Chantal Maillard. La mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015
Fotografía: Rain. Vadim Trunov
Chantal Maillard. La mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015
Fotografía: Rain. Vadim Trunov
Chantal Maillard en el patio del museo Picasso de Málaga bajo una de las arañas de Louise Bourgeois donde ha estado impartiendo un taller de escritura creativa “Una o muchas arañas” en torno a la obra de la artista francesa. Para acompañar el evento, os dejo dos extractos como migajas de pan; el primero es sacado de su conferencia, En la traza, Pequeña zoología poemática, el segundo, de su último libro, La mujer de pie.
“… [La araña] pone en relación los puntos de referencia que escoge en su espacio y, entre ellos, teje su tela. El universo como tela mejor que como construcción. La madre araña en vez del demiurgo arquitecto. Lo prefiero. Femenizar el tópico: en vez de la producción del demiurgo, la subsistencia del insecto. El demiurgo produce, ofrece y pide cuentas; es la ideología del capitalismo. La araña segrega y reabsorbe; es la economía de la subsistencia.
Porque la araña no teje por placer, sino por necesidad. Al igual que el artista de los tiempos antiguos, la finalidad de su obra es exterior a la obra misma […]. Pero ¿quién actúa solamente por el placer de actuar sin atender al resultado? Y, por otra parte, en el caso del arte, ¿quién es la presa? ¿Quién, al sentirse atraído por la elasticidad de la trama, se acerca y se queda en ella prendido, preso? Tal vez se trate de eso que somos más allá del mí, de eso que somos todos, entre todos. todas las presas son la misma presa, reabsorbida una y otra vez por la araña. La madre araña. La gran diosa o el brahman –al que las upaniṣads comparan a una araña– que reabsorbe en sí las formas del universo, la diversidad ilusoria, los mí que somos todos en el gran escenario.
Sí, la araña, la tejedora, es, al fin y al cabo, una metáfora adecuada. El fin es exterior y propio al mismo tiempo. Nosotros somos la presa y también somos la araña, la tela y el acto de tejer.”
Chantal Maillard, La baba del caracol: 31-32. Vaso Roto Cardinales, 2014.
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“El cerebro segrega el pensamiento como el hígado segrega la bilis”, dijo el fisiólogo ilustrado y liberal Pierre J. G. Cabanis. Algo más tarde, ya avanzado el siglo XIX, exiliado en Suiza por razones políticas, Carl Christof Vogt, fisiólogo igualmente además de zoólogo y geólogo, afirmaba: “El cerebro segrega el pensamiento como el estómago segrega el jugo gástrico, el hígado la bilis y los riñones la orina”. Pero si bien estos científicos habían utilizar el verbo “segregar” para referirse a la función cerebral, no lo habían relacionado con el proceder de la araña. De la secreción orgánica a la secreción arácnido hay una conexión metafórica, y ésta la efectuaría Nietzsche al imaginar (pues de una imagen se trata) que producimos las nociones de espacio y tiempo con la misma necesidad con que la araña teje su tela, y al definir el concepto de “Dios” como la araña imperativa que legisla, oculta tras la tela de la causalidad. ¿Habría comentado Deussen con su amigo Nietzsche aquel sutra de la Mundaka Upanishad (1.1.7) que compara el proceder del Brahman con el de la araña: “Así como la araña (aksara) segrega su hilo y lo recoge […], así el universo surge del imperecedero”? Es posible.
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Friedrich Nietzsche (Genealogía de la moral): “Hybris es hoy en día nuestra actitud para con la naturaleza, la violencia que ejercemos sobre la naturaleza con ayuda de nuestras máquinas y la inventiva sin escrúpulos de técnicos e ingenieros; hybris, nuestra actitud para con Dios, quiero decir, para con alguna supuesta araña de imperativo moral y de finalidad que se oculta detrás del gran tejido, la gran red de la causalidad –podríamos decir, como decía Carlos el Temerario en su lucha contra Luis XI: ˝Je combats l’universelle araignée˝ [lucho contra la araña universal]–; hybris, nuestra actitud hacia nosotros mismos –pues experimentamos con nosotros como no nos permitiríamos hacerlo con ningún animal y, con satisfacción y curiosidad, diseccionamos viva nuestra alma: ¡qué nos importa ya la ˝salvación˝ del alma!”
