
Chavela (2017), documental dirigit per Catherine Gund i Daresha Kyi
http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/chavela/4067544/

Chavela (2017), documental dirigit per Catherine Gund i Daresha Kyi
http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/chavela/4067544/

“La conciencia colectiva de nuestras sociedades y su universo simbólico van siempre acompañados de unas determinadas categorías de la sensibilidad que varían de una época a otra y de las que derivan otras tantas maneras de entender el mundo. Si he aceptado el reto de una reedición de este libro después de veinte años es porque sigue pareciéndome importante que podamos percatarnos de estas variaciones –que son, por otra parte, indisociables de las fluctuaciones sociales– y de cómo estas van surgiendo al par que los valores que adoptamos. Una educación de la sensibilidad es, ahora más que nunca indispensable. La política no la hacen los partidos ni las agrupaciones, sino los individuos. Y si quienes gobiernan –formen éstos parte del demos o de aquellos que detentan el poder económico o el poder a secas– no han aprendido a conocerse, mal podrán gobernar. Para gobernar es preciso saber qué somos o qué estamos siendo más allá de nuestro personaje. Toda moral bien construida requiere de un fundamento extra-moral y este tiene que ver con el conocimiento de uno mismo, algo que tan sólo puede iniciarse con la observación de la propia mente. La razón estética es sin duda una propuesta para tiempos difíciles. Que sea viable o no dependerá del interés que pongamos en que esta educación se lleve a cabo.”
Chantal Maillard. La razón estética. Nueva edición, revisada y ampliada con un nuevo apéndice por la autora. Galaxia Gutenberg, septiembre 2017. (Primera edición 1998)
La imagen de la portada es de Lucian Freud, Bat, 1961 (?). Watercolour. 331 x 241 mm.

Rimbaud predecía que la devolución de la mujer a sí misma estaría en el origen de una mutación de mentalidad. Expulsar a una mujer a su soledad es forzarla a volver a parirse para escapar del suicidio o de la locura. Hacer del expulsor el objeto de otra expulsión fue la respuesta feminista radical a la misoginia fundadora de la filosofía occidental. Pero entre estas dos morales simétricas, ambas determinadas por el principio de exclusión, está la vía poética. Una mujer no puede emprenderla con posibilidad de éxito si no la mueve el amor incondicional al amor. La primera operación mental que exige esta búsqueda es la alianza con el hombre-hermano, que implica la ruptura con el “hombre de piedra”. Ello supone sacar a la luz a la hermana mientras que la madre y la hija -sus acompañantes- quedan en la sombra. La hermana conduciría la barca que debe pasar por el estrecho entre un patriarcado intelectual autoritario y un matriarcado afectivo no menos abusivo. En el ensanchamiento del paso, el horizonte de la fraternidad.
Cuando el Sujeto femenino se despierta, su falta de historia escrita se encuentra confrontada a la omnipotencia del Libro del Padre, al patrimonio colosal del credo y del cogito que lo enfeudaron. El hilo de su pensamiento nace de una lectura a contratiempo, de una deshiladura del texto patriarcal que sólo él puede hacer creativamente.
A través de la escritura de las mujeres es como la hermenéutica poética entrará en la mentalidad contemporánea. Como un aflujo de sangre nueva.
Lo femenino no piensa, ésa no es su función, no han dejado de afirmar los amos-pensadores desde la fundación de la Historia. Lo femenino obtiene su ser, si ser tiene, del ser masculino, como la luna obtiene su luz del sol. De suceder que una mujer piense es contra su “naturaleza”, es que la virilidad en ella ha superado a su feminidad. Al ser la virilidad de la mujer despreciable respecto a la de un hombre, su pensamiento será irremediablemente imitativo, es decir, menor. Este juicio de los amos, con fuerza de ley, expulsó a las mujeres a la esfera privada, sin otro acceso a la ciudadanía que por procuración, en tanto hija, esposa o madre de un hombre. Excluidas de los asuntos públicos al mismo título que los niños, los esclavos y los poetas.
