Olvido García Valdés: una meditación: ¿Dónde nos sentimos vivir?

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He vuelto a leer en estos últimos días del año la obra de Olvido García Valdés, magnífica poeta y, a la par, aguda pensadora (¿cómo no?).
En uno de sus textos sobre el proceso de la escritura, recogido al final de su “poesía reunida” (
Esa polilla que delante de mí revolotea, editado por Galaxia Gutenberg), encuentro unas reflexiones que depositaré aquí como unos guijarros al borde del camino, así como dos poemas sacados de “Del ojo al hueso”, título que se me antoja tan en consonancia con nuestro trabajo!


 

En una entrevista, Gary Snyder se refería a la meditación con estas palabras: “De hecho, como sabe cualquiera que haya praticado suficientemente la meditación, aquello a lo que se apunta no es nunca lo que se alcanza. Aquello a lo que se apunta no es, curiosamente, lo que se obtiene; la voluntad consciente no puede alcanzarlo. Hay que practicar una especie de distracción cuidadosa, pero en verdad relajada, que permita al inconsciente hacer su propio trabajo de ascenso y manifestación. Sin embargo, en el momento en que uno, alerta, se dispone a apresarlo, se escapa, se desliza hacia el fondo. Es algo muy semejante a lo que ocurre en la caza estática: te detienes en algún lugar en el bosque y permaneces inmóvil hasta que las cosas comienzan a vivir, empiezan a aparecer ardillas, gorriones y conejos que estaban ahí desde el principio, pero que se zambullen en algún rincón cuando se los mira de cerca. También la meditación es así”.
Como la poesía.

*

A veces me acometen crisis de irrealidad; no de identidad, sino de irrealidad; no quién soy, sino si estoy. ¿Dónde vivimos? (El plural acoge a muchos, pero solos.) No dónde se nos ve, se nos encuentra, sino dónde nos sentimos vivir. ¿Qué lugar es ése, semejante a los del sueño en que no es el de la vida real? Hay estratos ahí, no de profundidad, sino de coloración, de presencia de ciertas afecciones.

*

fulgor de los espinos y el musgo, casa
no hay para nadie, en los bosques
moramos

(Del ojo al hueso)

*

Habla de líquenes, materia
de la memoria, forma
que se toma a lo informe
por sedimento y desgaste, huella
y gesto del conocer. Nos cría el enemigo, de él
absorbemos potencia, ¿lo que quema nos salva?
Deja el nombre su muesca, su torcido
colmillo, deja su luz.

Ahora me pregunto
qué es un poema y qué la enfermedad, los grados
de sufrimiento tras los que corre
el alma. No sé dónde va el alma, conozco
en cambio bien figuras
que la noche espolea. No sé
de los poemas, sólo por semejanza.

(Del ojo al hueso)

 

Chantal Maillard: Escribir

Hace tiempo que queríamos albergar en nuestra guarida lobuna este largo poema-exorcismo de Chantal Maillard publicado en Matar a Platón (Tusquets editores, 2004). Como humilde homenaje. Palabras-grito que abren boquetes, palabras-extenuadas que curan, palabras-rayos que transmutan.

 

chantalmaillard


escribir

para curar
en la carne abierta
en el dolor de todos
en esa muerte que mana
en mí y es la de todos

escribir

para ahuyentar la angustia que describe
sus círculos de cóndor
sobre la presa

aunque en el alma no

en el alma
la estimación del tiempo que concluye
y es arriba
algo más que un silencio
con ojos semiabiertos

escribir

como condescendencia y como rebeldía
sin elección
sin pausa
porque se va la luz, las fuerzas
se le acaban
y el ser se va de vuelo
en las garras de un ave
carroñera

escribir

para decir el grito
para arrancarlo
para convertirlo
para transformarlo
para desmenuzarlo
para eliminarlo
escribir el dolor
para proyectarlo
para actuar sobre él con la palabra

escribir

para descansar
(escribir que el sol, en invierno, es hermoso)

por no llorar tan dentro
tan a escondidas

escribir

hacia la extenuación
para que se derrame el dolor contenido
desde el inicio del mundo

escribir
para rebelarse
sin provecho

a pesar de la derrota ya prevista

porque no hay rebeldía que no esté justificada
ni violencia que no sea, en el fondo,
inocente,
escribir

