Himno a la Mujer | Shaktisangama Tantra

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La Mujer (Shakti) es la creadora del universo,

el Universo es su forma;

la Mujer es el fundamento de los mundos,

ella es la forma verdadera del cuerpo.

Adopte la forma que adopte,

la de un hombre o la de una mujer,

es la forma superior.

En la Mujer reposa la forma de todas las cosas,

de todo lo que vive y se mueve en el mundo.

No existe joya más preciosa que la Mujer,

ni condición superior a la suya.

No existe, nunca existió y nunca existirá

un destino parecido al de la mujer;

no hay reino, ni fortuna

comparable a una mujer;

no existen, nunca existieron, nunca existirán

lugares sagrados similares a la Mujer.

Ninguna oración iguala a la Mujer,

ni fórmula mística ni ascesis

que valgan la Mujer.

No existe, nunca existió y nunca existirá

una riqueza más valiosa que una Mujer.

 

Shaktisangama Tantra II.52

 

Imagen:

El triángulo primordial, símbolo de Shakti, la Diosa Suprema. Rajasthan, siglo XVII, gouache sobre papel.

Este yantra (instrumento diagramático que favorece la concentración) representa a Shakti, el aspecto femenino de la divinidad. Los tres lados del triángulo — yoni —representación de la vulva, la matriz creativa del cosmos— con sus tres colores: negro, rojo, blanco, simbolizan a las tres gunas, 3 cualidades que componen todo el universo: sattva (luz, serenidad, discernimiento), rajas (energía, pasión, movimiento), tamas (ignorancia, inercia, oscuridad).

 

Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología oriental

 

Nadie como Joseph Campbell ha hecho comprender mejor a nuestra época el sentido mítico del mundo. En su prólogo al monumental estudio comparativo de las mitologías, cuya nueva edición continúa publicando Atalanta con este segundo volumen, afirma que el hombre no puede sostenerse en el universo sin otorgar un sentido a las ideas míticas heredadas, porque la crónica de nuestra especie no es sólo la de su historia biológica, o la que se apoya en el desarrollo tecnológico, sino también la historia espiritual de las diferentes razas humanas.

Publicada entre 1959 y 1968, Las máscaras de Dios está dividida en cuatro volúmenes. El primero, dedicado a la Mitología primitiva indaga los motivos mitológicos de las culturas prehistóricas a la luz de los descubrimientos arqueológicos, antropológicos y psicológicos más recientes. El segundo volumen, Mitología oriental, se ocupa de las religiones de Egipto, la India, China y Japón. El tercero (que será publicado durante el año 2018), Mitología occidental, es un estudio comparativo de los temas universales que subyacen en el arte, los cultos y los textos de la cultura europea. La obra se completa con Mitología creativa, que trata sobre la importancia que ha tenido la herencia mitológica en el mundo moderno y sobre el ser humano como creador de sus propias mitologías.

Esta nueva edición en castellano de Mitología oriental ha sido revisada por la Fundación Joseph Campbell con el fin de conservar toda su vigencia científica como libro de referencia. [Editorial Atalanta]

Joseph Campbell, Las máscaras de Dios: Mitología oriental (tomo 2). Trad. Belén Urrutia, Atalanta, 2017, 704 págs.

 

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Joseph Campbell (Nueva York, 1904–Honolulú, 1987) fue junto a Mircea Eliade el mitólogo más importante de la segunda mitad del siglo XX. Profesor emérito de literatura en el Sarah Lawrence College de Nueva York, fue un reconocido escritor y conferenciante de temas de mitología y religiones comparadas. Entre sus numerosos libros merecen destacarse: El héroe de las mil caras: psicoanálisis del mito (1949; Fondo de Cultura Económica, 1959), Las máscaras de Dios (4 volúmenes, 1959-1969; Alianza, 1991, reeditados en la actualidad por Atalanta), Las extensiones interiores del espacio exterior: La metáfora como mito y como religión (último libro editado antes de su muerte acaecida en 1987, y editado por Atalanta en 2013), Imagen del mito (Atalanta, 2012); “The Mythic Dimension: Selected Essays” (1959-1987), Transformations of Myth Through Time (1990), A Joseph Campbell Companion: Reflections on the Art of Living (1991), Mythic Worlds, Modern Words: On the Art of James Joyce (1993), Thou Art That: Transforming Religious Metaphor (2001) y Myths of Light: Eastern Metaphors of the Eternal (2003).

