Cual o la identidad suspendida de Chantal Maillard

Cual_Chantal Maillard maillard3

Cual es una serie de poemas de Chantal Maillard incluidos en la segunda parte del poemario Hilos publicado en 2007 por la editorial Tusquets en su colección de poesía “Nuevos textos sagrados”. Cual es también una breve película rodada en Super 8 en el barrio chino de Málaga bajo la dirección de Gerardo Ballesteros, con Chantal haciendo de Cual. Cual también es un precioso libro artístico- de hecho una carpeta-libro, diseñada por José Oyarzábal- que abrió en diciembre del 2009 la colección de poesía “La sirena inestable” del Centro Cultural Generación del 27.

Cosas de Cual 1

La carpeta-libro contiene:

-un cuaderno de poemas, Cosas de Cual (cuaderno rojo abajo a la derecha)

-un cuaderno de fotografías de Chantal y de fotogramas de la película Cual, filmada por Gerardo Ballesteros (cuaderno amarillo arriba a la derecha)

-un DVD con la citada película Cual y un bonus: una lectura de Hilos por Chantal (DVD azul arriba a la izquierda)

-y un frágil y quebradizo poema de Cual impreso en una lámina de vidrio (bajo la carpeta negra plegada Tal Cual abajo a la izquierda, y que he dejado fuera en esta fotografía).

Citaré el final del texto en el que Chantal Maillard presenta la “emergencia y suspensión” de Cual:

“En la época del kitsch, sólo un ente suspendido “por debajo de sí” como una nota musical sin partitura, ínfimo, desprovisto, es quien podría salvarnos. Salvarnos de lo mucho y de lo poco, del tener y del no-tener, de las palabras vanas, los superlativos y las decadencias, del es y el no-es, los valores y su carencia, los paraísos y la esperanza. Sí, de la esperanza. Cual, acarreando una maleta vacía, sin argumento que blandir o que debiera resolverse augura el fin del psicoanálisis y el comienzo de la compasión.

El enigma –y el problema– es: ¿está realmente vacía la maleta?”

[Nota: La maleta antigua impresa en la cubierta la heredó Chantal de su abuela.]

Cosas de Cual

Cual junto a indignado.
Existir no es digno.
Por eso, junto a.
Junto a indignado.
Cual cabeza en alto,
erguida sobre el cuello, sobre-
elevada. Mentón paralelo al
suelo. También los párpados,
a los pies, paralelos,
que siguen en el suelo, los pies.
Agravio de la parte superior
con las extremidades inferiores,
la dignidad.

Cual junto a indignado. De existir.
Tal vez considerar
la retirada. Dignamente.
Aprender a cerrar. Con dignidad.
Ojos al bies.
Como a quien no le incumbe.
Pulgares abrochados al chaleco.
Modalidad romántica. Tardía.
Imposible oficiar sin atuendo apropiado.

Cual en ropa interior.
Por el aire. Espeso.
Canicular. Impropio. –¿Impropio?–
Borrar impropio. Por el aire.
Residual.

El botón de nácar. Patricio Guzmán

“El botón de nácar” (2015) se sitúa en la Patagonia, tierra de aguas errantes, el archipiélago más grande del mundo. Un pequeño botón es el único rastro, el único vestigio, el único resto de miles de chilenos arrojados al mar durante la dictadura de Pinochet.

El océano contiene la historia de la Humanidad entera. Adentro están las voces de la Tierra y también las voces que vienen del espacio. El agua recibe el impulso de los planetas y lo transmite a las criaturas vivientes. El agua, la frontera más larga de Chile, contiene también el secreto de un botón misterioso encontrado en su lecho.Chile, con sus 4.000 kilómetros de costa y el archipiélago más grande del mundo, nos propone un paisaje sobrenatural. Aquí están sus volcanes, sus montañas, sus glaciares. Aquí están las voces de los indígenas de la Patagonia, de los primeros navegantes ingleses y también de los presos políticos. Algunos dicen que el agua tiene memoria. Esta película demuestra que también tiene voz.“  Del director chileno, Patricio Guzmán.

