La cueva de los sueños olvidados o cuando el espíritu guía la mano que pinta sobre la roca

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Fascinante documental del cineasta alemán Werner Herzog que una vez más rompe con el género y lleva la tecnología del 3D a su verdadera dimensión.

El genio de Herzog nos hace descender en cuerpo y alma en las inquietantes profundidades de la cueva Chauvet, al sur de Francia, y asomarnos conmocionados/as a los albores del arte y del alma humana, ambos indisociables…

Unas espléndidas pinturas rupestres, las más antiguas hasta la fecha – conservadas prístinamente desde hace 32.000 años porque la entrada de la cueva quedó sepultada hasta 1994– se despliegan ahora ante nosotros en un infinito juego tridimensional de luces y sombras…

Aquellos impresionantes dibujos, hechos con carbón vegetal y pigmento de óxido rojo, se funden con asombrosa y delicada maestría cinética con el relieve de las paredes de roca rasgada… Huesos, cráneos, esqueleto de águila, arañazos de osos cavernario, lobos, hienas, renos, antílopes, bisontes, rinocerontes lanudos, mamuts, caballos, leones… todos ellos son invocados a la luz parpadeante de las antorchas, de las hogueras…

Y al fondo de la cueva, en un lugar de difícil acceso para las cámaras, la pintura de una mujer, sexo y piernas de una mujer ¿abrazada a un toro? ¿mujer-chamana, mujer-diosa, mujer salvaje…?

Muy recomendable.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/dias-cine-cueva-suenos-olvidados/1443998/

 

La Loba. La Huesera

Después de seis meses, el 20 de Marzo del 2012, terminamos de recorrer “La Loba, la Huesera”. El Capitulo I de Mujeres que corren con los lobos.

¡Qué interesantes las vueltas que damos en el camino! Sin prisas, oír vibrar nuestra voz propia, redescubrir lo esencial olvidado, aullar en soledad y en manada, atender lo desatendido, dejar atrás las palabras-pantallas, las palabras-mamotreto, escarbar y encontrar nuevos significados, compartir espacios huecos donde pueda resonar lo no dicho.

La que soy no siempre le parece bien al personaje desde el que vivo y me separa de ella. La envía a hondos recovecos, la desdibuja, la priva de todo el aire que puede, pero algo en mi sabia lo necesario: que sus huesos no dejan de vibrar y que, si cantas tu canción sobre ellos, se reencarnan. La busque y la encontré .

Nos fuimos a la montaña a tomar una buena bocanada de aire fresco y ¡cantamos!

Seis meses para agudizar el oído y escuchar lo olvidado, todo un privilegio.

Al final alguien me susurró: “Quien no tiene sueños tiene dueños”

Gracias a todas. Mil estimadetas.

Lola.

Chantal Maillard: la mirada que da

  


No hay mirada que no modifique el campo del mirar.

Hay un mirar que da, y otro mirar que quita. El mirar que da es aquel que no sólo contempla lo que hacemos, sino que también se ocupa del objeto de esa acción. Es un mirar que aumenta la pulsión del gesto y lo acompaña. En cambio, el mirar que quita es el mirar crítico, aquel que cuando se dirige hacia nosotros nos despoja de la energía que nos hace ser lo que somos. Disminuimos. Se hace fuerte el que mira y nos somete. Sufrimos entonces algo parecido a un desahucio. El cuerpo queda como una cáscara, vaciado el dentro, abducido por la mirada ajena. Si el núcleo no es resistente nos sentimos “perdidos”.

Las opiniones fuertes –sobre uno mismo y sobre el mundo– hacen las veces de escudo. Preservan. El egoísmo es una defensa eficaz. Se confunde, por ello, fácilmente, con el núcleo. Pero el núcleo no es eso, no es el mí. El núcleo es un punto de energía neutra, sin juicios, sin opiniones:”pura”. El núcleo es condensación de energía, consciente a otro nivel, autoconsciente, a la que podemos remitirnos cuando bajamos las defensas, hacemos transparentes las murallas del yo y confiamos. Ella, esta energía mínima, centro, diosa interior o alma, tan oculta generalmente, tan porosa, sin embargo, la membrana que protege su acceso, ella no se inmuta, no le daña el mirar ajeno porque ella ve en el otro lo que su mirar oculta. Lo que recibe es la tristeza tranquila de aquellos puntos o núcleos que no se han desarrollado, que apenas palpitan, que a veces se extinguen. Lo que recibe es la quietud del fuego apagado, su ceniza, o a veces el rescoldo que aún espera ser reanimado. En el mirar que hiere y se adueña de su presa, ella ve cómo la energía-ego se apropia de sí misma en el otro, cómo se carga y se engorda, ve cómo va trazándose el puente entre las fuerzas de quien es mirado y quien mira, y cómo se entabla el pulso.

