De mujeres y de focas: “El secreto de la isla de las focas”

The Secret of Roan Inish [El secreto de la isla de las focas] de John Sayles, 1994, Irlanda (103 min.) De la novela de Rosalie K. Fry. Música: Mason Daring. Fotografía: Haskell Wexler. Reparto: Mick LallyEileen ColganJohn LynchJeni CourtneyRichard SheridanCillian ByrneSusan Lynch.

Sinopsis: Fiona, una niña de diez años que se ha quedado huérfana, se va a vivir con sus abuelos a la costa oeste de Irlanda. Desde su casa se divisa la lejana “isla de las focas humanas”. El abuelo le cuenta a Fiona cómo perdió a su hermano Jamie: su cuna fue arrebatada por una ola y transportada mar adentro. El primo de Fiona se hace eco de los rumores según los cuales Jamie sigue navegando en la cuna en torno a la isla. Una hermosa leyenda sobre las focas podría ayudarles a encontrar al pequeño Jamie. (FILMAFFINITY)

Pensando en el cuento de Piel de foca, piel del alma, en el que seguimos buceando con uno de los grupos, extraigo este pasaje del libro de Mujeres que corren con los lobos donde Clarissa P. Estés hace referencia a la “mujer medial”, un aspecto del yo salvaje que vive en el intersticio de los mundos, entre la superficie terrestre y la profundidad oceánica, entre la realidad ordinaria y la dimensión simbólica, entre el mundo humano y el mundo animal:

“Existe en el núcleo esencial de las mujeres lo que Toni Wolff, una analista junguiana que vivió en la primera mitad del siglo XX, llamó “la mujer medial”. La mujer medial está situada entre los mundos de la realidad consensual y del inconsciente místico y actúa de mediadora entre ambos. La mujer medial es la transmisora y receptora de dos o más series de valores e ideas. Es la que da vida a nuevas ideas, cambia las ideas antiguas por las innovadoras, se traslada desde el mundo de lo racional al mundo de la imaginación. “Oye” cosas, “sabe” cosas e “intuye” lo que va a ocurrir a continuación.

El punto intermedio entre los mundos de la razón y de la imagen, entre la sensación y el pensamiento, entre la materia y el espíritu, entre todos los contrarios y todos los matices de significado que se puedan imaginar, es el hogar de la mujer medial. La mujer foca del cuento es una emanación del alma. Puede vivir en todos los mundos, en el mundo de arriba de la materia y en el mundo lejano o mundo subterráneo que es su hogar espiritual, pero no puede permanecer demasiado tiempo en la tierra. Ella y el pescador, el ego de la psique, crean un hijo que también puede vivir en ambos mundos, pero no puede permanecer demasiado tiempo en el hogar del alma.

La mujer foca y el niño forman en la psique femenina un sistema que es más bien un equipo de emergencia. La mujer foca, el yo del alma, transmite pensamientos, ideas, sentimientos e impulsos desde el agua al yo medial, que a su vez sube todas estas cosas a la tierra y a la conciencia del mundo exterior. El sistema funciona también en sentido contrario. Los acontecimientos de nuestra vida cotidiana, nuestros pasados traumas y alegrías, nuestros temores y esperanzas para el futuro se transmiten al alma, la cual hace comentarios acerca de ellos durante nuestros sueños nocturnos, transmite sus sentimientos a través de nuestro cuerpo o nos traspasa con un instante de inspiración que da nacimiento a una idea.

La Mujer Salvaje es una combinación de sentido común y de sentido del alma. La mujer medial es su doble y es también capaz de experimentar ambas cosas. Como el niño del cuento, la mujer medial pertenece a este mundo pero puede viajar sin dificultad hasta las honduras de la psique. Algunas mujeres tienen este don innato. Otras lo adquieren y lo cultivan. No importa la forma en que una mujer lo consiga, pero uno de los efectos del regreso habitual a casa es el fortalecimiento de la mujer medial de la psique cada vez que una mujer va y viene de un estrato al otro.”


La canción de Heather Dale, The Maiden and the Selkie:

 

De patos y de cisnes (2): Nómadas del viento de Jacques Perrin

Le peuple migrateur (Nómadas del viento; Winged Migration), 2001 (90 min.), Francia. Director: Jacques PerrinMichel DebatsJacques Cluzaud. Música: Bruno Coulais (‘Microcosmos‘, ‘Himalaya‘); Fotografía: Olli Barbé, Michel Benjamin, Sylvie Carcedo-Dreujou, Laurent Charbonnier, Luc Drion, Laurent Fleutot, Philippe Garguil, Dominique Gentil, Bernard Lutic, Thierry Machado, Stéphane Martin, Fabrice Moindrot, Ernst Sasse, Michel Terrasse, Thierry Thomas. France 2 Cinéma / France 3 Cinéma / Galatée Films / Bac Films

Película completa (en francés): 

Nómadas del viento: http://www.terra.org/categorias/peliculas/nomadas-del-viento

Le peuple migrateur: https://fr.wikipedia.org/wiki/Le_Peuple_migrateur

La hermosa canción de Nick Cave: To be by your side, es uno de los temas de la banda sonora de Nómadas del viento compuesta por Bruno Coulais.

