Poemas de Tulia Guisado

Tulia Blanco y Negro  portadaTulia

 

Poética

Si el poema es bello, lo tiro.

Si es suave, lo tiro. Si es amable, complaciente, hermoso, lo tiro. Si es agradable, bonito, sonoro, femenino, lo tiro. Si habla de amor, lo tiro. Si habla de ti, lo tiro. Si es normal, lo tiro. Si es como tú, lo tiro. Si dudo, lo tiro. Si me relaja, lo tiro. Si gusta, desconfío. Si puede leerlo mi madre sin morir de frío, lo tiro. Si hace llorar, lo tiro. Si no habla de ti, de todos, de cada uno de nosotros, lo tiro. Si se parece a esto, probablemente lo tiro.

Si soy la misma que antes de escribirlo, lo tiro.

Si rima, lo tiro. Si miente, lo tiro. Si no hay ritmo, lo tiro. Si es bonito, lo quemo, y luego lo tiro. Si menciona la palabra emoción, lo tiro. Si no la evoca, lo tiro.
Si lo encuentro, y lo había olvidado, lo tiro también. Si no está mal, lo tiro. Si no puedo imaginarlo gritado, lo tiro.

Si no puede leerse en silencio, lo tiro. Si se entiende, lo tiro. Si es fácil, lo tiro. Si no se entiende, lo tiro. Si llega al corazón, no reconoceré haberlo escrito.
Si gana, lo tiro. Si pierde, lo tiro. Si es terapéutico, es mentira; al infierno con ello.
Si cura, lo tiro. Si podría no haberlo escrito, lo tiro. Si no sangra, lo tiro. Si no duele, lo tiro. Si no produce placer, lo tiro.

Si el poema es tibio, sobre todo si es tibio, lo tiro.

Si al escribirlo,

el leopardo hambriento aparece, y abre las fauces –el destello de luz en su estómago–, y ese rugido hace temblar el deseo de callarme: no lo tiro.

Solo quiero agarrar del cuello a ese animal, mirarlo a los ojos,

y decirle
que soy yo la que decide
aquí
quién come primero.
Lo que queda, si queda, es el poema.

 

*

 

DESTRUCCIÓN

¿Asustada?

Asustada.

Porque antes creía conocer el miedo.

Y no lo conocía.

¿Herida?

Herida.

Porque antes creía conocer el dolor.

Y no lo conocía.

¿Abatida?

Abatida.

Porque antes creía conocer el abismo.

Y no lo conocía.

¿Aislada?

Aislada.

Porque antes creía conocer el vértigo.

Y no lo conocía.

¿Asfixiada?

Asfixiada.

Porque antes creía conocer el pánico.

Y no lo conocía.

Creía conocer el límite de mi debilidad.

Y no lo conocía.

No tenía ni idea.

 

¿Sensible?

No. Soy de acero puro.

Sólo me hago daño al sol.

 

La madrugada es el tiempo de la resignación.

 

Pero el día es largo

y la madrugada oscura.

Estoy muda y tengo miedo:

no es que ahora pueda hablar

sino que las palabras son pavesas

en estas manos inútiles y huecas.

 

Nada debería existir:

ni la luna ni el sol ni yo.

Ni este paisaje frío

que nos regala el otoño

cada vez que llega.

 

Porque

el otoño

es un cuerpo

en descomposición.

 

Dejar que el pus anide

hasta que llegue a la garganta,

y que sea lo que él quiera ser:

niño o niña.

Vómito o náusea.

 

Esperanza es el nombre de la destrucción.

 

(de 37´6, Editorial Legados, colección Netwriters Poesía)

 

Tulia Guisado (Barcelona, 1979) es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona; más tarde obtuvo el postgrado “Crítica literaria en la prensa” en la Universidad Pompeu Fabra. Realizó estudios de doctorado en el programa de literatura Historia e invención de los textos literarios hispánicos en la UB y un máster de “Cultura Histórica y Comunicación” en la Facultad de Historia de la misma universidad. Dedicada a la enseñanza y a la edición, ha participado en las antologías poéticas Las noches de LUPI en Madrid (Ed. La única puerta a la izquierda, Madrid, 2014) y Amor se escribe sin sangre (Ed. Lastura, Toledo, 2015). En 2015 ha publicado su primer libro, 37´6 (Ed. Legados, Colección Netwriters Poesía).

Más poemas en http://latribudefrida.com/poesia/poemas-de-tulia-guisado/

http://tuliaguisado.com

 

Una pastelería en Tokio. Naomi Kawase

Naomi Kawase

La última película de la japonesa Naomi Kawase es una absoluta maravilla. “Una pastelería en Tokio” habla de pérdida y de duelo, de enfermedad y de dolor, de soledad y de vidas al margen,  de ciclos y de sanación, de intensidad y de ligereza a modo de las flores de los cerezos. Habla el idioma de la ternura derramada. Ternura que te envuelve durante dos horas en las que entras en una profunda meditación y cambias de plano. Dos horas en las que eres puro corazón derramándose. Derramándose con todos ellos.