Los búfalos miran desde su centro. La calma del núcleo se instala, al tiempo que la neutralidad moral, cuando miro el búfalo mirarme.

No proyectemos nuestra moral en los animales, no los “domestiquemos”, no marquemos en su piel nuestras dicotomías. La moral es el convenio que regula las relaciones periféricas: las del mí. Las relaciones nucleares son del ethos. La ética es del habitar en lo propio allí donde la fuerza se iguala, condensada en la no-diferencia.

¿Qué es lo que de mí puede ser herido por las miradas? Aquello, vulnerable, que no pertenece al núcleo, aquello que pertenece al mí. El mí es lo inestable que recubre el núcleo. Materia de intercambio. De fusión a veces (en el amor). El núcleo está a salvo. Las heridas son agujeros en las capas intermedias, desgarros en la superficie, mordeduras, absorción. Intercambios, al fín y al cabo.

Dar, antes de exponerse a la absorción: evitar la violencia de aquel que necesita reforzar sus murallas, las capas múltiples que protegen su núcleo como la grasa el hueso al que recubre y el hueso al tuétano.

Chantal Maillard. Diarios indios. Pre-Textos. (p.100)


 

La pregunta de Mary Oliver: Dime, ¿qué planeas hacer con tu preciosa, salvaje, única, vida?

El día de verano

¿Quién creó el mundo?
¿Quién dio forma al cisne, al oso negro?
¿Quién hizo al saltamontes?
Me refiero a este saltamontes,
el que acaba de saltar en la hierba,
el que ahora come azúcar de mi mano,
el que mueve las fauces de atrás para adelante y no de arriba abajo,
el que mira a su alrededor con enormes ojos complicados.
Ahora levanta una de sus patas y se lava la cara cuidadosamente.
Ahora de pronto abre sus alas y se va flotando.
Yo no sé con certeza lo que es una oración.
Sin embargo sé prestar atención
y sé cómo caer sobre la hierba,
cómo arrodillarme en la hierba,
cómo ser bendita y perezosa,
cómo andar por el campo,
que es lo que llevo haciendo todo el día.
Dime, ¿qué más debería haber hecho?
¿No es verdad que todo al final se muere, y tan pronto?
Dime, ¿qué planeas hacer con tu preciosa, salvaje, única, vida?

The Summer Day

Who made the world?
Who made the swan, and the black bear?
Who made the grasshopper?
This grasshopper, I mean-
the one who has flung herself out of the grass,
the one who is eating sugar out of my hand,
who is moving her jaws back and forth instead of up and down-
who is gazing around with her enormous and complicated eyes.
Now she lifts her pale forearms and thoroughly washes her face.
Now she snaps her wings open, and floats away.
I don’t know exactly what a prayer is.
I do know how to pay attention, how to fall down
into the grass, how to kneel down in the grass,
how to be idle and blessed, how to stroll through the fields,
which is what I have been doing all day.
Tell me, what else should I have done?
Doesn’t everything die at last, and too soon?
Tell me, what is it you plan to do
with your one wild and precious life?

Mary Oliver  (Cleveland, Ohio, EE.UU., 1935)

(Encontré este poema en el blog http://esoliloquio.wordpress.com/2010/06/18/mary-oliver-el-dia-de-verano/ y por supuesto resonó fuertemente con nuestra vida salvaje, vida-muerte-vida, presente-presencia… No os parece??? Iré trayendo más poemas de esta mujer!)

Gary Snyder a Barcelona: primeres impressions

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Ahir vàrem tenir el plaer de veure un dels nostres autors de referència, Gary Snyder, dins del Barcelona Poesia 2011.

Primer vàrem veure el documental The Practice of the Wild (2010, 53 min) que retrata el llegendari poeta beat i celebra la seva amistat amb l’autor Jim Harrison. La pel·lícula segueix el poeta i el novel·lista caminant per uns paisatges verges de la costa central de Califòrnia. Parlen sobre el budisme zen, el San Francisco dels anys seixanta, la interdependència de tots els éssers vius i anècdotes sobre Allen Ginsberg i Jack Kerouac, per als quals Snyder va ser un mestre. Però el cor de la pel·lícula, d’on sorgeix el títol, prové d’una col·lecció molt influent d’assaigs escrits pel poeta l’any 1990 que són una exploració de l’amor que el poeta sent per la natura.

