturaleza.  Escribimos en medio del ecocidio, ¿Cómo olvidar ese gran sacrificio que sostiene nuestro “bienestar”? ¿Cómo puede la palabra poética olvidarlo y ensimismarse, narcotizarse con la musiquita de los ascensores?

A nivel biográfico, tuve el privilegio de pasar mi infancia en un lugar muy al sur, entre  árboles y más árboles, cerca de un río lento, sin pantallas, jugando con lombrices en la tierra recién llovida. Esa huella es indeleble.

2/.- Escribes una poética de la compasión en un mundo economicista y beligerante, ¿Crees que hay valores por incorporar a la vida que afloran desde la poesía que leíste y la que proponen tus libros? ¿Cuáles serían?

Vivimos en un sistema economicista y competitivo: anti-poético, en definitiva. La sensibilidad poética requiere detenimiento y este sistema tiene pánico a la lentitud y al silencio; su nota clave es el vértigo, la prisión de un relato que nos lanza a un futuro que se desplaza indefinidamente. Las llamadas “humanidades” y asignaturas artísticas están siendo expulsadas del sistema educativo como un claro síntoma de una agenda deshumanizante.

A mis ocho años, de camino a la escuela, encontré un pájaro muerto a pedradas. Me quedé mirándolo un buen rato, agachada junto a su cuerpo… por mis pies subía un frío desconocido hasta entonces. Tomé conciencia de la crueldad humana, del sinsentido de esa muerte. Cuando entré al aula, la clase ya había empezado y no sé si la maestra me preguntó algo, pero rompí a llorar y le conté mi “hallazgo”. Su respuesta fue rotunda: “no es para tanto, ya te vas a acostumbrar”, entre las risas burlonas de algunos compañeros. Quedé absolutamente expuesta, con un intenso sentimiento de inadecuación. La escritura poética ha sido mi íntima resistencia, mi manera de viajar desde el futuro hasta aquella niña de ocho años y decirle: “no me acostumbré, su ortopedia para sobrellevar el horror no funcionó. Me siguen doliendo esos pájaros”. Demorar con la escritura el frío que subía desde aquellas baldosas para que no hiele nuestro corazón. No todavía.

3/.- ¿Qué consideras que es saber leer bien? ¿Por qué hay poca atención al goce de leer en profundidad y con el cuidado y amor hacia lo primordial o suficiente?

No sé qué es saber leer bien, quizás nada muy distinto a la buena escucha: atención, receptividad, auscultar entre líneas, sobre todo, lo que las palabras no pueden decir del todo. Hospitalidad, en suma. Y supongo que hay poca atención a la lectura en profundidad por los mismos motivos por los que este sistema expulsa la sensibilidad poética: la velocidad, el vértigo, la cultura del zapping, la evanescencia y final igualación de los contenidos compartidos en las redes sociales por su equidistancia mortal e igual a nada.

4/.- ¿Cómo superar los miedos a lo extranjero, extraño, desplazado, minoritario? En tu poesía parece que hay una delicadeza y seguimiento de este asunto. ¿Por qué no hay mayor conciencia de hospitalidad en las prácticas culturales hegemónicas de Occidente? ¿Es tu poesía también desde ahí una exiliada, una extraña? 

En este punto, no creo en soluciones cosméticas. La única manera duradera de “superar” ese miedo es dejar de considerar al otro como algo amenazante, separado y ajeno a mí. Hay que des-hacer el error de partida, sanar como humanidad esa falsa percepción hasta que el “otro” devenga lo mío, lo de todos.

En mi infancia, viví junto a mi familia unos años de exilio, pero ¿qué ser humano no vive algún exilio en alguna dimensión de su vida? La poesía es una exiliada del lenguaje, de los circuitos normalizados y los sentidos convenidos. Difícil concebir una poesía que no se constituya en esa tierra extraña, en esa extrañeza radical de quien se ha sacudido el polvo de la percepción ordinaria de los párpados. Y junto a los exilios también prolifera la hospitalidad lectora, la palabra convertida por un instante de epifanía en casa común.

5/.- ¿Cómo impulsar la lectura hacia gran parte de la ciudadanía alejada de lo poético, ya no como género, sino como esa constelación que abarca a las artes y prácticas culturales con suma sensibilidad y amor hacia los fracturados de la historia, hacía los olvidados o hacia la naturaleza expoliada y arrasada? 