Para combatir a la araña sin caer preso en su tela es menester tomar distancia. Pero ¿cómo, a un tiempo amigo y enemigo, observador y observado, situarse para ello?
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Luis XI de Francia era apodado “la Araña Universal” por su falta de escrúpulos para anexionarse los territorios pertenecientes a la nobleza feudal con toda clase de subterfugios.
La tela de la araña nunca excede la parte del territorio que ha de abarcar para saciar su hambre, y ésta no supera la necesidad que su cuerpo tiene para sostenerse en vida. El hambre de la mente, en cambio, es sin medida.
En el año 1476, Carlos el Temerario, último duque de Borgoña, perdió la batalla y la vida al sur de Nancy contra las tropas mercenarias de Luis XI.
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Mecanismos de expansión: cursos y dis-cursos /di-vagaciones / devaneos / dis-persiones / delirios.
Estimulada con una u otra sustancia, la araña teje de modo errático. Según el estado de su sistema neurológico, así será su tela.
Taladrada por la aguja-mezcal, la aguja-benzedrina, hidrato de cloral o cafeína, sigue salivando. Saliva sin cesar.
Araña errática que errante vaga, divaga, va. Trazando patrones extraños, extra-vagantes.
La araña errática delira: se sale del surco, línea o trazo pre-tendido. Y así abre espacios no inteligibles, hermosos de tan poco inteligibles.
La belleza de lo errático consiste precisamente en el diseño alterado de la tela.
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A imagen de la araña cósmica (akṣarabrahman), la mente de cada cual segrega su universo. Elabora la red siguiendo un orden lógico aunque, más a menudo, deja que se construya por la inercia de las asociaciones y la contigüedad.
Incontinencia del órgano mental. Araña siempre despierta -nunca vigilante- ensalivando día y noche. Sin fin ni provecho.
Al final de la vida, un hilo de saliva queda detenido al borde de los labios.
Chantal Maillard. La araña / La saliva, in La mujer de pie. Galaxia Gutenberg, 2015
“La mujer de pie es alguien que no puede sentarse. No se trata de una novela, aunque bien podría haberlo sido. ¿Cuál es el límite entre un ensayo y un relato, entre unos apuntes biográficos y lo que denominamos Historia, entre realidad y ficción, entre lo que creemos y lo que creamos? Siempre hay una narración en lo que contamos.
En La mujer de pie hay personajes; éstos atraviesan el libro dejando entrever breves secuencias de su vida, diálogos entrecortados.
La mujer de pie es una invitación a la escucha. Más allá del ruido mental y sus articulaciones, la mujer de pie entiende que el universo es expansión sonora y que procede por analogía, simultáneamente.
La mujer de pie trata de nuestra compulsiva tendencia a identificar el proceso mental con la realidad de la que, suponemos, da cuenta.
La mujer de pie es una reflexión sobre el movimiento –o más bien sobre la inmovilidad, la discontinuidad de la percepción y la fragmentariedad de la experiencia.
La mujer de pie es también un recurso para aliviar el dolor de la carne, sus atrofias, sus limitaciones, sus discapacidades. Una estrategia para tomar distancia.
La mujer de pie es un diario de observación. Un registro de las fluctuaciones del ánimo bajo la analgesia.
La mujer de pie es un ensayo sobre la naturaleza mental de los sentimientos, su impermanencia, y la inconsistencia de la idea del yo que las acompaña.
La mujer de pie es una reflexión acerca de cómo la noción del yo es clave para interpretar la historia de las naciones europeas.
La mujer de pie es el espacio estratégico en el que averiguar cómo intuir el mundo sin perder la verticalidad.
La mujer de pie es un escenario.
La mujer de pie es un escenario con una ventana desde la que mirar.
La mujer de pie es el alféizar de esa ventana. Un alféizar en el que apoyarse para contemplar el desierto. En realidad no lo hay, no hay desierto, es irreal. Pero sin él, ¿qué habría?”
