Gary Snyder a Barcelona: primeres impressions

gs2.jpg  gs.jpg

Ahir vàrem tenir el plaer de veure un dels nostres autors de referència, Gary Snyder, dins del Barcelona Poesia 2011.

Primer vàrem veure el documental The Practice of the Wild (2010, 53 min) que retrata el llegendari poeta beat i celebra la seva amistat amb l’autor Jim Harrison. La pel·lícula segueix el poeta i el novel·lista caminant per uns paisatges verges de la costa central de Califòrnia. Parlen sobre el budisme zen, el San Francisco dels anys seixanta, la interdependència de tots els éssers vius i anècdotes sobre Allen Ginsberg i Jack Kerouac, per als quals Snyder va ser un mestre. Però el cor de la pel·lícula, d’on sorgeix el títol, prové d’una col·lecció molt influent d’assaigs escrits pel poeta l’any 1990 que són una exploració de l’amor que el poeta sent per la natura.

Després de la projecció del film, Gary Snyder va oferir un recital de poemes seus, una part dels quals ens varen donar traduïts al castellà en un petit quadern i d’una altra part en van fer una traducció en viu i en directe.

https://vimeo.com/27756979

Gary Snyder va néixer a San Francisco el 1930 i va ser conegut als anys cinquanta com a membre de la Beat Generation. Va estudiar deu anys en un monestir zen a Kyoto, al Japó, i ha treballat com a professor de literatura a la Universitat de Califòrnia. Ha publicat 16 llibres de poesia i prosa, incloent Turtle Island, que va guanyar el premi Pulitzer de poesia i que va consagrar Snyder com a heroi de la contracultura dels EUA. Actualment viu aïllat a les muntanyes del nord de Califòrnia.

més informació:

 

 

Hainuwele, la mujer salvaje recobrada

hainuwele

 

Decisión imprescindible: recuperar a Hainuwele. Sé dónde se cobija, dónde palpita aún su pulso, dónde poder recuperar su aliento.

Habita en la nieve perfecta de las cumbres, en la grieta más estrecha de las montañas rocosas, se acuclilla en una cueva apenas más grande que la luz que irradia de su cuerpo, pisa la tierra bajo las almohadilladas patas de una gata en celo, se desliza en cascada como las ramas nudosas de una higuera entre las altas rocas.

Tiene mil años, mil siglos y, sin embargo, está naciendo en cada instante.

Sé dónde habita, sé cómo trepa, sé cómo desciende las laderas, cómo corre descalza sobre el hielo, cómo se hace agua con el agua, madera en la madera, hierba entre la hierba, conozco todos los huecos en los que duerme, incluso aquellos, tan densos: los ojos de las alimañas, los de las cabras montesas, los de las lechuzas, los ojos de las musarañas, y hasta los ojos ciegos de los murciélagos.

Sé dónde vive, y eso basta. Recuperarla es fácil. Mi tiempo habrá de ser la ofrenda que derrame en sus huellas. La eternidad se gana con la entrega del tiempo. La eternidad es simplemente el no-futuro: el no-miedo. La eternidad es ahora, es siempre ahora.

Chantal Maillard. Filosofía en los días críticos. Ed. Pre-Textos, 2001

*

En el centro de todo lo que vive
hay un lugar, un hueco transparente al que llaman espíritu.
Es allí donde viertes tu poder
y te transformas,
es allí donde haces
a cada ser distinto de los otros.
Y por eso el espíritu es un don,
el don de ser sí mismo,
aquel que nos otorgas cuando la luz despunta
y vienes a habitar los huecos transparentes.
Sé que eso ocurre cuando oigo tu risa
bajar como una ardilla desde los altos cedros.

*

He seguido las huellas de los lobos
hasta donde se trenzan las ramas de los árboles.
Les he visto clavar sus dientes en el cuello
de un corzo acorralado,
y la luz era verde y el viento acariciaba
sus vientres jadeantes.
He visto debatirse una liebre en las garras de un águila,
y el sol,
ese gran ojo ciego que se nutre
de los cuerpos inertes,
resplandecía en la montaña.
He urgado en las entrañas de un pájaro nocturno
y en mis manos bebieron los chacales.
Sé cómo besan las serpientes: su beso es el reflejo de la luna
sobre el agua fría.
Por todas partes, en todas las cuevas
donde he velado el fuego que me consume y me alimenta
te he vuelto a conocer,
y te he amado
en los ojos que besan las serpientes,
en la humedad del viento,
en el sol que calcina los huesos de los lobos.
Te he amado y te amo
en todo lo que muere
y en todo lo que mata
y en la raíz que corre a ras de suelo como una comadreja.

*

Llevo acostada largo tiempo
en la orilla. Mis pechos
son colinas cubiertas de hoja seca.
Levanto la cabeza y me contemplo:
en mis muslos el vello a punto de ser vello,
me incorporo: la hierba a punto de ser hierba,
doy un paso y despierto al agua
a punto de ser agua,
se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto
de ser negra.
Un resplandor me ciega:
el bosque me contempla, a punto de ser bosque,
a punto de ser tuya.

Chantal Maillard. Hainuwele y otros poemas. Tusquets, 2009

 

 

 

Chantal Maillard: Escribir

Hace tiempo que queríamos albergar en nuestra guarida lobuna este largo poema-exorcismo de Chantal Maillard publicado en Matar a Platón (Tusquets editores, 2004). Como humilde homenaje. Palabras-grito que abren boquetes, palabras-extenuadas que curan, palabras-rayos que transmutan.

