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En busca del sueño perdido

¿Por qué soñamos? ¿Para qué? El neurobiólogo brasileño Sidarta Ribeiro se enfrenta a estas preguntas en ‘El oráculo de la noche’, un ensayo que resume los avances de una nueva disciplina: la ciencia onírica. Su libro forma parte de una creciente atención editorial al mundo del descanso nocturno en estos tiempos en que la pandemia ha acentuado el insomnio y la distracción tecnológica

JUAN ARNAU | 30 ENE 2021

'Autorretrato en el agua' (1991), de Robert Stivers.
‘Autorretrato en el agua’ (1991), de Robert Stivers.

Los sueños son como las estrellas, cuando los observamos, vemos un mundo antiguo. Además, son tan delicados que parecen no soportar nuestra mirada y el observador enseguida se transforma en observado. Pero ¿qué es un sueño?, ¿por qué soñamos?, ¿para qué soñamos? Las preguntas se multiplican. ¿Cómo extraer el sentido simbólico de los sueños? Y, más difícil todavía, ¿dónde hemos de buscar ese sentido?, ¿en la vigilia o en el propio sueño?

Para la filosofía de las upanisad, la vida es un viaje a través de diversos estados de conciencia. El sueño, la vigilia y el sueño profundo. El primero nos inspira, en el segundo situamos el significado, el tercero nos borra y borra las cosas. Cada uno tiene sus reglas, y sus cuitas. Hay un cuarto estado, es el modo en el que la mente india concibe la realidad. Se llama moksa: liberación. Para la mentalidad actual la situación es bien distinta. Esa diferencia se expresa en las lenguas modernas, que oponen el sueño a la realidad. “¡Esto no es un sueño, es real!”, decimos cuando algo nos sorprende (una pandemia, una escena surrealista, una goleada). Pero los sueños pueden ser más reales que la realidad misma. Lo vemos en las enfermedades mentales, que comparten con los sueños las alucinaciones, los delirios y cierta “flexibilización de la lógica” (o de la identidad). Desde un punto de vista cualitativo, las alucinaciones que provocan la ayahuasca, la esquizofrenia o los sueños difieren poco. Las dos primeras tienen un mayor grado de intensidad y viveza, son mejores narraciones (y más dolorosas) que la última, si se trata del sueño anodino del burgués.

Los científicos nacidos en culturas con un pasado indígena todavía vivo tienen una actitud más abierta hacia innovaciones retroprogresivas que los del mundo anglosajón (educados en el voluntarismo, el puritanismo, y devotos de un determinismo que deja poco espacio a la inspiración). El neurocientífico brasileño Sidarta Ribeiro es un buen ejemplo de esa mentalidad científica abierta y desprejuiciada. En su libro El oráculo de la noche conviven las narrativas oníricas y esa otra narración que llamamos neurociencia. Un tema fascinante y evanescente que rastrea los avances de una nueva disciplina: la ciencia onírica.

Para la Inquisición, la revelación onírica era blasfema. El racionalismo la deslegitimó como fuente de conocimiento

En el siglo XVI, la cristiandad consideraba la revelación onírica como fuente de blasfemia y la Inquisición se ocupó de aplacarla. La decadencia del sueño como fuente legítima de conocimiento fue ratificada por el racionalismo. Karl Popper sostenía que era imposible una ciencia del sueño porque el sueño era irrefutable, y para que algo sea científico tiene que ser refutable. Un buen ejemplo de esa actitud retrógrada lo tenemos en científicos influyentes como Daniel Den­nett, que se niega a aceptar la existencia de los sueños. Dennett considera que el sueño es un fenómeno de la vigilia, una rápida reelaboración realizada por el cerebro despierto. Pero las evidencias científicas en la última década han puesto en jaque esa opinión.

El arte de la noche puede penetrar en el arte del día. Los sueños son capaces de combinar con éxito ideas científicas. “El yo subliminal sabe discernir y adivinar, tiene tacto y delicadeza y triunfa donde el yo consciente ha fracasado”. Matemáticos como Poincaré (al que pertenece la cita) o Ramanujan (que recibía en sueños fórmulas matemáticas de la diosa Laksmi), químicos como Mendeleev, naturalistas como Wallace o filósofos como Descartes lo experimentaron. Pero al margen de estas excepciones, el sueño pasó a considerarse un pálido reflejo de lo que ocurre en la vigilia. Freud trató de rehabilitar los sueños como “vía regia” para explorar las profundidades de la mente, pero fue vilipendiado por la autoridad científica. La idea de que los síntomas corporales podían proceder de meros pensamientos (y no de lesiones cerebrales) no era aceptable para los neurólogos, y mucho menos la idea de que los pensamientos pueden cambiar el cerebro.

Miedo a la mente

Según la mayoría de los indicios, la esquizofrenia tiene un origen genético. Es decir, se encuentra asociada a experiencias pasadas que dejaron su rastro en la mente. Recuerdos que debían ser bloqueados vuelven cuando no tendrían que hacerlo, lo que aterroriza al paciente, que revive espectros del pasado. La psiquiatría moderna se ha centrado en bloquear esos recuerdos con inhibidores de dopamina y serotonina. Para el mundo antiguo estos delirios eran signos sagrados, presagios o guías, experiencias de contacto con el mundo sutil que hay tras los bastidores de la existencia. La civilización científica fue reduciendo esos diálogos a narraciones más elementales, con el propósito de intervenir en ellas desde fuera, con el objeto de cortar la conversación. Nadie lo ha expresado mejor que Foucault: “El conocimiento no está hecho para comprender, está hecho para zanjar”. Los locos o las personas psicóticas, que antes ardían en las hogueras, hoy se encierran o se atiborran de inhibidores de dopamina. Un signo inequívoco del miedo a la propia mente. El trabajo que antes hacía la Inquisición ahora lo hace el Estado, que asume la tarea de vigilar y castigar a esas personas en instituciones pagadas por los ciudadanos de orden.