Texto de presentación de Chantal Maillard
Un bonus: lectura de Ch. Maillard de un poema de La herida en la lengua, Desprendimiento, en su presentación en La central el 2 de junio
¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo seguiremos creyéndonos princesas que esperan ser redimidas? ¿Hasta cuándo seguiremos ansiando el rescate? ¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que el orden, la altura y la riqueza son conceptos equivalentes que riman con los de belleza y felicidad? ¿Hasta cuándo negaremos la dispersión del jaos, la interpenetración de los opuestos, el juego sin fin, la dicha de lo híbrido? Es tiempo de destruir los cuentos de hadas; es tiempo de que hagamos que se desmoronen los castillos que nuestra cultura ha edificado. Es tiempo de romper las estatuas antes de que alguna nos aplaste al caer. Los sueños no son bellas ilusiones o esperanzas; los sueños son revelaciones, peldaños en los que habitamos, círculos dantescos; los sueños son lugares de la mente y del alma, ámbitos que cobijan las imágenes que creamos al ir viviendo. Es preciso estar atentos, poner cristales transparentes a las paredes de los sueños, ir descubriéndonos a través de ellos. Descubrir nuestras propias imágenes, las que nosotros creamos, no las que hemos heredado.
Chantal Maillard. Filosofía en los días críticos [frag. 265]. Pretextos
Ilustración: La princesa Mononoke, Hayao Miyazaki
Un artículo escrito por Emma Rodriguez después de su lectura de India. Termina el texto con unas respuestas de Chantal a algunas preguntas que le envia por correo. Está editado en la página Lecturas sumergidas. Hacer un click en el enlace.
Chantal Maillard en India: los caminos de lo sagrado.
“Si algo puede enseñarnos India, con su caleidoscópico panorama religioso, es refrescarnos la memoria no sólo con respecto al carácter hermenéutico de los sistemas, sino también a su carácter práctico. Pues si la religiosidad se nutre de interpretaciones doctrinarias, la espiritualidad responde a una voluntad de transformación práctica que está en el origen olvidado de todas las religiones y que nada tiene que ver con la superstición o la creencia ciega sino, antes bien, con el despojamiento de las mismas”
“Las religiones han confundido la necesidad de sentido y de conocimiento interior con la necesidad de paliar el desamparo. Poco tiene que ver el deseo de conocimiento con el miedo, más bien todo lo contrario. Las teologías se inventaron para aplacar el miedo. Pero el que quiere conocerse ha de saber saltar. Saltar fuera de lo aprendido, fuera de los caminos trazados, fuera de lo aceptado. Si India sigue siendo un referente es porque sus métodos de enseñanza espiritual no alimentan ninguna creencia, sino que, por el contrario, enseñan a salirnos de ellas.” Chantal Maillard
Últimamente los y las que seguimos la traza de Chantal Maillard estamos de suerte! La Maillard se prodiga!
Después de su último poemario La Herida en la lengua (Tusquets), y de la publicación de una antología esencial de su obra poética En un principio era el hambre, publicada en FCE, y que acabamos de reseñar https://blogdelesllobes.wordpress.com/2015/07/23/chantal-maillard-en-un-principio-era-el-hambre-antologia-esencial/ llega a las librerías en septiembre su nuevo ensayo poético La mujer de pie editado por Galaxia Gutenberg.
Este ensayo poético no es un tratado, tampoco es una ficción. Es una invitación a la escucha. Una historia contada en tres registros diferentes. Un historia en busca de argumento. Una reflexión sobre la enfermedad, el fragmento, la discontinuidad de la percepción y la ilusoria creencia en un yo que le diese sentido a la existencia.
Si queréis seguirle la pista, presentará su libro en La Central del carrer Mallorca en Barcelona, el miércoles 16 de septiembre a las 19:30.
Ahí nos veremos!
https://blogdelesllobes.wordpress.com/2015/09/09/la-mujer-de-pie/
Video de la presentación de La mujer de pie el 16 de septiembre 2015 en la librería La Central: https://blogdelesllobes.wordpress.com/2015/10/10/presentacion-de-la-mujer-de-pie-en-la-central-de-barcelona/
Acaba de llegar a las librerías una antología esencial de Chantal Maillard (esencial antología, si jugamos al juego que invierte los términos!), con un magnífico prólogo de Virginia Trueba que cartografía minuciosamente la entrecruzada trayectoria escritural y vital de la poeta y filósofa, y un epílogo de la propia Maillard.
