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Fragmentos, un “contramonumento” de Doris Salcedo

Las armas de las FARC se funden en un “contramonumento” de Doris Salcedo

La artista colombiana instala en el corazón de Bogotá su obra ‘Fragmentos’, construida con 37 toneladas del armamento que entregaron los exguerrillos.

'Fragmentos', tiene 1.300 placas construidas con el metal de las armas de las FARC.
‘Fragmentos’, tiene 1.300 placas construidas con el metal de las armas de las FARC. Las placas metálicas cubren 800 metros cuadrados, un espacio que funcionará durante más de 50 años, el tiempo que duró la guerra. CAMILO ROZO 

SANTIAGO TORRADO |Bogotá 

Las víctimas han sido una presencia recurrente en la obra de Doris Salcedo (Bogotá, 1958) y de nuevo se manifiestan en Fragmentos, el esperado “contramonumento”, producto del acuerdo de paz, que la consagrada artista colombiana presentó esta semana. Los colombianos no pudieron ver una foto del histórico momento en que las FARC entregaron sus armas en cumplimiento de un difícil pacto, arduamente buscado, pero ahora podrán sentir bajo sus pies el resultado artístico de la fundición de aquel arsenal: 1.300 placas metálicas con cicatrices hechas a martillazos por mujeres que sufrieron la violencia sexual. El efecto de caminar sobre lo que fueron los fusiles de la guerrilla más antigua de América, protagonista de una guerra de medio siglo que involucró a rebeldes, paramilitares y fuerzas estatales con un saldo de más de ocho millones de víctimas, es sobrecogedor.

“En este lugar de memoria, en el piso que ustedes están viendo, yacen inoperantes e inhabilitadas 37 toneladas de armamento. Este es un testimonio de que los colombianos no somos bárbaros, no tenemos que seguir siempre en esa historia negativa de asesinatos y venganzas. Este es el testimonio de que podemos superar nuestras desavenencias pacíficamente”, explicó Salcedo este lunes al presentar su obra. “Estamos en este lugar para reconciliarnos, para lograr establecer puntos de contacto, donde los enemigos políticos se encuentren, donde las ideologías opuestas puedan dialogar y desde donde podamos marcar el final de la guerra a través del arte como una forma de reafirmación de la vida”.

Fragmentos, construido con las más de 8.000 armas que entregaron las otrora Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, es el primero de los tres monumentos contemplados en los acuerdos que firmaron a finales de 2016 con el Gobierno de Juan Manuel Santos. Los otros dos se instalarán en la sede de la ONU en Nueva York y en Cuba, el país que albergó los diálogos. Las placas cubren 800 de los 1.200 metros cuadrados de un lote que se revela detrás de un portón en el corazón de Bogotá, en las faldas del cerro de Monserrate, a escasas dos cuadras de la Casa de Nariño –la sede de Gobierno–. El espacio de memoria operará durante más de 50 años, el tiempo que duró la guerra, y cada año dos artistas colombianos o extranjeros serán invitados a presentar su obra sobre este piso magullado.

Doris Salcedo trabajo durante diez meses en 'Fragmentos'.
Doris Salcedo trabajo durante diez meses en ‘Fragmentos’. CAMILO ROZO

 

Salcedo ha pasado los últimos meses escuchando los relatos de esa veintena de mujeres –víctimas de abuso sexual por parte de distintos actores armados– a las que invitó a fundir las armas y a ver como se transformaban en los hornos de la Industria Militar Colombiana (Indumil) en la materia prima de las laminas que después intervendrían a golpe de martillo. Una creación colectiva y catártica.

Adiós a las armas

El manejo de las armas fue un foco de tensión a lo largo de los cuatro años de negociación en La Habana. Para las FARC se convirtió en un punto de honor, hasta el punto de que se negaron a permitir una foto que pudiera ser interpretada como una postal de sometimiento, e incluso en la jerga formal del acuerdo se habló de “dejación” en lugar de “entrega”. Una vez depuestas, se cumplió una estricta cadena de custodia, de Naciones Unidas a la Policía Nacional, a Indumil –en Sogamoso, a 170 kilómetros de Bogotá– y al lote de Fragmentos.

La artista ha explicado que decidió no otorgarles belleza a las armas, por eso la superficie está martillada, rota, desfigurada. Desde el primer momento tenía claro que no deseaba glorificar la violencia, se oponía a la idea de “monumentalizarlas”. Los monumentos, explica, son jerárquicos, verticales, totalitarios. Buscaba lo opuesto, todos parados sobre el piso, en un lugar equitativo que invierte la relación de poder que daban los fusiles. Por eso define Fragmentos como un “contramonumento”.

Como parte integral de la obra, un documental muestra algunas de las imágenes que muchos colombianos anhelaron por tanto tiempo. Desde el movimiento de las columnas guerrilleras a través de los parajes más remotos de la geografía colombiana hasta las zonas de agrupamiento donde entregaron sus fusiles, al traslado en camiones de aquellos contenedores blancos con letras de la ONU que llevaron el arsenal inutilizado hasta los lugares donde fue fundido. Las hileras de armas que se antojan infinitas después arden en una imagen purificadora. La degradación del conflicto armado llevó a que los cuerpos de las mujeres se trataran muchas veces como un botín de guerra, “y las mujeres no somos trofeos”, dice una de las víctimas en el documental. “Si se pueden fundir las armas, también se puede fundir el odio de este país”, declara otra.

Salcedo, quien cosechó un gran éxito con su grieta de la instalación Shibboleth, en la Tate Modern londinense, ha expuesto en el MoMA de Nueva York, el Pompidou de París y en el Museo Reina Sofía con Palimpsesto, su homenaje a los migrantes muertos en el mar. Comprometida con el proceso de paz de su país, nueve días después de que los colombianos rechazaron en un plebiscito el acuerdo original –el día que califica como el “más triste” de su vida- surgió Sumando ausencias. Era una enorme mortaja blanca con 11 kilómetros de puntadas cosidas por 10.000 personas que recogía la voz de las víctimas en la plaza central de Bogotá, en medio del clamor por rescatar el pacto. “Sumando Ausencias fue una obra colectiva, que traía a la Plaza de Bolívar la presencia de los ausentes, por eso la experiencia de la víctima estuvo en el centro de esa obra y está también en el centro de esta”, explica apuntando a un hilo de continuidad con Fragmentos. Arte y memoria para ayudar a sanar heridas desgarradoras.