 

Oír el sonido. Chantal Maillard

 

Oigo un sonido rítmico, como de agujas o de patitas de animales sobre el tejado. Sé que son gotas de agua. Lo sé porque el sonido acompañó muchas veces el agua que he visto caer desde el cielo. Llamamos a eso lluvia y decimos oír la lluvia. La lluvia no se oye. No se oyen los conceptos. Si pudiera simplemente oír el sonido, sin memoria, sin imagen, sin retroceso, si pudiese oír de verdad no lo que oigo sino el sonido mismo, habría penetrado en el misterio: el de ese presente sin tiempo que se abre cuando la mente no arroja las impresiones. Escucha, no pienses, no oigas, tan sólo escucha.

Filosofía en los días críticos: 162, frag. 248. Editorial Pre-Textos, 2001


 

¿Qué es un sonido? Conocer un sonido… No se conoce un sonido tan sólo oyéndolo. Conocer un sonido es experimentarlo más allá de la materia expresada en la sonoridad, es ver lo que construye, experimentar en el cuerpo el impacto de la forma sonora.

***

Dhrupad: Jugar con el sonido como con un material maleable. Buscarlo, convocarlo y, una vez hallado, seguirlo, dejar que juegue con nosotros.

Diarios indios: 106. Editorial Pre-Textos, 2005 (Reeditado en India, Pre-Textos, 2014)

 

Nota: “Dhrupad” es una de las formas fundamentales de la música clásica que encontramos en todo el subcontinente indio. La palabra viene de Dhruva que, en sánscrito, significa inmóvil y permanente. Sus notas puras tienen cualidades meditativas. Como toda la música india, Dhrupad es modal y monofónico, con una sola línea melódica y sin progresión de acordes. Cada raga tiene un marco modal en el que es habitual una abundancia de ornamentaciones microtonales.

Una muestra con uno de los mejores grupos en la actualidad, los Gundecha Brothers:


 

La práctica sostenida

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Debido a que la atención a las cuestiones de la individuación puede provocar una intensificación de los pensamientos y los sentimientos, tenemos que procurar no convertirnos en unos simples coleccionistas de ideas y experiencias y dedicar también una considerable cantidad de tiempo a la tarea de aplicar lo que hemos aprendido en la vida cotidiana. Mi práctica diaria y la que enseño a otras personas es principalmente la de una contemplación del mundo, con todas las complejidades que semejante situación lleva aparejadas. Cualquiera que sea el lugar o la manera con que se empiece, hay que insistir en la necesidad de una práctica regular. No es necesario que ésta sea muy larga, pero sí concentrada durante el tiempo que se le dedique, enfocada de la manera más pura posible y, como es natural, ejercitada a diario.

Clarissa Pinkola Estés, Mujeres que corren con los lobos. Ediciones B, 1998 [Apéndice, nota 5]. (Las pequeñas modificaciones en la traducción son mías.)

*

Un término clave es la práctica, entendida como un esfuerzo sostenido, deliberado y consciente por acompasarnos con mayor sutileza con nosotros mismos y la verdadera condición del mundo existente. El mundo, exceptuando una mínima intervención humana, es en última instancia un lugar salvaje. Es esa la parte de nuestro ser que dirige la respiración y la digestión, y cuando se observa y aprecia es una fuente de lúcida inteligencia. Las enseñanzas del budismo son realmente sobre la práctica y muy poco teóricas, aunque la teoría es tan atrayente que a lo largo de su historia ha provocado una ligera y sugerente desorientación en muchos.

La práctica de lo salvaje propone que nos ocupemos de algo más que de la ética medioambiental, la acción política o un activismo útil e ineludible. Debemos enraizarnos en la oscuridad de nuestro ser más profundo.

Gary SnyderLa práctica de lo salvaje [prólogo]. Varasek ediciones, 2016

*

El mí, ese personaje interno que emite juicios al tiempo que experimenta agrado o desagrado, que piensa, cree, se emociona, se turba, se atemoriza, se defiende, se admira o se confunde y que siempre se identifica con sus estados, era el objeto [de observación] ahora. Identificarse con los propios estados mentales es la condición natural del ser humano; observarlos no es propio de esa condición, es el resultado de un entrenamiento, algo así como un ejercicio de esquizofrenia controlada mediante el que se procura establecer una distancia entre el mí (los estados sentimentales que aparecen en continua sucesión) y la conciencia que observa.