¡Para alzar el vuelo!

Participan en la banda sonora de Nómadas del viento [Le peuple migrateur]: Nick Cave (‘To Be By Your Side‘), Robert Wyatt (‘Masters of The Field‘ y ‘The Highest Gander‘), Gabriel Yacoub, el Quartet Bulgarka, el coro Lyliana Botcheva, el coro de bajos Orthodoxes de Sofia, los dos jóvenes solistes Marie y Laura Giansily y las voces de Alain Maneval y de Joniece Jamison.

 

De patos y de cisnes (1): la noción de “resiliencia”. Boris Cyrulnik, Barbara, Chantal Maillard


En el taller de lectura empezamos a trabajar, con algunos de los grupos, el cuento “El patito feo“. La compasión a la que nos abre el desamparo de miles de refugiados, hoy en día tan tristemente de actualidad (¿hubo un tiempo en que no lo fue?), se dobla de una reflexión necesaria mediante este cuento que trata del exilio, del rechazo social, de la identidad y del “otro”, y de las condiciones más apropiadas para desarrollar la aptitud de resiliencia, es decir, aquella capacidad de reestructuración que tiene la psique después de vivir experiencias traumáticas.  El psicólogo Boris Cyrulnik nos recuerda que la capacidad de metamorfosear el sufrimiento en obra de arte (poemas, literatura, canciones, obra plástica u obra de teatro, o de cine etc.), es una de las estrategias curativas decisiva para poder salir adelante. Hacer algo con nuestro sufrimiento, remarca Cyrulnik en el vídeo insertado más abajo, como, por ejemplo, hacer del sufrimiento un lazo hacia otros que padecen (reconocerse en otros, reconocer el otro en mí), o convertir una vivencia traumática en narración, en expresión artística, es determinante para dejar de estar sujeto al sufrimiento. Traducida en términos lobunos, esta aptitud de resiliencia anida en el meollo mismo de la Loba: la capacidad de resistencia y de adaptabilidad ante las adversidades es una de sus mayores virtudes, y su instintiva función de revitalización, de recreación y de regeneración psíquica, uno de sus mejores legados conferido al animal humano.


Reseña de Bernabé Sarabia en El Cultural del libro Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida, de Boris Cyrulnik.  Traducción de T. Fernández y B. Eguibar. Gedisa, 2002.

“Nacido en Burdeos en 1937, Boris Cyrulnik procede de una familia de rusos judíos masacrados por los nazis. Con seis años escapó de un campo de concentración. A partir de entonces queda convertido en un niño huérfano que pasa por distintas familias y centros de acogida.

Cuando todo parecía destinarle a una existencia mediocre, Cyrulnik se convierte en un médico que llega a ser una celebridad. Profesor en la Universidad de Var, lidera un grupo de investigación en etología clínica en el Hospital de Toulon.

A través de sus clases, conferencias y publicaciones, Cyrulnik ha roto varios de los supuestos más aceptados en distintas orientaciones psicológicas. Es el caso del concepto de culpa. Si a lo largo del siglo pasado se pensaba desde el psicoanálisis que la culpa estaba en la base de la neurosis y de la frustración individual y social, el psicólogo Boris Cyrulnik sostiene que ciertas formas de culpabilidad son buenas porque evitan el daño al prójimo y ayudan a tener respeto y compasión por los demás.

El subtítulo de Los patitos feos resume muy bien el contenido de este libro: La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. El término resiliencia, inexistente en el Diccionario de la RAE, procede del latín “resalire”, volver a saltar. En los 60, la psicóloga norteamericana Emmy Werner lo acuñó para la psicología al publicar los resultados de sus trabajos durante más de 30 años en Hawai con niños que no tenían familia, no iban a la escuela y vivían en una gran pobreza. Werner encontró que un tercio de los niños se las apañaba para aprender a leer y escribir. Tras ello, eran capaces de salir de la desviación, como dicen los sociólogos, e insertarse en la sociedad.

Cyrulnik retoma el trabajo de Werner pero en un contexto mucho más amplio. Si la mitad de la población del planeta ha sufrido algún tipo de trauma psíquico, como indica la OMS, es evidente que existe un buen número de personas capaces de superar cualquier experiencia traumática y construir, no ya una vida normal sino una existencia exitosa.

La noción de resiliencia ha de entenderse en este texto de Cyrulnik como la capacidad de una persona de hacer frente a terribles problemas individuales o sociales y salir airoso. No obstante, el término ha tenido un éxito enorme y se ha incorporado al lenguaje cotidiano de países como Holanda o Alemania. Ahora mismo, en EE.UU, tras el 11-S a las torres del World Trade Center se las denomina “torres gemelas resilientes”.