© Todos los derechos reservados: CableNoticias T.V. – Revista Semana

 

Y, de colofón, una entrevista sin editar realizada por Rocío Londoño a la artista plástica Doris Salcedo para Razón Pública en marzo de 2013, quien reflexiona con su tranquila contundencia sobre la función del arte en nuestras sociedades.

 

El ciclo | El solsticio de Cual menguando. Chantal Maillard

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Tan rápido que todo

es absolutamente nada.

Así         extraviadas         se

salieron de la

pauta — línea

— margen

del cerebro horadado.

 

Entre las ruinas Cual

exaltado

celebra el solsticio.

 

CGiaLe chien, Alberto Giacometti. Bronce, 1951

 

« Menguar significa reducir el movimiento. Reducir el flujo de la mente; curar su incontinencia. Menguar es aquietarse. Perder continuidad. Olvidarse en las grietas del mundo, en los orificios, en los poros de la tierra. Adelgazarse. Así Cual, al que encontramos aquí en tiempos desapacibles, enfrentado a su abismo. […]

Quise pensar que un ente suspendido por debajo de sí, como una nota musical sin partitura, ínfimo, desprovisto, podría salvarnos. Salvarnos de lo mucho y de lo poco, del tener y el no-tener, de las palabras vanas, los superlativos y las decadencias, del es y el no-es, los valores y su carencia, los paraísos y la esperanza. De la esperanza, sí, por supuesto. Sin argumento que blandir, sin creencias tras las que esconderse, sin trauma por resolver ni historia por concluir, me gusta pensar que Cual podría augurar el fin del psicoanálisis y el comienzo de la compasión. Pero de yo al nosotros hay un largo camino. De vuelta, probablemente. Difícil de cumplir (somos demasiados). Acaso inútil. O contraproducente. Pues de lo que se trata ahora bien podría ser que no fuese salvar a nadie —confundimos demasiado a menudo el miedo con las buenas intenciones— sino simplemente de aprender a saltar sobre un pie, como Cual, celebrando una vez más, o por última vez, el solsticio. » [Epílogo]

Chantal Maillard. Cual menguando. Tusquets, 2018.

 

El Solsticio (solstitium, sol sistere: “sol quieto”) es aquel momento del año en el que el Sol alcanza su máxima declinación norte, su mayor altura en el cielo (solsticio de verano), o su máxima declinación sur, su menor altura (solsticio de invierno) con respecto al ecuador terrestre. En el día del solsticio de invierno, la duración del día y la altitud del sol al mediodía es mínima comparada con cualquier otro día del año.

Esta noche, a las 23h 23m hora oficial peninsular, el sol entra en el signo zodiacal de Capricornio, marcando el inicio del invierno en el hemisferio norte.

La estación invernal durará 89 días y 20 horas, y terminará el 20 de marzo con el equinoccio de primavera.

Durante todo el invierno Marte será visible tras la puesta de Sol. Al amanecer se verán Venus, Júpiter y, a partir de mediados de enero, Saturno, que será ocultado por la Luna la madrugada del 2 de febrero 2019.

¡Feliz solsticio de invierno a todas.os!

 

 

Cuando Fabienne Verdier pintó “La faille” de la Tour Majunga

Majunga Tower, Histoire d’une œuvre monumentale
February 2013 – May 2014

A film by Sylvain Bernard
Production Sebastien Helyard (Iceberg)

Durante el verano 2014 se instaló una pintura monumental de Fabienne Verdier en la entrada de la Torre Majunga en La Défense, París. La pieza de 12 x 8 metros fue encargada por Unibail-Rodamco en marzo de 2013 y se abrió al público el 11 de julio de 2014. Verdier trabajó estrechamente con el arquitecto de Majunga Tower, Jean-Paul Viguier, para crear una obra de arte que celebra tanto el excepcional carácter del edificio (escala, potencia, dinámica) como la estética única y singular de la artista francesa.

 

LA-FAILLE-377x640La Faille, 2014
Installation of a monumental painting in Majunga Tower, La Défense
Ink, pigments and varnish on canvas
12 × 8 m

 

LA FALLA DE MAJUNGA TOWER

<< Lo que pinto fluye de mí como un reflejo de la realidad.

¿No es el pintor un verdadero carpintero de lo real como el arquitecto?

Hay una realidad tectónica en la torre, y los movimientos de la estructura masiva, quebradiza, de una vertiente a la otra, son para mí de una asombrosa belleza.

Las líneas que perfilan la torre son para mí líneas de lo real como fallas minerales.

Cuando yo misma atravieso el espacio [del lienzo], estoy también creando esas líneas de lo real.

Mi proyecto fue arriesgarlo todo para encontrar una falla mineral, un impacto visual de esta gran tectónica de materia.

Entre la idea y la realización de la utopía, un abismo de perdición y ocho meses de destrucción.

Si pudiéramos darle vida a este gran paisaje abstracto que se abre al infinito, y que el hombre se sienta muy pequeño ante esta maravilla.

Pinto por pura abstracción, pero las formas inventadas resuenan perfectamente con las formas de la realidad.

Al ser paisaje de un instante, la pintura es sólo el inicio del viaje.>>

Textos de Fabienne Verdier pertenecientes al video “Majunga Tower”.

Traducción de Muriel Chazalon.

 

El semejante | Chantal Maillard

Los debates de opinión no pueden fundar una ética. Es precisa una educación sentimental que nos acerque al otro.

 


Sesión de control al Gobierno en el Pleno del Congreso de los Diputados.
Sesión de control al Gobierno en el Pleno del Congreso de los Diputados. © JAVIER LIZÓN EFE



“¿Puede un hecho fundar y justificar una ética?”, se preguntaba Jacques Derrida al reflexionar sobre la idea del semejante. “Es un hecho que experimento, en este orden, más obligaciones para con aquellos que comparten mi vida de cerca (los míos, mi familia, los franceses, los europeos, aquellos que hablan mi lengua o comparten mi cultura, etcétera). Pero este hecho nunca habrá fundado un derecho, una ética o una política”.