con derecho al llanto

escribir para curar
escribir para guarecerse
escribir como si cerrase los ojos
para no cerrarlos
para mover la mano y seguir su curso
para sentirse viva
AÚN
para aplazar la angustia
como simulación
para guiar la mente y que no se desboque
para controlar lo controlable

escribir

como quien deja la luz encendida
y duerme de pie sobre sí mismo
para saldar las cuentas con el miedo

escribir
para reorganizar

escribir
sin hacer concesiones

escribir
como quien des-espera
para cauterizar
para tomarle las medidas al miedo
para conjurar
para morder de nuevo el anzuelo de la vida
para no claudicar

escribir
para apuntar al blanco

escribir
con palabras pequeñas
palabras cotidianas
palabras muy concretas
palabrasojo
palabras animales
palabrasbocadegato
áperas por dentro y por fuera
suaves como “tal vez”
palabraslatigazo
como “demasiado” y “tarde”

escribir
para no mentir
para dejar de mentir
con palabras abstractas
para poder decir tan sólo lo que cuenta

decir que a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada
y la sábana verde se desdobla
en el espejo del armario
estoy en mí
en el lugar en que acostumbro
a encontrarme
en este aquí hecho de extraña
duración en lo mismo
repitiéndome
la carne dolorida
los huesos lastimados
los nervios, la piel
tirante, amoratada
el pelo encanecido
el grito sólo postergado
y hoy a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada

muere un niño
o dos o no sé cuántos
mueren y una anciana dice
sus últimas palabras
o no las dice y muere
y es otra la que habla
pero no habla, dice
apenas dice y muere
sin decir
apenas
nada
y algo se me atraganta
tal vez un alarido
largo como las once horas de esta noche
o tal vez la conciencia
que duerme encendida
como una lumbre la conciencia
de todos los que mueren
como una fogata
un espantoso incendio
que prende en las ventanas
de la ciudad y en el mar no se apaga
una conciencia absurda
una antorchahorizonte
la conciencia de todos los que saben
que se están acabando
en sus huesos de antorcha
hoy, mañana, siempre

escribir
todas las muertes son mi muerte
mi grito es el de todos
y no hay consentimiento
escribir

¿para consentir?
¡escribir para rebelarse!
no hay lugar para plegarias
no hay lugar para el sosiego
el ajuste de las almas
se hace en rebeldía

Estamos solas
y nos pertenecemos.
En nosotras está el poder
Somos un pueblo de almas
en rebeldía
¡Despertad!
Lo que escribo aquí
se traza en el aire
el dolor es la senda
el dolor es el medio
por el dolor la fuerza
que combate el dolor
y lo transforma
por el dolor deshago
mi dolor en lo ajeno
y el ajeno en el mío

escribir

para des-esperar
por todos los que están
por todos
los que fueron
los desaparecidos
escribir para cuidar
sus des
apariciones
para alimentarlas
para que no se enturbien
no tan pronto
no tan siempre
pronto

escribir

para desestructurar
para vencer
las estructuras
para contra
decir
lo dicho
para demoler

escribir

para desestimar
para aprender la delgadez del trazo
su vacío
habituarse a él
a su insignificancia

escribir
para insignificar

escribir

inútilmente
para ejercer lo inútil
para abrazar lo inútil
para hacer de la inutilidad un manantial

escritura como sortilegio

– volé esta madrugada
más alto que ninguna otra vez

Cada noche, en la duración de un grito
viene una sombra nueva

Cada noche, en la duración de un grito,
un alma acude a mí.
La acojo.
En el grito.
Ella no dura. Sólo se abre.
Y hay que entrar. Suavizar.
No hay que recordar.
Tan sólo entrar.
Respirando. –

escribir luego
para reforzar
los frágiles puentes
los conductos sutiles
con temor
de que se borren
en el espacio leve
entre lo presentido y lo sentido