 

chantalmaillard


escribir

para curar
en la carne abierta
en el dolor de todos
en esa muerte que mana
en mí y es la de todos

escribir

para ahuyentar la angustia que describe
sus círculos de cóndor
sobre la presa

aunque en el alma no

en el alma
la estimación del tiempo que concluye
y es arriba
algo más que un silencio
con ojos semiabiertos

escribir

como condescendencia y como rebeldía
sin elección
sin pausa
porque se va la luz, las fuerzas
se le acaban
y el ser se va de vuelo
en las garras de un ave
carroñera

escribir

para decir el grito
para arrancarlo
para convertirlo
para transformarlo
para desmenuzarlo
para eliminarlo
escribir el dolor
para proyectarlo
para actuar sobre él con la palabra

escribir

para descansar
(escribir que el sol, en invierno, es hermoso)

por no llorar tan dentro
tan a escondidas

escribir

hacia la extenuación
para que se derrame el dolor contenido
desde el inicio del mundo

escribir
para rebelarse
sin provecho

a pesar de la derrota ya prevista

porque no hay rebeldía que no esté justificada
ni violencia que no sea, en el fondo,
inocente,
escribir

con derecho al llanto

escribir para curar
escribir para guarecerse
escribir como si cerrase los ojos
para no cerrarlos
para mover la mano y seguir su curso
para sentirse viva
AÚN
para aplazar la angustia
como simulación
para guiar la mente y que no se desboque
para controlar lo controlable

escribir

como quien deja la luz encendida
y duerme de pie sobre sí mismo
para saldar las cuentas con el miedo

escribir
para reorganizar

escribir
sin hacer concesiones

escribir
como quien des-espera
para cauterizar
para tomarle las medidas al miedo
para conjurar
para morder de nuevo el anzuelo de la vida
para no claudicar

escribir
para apuntar al blanco

escribir
con palabras pequeñas
palabras cotidianas
palabras muy concretas
palabrasojo
palabras animales
palabrasbocadegato
áperas por dentro y por fuera
suaves como “tal vez”
palabraslatigazo
como “demasiado” y “tarde”

escribir
para no mentir
para dejar de mentir
con palabras abstractas
para poder decir tan sólo lo que cuenta

decir que a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada
y la sábana verde se desdobla
en el espejo del armario
estoy en mí
en el lugar en que acostumbro
a encontrarme
en este aquí hecho de extraña
duración en lo mismo
repitiéndome
la carne dolorida
los huesos lastimados
los nervios, la piel
tirante, amoratada
el pelo encanecido
el grito sólo postergado
y hoy a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada

muere un niño
o dos o no sé cuántos
mueren y una anciana dice
sus últimas palabras
o no las dice y muere
y es otra la que habla
pero no habla, dice
apenas dice y muere
sin decir
apenas
nada
y algo se me atraganta
tal vez un alarido
largo como las once horas de esta noche
o tal vez la conciencia
que duerme encendida
como una lumbre la conciencia
de todos los que mueren
como una fogata
un espantoso incendio
que prende en las ventanas
de la ciudad y en el mar no se apaga
una conciencia absurda
una antorchahorizonte
la conciencia de todos los que saben
que se están acabando
en sus huesos de antorcha
hoy, mañana, siempre

escribir
todas las muertes son mi muerte
mi grito es el de todos
y no hay consentimiento
escribir

¿para consentir?
¡escribir para rebelarse!
no hay lugar para plegarias
no hay lugar para el sosiego
el ajuste de las almas
se hace en rebeldía

Estamos solas
y nos pertenecemos.
En nosotras está el poder
Somos un pueblo de almas
en rebeldía
¡Despertad!
Lo que escribo aquí
se traza en el aire
el dolor es la senda
el dolor es el medio
por el dolor la fuerza
que combate el dolor
y lo transforma
por el dolor deshago
mi dolor en lo ajeno
y el ajeno en el mío

escribir

para des-esperar
por todos los que están
por todos
los que fueron
los desaparecidos
escribir para cuidar
sus des
apariciones
para alimentarlas
para que no se enturbien
no tan pronto
no tan siempre
pronto

escribir

para desestructurar
para vencer
las estructuras
para contra
decir
lo dicho
para demoler

escribir

para desestimar
para aprender la delgadez del trazo
su vacío
habituarse a él
a su insignificancia

escribir
para insignificar

escribir

inútilmente
para ejercer lo inútil
para abrazar lo inútil
para hacer de la inutilidad un manantial

escritura como sortilegio

– volé esta madrugada
más alto que ninguna otra vez

Cada noche, en la duración de un grito
viene una sombra nueva

Cada noche, en la duración de un grito,
un alma acude a mí.
La acojo.
En el grito.
Ella no dura. Sólo se abre.
Y hay que entrar. Suavizar.
No hay que recordar.
Tan sólo entrar.
Respirando. –

escribir luego
para reforzar
los frágiles puentes
los conductos sutiles
con temor
de que se borren
en el espacio leve
entre lo presentido y lo sentido

Escribir
para desescribir
para desdecir
para reorganizar
las consciencias y
que cada una cumpla
su ceguera
El espacio de las almas
ha de guardarse oculto
En la palabra está el engaño

escribir pues
para confundir
para emborronar
y, luego, volver a escribir
en el orden que conviene
el mundo que hemos aprendido

escribir

como quien cuenta los pasos que da
por no oír el silencio
como quien cuenta pasos – uno, dos –
y se salta el tercero -cuatro, cinco-
para ver si se ha ido
para comprobar
pero no: sigue estando
y ya no dejará de andar
para contar los pasos
hasta caer exhausto
en el silencio enorme que se ensancha
entre sus piernas como un charco
de sangre

escribir

porque el héroe se hace con el miedo
sobre todo su miedo
a partir de su miedo
se hace héroe el héroe
ahuecando el miedo
y llenándolo de acción
para entumecerlo
haciendo tiempo en lo hermoso
haciendo tiempo en lo vivo

yo no soy ningún héroe
yo sólo escribo
para colmar la distancia
entre mi miedo y yo

escribir
“Se pone un abrigo de cuero.”
escribir
“Un hombre joven se levanta del asiento.
Se pone un abrigo de cuero.
Lleva gafas oscuras.
Se vuelve.
Su espalda es ancha.
Se dirige a la puerta.
No sé qué hará mañana.
No le conozco.
Ha cruzado la vía.
El cristal me devuelve mis ojos
y esa tristeza que se mide en mis labios.
El hombre joven tal vez camina hacia una casa.
Tal vez sea su casa.”