A diferencia de la neurología, la psiquiatría trata con trastornos mucho más sutiles que no se revelan al examen neurológico. La investigación moderna ha detectado dos grandes tendencias en los delirios, la psicótica y la neurótica. En ambos casos está en juego la consideración de la identidad personal. El neurótico tiende a sublimar el yo; el psicótico, a diluirlo. Salvación del yo o liberación del yo, un viejo dilema que ya planteó el budismo. Nuestro mundo es esencialmente neurótico, y el antiguo e indígena, psicótico, aunque no faltan interferencias cruzadas entre ambos. En la medicina india tradicional, al esquizofrénico no se le saca de su estado por debajo (con depresores) sino por arriba, alentando su euforia. Los psicóticos han levantado el velo, mientras que los neuróticos viven enterrados en un montón de mantas. Ambos extremos claman por un equilibrio. Los primeros viven en un sueño intenso; los segundos, en uno anodino.

El sueño, que consolida los recuerdos, podría ser un episodio de psicosis indispensable para la salud mental

La tesis de Ribeiro es que el sueño podría ser un episodio de psicosis indispensable para la salud mental. Los estudios de neuroimagen muestran una notable similitud entre el sueño REM y la psicosis. Las fantasías oníricas podrían tener relación con los delirios esquizofrénicos y eso suponía un gran potencial terapéutico: la “vía regia” de Freud para acceder a las profundidades de la mente. Pero cuando se descubren los antipsicóticos, fármacos capaces de bloquear la dopamina del cerebro (muy útil para los familiares de los enfermos), pierde interés esa línea de investigación. Como en el caso de la ficción y la realidad, los dominios de la vigilia y el sueño no parecen completamente separados. Hay estudios que sugieren que la psicosis puede ser resultado de la intrusión del sueño en la vigilia. Lo interesante es que esas incursiones ocurren generalmente en el campo del lenguaje: “La mayoría de los síntomas psicóticos son auditivos, voces sarcásticas, acusadoras o imperativas, a veces incesantes, que suenan dentro de la cabeza”. Parece como si un antiguo yo esgrimiera reproches y reclamara deudas pendientes. La voz del padre de Lacan, aunque esas voces pueden ser más antiguas. Julian Jaynes sostiene que los psicóticos de hoy representan la persistencia, socialmente inaceptable, de una mentalidad antigua. Serían fósiles vivientes de otra forma de conciencia. De un tiempo en que no era infrecuente escuchar voces. De ahí el deseo del esquizofrénico de escapar al bosque o a la montaña. Prefiere el riesgo de la naturaleza al malestar en la cultura.

Memoria renovada

El sueño REM participa en la consolidación de la memoria, cuya eficacia depende del olvido. Los sueños hacen olvidar lo que no importa y dan relevancia a lo importante. La supresión de recuerdos no deseados es un hecho cerebral cuantificable (desactivación del hipocampo y la amígdala). Investigaciones recientes sugieren que los recuerdos no son de fiar. Pierden las patas y ganan alas, reciben con gusto nuevos detalles y asociaciones, pasan por el filtro de la seducción, la censura o el deseo. Sabemos que los recuerdos no se fijan una vez vividos, sino que ofrecen diversas versiones cada vez que son reactivados. Una renovación que depende del mismo proceso (regulación de genes y producción de proteínas) que se activa durante el aprendizaje. Cada vez que rememoramos algo, lo reconstruimos. De ahí que los recuerdos carezcan de lugar. El recuerdo es más una actividad que un objeto. Y dado que se activan cuando dormimos, los sueños los consolidan.

“El alma humana, cuando sueña, desembarazada del cuerpo, es a la vez el teatro, los actores y el auditorio”. A la frase de Addison, Borges añade que es también el autor de la pieza que se representa. Pero se trata de un autor desconocido, que ni uno mismo reconoce. Por eso hay tantos sueños como los géneros literarios (satíricos, alegóricos y proféticos, banales y mudos). Hay sueños inventados por el sueño y sueños inventados por la vigilia. Pensar que los sueños vienen de dentro (del interior del cerebro) es la opción moderna. La antigua fue pensar que carecen de lugar, que nos visitan y nos guían entre bastidores (una idea antigua planteada por el budista Vasubandhu). En las capas más profundas del inconsciente se almacenan incontables imágenes y experiencias compartidas que pueden aflorar en cualquier momento. Un legado viviente al que Jung accedía mediante pacientes que sufrían intensas alteraciones emocionales. En ellas se ponen de manifiesto arquetipos e imágenes primigenias de la psique, que gozan de energía propia y considerable autonomía. Imágenes capaces de dirigir el comportamiento e incluso adueñarse de la voluntad.

La ciencia moderna, hasta hace muy poco, negaba la autoridad de los sueños. La tendencia ahora es recuperar esa voz. Pero hay un riesgo. Cuando las técnicas chamánicas se introducen en el laboratorio, se corre el riesgo de perder sus marcos simbólicos y rituales

Para las culturas antiguas el sueño no significa irrealidad, sino un estado de conciencia particular del que se puede extraer conocimiento. La vigilia convive con el sueño, pero no tiene más realidad que este. Para los amerindios, los sufíes o los budistas, los sueños son el umbral de otro plano de realidad. Un ámbito que existía antes de que naciera el soñante y que lo sobrevivirá. Todas estas tradiciones tienen un largo historial de conocimientos de plantas y hongos. Cada vez resulta más evidente que la criminalización puritana de estas sustancias debe terminar y que las sustancias psicodélicas pueden ayudar al tratamiento de enfermedades mentales. Soñar mejora la salud del cuerpo y la plasticidad neuronal. La molécula de DMT o el té de ayahuasca produce poderosas experiencias visuales y es muy utilizada con fines terapéuticos en Brasil. Produce una purga psíquica que incluye una fuerte autocrítica y revivir actos del pasado. Los psicodélicos serotoninérgicos como el LSD o la psilocibina son los que mejor emulan el estado onírico. Esta última reduce la depresión y la ansiedad cuando se administra en dos dosis durante las sesiones de psicoterapia. Está probado que el MDMA, el principio activo del éxtasis, es una solución efectiva para el estrés postraumático. Cuando no está contaminado con otras sustancias, produce una intensa liberación de serotonina en el propio cerebro desatando “estados de gracia”, un amor intenso por los demás y una felicidad inmensa de existir. Estas dos moléculas están muy cerca de ser aceptadas por la psiquiatría tradicional.