Escribir
para desescribir
para desdecir
para reorganizar
las consciencias y
que cada una cumpla
su ceguera
El espacio de las almas
ha de guardarse oculto
En la palabra está el engaño

escribir pues
para confundir
para emborronar
y, luego, volver a escribir
en el orden que conviene
el mundo que hemos aprendido

escribir

como quien cuenta los pasos que da
por no oír el silencio
como quien cuenta pasos – uno, dos –
y se salta el tercero -cuatro, cinco-
para ver si se ha ido
para comprobar
pero no: sigue estando
y ya no dejará de andar
para contar los pasos
hasta caer exhausto
en el silencio enorme que se ensancha
entre sus piernas como un charco
de sangre

escribir

porque el héroe se hace con el miedo
sobre todo su miedo
a partir de su miedo
se hace héroe el héroe
ahuecando el miedo
y llenándolo de acción
para entumecerlo
haciendo tiempo en lo hermoso
haciendo tiempo en lo vivo

yo no soy ningún héroe
yo sólo escribo
para colmar la distancia
entre mi miedo y yo

escribir
“Se pone un abrigo de cuero.”
escribir
“Un hombre joven se levanta del asiento.
Se pone un abrigo de cuero.
Lleva gafas oscuras.
Se vuelve.
Su espalda es ancha.
Se dirige a la puerta.
No sé qué hará mañana.
No le conozco.
Ha cruzado la vía.
El cristal me devuelve mis ojos
y esa tristeza que se mide en mis labios.
El hombre joven tal vez camina hacia una casa.
Tal vez sea su casa.”

escribir
“En mi rostro el paisaje
– atravesándolo –
el paisaje.”

escribir
“Tiene las uñas recortadas.”
escribir
“Se desprende, muy lenta, de una frase,
la desliza en el cuaderno y espera.
Tiene las uñas recortadas
y una blusa de encaje.
Lleva una bolsa de color violeta
en las rodillas.
Cuando respira hace juego
con los versos de Sylvia Plath.
Hay un desfiladero en su mirada
y no termina de cruzarlo.”

escribir
para confundir las palabras
y que las cosas aparezcan

(Campos de limoneros cargados con sus frutos. Y cañizales
separando sembrados. Y vinagreras cubriendo de oro las taludes…)

que las cosas presionen
que un mundo se abra paso
(Es invierno, y ya crecen el trigo y la alfalfa. Aún hay campos entre ciudades y hermosos pueblos y una anciana se sienta en un portal con un rayo de sol en su regazo.
La tierra arada humea bajo el sol y los olivos jóvenes tensan sus cuerpos retorcidos hacia el cielo. Creciendo.
Crecer es ascender.
Crecer es ensancharse.
Crecer es romper límites.
Crecer es invadir…)

que estallen los cristales de mis manos
que abran ojos en las letras

(Hileras de olivos.
Sus sombras paralelas…)

escribir
para rastrear

escribir

para perdonar
para ser perdonado

¿Dónde hallaré al sacerdote,
al mediador, aquel que tenga
conocimiento de los límites
y el poder de traspasarlos?
¿dónde hallaré a aquel
capaz de arder sin consumirse
y, entre los muertos y los vivos,
ecualizar
transformar, ¡bendecir!?

escribir

para hallar la paz
después de haber hablado
con los muertos

escribir

para sellar la paz
para conciliar
en mí
para perdonar en mí

escribir

la culpa misma que golpea y se licúa
en el pecho
y surte y es agua que mana
con fuerza y que nos une
agua que forma
remolino de amor irradiando

todas las culpas son
el mismo sufrimiento
el de existir queriendo
queriendo serlo todo
queriéndolo todo
y todo está en mis manos
en esta encrucijada donde permanecemos
el tiempo suficiente
para sufrirlo todo

en mi interior barrunto el gran estruendo:
todo el dolor del mundo me pesa entre los muslos

abrid los ojos: ¡ved!
es tan terrible vivir
¡quien sobrevive saluda!
morituri somos todos

toda la historia de tu estirpe
está presente y te reclama
como crisol
eres
la mediadora
operas
en ti misma el milagro
de la conciliación

y de repente soportas
el peso del mundo y su dolor
lo bebes todo entero.
Agradecida.

escribir

porque crujen las rodillas
y hay como un sueño
esperando ser soñado
justo detrás del dolor.

– Hoy observé las gaviotas.

