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El lince boreal, el espíritu de nuestros bosques europeos…

Hace ya una década que Laurent Geslin fotografía y filma al lince boreal en su hábitat. Después de la publicación de su libro “LYNX, regards croisés” (Lince, miradas cruzadas), el fotógrafo francés trabaja actualmente en un proyecto de documental sobre el felino más grande de nuestros bosques europeos. Estas son las primeras imágenes de este proyecto a largo plazo.

 

 

 

http://www.laurent-geslin.com

 

Pensar en tiempos difíciles :: Chantal Maillard :: Marina Garcés

Razón estéticaCon este ensayo, he pretendido ofrecer una respuesta a esta pregunta por el nuevo modo de racionalidad. La “razón estética” es una actitud que permite dar cuenta de la comunicación, a nivel sensible, de todos los elementos que intervienen en los sucesos que forman esta trama a la que denominamos “realidad”, consciente, quien adopta dicha actitud, de que la realidad no es lo otro que ha de ser aprendido, sino aquello en cuyas confluencias nos vamos creando. Por ello, el ejercicio de la razón estética es ante todo una manera de autoconstruirse.

[…] Lo estético ha de ser entendido correctamente a partir de su etimología: aisthesis, que significa sensación y sensibilidad, y atañe, por tanto, a los modos de percibir. Designa tanto la capacidad de aprehender la realidad a través de los canales de la recepción sensorial como las categorías de la sensibilidad que son activadas en esa recepción. La experiencia sensible, en efecto, ha de ser re-presentada para adquirir sentido, ha de historiarse para hacer “mundo”. Y hacer mundo se realiza y se recibe con placer: es, por un lado, placer de la articulación que otorga sentido creando mapas de correspondencias de una realidad de la que todos nos sabemos copartícipes y, por otro, placer de la representación, un placer que entraña un tipo muy especial de comunicación. […]

Estamos ahora inmersos en la representación. La distancia que permitía tomar conciencia de la ficción se ha reducido drásticamente. Esto permite neutralizar las emociones dolorosas que experimentaríamos ante un hecho trágico si asistiésemos a él sin mediación y, consecuentemente, frenar los movimientos de rebeldía que nuestro rechazo pudiese generar. El peligro, el enorme peligro de la representación es que cualquier acontecimiento, sea éste de la naturaleza que sea, se recibe con una tasa de placer que viene sumarse a la variante emocional que entra en juego. Ése es el poder de la ficción. Cuando asistimos a los acontecimientos como si fuesen un espectáculo porque nos re-transmiten por los mismos canales y en el mismo formato que la ficción, nos llegan con ese plus de placer que caracteriza todo espectáculo. Los noticiarios se convierten entonces en capítulos de una serie televisiva y las historias de corrupción o el seguimiento del éxodo de las poblaciones, en sendos culebreen que se reanudan a diario a la hora prevista y que reconocemos por el titular: “Crisis de refugiados”, “Ataques terroristas”, etcétera.

Una educación de la sensibilidad es, ahora más que nunca, necesaria. Es urgente que sepamos distinguir las emociones ordinarias de las emociones espectacularizadas aprendiendo a detectar la naturaleza del placer que las acompaña. Que sepamos cómo estos movimientos reactivos (o emociones) se ensamblan luego con los valores inculcados, dando lugar a lo que llamamos sentimientos. Y que aprendamos a tomar conciencia de cómo suscribimos estas amalgamas sentimentales añadiéndoles automáticamente la creencia de que son lo más auténtico que poseemos: “Esto es lo que siento yo”, decimos, sin darnos cuenta de que ese “yo” se ha ido fabricando exclusivamente en el proceso, de que se siente lo que se piensa, siendo así que el “se” es siempre cualquier cosa salvo la decisión de una mente libre. Y así salimos a la calle cargados con una bomba de relojería que puede estallar en cuanto sean activos los estímulos pertinentes.

La revalorización positiva de la sensibilidad y su recuperación como factor ineludible para la comprensión de la realidad dependerá que se lleve a cabo una educación de la misma en ese sentido. Y de ello dependerá también que la propuesta de una razón estética siga siendo viable.

Chantal MaillardLa razón estética, Galaxia Gutenberg, 2017.

“La conciencia actual está muy cansada. Atrapada, por un lado, en un bucle de hiperactividad representativa del que no puede, aparentemente, salirse y, por otro, en la necesidad de continuar activándose para evitar contemplar la falta de sentido de todo esto. Tan grande es, tan intenso, el miedo al vacío. Y no obstante tan sólo hace falta que alguna vez, entre un día y otro día o entre una noche y otra noche, algo o alguien se nos acerque y, tocándonos la mano, nos pregunte: “¿Estás despierto?”, para que…”

*

Book M GarcésLa filosofía inacabada nos interpela hoy en un mundo que muestra síntomas de agotamiento, como planeta y como modelo de sociedad. Filosofía inacabada, entonces, para un mundo agotado. Éste es el desafío que me propongo compartir en este libro: aprender a pensar y a vivir la finitud desde la amenaza de un final. Ya no nosotros, como humanos, sino la totalidad misma es finita. Es un nuevo sentido de la totalidad, el fin total de todo, para el que no tenemos conceptos y que hace emerger nuevos problemas. No se trata de entonar un discurso apocalíptico, que es tan antiguo como la cultura misma, sino de pensar a la altura de esta posibilidad real. Esto cambia el sentido de la acción, de los valores, de la existencia, de la humanidad como especie y como sujeto.