Y es que lo que “de hecho” ocurre es que lo que nos importa es tan solo lo que nos concierne. Y lo que hoy en día nos pone a salvo de que todo lo que ocurre en el mundo nos concierna es que lo recibimos por los mismos medios y en el mismo recuadro en el que recibimos la ficción. Nos pone a salvo el hecho de que las emociones generadas por lo que vemos en la pantalla sean las propias del espectáculo, emociones transformadas por la representación y, por tanto, neutralizadas en cuanto germen de rebeldía. Porque si recibiésemos lo representado no “en directo”, sino directamente, es decir, en presencia viva, el impacto sería de tal magnitud (o al menos eso quiero pensar) que no nos dejaría indiferentes en nuestra diferencia. De repente nos sentiríamos concernidos. De repente el otro, los otros, todo lo otro habría saltado la valla.

La moral del semejante deriva de una antigua fórmula de reciprocidad: no le hagas al prójimo (próximo) lo que no quieras para ti, compartida por muchas tradiciones. La encontramos tanto en las Analectas de Confucio como en el Mahabharata, en el Talmud o en Libro de Tobías. Era una fórmula sin duda eficaz dentro de un cerco restringido, pero ineficaz en un mundo global que tenga conciencia de que todos y todo —lo que llamamos vivo y lo que no— está relacionado y es interdependiente.

La moral del semejante crea el diferente, aquel del que tenemos que defendernos. Siempre que hay prójimo (hermano, próximo, igual) hay otro y, entre ambos, fronteras que designan y circundan lo propio, y donde hay propiedad hay codicia, y donde hay codicia hay guerra. En un mundo global hemos de pensar en términos ya no de moral, sino de ética, que es algo bien distinto. La moral es un conjunto de costumbres o reglas de convivencia; la ética es un habitar. La primera defiende lo que creemos que nos pertenece; la segunda, cuida el lugar al que todos pertenecemos. Pasar de la moral a la ética implica necesariamente ensanchar el marco de pertenencia. Y esto no puede hacerse de otra manera que entendiendo lo que a todos nos asemeja: el hambre, el miedo, el dolor, la pérdida. A menudo he hablado de una ética de la compasión. Soy consciente de que la palabra está lastrada y presta a equívoco. Puede confundirse con la piedad, concepto con el cual no tiene, sin embargo, nada que ver, o con el sentimentalismo, del cual se aleja por completo. Compadecer es comprender que todo, en este universo, responde a las mismas leyes. Aparición y desaparición y, entretanto, el esfuerzo por sobrevivir. ¿Cómo no aplicar, entonces, la fórmula de reciprocidad a cada uno de estos efímeros conglomerados de partículas (cuerpos, le llamamos) que luchan desesperadamente por mantenerse unidos por más tiempo?

 

Nada menos racional que las opiniones. Es tiempo de recordar la antigua distinción platónica entre la opinión y el saber.

 

Del yo al nosotros hay un largo camino. No es de tierra ni de asfalto, tampoco cruza fronteras ni las salta. Es un camino inverso. O invertido, según cómo uno se sitúe con respecto a sí mismo. Porque es preciso desplazar al yo en cierta medida para que quepan otros dentro del cerco. Dentro del cerco está lo que creemos que nos pertenece: mi vida, mi pareja, mi familia, mi grupo, mi país, mi especie, mi planeta, mi universo… No nos damos cuenta de hasta qué punto el mundo y la (im)propia vida se nos escapan de entre los dedos. Pero el mi es fuerte, se adhiere a lo que nos rodea con la misma intensidad con que los sentimientos se adhieren a las opiniones con las que nos manifestamos. “Yo siento”, decimos. En los sentimientos creemos. Y ellos dictan el pensar, el habla, la acción.

 

Porque es preciso desplazar al yo en cierta medida para que quepan otros dentro del cerco.  

 

Nada menos ecuánime que los sentimientos. Nada menos racional, por eso, que las opiniones. Es tiempo de recordar la antigua distinción platónica entre la opinión (doxa) y el saber (episteme). Ningún debate de opinión conduce a pensar y a actuar correctamente porque la opinión nunca parte de una premisa sopesada y ecuánime. Nada menos ético, por tanto, que un debate de opinión. Y nada más vulnerable y manipulable que un individuo que no sea capaz de pensar con neutralidad sentimental. Y es que sin neutralidad emocional no hay diálogo posible, no hay dialógica, no hay política. Solo combate.

No, ni los hechos pueden justificar una política, ni los debates de opinión fundar una justicia o una ética. De ahí la necesidad, acuciante, de un aprendizaje en ese sentido. Una educación senti-mental que nos enseñe a tomar distancia del mí, del nos, en definitiva, del miedo.

 

Chantal Maillard es escritora.

 

https://elpais.com/elpais/2018/11/26/opinion/1543253697_888911.html

 

Feather to Fire. Grégory Colbert

 

Feather to fire

Fire to blood

Blood to bone

Bone to marrow

Marrow to ashes

Ashes to snow.

 

Pluma a fuego

Fuego a sangre

Sangre a hueso

Hueso a tuétano

Tuétano a ceniza

Ceniza a nieve. 

 

“Cuando empecé Ashes and Snow en 1992, quería explorar la relación entre el hombre y los animales desde adentro hacia afuera. Al descubrir el lenguaje compartido y las sensibilidades poéticas de todos los animales, estoy trabajando para restaurar el territorio común que existió alguna vez, cuando la gente vivía en armonía con los animales.”

