El baile de Venus delante del disco solar

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Esta madrugada, entre las 0:09 y las 6:50 en horario oficial penínsular, el planeta Venus pasó delante del Sol… Desde Catalunya fue visible, a pesar de algunas nubes, entre las 6:38 y las 6:56 de la mañana.

En la foto, el diminuto punto oscuro atravesando el gigantesco disco solar es Venus! Pura hermosura!!!

Este fenómeno, que dura unas seis horas, es poco frecuente y no tiene una periodicidad fija. De promedio, ocurre un par de veces cada siglo, aunque durante el siglo XX no ocurrió ni una sola vez. En este siglo XXI, en cambio, se produce dos veces: el pasado 8 de junio de 2004 y este 6 de junio 2012.

Este fenómeno no volverá a verse hasta el año 2117! Disfrutadlo!!!

 

http://noticias.es.msn.com/entorno/impresionantes-im%C3%A1genes-del-tr%C3%A1nsito-del-venus-por-delante-del-sol#image=1

http://www.fayerwayer.com/2012/06/asi-desfilo-venus-entre-la-tierra-y-el-sol/

http://informa.astrosabadell.org/

Reescribiendo el final del cuento de la Vendedora de fósforos

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La propuesta hecha a las mujeres de los grupos de lectura fue re-escribir el final del cuento de La Vendedora de fósforos. El propósito del ejercicio era aplicar los recursos de los que disponemos para eludir la trampa mortal de la fantasía evitando, de este modo, la congelación de nuestras posibilidades creativas ante una situación crítica que nos pide una acción contundente en lugar de una evasión fácil y anestesiante.

Aquí teneís una muestra de la desbordante creatividad y vitalidad de algunas las participantes…!

*

Un soplo de aire gélido, apagó la cerilla.

“Me quedé quieta en la oscuridad, como hipnotizada, viendo cómo humeaba la cabeza carbonizada del fósforo. Oí uno de los sonidos del bosque, un aullido, y levanté la mirada. Mil luces brillaron más allá de los tejados, como si todas aquellas cerillas hubieran seguido habitando otros mundos. Helada de frío, me levanté. Creo que quería acercarme más a las estrellas.”

Una luna finita, sonriente, se asomó entre los edificios del callejón. La niña se giró. No buscaba ya la salida del callejón, hacia las calles atestadas de gente que paseaban sus vidas. Guiada por las estrellas, comenzó a caminar en dirección contraria, hacia la zona más oscura. Al fondo del estrecho pasaje, se encontró una puerta desvencijada. Casi sin saber qué hacía, se coló dentro. Caminó a tientas hasta llegar a una enorme sala. La luz de neón se colaba por los ventanales sobre cascadas de libros que se extendían por las paredes. Escaleras que subían y bajaban, escritorios, un diván, una mesita. Una vela. Volvió a sacar su cajita de fósforos, y prendió uno, y con una llama se desplegaron dos, la de la vela encendida, y la de la cerilla, que poco a poco se apagó. Durante un rato, envolvió la llama con sus manitas heladas. Acurrucada en el diván, durmió, envuelta en luz de fuego y estrellas.

El sol le despertó. Se dio cuenta de que estaba en una gran biblioteca. Las telarañas decoraban los rincones y parecía que nadie había entrado allá hacía mucho, mucho tiempo. Volvió a buscar la salida hacia la calle, ¡tenía hambre! Era temprano y las calles nevadas y enceguecedoras estaban casi vacías. Vio la silueta de una mujer muy muy viejecita. Parecía que tuviera mil años. La siguió un poco temerosa, tenía ganas de volver corriendo a su refugio de libros. La vio acercarse pausadamente a la pastelería cuyos escaparates la habían deslumbrado el día anterior, ahora con la persiana cerrada. Junto a ella, había unas cajas. La archianciana extrajo de una de ellas varios panes y bizcochos. Metiéndolos en su cesta, continuó su camino. La niña esperó a que la mujer desapareciera. Se acercó a la puerta de la pastelería, e incrédula, se asomó a una de las bolsas. Estaba llena de pan y algunos pastelitos con aspecto delicioso. La cogió y corrió de nuevo hacia el callejón, hacia los pasajes y la sala llena de libros. Comió con avidez y se puso a caminar por las distintas estancias del lugar.