He de volar muy alto esta noche.
He de volar sin lastre.
Hasta que amanezca.-

escribir
“otoño”
para recordar cómo
uníamos castañas con palillos de dientes
y surgían princesas y perros y dragones
y mi madre era hermosa
y ¿quién sabe? tal vez
fue feliz, también ella,
ese día.

escribir

para arquear el espinazo de las letras
a imagen del dolor
para trazar las líneas de la vida
líneas que se encogen
líneas retráctiles
como nervios apresados en la carne
como venas quebradizas
venenos infiltrados
en las arterias, líneas
que merodean en torno al corazón
calado por la angustia
y el cansancio
líneas como cables tendidos
entre una vida y otra menos vida
líneas ultracortas
líneas entrecortadas
líneas respiradero
líneas túnel
para desembocar
en el horizonte
recuperar allí
las fuerzas del principio pero
líneas quebradas
presionadas
oprimidas, líneas
de vuelta atrás
combadas sobre el tiempo
que queda
el tiempo que nos queda
termitero o volcán
vaciado por los seres (los insectos, la lava)
que operan desde dentro

líneas
de retroceso
¡si fuesen sólo al sueño!
pero no: más abajo.

escribir
como quien muerde un rayo
con los brazos en cruz

escribir
que sus pulmones se cerraron
como las alas de una
mariposa.
Dejó un rastro de polvo azul
en los dedos de quienes fueron
a tocarla

escribir
como aquel que se fuga de un hospital y arrastra tras de sí
las sondas, el goteo, la máscara de oxígeno y corre
sobre agujas envenedadas

¡Despertad!
¡nadie podrá evitarlo!
sólo es cuestión de tiempo
contad los gritos que dais
en el fondo del agua
¡Contad los gritos!

cada cual con su dolor a solas
el mismo dolor de todos

– Alguien disimula. Sonríe,
devuelvo la sonrisa. Sé
que para él ya oscureció.
También él lo sabe.
Pero se esfuerza. Todos
nos esforzamos.
Gritar es esforzarse.
Gritar es rebelarse. –

escribir
porque alguien olvidó gritar
y hay un espacio en blanco
ahora, que lo habita

escribir
porque es la forma más veloz
que tengo de moverme

escribir

¿y no hacer literatura?

¡y qué más da!

hay demasiado dolor
en el pozo de este cuerpo
para que me resulte importante
una cuestión de este tipo.
Escribo

para que el agua envenenada
pueda beberse.

La astucia del vacío: cuadernos de Benarés. Jesús Aguado. (2)

Te amaré con locura cuando deje de amarte
porque entonces serás una sombra en el agua.
Porque entonces tus manos serán ramas caídas
que la corriente aleje sin pedirme permiso.

Te amaré con pasión mientras vas diluyéndote
porque entonces sabré que tu cuerpo era sólo
no materia o sabor sino nada y ninguno,
no mordiscos y un nombre sino nunca y vacío.

Te amaré para siempre cuando seas un árbol
que
hunde sus raíces en la orilla de un río
y en ese río seas una trucha azulada
y en esa trucha seas el reflejo del cielo
y en ese cielo seas una nube sin rostro.
Cuando seas el mundo que no fuiste en mis brazos
porque en ellos reías sólo tú y me besabas.

Te amaré sin regreso cuando la lluvia llueva,
cuando los truenos truenen, cuando el olvido olvide.
Porque entonces sabré que no te amaba a ti
sino a la vida viva y eso está en los insectos.

Te amaré hasta la muerte cuando deje de amarte
y pueda respirar sin tu respiración,
moverme sin tus piernas, pensar sin tus palabras.
Porque entonces serás una hojita que flota
sin conciencia ni tácticas ni mentiras ni orgullo.
Porque entonces tú y yo no seremos tú y yo
sino dos gotas limpias de una misma cascada.

Te amaré en mil pedazos cuando deje de amarte
y sepa que soñamos lo que jamás serías.
Porque entonces serás la que borre tus huellas.

Porque entonces serás la que borre mis huellas,
te amaré desde cero cuando deje de amarte:
otra oportunidad de amarnos con locura
mientras nieva la nieve, mientras las manos manan.