La ciencia moderna, hasta hace muy poco, negaba la autoridad de los sueños. La tendencia ahora es recuperar esa voz. Pero hay un riesgo. Cuando las técnicas chamánicas se introducen en el laboratorio, se corre el riesgo de perder sus marcos simbólicos y rituales. Monjes y chamanes no entienden la necesidad de probar lo que les resulta evidente. Las últimas investigaciones han confirmado el sueño lúcido que, según Ribeiro, ocurre de forma espontánea a todo el mundo al menos una vez en la vida y cuya frecuencia decrece tras la adolescencia. El tráfico entre ambos mundos es cada vez más intenso. El tema es fascinante. Mirar hacia dentro puede ser tan revelador como mirar hacia fuera. Los sueños tienen todavía mucho que decirnos.

https://elpais.com/babelia/2021-01-29/en-busca-del-sueno-perdido.html

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Carl Jung, la noche cósmica del alma

La obra del padre de la psicología analítica nos aporta una visión del individuo y la realidad que desafía al pensamiento científico, señalando la necesidad de integrar en nuestras vidas lo mágico, misterioso y sobrenatural

RAFAEL NARBONA, 2 febrero 2021

Carl Jung
Carl Gustav Jung

Carl Jung habló sin miedo de los mitos, el alma, Dios, la parapsicología, la alquimia y los platillos volantes. Nunca le pareció convincente la imagen de la realidad construida por la ciencia, que solo reconoce como verdad objetiva los datos de la experiencia. Cuando en 1959 un entrevistador de la BBC le preguntó si creía en Dios, le contestó: “No tengo necesidad de creer en Dios. Lo conozco”. Carl Gustav Jung nació en 1875 en Kesswil, un pueblecito suizo situado a orillas del lago Constanza. De ascendencia alemana, su padre era pastor luterano, pero albergaba grandes dudas sobre su fe y no era feliz en su matrimonio. Su mujer era ambivalente en sus afectos y fluctuaba entre la euforia y la depresión. De niño, Carl era tímido, fantasioso e introvertido. Estudió medicina en la Universidad de Basilea. Su tesis doctoral analizó el caso de una joven médium, que cambiaba de personalidad durante las sesiones de espiritismo. Se ha especulado que su investigación reflejaba los problemas psicológicos de su madre. Freud le consideró su delfín, pero con los años protagonizaron una estrepitosa ruptura intelectual. Jung afirmó que Freud era víctima de la neurosis y se había convertido en un rehén de sus propias teorías: “Es una figura trágica, pero un gran hombre”. 

Aunque no sentía ningún aprecio por la teología y las distintas iglesias, Jung consideraba que el hombre era un animal religioso “por naturaleza”, lo cual no significa que identificara a Dios con una deidad externa al mundo. Para Jung, Dios es el nombre que hemos asignado a una especie de mente cósmica que contiene todas las formas de conciencia. En colaboración con Wolfgang Ernst Pauli, Premio Nobel de Física en 1945 y uno de los fundadores de la mecánica cuántica, Jung intentó sincronizar su interpretación de la psique humana con la microfísica atómica para justificar ciertos fenómenos que parecían irracionales, como la experiencia extracorporal, la precognición, la telepatía, la levitación o el éxtasis místico. Nunca despreció la dimensión biológica del ser humano: “El encuentro de dos personas es como el contacto entre dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman”. Poco antes de morir, justificó sus intuiciones con una confesión sorprendente: “A diferencia de la mayoría de los hombres, mis tabiques son transparentes. Esta es mi peculiaridad. En los demás frecuentemente son tan espesos que no ven nada tras ellos y por eso creen que allí no hay nada. Yo percibo en cierto modo los procesos del inconsciente y por ello tengo seguridad interna”.

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Jung adquirió experiencia clínica en la Clínica Burghölzli. Se dedicó a entrevistar a esquizofrénicos, inventando los test de libre asociación, que ayudaban al paciente a verbalizar las pulsiones inconscientes. No tardó en opinar que los delirios debían interpretarse como expresiones de conflictos psíquicos, no como meros síntomas de un desorden biológico. Sus entrevistas clínicas inspiraron su primera obra, Sobre la psicología de la demencia precoz. Le envió un ejemplar a Freud, que le había deslumbrado con sus teorías. Comenzó así un intenso y breve “idilio intelectual”. Después de unos años de estrecha colaboración, Jung rechazó que los sueños, los mitos y las obras de arte pudieran reducirse a contenidos sexuales reprimidos: “El sueño es una pequeña puerta oculta abriéndose a la noche cósmica que era el alma mucho antes de la aparición de la conciencia”. Tampoco aceptó que el origen de la neurosis se hallara siempre en la infancia, pues entendía que a veces era producto de conflictos de la edad adulta, y objetó que el complejo de Edipo no expresaba un deseo sexual, sino el anhelo de reinventarse como un ser autónomo e independiente. Freud interpretó la discrepancia como “el asesinato del padre” que acontece en la relación transferencial y, según algunos testimonios, experimentó desmayos y pesadillas, atormentado por la insubordinación de su “príncipe heredero”. 

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Sigmund Freud y Carl Gustav Jung

