La cueva de los sueños olvidados o cuando el espíritu guía la mano que pinta sobre la roca

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Fascinante documental del cineasta alemán Werner Herzog que una vez más rompe con el género y lleva la tecnología del 3D a su verdadera dimensión.

El genio de Herzog nos hace descender en cuerpo y alma en las inquietantes profundidades de la cueva Chauvet, al sur de Francia, y asomarnos conmocionados/as a los albores del arte y del alma humana, ambos indisociables…

Unas espléndidas pinturas rupestres, las más antiguas hasta la fecha – conservadas prístinamente desde hace 32.000 años porque la entrada de la cueva quedó sepultada hasta 1994– se despliegan ahora ante nosotros en un infinito juego tridimensional de luces y sombras…

Aquellos impresionantes dibujos, hechos con carbón vegetal y pigmento de óxido rojo, se funden con asombrosa y delicada maestría cinética con el relieve de las paredes de roca rasgada… Huesos, cráneos, esqueleto de águila, arañazos de osos cavernario, lobos, hienas, renos, antílopes, bisontes, rinocerontes lanudos, mamuts, caballos, leones… todos ellos son invocados a la luz parpadeante de las antorchas, de las hogueras…

Y al fondo de la cueva, en un lugar de difícil acceso para las cámaras, la pintura de una mujer, sexo y piernas de una mujer ¿abrazada a un toro? ¿mujer-chamana, mujer-diosa, mujer salvaje…?

Muy recomendable.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/dias-cine-cueva-suenos-olvidados/1443998/

 

Georgia O’Keeffe in München, Leben und Werk


Me enteré por casualidad después de Semana Santa. Pero ahí estaba: una retrospectiva de la vida y la obra de la pintora estadounidense Georgia O’Keeffe. Nuestra Huesera por excelencia. Nos perdimos la premisa en Roma donde estuvo en otoño del año pasado, pero no se nos escapó Munich! En verano estará en Helsinki, ¡¡¡última parada!!! Organizamos a “corre cuita” el viaje y unas cuantas mujeres fuimos volando hasta München!!!

Es siempre un verdadero privilegio ver la obra in vivo de artistas tan conocidos que has (ad)mirado, consultado, estudiado mil veces en diversos catálogos… La inmensa potencia de sus obras. Su presencia. Ninguna reproducción tiene la fuerza de la tela original. Poder acercarte a sus cuadros, olfatearlos, sentirlos, mirarlos bajo diversas perspectivas, presenciar su intensidad magnética, oír incluso el trazo de las pinceladas sobre la tela…  alcanza niveles de emoción y gratificación insospechados!!!

Me quedo corta diciendo que la exposición de Munich fue espléndida!

Georgia O'Keeffe_Jimson Weed_1936

Entramos visiblemente emocionadas en este céntrico museo ubicado encima de una galería comercial en una de las calles peatonales más concurrida de la hermosa ciudad de Munich. Unos grandes paneles de los paisajes de Nuevo Méjico nos recibieron en la entrada: su casa de Ghost Ranch, la montaña del Pedernal, estos ocres y rojizos montes erosionados de Santa Fe…  Recorrimos una y otra vez las amplias y luminosas salas del Kunstalle der Hypo-Kulturstiftung. Desde las primeras acuarelas hasta las últimas telas de grandes dimensiones de la sobria y sensual O’Keeffe. Vimos y escuchamos los tres vídeos disponibles, a pesar de que en lugar de subtitularlos sobrepusieron la voz en off en alemán al inglés por lo que nos enteramos de poco idiomáticamente hablando, aunque nos llegaron perfectamente a través de la piel, emoción, gestos, miradas y expresiones de los entrevistados y del impacto visual de lo filmado (sobretodo en el último vídeo de 45 minutos realizado, en alemán, para la ocasión!). Lamentamos que la información de los cuadros y las audioguías estuviesen única y exclusivamente en alemán. “Es que es una exposición muy local”, nos dijeron… ¿¿¡¡Georgia O’Keeffe local??!!

Nueve salas dedicadas a 75 intensas y luminosas pinturas. Telas expuestas sobre un fondo gris perla. Paneles gris más oscuro para las fotografías de Alfred Stieglitz, Anselm Adams, Todd Webb, Arnold Newman, María Chabot, y de la propia O’Keeffe.  Tres esculturas abstractas en bronce. Utensilios de trabajo de la artista expuestos en vitrinas: pasteles muy gastados y manoseados, colores al óleo, pinceles, marcas de colores, libretas japonesas de dibujo y algún boceto a la vista. Y sus piedras. Cestos de piedras que recogía en sus paseos por el desierto de Santa Fe. Cantos rodados que sus ojos habían elegidos y sus manos recogidos.

