Joan Halifax. La compasión y el verdadero sentido de la empatía

0:11 Quiero abordar el tema de la compasión. La compasión tiene muchas caras. Algunas son feroces; otras son coléricas; algunas son tiernas; otras son sabias. Citaré algo que dijo el Dalai Lama una vez: “El amor y la compasión son necesidades. No son lujos. Sin ellos, la Humanidad no puede sobrevivir”. Y yo sugeriría, que no sería solamente la Humanidad la que no sobreviviría, sino todas las especies de este planeta, tal como lo hemos oído hoy… los grandes felinos, y también el plancton.

0:50 Hace dos semanas, estuve en Bangalore, en India. Tuve el privilegio de poder enseñar en un hospicio en las afueras de Bangalore. Y temprano por la mañana fui al pabellón principal. En ese hospicio, había 31 hombres y mujeres en agonía. Me acerqué a la cabecera de la cama de una anciana que respiraba jadeando, muy frágil, obviamente en la etapa final de la agonía. Observé su rostro. Observé el rostro de su hijo, que estaba a su lado, y su rostro estaba hendido de pena y confusión.

1:33 Y recordé una cita del Mahábharata, la gran epopeya india: “¿Qué es lo más asombroso de este mundo, Yudhisthira?” Y Yudhisthira respondió: “Lo más asombroso de este mundo es que a nuestro alrededor la gente puede estar muriéndose y no nos damos cuenta de que también nos puede suceder a nosotros”. Miré hacia arriba. Y había mujeres jóvenes ocupándose de esos 31 moribundos de aldeas cercanas a Bangalore. Observé el rostro de una de estas mujeres, y pude ver la fuerza que surge cuando hay realmente compasión natural. Observé sus manos mientras bañaba a un anciano.

2:37 Posé la mirada en otra joven que limpiaba el rostro de otra persona moribunda. Y me recordó algo que había presenciado. Casi una vez al año tengo el privilegio de cumplir algunas misiones en el Himalaya y en la meseta tibetana. Dirigimos clínicas en estas regiones remotas donde no existe ayuda médica de ninguna clase.

3:04 Y el primer día en Simikot, en Humla, en el lejano oeste de Nepal, la región más pobre de Nepal, vino un anciano aferrándose a un montón de harapos. Entró y alguien le habló. Y nos dimos cuenta de que era sordo, y miramos entre los harapos, y se veían un par de ojos. Al quitar los trapos, vimos que envolvían una niña pequeña cuyo cuerpo estaba cubierto de quemaduras. Nuevamente los ojos y manos de Avalokiteshvara. Era la joven, la enfermera que limpiaba las heridas de la bebé y las vendaba.

3:51 Sé que esas manos y esos ojos también me conmovieron. Me conmovieron en ese momento. Y me han conmovido a lo largo de mis 68 años. Me cuidaron cuando tenía 4 años de edad y perdí la vista y quedé parapléjica. Y mi familia trajo una mujer cuya madre había sido una esclava para cuidarme. Y esa mujerno tenía compasión sentimental. Tenía una fuerza asombrosa. Y realmente creo que fue su fuerza que se convirtió en una especie de madurez prematura la que ha estado guiando la luz en mi vida.

4:29 Entonces nos preguntamos: ¿En qué consiste la compasión? Y hay varias facetas. Existe la compasión referencial y la no referencial. Pero, ante todo, la compasión está compuesta de esa capacidad de ver con claridad la naturaleza del sufrimiento. Es esa habilidad de mantenerse firme y de reconocer también que no somos ajenos a ese sufrimiento. Pero eso no es suficiente, porque la compasión que activa la corteza motora, significa que aspiramos, que de hecho aspiramos a transformar el sufrimiento. Y, si somos muy bendecidos, nos involucramos en actividades que transforman el sufrimiento. Pero la compasión tiene otro componente, y ese componente es realmente esencial. Ese componente consiste en que no podemos aferrarnos al desenlace, al resultado.

5:25 He trabajado con personas moribundas durante más de 40 años. Y he tenido el privilegio de trabajar con personas condenadas a la pena de muerte en una cárcel de máxima seguridad durante 6 años. Y comprendí, con mucha claridad, al traer mi propia experiencia de vida de haber trabajado con moribundos y formando acompañantes, que cualquier apego al resultado distorsionaría profundamente nuestra propia capacidad de estar bien presentes en toda la catástrofe.

5:56 Y cuando trabajé en el sistema penitenciario, lo siguiente, se me hizo muy claro: muchos de nosotros en esta sala, y casi todos los condenados a pena de muerte con los que trabajé, nunca experimentamos la compasión en carne propia. La compasión es en realidad una cualidad humana inherente. Está presente en todo ser humano. Pero las condiciones para que se active la compasión, para que se suscite, son muy particulares. Hasta cierto punto, pasé por eso, desde la enfermedad en mi niñez. Eve Ensler, a quien oiremos luego, desarrolló esta condición de manera asombrosa a través de varias formas de sufrimiento por las que ha pasado.

6:48 Y lo fascinante es que la compasión tiene enemigos, y esos enemigos son cosas como la lástima, la indignación moral, el miedo. Y bien saben que tenemos una sociedad, un mundo, paralizado por el miedo. Y en esa parálisis, por supuesto, nuestra capacidad de ser compasivos también está paralizada. La mismísima palabra “terror” es global. Y el propio sentimiento de terror es global. Entonces, de alguna manera, nuestro trabajo es enfrentarnos a esta representación, a este arquetipo que ha invadido la psique de todo el planeta.

7:34 Ahora sabemos por la neurociencia que la compasión tiene algunas cualidades extraordinarias. Por ejemplo: una persona que está abierta a la compasión, ante la presencia del sufrimiento, siente ese sufrimiento mucho más de lo que lo sienten la mayoría de las personas. Sin embargo, regresa a su estado anterior mucho antes. Esto se llama “resiliencia”. Muchos pensamos que la compasión nos agota, pero les aseguro que es algo que realmente nos anima.