escribir
“En mi rostro el paisaje
– atravesándolo –
el paisaje.”

escribir
“Tiene las uñas recortadas.”
escribir
“Se desprende, muy lenta, de una frase,
la desliza en el cuaderno y espera.
Tiene las uñas recortadas
y una blusa de encaje.
Lleva una bolsa de color violeta
en las rodillas.
Cuando respira hace juego
con los versos de Sylvia Plath.
Hay un desfiladero en su mirada
y no termina de cruzarlo.”

escribir
para confundir las palabras
y que las cosas aparezcan

(Campos de limoneros cargados con sus frutos. Y cañizales
separando sembrados. Y vinagreras cubriendo de oro las taludes…)

que las cosas presionen
que un mundo se abra paso
(Es invierno, y ya crecen el trigo y la alfalfa. Aún hay campos entre ciudades y hermosos pueblos y una anciana se sienta en un portal con un rayo de sol en su regazo.
La tierra arada humea bajo el sol y los olivos jóvenes tensan sus cuerpos retorcidos hacia el cielo. Creciendo.
Crecer es ascender.
Crecer es ensancharse.
Crecer es romper límites.
Crecer es invadir…)

que estallen los cristales de mis manos
que abran ojos en las letras

(Hileras de olivos.
Sus sombras paralelas…)

escribir
para rastrear

escribir

para perdonar
para ser perdonado

¿Dónde hallaré al sacerdote,
al mediador, aquel que tenga
conocimiento de los límites
y el poder de traspasarlos?
¿dónde hallaré a aquel
capaz de arder sin consumirse
y, entre los muertos y los vivos,
ecualizar
transformar, ¡bendecir!?

escribir

para hallar la paz
después de haber hablado
con los muertos

escribir

para sellar la paz
para conciliar
en mí
para perdonar en mí

escribir

la culpa misma que golpea y se licúa
en el pecho
y surte y es agua que mana
con fuerza y que nos une
agua que forma
remolino de amor irradiando

todas las culpas son
el mismo sufrimiento
el de existir queriendo
queriendo serlo todo
queriéndolo todo
y todo está en mis manos
en esta encrucijada donde permanecemos
el tiempo suficiente
para sufrirlo todo

en mi interior barrunto el gran estruendo:
todo el dolor del mundo me pesa entre los muslos

abrid los ojos: ¡ved!
es tan terrible vivir
¡quien sobrevive saluda!
morituri somos todos

toda la historia de tu estirpe
está presente y te reclama
como crisol
eres
la mediadora
operas
en ti misma el milagro
de la conciliación

y de repente soportas
el peso del mundo y su dolor
lo bebes todo entero.
Agradecida.

escribir

porque crujen las rodillas
y hay como un sueño
esperando ser soñado
justo detrás del dolor.

– Hoy observé las gaviotas.

He de volar muy alto esta noche.
He de volar sin lastre.
Hasta que amanezca.-

escribir
“otoño”
para recordar cómo
uníamos castañas con palillos de dientes
y surgían princesas y perros y dragones
y mi madre era hermosa
y ¿quién sabe? tal vez
fue feliz, también ella,
ese día.

escribir

para arquear el espinazo de las letras
a imagen del dolor
para trazar las líneas de la vida
líneas que se encogen
líneas retráctiles
como nervios apresados en la carne
como venas quebradizas
venenos infiltrados
en las arterias, líneas
que merodean en torno al corazón
calado por la angustia
y el cansancio
líneas como cables tendidos
entre una vida y otra menos vida
líneas ultracortas
líneas entrecortadas
líneas respiradero
líneas túnel
para desembocar
en el horizonte
recuperar allí
las fuerzas del principio pero
líneas quebradas
presionadas
oprimidas, líneas
de vuelta atrás
combadas sobre el tiempo
que queda
el tiempo que nos queda
termitero o volcán
vaciado por los seres (los insectos, la lava)
que operan desde dentro

líneas
de retroceso
¡si fuesen sólo al sueño!
pero no: más abajo.

escribir
como quien muerde un rayo
con los brazos en cruz

escribir
que sus pulmones se cerraron
como las alas de una
mariposa.
Dejó un rastro de polvo azul
en los dedos de quienes fueron
a tocarla

escribir
como aquel que se fuga de un hospital y arrastra tras de sí
las sondas, el goteo, la máscara de oxígeno y corre
sobre agujas envenedadas

¡Despertad!
¡nadie podrá evitarlo!
sólo es cuestión de tiempo
contad los gritos que dais
en el fondo del agua
¡Contad los gritos!

cada cual con su dolor a solas
el mismo dolor de todos

– Alguien disimula. Sonríe,
devuelvo la sonrisa. Sé
que para él ya oscureció.
También él lo sabe.
Pero se esfuerza. Todos
nos esforzamos.
Gritar es esforzarse.
Gritar es rebelarse. –

escribir
porque alguien olvidó gritar
y hay un espacio en blanco
ahora, que lo habita

escribir
porque es la forma más veloz
que tengo de moverme

escribir

¿y no hacer literatura?

¡y qué más da!

hay demasiado dolor
en el pozo de este cuerpo
para que me resulte importante
una cuestión de este tipo.
Escribo

para que el agua envenenada
pueda beberse.