Chantal Maillard, Diarios indios, reeditado in India. Pretextos, 2014 [p.24]


La tortue rouge (La tortuga roja)

La tortue rouge (2016) és una bellíssima pel·lícula d’animació que explica un conte, sense paraules, sobre un nàufrag que arriba a una illa poblada de tortugues, crancs i aus.

La història és un cant a la natura: el protagonista forma part i integra la pròpia naturalesa. És també una mena de viatge interior que em recorda algun dels contes del llibre de Clarissa P. Estés “Mujeres que corren con los lobos”: “Piel de foca” i “La mujer esqueleto”.

M’han emocionat la bellesa de les imatges i de la música i m’ha agradat també perquè sap transmetre i comunicar sense utilitzar la paraula com a llenguatge. Una pel·lícula “de llobes”!

https://fr.wikipedia.org/wiki/La_Tortue_rouge

https://es.wikipedia.org/wiki/La_tortuga_roja

http://www.fotogramas.es/Festival-de-San-Sebastian/2016/La-tortuga-roja-una-verdadera-joya-de-la-animacion-inunda-de-magia-el-festival

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Direcció: Michael Dudok de Wit
Música: Laurent Perez del Mar
Títol original: ‘La tortue rouge’
Producció:  Japó – França – Bèlgica
Durada: 80 minuts
Any: 2016
Gènere: Animació

 

 

  • Aquí podeu escoltar la banda sonora de la pel·lícula

Mujeres de sabiduría. Descenso y resurrección. Tsultrim Allione.

mujeres-de-sabiduriaSiempre ha habido mujeres inmersas en la vida espiritual, pero existe una literatura muy escasa sobre ellas. Por esto las mujeres que siguen una vida espiritual tienen más que todo modelos masculinos, aunque deben afrontar problemas que son propios a su condición femenina, y no es el menor de ellos el prejuicio cultural que las sitúa como incapaces de conseguir los más altos estados de consciencia. Por medio de las ricas biografías de seis místicas tibetanas y describiendo su propia experiencia, primero como monja budista tibetana y posteriormente como esposa y madre, Tsultrim Allione nos proporciona las sugestivas vidas de unas mujeres que, en situaciones difíciles, se liberaron y alcanzaron la iluminación. [Prólogo de Chogyam Trungpa]


Al hilo de mi anterior entrada, os invito a la lectura de este extracto de la introducción del libro de Tsultrim Allione, Mujeres de sabiduría, en el que reconoceréis sin duda muchos de los temas que giran en torno al gran ciclo de los descensos (catabasis) y de las resurrecciones (anabasis). En su introducción, y especialmente en el apartado titulado “Descenso y resurrección”, la autora se refiere específicamente al cuento de La Doncella Manca; son estos párrafos los que he traído aquí para proporcionaros varios elementos de reflexión alrededor de uno de los cuentos con el que trabajamos, y en los que reconoceréis también tramas de otros cuentos, en concreto de La Mujer esqueleto, y de Vasalisa la Sabia.


El poderoso y evocador mito del “descenso”, paralelo en tantas culturas, también lo encontramos en varias de las biografías que se incluyen en este libro. Es una situación opresiva o inconsciente que te lleva a una crisis, “muerte”, descenso o iniciación en la oscuridad, seguido por una resurrección o resurgimiento. Lo que vivimos en la oscuridad ilumina todo nuestro ser y, a través de esta experiencia, tienen lugar cambios irrevocables, nos fortalecemos. También encontramos este tipo de experiencia en los mitos de Perséfone, y Psiquis, el antiguo mito semita del “Descenso de Innana”, en los ritos iniciáticos griegos, en las ceremonias iniciáticas chamánicas y en los cuentos como “La Bella durmiente”, “La rosa silvestre”, “La Muchacha sin manos” y “Los siete cuervos” en las fábulas de la Madre Hulda y Baba Yaga. También ha sido identificado por las psicólogas modernas tales como Sylvia Perera, Marie-Louise von Franz y Nor Hall. Otras mujeres sin más modelos o guías que ellas mismas y que han luchado por integrarse espiritualmente dentro de una cultura patriarcal, también han descubierto este ciclo. Si el mito del descenso se entiende correctamente puede ser de una tremenda utilidad, por ser la clave al proceso iniciático universal, en el que debemos participar si nuestro deseo es evolucionar o comprendernos. Estas experiencias nos afectan a un nivel tan profundo que, si luego las volvemos a integrar, podemos pasar por un renacimiento consciente, en vez de ser influenciados inconscientemente por las presiones y convenciones sociales.