Los programas educativos deberían alentar esa sensibilidad poética y lectora desde muy temprano. No talar indiscriminadamente lo intacto que aun habita a los niños: la capacidad de asombro, la curiosidad y esa apertura al mundo. Incluir contenidos motivadores, actividades como talleres de lectura y escritura, de auto-edición, contacto con los autores, amor por las palabras. Pero hay un trabajo más profundo que realizar que excede el ámbito curricular:  nuestro sistema educativo fue concebido para producir sujetos útiles, no plenos. Por más “transversalidad” y “valores” declamados a nivel de ideario. No se trata simplemente de incluir historia de la literatura o enseñar todas las figuras poéticas, sino de convocar esa sensibilidad para que no se necrose, proponer una forma diferente de respirar que conjure la asfixia.

De lo contrario, la poesía no solo será cada vez más escasa, minoritaria y minorizada al modo de reserva o parque protegido, sino un gesto exquisito y vacuo en medio de la matanza. En un mundo que repite “paz”, mientras no cesa de abrir nuevas guerras las palabras se nos devuelven vaciadas, abusadas y con ese material de derribo debemos trabajar. Devolverles el latido, reanimarlas como al cuerpo de un ahogado.


*

Ver con la luz de los idiotas,
esos a quienes todavía duele
la nervadura de la hoja:
crucifixión de la savia
en redes que soportan
y callan.

Una hoja puede soportar
todo el peso del verano.

En esa luz,
ver que las hojas tiemblan
de miedo ante el humo
en todos los montes.

En esa luz, ver el mundo,
su andamiada frágil de pestañas
y meridianos.

(De “Antes de desaparecer”. Ed. Tigres de papel)

© BEBIENDO VERSOS, 2015


Laura Giordani González es una poetisa argentina. Nació el año 1964 en Córdoba (Argentina). Huyendo de la dictadura militar argentina, a finales de la década de los setenta su familia se exilia en España, país en el que ha residido prácticamente la mitad de su vida. Vivió alternativamente en Argentina y España. Cursa estudios de psicología, Bellas artes y lengua inglesa. Siguiendo los pasos de su madre, profesora de literatura, comenzó a escribir a los 17 años, especialmente poesía y relato.

Publica en la editorial Tigres de Papel su obra Antes de desaparecer, su tercer libro de poemas después de Noche sin clausura, (Amargord, 2012) y Materia oscura (Baile del Sol, 2010).

“En su escritura, Laura Giordani siempre tiene presente lo pequeño, lo casi invisible, la lentitud, el cuidado, ese “milagro que acontece siempre en voz baja“. Todo ello late en su tratamiento de los textos, tanto en los temas que aborda como en el uso del lenguaje.

En este Antes de desaparecer vuelve sobre la ausencia, la violencia soterrada, el desarraigo, la inocencia arrebatada, con recursos desprovistos de artificio y que sin embargo abocan a la reflexión y la emoción irrenunciables.”

http://lauragiordani.blogspot.com.es/



Una pastelería en Tokio. Naomi Kawase

Naomi Kawase

La última película de la japonesa Naomi Kawase es una absoluta maravilla. “Una pastelería en Tokio” habla de pérdida y de duelo, de enfermedad y de dolor, de soledad y de vidas al margen,  de ciclos y de sanación, de intensidad y de ligereza a modo de las flores de los cerezos. Habla el idioma de la ternura derramada. Ternura que te envuelve durante dos horas en las que entras en una profunda meditación y cambias de plano. Dos horas en las que eres puro corazón derramándose. Derramándose con todos ellos.


“La palabra ‘verdad’ ya no está en mis diccionarios”. Entrevista a Chantal Maillard

Chantal Maillard_nov.2015

Chantal Maillard es poeta y filósofa. Publica ‘La mujer de pie’ (Galaxia Gutenberg), una historia contada en tres registros que reflexiona sobre la enfermedad


La mujer de pie es una invitación a la escucha. ¿A quién escucha usted?

Me gusta escuchar a los pájaros y a alguna niña canturreando. Me tapo los oídos a ciertas voces que hablan sin pensar, que son sólo ruido. Como el piar de los pájaros cuando van a dormir. Prefiero a los pájaros porque no entiendo lo que dicen.

¿Quién es La mujer de pie?

—Alguien que no puede sentarse porque, en cuanto lo intenta, el dolor le hace levantarse como a los diablos aquellos que saltaban de sus cajas a abrirlas.

—La enfermedad y el dolor suelen estar presentes en su obra, ¿qué libros le han herido más?

—Los libros no hieren, lo que hiere es la existencia. No escribo a partir de otros libros, si a eso se refiere, hay cosas que han de ser experimentadas. Lo que la escritura pretende no es herir, sino comunicar. Reconocer la propia herida en palabras de otro es un bálsamo.

—¿Sin herida no hay escritura?

—Claro que la hay, la herida es sólo un tema entre otros posibles. Si he tratado del dolor en mis trabajos es porque he conocido algunas de sus variantes (son infinitas) y considero que es un tema importante, pero no el único. El proceso mental, las pasiones, la memoria, la indiferencia están presentes en mis libros. Tengo un especial cariño a Cual, ese personaje irónico, tierno y despojado que aparece en Hilos.