 

Ashes and Snow, del artista canadiense Gregory Colbert, es una instalación compuesta por obras fotográficas, videos y una novela escrita en cartas, que viaja en el Museo Nómada (The Nomadic Museum), una estructura temporal construida únicamente para la exposición. Las obras exploran la sensibilidad poética que comparten los seres humanos y los animales.

https://es.wikipedia.org/wiki/Ashes_and_Snow

https://es.wikipedia.org/wiki/Gregory_Colbert

Colbert Homepage

 

“Todas las culturas, desde los egipcios, pasando por los mayas y los nativos americanos hasta los beduinos, crearon bestiarios que les permitían expresar su relación con la naturaleza. Ashes and Snow es un bestiario del siglo veintiuno, lleno de especies de alrededor del mundo. La orquesta de la naturaleza incluye no solo al Homo sapiens, sino también a los elefantes, ballenas, manatíes, águilas, guepardos, orangutanes y muchos otros más.”

 

 

Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología creativa

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Pocas obras se han escrito en el ámbito de la mitología con mayor ambición y calado que Las máscaras de Dios. A lo largo de cuatro volúmenes, Joseph Campbell efectúa un exhaustivo estudio comparativo de las diversas mitologías del mundo, revelando su carácter unitario y universal, y cómo todas ellas siguen vivas en el mundo moderno.

En este cuarto y último volumen de Las máscaras de Dios, Campbell desarrolla su idea de la mitología creativa, en el sentido shakespeariano del término, es decir, como espejo para mostrar a la virtud y al vicio su verdadero aspecto, y a las generaciones de cada siglo su auténtica forma y fisonomía. Se trata, pues, de una vertiente de la mitología que no proviene de los dictados y análisis teológicos de las altas esferas sacerdotales, como sucede en la mayoría de las religiones, sino que brota de las intuiciones, los sentimientos, las ideas y las visiones de los artistas y escritores que, fieles a su experiencia íntima, han creado nuevos relatos e imágenes míticas, como es el caso de las historias medievales en torno a los caballeros de la Mesa Redonda, el Grial o Tristán e Isolda, o de las obras de Dante, Nietzsche, Wagner, Thomas Mann y Joyce, o en el Guernica de Picasso.

Mitología primitiva, el primer volumen de esta obra magna, publicada entre 1959 y 1968, indaga en los motivos mitológicos de las culturas prehistóricas a la luz de los descubrimientos arqueológicos, antropológicos y psicológicos más recientes. El segundo volumen, Mitología oriental, se ocupa de las religiones de Egipto, la India, China y Japón. El tercero, Mitología occidental, es un estudio comparativo de los temas universales que subyacen en el arte, los cultos y los textos de la cultura europea. La obra se completa con Mitología creativa, que trata sobre la importancia de la herencia mitológica en el mundo moderno y sobre el ser humano como creador de sus propias mitologías. [Atalanta]

Joseph Campbell. Las máscaras de Dios. Mitología creativa (IV volumen). Trad. Belén Urrutia en edición revisada por Santiago Celaya. Atalanta, 2018.

 

https://issuu.com/atalantaweb/docs/123_-_las_mascaras_de_dios_4_issuu

 

Una reseña de Santos Domingo Ramos:

Desde mediados del siglo XII, una desintegracion cada vez más acelerada ha ido anulando la formidable tradición ortodoxa que alcanzó su apogeo en ese siglo, y, con su caída, han irrumpido los poderes creativos liberados de un gran grupo de individuos sobresalientes, de modo que, en cualquier estudio del espectáculo de nuestra era titánica, debe tenerse en cuenta no una, ni dos ni tres, sino una galaxia de mitologías, tantas, podríamos decir, como la multitud de sus genios, escribe Joseph Campbell en Mitología creativa, la cuarta y última parte de su monumental obra Las máscaras de Dios que publica Atalanta con traducción de Belén Urrutia en edición revisada por Santiago Celaya.

En este volumen Campbell hace un recorrido por la mitología europea del individualismo desde la Edad Media hasta la época contemporánea a través de la literatura, la filosofía y el arte para ofrecer un análisis de la cultura moderna y una reivindicación del hombre como creador de su propia mitología.

 

Porque –explica Campbell– en el contexto de una mitología tradicional, los símbolos se presentan en ritos mantenidos socialmente a través de los cuales el individuo debe experimentar, o pretender que ha experimentado, ciertos sentimientos, intuiciones y compromisos. En lo que denomino mitología ‘creativa’, el orden se invierte: el individuo tiene una experiencia propia -de orden, horror, belleza o mera alegría- que trata de comunicar mediante signos. Y si su vivencia ha sido de cierta profundidad y significado, su comunicación tendrá el valor y la fuerza del mito vivo para aquellos que, por decirlo de alguna manera, la reciban y respondan a ella por sí mismos, con reconocimiento, sin coerciones.

Las leyendas artúricas –La búsqueda del Santo Grial, Tristán e Isolda, El Rey Pescador, La Tierra Baldía– están en la base de esta indagación interpretativa de un fondo mitológico creativo que pasa por Dante y la Divina Comedia, por Wagner, Schopenhauer y Nietzsche para llegar hasta el Ulysses y Finnegans Wake, hasta Los Buddenbrook y La montaña mágica, T. S. Eliot o el Guernica de Picasso.

Un libro imprescindible para entender una parte fundamental de la literatura, el arte y la filosofía de los últimos siglos.


Arte, naturaleza y espiritualidad. María Eugenia Manrique

Tao Foto sacada del twitter de presentación del libro en Casa Asia

 

Este libro es una exquisita invitación a desarrollar –a través del arte y los principios de la filosofía taoísta– una visión de la naturaleza como algo manifiesto en nuestro propio ser. Se trata de comprender que los seres humanos somos naturaleza, tanto en su diversidad como en su integridad.

En un estilo sencillo, la autora nos expone la relevancia de establecer un vínculo fundamental entre el ser humano, el arte, la naturaleza y la espiritualidad. La pintura, la caligrafía y la poesía se entienden como vías de correspondencia con las que el artista y el observador entran en armonía con la naturaleza, a través de un estado de resonancia donde se desvanecen los límites del yo. Se abre, así, una vivencia profundamente humana de espiritualidad, como reflejo de la propia existencia. [Editorial Kairós]

 

img_51091 Maria Eugenia Manrique en su estudio [web de la autora]

 

<< La China actual es sin duda un país de extremos, en el que lo contemporáneo y la occidentalización contrastan con la cultura y los valores más tradicionales. Sin embargo, desde la sensibilidad de mi experiencia, el trazo único del pincel continúa siendo la máxima expresión de su cultura milenaria, en cuya esencia filosófica se establece la extraordinaria relación existente entre la naturaleza, el arte y la espiritualidad. Relación que pude sentir cuando al subir la cima del Tai Shan, una de las cinco montañas sagradas de China, me encontré con los llamados «pintores del aire», que, entre las brumas que alcanzan las alturas, intentaban captar la grandeza del paisaje en sus manos, siguiendo con ellas los movimientos del pincel, para luego llevar el espíritu de la naturaleza a la pintura, en la soledad y el si- lencio de su estudio.

