La práctica de lo salvaje. Prólogo de Gary Snyder

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Todos nosotros, especialmente cuando somos jóvenes, nos enfrentamos a preguntas: ¿Quién soy yo? ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué está pasando? Crecí en una pequeña granja en el Noroeste del Pacífico norteamericano, en la Isla de la Tortuga. Las aguas colmadas de salmones del estrecho de Puget estaban cerca, y “lo que estaba pasando” era la implacable deforestación de uno de los más imponentes bosques de todos los tiempos.

La vasta extensión de enormes árboles en el litoral del Pacífico Noroeste era un fenómeno botánico y ecológico de formidables proporciones. Originó, junto con los bosques de secuoya roja algo más al sur, las coníferas más grandes del mundo. A esta expresión maravillosa de los procesos naturales llegaron los euroamericanos, que, de inmediato, devastaron el crecimiento de siglos para transformarlo en las casas de las ciudades cada vez más grandes de la Costa Oeste. Para mí, la pregunta “¿quién soy yo?” estaba ligada a mi pertenencia juvenil a una sociedad en expansión sin conciencia alguna del pasado o del futuro medioambiental. Nuestra granja se encontraba lo bastante cerca de ese mundo original de la naturaleza salvaje como para absorber algunas enseñanzas de primera mano de las lagunas, los bosques y la alta montaña. El valor de esas experiencias se consolidó con mi posterior formación intelectual, y me dediqué al estudio juvenil de la historia humana y natural, con un ojo puesto en reconocer las huellas de la injusticia y la explotación.

A los diecisiete años me hice socio de la Wilderness Society, una organización que todavía lleva a cabo una buena labor, y más tarde me afilié a un club de montañismo llamado Mazamas, con sede en Oregón. Me convertí no solo en montañero y trabajador forestal temporal –incluyendo faenas de leñador–, sino también en un defensor de la naturaleza salvaje. A lo largo de los años he desempeñado mi trabajo en montañas y bosques de todo el Oeste americano, y después en Japón, y un poco en Taiwán y Nepal. Comencé a impartir talleres para pequeños grupos, y clases por toda Norteamérica, enseñando la disciplina, el conocimiento y las destrezas que creía necesarias para apreciar la feroz ordenación de lo salvaje.

Trabajar con personas de lugares remotos de Alaska, o del centro de Manhattan o de Tokio en cuestiones relacionadas con la ecología y las estrategias medioambientales, las especies amenazadas, las culturas primarias y las religiones de Asia oriental es lo que ha dado pie a estos ensayos.

También plantean un enfoque espiritual. Mi propio camino es una suerte de budismo arcaico, que no ha perdido su vínculo con las raíces animistas y chamánicas. El respeto por todos los seres vivos es una parte primordial de esta tradición. He intentado enseñar a otros a meditar y adentrarse en las zonas salvajes de la mente. Como sugiere uno de estos ensayos, incluso el lenguaje puede ser visto como un sistema salvaje.

Un término clave es la práctica, entendida como un esfuerzo sostenido, deliberado y consciente por acompasarnos con mayor sutileza con nosotros mismos y la verdadera condición del mundo existente. El mundo, exceptuando una mínima intervención humana, es en última instancia un lugar salvaje. Es esa la parte de nuestro ser que dirige la respiración y la digestión, y cuando se observa y aprecia es una fuente de lúcida inteligencia. Las enseñanzas del budismo son realmente sobre la práctica y muy poco teóricas, aunque la teoría es tan atrayente que a lo largo de su historia ha provocado una ligera y sugerente desorientación en muchos.

La práctica de lo salvaje propone que nos ocupemos de algo más que de la ética medioambiental, la acción política o un activismo útil e ineludible. Debemos enraizarnos en la oscuridad de nuestro ser más profundo. Una recopilación de ensayos posterior, A place in Space, sugiere que la mayor parte de ese arraigo tiene lugar en comunidades, que existen, lo sepamos o no, en “naciones naturales” conformadas por cadenas de montañas, cursos de ríos, planicies y humedales.

Nada de lo que aquí se dice pretende poner en duda la elegancia, el refinamiento, la belleza o la llamativa complejidad de eso que llamamos civilización, particularmente aquella que prima la cualidad sobre la cantidad y que no es solo una excusa para la piratería global internacional. Me atrae la idea de que la cultura misma tenga un sesgo salvaje. Como manifestó hace años Claude Lévi-Strauss, las artes son el territorio salvaje que sobrevive en la imaginación, como parques nacionales en el interior de las mentes civilizadas. El abandono y el deleite al hacer el amor, tantas veces cantado, es parte de nuestro gozoso carácter salvaje. ¡Sexo y arte por igual! Lo que quizás no vimos con tanta claridad era que la realización personal, e incluso la iluminación, es otro aspecto de nuestra condición salvaje, un vínculo de esa cualidad que hay en nosotros con los procesos (salvajes) del universo.