La sociedad está mortalmente enferma de la misoginia en que se inspira su ley. El proceso a la Historia no puede abrirse benéficamente más que allí donde el mal está cercado, localizado. En la memoria de las mujeres -precisamente en la bisagra entre la prehistoria y la Historia- es donde el absceso maduró y donde se hace curable.
El núcleo duro de la misoginia no se forma en la mentalidad masculina. El lugar de su más profunda fijación es el inconsciente profundo de las mujeres. Mientras no tengan acceso a él, ninguna mutación benéfica de la relación humana podrá producirse. El obstáculo contra el que no deja de quebrarse su voluntad de estar en el mundo tal y como ellas son en potencia, de vivir por ellas mismas y para ellas mismas, es el muro de la auto-censura. Sólo un trabajo de indagación de lo inmemorial puede liberar la auténtica palabra política de las mujeres, si es concienzudamente llevado a término: la anamnesia de la mutilación mental que origina su silencio.
Claire Lejeune. El libro de la hermana. Trad. Flor Herrero Alarcón. Ed. Pre-Textos, 2002.
CLAIRE LEJEUNE nació en 1926 en Havré-lez-Mons, Bélgica. Autodidacta, fundadora de los “Cahiers Internationales de symbolisme” (1962) y de “Réseaux”, revista de filosofía moral y política, secretaria permanente del Centro interdisciplinar de estudios filosóficos de la Universidad de Mons (Ciéphum), fundado en 1971, ha publicado una quincena de libros de poesía y ensayo poético, dos obras de teatro y numerosos artículos en revistas especializadas belgas e internacionales.
En 1984 obtuvo el premio Canadá-Comunidad francesa de Bélgica de literatura por el conjunto de su obra. Publicó Le livre de la sœur en 1992, seguido en 1998 de Le livre de la mère. Desde el año 2000, fue miembro de la Real Academia de la lengua y la literatura francesa de Bélgica, hasta su muerte acaecida en Mons el 6 de septiembre 2008.
“Sobre las ruinas de la “casa del padre”, se ha construido la “casa de la hermana” donde la salvaje y la civilizada, unidas, convivirán en adelante. En esta nueva estancia mental es donde Claire Lejeune “salda sus últimas cuentas con la historia”, donde la arcaica y la moderna se inventan una lengua mestiza que orientará a la ciudadanía poética por venir. Mientras el cadáver de Lilith yazca sin sepultura en la memoria de las mujeres, la gran salud de la relación no podrá llegar a la humanidad. “El libro de la hermana” es un acto de piedad sororal, el “réquiem por la hija del diablo” sin el cual ningún proyecto de fraternidad planetaria puede nacer del desastre de la sociedad patriarcal.” [Editorial Pre-Textos]
Oigo un sonido rítmico, como de agujas o de patitas de animales sobre el tejado. Sé que son gotas de agua. Lo sé porque el sonido acompañó muchas veces el agua que he visto caer desde el cielo. Llamamos a eso lluvia y decimos oír la lluvia. La lluvia no se oye. No se oyen los conceptos. Si pudiera simplemente oír el sonido, sin memoria, sin imagen, sin retroceso, si pudiese oír de verdad no lo que oigo sino el sonido mismo, habría penetrado en el misterio: el de ese presente sin tiempo que se abre cuando la mente no arroja las impresiones. Escucha, no pienses, no oigas, tan sólo escucha.
Filosofía en los días críticos: 162, frag. 248. Editorial Pre-Textos, 2001
¿Qué es un sonido? Conocer un sonido… No se conoce un sonido tan sólo oyéndolo. Conocer un sonido es experimentarlo más allá de la materia expresada en la sonoridad, es ver lo que construye, experimentar en el cuerpo el impacto de la forma sonora.
***
Dhrupad: Jugar con el sonido como con un material maleable. Buscarlo, convocarlo y, una vez hallado, seguirlo, dejar que juegue con nosotros.
Diarios indios: 106. Editorial Pre-Textos, 2005 (Reeditado en India, Pre-Textos, 2014)
Nota: “Dhrupad” es una de las formas fundamentales de la música clásica que encontramos en todo el subcontinente indio. La palabra viene de Dhruva que, en sánscrito, significa inmóvil y permanente. Sus notas puras tienen cualidades meditativas. Como toda la música india, Dhrupad es modal y monofónico, con una sola línea melódica y sin progresión de acordes. Cada raga tiene un marco modal en el que es habitual una abundancia de ornamentaciones microtonales.