En una sala pequeña, había una chimenea, y junto a ella, leña apilada cuidadosamente. Sacó su inseparable cajita de fósforos, y trató de encender el fuego. Necesitaba papel. Volvió a la sala de los libros y hojeó unos cuantos. Encontró algunos libros de cuentos, que le capturaron inmediatamente. Se los puso bajo el brazo y siguió buscando. También encontró algunos libros repletos de fórmulas incomprensibles, que le servirían para prender la leña. El fuego comenzó a tomar forma. Parecía que le hablaba, con su crujido de maderas y el chisporroteo de las llamas. Sentada en una mecedora llena de cojines, junto a las llamas, se puso a leer. El patito feo. Barbazul. Las zapatillas rojas…

“Me dejé abrazar por los cuentos, que se enredaban con mis sueños, mientras la luz de las estrellas crepitaba en la chimenea. Dejé que transcurriera el invierno, saliendo sólo al alba, cuando las calles estaban vacías, en busca de alimentos. Un día, cuando el sol logró derretir el último cristal de escarcha, me asomé a la calle a esa hora en que toda la ciudad vibraba llena de transeúntes. Despacito, bañada por la luz del sol, me encaminé a la plaza. Me senté junto a la fuente, entonando una cancioncilla que alguna vez había escuchado, quizá dentro de mí. Unas niñas se acercaron curiosas. – ¿Eres nueva? – preguntaron. Me dio como risa. Y comencé a contarles un cuento.”

Y la brisa movió las aguas de la fuente, donde el sol se reflejó en mil fragmentos. (Irantzu P.) 

*

La venedora de mistos no tenia pares. Estava sola i sols tenia una caixa de mistos per encendre. No era valora’t el que posseïa i tornava del bosc plorant. Es va posar a ploure i aquesta aigua serena, la va amansir i consolar. Va aixecar el cap i va mirar més enllà dels seus peus. Últimament havia tingut fantasies que apuntaven a tenir una casa, a tenir escalfor, a tenir menjar… Estava cansada de tanta precarietat. Ella sola podia moure poc, però va observar nens i nenes que també com ella necessitaven protegir-se del fred, de la nit, de l’hivern. Va quedar-se pensant en el que havia observat fan molts animals com les formigues, les abelles… Seria bo d’ajuntar-se i així poder sumar les forces, ells eren petits i no en tenien molta, però junts podien recollir llenya, construir una cabana, fer una llar de foc, fer foc per a que els escalfes. Podien distribuir les feines i així cuidar-se d’alimentar el foc, fer el menjar, recollir fruits del bosc, construir eines. Només calia creure en el que va pensar i buscar a altres que també hi estesin interessats. La noia es va posar en acció i així va poder resguardar-se junt amb altres. Una vegada van aconseguir cobrir les primeres necessitats, cadascú va seguir buscant. Encara ara sé la veu pel bosc, cercant idees i compartint al vespre a la calor del foc. (Nuria P.) 

*

Un fuerte dolor la despertó sacándola del estado de ensoñación en el que se encontraba. Se dio cuenta que estaba tirada en la calle en medio de la oscuridad a punto de morirse de frío y encendiendo una cerilla tras otra de forma impulsiva. Por suerte para ella una de esas cerillas le quemó la punta de los dedos y el dolor la hizo reaccionar. Con esfuerzo se puso en pie y empezó a dar pequeños saltitos para ayudar a su cuerpo a desentumecerse y cuando pudo echó a correr por las heladas y solitarias calles del pueblo. De pronto se paró ante la fachada de una de las casas más grandes y luminosas, llamó y pidió auxilio a los que allí vivían; le ofrecieron un lugar dónde resguardarse del frío y acurrucarse al pie de una chimenea para recobrar el calor y la sensatez que había perdido. (Luz Marina L.)

*

Había una niña que no tenía madre ni padre y que vivía en la espesura del bosque.  Había una aldea en el lindero del bosque y ella había averiguado que allí podía comprar fósforos a medio penique y después venderlos por la calle a un penique.

Segundo, tercer y cuarto párrafo: … una noche se sentó diciendo: “tengo cerillas, puedo encender fuego y calentarme” pero no tenía leña.

Recordó que alrededor de su cobertizo del bosque había mucha leña para quemar y si usaba sus cerillas se podía calentar mientras pensaba cómo podía hacer para obtener un cobijo y el sustento que necesitaba. 

Así lo hizo recogió la leña que necesitó y al calor del fuego, tranquilamente, meditó qué podía hacer y se le ocurrió que podía ofrecerse en las grandes casas durante el día para trabajar en las cocinas.  Así podría estar caliente y podría de tanto en tanto “echarse algo a la boca”. 

Se puso en camino y aunque tuvo que ofrecerse en varias de ellas, en una la dama de llaves le pidió que fuera al día siguiente y comenzó a trabajar en la cocina donde aprendió a hacer muchas y sabrosas recetas  y ya no pasó más frío. (Juana Teresa N.)

