La violencia contra los animales. Jacques Derrida dialoga con Élisabeth Roudinesco

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ÉLISABETH ROUDINESCO: Entre las derivas contemporáneas cientificistas, existe una que me impacta particularmente en la medida en que mezcla una perspectiva utilitarista y cognitivista, un ideal jurídico y un objetivo llamado ecológico (o de “ecología profunda”). Pienso en el proyecto “darwiniano” concebido por Peter Singer y Paola Cavalieri [El proyecto Gran Simio: la igualdad más allá de la humanidad, Madrid, Trotta, 1998] y que consiste no en proteger a los animales de la violencia instituyendo un derecho de los animales, sino a conceder a los “grandes monos no humanos” los derechos del hombre. El razonamiento, aberrante a mi modo de ver, descansa en la idea de que, por un lado, los grandes monos estarían dotados de modelos cognitivos que les permiten aprender el lenguaje en igualdad de condiciones que los hombres, y por el otro, que serían más “humanos” que los humanos atacados de locura, senilidad o enfermedades orgánicas que los privarían del uso de la razón.

Los autores de dicho proyecto trazan así una frontera dudosa entre lo humano y lo no-humano, haciendo de los disminuidos mentales una especie biológica que ya no pertenecería al reino de lo humano, y de los grandes monos otra especie biológica integrada a lo humano pero superior a la de los felinos, por ejemplo, o a otros animales, sean o no mamíferos. Por consiguiente, los dos autores condenan el artículo 3 del código del tribunal de Nuremberg que reclama que todo método terapéutico o experimental nuevo esté precedido de ensayos sobre los animales. Hace mucho tiempo que usted se interesa en la cuestión de la animalidad, y me gustaría conocer su opinión sobre estas cuestiones.

JACQUES DERRIDA: La “cuestión-de-la-animalidad” no es una cuestión entre otras, por supuesto. Si la considero decisiva, como se dice, desde hace mucho tiempo, en sí misma y por su valor estratégico, es porque, difícil y enigmática en sí misma, representa también el límite sobre el cual se suscitan y determinan todas las otras grandes cuestiones y todos los conceptos destinados a delimitar lo “propio del hombre”, la esencia y el porvenir de la humanidad, la ética, la política, el derecho, los “derechos del hombre”, el “crimen contra la humanidad”, el “genocidio”, etcétera.

En todas partes donde se nombre algo así como “el animal”, las presuposiciones más graves, las más resistentes, también las más ingenuas e interesadas dominan lo que se llama la cultura humana (y no solamente occidental), y en todo caso el discurso filosófico predominante desde hace siglos. En efecto, en todos mis textos se encuentran marcas explícitas de la activa convicción que siempre fue la mía, a este respecto. Desde De la gramatología, la elaboración de un nuevo concepto de la huella debía extenderse a todo el campo de lo viviente, o más bien de la relación vida/muerte, más allá de los límites antropológicos del lenguaje “hablado” (o “escrito”, en el sentido corriente), más allá del fonocentrismo o el logocentrismo que siempre confía en un límite sencillo y oposicional entre el Hombre y el Animal. Yo subrayaba entonces que los “conceptos de escritura, de huella, de grama o de grafema” excedían la oposición “humano/no humano”. Todos los gestos deconstructores que intenté respecto de los textos filosóficos, en particular los de Heidegger, consisten en cuestionar el desconocimiento interesado de lo que se llama el Animal en general, y la manera en que dichos textos interpretan la frontera entre el Hombre y el Animal. En los últimos textos que publiqué al respecto, pongo en duda el apelativo “Animal” en singular, como si existiera el Hombre y el Animal, simplemente, como si el concepto homogéneo de El animal pudiera extenderse, de manera universal, a todas las formas de lo viviente no humano.

Sin poder tomar aquí posición de una manera muy sutil, me parece que el modo en que la filosofía, en su conjunto, y en particular desde Descartes, trató la cuestión llamada de “El animal” es un signo mayor del logocentrismo y de una limitación deconstructible de la filosofía. Se trata aquí de una tradición que no fue homogénea, por cierto, sino hegemónica, y que por otra parte sostuvo el discurso de la hegemonía, hasta del dominio. Pero lo que resiste a esta tradición predominante es muy sencillamente que hay unos vivientes, unos animales, algunos de los cuales no tienen que ver con lo que ese gran discurso sobre el Animal pretende adjudicarles o reconocerles. El hombre es uno de ellos, e irreductiblemente singular, por cierto, eso se sabe, pero no existe El Hombre versus El Animal.