La soledad deliberada de María Zambrano

11224277_473293336154482_6373003909252936831_n


Para abonar nuestras reflexiones últimas sobre la soledad y el silencio en nuestro afán por “volver a casa”, comparto estos fragmentos de María Zambrano perdidos y re-encontrados en su obra Claros del bosque. Hacen parte de la octava sección: La entrega indescifrable, y son sacados del apartado La mirada remota.


La soledad, aquella más pura no tocada por el afán de independencia ni por el sentimiento de encontrarse aislado, la soledad aceptada en el abandono, recibe el don de la mirada remota que la sostiene.

El silencio es la nota dominante de esta aceptada soledad que puede darse aun en medio del rumor y del bullicio, y que florece bajo la música que se escucha enteramente. Es el silencio que acalla el rumor interior de la psique y el continuo parlar de ese personaje que llevamos dentro, y que la exterioridad ha ido formando a su imagen y semejanza: banal, discutidor, contestatario; el que tiene razón sin descanso, capaz de hacerla valer sin tregua, frente a algo, y a solas frente a nada; guardián del yo socializado y sobretodo de eso que se llama la personalidad, el que no puede quedarse callado y en alta voz lo dice, añadiendo como causa y motivo de su incesante hablar “frente a la injusticia”. “Frente a la iniquidad”, aunque luego cuando ellas están ahí ante sus ojos suele callarse. Y colabora con sus razones para enconar la soledad del aislado y no permitirle que su aislamiento ascienda a ser soledad pura, que acaba así siendo al modo de un delirio de la psique sometida a la representación social y aun más a la representación del papel social del que el sujeto que lo alberga se cree investido.

Viene el silencio como si descendiera desde lo más alto sobre la soledad y la recoge como ofreciéndola, casi dándole un nombre, y la conduce sin crear movimiento alguno en el ánimo; imperceptiblemente la envuelve. Todo es inmediato y no hay camino. La mirada remota se hace sentir. Una mirada sin intención y sin anuncio alguno de juicio o de proceso. La mirada que todo lo nacido ha de recibir al nacer y por la cual el naciente forma parte del universo.


La visión no-dual de Schrödinger: "Eso eres tú"

Sob. Mi concepción del mundo


Aquí va un extracto del libro “Mi concepción del mundo” del físico Erwin Schröndinger (1887-1961), padre de la mecánica cuántica y premio Nobel de Física en 1933, que constituye un testimonio, sin duda iluminador, acerca de algunos de los temas que, desde los últimos meses, van surgiendo en los talleres: ¿quién o qué soy?, ¿cuál es la naturaleza del yo?, ¿qué es la conciencia?, lo real y la apariencia, la unidad y la multiplicidad, la mente y la naturaleza, la presencia plena en el ahora y la naturaleza del tiempo… Schröndinger hace referencia en este texto a la concepción vedántica, núcleo gnóstico de la tradición índica reflejada en los Upanishad, para la que “la pluralidad que percibimos es solamente una apariencia, no es real”. Y a continuación, nos ofrece la descripción de una experiencia y una profunda reflexión. Sus palabras reflejan el centro “invisible” de nuestra tarea lobuna.

“Supongamos que estoy sentado en un tronco junto a un sendero en una región de alta montaña. Estoy rodeado de laderas cubiertas de hierba, de las que emergen aquí y allí abruptamente algunas rocas; en la ladera opuesta del valle diviso un pedregal entreverado escasamente de arbustos de abedules. A ambos lados del valle, la vegetación trepa en pendientes escarpadas hasta alcanzar la línea de pastos donde cesa el arbolado; enfrente, remontándose desde las honduras del valle, se yergue poderoso un pico, de cuya cumbre desciende un glaciar entre suaves hondonadas cubiertas de nieve y agudas aristas rocosas, que en este momento acarician, tiñéndolas de un suave color rosa, los últimos rayos del sol poniente, destacándose todo ello en maravilloso contraste sobre el fondo azul, pálido y transparente, del cielo.

Según la forma ordinaria que tenemos de ver las cosas, todo eso que estoy viendo ha estado ahí durante miles de años antes de ahora, fuera de algunos cambios sin importancia. Dentro de algún tiempo, no mucho, yo habré dejado de existir, y esos bosques, esas rocas y ese cielo seguirán estando ahí más o menos igual durante miles de años después de que yo haya desaparecido.

¿Qué es lo que me ha sacado de la nada de un modo tan repentino, a fin de gozar por tan corto rato de un espectáculo al que resulto absolutamente indiferente? Las condiciones que han permitido que yo exista son casi tan antiguas como las rocas que contemplo. Durante miles de años, me han precedido otros hombres que se han esforzado, han sufrido, han engendrado, y otras mujeres que han parido a sus hijos con dolor. Tal vez hace cien años estuvo aquí mismo sentado otro hombre, y como yo, estuvo mirando a esa luz feneciente reflejarse en el glaciar, sintiéndose entre nostálgico y sobrecogido en su corazón. Como yo, había sido engendrado por un hombre y había sido parido por una mujer. Había sentido penas y breves alegrías en su vida, como yo mismo. ¿Era alguien distinto de mí? ¿No era tal vez yo mismo? ¿En qué consiste mi yo? ¿Qué condiciones fueron necesarias para que lo concebido esta vez fuera yo, justamente yo y no otro? ¿Qué significado científico claramente inteligible puede realmente corresponder a ese “otro”? Si mi madre hubiese vivido con otra persona distinta de mi padre y hubiese tenido de él un hijo, y mi padre hubiese hecho otro tanto, ¿habría yo llegado a ser? ¿O es que acaso vivía yo ya en ellos, y en los padres de mis padres, y así sucesivamente, desde hace miles de años? E incluso si fuera así, ¿por qué yo no soy mi hermano, o por qué mi hermano no es yo, o no soy yo alguno de mis primos lejanos? ¿Qué es lo que justifica el que nos empeñemos tan obstinadamente en descubrir esa diferencia – la diferencia entre mi propio yo y los demás – cuando objetivamente lo que hay en todos es la misma cosa?