Aunque al final de Los patitos feos se amplía el análisis de la resiliencia a los adultos y a sus hábitos y actitudes culturales, el grueso del libro está dedicado a la resiliencia en los niños. Cyrulnik ha montado su línea argumental apoyándose en casos de su experiencia clínica más que en textos de carácter académico. En buena medida esto se debe a que un buen número de orientaciones psicológicas tienen un carácter muy determinista. Los niños maltratados tienen esperanza para Cyrulnik. Su vida puede no sólo ser normal sino magnífica. De lo que se trata es de conseguir que exista para el niño un otro significativo bajo la forma de amigo o pariente. Si se considera que el niño es una pequeña persona y se le proporciona la ocasión de convertir su accidente traumático en una narración se está en la buena vía. En ningún caso se debe reducir al niño o a la persona a su trauma.

La enorme resonancia que están teniendo las tesis de Cyrulnik viene de que acaban con la idea extendida tras el traumatismo del nazismo en Europa de que la autoridad o la prohibición debían ser abolidas en aras de la salud mental de los niños. La novedad que introduce Cyrulnik radica en dos aspectos. El primero está en que la resiliencia es un proceso interno que puede ser estudiado y enseñado de tal modo que el daño de los traumas a los que puede ser sometido un niño sea aliviado hasta el punto de dejar de ser un obstáculo en su desarrollo personal y social. El segundo aspecto se refiere a que, si bien la familia o las instituciones han de dar ocasión a la victoria del niño, ésta la debe conseguir él aportando su propio esfuerzo.” 

http://www.elcultural.com/revista/letras/Los-patitos-feos/4678

Aquí un enlace para leer en pdf Los patitos feos, de Boris Cyrulnik:

Feu clic per accedir a doc.pdf

https://es.wikipedia.org/wiki/Boris_Cyrulnik

Teoría del apego, del psiquiatra y psicoanalista americano John Bowlby:  https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_apego

Barbara, Le mal de vivre: 

“Y es más extraña aún, la extrañeza, cuando se cuela en esos pocos, escasísimos momentos en los que, sin razón alguna, una se siente “bien”. La joie de vivre que, como cantaba Barbara, nous prend par les reins, sobreviene sin razón, de la misma manera que sobreviene el mal de vivre, sin razón. 

“Esto también pasará”, la frase de aquel sabio indio que he colocado, a modo de saludo personal, en mi teléfono móvil, ha de poder aplicarse a todo lo que agrada como a lo que desagrada; ha de tenerse en cuenta tanto en la felicidad como en el dolor. Quien sabe aplicarla no se extraña, pues está a medio camino de ser quien es y de no serlo, a un tiempo sujeto y objeto de sí mismo y, en el intervalo, justo en medio, ahí donde se localiza el punto muerto, en aquel punto halla la sabiduría, la equidad de Confucio, la indiferencia del Buddha.” 

Chantal Maillard. Filosofía en los días críticos. Pre-Textos (párrafo 159).


–Filosofía en los días críti­cos y Diar­ios indios son dos esplén­di­dos cuader­nos poéti­cos en prosa en los que es suma­mente importante la pal­abra vuelta carne. En ellos un sin­fín de ref­er­en­cias lit­er­arias y filosóficas conviven con una enunciación con diversas e inagotables dimen­siones, ¿qué tanta relación ten­dría el dolor con una posi­ble “sal­vación” o “exor­cismo” poético, casi del mismo modo en el que Bachelard medita la poesía como un espa­cio de curación con la obra de Lautréamont?¿qué tanta relación ten­dría el dolor con una posi­ble “sal­vación” o “exor­cismo” poético, casi del mismo modo en el que Bachelard medita la poesía como un espa­cio de curación con la obra de Lautréamont? 

–Creo que el poema-letanía “Escribir”, com­puesto en un largo peri­odo de pos­tración, responde a esa pre­gunta mucho mejor de lo que pud­iese hac­erlo ahora. “Escribo porque es la forma más veloz que tengo de moverme”, decía, y era lit­eral. Y tam­bién “para que el agua enve­ne­nada pueda beberse”. Cuando uno (se) escribe se proyecta, tiene lugar un desdoblamiento, y una dis­tan­cia se abre, un espa­cio en el que la pal­abra con­jura. Uno deja de ser ese yo inte­ri­or­izado sin pal­abras con las que recono­cerse, y eso ya es cura­tivo. Aunque no deja de ser un primer nivel. El sigu­iente es que este reconocimiento con­lleve un grado de universalización. Luego está el dolor de la pér­dida, los due­los. En Hilos y en Husos trazo una geografía que le facilita la tarea al observador del que había tratado en los Diar­ios indios. La difer­en­cia entre el sufrim­iento y el dolor, lo que la mente añade a la sim­ple percep­ción del daño es algo que cualquiera puede des­cubrir si está atento al pro­ceso mental. Pero, para ello, hace falta haber creado al obser­vador. Y le diré que es sin duda aquí, en estos libros, y no en aque­l­los tan­teos de los ini­cios, donde puede encon­trarme real­mente quien me busca.