Una muestra con uno de los mejores grupos en la actualidad, los Gundecha Brothers:

¿Dónde está ella?
Actividad/pasividad,
Sol/Luna,
Cultura/Naturaleza,
Día/Noche
Padre/madre,
Razón/sentimiento,
Inteligible/sensible,
Logos/Pathos.
Forma, convexa, paso, avance, semilla, progreso.
Materia, cóncava, suelo (en el que se apoya al andar), receptáculo.
Hombre
————
Mujer
Siempre la misma metáfora: la seguimos, nos transporta, bajo todas sus formas, por todas partes donde se organiza un discurso. El mismo hilo, o trenza doble, nos conduce, si leemos o hablamos, a través de la literatura, de la filosofía, de la crítica, de siglos de representación, de reflexión.
El pensamiento siempre ha funcionado por oposición,
Palabra/Escritura
Alto/Bajo
Por oposiciones duales, jerarquizadas. Superior/Inferior. Mitos, leyendas, libros. Sistemas filosóficos. En todo (donde) interviene una ordenación, una ley organiza lo pensable por oposiciones (duales, irreconciliables o reconstruibles, dialécticas). Y todas las parejas de oposiciones son parejas. ¿Significa eso algo? El hecho de que el logocentrismo someta al pensamiento (todos los conceptos, los códigos, los valores, a un sistema de dos términos, ¿está en relación con (la) pareja, hombre/mujer?
Naturaleza/Historia,
Naturaleza/Arte,
Naturaleza/Espíritu,
Pasión/Acción.
Teoría de la cultura, teoría de la sociedad, el conjunto de sistemas simbólicos –arte, religión, familia, lenguaje–, todo se elabora recurriendo a los mismos esquemas. Y el movimiento por el que cada oposición se constituye para dar sentido es el movimiento por el que la pareja se destruye. Campo de batalla general. Cada vez se libra una guerra. La muerte siempre trabaja.
Padre/hijos Relaciones de autoridad, de privilegio, de fuerza.
Logos/escritura Relaciones: oposición, conflicto, relevo, retorno.
Amo/esclavo Violencia. Represión.
Y nos damos cuenta de que la “victoria” siempre vuelve al mismo punto: Se jerarquiza. La jerarquización somete toda la organización conceptual al hombre Privilegio masculino, que se distingue en la oposición que sostiene, entre la actividad y la pasividad. Tradicionalmente, se habla de la cuestión de la diferencia sexual acoplándola a la oposición: actividad/pasividad.
¡Eso es una mina! Si revisamos la historia de la filosofía –en tanto que el discurso filosófico orden y reproduce todo el pensamiento– se advierte que: está marcada por una constante absoluta, ordenadora de valores, que es precisamente la oposición actividad/pasividad.
Que en la filosofía, la mujer está siempre del lado de la pasividad. […]
Ella no existe, ella no puede ser; pero es necesario que exista. De la mujer, de la que él ya no depende, sólo conserva este espacio, siempre virgen, materia sumisa al deseo que él quiera dictar.
Y si interrogamos a la historia literaria, el resultado es el mismo. Todo se refiere al hombre, a su tormento, su deseo de ser (en) el origen. Al padre. Hay un vínculo intrínseco entre lo filosófico –y lo literario: (en la medida en que significa, la literatura está regida por lo filosófico) y el falocentrismo. Lo filosófico se construye a partir del sometimiento de la mujer. Subordinación de lo femenino al orden masculino que aparece como la condición del funcionamiento de la máquina.
La puesta en duda de esta solidaridad entre el logocentrismo y el falocentrismo se ha convertido, hoy en día, en algo urgente –la puesta al día de la suerte reservada a la mujer, de su entierro– para amenazar la estabilidad del edificio masculino que se hacía pasar por eterno-natural; haciendo surgir, en lo que se refiere a la feminidad, reflexiones, hipótesis necesariamente ruinosas para el bastión que aún detenta la autoridad. ¿Qué sería del logocentrismo, de los grandes sistemas filosóficos, del orden del mundo en general, si la piedra sobre la que han fundado su iglesia se hiciera añicos?