“En la mirada del cineasta Patricio Guzmán, la exigencia ética del documentalista a la hora de levantar acta sobre la realidad y fijar una memoria colectiva convive con la desbordante subjetividad del poeta, capaz de encontrar inesperadas relaciones y desvelar, por así decirlo, el idioma secreto del mundo. El realizador chileno parece haber conquistado la cima de esa síntesis en sus dos últimos trabajos: ‘Nostalgia de la luz’ (2010), que usaba como campamento base el desierto de Atacama para confrontar el imponente misterio del firmamento con la culpa colectiva enterrada bajo la arena, y la presente ‘El botón de nácar‘.
En esta última, Patricio Guzmán toma otra referencia geográfica (la costa patagónica), para encontrar una rima reveladora en dos objetos separados por el tiempo, pero unidos por su condición de evidencias delatadoras de dos exterminios: el de las primeros pobladores indígenas bajo el poder depredador del colonialismo y el de los desaparecidos durante la terrible dictadura de Augusto Pinochet. La serenidad reflexiva del director pasa de lo etéreo a lo devastador con absoluta maestría.”  Jordi Costa, en Fotogramas.

El-boton-de-nacarDirección: Patricio Guzmán
Nacionalidades: Chile y España Año: 2015
Fecha de estreno: 12-02-2016
Duración: 82 min.
Género: Documental, color
Guion: Patricio Guzmán

 

 

https://es.wikipedia.org/wiki/El_botón_de_nácar

 

Nostalgia de la luz. Patricio Guzmán

 

Nostalgia de la Luz (2010) es un film documental del afamado director chileno Patricio Guzmán sobre la distancia entre el cielo y la tierra, entre la luz del cosmos y los seres humanos y las misteriosas idas y vueltas que se crean entre ellos. En Chile, a tres mil metros de altura, los astrónomos venidos de todo el mundo se reúnen en el desierto de Atacama para observar las estrellas. Aquí, la transparencia del cielo permite ver hasta los confines del universo. Abajo, la sequedad del suelo preserva los restos humanos intactos para siempre: momias, exploradores, mineros, indígenas y osamentas de los prisioneros políticos de la dictadura. Mientras los astrónomos buscan la vida extra terrestre, un grupo de mujeres remueve las piedras: busca a sus familiares.

http://nostalgiadelaluz.com/la-pelicula/

Toda yo estremecida por el desierto, por este campo de horror y de curación simultáneamente, por este formidable testimonio, por la voz retornada a estas mujeres-hueseras que cavan y excavan, por su capacidad de resistencia y de regeneración bajo este cielo translúcido… verdaderas lobas todas ellas…  y cuánto queda por condenar, por gritar, por hacer que no quede impune tanto dolor… No os perdáis este film!

 

El ahuecado viajero de Bruno Catalano

bruno-catalano_voyageurs

Traigo la obra de este artista francés, Bruno Catalano (nacido en Marruecos, cerca de Casablanca, en 1960), prolongando nuestra reflexión sobre el exilio y el desarraigo en este tiempo incierto de masivas migraciones. Él mismo y su familia se vieron forzado al exilio, dejaron Marruecos en 1970 y se instalaron en Marsella.

Así describe Anne Maitre, en la web del artista, el trabajo que este artesano escultor (como él mismo se define) inicia en 1990:

” Una maleta, un hombre. Él la agarra y se lanza hacia lo desconocido. Un viaje voluntario a un horizonte que abraza y se antoja infinito, o un viaje forzado, forzado por el exilio y el sufrimiento, a la búsqueda de la libertad y guiado por la supervivencia. 
‘El viajero’ de Bruno Catalano es ese hombre abandonado a sí mismo, un hombre impulsado hacia la infinitud del tiempo y el espacio. Su casa no es más que una maleta y su ser, progresivamente, va poco a poco despojándose de todo lo que creía necesario, de todo su ‘yo’ tan hábilmente construido por nuestras sociedades. Ya no es ‘el hombre de un mundo’ sino ‘el hombre en el mundo’, aún con su bagaje cultural pero que se ha vuelto frágil ante la inmensidad. Su aventura no estará exenta de daño.
Un hombre desfragmentado, desestabilizado, despojado de sus señas de identidad, que camina hacia su salvación y su pérdida, a un mismo tiempo. Ahora tendrá que reinventarse. Este viajero escapa de sí mismo, para encontrarse con su tierra desconocida. Siempre le inspiró el tema universal del viaje. Desde sus primeras obras de arcilla, cientos de viajeros han nacido bajo sus manos. Los principales motores de su creación son el exilio y el desapego. Expresa la idea de una humanidad nómada, digna en el infortunio, y por siempre en busca de un porvenir mejor. “

bruno-catalona

« En mi trabajo, voy siempre en busca del movimiento y de la expresión de los sentimientos, saco de la inercia la forma y la cera para darles vida. Yo mismo, proviniendo de Marruecos, llevé estas maletas llenas de recuerdos que tantas veces represento.  No contienen sólo imágenes sino todo lo vivido, los deseos: mis raíces en movimiento.» Bruno Catalona