Carl Jung continuó su camino en solitario, alumbrando su propio método terapéutico: la “psicología analítica”. Descartó el uso del diván, que establecía una relación asimétrica, y la transferencia, que le parecía “degradante” para el paciente y “peligrosa” para el analista. La sesión debía discurrir como una conversación normal y la terapia no debía exceder los tres años. El terapeuta no puede limitarse a acumular datos y experiencia clínica: “Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana”. La gran aportación de Jung consistió en descubrir el inconsciente colectivo. En la estructura de la psique, hay un inconsciente personal donde se conserva y agita todo lo que la conciencia quiere reprimir y silenciar, y un inconsciente colectivo, que contiene la memoria biológica de la especie. El inconsciente “es idéntico en todos los hombres y constituye un substrato psíquico común, de naturaleza suprapersonal. Abarca una masa indescriptible de estratificaciones depositadas en el curso de la vida de nuestros antepasados. Contiene uno o dos millones de años de evolución”. El inconsciente colectivo está poblado por arquetipos. No son símbolos o imágenes heredadas, sino estructuras vacías e innatas que representan las vivencias cruciales de nuestra especie: la imagen del padre y de la madre, la imagen de uno mismo, la relación entre los sexos, la figura del héroe, del sabio, del embaucador. Los arquetipos se manifiestan en los sueños, pero también en la mitología, el arte y las tradiciones religiosas. El Sí-mismo (Selbst) es el arquetipo central del inconsciente colectivo. Expresa la totalidad del ser humano, su “yo consciente” y su “psique inconsciente”. La personalidad individual se forja mediante la interacción entre esas dimensiones opuestas. Jung se inspiró en el yin y el yang, los conceptos fundamentales del taoísmo, que reflejan la dualidad de todo lo existente. El Sí-mismo se representa simbólicamente mediante la mándala, un círculo inscrito dentro de una forma cuadrangular. Los arquetipos no son unidimensionales. No son algo individual y concreto, sino un conjunto de significados. Por eso, el Sí-mismo también es el arquetipo de la divinidad y de la ley moral universal. 

El Yo es el arquetipo complementario del Sí-mismo. Comprende la dimensión interna de la psique y el mundo externo en su aspecto físico y sociocultural. El Yo es el mediador entre lo interior y lo exterior. Posee una voluntad libre, autónoma, que se canaliza mediante el lenguaje, la memoria y la imaginación. Se podría decir que el Yo es la función consciente del Sí-mismo. A partir de este eje bidimensional, surgen los tres arquetipos que estructuran la personalidad: la Persona, el Alma y la Sombra. La Persona es nuestra “máscara social”, la parte de nosotros mismos que hacemos visible, nuestra imagen pública. El Alma es nuestro modo de ser más íntimo y profundo. Es inconsciente y se desdobla en anima y animus. En el hombre, el anima es la imagen de la mujer, el eterno femenino. En la mujer, el animus es la imagen del hombre, lo masculino. En ambos casos, se percibe al otro sexo como algo fascinante y aterrador. La Sombra representa los sentimientos más oscuros e inaceptables, el tabú, lo prohibido y reprobado. Es esa dimensión tenebrosa que identificamos con el mal y nos produce culpabilidad, pues nos seduce y atrae. No hay que tener miedo a la Sombra: “Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino adquiriendo conciencia de la oscuridad. Lo que no se hace consciente, se manifiesta en nuestras vidas como destino”.

El Héroe es el arquetipo que expresa la lucha contra la Sombra. Es el salvador, el guía y el redentor. Jung cita como ejemplo a los héroes de la mitología grecorromana, pero considera que ninguno puede compararse en grado de elaboración con las figuras de Buda y Cristo. El Héroe siempre es tutelado y orientado por el arquetipo del Sabio, y soporta la amenaza del Embaucador. Si nos fijamos en Cristo, Yahveh dirige sus pasos y Satanás intenta confundirlo. No hay un número definitivo y cerrado de arquetipos. Jung consideraba imposible realizar una lista exhaustiva de los contenidos del inconsciente colectivo, pues es un territorio con grandes zonas inexploradas

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Dibujo mandálico de Jung sacado de su Libro Rojo

Freud hablaba de libido. Jung transforma esa fuerza en “energía psíquica”. Estructurada por las experiencias del inconsciente colectivo y los arquetipos ancestrales, la energía psíquica se escinde en dos actitudes predominantes: la extraversión y la introversión. La extraversión suele reflejar la aceptación de los convencionalismos sociales y el anhelo de éxito social y laboral. La introversión se caracteriza por la introspección y la reserva. El concepto de éxito es diferente, pues depende de metas interiores. Estas dos actitudes se combinan con nuestras funciones racionales (pensar y sentir) e irracionales (percibir e intuir), produciendo los distintos tipos de personalidad. Cada vida participa en el desarrollo de la conciencia cósmica de la totalidad. Las existencias improductivas demoran ese proceso, exigiendo una reiteración correctora: “Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de la vida, fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma”. 

A diferencia de Freud, Jung opinaba que los sueños no pueden traducirse o interpretarse en un solo sentido. Pueden expresar deseos sexuales reprimidos, pero también premoniciones, conflictos de identidad, deseo de afirmación del yo, creencias míticas o religiosas. Su contenido desborda la razón y el lenguaje. Por eso deben abordarse en clave simbólica. Los sueños desempeñan una función compensatoria, que contribuye a mantener nuestro equilibrio. Jung atribuía una enorme importancia a la experiencia religiosa, pero su visión no coincidía con el punto de vista de ninguna iglesia o tradición. Desde su punto de vista, la experiencia religiosa es una apertura a lo desconocido, no un dogma. El ser humano siempre tiende a ir más allá, pero el mundo, con sus límites físicos y temporales, frustra ese empuje, confinándole en lo natural y empírico. Sin embargo, la psique se descompensa, si se excluye de su órbita el misterio. Lo trascendente es inexplicable, pero resulta necesario para la salud mental del individuo y la comunidad: “En épocas más antiguas —escribe Jung—, los llamados neuróticos, no se habrían visto disociados de sí mismos, pues se mantenía un estrecho contacto con el mito, la magia y el culto a los antepasados”. Jung pensaba que la cultura occidental, lastrada por un racionalismo intransigente, había menospreciado el pensamiento oriental. En la introducción que escribió para el I Ching, libro oracular chino, sostiene que el concepto de causa sólo explica lo particular, nunca la totalidad. 