¿Si un día se supiera que el proyecto logocéntrico siempre había sido, inconfesablemente, el de fundar el falocentrismo, el de asegurar al orden masculino una razón igual a la historia de sí misma?
Entonces, todas las historias se contarían de otro modo, el futuro sería impredecible, las fuerzas históricas cambiarían, cambiarán, de manos, de cuerpos, otro pensamiento aún no pensable, transformará el funcionamiento de toda sociedad. De hecho vivimos precisamente esta época en que la base conceptual de una cultura milenaria esta siendo minada por millones de topos de una especie nunca conocida.
Cuando ellas despierten de entre los muertos, de entre las palabras, de entre las leyes.
Érase una vez…
De la historia que sigue aún no puede decirse: “sólo es una historia”. Este cuento sigue siendo real hoy en día. La mayoría de las mujeres que han despertado recuerda haber dormido, haber sido dormidas.
[…]
Helène Cixous, La joven nacida, in La risa de la medusa. Ensayos sobre la escritura. Prólogo y traducción de Ana María Moix. Ed. Anthropos, 1995, reimpresión 2001. (La fecha de publicación original en Paris de este texto de Cixous es 1975.)
Imágenes: Louise Bourgeois, “10 a.m Is When You Come To Me” (détail), 2007



“Dibujar un laberinto con sal es como seguir el rastro de una memoria. Las memorias parecen cambiar y dispersarse con el tiempo. De cualquier modo, lo que busco es la forma de tocar un momento precioso dentro de mis memorias, algo que no puede conseguirse mediante textos o imágenes. Siempre sigo silenciosamente el rastro, que es tanto controlado como descontrolado a partir del punto de inicio, tras haberlo completado.”
Canción dedicada a las participantes del taller La Ascesis creadora
Sota mono tratao no trateja mon
Uto traja satija totaja tom
Ima toja satao no trateja mon
Uto traja satija tom satija tom
Sadom sadom
Sadom sadom
Una torti sadom
Una parki sadom
Suta mono tratao na trateja ton
Uto traja satija totaja ton
Ima toja satao uno trateja ton
Uto traja satija tom satija tom
Sadom sadom
Sadom sadom
Una torti sadom
Una parki sadom
Suta mono tratao na trateja ton
Uto traja satija totaja ton
Ima toja satao no trateja ton
Uto traja satija tom satija tom
Sadom sadom
Sadom sadom
Una torti sadom
Una parki sadom
Emmeleia es una palabra griega ἐμμέλεια que significa “armonía” o “gracia”. Era el nombre de la danza ceremonial y solemne de la tragedia en el teatro de la antigua Grecia. La letra de la canción deriva de la habitual glossolalia de Lisa Gerrard, pero aquí, para cantarla con Brendan Perry, escribió una versión fonética mucho más estructurada. Os he añadido la transcripción escrita pero en ella no se puede reconocer ningún idioma.
La canción Emmeleia pertenece al álbum de Dead Can Dance, Into the Labyrinth.
Fabienne Verdier, Bruits blancs, 2016. Acrylic and mixed media on canvas, 180×272cm
El canto de las cigarras.
El sonido de las agujas de un reloj.
El sonido del péndulo de un reloj.
La lluvia cayendo sobre un tejado de zinc.
El viento silvando por las rendijas de una puerta.
El goteo de un grifo.
El agua de una fuente.
Las olas del mar en calma.
Desgranar cuentas de cristal.
Repetir frases o palabras sin sentido.
Repasar la tabla de multiplicar.
Imaginar formas geométricas.
Recordar una canción infantil.
Cantar una nana.
Aprender un texto de memoria.
Pulsar las teclas de una máquina de escribir.
El canto de las cigarras.
El canto de las cigarras.
El sonido de la lanzadera bajo la urdimbre.
El sonido de un tambor africano.