3269458820_1_2_cXtB5aN7

http://www.yarquitectura.com/las-esculturas-surrealistas-de-bruno-catalano/

Viene a la mente Cual, ese ser sin atributos que va menguando, el anónimo alter ego o anti-yo de Chantal Maillard, acarreando su maleta, cargado con su pasado. Ese no-ser, ahuecándose, despojado de todo anhelo de identidad, que aspira a pájaro…

Ser pájaro.
Cual considerando.
Andar desnudo. Las heridas
cauterizadas por el aire.
Entre las plumas, disimuladas.
Cuerpo sin carga, movimiento.
Ser de vuelo. Ser

pájaro. Tener por límite tan sólo
la helada imprevista o la bala o

el ansia de la carne
por otra carne ajena…

Presagiando la urgencia de
las migraciones, Cual.

Aleteo.
                     Un rumor
de horizonte en el pulso
batiendo.

(Chantal Maillard. Hilos, seguido de Cual. Tusquets, 2007)

voyageurs-bruno-catalano-marsella-2  http://brunocatalano.com/


 

El haiku de Béla Tarr: Prologue (Visions of Europe)

“En contraste con su querencia por las duraciones hipertróficas, Béla Tarr condensa en los apenas 5 minutos de Prologue (2004) su visión del cine, de la vida y de Europa. Este corto forma parte de Visions of Europe (2004), collage en el que 25 directores, uno por cada país de la UE, descargaron su imagen del presente y futuro del continente, una extraña amalgama de la que sobresale la pequeña obra de Tarr. Prologue consta de un único corte. Comienza in medias res, sin más contexto previo que lo que podamos saber del director, con la música entrando progresivamente a la par que la imagen. Ésta es, sencillamente, una desorganizada cola de gente de la que no vemos el final. La cámara de Tarr la recorre con uno de sus obsesivos travellings, constante y atento, y vamos viendo a un montón de personas calladas y quietas en una acera esperando no sabemos para qué. A mitad del corto, la cámara llega al principio de la cola y lo descubrimos: hay una ventana desde la que una chica les da comida y bebida. Tras verla hacerlo algunas veces, la imagen se corta de golpe (la música sigue) y aparecen los créditos, que dan una clave interpretativa fundamental, como veremos más adelante. El hecho de que haya sido rodado en Europa del Este podría entenderse como una extensión geográfica de la afirmación que hace Žižek sobre los Balcanes. Para él son «el mito de Europa», su subconsciente, la trastienda sobre la que la parte “civilizada” del continente proyecta sus miedos, perversiones y deseos oscuros… pero centrémonos, ese es otro tema que daría para otro artículo. […]

En esa cola se apilan decenas, cientos, quizá miles de cuerpos. Por lo que sabemos, podría incluso estar compuesta por un número infinito de personas. Sin embargo, todos los seres humanos por los que pasa la cámara tienen un rostro claro y marcado, todos tienen una personalidad propia. Prologue consigue, con unos recursos mínimos, algo tan difícil como realizar retratos individuales de los atomizados componentes de una muchedumbre, enseñando que toda masa no es sino un agregado de sujetos… especialmente en Europa. Los créditos finales apoyan esta interpretación, puesto que enumeran, y en igualdad de condiciones, los nombres de todos los extras que forman la parte de la cola que se nos muestra.”

Muy recomendable la lectura completa del artículo de Borja Vargas aquí: http://archivo.miradasdecine.es/estudios/2012/02/bela-tarr-y-el-mundo.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Béla_Tarr

 

Darrere l’absència

 

Caminant per la ciutat, he topat amb un cartell que em crida l’atenció: “Behind the absence” (darrere l’absència). És l’entrada de la biblioteca Sant Gervasi – Joan Maragall i es tracta d’una exposició de fotografies de l’artista franco-italiana Myriam Meloni dins del marc del festival DOCfield>16.