*

El amor tiene eso, que despierta los hilos, esa maraña que somos dentro y fuera de nosotros atravesándonos de parte a parte, atándonos a lo visible y a lo invisible, entrecruzando nuestros actos, palabras, experiencias. El amor hace que los hilos salgan de su letargo hipnótico, ese duermevela o resaca o trance en el que les sume el runrún entontecedor del mundo, y se tensen como animales desperezándose en una sabana, y se pongan a danzar como los reflejos de una antorcha a la orilla de un río, y se disparen en todas las direcciones como espirales de un reloj destapado por una caída brusca contra el suelo. El amor hace que los hilos que siluetean el entramado de lo que somos vibren como cuerdas de un instrumento hasta entonces secuestrado en su estuche: nos hace música y nudo, sonido y relación, el canto de las cosas y los cuerpos cuando se rozan, se mezclan, chocan o se reconocen. Hilos de lana, de lluvia, de huellas en la arena, de seda, de estelas en el aire, de saliva, de narraciones: las marcas que va dejando el azar, el mapa que va cartografiando el deseo. El amor atrapa en su tela de araña el alma, que siempre quiere abandonarnos, fugarse de un mundo que la condena a tareas menores, y la convence por las buenas o por las malas para que se quede con nosotros todavía. Marioneta o cazamariposas, soga de ahorcado o red de trapecista, cada amante tiene que atender a cómo se van reagrupando los hilos recién salidos del sueño: ese dibujo será el de su vida, lo que quede de él una vez que ya no quede nada. Así devanando, cardando, estirando, tejiendo, los amantes desparraman los hilos como corrientes de agua que, entre revueltas, saltos al vacío o remansos, nunca van a dar al mar, que es el morir, sino a sus propios corazones, ese centro incandescente donde surge la vida verdadera.

Jesús Aguado. La astucia del vacío. Cuadernos de Benarés. DVD ediciones

La astucia del vacío: cuadernos de Benarés. Jesús Aguado

La astucia del vacío

Me ha caído en las manos, no puedo soltarlo… Cada línea de este texto me devuelve a la India, ya me he ido, otra vez: el olor, el caos del tráfico, la profusión, el bullicio, los timbrazos, los mugidos, los altavoces, las sonrisas, los perros sarnosos, la transparencia del instante, su liviano pálpito, el suave velo del amanecer, vuelvo a emprender una conversación que no cesa (a veces sólo es un murmullo, un barullo interior) con Kali-la-negra, la Yagá, la devoradora, la deletreadora, la que sabe mi nombre, y lo desmiembra letra a letra…

Así empieza el texto de Jesús Aguado:

Mañana corta mi cabeza y tírasela por el balcón a las ratas. Verás cómo mastican mis ojos, cómo arrancan a dentelladas mi lengua, cómo se abren paso a través de mis fosas nasales y se disputan a mordiscos mis sesos. Su bullir laborioso y desordenado atraerá a los chuchos, a los monos, a los buitres que sobrevuelan las orillas del Ganges, a cientos de insectos y de ranas. Entre todos no dejarán nada de mi cabeza. Cuando lo comprendas, vuelve a entrar en la habitación y ámame: sólo entonces podré corresponderte.

*

Los perros acostados, acurrucados, ausentes, sobre las cenizas hace horas apagadas de los fuegos del invierno. Los calienta el recuerdo del fuego, el fuego imaginado más que el fuego real, los calienta esa modalidad del fuego que es el no-fuego. Y duermen plácidos y ajenos a los timbrazos de las bicis y a la algarabía de los vendedores. Cada vez que los miro algo en mí crepita, desde algún lugar de mí se alza una llama.
Qué tentación: pedir que, a mi muerte, y despues de incinerado, hagan un montón con mis cenizas y las dejen en una de esas calles para que algún perro duerma sobre ellas.

*

Este es un lugar para los sentidos más que para el intelecto – o mejor: aquí el intelecto se metamorfosea en piel suave, en mano despierta, en lengua feliz.