El sonido del pedal de una máquina de coser.
*****
Regular, continuo, como el de una piedra que en eterno vaivén rebotase en las paredes de un abismo. Abrió los ojos. Salvo la rendija de la puerta entornada, la habitación estaba a oscuras. Imposible averiguar de dónde provenía. Estaba por todas partes o en ninguna, e iba en ceceando. Gritó. La rendija iluminada se ensanchó: No pasa nada, estabas soñando, dijo la abuela. La luz que enmarcaba su silueta daba brillo a su cabello tempranamente encanecido. Entornó la puerta: la luz retornó a su tamaño habitual. Se arrebujó bajo las mantas y cerró los ojos pero, al poco, el ruido volvió a producirse, y cuando más aterrorizada la tenía, más intenso. La madre acudió. Se sentó en la cama. Escuchó el silencio. Luego, procurando tranquilizarla, preguntó dulcemente por la naturaleza de aquel sonido.
*
El sonido de la aguja atravesando el cuero a cortos intervalos.
El sonido del dedal empujando la aguja.
El sonido de la hoja de afeitar desgarrando la piel siguiendo la linea de la tiza.
El sonido de la máquina de coser.
El sonido del corazón en la oscuridad.
Chantal Maillard, La mujer de pie: 118-119. Galaxia Gutenberg, 2015
JACINTA CREMADES | 06/07/2017
Nancy Huston
Nancy Huston, mujer del recientemente fallecido Tzvetan Todorov entre 1981 y 2014, es una de las grandes figuras del panorama intelectual francés. Aquél en el que se introdujo gracias a su sensibilidad e inteligencia, cuando llegó allá por los años 70 y con apenas 20 años. Huston fue alumna de Roland Barthes, participó en movimientos a favor de la Liberación de las mujeres y empezó una carrera de ensayista que luego derivó hacia la creación. Desde siempre, la música acompaña a esta mujer de gesto desgarbado y figura elegante. Es la autora de más de una decena de novelas entre las que se encuentran Les Variations Goldberg (1981), Lignes de faille (2006) o Bad Girl (2015), obras de teatro y ensayos como Marcas de nacimiento (1998) o Reflejos en el ojo de un hombre (2012).
Estos días la editorial Galaxia Gutemberg publica La especie fabuladora, uno de sus textos más emblemáticos y cuya tesis destaca la importancia de la ficción en la vida del ser humano. Publicado inicialmente en Francia en 2008 le preguntamos a la autora ¿por qué ese texto y no otro?
Respuesta.- Se trata de los misterios del recorrido de los libros. Es un libro que ya ha sido traducido a dos o tres idiomas y me siento muy feliz con esta publicación, aunque es cierto que mi pensamiento ha evolucionado desde entonces. Estoy trabajando en estos momentos en un libro que trata de la suspensión de la empatía y me doy cuenta de que hay que tener un cierto nivel de vida para alcanzar la empatía novelesca que alabo justamente al final de La especie fabuladora. Si hoy tuviera que reescribir el ensayo, no formularía esos pasajes de la misma manera.
P.- ¿Qué efecto le produce el ver reaparecer este libro?
R.- Es uno de mis ensayos preferidos. Me cambió tanto. Estaba apasionada mientras lo escribía. Confieso estar encantada cada vez que me anuncian una nueva traducción.
P.- En La especie fabuladora, nombre que no solamente da al ensayo sino también a la especie del ser humano, parte de la problemática de que el hombre es lo que es gracias a la ficción, su manera de ver el mundo se crea a través de las historias. ¿En eso, somos una especie única?
R.- Sí, el libro desarrolla exactamente esta misma idea. Pertenecemos a la única especie que ha elaborado una segunda realidad con el fin de sobrevivir. Pienso que son las ficciones las que agrupan a los hombres, que esta cooperación y colaboración de los seres humanos fue fundamental e indispensable para la supervivencia de nuestra especie. Es lo que llamo el Arque-Texto: esta manera de enfrentar el “nosotros y los otros”, los otros representan el mal y nosotros el bien. Es fascinante que los seres humanos siempre hayan hecho lo mismo, pero también que siempre hayan vivido con sus mentes imaginarias, engendrado un segundo nivel de realidad, hilado los acontecimientos en historias, visto causalidades en todas partes, incluso allí dónde no había ninguna. Cuando truena el cielo, los animales no piensan nada. No se preguntan quién lo ha hecho, por qué lo ha hecho, qué hemos hecho para merecer esto; mientras que el ser humano sí.