Un cop dins, les imatges em colpeixen: l’absència, el revers de l’exili, de la migració, pot ser tan dolorosa com el propi exili.

“A la República de Moldàvia, el país més pobre de l’Europa de l’Est, més de 100.000 nens i adolescents creixen sense els seus pares. Són orfes socials, els pares i mares dels quals han emigrat a la recerca d’una feina que els permeti sobreviure, empesos per l’esperança d’assegurar un futur millor per a les seves famílies.

A causa de les conseqüències directes i indirectes de la migració massiva, que segons l’Organització Internacional per a les Migracions (OIM) afecta a un quart de la població moldava en edat de treballar, milers de nens massa petits per viure sols són criats pels avis, que alhora són massa grans per cuidar-los; i milers de nens amb els pares vius, creixen en orfenats desballestats, construïts originàriament al segle passat per acollir orfes de la Segona Guerra Mundial.

Els diners enviats a casa pels migrants, aproximadament uns 500 milions de dòlars l’any, juguen un paper important en el consum a Moldàvia, al preu -aquesta és l’altra cara de la moneda- d’esquerdes profundes en el teixit social del país.”

http://docfieldbarcelona.org/ca/exposicion/behind-the-absence-3/#.V2L_0XWLQZk

http://www.myriammeloni.com/index.php?/projects/behind-the-absence/

 

 

“Mi Ítaca es, o ha sido, Bélgica”. El exilio de Chantal Maillard


Ítaca, cualquier Ítaca, es un lugar interior. Ese origen al que, en determinados momentos de nuestra vida marcados por un esencial cansancio, anhelamos volver no es un lugar geográfico, ni tampoco metafísico, es un estado. Volver al origen es volver a ese estado inicial en el que, desprovista la mente de elementos suficientes para establecer comparaciones y, por lo tanto inhábil aún para el juicio, somos dilatada conciencia, vivencia inmediata de un presente envolvente. Acaso la inocencia no sea otra cosa que la incapacidad para el juicio, y ésta sea la razón de que, en los primeros albores de la existencia, el mundo sea experimentado con sencilla y gozosa plenitud. Ese gozo sin motivo, esa plenitud es a lo que nos referimos cuando hablamos de “la infancia” con nostalgia, es lo que esa palabra significa, lo que señala. Y si del territorio en el que transcurrió nos vimos, por cualquier motivo, exiliados, es a él al que ingenuamente creemos que hemos de volver para recuperarla. Mi Ítaca es, o ha sido, Bélgica. (18)

El exilio puede entenderse como cualquier desarraigo que se nos impone y es experimentado como pérdida. Del estado original todos somos exiliados. Aquellos, sin embargo, para quienes el exilio interior estuvo acompañado de una desterritorialización geográfica tienen, paradójicamente, una ventaja sobre quienes permanecieron en su lugar de origen, y es que, al no haberse transformado junto con el entorno, éste se convierte con mayor facilidad, para ellos, en un universo de signos. Ver transformarse los lugares y objetos, en efecto, y transformarse con ellos, ya sea porque desaparezcan o porque simplemente nos acompañan, hace que dejen de ser signos de una anterioridad. Sin signos, no hay retorno posible, no hay puente, no hay migas de pan. Quedan los recuerdos, pero no hay manera de recuperar lo olvidado. Y eso, lo olvidado, no la memoria-recuerdo, es lo que interesa para la búsqueda. Los recuerdos son imágenes o impresiones que viven con nosotros y a las que vamos modificando y reinterpretando de acuerdo con nuestras necesidades. Lo olvidado, en cambio, puede, por el efecto de alguna asociación que la mente efectúe casualmente, presentarse de repente tal cual vivimos entonces, y hasta con un plus, un aumento en la calidad de las sensaciones. Estos destellos son lo que interesa para la recuperación de aquel estado remoto. (19)

Chantal Maillard. Bélgica. Cuadernos de la memoria. Pre-Textos, 2011


Volver del exilio, de una vida de exilio, al lugar de la infancia: un charquito de agua de lluvia en la que se condensó la mirada. […] Viajes de reconocimiento, en los que una no busca tanto sorprenderse como recuperarse.