*

La niña vagaba por las calles y preguntaba si por favor le querían comprar cerillas, pero nadie se detenía y le prestaba atención.

Así que volvió a su refugio y pensó que no podía hacer nada, por hoy, volvería a salir de nuevo un día y quizá al día siguiente… (pudiera ser o pudiera ser demasiado tarde…)

Se cantó, una cancioncilla para sí, esto de inmediato, despertó su corazón que latía ahora con más fuerza y éste canto atrajo a su vez a un bello animal, una yegua, que andaba por el bosque, se acercó a la niña, le acarició los pies, le lamio las manos y ella abrió los ojos.

La yegua, se sentó, sobre la fría nieve y bajó su lomo para que ella se subiera, así lo hizo, de inmediato, y pudo sentir el calor del animal.

La yegua, caminó por un rato hasta que llegó a una cabaña, donde freno su andar y posó a la niña en la tierra.

La niña, vio aquella cabaña, escuchó las voces que salían de dentro , el calor, la luz…y decidió a llamar a la puerta.

Toc , toc , toc.

Una niña, de su edad, le abrió la puerta, y sus sonrisas se abrieron reconociéndose como iguales.

La invitó a pasar.

Allí, observó boquiabierta, todo un espectáculo, mujeres de varias edades, grandes, más pequeñas, corpulentas, altas, anchas, delgadas, joviales y hombres, con barba gris, blanca, marrón,  sonriéndola.

Y los niños y niñas revoloteando.

Parecía haber una celebración y la mesa estaba llena de ricos y alimentos que olían tan bien que salivó.

Ella, les ofreció los fósforos a cambió de pasar unos días allí, o toda la vida, pensaba, ¡vaya lugar!

La rodearon, entre todos y todas, y la escucharon. La escucharon hablar, y así, se convirtió en una agradable conversación donde unos y otras charlaban. (María Purificación G.)

Cuando la niña está encendiendo fósforos inútilmente, que no calientan y la llevan a ensoñar huyendo de la realidad, se quema con un de ellos, el dolor es muy fuerte ya que como estaba ensoñando no se da cuenta hasta que la quemadura es profunda.

El dolor la “despierta” ve que el camino escogido no es el correcto. Justo pasaba por ahí, entre los que no le hacían caso o le daban malos consejos, un anciano. Un anciano de barba blanca y una mirada llena de luz, le pregunta que le pasa y cuando le enseña la quemadura se la lleva a su casa para curarla.

Le pone un ungüento para la quemadura, a la vez que le hace contar su historia, escuchándola con amor y sin palabras.

La niña al contar su historia, cobijada del frío, con el dolor de la mano y con una persona amorosa y sabia al lado, se da cuenta que lo que estaba haciendo no era lo correcto y decide con la ayuda del hombre sabio buscar otro camino. (Montse B.)

*

 “… pero justo cuando ella estaba alargando la mano hacia aquellos manjares, la visión se esfumó.

La niña se encontró de nuevo en la nieve. … (ahora en vez de encender la tercera cerilla que es su muerte)…

El frío le corría por todo el cuerpo, empezaba a no sentirlo, estaba como muerto. De repente sintió mucho miedo y angustia y un chispazo en su mente, en un momento lo supo, que iba a morir, que quedarse allí y encender su última cerilla sería su muerte. Dejó de esperar que el mundo, o la vida, o lo que fuera, fuera justo con ella. Dejó de esperar nada de nadie. Yo, yo, yo. Desesperada levantó la mirada. No veía salida pero tenía que “hacer” algo. Se levantó del suelo y se obligó a empezar a andar aunque no tenía esperanza. Miró a su alrededor, la oscuridad la rodeaba y una total soledad, no había nadie en la calle, el frío la estaba matando, la niña no sabía qué hacer. Sus pies se movían lentamente, un paso, un pie delante, otro paso, el otro pie se movía, otro paso. Sus huellas iban quedando en la nieve. Enfiló una calle y de repente vio un resquicio de luz: la puerta de una casa medio abierta dejaba salir algo de luz en aquella oscuridad. Cuando se acercó pudo ver a través de aquella pequeña apertura una chimenea con un gran fuego, revoloteando, chispeando, el calor llegaba hasta ella. Se acercó a la puerta, la empujó y la abrió del todo. Una anciana de ojos negros y profundos, estaba allá, rotunda, vigorosa, serena. La miró a los ojos y sin decir nada, con un gesto la invitó a entrar y le señaló uno de los dos sofás frente al fuego. La niña no podía creer lo que estaba pasando. Se sentó. Primero inquieta. Luego el calor fue entrando en su cuerpo, en sus pies, en sus manos, le quemaban mientras la sangre volvía a circular por sus extremidades, la cara, los labios, las entrañas, su corazón. La niña suspiró y con ese suspiro lágrimas empezaron a rodar, primero lentamente, luego eran como un río: lágrimas de alivio. La anciana la miraba y le sonrió, traía en sus manos un vaso de agua que puso en las manos de la niña: “bebe”. Y mientras la niña bebía, las dos sentadas ante el fuego, muy juntas, la anciana empezó a cantar suavemente una canción, una canción de celebración, hablaba del nacimiento de un niño en una noche estrellada, era una canción cálida como el fuego que chisporroteaba. Y la niña empezó a serenarse. Algo había pasado, algo diferente y había empezado con un solo paso. Cerca de la ventana, ante una mesa preparada para cenar, había un gran árbol adornado con campanas doradas que colgaban, tintineando si algo las movía, y arriba una gran estrella plateada parecía que señalaba el camino… (Mercé C.)