Mi motivación debe mucho a ser un euroamericano viviendo en el Nuevo Mundo, en un lugar semisalvaje. Considerando el planeta en su conjunto, se observa que los problemas no son muy diferentes en cualquier lugar de la Tierra. El mundo entero tenía buenos bosques y mucha fauna salvaje hasta hace unos cuantos siglos. Las comunidades humanas disfrutaban de un gran espacio, excelente agua y buena tierra. Y sumando o restando unos pocos miles de años, todos hemos estado viviendo en pequeñas comunidades de subsistencia durante la mayor parte de la historia humana. Ese tipo de vida tenía sus inconvenientes, pero hay lecciones y destrezas relativas a esa larga historia que todavía no hemos asumido ni incorporado a nuestras actuales ocupaciones.

Lo salvaje, tantas veces despachado como caótico y brutal por los pensadores civilizados, responde en realidad a un orden imparcial, implacable y hermoso, a la vez que libre. Su expresión, la plenitud de la vida animal y vegetal en el planeta, que incluye las tormentas, los vendavales, las serenas mañanas de primavera y a nosotros mismos, es el mundo real, al que todos pertenecemos. Estoy profundamente agradecido por haber podido recorrer este sendero, estudiando con maestros en Oriente y Occidente, y haber disfrutado de la oportunidad de escribir y expresar mis ideas para todo aquel que ha querido escuchar.

Gary Snyder 25.10.98-12.05.10


Gary SnyderLa práctica de lo salvaje. Trad. Nacho Fernández y José Luis Regojo. Varasek ediciones, 2016

Fotografía de Jim Brandenburg. Timber Wolf (Canis lupus) three running across frozen lake in Minnesota.

https://blogdelesllobes.wordpress.com/2011/05/17/gary-snyder-a-barcelona-primeres-impressions/


La práctica de lo salvaje. Gary Snyder

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Hace tiempo que esperábamos la traducción de este ensayo de Gary Snyder sobre la vida salvaje! Reconoceréis muchos de los temas que abordamos en los talleres. Su aparición en las librerías es ahora inminente! Para hacer boca y compartirlo, me he permitido traducir, humilde y torpemente, algunos fragmentos de la edición francesa, “La pratique sauvage”:


Una palabra clave aquí es la “práctica”, en el sentido de un esfuerzo sostenido, consciente y deliberado para aprender a encontrar un modo de armonización con nosotros mismos y con la verdadera condición del mundo. A fin de cuentas, el mundo, exceptuando una ínfima parte de intervención humana, es un lugar salvaje. Es aquella faceta connatural de nuestro ser humano que guía no sólo la respiración y la digestión sino que es también, cuando sabemos observarla y apreciarla, una fuente de profunda inteligencia. […]

*

Así que, de nuevo, hay que comprender la sutil pero esencial diferencia de sentido que existe entre las palabras naturaleza y salvaje. Decimos que la naturaleza es el objeto de la ciencia. Podemos testar y examinar la naturaleza en sus mínimos detalles, tal como lo hace la microbiología. Lo salvaje, en cambio, no es sujeto ni objeto de estudio; para aproximarnos a él, hay que aceptarlo desde dentro, como una cualidad intrínseca de lo que somos. La naturaleza, en última instancia, no está amenazada: lo salvaje sí lo está. Aun cuando lo salvaje es indestructible, es posible que lo perdamos de vista.

Es entonces cuando se da forma a una cultura del espacio salvaje. La civilización está en la naturaleza: nuestros egos se enraízan en el terreno del inconsciente, la historia tiene lugar en el Holoceno, la cultura humana está enraizada en lo primitivo y el Paleolítico, y nuestras almas están allí fuera en el espacio salvaje.

*

La idea que la cultura esté sostenida por una fuerza salvaje me intriga profundamente. Tal como Claude Lévi-Strauss lo anotó hace ya muchos años, las modalidades artísticas son unas zonas salvajes que sobreviven en el imaginario, como parques naturales en el centro de las mentes civilizadas. El sentimiento de gozo y de abandono que procuran el amoroso acto sexual forma parte de nuestra naturaleza salvaje. ¡El sexo y el arte al lado el uno del otro! ¡Nos lo imaginábamos! En cambio, quizá no habíamos percibido claramente que la realización de uno mismo, incluso el despertar de la conciencia, representa otra dimensión de nuestro ser salvaje mediante la relación que se establece entre lo salvaje en nosotros y la realidad absoluta del universo.