Escribir este libro ha significado para mí una experiencia de observación y encuentro, a través de la cual he intentado transmitir con sencillez los principios y fundamentos de una tradición artística que, si bien pertenece en sus orígenes y evolución a la cultura china, considero desde mi perspectiva personal, que es también un acervo cultural de la humanidad. Un arte que, si lo contemplamos desde la visión taoísta, puede llevarnos al despertar de la consciencia, de la sensibilidad y de la intuición natural y, por encima de todo, al sosiego espiritual de nuestro ser interior. […]

A medida que profundizaba en la escritura, uno de los aspectos que han estimulado más mi perspectiva reflexiva es el de las comparaciones que suelen establecerse entre el arte occidental y el arte oriental, las cuales generalmente concluyen mencionando una serie de diferencias que parecen insalvables, con las que se propone un distanciamiento de esencia entre ambas artes. Al haber recibido una formación artística primeramente en occidente y posteriormente en China y Japón, mis reflexiones al respecto se sustentan en base a mi propia experiencia.

Es evidente que, al existir diferencias culturales, estas se ven reflejadas en las expresiones artísticas de cada cultura. Sin embargo, en lo que se refiere a los fundamentos del arte tradicional chino y el arte occidental, desde mi apreciación, estas diferencias aparte de ser culturales, se encuentran principalmente en las bases de la formación académica. Mientras que en Occidente la educación artística se centra en la enseñanza de una gran variedad de técnicas, con el propósito de destacar y demostrar la capacidad creadora buscando siempre la innovación, al tiempo que se exige el desarrollo de un estilo propio, en Oriente la enseñanza de la pintura tradicional contempla la evolución del espíritu a partir del aprendizaje de un método, el cual se estructura principalmente en el ejercicio y la práctica del pincel.

Otra gran diferencia que también se observa en la formación de bellas artes es que, desde la visión occidental, el ser humano se sitúa en el centro de la creación artística, mientras que en Oriente el centro de la creación y la transformación es la naturaleza, conjuntamente con el Qi o fuerza vital que rige en el ser humano, al igual que en todas las formas distintas que constituyen el Universo, siendo este uno de los puntos principales en los que se articula la expresión artística oriental con la filosofía taoísta.

Ahora bien, tal como yo lo contemplo, estas diferencias que encontramos en el período de formación no continúan necesariamente en la evolución del artista occidental. Con relación a esta opinión que expongo, me gustaría compartir lo que mi maestro y tutor del último año de bellas artes me dijo al concluir mis estudios: «El llegar satisfactoriamente al término de los estudios de arte no significa que seas una artista. Es ahora cuando comenzarás tu evolución como artista, y esto depende del camino que decidas seguir».

Como una reverberación de estas palabras, las reflexiones escritas por los propios artistas occidentales alcanzan en profundidad principios similares a los textos taoístas, porque representan la magnitud del arte cuando el artista entra en contacto con su naturaleza interna a través de la contemplación y la resonancia del universo.

No pienso que llegar a este nivel de conciencia dependa de la cultura ni de la formación académica, sino del camino que ha elegido el artista para su evolución espiritual como ser humano en armonía con la naturaleza. Este paralelismo entre el pensamiento de un arte considerado taoísta y un arte naturalista occidental se desvela en la siguiente frase de Caspar David Friedrich, pintor paisajista del romanticismo alemán del siglo XlX: «Debo rendirme a lo que me rodea, unirme con las nubes y con las piedras, para ser lo que soy. Necesito la soledad para entrar en comunicación con la naturaleza». >>

 

María Eugenia Manrique. Arte, naturaleza y espiritualidad. Evocaciones taoístas. Kairós, 2018.

 

MariaEugeniaManriquewebLicenciada en Bellas Artes, Maria Eugenia Manrique ha realizado estudios de formación en caligrafía y pintura tradicional china. En 2012 obtiene el grado de 4º Dan en caligrafía japonesa otorgado por la fundación Nihon Shuji Kyoiku Zaidan, Japón. Miembro de la International Chinese Calligraphy and Ink Painting Society – Japón. En 2014 recibe el gran premio de Sumie – Exposición Internacional de Caligrafía y Pintura China, Museo de Anshan, China En 2013 recibe un reconocimiento de mérito especial en la Exposición Internacional de Caligrafía y Pintura China, Museo de Anshan, China. En 1990 obtiene el Bronce Price, premio de pintura Osaka International Triennale de Osaka, Japón. Reside en Barcelona, España, donde imparte clases de Pintura Oriental / Sumie.

http://www.mariaeugeniamanrique.wordpress.com

 

 

Chantal Maillard sucediendo en compañía

Nollegiu_presentación de Cual_nov.2018Foto hecha por uno de los libreros de Nollegiu. 

 

Chantal Maillard convoca. Nosotros.as acudimos a arroparla, escuchando. Ayer, tarde diluvial. Llego finalmente –ni sé cómo– a la librería Nollegiu repleta a pesar del diluvio. El acto acaba justo de iniciarse: la poeta y filósofa presenta sus dos últimos libros, el poemario Cual menguando (Tusquets Editores) –una fascinante reflexión escénica sobre los límites del lenguaje, las errantes andanzas de la lógica y las fronteras de la razón–, y el lúcido y necesario ensayo-panfleto ¿Es posible un mundo sin violencia? (Vaso Roto Ediciones).