Extraído de una entrevista a Chantal Maillard, “La escritura es mi casa“: http://revistacritica.com/contenidos-impresos/entrevistas/chantal-maillard-la-escritura-es-mi-casa-por-leonarda-rivera-e-ingrid-solana

La práctica de lo salvaje. Prólogo de Gary Snyder

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Todos nosotros, especialmente cuando somos jóvenes, nos enfrentamos a preguntas: ¿Quién soy yo? ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué está pasando? Crecí en una pequeña granja en el Noroeste del Pacífico norteamericano, en la Isla de la Tortuga. Las aguas colmadas de salmones del estrecho de Puget estaban cerca, y “lo que estaba pasando” era la implacable deforestación de uno de los más imponentes bosques de todos los tiempos.

La vasta extensión de enormes árboles en el litoral del Pacífico Noroeste era un fenómeno botánico y ecológico de formidables proporciones. Originó, junto con los bosques de secuoya roja algo más al sur, las coníferas más grandes del mundo. A esta expresión maravillosa de los procesos naturales llegaron los euroamericanos, que, de inmediato, devastaron el crecimiento de siglos para transformarlo en las casas de las ciudades cada vez más grandes de la Costa Oeste. Para mí, la pregunta “¿quién soy yo?” estaba ligada a mi pertenencia juvenil a una sociedad en expansión sin conciencia alguna del pasado o del futuro medioambiental. Nuestra granja se encontraba lo bastante cerca de ese mundo original de la naturaleza salvaje como para absorber algunas enseñanzas de primera mano de las lagunas, los bosques y la alta montaña. El valor de esas experiencias se consolidó con mi posterior formación intelectual, y me dediqué al estudio juvenil de la historia humana y natural, con un ojo puesto en reconocer las huellas de la injusticia y la explotación.

A los diecisiete años me hice socio de la Wilderness Society, una organización que todavía lleva a cabo una buena labor, y más tarde me afilié a un club de montañismo llamado Mazamas, con sede en Oregón. Me convertí no solo en montañero y trabajador forestal temporal –incluyendo faenas de leñador–, sino también en un defensor de la naturaleza salvaje. A lo largo de los años he desempeñado mi trabajo en montañas y bosques de todo el Oeste americano, y después en Japón, y un poco en Taiwán y Nepal. Comencé a impartir talleres para pequeños grupos, y clases por toda Norteamérica, enseñando la disciplina, el conocimiento y las destrezas que creía necesarias para apreciar la feroz ordenación de lo salvaje.

Trabajar con personas de lugares remotos de Alaska, o del centro de Manhattan o de Tokio en cuestiones relacionadas con la ecología y las estrategias medioambientales, las especies amenazadas, las culturas primarias y las religiones de Asia oriental es lo que ha dado pie a estos ensayos.

También plantean un enfoque espiritual. Mi propio camino es una suerte de budismo arcaico, que no ha perdido su vínculo con las raíces animistas y chamánicas. El respeto por todos los seres vivos es una parte primordial de esta tradición. He intentado enseñar a otros a meditar y adentrarse en las zonas salvajes de la mente. Como sugiere uno de estos ensayos, incluso el lenguaje puede ser visto como un sistema salvaje.

Un término clave es la práctica, entendida como un esfuerzo sostenido, deliberado y consciente por acompasarnos con mayor sutileza con nosotros mismos y la verdadera condición del mundo existente. El mundo, exceptuando una mínima intervención humana, es en última instancia un lugar salvaje. Es esa la parte de nuestro ser que dirige la respiración y la digestión, y cuando se observa y aprecia es una fuente de lúcida inteligencia. Las enseñanzas del budismo son realmente sobre la práctica y muy poco teóricas, aunque la teoría es tan atrayente que a lo largo de su historia ha provocado una ligera y sugerente desorientación en muchos.

La práctica de lo salvaje propone que nos ocupemos de algo más que de la ética medioambiental, la acción política o un activismo útil e ineludible. Debemos enraizarnos en la oscuridad de nuestro ser más profundo. Una recopilación de ensayos posterior, A place in Space, sugiere que la mayor parte de ese arraigo tiene lugar en comunidades, que existen, lo sepamos o no, en “naciones naturales” conformadas por cadenas de montañas, cursos de ríos, planicies y humedales.

Nada de lo que aquí se dice pretende poner en duda la elegancia, el refinamiento, la belleza o la llamativa complejidad de eso que llamamos civilización, particularmente aquella que prima la cualidad sobre la cantidad y que no es solo una excusa para la piratería global internacional. Me atrae la idea de que la cultura misma tenga un sesgo salvaje. Como manifestó hace años Claude Lévi-Strauss, las artes son el territorio salvaje que sobrevive en la imaginación, como parques nacionales en el interior de las mentes civilizadas. El abandono y el deleite al hacer el amor, tantas veces cantado, es parte de nuestro gozoso carácter salvaje. ¡Sexo y arte por igual! Lo que quizás no vimos con tanta claridad era que la realización personal, e incluso la iluminación, es otro aspecto de nuestra condición salvaje, un vínculo de esa cualidad que hay en nosotros con los procesos (salvajes) del universo.