Estoy convencida de que si es huérfana, si nadie la escucha, si no tiene animus para enfrentarse a la situación y salir de sí, la clave está en la abuela. Si lo único que tiene son ensoñaciones, alguna de las ensoñaciones tiene que darle una clave para salir del sopor.

 “A la luz de la cuarta cerilla….Como llovida del cielo se le apareció su amable y cariñosa abuela y ella se llenó de alegría al verla. Mientras se abrazaba a ella la oyó decir: Niña, hay muchas mujeres como tú, con pocas cerillas y huérfanas, pero que observando, fijándose en otras mujeres, en lo que pasa a su alrededor, han encontrado la manera de no pasar frío. Piensa en mí, nunca me rendí, por eso llegué a viejita, no lo hagas tú tampoco. Sal, ve a buscar leña, enciende un fuego de verdad, que te caliente los huesos. Y una vez reconfortada frente a las llamas, piensa que puedes hacer para no volver a pasar frío, tienes cerillas para salir adelante, úsalas, y, cuando yo no esté, recuerda… y sigue el camino de las mujeres valientes.

Poco después la abuela empezó a esfumarse. Y la niña encendió otro fósforo para conservar a su abuela a su lado. Cuando vio que no volvía se decidió a seguir sus consejos y se encaminó al bosque a buscar leña para encender una buena hoguera. Pasó toda la noche frente a la hoguera recordando en su abuela y pensando en lo que le había dicho. A la mañana siguiente la niña……” (Mercé F.)

La nena es troba de nou enmig de la neu. Els genolls i els llavis ja no li fan mal, el fred coïa i s’anava obrint camí pel  braços i el tronc, la nena s’asseu al terra  contempla els llumins i es pregunta:

–Què haig de fer?

–On haig d’anar?

–Com ho puc fer?

Un munt de pensament s’amunteguen en el seu cap.

De sobte sent dins seu la veu de l’àvia que li pregunta:

–Què sents?

–Molt fred.

–Doncs aixeca’t i posa’t a caminar, escolta la teva veu interior, ves fent camí, ja trobaràs la solució, si et quedes quieta, llavors et gelaràs i no sentiràs res.

–Tinc uns llumins, els puc encendre.

–No gastis l’energia. Guarda-te’ls, en un altre moment et poden fer falta. Posa’t en camí.

La nena es posa a caminar, no veu res, és negra nit, té por… Quan porta molta estona caminant ja no té fred. Troba una altra nena que porta un feix de llenya però no té llumins.

Totes dues continuen fent camí, troben una casa, entren, a dins hi ha una dona gran que  està molt trista perquè no pot encendre la xemeneia i té molt fred.

Les nenes li diuen que no es preocupi que elles ja ho faran i mantindran la llar sempre encesa.

La casa està a prop del camí i tots els viatgers  que volen reposar forces, s’aturen per descansar, escalfar-se, beure, menjar i conversar.

Cada dia tenen  més feina però les tres estan molt contentes que la casa estigui plena de vida.

(Magda C.)

Mi abuela me rodeó con sus manos huesudas manchadas por el paso del tiempo.

Sentí la fuerza y el calor de la sangre de sus venas,

Inundada, desperté de la anestesia fría de la noche helada,

Acurrucada, mi vieja empezó a entonar el canto bello de la vida y empecé a recordar. (Maribel P.)

*

La vendedora de fósforos fue buscando lo que la hacía feliz…..  poco a poco fue descubriendo que el altruismo le hacía feliz hacer algún voluntariado.