Con este libro exploro el lugar, o los lugares, de la filosofía inacabada en un mundo agotado. Quizá el principal compromiso de la filosofía, hoy, sea inacabar el mundo. No se trata de salvarlo, la salvación forma parte del discurso apocalíptico, que se mueve entre la destrucción o la salvación como una alternativa extrema y binaria, que finalmente sólo puede estar en manos de algo que esté más allá de nosotros, Dios, la historia o el destino. No se trata pues de salvar el mundo ni a la humanidad, sino de hacer el mundo vivible y a la humanidad capaz de tomar en sus manos esta apuesta. Percatarse de la propia vulnerabilidad e impotencia, como decía Epícteto, es el primer paso para ello. Sólo desde la vulnerabilidad compartida puede lanzarse una potencia del pensamiento capaz de librar esa difícil batalla.

Marina GarcésFilosofía inacabada, Galaxia Gutenberg, 2015.

“Filosofía inacabada en un planeta agotado: la vida buena o el buen vivir que guía toda terapéutica filosófica tiene que enfrentarse hoy a la posibilidad de la autodestrucción de la humanidad, a través de la destrucción de sus condiciones de vida. Esto implica, no sólo confiar en el pensamiento como comunidad de aprendizaje en torno a las preguntas fundamentales de la humanidad (¿cómo vivir?, ¿cómo pensar?, ¿cómo actuar?), sino confiar en otros modos de pensar que no han formado parte de la tradición occidental y que no han configurado ese espacio de dominio mundial que llamamos la globalización. Europa ya no puede dar respuesta a los problemas que ha planteado al conjunto de la humanidad… recogiendo los planteamientos del pensamiento postcolonial. Este hecho señala una nueva situación filosófica para nuestro tiempo: la necesidad de tener que pensar juntos lo que ya nadie puede resolver por separado.”

 

Nuestras dos autores conversarán en la Fundació Antoni Tàpies, el lunes 16 de octubre a las 19 h, con motivo de la reedición de La razón estética. Allí nos veremos!

Ch.M. y Marina Garcés

https://www.fundaciotapies.org/site/spip.php?article8922

 

Chantal Maillard: “La violencia de Estado nunca está justificada”

Chantal Maillard.Chantal Maillard. Lisabeth Salas.

“El capitalismo nunca fue una buena opción: yo optaría más bien por una nueva economía de subsistencia” / “Las guerras empiezan por menos de lo que pasa en Cataluña” / “Tenemos buen cuidado en mantener la insatisfacción necesaria para sostener la sociedad de consumo”.

Lorena G. Maldonado

 

Lo advierte en uno de sus poemas: “¡Me atrevo a creer en las ruinas!”. En otro cuenta que está “creciendo de la nada”. Parte de cero, Chantal Maillard, en cada construcción intelectual; se arranca del mundo y luego se instala con rostro nuevo, más lúcida y poderosa, más volátil y desencantada, pero con memoria de la caída. La llaman la “poeta del dolor”, y es mirarla y ya duele. Con los ojos clarísimos y los dedos en las sienes, pariendo ideas. Le molesta el ruido del ambiente, los pasos cercanos de tacones, las voces que cuchichean. Maillard ama el silencio porque sabe que el silencio es una postura. Porque sabe que el silencio es elocuente.

La poeta y filósofa nació en Bélgica, pero vive en Málaga desde hace años. Es Premio Nacional de Poesía por aquella vez que decidió Matar a Platón. Es Premio de la Crítica. Es Doctora en Filosofía especializada en Filosofía y Religiones de India. Es profesora de Estética y Teoría de las Artes, pero oigan, no esa estética a la que confunden con “belleza”, sino la que tiene que ver con lo sensible. Galaxia Gutenberg reedita su obra La razón estética, que habla de un fin de ciclo y de inaugurar una nueva forma de pensar. Una basada en la educación de la sensibilidad. Trucos ambiciosos en días crueles.


 

En 1998, cuando se publicó La razón estética, usted decía que quería salvar el mundo, que las cosas podían ser distintas. ¿Sigue queriendo cambiar el mundo o lo ha dado ya por perdido?

Yo creo que está perdido desde que se inició (ríe). No creo que tenga remedio por muchos intentos que hagamos. Creo que el optimismo pertenece a las edades fértiles, es decir, cuando la química de los cuerpos quiere vivir y cuando uno ha pasado esa edad, cambian las cosas, los puntos de vista. No soy en absoluto optimista.

Se trasluce de su respuesta que en realidad no confía en el ser humano.

A la vista está que no hemos sido capaces de hacer que nuestras sociedades sean lo que pensábamos que podrían ser, y creo que es porque hemos olvidado lo más importante. Hemos perdido algo. Hemos adquirido, ciertamente, habilidades dentro de lo que es la técnica o el lenguaje, pero hemos perdido algo que pertenecía al animal que llevamos dentro todavía algunos, y digo animal en el mejor sentido. Creo que nos hemos regido por lo que se llamaba el modelo de El árbol de Porfirio, un modelo lógico que entiende  la realidad por medio de diferencias jerárquicas, de especie, género, subgénero… El árbol de Porfirio es un árbol conceptual  que pretende definir al ser humano obviando por el camino todo lo demás.