Després de la projecció del film, Gary Snyder va oferir un recital de poemes seus, una part dels quals ens varen donar traduïts al castellà en un petit quadern i d’una altra part en van fer una traducció en viu i en directe.

https://vimeo.com/27756979

Gary Snyder va néixer a San Francisco el 1930 i va ser conegut als anys cinquanta com a membre de la Beat Generation. Va estudiar deu anys en un monestir zen a Kyoto, al Japó, i ha treballat com a professor de literatura a la Universitat de Califòrnia. Ha publicat 16 llibres de poesia i prosa, incloent Turtle Island, que va guanyar el premi Pulitzer de poesia i que va consagrar Snyder com a heroi de la contracultura dels EUA. Actualment viu aïllat a les muntanyes del nord de Califòrnia.

més informació:

 

 

Hainuwele, la mujer salvaje recobrada

hainuwele

 

Decisión imprescindible: recuperar a Hainuwele. Sé dónde se cobija, dónde palpita aún su pulso, dónde poder recuperar su aliento.

Habita en la nieve perfecta de las cumbres, en la grieta más estrecha de las montañas rocosas, se acuclilla en una cueva apenas más grande que la luz que irradia de su cuerpo, pisa la tierra bajo las almohadilladas patas de una gata en celo, se desliza en cascada como las ramas nudosas de una higuera entre las altas rocas.

Tiene mil años, mil siglos y, sin embargo, está naciendo en cada instante.

Sé dónde habita, sé cómo trepa, sé cómo desciende las laderas, cómo corre descalza sobre el hielo, cómo se hace agua con el agua, madera en la madera, hierba entre la hierba, conozco todos los huecos en los que duerme, incluso aquellos, tan densos: los ojos de las alimañas, los de las cabras montesas, los de las lechuzas, los ojos de las musarañas, y hasta los ojos ciegos de los murciélagos.

Sé dónde vive, y eso basta. Recuperarla es fácil. Mi tiempo habrá de ser la ofrenda que derrame en sus huellas. La eternidad se gana con la entrega del tiempo. La eternidad es simplemente el no-futuro: el no-miedo. La eternidad es ahora, es siempre ahora.

Chantal Maillard. Filosofía en los días críticos. Ed. Pre-Textos, 2001

*

En el centro de todo lo que vive
hay un lugar, un hueco transparente al que llaman espíritu.
Es allí donde viertes tu poder
y te transformas,
es allí donde haces
a cada ser distinto de los otros.
Y por eso el espíritu es un don,
el don de ser sí mismo,
aquel que nos otorgas cuando la luz despunta
y vienes a habitar los huecos transparentes.
Sé que eso ocurre cuando oigo tu risa
bajar como una ardilla desde los altos cedros.

*

He seguido las huellas de los lobos
hasta donde se trenzan las ramas de los árboles.
Les he visto clavar sus dientes en el cuello
de un corzo acorralado,
y la luz era verde y el viento acariciaba
sus vientres jadeantes.
He visto debatirse una liebre en las garras de un águila,
y el sol,
ese gran ojo ciego que se nutre
de los cuerpos inertes,
resplandecía en la montaña.
He urgado en las entrañas de un pájaro nocturno
y en mis manos bebieron los chacales.
Sé cómo besan las serpientes: su beso es el reflejo de la luna
sobre el agua fría.
Por todas partes, en todas las cuevas
donde he velado el fuego que me consume y me alimenta
te he vuelto a conocer,
y te he amado
en los ojos que besan las serpientes,
en la humedad del viento,
en el sol que calcina los huesos de los lobos.
Te he amado y te amo
en todo lo que muere
y en todo lo que mata
y en la raíz que corre a ras de suelo como una comadreja.

*

Llevo acostada largo tiempo
en la orilla. Mis pechos
son colinas cubiertas de hoja seca.
Levanto la cabeza y me contemplo:
en mis muslos el vello a punto de ser vello,
me incorporo: la hierba a punto de ser hierba,
doy un paso y despierto al agua
a punto de ser agua,
se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto
de ser negra.
Un resplandor me ciega:
el bosque me contempla, a punto de ser bosque,
a punto de ser tuya.