Darse cuenta de su parte artística e ir desarrollándola, pintando descubrió su parte espontánea donde no había mente sólo creaba y disfrutaba.

En el baile le ocurría lo mismo, había un momento en que no pensaba que bailaba y así fue descubriendo su parte espontánea y creativa y le hacía feliz.

La gratitud también le hacía ser feliz como dar las gracias, pensar en cosas que puede agradecer y dar las gracias a personas en concreto. En dedicar mucho tiempo a su conocimiento personal. Formándose como enfermera, como terapeuta, formándose en centros de energía e ir conociendo y trabajando los chacras. En estar en contacto con la belleza, en deleitarse la vista y los sentidos estando en contacto con la naturaleza.

En ir aceptando poco a poco mi historia personal y así poco a poco ir creando mi propia felicidad conectando cada vez más con mi intuición y mi creatividad.

Colin colorado este cuento se ha acabado. (Ina C.)

*

Al ver que no vendía las cerillas decidió volver  al bosque. Entre la oscuridad de la noche consiguió ver un tronco de árbol hueco y decidió refugiarse en él, estaba tan cansada que se quedó dormida. Pasó toda la noche temblando de frio y soñando, soñaba entre otras cosas con pequeñas muñequitas de madera vestidas con preciosos vestidos de lana. Le costó mucho despertar, el frio de la noche la había dejado paralizada, pero el recuerdo de aquellas muñecas la animó a salir al bosque y buscar los primeros rayos del sol para calentarse. Caminó de nuevo hacia el pueblo y por el camino fue recogiendo las ramitas que se iba encontrando, acumulándolas  y abrazándoles contra su pecho. Nada más atravesar el bosque las piernas ya no la sostenían mas, hacía días que prácticamente no comía y el frio era espantoso. Se sentó en  el suelo apoyada en el muro de una casa y puso las ramitas sobre su falda. Con sus frágiles manos  empezó a aderezar las ramitas como si fuesen  cuerpos de muñeca. Rompió  trocitos de sus harapientos vestidos y deshizo los flecos de su bufanda para con ello  vestirlas e intentar darles el aspecto de las muñecas con las que había soñado.

Estaba totalmente perdida en su mundo cuando una señora se paró a mirarla, le sobrecogió la imagen de aquella niña desamparada pero le asombró aun mas observar bar su juego y el amor  con que vestía y hablaba  a sus ramitas. Unos minutos le bastaron para ver cuanta imaginación había en ese cuerpecillo. Se  acercó a ella y le dijo:

–¿Qué haces aquí? Hace un frio espantoso.

–Visto a mis muñecas, ellas también tienen frio.

Realmente con 4 aderezos había conseguido que tuviesen un aspecto humano y tierno. El amor que desprendía la mirada de la niña l conmovió a la señora, que le dijo:

–Ven,  acompáñame , en mi casa podrás calentarte y te proporcionaré telas y lanas para que puedas abrigarlas bien y de paso quizás te vaya bien comer un poco.

–Gracias , contestó  la niña débilmente, si consigo que sean muy bonitas podré venderlas y conseguir algo de dinero  hasta que llegue la primavera

La señora abrigó a la niña con su chal de lana mientras pensaba  como se las arreglaría para conseguir una plaza para ella en la escuela. La niña apenas podía caminar pero no paraba de imaginar cómo serían sus muñecas una vez acabadas. (Elena F.)