Por otro lado, aunque desde siempre se haya ejercido una gran violencia contra los animales –ya se encuentran huellas en textos bíblicos que estudié más allá de este punto de vista–, yo intento mostrar la especificidad moderna de esta violencia, y el axioma –o el síntoma– “filosófico” del discurso que la sostiene e intenta legitimarla. Esa violencia industrial, científica, técnica, no puede soportarse todavía demasiado tiempo, de hecho o de derecho. Se verá cada vez más desacreditada. Las relaciones entre los hombres y los animales deberán cambiar. Deberán hacerlo, en el doble sentido de este término, en el sentido de la necesidad “ontológica” y del deber “ético”. Pongo estas palabras entre comillas porque dicho cambio deberá afectar al sentido y al valor mismos de estos conceptos (lo ontológico y lo ético). Por eso, aunque su discurso a menudo me parezca mal articulado o filosóficamente inconsecuente, tengo una simpatía de principio para aquellos que, a mi juicio, tienen razones, y buenas, de alzarse contra la manera en que son tratados los animales: en la cría industrial, en el matadero, en el consumo, en la experimentación.

Para calificar ese tratamiento no utilizaré, a pesar de la tentación, el término “crueldad”. Es una palabra confusa, oscura, sobredeterminada. En el fondo, ya se trate de la sangre (cruor) o no (Grausamkeit), la crueldad, el “hacer sufrir” o el “dejar sufrir” por el placer, eso es lo que sería, como relación con la ley, lo propio del hombre. (A propósito del derecho de castigar o de la pena de muerte, se utiliza esta palabra de una manera extremadamente confusa. En otra parte estudio la historia y la “lógica” del léxico de la “crueldad”. Sería útil realizar una lectura psicoanalítica de la cosa, y una lectura del uso psicoanalítico de la misma palabra, en particular en Freud.) De cualquier manera que se la califique, la violencia infligida a los animales no dejará de tener repercusiones profundas (conscientes e inconscientes) sobre la imagen que se hacen los hombres de sí mismos. Esta violencia, creo, será cada vez menos soportable. No utilizaré tampoco la palabra derecho, pero ahí es donde la cuestión se vuelve complicada. Antes de las tesis que usted evoca, hubo muchas declaraciones sobre los derechos de los animales.

[…]

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Jacques Derrida & Élisabeth Roudinesco. Y mañana qué… FCE, 2003, 2009.

Jacques Derrida (El-Biar, Argelia, 1930 – París, Francia, 2004).
Es uno de los pensadores y filósofos más influyentes del siglo XX. Estudió Filosofía en la École Normale Supérieure de París, en la que luego dio clases. Fue también profesor en la Sorbona y en varias universidades estadounidenses, como Yale, Johns Hopkins y la de California, y director de estudios en la École des Hautes Études en Sciences Sociales. En 1983, fue uno de los fundadores y director del Collège International de Philosophie. Sus teorías han dado lugar a la corriente llamada «deconstruccionismo» o deconstrucción, cuya influencia ha sido importante tanto en Europa como en Estados Unidos. Derrida, desde una profunda sensibilidad afectiva e intelectual, tuvo siempre una preocupación constante y casi obsesiva hacia muchos de los aspectos de la vida animal desdeñados por «la más poderosa tradición filosófica en la que vivimos». Esa displicencia filosófica ha ignorado sobre todo su sufrimiento. La cuestión que procede plantearse no es si los animales pueden razonar sino: «¿pueden sufrir?» (Bentham). Pregunta que adquiere una insólita relevancia teórica al hacerla converger con la necesidad de asediar los textos de una historia de la filosofía que se obstina en oponer al Hombre el resto del género animal como un conjunto indiferenciado: «el Animal».

Élisabeth Roudinesco (París, Francia, 1944).
Es doctora en Letras, historiadora del psicoanálisis y psicoanalista. Es directora de investigación en la Universidad de París VII, directora de estudios en la École Pratique des Hautes Études de París y vicepresidenta de la Sociedad Internacional de Historia de la Psiquiatría y el Psicoanálisis. Fondo de Cultura Económica ha editado Lacan. Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento (1994), La familia en desorden (2003), Y mañana, qué… (en coautoría con Jacques Derrida, 2003, 2009) y Filósofos en la tormenta (2007).


Ánima. Wajdi Mouawad

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Los humanos están solos. A pesar de la lluvia, a pesar de los animales, a pesar de los ríos y de los árboles y del cielo, a pesar del fuego. Los humanos se quedan en el umbral. Han recibido el don de la verticalidad y, sin embargo, se pasan la vida encorvados por un peso invisible. Algo les aplasta. Llueve: y se ponen a correr. Esperan la llegada de los dioses y, sin embargo, no ven los ojos de los bestias que los miran. No oyen cómo los escucha nuestro silencio. Encerrados en su razón, la mayoría no conseguirá nunca franquear la sinrazón, o lo hará al precio de una iluminación que los dejará locos y exsangües. Lo que tienen entre manos los absorbe y, cuando las manos están vacías, se les llevan a la cara y lloran. Los humanos son así.