El sexto día. Chantal Maillard

Guay Brothers_JPG Imagen: Quay Brothers  

l'estació_JPG La Tinta invisible, diseño


[Extractos del texto inédito “El sexto día” de Chantal Maillard]


Cayeron. O más bien se posaron. Se despojaron de sus alas. Seres de ambigua naturaleza que espantaban a las bestias. Tan oscuros como resplandecientes parecían durante la contienda. Duró días con sus noches; la luna cambió de lugar varias veces mientras cruzaban los cielos, redondos como soles, los carros voladores. Algunos pasaban rozando en llamas la copa de los árboles. Otros se posaron. Los seres oscuros caminaban sobre dos extremidades. Caminaron con frío buscando abrigo por un mundo que no les pertenecía. Buscaron refugio. Se aparearon con aquellas de entre las bestias que más se les parecían. Al animal que nació de su simiente le llamaron hombre.

Y uno de ellos dijo: “¡Seguidme!

Heredaréis la Tierra

y los mansos serán vuestro alimento”.

Así podía haberse contado. Así tal vez podría haber sucedido. O tal vez no.

*

¿Quiénes fueron, de entre todos los dioses, los vencidos que junto con su simiente ofrecieron, al animal que fuimos, un poco de su luz y la incierta fortuna de un juicio malogrado? ¿Quiénes fueron aquellos que, por error o maldad, nos engendraron híbridos de inmortal y de bestia, conciencia delirada sedienta de existencia, animal perdido de sí y despojado de su inocencia?

*

Miles de somalíes se agolpan en la frontera de Kenya. En su mayoría, serán transportados al campo de Dadaab, al nordeste del país.

Los campos de refugiados… ¿Refugio? Cercos con los que, previo acuerdo de nuestros órganos sociales, contenemos allí a quienes tratan de llegar al mar. Tan sólo el campo de Kenia le cuesta a la Unión Europea catorce millones de dólares al año. Un precio, al fin y cabo, razonable para evitar tener que compartir con ellos los bienes que hemos acumulado con el saqueo de sus tierras.

Dadaab, Hagadera, Ifo, Dagahale, Kobe, Ashraf, El Farah, Saklepéha… Nombres hermosos para la indiferencia.

*

En términos económicos hablamos de crecimiento; en términos sociales, de países atrasados. Una persona o un país crece o avanza cuando adopta las costumbres y las maneras de pensar de nuestra tribu. La idea decimonónica de progreso es la que sustenta el lenguaje de la globalización. Creceravanzaremerger: movimientos de empuje hacia delante y hacia arriba, metáforas heredadas de la economía de producción, el espíritu colonialista y el precepto bíblico.

Urge un estudio de la historia de los conceptos. Urge comprender sus orígenes y la manera en que se fueron convirtiendo estratégicamente en los valores que defendemos.

*

La raza blanca, desde la prepotencia de su tribu y la sobreestimación de sus valores, ha perturbado el equilibrio de otros pueblos y violentado el reino de las bestias. Fue la voluntad de Occidente como la proa de un navío: siempre adelante, hendiendo rígidamente la naturaleza líquida de otros seres. Tarde o temprano, el orden habrá de restituirse. El ritmo de las estaciones, el reino de las hormigas, la noche de las lechuzas y los topos. Y no será sin dolor que aquel barco zozobre.

*

[…]

*

Todo animal reconoce las sendas que abrieron sus antepasados. Travesías del aire, del agua, de la tierra. Sólo el humano las olvida. Por eso inventa, construye, edifica, emprende viajes de descubrimiento. No es un plus, sino una carencia lo que nos distingue de otra especie. La herida es una puerta cerrada sobre el antes. Por haber perdido el gran pasado se queda atrapado, el animal humano, en su historia personal, dando vueltas sobre sí mismo como un perro tratando de alcanzar su cola. Corta inteligencia, aquella que no abarca otra experiencia que la propia. La razón es fruto del olvido; sus logros, la patética demostración de su extravío. No es de dioses esa luz que tanto apreciamos, es simple adaptación al desamparo.

*

La mañana. Azul celeste, como entonces. Felices cuando enteros los órganos, el cuerpo. Apacibles, los sueños. Dorados despertares en el cálido alféizar. Promesas de agua y de sol.

Invitadme a la ceguera. Quiero volver a ser el héroe crédulo de otros tiempos. Impostora de la nada pero, al fin y al cabo, inocente.

*

Mal hace quien por bien cría a sus hijos como príncipes ignorantes del desastre. Todo es cíclico. Y se hallarán hambrientos, masticando guijarros y anhelando aquello que perdieron.

*

¿Cuántos cadáveres hacen una victoria?

No importa. Más sitio para los lobos

y las libélulas.

*

El pensamiento europeo se construyó en torno a la sustantivación de un verbo: el ser. Y puesto que existía eso llamado ser, advino el miedo: dejar de ser. El pensamiento europeo se construyó en torno a ese miedo. Entre ser y no-ser se trazó un intervalo mensurable, divisible en fragmentos, al que llamamos tiempo y de cuya medición resulta lo que llamamos hechos. Pero el devenir de los seres se parece más al curso de los ríos que a nuestros instrumentos de medir. Los hechos son, en el curso, la parte que corresponde a las piedras. Cuanto mayor es su peso, más historia dicen que tiene un pueblo. Así compensan el gran olvido.