Al pensar y ver las cosas de esta manera, es posible que de pronto caigamos en la cuenta de la profunda verdad que alberga la convicción básica del Vedanta: no es posible que esa unidad de conocimiento, de sentimiento y de decisiones a la que llamamos el propio yo haya saltado de la nada al ser en un momento dado hace apenas un poco de tiempo; más bien, ese conocimiento, sentimiento y decisión son en lo esencial eternos, inmutables y numéricamente unos y los mismos en todos los seres humanos, más aún, en todos los seres dotados de sensibilidad. Pero no en el sentido de que cada uno de nosotros sea una parte o una porción de un ser infinito y eterno, o un aspecto o modificación del mismo, como en el panteísmo de Spinoza. Porque entonces seguiríamos topándonos con la misma pregunta embarazosa: ¿qué parte o qué aspecto soy yo? ¿Qué es lo que objetivamente me diferencia de los demás? No es eso, sino que, por inconcebible que resulte a nuestra razón ordinaria, todos nosotros – y todos los demás seres conscientes en cuanto tales – estamos todos en todos. De modo que la vida que cada uno de nosotros vive no es meramente una porción de la existencia total, sino que en cierto sentido es el todo; únicamente, que ese todo no se deja abarcar con una sola mirada. Eso es lo que, como sabemos, expresa esa fórmula mística sagrada de los brahmines, que es no obstante tan clara y tan sencilla: Tat twan asi, eso eres tú. O también, lo que significan expresiones como: “Yo estoy en el este y en el oeste, yo estoy encima y debajo, yo soy el mundo entero.”

Podemos, pues, tumbarnos sobre el suelo y estirarnos sobre la Madre Tierra con la absoluta certeza de ser una sola y misma cosa con ella y ella con nosotros. Nuestros cimientos son tan firmes e inconmovibles como los suyos; de hecho, mil veces más firmes y más inconmovibles. Tan seguro como que mañana seré engullido por ella, con igual seguridad volverá a darme de nuevo a luz un día para enfrentarme a nuevos trabajos y padecimientos. Y no solamente “un día”: ahora, hoy, cada día, me da a luz continuamente, no ya una vez, sino miles y miles de veces, lo mismo que me va devorando miles de veces cada día. Porque eternamente, y siempre, no existe más que ahora, un único y mismo ahora; el presente es lo único que no tiene fin.”


Què és el que hem d'incorporar com a dones salvatges?

llop laura


Tast de fragments seleccionats del llibre “Mujeres que corren con los lobos” de Clarissa Pinkola Estés per tractar de respondre les preguntes sobre què és ser dona, què és la naturalesa femenina, què és el que defineix el femení, què és el que hem d’incorporar com a dones salvatges:

  • Unirse a la naturaleza instintiva… Significa establecer un territorio, encontrar la propia manada, estar en el propio cuerpo con certeza y orgullo, cualesquiera que sean los dones y las limitaciones físicas, hablar y actuar en nombre propio, ser conciente y estar en guardia, echar mano de las innatas facultades femeninas de la intuición y la percepción, recuperar los propios ciclos, descubrir qué lugar le corresponde a una, levantarse con dignidad y conservar la mayor conciencia posible
  • Tanto dentro como fuera existe una fuerza que actuará en contraposición a los instintos naturales del Yo y que esta fuerza maligna es lo que es. Aunque nos compadezcamos de ella, lo primero que tenemos que hacer es reconocerla, protegernos de su devastadora actuación y, en último extremo, arrebatarle su energía asesina
  • Una mujer tiene que practicar la llamada o el conjuro de su naturaleza combativa
  • Dejar morir los valores y las actitudes de la psique que ya no le son útiles
  • Alimentamos el profundo yo intuitivo prestándole atención y siguiendo sus consejos
  • La mujer sabia mantiene ordenado su ambiente psíquico, Y lo hace conservando la cabeza clara, conservando un espacio libre para su trabajo Y esforzándose por llevar a feliz término sus ideas y proyectos
  • Hay que ordenar la vida salvaje con regularidad. No es bueno acudir a ella un día o unos cuantos días al año
  • Importancia del dejar vivir y el dejar morir. Se trata del ritmo básico natural que las mujeres tienen que comprender y vivir
  • Entremos en diálogo directo con la naturaleza de la Vida/ Muerte/Vida prestando atención a esta voz interior que no es el ego.
  • Es bueno adquirir la reflexiva y cotidiana costumbre de desenredar una y otra vez la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida.
  • Confianza es la de que cualquier herida que sufra se podrá sanar, la de que a la vida antigua le sucede la nueva. La confianza de que todas estas cosas tienen un significado más profundo
  • La perseverancia es una de sus mayores cualidades
  • Por consiguiente, para empezar a curarte, deja de engañarte pensando que un pequeño placer equivocado te curará la pierna rota. Di la verdad acerca de tu herida y entonces comprenderás el remedio que le tienes que aplicar.
  • Ser lo que se es y tal como se es, y dejar que los demás sean también lo que son
  • Si tuviéramos que nombrar sólo una de las cosas que convierten a la Mujer Salvaje en lo que es, sería su sensibilidad, su capacidad de respuesta
  • Vivir plenamente vivas, de una manera consecuente y responsable
  • Autoaceptación y autoestima son los medios con los cuales se pueden empezar a cambiar las actitudes de la cultura
  • Integración de la ingeniosa naturaleza femenina en la vida de todos los días
  • Si no hay juego, no hay vida creativa. Si eres buena, no hay vida creativa
  • Abriendo un poco la puerta del reino de la sombra y dejando escapar poco a poco algunos elementos, estableciendo una relación con ellos, buscándoles un uso y entablando negociaciones, podemos disminuir el riesgo de ser  sorprendidas por los ataques subrepticios y las inesperadas explosiones de la sombra
  • Es más útil emplear un modelo de “y/y”
  • La recuperación del instinto perdido y la curación del instinto lesionado está realmente al alcance de nuestra mano, pues éste regresa cuando una mujer presta atención, escuchando, contemplando y percibiendo el mundo que la rodea y actuando…
  • Es importante que te rodees de personas que apoyen inequívocamente tu labor
  • Si consiguiéramos comprender que nuestra tarea consiste en seguir realizando la tarea, nos sentiríamos mucho más orgullosas y estaríamos mucho más tranquilas
  • El periódico regreso al estado salvaje es el que repone las reservas psíquicas que necesita para sus proyectos, su familia, sus relaciones y su vida creativa en el mundo de arriba
  • Cuando estamos en la naturaleza salvaje que nos corresponde, todas sentimos la alegría de la vida. Es una de las señales de que estamos cerca de la Mujer Salvaje
  • “¿Dónde está el hogar?”… se trata en cierto modo de un lugar interior, de un lugar del tiempo más que del espacio, en el que una mujer se siente entera
  • Los vehículos que utilizan las mujeres para regresar a casa son muchos: la música, el arte, el bosque, la espuma del mar, el amanecer, la soledad
  • ¿Cómo equilibrarnos la necesidad de regresar a casa con nuestra existencia cotidiana? Planificando de antemano el hogar en nuestra vida
  • Para poder conversar con lo femenino salvaje una mujer tiene que abandonar transitoriamente el mundo y sumirse en un estado de soledad
  • Hay muchos aspectos de nuestra vida que tenemos que evaluar con carácter continuado: el hábitat, el trabajo, la vida creativa, la familia, la pareja, los hijos, el padre/la madre, la sexualidad, la vida espiritual, etc.
  • La mujer tiene que cuidar de que una responsabilidad excesiva (o una respetabilidad excesiva) no le roben los necesarios descansos, ritmos y éxtasis creativos
  • He aquí de qué manera se puede recuperar el río. Acepta alimento para iniciar la limpieza del río… Reacciona… Sé salvaje… Empieza… Protege tu tiempo… Persevera… Protege tu vida creativa… Construye tu verdadero trabajo… Pon alimento para la vida creativa… tiempo, sentido de pertenencia, pasión y soberanía…
  • Es importante tener un recipiente en el que guardar todo lo que percibimos y oímos desde la naturaleza salvaje
  • la concentración es la solución al problema de la pérdida de energía. Eso y … descansar
  • Bajo la tutela de la Mujer Salvaje recuperamos lo antiguo, lo intuitivo y lo apasionado. Cuando nuestras vidas son un reflejo de la suya, nuestra conducta es coherente. Terminamos las cosas o aprendemos a hacerlo en caso de que todavía no sepamos cómo. Damos los pasos necesarios para manifestar nuestras ideas al mundo. Recuperamos la concentración cuando la perdemos, cuidamos los ritmos personales, nos acercamos más a los amigos y los compañeros que están de acuerdo con los ritmos salvajes e integrales. Elegimos relaciones que alimentan nuestra vida creativa e instintiva. Nos inclinamos para alimentar a los demás. Y estamos dispuestas, en caso necesario, a enseñar a nuestras parejas receptivas lo que son los ritmos salvajes
  • Modelo para afrontar y curar la cólera: buscando una sabia y serena fuerza curativa…, aceptando el desafío de penetrar en un territorio psíquico que jamás se ha visitado…, reconociendo las ilusiones…, dejando descansar los viejos pensamientos y sentimientos obsesivos …, pidiendo la ayuda del gran Yo compasivo…, la comprensión de la furibunda faceta de la psique compasiva…
  • Importancia de la aplicación del conocimiento psicológico en nuestra vida real
  • A la Curandera… la podemos recuperar examinando con calma la causa que provoca nuestra furia
  • Tenemos que utilizar la cólera como fuerza creativa
  • Si una mujer regresa a la naturaleza instintiva en lugar de hundirse en la amargura, revivirá y renacerá.
  • Dar descanso a los aspectos de nuestra persona que se dirigían a algún lugar pero jamás llegaron a él
  • El instinto herido ha de curarse practicando la imposición de unos sólidos límites y practicando el ofrecimiento de unas firmes y, a ser posible, generosas respuestas que no cedan, sin embargo, a la tentación de la debilidad
  • La cólera o la rabia colectiva es también una función natural… es psíquicamente saludable que utilicen esta cólera derivada de la injusticia para buscar los medios capaces de producir el cambio necesario
  • Llega un momento en que hay que perdonar para que la psique pueda liberarse y recuperar su estado normal de paz y serenidad
  • La limpieza de la cólera residual debe convertirse en un ritual higiénico periódico que nos libere
  • En los momentos más oscuros, el inconciente femenino, es decir, el inconciente uterino, la Naturaleza, alimenta el alma de la mujer
  • Nuestra tarea es interpretar este ciclo de la Vida/Muerte/Vida, vivirlo con todo el entusiasmo que podamos, aullar como un perro enloquecido cuando ello no sea posible y seguir adelante, pues, al final de nuestro camino, se encuentra la amorosa familia subterránea de la psique que nos acogerá en sus brazos y nos prestará su ayuda
  • El alumbramiento psíquico equivale a convertirse en una misma
  • El reto de amar los aspectos poco atractivos de nuestra personalidad constituye una empresa tan ardua como la más difícil que pueda haber llevado a cabo cualquier heroína.
  • El hecho de cuidar y criar maternalmente sus yos interiores es una tarea creativa, una forma de conocimiento, no un motivo de inquietud
  • Cuando adquirimos un profundo conocimiento instintivo de todas las cosas que hemos venido aprendiendo a lo largo de la vida, recuperamos las manos de la plena feminidad
  • Cuesta estar con la Mujer Salvaje al principio. Curar el instinto herido, desterrar la ingenuidad y, con el tiempo, aprender a conocer los aspectos más profundos de la psique y el alma, retener lo que hemos aprendido, no apartarnos, manifestar claramente lo que representamos, todo eso exige una resistencia ilimitada y mística
  • REGLAMENTO GENERAL LOBUNO PARA LA VIDA: 1. Comer. 2. Descansar. 3. Vagabundear en los períodos intermedios. 4. Ser fiel.   5. Amar a los hijos. 6. Meditar a la luz de la luna.7 . Aguzar el oído.    8. Cuidar de los huesos. 9. Hacer el amor. 10. Aullar a menudo.