Después, cuando al final de algunos cientos de miles de años las condiciones económicas permitieron la eclosión de la ciencia, descubrimos que había causas en vez de razones. Cuanto más ha ocupado la ciencia el espacio de la religión y la mitología como explicación de la realidad, tanto más el espacio imaginario ha sido liberado para el nacimiento de la novela. En las sociedades modernas, individualistas, en las que la gente ya no cree tanto ni en la magia ni en el mundo divino que nos rodea, hemos sentido la necesidad de crear otras maneras de ficción, no solamente a través de la novela, sino también en el teatro, el cine…
P.- Y esas historias que la humanidad se cuenta desde tiempos inmemorables, ¿se repiten de alguna manera a través del tiempo y del espacio?
R.- Pues la verdad es que podemos suponer que hay un aspecto darwiniano en el hecho de que, en todo el mundo, los niños adoren las historias de guerra y las niñas las historias de amor.
P.- La especie fabuladora empieza por un capítulo en el que está usted rodeada de mujeres en la cárcel que le hacen preguntas sobre el porqué de la literatura. ¿El libro es una respuesta a estas mujeres?
R.- Absolutamente, es el verdadero origen del libro y no solamente una astucia para contar una historia al principio del ensayo. En este preciso momento, algo milagroso ocurrió. De repente, entre una de las preguntas de estas mujeres y el comienzo de mi respuesta, tuve en un instante la revelación del libro. En efecto, una de las presas me preguntó: “¿por qué inventar historias cuando la realidad es tan increíble?” y me di cuenta de que los crímenes pasionales o políticos por los cuales estas mujeres estaban en la cárcel también tenían sus raíces en la ficción. Ficción no quiere decir mentira, sino un relato que permite dar un sentido gratificante o satisfactorio a un acontecimiento.
Para los seres humanos, es imposible vivir fuera de la ficción. Porque tenemos conciencia del tiempo contrariamente a los demás animales, construimos relatos que nos permiten existir y avanzar. El hecho de saber que nuestro tiempo es limitado marca toda la diferencia. Nuestra vida se constituye, de cierta manera, en un “story line”.
P.- Leo en su ensayo “Los seres humanos son magos que se ignoran” y me parece una frase emocionante. ¿Podría hablarnos un poco más sobre ella?
R.- Es un hecho que existe desde la infancia. Los niños juegan a pretender ser otra cosa u otra persona. Jamás un animal se divertiría intentando ser otro animal. Los niños no saben que son magos. Juegan de forma espontánea e ignoran el sentido del juego. Cuando hablamos de la historia de Francia, por ejemplo, o del cristianismo, o del socialismo, de lo que sea, un elemento novelesco muy fuerte se pone en marcha.
P.- En su ensayo habla de la necesidad del otro, me refiero al proceso de transmisión del lenguaje, del aprendizaje, más que a la idea de convivencia.
R.- En soledad, un ser humano no puede convertirse plenamente en ser humano, ya que pensamos con las palabras y las palabras nos vienen de los demás. Sin palabras, es imposible acceder al pensamiento. Nuestro ser se nutre de miles de años de evolución de nuestro idioma (o de nuestros idiomas si hablamos varios); es ya una gran presencia del otro en nosotros mismos, a pesar de que prefiramos olvidarnos de ello. Cuando los nihilistas (que llamo profesores de la desesperanza) dicen “paso de los demás, no necesito a los otros”, no están siendo solamente arrogantes, sino además falsos.
P.- Algunas de sus novelas, de sus ensayos autobiográficos, tratan del tema de la identidad: ¿tiene usted la impresión que tras haber vivido en diferentes países, inmersa en diferentes culturas, tiene usted diferentes identidades?