*

La niña se encontró de nuevo en la nieve. Pero ahora las rodillas y los labios ya no le dolían. Ahora el frío le escocía y se estaba abriendo camino por sus brazos y su tronco, por lo que ella decidió encender la tercera cerilla…fue entonces cuando la oyó, aquella voz, lejana pero firme, tan real. Abrió los ojos y miró a su alrededor, no vio nada. Las palabras resonaban en su cabeza: levántate y usa aquello que tienes! Como en un estado de trance se puso en pie y comenzó a andar buscando por las calles, no sabía muy bien qué. Corría sin rumbo y a medida que aceleraba su paso iba recuperando la sensibilidad en sus manos, brazos y piernas. Se detuvo en una plaza porque algo llamó su atención. En el suelo alguien había dejado un montón de periódicos viejos o quizás la ventisca los había arrastrado hasta allí. Pensó que si usaba su última cerilla podría hacer una fogata. Dudó pero en un instante se vio prendiendo fuego a aquellos papeles en el centro de la plaza. El pequeño punto de luz de una cerilla dio lugar a una enorme llamarada tan potente como efímera,  de modo que debía avivarla echando algo más. Sin pensarlo,  empezó a despojarse de sus harapos y uno a uno los fue arrojando a la hoguera. De nuevo el fuego creció, tanto que los destellos se reflejaban en los cristales de las casas. Mi niña como si ya no estuviera a la intemperie inició una danza alrededor del fuego, giraba y giraba, sin parar, al tiempo que entonaba una vieja canción, de la cual ni siquiera recordaba la letra. La melodía brotaba de su vientre como si no fuera la dueña de sus actos, de su voz, de sus pensamientos. El movimiento le reportaba sensación de calor a pesar de que se había deshecho de toda su vestimenta. Entonces una puerta se abrió en aquel ahora, en aquel aquí y una mujer salió caminando hacia la hoguera. Aquella anciana lo había visto todo desde su ventana, ella siempre lo veía todo, pero esperó, quizás demasiado, porque nada la había hecho salir antes de su letargo. La niña entregada a su baile vehemente sintió una calidez que no le era desconocida, se detuvo, ya no tenía frío. Ambas se miraron y caminaron hasta encontrarse una frente a la otra. La anciana sin decir nada cubrió a mi niña con su manto rojo, suave, tejido por ella misma y la llevó hasta su casa. Le ofreció un dulce brebaje preparado con semillas, flores y raíces, que ella misma había recogido. Se propuso darle cobijo durante un período, el necesario para mostrarle todo cuanto ella sabía. La anciana estaba sola y no le quedaba mucho tiempo de vida , tal y como los humanos la conocemos,  pero deseaba irse sabiendo que alguien podría nutrirse de sus experiencias y aquella pequeña merecía su dedicación.  Le enseñó a sacar partido de todo lo que la naturaleza podía ofrecerle para sobrevivir, cómo reconocer las plantas y los frutos, como cultivar, como elaborar alimentos y remedios que podría ofrecer a otras personas a cambio de comida, ropa o tal vez algunas monedas. Así había vivido ella siempre y así había llegado a la vejez.  Pronto descubrió que aquella niña tenía una gran habilidad para preparar sabrosos manjares con los más sencillos alimentos y debía emplear sus energías en mejorar sus destrezas. Trabajaron mucho hasta que llegó el día en que la niña debía emprender su camino.

–¿Dónde voy a vivir ahora? ¿Cómo voy a empezar mi nueva vida sin ti?- preguntó la pequeña.

–Vivirás en todas partes, irás de un lado a otro porque así es tu naturaleza, debes aceptarla. No tengas miedo de ser quien eres, mira en tu interior y sabrás siempre lo que debes hacer. Recuerda este tiempo tan hermoso que hemos pasado juntas pero camina. Aprecia la grandeza de la existencia en todas sus dimensiones, nútrete de los latidos de todo cuanto te rodea y siente la alegría de estar viva.

La anciana regaló a la niña una pequeña carreta donde transportar sus pertenencias, el manto rojo de lana y unos cuantos frascos con mermeladas, aceites esenciales, remedios…pero lo más valioso que se llevaba era el saberse capaz de hacer cosas útiles con sus propias manos, cosas que elevaban su alma y la de sus semejantes.  Y así, siguiendo el vaticinio de la vieja, rodó por el mundo, pasó por aldeas, pueblos, pequeñas ciudades, ofreciendo su saber y viviendo de sus habilidades. Quizás algún día encontraría un lugar donde establecerse y descansar, o no, o sencillamente entregaría a otro hermoso ser todo lo que la vida le había prestado antes de expirar el último aliento y no importaba el dónde, ni el cuándo, ni a quién. (Nuria T.)

*

… cuando moría un alma, caía una estrella.

Como llovida del cielo, se le apareció su amable y cariñosa abuela y ella se llenó de alegría al verla.

Sintió su fortaleza y conectó con la vitalidad que ella siempre le transmitió.

Por más vicisitudes que hubo de afrontar a lo largo de su vida, su querida abuela siempre demostró un gran coraje.

La niña quiso encender la cuarta cerilla para poder ver mejor a su abuela.

La humedad fría de la noche que hacía crujir sus huesos también había empapado el fósforo y éste se deshizo al frotarlo contra la superficie rugosa.

Entonces, volvió a recordar la presencia de su abuela y una fuerza interior la impulsó a levantarse del frío suelo. Siguió caminando erráticamente y poco a poco se fue alejando de la aldea en la que nadie le había mostrado un gesto amable.

Sin darse cuenta, se fue internando en la espesura del bosque y cuando las escasas fuerzas que la sostenían ya casi la habían abandonado, sintió el aullar de una manada de lobos.