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La Torre de Bollingen, Zurich, Suiza

Jung fue un viajero incansable, que recorrió el norte de África, la India, Nuevo México y las principales ciudades europeas. Cuando el nazismo llegó al poder, simpatizó con algunas de sus tendencias, como el anticomunismo y el culto por lo legendario, especialmente en lo relacionado con el Santo Grial, pero no secundó el antisemitismo ni la agresiva política bélica. Documentos desclasificados de la CIA, han revelado que desde 1942 colaboró con el espionaje norteamericano. Siempre se opuso a la disolución del individuo en la masa. El ser humano no debía renunciar en ningún caso a su peculiaridad y no existían fórmulas universales que valieran para todos: “Un zapato que se adapta a una persona, puede quedar mal en otra. No existe una receta para vivir que se adapte a todos”. Al finalizar la guerra, se estableció en Bollingen, cerca del Lago de Zurich, donde en 1923 había comenzado a construir una mansión a la que llamó “La Torre”. No se trataba de un simple edificio, sino de un conjunto de chozas agrupadas en círculos. Pensaba que cada ampliación representaba un nuevo estrato de su personalidad, lo cual acarreaba necesariamente cambiar constantemente la ubicación de su despacho, una habitación privada a la que solo él tenía acceso. No era un lugar de retiro, sino su mándala, su centro espiritual y simbólico. En el dintel de la puerta principal, hizo grabar una vieja enseñanza revelada al oráculo de Delfos: “Invocado o no llamado, el dios está presente”. Con tendencias depresivas, consideró que la única forma de derrotar a esta enfermedad del alma consistía en afrontar su irrupción y oír sus razones: “La depresión es como una señora de negro. Si llega, no la expulses, más bien invítala como una comensal en la mesa, y escucha lo que tiene que decir”. Rehuir los conflictos nunca le pareció una alternativa razonable: “Las personas hacen lo que sea, no importa lo absurdo, para evitar enfrentarse con su propia alma”. No hay que tener miedo al sufrimiento psíquico: “Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las superará nunca”. No hay que caer en el fatalismo ni pensar que somos marionetas en manos de la adversidad: “Yo no soy lo que me sucedió, yo soy lo que elegí ser.” Nunca le inspiró temor la muerte: “Creo sinceramente que alguna parte del yo o del alma humana, no está sujeta a las leyes del espacio y del tiempo”. Morir significa solo transitar hacia otro estado de mayor plenitud: “De una manera u otra somos partes de una sola mente que todo lo abarca, un único gran ser humano”. Jung falleció el 6 de junio de 1961, con 86 años. En el instante de su muerte, un rayo partió el árbol cuya sombra le había servido para protegerse del sol y la lluvia en infinidad de ocasiones. Era el rincón favorito de su jardín, donde solía leer, escribir, meditar y soñar. ¿Qué nos puede aportar Jung hoy en día? Al margen del poder sugestivo de su prosa, una visión del individuo y la realidad que desafía al pensamiento científico, señalando la necesidad de integrar en nuestras vidas lo mágico, misterioso y sobrenatural. No debemos menospreciar la visión de la realidad de otras culturas. La ciencia no es la única llave y, en cualquier caso, no puede eliminar la incertidumbre. Vivir es aceptar el riesgo, lo incomprensible, lo pasional e intuitivo. No debemos contemplar la existencia desde fuera, como si fuera algo lejano y ajeno. Esa forma de estar en el mundo es altamente insatisfactoria y estéril. “La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir”, escribió Jung. Más que una frase, podemos decir que fue su lema vital. Siempre eludió las condenas que menosprecian lo diferente e ininteligible: “No podemos cambiar nada sin antes comprender. La condena no libera, oprime”. La vida y la obra de Jung nos invitan a convertir nuestra existencia en una aventura, buscando en nuestro interior las respuestas a los enigmas del cosmos: “Tu visión se hará más clara solamente cuando mires dentro de tu corazón. Aquel que mira fuera, sueña. Quien mira en su interior, despierta”.

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Cómo Louise Bourgeois utilizó el dibujo para aliviar la ansiedad

Louise Bourgeois Dibujos Hauser y Wirth
Louise Bourgeois en su casa de West 20th Street, Nueva York, 2000 | Fotografía: © Jean-François Jaussaud; © The Easton Foundation / Con licencia de VAGA en Artists Rights Society (ARS), Nueva York

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La fundamental artista Louise Bourgeois recurría al dibujo como a un medio de terapia; en tiempos como estos, quizás sus obras complejas y coloridas también puedan ofrecernos algún alivio.

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25 DE MARZO DE 2020 | Belle Hutton

Vivir una pandemia con todos los cambios y desafíos desconocidos con los que nos enfrentamos, se convierte en una época de ansiedad. Cuando la difunta artista Louise Bourgeois sentía llegar una oleada de preocupación, dibujaba. “Sé que cuando termino un dibujo, mi nivel de ansiedad disminuye”, dijo una vez. “Cuando dibujo significa que algo me molesta, pero no sé qué es. Así que el dibujo se convierte en un tratamiento para la ansiedad”. En estos tiempos inciertos, las instituciones de arte de todo el mundo han tenido que cerrar para frenar la propagación del Coronavirus y, por consiguiente, encontrar formas alternativas de presentar el arte en una realidad que, de repente, se hizo mucho más virtual. Para su exposición inaugural en línea, la galería internacional  Hauser & Wirth presenta Louise Bourgeois: Drawings 1947 – 2007, una apuesta que percibimos como una elección pertinente, dado el alivio que la propia artista buscaba al crear sus obras.

Louise Bourgeois: 12 dibujos. 1947-2007

Famosa por sus esculturas de arañas, sus estampados en tela y sus grabados, Bourgeois comenzó a dibujar a una edad temprana ayudando a sus padres en su estudio de restauración de tapices en las afueras de París. Arañas y espirales se repiten a lo largo de los dibujos de Louise Bourgeois –comparó a su amada madre, que murió cuando el artista tenía poco más de veinte años, con una araña– y sus piezas, dibujadas con tinta, acuarela y lápiz, abarcan desde lo abstracto a lo realista. La propia artista dijo acerca de estas variaciones: “Los dibujos más realistas son para mí una forma de concretar una idea. No quiero perderla. Con los dibujos abstractos, cuando me suelto, puedo deslizarme hacia el inconsciente”.

Los dibujos de la exposición de Hauser & Wirth abarcan varias décadas y fueron elegidos por Jerry Gorovoy, un ex-asistente de estudio y amigo de Bourgeois, que es ahora el presidente de la Fundación Easton, creada en nombre de la difunta artista. A lo largo de su vida, Bourgeois recurrió constantemente al arte como a un medio de terapia; utilizaba su creatividad para trabajar con emociones intensas, tanto positivas como negativas. “Como víctima del síndrome de Tourette, siempre sintió que tenía que confesarlo todo, lo que podía resultar incómodo para los demás, una vez se llamó a sí misma la mujer sin secretos”, escribió Gorovoy tras su muerte en 2010 . “En su arte no tenía ningún miedo, mientras que en su vida real decía que era como un ratón detrás del radiador”. Bourgeois describió el arte como una “garantía de cordura”.