Chantal Maillard. Husos. Pre-Textos, 2006 (p. 91)


Hacerse un hueco, justo en el límite, hacerse un hueco en el lugar de nadie puede que haya sido el lema de mi vida o, al menos, la inconsciente tenacidad con la que he procurado vivir frente a todas las convenciones y a pesar de ellas. Se genera una extraña fuerza al sumir la propia historia y defenderla porque es propia, simplemente porque nos pertenece. Cuando supe que asumir la propia historia no consiste en decantarse por una cosa u otra, por este grupo o por el otro, por el antes o el después, empecé a sentir que se dignificaba mi condición de apátrida, porque si bien es cierto que el último instante es deudor de todo lo que le precede, es apátrida, siempre, el ahora, y el ahora es la intensidad que impregna la trama de la existencia. La escritura, simplemente, agudiza la atención, ilumina las hebras.

Chantal Maillard. En la antología Ellas tienen la palabra. Hyperion, 1998 (p. 147-148).

 


El arte de la tierra y de la sangre de Ana Mendieta: serie “Siluetas”

Para nutrir e irrigar nuestra reflexión y nuestras creaciones sobre y en el “exilio”, traigo la obra de la artista cubanoaméricana Ana Mendieta, sus trazas de cuerpo-huellas… sus sugerentes siluetas… cuerpo “almado” por medio del arte de la tierra, de la sangre, del fuego, el barro, la arena, el agua, lo vegetal, la piedra…

ana-mendieta-earth-work-2

ana-mendieta-silhouettes
ana-mendieta_silhouette-blood

ana_mendieta_serie-silhouettes 

ana-mendieta_serie-silhouette2

mendieta_silueta-blood

Siluetas-Image-from-Yagul

ana-mendieta-earth-work-4

de-la-serie-arbol-de-la-vida1

ana-mendieta_On-Giving-Life-1975mendieta_siluetaseries-1980


Ana-Mendieta-Untitled-FacialHairTransplants_EDIIMA20150506_1020_5 ana-mendieta     ana-mendieta1

Nacida en 1948 en La Havane, Cuba, Ana Mendieta fue enviada a los 12 años, con su hermana mayor, a un orfelinato nord-américano, en Iowa, durante la revolución castriste en 1961. Creció de casas de acogida en orfelinatos, y el exilio, la pérdida y la marginación como mujer y como hispana, configuraron su transgresora producción artística posterior. La artista cubanoaméricana consagrará su vida y una obra multifacética (performances, body art, vídeos, fotografías, dibujos, instalaciones y esculturas) a una búsqueda de los orígenes y de su identidad. Los temas en los que se volcó a lo largo de su carrera artística giran en torno al exilio, la naturaleza, lo espiritual, lo femenino.

Durante mucho tiempo, su obra quedó a la sombra de su marido, el escultor minimalista Carl André. Pero, de repente, resurgió el nombre de la artista como víctima de un trágico suceso: el 8 de septiembre de 1985, Ana Mendieta caía al vacío desde su apartamento de la 34ª planta de un edificio de Greenwich Village en Nueva York. ¿Accidente, asesinato o suicidio? Se sabía de las turbulencias de la pareja, de sus discusiones siempre violentas. Pero la duda persiste en cuanto a las causas del drama. Carl André fue exculpado después de tres años de juicio. Ana Mendieta tenía 37 años. Toda su obra es un intenso grito corporal.