Chantal Maillard: un salto al vacío con tan sólo la trama del poema

hainuwele


Otra tarde gris y sin lluvia – tarde de invierno esta vez. Otra lectura de Chantal Maillard. La librería Pròleg se va llenando de gente. Finalmente llega Chantal acompañada por la poeta Concha García quien presenta el tema esencial que atraviesa toda la escritura de la filósofa-poeta: la conciencia… “Este estar aguijoneado por la conciencia se hace presente en todos sus textos. Nadie como ella piensa la conciencia misma, que es como el trazado de un camino mediante la indagación del yo, a base de observarse constantemente. La conclusión a la que se llega, sin ningún ruido, perturba: no hay nada… Con una meticulosidad de cirujana, Chantal nos muestra en el papel el doblez de la existencia…”

Luego, Chantal toma la palabra – o más bien… la busca… balbucea… “Buenas tardes… Confieso que por primera vez no he hecho los deberes… que no sé por donde empezar… que siempre tengo urdida una trama para la lectura… una trama que tiene que dar resultado, pues en esto consiste el arte y la poética… por supuesto es una trama-trampa… que con sus efectos, con su retórica, atrae, atrapa, engaña y así, sin querer, nos quedamos atrapados… no sólo en las palabras sino en lo que estas palabras soportan y portan a través de… Esta vez no tengo urdida esa trama… aunque cada poema es una trama por supuesto…”

Chantal Maillard, en verdad, está aquí esta tarde para presentar su libro Hainuwele y otros poemas. “Este libro es una recapitulación de la primera etapa mía, dice la poeta, hace mucho tiempo que lo he escrito, redondea algo que ha llegado a un término, es una obra que de alguna manera finaliza… No sé si para empezar otra cosa – o no.” Hace hincapié, en el proceso de su escritura poética, en la articulación entre los diarios y los libros de poemas: “Hubiese querido en esta lectura – “fui un poco ambiciosa”, reconoce – hacer algún tipo de recorrido y dar cuenta de cómo los diarios van engarzándose con los libros de poemas… Pero no sabía qué hilo coger… ¿De qué tema estamos tratando? ¿Qué es lo que se quiere mostrar? ¿Qué es lo que se quiere decir? Porque si no se quiere decir nada, es mejor callar. Como venía diciendo Concha, mi tema es la conciencia. Nunca fue otra cosa.” Entonces decide iniciar su lectura por el final, por la última página de Husos, transformada ahora en poema “El gozo”. “Así termina el cuaderno de duelo Husos que es una de las cosas más tremebundas que he podido escribir, confiesa Chantal, y sin embargo, termina con una página que trata del gozo”… Sin saberlo aún, empieza su lectura del mismo modo en que la acabará, con ese aleteo del gozo alzando el vuelo… “Como un intruso, el gozo dentro, muy dentro más abajo / de la angustia o el justo reparto de las culpas / Contradiciendo la conciencia que insiste en rebeldías // y hace recuento de los méritos // contradiciendo el no que estalla / maduro entre los labios / y la razón que lo juzga blasfemia // Inconfesable gozo que emerge en el dolor / como un aleteo en un campo de escarcha / y ajeno al eros, libre de ansias y de anhelos, / en su inocencia / dice recordar los primeros albores de la dicha // Liviano como un ave, arcano y mineral como la piedra / alzando como un río a sus barcas / el aluvión de voces que lo niegan / así, // el gozo”…

Lentamente, Chantal va estirando los hilos de sus pensamientos. A medida que se adentra en la lectura, se va transfigurando, y me viene a la mente una frase de nuestro querido Henri Michaux: “El arte es lo que ayuda a salir de la inercia”… Chantal Maillard va transitando de un huso al otro, de una modalidad sentimental a otra, y nos lleva, mediante el hilo de su voz, desde el huso de los ciclos menstruales (“¡parece un tabú todavía hoy!”) al huso de la extrañeza, atravesando, visiblemente emocionada, el huso del dolor-memoria hasta el de la ironía, saltando del huso de la tristeza al huso del enamoramiento. “La conciencia: este es el tema, puntualiza Chantal. Es el tema de Husos, porque los husos son modalidades emotivas, sentimentales, tal como yo los veo… Y nos es posible saltar, de hecho lo hacemos continuamente, saltar de uno a otro… De manera que esto puede ser terapéutico… puesto que si nos alejamos de este “mí” que se va formando continuamente, cuando entendemos que lo que nos pasa nos pasa a nosotros, es decir, que el yo es el sujeto que soporta y construye, se construye, en esto que está viviendo… si podemos alejarnos, distanciarnos un poco de este “mí” que se va construyendo, podemos también observar cómo el dolor ocurre fuera de nosotros. De esto se trata. De esto trata el cuaderno Husos”… A lo largo de esta tarde, como si de una granada se tratase, Chantal Maillard va desgranando su obra: los textos de los diarios (“un cierto ritmo atraviesa la prosa poética”), los poemas (“cada poema es un artefacto, está trabajado, muy trabajado”), uno a uno, hasta llegar finalmente a Hainuwele. “Éste es un libro muy querido… Aquella diosa o joven… esa pequeña muchacha que camina por el bosque, sola, es algo muy tierno. Ella no sabe nada de eso de mirar el “mí”, no sabe nada del yo ni del observador del “mí”… Es otro tema… El observador es otro tema… Mirar los husos es otro tema… Todo son temas, todos son ideas… Nada cae fuera de los hilos, todo es un hilo… De manera que uno no puede saltar sobre su propia sombra, y nuestra mente, lo que llamamos mente, es nuestra sombra… Bueno pues, Hainuwele no sabe nada de todo esto. Hainuwele está enamorada. ¡Otro huso es el enamoramiento! Y tal vez, esa es la mejor manera de vivir – no de existir, de estar fuera, sino de vivir – simplemente de estar bien… Y ella vive… Hainuwele está enamorada del Señor de los bosques, y el Señor de los bosques por supuesto no existe, porque todo lo que hay en el bosque y el bosque mismo es el Señor de los bosques, con lo cual ella está enamorada de todo lo que vive, y todo vive… Y desde luego, es un frescor recuperar estos poemas después de los de Husos…” “Tus espíritus tienen multitudes de lenguajes: / el grito de una hiena, / el rastro de las aves sobre el agua, / el caminar paciente de una oruga / o la fruta que estalla al caer, / todos me llevan a tu nombre…”