Si consideramos el planeta en su conjunto, nos damos cuenta que los problemas, estemos donde estemos, son más o menos similares. Hace tan sólo algunos siglos, el mundo entero era bastante salvaje, rebosaba de bosques sanos y de animales en libertad. Podemos también reconocer que hace miles de años aún, es decir, durante la mayor parte de la historia humana, todos vivíamos en el seno de pequeñas comunidades caracterizadas por culturas de subsistencia. Existen lecciones y técnicas de este largo pasado que todavía no hemos sabido apreciar en su justo valor o que no hemos integrado en nuestra práctica de vida.

Lo Salvaje, sinónimo en la civilización occidental de salvajismo y de caos, es, de manera imparcial e implacable, fundamentalmente libre en su belleza formal. Y su expresión —la riqueza de la vida vegetal y animal (nosotros incluidos) sobre el planeta, las lluvias torrenciales, los vientos violentos y las tranquilas mañanas de primavera, la curva de un meteoro cruzando la oscuridad— es la auténtica realidad de este mundo al que pertenecemos.

*

Sepamos apreciar la elegancia de las fuerzas que dan forma al mundo y a la vida, las que modelan las líneas de nuestros cuerpos, nuestras uñas y nuestros dientes, nuestras cejas, nuestros pezones. Procuremos también comportarnos de la manera menos nociva posible, no sólo con nuestros hermanos humanos, sino también con todos los seres vivos. Seamos abiertos y generosos, procuremos no explotar a nadie. Hay suficiente sufrimiento en el mundo tal y como está.

*

«Salvaje y libre». […] Mi intención aquí es contemplar la palabra salvaje en todos sus aspectos, y estudiar los lazos que teje con la idea de libertad, poniendo de relieve el profundo alcance de este vínculo. Para ser verdaderamente libre, hemos de aceptar nuestra condición tal como es en sí misma, dolorosa, efímera, abierta, imperfecta, y sentir agradecimiento por esta no-permanencia y la libertad que nos ofrece. Pues, en un universo fijo y estable no existiría libertad. Es esta libertad la que nos permite mejorar el hábitat, educar a nuestros hijos y cazar a los tiranos. El mundo es natural e inevitablemente salvaje a largo plazo, porque lo salvaje, que es la esencia y el proceso mismo de la naturaleza, es el principio de orden en el corazón de la no-permanencia.

Aunque el término naturaleza no sea en sí mismo amenazador, la idea de “salvaje” a menudo viene acompañada, en las sociedades civilizadas (tanto en Europa como en Asia), de las nociones de desorden, indisciplina y violencia. El término chino para naturaleza, zi-ran (shizen en japonés), significa “la talidad”. […] La idea según la cual la sabiduría pueda surgir de lo no-civilizado tan sólo se llega a concebir en los primeros taoístas.

Thoreau decía: «Busco un estado natural, salvaje, que ninguna civilización sabría sostener». Esto no es algo difícil. Lo que resulta mucho más dificultoso es concebir una civilización que un estado natural, salvaje, lograría sostener y, sin embargo, esa es la meta a alcanzar. El entorno salvaje no es sólo la “condición de existencia del mundo”, es el mundo. Hace mucho tiempo que las civilizaciones, tanto en el Este como en el Oeste, entraron en colisión con la naturaleza salvaje, y hoy en día, son en su mayoría los países desarrollados los que, por su poder absurdo, destruyen no sólo individuos sino también especies enteras, mecanismos enteros, hasta la Tierra incluso. Necesitamos una civilización que sepa desplegarse plenamente y en armonía con el espacio natural.

*

Nuestros cuerpos son salvajes. El repentino movimiento de la cabeza en respuesta a un grito, la sensación de vértigo frente al precipicio, la garganta anudada ante un momento de peligro, el aliento cortado, los momentos de calma cuando nos relajamos, la mirada fija cuando reflexionamos: todas son respuestas universales de nuestros cuerpos de mamíferos. Podemos observarlas en cualquier entorno. El cuerpo no necesita intervención alguna del intelecto consciente para respirar, o para mantener las pulsaciones cardíacas. Se regula perfectamente él solo, él es su propia vida.[…]