De 1973 a 1980 realiza sa serie más famosa: “Siluetas”. Por medio de varias performances, Ana Mendieta entra literalmente en diálogo con la tierra, su silueta se integra en el paisaje: ofrecida al flujo de un río, abrazada a la caricia de una ola,  fundida con el tronco un árbol, vuelta llama, ahuecando su tumba, en la hierba y la paja, en la arena, la piedra o el barro. Del cuerpo sólo queda la traza. Parecen las huellas dejadas por una divinidad prehistórica, los restos de un culto primitivo. La artista siempre ha reconocido en esas obras, iniciadas en un decisivo viaje a Méjico, el recuerdo de su infancia en Cuba. “Es el sentimiento de magia, de conocimiento y de poder del arte primitivo que influencia mi actitud personal hacia el arte. A través de mi arte quiero expresar la inmediatez de la vida y la eternidad de la natura”. También con estas obras busca mitigar el dolor constante del exilio, que nunca llega a apaciguar a pesar de la obtención de la nacionalidad americana en 1971. Su arte fue un rito compensatorio de su desgarramiento interior. En sus intentos de fusión con la tierra, es también esa herida la que la artista intenta reparar. Vuelve a esa forma de paganismo que se encuentra en los cultos de la santería cubana próximos al vaudú: “Mi arte se basa en la creencia en una energía universal que lo atraviesa todo, desde el insecto hasta el ser humano, desde el ser humano hasta el espectro, desde el espectro hasta la planta, desde la planta hasta la galaxia” resume la artista en sus escritos personales. “Mis obras son las venas de irrigación de ese fluido universal. A través de ellas asciende la savia ancestral, las creencias originales, la acumulación primordial, los pensamientos inconscientes que animan el mundo. No existe un pasado original que se deba redimir: existe el vacío, la orfandad, la tierra sin bautizo de los inicios, el tiempo que nos observa desde el interior de la tierra. Existe por encima de todo, la búsqueda del origen.

https://orbitadiversa.wordpress.com/2015/04/09/ana-mendieta-arte-y-feminismo/

http://colaboracionum2013.blogspot.com.es/2013/05/ana-mendieta.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Ana_Mendieta

Feu clic per accedir a Lynda-Avendanio_Ana-Mendieta.pdf

 

We Women. Sol Picó

Sol Picó presenta un proyecto colaborativo sobre la mujer contemporánea. Se trata de una mirada colectiva sobre la mujer junto con otras coreógrafas: artistas con las que se comparte profesión e inquietudes y con las que se recapacitará sobre el papel de la mujer dentro de la estructura social actual. Estas artistas, todos ellas con perspectivas que provienen de culturas diametralmente opuestas pero con importantes puntos en común, se han cruzado a través de encuentros casuales que han acabado convergiendo en este proyecto.

Sol Picó se pregunta sobre el papel de la mujer en el mundo y para ello amplía el horizonte y busca una mirada intercultural, rodeándose de auténticos referentes internacionales en el mundo de la danza contemporánea. En este proyecto dirige a mujeres que han roto con los esquemas que marcan las tradiciones de su país planteándoles una reflexión colectiva, compartiendo experiencias, pensamientos, miradas.

Maneras de bailar que combinan técnicas diferentes y lenguajes desconocidos entre ellos pero que unidos buscarán profundizar en un tema que sigue vigente a pesar del paso del tiempo: la situación de la mujer en el mundo actual. Un tema complejo y que abre puertas a múltiples interrogantes: ¿Por qué la aportación de la mujer en los ámbitos de la dirección y de la coreografía contemporáneas tiene tan poca visibilidad?, ¿A qué se debe el olvido histórico de una parte fundamental de la contribución artística de la mujer? ¿Por qué desaparece su legado?, ¿Por qué caminos ya recorridos tienen que abrirse de nuevo? Y quizás, la cuestión fundamental: ¿Por qué en tiempos de corrección política en los que a las mujeres occidentales se nos recuerda constantemente que tenemos igualdad de oportunidades todavía surgen estas preguntas?

Sol Picó quiere profundizar en estas cuestiones planteando una reflexión colectiva junto a una serie de artistas escénicas de muy diferente naturaleza y contexto.

Esta reflexión se hará mediante un encuentro entre artistas, entendiéndolo tanto desde el ámbito puramente físico –desde la piel– en la sala de ensayo, como desde la inmersión en la cotidianidad de cada una y aquellos espacios conversacionales que sin duda se crearán.

Este espectáculo se estrenó el 6 de julio 2015 en el Mercat de les Flors de Barcelona, en el marco del Festival Grec 2015.