*

El tráfico: un caos con sentido, un caos humano. Hay un mínimo de normas y un máximo de impulsos. Cada cual busca su espacio y siente el de los demás. Ciencia de los milímetros: nos rozamos pero casi nunca hay choques, golpes serios, atropellos. Desde arriba y desde fuera parece un nudo, una maraña soñando con una tijera liberadora, la madeja de un tejedor loco. Desde dentro es más bien como cualquier conversación: se cruzan los temas o se cambian por otros sin transición, se superponen dos o más voces, se grita o se ausenta uno durante varios segundos, se abandona sin conclusiones. El tráfico habla a gritos, pero dice algo inteligible y sensato: hazte un hueco, busca tu sitio; y hazlo no contra los demás sino porque eso es lo que esperan, lo que necesitan los demás para poder encontrar el suyo, para seguir avanzando sin accidentes. Coordinación instintiva que sólo en casos extremos recuerda alguna clase de código de la circulación. Más semejante a una bandada de aves, a un hormiguero o a un cardumen de peces, que parecen formar una especie de única mente colectiva, que a esa procesión de solitarios agresivos y castrados de nuestras carreteras. Un caos armónico frente a un orden infernal. Ambos producen muertos, sí, claro, y no sé cuál más según las estadísiticas, pero en el primero apostaría que sobre todo por culpa del cansancio físico y en el segundo de frustraciones conscientes o inconscientes que estallan con violencia. En la India conduzco alerta: mis sentidos se despiertan y me cuidan, un regalo para el cuerpo y el alma que transportaré a otras experiencias mías; en Occidente conduzco en tensión (mi cabeza vigila a los que me vigilan, a los que me persiguen y me odian sin conocerme, a los que me sancionan, a los que buscan suicidarse acompañados sin saberlo), una carga que me pasará factura en el resto de mis actividades. Un diálogo que a distancia parece de sordos y es todo lo contrario el tráfico en la India; muchos monólogos yuxtapuestos el de Occidente. Atascos que parecen orgías (imposibles distinguir los miembros, todos se tocan con todos) y atascos que parecen tediosas procesiones de personas sin fe.

Jesús Aguado. La astucia del vacío. Cuadernos de Benarés. DVD ediciones

CRONICAS DESDE EL MUSEO CHILLIDA LEKU Septiembre 2010

En relación al cuento de La doncella Manca os invito a compartir unas palabras y un dibujo de Chillida

Las manos de Chillida

“Yo había observado que tenía una facilidad grande para dibujar . Un día me di cuenta de que probablemente lo que me cerraba el camino para hacer las cosas con profundidad era precisamente la facilidad de mi mano, es decir , que mi mano no solamente no me ayudaba , si no que me entorpecía; tomé una decisión …decidí dibujar con la mano izquierda ….pasé una época difícil tenía la sensación de encontrarme en tierra de nadie , “entre el ya no y el todavía no “. Quería ir hacia delante y no podía ; intente volver hacia atrás pero no me salía porque ya me lo sabia …entonces escribí “Tengo las manos de ayer , me faltan las de mañana”…pase una época difícil en Paris tenía la sensación de estar actuando un poco condicionado por el ambiente y el medio. Tomé la decisión de volver a mi tierra con una idea “Voy a ir a ver crecer la hierba allí tranquilo” buscando la sensación de que las cosas fueran creciendo de modo natural ….Después he seguido toda la vida tratando de buscar el lugar desde donde hay que ver ; eso tan hermoso que dice Kierkegaard: “No se trata sino de buscar el lugar desde donde hay que ver”

 

ESCRITOS  Eduardo Chilllida

Hay que parar

Un pequeño texto de Clarice Lispector que no tiene desperdicio, sacado de su libro “Aprendiendo a vivir” (ed. Siruela). Para ponernos a tono con el ritmo otoñal, recogernos un poco y, ¿quién sabe?, encontrarnos…

“Tengo nostalgia de mí. Ando poco recogida, atiendo demasiado al teléfono, escribo deprisa, vivo deprisa. ¿Dónde está yo? Necesito hacer un retiro espiritual y encontrarme por fin – por fin, pero qué miedo – en mí misma”.

Treballant amb les emocions

Emociones

Títol: Emociones: una guia interna: cuáles sigo y cuales no

Autor: Leslie Greenberg

Editorial: Desclée de Brouwer

Any: 2000

Col.lecció: Serendipity; 51

Més informació al web de Desclée de Brouwer

Una de las mayores contribuciones de Greenberg a la Psicología ha sido su teoría de las emociones, en la cual clasifica los distintos tipos de emociones.