Los textos escogidos, por Antonio F. Rodríguez Esteban y Chantal Maillard, abarcan desde el año 1990 hasta el 2015, con algunos fragmentos del próximo libro de Maillard, La mujer de pie, que saldrá en otoño editado por Galaxia Gutenberg.
A los y a las que emprendan esta lectura-viaje por la cosmovisión de la poeta hispano-belga, les saldrán al paso, entretejidos en múltiples capas a las que nuestra autora nos tiene acostumbrado, textos de Diarios indios, Matar a Platón, Escribir, Husos, Hilos, Cual, Bélgica, Polvo de avispas, La herida en la lengua –último poemario editado–, y La mujer de pie –de próxima aparición–. El viaje, nos recuerda acertadamente Virginia Trueba en su prólogo, “sirve para des-entumecernos, despertarnos la atención y disponernos al acontecimiento. Como el golpe de kiosaku del maestro zen.” Esta lectura también hace función d’éveil y de drenaje en la mente del lector. Despoja, desentuma la conciencia y nuestros sentidos obturados.
Para hacer boca, os dejo con un extracto del epílogo que da título al libro:
” […] Algunas teorías indias entienden que el universo se creó por resonancia. La gran exhalación del comienzo se prolongó en las consonantes. La energía neutra del comienzo se significó: modulándose en los signos (en las letras, en su sonoridad) se diversificó.
En el principio (arjé) era el Verbo (logos)… (Verbum es el término latino que se empleó para traducir la palabra griega logos cuando los cristianos identificaron el logos con el principio creador del cristianismo). El verbo es lo que puede ser conjugado. Antes de las diferencias, el logos-verbo es posibilidad de ser. Condensación del sonido, inaudible antes de su expansión, de su resonancia.
En un principio fue el verbo, y el verbo se conjugó, y se propagó. Los siglos de los siglos fueron la propagación del primer sonido. El primer sonido fue un acto: el de respirar. Un respirar sin nadie que respirase. Un acto sin sujeto. Un aliento sonoro.
Y el verbo se hizo carne: materia. Se hizo audible. Se “materializó”. El mundo: sonoridad vibrante. La materia: densidad del sonido: velocidad vibratoria.
En un principio fue el verbo y el verbo poetizó: la matriz del mundo es el hueco donde impacta el primer sonido y se gesta el primer poema: la primera construcción (poíesis), la primera articulación.
Sí… puede que esto sea muy bonito. Pero no nos sirve. Ya no nos sirve porque sigue siendo metafísica y porque las palabras son multitud. Los ecos están distorsionados. Los sonidos, como las emociones, se degradan imitándose unas a otras. El kitsch reina por doquier de tal modo que ya nos es difícil saber qué, de lo que sentimos y pensamos, qué es genuino o impostado, qué hemos aprendido y repetido, qué es emoción y qué lenguaje. Tal vez fuese preciso callar. No añadir más palabras a las ya expandidas.
O, tal vez, urdir otro inicio. Decir, por ejemplo:
En un principio era el Hambre. Y el Hambre creó a los seres para poder saciarse. Y el Hambre era la muerte para los seres. Inventaron remedios, buscaron curarse, pero el Hambre dijo “odiaos y luchad unos contra otros”, para poder saciarse. Y el Hambre introdujo el hambre en los seres, y los seres se mataban entre sí por causa del hambre. Y el hambre era la muerte para los seres.
No parece que quepa, hoy en día, otra poesía que la que diga el hambre. Y el terror. La desolación y la extrañeza. Que lo diga para que nos reconozcamos en ello. En comunidad. Con las cosas. En las cosas. Cosas, también, nosotros. La identidad colgándonos del hombro como una chaqueta raída.
Luego, como un personaje de Beckett, atender al balbuceo, como mucho.