Dirección: Sol Picó. 
Dramaturgia: Roberto Fratini
Composición e interpretación coreográfica: Julie Dossavi, Minako Seki, Shantala Shivalingappa, Sol Picó
Composición e interpretación musical: Adele Madau, Lina León, Marta Robles
Asistencia de dirección: Verónica Cendoya
Diseño de iluminación: Sylvia Kuchinow
Escenografía, coordinación técnica: Joan Manrique
Técnico de sonido: Stéphane Carteaux
Producción: Pia Mazuela, Núria Aguiló
Fotografía: David Ruano, Erin Bassa Photographer, Carmen Escudero
Vídeo: Mayo Films

http://www.solpico.com

 

La risa, señores, es un arma defensiva. Chantal Maillard

Boilly

Louis-Léopold Boilly (1761-1845), Reunión de 35 cabezas expresivas (Reunión de trente-cinq têtes d’expression), 1825. MUba Eugène Leroy, Musée des Beaux-Arts, Tourcoing

[…] Quienes hablamos públicamente de derechos de los animales en este país lo hacemos, hay que decirlo, con cierto miedo al ridículo, con temor a que se nos juzgue culpables de una terrible infracción de la lógica, la moralidad y el sentido común: ¿cómo vamos equiparar los animales con los seres humanos?

La risa, señores, es un arma defensiva. Un residuo del gesto de enseñar los dientes, como decía Darwin. Se ridiculiza para neutralizar, por evitar algún daño, alguna brecha en las murallas. ¿Por qué se sentirá ofendido el individuo humano cuando se le equipara a un animal? Porque los considera inferiores. La inferioridad es una noción sumamente útil: justifica la utilización e, incluso, el exterminio. Hasta hace poco, los occidentales consideraron inferiores a las personas de otras etnias. Ni los pueblos andinos eran seres humanos (como se decretó en Valladolid a mediados del XVI), ni los esclavos africanos de América tenían alma. Tampoco se estaba seguro de que la tuviesen las mujeres hasta bien entrado el siglo XIX. Y aunque eso de tener alma pueda resultarnos a algunos bastante poco relevante, el caso es que marcaba una diferencia lo suficientemente significativa como para evitar que a un sector de la población se le pudiese considerar “sujeto”, es decir, un “semejante”, un ser con conciencia de sí al que nadie puede agredir o violentar sin ser inculpado (recordemos: desde la ética del “semejante” no hay crueldad ni criminalidad salvo con el “próximo”). El “alma” fue algo tan necesario para el capitalismo (después de serlo para los latifundios eclesiásticos) como el flogisto lo fue para la ciencia del XVII o la sustancia invisible para los aristotélicos medievales que condenaron a Galileo[1].

La inferioridad es un requisito conceptual para la dominación. Y se sustenta sobre una serie de comparaciones. En el caso de los animales, éstas se establecieron en Occidente de acuerdo con el dictado bíblico: “Creced y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (claro que el Génesis fue escrito por un hombre y no por un caballo, como decía Kundera). Las justificaciones comparativas fueron formulándose ad hoc, como la existencia del flogisto, para probar algo que había sido decretado de antemano. La semejanza o la desemejanza que validan el aprecio o el desprecio que podamos tenerle a un animal se siguen midiendo desde entonces acorde con valores incuestionables e incuestionablemente antropocéntricos (que si es o no capaz de reír, o de jugar, o de fingir que finge, que si un simio puede efectuar operaciones matemáticas, que si un elefante encuentra placer en pintar, que si el silbido de los delfines es identitario, que si el ADN de la mosca del vinagre se diferencia del humano sólo en un gen…¡vaya, aquí se nos ha colado una observación interesante!) que remiten a la identidad-sujeto con que el individuo humano pretende distinguirse. Si conseguimos probar que un animal tiene conciencia de sí, esto le hará digno de respeto y tal vez incluso merecedor de ciertos derechos. Porque tener conciencia de sí es ser sujeto y sin sujeto, no hay derecho que valga. El “semejante”, de nuevo.

La cuestión, en realidad, no es tanto la evidente ingenuidad con que establecemos este tipo de comparaciones como el esquema que invita a establecerlas: un esquema jerárquico bifocal e infantil: arriba y abajo, superior-inferior. Tenemos, indudablemente, una extraña propensión a verticalidad. Hay otras maneras, no obstante, de proceder. Cabe pensar otros modelos en los que no se proceda ni por derivación (evolucionismo) ni por comparación y equivalencias (estructuralismo). Dentro de un marco realmente ético (que no moral, es distinto), el respeto no se obtiene de acuerdo con el lugar que se ocupe, mayor cuanto más cerca se esté de la cúspide, sino por el hecho de ser lo que se es, y siéndolo plenamente.