Frente a ese modelo, yo propondría otro, el del baniano. Hay cerca de Calcuta un baniano que tiene, unos dicen que 19.000 metros cuadrados, otros dicen que 12.000 metros cuadrados… De su tronco madre salen ramas que van a enraizarse en el suelo. Ramas que son raíces que llegan a la tierra formando nuevos troncos de los que salen nuevas ramas, y así sucesivamente. En ese modelo no hay una jerarquía, y el árbol se expande horizontalmente. Puede llegar a crecer incluso –es el caso de ese baniano precisamente– sin su tronco madre, si éste se muere, el árbol sigue vivo.  Es un modelo en el que todos los individuos valen por igual, no hay jerarquías. Prefiero este modelo matriarcal, y ese mundo, frente al otro patriarcal, lógico, del árbol de Porfirio, que procede con universales conceptuales. Recuperar la conciencia de que no somos sin lo otro, de que no somos sin lo que nos rodea, lo que llamamos “el medio”, que no es un medio, sino un todo, recuperar esa conciencia es lo que La razón estética ha propuesto: un proyecto de nueva racionalidad.

¿Qué ha cambiado en el mundo desde entonces? ¿Cuáles eran los rasgos de crisis de 1998 y cuáles son los de 2017? Usted habla de “fluctuaciones sociales”.

Indudablemente muchos, porque cuando escribo esto, en los noventa, acababan de surgir los ordenadores. Si pensamos en dos décadas… y en todo lo que ha ocurrido, pues es otro mundo. El mundo ha cambiado drásticamente.

¿Es un mundo peor?

Bueno, depende desde dónde se mire. Desde luego, si yo fuese una ballena diría que es un mundo mucho peor. Si fuese un gran empresario, probablemente diría que es un mundo mucho mejor. Como animal humano que soy, yo diría que ha empeorado mucho, pero ya te digo, es cuestión de punto de vista. Ya no puede hablarse de evolución progresiva, el progreso es un concepto decimonónimo unido a la Revolución Industrial. No podemos mantenernos en esa idea, sino asumir que hay transformaciones que son para bien o para mal según para quién. Y por supuesto ha habido transformaciones también en las formas sentimentales a las que aludo en este libro. Analicé allí diversas categorías de la sentimentalidad como categorías de una conciencia colectiva, que va modificándose al tiempo que sus valores. Tomar conciencia de las modificaciones que tienen lugar en un mundo convertido en representación es la cuestión que ahora debe interesarnos.

¿El capitalismo ha fracasado como modelo?

El capitalismo nunca fue una buena opción. Al sustituir la economía de subsistencia por la economía del beneficio hemos convertido los medios en fines. Se pretende aumentar el beneficio porque donde hemos situado el valor es en el beneficio, no en las posibilidades de una vida mejor, más acorde con el entorno.  No hay ganancia que pueda obtenerse sin una perdida por parte de otros.

¿La “educación de la sensibilidad” podría ser una asignatura en los colegios? Primero, ¿cómo aprenderla? Y después, ¿cómo inculcarla?

Por supuesto. El gran tema para mí es la observación del proceso mental, el conocer la mente, el “conócete a ti mismo”, entendiendo bien qué es ese “ti” y ese “mismo” en el cual tanto creemos. El “mi” es una creación. Va haciéndose con el entorno, va haciéndose con hábitos de pensamiento, con hábitos fácticos, es un cúmulo de hábitos mentales, sentimentales y prácticos que derivan a la larga en una especie de solidificación a la que llamamos “yo”. Pero cuando observamos realmente ese pasar, ese suceder de los pensamientos… todo es pensamiento, todo pasa por la mente, una emoción también, ¡todo! Cuando observamos sus fluctuaciones y no le otorgamos más peso de lo necesario, se relativiza todo. Se podría enseñar. Se puede hacer. Sólo que, claro, quien lo enseñase tendría que haberlo aprendido. Es bastante utópico.

En un mundo en el que nos hacen creer que lo tenemos todo, ¿por qué cada vez estamos más tristes? ¿Eso también responde a nuestro fracaso a la hora de acercarnos a la educación sensible, estética?

No está satisfecho porque en esta sociedad tenemos buen cuidado en mantener el grado de insatisfacción necesario para sostener el alto grado de consumo, es decir, para que las empresas sigan obteniendo beneficios. Este es el problema: para mantener el consumo hay que mantener la insatisfacción. Se necesitan productos diluidos que no llenen las expectativas, mientras se le hace creer al sujeto consumidor que eso es lo que quiere, cuando lo que quiere es otra cosa.

¿Qué quiere?

Bueno, quiere ¡ser feliz! (ríe). Quiere estar bien. Pero la eudaimonia -el buen daimon, el sentimiento de bienestar interior- no se adquiere a través del consumo, ni del tener por el tener.

¿Es más fácil ser feliz en un sistema comunista?

Bueno, “comunista” es una palabra muy lastrada. Si la utilizamos como oposición al capitalismo, tal y como han ido las cosas, en la práctica ha tenido muy poco que ver con la idea de Marx o de cualquier utopía comunitaria. Una cosa es el comunismo como ideología política y otra muy distinta es la vida comunitaria en igualdad y respeto que algunas utopías quisieron diseñar.  Yo optaría más bien por una nueva economía de subsistencia –otra utopía, evidentemente–, una sociedad en la que primase que todo ser pudiese vivir con las necesidades satisfechas, es decir: si tiene hambre, que pueda comer, si  tiene frío, que pueda abrigarse.

