Tomar el peso del corazón

20150417_174249     maat   La diosa Maat

En su libro Bailando entre llamas (Ed. Luciérnaga), y específicamente en el capítulo “Un corazón en equilibrio”, la psicóloga Marion Woodman habla en varias ocasiones del juicio de Maat que pertenece a la mitología del Antiguo Egipto. Ella interpreta el juicio de Maat como una representación acertada del proceso de individuación. Dice: “La mente tiene su lógica; sólo el corazón puede conocer la sabiduría, unir abismos y poner paz“.

Más adelante, Woodman escribe acerca del juicio de Maat, “El corazón de la persona se coloca en un platillo de la balanza; en el otro se coloca una pluma de avestruz del tocado de Maat. La pluma representa la verdad y la justicia, ya que en la avestruz las plumas son todas perfectamente iguales. Si el corazón pesa demasiado, si está demasiado henchido de materia, caerá en las fauces del cocodrilo. Si, en cambio, resulta demasiado liviano por falta de experiencia encarnada, saldrá volando hacia las garras del dios solar con cabeza de halcón. Asimismo, en el proceso de individuación, cuando experimentamos el mundo con un corazón transparente, cuando hay verdad en el cuerpo así como en la mente, ascendemos a un nuevo nivel de conciencia. (…) El cocodrilo devorador representa el ciclo de vida-muerte, el temor más grande del yo, que está al acecho en las profundidades del inconsciente. Pero el renacimiento hacia un nivel más elevado de la conciencia no se logra volando por el aire. El ascenso se equilibra en el descenso.

(…) Renunciar a la dualidad significa vivir en la paradoja. La paradoja es la esencia de la sabiduría y la esencia de la Diosa. La sabiduría mantiene el equilibrio entre vida/muerte, mente/cuerpo, masculino/femenino. Al mantener el equilibrio de ambos, permite que se transformen en algo nuevo. Paradoja, presencia y proceso son palabras que asociamos con la Diosa, con ella que “todo lo renueva al tiempo que ella misma perdura”.

Esto es el juicio de Maat. Ella no emite juicios ni recompensas por cumplir leyes o prácticas. Ella toma el peso del corazón. Si el corazón está equilibrado, el proceso es completo; si no está equilibrado, el proceso continuará. Deberemos empezar de nuevo, dolorosamente, partiendo del lado de su balanza en el que estemos atrapados. En el Antiguo Testamento, ella es la Sabiduría [la Sophia]. Ella es el supremo tesoro.”

No puedo sino leer también esta imagen del peso del corazón como une metáfora de la recuperación (o no) de la inocencia, del corazón transparente, la mirada inocente. Traspasar la dualidad es, en todo caso, salir de los juicios binarios y encontrar lo que en el zen llaman “el rostro original”…

Recordad esta frase de Chantal Maillard en su diario de duelo Husos: “En materia espiritual, atender al balbuceo, como mucho. Sobre todo, atender al silencio, ese silencio: la callada inocencia recobrada, el no saber cargado de compasión” (Husos, 29). Y ésta, en sus cuadernos de la memoria, Bélgica: “Acaso la inocencia no sea otra cosa que la incapacidad para el juicio, y ésta sea la razón de que, en los primeros albores de la existencia, el mundo sea experimentado con sencilla y gozosa plenitud. Ese gozo sin motivo, esa plenitud es a lo que nos referimos cuando halamos de “la infancia” con nostalgia” (Bélgica: 18). La inocencia es el sustrato de todos los estados; para recuperarla, dice Chantal, hay que hacer un sacrificio: “el sacrificio del mí, ese aluvión de repeticiones, el cúmulo de pliegues desde el que damos por conocido todo cuanto somos” (Bélgica, 17). Este sacrificio del mí es el que es preciso hacer al morir. Esto es lo que, quizás, los antiguos egipcios escenificaron en ese juicio de Osiris al tomar el peso del corazón: ligereza de un corazón inocente o corazón apesadumbrado por el mí. Tal vez, es este corazón henchido de inocencia recobrada el que la Mujer Esqueleto hace latir de nuevo en el pecho del pescador, y el que le otorga a ella nuevamente la vida después del juicio inicial del padre que la tiró por el acantilado siendo finalmente engullida por el mar profundo… ¿Quién sabe?…

Os dejo aquí una pequeña descripción de la imagen del juicio de Maat :

Osiris+judgement

La imagen que vemos aquí ilustra mediante varias escenas consecutivas el pasaje 125 del Libro de los Muertos (egipcio), que se refiere al juicio final del difunto ante el tribunal que permite el acceso a la vida de ultratumba. Su lectura comienza por la izquierda, donde aparece en primer lugar el escriba Hunefer, acompañado por Anubis, el dios de los muertos y de la momificación. Anubis es representado con cabeza de chacal y porta en su mano izquierda un símbolo de regeneración, que se denomina «llave de la vida» o ankh. En la escena siguiente, el dios de los muertos pesa el corazón de Hunefer en una balanza equilibrada por una pluma de la cabeza de Maat, diosa de la verdad, la justicia y el orden universal. Esta ceremonia se denomina psicostasis. Si la pluma tiene el mismo peso que el corazón del difunto, como en este caso, es prueba de que ha llevado una vida honesta, acorde con las leyes y los valores morales de Egipto. Si, por el contrario, el corazón pesa más que la pluma de la verdad, significa que está cargado de culpas y remordimientos por las malas acciones cometidas. En el centro de la balanza se encuentra Ammit, una diosa con cabeza de cocodrilo, los cuartos delanteros de león y los cuartos traseros de hipopótamo; este ser monstruoso se encargaba de devorar a los muertos que no superaban la prueba del pesaje. A la derecha está Thot, dios de la sabiduría representado con cabeza de ibis, que certifica en una tablilla el resultado arrojado por la balanza; los jeroglíficos titulan a Thot como «señor de las palabras divinas» y la banda sobre su pecho le identifica como sumo sacerdote. Una vez que el difunto ha superado el pesaje, el dios halcón Horus le conduce hasta su padre Osiris, juez supremo de los muertos y señor del Más Allá. El ojo de Horus está representado de forma esquemática entre estos dos dioses, como símbolo de vigilancia y clarividencia.

http://www.arteiconografia.com/2010/09/el-juicio-de-osiris.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Juicio_de_Osiris

Y en el libro de Anne Baring & Jules Cashford, El mito de la Diosa (ed. Siruela), tenéis unas páginas muy interesantes sobre Maat:

https://books.google.es/books?id=mUqw-ydNB_4C&pg=PA306&dq=el+mito+de+la+diosa+maat&hl=es&sa=X&ei=uCo5VfuoJ4LCOeahgfAN&ved=0CCoQ6AEwAA#v=onepage&q=el%20mito%20de%20la%20diosa%20maat&f=false

Què és real? Conferència de Chantal Maillard al CCCB

LES IDEES I EL MÓN. CICLE DE CONFERÈNCIES DUO LA PEDRERA-CCCB

La gran aspiració del pensament no ha estat només comprendre el món, sinó ampliar constantment el sentit del que és possible: redibuixar-ne els límits, il·luminar-ne les zones de foscor, crear nous espais per encabir el que encara és impensable. Aquesta revolta permanent del pensament, la negació a acceptar el món tal com és, ha ampliat radicalment el que coneixem i ha modificat les nostres condicions de vida a través de la ciència i de l’art, de l’ètica i de la política. Cal reivindicar la reflexió, ja sigui filosòfica, científica, literària o artística, com l’eina principal per entendre i donar forma a la realitat que ens envolta. Només si les grans idees de la filosofia tornen a entrar a la vida pública podrem replantejar-nos conjuntament el sentit i el propòsit de la vida col·lectiva.

https://www.lapedrera.com/ca/activitats/conferencies/les-idees-i-el-mon-conferencies-duo-la-pedrera-cccb

2 MAILLARD

QUÈ ÉS REAL?

Dilluns 13 d‘abril, a les 19.30 h, al CCCB

Estem molt acostumats, en la cultura occidental, a considerar, contra tota evidència, que el món en què estem és sòlid, i la nostra existència, real. Però des del moment en què entenem que la realitat (aquest món en què vivim) és il·lusòria, la realitat de la ficció adquireix més solidesa.

Chantal Maillard, filòsofa i poeta. Acaba de publicar La herida en la lengua (Tusquets, 2015).

Presenta: Joana Masó, professora de Literatura i Assaig francesos a la Universitat de Barcelona i investigadora del Centre Dona i Literatura.

Entrades: Venda anticipada a les taquilles del CCCB i Ticketea (tel. 902 044 226/ www.ticketea.com).

Amics del CCCB, aturats, carnet de docent i jubilats amb la Targeta Rosa: entrada gratuïta.

La mirada que escucha

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No hablar. No juzgar. No hablar juzgando, no a partir del juicio. Hablar juzgando hace daño, aparta.
Nos juzgan por los actos, por los gestos, nos juzgan por el mí. Juzgamos por el mí. Con el juicio, el dardo, la bala, la palabra. Palabra que es de fuego, acero templado, odio oculto y concentrado, odio que es deseo del yo en el otro, de un yo que quiere ser más, que quiere serlo todo, un yo enfatizado. Lanzan el proyectil, lo lanzamos, y el proyectil nos roza, o tal vez nos alcanza. Alcanza el mí, una parte del mí. Y al mí le duele la herida, la vieja herida, el mí siempre tiene alguna vieja herida que vuelve a sangrar. El mí llora. Le dejamos llorar, expresarse, re-presentarse, para que no acumule. Vemos llorar al mí. No lo consolamos, no nos apena. Ésa es su naturaleza. Le comprendemos. Es sencillo: suceden en el mismo plano el proyectil y el llanto. En el mismo plano el gesto y la respuesta. La modalidad de la energía que se manifiesta en el gesto corresponde a la modalidad de la energía que le responde. La palabra que daña y el daño tienen la misma naturaleza. El mí responde a la ofensa con toda su carga de repeticiones, con todo lo que ha sido: su “pasado”.

Otros sólo verán el llanto: la respuesta. Sólo verán el mí respondiendo. Nos confundirán con ese llanto, a no ser que sepan situarse tras su propio llanto en cualquier ocasión, que sepan viajar en los distintos planos de su naturaleza. La lágrima se convierte en compasión para quien observa su trayectoria y ve de dónde ha brotado la palabra que ofende y dónde alcanza al ofendido. Quien se observa, entonces, comprende que es la misma fuerza la que lanza y la que recibe.

Diarios indios: 94-95 


*


No hay mirada que no modifique el campo del mirar.

Hay un mirar que da, y otro mirar que quita. El mirar que da es aquel que no sólo contempla lo que hacemos, sino que también se ocupa en el objeto de esa acción. Es un mirar que aumenta la pulsión del gesto y lo acompaña. En cambio, el mirar que quita es el mirar crítico, aquel que cuando se dirige hacia nosotros nos despoja de la energía que nos hace ser lo que somos. Disminuimos. Se hace fuerte el que mira, y nos somete. Sufrimos entonces algo parecido a un desahucio. El cuerpo queda como una cáscara, vaciado el dentro, abducido por la mirada ajena. Si el núcleo no es resistente nos sentimos “perdidos”. […]

El núcleo […] no es el mí. El núcleo es un punto de energía neutra, sin juicios, sin opiniones: “pura”. El núcleo es condensación de energía, consciente a otro nivel, autoconsciente, a la que podemos remitirnos cuando bajamos las defensas, hacemos transparentes las murallas del yo y confiamos. Ella, esa energía mínima, centro, diosa interior o alma, tan oculta generalmente, tan porosa, sin embargo, la membrana que protege su acceso, ella no se inmuta, no le daña el mirar ajeno porque ella ve en el otro lo que su mirar oculta. […] En el mirar que hiere y se adueña de su presa, ella ve cómo la energía-ego se apropia de sí misma en el otro, cómo se carga y engorda, ve cómo va trazándose el puente entre las fuerzas de quien es mirado y de quien mira, y cómo se entabla el pulso.

Diarios indios: 100 

El no saber cargado de compasión. Entrevista a Chantal Maillard de L. Giordani, A. Borra y V. Gómez, Manuales de instrucciones 7/II, Fundación Inquietudes, 2010.

[…] En varios pasajes destacas la mirada neutra de los búfalos (que pudiste ver en India). Podríamos sospechar que bien podría llegarse a esa mirada a través de (o en) la poesía… Ahora bien, ¿cómo se liga esa mirada con una exigencia ética y política de solidarizarnos ante el dolor del Otro, que demanda una toma de partido más o menos explícita?

La toma de partido no es, aquí, una medida de fuerza. — Cuando digo «aquí», me estoy refiriendo a la andadura «espiritual» o como quiera llamarse lo que algunos pudiesen entrever en los escritos aludidos—. Al menos, no de fuerza armada contra (unos u/y otros), sino, más bien al contrario, una medida de fuerza interior. Es una ganancia no exenta de derivaciones en la praxis. Si nos referimos a la experiencia del poema, recordaremos aquellas palabras que Anna Ajmátova refería al inicio de su Réquiem: «Diecisiete meses pasé haciendo cola a las puertas de la cárcel, en Leningrado, en los terribles años del terror de Yezhov. Un día alguien me reconoció. Detrás de mí, una mujer —los labios morados de frío— que nunca había oído mi nombre, salió del acorchamiento en que todos estábamos y me preguntó al oido (allí se hablaba sólo en susurros): —¿Y usted puede dar cuenta de esto? Yo le dije: —Puedo. Y entonces algo como una sonrisa asomó a lo que había sido su rostro».

La existencia es sufrimiento, como enseñaba el buddha, lo cual por otra parte es de una gran obviedad. A algunos nos es dado tomar conciencia de ello y com-padecernos. La com-pasión (cum-pathos) es distinta de la «solidaridad». Se trata de padecer con el otro, no de hacerse un bloque defensivo u ofensivo (sólido). Por supuesto que hay acciones políticas que puedan y deban realizarse a partir de allí. Yo me contentaría con que todos pudiésemos lograr un grado de compasión suficiente como para que estas acciones no fuesen necesarias. En cuanto a los animales, sean búfalos indios, vacas pirenaicas u otros, su mirada más que cualquier Tratado me enseña lo que somos y la humildad con que recibirlo o combatirlo.

 

[…] En el prólogo de Diarios Indios apuntas: «(…) en Bangalore me inicié en la dureza de la compasión y comprendí que ese sentimiento nace más de la fiereza que del dulce y decadente apiadarse de la burguesía cristiana…». ¿Podrías hablar de ese hontanar de fiereza, de esa roca dura o roca madre de la que surge la compasión tal como la entiendes?

Hay una gran diferencia entre la piedad, tal como suele enseñarse en las escuelas católicas para hijos de gente «bien» (bien… situada, se entiende), y la compasión. Cuando alguien «se apiada» de otro, queda situado en su propio lugar, no se desplaza, mientras que el que padece con otro ha debido desplazarse, dar el salto, ése que le permite ubicarse en el otro y sentir con él, en la medida en que esto sea posible. Porque, ciertamente, hay impedimentos: nadie se duele por otro en su propio cuerpo. Sólo es posible la recuperación del recuerdo del dolor, por lo que éste aparecerá en la mente, no en el cuerpo, salvo por lo que las células son capaces, igualmente, de recordar. La compasión, pues, es inevitablemente un movimiento de retrotracción y de proyección. No obstante, en cualquier caso, está muy lejos de parecerse a la estimulación de aquel sentimiento kitsch que se traduce en frases como: «¡Ay, pobrecito, qué lástima me da!». 

Hay quienes prefieren no ir a India porque no pueden ver, dicen, la miseria que hay allí. Es respetable. Pero «la miseria» la concebimos desde nuestros parámetros y mucho podría hablarse al respecto.

La compasión es un sentimiento fuerte porque supone situarse donde está el otro y con-vivir con él, desde él. Situarse en la herida ajena puede hacernos descubrir que la miseria no está donde la poníamos, lo cual es bastante incómodo. Porque hay sonrisas que florecen en el dolor y que nosotros ya no conseguimos que germinen en nuestras tierras saturadas.

 

El verso que da fin al intenso poema «Escribir» de Matar a Platón dice «…escribo para que el agua envenenada pueda beberse». ¿Qué tipo de alquimia operaría la escritura para convertir ese agua en potable y cuál es, en suma, ese agua que todos hemos de apurar?

En este punto, a la universalidad del poema a la que hemos de aludir, su capacidad para apuntar a lo universal a partir de lo singular. Hay en el ser humano una capacidad, digamos, de intercordialidad. Podemos vibrar, como les pasa a las guitarras, cuyas cuerdas vibran, sin ser tocadas, en el mismo tono que el de la cuerda que ha sido tañida en otra. Tal duelo, entonces, se abrirá en nosotros con algo más, una sensación bienhechora que proviene de la conciencia de un «nosotros», saber que la condición de fragilidad nos pertenece a todos y que el cuidado mutuo es lo único que puede hacernos sobrellevarla entre todos. El poema, al ser entonado, tiene la capacidad de despertarnos a ello. […]


Feu clic per accedir a el_no_saber_cargado_de_compasion-digital.pdf

convivint amb la Dona Esquelet

donaEsquelet

la Dona Esquelet torna a la Vida…

[… ]
El hombre sintió que le entraba sueño, se deslizó bajo las pieles de dormir y enseguida empezó a soñar. A veces, cuando los seres humanos duermen, se les escapa una lágrima de los ojos. No sabemos qué clase de sueño lo provoca, pero sabemos que tiene que ser un sueño triste o nostálgico. Y eso fue lo que le ocurrió al hombre.
La Mujer Esqueleto vio el brillo de la lágrima bajo el resplandor del fuego y, de repente, le entró mucha sed. Se acercó a rastras al hombre dormido entre un crujir de huesos y acercó la boca a la lágrima. La solitaria lágrima fue como un río y ella bebió, bebió y bebió hasta que consiguió saciar su sed de muchos años.
Después, mientras permanecía tendida al lado del hombre, introdujo la mano en el interior del hombre dormido y le sacó el corazón, el que palpitaba tan fuerte como un tambor. Se incorporó y empezó a golpearlo por ambos lados: ¡Pom, Pom!…. ¡Pom, Pom!
[…]

Cuando el pescador manifiesta lo que verdaderamente siente, favorece su reunión con la naturaleza de la Vida/Muerte/ Vida.
La lágrima del pescador atrae a la Mujer Esqueleto; le provoca sed y un deseo de unirse más estrechamente a él. Como en los cuentos de hadas, las lágrimas atraen cosas hacia nosotros, corrigen cosas y proporcionan la parte o la pieza que falta. Las lágrimas poseen poder de atracción y la lágrima contiene en su interior unas poderosas imágenes que nos guían. Las lágrimas no sólo representan el sentimiento sino que, además, son unas lentes a través de las cuales adquirimos una visión alternativa y otro punto de vista. En el cuento, el pescador deja que se le rompa el corazón, pero no que se le rompa de debilidad sino que se le parta. Es un amor que lo inunda, un amor que él siempre ha llevado dentro, pero cuya existencia jamás había reconocido anteriormente. Cuando comprende esta relación, el alma del hombre se asienta más profundamente y con más claridad. La lágrima brota. Ella se la bebe. Ahora se desarrollará y renacerá en el interior del hombre algo distinto, algo que éste le podrá regalar a la Mujer: un corazón tan inmenso como el océano.

Mujeres que corren con los lobos. Clarissa Pinkola Estés

Convivencia con la Mujer Esqueleto

 

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Nuestra Mujer Esqueleto itinerante, este mes (muy bien acomodada!) en casa de Susanna.

Pero, cuando encendió su lámpara de aceite de ballena, la vio allí acurrucada en un rincón sobre el suelo de nieve de su casa, con un talón sobre el hombro, una rodilla en el interior de la caja torácica y un pie sobre el codo. Más tarde el hombre no pudo explicar lo que ocurrió, quizá la luz de la lámpara suavizó las facciones de la mujer o, a lo mejor, fue porque él era un hombre solitario. El caso es que se sintió invadido por una cierta compasión y lentamente alargó sus mugrientas manos y, hablando con dulzura como hubiera podido hablarle una madre a su hijo, empezó a desengancharla del sedal en el que estaba enredada.

“Bueno, bueno.” Primero le desenredó los dedos de los pies y después los tobillos. Siguió trabajando hasta bien entrada la noche hasta que, al final, cubrió a la Mujer Esqueleto con unas pieles para que entrara en calor y le colocó los huesos en orden tal como hubieran tenido que estar los de un ser humano.

Buscó su pedernal en el dobladillo de sus pantalones de cuero y utilizó unos cuantos cabellos suyos para encender un poco más de fuego. De vez en cuando la miraba mientras untaba con aceite la valiosa madera de su caña de pescar y enrollaba el sedal de tripa. Y ella, envuelta en las pieles, no se atrevía a decir ni una sola palabra, pues temía que aquel cazador la sacara de allí, la arrojara a las rocas de abajo y le rompiera todos los huesos en pedazos…

Danza butoh & sitar para la Mujer esqueleto

El relato de La Mujer esqueleto sirve de inspiración a este espectáculo de dansa japonesa Butoh con Penelope Guisasola acompañada por el sitar de Paloma Lozano.

“La danza Butoh es un lenguaje lleno de matices y sutilezas. Parece el único idioma que pudiera hablar un personaje cómo el de la Mujer Esqueleto.
Aquí comienza el viaje arquetípico, desde el fondo del mar, a la tundra helada, al calor del hogar hasta la recuperación del aliento de vida. La presencia de elementos naturales susurran en los espacios de silencio que junto con el sitar componen la melodía para esta pieza.”
Se estrenó en Madrid, en el Espacio Ronda, el 21 de enero del 2012.
El espectáculo se divide en 6 partes.

 

Parte 1: el relato

 

Parte 2: el fondo del oceáno

 

Parte 3: el encuentro y la persecución

 

Parte 4: el desenredo

 

Parte 5. el corazón y el aliento

 

Parte 6: el reencuentro

 

 


	

La Mujer Esqueleto

Este cuento de la tradición oral Inuit es un canto a la vida y a la muerte en el que aprendemos los ciclos del verdadero amor.

Como todo cuento (polifónico, plurivalente y multidimensional), el relato de la Mujer Esqueleto nos ofrece varias lecturas posibles.

Una de ellas, trata de una emotiva historia de superación personal.

Un viaje que nos lleva desde la anulación y la ansiedad que sufre el personaje de la Mujer Esqueleto (desde el fondo del mar a la tundra helada) hasta llegar a la compasión, el amor (el calor del hogar/iglú) y la voz del canto que la devuelve a la vida (la recuperación del tambor del corazón) tras una intensa lucha interna llena de coraje, resistencia y sabiduría.

Os dejo dos versiones –en imágenes, gestos y palabras– de este precioso relato…