Mi motivación debe mucho a ser un euroamericano viviendo en el Nuevo Mundo, en un lugar semisalvaje. Considerando el planeta en su conjunto, se observa que los problemas no son muy diferentes en cualquier lugar de la Tierra. El mundo entero tenía buenos bosques y mucha fauna salvaje hasta hace unos cuantos siglos. Las comunidades humanas disfrutaban de un gran espacio, excelente agua y buena tierra. Y sumando o restando unos pocos miles de años, todos hemos estado viviendo en pequeñas comunidades de subsistencia durante la mayor parte de la historia humana. Ese tipo de vida tenía sus inconvenientes, pero hay lecciones y destrezas relativas a esa larga historia que todavía no hemos asumido ni incorporado a nuestras actuales ocupaciones.

Lo salvaje, tantas veces despachado como caótico y brutal por los pensadores civilizados, responde en realidad a un orden imparcial, implacable y hermoso, a la vez que libre. Su expresión, la plenitud de la vida animal y vegetal en el planeta, que incluye las tormentas, los vendavales, las serenas mañanas de primavera y a nosotros mismos, es el mundo real, al que todos pertenecemos. Estoy profundamente agradecido por haber podido recorrer este sendero, estudiando con maestros en Oriente y Occidente, y haber disfrutado de la oportunidad de escribir y expresar mis ideas para todo aquel que ha querido escuchar.

Gary Snyder 25.10.98-12.05.10


Gary SnyderLa práctica de lo salvaje. Trad. Nacho Fernández y José Luis Regojo. Varasek ediciones, 2016

Fotografía de Jim Brandenburg. Timber Wolf (Canis lupus) three running across frozen lake in Minnesota.

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2011/05/17/gary-snyder-a-barcelona-primeres-impressions/


La práctica de lo salvaje. Gary Snyder

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Hace tiempo que esperábamos la traducción de este ensayo de Gary Snyder sobre la vida salvaje! Reconoceréis muchos de los temas que abordamos en los talleres. Su aparición en las librerías es ahora inminente! Para hacer boca y compartirlo, me he permitido traducir, humilde y torpemente, algunos fragmentos de la edición francesa, “La pratique sauvage”:


Una palabra clave aquí es la “práctica”, en el sentido de un esfuerzo sostenido, consciente y deliberado para aprender a encontrar un modo de armonización con nosotros mismos y con la verdadera condición del mundo. A fin de cuentas, el mundo, exceptuando una ínfima parte de intervención humana, es un lugar salvaje. Es aquella faceta connatural de nuestro ser humano que guía no sólo la respiración y la digestión sino que es también, cuando sabemos observarla y apreciarla, una fuente de profunda inteligencia. […]

*

Así que, de nuevo, hay que comprender la sutil pero esencial diferencia de sentido que existe entre las palabras naturaleza y salvaje. Decimos que la naturaleza es el objeto de la ciencia. Podemos testar y examinar la naturaleza en sus mínimos detalles, tal como lo hace la microbiología. Lo salvaje, en cambio, no es sujeto ni objeto de estudio; para aproximarnos a él, hay que aceptarlo desde dentro, como una cualidad intrínseca de lo que somos. La naturaleza, en última instancia, no está amenazada: lo salvaje sí lo está. Aun cuando lo salvaje es indestructible, es posible que lo perdamos de vista.

Es entonces cuando se da forma a una cultura del espacio salvaje. La civilización está en la naturaleza: nuestros egos se enraízan en el terreno del inconsciente, la historia tiene lugar en el Holoceno, la cultura humana está enraizada en lo primitivo y el Paleolítico, y nuestras almas están allí fuera en el espacio salvaje.

*

La idea que la cultura esté sostenida por una fuerza salvaje me intriga profundamente. Tal como Claude Lévi-Strauss lo anotó hace ya muchos años, las modalidades artísticas son unas zonas salvajes que sobreviven en el imaginario, como parques naturales en el centro de las mentes civilizadas. El sentimiento de gozo y de abandono que procuran el amoroso acto sexual forma parte de nuestra naturaleza salvaje. ¡El sexo y el arte al lado el uno del otro! ¡Nos lo imaginábamos! En cambio, quizá no habíamos percibido claramente que la realización de uno mismo, incluso el despertar de la conciencia, representa otra dimensión de nuestro ser salvaje mediante la relación que se establece entre lo salvaje en nosotros y la realidad absoluta del universo.

Si consideramos el planeta en su conjunto, nos damos cuenta que los problemas, estemos donde estemos, son más o menos similares. Hace tan sólo algunos siglos, el mundo entero era bastante salvaje, rebosaba de bosques sanos y de animales en libertad. Podemos también reconocer que hace miles de años aún, es decir, durante la mayor parte de la historia humana, todos vivíamos en el seno de pequeñas comunidades caracterizadas por culturas de subsistencia. Existen lecciones y técnicas de este largo pasado que todavía no hemos sabido apreciar en su justo valor o que no hemos integrado en nuestra práctica de vida.