Y había espacio para circular tranquilamente en el museo. Y suficiente silencio entre los discretos visitantes para apreciar en toda su dimensión la vida y el trabajo de Georgia… A pesar de que el sistema de alarma senso-térmico se disparaba cada vez que alguien acercaba la mano a los lienzos para enseñar y compartir lo que veía… ¡¡¡Y la alarma sonó repetidamente a lo largo del día!!!

Los cuadros mantenían entre ellos un diálogo de lo más sugerente. Todo el conjunto era muy potente. Viaje sensorial al corazón del motivo, sean flores, paisajes urbanos o landscapes, O’Keeffe hace estallar toda su intimidad en una singular potencia de expresión. El carácter sensual y voluptuosamente femenino de su pintura chocó con los tabúes de la época a finales de los años 20 del siglo pasado. Su visión potente y apasionada, su fuerte sentido del espacio, de la profundidad, incluso su sobria desmesura –sea cual fuese el motivo elegido: flores, huesos, conchas, paisajes o edificios– crea todo tipo de perturbaciones perceptivas del espacio, y ante todo parece querer implicar nuestro cuerpo entero en la obra. Para perderlo en ella. Para sumergirlo. El arte de O’Keeffe siempre nos reenvía a esta profunda dimensión de lo íntimo. Una intimidad inmensa. Como si en comunión con los colores vibrantes, con las formas ondulantes, estas flores tan frágiles y efímeras abrieran sin embargo en nosotras algo fuera de la dimensión puramente temporal…

Apuramos el tiempo de la visita hasta el cierre del museo. En la última sala de nuestro recorrido se acercó una de los vigilantes de la exposición (la única mujer!) para expresarnos su admiración por la obra que tenía ante los ojos: ¡Schöne! Al darse cuenta de que no entendíamos su idioma lo tradujo en un lacónico inglés: “¡Fine, very fine!”. Nos confesó de que antes de esta exposición el nombre de O’Keeffe le era desconocido, que su descubrimiento le había conmocionado, y que sondeaba a las mujeres que recorrían la exposición para saber qué sentían… ¡Wunderbar! Maravilloso, absolutamente maravilloso…!

Ha sido un auténtico regalo. Muy agradecida por el acontecimiento. Muy agradecida por la compañía.

http://www.hypo-kunsthalle.de/newweb/eokeeffe.html

http://www.hel.fi/wps/portal/Taidemuseo_en/Artikkeli?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/taimu/en/Exhibitions/Upcoming

http://www.youtube.com/watch?v=9mt55SiRKcI (Qué ilusión más grande tiene esta mujer en recibir y organizar la exposición de la O’Keeffe en Helsinki!!!)

El gran regazo, el corazón. Chantal Maillard

   


Anhelo un corazón más sabio que el mío para descansar en él. El corazón de una anciana, un corazón acumulado y dispuesto a la acogida. Poder hablar; poder decir en palabras sencillas la congoja, la necesidad, la pena. Poder decir para calmar, para acallar. Soltar las lágrimas en el enorme pozo humano, el gran regazo. Poder decir, para que parezca tan común, ese dolor, que pueda mirarlo como si no fuese mío y llorar entonces por la historia de todos.

Chantal Maillard. Filosofía en los días críticos (fragmento 361). Pre-Textos, 2001


 

O'Keeffe revisited

  

Pienso en ella desde hace semanas o quizá meses.

¿Qué viene a decirme, a recordarme, susurrando?

¿De qué modo busca abrirme los ojos?

¿Cómo repercuta su visita en los meandros profundos de mi psique, de mi memoria?

¿No he sido yo el ojo o la mano de la O’Keeffe mientras andaba en aquel desierto recogiendo los huesos?

Este oído mío que tan pronto aprendió a acallar mi voz para abrirse a los sonidos, para atender aquello que usualmente pasa desapercibido, ¿fue cosa suya?

¿No es ella un tipo de guerrera muy específico? ¿El tipo de guerrera que quisiera ser, que soy?

La guerrera cuya lucha ya no es una lucha sino un gesto de total adecuación a ese silencio salvaje…

La guerrera cuya defensa ya no es una defensa sino un límite, el umbral que traspasar para adentrarse en aquel desierto de la psique, allí donde recoger los huesos, donde des-componer el esqueleto, donde re-componer el esqueleto. Aún…

http://www.toddwebbphotographs.com/todd-webb/okeeffe-and-the-west/okeeffe-contact-sheet-26_19_54.html

Una huesera en el desierto: Georgia O’Keeffe

   

 

Al empezar a pintar los huesos de la pelvis me interesaban sobre todo los huecos de los huesos; es decir, lo que veía, cuando miraba a través de ellos. Especialmente me interesaba el azul que se hacía visible cuando mantenía los huesos al sol, dirigidos al cielo, cosa a la que uno tiende cuando parece tener en su mundo más cielo que tierra…”

“Creo que una forma verdaderamente viva resulta necesariamente del esfuerzo de un solo individuo por representar lo vivo en un arriesgado viaje del espíritu a lo desconocido en el que ha vivido y sentido algo que no ha entendido; y de esta experiencia surge el deseo de dar a conocer lo desconocido, (…) de explicar algo, lo que se siente pero no se puede comprender totalmente (…) Creo que esto, en cierto modo, está claro para cualquiera en el momento de nacer, pero que es destruido en la mayoría de las personas.”