Leslie Greenberg considera las seis emociones básicas (miedo, enfado, tristeza, asco, sorpresa y alegría), pero las clasifica en primarias, secundarias e instrumentales. A su vez, las emociones primarias pueden ser adaptativas o desadaptativas. Cualquiera de las seis emociones básicas puede actuar como primaria, secundaria o instrumental según al caso. Lo cual quiere decir que es igualmente importante distinguir qué emoción básica está operando, pero también cómo lo está haciendo.

Emociones primarias

Son emociones que conectan directamente con nuestras necesidades. Las más arraigadas en nosotros y que sentimos más en las tripas. Pero no siempre estas emociones nos informan adecuadamente. Esas emociones primarias pueden ser adaptativas o desadaptativas. Las adaptativas responden a una situación actual y nos empujan a actuar en consecuencia para cubrir la necesidad que está debajo. Una vez que hemos afrontado la situación o que ésta desaparece, la emoción se desvanece. Las desadaptivas sin embargo, aunque se activan con una situación presente, responden a algo pasado, huelen a viejo. Son emociones conocidas para nosotros, viejos compañeros de viaje y se basan en un aprendizaje previo. Es importante distinguir cuando una emoción primaria es adaptativa o desadaptiva, ya que en el primer caso debemos utilizarla como guía de acción, pero en el segundo sería necesario hacer un proceso para sustituirlas por emociones más saludables.

 Tristeza primaria

 Cuando es saludable se produce como consecuencia de una pérdida o ante algo que termina. Se puede experimentar en distintos grados. Desde la tristeza pasajera ante una renuncia o la rendición en un conflicto, a la tristeza más profunda por la pérdida de un ser querido o el fin de una relación. La señal para uno mismo y para los demás de que algo es triste es el llanto. Llorar es sano ya que permite expresar los que estás sintiendo por dentro y fomenta la intimidad.

Sin embargo, la tristeza primaria no saludable se produce normalmente cuando una situación presente evoca una profunda sensación de desamparo e impotencia vividas en una situación del pasado. En la base de este tipo de tristeza puede estar una pérdida sin resolver, una herida que quedó abierta en el pasado y que en ocasiones puede estar rodeada de culpa.

Enfado primario

Está provocado por una ofensa hacia uno mismo o hacia los seres queridos. El enfado ayuda a proteger tus límites. Pero no se debe confundir el enfado con la agresividad. Sentirse enfadado no implica comportarse con agresividad. Tampoco ha de confundirse la amabilidad con no enfadarse nunca. Ser amable ayuda a aceptar el enfado como una emoción inherente al ser humano. Eso sí, resulta imposible ser amable cuando hay sentimientos de enfado no resueltos dentro de nosotros, pues éste termina estallando de forma incontrolable en el momento más insospechado. Y para que esto no ocurra, lo mejor es hablar de nuestro enfado con otras personas, con una intención meramente informativa y sin agresividad. Sólo cuando nuestros límites se ven sobrepasados o para evitar ser atacados está justificada la exteriorización del enfado.

Un enfado es desadaptativo cuando ya no sirve para protegerte del daño. Es muy destructivo con las relaciones, pues en el momento parece que el enfado está justificado y pierdes de vista todas las cosas buenas de la otra persona. Pasada la explosión puedes sentirte mal con respecto a este enfado e incluso se pueden generar sentimientos de culpa.

Miedo y ansiedad primarios saludables

El miedo es una emoción muy desagradable orientada a la supervivencia. El miedo nos insta a huir frente a una amenaza. Una vez que ha pasado el peligro, el miedo desaparece. La ansiedad sin embargo, es una emoción generada ante una amenaza invisible, pero percibida por nuestra mente. Normalmente tiene que ver con la anticipación ante algo que va a pasar.

El miedo es desadaptativo cuando se desencadena ante una situación que no es peligrosa realmente, pero que tiene que ver con algo que sí lo fue en el pasado. La ansiedad no saludable tiene más que ver con un sentimiento de ser ineficaz y de estar desprotegido.