Chantal Maillard. Hainuwele y otros poemas. Tusquets, 2009

 

 

 

La astucia del vacío: cuadernos de Benarés. Jesús Aguado

La astucia del vacío

Me ha caído en las manos, no puedo soltarlo… Cada línea de este texto me devuelve a la India, ya me he ido, otra vez: el olor, el caos del tráfico, la profusión, el bullicio, los timbrazos, los mugidos, los altavoces, las sonrisas, los perros sarnosos, la transparencia del instante, su liviano pálpito, el suave velo del amanecer, vuelvo a emprender una conversación que no cesa (a veces sólo es un murmullo, un barullo interior) con Kali-la-negra, la Yagá, la devoradora, la deletreadora, la que sabe mi nombre, y lo desmiembra letra a letra…

Así empieza el texto de Jesús Aguado:

Mañana corta mi cabeza y tírasela por el balcón a las ratas. Verás cómo mastican mis ojos, cómo arrancan a dentelladas mi lengua, cómo se abren paso a través de mis fosas nasales y se disputan a mordiscos mis sesos. Su bullir laborioso y desordenado atraerá a los chuchos, a los monos, a los buitres que sobrevuelan las orillas del Ganges, a cientos de insectos y de ranas. Entre todos no dejarán nada de mi cabeza. Cuando lo comprendas, vuelve a entrar en la habitación y ámame: sólo entonces podré corresponderte.

*

Los perros acostados, acurrucados, ausentes, sobre las cenizas hace horas apagadas de los fuegos del invierno. Los calienta el recuerdo del fuego, el fuego imaginado más que el fuego real, los calienta esa modalidad del fuego que es el no-fuego. Y duermen plácidos y ajenos a los timbrazos de las bicis y a la algarabía de los vendedores. Cada vez que los miro algo en mí crepita, desde algún lugar de mí se alza una llama.
Qué tentación: pedir que, a mi muerte, y despues de incinerado, hagan un montón con mis cenizas y las dejen en una de esas calles para que algún perro duerma sobre ellas.

*

Este es un lugar para los sentidos más que para el intelecto – o mejor: aquí el intelecto se metamorfosea en piel suave, en mano despierta, en lengua feliz.

*

El tráfico: un caos con sentido, un caos humano. Hay un mínimo de normas y un máximo de impulsos. Cada cual busca su espacio y siente el de los demás. Ciencia de los milímetros: nos rozamos pero casi nunca hay choques, golpes serios, atropellos. Desde arriba y desde fuera parece un nudo, una maraña soñando con una tijera liberadora, la madeja de un tejedor loco. Desde dentro es más bien como cualquier conversación: se cruzan los temas o se cambian por otros sin transición, se superponen dos o más voces, se grita o se ausenta uno durante varios segundos, se abandona sin conclusiones. El tráfico habla a gritos, pero dice algo inteligible y sensato: hazte un hueco, busca tu sitio; y hazlo no contra los demás sino porque eso es lo que esperan, lo que necesitan los demás para poder encontrar el suyo, para seguir avanzando sin accidentes. Coordinación instintiva que sólo en casos extremos recuerda alguna clase de código de la circulación. Más semejante a una bandada de aves, a un hormiguero o a un cardumen de peces, que parecen formar una especie de única mente colectiva, que a esa procesión de solitarios agresivos y castrados de nuestras carreteras. Un caos armónico frente a un orden infernal. Ambos producen muertos, sí, claro, y no sé cuál más según las estadísiticas, pero en el primero apostaría que sobre todo por culpa del cansancio físico y en el segundo de frustraciones conscientes o inconscientes que estallan con violencia. En la India conduzco alerta: mis sentidos se despiertan y me cuidan, un regalo para el cuerpo y el alma que transportaré a otras experiencias mías; en Occidente conduzco en tensión (mi cabeza vigila a los que me vigilan, a los que me persiguen y me odian sin conocerme, a los que me sancionan, a los que buscan suicidarse acompañados sin saberlo), una carga que me pasará factura en el resto de mis actividades. Un diálogo que a distancia parece de sordos y es todo lo contrario el tráfico en la India; muchos monólogos yuxtapuestos el de Occidente. Atascos que parecen orgías (imposibles distinguir los miembros, todos se tocan con todos) y atascos que parecen tediosas procesiones de personas sin fe.

Jesús Aguado. La astucia del vacío. Cuadernos de Benarés. DVD ediciones

Una loba en la Biblioteca del Bosque: un paseo por la obra de Miguel Ángel Blanco

La biblioteca del bosque

Fue en la primavera pasada cuando me topé con esta peculiar Biblioteca, guiada por una sutil y misteriosa lógica que hace que parezca natural el hecho que una loba, en sus azarosos paseos por los territorios del arte y la naturaleza, termine encontrándose con una Biblioteca del Bosque …

Una biblioteca sin una sola palabra, sin frases ni disertaciones. Otra enseñanza es ésta, otro lenguaje es el que se habla aquí, compuesto por el alfabeto mudo de la naturaleza. Un alfabeto que despierta nuestros sentidos, que nos recuerda quienes somos, de donde venimos y donde estamos, una enseñanza que nos lleva a profundizar, en un mismo gesto, en el conocimiento y la sensibilidad con respecto al entorno natural y hacia nosotros mismos, rebasando la consabida dualidad.