El escalofrío de pavor que recorrió su debilitado cuerpo, la hizo temblar de tal manera que cayó desplomándose y perdió el conocimiento.

Los lobos encontraron el cuerpo inerme de la niña y gracias a su instinto protector permanecieron junto a ella y la rodearon con sus cálidos pelajes hasta el amanecer.

Cuando el sol empezaba a despuntar, la llevaron a su cercana guarida donde la loba alfa la amamantó. Sus labios cedieron al tibio contacto del pezón y pudo succionar la leche vivificante que tanto precisaba.

Fueron necesarios los cuidados de la manada durante varios largos días. Al despertar, la niña sintió que estaba en casa. (Sonia G.)

*

… Como llovidas  del cielo se le aperecieron  sus amables y cariñosas madre y abuela materna y ella se llenó de alegría al verlas. Tomaron entre las dos mujeres una gran y calentita manta y la rodearon con ella, estrecharon a la niña con fuerza entre ambas, para que entrase en calor.

Pero poco después  esa bella imágen comenzó a desdibujarse en la imaginación de la niña, hasta que finalmente desapareció por completo.

La niña desesperada, fue encendiendo un fósoro, tras otro, por tal de recuperar de nuevo esa maravillosa imágen y sensación, però, los fósforos se le gastaron y ya no tenía nada que la hiciese entrar en calor, ni  fósforos, ni imaginación ,pues tenía demasiado frio como para seguir respirando siquiera;cada vez le costaba más mantenerse viva….

Finalmente justo antes de dormirse para siempre, escuchó con mucha fuerza y claridad la voz de su madre: Hija pide ayuda!!!!!!!! grita!!!!!!

La niña así lo hizo, saco de lo más profundo de sus entrañas un gran rugido, pidiendo auxilio.

A la mañana siguiente se despertó en una habitación humilde, en una cama humide, però calentita, rodeada de la presencia amable y preocupada de su nueva família, aquella que respondió y acudió en su ayuda. (Montse Karla F.)

 

La Loba. La Huesera

Después de seis meses, el 20 de Marzo del 2012, terminamos de recorrer “La Loba, la Huesera”. El Capitulo I de Mujeres que corren con los lobos.

¡Qué interesantes las vueltas que damos en el camino! Sin prisas, oír vibrar nuestra voz propia, redescubrir lo esencial olvidado, aullar en soledad y en manada, atender lo desatendido, dejar atrás las palabras-pantallas, las palabras-mamotreto, escarbar y encontrar nuevos significados, compartir espacios huecos donde pueda resonar lo no dicho.

La que soy no siempre le parece bien al personaje desde el que vivo y me separa de ella. La envía a hondos recovecos, la desdibuja, la priva de todo el aire que puede, pero algo en mi sabia lo necesario: que sus huesos no dejan de vibrar y que, si cantas tu canción sobre ellos, se reencarnan. La busque y la encontré .

Nos fuimos a la montaña a tomar una buena bocanada de aire fresco y ¡cantamos!

Seis meses para agudizar el oído y escuchar lo olvidado, todo un privilegio.

Al final alguien me susurró: “Quien no tiene sueños tiene dueños”

Gracias a todas. Mil estimadetas.

Lola.

La inteligencia del corazón

Annie Marquier, matemática e investigadora de la conciencia

“El corazón tiene cerebro”

14/03/2012 –   La Vanguardia – Ima Sanchís

Foto: Martín Belleau

Ciencia y conciencia

Tras estudiar Matemáticas y la carrera de piano y órgano fue profesora en La Sorbona. Luego se instaló en India y participó en la creación de la comunidad de Auroville con Sri Aurobindo y Krishnamurti. Y poco después fundó en Quebec el Instituto para el Desarrollo de la Persona. Es autora de El poder de elegir, La libertad de ser y El maestro del corazón (Luciérnaga). Lleva muchos años investigando la intersección entre la ciencia y la conciencia y sus planteamientos son siempre rigurosos y están documentados. El próximo sábado expondrá en las jornadas sobre La Evolución de la Conciencia (CosmoCaixa) los descubrimientos sobre el cerebro del corazón y sus implicaciones.

Que el corazón tiene cerebro es una metáfora, ¿no?
No. Se ha descubierto que el corazón contiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado con más de 40.000 neuronas y una compleja y tupida red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo.

¿Es inteligente?
Gracias a esos circuitos tan elaborados, parece que el corazón puede tomar decisiones y pasar a la acción independientemente del cerebro; y que puede aprender, recordar e incluso percibir. Existen cuatro tipos de conexiones que parten del corazón y van hacia el cerebro de la cabeza.