Las profundidades de la mente, el inconsciente, son nuestras propias extensiones salvajes; de hecho, en este mismo instante, un lobo habita en ellas, no un lobo connatural a la psique de cada uno, sino aquel lobo que aparece en nuestros sueños. El ego consciente y planificador ocupa una porción ínfima del territorio, apenas una pequeña garita cerca de la puerta, vigilando las entradas y las salidas (tramando de vez en cuando complots expansionistas); todo lo demás cuida de sí mismo. El cuerpo en cierto modo está en la mente. Ambos son salvajes. […] Sería falso creer que los seres humanos se han vuelto “más inteligentes” en un momento dado, inventando primero el lenguaje, y luego la sociedad. El lenguaje y la cultura surgen de nuestra existencia natural social y biológica… El lenguaje es un sistema del cuerpo-mente que evolucionó al mismo tiempo que nuestro sistema nervioso y nuestras necesidades. Del mismo modo que la imaginación, el lenguaje se despliega sin ser solicitado. Su complejidad escapa a nuestras capacidades intelectuales y racionales. […]

*

Toda tierra, sin importar su grado de explotación y de devastación, alcanzará un punto de equilibrio entre productividad y estabilidad biológica en cuanto esté abandonada a sí misma (“zi-ran“, la talidad). Una forma de agricultura posindustrial que fuera a la vez una “vía primitiva y del porvenir” plantea la siguiente pregunta: ¿No habría un modo de ir en el sentido de la naturaleza en lugar de ir en su contra?
*

En el taoísmo chino primitivo, “formarse” no significaba eliminar de sí mismo todo elemento salvaje, sino desembarazarse de todo condicionamiento arbitrario e ilusorio. Tchuang Tse parece decir que todos los valores sociales son artificiales y al servicio del ego.

*

No nos precipitemos en sacralizar de nuevo todas las cosas. Seamos pacientes, hay que dar mucho tiempo a la tierra para que esté en condiciones de poder hablar de nuevo, sea a nuestra generación o a las del futuro. El grito de un pájaro carpintero, el curioso chirrido apresurado de una ardilla gris, el sonido seco de las bellotas que caen sobre el tejado de la granja son otras tantas señales…

*

Cada sistema ecológico es un mandala diferente, una retícula imaginaria única. De nuevo, viene a mi mente el término ainu “iworu”, el campo de los seres. […] Ya es hora de imaginar y visualizar la disposición (l’agencement) de las jerarquías y de las redes de la realidad no-dualista. La teoría de los sistemas nos proporciona ecuaciones pero pocas metáforas. En el “Sutra de las montañas y de los ríos“, leemos: “No es sólo que hay agua en el mundo, sino que, más bien, hay todo un mundo en el agua. Y esto no sucede sólo con el agua. En las nubes, en el viento, en el fuego, en la tierra también hay todo un mundo de seres sensibles […], incluso en una brizna de hierba.”

*

Los relatos son una de las trazas que dejamos en el mundo. Todas nuestras literaturas son residuos, son del mismo orden que los mitos de los pueblos del espacio salvaje que no dejan tras sí más que historias y algunas herramientas de piedra.

Continuará…

Fragmentos extraidos del libro “The practice of the Wild“, de Gary Snyder, North Point Press, San Francisco, 1990.
Versión castellana de Muriel Chazalon a partir de la traducción francesa, “La pratique sauvage” , Éditions du Rocher, 1999. Mi agradecimiento a Susanna por revisar la traducción.

Próximamente en las librerías, Gary Snyder. La práctica de lo salvaje. Trad. Nacho Fernández R. y José Luis Regojo. Varasek Ediciones, 2016

Virginia Woolf. I need… animal existence


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El 25 de enero de 1882, nacía Virginia Woolf, novelista, ensayista, editora, escritora de cuentos y cartas y feminista británica conocida entre otras por su obra “Una habitación propia” donde reivindicaba el papel de las mujeres escritoras.

Recopilación de artículos, documentales y podcasts sobre su figura:

http://docugenero.blogspot.com.es/20…/…/un-dia-como-hoy.html

Artículo de Carmen G. de la cueva en Lecturas sumergidas:

La veinteañera que fue Virginia Woolf


 