Eso es lo que cualquier animal desea. Lo terrible del ser humano es que además de ser animal es un aumentador. Es un au(c)tor; la palabra “autor” viene del latín augmentare: aumentar. Toda representación es un aumento. Lo que necesita el animal humano en todos los ámbitos es un aumento de la realidad, y eso es lo que nos distingue de los demás animales.

Dice usted que para gobernar es necesario saber qué somos o qué estamos siendo más allá de nuestro personaje. ¿Qué errores filosóficos observa en nuestro Gobierno?

(Se ríe). Vaya pregunta en estos días.

Por eso, también.

Esto está relacionado con tu pregunta anterior, la del método. La política no la hacen los partidos, la hacen los individuos. Tenemos que recordar que un “partido” siempre es una “parte”. La política la hacen individuos que luego se agrupan formando partes: apartados, partidos. Si esos individuos no han aprendido a conocerse a sí mismos, a saber qué es ese “sí mismo”, a saberse… si no han ido un poco más allá, o un poco  más abajo… no sé cómo decirlo, si no han observado qué es ese “yo” que les gobierna y siempre llevan por delante incluso en nombre de otros muchos,  mal van a poder gobernar. Esto es muy viejo, lo conocemos desde antes de los griegos: si uno no se conoce a sí mismo, ¿cómo va a gobernarse a sí mismo? Y si no puede gobernarse a sí mismo ¿cómo pretenderá gobernar a otros?  El error del político es no haber dedicado tiempo a esto. Es el primer error.

Y no tiene pinta de que se lo vayan a dedicar.

No. La mayoría ni siquiera sabe que esto es posible, porque cuanto más tiempo pasan en sus labores de transacciones (que es en lo que se ha convertido la política), menos tiempo tienen para mirarse al espejo. Se mirarán al espejo solamente para ponerse su maquillaje de títere u ocupar su lugar en la representación, que ya está escrita de antemano. Un juego representativo que tiene consecuencias trágicas. La palabra “tragedia” proviene del griego tragodía: el canto (oda) del tragos, el cordero sacrificial. La tragedia era entonces una fiesta en la que el pueblo participaba. También así ahora, nuestras tragedias tienen sus sacrificios y sus víctimas.

Cuando miremos más allá de nuestras narices descubriremos que también hay cosas que nos conciernen fuera. Con todo esto que está pasando parece que no tiene importancia que un buque enorme esté amarrado en Bilbao con un cargamento de armas que España exporta, nuestros queridos gobernantes exportan a Arabia Saudí y que irán a parar a la población del Yemen, por ejemplo.

Pero parece que esto “no nos concierne”, entre comillas, a pesar de que nuestro bienestar se sostenga en gran parte con este tipo de exportaciones. Me preguntabas por el error de nuestros gobernantes. Yo te diría un acierto: políticamente hablando, su acierto es desviar nuestra atención hacia eso que creemos que no nos concierne. Mientras ellos exportan todas las armas que quieran.

Decía usted que la política no la hacen agrupaciones ni partidos, sino individuos. Me pregunto, con frustración, qué podemos hacer como individuos para paliar cuestiones como la de Cataluña. ¿Qué vamos a conseguir desde la individualidad?

Entristecerse (sonríe).

Aparte de eso. ¿Dónde reside nuestro poder individual y cómo podemos aplicarlo?

Yo creo que, en principio, no añadiendo más palabras a las palabras. Las opiniones crean diferencias, crean malestar (suspira). Claro, entonces puede que me digan “pero es que el silencio es elocuente y puede ser interpretado”. Sí. Creo que lo único que puede hacerse sin echar leña al fuego es intentar comprender por qué hacemos lo que hacemos, por qué decimos lo que decimos, ver un poco más allá, tratar de… no sé, es deprimente. A mí me indigna el estrecho marco de nuestra indignación. Me indigna nuestra indignación tan limitada.

Desde la Ilustración, nos creemos con “derecho a”. Europa, heredera de la Ilustración. Sin embargo, no parece que tengan derechos aquellos a los que con nuestras armas bombardeamos en otros sitios. ¿Ellos no tienen derecho a que no se les bombardee, a que no se les arrase las casas, a que no se viole a su gente, a que no se les asesine? A mí me indigna que nadie salga indignándose por esas cosas. Eso me causa malestar.

O sea, que somos unos hipócritas de la indignación. O hipócritas de la manifestación.

Sí, bueno, si nos bajan el sueldo nos tendremos que manifestar, pero nuestro sueldo y nuestro bienestar dependen de muchas cosas que suceden en otras partes y a las que cerramos los ojos. ¿Qué puedo hacer?, dirán. Pues salir a la calle, manifestarse, hacer esto que está ahora tan de moda, un Twitter y nos reunimos en la plaza… no lo hacemos. No nos importa. Si te digo la verdad, me importa poco lo que aquí dentro ocurre cuando los de aquí dentro no se ocupan de los de ahí fuera, porque los de aquí dentro están provocando lo de ahí fuera.