Podemos valorar y crecer a partir de nuestras épocas oscuras, viéndolas como trampolines y no como digresiones inútiles. Podemos aprender a diferenciar entre ser arrastradas pasivamente hacia la oscuridad y la decisión voluntaria de penetrar en el mundo velado. Podemos ver qué y quién nos puede ayudar a digerir e incorporar las intuiciones tenidas durante nuestros descensos voluntarios o forzados.

En esta recopilación de biografías, la de Nangsa Obum es la que ilustra con más claridad el mito del descenso. Es la biografía de una “delog” (das.log) –la persona que muere y luego resucita. […]

En muchos cuentos, vemos que el nacimiento de una heroína o héroe viene después de un periodo de esterilidad, el cual va seguido por el nacimiento de un hijo sobrenatural. En nuestras propias vidas, vemos con frecuencia como también pasamos por épocas de reflexión en las que nos detenemos, sin hacer apenas nada, antes de que surja una transformación importante en nosotros o una obra creativa. […]

En el cuento “La Muchacha sin Manos”, una chica inocente que, a través de la conjura de un demonio, no es comprendida por su esposo (o por su padre en algunas versiones), es conducida al bosque donde ha de vivir sola. “La dejan en plena naturaleza, donde deberá aprender a conectar con su realidad positiva, interna, en vez de dejarse llevar por las normas colectivas, y deberá entrar en estados de profunda introversión. Se trata del bosque como podría ser el desierto, una isla en medio del mar o bien la cima de una montaña.” (Marie-Louise von Franz, La mujer en los cuentos de hadas).

[…]

A veces, los procesos internos más profundos han de mantenerse en secreto, de no ser así pueden ser obstaculizados o distorsionados por aquellos cuyos valores descansan en el mundo materialista…

La “muerte” de Nangsa es de un gran valor arquetípico, nos encontramos con este elemento en las tradiciones de los chamanes, en la antigua Grecia y en las ceremonias iniciáticas tibetanas.

Básicamente el proceso es el de la iniciación, en la que uno escoge voluntariamente entrar en la oscuridad. Apartarse conscientemente de la luz del sol para penetrar en los niveles más profundos de sí mismo. En las iniciaciones tibetanas se utiliza como símbolo una venda de ropa que cubre los ojos. Atravesando la oscuridad, uno penetra en otra dimensión (de sí mismo) diferente.

En la antigua Grecia, los buscadores de oráculos debían introducirse en la cueva de Zeus –Trofonios– a través de un estrecho agujero similar al canal del nacimiento, de la cual salían después de tres días ayudados por los “terapeutas”.

En Asia central, los chamanes Yakut describen como “los espíritus malignos se llevan al alma del futuro chamán al otro mundo, encerrándole en una casa durante tres años donde lleva a cabo su iniciación. Los espíritus cortan la cabeza del candidato mostrándosela, ya que debe presenciar su propio desmembramiento, y continúan cortando en pequeños pedazo todo su cuerpo, repartiéndolos entre los espíritus de las diferentes enfermedades. Únicamente pasando por esta prueba, obtendrá el futuro chamán el poder para curar. Entonces, los huesos son cubiertos con carne nueva y en algunos casos se renueva toda la sangre.” (Mircea Eliade, El chamanismo).

[…]

También se puede “viajar” al otro mundo a través de una depresión, en la que se llega a niveles muy profundos y se experimenta la oscuridad de la muerte. Si la persona enferma sale a flote, utilizando estas experiencias, ello es equivalente a la introversión del ermitaño que penetrando voluntariamente en los niveles más bajos de su ser, surge de nuevo con un conocimiento que puede ayudar a los demás. Este tipo de experiencia puede convertirse en un punto de partida que permita el crecimiento y el renacimiento. Es fundamental que la persona sea capaz de recordar lo vivido durante el descenso, de no ser así, habrá sido inútil.

[…]

Muchas mujeres occidentales, después de pasar una época de crisis, deciden vivir solas, sabiendo, intuitivamente, que la confrontación con su soledad las llevará a una comprensión más profunda. Estas mujeres (a las que nuestra sociedad considera desdichadas) pueden encontrar un apoyo en estas biografías de yoguinis tibetanas.