Lo Salvaje, sinónimo en la civilización occidental de salvajismo y de caos, es, de manera imparcial e implacable, fundamentalmente libre en su belleza formal. Y su expresión —la riqueza de la vida vegetal y animal (nosotros incluidos) sobre el planeta, las lluvias torrenciales, los vientos violentos y las tranquilas mañanas de primavera, la curva de un meteoro cruzando la oscuridad— es la auténtica realidad de este mundo al que pertenecemos.

*

Sepamos apreciar la elegancia de las fuerzas que dan forma al mundo y a la vida, las que modelan las líneas de nuestros cuerpos, nuestras uñas y nuestros dientes, nuestras cejas, nuestros pezones. Procuremos también comportarnos de la manera menos nociva posible, no sólo con nuestros hermanos humanos, sino también con todos los seres vivos. Seamos abiertos y generosos, procuremos no explotar a nadie. Hay suficiente sufrimiento en el mundo tal y como está.

*

«Salvaje y libre». […] Mi intención aquí es contemplar la palabra salvaje en todos sus aspectos, y estudiar los lazos que teje con la idea de libertad, poniendo de relieve el profundo alcance de este vínculo. Para ser verdaderamente libre, hemos de aceptar nuestra condición tal como es en sí misma, dolorosa, efímera, abierta, imperfecta, y sentir agradecimiento por esta no-permanencia y la libertad que nos ofrece. Pues, en un universo fijo y estable no existiría libertad. Es esta libertad la que nos permite mejorar el hábitat, educar a nuestros hijos y cazar a los tiranos. El mundo es natural e inevitablemente salvaje a largo plazo, porque lo salvaje, que es la esencia y el proceso mismo de la naturaleza, es el principio de orden en el corazón de la no-permanencia.

Aunque el término naturaleza no sea en sí mismo amenazador, la idea de “salvaje” a menudo viene acompañada, en las sociedades civilizadas (tanto en Europa como en Asia), de las nociones de desorden, indisciplina y violencia. El término chino para naturaleza, zi-ran (shizen en japonés), significa “la talidad”. […] La idea según la cual la sabiduría pueda surgir de lo no-civilizado tan sólo se llega a concebir en los primeros taoístas.

Thoreau decía: «Busco un estado natural, salvaje, que ninguna civilización sabría sostener». Esto no es algo difícil. Lo que resulta mucho más dificultoso es concebir una civilización que un estado natural, salvaje, lograría sostener y, sin embargo, esa es la meta a alcanzar. El entorno salvaje no es sólo la “condición de existencia del mundo”, es el mundo. Hace mucho tiempo que las civilizaciones, tanto en el Este como en el Oeste, entraron en colisión con la naturaleza salvaje, y hoy en día, son en su mayoría los países desarrollados los que, por su poder absurdo, destruyen no sólo individuos sino también especies enteras, mecanismos enteros, hasta la Tierra incluso. Necesitamos una civilización que sepa desplegarse plenamente y en armonía con el espacio natural.

*

Nuestros cuerpos son salvajes. El repentino movimiento de la cabeza en respuesta a un grito, la sensación de vértigo frente al precipicio, la garganta anudada ante un momento de peligro, el aliento cortado, los momentos de calma cuando nos relajamos, la mirada fija cuando reflexionamos: todas son respuestas universales de nuestros cuerpos de mamíferos. Podemos observarlas en cualquier entorno. El cuerpo no necesita intervención alguna del intelecto consciente para respirar, o para mantener las pulsaciones cardíacas. Se regula perfectamente él solo, él es su propia vida.[…]

Las profundidades de la mente, el inconsciente, son nuestras propias extensiones salvajes; de hecho, en este mismo instante, un lobo habita en ellas, no un lobo connatural a la psique de cada uno, sino aquel lobo que aparece en nuestros sueños. El ego consciente y planificador ocupa una porción ínfima del territorio, apenas una pequeña garita cerca de la puerta, vigilando las entradas y las salidas (tramando de vez en cuando complots expansionistas); todo lo demás cuida de sí mismo. El cuerpo en cierto modo está en la mente. Ambos son salvajes. […] Sería falso creer que los seres humanos se han vuelto “más inteligentes” en un momento dado, inventando primero el lenguaje, y luego la sociedad. El lenguaje y la cultura surgen de nuestra existencia natural social y biológica… El lenguaje es un sistema del cuerpo-mente que evolucionó al mismo tiempo que nuestro sistema nervioso y nuestras necesidades. Del mismo modo que la imaginación, el lenguaje se despliega sin ser solicitado. Su complejidad escapa a nuestras capacidades intelectuales y racionales. […]

*

Toda tierra, sin importar su grado de explotación y de devastación, alcanzará un punto de equilibrio entre productividad y estabilidad biológica en cuanto esté abandonada a sí misma (“zi-ran“, la talidad). Una forma de agricultura posindustrial que fuera a la vez una “vía primitiva y del porvenir” plantea la siguiente pregunta: ¿No habría un modo de ir en el sentido de la naturaleza en lugar de ir en su contra?
*

En el taoísmo chino primitivo, “formarse” no significaba eliminar de sí mismo todo elemento salvaje, sino desembarazarse de todo condicionamiento arbitrario e ilusorio. Tchuang Tse parece decir que todos los valores sociales son artificiales y al servicio del ego.