8:09 Otra cosa acerca de la compasión es que realmente aumenta lo que se denomina integración neutral. Involucra a todas las áreas del cerebro. Y algo más que ha sido descubierto por varios investigadores en Emory y en Davis y demás, es que la compasión fortalece al sistema inmune. Oigan, vivimos en un mundo muy nocivo. Muchos nos estamos retrayendo ante la presencia de venenos físicos y psicosociales de las toxinas de nuestro mundo. Pero la compasión, el generar compasión de hecho moviliza nuestra inmunidad.

8:52 Saben, si la compasión es tan buena para nosotros, tengo una pregunta: ¿Por qué no les enseñamos a nuestro hijos a ser compasivos? Si la compasión es tan buena para nosotros, ¿Por qué no capacitamos a los profesionales de la salud en compasión, para que puedan hacer lo que se supone que deben hacer, que es realmente transformar el sufrimiento? Si la compasión es tan buena para nosotros, ¿Por qué no votamos la compasión? ¿Por qué no votamos a los funcionarios de nuestros gobiernos basándonos en la compasión? para que podamos tener un mundo más comprensivo. En el budismo, decimos: “Se requiere una espalda fuerte y un frente suave”. Se necesita de una gran fortaleza en la espalda para sostenernos en medio de la adversidad. Y esa es la cualidad mental de la ecuanimidad.

9:54 Pero también es necesario un frente suave; la capacidad para estar abiertos al mundo tal y como es, de tener un corazón despojado. Y el arquetipo de esto en el budismo es Avalokiteshvara, Kuan-Yin. Es un arquetipo femenino: La que percibe el llanto y el sufrimiento en el mundo. Ella se resiste, con 10.000 brazos, y en cada mano, hay un instrumento de liberación, y en la palma de cada mano, hay ojos, y estos son los ojos de la sabiduría. Digo que, por miles de años, ha habido mujeres, ejemplificando, conociendo íntimamente, el arquetipo de Avalokiteshvara, de Kuan-Yin, la que percibe el llanto y el sufrimiento en el mundo.

10:53 Las mujeres han manifestado durante miles de años la fortaleza que nace de la compasión sin tapujos ni mediaciones percibiendo el sufrimiento tal como es. Han infundido la bondad en las sociedades y es lo que realmente hemos sentido a medida que una mujer tras otra se ha parado en este escenario en este último día y medio. Y han restaurado la compasión mediante la acción directa. Jody Williams lo dijo: “Es bueno meditar”. Lo siento, pero deber hacer un poco más que eso Jody. Retrocede, dale un respiro a tu madre, bien.

11:35 (Risas)

11:37 Pero del otro lado de la ecuación es que hay que salir de la cueva. Hay que adentrarse en el mundo tal como lo hizo Asanga que buscaba desarrollar el Buda Maitreya después de 12 años de estar en una cueva. Dijo: “Me voy de aquí”. Y se va por el camino. De repente vislumbra algo. Observa, es un perro, cae de rodillas. Ve que el perro tiene una herida grande en una pata. La herida está llena de gusanos. Saca su lengua para quitar los gusanos, y no lastimarlos. En ese momento, el perro se transforma en el Buda del amor y la bondad.

12:23 Creo que las mujeres y las niñas actualmente deben unirse de una manera poderosa con los hombres; con sus padres, con sus hijos, sus hermanos, con los plomeros, los constructores de caminos, los enfermeros, los médicos, los abogados, con nuestro presidente, y con todos los seres. Las mujeres en esta sala son flores de loto en un mar de fuego. Renovemos esa capacidad para las mujeres en todas partes.

12:54 Gracias.

Jean Shinoda Bolen: “Obsérvalo, hazlo, enséñalo”

 

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«Obsérvalo, hazlo, enséñalo.

Cuando estaba en la Facultad de Medicina, éste era el ‘mantra’ del estudiante, y ése el método por el que aprendían los médicos: un modelo de aprendizaje basado en la experiencia directa.

De carácter muy similar son las experiencias dentro del círculo; aunque tal vez el primer círculo que veas se halle sólo en tu imaginación, es posible que después te unas a un círculo de mujeres, o que tú misma formes uno.

Estar en un círculo es una práctica de aprendizaje y crecimiento que se nutre de la experiencia y la sabiduría, del compromiso y el valor de cada una de las mujeres que hay en él. Los círculos pasan por distintas etapas y cambios, florecen o flaquean, sanan o causan dolor a sus miembros, y pueden ser una experiencia transitoria o imperecedera.

Del mismo modo que cada miembro aporta al círculo su saber en el campo de las relaciones, esto funciona en sentido inverso, es decir, la experiencia del círculo puede tener un radical efecto positivo en las relaciones exteriores del círculo, puesto que proporciona un modelo, un espacio donde comunicarse con sinceridad y afecto hasta que ésa sea la forma de comunicación habitual en tu vida, y sea también la que esperas de los demás».


Jean Shinoda Bolen, El millonésimo círculo. Cómo transformarnos a nosotras mismas y al mundo. Ed. Kairós, 2004

http://bit.ly/MillonesimoCirculo

…quan el cor és un caçador solitari…

El nuevo movimiento global de las mujeres. Jean Shinoda Bolen
Sense títol
6. Círculo o jerarquía

Las relaciones de dos
son o un círculo o una jerarquía.

Son un círculo
cuando el amor está en el centro de una relación
en la que se ha entrado voluntariamente,
y los sentimientos, las prioridades
y los valores de la persona
le importan al otro.
Cuando las confidencias se guardan
y no son pasto de críticas,
y las vulnerabilidades no se explotan.

Es un círculo cuando puede decirse la verdad
por muy dolorosa que sea
sobre uno mismo o sobre el otro.

En toda relación circular
habrá baches en el camino.
Los malentendidos, los errores de percepción
o tan solo el descuido
surgen entre nosotros y los amigos,
los cónyuges o los socios de cualquier condición.

Cuando surgen la desconfianza
o el resentimiento y no se expresan,
y solo uno de los dos sabe cuándo ha sucedido,
es esa persona quien tiene la responsabilidad
de hablar de ello.
Quizá sería posible mostrarse curioso
en lugar de crítico
para averiguar lo que ha pasado y por qué
cuando algo ha dolido.

Lo que cuenta es cómo eso te hizo sentir.
El resto son especulaciones.
Un círculo de dos puede convertirse
en un medio de crecimiento
donde puede abonarse el terreno
para la confianza
si la realidad de lo que uno siente o teme
puede decirse en voz alta.
Ayuda a dominar la propia vulnerabilidad,
de lo contrario
queda oculta bajo la rabia y el juicio,
que fácilmente provocan mostrarse a la defensiva
y generan más rabia a su vez.
Un cuadro no muy halagüeño,
que en realidad nadie desea
en una relación circular.

En un patriarcado jerárquico de dos,
el acuerdo, manifiesto o no, es:
Uno de los dos importa más que el otro.
Uno de los dos puede expresar libremente
sus sentimientos, necesidades, prioridades y prejuicios,
o plantear exigencias al otro.
Sin ninguna expectativa de reciprocidad.

En un patriarcado jerárquico de dos,
uno es más importante
y tiene más derechos que el otro,
mantiene el control.
Un modelo que conduce
a que uno sea el narcisista
y el otro el codependiente.
Esta es la forma del matrimonio patriarcal,
que no es entre iguales.

[…]

Se requiere “plantar cara”
a cualquier relación de dos que sea jerárquica.
Es la persona que asume el papel
de codependiente
la que, encontrando su voz y valor
para hablar en voz alta,
inicia un diálogo con el otro
y facilita que una relación patriarcal
se transforme
en un círculo o pueda abandonarse.

El movimiento global de las mujeres. Jean Shinoda Bolen

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Jean Shinoda Bolen, El movimiento global de las mujeres. Construir círculos para transformar el mundo. Ed. Kairós

 

Crítica literaria de Koncha Pinós-Pey

No importa lo que suceda
No importa lo que está pasando a tu alrededor
Nunca te rindas
Su Santidad el XIV Dalai Lama

Es un libro breve y directo, profundo como un suspiro al corazón, suficiente para conectarte con el valor del círculo sagrado de las mujeres. La metáfora del “millonésimo círculo” es el punto de inicio hacia una nueva era pos-patriarcal basada en la premisa de que cuando un número crítico de personas cambian su perspectiva y su conducta, puede empezar un cambio.

Basado en el trabajo de la autora en la ONU, sus encuentros con Su Santidad XIV Dalai Lama, las enseñanzas de Don Juan, o sus vivencias con mujeres de todos los senderos o vías del mundo, este libro es más que un libro: es  un tratado de psicología junguiana, un conjunto de poemas, un manifiesto político y sobre todo es “pura compasión en acción”.

¿Qué quieren las mujeres? Soberanía y Libertad. Una manera sencilla, es decir que la soberanía y la libertad es un instinto innato que todos deseamos. Los esfuerzos para derrotar a los dictadores, echar a las fuerzas invasoras y resistir al mal. En las sociedades en que la dominancia y la comunicación masculina tratan acerca de quién es el mandamás, la pérdida potencial de la condición, la propiedad o el poder desencadena miedos muy arraigados en los hombres y desata reacciones de enfrentamiento o huida: adrenalina-testosterona.

La militancia de corazón

“La mujer que se da cuenta del potencial de hallarse en un círculo de mujeres capaz dar apoyo y sostén a las que participan en él para que sean sinceras consigo mismas, y cuya intención es dar a luz un nuevo círculo, añade otro que avanza hacia el metafórico millonésimo círculo, el que inclina la cultura de lo patriarcal a lo igualitario, de la jerarquía a la colaboración, y de la dominancia a la interdependencia”

Cada círculo, nos recuerda Bolen, nos añade energía al arquetipo, al campo mórfico de nuestra existencia. Círculos que puedan crear paz, amor y belleza. Porque el amor es la única fuente de energía que no suma cero. Si yo te doy algo, tú tendrás más que yo, pero no ocurre eso con el amor; cuanto más amor te dé, más tendré yo, más tendrás tú y más amor existirá en el mundo.

Las mujeres en la madurez y la vejez se convierten en militantes. Después de los cincuenta, y con salud, una mujer tiene décadas de vida activa ante sí misma. El feminismo dio un sentido de hermandad, la vida nos da lecciones sobre las pérdidas y la gratitud, el tiempo nos da perspectiva. Esta convicción de que las mujeres que llegan a la edad adulta tras el movimiento feminista de los setenta son un enorme recurso sin explotar a favor de la justicia social y las resoluciones pacificas, ha seguido creciendo.

En la Cumbre de Paz de Vancouver del 2009, el Nobel de la Paz Dalai Lama dijo: “El mundo encontrará la salvación en la mujer occidental”. ¿Y por qué la mujer occidental? La frase del Dalai Lama es sin lugar a duda provocadora, ¿cómo podemos las mujeres salvar el mundo? La respuesta es reconocer que si nosotras, mujeres privilegiadas del mundo,  ponemos algo que falta… hacernos militantes del corazón. Para ello, lo mejor es contar con el apoyo de unos círculos como un centro sagrado. Y con ello, nuestros círculos irían creciendo y contribuirían al metafórico millonésimo círculo y al final del patriarcado.

Jean Shinoda Bolen, doctora en medicina, es analista junguiana, psiquiatra, escritora y militante, así como miembro vitalicio distinguido de la Asociación de Psiquiatría Americana y ex catedrática clínica de psiquiatría de la Universidad de California, en San Francisco. Es una conferenciante conocida internacionalmente y autora de 12 libros de gran calado traducidos a más de 80 lenguas distintas empezando por “El Tao de la psicología”, “las diosas de cada mujer” y “los dioses de cada hombre”. Sus últimos cuatro libros, incluyendo “Mensaje urgente a las mujeres “y “Sabia como un árbol”, aúnan el mundo interior de los arquetipos y los símbolos con la militancia mundial.

http://www.estudioscontemplativos.com/el-movimiento-global-de-las-mujeres/

http://editorialkairos.com/catalogo/el-nuevo-movimiento-global-de-las-mujeres

http://sienteteradiante.com/blog/jean-shinoda-bolen-llama-a-todas-las-mujeres-del-mundo

Chantal Maillard. En un principio era el hambre. Antología esencial

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Chantal Maillard. En un principio era el hambre. Antología esencial. Fondo de Cultura Económica, 2015

Acaba de llegar a las librerías una antología esencial de Chantal Maillard (esencial antología, si jugamos al juego que invierte los términos!), con un magnífico prólogo de Virginia Trueba que cartografía minuciosamente la entrecruzada trayectoria escritural y vital de la poeta y filósofa, y un epílogo de la propia Maillard.

Los textos escogidos, por Antonio F. Rodríguez Esteban y Chantal Maillard, abarcan desde el año 1990 hasta el 2015, con algunos fragmentos del próximo libro de Maillard, La mujer de pie, que saldrá en otoño editado por Galaxia Gutenberg.

A los y a las que emprendan esta lectura-viaje por la cosmovisión de la poeta hispano-belga, les saldrán al paso, entretejidos en múltiples capas a las que nuestra autora nos tiene acostumbrado, textos de Diarios indios, Matar a Platón, Escribir, Husos, Hilos, Cual, Bélgica, Polvo de avispas, La herida en la lengua –último poemario editado–, y La mujer de pie –de próxima aparición–. El viaje, nos recuerda acertadamente Virginia Trueba en su prólogo, “sirve para des-entumecernos, despertarnos la atención y disponernos al acontecimiento. Como el golpe de kiosaku del maestro zen.” Esta lectura también hace función d’éveil y de drenaje en la mente del lector. Despoja, desentuma la conciencia y nuestros sentidos obturados.

Para hacer boca, os dejo con un extracto del epílogo que da título al libro:

[…] Algunas teorías indias entienden que el universo se creó por resonancia. La gran exhalación del comienzo se prolongó en las consonantes. La energía neutra del comienzo se significó: modulándose en los signos (en las letras, en su sonoridad) se diversificó.

En el principio (arjé) era el Verbo (logos)… (Verbum es el término latino que se empleó para traducir la palabra griega logos cuando los cristianos identificaron el logos con el principio creador del cristianismo). El verbo es lo que puede ser conjugado. Antes de las diferencias, el logos-verbo es posibilidad de ser. Condensación del sonido, inaudible antes de su expansión, de su resonancia.

En un principio fue el verbo, y el verbo se conjugó, y se propagó. Los siglos de los siglos fueron la propagación del primer sonido. El primer sonido fue un acto: el de respirar. Un respirar sin nadie que respirase. Un acto sin sujeto. Un aliento sonoro.

Y el verbo se hizo carne: materia. Se hizo audible. Se “materializó”. El mundo: sonoridad vibrante. La materia: densidad del sonido: velocidad vibratoria.
En un principio fue el verbo y el verbo poetizó: la matriz del mundo es el hueco donde impacta el primer sonido y se gesta el primer poema: la primera construcción (poíesis), la primera articulación.

Sí… puede que esto sea muy bonito. Pero no nos sirve. Ya no nos sirve porque sigue siendo metafísica y porque las palabras son multitud. Los ecos están distorsionados. Los sonidos, como las emociones, se degradan imitándose unas a otras. El kitsch reina por doquier de tal modo que ya nos es difícil saber qué, de lo que sentimos y pensamos, qué es genuino o impostado, qué hemos aprendido y repetido, qué es emoción y qué lenguaje. Tal vez fuese preciso callar. No añadir más palabras a las ya expandidas.

O, tal vez, urdir otro inicio. Decir, por ejemplo:

En un principio era el Hambre. Y el Hambre creó a los seres para poder saciarse. Y el Hambre era la muerte para los seres. Inventaron remedios, buscaron curarse, pero el Hambre dijo “odiaos y luchad unos contra otros”, para poder saciarse. Y el Hambre introdujo el hambre en los seres, y los seres se mataban entre sí por causa del hambre. Y el hambre era la muerte para los seres.

No parece que quepa, hoy en día, otra poesía que la que diga el hambre. Y el terror. La desolación y la extrañeza. Que lo diga para que nos reconozcamos en ello. En comunidad. Con las cosas. En las cosas. Cosas, también, nosotros. La identidad colgándonos del hombro como una chaqueta raída.

Luego, como un personaje de Beckett, atender al balbuceo, como mucho.

Sobre todo, atender al silencio, ese silencio: la callada inocencia recobrada, antes del logos, el no saber cargado de compasión por los seres que viven con su hambre”.

http://www.fcede.es/site/es/libros/detalles.aspx?id_libro=19284

Añado una hebra más a este tejido: un enlace a un artículo que Chantal publicó en El País con fecha del 11 de enero 2003 (remontemos, remontemos el curso del río!) donde habla de la mítica cosmogonía sapiencial Brihadaranyaka Upanishad que dio lugar a la principal corriente del hinduismo (la escuela no dualista advaita), y a la que hace referencia el título de esta antología esencial: En un principio era el hambre.

http://elpais.com/diario/2003/01/11/babelia/1042246218_850215.html

 

Entrevista a Chantal Maillard: “Respecto al ser humano, ya me queda muy poca compasión”

La autora presenta hoy en la Feria del Libro de Málaga su nuevo libro de poemas, ‘La herida en la lengua’.

Pablo Bujalance Málaga |  07.05.2015

friso-chantalemaillard              La escritora Chantal Maillard (Bruselas, 1951)

La conversación comienza con un apunte autobiográfico: el último domicilio que mantuvo Chantal Maillard (1951) en su Bruselas natal se encontraba a apenas dos calles del que cincuenta años antes había habitado Henri Michaux, otro belga “que se enfrentó a los belgas y que también se fue de Bélgica”. La herida en la lengua (Tusquets) es el último libro de poemas de la autora, que hoy a las 20:30 lo presenta, acompañada de Aurora Luque, en el Palmeral de las Sorpresas, dentro de la Feria del Libro de Málaga; ciudad en la que, por cierto, Maillard mantiene su residencia, a pesar de todo.

-En uno de los primeros poemas de La herida en la lengua escribe: “Descuidado de sí / por un instante / el yo / rodando va que mengua / hacia su centro”. Sin embargo, el libro se va abriendo a partir de aquí, como el campo visual en un plano cinematográfico, hasta abarcar el nosotros. ¿Es imposible entonces escribir sobre el yo sin tener en cuenta el nosotros?

-Sí, el libro va por ahí. Esa apertura se da. La primera parte es más personal. Luego, con una transición que cuestiona el yo, se expande, efectivamente, para fusionarse con la experiencia de un nosotros. Esto es algo distinto, en este libro, de la universalización que todo poema y toda obra de arte de por sí, según entiendo, debe lograr. Los otros vuelven a formar parte de la historia, como en Matar a Platón. Ha habido entretanto unos años de repliegue. Pero era hora de volver a la superficie. De nuevo hay acontecimiento, pero el escenario es mucho más amplio.

-Así que el reconocimiento del yo pasa en el libro por la asunción del dolor de los otros, de la Historia y sus demonios.

-Bueno, lo curioso es que te das cuenta de que el yo personal desaparece en el nosotros. Tú te referías antes al centro: en ese centro estamos todos. Cuando el yo alcanza el centro, mengua, incluso puede que desaparezca y empiece a serlo todo. Desde ahí, por supuesto, se habla mejor. Claro que eso no siempre sucede.

-¿Podemos entender la desaparición del yo como una experiencia de libertad?

-Depende de lo que entiendas por libertad.

-El descanso de uno mismo.

-En ese sentido, sí. Pero no sería tanto libertad como liberación.

-Hay en La herida en la lengua una referencia al episodio de Nietzsche con el caballo de Turín, y en otro poema un verso muy nietzscheano: “No nos enseñaron a desconfiar de los buenos”. ¿Cómo se puede aprender esto?

-La bondad a la que me refiero es la conformidad con un determinado código moral. Como cualquier valor moral -es decir, como valor de tribu- la bondad se concreta en determinadas pautas de convivencia, y si éstas no cuestionan se vuelven dogmas a los que hay que defender. Los buenos son los que comparten nuestros valores, nuestros juegos, nuestros saberes. Los buenos somos nosotros.

-Pero al hablar de los buenos me acordaba más bien de la advertencia que hacía Nietzsche contra los lobos que se disfrazan no de corderos, sino de pastores.

-Claro. Las películas de Hollywood nos han enseñado que los buenos son los vencedores. Y los vencedores son aquellos que mantienen el cerco territorial contra todo lo que es diferente, lo que viene de fuera. El otro, en definitiva. Los buenos somos los que estamos dentro de los límites, el prójimo es el próximo. El diferente es el que está fuera. La bondad, esta bondad de la que hablamos, fortalece esos límites. En nombre de la bondad se han infligido las mayores violencias.

-En el libro, los poemas más cercanos al yo son breves y aparecen fragmentados, casi silábicos. Los que abordan el nosotros, por el contrario, adoptan a menudo la prosa con una mayor intención lingüística. ¿Qué podemos concluir de esta correspondencia?

-El lenguaje acompaña. La verdad es que no lo había pensado así, no es premeditado. Pero en el libro ocurre. El lenguaje menguante está presente en los poemas más personales, y cuando el yo se abre al nosotros se hace más prosa. Pero es que la prosa es el lenguaje de la comunicación, donde los yoes se comunican. En lo que yo llamo el abajo no hay comunicación: la experiencia del abajo es un plano solitario, y hay que llevar eso a la superficie para que pueda comunicarse. La última parte del libro es una vuelta a la superficie, donde la comunicación se da. También se pierde algo, hay una simplificación de la experiencia cuando el abajo es infinito.

-¿Como un peaje inevitable?

-Sí. Toda expresión es una limitación y una pérdida.

La herida en la lengua incluye varias ilustraciones del artista David Escalona, con el que ha trabajado en varios proyectos. ¿Se siente tentada por la imagen como sustituta de la palabra?

-Sí. Ojalá supiese pintar. Es más amplio que la palabra, la palabra limita mucho más. La imagen me parece un camino más fácil, más inmediato. Pero con el dibujo me sucede algo extraño: durante un tiempo me puse a dibujar y lo que aparecía resultaba ser una premonición de algo terrible que iba a suceder y que finalmente sucedía. Desde entonces le tomé mucho miedo a dibujar. Pero sí que me habría gustado. Entiendo perfectamente a Michaux, a veces él se aferraba a la pintura como necesidad absoluta de una expresión más viva y más plena. La escritura no era suficiente ni correcta para lo que quería expresar.

-¿Y la música? Su obra es especialmente sonora al oído.

-Yo empecé a escribir cantando. Antes que poemas, escribí canciones, y últimamente he vuelto, más que a cantar, a entonar. Es distinto. El lugar de donde proviene la entonación es anterior, es un afuera. El canto tiene lugar ahí, en ese afuera. Y el que tiene acceso a ese lugar trae cosas anteriores, que hemos olvidado y que se traducen en esa entonación. El poema es ante todo una entonación a la que ponemos nombre a través de palabras. Y las palabras no siempre son justas, es más, casi nunca lo son. Pero es una manera de equivocarnos, no podemos evitar caer en el error si queremos comunicar.

-En alguna ocasión la he escuchado referirse a la poesía como algo distinto de la literatura.

-La poesía es literatura, el poema no.

-¿Y qué es, entonces, el poema?

-Hay una diferencia entre poesía y poema en cuanto a que la poesía es poiesis, una construcción. Es una técnica de la escritura, y como tal forma parte de los géneros literarios. Cualquiera puede hacer poesía, porque cualquiera puede aprender a hacer versos de cualquier asunto. Pero el poema necesita otra cosa, porque es otra cosa. El poema es algo que encuentras, no vas a buscarlo. Es como cuando vas un día de lluvia por el bosque y encuentras un caracol. Si coges el caracol y lo pones en tu mano sientes su traza húmeda. Pues bien, algo parecido a esto es un poema: lo encuentras y sientes una traza que luego queda luminosa cuando le da el sol. La baba del caracol es lo que queda del poema. No sé decirlo mejor, Derrida hablaba de un erizo, pero yo prefiero el caracol.

-Volviendo a La herida en la lengua: “Mientras tanto, Europa, la esclarecida Europa, / duerme como aquel monje su sueño de / trescientos años oyendo cantar a un pájaro. / Otros pájaros, oscuros, habrán de despertarla”. ¿Será peor despertar?

-Europa se ha inventado sobre todos los muertos y todos los crímenes, sobre todos los territorios expoliados. No hay una nación europea, creo, y si las hay son pocas y pequeñas, que no haya crecido a partir del expolio, de América, de África y de Asia. No hay un lugar en el mundo donde no se haya plantado la bandera de un país europeo, y nuestro bienestar se ha forjado sobre la miseria de los otros. Ahora, como última colonización, exportamos a los territorios que habíamos conquistado ese bienestar que los otros no pueden pagarse. Es terrible sentirse parte de esto, sentirse heredero de un expolio que mantiene todavía hoy unas consecuencias desastrosas. Porque no ha terminado. Más bien, todo lo contrario. De todas maneras, ni confío en el ser humano ni creo en su bondad. Respecto al ser humano, ya me queda muy poca compasión. Tan sólo del animal que hay en nosotros, que sigue habiendo, pero al que no hacemos caso ni recordamos. El animal que somos para bien.

La cirugía poética de Chantal Maillard o cómo la lengua herida sutura

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Tercera lectura, ¿o es la cuarta, la quinta? ya no sé, de La herida en la lengua de Chantal Maillard. Mis ojos-oídos deslizándose lenta y atentamente en este abrupto territorio de sintaxis desmembrada, de delicados y endebles ensamblajes, de sensitivos encantamientos y balbucientes letanías, de recuentos sin concesiones… Ahora leo el poemario al revés, del final hacia el principio, desandando lo andado a lomos de un sabio elefante compasivo…

En esta nueva entrega, la poeta malagueña, ocho años después de Hilos, ha afilado escrupulosamente sus armas, adelgazando las palabras hasta volverlas agujas con las que remendar la herida/la vida que se nos escapa a destajo. Husos, hilos, vendajes, ¿antiguas artes femeninas, viejos re/medios de sutura? ante tanto desgarro…

El dolor propio confrontado. Minuciosamente descrito, imposible (¿cómo decir la amputación, la devastación?), herida la lengua, rota, roja, oblicua, retorciéndose en ese cuerpo que se hace alma, y es de todos.

El dolor ajeno –¿ajeno?– aquella herida que es de otro y me arde. Impuesto dolor por tantos genocidios, exterminios, hambrunas, merodeando en los campos de refugiados, en guetos bordeando cualquier ciudad agigantada, infligido en torturas y vejaciones, en mutilaciones, en otras tantas masacres contemporáneas. (¿Cómo contar? la lengua falsea, ¿cómo narrar? la lengua miente. ¿Cuántos ahora cantan todavía?). Balbucea la poeta… entreteje viejos conjuros con los nuevos… “Digo dolor para nombrarlo, exorcizarlo… A sacudidas me digo, a sacudidas la letra y luego contra lo irremediable me alzo. Alzo el grito. Contra lo irremediable.” El vaivén de la lanzadera. De lo propio a lo ajeno. Lo ajeno en lo propio. Lo propio enajenado.

Desde la lengua herida en su mismo centro expresivo, balbucir, los silenciados, nos/otros, balbucir, los que no tienen voz propia, nos/otros, balbucir, los desposeídos de sí, nos/otros, balbucir, los olvidados, los despreciados, nos/otros, balbucir, los renegados, los rechazados, nos/otros, balbucir, los oprimidos, los desplazados, nos/otros, balbucir, los enloquecidos de lucidez, nos/otros… testigos balbucientes…

Tan sólo balbucir asíasí si tan sólo un pueblo sabio, si tan sólo asíasí un antiguo pueblo elefante-tigre-ave-búfalo-araña-lobo, unidos por un fin en la tregua del hambre… si tan sólo nosotros asíasí… si tan sólo nombrar, mostrar, entre todos poner remedio tal vez asíasí tal vez… aún apenas sea posible…

Hocicos temblorosos. Sacudidas. Uno de los cautivos trepa por los barrotes. Suspendido atraviesa la jaula y baja y vuelve a trepar. Dos paseantes se detienen. –El trapecista, dice él acercando los dedos al hocico. –Qué artista, dice ella. Y se alejan torciendo la boca en una sonrisa cómplice. El pequeño animal ha cruzado la jaula por la parte inferior, donde sus compañeros, ovillados, tiritan unos contra otros, y ha vuelto a subir royendo frenéticamente los barrotes. Pienso angustia, pienso libertad. Sin libertad, ¿qué nos impulsa a seguir vivos sino el deseo de esa misma libertad?

Por sobrevivir, cualquier animal embiste las paredes de su celda, atraviesa continentes, camina hasta extenuarse, desplaza a otros, se defiende y mata. Ninguno, sin embargo, esclaviza a otro por provecho o diversión, ninguno encarcela a otro por contemplar las piruetas que da tratando de hallar salida. La crueldad no son las fauces del tigre en el cuello de una gacela, no, la crueldad es moral, y la moral es humana. La estupidez también.”

Chantal Maillard. La herida en la lengua. Dibujos de David Escalona. Ed. Tusquets, 2015.

Muriel Chazalon

Abril 2015

Què és real? Conferència de Chantal Maillard al CCCB

LES IDEES I EL MÓN. CICLE DE CONFERÈNCIES DUO LA PEDRERA-CCCB

La gran aspiració del pensament no ha estat només comprendre el món, sinó ampliar constantment el sentit del que és possible: redibuixar-ne els límits, il·luminar-ne les zones de foscor, crear nous espais per encabir el que encara és impensable. Aquesta revolta permanent del pensament, la negació a acceptar el món tal com és, ha ampliat radicalment el que coneixem i ha modificat les nostres condicions de vida a través de la ciència i de l’art, de l’ètica i de la política. Cal reivindicar la reflexió, ja sigui filosòfica, científica, literària o artística, com l’eina principal per entendre i donar forma a la realitat que ens envolta. Només si les grans idees de la filosofia tornen a entrar a la vida pública podrem replantejar-nos conjuntament el sentit i el propòsit de la vida col·lectiva.

https://www.lapedrera.com/ca/activitats/conferencies/les-idees-i-el-mon-conferencies-duo-la-pedrera-cccb

2 MAILLARD

QUÈ ÉS REAL?

Dilluns 13 d‘abril, a les 19.30 h, al CCCB

Estem molt acostumats, en la cultura occidental, a considerar, contra tota evidència, que el món en què estem és sòlid, i la nostra existència, real. Però des del moment en què entenem que la realitat (aquest món en què vivim) és il·lusòria, la realitat de la ficció adquireix més solidesa.

Chantal Maillard, filòsofa i poeta. Acaba de publicar La herida en la lengua (Tusquets, 2015).

Presenta: Joana Masó, professora de Literatura i Assaig francesos a la Universitat de Barcelona i investigadora del Centre Dona i Literatura.

Entrades: Venda anticipada a les taquilles del CCCB i Ticketea (tel. 902 044 226/ www.ticketea.com).

Amics del CCCB, aturats, carnet de docent i jubilats amb la Targeta Rosa: entrada gratuïta.

La mirada que escucha

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No hablar. No juzgar. No hablar juzgando, no a partir del juicio. Hablar juzgando hace daño, aparta.
Nos juzgan por los actos, por los gestos, nos juzgan por el mí. Juzgamos por el mí. Con el juicio, el dardo, la bala, la palabra. Palabra que es de fuego, acero templado, odio oculto y concentrado, odio que es deseo del yo en el otro, de un yo que quiere ser más, que quiere serlo todo, un yo enfatizado. Lanzan el proyectil, lo lanzamos, y el proyectil nos roza, o tal vez nos alcanza. Alcanza el mí, una parte del mí. Y al mí le duele la herida, la vieja herida, el mí siempre tiene alguna vieja herida que vuelve a sangrar. El mí llora. Le dejamos llorar, expresarse, re-presentarse, para que no acumule. Vemos llorar al mí. No lo consolamos, no nos apena. Ésa es su naturaleza. Le comprendemos. Es sencillo: suceden en el mismo plano el proyectil y el llanto. En el mismo plano el gesto y la respuesta. La modalidad de la energía que se manifiesta en el gesto corresponde a la modalidad de la energía que le responde. La palabra que daña y el daño tienen la misma naturaleza. El mí responde a la ofensa con toda su carga de repeticiones, con todo lo que ha sido: su “pasado”.

Otros sólo verán el llanto: la respuesta. Sólo verán el mí respondiendo. Nos confundirán con ese llanto, a no ser que sepan situarse tras su propio llanto en cualquier ocasión, que sepan viajar en los distintos planos de su naturaleza. La lágrima se convierte en compasión para quien observa su trayectoria y ve de dónde ha brotado la palabra que ofende y dónde alcanza al ofendido. Quien se observa, entonces, comprende que es la misma fuerza la que lanza y la que recibe.

Diarios indios: 94-95 


*


No hay mirada que no modifique el campo del mirar.

Hay un mirar que da, y otro mirar que quita. El mirar que da es aquel que no sólo contempla lo que hacemos, sino que también se ocupa en el objeto de esa acción. Es un mirar que aumenta la pulsión del gesto y lo acompaña. En cambio, el mirar que quita es el mirar crítico, aquel que cuando se dirige hacia nosotros nos despoja de la energía que nos hace ser lo que somos. Disminuimos. Se hace fuerte el que mira, y nos somete. Sufrimos entonces algo parecido a un desahucio. El cuerpo queda como una cáscara, vaciado el dentro, abducido por la mirada ajena. Si el núcleo no es resistente nos sentimos “perdidos”. […]

El núcleo […] no es el mí. El núcleo es un punto de energía neutra, sin juicios, sin opiniones: “pura”. El núcleo es condensación de energía, consciente a otro nivel, autoconsciente, a la que podemos remitirnos cuando bajamos las defensas, hacemos transparentes las murallas del yo y confiamos. Ella, esa energía mínima, centro, diosa interior o alma, tan oculta generalmente, tan porosa, sin embargo, la membrana que protege su acceso, ella no se inmuta, no le daña el mirar ajeno porque ella ve en el otro lo que su mirar oculta. […] En el mirar que hiere y se adueña de su presa, ella ve cómo la energía-ego se apropia de sí misma en el otro, cómo se carga y engorda, ve cómo va trazándose el puente entre las fuerzas de quien es mirado y de quien mira, y cómo se entabla el pulso.

Diarios indios: 100 

El no saber cargado de compasión. Entrevista a Chantal Maillard de L. Giordani, A. Borra y V. Gómez, Manuales de instrucciones 7/II, Fundación Inquietudes, 2010.

[…] En varios pasajes destacas la mirada neutra de los búfalos (que pudiste ver en India). Podríamos sospechar que bien podría llegarse a esa mirada a través de (o en) la poesía… Ahora bien, ¿cómo se liga esa mirada con una exigencia ética y política de solidarizarnos ante el dolor del Otro, que demanda una toma de partido más o menos explícita?

La toma de partido no es, aquí, una medida de fuerza. — Cuando digo «aquí», me estoy refiriendo a la andadura «espiritual» o como quiera llamarse lo que algunos pudiesen entrever en los escritos aludidos—. Al menos, no de fuerza armada contra (unos u/y otros), sino, más bien al contrario, una medida de fuerza interior. Es una ganancia no exenta de derivaciones en la praxis. Si nos referimos a la experiencia del poema, recordaremos aquellas palabras que Anna Ajmátova refería al inicio de su Réquiem: «Diecisiete meses pasé haciendo cola a las puertas de la cárcel, en Leningrado, en los terribles años del terror de Yezhov. Un día alguien me reconoció. Detrás de mí, una mujer —los labios morados de frío— que nunca había oído mi nombre, salió del acorchamiento en que todos estábamos y me preguntó al oido (allí se hablaba sólo en susurros): —¿Y usted puede dar cuenta de esto? Yo le dije: —Puedo. Y entonces algo como una sonrisa asomó a lo que había sido su rostro».

La existencia es sufrimiento, como enseñaba el buddha, lo cual por otra parte es de una gran obviedad. A algunos nos es dado tomar conciencia de ello y com-padecernos. La com-pasión (cum-pathos) es distinta de la «solidaridad». Se trata de padecer con el otro, no de hacerse un bloque defensivo u ofensivo (sólido). Por supuesto que hay acciones políticas que puedan y deban realizarse a partir de allí. Yo me contentaría con que todos pudiésemos lograr un grado de compasión suficiente como para que estas acciones no fuesen necesarias. En cuanto a los animales, sean búfalos indios, vacas pirenaicas u otros, su mirada más que cualquier Tratado me enseña lo que somos y la humildad con que recibirlo o combatirlo.

 

[…] En el prólogo de Diarios Indios apuntas: «(…) en Bangalore me inicié en la dureza de la compasión y comprendí que ese sentimiento nace más de la fiereza que del dulce y decadente apiadarse de la burguesía cristiana…». ¿Podrías hablar de ese hontanar de fiereza, de esa roca dura o roca madre de la que surge la compasión tal como la entiendes?

Hay una gran diferencia entre la piedad, tal como suele enseñarse en las escuelas católicas para hijos de gente «bien» (bien… situada, se entiende), y la compasión. Cuando alguien «se apiada» de otro, queda situado en su propio lugar, no se desplaza, mientras que el que padece con otro ha debido desplazarse, dar el salto, ése que le permite ubicarse en el otro y sentir con él, en la medida en que esto sea posible. Porque, ciertamente, hay impedimentos: nadie se duele por otro en su propio cuerpo. Sólo es posible la recuperación del recuerdo del dolor, por lo que éste aparecerá en la mente, no en el cuerpo, salvo por lo que las células son capaces, igualmente, de recordar. La compasión, pues, es inevitablemente un movimiento de retrotracción y de proyección. No obstante, en cualquier caso, está muy lejos de parecerse a la estimulación de aquel sentimiento kitsch que se traduce en frases como: «¡Ay, pobrecito, qué lástima me da!». 

Hay quienes prefieren no ir a India porque no pueden ver, dicen, la miseria que hay allí. Es respetable. Pero «la miseria» la concebimos desde nuestros parámetros y mucho podría hablarse al respecto.

La compasión es un sentimiento fuerte porque supone situarse donde está el otro y con-vivir con él, desde él. Situarse en la herida ajena puede hacernos descubrir que la miseria no está donde la poníamos, lo cual es bastante incómodo. Porque hay sonrisas que florecen en el dolor y que nosotros ya no conseguimos que germinen en nuestras tierras saturadas.

 

El verso que da fin al intenso poema «Escribir» de Matar a Platón dice «…escribo para que el agua envenenada pueda beberse». ¿Qué tipo de alquimia operaría la escritura para convertir ese agua en potable y cuál es, en suma, ese agua que todos hemos de apurar?

En este punto, a la universalidad del poema a la que hemos de aludir, su capacidad para apuntar a lo universal a partir de lo singular. Hay en el ser humano una capacidad, digamos, de intercordialidad. Podemos vibrar, como les pasa a las guitarras, cuyas cuerdas vibran, sin ser tocadas, en el mismo tono que el de la cuerda que ha sido tañida en otra. Tal duelo, entonces, se abrirá en nosotros con algo más, una sensación bienhechora que proviene de la conciencia de un «nosotros», saber que la condición de fragilidad nos pertenece a todos y que el cuidado mutuo es lo único que puede hacernos sobrellevarla entre todos. El poema, al ser entonado, tiene la capacidad de despertarnos a ello. […]


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