Acompañada por el director del Centre de Creació de Dansa i Arts Escèniques La Caldera, Òscar Dasí, y el librero de la Nollegiu, Xavier Vidal, Maillard arranca con el pequeño ensayo sobre la violencia. Violencia que sostiene este mundo, y que los humanos, contrariamente a las demás especies, ejercemos “por placer, por codicia o, simplemente, por inercia o por indiferencia”.

“Este no es el mejor de los mundos posibles. El mundo en el que estamos tiene por ley el hambre y el contrato que firmamos por la vida implica la violencia. Pero hay otra violencia, que nos caracteriza como especie, que no se ejerce por necesidad, sino por placer, por codicia o, simplemente, por inercia o por indiferencia. ¿Qué hace falta para darnos cuenta de que lo que nos concierne es mucho más que lo que nos ampara como individuos? Recordemos a Fiedrich Nietzsche abrazado al cuello de un caballo exhausto y maltratado. Que aquel gesto se considerase como un síntoma de locura es clara indicación de una sociedad enferma. Si queremos recobrar la salud como especie, será indispensable que reemplacemos la moral de la reciprocidad por una ética de la compasión.”

Buscar otras lógicas, correlativas, horizontales, y una ética, inclusiva, “desde las que es posible entender que nada “es” de una vez por todas, que el universo es un continuo estar-siendo y que, para seguir siendo, cualquier cosa depende de todas las demás”. Transformar los canales de percepción consensuales, heredados, y poner atención, es decir, atender otro plano de la “realidad”, móvil, fluida, vibrátil… en el que está en juego la transformación de quien mira, siente, conoce, (se) relaciona, sin pre-ver, sin pre-tender, sin dar por hecho… o no tanto.

 

“El universo es un entramado en el que todo lo que hacemos o dejamos de hacer tiene repercusiones. Esto es lo que el individualismo racionalista y patriarcal no entendió.”

 

Re-flexionando el tema de la representación: “Qué extraño poder es éste de la representación, que nos lleva a experimentar con placer sensaciones que en la vida real nos causarían pena, dolor, temor o repugnancia? ¿Qué tipo de placer es éste? Porque se trata evidentemente de un placer, ¿no es cierto?”… Pues “toda representación es una metáfora… El placer de la metáfora es un placer de la inteligencia”. Inteligencia estética, perceptiva, sensitiva. Atención flotante. Aquella mirada oblicua. Derivas hacia la hibridación del mundo sensorial. Sensoescucha difuminando las fronteras corpóreas y otras. Vibrando juntos. Escuchando. Atendiendo al flujo. “Un suceder en compañía”.

 

 

“Si el verbo “ser” se reemplazase por el de “suceder”, muchas cosas cambiarían. Las opiniones se relativizarían y la necesidad de establecer verdades se sustituiría por la de crear espacios de coherencia en los que construir ficciones necesarias.”

 

Y sucediendo en compañía, Cual-Chantal, Fiam-Xavier, y Voz al margen-Oscar, deciden re-presentar(se). Y lo hacen dialogando, convirtiendo sofas y repisas de la libreria en un mini-escenario improvisado. Ternura a raudales y perlas de humor sutil ante tanta violencia gratuita. Inventar(se) despojándose. Cual menguando en un nosotros compasivo. Tiempo suspendido. Pulsátil. La palabra corta y meticulosa como praxis casi gestual. Ritual. Situada. En-ajenándose en un decir ajeno a la sintaxis y a la semántica. Grafía del silencio escribiendo las pausas. Placer de la escucha del otro que sucede con-mi-go, cuando supuestamente no pasa nada y todo puede suceder (de nuevo)…

Entonces me sorprendo leyendo Cual menguando como si fuese la aplicación ¿estética? de ese pequeño capítulo del ensayo sobre la violencia De la moral de la reciprocidad a la ética de la compasión.

“Entre Usted y nosotros anda el juego “, susurra la poeta.

 

En-ajenarse sería lo deseable: ampliar el marco de pertenencia, ir de lo próximo a lo ajeno, traspasar las fronteras. Des-integrarse en otros, protegiendo las diferencias a sabiendas de que éstas y la natural violencia que acarrean en su movimiento es la manera en que el universo se perpetúa. Esto sería crecer en lucidez –o en común sentido.

 

 

Escenario a oscuras. Silencio.

CUAL: ¿… Fiam?

(Silencio)

¿Estás ahí? No te oigo.

(Silencio)

¿Fiam…? Dime si estoy aquí.

FIAM, con voz dormida.

Estás ahí.

CUAL: Ah, bueno.

/Tiempo/

¿Fiam…?

FIAM, con voz cansada.

Duérmete.

CUAL: No sé cómo se hace.

FIAM: Primero un pie y luego el otro.

CUAL: Ah.

/Tiempo/

CUAL: ¿Fiam?

FIAM: ¿Y qué más?

CUAL: ¿Cómo sabes que estoy?

FIAM: Está claro: no me dejas en paz.

CUAL: Si dejarás de oírme no lo sabríamos.

FIAM: Pues mejor.

CUAL: No digas eso. Después de lo que hemos sido el uno por el otro…

/Pausa/

Sin ti no podría saber si sigo estando.

FIAM, subitamente enternecido: Si quieres te cambio el sitio.

CUAL: ¿Harías esto por mí?

FIAM: No. Pero podría intentarlo.

CUAL: De acuerdo.

Silencio.

/Tiempo/

Cual enciende la luz. Fiat sigue en la 

repisa; Cual, en la butaca. Cada uno 

de ellos mira al frente, en distintas

direcciones. Cual apaga la luz.

 

Extracto de Cual menguando: “Primero un pie”. Acto primero, Escena V.

 

Presentación Cual_Nollegiu_Nov.2018Maillard tal Cual menguando. Foto de Lola Martinez.

 

 

El gran magma de Gary Snyder

Con el corazón encogido estos días por los incendios de California, a tan sólo 50 kilómetros de la casa de Snyder en los bosques de Sierra Nevada, enviando pensamientos de lluvia hasta allí…

 

portada-Magma

 

El camino

La dinastía Shang desapareció alrededor del comienzo del primer milenio a. C. y fue seguida por la Zhou. Esta se afianzó durante quinientos años como una federación de estados cada vez más divididos, hasta que se fragmentó por entero. El periodo siguiente se denomina el de los «Reinos combatientes».