¿Cuándo es legítima, según su percepción filosófica, la violencia practicada por el Estado? ¿Es defendible dialécticamente, de alguna manera, lo que pasó el domingo en Cataluña? ¿Qué juicio tenemos que hacer de la violencia que ejerce el Estado hacia los ciudadanos?

La violencia de Estado nunca está justificada. Ninguna violencia, a no ser que te agredan y te defiendas. Nunca estamos libres de una posible guerra. Las guerras empiezan por mucho menos de lo que pasa en Cataluña. Las grandes guerras han empezado por muy poco, la chispa es pequeña.

¿La poesía es bandera o es todo lo contrario a la bandera?

(Ríe) Se ha hecho poesía de todo tipo. La poesía en sí no es nada. Igual que un individuo hace política, otro hace poemas. No por ser poeta se es más sabio, no. La poesía antigua es poesía épica, sus gestas, sus héroes… la poesía es lo que se hace con ella.

Por eso me gusta distinguir entre poesía y poema. El poema para mí es otra cosa. El poema entendido como el erizo de Derrida, un pequeño animal que se cierra sobre sí mismo. Un animal temeroso y humilde que solamente se abre en la mano de quien está a la escucha. El poema para mí es algo así. Es algo que se encuentra a ras de suelo. Valioso en tiempos malos, porque lo que nos entrega es algo que va mucho más allá de banderas y de credos. Sobre todo, de credos.

 

https://www.elespanol.com/cultura/libros/20171003/251475866_0.html

 

Una parábola india para tiempos revueltos: Los 6 ciegos y el elefante

Érase una vez, seis ciegos “cargados de razones” y arrebatados por la emoción a punto de olvidar que su verdad era tan sólo un punto de vista sobre la realidad que percibían, y que sólo juntando sus diversas y sesgadas perspectivas lograrían conocer la verdadera realidad del elefante…

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Hace más de mil años, en el Valle del Río Brahmanputra, vivían seis hombre ciegos que pasaban las horas compitiendo entre ellos para ver quién era de todos el más sabio.

Para demostrar su sabiduría, los sabios explicaban las historias más fantásticas que se les ocurrían y luego decidían de entre ellos quién era el más imaginativo.

Así pues, cada tarde se reunían alrededor de una mesa y mientras el sol se ponía discretamente tras las montañas, y el olor de los espléndidos manjares que les iban a ser servidos empezaba a colarse por debajo de la puerta de la cocina, el primero de los sabios adoptaba una actitud severa y empezaba a relatar la historia que según él, había vivido aquel día. Mientras, los demás le escuchaban entre incrédulos y fascinados, intentando imaginar las escenas que éste les describía con gran detalle.

La historia trataba del modo en que, viéndose libre de ocupaciones aquella mañana, el sabio había decidido salir a dar una paseo por el bosque cercano a la casa, y deleitarse con el cantar de las aves que alegres, silbaban sus delicadas melodías. El sabio contó que, de pronto, en medio de una gran sorpresa, se le había aparecido el Dios Krishna, que sumándose al cantar de los pájaros, tocaba con maestría una bellísima melodía con su flauta. Krishna al recibir los elogios del sabio, había decidido premiarle con la sabiduría que, según él, le situaba por encima de los demás hombres.

Cuando el primero de los sabios acabó su historia, se puso en pie el segundo de los sabios, y poniéndose la mano al pecho, anunció que hablaría del día en que había presenciado él mismo la famosa Ave de Bulbul, con el plumaje rojo que cubre su pecho. Según él, esto ocurrió cuando se hallaba oculto tras un árbol espiando a un tigre que huía despavorido ante un puerco espín malhumorado. La escena era tan cómica que el pecho del pájaro, al contemplarla, estalló de tanto reír, y la sangre había teñido las plumas de su pecho de color carmín.

Para poder estar a la altura de las anteriores historias, el tercer sabio tosía y chasqueaba la lengua como si fuera un lagarto tomando el sol, pegado a la cálida pared de barro de una cabaña. Después de inspirarse de esta forma, el sabio pudo hablar horas y horas de los tiempos de buen rey Vikra Maditya, que había salvado a su hijo de un brahman y tomado como esposa a una bonita pero humilde campesina.

Al acabar, fue el turno del cuarto sabio, después del quinto y finalmente el sexto sabio se sumergió en su relato. De este modo los seis hombres ciegos pasaban las horas más entretenidas y a la vez demostraban su ingenio e inteligencia a los demás.

Sin embargo, llegó el día en que el ambiente de calma se turbó y se volvió enfrentamiento entre los hombres, que no alcanzaban un acuerdo sobre la forma exacta de un elefante. Las posturas eran opuestas y como ninguno de ellos había podido tocarlo nunca, decidieron salir al día siguiente a la busca de un ejemplar, y de este modo poder salir de dudas.

Tan pronto como los primeros pájaros insinuaron su canto, con el sol aún a medio levantarse, los seis ciegos tomaron al joven Dookiram como guía, y puestos en fila con las manos a los hombros de quien les precedía, emprendieron la marcha enfilando la senda que se adentraba en la selva más profunda. No habían andado mucho cuando de pronto, al adentrarse en un claro luminoso, vieron a un gran elefante tumbado sobre su costado apaciblemente. Mientras se acercaban el elefante se incorporó, pero enseguida perdió interés y se preparó para degustar su desayuno de frutas que ya había preparado.