Sobre todo, atender al silencio, ese silencio: la callada inocencia recobrada, antes del logos, el no saber cargado de compasión por los seres que viven con su hambre”.
http://www.fcede.es/site/es/libros/detalles.aspx?id_libro=19284
Añado una hebra más a este tejido: un enlace a un artículo que Chantal publicó en El País con fecha del 11 de enero 2003 (remontemos, remontemos el curso del río!) donde habla de la mítica cosmogonía sapiencial Brihadaranyaka Upanishad que dio lugar a la principal corriente del hinduismo (la escuela no dualista advaita), y a la que hace referencia el título de esta antología esencial: En un principio era el hambre.
http://elpais.com/diario/2003/01/11/babelia/1042246218_850215.html

La preocupación por las diferencias es algo congénito en el pensamiento occidental. Pertenece a la visión científica, que convierte el mundo en experimento. Aplicamos el método hipotético-deductivo a todo lo que se nos presenta. Lo cual no deja de tener cierta gracia cuando el pensamiento la emprende consigo mismo.
Pensemos pues el pensamiento. Pensémoslo en la filosofía y en la poesía; el pensamiento está sin duda presente tanto en la una como en la otra.
La filosofía: el punto de partida de la ciencia, el método o la manera de habérselas con el lenguaje para lograr conclusiones a partir de definiciones. Acotando, pues. Delimitando.
El poema: aprehensión de lo-que-hay, en un modo. Infringiendo los límites. / La poesía (poíesis): el conjunto de modos y maneras (amaneramientos) de la aprehensión. La preocupación «poiética» es la de cómo mostrar el qué que le pertenece al poema.
(Entre el modo y la manera, ambos sinónimos de «forma», hay, tal como aquí quiero emplear los términos, una diferencia: el modo es musical, la manera, no necesariamente).
¿Y el pensamiento? El pensamiento, por supuesto, atraviesa todas las elaboraciones lingüísticas, salvo la repetición (como manera) o la letanía (como modo). ¿Cómo no iba a ser así?
Con respecto a esta discusión viene al caso aquel pájaro filosófico que Juan Miguel Palacios nos ponía de ejemplo en sus clases de Ética. El que lee filosofía, decía, hace como el pájaro cuando bebe: toma un buche de agua, levanta la cabeza, traga y, así, sucesivamente. Así también el lector de un ensayo lee un párrafo, levanta la cabeza, entrecierra los ojos un momento y luego vuelve al libro. Me acordé de aquello mientras leía porque me sorprendí realizando aquel mismo gesto del pájaro. Levantar la cabeza, con los ojos cerrados, y volver al agua. Pero, lo curioso es que, esta vez, no estaba leyendo un ensayo, sino unos pequeños poemas aforísticos. Así que me pregunté si, siendo el gesto el mismo, no habría de ser lo mismo también lo que aconteciera en la lectura de un ensayo y en la de un poema. ¿Acaso no tendría lugar, en ambos casos, un mismo acto de comprensión? Un cierto paladeo y… algo cae. Algo que se filtra antes de asentarse en la conciencia. Una comprensión… Pero, ¿qué es la comprensión?
La comprensión es un acuerdo entre el material (ideas, frases, párrafos) que se nos ofrece y el material que llevamos ya incorporado (ideas, frases, etc. a las que hayamos dado sentido) y al que protegemos. Lo comprendido es lo que poseemos, lo conocido, cuyo conjunto procuramos mantener dentro de un cerco. Pero hay palabras, frases, ideas, y también imágenes que no nos pertenecen y que irrumpen de repente, como intrusos, en el cerco. Los que habitan dentro del cerco los huelen, los palpan, los empujan, los ponen a prueba y, si resisten, puede que los acepten. Cuando esto ocurre, algo se transforma dentro del cerco. El color, por ejemplo, porque el intruso llevase ropas azules, o amarillas que, al lavarlas junto con las demás, hubiesen desteñido, modificando el color de todas ellas. Entonces, al ver el resultado, nos maravillamos, hablamos de «descubrimiento» o incluso de «iluminación», en cualquier caso, de comprensión.
La palabra berebere provoca esa comprensión. Los bereberes no tienen fronteras, no están dentro de ningún cerco.