La China civilizada se había dividido en dos culturas considerablemente distanciadas: por un lado, una red patriarcal, militarista y pragmática de linajes y dirigentes con vínculos familiares que se entrecruzaban sobre las fronteras de los diversos reinos en liza y, por otro, una «gente común» con una cultura tradicional arraigada en un largo y saludable pasado y una vigorosa cuota de gobernanza local que sobrevivía asentada en la costumbre. Los dirigentes de la Edad de Bronce tenían incluso una religión propia –mantenían que «los ritos no se transmiten a la gente común»– que giraba alrededor de los augurios y el sacrificio. Augurios porque un linaje reinante apuesta sobre el futuro a largo plazo, al igual que una persona con dinero en acciones comienza súbitamente a calcular intereses y se preocupa por el «clima» económico. El sacrificio, una curiosa perversión de la sacralidad de la cadena trófica, se ofrecía mayormente al legendario recuerdo de los triunfantes antepasados del clan que se hicieron con el poder, padres del Estado, a los que se consideraba «ancestros en el cielo».

Los mandatarios y los estudiosos chinos del siglo IV a. C. eran personas obsesionadas por la sociedad y sus conflictos. De la clase alfabetizada de contables, astrólogos, profesores y escribientes que llevaban registros surgían individuos con ideas para reformar el escenario político y social… o suprimirlo por completo.

Algunos de estos individuos han llegado hasta nosotros a través de la historia como «sabios». Los miembros de las clases oprimidas que albergaban pensamientos similares pueden ser llamados «carismáticos profetas campesinos» o «virulentas curanderas creyentes»; en ocasiones sencillamente se retiraban a las montañas para convertirse en eremitas leñadores. A menudo los sabios chinos posteriores aspiraban a ser considerados como estos.

Una escuela filosófica, el legalismo, estaba completamente a favor del Estado y argumentaba únicamente que los dirigentes debían ser más severos y purgarse de cualquier consideración hacia los sentimientos del pueblo llano. Confucio y su escuela intentaban mediar entre la arrogancia de los aristócratas y la gente sobre la que imperaban, impartiendo una filosofía de gobierno humanitario regido por profesionales virtuosos. Una buena parte del confucionismo es sugerente y emotivo, pero el sesgo hacia el Estado se hace patente desde el principio.

Los seguidores de Mo Zi, una escuela poco conocida hoy pero pujante en su tiempo, parecían aliados en las formas, si no en espíritu, con la gente corriente. Vestían ropa tosca, comían alimentos ordinarios y trabajaban incansablemente, profesando una doctrina de amor universal. Su sentir en cuanto al Estado era ambiguo; creían abiertamente en la guerra como medio de defensa y en el gobierno de los virtuosos.

Esto nos acerca a la visión del mundo más impactante de todo el Extremo Oriente y una de las dos o tres principales de todo el planeta: el taoísmo filosófico. ¿Bajo qué estándares puede uno aventurarse a juzgar una sociedad en su conjunto?

Se puede criticar una sociedad contrastándola con un conjunto de creencias religiosas recibidas, como hacen, por ejemplo, los amish o los testigos de Jehová. También, como a menudo sucede en el mundo contemporáneo, es posible suscribir un análisis de la sociedad y de la historia que sostenga que existen alternativas mejores de orden racional, humanitario y material. Una crítica verdaderamente científica de una sociedad debería nutrirse de toda la información que hoy recopilamos globalmente de la antropología, la ecología, la psicología y demás, y ese método está todavía en pañales.

Los antiguos místicos —los artesanos y pensadores que hoy llamamos «taoístas»—buscaron un sustrato de valores en el orden visible de la naturaleza y sus analogías intuitivas con la condición humana. La expansión mental que esto les permitía, y sus irreve- rentes, ingeniosos, afables y precisos juicios, todavía restallan hoy en nuestro mundo. Sus textos claves son el Tao te king y los titulados Zhuang zi y Lie zi.

Tao se traduce como sendero, o camino, la forma que tienen las cosas, la senda «más allá de una senda». Eran visionarios sociales, naturalistas y místicos que vivían en una China todavía colmada de vida salvaje y bosques de montaña.

La actitud social de los taoístas invoca un mundo precivilizado, de orientación maternal, que existió una vez y que podría existir de nuevo:

He escuchado decir que en la antigüedad las fieras y los pájaros eran muchos y la gente poca. Las personas anidaban todas en los árboles para defenderse del peligro, durante el día recolectando bellotas y castañas, con la puesta de sol subiendo de nuevo a los árboles para dormir. Por eso se les llamaba la gente que hacen nidos. En la antigüedad la gente no conocía la ropa. Durante el verano amontonaban grandes haces de leña y en invierno los quemaban para calentarse. Por eso se les llamaba «la gente que sabe cómo permanecer viva». En la época de Sheng Nung la gente dormía en paz y tranquilidad, y se despertaba con los ojos abiertos y en blanco. Conocían a sus madres pero no a sus padres, y vivían junto a los alces y los ciervos. Comían de su labranza, tejían para vestirse y no albergaban en su corazón intención alguna de hacer daño a los demás. Esta era la más alta y encumbrada virtud. [Chuang Tzu]

De acuerdo a Marcel Granet y otros estudiosos, parece que la sociedad neolítica china era de hecho matrilineal y matrilocal, con una buena dosis de vida religiosa liderada por los wu, o chamanes, mujeres en su mayor parte.