*

Contar: tejer con la saliva un tejido consistente. A las imágenes consecutivas, proporcionarles un orden con sentido. Un argumento. Nunca asistimos al inicio ni al final de la propia vida. Y es necesidad de la razón proporcionar finales a la suma de las secuencias.

*

“La noche estaba oscura, sin luna. El viento soplaba a más de 100 km/h. Levantaba olas de diez metros de altura que se abatían con un estruendo aterrador sobre la endeble embarcación de madera. Ésta había zarpado diez días antes de una ensenada de la costa mauritana con 101 refugiados africanos a bordo”… No es una novela. Pero el autor sabe que de esta forma logrará llegar a un mayor número de lectores porque éstos recibirán los hechos como una narración y que la narración produce placer.

*

Te acercas al joven gorrión que entró por la ventana. Cautelosamente, alargas la mano y escapa volando al centro de la habitación. Quieres devolverle al aire, haces otro intento: el gorrión corre buscando refugio y desaparece en el angosto espacio que separa el armario de la pared. Fuera, oyes piar a los vivos.

Comprobar con qué facilidad vuelve a identificarse la conciencia con el discurso mental que nunca acaba, con qué rapidez pierde la atención y se repliega como una lagartija que ha perdido su cola en la disputa.

*

Libertad, fraternidad, igualdad: el sueño malogrado de la Europa revolucionaria, un programa irrealizable. Todo organismo es coercitivo. Toda manada es depredadora.

*

No se me ocurre una sola razón válida para defender la conservación de nuestra especie en vez de su aniquilación.

Seamos carcomas, seamos larvas, anidemos en el árbol podrido de nuestra tribu. Que su serrín alimente los mundos inferiores.

*

Enfrentada a sí misma, la razón se me antoja el más puro espejismo. El miedo es la idea del miedo envolviendo las entrañas. El dolor es el miedo que prolonga la sensación del daño.

Julio se deshace en lluvia helada. El viento apresa los corazones de las flores de manzanilla y no las deja abrirse.

*

Ver que la mente se desboca y no hallar en su discurso un solo rastro de identidad. Atender a las evoluciones del mí sin implicarse en ellas. No añadir nuevas causas a los efectos.

*

[…]

Me va surcando el morir. Es una barca lenta que deja por estela la espuma de otros cuerpos.

*

Brecha abierta, acudiendo.

Cobarde aún, resistente, quien la abre. O ciego. De tanto devaneo. De tanta sólida coraza tejida al temblor de todo un pueblo de abandonados colmando, como nube oscura, el abismo.

De cima en cima resonando, la voz de los anacoretas —los solos—, de cima en cima, sobre el mar de nubes, balbuciendo.

 

Aquí tenéis el primer número de la revista l’estació con el texto completo de Chantal.

http://lestacio.cat/no-1-tardor-2015/?lang=es

http://oficinadedisseny.net/_lestacio/?cat=3&lang=es#content02

https://www.facebook.com/lestaciorevista/?ref=profile

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/11/10/catalunya/1447186995_010961.html

http://www.vilaweb.cat/noticies/lestacio-nova-revista-cultural-de-reflexio-critica-i-en-transit/

“La palabra ‘verdad’ ya no está en mis diccionarios”. Entrevista a Chantal Maillard

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Chantal Maillard es poeta y filósofa. Publica ‘La mujer de pie’ (Galaxia Gutenberg), una historia contada en tres registros que reflexiona sobre la enfermedad


La mujer de pie es una invitación a la escucha. ¿A quién escucha usted?

Me gusta escuchar a los pájaros y a alguna niña canturreando. Me tapo los oídos a ciertas voces que hablan sin pensar, que son sólo ruido. Como el piar de los pájaros cuando van a dormir. Prefiero a los pájaros porque no entiendo lo que dicen.

¿Quién es La mujer de pie?

—Alguien que no puede sentarse porque, en cuanto lo intenta, el dolor le hace levantarse como a los diablos aquellos que saltaban de sus cajas a abrirlas.

—La enfermedad y el dolor suelen estar presentes en su obra, ¿qué libros le han herido más?

—Los libros no hieren, lo que hiere es la existencia. No escribo a partir de otros libros, si a eso se refiere, hay cosas que han de ser experimentadas. Lo que la escritura pretende no es herir, sino comunicar. Reconocer la propia herida en palabras de otro es un bálsamo.

—¿Sin herida no hay escritura?

—Claro que la hay, la herida es sólo un tema entre otros posibles. Si he tratado del dolor en mis trabajos es porque he conocido algunas de sus variantes (son infinitas) y considero que es un tema importante, pero no el único. El proceso mental, las pasiones, la memoria, la indiferencia están presentes en mis libros. Tengo un especial cariño a Cual, ese personaje irónico, tierno y despojado que aparece en Hilos.

—¿Se arrepiente de algún libro propio?

—De todos los que contienen alguna afirmación.

—“Ningún animal se siente responsable de lo ocurrido a otro, salvo el humano”, ¿cómo se escribe la culpa?

—La culpa no es algo que exista, es algo que se construye. Culpable se le llama a aquel que transgrede las reglas de un determinado código moral. Fuera del orden establecido no hay culpa, sino un proceso en el que todo lo que adviene deriva de lo anterior. Ser capaces de libertad es saber saltar fuera de las normas del juego en el que se está. Escribir debería ser un acto de libertad.

—¿Dónde hay más verdad: en la filosofía, en la poesía o en la novela?

La palabra “verdad” ya no está en mis diccionarios.

—Usted es doctora en Filosofía, ¿qué pierden los alumnos que ya no recibirán esta asignatura?

—La Filosofía es ante todo un ejercicio lógico, de lenguaje. ¿Qué pierde una sociedad que se construye sobre un cúmulo de errores lógicos?, sería la pregunta. Pues, como las ciudades erigidas sobre aguas pantanosas, están destinadas a hundirse.

—¿Alguna vez ha perdido el hilo?

La cuestión es más bien cómo lograr perderlo. O mejor aún, cortarlo.

—¿Encuentra algo positivo en el ser humano?

—¿Me repite la pregunta?


http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/05/babelia/1446727038_949401.html

La supervivencia. Herramientas mínimas. Revista Shangrila nº25

A MODO DE INTRODUCCIÓN: NIÑA VENDADA CON MUÑECO DE TRAPOS

Texto: Mariel Manrique

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Pequeña Eileen Dunne, que siempre serás pequeña en la portada de nuestra revista, con tus tres años sentados en una cama anónima del Great Ormond Street Hospital for Sick Children, tus tres años heridos en un bombardeo aéreo sobre Londres, en septiembre de 1940, cuando no sabemos dónde estabas ni con quién pero sí que jamás hubieras debido estar ahí o quizá sí pero sin aviones que hicieran sangrar el cielo, nena de ojos como lagos y cabeza vendada, de venda demasiado grande y demasiado temprana para su cabeza, con tus manos invisibles desde los aviones, que aferran y protegen como una promesa o un escudo un muñeco de trapo que nos da la espalda porque tiene su rostro sobre tu corazón, como si no quisiera ver o estuviera cansado o muy perdido, perdido entre los brazos como juncos de Eileen Dunne, que cuida a su muñeco como si estuvieran los dos sobre una balsa y la balsa flotara sobre el mar, el mar de Great Ormond Street sin faros ni fareros, el mar de los rescatados por manos enfermeras, de los abiertos, cosidos y cerrados, de los amputados y los estremecidos, marcados como naipes y tan solos, pensábamos hablar sobre el Apocalipsis, porque todos lo anuncian desde siempre, como si ya no estuviera sucediendo, como si se tratara de ángeles y trompetas y fragor y truenos y no de este silencio que cae como una lluvia entre nosotros, como si la catástrofe no fueran tus ojos, Eileen Dunne, las preguntas que no sabremos responder, las palabras que habrá que inventar para decirte un día cómo fue que te hicimos la guerra, que te dejamos descalza y sin muñeco en la línea de tiro, desprevenida y doblemente huérfana, sin caramelos y sin lámpara, aquí estás a la hora que es tu hora pequeña, como todas las cosas que trajimos para montar guardia, vinimos en trineo hasta Great Ormond Street, te alegrará saber que también vino Pedro, extendimos la manta y empuñamos la linterna,

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salimos hace tanto y todavía huele a estupor y sabe a pólvora y no puede amanecer, es de noche también durante el día, el día es la obra maestra de la repetición, somos expertos en la repetición que nos condena a no ser más que esto, estos huesos menudos que no aprenden, que perseveran en sobrevivir de alguna forma, buscamos el desvío y la bifurcación hasta llegar a verte, hasta entender que la única pregunta es cómo hacemos para soportarlo, por qué no hemos montado un Gran Incendio, qué tendría de malo decir no, preferimos no hacerlo, venga a nosotros tu tan frágil reino, Eileen Dunne, fuera del hospital te esperan los ponis y los perros, ellos te lamerán la cabeza vendada y dormirán tendidos a tus pies, jamás entenderemos por qué no entran los perros ni los ponis a los hospitales, en nuestro trineo cabe el que no entra, queríamos hacerte un número en colores, hace siglos que te imaginamos, por eso guardamos chocolates en la lata, de monedas ni hablar, somos tremendos, en el margen se escuchan las plegarias y las mudanzas nacen de las desposesiones, caímos en combate y en todas las trampas, fuimos de cara a todas las tormentas, los animales de tiro se alteraron, fuera de campo era la dirección, ahí estuvimos, ahí estaba Jesús (no el de los ministerios), todos sin crédito hasta Great Ormond Street, hasta el centro inasible de la imagen que nunca está en el centro, Eileen Dunne, tenemos nieve hasta en la garganta, no recordamos cómo era dormir, Shangrila tiene una forma que no está en los mapas, un fondo que es un mapa de su especie, de algún modo te hemos merecido, convocamos de urgencia lo que amamos, muy despacito todo lo que amamos vendrá a absolvernos de lo que lloramos y a emanciparnos de lo que perdimos, la soberanía es un trineo con las cuerdas cortadas, en el sitio del daño habrá una estrella, Eileen Dunne.


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Revista Shangrila nº 25

La supervivencia. Herramientas mínimas

LA SUPERVIVENCIA. HERRAMIENTAS MÍNIMAS

Coordinación: Mariel Manrique

Vimos una niña herida de guerra. Con su muñeco de trapo entre las manos y su venda en la cabeza. Nos propusieron un número sobre el Apocalipsis pero elegimos la supervivencia. Porque nunca recordaremos el final sino el trayecto. ¿Vivimos la tercera guerra mundial, librada en cuotas? ¿Nos infecta la peste del consumo, administrada por vía endovenosa? ¿Se acabó la lucha de clases? ¿Somos nativos o anfibios digitales en un mundo global de pequeños relatos? ¿Se nos murió primero Dios y después la Ideología? Como sea, vámonos. Al margen, al extremo de la pista polar. Para eso Joseph Beuys nos dio un trineo, donde cargamos las herramientas mínimas: una manta de fieltro, una lata de grasa animal, una linterna, todo anudado con tus sogas. Las sogas son tuyas, no hay viaje sin ellas.

Aquí vive Beuys con Amy Winehouse, Beckett y el arte povera, una escultora ignota de diminutas bestias de origami, las fotos de Antoine D’Ágata, los haikus de Taneda, los desharrapados de Aristakisian. Viven las obras que sobrevivieron: poemas de contrabando, mariposas en el exterminio, plegarias que no fueron escuchadas. Perros y ponis que arrastran el trineo, expedicionarios polares, alpinistas perdidos, las huellas y el sombrero de Robert Walser. Viven los sellos inhallables y las manos lentas, el juego como arma de combate. Las trampas y peligros de la modernidad, los postres que se niegan a los pobres, la traición en las crónicas, el nervio que rompe las costuras. Lo que cuesta es vivir. Aquí nos encontramos.

http://textosred.blogspot.com.es

Catábasis : los descensos de la Doncella manca, un antiguo rito de resistencia

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El significado de la Catábasis o Katabasis (del griego κατὰ, “abajo” βαίνω “avance”) es “un descenso de algún tipo, como bajar una ladera, el sol al atardecer, una retirada en una campaña militar, una expedición a los infiernos o un viaje desde el interior hacia la costa.” [fuente Wikipedia]. Podríamos también entender la depresión psicológica dentro del fenómeno de la catábasis, un ir hacia abajo, en que nos sentimos “caer” en la ausencia de toda voluntad personal, y a través de la cual (siempre que se cumpla todo el proceso) adquirimos una nueva perspectiva y una comprensión más profunda sobre nosotras mismas y sobre la vida.

Para acompañar los siete descensos que efectúa nuestra Doncella sin manos, haré un breve, e incompleto, repaso a la mitología cuyos relatos recogen ese movimiento hacia el Gran Abajo, el Hades, el inconcebible mundo, invisible, incognoscible, del que uno o una, si sale, sale transformado. HadesKurDuatGehennaInfierno es el temible lugar al que viajan las almas de los difuntos tras la muerte. Ha ido cambiando de nombre a lo largo de la historia, pero en todas las culturas y épocas su simple mención ha despertado un temor indescriptible. Pero a pesar del miedo atávico que infundían los dominios de la muerte –o precisamente por eso mismo–, los relatos mitológicos, religiosos y literarios de todo el planeta coinciden en presentarnos una larga lista de personajes (héroes, dioses o “simples” mortales) que osaron descender a las profundidades infernales, se enfrentaron a innumerables y terribles peligros y regresaron victoriosos (en su mayoría) al plano terrenal. Este descenso a los infiernos se conoce como catábasis y, para que pueda ser considerado una verdadera catábasis en lugar de una simple muerte, suele estar relacionado con una posterior anábasis, un ascenso o resurrección.

En la mitología griega, tenemos muchos ejemplos de Katabasis en el que el viaje del héroe, del dios o de la diosa, los lleva al inframundo, el mundo del Hades. Por ejemplo, entre los “simples” mortales, tenemos a Orfeo que entra en el inframundo en busca de su esposa Eurídice, con el propósito de traerla de vuelta al mundo de los vivos; o el descenso de Ulises/Odiseo al inframundo, la Nekyia descrita en el libro 11 de la Odisea. También Teseo, Heracles, los Dióscuros, y Eneas, tendrán que viajar al inframundo. En el mundo cristiano, Lázaro y Cristo, descienden a los Infiernos; y en el mundo renacentista, Dante, con la valiosa guía de Virgilio, se adentra él también en el Abajo. Entre los dioses y las diosas,  tal fue el caso de la Innana sumeria, del Marduk babilónico, del Osiris egipcio, del Megistos Kouros cretense, del Adonis sirio, del Attis frigio, de la Perséfone griega, la Koré, hija de Demeter, que fue raptada por el mismísimo Hades, obligada a acompañarlo y a permanecer en el inframundo, del que acabó siendo la Reina, Perséfone, esposa de Hades.

Para profundizar en el tema, os dejo un artículo de Pilar Gonzáles Serrano “Catábasis y resurección”.

Feu clic per accedir a documento4869.pdf

En la literatura, en el arte plástico o en el cine, encontraríamos múltiples relatos o manifestaciones artísticas que, simbólicamente y metafóricamente, escenificaron ese viaje hacia Abajo. Sin duda, la capacidad de relatarlo o de representarlo no sea ajena a la consiguiente anábasis del artista que logra así encontrar el modo de salir, pudiendo contarlo, mostrarlo.

Os invito a compartir tanto vuestros hallazgos en el campo del arte (poemas, relatos, películas, obras teatrales, pinturas, músicas…) como vuestras propias catábasis.

Aquí tenéis un enlace antiguo del blog en el que había recopilado algunos de los textos de la poeta Chantal Maillard en relación al Abajo, a sus propios descensos.

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2010/02/03/un-mapa-fractal-para-nuestros-descensos-1-rastreando-los-poemas-trazos-de-chantal-maillard/

Y el último artículo de nuestra compañera, Mireia Rosich, sobre las Transformaciones invisibles, hablando acerca de las catábasis de nuestra modernidad y del viaje al Abajo de Perséfone.

Mireia Rosich_Transformaciones invisibles

El tambor del corazón, el canto

El tambor del corazón

I

Se dice que toda la creación estuvo acompañada por un sonido o una palabra pronunciada en voz alta, un sonido o una palabra susurrados o pronunciados con el aliento. En los mitos, se considera que el canto procede de una misteriosa fuente que confiere sabiduría a toda la creación, todos los animales y los seres humanos, los árboles, las plantas y cualquier ser que lo escuche. En los cuentos se dice que todo lo que tiene “savia” tiene canto.

El himno de la creación produce un cambio psíquico. […]

El canto es una modalidad especial de lenguaje que permite alcanzar cosas que la voz hablada no podría. Desde tiempos inmemoriales el canto, como el tambor, se ha utilizado para crear una conciencia no ordinaria, un estado de hipnosis o un estado de plegaria. La conciencia de todos los seres humanos y de muchos animales se puede alterar mediante el sonido. Ciertos sonidos, como el goteo de un grifo o el insistente claxon de un automóvil, pueden provocar ansiedad e incluso irritación. Otros sonidos, como el rumor del océano o el aullido del viento entre los árboles, nos pueden llenar de sentimientos satisfactorios. El sonido sordo –como el de unas pisadas– hace que una serpiente experimente una tensión negativa. Pero un suave canto puede hacerla bailar.

La palabra pneuma (aliento) comparte su origen con la palabra psique; ambas se consideran denominación del alma. […]
El canto de la canción y el empleo del corazón como tambor son actos místicos que despiertan unos estratos de la psique no demasiado utilizados ni vistos. El aliento o pneuma que se derrama sobre nosotros abre ciertas puertas y despierta ciertas facultades que de otro modo no serían accesibles.

Clarissa Pinkola Estés. Mujeres que corren con los lobos, El tambor y el canto del corazón.

II

¡Canta! – los temores están allí – agazapados – como duendes hambrientos – al acecho. – Acalla la habladora y ¡canta! – Que no hable – ella – la creadora de objetos – que no hable. – En las palabras creemos. – ¡Que no hable!– Canta. – ¡Canta!

*

Existir es una agitación. Decirlo es producto de esa agitación.

Relajarse. Confiar. Abandonarse.

Desatender la voluntad para que actúe la sabia, la otra conciencia, la que no falla, la que desoímos.

Callar la habladora, la que dice “yo”. Dejar paso a la otra, la Anciana, la que canta. Con ella de la mano, ir. Dejarse Ir. Convertirse en ella.

Chantal Maillard. La mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015

Ingoma Nshya, tambores que curan mujeres en Ruanda

Seguimos trabajando con nuestro cuento de La mujer esqueleto y, entrando ahora en la tarea del tambor y el canto del corazón, este vídeo me pareció un formidable testimonio de la capacidad de revitalización y de re-energetización de las mujeres, de la regeneración de su fuerza física y moral y de su valentía en circunstancias muy adversas… Fueron capaces juntas, tal como sale reflejado en la filmación, de crear “un espacio liberado de los demonios de nuestra vida cotidiana” y, uniéndose en el ritmo, encontraron un espacio de alegría compartida, y una cura… El tambor suena, los cuerpos vibran, comienza el hechizo, disfrutad del espectáculo!

“En un país que estaba completamente dividido, la gente necesitaba espacios para compartir. Y las actividades creativas resuenan más profundamente que cualquier discurso”.

El genocidio también alteró el orden y las jerarquías sociales en Ruanda. Ingoma Nshya, el primer grupo de mujeres tamborileras del país es un ejemplo de ello. Antes de las masacres, los tambores sólo podían ser tocados por algunos hombres, cuidadosamente seleccionados. Hoy en días las mujeres tamborileras de Ingoma están reconocidas internacionalmente, han realizado giras por todo África, Europa y Estados Unidos. Sin embargo, a la vez que un modo de dar recursos a las mujeres participantes, esta idea de Odile Katese que se ha desarrollado en el marco de la Universidad de Butare, es y ha sido sobretodo una forma de terapia colectiva que, a través de la creación y del arte, ha ayudado a la sanación de este grupo de mujeres.

Vídeo perteneciente al Especial http://despuesdelapaz.periodismohumano.com

La mente es la siempre hambrienta. Entrevista con Chantal Maillard

chantalmaillard   La mujer de pie

Entrevista: Esther Peñas. Foto: Ana Cruz Oswaldo


Hay lecturas de las que uno no sale indemne. Lecturas que modifican el ángulo. Que dejan traza. Lecturas después de las cuales uno ya no es (el mismo) para ser (un tanto otro). ‘La mujer de pie’ (Galaxia Guterberg), por ejemplo, un texto que no es poesía, no es ensayo, no es novela. Es una escucha. Una voz que exige interlocutor y que se convierte, en cierto modo, en diálogo intersubjetivo. Es una reflexión sostenida llena de hilos y de husos, que sugiere, apunta, propone, insinúa. Uno no va solo por entre estas páginas hipnóticas, uno se siente acompañado a cada palabra. Su autora, Chantal Maillard (Bruselas, 1951) vuelve a conseguirlo: e-mocionar, con-mover, per-turbar, des-colocar. Ya lo advierte. Ella escribe “para que el agua envenenada pueda beberse”.


“No poder sentarse. Quedar de pie, lo justo. Herido en la base. Cuerpo sin sujeción”. La mujer de pie, ¿qué perspectiva adquiere sobre la vida?
La mujer de pie es alguien que no puede sentarse. Imagine. ¿Lo siente? No puede. Nadie se duele en cuerpo ajeno. Por eso la mujer de pie ha de ser un ejercicio de imaginación: usted es alguien que no puede sentarse. Detrás del visillo que vemos moverse en cualquier ventana puede haber un cuerpo malherido, mutilado, discapacitado o simplemente envejecido. Usted es ese cuerpo. Imagine.

Cuando uno está en el límite, como quien oye/escucha en la primera parte del libro, ¿ese límite distorsiona lo que se oye o, por el contrario, nos aclara y aporta nitidez?
En un capítulo de libro se habla de un fenómeno acústico bastante común, ese sonido agudo que muchos oímos cuando el silencio es grande. Los científicos (a quienes les gusta hablar de “síntomas” porque el síntoma lo es siempre de una enfermedad y a los científicos les gustan las enfermedades) le han dado el nombre de tinnitus. Puede que hubiésemos tenido siempre ese sonido en el oído, dicen, sin que lo oyésemos, hasta que de repente reparamos en él. El caso es que cuando reparamos en él es muy difícil dejar de oírlo. Pues bien, algo parecido ocurre con el discurso mental. Siempre está ahí, no para, pero no nos percatamos de él por la sencilla razón de que nos identificamos con lo que dice, creemos que nosotros somos quien habla. Pero no es así. Y si de repente tomamos distancia y lo oímos, ya está, no podemos dejar de oírlo.
Para situarse en el límite y no perder el equilibrio es preciso haberse distanciado del ruido mental.

“La palabra con la que definimos a una persona no es solo una palabra, sino a la vez el centro y el punto de fuga de un haz de relaciones”. ¿Con qué palabra se encuentra usted más usted, más en síntesis de sí misma?
Si me identificase con una palabra, ¿no entraría en contradicción con lo que cita? No somos, sucedemos. Y si bien una palabra es un punto y todo punto permite una cierta detención, nosotros somos aquello que se fuga, apenas una trayectoria que se modifica al contacto con otras.  El “sí mismo” es una solidificación, un nódulo de repeticiones.

Desembarazarse del ‘yo’. Una preocupación constante en sus escritos pero, ¿es posible observarse desde una conciencia despojada por completo del yo? ¿Sería sano? ¿Acaso una porción del yo no nos permite vivir?
Definamos. Llamemos yo a esas solidificaciones a las que me refería antes: ideologías, creencias, opiniones, sistemas de todo tipo. La araña-mente los construye, los adopta o, por lo general, los hereda. A partir de allí, sigue tejiendo, individual y colectivamente, y reforzando su tela allí donde advierte cualquier desgarro.
¿Que si es sano despojarse del yo? Considere: sin la identificación con el discurso mental, sin esa firme creencia en la individualidad y sus cápsulas diferenciales (personal, familiar, grupal, tribal, racial, humana, etc.) probablemente nos habríamos ahorrado las colonizaciones, las cruzadas, las guerras, la destrucción del ecosistema del que formamos parte, etc… La supervivencia de la propia especie en el reino animal nunca se hizo en detrimento de las demás especies.
La ética -y la política- aplicada empieza por el conocimiento de uno mismo. De lo contrario, seguiremos construyendo sobre aguas residuales. Un sistema ético y político acorde con estos tiempos tendrá en cuenta no las raíces ni los puntos de apoyo sino la complejidad del rizoma que formamos entre todos y su continua transformación, y esto requiere que quienes lo dicten hayan saneado el terreno de la propia conciencia.

“Todo lo que se mueve nos atrae”. ¿Quizás porque la quietud nos evoca la muerte y eso nos aterra?
Quizás. La vida es movimiento, sin duda. Pero a la mente le atrae sobre todo porque necesita alimentarse. Ella es la siempre hambrienta. Si enfoca un punto fijo se inquieta, se pone nerviosa, y termina enfocando cualquier cosa que se mueva.

Cuando uno “se sitúa en la intemperie”, ¿qué gana y qué pierde, respecto de los demás y para consigo mismo?
Situarse a la intemperie significa optar por hablar en primera persona, con la responsabilidad que esto implica. Se gana en honestidad.

¿Cuál es la linde que separa el ‘yo’ del ‘mi’?
El mí es una acumulación de gestos habituales (mentales, físicos, emocionales), pliegues que vuelven a plegarse una y otra vez sobre sí mismos. El yo es la creencia añadida de que detrás o debajo de esa acumulación hay alguien. “Escuchad: no somos”, dice la mujer de pie. “No hay nadie tras los pliegues”.

¿Es posible la disolución de quien escribe en lo escrito?
Permítame responder a esto con el fragmento de un poema de Hilos, pues no sabría explicarlo mejor: “Disolver, alguien dice. Disolver / el mí. –¿Quién disuelve? / Un disolver, tal vez. ¿En el decir? / El decir es el método”.

“El deseo es guía; la creencia, territorio”. ¿Es un binomio que parece exigirse el uno al otro. ¿En qué creer en un mundo sustentado en la apariencia?
¿Hay acaso alguna diferencia entre apariencia y realidad? ¿Podemos percibir el mundo de otra manera que mediante nuestros órganos de percepción y nuestra mente? Real… ¿qué es real? Wittgenstein decía que creemos ver el mundo pero que lo que vemos en realidad no es sino el marco de la ventana por la que miramos. Nada más cierto. A efectos prácticos, saberlo no sirve de nada, pero aún así es importante.

“El abajo no es inconsciente, es simplemente inconmensurable (…) La voz de abajo es el poema.” El abajo, ¿nos conforma de un modo más auténtico que la superficie?
La autenticidad, como la verdad, es un término comparativo. Si no hay falsedad, no hay autenticidad. No creo que esta dicotomía pueda aplicarse aquí. El abajo, la superficie, el antes o el fuera describen estados que resultan de distintas frecuencias vibratorias. La percepción del tiempo es diferente según la mente se aquiete o se acelere. En el abajo el tiempo se dilata, puede llegar a ser infinito. Lo que ocurre allí entonces es incomunicable. Si la voz del abajo es el poema es porque sólo el poema es capaz de aprehender lo inabarcable. La desaparición, por ejemplo.

“No está descrito, dice el científico. No está descrito, luego no ocurre”. ¿Qué lugar ocupa lo sagrado, el presagio, lo incomprensible en nuestra sociedad?
Lo que el sistema no neutraliza, lo margina, sencillamente. O le otorga el carné de inexistencia. Lo que no entiende la mente-araña sistémica es que todo, en este mundo, es absolutamente incomprensible, además de absurdo.

Sin los mitos que le han configurado a través de los siglos, ¿el hombre  moderno tiene futuro?
Parece que el ser humano no puede vivir sin algún mito que le explique los comienzos. Esto no sería un problema si no se equivocase de mito. Hemos elegido aquellos que fomentan la discordia. El futuro que deparan es, obviamente, el presente que estamos viviendo.

¿Qué sucede si uno, como recomienda la última línea del libro –libro como panóptico del sentir-, da un paso hacia las sombras?
Habrá que preguntárselo a la mujer de pie.

 

Vídeo de la presentación de La mujer de pie en La Central de Barcelona

El miércoles 16 de septiembre, Chantal Maillard, acompañada del director de Galaxia Gutenberg, Joan Tarrida, y del filósofo Miguel Morey, presentó su último libro La mujer de pie. Más que asistir a una presentación ad hoc, celebramos un acontecimiento. Sólo remarcaré que fue un placer oír la atinada introducción de Miguel Morey que resultó ser una valiosa guía para acceder a la multidimensionalidad de los planos y capas que configuran este libro inclasificable que es La mujer de pie. Luego quedó vibrar, oscilar, en aquellas brechas y fisuras que la intensa voz de Chantal Maillard iba abriendo, ahuecando, desfondando, cauterizando, modulando adentro y en derredor de todos los ahí presentes… Agradecidos y agradecidas estamos, siempre.

Filmación y edición de nuestra compañera Dulce Rosas.