La princesa Mononoke. Hayao Miyazaki

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La princesa Mononoke (1997) es un canto visual a la naturaleza en la que el director japonés Hayao Miyazaki (“El viaje de Chihiro” y “El increíble castillo vagabundo”) reflexiona sobre la difícil convivencia entre el hombre y la naturaleza. Pero este sobrecogedor film de animación no es un cuento simple centrado en el bien y el mal, sino la compleja historia de cómo los seres humanos, animales del bosque y dioses de la naturaleza luchan por su participación en el nuevo orden emergente

mononoke-2La película está ambientada en el periodo Muromachi (1336-1573). Para proteger a su pueblo, el príncipe guerrero Ashitaka opta por matar a un espíritu del bosque, un dios jabalí que está maldito, pero uno de los tentáculos de la bestia antes de morir le alcanza un brazo y extiende por éste una maldición que hace peligrar su vida. Su única esperanza es viajar hacia el oeste en busca de respuestas, allí donde vive el espíritu del bosque, Shishi Gami, una antigua deidad, translúcida y multiforme, ajena al devenir y al tiempo de los hombres. En su camino, llega a la ciudad de Tatara Ba, liderada por la guerrera Eboshi-sama, una fortaleza en la montaña que se dedica a la fundición de hierro para la fabricación de armas, provocando la tala de los bosques y la destrucción del entorno. Allí, nuestro joven protagonista se verá envuelto en una cruel batalla que enfrenta a mononoke_bosquelos habitantes de dicha ciudad y los clanes de lobos y jabalíes entre sí, estos últimos movidos por el odio y el recelo que tienen a los humanos por sus repetidos ataques al bosque y sus seres. Las criaturas del bosque están encabezados por San, la princesa Mononoke (que significa “espíritu vengador”), una princesa guerrera que fue criada por los lobos en las montañas, y que asocio en mi mente con nuestra Mujer salvaje y, a su vez, con su hermana especular, Hainuwele –uno de los alter ego de la poeta Chantal Maillard– enamorada del Señor de los bosques…

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Estas pequeñas criaturas de cabeza giratoria son llamadas Kodama que en japonés significa “eco”; al estar escrito en Katakana, también puede traducirse por “bolita” o “pequeño espíritu”.

 

 

 

 

https://es.wikipedia.org/wiki/La_princesa_Mononoke

http://www.filmaffinity.com/es/film890814.html

Banda sonora de Joe Hisaishi [extracto]: 

 

 

I am wolf

Ode to Magnificence. Louise du Toit

I AM WOLF. I am the true spirit of nature, a perfect creation, walking beside you, guiding your senses to see the invisible. […] My true destination will only become visible when humans discard their imaginary fear, false legends, phantasmal myths, to seek the truth. Louise du Toit

Music, text and vocal performance by Louise du Toit in Greece, 2012. Video created and produced by Louise du Toit. This video was made as a contribution to the salvation of wolves, for nonprofit educational purposes, without any intention of commercial advantage or private financial gain. There is no intention of copyright infringement either.

 

Obitateli [Los habitantes]. Artavazd Pelechian

Los Habitantes (Obibateli), 1970, film de Artavazd Pelechian, filmado en blanco y negro, en 35 mm, 10 mn – Imagen : Evgueni Anissimov – Montage : L. Volkova – Sonido : V. Kharlamenko – Música : V. Ouslimenkov – Producción : Bieloruss Film.

Artavazd Pelechian nace el 22 de febrero de 1938 en Armenia. Es un cineasta documentalista experimental que filma en Rusia y en Armenia. Su filmografía incluye una docena de películas y cortometrajes documentales, la mayoría realizadas en 35 mm, entre 1963 y 1993. Sus films, mediante un minucioso montaje y un intenso trabajo sobre imagen y sonido, buscan capturar, según sus palabras, “el cardiograma emocional y social de su tiempo”. El deseo de Pelechian que los espectadores “escuchen” sus imágenes y “vean” sus sonidos hace que sus películas sean capaces de albergar “imágenes ausentes”. El cineasta armenio precisa: “Una imagen puede estar ausente pero presente a través de su aura. Nadie ha hecho todavía una película con imágenes ausentes. Es lo que intento hacer en mis películas: hacer que ciertas imágenes que no están presentes, se vuelvan visibles para el espectador.

En Los Habitantes explora la relación del ser humano con la naturaleza y el mundo animal. Trata de las agresiones perpetradas por el hombre contra la naturaleza, y de la amenaza que conlleva la destrucción de la armonía natural. Lleno de imágenes de estampidas y migraciones masivas, el film nos muestra en su mayor parte a animales salvajes presos del pánico ante una amenaza. Una representación del caos a través de fugas apocalípticas de manadas de animales, aterrorizados, cuyas miradas a la cámara parecen en ciertos momentos llamadas desesperadas. La estampida encuentra el contrapunto con el vuelo apaciguado de los pájaros escapando a la tierra y a los hombres que la colonizan al ruido de sus fusiles. “Mucha gente se sintió ofendida por Nosotros (Menq, 1969*), dice Artavazd Pelechian. Después de aquello estaba muy decepcionado con la humanidad y decidí hacer un film sobre animales. Los animales no se ofenden y al mismo tiempo, centrándome en ellos, podía decir las mismas cosas que había estado diciendo hasta ahora sobre los seres humanos.”