Wajdi Mouawad. Ánima. Destino, 2014

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Wajdi Mouawad (Beirut, Líbano, 16 de octubre de 1968) es un escritor, actor y dramaturgo de nacionalidad canadiense, nacido en el seno de una familia cristiano-maronita. Sus padres huyeron de Líbano a París, en 1977 a causa de los conflictos civiles que asolaron el país hasta los años noventa del siglo XX. Cinco años más tarde, en 1983, se establecieron en Quebec. Es diplomado por la Escuela Nacional de Teatro de Canadá. De 2000 a 2004, dirige el Teatro de Quat’Sous de Montreal y en 2005, funda las compañías de creación “Au carré de l’hypoténuse”, en Francia, y “Abé carré cé carré” en Montreal con Emmanuel Schwartz. Alcanzó renombre internacional tras el éxito de su tetralogía Le sang des promesses (ForêtsLittoral, Incendies, Ciels), escrita y dirigida por él.

http://lilvia.blogspot.com.es/2014/06/anima-de-wajdi-mouawad.html

http://www.devoradoradelibros.com/2014/07/anima-wajdi-mouawad.html


 

Silenciar los pensamientos. Ladrar

Dos amigos buscan el sentido de la vida planteándose sus límites y el absurdo que representa la muerte. Un diálogo entre el hombre y el animal. El uno razona y el otro se limita a existir. Dos caminos diferentes con un mismo horizonte.

Cortometraje ganador del premio FI-CAT 48h en la edición del 2015.

Una obra de Germán Narcís i Roman Aixendri amb la col·laboració de Laura Álvarez.

http://www.facebook.com/231126473607763

 

El coyote. Joseph Beuys

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Mayo de 1974, un artista alemán se niega a pisar suelo americano y es trasladado en ambulancia desde el aeropuerto de Nueva York hasta la galería donde pasaría tres días encerrado junto a un coyote.

Me gusta América y a América le gusto, es el irónico título de esta performance y la más célebre obra del polifacético Joseph Beuys.

Una vez llegado a la galería, ambientó la habitación como un desierto y él se envolvió en fieltro y grasa. Cada elemento del escenario es un símbolo en sí:

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  • El fieltro y la grasa son los materiales con los que los tártaros curaron a Beuys tras un accidente de avioneta en Crimea y que aparece continuamente en su obra. El padre del movimiento Fluxus, creyó haber resucitado y quiso que su vida y su arte también lo hicieran. Su intención a partir de entonces fue sanar al ser humano a través del arte, el sería el sanador, el chamán.
  • El coyote, animal sagrado para los indios norteamericanos. Dios entre lo espiritual y lo material.
  • El Walt Street Journal que fueron recibiendo durante estos días, símbolo del capitalismo y hegemonía estadounidense.

Pero, ¿qué pretendía Beuys con esto?  Es una dura crítica al daño causado por el hombre blanco a los nativos americanos y a su cultura. A través de esta acción, quiere curar a América del trauma causado por el conflicto con los indios. Reconciliacion entre cultura y naturaleza.

La mente del artista es identificar arte con vida, y utilizarlo como un motor de evolución hacia la solidaridad, la convivencia y el respeto. Joseph Beuys es considerado uno de los grandes artistas del s.XX que quiso utilizar su obra como llamada a la reflexión frente a los problemas de su tiempo.

http://queaprendemoshoy.com/el-arte-reivindicativo-del-s-xx-joseph-beuys-y-el-coyote/


¿Por qué trabajo con animales? Para expresar poderes invisibles. Uno puede aclarar esas energías si se penetra en un reino que la gente ha olvidado y donde sobreviven grandes poderes con la forma de grandes personalidades. Joseph Beuys


El espíritu del coyote es tan poderoso

que el ser humano no puede entender lo que es

y lo que puede llegar a hacer en el futuro por la humanidad.

Joseph Beuys

Beuys hace su primer viaje a Estados Unidos en 1974, tras rechazar previamente algunas invitaciones, con motivo de la actividad bélica en Viet Nam. Esta ausencia voluntaria a lo largo de los años, a medida que su reconocimiento internacional se acrecentaba, es expresión de la sensibilidad política del artista, y de la percepción que él tenia de su rol de sanador, responsable de curar las heridas de los territorios causadas por el mismo belicismo que continuaba devastando el planeta, los territorios y las vidas. Dentro de las propias fronteras norteamericanas, numerosos movimientos sociales y artísticos alzaban sus voces en disconformidad con la destructiva actitud gubernamental.

Entre los días 23 y 25 de mayo de 1974, Joseph Beuys, ya en su segunda aparición norteamericana, realizó ‘I like America and America likes me‘. La complicada relación del autor con el suelo estadounidense se plasma de manera simbólica y contundente en esta, su acción más extensa, en la cual Beuys es envuelto en fieltro en el aeropuerto mismo de la ciudad, y trasladado en una ambulancia hasta la galería, donde comparte un recinto cercado con un coyote por tres días. Tras este plazo, es devuelto al aeropuerto, de nuevo envuelto en fieltro. Su único contacto con el país ha ocurrido en la galería, en forma de su relación constante con el animal, y algunas interacciones con la audiencia.