Georgia O’Keeffe

Tàpies torna a la terra

 

ha mort el pintor a l’edat de 88 anys el dilluns 6 de febrer

aquests dies sento udolar la seva casa montsenyenca de Campins

on es refugiava cada estiu per pintar

fer el buit

és a dir, passejar pel bosc

arrelar-se a la muntanya

impregnar-se de l’indret on vivia

fins a esdevenir terra ell mateix

la mateixa dels seus quadres

la mateixa terra transfigurada

muriel chazalon

Nieve, por fin nieve

Esta mañana el Montseny no es sólo el Montseny

es el Monte Frío de Han Shan

blanco helado perdido en nubes

anida en lo escondido

lejos del tránsito de la gente

Hay sendas que no enlazan con el mundo;

mas ¿quién, sin corazón, podrá alcanzarlas?

se pregunta el viejo maestro ch’an…

*

montaña

nieve

de repente sin camino

sólo lo blanco

estriado de negro

*

alegría

profunda

esta luminosidad de nieve

este silencio de nieve

este crujido de nieve

un paso otro paso

*

delicadas flores blancas

en lo hondo de mi mente

mientras contemplo la nieve que cae

Chantal Maillard: la mirada que da

  


No hay mirada que no modifique el campo del mirar.

Hay un mirar que da, y otro mirar que quita. El mirar que da es aquel que no sólo contempla lo que hacemos, sino que también se ocupa del objeto de esa acción. Es un mirar que aumenta la pulsión del gesto y lo acompaña. En cambio, el mirar que quita es el mirar crítico, aquel que cuando se dirige hacia nosotros nos despoja de la energía que nos hace ser lo que somos. Disminuimos. Se hace fuerte el que mira y nos somete. Sufrimos entonces algo parecido a un desahucio. El cuerpo queda como una cáscara, vaciado el dentro, abducido por la mirada ajena. Si el núcleo no es resistente nos sentimos “perdidos”.

Las opiniones fuertes –sobre uno mismo y sobre el mundo– hacen las veces de escudo. Preservan. El egoísmo es una defensa eficaz. Se confunde, por ello, fácilmente, con el núcleo. Pero el núcleo no es eso, no es el mí. El núcleo es un punto de energía neutra, sin juicios, sin opiniones:”pura”. El núcleo es condensación de energía, consciente a otro nivel, autoconsciente, a la que podemos remitirnos cuando bajamos las defensas, hacemos transparentes las murallas del yo y confiamos. Ella, esta energía mínima, centro, diosa interior o alma, tan oculta generalmente, tan porosa, sin embargo, la membrana que protege su acceso, ella no se inmuta, no le daña el mirar ajeno porque ella ve en el otro lo que su mirar oculta. Lo que recibe es la tristeza tranquila de aquellos puntos o núcleos que no se han desarrollado, que apenas palpitan, que a veces se extinguen. Lo que recibe es la quietud del fuego apagado, su ceniza, o a veces el rescoldo que aún espera ser reanimado. En el mirar que hiere y se adueña de su presa, ella ve cómo la energía-ego se apropia de sí misma en el otro, cómo se carga y se engorda, ve cómo va trazándose el puente entre las fuerzas de quien es mirado y quien mira, y cómo se entabla el pulso.

Los búfalos miran desde su centro. La calma del núcleo se instala, al tiempo que la neutralidad moral, cuando miro el búfalo mirarme.

No proyectemos nuestra moral en los animales, no los “domestiquemos”, no marquemos en su piel nuestras dicotomías. La moral es el convenio que regula las relaciones periféricas: las del mí. Las relaciones nucleares son del ethos. La ética es del habitar en lo propio allí donde la fuerza se iguala, condensada en la no-diferencia.

¿Qué es lo que de mí puede ser herido por las miradas? Aquello, vulnerable, que no pertenece al núcleo, aquello que pertenece al mí. El mí es lo inestable que recubre el núcleo. Materia de intercambio. De fusión a veces (en el amor). El núcleo está a salvo. Las heridas son agujeros en las capas intermedias, desgarros en la superficie, mordeduras, absorción. Intercambios, al fín y al cabo.

Dar, antes de exponerse a la absorción: evitar la violencia de aquel que necesita reforzar sus murallas, las capas múltiples que protegen su núcleo como la grasa el hueso al que recubre y el hueso al tuétano.

Chantal Maillard. Diarios indios. Pre-Textos. (p.100)