*Menk ou my (“Nosotros”, Armenia, 1969, 24 min)
Film realizado a partir de las imágenes de los Archivos Centrales de Estado y de Estudio de films documentales de Erevan. Poema cinematográfico que representa al pueblo armenio dentro de la especificidad de su historia del genocidio y la repatriación. Este film ganó el gran premio del festival de Oberhausen en 1970.

Página oficial de Artavazd Pelechian (en francés): http://www.artavazd-pelechian.net

https://en.wikipedia.org/wiki/Artavazd_Peleshyan

Obitateli/Los habitantes: https://vimeo.com/118341817

Menk/Nosotros: https://youtu.be/56jkNK7vUNk


 

Au hasard, Balthazar. Robert Bresson

Última escena de la película Au hasard, Balthazar (Al azar de Baltasar), del cineasta francés Robert Bresson. Música: Franz Schubert. Fotografía Ghislain Cloquet. Coproducción Francia-Suecia, 1966. Reparto: Anne WiazemskyWalter GreenFrançois LefargePhilippe AsselinNathalie JoyautJean-Claude GuilbertPierre Klossowski

Sinopsis: La vida del burro Baltasar, sumergido en los dramas humanos. Testigo mudo de la vida de los hombres, Baltasar va pasando de mano en mano; vive sus primeros años rodeado de la alegría y los juegos de los niños hasta llegar a la edad adulta, en que es utilizado como una bestia de carga y maltratado por sus diferentes amos. “Querría que el burro atraviese la vida de varios grupos humanos que representan los vicios de la humanidad…”, decía Bresson acerca de su película.

https://es.wikipedia.org/wiki/Al_azar_de_Baltasar

http://www.elestadomental.com/diario/robert-bresson-1901-1999

Banda sonora: Franz Schubert D 959, Piano sonata nº20 in A 2 Andantino:

 

Ánima. Wajdi Mouawad

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Los humanos están solos. A pesar de la lluvia, a pesar de los animales, a pesar de los ríos y de los árboles y del cielo, a pesar del fuego. Los humanos se quedan en el umbral. Han recibido el don de la verticalidad y, sin embargo, se pasan la vida encorvados por un peso invisible. Algo les aplasta. Llueve: y se ponen a correr. Esperan la llegada de los dioses y, sin embargo, no ven los ojos de los bestias que los miran. No oyen cómo los escucha nuestro silencio. Encerrados en su razón, la mayoría no conseguirá nunca franquear la sinrazón, o lo hará al precio de una iluminación que los dejará locos y exsangües. Lo que tienen entre manos los absorbe y, cuando las manos están vacías, se les llevan a la cara y lloran. Los humanos son así.

Wajdi Mouawad. Ánima. Destino, 2014

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Wajdi Mouawad (Beirut, Líbano, 16 de octubre de 1968) es un escritor, actor y dramaturgo de nacionalidad canadiense, nacido en el seno de una familia cristiano-maronita. Sus padres huyeron de Líbano a París, en 1977 a causa de los conflictos civiles que asolaron el país hasta los años noventa del siglo XX. Cinco años más tarde, en 1983, se establecieron en Quebec. Es diplomado por la Escuela Nacional de Teatro de Canadá. De 2000 a 2004, dirige el Teatro de Quat’Sous de Montreal y en 2005, funda las compañías de creación “Au carré de l’hypoténuse”, en Francia, y “Abé carré cé carré” en Montreal con Emmanuel Schwartz. Alcanzó renombre internacional tras el éxito de su tetralogía Le sang des promesses (ForêtsLittoral, Incendies, Ciels), escrita y dirigida por él.

http://lilvia.blogspot.com.es/2014/06/anima-de-wajdi-mouawad.html

http://www.devoradoradelibros.com/2014/07/anima-wajdi-mouawad.html


 

Silenciar los pensamientos. Ladrar

Dos amigos buscan el sentido de la vida planteándose sus límites y el absurdo que representa la muerte. Un diálogo entre el hombre y el animal. El uno razona y el otro se limita a existir. Dos caminos diferentes con un mismo horizonte.

Cortometraje ganador del premio FI-CAT 48h en la edición del 2015.

Una obra de Germán Narcís i Roman Aixendri amb la col·laboració de Laura Álvarez.

http://www.facebook.com/231126473607763

 

El coyote. Joseph Beuys

BEUYS and Coyote


Mayo de 1974, un artista alemán se niega a pisar suelo americano y es trasladado en ambulancia desde el aeropuerto de Nueva York hasta la galería donde pasaría tres días encerrado junto a un coyote.