En el puesto de aduana de la frontera entre Siria y Jordania, he visto como al berebere se le deja pasar sin presentar pasaporte. No tiene ninguno, porque no pertenece a ningún país; su patria es el desierto y el desierto no tiene más fronteras que sus propios confines. El berebere es un nómada que pasa las fronteras llevando cosas de un lado a otro de las mismas. Así, la palabra berebere traspasa los cercos, importa y exporta (al fin y al cabo, la comprensión no es sino el resultado de la agitación de los materiales) y, de esta manera, procura comprensión al lector que sea, igualmente, de alguna manera, berebere.
Pero no somos pájaros, y el agua que bebemos, la que degustamos, no es natural, es agua «tratada». El lenguaje que expresa el pensamiento no es palabra cotidiana, no es la voz que designa sin paráfrasis, la voz útil. El lenguaje tiene formas; son los paisajes del cerco.
¿Qué tipo de forma es la de la poesía, cuál, la de la filosofía? ¿Qué paisajes le ponemos de salvapantallas al cerco nuestro? ¿Qué diferencia existe entre poesía y filosofía?
El modelo filosófico es vertical; el poético, horizontal.
Hipótesis, deducción… silogística. Para hablar filosóficamente, trazamos un eje vertical. Desde unas premisas, desarrollamos y concluimos. Siempre los mismos parámetros. De lo universal, a lo singular, o viceversa. Remontando de la especie al género y descendiendo, a la inversa. Es el modelo del árbol de Porfirio. Toda definición procede arbóricamente.
Pero la filosofía no es un simple eje. Generalmente es un árbol, y ese árbol tiene ramas. Ramas que se extienden horizontalmente o, mejor incluso, oblicuamente. Entonces es cuando el discurso filosófico se vale de imágenes, metáforas que ayudan a la comprensión del discurso (como lo estoy haciendo ahora desde la verticalidad de este discurso). Cuanto más depurado de imágenes, cuanto más ciprés, más filosófico o más científico será el discurso (no olvidemos que la filosofía, en Occidente, se convirtió en ciencia en un momento dado de su historia). Cuanto más frondoso, en cambio, más se aproximará a la poesía. La prosa poética es un roble, o un castaño, o un tilo. También puede ser un sauce, la firmeza y la dirección de las ramas pudiendo servir para seguir elaborando con la metáfora en el sentido que se prefiera.
La prosa poética es una cruz, o cruceta. Vertical, como el tronco de un árbol, y horizontal, como el ramaje.
La poesía expande su material de otra forma. Es poíesis. Otro arte: otro hacer con la palabra. La poesía no es un árbol, tampoco un simple horizonte, sino una planicie, un horizonte expandido. En la planicie, se forman redes, conexiones, rizomas. A veces, por supuesto, en una encrucijada, o en algún terreno virgen, hay algún árbol o, incluso, un pequeño bosque. Cuanto más boscosa sea la planicie, más se acercará a la filosofía. Un poema vertical (arbórico) es un poema filosófico.
Resumiendo, de modo parecido a lo que ocurre con la cuerda que se tensa entre realismo e idealismo (los dos extremos de una concepción de la realidad), que cuanto más en un extremo nos situemos, más radicales seremos y cuanto más al centro, más moderados, así también entre la actitud filosófica y la poética, extremos del pensar cuya cuerda es, evidentemente, el lenguaje.
Ni el hacer filosófico ni el poético, sin embargo, obtendrán resultados dignos de mención si no son capaces de abrir una brecha. El intruso ha de efectuar una transformación en el cerco, dentro de alguno de los cercos. Toda palabra que no pertenezca al decir ordinario ha de poder hacerlo, y de tal manera que el habitante del cerco asuma aquel verso de Paul Celan: «Digas la palabra que digas– / agradeces / el deterioro».
No hay nada trascendente en ello. A un cerco le sucede otro cerco, y así sucesivamente. Un cerco abriendo sobre otro cerco, la palabra nómada exportándose e importándose de uno a otro más o menos frágil, más o menos sólido.
A veces, no obstante, hay brechas que no abren sobre un cerco, sino directamente sobre el fuera.