A través de esta performance, Beuys pretendía, como en muchas otras de sus obras, ejercer una sanación a través de la energía irradiada en la acción. En este caso, las heridas eran simultáneamente las de la América nativa, invisibilizada y despreciada tras la conquista, y las que separaban a Europa y Estados Unidos en el presente, tras los traumas de guerras y los causados por la lógica capitalista dominante.


El coyote presente en esta obra se llamaba Little John, y era originario de Nueva Jersey. A lo largo de los tres días, Little John miro por la ventana, durmió alternativamente en su lecho de paja y las montañas de fieltro de Beuys, jugó con las mantas que lo envolvían, orinó sobre las copias del Wall Street Journal que éste había encargado, y se acostumbró gradualmente a la presencia del humano, y aunque se negó a ser levantado en andas, demostró una curiosa tranquilidad y templanza frente a su compañero.


El coyote es un animal autóctono americano, cuya existencia precede la de los Estados Unidos como tales. Al igual que la liebre, su vida material y su simbología son presencias que datan de tiempos inmemoriales. Los nativos americanos veían en el coyote la encarnación de arquetipos tales como el ‘trickster’, o ‘pícaro divino’, con el cual Beuys siente una peculiar afinidad, resaltada por Mark Rosenthal en su texto ‘Joseph Beuys: escenificación de la escultura’. El propio nombre del animal deriva del vocablo náhuatl ‘coyotl’, que significa justamente ‘trickster’, embustero, el que juega tretas. Si bien el coyote es venerado por numerosas tribus como una encarnación de lo divino, no es un elemento cultural solemne, sino que sus enseñanzas se imparten a través de métodos velados y complejos que involucran humor, curiosidad y sobre todo flexibilidad. Hay historias y leyendas de distintas culturas precolombinas en las que se ve antropomorfizado y convertido en ‘Coyote’, con mayúscula, y generalmente juega algún rol en narrativas sobre la creación del universo: trae la humanidad a la existencia, pero también a la muerte. Es visto como un agente de cambio, cuya aparición implica caos, o una mutación en el orden. En la mayoría de estas historias, se habla de un tiempo o dimensión ancestral, en el cual los animales y los humanos eran iguales, y podían comunicarse en una lengua universal. El coyote actúa de acuerdo a la necesidad de las historias, puede ser un personaje inteligente, un tramposo, un cobarde, un bromista, pero es, a la larga, lo que necesita ser para cumplir su rol y enseñar lecciones. Estas concepciones tienen amplios paralelismos con los roles que Beuys anhela para sí.

En el reconocimiento hecho al coyote, Beuys reconoce a las tribus nativas de América y sus creencias, buscando enmendar los daños causados por la europeización del territorio. Pero también hay un proceso de sanación y asimilación personales del artista presente en la performance: la liebre se encuentra con el coyote, el hombre-liebre con sus heridas a cuestas abandona el territorio conocido y se sumerge en la existencia del coyote-trickster originario, creador de universos, maestro y guía espiritual tribal y aprende de él a recorrer el camino secreto entre la vida y la muerte. El Beuys que le enseña a la liebre muerta el sentido del arte no es el mismo que se presenta sin máscaras ante el coyote vivo. Se enfrenta al coyote armado de sus elementos performáticos, el bastón, el fieltro y el triángulo, pero no en un rol de amo ni maestro sino en busca de conexión; el objetivo es convivir con él, no tenerlo como medio.

Las elecciones de animales que hace Beuys en su obra tienen que ver con las elecciones identitarias que hace para sí, y pasar de la liebre al coyote, de la muerte a la vida, de la presa al depredador, habla de la evolución de su auto percepción y el cambio en los roles que elige representar en sus performances y su vida artística. Uno de los grandes dones del coyote es su enorme capacidad de adaptación y supervivencia: siendo un depredador natural, es considerado un peligro para el ganado, y se enfrenta desde principios del siglo 20 a una campaña de aniquilación apoyada por el estado estadounidense, que los considera una ‘peste’: millones de coyotes mueren a través de las décadas, por infinidad de métodos más o menos crueles. Y aun así, la especie sobrevive, y coexiste con los humanos en todo el territorio, siendo de las pocas que de hecho aumentan en número con el tiempo. Sobrevivir y prosperar a pesar de la hostilidad de la sociedad es algo con lo que Beuys puede identificarse.

El coyote vivo posee la calidez que la liebre muerta ha perdido, y tal vez allí se halle también codificada parte del mensaje de esta obra: la calidez necesaria para generar cambios, derretir, ablandar, sanar, proviene en este caso de la energía interna que irradia el ser viviente. Y la irradiación, el aura, la presencia, son todos sellos de la presencia de Beuys en el mundo del arte.