Los seis sabios ciegos estaban llenos de alegría, y se felicitaban unos a otros por su suerte. Finalmente podrían resolver el dilema y decidir cuál era la verdadera forma del animal.

El primero de todos, el más decidido, se abalanzó sobre el elefante preso de una gran ilusión por tocarlo. Sin embargo, las prisas hicieron que su pie tropezara con una rama en el suelo y chocara de frente con el costado del animal.

–¡Oh, hermanos míos! –exclamó– yo os digo que el elefante es exactamente como una pared de barro secada al sol.

Llegó el turno del segundo de los ciegos, que avanzó con más precaución, con las manos extendidas ante él, para no asustarlo. En esta posición en seguida tocó dos objetos muy largos y puntiagudos, que se curvaban por encima de su cabeza. Eran los colmillos del elefante.

–¡Oh, hermanos míos! ¡Yo os digo que la forma de este animal es exactamente como la de una lanza… sin duda, ésta es!

El resto de los sabios no podían evitar burlarse en voz baja, ya que ninguno se acababa de creer lo que los otros decían. El tercer ciego empezó a acercarse al elefante por delante, para tocarlo cuidadosamente. El animal ya algo curioso, se giró hacía él y le envolvió la cintura con su trompa. El ciego agarró la trompa del animal y la resiguió de arriba a abajo notando su forma alargada y estrecha, y cómo se movía a voluntad.

–Escuchad queridos hermanos, este elefante es más bien como una larga serpiente.

Los demás sabios disentían en silencio, ya que en nada se parecía a la forma que ellos habían podido tocar. Era el turno del cuarto sabio, que se acercó por detrás y recibió un suave golpe con la cola del animal, que se movía para asustar a los insectos que le molestaban. El sabio prendió la cola y la resiguió de arriba abajo con las manos, notando cada una de las arrugas y los pelos que la cubrían. El sabio no tuvo dudas y exclamó:

–¡Ya lo tengo! –dijo el sabio lleno de alegría– Yo os diré cual es la verdadera forma del elefante. Sin duda es igual a una vieja cuerda.

El quinto de los sabios tomó el relevo y se acercó al elefante pendiente de oír cualquiera de sus movimientos. Al alzar su mano para buscarlo, sus dedos resiguieron la oreja del animal y dándose la vuelta, el quinto sabio gritó a los demás:

–Ninguno de vosotros ha acertado en su forma. El elefante es más bien como un gran abanico plano– y cedió su turno al último de los sabios para que lo comprobara por sí mismo.

El sexto sabio era el más viejo de todos, y cuando se encaminó hacia el animal, lo hizo con lentitud, apoyando el peso de su cuerpo sobre un viejo bastón de madera. De tan doblado que estaba por la edad, el sexto ciego pasó por debajo de la barriga del elefante y al buscarlo, agarró con fuerza su gruesa pata.

–¡Hermanos! Lo estoy tocando ahora mismo y os aseguro que el elefante tiene la misma forma que el tronco de una gran palmera.

Ahora todos habían experimentado por ellos mismos cuál era la forma verdadera del elefante, y creían que los demás estaban equivocados. Satisfecha así su curiosidad, volvieron a darse las manos y tomaron otra vez la senda que les conducía a su casa.

Otra vez sentados bajo la palmera que les ofrecía sombra y les refrescaba con sus frutos, retomaron la discusión sobre la verdadera forma del elefante, seguros de que lo que habían experimentado por ellos mismos era la verdadera forma del elefante.

Seguramente todos los sabios tenían parte de razón, ya que de algún modo todas las formas que habían experimentado eran ciertas, pero sin duda todos a su vez estaban equivocados respecto a la imagen real del elefante.

 

https://www.casaasia.es/actividad_infantil/detalle/17582-los-seis-ciegos-y-el-elefante

https://es.wikipedia.org/wiki/Los_ciegos_y_el_elefante

 

 

H. D. Thoreau: “Yo no he nacido para ser violentado”

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Así pues el Estado no se enfrenta nunca intencionalmente contra el sentido del hombre, intelectual y moral, sino contra su cuerpo, sus sentidos. No se arma de honestidad o de ingenio superior sino de mayor fuerza física. Pero yo no he nacido para ser violentado. Y respiraré a mi aire; veremos quién es el más fuerte.

 

Henry David Thoreau, Del deber de la desobediencia civil. Parsifal Ediciones, 1997. Trad. Carlos Sánchez-Rodrigo

 


 

Chantal Maillard: la perfección del desgaste

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     Tenemos por costumbre pensar que una tela desgastada es menos hermosa que una tela impecable recién tejida por manos hábiles. Tenemos por costumbre pensar que lo hermoso es lo perfecto, y lo perfecto, aquello por lo que no ha pasado el tiempo. «Deteriorado», decimos de aquello que ha sufrido el desgaste. Perfección conceptual: nada se altera en la idea.
Desgarrada, no obstante, la tela seguirá siendo perfectamente útil mientras siga cumpliendo su función que es la de cubrir, proteger.