Me gusta América y a América le gusto, es el irónico título de esta performance y la más célebre obra del polifacético Joseph Beuys.

Una vez llegado a la galería, ambientó la habitación como un desierto y él se envolvió en fieltro y grasa. Cada elemento del escenario es un símbolo en sí:

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  • El fieltro y la grasa son los materiales con los que los tártaros curaron a Beuys tras un accidente de avioneta en Crimea y que aparece continuamente en su obra. El padre del movimiento Fluxus, creyó haber resucitado y quiso que su vida y su arte también lo hicieran. Su intención a partir de entonces fue sanar al ser humano a través del arte, el sería el sanador, el chamán.
  • El coyote, animal sagrado para los indios norteamericanos. Dios entre lo espiritual y lo material.
  • El Walt Street Journal que fueron recibiendo durante estos días, símbolo del capitalismo y hegemonía estadounidense.

Pero, ¿qué pretendía Beuys con esto?  Es una dura crítica al daño causado por el hombre blanco a los nativos americanos y a su cultura. A través de esta acción, quiere curar a América del trauma causado por el conflicto con los indios. Reconciliacion entre cultura y naturaleza.

La mente del artista es identificar arte con vida, y utilizarlo como un motor de evolución hacia la solidaridad, la convivencia y el respeto. Joseph Beuys es considerado uno de los grandes artistas del s.XX que quiso utilizar su obra como llamada a la reflexión frente a los problemas de su tiempo.

http://queaprendemoshoy.com/el-arte-reivindicativo-del-s-xx-joseph-beuys-y-el-coyote/


¿Por qué trabajo con animales? Para expresar poderes invisibles. Uno puede aclarar esas energías si se penetra en un reino que la gente ha olvidado y donde sobreviven grandes poderes con la forma de grandes personalidades. Joseph Beuys


El espíritu del coyote es tan poderoso

que el ser humano no puede entender lo que es

y lo que puede llegar a hacer en el futuro por la humanidad.

Joseph Beuys

Beuys hace su primer viaje a Estados Unidos en 1974, tras rechazar previamente algunas invitaciones, con motivo de la actividad bélica en Viet Nam. Esta ausencia voluntaria a lo largo de los años, a medida que su reconocimiento internacional se acrecentaba, es expresión de la sensibilidad política del artista, y de la percepción que él tenia de su rol de sanador, responsable de curar las heridas de los territorios causadas por el mismo belicismo que continuaba devastando el planeta, los territorios y las vidas. Dentro de las propias fronteras norteamericanas, numerosos movimientos sociales y artísticos alzaban sus voces en disconformidad con la destructiva actitud gubernamental.

Entre los días 23 y 25 de mayo de 1974, Joseph Beuys, ya en su segunda aparición norteamericana, realizó ‘I like America and America likes me‘. La complicada relación del autor con el suelo estadounidense se plasma de manera simbólica y contundente en esta, su acción más extensa, en la cual Beuys es envuelto en fieltro en el aeropuerto mismo de la ciudad, y trasladado en una ambulancia hasta la galería, donde comparte un recinto cercado con un coyote por tres días. Tras este plazo, es devuelto al aeropuerto, de nuevo envuelto en fieltro. Su único contacto con el país ha ocurrido en la galería, en forma de su relación constante con el animal, y algunas interacciones con la audiencia.


A través de esta performance, Beuys pretendía, como en muchas otras de sus obras, ejercer una sanación a través de la energía irradiada en la acción. En este caso, las heridas eran simultáneamente las de la América nativa, invisibilizada y despreciada tras la conquista, y las que separaban a Europa y Estados Unidos en el presente, tras los traumas de guerras y los causados por la lógica capitalista dominante.


El coyote presente en esta obra se llamaba Little John, y era originario de Nueva Jersey. A lo largo de los tres días, Little John miro por la ventana, durmió alternativamente en su lecho de paja y las montañas de fieltro de Beuys, jugó con las mantas que lo envolvían, orinó sobre las copias del Wall Street Journal que éste había encargado, y se acostumbró gradualmente a la presencia del humano, y aunque se negó a ser levantado en andas, demostró una curiosa tranquilidad y templanza frente a su compañero.