Louise Bourgeois Dibujos Hauser y Wirth
Louise Bourgeois trabajando en un dibujo en espiral en su casa en West 20th Street, Nueva York, 1970© The Easton Foundation / Con licencia de VAGA en Artists Rights Society (ARS), Nueva York

La naturaleza terapéutica del arte de Louise Bourgeois es también, de alguna manera, universal, se extiende más allá de su propia relación con la obra, y resuena con los espectadores de una manera única. “La primera vez que vi su trabajo lo sentí tan personal”, dijo la diseñadora Simone Rocha a AnOther el año pasado. La colección Otoño/Invierno 2019 de Rocha se inspiró en Bourgeois y ofreció estampados y bordados de telarañas. “Simplemente sentí que mis sentimientos estaban representados como en una página… Era la misma sensación que con mis diarios de adolescencia pero, obviamente, bajo una forma más hermosa”. Los dibujos también eran como unos diarios para Bourgeois; un lugar en el que atemperaba sus ansiedades, trabajaba con sus recuerdos de infancia y expresaba sus emociones. “He llevado un diario desde que tengo uso de memoria y mis dibujos son realmente otro tipo de diario”, dijo.

Los complejos y coloridos dibujos de Louise Bourgeois –una constante a lo largo de su vida, aunque no tan conocidos como sus famosas series Cells o su gigantesca escultura Maman– fueron una parte importante de su práctica artística, pero también cumplieron un propósito. Creó arte sin descanso hasta su muerte, acaecida a la edad de 98 años, según parece como una forma de permanecer cuerda. En momentos como estos, tomarnos una pausa para mirar los atractivos dibujos de Louise Bourgeois podría ayudarnos también a hacer lo mismo.

La exposición en línea  Louise Bourgeois: Drawings 1947-2007 estará abierta a partir del 25 de marzo de 2020.

https://www.anothermag.com/art-photography/12375/louise-bourgeois-drawings-anxiety-hauser-wirth-online-exhibition

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Despertar sensaciones dormidas. Chantal Maillard

Bill Brandt
Top Withens, West Riding, Yorkshire, 1945
Private collection, Courtesy Bill Brandt Archive and Edwynn Houk Gallery
©
 Bill Brandt / Bill Brandt Archive Ltd

Finales de otoño en las tierras del Norte. El viento azota mis mejillas, tumba las matas de hierba. Cruje la nieve bajo mis pies. La nieve rara, esparcida aquí y allí, sobre el manto de hierba que amortigua los pasos. Apenas un leve crujido que, al levantar la bota, deja la huella impresa sobre una fina membrana helada. Se aproximan nubarrones. Habrá tormenta de aguanieve. Ya noto –¡con qué placer!– las puntas aceradas de los cristales diminutos deshaciéndose en mi rostro. Hay algo salvaje en ese gozo. El animal que fuimos levanta el hocico y olfatea, otea, escucha…

Más, de repente, vuelvo a estar aquí, con mi vejez en las manos y una fotografía de Bill Brandt ante mis ojos. La niña que corría a contraviento por las dunas es ahora tan sólo un conjunto de sensaciones residuales. Memoria sonora. Memoria táctil. Huellas que habitan en nosotros hasta que algo las despierta, por analogía.

¿Qué hace que una representación, pictórica, fotográfica, musical u otra, sea capaz de transportarnos de esa manera a otro tiempo, de trazar puentes sinópticos entre lo percibido ahora y lo vivido hace más de cincuenta años? ¿Qué poder es éste capaz de despertar sensaciones dormidas y hacernos regresar, toda entera, a otros tiempos?

El poder de la imagen poética es su capacidad de sugerencia, decía Anandavardhana. Y ¿cómo no comprender, en la imagen de Brandt, a los personajes de Wuthering Heights tal como Emily Brontë los imaginara? ¿Cómo no cruzar los puentes que van de la propia carne a otra carne? Si el blanco y negro sugiere mucho más que el color es porque el trabajo de la imaginación es mayor. Sin imaginación, no hay enlaces posibles. Sin imaginación, la imagen es plana y estéril. Si la fotografía sugiere más que la realidad es porque es muda y que en su fijeza el tiempo se detiene. Tiempo: espacio que apela a esos lugares de la memoria donde dormitan los sonidos, los olores, el frío, esperando que algo los despierte.

Chantal Maillard es escritora.

Exposición de Bill Brandt en la Fundación Mapfre de Barcelona: https://www.fundacionmapfre.org/fundacion/es_es/exposiciones/kbr-barcelona-photo-center/bill-brandt.jsp#

https://www.fundacionmapfre.org/fundacion/es_es/exposiciones/cultura-en-movimiento/despertar-sensaciones-dormidas/

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Conjuros y ebriedades. Cantos de mujeres mayas

Especialmente dedicado a las mujeres del taller “Ascesis Creadora II“, a sus trazos y exorcismos

Este libro de artistas mayas es una antología de hechizos, himnos y encantamientos, fue grabada originalmente en lengua tzotzil (un dialecto maya), y sus textos, posteriormente, se transcribieron y tradujeron por la poeta Ámbar Past quien dice: “De la tierra nos inspiramos: fotocopiamos el fósil de una hoja tropical, la superficie de un caracol marino”. Efectivamente, el rostro de cartón respira, mira a través de la ranura de sus ojos, habla con su boca abierta dentro del papel y si lo tomamos entre las manos, los ojos nos ven, tal como dice Elena Poniatowska, y añade, “Conjuros y ebriedades es uno de los cien libros más bellos del mundo”.

Encuadernado en tablas cubiertas de papel marrón hecho a mano, con una gran cara en relieve que representa a la diosa maya del desierto llenando la portada. Las páginas finales también están hechas a mano. Alojado en una caja de cartón impresa con título blanco en el panel del lomo. Contiene 45 encantamientos poéticos, 40 ilustraciones xerografiadas, entre otras ilustraciones varias.