Esta biblioteca alberga unos libros-caja que recogen la escritura de la Tierra, el lenguaje cifrado de la naturaleza y de sus ciclos: musgos, líquenes, cortezas, acículas, piñones, pólenes, zarzas, hongos, cera, raíces, semillas, plumas, hojas, sal, algas, lavas, tierras, minerales, gotas de ámbar o resinas son algunos de los materiales que Miguel Ángel Blanco ha recolectado en sus escarceos de caminante solitario por los bosques y los desiertos, por las montañas y las orillas del mundo, a lo largo de más de 25 años… “Materiales que liberan imágenes ocultas” dice el artista-recolector… Sus libros son composiciones orgánicas que nos hablan de la vida salvaje, nos sumergen de nuevo en ella, mostrando con una inagotable fertilidad la belleza de la naturaleza. “Creo que es posible todavía sumergirse en la vida secreta de la naturaleza, escribe el artista madrileño… El bosque es uno de sus lugares privilegiados en los que se puede sentir la palpitación de la madre tierra…” Y es en el bosque, en el valle de la Fuenfría donde vivió a partir de 1980, cuando Miguel Ángel Blanco, en silencio y en soledad, volvió “a germinar”, cuando encontró lo que sería su “arte”, siguiendo intuitivamente a tres cuervos que le llevaron hasta unas cajas de madera a partir de las cuales su trabajo, sus rituales, sus visiones empezaron a encontrar un lenguaje propio que no es sino el mismo lenguaje de la naturaleza.

Miguel Angel blanco

Cada libro-caja es una invocación silenciosa, una revelación, un santuario, nos dice este genuino compilador asilvestrado. Cada uno está elaborado siguiendo un ritual preciso. Un ritual que busca recuperar nuestra sensibilidad telúrica, activando de nuevo nuestros sentidos atrofiados, acrecentando nuestra receptividad aletargada, haciéndonos partícipe del misterio de lo natural. “Dentro de una pequeña caja pueden abrirse abismos insondables, vislumbrarse lagos profundos, espacios infinitos, tormentas, arroyos, fuego… y hasta, a través de una gota de resina, la formación del Universo. Micropaisajes. El libro-caja es la memoria de lo inmemorial. Pero nunca podremos abarcar la infinitud de la dimensión íntima.”

M.A.Bosque_libro caja

Cada acontecimiento (así llama Miguel Ángel Blanco a lo que viene recogido en las cajas) está introducido por unas páginas en las que se despliegan dibujos y gravados. “El sucederse de las páginas es asimilable al movimiento del alma al caminar, explica el artista, relación que otorga al libro un carácter dinámico.” Blanco hace hincapié en la elección del soporte de papel cuya textura, origen y color son determinantes pues “están ya hablando antes de convertirse en dibujos.” Además de la variedad de los papeles (desde el humilde de estraza al suntuoso de pergamino, pasando por el vegetal, los japoneses de kozo, los nepalíes de corteza de lokhte, los indios de caña de azúcar, los tailandeses de fibra de morera y otros muchos), las técnicas puestas en juego para la realización de los dibujos son también muy variadas: las aspersiones de tinta, las huellas positivas o negativas de materiales utilizados en la caja, las líneas de fuego, las marcas hídricas o distintas técnicas de grabado… Después de sellar la caja con un vidrio para mantener sus contenidos, Blanco procede a encuadernar el libro y realiza un estuche de madera para él. Finalmente, el libro (cada uno con un formato y un color diferentes) pasa a integrarse, siguiendo una disposición horizontal, en su “gran escultura”, la Biblioteca del Bosque, que concibe como “una obra en proceso de crecimiento continuo”. Un verdadero work-in-process.

Libro_M.A. Blanco

Adentrarse en esta Biblioteca del Bosque compuesta, hoy por hoy, de más de mil libros-caja, pacientemente ensamblada por la minuciosa tarea de un lobo solitario, es un verdadero placer para la inteligencia y para los sentidos. Otra manera de habitar el mundo, sintiéndonos parte integrante del conjunto de las cosas, de las fuerzas y de los fenómenos que componen el alma del universo. Una manera lobuna sin duda alguna.

http://www.bibliotecadelbosque.net

Muriel Chazalon