Han transcurrido casi dos horas, como en un soplo. “Creo que voy a terminar con algo ineludible” dice la poeta, y empieza a leer su largo poema “Escribir”: “Escribir // para curar / en la carne abierta / en el dolor de todos / en esa muerte que mana / en mí y es la de todos…” Pero finalmente no lo lee entero, lo deja en suspenso, abierto como un vuelo de aves. Como si en el transcurso de la tarde, en un progresivo giro ascendente en espiral, ella fuese ahora este pájaro liviano del gozo: “He de volar muy alto esta noche. / He de volar sin lastre. / Hasta que amanezca.” … Aquí deja el poema suspendido en el aire de la sala… Y desaparece en él como ese famoso pintor chino quien, una vez pintada su obra maestra en la pared del palacio del emperador, se adentra en ella y, gozoso, desaparece en su pintura. Acaso, ¿no es está la máxima virtud del artista, del poeta? Desaparecer. “Des-aparecer es el objetivo”. Dejando tan sólo un fino entramado de rastros sobre la tierra, poemas-trazos que “ya le preceden, que siempre le han precedido”, fugaces filamentos luminosos en el cielo…

Se me ocurre ahora que, tal vez, un título más apropiado para lo que sucedió esa tarde de invierno hubiese sido: “Chantal Maillard – un salto en el poema con tan sólo la trama del vacío”. Gesto amoroso per se… Chantal, sin duda, “est passée maître en cet art”. Y lo comparte, generosa. Nosotros, agradecidos.

Muriel Chazalon
17 de enero 2010


La Tierra prometida de Chantal Maillard: letanía para los animales en peligro de extinción


Es una tarde otoñal, una tarde gris pero sin lluvia. Llego a La Central y encuentro el libro. La tierra prometida. El libro negro, blanco, rojo. No un libro-objeto sino un libro-cosa. Áspero. Una cosa animalesca, desplegada en dibujos-rasgaduras, en rastros, en huellas, cada uno una herida estremecida, una herida electrizada, emborronada, garrapateada, un-borrón-y-cuenta-nueva. Una larga letanía. Letanía negra que se despliega lentamente, puntuada ¿sembrada? por el rojo nombre de los animales que se extinguen, extinguidos. Extinguida la naturaleza salvaje afuera. Los animales extinguidos adentro nuestro. Nosotros exangües. No lo vemos, aún. No lo vemos, porque nuestra mirada que mira afuera no ve. La visión falla. La visión ciega. Acaso, ¿sólo el ciego ve lo visible? Sólo él ¿nosotros? ve lo que aquí, rojo sangre, salta a la vista, agrediéndola y, sin embargo, orientándola en una invocación, un conjuro. Esta visión oye, escucha el ruido de cada animal cayendo en los mataderos, cayendo en el bosque, cayendo fuera de nuestra mirada cuando giramos la vista y miramos hacia otra parte, especies animalescas cayendo fuera de nuestra mirada inatenta. In-atendidos, los animales extinguidos, en la voz de Chantal Maillard. Tal vez aún apenas sea posible nunca tal vez aún apenas sea posible nunca tal vez aún apenas sea posible… Ella no habla de ellos. Ella habla por ellos, por cada uno de ellos. Ella habla para ellos, para nosotros. Ellos son el rojo grito que salta a la vista en la línea negra de cada página, el hilo rojo de la vida extinguida. Ellos son el pálpito de la vida. El latido después de nosotros, antes de nosotros, de cada uno de nosotros, los animales, las especies todas, nuestra especie. Hasta que algo no se nombra, no existe. Entonces la poeta nombra los nombres a punto de extinguirse. La poeta frágil, casi traslúcida, aquí de pie, delante de nosotros, la poeta que ya es la voz de todos nosotros en un solo aliento recitando la plegaria. Su voz quebradiza tiembla, se hace oír, suena como la cuerda de un arco que ya no pretende cazar sino tan sólo vibrar, resonante, porque el disparo ya dio en el blanco. El disparo incesantemente está dando en el blanco. El blanco somos cada uno de nosotros, humanos exangües, cada vez que una especie se extingue. Es de noche. Despertemos. Es preciso recitar con ella, juntos, esta letanía. Tal vez aún apenas sea posible nunca tal vez aún apenas sea posible nunca tal vez aún apenas sea posible nunca lobo tal vez aún apenas sea posible…

Muriel Chazalon

13 de noviembre 2009


Chantal Maillard. La tierra prometida, Ed. Milrazones, 2009. Dibujos de Joan Cruspinera. Diseño de Josep Bagà.