No puedo dejar de sorprenderme ante la poca amplitud de nuestro marco de indignación. Admiro demasiado las virtudes del animal perdido en mí y deploro demasiado las macabras inclinaciones del animal humano y la falta de coherencia de una racionalidad que, teniendo la lógica (y por lo tanto la justicia) por fundamento se empeña en proteger a ultranza la propia especie en detrimento de las demás y, consecuentemente, de la suya propia. No me siento superior a ningún ser por el hecho de formar parte de una especie que ha desarrollado su capacidad intelectual a expensas de la noción sistémica que a todo animal pertenece.

Nada es independiente. No puede destruirse una especie sin que la cadena entera padezca las consecuencias y, cuando esto ocurre, también peligra la supervivencia de la especie humana, lo cual es lamentablemente para muchos la única razón del cuidado que habríamos de tener para con el planeta y la única que nos libra, a quienes hablamos de ello, de ver alzarse algunos hombros o dirigírsenos sonrisas complacientes. Razón de especie que remite al cerco limitado de nuestro territorio y sitúa la aplicación de la justicia en el espacio exiguo de nuestra balanza. Así de estrecho es nuestro marco[2].

¿Será demasiado amplio el sentido de la equidad desde el que pudiera entenderse que el derecho a la vida, a la libertad y al territorio de supervivencia no nos concierne tan sólo a los seres humanos?

La muy antigua fórmula de reciprocidad compartida por tantas tradiciones: “no le hagas a los demás lo que no quisieras para ti” podría volver a pensarse desde la ética del “semejante” pues, ¿quienes son “los demás”? Tanto en el Talmud como en el libro de Tobías se trata de los demás hombres, por supuesto. Confucio era bien explícito al respecto: “lo que no desees que te hagan a ti, no lo hagas a los demás hombres“. La ética del Buddha, en cambio, era más abarcante: “Todos los seres vivos desean la felicidad. Todos temen la muerte. Comparándonos con los demás deberíamos abstenernos de herir o de matar”. ¿Será que el budismo no piensa dentro de los parámetros de la equivalencia lógica? No, sigue siendo una equivalencia, sólo que aquí la semejanza no se mide atendiendo al rostro (ese rostro capaz de responder, como diría Derrida) sino atendiendo a algo más radical: la condena a morir y el temor al sufrimiento y a la muerte.

Haber nacido, haber aparecido, haber caído al tiempo, por un tiempo, desde el abismo de la no-vida merece, por el sufrimiento que de hecho implica, el respeto del morituri te salutant. Y el sufrimiento añadido que, en los seres humanos, deriva de su capacidad de anticipar el declinar irremediable, la conciencia del acaecer, la caída, y su rechazo no nos hace más dignos de respeto que cualquier otro ser, tan sólo nos hace más desdichados.

_____________________

[1] Ref. en Chalmers, A.: Qué es esa cosa llamada ciencia, Siglo XXI, 1984, p. 77-78.

[2] Ha de quedar claro que la afirmación de la superioridad del ser humano sobre los demás no es propia de todas las culturas, lo es, ante todo, del individuo tecnocrático que habiendo dejado de poner su tekné al servicio de la supervivencia la pone al servicio del beneficio. Esto es lo que distingue las sociedades, fundamentalmente agrarias, basadas en el principio de subsistencia de aquellas otras basadas en el principio de productividad. El concepto, occidental y patriarcal, de la naturaleza como recurso explotable, productivo, inferior y dominable, es algo que no puede desvincularse de la tradición judeo-cristiana.


Texto extraído del articulo de Chantal Maillard, ‘Indignación’, publicado en Indignación y rebeldía, F.Duque y L.Cadahia (eds.), Abada, Madrid, 2013. El texto que recogemos es un fragmento de la segunda parte del artículo: II. El “semejante”, ligeramente ampliado respecto a la publicación que salió esta semana en el diario: http://www.eldiario.es/caballodenietzsche/risa-senores-arma-defensiva_6_505759424.html. Procuraremos desde esta madriguera lobuna ir subiendo la totalidad de este artículo que espolea una reflexión y llama a un despertar, ambos ineludibles si decidimos finalmente, en lugar de expoliar, crecer sin medida y seguir alimentando un sistema injusto e irrespetuoso, “alinear nuestra inteligencia con la inteligencia de la naturaleza”, tal como lo solicitaba Joseph Beuys.