—¿Se arrepiente de algún libro propio?

—De todos los que contienen alguna afirmación.

—“Ningún animal se siente responsable de lo ocurrido a otro, salvo el humano”, ¿cómo se escribe la culpa?

—La culpa no es algo que exista, es algo que se construye. Culpable se le llama a aquel que transgrede las reglas de un determinado código moral. Fuera del orden establecido no hay culpa, sino un proceso en el que todo lo que adviene deriva de lo anterior. Ser capaces de libertad es saber saltar fuera de las normas del juego en el que se está. Escribir debería ser un acto de libertad.

—¿Dónde hay más verdad: en la filosofía, en la poesía o en la novela?

La palabra “verdad” ya no está en mis diccionarios.

—Usted es doctora en Filosofía, ¿qué pierden los alumnos que ya no recibirán esta asignatura?

—La Filosofía es ante todo un ejercicio lógico, de lenguaje. ¿Qué pierde una sociedad que se construye sobre un cúmulo de errores lógicos?, sería la pregunta. Pues, como las ciudades erigidas sobre aguas pantanosas, están destinadas a hundirse.

—¿Alguna vez ha perdido el hilo?

La cuestión es más bien cómo lograr perderlo. O mejor aún, cortarlo.

—¿Encuentra algo positivo en el ser humano?

—¿Me repite la pregunta?


http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/05/babelia/1446727038_949401.html

Marina Garcés: “La filosofía nace como arte callejero”

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Entrevista de Angela Molino a Marina Garcés en El País (7 sept. 2015)

Defiende la filosofía como una forma de vida. Un arte que nace en la calle y que continúa sin interrupción en el espacio privado, la casa, un hecho al que han contribuido especialmente las mujeres. Madre de dos hijos, profesora en la Universidad de Zaragoza y ensayista, Marina Garcés sostiene que frente a las preguntas inaugurales de la filosofía –¿cómo vivir?, ¿cómo pensar?, ¿cómo actuar?– debemos dar respuestas y soluciones desde el compromiso común, pero también “mientras hacemos la comida, cuidamos a nuestros mayores, riendo, luchando, amando y contando cuentos”. Primera lección práctica. Esta entrevista se desarrolla en la cocina.

http://elpais.com/elpais/2015/09/04/eps/1441388984_629405.html

Desde la web de Marina Garcés (Barcelona, 1973) http://www.marinagarces.com

“Estudié filosofía en Barcelona, ciudad en la que siempre he vivido. Actualmente soy profesora titular de filosofía en la Universidad de Zaragoza. Mi labor principal se reparte entre la docencia, la escritura, mis hijos i la dedicación al pensamiento  práctico, crítico y colectivo que impulso desde hace años, junto a algunos compañeros, desde Espai en Blanc

Espai en blanc_Fer de nou apassionant el pensament http://www.espaienblanc.net

Ingoma Nshya, tambores que curan mujeres en Ruanda

Seguimos trabajando con nuestro cuento de La mujer esqueleto y, entrando ahora en la tarea del tambor y el canto del corazón, este vídeo me pareció un formidable testimonio de la capacidad de revitalización y de re-energetización de las mujeres, de la regeneración de su fuerza física y moral y de su valentía en circunstancias muy adversas… Fueron capaces juntas, tal como sale reflejado en la filmación, de crear “un espacio liberado de los demonios de nuestra vida cotidiana” y, uniéndose en el ritmo, encontraron un espacio de alegría compartida, y una cura… El tambor suena, los cuerpos vibran, comienza el hechizo, disfrutad del espectáculo!

“En un país que estaba completamente dividido, la gente necesitaba espacios para compartir. Y las actividades creativas resuenan más profundamente que cualquier discurso”.

El genocidio también alteró el orden y las jerarquías sociales en Ruanda. Ingoma Nshya, el primer grupo de mujeres tamborileras del país es un ejemplo de ello. Antes de las masacres, los tambores sólo podían ser tocados por algunos hombres, cuidadosamente seleccionados. Hoy en días las mujeres tamborileras de Ingoma están reconocidas internacionalmente, han realizado giras por todo África, Europa y Estados Unidos. Sin embargo, a la vez que un modo de dar recursos a las mujeres participantes, esta idea de Odile Katese que se ha desarrollado en el marco de la Universidad de Butare, es y ha sido sobretodo una forma de terapia colectiva que, a través de la creación y del arte, ha ayudado a la sanación de este grupo de mujeres.

Vídeo perteneciente al Especial http://despuesdelapaz.periodismohumano.com