¿Qué es el fuera? Por el momento, contentémonos con decir que se trata del fuera –de los límites– del lenguaje. Esos mismos límites necesarios para que haya brecha.
¿Qué bebe el pájaro? Es ésta una pregunta importante. En los modelos a los que he aludido, hay pensamiento. Amanerado o modulado. Pero, ¿es pensamiento lo que bebe el pájaro?
No creo que sea determinante la respuesta acerca de las formas de disponer las palabras. Poesía y filosofía son métodos para el acercamiento. Definir y cercar: en todo caso, elaborar los límites. Y laborar en los límites.
La pregunta por lo que bebe el pájaro apunta más allá de ellas, de su formato por supuesto, pero también del conocimiento que creemos obtener y que suele quedar reducido a su expresión.
Lo que bebe el pájaro, lo encontramos en pequeños indicios, muchos de ellos cotidianos, y en grandes sucesos también si sabemos eliminar de ellos su grandiosidad. Lo que bebe el pájaro, lo que quisiera beber, es lo que acontece sin que medie en ello razón alguna. La razón siempre trabaja con atención a unos resultados, ya sea en el uso cotidiano que hacemos de la misma, ya sea en su trazado arbórico, ya sea en la planicie.
Lo que bebe el pájaro, digamos que es una estela, un trazo. El pájaro lo reconoce porque está dispuesto. Sediento. El berebere, ahí, no tiene función alguna. Se trata tan sólo de un reconocimiento. No el que la memoria proporciona, no, ése no.
–Reparo en el movimiento «inconsciente» que Gilles Deleuze efectúa mientras habla 1. Rítmicamente, un dedo presiona otro. Él no se da cuenta. Él habla. Responde. Sin darse cuenta, algo de él encuentra la manera de traducirse en gesto y acompañar así, con el cuerpo, rítmicamente el habla. ¿Qué es eso que halla la vía? ¿Qué es aquello que se manifiesta? –
Tengo los pies descalzos sobre una toalla. Advierto, sin mirar, que hay una diferencia de medio centímetro entre el suelo y el doblez de la toalla. Me doy cuenta de ello. Se trata de una percepción. Para que una percepción se dé, ha debido ponerse en marcha la inteligencia. Todos nuestros saberes, nuestros aprendizajes están ahí reunidos y las neuronas, listas para realizar, en un instante, una operación comparativa.
La percepción del medio centímetro de «diferencia» es una deducción, aparentemente inmediata, que ha requerido de una operación comparativa. No ocurre así con el gesto de Deleuze. En la percepción hay un acto de conciencia. En aquel gesto, no. Se trata de un gesto al que decimos «inconsciente». Sin embargo, significa algo. Si Deleuze dejase de atender a lo que está diciendo y reparase en él, ¿qué pasaría? ¿Dejaría de hablar? Probablemente, pues la atención, desviada de su objeto hacia otro objeto interrumpiría algo. ¿Qué interrumpiría? El habla, y el gesto. También el gesto se interrumpiría. Se interrumpiría el flujo. El gesto y el habla es el mismo fluir. El filósofo, todo él, está proyectado en el habla. Lo está con una temperatura media, la que le permite el deterioro de su persona, su edad avanzada, el interés relativo que probablemente tenga ya, para él, aquella entrevista filmada. De ahí el gesto.
Lo que bebe el pájaro es ese flujo, esa corriente, antes de ser habla, antes de ser gesto.
En la brecha.
En la brecha, una abertura. ¿Hacia donde, hacia qué? Fuera. ¿Qué es el fuera?
(…/…/…)
El fuera es lo común, lo que a todos pertenece, lo animal. Fuera es la inocencia. La de todos. Porque fuera no hay yo, no hay alguien.
Un poema es una señal de la inocencia.
De esto, más no hablaré por ahora.
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El 13 de abril del 2015, Chantal Maillard impartió la conferencia “¿Qué es real?” en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.
http://www.cccb.org/es/video-debates_qu_es_real_conferencia_de_chantal_maillard_vo_es-214166
http://www.cccb.org/es/autor-chantal_maillard-18589