Culturalmente irreemplazable, el coyote es definido por Mark Twain, un clásico autor estadounidense, como ‘una alegoría viviente y respirante del Deseo, siempre hambriento’. El cánido da nombre a canciones, vehículos, novelas, comics y películas. En 1948 aparece dibujado junto al Correcaminos, y refuerzan la dinámica dual encarnando simbólicamente Lo Inalcanzable y El Deseo, de manera cómica y llamativa. Cuando Beuys se acerca al coyote, la acción ritual y simbólica de la convivencia y el respeto mutuo tiene como intención recuperar la visión optimista y didáctica para una América que pueda encarar el futuro dejando de lado cierta seriedad materialista y capitalista. Recuperar el origen para sanar el futuro, con el eterno coyote como guía para América, y para el propio Beuys.

Mora Vitali


Aquí el artículo completo de Mora Vitali: Joseph Beuys: de liebre a coyote: http://proa.org/documents/9-Mora-Vitali.pdf

https://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Beuys


 

pensant en el gos… Clarice Lispector

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El crimen del profesor de matemáticas

[…]

Entonces se puso a pensar con dificultad en su verdadero perro como si intentase pensar con dificultad en su verdadera vida. El hecho de que el perro estuviera distante, en otra ciudad, dificultaba la tarea, aunque la nostalgia lo aproximara en el recuerdo.

«Mientras yo te hacía a mi imagen, tú me hacías a la tuya», pensó entonces, auxiliado por la nostalgia. «Te di el nombre de José para darte un nombre que te sirviera al mismo tiempo de alma. ¿Y tú?, ¿cómo saber jamás qué nombre me diste? Cuánto me amaste, más de lo que yo te amé», reflexionó, curioso.

«Nosotros nos comprendíamos demasiado, tú con el nombre humano que te di, yo con el nombre que me diste y que nunca pronunciaste sino con tu mirada insistente», pensó el hombre sonriendo con cariño, libre ahora de recordar a su gusto.

«Me acuerdo de cuando eras pequeño», pensó divertido, «tan pequeño, bonitillo y flaco, moviendo el rabo, mirándome, y yo sorprendiendo en ti una nueva manera de tener alma. Pero, desde entonces, ya comenzabas a ser todos los días un perro que podía ser abandonado. Mientras tanto, nuestros juegos se tornaban peligrosos por tanta comprensión», recordó el hombre con satisfacción, «tú terminabas mordiéndome y gruñendo, yo terminaba arrojándote un libro y riendo. Pero quién sabe qué significaba aquella risa mía, sin ganas. Todos los días eras un perro que se podía abandonar».

«¡Y cómo olías las calles!», pensó el hombre riéndose un poco, «en verdad, no dejaste piedra por oler… Ése era tu lado infantil. ¿O era tu verdadera manera de ser perro: y el resto solamente el juego de ser mío? Porque eras irreductible. Y, abanicando tranquilamente la cola, parecías rechazar en silencio el nombre que yo te había dado. Ah, sí, eras irreductible: yo no quería que comieses carne para que no te volvieras feroz, pero un día saltaste sobre la mesa y, entre los gritos felices de los niños, agarraste la carne y con una ferocidad que no viene de lo que se come, me miraste mudo e irreductible, con la carne en la boca. Porque, aunque mío, nunca me cediste ni un poco de tu pasado ni de tu naturaleza. E, inquieto, yo comenzaba a comprender que no exigías de mí que yo cediera nada de la mía para amarte, y eso comenzaba a importunarme. En el punto de realidad resistente de dos naturalezas, ahí es donde esperabas que nos entendiéramos. Mi ferocidad y la tuya no deberían cambiarse por dulzura: era eso lo que poco a poco me enseñabas, y era también eso lo que se estaba tornando pesado. No pidiéndome nada, me pedías demasiado. De ti mismo, exigías que fueses un perro. De mí, exigías que yo fuera un hombre. Y yo, yo me disfrazaba como podía. A veces sentado sobre tus patas delante de mí, ¡cómo me mirabas! Entonces yo miraba al techo, tosía, disimulaba, me miraba las uñas. Pero nada te conmovía: tú me mirabas. ¿A quién irías a contarlo? Finge —me decía—, finge rápido que eres otro, da una falsa cita, hazle una caricia, arrójale un hueso; pero nada te distraía: tú me mirabas. Qué tonto era yo. Yo, que temblaba de horror, cuando eras tú el inocente: si yo me volviese de pronto y te mostrase mi rostro verdadero y, erizado, alcanzado, te levantarías hacia la puerta herido para siempre. Oh, todos los días eras un perro que podía abandonarse. Podía elegirse. Pero tú, confiado, meneabas la cola.

