in La poesía zen de Santôka (70 haikus esenciales). Trad. Vicente Haya y Hiroko Tsuji / Prólogo Chantal Maillard / Centro de ediciones de la Diputación de Málaga, 2002.
Esta exposición tiene como objetivo no solo dar visibilidad al trabajo de Carol Rama, sino también cuestionar los relatos dominantes de la historiografía del arte con un trabajo que obliga a desmantelar narrativas y reformular conceptos. Olvidada tanto por la historiografía hegemónica como por el relato feminista, la obra de Carol Rama, que se extiende a lo largo de siete décadas (1936-2006), constituye un contra-archivo que permite reconstruir los movimientos de vanguardia del siglo XX.
Desde sus primeras acuarelas de los años treinta, Carol Rama inventa una gramática visual propia que contrasta con las representaciones de la sexualidad de la modernidad: el cuerpo femenino –al mismo tiempo mutilado y amenazante, violentado e irreductiblemente deseante–se presenta activo y vital. La paleta carnal del fauvismo le sirve para apoyar una propuesta subversiva: la intensidad de los colores reservados para la vulva o la lengua denotan la resistencia del cuerpo a las fuerzas que lo dominan y a las instituciones que lo subyugan. Estas obras inician una constante en el trabajo de Rama hasta 2006: nos referimos a las cartografías del deseo disidente, los diagramas del inconsciente y de sus estrategias de resistencia a la normalización.
Carol Rama transita por la abstracción en los años cincuenta; se aproxima al informalismo y al espacialismo en los sesenta con la creación de bricolages y de mapas orgánicos hechos de ojos y uñas de taxidermista, de cánulas, signos matemáticos, jeringas y conexiones eléctricas, hasta la composición en los setenta de una imagen-materia fabricada con gomas de neumáticos. Y vuelve, en los últimos años, al uso libre de la forma. Carol Rama inventa el sensurrealismo, el arte visceral-concreto, el porno brut, la abstracción orgánica. Actualmente se la considera una artista imprescindible para entender las mutaciones de la representación en el siglo XX y el trabajo posterior de artistas como Cindy Sherman, Kara Walker, Sue Williams, Kiki Smith y Elly Strik.
Del 31 oct. 2014 al 22 feb. 2015
Comisarias: Teresa Grandas y Paul Beatriz Preciado
Exposición concebida por el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) y el Musée d’art moderne de la Ville de Paris (MAMVP), organizada por el MACBA y coproducida con PARIS MUSÉES / MAMVP, EMMA – Espoo Museum of Modern Art, Irish Museum of Modern Art, Dublín (IMMA) y GAM – Galleria Civica d’Arte Moderna e Contemporanea, Turín.
Unas cuantas lobas fuimos a Caixaforum en estos días abarrotados.
Belleza impactante de las 245 fotografías, técnicamente impecables. Indiscutible belleza. A gran tamaño (no escatimemos en gastos). Abstracción del blanco y negro para transmitir sin distracción. Algunas fotografías casi pinturas. Chinas.
Un viaje por el planeta salvaje. Todavía quedan lugares recónditos, inhóspitos para el turista humano. Es sin duda una de las razones por la que todavía aquellos mundos originales permanecen intactos.
Acercarnos a nuestra naturaleza original, a su intrínseco equilibrio, ésta es la propuesta-intención del fotógrafo. Naturaleza humana dentro del conjunto del mundo natural.
Caminando despacio por la sala, interpelada por estos rostros animales y humanos, intentaba desnudar mi mirada… ¡Difícil ejercicio desnudar la mirada de sus ropajes, desanclarla del esquema de representación sujeto-objeto! Ante tanto empacho de “estética”, no podía sino preguntarme acerca del lugar que yo ocupaba mirándolos mirándome. ¿Cómo, con todos mis ropajes, situarme ante ellos tan desnudos? ¿Acaso es posible, ante tanta espectacular belleza, situarme de otro modo que como simple espectadora?, la mirada inmovilizada, deslumbrada, ¡cegada!, ante una representación al servicio de la estética.
El parentesco más allá de los ropajes, sí, más allá también del ropaje “icónico”. Nuestro parentesco on los seres animales, yo-gorila, yo-búfalo, yo-tortuga-iguana-lemur-ballena-lobo marino-foca-leopardo. Aquel leopardo, aquella foca. El parentesco con los seres minerales, con los seres vegetales, yo-montaña, yo-cráter, yo-desierto, yo-jungla… El parentesco con la bruma y el iceberg. El parentesco con estas personas fuera del tiempo (nuestro), que viven justamente fuera del espacio canónico de la representación en el que (tengo la sensación) el fotógrafo los ubica…
Sí, aquel parentesco que palpita debajo de los ropajes. Para ello es preciso disminuir. Bajar. Tocar tierra. Humus: humano: humilde. La misma procedencia, sí. Optar por cerrar los ojos y palpar lo no visible…
Después del éxito de “Pina”, el documental que filmó Wim Wenders sobre la coreógrafa alemana Pina Bausch, sale ahora La sal de la tierra, en el que el director alemán, junto con Juliano Ribeiro Salgado, rinde un claro homenaje al fotógrafo brasileño Sebastião Salgado.
Fuimos a verlo ayer en el cinema Renoir. Me impactó, me sacudió, me embelesó también. Todavía no puedo pensar sobre él. Salí conmocionada. “La raza de los seres humanos” con todas sus sombras y sus luces. Destrucción y sensibilidad. Horror y belleza. Y el gran ciclo lobuno vida-muerte-vida, girando.
Al cabo de un rato emergió en mi mente-corazón el recuerdo de otro documental, una obra maestra, un fresco poético. Hablo de Koyaanisqatsi, la vertiginosa e hipnótica película de Godfrey Reggio, fotografía de Ron Fricke (que fue también director de Baraka y de Samsara). Aquí sin voz humana, tan solo con el poder de las imágenes y la música minimalista de Philip Glass. Koyaanisqatsi, palabra de los indios hopi que significa “vida fuera del equilibrio”, es la primera parte de la Qatsi trilogy formada por Koyaanisqatsi, vida en desequilibrio (1982), Powaqqatsi, la vida en transformación (1988) y Naqoyqatsi, la vida como guerra (2002). Refleja la colisión entre dos mundos que en la época actual conviven a duras penas: por un lado, la vertiginosa vida de los seres humanos en la sociedad moderna, urbana, occidental, enajenada, con su tecnología, su ciencia, su consumismo, y por otro, el arcaico y milenario mundo natural (del que provenimos no lo olvidemos!) y el medio ambiente de nuestro planeta. El dilemne acuciante de nuestros tiempos. Pueblos y especies extinguidos. Tierra esquilmada. ¿Podemos eludirlo más?
Añado unos enlaces en los que encontraréis una dimensión crítica sobre la película de Wim Wenders lo que permite, tal vez, plantear unas líneas de reflexión en torno al documental de Wim Wenders y al trabajo de Salgado.
Cinco apuntes sobre el poema. Cinco breves ensayos sustanciosos reunidos en la editorial Vaso Roto en su cuidada colección de bolsillo Cardinales, en los que confluyen la hondura del pensamiento de Chantal Maillard y la amplitud de su poética.
¿Qué significa crear? ¿Qué cometido tiene el poema? ¿Qué cometido tienen las artes actualmente? […] ¿Qué necesidad o qué placer satisfacen? ¿Qué se espera de ellas? ¿Qué esperamos del poema?
Este luminoso brevario de revelaciones, intuiciones, reflexiones animalescas, cabe en el bolsillo acompañando (¿acaso guiando?) la travesía, abriendo pasajes y brechas sobre el fuera…
“El fuera es lo común, lo que a todos pertenece, lo animal. El fuera es la inocencia. La de todos. Porque en el fuera no hay yo, no hay alguien.
Un poema es una señal de inocencia.”
Apenas una traza brillante dejada por la baba del caracol, el otro que somos todos bajo las hojas de acanto. El saber no sabido por el mí, sólo adivinado, y en la traza, reconocido.
A saborear como bebe el pájaro: de tanto en tanto levantar la cabeza, entrecerrar los ojos y volver al agua de las palabras. Así lo leído se filtra, nos recuerda Chantal, como el agua en la garganta del pájaro, y se asienta en el entendimiento.
Cuando los lobos fueron reintroducidos en el parque nacional de Yellowstone en los Estados Unidos después de haber estado ausentes casi 70 años, ocurrió una “cascada trófica”. ¿Qué es una cascada trófica?¿Cómo pueden transformar los lobos el curso de un río? George Monbiot nos lo explica en este video.
Aquí tenéis el vídeo con subtítulos en castellano:
Pues en la hora oscura, tal vez la más oscura, en pleno día, ocurrió esa cosa que no quiero siquiera intentar definir. En pleno día era noche, y esa cosa que no quiero todavía definir es una luz tranquila dentro de mí, y la llamaría alegría, alegría mansa. Estoy un poco desorientada como si me hubieran arrancado el corazón, y en lugar de él estuviera ahora la súbita ausencia, una ausencia casi palpable de lo que antes era un órgano bañado de oscuridad, de dolor. No estoy sintiendo nada. Pero es lo contrario del sopor. Es un modo más leve y más silencioso de existir.
Pero también estoy inquieta. Yo estaba organizada para consolarme de la angustia y del dolor. Pero cómo es que me arreglo con esa simple y tranquila alegría. Es que no estoy acostumbrada a no necesitar de mi propio consuelo. La palabra consuelo me llegó sin sentir, y no lo noté, y cuando fui a buscarla, ella se había transformado ya en carne y espíritu, ya no existía más como pensamiento.
Voy entonces a la ventana, está lloviendo mucho. Por hábito estoy buscando en la lluvia lo que en otro momento me serviría de consuelo. Pero no tengo dolor que consolar.
Ah, lo sé. Ahora estoy buscando en la lluvia una alegría tan grande que se torne aguda, y que me ponga en contacto con una agudeza que se parezca a la agudeza del dolor. Pero es una búsqueda inútil. Estoy frente a la ventana y sólo ocurre eso: veo con ojos benéficos la lluvia, y la lluvia me ve de acuerdo conmigo. Ambas estamos ocupadas en fluir. ¿Cuánto durará mi estado? Percibo que, con esta pregunta, estoy palpando mi pulso para sentir dónde está el latir dolorido de antes. Y veo que no está el latido de dolor.
Sólo eso: llueve y estoy mirando la lluvia. Qué simplicidad. Nunca creí que el mundo y yo llegáramos a este punto de acuerdo. La lluvia cae no porque me necesite, y yo la miro no porque necesite de ella. Pero nosotras estamos tan juntas como el agua de lluvia está ligada a la lluvia. Y no estoy agradeciendo nada. Si, después de nacer, no hubiera tomado involuntaria y forzadamente el camino que tomé, yo habría sido siempre lo que realmente estoy siendo: una campesina que está en un campo donde llueve. Sin siquiera dar las gracias a Dios o a la naturaleza. La lluvia tampoco da las gracias. No hay nada que agradecer por haberse transformado en otra. Soy una mujer, soy una persona, soy una atención, soy un cuerpo mirando por la ventana. Del mismo modo, la lluvia no está agradecida por no ser una piedra. Ella es la lluvia. Tal vez sea eso lo que se podría llamar estar vivo. No es más que esto, sólo esto: vivo. Y sólo vivo de una alegría mansa.
“Tanta mansedumbre” in “Silencio”
Traducción: Cristina Peri Rossi