Vergüenza primaria saludable

La vergüenza tiene que ver con nuestro valor como personas. Sentimos vergüenza cuando se produce una violación implícita o explícita de nuestras creencias y valores personales. Esto nos da una información muy importante sobre lo que consideramos un comportamiento social aceptable. Información que podemos elegir como guía para nuestra conducta. De forma que la vergüenza puede ser adaptativa, ya que a la vez que protege nuestra intimidad, también nos mantiene conectados con la comunidad.

Emociones secundarias

Son emociones que esconden nuestras verdaderas emociones y que tienen que ver con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Así, alguien que cree que no está bien enfadarse estará triste cuando alguien le ha ofendido. O alguien que cree que es de cobardes llorar, tapará la emoción de tristeza con enfado. Estas emociones pueden ser peligrosas, ya que no conectan con nuestras verdaderas necesidades y aunque pueden servir de vía de acceso para llegar a las primarias, debemos reconocerlas para destapar lo que hay por debajo de ellas. Y para eso hace falta tiempo y espacio.

La tristeza como emoción secundaria

Debajo de este tipo de tristeza suele haber un enfado. El sentimiento surge al sentir que ese enfado no será escuchado, que no es válido o que no tendrá ninguna influencia. Las personas que tienen estos sentimientos reaccionan frente al enfado con una actitud de víctima y lo escoden bajo el dolor y la tristeza.

También puede aparecer cuando empiezas a criticarte o a pensar en término de “deberías”. Una parte de nosotros critica a otra que no ha cumplido con las expectativas. Esta auto crítica no hace más que empeorar la situación y hacernos más complicado saber exactamente por qué estamos enfadados.

El enfado como emoción secundaria

La mayor parte de los enfados secundarios esconden una emoción de tristeza o impotencia.

También se puede utilizar para bloquear el estrés y el dolor que viene de otros sentimientos. Sentirse enfadado aparta de la conciencia otros sentimientos como el miedo y el dolor, que para nosotros pueden ser más desagradables.

De igual forma, el enfado borra de forma momentánea la culpa y los sentimientos de no ser valiosos. En vez de sentirte culpable o poco valioso puedes culpar o criticar a otra persona.

Este tipo de enfado suele estar relacionado con una baja autoestima o para encubrirla. Puede estar también relacionado con amenazas a una percepción de uno mismo de fragilidad y desamparo.

Otro tipo de enfado secundario muy común es el que se produce cuando nos enfadamos con nosotros mismos por algo que hicimos mal o por un sentimiento que percibimos como inadecuado. Esto desencadena sentimientos de vergüenza, fracaso, culpa o depresión y te pueden hacer sentir enfado contigo mismo por estar deprimido, sentirte necesitado o asustado.

El miedo y la ansiedad como como emociones secundarias

El miedo o la ansiedad secundarias surgen cuando piensas que tus verdaderos sentimientos centrales pueden dañar tus relaciones, de forma que tratas de evitar sentirlos. Por ejemplo, sientes miedo por decirle a un compañero que crees que no está haciendo bien las cosas, cuando en realidad estás enfadado con él, pero temes que si se lo dices la relación vaya a deteriorarse.

Emociones instrumentales

Son emociones que utilizamos para conseguir un fin de forma más o menos consciente. Hay una intencionalidad en ellas. En realidad hemos aprendido que expresando esas emociones los demás reaccionarán como nosotros queremos que lo hagan. Cuando esta expresión es consciente puede tener que ver con el rol social que queremos jugar en un ambiente determinado. Así expresamos unas emociones u otras dependiendo de cómo queremos que los demás nos vean. Sin embargo, cuando es inconsciente, puede suponer un problema, ya que nos impiden expresar lo que realmente necesitamos y los demás pueden llegar a sentirse manipulados.

Lo que Greenberg deja claro, es que sea del tipo que sea la emoción, debajo de ella siempre hay necesidades. Presentes si son emociones primarias adaptativas, pasadas si son primarias desadaptativas, ocultas bajo las emociones secundarias o de conseguir algo si son instrumentales. Así que, ¿cómo podemos hacer para saber qué necesidades esconden nuestras emociones y para transformarlas en caso de que no nos estén dando una información útil? Para eso, Greenberg propone el Proceso Emocional Básico. Pero esto lo dejaremos para una próxima entrada.

Nuria Pérez Galán, profesora de Secundaria y coach Emocional por ISIE

Clasificación de las emociones según Leslie Greenberg