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«A veces, conmovido por tu perspicacia, yo podía ver en ti tu propia angustia. No la angustia de ser perro, que era tu única forma posible. Sino la angustia de existir de un modo tan perfecto que se tornaba una alegría insoportable: entonces dabas un salto y venías a lamer mi rostro con amor enteramente entregado y cierto peligro de odio como si fuese yo quien, por amistad, te hubiese revelado. Ahora estoy muy seguro de que no fui yo quien tuvo un perro. Fuiste tú el que tuviste una persona».

«Pero poseíste una persona tan poderosa que podía elegir: y entonces te abandonó. Con alivio te abandonó. Con alivio, sí, pues exigías —con la incomprensión serena y simple de quien es un perro heroico— que yo fuese un hombre. Te abandonó con una disculpa que todos en casa aprobaron: porque ¿cómo podría yo hacer un viaje de mudanza, con equipaje y familia, y además un perro, con la adaptación al nuevo colegio y a la nueva ciudad, y además un perro? “Que no cabe en ninguna parte”, dijo Marta, práctica. “Que molestará a los pasajeros”, explicó mi suegra sin saber que previamente me justificaba, y los chicos lloraron, y yo no miraba ni a ellos ni a ti, José. Pero sólo tú y yo sabemos que te abandoné porque eras la posibilidad constante del crimen que yo nunca había cometido. La posibilidad de que yo pecara, el disimulo en mis ojos, ya era pecado. Entonces pequé en seguida para ser culpable en seguida. Y este crimen sustituye el crimen mayor que yo no tendría coraje de cometer», pensó el hombre cada vez más lúcido».

«Hay tantas formas de ser culpable y de perderse para siempre y de traicionarse y de no enfrentarse. Yo elegí la de herir a un perro», pensó el hombre. «Porque yo sabía que ése sería un crimen menor y que nadie va al Infierno por abandonar un perro que confió en un hombre. Porque yo sabía que ese crimen no era punible.»

Sentado en la llanura, su cabeza matemática estaba fría e inteligente. Sólo ahora él parecía comprender, en toda su helada plenitud, que había hecho con el perro algo realmente impune y para siempre. Pues todavía no habían inventado castigo para los grandes crímenes disfrazados y para las profundas traiciones.

[…]

Clarice Lispector. Cuentos reunidos. Siruela, 2008 (trad. Cristina Peri Rossi)

 

Lullaby to elephant



En el vídeo, Lek está cantando una nana al elefante Faa Mai. Esta mujer sabia proviene de una tribu de las montañas del norte de Tailandia, más arriba de Chiang Mai. Creó Elephant Nature Park Chiang Mai, un santuario y un centro de rescate para los elefantes maltratados. Lek vuelve a comprar elefantes maltrechos a los mahout (palabra que significa en hindi “montador de elefantes”, los que manejan y conocen a los elefantes) y los acoge en este lugar único, abierto, donde los elefantes forman de nuevo grupos, familias, se curan y se ayudan mutuamente. Un lugar sin cercados en el que vuelven a ser elefantes…

Entrad también vosotr@s en el apaciguamiento del canto…

http://www.elephantnaturepark.org

www.saveelephant.org

 

Hallar un pueblo sabio. Chantal Maillard

 

Hieronymus Bosch _detail from The Garden of Earthly Delights_ca. 1490-1510


Diez millones.

Un número.

Un número tan sólo

para diez

millones

de casas incendiadas

de cuerpos mutilados

de gritos

silenciados

uno

a

uno

en boca que arde y

no entiende.

 

1

0

 

0

0

0

 

0

0

0

 

siete

veces

el signo de la nada sobre

diez

millones

de historias

que nunca contará

la lengua de los otros.

 

Dos palabras.

Cuatro sílabas.

 

Un globo que soltamos

Al final de la fiesta.

La piñata que espera

el golpe de una mano

nunca

inocente.

 

*

 

Pero he aquí que diez

millones de tigres

elefantes

y ballenas

de aves

y de lobos de

reptiles

diez millones

por diez

millones de panteras

de seres voladores

animales que duermen

con los ojos abiertos

insectos, musarañas

y grandes paquidermos

diez millones por diez

millones de hormigas,

de abejas y de búfalos,

diez millones de seres

unidos por un fin

en la tregua del hambre

barrieron los humanos

como si fuese arena

y empujándoles hasta

los confines del mundo

devolvieron

al caos

lo que le pertenece.

 

(Sobrevivió una anciana.

Viste la piel de un perro vagabundo.

Sin luces, balbucea.

No tiene descendencia.)

 

*

 

¿Que qué pasó? Señora, eso aquí nadie lo pregunta.

El diablo se escapó y anduvo por los poblados.

Durante cien días anduvo entre nosotros con

el machete afilado.

No, Señora, aquí nadie pregunta.

Quien no aprende a perdonar

no tendrá paz dentro de sí.

(le respondió a la periodista la

                                                                superviviente de un genocidio.)

 

*

 

El campo de Kobe, al sudeste de Etiopía.

Los campos saharauis de Tinduf.

los campos de Saklepeha, en Liberia.

Los campos de Bahai, Ereba, Guerida, Forshana, Goz-

Beida y Nigrana, Djabal y Goz Amer, en el Chad.

Los campos de Kibati, Bulenbgo, Buhimba y

Mugunga, en la República congoleña. Los de Mweso y

Masisi.

El campo somalí de Dadaab, al noreste de Kenia. Los

de Hagadera, Ifo, Dagahale, en su frontera.

El campo de Domeez, en el Kurdistán iraquí.

El campo sirio de Za’atari, en Jordania. El de

Muraiyeb al Fohud y el de Anmar al Hmud.

La Franja de Gaza.

 

Mientras tanto Europa, la esclarecida Europa,

duerme como aquel monje su sueño de

trescientos años oyendo cantar a un pájaro.

Otros pájaros, oscuros, habrán de despertarla.

 

*

[…]

*

 

Hocicos temblorosos. Sacudidas. Uno de los cautivos trepa por los barrotes. Suspendido atraviesa la jaula y baja y vuelve a trepar. Dos paseantes se detienen. –El trapecista, dice él acercando los dedos al hocico. –Qué artista, dice ella. Y se alejan torciendo la boca en una sonrisa cómplice. El pequeño animal ha cruzado la jaula por la parte inferior, donde sus compañeros, ovillados, tiritan unos contra otros, y ha vuelto a subir royendo frenéticamente los barrotes. Pienso angustia, pienso libertad. Sin libertad, ¿qué nos impulsa a seguir vivos sino el deseo de esa misma libertad?

Por sobrevivir, cualquier animal embiste las paredes de su celda, atraviesa continentes, camina hasta extenuarse, desplaza a otros, se defiende y mata. Ninguno, sin embargo, esclaviza a otro por provecho o diversión, ninguno encarcela a otro para contemplar las piruetas que da tratando de hallar salida. La crueldad no son las fauces del tigre en el cuello de una gacela, no, la crueldad es moral, y la moral es humana. La estupidez también.

 

*

 

No nos enseñaron a desconfiar de los buenos.

La tierra yerma se estremece. Bajo su piel el pueblo de las ratas huye en desbandada.

 

*

 

Nunca suficientemente desolados para tocar fondo y arañar el lodo. Tan sólo acariciarlo con la punta de los pies quebrados, huesos Egon Schiele, suspendidos. Levitación en ciernes. Detenida ascensión y vuelo tan sólo permitidos en la fase más leve del sueño.

Soportados por millones de esclavos que arrojados al frío olvidaron su origen y sus cuentos para no recordar el trayecto de ser otro a ser nadie, ¿qué haremos con la vigilia?

Breve temblor de vasos en la mesa. Los pájaros emigran.

Quién tuviese aún tatuada en la piel la segura trayectoria de las aves y la suerte de morir en vuelo, sin sorpresa, sin un grito. Quién pudiese aún vivir en la inocencia, sin preguntas, sin temor y sin vergüenza.


*


Desandar lo andado. Aspirar a encontrar un pueblo sabio, un pueblo antiguo, un pueblo elefante, cuya fuera no estuviese al servicio de la agresión, la conquista o el poder, que tan sólo exigiese que se respetará su derecho de paso: el camino sagrado por el que la manada atraviesa los territorios sin dañarlos.

Hallar un pueblo sabio. Desear salvar la tierra si tan sólo se hallase uno.


Chantal Maillard. La herida en la lengua. Tusquets, 2015


Imagen: Hieronymus Bosch, detalle de The Garden of Earthly Delights, ca. 1490-1510


 

El caballo de Turín. Béla Tarr

A la película El caballo de Turín del cineasta húngaro, Béla Tarr, es a quien se refiere Chantal Maillard en su texto El séptimo día cuando escribe “puede que nuestra inestimable cordura sea la razón por la que Béla Tarr no le concede al ser humano un séptimo día” (ver entrada anterior). En el relato bíblico de la creación, el séptimo día es el día en que Dios descansó, satisfecho de su creación, después de haber creado (el sexto día) toda clase de animales, y al Hombre para dominar a las bestias [Génesis 1: 24-26]. Sin duda, la (mala) elección de ese relato cosmogónico, en el mundo occidental, no es ajena a las graves consecuencias éticas y ecológicas de esa vieja jerarquía piramidal que hoy todos padecemos. Mythos versus logos. ¿Otro logos entonces? ¿Otro inicio? Cuestionar el(los) lenguaje(s), es decir, la(s) mirada(s). Tal vez, son precisos diminutos gestos al margen del juicio. Antes del logosS‘abêtir. Des-activar la mente, acallar la habladora, propone Maillard: “Atender al balbuceo. Sobre todo, atender al silencio, ese silencio: la callada inocencia recobrada, antes del logos, el no saber cargado de compasión por los seres que viven con su hambre“.