*

No nos precipitemos en sacralizar de nuevo todas las cosas. Seamos pacientes, hay que dar mucho tiempo a la tierra para que esté en condiciones de poder hablar de nuevo, sea a nuestra generación o a las del futuro. El grito de un pájaro carpintero, el curioso chirrido apresurado de una ardilla gris, el sonido seco de las bellotas que caen sobre el tejado de la granja son otras tantas señales…

*

Cada sistema ecológico es un mandala diferente, una retícula imaginaria única. De nuevo, viene a mi mente el término ainu “iworu”, el campo de los seres. […] Ya es hora de imaginar y visualizar la disposición (l’agencement) de las jerarquías y de las redes de la realidad no-dualista. La teoría de los sistemas nos proporciona ecuaciones pero pocas metáforas. En el “Sutra de las montañas y de los ríos“, leemos: “No es sólo que hay agua en el mundo, sino que, más bien, hay todo un mundo en el agua. Y esto no sucede sólo con el agua. En las nubes, en el viento, en el fuego, en la tierra también hay todo un mundo de seres sensibles […], incluso en una brizna de hierba.”

*

Los relatos son una de las trazas que dejamos en el mundo. Todas nuestras literaturas son residuos, son del mismo orden que los mitos de los pueblos del espacio salvaje que no dejan tras sí más que historias y algunas herramientas de piedra.

Continuará…

Fragmentos extraidos del libro “The practice of the Wild“, de Gary Snyder, North Point Press, San Francisco, 1990.
Versión castellana de Muriel Chazalon a partir de la traducción francesa, “La pratique sauvage” , Éditions du Rocher, 1999. Mi agradecimiento a Susanna por revisar la traducción.

Próximamente en las librerías, Gary Snyder. La práctica de lo salvaje. Trad. Nacho Fernández R. y José Luis Regojo. Varasek Ediciones, 2016

Virginia Woolf. I need… animal existence


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El 25 de enero de 1882, nacía Virginia Woolf, novelista, ensayista, editora, escritora de cuentos y cartas y feminista británica conocida entre otras por su obra “Una habitación propia” donde reivindicaba el papel de las mujeres escritoras.

Recopilación de artículos, documentales y podcasts sobre su figura:

http://docugenero.blogspot.com.es/20…/…/un-dia-como-hoy.html

Artículo de Carmen G. de la cueva en Lecturas sumergidas:

La veinteañera que fue Virginia Woolf


 

La princesa Mononoke. Hayao Miyazaki

Princesa Mononoke_cartel japonés Princess Mononoke_Cartel minimalista


La princesa Mononoke (1997) es un canto visual a la naturaleza en la que el director japonés Hayao Miyazaki (“El viaje de Chihiro” y “El increíble castillo vagabundo”) reflexiona sobre la difícil convivencia entre el hombre y la naturaleza. Pero este sobrecogedor film de animación no es un cuento simple centrado en el bien y el mal, sino la compleja historia de cómo los seres humanos, animales del bosque y dioses de la naturaleza luchan por su participación en el nuevo orden emergente

mononoke-2La película está ambientada en el periodo Muromachi (1336-1573). Para proteger a su pueblo, el príncipe guerrero Ashitaka opta por matar a un espíritu del bosque, un dios jabalí que está maldito, pero uno de los tentáculos de la bestia antes de morir le alcanza un brazo y extiende por éste una maldición que hace peligrar su vida. Su única esperanza es viajar hacia el oeste en busca de respuestas, allí donde vive el espíritu del bosque, Shishi Gami, una antigua deidad, translúcida y multiforme, ajena al devenir y al tiempo de los hombres. En su camino, llega a la ciudad de Tatara Ba, liderada por la guerrera Eboshi-sama, una fortaleza en la montaña que se dedica a la fundición de hierro para la fabricación de armas, provocando la tala de los bosques y la destrucción del entorno. Allí, nuestro joven protagonista se verá envuelto en una cruel batalla que enfrenta a mononoke_bosquelos habitantes de dicha ciudad y los clanes de lobos y jabalíes entre sí, estos últimos movidos por el odio y el recelo que tienen a los humanos por sus repetidos ataques al bosque y sus seres. Las criaturas del bosque están encabezados por San, la princesa Mononoke (que significa “espíritu vengador”), una princesa guerrera que fue criada por los lobos en las montañas, y que asocio en mi mente con nuestra Mujer salvaje y, a su vez, con su hermana especular, Hainuwele –uno de los alter ego de la poeta Chantal Maillard– enamorada del Señor de los bosques…

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Estas pequeñas criaturas de cabeza giratoria son llamadas Kodama que en japonés significa “eco”; al estar escrito en Katakana, también puede traducirse por “bolita” o “pequeño espíritu”.