*

    Roto y vuelto a pegar, mi azucarero es perfecto mientras pueda contener el azúcar. Pero, además, es perfecto porque es único. Y no porque me pertenezca, como la rosa del principito de Saint-Exupéry, sino porque ningún azucarero puede haber en el mundo con esas mismas cicatrices. Éste ha sufrido un deterioro que lo hace ser especial. Así de especial también es el cuerpo que ha sufrido una amputación. Vuelto a coser, mutilado, se torna peculiar. Perfección del estar-siendo de las cosas. Quien es capaz de percibirla moldea su espíritu de acuerdo a la condición cambiante de las cosas.

 

   Según los parámetros del wabi-sabi, la tetera rota y vuelta a pegar es perfecta porque cumple los principios de pobreza y sencillez.
Una nube que pasa es perfecta. Todo instante es perfecto.

[…]

     Necesidad de imperfección. Allí donde se quiebra el orden se abre una brecha. Todo lo desconocido asoma en la brecha. Imperfección: brecha sobre el afuera.

*

  Pensé en remendar el toldo de la terraza. No porque amenazara con seguir desgarrándose sino porque rompía la armonía, tanta es la inercia en considerar imperfecto aquello que abandona su estado primero. Pero ¿no era perfecta, acaso, esa desgarradura? Mientras el sol iba desapareciendo tras la neblina de las montañas, vi la luz filtrándose por ella. Y me encontré anciana, empeñada neciamente en remendar la vejez de las cosas en vez de atender a la luz a la que la vejez, y sólo ella, da paso.

 

Chantal Maillard, “La perfección” (frag.), in La mujer de pie, Galaxia Gutenberg, 2015

Imagen: Taller del maestro de Kintsugi Showzi Tsukamoto: “I want to introduce you to a Japanese art, rich in meaning and history. The art of imperfection.” (Showzi Tsukamoto)

 

 

Kintsukuroi: reparar las grietas con oro

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EL ARTE JAPONÉS DE RECOMPONER LO QUE SE HA ROTO O LA BELLEZA DE LAS CICATRICES VS. RESILIENCIA.

En Japón, cuando algo se resquebraja y uno lo recompone, pasa a tener el valor sagrado de sus grietas. Se trata de unir los pedazos y sellar las grietas con oro, diciendo a lo alto: “allí me rompí, esto soy”.

Kintsukuroi (reparación con oro) o Kintsugi (Kin: oro; Tsugi: conexión) es el término japonés que, desde el siglo XV, designa al arte tradicional de reparar las fracturas de un objeto de cerámica roto o agrietado con laca de oro o plata. Cuando una pieza de cerámica se rompe, en lugar de desecharla, los maestros Kintsukuroi reparan sus fracturas con un barniz de resina mezclado con polvo de oro o de plata, enalteciendo así la reconstrucción de la zona dañada. Ellos piensan que las roturas y reparaciones hacen parte de la historia de este objeto, y que el verdadero valor de un objeto radica en su historia. Por lo que esas roturas y sus posteriores reparaciones deben mostrarse y celebrarse en lugar de ocultarse, porque cuando algo ha sufrido un daño y se repara se vuelve por ello más hermoso y singular. Entre las manos del artesano japonés, la cerámica no sólo queda restaurada sino que sus fragilidades y sus grietas se han convertido ahora en la parte más resistente de la pieza.

Aquellas pequeñas vasijas japonesas que, orgullosas de su historia, muestran sus imperfecciones realzadas con el metal precioso de su reparación es una hermosa metáfora para expresar la belleza y la fortaleza que emergen del proceso de resiliencia: aquella capacidad de reparación y de recuperación que se activa, a través de la dedicación, del cuidado y la cura, después de una situación traumática o dolorosa…

—cada fractura, cada quiebro, cada herida, volviéndose cicatriz dorada, un valioso trazo zigzagueante, la irreprimible belleza de las cosas rotas y resquebrajadas…

 

Animaliz-arte: María Rosa Maldonado

 

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selección por mansedumbre

antes de que los perros existieran

en el interminable invierno
de la última era glacial

mientras el oso deambulaba de noche
a lo largo de los fiordos congelados de islandia
con los ojos perdidos
en las montañas lilas del cáucaso lunar
entre el mar imbrium y el mar serenitatis

y nosotros dormíamos de cara a las estrellas
junto a los caribús y los bisontes

un lobo
con un nivel más bajo de pavor en su cuerpo
dejó que su hambre lo acercara
hasta ese hueso
sostenido por la mano de un hombre

 

*

en cuanto a la cosa en si

en cuanto a la cosa en si
la hormiga la transporta
sin susto
asida con la boca

camina ligera   ligera   sobre la ciénaga del ser
entre la nada y otra vez la nada
a recoger muestras del dios
y hacer con ellas su comida

desconoce su propia oscuridad
pero habla en lenguas
de mayor antigüedad que el arameo

no necesita llegar a la luna:   forma parte de ella

su corazón —largo tubo dorsal por donde fluye la hemolinfa—
es más sabio que el tractatus de wittgenstein

 

María Rosa Maldonado, Acúfenos, editado en Zindo & Gafuri Ediciones, Buenos Aires, 2017

 

 

Una conversación entre Arundhati Roy y Chantal Maillard en el Museo Reina Sofía

El Museo Reina Sofía organiza un encuentro entre Arundhati Roy (Shillong, India, 1959), escritora y activista india reconocida tanto por sus libros de ficción como por sus escritos combativos sobre política, medio ambiente y derechos humanos, y Chantal Maillard (Bruselas, Bélgica, 1951), poeta y filósofa española nacida en Bélgica y especializada en filosofías y religiones de India.