También ellas buscan el apoyo en otras mujeres o la ayuda de psicoterapeutas para resurgir de sus descensos; de la misma manera que las yoguinis buscaban la guía de sus maestros o amigos espirituales, así como los griegos necesitaban la ayuda de los “terapeutas” para dar un sentido a lo experimentado en la cueva de los oráculos.

Sobre el tema del mito del descenso, la analista junguiana M.L. von Franz, basándose en sus experiencias en las regresiones terapéuticas controladas, describe el proceso del descenso con relación a la historia de “La Muchacha sin Manos”:

En la Edad Media había muchos ermitaños. En Suiza existían los llamados “Hermanos y Hermanas del Bosque”, personas de ambos sexos que, sin querer llevar una vida monástica, deseaban vivir solos en el bosque; tenían una proximidad con la naturaleza, a la vez que poseían un gran conocimiento espiritual. Podían ser personalidades de alto nivel, con una fuerte tendencia espiritual que renunciaban a la vida activa durante un tiempo para encontrar, en soledad, su propia relación con Dios. No difiere mucho de lo que hacen los chamanes de las tribus polares o los hechiceros en todas partes del mundo, para tener en soledad, una experiencia religiosa personal.”

[…]

Si rechazamos el descenso por miedo a lo que podemos descubrir de nosotros mismos en el “otro mundo” bloqueamos un poderoso proceso de transformación, reconocido tanto por los psicólogos modernos como por las antiguas tradiciones.

 

Tsultrim Allione, Mujeres de sabiduría. Ed. Los libros de la Liebre de Marzo, 1990, reed. 2007.

http://www.liebremarzo.com/autores/allione-tsultrim

 

Descenso. Chantal Maillard | Anish Kapoor

 


Olfateé los pólenes, la humedad del aire.
Me senté sobre el liquen. Contemplé mis manos. Sopesé. Mi cuerpo, balanza.
La niebla descendió por la ladera soleada y, agua también al fin y al cabo, algo de mí halló, lenta, las vías del descenso.

*

La superficie es donde la mayoría de los individuos conviven durante la casi totalidad de su existencia. Mantenerse en ella o descender depende de la velocidad a la que vibre la mente. En la superficie, la vibración es más rápida. O bien le digo superficie a ese estado en el que vivo cuando la vibración se acelera.

*

Tarareo unas notas. Atiendo a su melodía: frase abierta, inquietante.
Pruebo el modo de la nana. Burbujas musicales, círculos pequeños que apaciguan.

Dicen que hay lugares donde el canto adopta las curvas suaves del paisaje.
Aprender a cerrar. Consentir el descenso.

*

Atrás. La mano sobre el pecho donde a veces las otras acuden. Inicio el descenso de la memoria. Pues de descender se trata aunque, de acuerdo con la apreciación del tiempo sucesivo en el estado de vigilia, se lo llamaría retroceder. Sigo bajando hasta que me encuentre con algún obstáculo, algo que me impida pasar con soltura entre las imágenes. Ahí está. Me detengo. La mano. Atiendo. Y acude una sensación. Percibo el miedo.

*

Tal vez sea el amanecer, la bruma levantándose, el horizonte austero. O tal vez este don del viaje que, sustraído al imperio del mí, algo se encuentra liberado y sin estar en sí se reconoce, sostenido sobre un lago de ternura. Allí es el refugio.

Cuidar el descenso. Proteger el núcleo sin sofocarlo. Ésa es la tarea.

Pero, en cuanto vuelva al mí y los objetos familiares asalten mis sentidos, ¿no se disolverá como azúcar en el fondo de una taza de té?

Y esa voz antigua de cuyo aliento me aparté hace tiempo sopló en mi oído: El pájaro se posa, hace su nido y lo abandona para volver de nuevo a las regiones cálidas. El centro es la morada que el viajero construye en su andadura. De noche la despliega y de día la levanta y recoge, como hace con el aire al respirar. Así que ve y no pierdas en las regiones bajas lo que ahora custodias con esmero.

*

Tan efímero todo, ¡tan efímero!