Artículo de Rafael Argullol, Nietzsche y el caballo:  http://cultura.elpais.com/cultura/2012/04/04/actualidad/1333533760_793957.html

https://es.wikipedia.org/wiki/El_caballo_de_Tur%C3%ADn

Chantal Maillard, El séptimo dia:   https://blogdelesllobes.wordpress.com/2016/01/07/el-septimo-dia-chantal-maillard/

Chantal Maillard, El sexto día: http://lestacio.cat/no-1-tardor-2015/?lang=es

 

El séptimo día. Chantal Maillard

 

Imagen: Mariana Laín Claesson

 

En una de las que serían sus últimas noches, al ir a cruzar la calle, Friedrich Nietzsche se detiene. Un cochero impaciente lacera a latigazos el lomo del caballo que no puede tirar de la carga. El filósofo corre hacia el animal, se abraza a su cuello y, llorando, le pide perdón en nombre de la humanidad. La historia considera este episodio como uno de los síntomas de su locura.

Puede que nuestra inestimable cordura sea la razón por la que Béla Tarr no le concede al ser humano un séptimo día.

*

Mil quinientos lobos y cuarenta y seis millones de humanos ocupan el territorio ibérico. Tres mil quinientos tigres y siete mil millones de humanos habitan este mundo. Demasiado graves las cifras, demasiada desmesura.

Me duelen centenares de miles de lobos y tigres y panteras y elefantes. En el reino de las bestias yo soy la intrusa.

*

Quién tuviese aún tatuada en la piel la segura trayectoria de las aves y la suerte de morir en vuelo, sin sorpresa, sin un grito. Quién pudiese aún vivir sin preguntas, sin ataduras, sin temor y sin vergüenza.

Nunca suficientemente desolada para tocar fondo y arañar el lodo. Tan sólo acariciarlo con la punta de los pies quebrados, huesos Egon Schiele, suspendidos. Levitación en ciernes. Detenida ascensión y vuelo tan sólo permitidos en la fase más leve del sueño.

Alimentados en el círculo del hambre por incontables seres a cuyos ojos acuden el mismo miedo y la misma ternura, y soportados por millones de esclavos que han perdido su origen y sus cuentos, ¿qué haremos con la vigilia?

Breve temblor de vasos en la mesa. Los pájaros emigran.

*

Desandar lo andado. Aspirar a encontrar un pueblo sabio, un pueblo antiguo, un pueblo elefante, cuya fuerza no estuviese al servicio de la agresión, la conquista o el poder, que tan sólo exigiese que se respetara su derecho de paso: el camino sagrado por el que la manada atraviesa los territorios sin dañarlos.

Hallar a un pueblo sabio. Desear salvar la tierra si tan sólo se hallase uno.

*

No nos enseñaron a desconfiar de los buenos.

La tierra yerma se estremece. Bajo su piel, el pueblo de las ratas huye en desbandada.

Mis palabras: un sonajero de semillas en la mano de un niño.


Chantal Maillard. La mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015

Imagen: Mariana Laín Claesson

 

Der Panther. Rainer Maria Rilke


La Pantera
«Jardín des Plantes, Paris»

Del deambular de las barras se ha cansado tanto

su mirada, que ya nada retiene.

Es como si hubiera mil barras

y detrás de mil barras ningún mundo hubiese.


El suave andar de pasos flexibles y fuertes,

que gira en el más pequeño círculo,

es como una danza de fuerza entorno un centro

en el que se yergue una gran voluntad dormida.


Sólo a veces se abre mudo el velo

de las pupilas. Entonces las penetra una imagen,

recorre la tensa quietud de sus miembros

y en el corazón su existencia acaba.


Traducción: Sergio Ismael


Der Panther

Im Jardin des Plantes, Paris

 Sein Blick ist vom Vorübergehn der Stäbe / so müd geworden, dass er nichts mehr hält. / Ihm ist, als ob es tausend Stäbe gäbe / und hinter tausend Stäben keine Welt.

Der weiche Gang geschmeidig starker Schritte, / der sich im allerkleinsten Kreise dreht, / ist wie ein Tanz von Kraft um eine Mitte, / in der betäubt ein grosser Wille steht.

Nur manchmal schiebt der Vorhang der Pupille / sich lautlos auf -. Dann geht ein Bild hinein, / geht durch der Glieder angespannte Stille – / und hört im Herzen auf zu sein.


rainer_maria_rilke 

Rainer María Rilke (Praga, 4 de diciembre de 1875–Val-Mont, Suiza, 29 de diciembre de 1926) es considerado uno de los poetas más importantes en alemán y de la literatura universal. Sus obras fundamentales son las Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo. En prosa destacan las Cartas a un joven poeta y Los cuadernos de Malte Laurids Brigge. Es autor también de varias obras en francés y de una rica y amplia correspondencia. Escribió en 1903 este poema Der Panther que se volvería famoso.

https://es.wikipedia.org/wiki/Rainer_Maria_Rilke