Estos Conjuros y ebriedades fueron soñados por mujeres mayas de los Altos de Chiapas. Las autoras tzotziles de este libro no saben leer. Ellas alegan que estos cantos les fueron entregados por sus antepasadados, los Primeros Padresmadres, quienes conservan el Gran Libro donde guardan los conjuros. Loxa Jiménes Lópes, de Epal Ch’en, Chamula, cuenta que una Anjel, hija del Dueño de las Cuevas, comenzó a hablarle en su oreja y luego en sueños le mostró el Libro con todas las palabras de los cantos.

–Ámbar Past


El Taller Leñateros que lo edita, es una comunidad de artistas mayas, fundada en 1975 por el poeta Ambar Past. Su especialidad es el papel hecho a mano, libros de artista, serigrafía y grabado (en bloques de madera y superficies afines), gráficos de pansey, tintes naturales, etcétera.  El taller capacita y da empleo a personas de su comunidad. Uno de los mejores ejemplos es Conjuros y ebriedades. Cantos de mujeres mayas en el que participaron 150 mujeres mayas.

Ámbar Past es una poeta, narradora, ensayista y artista nacida en Carolina del Norte, Estados Unidos, el 22 de noviembre de 1949. Es ciudadana mejicana desde 1972 y trabaja en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, donde, en 1975, fundó el Taller Leñateros.

Prólogo de Juan Bañuelos.
Lugar de edición: San Cristóbal de las Casas, Chiapas
Editorial: Taller Leñateros
Año de edición: 1998
ISBN: 9789709011067

Precio: 300 €

Encanto para no tener que ir al otro lado
(Xunka’ Utz’utz’ Ni’)

Toma en cuenta, Kajval,
que te estoy hablando.
Te traigo humo.
Aquí te doy tus flores.

Toma en cuenta, Kajval,
qué tanto me vas a dar.
Los otros tienen caballos.
Tienen borregos.
Tienen gallinas.
Tienen camiones.

Toma en cuenta, Kajval,
qué me vas a dar.

No quiero trabajar en ninguna finca.
No quiero ir a otra casa.
No quiero ningún trabajo lejos.
No quiero ir a Los Ángeles.
No quiero ir a La Florida.


K’u cha’al mu sa’ abtel ta nom ti smalale
(Xunka’ Utz’utz’ Ni’)

K’u yepal tana, Kajval,
chajta ta k’oponel, chajta ta ti’inel.
Tzakbo ti jbej yo xch’ail.
Tzakbo ti jbej yo xnichime.

Vo’ot xanopbe atuk tana un.
Vo’ot xat’ujbe atuk tana un, Kajval.
Ti k’usi xavak’be une, ti k’usi xak’elanbe un.
A li yan avalabe, a li yan anich’nabe, Kajval.
Oy k’usi oy yu’un.Oy ska’ik, oy xchijik.
Oy yalak’ik, oy skamyonik.

K’u yepal tana, Kajval,
k’usi xavak’bun, k’usi xak’elanbun.

Ja’ ti mu xu’ ti nom abtele.
Ja’ ti mu xu’ ti pinkae.
Ja’ ti mu xu’ ti asyentae, Kajval.
Ja’ mu jk’an xbat ta Los Anjeles.
Ja’ mu jk’an xbat ta Florida.

https://lenateros.wordpress.com/2008/07/03/conjuros-y-ebriedades/

https://farogamoneda.wordpress.com/2019/06/02/un-texto-de-antonio-gamoneda-sobre-la-poeta-ambar-past-en-la-revista-mexicana-la-otra-2014/

Grano a grano, el itinerario de Chantal Maillard

Una voz, una vida, grano a grano, se desmenuzan, contándonos un itinerario.

La voz-lanzadera de Chantal Maillard va tejiendo, en la reversibilidad de los tiempos, su trayectoria vital y poemática.

A escuchar al atardecer o, mejor, en el corazón de la noche cuando se funden las sombras y la voz, progresivamente, va musitando partituras de silencio.

Aquí encontraréis completo el itinerario: https://fonotecapoesia.com/coleccion-consentido/

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L’aliança dels aprenents genera un medi. Marina Garcés

Per a totes les dones-llobes que participen en aquesta comunitat d’aprenentatge: de transmissió, d’interrogació i de transformació

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“La composició de perspectives, sabers i antagonismes acull l’existència perquè crea un medi on poder ser. Fernand Deligny, com hem vist, feia servir aquell verb infinitiu, permetre, com a clau pràctica, política i poètica, d’una manera d’estar junts en el llindar. Però ara podem entendre que aquest llindar no existeix, disponible, com un lloc on arribar i estar-s’hi. És la composició d’un medi.


De què està fet un medi? No és només el conjunt de les circumstàncies o condicions exteriors que influeixen en el desenvolupament d’un ésser. Inclou també les activitats i els vincles que mantenen aquests éssers entre si i amb l’entorn. El medi educatiu no es redueix, per tant, al sistema educatiu. El travessa i el desborda. El problema és que així com tenim referents per reconèixer les institucions del sistema educatiu, ens en falten per percebre moltes de les realitats que componen els seus medis. La ciutat educa, els mitjans de comunicació eduquen, la família educa, les plataformes digitals eduquen, etc. Però no deixen de ser ampliacions dels escenaris per on circulen les nostres relacions afectives, socials i culturals. Quan diem que l’aliança dels aprenents genera un medi ens referim a una altra cosa: al conjunt de referents comuns que ens permeten entendre què vol dir aprendre els uns dels altres des de l’estima mútua.


Un exemple interessant de la invenció d’un medi educatiu, en el marc de la cultura occidental moderna, és el que podríem anomenar la comunitat dels lectors. La lectura no és una activitat òbvia. Trenca el fil mil•lenari de l’oralitat i les seves formes de comunitat. Amb l’escriptura, primer apareix la pregunta «qui pot escriure?». S’estableix el poder dels escribes, d’aquells que poden prendre nota de les activitats de la comunitat (comerç, organització social, lleis, cròniques, llibres sagrats…). D’orient a occident, en un primer moment, té més poder l’escriptura que la lectura. A mesura que el llibre va esdevenint un objecte replicable i assequible, la comunitat vinculada als arxius i als llibres sagrats es va multiplicant per una figura nova: la comunitat dels lectors. Qui pot llegir? Aquesta pregunta fa una primera divisió entre els qui tenen accés a la lletra i els qui no. L’analfabetisme és una producció social d’exclusió que en un altre règim cultural no existiria.