 

Chantal Maillard. La mujer de pie (fragmentos). Galaxia Gutenberg, 2015

 

 

Imágenes: Anish Kapoor. (1) Building for a void, 1992 | (2) Descent into Limbo, 1992

 

“Entre nubes blancas”, un documental de Edward A. Burger

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“Entre Nubes Blancas” (Amongst White Clouds, 2007) recorre el día a día de ascetas, maestros y aprendices que viven solos, dispersos por los picos y valles de la zona montañosa china de Zhongnan. Las Montañas de Zhongnan han sido la morada de buscadores solitarios desde hace aproximadamente cinco mil años. En este marco de vida sencilla, dedicada a la agricultura de subsistencia y a la contemplación, el documental enseña, con el ejemplo de sus protagonistas, hasta qué punto lo espiritual puede estar ligado a la simplicidad del aire, el agua, el fuego y la tierra.

El  director americano Edward A. Burger ha sido uno de los pocos extranjeros que han podido conocer en persona la vida de estos ermitaños, que constituyen una tradición milenaria de la vía budista zen en China.

Primera parte (ambas partes con subtítulos en español)
Duración: 41:18

Segunda parte
Duración: 45:01

http://comandodharma.blogspot.com.es/2010/04/entre-nubes-blancas.html

 

Mujeres & lobos. Clarissa Pinkola Estés

Tanto los animales salvajes como la Mujer Salvaje son especies en peligro de extinción.

En el transcurso del tiempo hemos presenciado cómo se ha saqueado, rechazado y reestructurado la naturaleza femenina instintiva. Durante largos períodos, ésta ha sido tan mal administrada como la fauna silvestre y las tierras vírgenes. Durante miles de años, y basta mirar el pasado para darnos cuenta de ello, se la ha relegado al territorio más yermo de la psique. A lo largo de la historia, las tierras espirituales de la Mujer Salvaje han sido expoliadas o quemadas, sus guaridas se han arrasado y sus ciclos naturales se han visto obligados a adaptarse a unos ritmos artificiales para complacer a los demás.

No es ninguna casualidad que la prístina naturaleza virgen de nuestro planeta vaya desapareciendo a medida que se desvanece la comprensión de nuestra íntima naturaleza salvaje. No es difícil comprender por qué razón los viejos bosques y las ancianas se consideran unos recursos de escasa importancia. No es ningún misterio. Tampoco es casual que los lobos y los coyotes, los osos y las mujeres inconformistas tengan una fama parecida. Todos ellos comparten unos arquetipos instintivos semejantes y, como tales, se les considera erróneamente poco gratos, total y congénitamente peligrosos y voraces.

Mi vida y mi trabajo como psicoanalista junguiana, poeta y cantadora, guardiana de los antiguos relatos, me han enseñado que la maltrecha vitalidad de las mujeres se puede recuperar efectuando amplias excavaciones “psíquico-arqueológicas” en las ruinas del subsuelo femenino. Recurriendo a estos métodos conseguimos recobrar las maneras de la psique instintiva natural y, mediante su personificación en el arquetipo de la Mujer Salvaje, podemos discernir las maneras y los medios de la naturaleza femenina más profunda. La mujer moderna es un borroso torbellino de actividad. Se ve obligada a serlo todo para todos. Ya es hora de que se restablezca la antigua sabiduría.

El título de este libro, Las mujeres que corren con los lobos: Mitos y relatos del arquetipo de la Mujer Salvaje, procede de mis estudios de biología acerca de la fauna salvaje y de los lobos en particular. Los estudios de los lobos Canis lupus y Canis rufus son como la historia de las mujeres, tanto en lo concerniente a su coraje como a sus fatigas. […]

Ambos han sido perseguidos, hostigados y falsamente acusados de ser voraces, taimados y demasiado agresivos y de valer menos que sus detractores. Han sido el blanco de aquellos que no sólo quisieran limpiar la selva sino también el territorio salvaje de la psique, sofocando lo instintivo hasta el punto de no dejar ni rastro de él. La depredación que ejercen sobre los lobos y las mujeres aquellos que no los comprenden es sorprendentemente similar.

Por consiguiente, fue ahí, en el estudio de los lobos, donde por primera vez cristalizó en mí el concepto del arquetipo de la Mujer Salvaje. […] Las características de cada especie ofrecen abundantes indicios de lo que es posible conocer acerca de la psique instintiva femenina.

Clarissa Pinkola Estés. “Cantando sobre los huesos”, in Mujeres que corren con los lobos. Ediciones B, 1999.