Primera…
La comunicación neurológica mediante la transmisión de impulsos nerviosos. El corazón envía más información al cerebro de la que recibe, es el único órgano del cuerpo con esa propiedad, y puede inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las circunstancias.

¿Significa eso que el corazón puede influir en nuestra manera de pensar?
Puede influir en nuestra percepción de la realidad y por tanto en nuestras reacciones.

Segunda conexión…
La información bioquímica mediante hormonas y neurotransmisores. Es el corazón el que produce la hormona ANF, la que asegura el equilibrio general del cuerpo: la homeostasis. Uno de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés y producir y liberar oxitocina, la que se conoce como hormona del amor.

Tercera…
La comunicación biofísica mediante ondas de presión. Parece ser que a través del ritmo cardiaco y sus variaciones el corazón envía mensajes al cerebro y al resto del cuerpo.

Cuarta…
La comunicación energética: el campo electromagnético del corazón es el más potente de todos los órganos del cuerpo, 5.000 veces más intenso que el del cerebro. Y se ha observado que cambia en función del estado emocional. Cuando tenemos miedo, frustración o estrés se vuelve caótico.

¿Y se ordena con las emociones positivas?
Sí. Y sabemos que el campo magnético del corazón se extiende alrededor del cuerpo entre dos y cuatro metros, es decir, que todos los que nos rodean reciben la información energética contenida en nuestro corazón.

¿A qué conclusiones nos llevan estos descubrimientos?
El circuito del cerebro del corazón es el primero en tratar la información que después pasa por el cerebro de la cabeza. ¿ No será este nuevo circuito un paso más en la evolución humana?

¿…?
Hay dos clases de variación de la frecuencia cardiaca: una es armoniosa, de ondas amplias y regulares, y toma esa forma cuando la persona tiene emociones y pensamientos positivos, elevados y generosos. La otra es desordenada, con ondas incoherentes.

¿Aparece con las emociones negativas?
Sí, con el miedo, la ira o la desconfianza. Pero hay más: las ondas cerebrales se sincronizan con estas variaciones del ritmo cardiaco; es decir, que el corazón arrastra a la cabeza. La conclusión es que el amor del corazón no es una emoción, es un estado de conciencia inteligente.


Ya ve, el cerebro del corazón activa en el cerebro de la cabeza centros superiores de percepción completamente nuevos que interpretan la realidad sin apoyarse en experiencias pasadas. Este nuevo circuito no pasa por las viejas memorias, su conocimiento es inmediato, instantáneo, y por ello, tiene una percepción exacta de la realidad.

Parece ciencia ficción.
Está demostrado que cuando el ser humano utiliza el cerebro del corazón crea un estado de coherencia biológico, todo se armoniza y funciona correctamente, es una inteligencia superior que se activa a través de las emociones positivas.

Pues parece que nadie lo utilice…
Es un potencial no activado, pero empieza a estar accesible para un gran número de personas.

¿Y cómo puedo activar ese circuito?
Cultivando las cualidades del corazón: la apertura hacia el prójimo, el escuchar, la paciencia, la cooperación, la aceptación de las diferencias, el coraje…

¿Santos las 24 horas?
Es la práctica de pensamientos y emociones positivas. En esencia, liberarse del espíritu de separación y de los tres mecanismos primarios: el miedo, el deseo y el ansia de dominio, mecanismos que están anclados profundamente en el ser humano porque nos han servido para sobrevivir millones de años.

¿Y cómo nos libramos de ellos?
Tomando la posición de testigos, observando nuestros pensamientos y emociones sin juzgarlos, y escogiendo las emociones que nos pueden hacer sentir bien. Debemos aprender a confiar en la intuición y reconocer que el verdadero origen de nuestras reacciones emocionales no está en lo que ocurre en el exterior, sino en nuestro interior.

Ya.
Cultive el silencio, contacte con la naturaleza, viva periodos de soledad, medite, contemple, cuide su entorno vibratorio, trabaje en grupo, viva con sencillez. Y pregunte a su corazón cuando no sepa qué hacer.

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DUERME-VELA

              Duerme-vela img_7602-50.JPG 

Vuestras uñas, mis uñas, nuestras uñas

Rascando todas: rac-a-rac rac-a-rac

Sobre la rugosa piel seca de una mandarina

¡Oh! De pronto, su aroma .

Convocando palabras conciencia:

Salvaje, entre, mujer

Convocando lugares:

Proleg, Mas Carbo, Eixam

Convocando sensaciones:

Una suave tibantez en las mejillas

Convocando finalmente:

Un  gozoso silencio que acoge mis sueños .