Però amb la lectura cada cop més distribuïda apareix també una altra pregunta: qui llegeix a qui? La comunitat dels lectors no és aleshores la d’aquells que estan sotmesos a la lectura a un mateix llibre o cànon, sinó la dels qui es poden llegir els uns als altres. Viscuda d’aquesta manera, la lectura saboteja el monopoli sobre la lletra i reinventa la comunitat desencaixant-la de les seves formes de representació unificades. Qui soc jo quan llegeixo? Qui som nosaltres quan llegim? L’element més important de la comunitat dels lectors és la impossibilitat de saber mai del tot què han llegit o què podran arribar a llegir els altres. Per això, la lectura desencaixa la comunitat fent-la irrepresentable, incontrolable, indisciplinada. La soledat i la complicitat teixeixen una aliança. L’aliança dels aprenents lectors és la dels qui no tenen por d’estar sols perquè poden trobar lliurement les seves complicitats. Els qui es llegeixen lliurement els uns als altres no treballen per la comunitat ja instituïda. Sempre n’estan component unes altres. Per això fan por. I per això el poder sempre s’ha dedicat a neutralitzar els efectes indisciplinats de la lectura, mirant de codificar-ne els sentits.”

Marina Garcés, Escola d’aprenents, (extracte del Cap. 8), Galaxia Gutenberg, 2020.

Con los ojos abiertos

Fotografía de Marguerite Yourcenar realizada por Yousuf Karsh, 1987.

 

Siguiendo el hilo del texto recogido por Muriel, en torno al amor de Marguerite Yourcenar por los animales, transcribo algunos fragmentos más del mismo tema.

 “… lo que me parece importante, es poseer el sentido de una vida encerrada en una forma diferente. Es ya una gran victoria advertir que la vida no está incluida solo en la forma en que estamos acostumbrados a vivir, que se pueden tener alas en lugar de brazos, ojos ópticamente  mejor organizados que los nuestros, branquias en lugar de pulmones.”

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“Además está siempre el aspecto conmovedor para mí, del animal que no posee nada, salvo su vida, que con tanta frecuencia le arrebatamos.”

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“Está esa inmensa libertad del animal, encerrado por cierto en los límites de su especie, pero viviendo, sin más, su realidad de ser, sin todo lo falso que le agregamos a la sensación de existir.”

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 “…trabajos de la antropología que nos demostraron que mucho más que “antropomorfizar al animal”, con frecuencia el hombre ha elegido sacralizarse, animalizándose. El primitivo no eleva a la pantera al rango de hombre; se hace pantera. El niño que juega a ser un perro, se imagina perro. El milagro  -y el niño y el primitivo lo sienten-  es que precisamente la misma vida, las mismas vísceras, los mismos procesos digestivos o reproductores, con ciertas diferencias en los detalles fisiológicos, por cierto, funcionan a través de esa infinita variedad de formas, y a veces de poderes que nosotros no tenemos.”

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Marguerite Yourcenar, Con los ojos abiertos. Traducción Elena Berni  (2ª edición Febrero 1.985), Gedisa.

Desobedientes

https://www.arte.tv/fr/videos/093803-001-F/desobeissant-e-s/

Documental de Arte de 82 min (hay subtítulos también en castellano)

Disponible du 20/11/2020 au 24/02/2021

  • Réalisation : Alizée Chiappini, Adèle Flaux
  • Auteur : Adèle Flaux
  • Pays : France, Allemagne
  • Année : 2019

Tras un verano de 2018 marcado por la ola de calor, los incendios y la dimisión rotunda del ministro francés Nicolas Hulot, un grupo de jóvenes, consternado por la inacción de los gobiernos ante la crisis climática, decidió unir sus fuerzas.

Una sede se alquila, La Base, en el corazón de París. En germen, desde la COP21, una internacional informal del clima vincula diferentes movimientos de protesta europeos: Extinction Rebellion, Ende Gelände, Alternatiba, ANV-COP21… Entre ellos, jóvenes menores de 30 años. Algunos, como Élodie y Pauline, han dejado un puesto laboral de prestigio para dedicarse a un combate que consideran crucial. Tras una primera victoria –la petición denominada “El asunto del siglo” y sus 2 millones de firmas en quince días–, los activistas de La Base organizan 134 desenganches de retratos de Emmanuel Macron en los ayuntamientos, retransmitidos en redes sociales, para denunciar “el vacío de su política ecológica”. Este es su primer gran acto de desobediencia civil. El documental sigue a estos “desobedientes” en acción y en privado: desde los “chalecos amarillos” hasta la pandemia Covid-19, el año 2020 los pondrá a prueba.

Sensación de urgencia
Alizée Chiappini y Adèle Flaux capturan el surgimiento de una generación que, en su forma pragmática, abierta y combativa, imagina un nuevo compromiso cívico. Operando en red, los activistas de La Base no dudan en cruzar el Canal de la Mancha para recibir lecciones de no violencia de los primos británicos o acercarse a los “chalecos amarillos” para unir luchas sociales y ambientales. Puntuada por momentos fuertes, como el bloqueo de La Défense, “la república de los contaminadores”, ante ejecutivos ulcerados o aprobadores, esta historia límpida, atravesada por un sentido de urgencia, da vida a un año y medio de ‘una movilización sin precedentes, una lucha que valdrá para sus “líderes”, detenciones, gaseamientos y procesos judiciales. Este fascinante documento es a la vez un manual político y una novela iniciática, la aventura atraviesa diferentes fases en las que el entusiasmo da paso a la desilusión antes de recuperar una nueva vida.

Este programa forma parte de la Colección Europea, una iniciativa conjunta de los medios públicos europeos (ARD, ARTE, France Télévisions, SSR SRG y ZDF), coordinada por ARTE y apoyada por el programa Europa Creativa – MEDIA.