El confucionismo se inhibió de observar en detalle la naturaleza. Los taoístas no solo eran buenos observadores, sino que se elevaron sobre el utilitarismo antropocéntrico, como en esta historia de Lie Zi:

Tian de Qi daba en el jardín de su casa un banquete al que asistían mil comensales. Cuando se sirvió el pescado y los patos, Tian lanzó un suspiro y dijo: «¡Cuán generoso es el cielo con el hombre! Para su provecho hace crecer los cinco cereales y nacer los peces y las aves». La aprobación de todos los invitados resonó en el jardín. El hijo del señor Pao, de doce años, que estaba sentado en segunda fila, avanzó y dijo: «Las cosas no son como vos decís. Todos los seres del mundo son de diferentes especies, pero su vida en nada difiere de la nuestra. No se puede decir que unas especies sean nobles y otras despreciables. La jerarquía entre ellas se basa en el tamaño, la inteligencia o la fuerza. Unas se comen a las otras, pero eso no es algo determinado por su propia naturaleza. El hombre se apodera de aquello que le sirve de alimento y se lo come, más, ¿cómo podría afirmarse que el cielo lo ha engendrado para el hombre? Los mosquitos y cínifes nos pican la piel y los tigres y los lobos devoran la carne humana, ¿acaso se puede decir que el cielo ha engendrado al hombre para los mosquitos y la carne humana para los tigres y los lobos?». [Lie Zi]

Al perseguir el conocimiento de la naturaleza —«naturaleza» en chino es ziran, «así, por sí mismo», aquello que es autosuficiente y espontáneo—, adentrándose en la condición humana y el oscuro interior de los fenómenos, los escritores taoístas ensalzan la suavidad, la ignorancia, el flujo, una sabia receptividad, el silencio. Presentan una paradoja crítica; en concreto, que la energía térmica fluye hacia la indisponibilidad y aparentemente se pierde para siempre: la entropía. La vida parece ser una compleja estrategia para demorar y utilizar ese flujo. Pero lo que podría llamarse energía «espiritual» a menudo se refuerza solo cuando «dejas ir» –abandonas–, «desechas cuerpo y mente», y te fundes con el proceso. El texto de Lao Zi dice:

«El espíritu del valle no muere»
se dice de la hembra oscura.

«La puerta de la hembra oscura»
se dice de la raíz del cielo y de la tierra.

Infinitamente sutil, parece perpetua.
Se usa sin que se consuma.» [Lao Zi]

Este principio es la llave para entender el taoísmo. No hagas nada contra la corriente y todo se completará. Los taoístas enseñaban que tanto los asuntos humanos, como también sistemas y subsistemas, se mueven apaciblemente por cuenta propia; todo orden llega de dentro, el de todas sus partes, y la idea de la necesidad de un gobernante centralizado, divino o político, es una trampa.

¿Cómo fue entonces que la humanidad perdió el camino? Los taoístas solo pueden contestar que a causa de la intromisión, las dudas y algunos errores. Y realmente el camino puede perderse. Siglos más tarde, los budistas chan (zen) abordaron esto con la intensidad paradójica que les caracteriza: «El Camino Perfecto no tiene dificultad: ¡Esfuérzate!». China se ha estado esforzando durante todos estos siglos.

 

Gary Snyder. El gran magma. Memorias y apuntes sobre naturaleza e historia en Asia Oriental. Trad. Nacho Fernández R.  Varasek Ediciones, 2018.

El gran magma – Gary Snyder

 

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Gary Snyder (San Francisco-EEUU, 1930). Poeta esencial de la generación beatnik,  ensayista y activista del medio ambiente. Perteneciente a la Generación Beat y autor de más de veinte libros de poesía y prosa, obtuvo el Premio Pulitzer en 1975. Es considerado el moderno Henry David Thoreau, un eco-poeta y un eco-luchador. Ha realizado todo tipo de trabajos, granjero, leñador, marinero y forestal, además de profesor universitario. Ha viajado durante años, sobre todo por Japón, China e India. Snyder es el protagonista del libro de culto “Los vagabundos del Dharma” de Jack Kerouac. Es el autor del imprescindible libro de ensayos “La Práctica de lo Salvaje” y del diario del viaje con Ginsberg, Orlovsky y Kyger “Viaje por la India”, publicados en esta misma colección.  En la actualidad vive en Tamalpais, en las colinas de la Sierra Nevada.

 

Chantal Maillard presenta a “Cual menguando” en Barcelona

Menguar, del latín minuare (disminuir). Hacer que algo sea menor en cantidad, en tamaño, en intensidad, en importancia. Pobreza, necesidad y escasez de una cosa. Disminuir, menoscabar o aminorar algo.  Disminuir la parte iluminada de la luna vista desde la Tierra. Verbo del que proceden también las palabras menudo, minucia, minucioso, nimio, nimiedad, desmenuzar, minimizar, mermar, menor, menos, menosprecio, minuto, minuendo, diminuto.

 

Ayer, en la presentación de Cual menguando, volvimos a oír el sonajero. Aquel sonajero de palabras que agita Chantal Maillard en cada una de sus intervenciones y, aunque sonó breve y flojito —¿para no asustar a Cual?—, vibró adentro mío lo suficiente como para desmantelar una vez más algún que otro andamio de ideas pre-digeridas. Bouche bée gobant les mouches :: boquiabierta tragando moscas. Con Maillard, cualquiera animaliz-ando.

 

90 Le chat. Alberto Giacometti, 1951. Bronce.

 

A punto de ser nada

aún me tiembla el párpado,

dice el mí.

 

Dulce calidez de grillos.

 

Aún me tiembla el mí,

murmura Cual.

 

Chantal Maillard. Cual menguando. Tusquets, 2018.

 

<< El animal-en-mí es el que posee el saber anterior, aquél de los comienzos, aquel saber sin juicio, inmediato, natural, que todo ser vivo posee y que permite que entre todos exista un equilibro […]

Ciertamente, entre este estado anterior del animal-en-mí y el estado sin mente hay cierto parecido. En ambos casos se trata de un fuera del discurso mental.

[…] Cual es el resultado de un progresivo auto-desprendimiento. Cual ha ido desprendiéndose de todo, objetos, cosas, hábitos, apegos; su voluntad ha ido menguando –por intervalos– hasta prácticamente desaparecer. Termina viviendo en puro presente, en contacto con cosas diminutas, insignificantes. Desprovisto ya de todo sentimiento-respuesta aprendido, aprecia, por ejemplo, el aguijón de una abeja en su cráneo. Cual es un ser menguando. >>

[Entrevista a Chantal Maillard (2016): “En el abajo uno permanece sin palabras”]

http://www.revistavisperas.com/entrevistachantalmaillard/

Chantal Maillard: “En el abajo uno permanece sin palabras”