 

 

 

 

https://es.wikipedia.org/wiki/La_princesa_Mononoke

http://www.filmaffinity.com/es/film890814.html

Banda sonora de Joe Hisaishi [extracto]: 

 

 

I am wolf

Ode to Magnificence. Louise du Toit

I AM WOLF. I am the true spirit of nature, a perfect creation, walking beside you, guiding your senses to see the invisible. […] My true destination will only become visible when humans discard their imaginary fear, false legends, phantasmal myths, to seek the truth. Louise du Toit

Music, text and vocal performance by Louise du Toit in Greece, 2012. Video created and produced by Louise du Toit. This video was made as a contribution to the salvation of wolves, for nonprofit educational purposes, without any intention of commercial advantage or private financial gain. There is no intention of copyright infringement either.

 

Obitateli [Los habitantes]. Artavazd Pelechian

Los Habitantes (Obibateli), 1970, film de Artavazd Pelechian, filmado en blanco y negro, en 35 mm, 10 mn – Imagen : Evgueni Anissimov – Montage : L. Volkova – Sonido : V. Kharlamenko – Música : V. Ouslimenkov – Producción : Bieloruss Film.

Artavazd Pelechian nace el 22 de febrero de 1938 en Armenia. Es un cineasta documentalista experimental que filma en Rusia y en Armenia. Su filmografía incluye una docena de películas y cortometrajes documentales, la mayoría realizadas en 35 mm, entre 1963 y 1993. Sus films, mediante un minucioso montaje y un intenso trabajo sobre imagen y sonido, buscan capturar, según sus palabras, “el cardiograma emocional y social de su tiempo”. El deseo de Pelechian que los espectadores “escuchen” sus imágenes y “vean” sus sonidos hace que sus películas sean capaces de albergar “imágenes ausentes”. El cineasta armenio precisa: “Una imagen puede estar ausente pero presente a través de su aura. Nadie ha hecho todavía una película con imágenes ausentes. Es lo que intento hacer en mis películas: hacer que ciertas imágenes que no están presentes, se vuelvan visibles para el espectador.

En Los Habitantes explora la relación del ser humano con la naturaleza y el mundo animal. Trata de las agresiones perpetradas por el hombre contra la naturaleza, y de la amenaza que conlleva la destrucción de la armonía natural. Lleno de imágenes de estampidas y migraciones masivas, el film nos muestra en su mayor parte a animales salvajes presos del pánico ante una amenaza. Una representación del caos a través de fugas apocalípticas de manadas de animales, aterrorizados, cuyas miradas a la cámara parecen en ciertos momentos llamadas desesperadas. La estampida encuentra el contrapunto con el vuelo apaciguado de los pájaros escapando a la tierra y a los hombres que la colonizan al ruido de sus fusiles. “Mucha gente se sintió ofendida por Nosotros (Menq, 1969*), dice Artavazd Pelechian. Después de aquello estaba muy decepcionado con la humanidad y decidí hacer un film sobre animales. Los animales no se ofenden y al mismo tiempo, centrándome en ellos, podía decir las mismas cosas que había estado diciendo hasta ahora sobre los seres humanos.”

*Menk ou my (“Nosotros”, Armenia, 1969, 24 min)
Film realizado a partir de las imágenes de los Archivos Centrales de Estado y de Estudio de films documentales de Erevan. Poema cinematográfico que representa al pueblo armenio dentro de la especificidad de su historia del genocidio y la repatriación. Este film ganó el gran premio del festival de Oberhausen en 1970.

Página oficial de Artavazd Pelechian (en francés): http://www.artavazd-pelechian.net

https://en.wikipedia.org/wiki/Artavazd_Peleshyan

Obitateli/Los habitantes: https://vimeo.com/118341817

Menk/Nosotros: https://youtu.be/56jkNK7vUNk


 

Au hasard, Balthazar. Robert Bresson

Última escena de la película Au hasard, Balthazar (Al azar de Baltasar), del cineasta francés Robert Bresson. Música: Franz Schubert. Fotografía Ghislain Cloquet. Coproducción Francia-Suecia, 1966. Reparto: Anne WiazemskyWalter GreenFrançois LefargePhilippe AsselinNathalie JoyautJean-Claude GuilbertPierre Klossowski

Sinopsis: La vida del burro Baltasar, sumergido en los dramas humanos. Testigo mudo de la vida de los hombres, Baltasar va pasando de mano en mano; vive sus primeros años rodeado de la alegría y los juegos de los niños hasta llegar a la edad adulta, en que es utilizado como una bestia de carga y maltratado por sus diferentes amos. “Querría que el burro atraviese la vida de varios grupos humanos que representan los vicios de la humanidad…”, decía Bresson acerca de su película.

https://es.wikipedia.org/wiki/Al_azar_de_Baltasar

http://www.elestadomental.com/diario/robert-bresson-1901-1999

Banda sonora: Franz Schubert D 959, Piano sonata nº20 in A 2 Andantino: