El mantell expiatori

Acabat el capítol de les cicatrius -en el que hem vist la necessitat d’alliberar els secrets, tots aquells pensaments, sentiments…..mai expressats, dels quals el cos en guarda memòria i que vulguem o no condicionen la nostra vida- tenim el repte de confeccionar el que la Clarissa en diu un mantell expiatori i que nosaltres hem concretat en un treball individual i lliure sobre les ferides sofertes al llarg de la vida, amb un tros de roba d’unes dimensions determinades que després podem unir en un patchwork col.lectiu.

Per anar fent caliu, i per si en treiem algunes idees, adjunto tres referències que he trobat a internet sobre el mantell expiatori. Especialment en la primera, en què hi ha fotografies, hi podem veure un exemple d’un treball d’aquest tipus:

  •  A “Yo mujer”: muestra de siete artistas creadoras en el centro okendo de donostia, Mercedes Bautista ofrece fotografías como ‘‘Vestido de mujer árbol danzando en el mixteko’’ y ‘‘Mixteko’’, con propuestas de body art muy bellas, que desembocan en un ‘‘Manto expiatorio’’ compuesto por aros en los que se bordan, cosen o pegan corazones, flores, casas, zapatillas, mariposas, botones, sexos, hasta componer un cuelgue cinético, atrevido, divertido y sofisticado.
  • Red Luna Venus:…..la limpieza (en la medida que se puede) la ritualizamos luego debajo de nuestro Manto Expiatorio, un tejido comunitario que vamos incrementando año a año con nuestras lanas y agujas.

I, finalment, per posar una mica de color en aquesta entrada, una mostra del que m’està sortint tot i que encara tinc molts dubtes, inspirat en el perfil biogràfic que vaig fer fa un temps:

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Nedar: totes les famílies guarden un secret

A partir del suggeriment de la Muriel i de la Clarissa, he començat a pensar en les dones de la meva família, en el que sé d’elles, en les seves lluites, els seus dolors, els seus triomfs, en tot allò que ignoro, en els seus secrets…. i de sobte m’ha cridat  l’atenció una pel·lícula documental recentment estrenada a Barcelona,”Nedar“, que explica la investigació sobre els avantpassats de la jove directora, concretament sobre el seu avi afusellat al final de la guerra civil, en un context en què la seva àvia i la seva mare pateixen d’Alzheimer.

A Time Out Barcelona, Alejandro G. Calvo diu :

La majoria de les vegades, per ser sincer i honest, cal mullar-se. Enfonsar-se fins al fons, que els ossos i els sentiments quedin amarats. En el seu debut com a directora, Carla Subirana ha arriscat prou perquè el resultat sigui capaç de ferir, de fer mal. El seu viatge, com qualsevol trajecte, és pura indagació: una recerca del jo a partir de les empremtes, visibles i invisibles, de la seva pròpia genealogia familiar, marcada per un ADN en contínua degradació afectat per l’Alzheimer.
Cal lluitar, enfrontar-s’hi –potser per això el desaparegut Joaquim Jordà increpa la directora/protagonista/personatge a seguir buscant, encara que sigui dolorós–, deixar que la narració flueixi per ella mateixa a través de les imatges. Encara que potser sigui en les mateixes imatges de Nedar on trobem l’únic defecte de la pel·lícula: el desnivell que hi ha entre les imatges reals i la recreació fictícia en blanc i negre i en clau de flashback és pràcticament insalvable.
Nedar és una pel·lícula-document amb maneres de pel·lícula-riu, que podria ser perfectament una pel·lícula-testament per a la generació que seguirà a la directora-mare. És un viatge incòmode, dolorós i de gran tristor que, tot i així, té prou bellesa per despuntar en els llocs més alts del cinema espanyol del 2008.

He anat a veure la pel.lícula i m’ha interessat i emocionat. La recomano ferventment perquè enllaça plenament amb aquest treball que tenim entre mans.

Aquí en podeu veure un tràiler:

27 años, 8 meses, 14 dias.

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Así se titula una exposición de fotografías (en el espai Xavier Miserachs, Virreina ) que va más allá de lo convencional. Es un adentrarse en la cólera, en la tristeza, en los límites. Territorios a los que nosotras nos hemos acercado, salvando la enorme distancia y desde nuestra particular perspectiva, en el cuento del oso.

La fotógrafa se llama Vida Yovanovich y realiza su creación a partir de un grupo de mujeres Mejicanas, encarceladas por matar a sus parejas.

No se limita a mostrar sus imágenes, también nos ofrece sus voces en un montaje audiovisual, en el que ellas explican cómo vivían, sus sentimientos, por que lo hicieron y como se sienten ahora. Mientras se escuchan sus emocionadas voces, van apareciendo imágenes en la pared de la sala.

Y escuchándolas, se hace presente la cólera que sintieron, la cólera ciega que lo reduce todo a cenizas, la cólera de las mujeres… y la tristeza profunda, y el sentimiento ético de saber que han hecho mal, por defenderse. Mujeres sin derechos. Mujeres sin voz, si Vida Yovanovich, no les hubiera dado una oportunidad de hablar.
Mujeres a las que les robaron la vida, antes y después de la condena.

“Llegó el limite de…
que como me golpeaba mucho…
Con lo que él me pegaba, yo le pegué.
No sé ni que me pasó
que perdí el control y lo hice
y hasta no verlo muerto no paré de darle.
Es muy feo cargar con un muerto…
es muy feo”

También hay unas fotografías impresas en pequeño formato, que muestran el entorno de la cárcel. Sin imágenes humanas. Son especiales, porque parecen dibujos serigrafiados o gravados, están expuestas sobre paneles forrados de tejido negro, por lo que podrían parecer pequeñas ventanas en negros muros.

En el libro que recoge los comentarios de los visitantes, descubro este: ¿Quién quiere ver esto? ¿A quién le interesa? … y comparo esa cerrazón, ese no querer ver, con la solidaridad y el compromiso vital de la fotógrafa. Abriendo grietas por la que pueda deslizarse la luz.

Para más información acerca de Vida Yovanovich:
http://www.zonezero.com/exposiciones/fotografos/vida/defaultsp.html

[Montserrat F.]

 

El uso del arte para integrar un trauma. Boris Cyrulnik

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El arte constituye un entrenamiento, una especie de aprendizaje que permite integrar un trauma, decir la desgracia y volverla familiar e incluso agradable una vez que se ha logrado metamorfosear.

La reproducción del acontecimiento, que antes de la fantasía no era más que un horror que no podía representarse, se convierte en hermosa, útil e interesante. ¡Atención! “No es la desgracia la que se vuelve agradable” ¡Al contrario! Es la representación de la desgracia la que demuestra el dominio del trauma, y su distanciamiento en tanto que obra socialmente estimulante. Al dibujar el horror que me ocurrió, al escribir la tragedia que debí sufrir, al hacer que otros la representen en teatros de la ciudad, transformo un sufrimiento en un hermoso acontecimiento, en algo útil para la sociedad. He metamorfoseado el horror, y en adelante, lo que me habita ya no es negrura, sino su representación social, una representación que he sabido hacer hermosa para que los demás la acepten y obtengan con ella una felicidad. Enseño cómo evitar la desgracia. La transformación de mi terrible experiencia podrá permitir que otros alcancen el éxito. Ya no soy el pobre niño que gime, me convierto en alguien a través del cual llega la felicidad.

Boris Cyrulnik. Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. Gedisa, 2002

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La vuitena arma.

La Vuitena Arma


En nuestro último taller I, preguntaba, qué hacer, cómo posicionarse, delante de atrocidades como la que explicaba haber presenciado la esposa de Mandela, cuando un soldado le abrió el vientre a una mujer embarazada.

Recordé que Marga Ximenez, artista catalana, conmovida al enterarse de un hecho idéntico sucedido en Timor Oriental, con telas recicladas, aguja e hilo, creó una serie de esculturas textiles impactantes, que denunciaban aquella violencia y generaban conciencia en quienes las contemplaban. Las tituló “La vuitena arma”.

Materiales humildes, aguja e hilo, fundiendo arte y denuncia social.

¿Qué hacer? Ojalá yo pudiera aportar algo tan valioso como “La vuitena arma”, pero no es así. Personalmente, me molesta que las emociones que siento, se desvanezcan con el paso de los días sin conllevar ninguna acción concreta y sólida, pero me hago cargo de mi posición y hago lo que siento que sí puedo y quiero hacer, pequeños gestos de amor a la vida.

Nuestro taller es uno de esos gestos de amor a la vida. En él se vincula la relación que tenemos entre nosotras, nuestro trabajo, con un “hacer” en la vida, diferente, que recupera y salvaguarda cosas esenciales.

Ese “hacer” diferente, que acompaña la vida diaria, aunque imperceptible y sutil, a mi me parece absolutamente útil y necesario.

Incluyo una fotografía de las esculturas mencionadas.

[Montserrat F.]