El coyote es un animal autóctono americano, cuya existencia precede la de los Estados Unidos como tales. Al igual que la liebre, su vida material y su simbología son presencias que datan de tiempos inmemoriales. Los nativos americanos veían en el coyote la encarnación de arquetipos tales como el ‘trickster’, o ‘pícaro divino’, con el cual Beuys siente una peculiar afinidad, resaltada por Mark Rosenthal en su texto ‘Joseph Beuys: escenificación de la escultura’. El propio nombre del animal deriva del vocablo náhuatl ‘coyotl’, que significa justamente ‘trickster’, embustero, el que juega tretas. Si bien el coyote es venerado por numerosas tribus como una encarnación de lo divino, no es un elemento cultural solemne, sino que sus enseñanzas se imparten a través de métodos velados y complejos que involucran humor, curiosidad y sobre todo flexibilidad. Hay historias y leyendas de distintas culturas precolombinas en las que se ve antropomorfizado y convertido en ‘Coyote’, con mayúscula, y generalmente juega algún rol en narrativas sobre la creación del universo: trae la humanidad a la existencia, pero también a la muerte. Es visto como un agente de cambio, cuya aparición implica caos, o una mutación en el orden. En la mayoría de estas historias, se habla de un tiempo o dimensión ancestral, en el cual los animales y los humanos eran iguales, y podían comunicarse en una lengua universal. El coyote actúa de acuerdo a la necesidad de las historias, puede ser un personaje inteligente, un tramposo, un cobarde, un bromista, pero es, a la larga, lo que necesita ser para cumplir su rol y enseñar lecciones. Estas concepciones tienen amplios paralelismos con los roles que Beuys anhela para sí.

En el reconocimiento hecho al coyote, Beuys reconoce a las tribus nativas de América y sus creencias, buscando enmendar los daños causados por la europeización del territorio. Pero también hay un proceso de sanación y asimilación personales del artista presente en la performance: la liebre se encuentra con el coyote, el hombre-liebre con sus heridas a cuestas abandona el territorio conocido y se sumerge en la existencia del coyote-trickster originario, creador de universos, maestro y guía espiritual tribal y aprende de él a recorrer el camino secreto entre la vida y la muerte. El Beuys que le enseña a la liebre muerta el sentido del arte no es el mismo que se presenta sin máscaras ante el coyote vivo. Se enfrenta al coyote armado de sus elementos performáticos, el bastón, el fieltro y el triángulo, pero no en un rol de amo ni maestro sino en busca de conexión; el objetivo es convivir con él, no tenerlo como medio.

Las elecciones de animales que hace Beuys en su obra tienen que ver con las elecciones identitarias que hace para sí, y pasar de la liebre al coyote, de la muerte a la vida, de la presa al depredador, habla de la evolución de su auto percepción y el cambio en los roles que elige representar en sus performances y su vida artística. Uno de los grandes dones del coyote es su enorme capacidad de adaptación y supervivencia: siendo un depredador natural, es considerado un peligro para el ganado, y se enfrenta desde principios del siglo 20 a una campaña de aniquilación apoyada por el estado estadounidense, que los considera una ‘peste’: millones de coyotes mueren a través de las décadas, por infinidad de métodos más o menos crueles. Y aun así, la especie sobrevive, y coexiste con los humanos en todo el territorio, siendo de las pocas que de hecho aumentan en número con el tiempo. Sobrevivir y prosperar a pesar de la hostilidad de la sociedad es algo con lo que Beuys puede identificarse.

El coyote vivo posee la calidez que la liebre muerta ha perdido, y tal vez allí se halle también codificada parte del mensaje de esta obra: la calidez necesaria para generar cambios, derretir, ablandar, sanar, proviene en este caso de la energía interna que irradia el ser viviente. Y la irradiación, el aura, la presencia, son todos sellos de la presencia de Beuys en el mundo del arte.

Culturalmente irreemplazable, el coyote es definido por Mark Twain, un clásico autor estadounidense, como ‘una alegoría viviente y respirante del Deseo, siempre hambriento’. El cánido da nombre a canciones, vehículos, novelas, comics y películas. En 1948 aparece dibujado junto al Correcaminos, y refuerzan la dinámica dual encarnando simbólicamente Lo Inalcanzable y El Deseo, de manera cómica y llamativa. Cuando Beuys se acerca al coyote, la acción ritual y simbólica de la convivencia y el respeto mutuo tiene como intención recuperar la visión optimista y didáctica para una América que pueda encarar el futuro dejando de lado cierta seriedad materialista y capitalista. Recuperar el origen para sanar el futuro, con el eterno coyote como guía para América, y para el propio Beuys.

Mora Vitali


Aquí el artículo completo de Mora Vitali: Joseph Beuys: de liebre a coyote: http://proa.org/documents/9-Mora-Vitali.pdf

https://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Beuys