4 octubre 2017 – 19:00 h / Edificio Nouvel, Auditorio 400

 

Delhi, India. 15th Dec 2013. Author and political activist Arundhati Roy at the event. Delhis LGBT community observed a 'Day of Rage' and came out in huge numbers to protest against the Supreme Courts December 11, 2013 ruling reinstating Section 377 of th

“Amar. Ser amado. No olvidar nunca la propia insignificancia. No acostumbrarse nunca a la violencia incalificable y a la vulgar incongruencia de la vida a tu alrededor. Buscar la alegría en los lugares más tristes. Perseguir a la belleza hasta su guarida. No simplificar nunca lo complicado ni complicar lo sencillo. Respetar la firmeza y la decisión, pero nunca la fuerza. Por encima de todo, observar. Probar y aprender de los errores. No mirar nunca hacia otro lado. Y nunca, nunca olvidar.“ (Arundhati Roy, El final de la imaginación)

 

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“Amar. Ser amado”… Así empieza. Qué poco se ha pensado amando. Qué poco se piensa amando. Apartándonos de los cuatro tópicos que la “historia de la filosofía” nos brinda, ¿a partir de cuándo o de qué se han desvinculado el amar y el pensar? ¿Acaso cuando se vinculó al pensar con el ser? ¿Qué clase de abstracción ésta del “ser”, que pudo sustentar la tesis de que “el ser es” sin creación, sin proceso, sin eros? ¿Y por qué perverso proceso lograría esta tesis convertirse en una verdad que nos avergonzaría poner en tela de juicio, nosotras, “filósofas”, que hemos luchado por situarnos en un mundo regentado por los hombres de la antigua jerarquía, y actuamos bajo sus estandartes, siguiendo sus parámetros, a conciencia o sin ella? […]

¿Podríamos llamar “amor” a esa fuerza que concibe en la materia y en el pensar sin hacer diferencia entre el mundo y aquello que, a modo de espejo, da razón de él?  Ni que decir tiene que el amor al que me estoy refiriendo poco tiene que ver con el sentimentalismo, ni siquiera con la sentimentalidad, sino con algo mucho más profundo: el rizoma que nos une a todos bajo la activación y el pensar de superficie. Cuando pensar y amar son una sola cosa, la comprensión es posible y el gobierno se torna innecesario. No se me oculta que, probablemente, sea ésta una propuesta demasiado imprudente y, por supuesto, utópica. Pero no por ello habré de acallarla. (Chantal Maillard, India)



“Cuando amar y pensar son dos cosas distintas”, in India, Chantal Maillard:

María Zambrano. La palabra danzante

 

Karlik danza teatro en su 25 aniversario (2016) desea rendir homenaje a María Zambrano, filósofa española, cuando se cumple también 25 años de su fallecimiento. Tras casi medio siglo de exilio España reconocerá la figura de María Zambrano otorgándole en 1981 el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y en 1988 será la primera mujer en recibir el Premio Miguel de Cervantes de Literatura.

Rendir homenaje a la figura de María Zambrano como mujer, pensadora, creadora a través de la palabra danzante, de la imagen, la metáfora y el símbolo desde el pensamiento poético, la emergencia del logos femenino, el desarrollo de lo humano esencial, la transculturalidad, la universalidad.

María Zambrano nos adentrará en el pensar desde las entrañas, desde la voluntad, desde el amor para comprender que sólo hombres nuevos podrán crear una nueva sociedad haciendo de la vida la verdadera obra de arte de todo ser humano destinada a cambiar la historia.

 

“Vivimos en estado de alerta, sintiéndonos parte de todo lo que acontece, aunque sea como minúsculos  actores en la trama de la historia y aun en la trama de la vida de todos los hombres. No es el destino, sino  simplemente comunidad –la convivencia– lo que sabemos nos envuelve: sabemos que convivimos con  todos los que aquí viven y aun con los que vivieron. El planeta entero es nuestra casa.”


María Zambrano. Persona y democracia, ed. Anthropos, 1988

 


Cuadro artístico:
– Intérpretes: Cristina Pérez Bermejo, Elena Sánchez Nevado
– Dirección y Dramaturgia: Cristina D. Silveira
– Coreografías: Cristina Pérez Bermejo, Elena Sánchez Nevado, Cristina D. Silveira
– Ayudante de dirección e investigación: Pedro Luis López Bellot
– Composición Musical Original: Álvaro Rodríguez Barroso
– Escenografía, Vestuario y Diseño gráfico: Susana de Uña
– Investigación y Realización Video /Fotografía: Yorgos Karailias
– Diseño de Iluminación y Dirección técnica: David Pérez Hernando
– Cantante: Anna Picornell Hernández
– Voces off: María Zambrano, Elena Sánchez Nevado, Pedro Luis López Bellot
– Realización de escenografía: Antonio Ollero, La Nave del Duende
– Realización de vestuario: Luisa Penco, Lali Moreno
– Técnico de Iluminación: Alfonso Rubio
– Edición y Animación vídeo: Mara Núñez Berrocoso
– Ayudante de producción: María López Martín
– Producción: David Pérez Hernando

http://www.karlikdanza.com