R.- Tengo sobre todo la impresión de que los exilados, los expatriados, son más conscientes de ello que los demás. Si vivimos en una sociedad tradicional en la que los roles están distribuidos de antemano, en la que cada uno hace lo que han hecho sus parientes del mismo sexo, si nunca viajamos, no cambiamos jamás de lengua, de religión, etc., no se puede uno dar cuenta de esas potencialidades. De hecho diría que tampoco se pueden escribir novelas. Es imposible imaginarse una novela creada en una sociedad de gente absolutamente pegada a una identidad tradicional.
En realidad, la novela depende estrechamente del colonialismo. Nace en los países que poseían colonias, como Inglaterra, Rusia, Francia o España. Por un lado, porque estas colonias traían riquezas y nos dejaban tiempo para educarnos, el ocio y reflexionar sobre estas maravillosas máquinas que son las novelas… y, por otro lado, porque gracias al colonialismo pudimos comprender el carácter relativo de la identidad. Por mi parte, mis identidades están bastante próximas unas de otras. Es cierto que el hecho de haber nacido al oeste de Canadá, haber vivido en Estados Unidos, luego en Francia, pero también en el campo de Francia, en el Berry (en esa época bastante “retrasado” y supersticioso), últimamente en Suiza (también en el campo en donde la gente continúa creyendo en la brujería) ¡ha enriquecido mucho mi mirada sobre el mundo! Sin embargo, mirar a Canadá con los ojos de Nueva York o a la inversa… también me convierte en alguien frágil.
P.- ¿Define usted esta mirada como multicultural?
R.- No todos los novelistas escriben bajo estas energías. Pero si pensamos en las grandes escritoras de estos últimos años, Chimamanda Ngozi Adichie, Taiye Selasi, Arundhati Roy, Zadie Smith… tienen a menudo un pie en el mundo occidental y un pie en otro lugar. Los novelistas franceses en cambio tienden a ser tremendamente egocéntricos y me fatiga en ellos tanta belleza de estilo sin historia.
P.- En su novela autobiográfica Bad Girl (2015), habla usted de sus padres. La voz de la narradora se dirige a su ser previamente al nacimiento. Se pregunta sobre lo que fue y en cómo se convirtió en escritora. ¿Cuándo empieza a fraguarse la identidad?
R.- En la novela no me desdoblo, sino que le doy a la pequeña Dorit otro nombre que el mío, sin esconder que hablo de mí misma. Creo que es importante darle otro nombre, ya que se trata de una ficción. He cambiado tanto desde mi infancia que utilizar el “yo” hubiera podido inducir a error. En Bad Girl hablo de la construcción de la identidad pero tomando al lector como testigo para que entienda lo que ocurre. Me convierto en lectora de mi propia vida, con mis datos genéticos, una especie de locura que me vino de mi abuela alemana, el don musical de mi madre que fue una magnífica pianista, y las historias, aquellas que me contaron y aquellas que no me contaron y que tuve que descubrir por mí misma. Estamos moldeados y fascinados por todo ello. Somos el producto, no solamente del cuerpo de nuestros padres sino de las historias que arrastran, tanto personales como políticas.
P.- ¿La fascinación que dice sentir por la historia, es por la historia de su familia o por la historia en general, aquella que se convertirá en literatura?
R.- Siento un placer físico cuando entro en una historia. Reconocer, desde el segundo capítulo a los personajes. Tener una imagen de quienes son. Para mí, como explico en La especie fabuladora, es la prueba de que estamos programados para ser criaturas de ficción, porque somos personajes los unos para los otros. ¡Por eso la novela funciona tan bien!

Raksha, la madre loba adoptiva de Mowgli. La loba le puso ese nombre, “Mowgli”, que significa “la rana”, dado que el cachorro humano no tenía pelo.

Mowgli y el risueño oso Baloo

Mowgli con la protectora pantera Bagheera

Mowgli con el temible tigre Shere Kahn
El libro de la Selva de Rudyard Kipling, recreado por las preciosas ilustraciones de Gabriel Pacheco en la editorial Sexto Piso, 2013
https://es.wikipedia.org/wiki/El_libro_de_la_selva